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Autor: Patricio Osiadacz

EDD. lunes 14 de junio de 2021.

Hoy, lunes, 14 de junio de 2021

Primera lectura

Lectura de la Primera Carta del Apóstol San Pablo a los Corintios (6,1-10):

Secundando su obra, os exhortamos a no echar en saco roto la gracia de Dios, porque él dice: «En tiempo favorable te escuché, en día de salvación vine en tu ayuda»; pues mirad, ahora es tiempo favorable, ahora es día de salvación. Para no poner en ridículo nuestro ministerio, nunca damos a nadie motivo de escándalo; al contrario, continuamente damos prueba de que somos ministros de Dios con lo mucho que pasamos: luchas, infortunios, apuros, golpes, cárceles, motines, fatigas, noches sin dormir y días sin comer; procedemos con limpieza, saber, paciencia y amabilidad, con dones del Espíritu y amor sincero, llevando la palabra de la verdad y la fuerza de Dios. Con la derecha y con la izquierda empuñamos las armas de la justicia, a través de honra y afrenta, de mala y buena fama. Somos los impostores que dicen la verdad, los desconocidos conocidos de sobra, los moribundos que están bien vivos, los penados nunca ajusticiados, los afligidos siempre alegres, los pobretones que enriquecen a muchos, los necesitados que todo lo poseen.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 97,1.2-3ab.3cd-4

R/.
El Señor da a conocer su victoria

Cantad al Señor un cántico nuevo,
porque ha hecho maravillas:
su diestra le ha dado la victoria,
su santo brazo. R/.

El Señor da a conocer su victoria,
revela a las naciones su justicia:
se acordó de su misericordia y su fidelidad
en favor de la casa de Israel. R/.

Los confines de la tierra han contemplado
la victoria de nuestro Dios.
Aclamad al Señor, tierra entera;
gritad, vitoread, tocad. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Mateo (5,38-42):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Habéis oído que se dijo: «Ojo por ojo, diente por diente». Yo, en cambio, os digo: No hagáis frente al que os agravia. Al contrario, si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra; al que quiera ponerte pleito para quitarte la túnica, dale también la capa; a quien te requiera para caminar una milla, acompáñale dos; a quien te pide, dale, y al que te pide prestado, no lo rehuyas.»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

Queridos hermanos:

De nuevo volvemos a encontrarnos en estas páginas de ciudadredonda. Hoy la primera palabra que escuchamos es la de san Pablo que nos dice: “Ahora es tiempo favorable, ahora es día de salvación. Y para animarnos a vivir nuestra fe con alegría y confianza nos recuerda los desafíos y calamidades que el apóstol Pablo ha tenido que enfrentar para sembrar la Palabra de Dios en el corazón de aquellos cristianos de Corinto. ¡Cuántas alegrías y cuántos disgustos compartió con ellos! Así es la vida de todo el que se entrega al apostolado. Pablo termina dirigiéndose a sus queridos corintios con una conmovedora petición: que hagan un hueco en su corazón para él, Pablo, y para el evangelio que les anuncia.

En el texto del evangelio recibimos una de las enseñanzas que tal vez más desconciertan  al ser humano: Habéis oído que se dijo: «Ojo por ojo, diente por diente». Yo, en cambio, os digo: No hagáis frente al que os ofende”. Y es que  en el centro del evangelio está el respeto sagrado a la persona y la denuncia contra todo aquello que, aun camuflado de artificio legal, atente contra la dignidad del hombre y de la mujer.

Pero es, sobre todo, en las dos últimas antítesis donde aparece toda la revolucionaria novedad del mensaje de Jesús, el NO rotundo a la ley del Talión: «ojo por ojo, diente por diente». ¿No sería utópica una sociedad sin esta ley? En realidad, la ley del Talión ha existido en todas las culturas, no sólo en la bíblica, como “mecanismo” para que la sociedad no se disuelva en el caos de una violencia indiscriminada y que no tiene fin.

Hay que recordar que la pena de muerte ha sido eliminada del catecismo de la iglesia católica ¿Por qué? Porque la vida es sagrada y nadie está autorizado a destruirla, a matar a otro ser humano. 

Por eso es tan difícil ser cristiano de verdad y cumplir las enseñanzas de nuestro Señor Jesús. Pero no es imposible. El saber perdonar es una gracia muy grande que hay que pedir a Dios nuestro Padre.

No se me borran de la memoria las palabras de un pobre, ya anciano, que vivía sólo en una especie de cueva en las laderas de un castillo aquí en España. Me avisaron de que estaba muy enfermo y que se iba a morir. Yo le fui a visitar y hablando con él me dijo: “Padre, si alguien me hace un mal, yo le haré un bien”. Comprendí  que su pobreza era muy grande, pero tenía un corazón de oro. Y como al pobre Lázaro del evangelio, los ángeles lo llevaron al cielo.

