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Autor: Patricio Osiadacz

EDD. sábado 26 de junio de 2021

Hoy, sábado, 26 de junio de 2021

Primera lectura

Lectura del libro del Génesis (18,1-15):

En aquellos días, el Señor se apareció a Abrahán junto a la encina de Mambré, mientras él estaba sentado a la puerta de la tienda, porque hacía calor. Alzó la vista y vio a tres hombres en pie frente a él.
Al verlos, corrió a su encuentro desde la puerta de la tienda y se prosternó en tierra, diciendo: «Señor, si he alcanzado tu favor, no pases de largo junto a tu siervo. Haré que traigan agua para que os lavéis los pies y descanséis junto al árbol. Mientras, traeré un pedazo de pan para que cobréis fuerzas antes de seguir, ya que habéis pasado junto a vuestro siervo.»
Contestaron: «Bien, haz lo que dices.»
Abrahán entró corriendo en la tienda donde estaba Sara y le dijo: «Aprisa, tres cuartillos de flor de harina, amásalos y haz una hogaza.»
Él corrió a la vacada, escogió un ternero hermoso y se lo dio a un criado para que lo guisase en seguida. Tomó también cuajada, leche, el ternero guisado y se lo sirvió. Mientras él estaba en pie bajo el árbol, ellos comieron.
Después le dijeron: «¿Dónde está Sara, tu mujer?»
Contestó: «Aquí, en la tienda.»
Añadió uno: «Cuando vuelva a ti, dentro del tiempo de costumbre, Sara habrá tenido un hijo.»
Sara lo oyó, detrás de la entrada de la tienda. Abrahán y Sara eran ancianos, de edad muy avanzada, y Sara ya no tenía sus periodos.
Sara se rió por lo bajo, pensando: «Cuando ya estoy seca, ¿voy a tener placer con un marido tan viejo?»
Pero el Señor dijo a Abrahán: «¿Por qué se ha reído Sara, diciendo: “De verdad que voy a tener un hijo a mis años.” ¿Hay algo difícil para Dios? Cuando vuelva a visitarte por esta época, dentro del tiempo de costumbre, Sara habrá tenido un hijo.»
Pero Sara, que estaba asustada, lo negó: «No me he reído.»
Él replicó: «No lo niegues, te has reído.»

Palabra de Dios

Salmo

Sal 1,46-47.48-49.50.53.54-55

R/.
El Señor se acuerda de la misericordia

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador. R/.

Porque ha mirado la humillación de su esclava.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo. R/.

Y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.
A los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos. R/.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de la misericordia
–como lo había prometido a nuestros padres–
en favor de Abrahán y su descendencia por siempre. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Mateo (8,5-17):

En aquel tiempo, al entrar Jesús en Cafarnaún, un centurión se le acercó rogándole: «Señor, tengo en casa un criado que está en cama paralítico y sufre mucho.»
Jesús le contestó: «Voy yo a curarlo.»
Pero el centurión le replicó: «Señor, no soy quién para que entres bajo mi techo. Basta que lo digas de palabra, y mi criado quedará sano. Porque yo también vivo bajo disciplina y tengo soldados a mis órdenes; y le digo a uno: «Ve» y va; al otro: «Ven», y viene; a mi criado: «Haz esto», y lo hace.»
Al oírlo, Jesús quedó admirado y dijo a los que le seguían: «Os aseguro que en Israel no he encontrado en nadie tanta fe. Os digo que vendrán muchos de oriente y occidente y se sentarán con Abrahán, Isaac y Jacob en el reino de los cielos; en cambio, a los ciudadanos del reino los echarán fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.»
Y al centurión le dijo: «Vuelve a casa, que se cumpla lo que has creído.»
Y en aquel momento se puso bueno el criado.
Al llegar Jesús a casa de Pedro, encontró a la suegra en cama con fiebre; la cogió de la mano, y se le pasó la fiebre; se levantó y se puso a servirles.
Al anochecer, le llevaron muchos endemoniados; él, con su palabra, expulsó los espíritus y curó a todos los enfermos. Así se cumplió lo que dijo el profeta Isaías: «Él tomó nuestras dolencias y cargó con nuestras enfermedades.»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

Queridos hermanos:

Hoy el texto del evangelio nos presenta dos escenas de  sanación. Son encuentros con Jesús que ayudan a recobrar la salud. En este caso se trata de enfermedades físicas, pero en otros lugares del evangelio, las curaciones tienen un alcance más profundo y humanamente inexplicable.

La primera curación es para que veamos que el amor de Dios no tiene fronteras ni razas preferidas, sino que está abierto a ayudar a toda persona que sufre. La raza o la posición social no cuentan ante el amor misericordioso  del Padre del cielo. Y Jesús ha venido a demostrarlo.

El centurión romano era un militar del Imperio romano cuyas legiones  habían invadido Palestina y suprimido las libertades cívicas de los judíos. El emperador de Roma era el emperador  de toda la población judía. Y su autoridad se hacía sentir sobre todo a través del cobro de los impuestos, que no se quedaban en Palestina para cubrir sus necesidades, sino que el dinero iba a engrosar las arcas de Roma, que era la capital del Imperio.

El centurión (jefe de cien soldados del ejército romano), además de pertenecer a otra religión, representaba a la potencia militar de Roma; doble motivo para convertirse en una persona mal vista. Pero por su fe entra en la nueva comunidad de los seguidores de Jesús y se convierte en figura ejemplar: su gesto y sus palabras denuncian a los que se resisten a creer y rechazan a Jesús. La forma de comportarse de este soldado es como un anuncio de que muchos como él se unirán a los amigos de Jesús en  la comunidad cristiana.

En el caso de la suegra de Pedro hay un detalle interesante: en cuanto ella se sintió curada  «se levantó y se puso a servirle». Se sentía tan agradecida a Jesús y tan honrada por la visita y por la salud recobrada, que inmediatamente se puso a servir a Jesús y sus acompañantes.

En este caso y para esta mujer  la sanación es mucho más profunda,  pues la hace crecer en su espíritu de servicio y solidaridad.  Y si antes ya era muy servicial, ahora lo será mucho más con la gracia de la curación.

