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Homilía para la Eucaristía del domingo 13 de junio de 2021.

Paz y Bien para todos.

DOMINGO XI DEL AÑO. 

Ezequiel 17,22-24: Extraña parábola. Un águila (Dios) toma un cogollo del cedro (la Casa de David) y lo trasplanta. Es Dios quien actúa a través de lo débil y lo pequeño. 

2Corintios 5,6-10: Pablo, y todo creyente, es un peregrino, vive lejos del Señor. Por eso, hay que caminar en fe, fiados sólo del Señor para agradarlo a Él. 

Marcos 4,26-34: Encontramos dos parábolas, ambas comparan la realidad del Reino de Dios a una semilla. Una, el crecimiento progresivo de la semilla; la otra, la desproporción entre el tamaño de la semilla y su posterior desarrollo. 

1.- Jesús nos trae el Reinado de Dios, su Proyecto de salvación. Y lo explica por medio de parábolas y lo manifiesta por medio de milagros. 

Aquí, concretamente, nos explica el Misterio del Reino con dos parábolas. En ambas la comparación es una semilla. La semilla es de por sí principio de vida. El Reino de Dios es vida, vida nueva y en plenitud. Pero el Reino tiene un ritmo propio, no depende ni del sembrador, ni del hortelano. El desarrollo del Reino depende, siguiendo el sentido de otras parábolas, de la calidad de la tierra y de Dios, su Dueño. 

Al mismo tiempo el origen del Reino de Dios es insignificante y de crecimiento imperceptible, pero que tiene un desarrollo espléndido, abarca a muchos, no a algunos, porque el Reino, el Proyecto de Dios, es para todos. 

2.- Todo esto lo sabemos. Pero mientras estamos en este mundo no lo percibimos, no lo notamos. Y por eso, muchas veces nos descorazonamos, nos desanimamos. De ahí que san Pablo, con un criterio muy aterrizado, nos exhorta a caminar en fe.  He aquí lo importante que no debemos nunca perder de vista. Así como Israel en el desierto caminaba guiado por Moisés y la Palabra del Señor, del mismo modo nosotros caminamos en fe, porque la vida de discipulado es un caminar en pos del Señor. Nada sentimos, nada vemos. Sólo tenemos la luz de la fe. Dice el salmo: Lámpara es tu Palabra para mis pasos (Salmo 118,105). Porque el caminante, el creyente, se alumbra con una lámpara, la Palabra de Dios. 

3.- ¡Cuántas veces nos desalentamos! Nada vemos, ni sentimos. En el mundo se valoran los resultados, lo eficaz. Y vivimos lo que podría llamarse una cultura “fast”, de lo rápido, de los resultados inmediatos, prontos y eficaces. 

Y lo mismo queremos en lo que se refiere a Dios y su Reinado. ¡Que venga tu Reino! Y nada sucede.  

Por otra parte, hoy se valora mucho lo superficial, poco se penetra en la raíz de lo esencial. Se cumple aquello de que el hombre ve y valora las apariencias, pero Dios ve el corazón (cfr. 1Samuel 16,7). A la gente de este tiempo se les olvida que “lo esencial se ve con el corazón” (El Principito). 

4.- Nos encontramos con Jesús. Él ha traído el Reino de una manera que no lo notamos. Más aún, Jesús se identifica con el Reino; Él vino, pero de una manera casi anónima, poco valorada; sin embargo, su Mensaje se ha extendido y ha sido aceptado por mucha gente. 

Hoy la Iglesia, instrumento del Reino, es ignorada por la prensa y los grandes de este mundo. Pero, apoyados por la Palabra, seguimos trabajando por la implantación del Reinado de Dios. Dejemos que crezca, que se desarrolle, no lo entorpezcamos. 

Al encontrarnos con el Señor Él nos alumbra, nos fortalece y anima.  

Ojalá hagamos nuestras las palabras que nos dirige hoy san Pablo: sea que vivimos en este cuerpo o fuera de él, nuestro único deseo es agradarle. 

Hermano Pastor Salvo Beas.