Estos corazones generosos no tienen fronteras y se dan en muchas personas que practican con sinceridad su fe. El 6 de mayo de 2015 el padre de una víctima de homicidio perdonó al asesino de su hijo y logró salvarle la vida pocos minutos antes de la ejecución. La víctima era un oficial de la seguridad, que fue asesinado en 2010.

En 2014 dio la vuelta al mundo un caso semejante, en el que dos madres, conmovidas, se abrazaron y consolaron recíprocamente: una era la madre del asesino, la otra era la madre de la víctima, que había concedido el perdón.

Vuestro hermano en la fe.
Carlos Latorre
carloslatorre@claretianos.es

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

EDD. sábado 12 de junio de 2021.

Hoy, sábado, 12 de junio de 2021

Primera lectura

Lectura del profeta Isaías (61,9-11):

La estirpe de mi pueblo será célebre entre las naciones, y sus vástagos entre los pueblos. Los que los vean reconocerán que son la estirpe que bendijo el Señor. Desbordo de gozo con el Señor, y me alegro con mi Dios: porque me ha vestido con un traje de gala y me ha envuelto en un manto de triunfo, como novio que se pone la corona, o novia que se adorna con sus joyas. Como el suelo echa sus brotes, como un jardín hace brotar sus semillas, así el Señor hará brotar la justicia y los himnos ante todos los pueblos.

Palabra de Dios

Salmo

1Sam 2,1-8

R/.
Mi corazón se regocija por el Señor, mi salvador

Mi corazón se regocija por el señor,
mi poder se exalta por Dios;
mi boca se ríe de mis enemigos,
porque gozo con tu salvación. R/.

Se rompen los arcos de tus valientes,
mientras los cobardes se ciñen de valor;
los hartos se contratan por el pan,
mientras los hambrientos engordan;
la mujer estéril da a luz siete hijos,
mientras la madre de muchos queda baldía. R/.

El Señor da la muerte y la vida,
hunde en el abismo y levanta;
da la pobreza y la riqueza,
humilla y enaltece. R/.

Él levanta del polvo al desvalido,
alza de la basura al pobre,
para hacer que se siente entre príncipes
y que herede un trono de gloria. R/.

Evangelio de hoy

Evangelio según san Lucas (2,41-51), del sábado, 12 de junio de 2021

3K+GuardarLectura del santo evangelio según san Lucas (2,41-51):

Cuando Jesús cumplió doce años, subieron a la fiesta según la costumbre y, cuando terminó, se volvieron; pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén sin que lo supieran sus padres. Éstos, creyendo que estaba en la caravana, hicieron una jornada y se pusieron a buscarlo entre los parientes y conocidos; al no encontrarlo, se volvieron a Jerusalén en su busca. A los tres días, lo encontraron en el templo, sentado en medio de los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas; todos los que le oían quedaban asombrados de su talento y de las respuestas que daba.
Al verlo, se quedaron atónitos, y le dijo su madre: «Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados.»
Él les contestó: «¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?»
Pero ellos no comprendieron lo que quería decir. Él bajó con ellos a Nazaret y siguió bajo su autoridad. Su madre conservaba todo esto en su corazón.

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

Queridos hermanos,

Como a la sombra de la solemnidad del Corazón de Jesús, la Iglesia coloca el recuerdo (la memoria obligatoria) del Corazón inmaculado de María. Sí, realmente, es obligado recordar y contemplar el Corazón de María tras haber considerado el significado del Corazón de Jesús. Porque, si el Verbo se hizo carne, y recibió así un corazón de carne, María es la carne del Verbo, aquella de la que el Verbo del Eterno Padre tomó su carne mortal. También del Corazón de María tenemos los cristianos mucho que aprender. Del Corazón manso y humilde de Jesús recibimos la revelación de la sabiduría del amor. Del Corazón de María aprendemos a aceptar y asimilar esa sabiduría. Porque ese aprendizaje no es cosa fácil. No todo está claro desde el principio. No nos creamos tan listos: no todo lo entendemos de una vez y a la primera. La sabiduría del amor va al centro de nuestro ser, a sus estratos más profundos, y esto exige un proceso que no está exento de dificultades, de incertezas y de angustias. En nuestro caso, porque, además, existen determinadas resistencias y cerrazones.