También podemos pensar que en este pasaje el evangelista está indicando la dignidad recobrada de las seguidoras de Jesús y su protagonismo en la vida de las comunidades cristianas

Es muy hermoso ver a personas que al verse favorecidas por el Señor por la curación de un hijo o una hija, descubren que la mejor forma de agradecer a Dios sus favores,  es sirviendo a otras personas que necesitan ayuda o a su comunidad.

Hay un hermoso texto de Gabriela Mistral, chilena, premio Nobel 1945 de Literatura que dice:

“Toda la naturaleza es un anhelo de servir. Sirve la nube, sirve el viento, sirve el surco. Donde haya un árbol que plantar, plántalo tú; donde haya un error que enmendar, enmiéndalo tú; donde haya un esfuerzo que todos esquivan, acéptalo tú. Sé el que apartó la piedra del camino, el odio entre los corazones y las dificultades del problema.

Hay la alegría de ser santo y de ser justo; pero hay, sobre todo, la inmensa alegría de servir. ¡Qué triste sería el mundo si todo él estuviera hecho, si no hubiera un rosal que plantar, una empresa que emprender!

Pero no caigas en el error de pensar que sólo se hacen méritos con los grandes trabajos; hay pequeños servicios que son buenos servicios: adornar una mesa, ordenar unos libros, peinar a una niña.

Aquel es el que critica, éste el que destruye. Sé tú el que sirve. Servir no es sólo tarea de seres inferiores. Dios, que da el fruto, la luz…sirve. Pudiera llamársele así: EL QUE SIRVE. Y tiene sus ojos fijos en nuestras manos y nos pregunta cada día: “¿Serviste hoy? ¿A quién? ¿Al árbol, a tu amigo, a tu madre? “

Vuestro hermano en la fe.
Carlos Latorre
Misionero Claretiano
carloslatorre@claretianos.es

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

EDD. viernes 25 de junio de 2021

Hoy, viernes, 25 de junio de 2021

Primera lectura

Lectura del libro del Génesis (17,1.9-10.15-22):

Cuando Abrán tenía noventa y nueve años, se le apareció el Señor y le dijo: «Yo soy el Dios Saday. Camina en mi presencia con lealtad.»
Dios añadió a Abrahán: «Tú guarda mi pacto, que hago contigo y tus descendientes por generaciones. Éste es el pacto que hago con vosotros y con tus descendientes y que habéis de guardar: circuncidad a todos vuestros varones.»
Dios dijo a Abrahán: «Saray, tu mujer, ya no se llamará Saray, sino Sara. La bendeciré, y te dará un hijo, y lo bendeciré; de ella nacerán pueblos y reyes de naciones.»
Abrahán cayó rostro en tierra y se dijo sonriendo: «¿Un centenario va a tener un hijo, y Sara va a dar a luz a los noventa?»
Y Abrahán dijo a Dios: «Me contento con que te guardes vivo a Ismael.»
Dios replicó: «No; es Sara quien te va a dar un hijo, a quien llamarás Isaac; con él estableceré mi pacto y con sus descendientes, un pacto perpetuo. En cuanto a Ismael, escucho tu petición: lo bendeciré, lo haré fecundo, lo haré multiplicarse sin medida, engendrará doce príncipes y haré de él un pueblo numeroso. Pero mi pacto lo establezco con Isaac, el hijo que te dará Sara el año que viene por estas fechas.»
Cuando Dios terminó de hablar con Abrahán, se retiró.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 127,1-2.3.4-5

R/.
Ésta es la bendición del hombre que teme al Señor

Dichoso el que teme al Señor
y sigue sus caminos.
Comerás del fruto de tu trabajo,
serás dichoso, te irá bien. R/.

Tu mujer, como parra fecunda,
en medio de tu casa;
tus hijos, como renuevos de olivo,
alrededor de tu mesa. R/.

Ésta es la bendición del hombre que teme al Señor.
Que el Señor te bendiga desde Sión,
que veas la prosperidad de Jerusalén
todos los días de tu vida. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Mateo (8,1-4):

En aquel tiempo, al bajar Jesús del monte, lo siguió mucha gente.
En esto, se le acercó un leproso, se arrodilló y le dijo: «Señor, si quieres, puedes limpiarme.»
Extendió la mano y lo tocó, diciendo: «Quiero, queda limpio.»
Y en seguida quedó limpio de la lepra.
Jesús le dijo: «No se lo digas a nadie, pero, para que conste, ve a presentarte al sacerdote y entrega la ofrenda que mandó Moisés.»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

Queridos hermanos:

El evangelio de hoy nos cuenta que al bajar Jesús del monte, lo siguió mucha gente.

Se le acercó un leproso, se arrodilló y le dijo: «Señor, si quieres, puedes limpiarme.»

Extendió la mano y lo tocó, diciendo: «quiero, queda limpio.» Y en seguida quedó limpio de la lepra. ¿Pero Jesús quedó contaminado? Así era la opinión de la gente de aquella época: la lepra se contagiaba por contacto. Es decir, el que tocaba a un leproso inmediatamente se contagiaba de su enfermedad. Quedaba impuro.

Yo me acuerdo de haber vivido encuentros con leprosos cuarenta años atrás en los bosques de Paraguay. Y el miedo que experimentaba cuando alguno de ellos con el muñón de la mano envuelto en trapos, te la alargaba para saludarte. Negar la mano es un desprecio. Y eso yo no quería hacerlo de ninguna manera. Por eso luego yo instintivamente, cuando el leproso no me veía,  me restregaba la mano sobre el pantalón para evitar el posible contagio. Jesús en cambio, nos dice el evangelio de hoy, que “extendió la mano y lo tocó”. Este “tocar” no es un vulgar y corriente saludo dándose la mano. Es ponerse al nivel del enfermo ante las personas que lo estaban viendo. ¡Jesús se identificaba con el enfermo, pero  la gente reaccionaba haciendo el vacío alrededor de él!

En la época de Jesús el juicio sobre la lepra (¡y sobre los leprosos!) no podía ser más negativo: a la repugnancia física y peligro de contagio, se sumaba la exclusión. Por eso  el enfermo no podía convivir con las demás  personas, pues  el  leproso era considerado como un maldito de Dios. ¡Era una desgracia sobre otra! ¡La peor de las enfermedades!

Jesús dice que él ha venido a buscar y salvar lo que otros dan por perdido. Hoy sabemos que la lepra no tiene ningún origen sobrenatural, sino que es una enfermedad más. Pero lo que Jesús sabe muy bien es que los leprosos de su época  son víctimas de una doble desgracia: a su dolor físico se añade el injusto rechazo social y religioso; y ambas cosas quiere Jesús que queden superadas. Por eso su acción no es una mera curación física: al leproso curado lo envía al sacerdote para que levante acta de su curación y quede reintegrado en la comunidad de los que rezan en el templo y de los que caminan por calles y plazas. Jesús derriba muros y crea vida en fraternidad.

Según el cuarto evangelio, la misión de Jesús tiene por objeto “que tengamos vida y la tengamos abundante”. Por tanto, el auténtico seguidor de Jesús tiene que ser un creador y distribuidor de vida, destructor de barreras y aliviador de dolores, activo inconformista con todo tipo de sufrimiento y de división.

¿Brota con frecuencia de nuestro interior la acción de gracias por tantos bienes  recibidos?  ¿O sólo nos lamentamos ante Jesús de lo que nos falta? ¿Agradecemos la luz del sol que gratuitamente nos regala Dios cada día? ¿Damos gracias por la salud, por las maravillas de la amistad y la ternura que no se pagan con dinero?

Vuestro hermano en la fe.
Carlos Latorre
Misionero Claretiano
carloslatorre@claretianos.es

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

Homilía para la Eucaristía del domingo 27 de junio de 2021.

Un cordial saludo de Paz y Bien a todos ustedes.

DOMINGO TRECE DEL AÑO. 

Sabiduría 1,13-15; 2,23-24: Visión optimista de la Sabiduría sobre la creación; Dios no es autor de la muerte, ni del sufrimiento. Otra es la causa de la existencia del mal en el mundo. 

2Corintios 8,7.9.13-15: Pablo hace un llamado a la solidaridad para ir en ayuda de los pobres que hay en la comunidad de Jerusalén. Pone como ejemplo a Jesucristo que en su generosidad siendo rico=Dios, se hizo pobre por nosotros, se anonadó. 

Marcos 5,21-43: Dos milagros que demuestran la presencia del Reino de Dios en Cristo. Dos milagros estrechamente unidos; en ambos las favorecidas son mujeres. Lo único que Jesús exige es fe. 

1.- Jesús es la presencia real y tangible de Dios en medio nuestro, de ese Dios que ama la vida y quiere nuestro bien. Por eso, como ya lo sabemos, el Reino de Dios que Jesús trae es un Reino de vida. Y esto que tantas veces proclamó el Señor hoy lo corrobora con estos dos milagros. Yo diría, son dos en uno, ya que ambas señales tienen algunos aspectos en común: primero, son dos mujeres, una tenía doce años de edad, edad núbil, de casamiento; la otra llevaba doce años sufriendo. Doce son las tribus de Israel. En segundo lugar, en ambas mujeres la vida se les extingue, van a  morir. Ambas mujeres son una imagen de Israel, o también la de todo aquel que no está ni ahí con Jesús. Se les va extinguiendo la vida poco a poco. 

2.- Pero en ambas se produce salvación, ya que en ambas entra en juego la fe. Los milagros suponen la fe en Jesús, tanto que a veces se atribuye a la fe la acción salvadora. Sin fe el milagro no va. Pero la fe no es algo mágico, no; la fe debe centrarse en el poder salvador de Jesucristo, en su Persona. La fe es una disposición de confianza total en Jesús, disposición capaz de engendrar audacia, como en aquella mujer enferma que es capaz de acercarse a Jesús, aun cuando legalmente no podía hacerlo. O como la de ese jefe de la sinagoga que, a pesar de la mala noticia que le dieron, le creyó a Jesús cuando le dijo: “Basta que creas”

Antes, el domingo pasado, en la escena del temporal, Jesús reprochó la poca fe de los discípulos. Hoy alaba la fe de esa mujer y la de Jairo. 

3.- En Lucas 18,8 Jesús pregunta a sus discípulos: “Cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe en la tierra? Y ese es el problema del mundo, de la sociedad. Como las dos mujeres, están perdiendo la vida, perdiendo vitalidad. Al Israel de aquel entonces y a la Iglesia se les está yendo la vitalidad, porque sus instituciones son inertes, son más formalismo que fondo. Y eso no quiere el Señor. Como dice el profeta: “Me abandonaron a Mí, la fuente de agua viva, para cavarse cisternas agrietadas, que no retienen el agua” (Jeremías 2,13). “Dios no ha hecho la muerte ni se complace en la perdición de los vivientes”.  Entonces, ¿por qué hay tanto dolor y muerte en el mundo?  “Porque me abandonaron a Mí, la fuente de agua viva”, nos responde el Señor. 

Si Israel, si la gente toda tocara el manto del Señor, lo aceptara a Él, o se dejara tomar de la mano, como la hija de Jairo, se levantaría gracias a la vida que Jesús le está ofreciendo. 

4.- Así como hay señales de muerte en el mundo, también las hay de vida. En muchos lugares han surgido agrupaciones que realizan gestos solidarios en favor de los más desposeídos. Aun sin ser creyentes, muchos de ellos, hacen lo de Cristo: se despojan de algo para favorecer a otros. Eso es vida, eso es Reino de Dios. 

El Señor espera de nosotros que tengamos fe. A cada uno de nosotros hoy nos está diciendo: “No temas, basta que creas”. “Acerquémonos, entonces, con un corazón sincero y llenos de Fe” (Hebreos 10,22), mediante esa fe que nos vincula en comunión personal con Él. 

A usted se lo digo, que tal vez tiene un tremendo problema, a usted que se le enfermó un ser querido, acérquese a Él. Hoy podrá decir con el salmista: “YO TE GLORIFICO, SEÑOR, PORQUE TÚ ME LIBRASTE”. 

Hermano Pastor Salvo Beas. 

EDD. jueves 24 de junio de 2021.

Jueves de la duodécima semana del tiempo ordinario
Nacimiento de san Juan Bautista
Solemnidad 
Color: blanco

Antífona de entrada Jn 1, 6-7; Lc 1, 17 

Apareció un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan; vino como testigo para dar testimonio de la luz, y preparar al Señor un pueblo bien dispuesto. 