Somos con frecuencia como el hijo aquél que decía “Sí, voy”, pero después no iba (cf. Mt 21, 2-32): profesamos la fe con ortodoxia, pero no siempre nos lo creemos del todo, y, desde luego, muchas veces no actuamos en consecuencia. Para llegar a entender de verdad, de corazón y no sólo teóricamente, se requiere paciencia y perseverancia. Y en esto María es para nosotros maestra de vida cristiana. En ella no había resistencia alguna, su “fiat” es completo e incondicional. Pero también ella tiene que hacer ese proceso de fe en el que no todo está claro de entrada. También ella pierde de vista a Jesús, siente la angustia de una búsqueda que no da fruto inmediato (los tres días de búsqueda nos hablan, de hecho, de los tres días que van de la muerte a la resurrección), también ella escucha de Jesús cosas que no le resultan claras… Pero, en vez de hacer lo que solemos hacer nosotros, “interpretar” según nuestro leal saber y entender, tratando de domar la Palabra, María “conservaba todo en su corazón”, dejando con paciencia y confianza, con fe verdadera, que la Palabra madurara, que penetrara hasta esas profundidades del alma en las que sólo es posible una comprensión a su tiempo y completa. Así es el corazón humilde, el corazón abierto, el corazón que ama, el corazón de madre, el Corazón Inmaculado de María. Si hemos de imitar a Jesús, el manso y humilde de corazón, ¿no habremos de imitar también a aquella de la que ese corazón tomó su carne?

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

EDD. viernes 11 de junio de 2021.

Viernes de la décima semana del tiempo ordinario
Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús
Color: blanco

El amor de Dios y el de su Hijo, nuestro Señor Jesucristo, se nos manifiesta desde la Navidad hasta la Pascua, de modo especial en el Triduo pascual de la muerte y vida de Cristo. Pero se creyó conveniente dedicar un día a esta dimensión básica del misterio cristiano: el amor de Dios, significado de modo pleno en el corazón de Jesús.

En esta solemnidad se nos invita a mirar hacia lo alto y agradecer el amor misericordioso de Jesús hacia nosotros. Se nos invita a mirar al Espíritu. Amor que procede del Padre y del Hijo y que ha sido derramado en nuestros corazones. De este modo, vivir envueltos en el amor del Dios Uno y Trino. 

En cada Eucaristía celebramos el sacramento del amor. Cristo se hace presente y nos comunica la vida que emana de su cruz salvadora, acontecimiento en el que se nos mostró con mayor intensidad el amor que Dios nos tiene y que se ha traducido en modo pleno en el corazón de Jesús atravesado en la cruz.

Antífona de entrada Cf. Sal 32, 11. 19

Los designios del corazón de Dios permanecen para siempre: Él salva a sus fieles de la muerte y los sustenta en el tiempo de indigencia.

Gloria

Oración colecta

Dios todopoderoso, que nos das la alegría de celebrar las grandes obras de tu amor en el Corazón de tu Hijo muy amado; concédenos que de esta fuente inagotable alcancemos la abundancia de tu gracia. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

LITURGIA DE LA PALABRA

Primera lectura

Mi corazón se subleva contra mí.

Lectura de la profecía de Oseas        11, 1. 3-4. 8c-9

Así habla el Señor:

Cuando Israel era niño, Yo lo amé, y de Egipto llamé a mi hijo. ¡Y Yo había enseñado a caminar a Efraím, lo tomaba por los brazos! Pero ellos no reconocieron que Yo los cuidaba. Yo los atraía con lazos humanos, con ataduras de amor; era para ellos como los que alzan a

una criatura contra sus mejillas, me inclinaba hacia él y le daba de comer.

Mi corazón se subleva contra mí y se enciende toda mi ternura: no daré libre curso al ardor de mi ira, no destruiré otra vez a Efraím. Porque Yo soy Dios, no un hombre: soy el Santo en medio de ti, y no vendré con furor.

Salmo responsorial              Is 12, 2-3. 4b-6

R/. Sacarán agua con alegría de las fuentes de la salvación.

Éste es el Dios de mi salvación: yo tengo confianza y no temo, porque el Señor es mi fuerza y mi protección; Él fue mi salvación.

Ustedes sacarán agua con alegría de las fuentes de la salvación. Den gracias al Señor, invoquen su Nombre, anuncien entre los pueblos sus proezas, proclamen qué sublime es su Nombre.

Canten al Señor, porque ha hecho algo grandioso: ¡que sea conocido en toda la tierra! ¡Aclama y grita de alegría, habitante de Sión, porque es grande en medio de ti el Santo de Israel!

Segunda lectura

Conocer el amor de Cristo, que supera todo conocimiento.

Lectura de la carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Éfeso           3, 8-12. 14-19

Hermanos:

Yo, el menor de todos los santos, he recibido la gracia de anunciar a los paganos la insondable riqueza de Cristo, y manifestar a todos la dispensación del misterio que estaba oculto desde siempre en Dios, el creador de todas las cosas, para que los Principados y las Potestades celestiales conozcan la infinita variedad de la sabiduría de Dios por medio de la Iglesia.

Éste es el designio que Dios concibió desde toda la eternidad en Cristo Jesús, nuestro Señor, por quien nos atrevemos a acercarnos Dios con toda confianza, mediante la fe en Él.

Por eso doblo mis rodillas delante del Padre, de quien procede toda paternidad en el cielo y en la tierra. Que Él se digne fortificarlos por medio de su Espíritu, conforme a la riqueza de su gloria, para que crezca en ustedes el hombre interior.