Gloria

ORACIÓN COLECTA 

Dios nuestro, que confiaste a san Juan Bautista la misión de preparar para Cristo, el Señor, un pueblo bien dispuesto, concede a tu Iglesia la gracia de la alegría espiritual, y dirige los corazones de los fieles por el camino de la salvación y de la paz. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos. 

LITURGIA DE LA PALABRA

PRIMERA LECTURA

Yo te destino a ser la luz de las naciones

Lectura del libro de Isaías 49, 1-6

¡Escúchenme, costas lejanas, presten atención, pueblos remotos!

El Señor me llamó desde el vientre materno, desde del vientre de mi madre pronuncio mi nombre. Él hizo de mi boca una espada afilada, me ocultó  a la sombra de su mano; hizo de mí una flecha punzante, me escondió en su aljaba. Él me dijo: “Tú eres mi Servidor, Israel, por ti Yo me glorificaré”. Pero yo dije: “En vano me fatigué, para nada, inútilmente, he gastado mi fuerza”. Sin embargo, mi derecho está junto al Señor y mi retribución, junto a mi Dios. Y ahora, ha hablado el Señor, el que me formó desde el vientre materno para que yo sea su Servidor, para hacer que Jacob vuelva a Él y se le reúna Israel.

Yo soy valioso a los ojos del Señor y mi Dios ha sido mi fortaleza.

Él dice: “Es demasiado poco que seas mi Servidor para restaurar a las tribus de Jacob y hacer volver a los sobrevivientes de Israel; Yo te destino a ser la luz de las naciones, para que llegue mi salvación hasta los confines de la tierra”.

SALMO RESPONSORIAL   138, 1-3. 13-15

R/. Te doy gracias porque fui formado de manera tan admirable.

Señor, Tú me sondeas y me conoces Tú sabes si me siento o me levanto; de lejos percibes lo que pienso, te das cuenta si camino o si descanso, y todos mis pasos te son familiares.

Tú creaste mis entrañas, me plasmaste en el seno de mi madre: te doy gracias porque fui formado de manera tan admirable. ¡Qué maravillosas son tus obras!

Tú conocías hasta el fondo de mi alma y nada de mi ser se te ocultaba, cuando yo era formado en lo secreto, cuando era tejido en lo profundo de la tierra.

SEGUNDA LECTURA

Juan había predicado como preparación a la venida de Cristo.

Lectura de los Hechos de los Apóstoles   13, 22-26

En la sinagoga de Antioquía de Pisidia, Pablo decía:

“Dios suscitó para nuestros padres como rey a David, de quien dio este testimonio: “He encontrado en David, el hijo de Jesé, a un hombre conforme a mi corazón, que cumplirá siempre mi voluntad”. De la descendencia de David, como lo había prometido, Dios hizo surgir para Israel un salvador, que es Jesús.

Como preparación a su venida, Juan Bautista había predicado un bautismo de penitencia a todo el pueblo de Israel. Y al final de su carrera, Juan decía: “Yo no soy el que ustedes creen, pero sepan que después de mí viene Aquél a quien yo no soy digno de desatar las sandalias”.

Hermanos, este mensaje de salvación está dirigido a ustedes: los descendientes de Abraham y los que temen a Dios”.

EVANGELIO

ACLAMACIÓN AL EVANGELIO Cf. Lc  1, 76

Aleluya.

Tú, niño, serás llamado Profeta del Altísimo, irás delante del Señor preparando sus caminos. Aleluya.

EVANGELIO

Su nombre es Juan.

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 1, 57-66. 80

Cuando llegó el tiempo en que Isabel debía ser madre, dio a luz un hijo. Al enterarse sus vecinos y parientes de la gran misericordia con que Dios la había tratado, se alegraban con ella.

A los ocho días, se reunieron para circuncidar al niño, y querían llamarlo Zacarías, como su padre; pero la madre dijo: “No, debe llamarse Juan”.

Ellos le decían: “No hay nadie en tu familia que lleve ese nombre”.

Entonces preguntaron por señas al padre qué nombre quería que le pusieran. Éste pidió una pizarra y escribió: “Su nombre es Juan”.

Todos quedaron admirados. Y en ese mismo momento, Zacarías recuperó el habla y comenzó a alabar a Dios.

Este acontecimiento produjo una gran impresión entre la gente de los alrededores, y se lo comentaba en toda la región montañosa de Judea. Todos los que se enteraron guardaban este recuerdo en su corazón y se decían: “¿Que llegará a ser este niño?” Porque la mano del Señor estaba con él.

El niño iba creciendo y se fortalecía en su espíritu; y vivió en lugares desiertos hasta el día en que se manifestó a Israel.

Fuente : http://www.eucaristiadiaria.cl/dia_cal.php?fecha=2021-06-24

REFLEXIÓN :

Zacarías está mudo. El ángel lo ha dejado sin poder contar ni una palabra a Isabel de lo que le ha ocurrido. Nueve meses largos de espera en silencio es tiempo suficiente para recobrar la paz y la serenidad. Zacarías había aceptado con dolor este sufrimiento y había aprendido a ser humilde. Por eso su lengua se «desata» en el momento oportuno. Ni él ni nadie lo esperaba. Sucede de improviso, como de improviso llegó aquel día el ángel, pero esta vez el anciano sacerdote supo cómo responder. La gratitud y la alabanza a Dios son sus primeras palabras en un canto de júbilo emocionado.

Isabel concibió a Juan en su seno, mientras Zacarías, en silencio, recobró la fe y confianza en Dios. En ambos se da el milagro. La vida espiritual se construye a base de pequeños o grandes milagros que se dan en esa esfera íntima del alma, que sólo Dios y cada uno conoce. Pero no por ello dejan de ser milagros. Dios toca con su mano nuestras almas más a menudo que nuestros cuerpos… «la mano del Señor estaba con él…» sí, y también con nosotros. Porque Dios quiere engendrar en cada uno de nosotros a un hombre nuevo. Mediante la humildad, el crecimiento de nuestra fe, y de nuestra confianza. Por medio de la donación y la entrega generosa. Porque sin amor no podemos hacer nada meritorio. El hombre nuevo que coopera a la acción de Dios es consciente de su pequeñez, pero aún más de que esa «mano» divina le sostiene.

El anuncio de la Navidad, con su nuevo nacimiento tan cercano ya, nos debe estimular. Quien nace es también como en el caso de Zacarías un hombre nuevo, un hombre tocado por Dios. Salgamos al encuentro de Jesús, preparemos nuestro espíritu, no dejemos que todo se vaya en lo exterior, porque es un tiempo precioso para crecer, para engendrar a Jesús más y más en el corazón. La medida de nuestra felicidad, de nuestra gratitud y alegría, como la de Zacarías, dependerá de habernos dejado a nosotros mismos y haber aceptado el querer de Dios. La oración es el medio para fortalecer estas convicciones, la caridad el instrumento para hacerlas creíbles a los ojos de los demás.

sabel y Zacarías demuestran que les importa más cumplir la voluntad de Dios que la opinión de sus parientes. Y le llamaron Juan, “como Dios manda”.

El miedo al «qué dirán» se llama respeto humano. Y desgraciadamente es un lazo que nos impide despegar hacia la santidad personal. Nos suele suceder con frecuencia.

Es ese respeto humano el que nos impide rezar en un restaurante, delante de todos, antes y después de comer. Es ese sutil temor al «qué va a pensar la gente». Cuando no me atrevo a invitar a mis amigas a rezar el rosario o a misa, quizás tema al «qué dirán».

Cuando no me aparto de los amigos que ven pornografía, puede ser que tema al «qué dirán». Si no defiendo al Papa y a la Iglesia cuando se les critica en la universidad, quizás anide en mí el respeto humano. Cuando no me voy a confesar, quizás sea en el fondo por el respeto humano. Y así podemos ver que este defecto no nos permite ser coherentes, ser hombres y mujeres de una sola cara.

Este evangelio –entre otras cosas– nos invita a vivir sin máscaras. Solemos tener una para andar con la pareja, otra cuando están los niños, otra para las giras de negocios, otra para andar con los amigos.

Hace falta coraje para quitarnos todas nuestras máscaras y mostrar nuestro rostro de católicos en el quehacer de cada día. Y también la gracia de Dios, porque quien vive con sencillez, sin tantos disfraces, se expone a vivir un pequeño martirio, al ser tachados de “beato”, “monja”, “anticuada”, “conservador”, etc. El precio de la coherencia es la critica de los incoherentes. Pero la coherencia y la transparencia de vida es un requisito para poder descubrir a Dios en el niño inocente e indefenso que nacerá mañana bajo la estrella de Belén.

Fuente : https://es.catholic.net/op/articulos/37125/cat/504/juan-es-su-nombre.html

EDD. miércoles 23 de junio de 2021.

Hoy, miércoles, 23 de junio de 2021

Primera lectura

Lectura del libro del Génesis (15,1-12.17-18):

En aquellos días, Abrán recibió en una visión la palabra del Señor: «No temas, Abrán, yo soy tu escudo, y tu paga será abundante.»
Abrán contestó: «Señor, ¿de qué me sirven tus dones, si soy estéril, y Eliezer de Damasco será el amo de mi casa?»
Y añadió: «No me has dado hijos, y un criado de casa me heredará.»
La palabra del Señor le respondió: «No te heredará ése, sino uno salido de tus entrañas.»
Y el Señor lo sacó afuera y le dijo: «Mira al cielo; cuenta las estrellas, si puedes.»
Y añadió: «Así será tu descendencia.» Abran creyó al Señor, y se le contó en su haber.
El Señor le dijo: «Yo soy el Señor, que te sacó de Ur de los Caldeos, para darte en posesión esta tierra.»
Él replicó: «Señor Dios, ¿cómo sabré que yo voy a poseerla?»
Respondió el Señor: «Tráeme una ternera de tres años, una cabra de tres años, un carnero de tres años, una tórtola y un pichón.»
Abrán los trajo y los cortó por el medio, colocando cada mitad frente a la otra, pero no descuartizó las aves. Los buitres bajaban a los cadáveres, y Abrán los espantaba. Cuando iba a ponerse el sol, un sueño profundo invadió a Abrán, y un terror intenso y oscuro cayó sobre él. El sol se puso, y vino la oscuridad; una humareda de horno y una antorcha ardiendo pasaban entre los miembros descuartizados.
Aquel día el Señor hizo alianza con Abrán en estos términos: «A tus descendientes les daré esta tierra, desde el río de Egipto al Gran Río Eufrates.»

Palabra de Dios

Salmo

Sal 104,1-2.3-4.6-7.8-9

R/.
El Señor se acuerda de su alianza eternamente

Dad gracias al Señor, invocad su nombre,
dad a conocer sus hazañas a los pueblos.
Cantadle al son de instrumentos,
hablad de sus maravillas. R/.

Gloriaos de su nombre santo,
que se alegren los que buscan al Señor.
Recurrid al Señor y a su poder,
buscad continuamente su rostro. R/.

¡Estirpe de Abrahán, su siervo;
hijos de Jacob, su elegido!
El Señor es nuestro Dios,
él gobierna toda la tierra. R/.

Se acuerda de su alianza eternamente,
de la palabra dada, por mil generaciones;
de la alianza sellada con Abrahán,
del juramento hecho a Isaac. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Mateo (7,15-20):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuidado con los falsos profetas; se acercan con piel de oveja, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis. A ver, ¿acaso se cosechan uvas de las zarzas o higos de los cardos? Los árboles sanos dan frutos buenos; los árboles dañados dan frutos malos. Un árbol sano no puede dar frutos malos, ni un árbol dañado dar frutos buenos. El árbol que no da fruto bueno se tala y se echa al fuego. Es decir, que por sus frutos los conoceréis.

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

Queridos hermanos:

La lectura  bíblica de hoy nos quiere ayudar a conocer  los comienzos del pueblo de Israel. La fe en Dios del patriarca Abrán es el punto clave de todo este pasaje. Yo admiro la confianza con que Abrán habla con Dios como si fuera  el mejor de los amigos, el que nunca le va a defraudar. Sí, tendrá que pasar por momentos de prueba, de sufrimiento. Sí, es cierto, se sentía bendecido por la abundancia de bienes materiales que poseía, pero no tenía heredero. El Señor le dijo: «Mira al cielo; cuenta las estrellas, si puedes.» Y añadió: «Así será tu descendencia.» Abrán creyó al Señor, y se le contó en su haber”. El Señor hizo alianza con Abrán y le dijo: “A tus descendientes les daré esta tierra”.