Que Cristo habite en sus corazones por la fe, y sean arraigados y edificados en el amor. Así podrán comprender, con todos los santos, cuál es la anchura y la longitud, la altura y la profundidad, en una palabra, ustedes podrán conocer el amor de Cristo, que supera todo conocimiento, para ser colmados por la plenitud de Dios.

EVANGELIO

Aclamación al Evangelio Mt 11, 29ab

Aleluya.

Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón. Aleluya.

EVANGELIO

Le atravesó el costado, y brotó sangre y agua.

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 19, 31-37

Era el día de la Preparación de la Pascua. Los judíos pidieron a Pilato que hiciera quebrar las piernas de los crucificados y mandara retirar sus cuerpos, para que no quedaran en la cruz durante el sábado, porque ese sábado era muy solemne.

Los soldados fueron y quebraron las piernas a los dos que habían sido crucificados con Jesús. Cuando llegaron a Él, al ver que ya estaba muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados le atravesó el costado con la lanza, y en seguida brotó sangre y agua. El que vio esto lo atestigua: su testimonio es verdadero y él sabe que dice la verdad, para que también ustedes crean.

Esto sucedió para que se cumpliera la Escritura que dice: “No le quebrarán ninguno de sus

huesos”. Y otro pasaje de la Escritura, dice: “Verán al que ellos mismos traspasaron”.

Fuente : http://www.eucaristiadiaria.cl/dia_cal.php?fecha=2021-06-11

REFLEXIÓN :

En un estanque vivía una colonia de ranas. Y el sapo más viejo se creía también el más grande y el más fuerte de toda la especie. Cada mañana se posaba a la orilla del estanque y comenzaba a hincharse para atraer la atención de sus vecinas y para presumir su tamaño y su fuerza. Un buen día se acercó un buey a beber; y el sapo, viendo que éste era más grande que él, comenzó a hincharse e hincharse, más que en otras ocasiones, tratando de igualarse al buey. Y tanto se infló que reventó. Así sucede también a muchos hombres que, por su ambición, su soberbia y prepotencia tratan de igualarse a otro buey (y también se podría escribir con «g»). Ya muy bien lo decía san Agustín: «La soberbia no es grandeza, sino hinchazón; y lo que está hinchado parece grande, pero no está sano».

Feuerbach y Nietzsche -dos filósofos ateos del siglo pasado- lanzaron sus teorías del «super-hombre» y del dominio del más fuerte. Ideas tan tristes que desembocaron en la prepotencia nazi, en un racismo aberrante y en todas las formas de totalitarismo ateo que perseguía todo tipo de religión, especialmente la católica; esas ideas fueron las causantes de la Segunda guerra mundial y originaron un abismo de inhumanidad que ni siquiera excluyeron los terribles campos de concentración y de exterminio. Esa triste «ley del más fuerte» impone muchas veces el criterio de comportamiento entre los hombres, ¡tan penosa y de tan lamentables consecuencias para la convivencia humana! Y es que el poder, la ambición desenfrenada y la soberbia prepotente pudre el corazón de los hombres y crea verdaderos infiernos.

Y, sin embargo, Jesucristo nuestro Señor nos viene a hablar hoy de humildad, de mansedumbre y de servicio: «Tomen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallarán descanso para sus almas»… ¿No es un mensaje ya trasnochado y pasado de moda? ¿Acaso el que triunfa, hoy en día, no es el hombre «fuerte», el «grande», el poderoso?

El pequeño, el débil y el humilde ni siquiera es tomado en cuenta; más aún, muchas veces es ridiculizado y emarginado. El mismo Nietzsche se mofaba de la humildad, diciendo que era «un vicio servil y un comportamiento de esclavos».

En el Evangelio de la fiesta del Sagrado Corazón, se nos presenta Jesús en oración bendiciendo a su Padre: «Te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado los misterios del Reino a los sabios y a los poderosos, y se los has revelado a los pequeños». ¡Qué contraste tan abismal! Pensamos que las gentes felices del mundo son los ricos, los poderosos, los grandes, los fuertes y los sabios. Y, sin embargo, nuestro

Señor llamó «dichosos» precisamente a los de la parte opuesta: «Bienaventurados los pobres de espíritu, los mansos, los que lloran, los misericordiosos, los pacíficos, los que padecen persecución… porque de ellos es el Reino de los cielos» (Mt 5, 1-12). Y hoy, Jesús nos sale con otra de las «suyas», invitándonos a la humildad. ¿Es que Jesús está loco?

¡Con razón nadie le hace caso! Parece que Él va siempre «en sentido contrario», contra corriente. Pero, no nos viene mal preguntarnos quién es el verdadero loco. A Nietzsche, al final de su vida, «se le saltaron la tuercas» y acabó suicidándose.