En el evangelio Jesús nos habla sobre quiénes son los verdaderos amigos y qué hace falta para estar seguro de ellos. Dice: “Por sus frutos los conoceréis”.  Las palabras pueden ser muy finas y bonitas, pero lo que convence son las obras, el comportamiento. Y para aclarar mejor su enseñanza, añade: “Los árboles sanos dan frutos buenos; los árboles dañados dan frutos malos”.

Vamos a aplicar estas enseñanzas  a la vida de cada día. Decía un sabio sobre su vida: “De joven yo era un revolucionario y mi plegaria consistía en decirle a Dios: Señor, dame fuerzas para cambiar este mundo tan perdido”. Cuando me hice mayor, me di cuenta de que había pasado media vida sin haber conseguido cambiar ni a  una sola persona.

Entonces cambié mi oración y empecé a pedir: “Señor, concédeme la gracia de transformar a todos aquellos que se pongan en contacto conmigo, aunque sean sólo mi familia y mis amigos, con esto me conformo. Ahora que soy viejo y tengo los días contados, he empezado a comprender lo estúpido que he sido. Mi única plegaria es la siguiente: “Señor, dame la gracia de cambiarme a mí mismo, aunque sólo sea un poquito”. Si hubiese rogado de esta manera desde el principio, no habría perdido tanto tiempo en mi vida.

Por su parte, Ester Mari, añadió: “Escuché el testimonio de una señora casada y con dos hijos,  que decía: Yo antes siempre me enfadaba con mi marido y también con Dios, porque yo era tan fiel  y buena, no salía de mi casa, sólo le pedía a Dios que mi marido cambiara…Ahora el Señor sí que me escuchó, porque he comprendido que para que cambie mi marido, tengo que empezar a cambiar yo y dejar de reprocharle.

Y entonces su amiga Mirta contó: “Yo me enfadaba con mi marido porque todos los fines de semana se iba a cazar con sus amigos, lloviera o hiciera calor. El me invitaba a acompañarle, pero yo por despecho, no quería ni oír hablar del asunto. Siempre estábamos en peleas…Hasta que un día, aconsejada por una buena amiga, decidí no sólo no reprocharle más nada, sino tener ya el jueves toda la ropa preparada para que él pudiera  ir a pasar tranquilo el fin de semana con sus amigos. Lloré mucho mientras le preparaba todo y recé para que él comprendiera que yo también lo necesitaba. Y sucedió el milagro: ¡Desde ese día mi marido no ha ido más a cazar los fines de semana!”.

Vuestro hermano en la fe.
Carlos Latorre
Misionero Claretiano
carloslatorre@claretianos.es

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

EDD. martes 22 de junio de 2021

Hoy, martes, 22 de junio de 2021

Primera lectura

Lectura del libro del Génesis (13,2.5-18):

Abrán era muy rico en ganado, plata y oro. También Lot, que acompañaba a Abrán, poseía ovejas, vacas y tiendas; de modo que ya no podían vivir juntos en el país, porque sus posesiones eran inmensas y ya no cabían juntos. Por ello surgieron disputas entre los pastores de Abrán y los de Lot. En aquel tiempo cananeos y fereceos ocupaban el país.
Abrán dijo a Lot: «No haya disputas entre nosotros dos, ni entre nuestros pastores, pues somos hermanos. Tienes delante todo el país, sepárate de mí; si vas a la izquierda, yo iré a la derecha; si vas a la derecha, yo iré a la izquierda.»
Lot echó una mirada y vio que toda la vega del Jordán, hasta la entrada de Zear, era de regadío (esto era antes de que el Señor destruyera a Sodoma y Gomorra); parecía un jardín del Señor, o como Egipto. Lot se escogió la vega del Jordán y marchó hacia levante; y así se separaron los dos hermanos. Abrán habitó en Canaán; Lot en las ciudades de la vega, plantando las tiendas hasta Sodoma. Los habitantes de Sodoma eran malvados y pecaban gravemente contra el Señor.
El Señor habló a Abrán, después que Lot se había separado de él: «Desde tu puesto, dirige la mirada hacia el norte, mediodía, levante y poniente. Toda la tierra que abarques te la daré a ti y a tus descendientes para siempre. Haré a tus descendientes como el polvo; el que pueda contar el polvo podrá contar a tus descendientes. Anda, pasea el país a lo largo y a lo ancho, pues te lo voy a dar.»
Abrán alzó la tienda y fue a establecerse junto a la encina de Mambré, en Hebrón, donde construyó un altar en honor del Señor.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 14,2-3a.3bc-4ab.5

R/.
Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda?

El que procede honradamente
y practica la justicia,
el que tiene intenciones leales
y no calumnia con su lengua. R/.

El que no hace mal a su prójimo
ni difama al vecino,
el que considera despreciable al impío
y honra a los que temen al Señor. R/.

El que no presta dinero a usura
ni acepta soborno contra el inocente.
El que así obra nunca fallará. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Mateo (7,6.12-14):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No deis lo santo a los perros, ni les echéis vuestras perlas a los cerdos; las pisotearán y luego se volverán para destrozaros. Tratad a los demás como queréis que ellos os traten; en esto consiste la Ley y los profetas. Entrad por la puerta estrecha. Ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos entran por ellos. ¡Qué estrecha es la puerta y qué angosto el camino que lleva a la vida! Y pocos dan con ellos.»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

Queridos hermanos:

Hoy también seguimos escuchando la historia de Abrahán en el  libro del Génesis. En estas narraciones bíblicas asistimos al nacimiento del pueblo de Isarel, pueblo elegido por Dios en las personas de Abrán y de sus descendientes. La decisión de Abrán y Lot de separarse, dado que el territorio en que se encontraban resultaba pequeño para contener a ambos. Además las continuas disputas impedían que hubiera  paz entre ellos.

Al parecer, la cantidad de ganado que ambos poseían necesitaba un mayor espacio de tierras para pastar. Abrán dijo a Lot: «No haya disputas entre nosotros dos, ni entre nuestros pastores, pues somos hermanos, (en realidad eran parientes). Tienes delante todo el país, sepárate de mí; si vas a la izquierda, yo iré a la derecha; si vas a la derecha, yo iré a la izquierda.»

Por fin, el patriarca puede escoger definitivamente el lugar del territorio donde fijará su residencia y donde colocará también su propia tumba, en el encinar de Mambré, en Hebrón, donde además erigió un altar al Señor.

El Evangelio de hoy nos está  invitando a encontrar el camino seguro que nos llevará a la felicidad. Nos dice lo siguiente: Tratad a los demás como queréis que ellos os traten; en esto consiste la Ley y los profetas.

Ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición. ¡Y qué estrecha es la puerta y qué angosto el camino que lleva a la vida, a la felicidad! Son pocos los que caminan por él. Y es que el bien siempre es cuesta arriba, mientras que para el mal pareciera que todo sirve.

Siempre se nos ha dicho que no somos cristianos para llevar una vida sin dificultades ni conflictos. Y cuando llegan los sufrimientos,  tenemos siempre la certeza de que no estamos solos para luchar. Jesús,  el amigo que nunca falla, nos tiende su mano y nos enseña que la unión con Él  consiste en pensar primero en los demás y no en uno mismo. Así nos preparamos para entrar un día en el cielo, como nos enseña la siguiente fábula:

Durante un sueño un Maestro fue llevado por su ángel de la guarda al mundo del más allá. Primero entró en una gran sala donde muchos hombres y mujeres estaban sentados a una mesa llena de exquisitos manjares. Pero el problema era que los cubiertos para tomar la comida eran tan largos que era imposible llevar  un pequeño pedacito a la boca.

Llenos de rabia y disgusto las personas se impedían el uno al otro comer y así, a pesar de tener tan cerca manjares tan apetitosos, se morían de hambre, enfurecidos unos contra otros.

-«Esto es el infierno», le dijo el ángel al Maestro.

En otra gran sala apareció una escena semejante: las mismas mesas con riquísimos manjares, aunque los cubiertos para tomarlos eran también larguísimos.

Pero aquí había alegría y paz, porque cada uno de los comensales no pensaba primero en sí mismo sino en el otro, y así le hacía llegar al que tenía enfrente los ricos manjares, de modo que cada uno recibía del otro lo que necesitaba y lo hacía feliz.

-«Esto es el cielo», dijo el ángel.

Siempre nos han dicho que el cielo es el reino del amor. Y si queremos entrar en él debemos ejercitarnos en amar de verdad  empezando a practicarlo en esta tierra. Y Jesús nos enseña cómo hacerlo.

Vuestro hermano en la fe.
Carlos Latorre
Misionero Claretiano
carloslatorre@claretianos.es

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

Hoy, lunes, 21 de junio de 2021

Primera lectura

Lectura del libro del Génesis (12,1-9):

En aquellos días, el Señor dijo a Abrán: «Sal de tu tierra y de la casa de tu padre, hacia la tierra que te mostraré. Haré de ti un gran pueblo, te bendeciré, haré famoso tu nombre, y será una bendición. Bendeciré a los que te bendigan, maldeciré a los que te maldigan. Con tu nombre se bendecirán todas las familias del mundo.»
Abrán marchó, como le había dicho el Señor, y con él marchó Lot. Abran tenía setenta y cinco años cuando salió de Harán. Abrán llevó consigo a Saray, su mujer, a Lot, su sobrino, todo lo que había adquirido y todos los esclavos que había ganado en Harán. Salieron en dirección de Canaán y llegaron a la tierra de Canaán. Abrán atravesó el país hasta la región de Siquén, hasta la encina de Moré. En aquel tiempo habitaban allí los cananeos.
El Señor se apareció a Abrán y le dijo: «A tu descendencia le daré esta tierra.»
Él construyó allí un altar en honor del Señor, que se le había aparecido. Desde allí continuó hacia las montañas al este de Betel, y plantó allí su tienda, con Betel a poniente y Ay a levante; construyó allí un altar al Señor e invocó el nombre del Señor. Abrán se trasladó por etapas al Negueb.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 32,12-13.18-19.20.22

R/.
Dichoso el pueblo
que el Señor se escogió como heredad

Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor,
el pueblo que él se escogió como heredad.
El Señor mira desde el cielo,
se fija en todos los hombres. R/.

Los ojos del Señor están puestos en sus fieles,
en los que esperan en su misericordia,
para librar sus vidas de la muerte
y reanimarlos en tiempo de hambre. R/.

Nosotros aguardamos al Señor:
él es nuestro auxilio y escudo.
Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Mateo (7,1-5):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No juzguéis y no os juzgarán; porque os van a juzgar como juzguéis vosotros, y la medida que uséis, la usarán con vosotros. ¿Por qué te fijas en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo? ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: “Déjame que te saque la mota del ojo”, teniendo una viga en el tuyo? Hipócrita; sácate primero la viga del ojo; entonces verás claro y podrás sacar la mota del ojo de tu hermano.»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

Queridos hermanos

En esta semana se comienza la lectura del  libro del Génesis, que es el primer libro de la Biblia.  Nos cuenta la vocación de Abrahán. Es importante caer en la cuenta de que la apersona de Abrahán es clave para el judaísmo, para el cristianismo y para el islam. Estamos hablando de millones de creyentes en el mismo Dios que se apareció y llamó a Abrahán.  Se le llama “nuestro padre en la fe”. Él es como nuestra raíz espiritual. Conocer bien la Biblia nos ayuda a dialogar como personas de buena voluntad que buscan servir a Dios según se va revelando a la conciencia de cada persona. Así, pues, aunque tengamos tradiciones religiosas diferentes, procuramos  servir a Dios tratándonos como hermanos y no como enemigos. Dios nuestro Padre a todos nos quiere tener como hijos  felices de servirle y de cumplir sus mandamientos.

Tenemos que huir siempre de todo fanatismo, pues  nadie es mejor que otro, si su conducta no le lleva a respetar la vida y la libertad del prójimo. Y como veíamos la semana pasada, el amor y el perdón deben guiar siempre los pensamientos y las acciones de quienes nos llamamos cristianos y queremos serlo de verdad.

Hoy Jesús en el evangelio nos dice: “No juzguéis y no os juzgarán; porque os van a juzgar como juzguéis vosotros, y la medida que uséis, la usarán con vosotros”.

Ya desde el Concilio Vaticano II, allá por los años de 1960 se decía que:

“La Iglesia católica no rechaza nada de lo que en estas religiones hay de santo y verdadero. Considera con sincero respeto los modos de obrar y de vivir, los preceptos y doctrinas que, por más que discrepen en mucho de lo que ella profesa y enseña, no pocas veces reflejan un destello de aquella Verdad que ilumina a todos los hombres. Anuncia y tiene la obligación de anunciar constantemente a Cristo, que es «el Camino, la Verdad y la Vida», en quien los hombres encuentran la plenitud de la vida religiosa y en quien Dios reconcilió consigo todas las cosas.