Jesús siempre se presentó así: manso y humilde. Después de la multiplicación de los panes, cuando la muchedumbre quería arrebatarlo para hacerlo rey, Él se les esconde y se va solo, a la montaña, a orar. Y cuando curó al leproso de su enfermedad inmunda o devolvió la vista al ciego de nacimiento; cuando hizo caminar al paralítico, curó a la hemorroísa,resucitó a Lázaro o a la hija de Jairo, no se dedicó a tocar la trompeta para que todo el mundo se enterara… Y, finalmente, cuando se decide a entrar triunfalmente en Jerusalén, no lo hace sobre un alazán blanco o sobre un caballazo prieto azabache, rodeado de un ejército de vencedor, sino montado en un pobre burrito, que era señal de humildad y de paz.

¡Definitivamente, Jesús no hacía milagros para «ganar votos» para las elecciones, ni se aprovechó de su popularidad entre la gente para hacerse propaganda política y ocupar los mejores puestos, como muchos de nuestros gobernantes! Él no era un populista o un demagogo como los que abundan hoy en nuestras plazas y manifestaciones públicas. Él no conocía, sin duda, esa «picardía» y oportunismo interesado, ni sabía mucho de eso que nosotros llamamos «técnicas de publicidad y de imagen»…

«Aprendan de mí -nos dice- que soy manso y humilde de corazón». Sí. Él había dicho durante su vida pública que «no había venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos» (Mc 10,45) y lo cumple al pie de la letra. ¡Aquí está la verdadera grandeza: no la del poder, sino la grandeza de la humildad, de la mansedumbre y del servicio!

Si seguimos su ejemplo, Él nos asegura los frutos que obtendremos: «Encontrarán descanso para sus almas, porque mi yugo es suave y mi carga ligera». La persona humilde goza de una paz muy profunda porque su corazón está sosegado. Ese yugo y esa carga se refieren a la cruz que tenemos que llevar todos los seres humanos. Pero Cristo nos llena de paz y de felicidad en medio del dolor porque su presencia y su compañía nos bastan y nos sacian. Él es nuestra paz. Y no importa que nos lluevan las persecuciones, las calumnias, las injurias y todo tipo de mentiras.

No importan las persecuciones. Cristo nos llena de paz porque su yugo es llevadero y su carga ligera. Él nos advirtió que seríamos perseguidos porque también lo persiguieron a Él y lo condenaron a muerte por calumnias. Pero llamó «bienaventurados a los perseguidos», y con Él tenemos asegurada la victoria y el triunfo definitivo. Sí. ¡Jesucristo es nuestra paz!

Fuente : https://es.catholic.net/op/articulos/18371/cat/330/el-corazon-traspasado-de-jesus.html

Homilía para la Eucaristía del domingo 13 de junio de 2021.

Paz y Bien para todos.

DOMINGO XI DEL AÑO. 

Ezequiel 17,22-24: Extraña parábola. Un águila (Dios) toma un cogollo del cedro (la Casa de David) y lo trasplanta. Es Dios quien actúa a través de lo débil y lo pequeño. 

2Corintios 5,6-10: Pablo, y todo creyente, es un peregrino, vive lejos del Señor. Por eso, hay que caminar en fe, fiados sólo del Señor para agradarlo a Él. 

Marcos 4,26-34: Encontramos dos parábolas, ambas comparan la realidad del Reino de Dios a una semilla. Una, el crecimiento progresivo de la semilla; la otra, la desproporción entre el tamaño de la semilla y su posterior desarrollo. 

1.- Jesús nos trae el Reinado de Dios, su Proyecto de salvación. Y lo explica por medio de parábolas y lo manifiesta por medio de milagros. 

Aquí, concretamente, nos explica el Misterio del Reino con dos parábolas. En ambas la comparación es una semilla. La semilla es de por sí principio de vida. El Reino de Dios es vida, vida nueva y en plenitud. Pero el Reino tiene un ritmo propio, no depende ni del sembrador, ni del hortelano. El desarrollo del Reino depende, siguiendo el sentido de otras parábolas, de la calidad de la tierra y de Dios, su Dueño. 

Al mismo tiempo el origen del Reino de Dios es insignificante y de crecimiento imperceptible, pero que tiene un desarrollo espléndido, abarca a muchos, no a algunos, porque el Reino, el Proyecto de Dios, es para todos. 

2.- Todo esto lo sabemos. Pero mientras estamos en este mundo no lo percibimos, no lo notamos. Y por eso, muchas veces nos descorazonamos, nos desanimamos. De ahí que san Pablo, con un criterio muy aterrizado, nos exhorta a caminar en fe.  He aquí lo importante que no debemos nunca perder de vista. Así como Israel en el desierto caminaba guiado por Moisés y la Palabra del Señor, del mismo modo nosotros caminamos en fe, porque la vida de discipulado es un caminar en pos del Señor. Nada sentimos, nada vemos. Sólo tenemos la luz de la fe. Dice el salmo: Lámpara es tu Palabra para mis pasos (Salmo 118,105). Porque el caminante, el creyente, se alumbra con una lámpara, la Palabra de Dios. 