Por consiguiente, exhorta a sus hijos a que, con prudencia y caridad, mediante el diálogo y la colaboración con los adeptos de otras religiones, dando testimonio de fe y vida cristiana, reconozcan, guarden y promuevan aquellos bienes espirituales y morales, así como los valores socio-culturales que en ellos existen” (Documento del Concilio Vaticano “Nostra Aetate, 2” .

Bernardo, un sacerdote colombiano joven, fue enviado a África como misionero con tres Hermanas Misioneras de la Caridad de Santa Teresa de Calcuta. Era una región en la frontera entre Somalia y Tanzania totalmente de religión musulmana.  Al parecer aquellas gentes no tenían ningún interés en que unos extranjeros cristianos vivieran entre ellos. Por eso nadie les ofrecía hospedaje ni un terreno donde construir sus casitas.

Entonces decidieron instalarse en unos contenedores que habían conseguido transportar hasta allí, pero hacía tantísimo calor dentro de ellos, que apenas podían dormir por la noche.

El sacerdote, para ayudar a la gente pobre, recorría en bicicleta la región, pues no tenía dinero para comprar un coche o una moto. Las Hermanas recorrían a pie visitando las casas donde había personas enfermas para poder ayudarles.

Un día al regresar en la noche a casa se encontraron con que les habían prendido fuego a los contenedores y todo lo que tenían se había quemado.

Bernardo se desesperó y cayendo de rodillas le dijo a Dios:

-“Señor, ¿por qué todo esto? Nosotros estamos aquí para servirles. Todos los días recorremos la región visitando a los enfermos, ayudando a los pobres”. Y empezó a llorar.

De lejos, la gente miraba…

Al día siguiente sucedió el milagro. Dios tocó el corazón de familias buenas que veían lo que aquellos Misioneros hacían y les ofrecieron sus casas para vivir.

Incluso les ofrecieron terreno para construir sus casitas y huertas.

El misionero esparce la buena semilla, pero es Dios quien la hace crecer. Y el Padre del cielo nunca abandona a sus hijos. Y de lo que parecía la mayor desgracia, nació en una gran bendición. Había nacido la fraternidad en el Dios de Abrahán.

Vuestro hermano en la fe.
Carlos Latorre
Misionero Claretiano
carloslatorre@claretianos.es

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

Homilía para la Eucaristía del domingo 20 de junio de 2021.

Deseo mucha paz y bien a todos. Cuidémonos mucho.

DOMINGO DOCE DEL AÑO. 

Job 38,1.8-11: Frente a la insolente rebeldía de Job, Dios le responde recordando la grandiosidad de su obra al crear el mar, obra de sus manos. 

2Corintios 5,14-17: Con Cristo, que se entregó por todos, ha sido renovado todo, ya que Él es el hombre nuevo perfecto y nosotros en Él nuevas creaturas. 

Marcos 4, 35-41: Cristo manifiesta su extraordinario poder. Al acallar la tormenta manifiesta ser el vencedor del mal. 

1.- Lo he dicho muchas veces; con Jesús llega, irrumpe el Reino de Dios. Jesús explicó el Reino con las Parábolas, pero lo manifestó por medio de sus señales concretas (milagros). Hoy el evangelio nos muestra una primera señal, la tempestad calmada, con la que nos enseña cómo la irrupción de Dios y su Reino mediante Jesús, su enviado, vence a las fuerzas del mal y crea realidades nuevas en favor de todos.  En el fondo, Jesús exorciza a los espíritus impuros que habitan en las profundidades de las aguas, siguiendo la mitología oriental. Sí, porque a eso viene el Señor, a traernos el Reinado de Dios, que es salvación para todos. Con su venida el poder del príncipe de este mundo es derrotado. 

La salvación de Dios es sinónimo de reparación, renovación, transformación. Y para poder entrar en el Reino, para poder ser transformado, es necesario tener fe. 

2.- Jesús reprocha a sus discípulos su poca fe. Jesús estaba con ellos, pero ellos no estaban con Jesús. Él dormía, mientras ellos luchaban contra el fuerte vendaval, pero en vano. Es entonces cuando se acuerdan de que Jesús va con ellos, está con ellos. Se dieron cuenta que sin Jesús no hay salvación, que si el Señor no está de nuestra parte, será vano todo el esfuerzo que hagamos. Es necesario que tengamos fe y creamos que Él, puesto de pie, es capaz de increpar al mal que siempre acecha. 

Como los discípulos, el hombre se acuerda de Dios en situaciones extremas. 

3.- Porque esa es la  realidad.  

La barca de la Iglesia está siendo zarandeada por todo género de males, externos e internos. El pecado está presente en nosotros. El mundo se ha ensañado violentamente contra la Iglesia, el Santo Pueblo de Dios. Y no sólo a la Iglesia, sino la tormenta también azota al mundo entero con tantas manifestaciones de maldad como hay hoy día. Es en este contexto que muchos viven angustiados, desesperados.  Muchos hoy se preguntan: ¿Dónde está Dios? Tanto que se habla de Él, pero ¿dónde está? No se nota su presencia. Cuidado, ya nos decía el evangelio del domingo pasado que el Reino crece en silencio, sin espectacularidades. Pero está presente. Nunca hay que dudar de esto. Aunque el sol no brille más, aunque las aguas de la vida nos quisieran ahogar, tomémonos de su mano, tengamos fe en Él, que no fallará. 

4.- Cristo está siempre presente. También nosotros debemos tener siempre presente a Cristo, ya que, como nos recuerda san Pablo, “el que vive en Cristo es una nueva criatura: lo antiguo ha desaparecido, un ser nuevo se ha hecho presente”. 

Saber esto es importante, ya que con la venida del Reino todo es nuevo. Que el pasado quede atrás, que el pecado no nos domine, porque tenemos al Señor presente en nuestra vida. 

Sí, hoy se hace presente entre nosotros en la Eucaristía, en su Palabra. Por eso, hermanos, ¡Den gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterno su amor! 

Hermano Pastor Salvo Beas.