3.- ¡Cuántas veces nos desalentamos! Nada vemos, ni sentimos. En el mundo se valoran los resultados, lo eficaz. Y vivimos lo que podría llamarse una cultura “fast”, de lo rápido, de los resultados inmediatos, prontos y eficaces. 

Y lo mismo queremos en lo que se refiere a Dios y su Reinado. ¡Que venga tu Reino! Y nada sucede.  

Por otra parte, hoy se valora mucho lo superficial, poco se penetra en la raíz de lo esencial. Se cumple aquello de que el hombre ve y valora las apariencias, pero Dios ve el corazón (cfr. 1Samuel 16,7). A la gente de este tiempo se les olvida que “lo esencial se ve con el corazón” (El Principito). 

4.- Nos encontramos con Jesús. Él ha traído el Reino de una manera que no lo notamos. Más aún, Jesús se identifica con el Reino; Él vino, pero de una manera casi anónima, poco valorada; sin embargo, su Mensaje se ha extendido y ha sido aceptado por mucha gente. 

Hoy la Iglesia, instrumento del Reino, es ignorada por la prensa y los grandes de este mundo. Pero, apoyados por la Palabra, seguimos trabajando por la implantación del Reinado de Dios. Dejemos que crezca, que se desarrolle, no lo entorpezcamos. 

Al encontrarnos con el Señor Él nos alumbra, nos fortalece y anima.  

Ojalá hagamos nuestras las palabras que nos dirige hoy san Pablo: sea que vivimos en este cuerpo o fuera de él, nuestro único deseo es agradarle. 

Hermano Pastor Salvo Beas. 

EDD. jueves 10 de junio de 2021.

Hoy, jueves, 10 de junio de 2021

Primera lectura

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios (3,15–4,1.3-6):

Hasta hoy, cada vez que los israelitas leen los libros de Moisés, un velo cubre sus mentes; pero, cuando se vuelvan hacia el Señor, se quitará el velo. El Señor del que se habla es el Espíritu; y donde hay Espíritu del Señor hay libertad. Y nosotros todos, que llevamos la cara descubierta, reflejamos la gloria del Señor y nos vamos transformando en su imagen con resplandor creciente; asi es como actúa el Señor, que es Espíritu. Por eso, encargados de este ministerio por misericordia de Dios, no nos acobardamos. Si nuestro Evangelio sigue velado, es para los que van a la perdición, o sea, para los incrédulos: el dios de este mundo ha obcecado su mente para que no distingan el fulgor del glorioso Evangelio de Cristo, imagen de Dios. Nosotros no nos predicamos a nosotros mismos, predicamos que Cristo es Señor, y nosotros siervos vuestros por Jesús. El Dios que dijo: «Brille la luz del seno de la tiniebla» ha brillado en nuestros corazones, para que nosotros iluminemos, dando a conocer la gloria de Dios, reflejada en Cristo.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 84,9ab-10.11-12.13-14

R/.
La gloria del Señor habitará en nuestra tierra

Voy a escuchar lo que dice el Señor:
«Dios anuncia la paz a su pueblo y a sus amigos.»
La salvación está ya cerca de sus fieles,
y la gloria habitará en nuestra tierra. R/.

La misericordia y la fidelidad se encuentran,
la justicia y la paz se besan;
la fidelidad brota de la tierra,
y la justicia mira desde el cielo. R/.

El Señor nos dará la lluvia,
y nuestra tierra dará su fruto.
La justicia marchará ante él,
la salvación seguirá sus pasos. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Mateo (5,20-26):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Si no sois mejores que los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos. Habéis oído que se dijo a los antiguos: «No matarás», y el que mate será procesado. Pero yo os digo: Todo el que esté peleado con su hermano será procesado. Y si uno llama a su hermano «imbécil», tendrá que comparecer ante el Sanedrín, y si lo llama «renegado», merece la condena del fuego. Por tanto, si cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda. Con el que te pone pleito, procura arreglarte en seguida, mientras vais todavía de camino, no sea que te entregue al juez, y el juez al alguacil, y te metan en la cárcel. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último cuarto.»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

Queridos hermanos,

Desde hace un tiempo se viene hablando de una “cultura de la muerte”, compuesta de todo aquello que dificulta la vida de las personas y del planeta, contradiciendo el querer de Dios para con nosotros. Por oposición, estaría la “cultura de la vida”, formada por todas aquellas expresiones que favorecen la existencia de todos y la hacen más acorde a la voluntad del Creador.

Hoy Jesús recuerda en el evangelio el mandamiento principal de la “cultura de la vida”, formulado en negativo: “no matarás”. Y en vez de pensar solamente en el asesinato, como forma más directa de muerte provocada, Jesús amplía el significado de este mandamiento a diversas expresiones de la “cultura de la muerte”: vivir peleados es una manera de matar la convivencia, con consecuencias para los que viven la pelea y para los que los rodean; insultar al prójimo es una forma de matar la dignidad del otro, que es criatura de Dios… Todo aquello que destruya la vida, en cualquiera de sus formas, se aleja del querer de Dios.

Por eso Jesús, cuando explica esto, nos invita a que “si tu hermano tiene quejas contra ti” (y no tanto “si tú tienes quejas contra tu hermano”), vayamos a reconciliarnos antes de buscar la comunión con Dios en la celebración cristiana.

Al comienzo de la eucaristía siempre hacemos memoria de aquello en lo que hemos podido contribuir a esa “cultura de la muerte”, entendida según Jesús. Y estamos invitados a repararlo con gestos de vida.

El Dios de Jesús es el Dios de la Vida. Por ello, desde él, estamos llamados a favorecer la vida en todas sus formas. Cuando la Iglesia dice “no” a algo, es porque quiere decir “sí” a lo contrario. El mandamiento del “no matarás” encierra un gran “sí a la vida”, que estamos llamados a recrear y cuidar, personal y comunitariamente, allá donde estemos.

Señor Dios nuestro, amigo de la vida,
enséñanos a vivir como tu Hijo Jesucristo
para ser agentes de la cultura de la vida
que Él nos vino a traer.

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

EDD. miércoles 09 de junio de 2021.

Hoy, miércoles, 9 de junio de 2021

Primera lectura

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios (3,4-11):

Esta confianza con Dios la tenemos por Cristo. No es que por nosotros mismos estemos capacitados para apuntarnos algo, como realización nuestra; nuestra capacidad nos viene de Dios, que nos ha capacitado para ser ministros de una alianza nueva: no de código escrito, sino de espíritu; porque la ley escrita mata, el Espíritu da vida. Aquel ministerio de muerte –letras grabadas en piedra– se inauguró con gloria; tanto que los israelitas no podían fijar la vista en el rostro de Moisés, por el resplandor de su rostro, caduco y todo como era. Pues con cuánta mayor razón el ministerio del Espíritu resplandecerá de gloria. Si el ministerio de la condena se hizo con resplandor, cuánto más resplandecerá el ministerio del perdón. El resplandor aquel ya no es resplandor, eclipsado por esta gloria incomparable. Si lo caduco tuvo su resplandor, figuraos cuál será el de lo permanente.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 98,5.6.7.8.9

R/.
Santo eres, Señor, Dios nuestro

Ensalzad al Señor, Dios nuestro,
postraos ante el estrado de sus pies:
Él es santo. R/.

Moisés y Aarón con sus sacerdotes,
Samuel con los que invocan su nombre,
invocaban al Señor, y él respondía. R/.

Dios les hablaba desde la columna de nube;
oyeron sus mandatos y la ley que les dio. R/.

Señor, Dios nuestro, tú les respondías,
tú eras para ellos un Dios de perdón,
y un Dios vengador de sus maldades. R/.

Ensalzad al Señor, Dios nuestro;
postraos ante su monte santo:
Santo es el Señor, nuestro Dios. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Mateo (5,17-19):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No creáis que he venido a abolir la Ley y los profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud. Os aseguro que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la Ley. El que se salte uno solo de los preceptos menos importantes, y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos. Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el Reino de los Cielos.»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

Queridos hermanos,

A veces tendemos a contraponer la antigua ley mosaica, resumida en los diez mandamientos, a la nueva ley del Evangelio, que encuentra en las Bienaventuranzas su máxima expresión. Nos parece que nos da pie para hacerlo hacerlo el mismo Cristo, que dice que no es el hombre para el Sábado (es decir, la ley del Sabbat que ordena el descanso), sino el Sábado para el hombre (cf. Mc 2, 27; Mt 12, 1-8; Lc 6, 1-5); y también Pablo y su polémica contra la ley en nombre de la fe y la gracia, que hoy también refleja en la contraposición entre la ley escrita que mata y el Espíritu que da vida. Pero, he aquí, que Jesús, tras proclamar las Bienaventuranzas, parece venir a desautorizarnos. ¿No se da aquí una cierta contradicción? ¿No es cierto que el Evangelio del amor y la gracia ha dejado obsoleta la antigua ley con sus múltiples prescripciones? ¿O habremos de entender que la Buena Nueva de Jesucristo se añade a la antigua ley, dejándola intacta? ¿Qué significa, en definitiva, “dar plenitud”?

Para comprender estas tensiones y aparentes contradicciones es bueno no quedarse en la literalidad de las palabras, sino mirarlas en el contexto de toda la predicación y actuación de Jesús y también en el modo en que se entendió esto en la primitiva Iglesia (y aquí, ciertamente, Pablo es una autoridad de referencia). Llevar algo a plenitud significa alcanzar una perfección que supera, pero que también conserva, aquello que se perfecciona. Si la mejor expresión de la ley mosaica son los diez mandamientos, por los que reconocemos a Dios, respetamos y hacemos el bien a los más cercanos, y nos abstenemos de hacer el mal a todos los demás, todas estas exigencias alcanzan su perfección en la ley del amor a Dios y al prójimo. Y esa perfección y plenitud la descubrimos en Jesucristo, que nos ha dicho de manera definitiva quién es Dios: su Padre y nuestro Padre; y quién es nuestro prójimo: no sólo los más cercanos (padre y madre, hermanos y poco más), sino todo ser humano, hijo de ese Dios, Padre de todos, y especialmente el que se haya en necesidad.

Si la perfección de la ley es el amor, podemos entender que, a veces, ciertas prescripciones rituales (como la ley del sábado) hayan de ceder ante la exigencia de hacer el bien al necesitado. ¿Cómo entender, entonces, ese aparente legalismo contenido en la exigencia de no saltarse uno sólo de los preceptos menos importantes? Mirado desde la centralidad del mandamiento nuevo, lo comprendemos en el sentido de que el verdadero amor no se limita con hacer el bien “en general” y a grandes rasgos, sino que baja hasta los más mínimos detalles, atiende con delicadeza a la persona concreta en sus necesidades reales, por muy insignificantes que puedan parecer la una y las otras.

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

EDD. martes 08 de junio de 2021.

Hoy, martes, 8 de junio de 2021

Primera lectura

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios (1,18-22):

¡Dios me es testigo! La palabra que os dirigimos no fue primero «sí» y luego «no». Cristo Jesús, el Hijo de Dios, el que Silvano, Timoteo y yo os hemos anunciado, no fue primero «sí» y luego «no»; en él todo se ha convertido en un «sí»; en él todas las promesas han recibido un «sí». Y por él podemos responder: «Amén» a Dios, para gloria suya. Dios es quien nos confirma en Cristo a nosotros junto con vosotros. Él nos ha ungido, él nos ha sellado, y ha puesto en nuestros corazones, como prenda suya, el Espíritu.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 118,129.130.131.132.133.135
R/.
Haz brillar, Señor, tu rostro sobre tu siervo

Tus preceptos son admirables,
por eso los guarda mi alma. R/.

La explicación de tus palabras ilumina,
da inteligencia a los ignorantes. R/.

Abro la boca y respiro,
ansiando tus mandamientos. R/.

Vuélvete a mí y ten misericordia,
como es tu norma con los que aman tu nombre. R/.

Asegura mis pasos con tu promesa,
que ninguna maldad me domine. R/.

Haz brillar tu rostro sobre tu siervo,
enséñame tus leyes. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Mateo (5,13-18):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán? No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente. Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte. Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa. Alumbre así vuestra luz a los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en el cielo.»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

Queridos hermanos,

La bienaventuranza proclamada por Jesús para sus discípulos es la plenitud de la salvación, la felicidad ya incoada en esta vida, aunque en medio de dolores y persecuciones. Pero esto no debemos entenderlo como un privilegio concedido a algunos, y del que los demás quedan excluidos. La fe es la puerta de entrada a esta bienaventuranza, en la que participamos al aceptar a Jesús como nuestro Mesías y Salvador. Pero el don de la fe nos abre a los demás sin exclusiones, en los que vemos “prójimos”, hermanos e hijos del mismo Padre. Por eso la fe no puede (no debe) ocultarse, sino que su dinamismo propio es el testimonio, la proclamación, la comunicación. Si hemos experimentado la felicidad (la bienaventuranza) de ser hijos de Dios en el Hijo Jesucristo, no podemos no sentir el impulso de contagiar de esta felicidad a los que todavía no la conocen. Y es que, en verdad, el amor y la felicidad son difusivos por su propia naturaleza.

Tras declarar bienaventurados a sus discípulos, Jesús les recuerda la responsabilidad aparejada al don recibido. La luz de la fe debe brillar, la alegría de la nueva vida de la salvación debe generar vida nueva. La sal conserva la vida y la libera de la podredumbre. La luz da orientación y sentido. No es que los creyentes en Cristo “tengan que ser” (así, como un deber moral) sal y luz. Jesús nos dice que ya lo somos: es un don ya recibido. Nuestra responsabilidad consiste en no estropear esos dones con nuestra desidia: que la sal no se vuelva insípida, que no ocultemos la luz. Si dejamos que esto suceda, nuestra fe se vuelve estéril, la bienaventuranza desvirtuada deja de serlo. No hemos de tener miedo de manifestar nuestra fe, ni avergonzarnos de seguir a Jesús. Es absurdo sentir miedo o avergonzarse de ser feliz. Pero somos felices y bienaventurados, porque hemos conocido a Jesús y lo seguimos. Y ello se traduce en obras buenas a favor de nuestros hermanos, y por las que ellos mismos dan gloria a Dios y, de este modo, empiezan también a participar de esa felicidad a la que todos están llamados, y a la que nosotros, por nuestras buenas obras, les estamos invitando.

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy