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Autor: Patricio Osiadacz

EDD. lunes 07 de junio de 2021.

Lunes de la décima semana del tiempo ordinario
Por la familia
Propuesta celebrativa
Color: verde

Antífona de entrada             Cf. Ef 6, 2-3 

Honra a tu padre y a tu madre, para que seas feliz y tengas una larga vida en la tierra. Éste es el primer mandamiento que contiene una promesa. 

ORACIÓN COLECTA 

Dios nuestro, tú quisiste que la familia tuviera en ti su firme fundamento; escucha con bondad nuestras oraciones y concédenos vivir en nuestros hogares las virtudes y el amor de la sagrada familia de tu Hijo unigénito, y así llegar a gozar de los premios eternos en la casa del cielo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos. 

LITURGIA DE LA PALABRA

PRIMERA LECTURA

Dios nos reconforta para que nosotros podamos dar a los que sufren el mismo consuelo.

Lectura de la segunda carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto    1, 1-7

Pablo, Apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, y el hermano Timoteo, saludan a la Iglesia de Dios que reside en Corinto, junto con todos los santos que viven en la provincia de Acaya. Llegue a ustedes la gracia y la paz que proceden de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo.

Bendito sea Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de las misericordias y Dios de todo consuelo, que nos reconforta en todas nuestras tribulaciones, para que nosotros podamos dar a los que sufren el mismo consuelo que recibimos de Dios.

Porque así como participamos abundantemente de los sufrimientos de Cristo, también por medio de Cristo abunda nuestro consuelo. Si sufrimos, es para consuelo y salvación de ustedes; si somos consolados, también es para consuelo de ustedes, y esto les permite soportar con constancia los mismos sufrimientos que nosotros padecemos. Por eso, tenemos una esperanza bien fundada con respecto a ustedes, sabiendo que si comparten nuestras tribulaciones, también compartirán nuestro consuelo.

SALMO RESPONSORIAL     33, 2-9

R/. ¡Gusten y vean qué bueno es el Señor!

Bendeciré al Señor en todo tiempo, su alabanza estará siempre en mis labios. Mi alma se gloría en el Señor: que lo oigan los humildes y se alegren

Glorifiquen conmigo al Señor, alabemos su Nombre todos juntos. Busqué al Señor: Él me respondió y me libró de todos mis temores.

Miren hacia Él y quedarán resplandecientes, y sus rostros no se avergonzarán. Este pobre hombre invocó al Señor: Él lo escuchó y lo salvó de sus angustias. 

El Ángel del Señor acampa en torno de sus fieles, y los libra. ¡Gusten y vean qué bueno es el Señor! ¡Felices los que en Él se refugian! 

EVANGELIO

ACLAMACIÓN AL EVANGELIO     Mt 5, 12

Aleluya.

Alégrense y regocíjense, porque ustedes tendrán una gran recompensa en el cielo. Aleluya.

EVANGELIO

Felices los que tienen alma de pobres.

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo   4, 25—5, 12

Seguían a Jesús grandes multitudes que llegaban de Galilea, de la Decápolis, de Jerusalén, de Judea y de la Transjordania.

Al ver la multitud, Jesús subió a la montaña, se sentó, y sus discípulos se acercaron a Él. Entonces tomó la palabra y comenzó a enseñarles, diciendo:

“Felices los que tienen alma de pobres, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos.

Felices los afligidos, porque serán consolados.

Felices los pacientes, porque recibirán la tierra en herencia.

Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados.

Felices los misericordiosos, porque obtendrán misericordia.

Felices los que tienen el corazón puro, porque verán a Dios.

Felices los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios.

Felices los que son perseguidos por practicar la justicia, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos.

Felices ustedes, cuando sean insultados y perseguidos, y cuando se los calumnie en toda forma a causa de mí.

Alégrense y regocíjense entonces, porque ustedes tendrán una gran recompensa en el cielo; de la misma manera persiguieron a los profetas que los precedieron”.

Fuente : http://www.eucaristiadiaria.cl/dia_cal.php?fecha=2021-06-07

REFLEXIÓN :

Queridos hermanos,

Jesús, el nuevo Moisés, sube al nuevo Sinaí, y proclama la nueva ley del Evangelio. No se trata de un monte imponente y terrible, ni sube en soledad, como Moisés. Se trata de una agradable colina, a la que Jesús sube rodeado de sus discípulos. Y la nueva ley no es una serie de nuevos preceptos y obligaciones, sino una fórmula de felicidad: Jesús, declara, sencillamente, quienes son los felices y bienaventurados a los ojos de Dios. Pero, por muy bien que suenen estas palabras, no pueden dejar de chocarnos, pues contradicen, no sólo la vieja teología de la retribución, sino también nuestras más naturales inclinaciones. ¿No es absurdo declarar felices a los que lloran, a los hambrientos, a los que sufren y son perseguidos? ¿No está Jesús contraviniendo nuestras aspiraciones más elementales y legítimas? ¿Es que los cristianos tenemos que desear padecer, sufrir, llorar? ¿No le damos la razón a aquellos que, como el filósofo Nietzsche, consideran la fe cristiana algo inhumano, una moral de rebaño, que da culto a la debilidad y desprecia las alegrías de la vida? ¿De qué nos habla hoy realmente Jesús?

Jesús está hablando de sí mismo. Él es el nuevo Moisés, pero lo supera infinitamente, pues éste se limitaba a transmitir lo que había recibido de Dios, mientras que Jesús habla “con autoridad”, desde sí mismo. Es más, él mismo es la nueva ley, porque es el hombre que lleva la ley escrita en su corazón. Jesús no hace como hacen con frecuencia los hombres (los poderosos, los políticos, más o menos, todos), que exigen a los demás los sacrificios que ellos no tienen que hacer, que predican lo que no cumplen, que ven los toros desde la barrera. Jesús no nos dice: sed felices aunque seáis pobres, estéis sufriendo o no tengáis un pedazo de pan que llevaros a la boca. ¿No era él el que daba de comer a la multitud, porque le daba lástima de ella y no quería despedirla (cf. Mt 15, 32)? ¿No es él, precisamente, el que al tiempo que proclamaba la Buena Noticia curaba toda clase de enfermedades y dolencias, del cuerpo y del espíritu (cf. Mt 4, 23-24)? Jesús no es un embaucador que nos dice que nuestros males son en realidad bienes, y que lo que tenemos que hacer es conformarnos con ellos y, encima, estar contentos.

Jesús nos ofrece su autorretrato: es feliz, porque es el Hijo amado del Padre, por más que, al asumir la condición humana, tome sobre sí todos los sufrimientos que afligen a los seres humanos. Y, además, quiere compartir con nosotros su felicidad, invitándonos a participar de su filiación divina: incluso si nos va mal, Dios no por eso nos deja tirados, al contrario, nos mira con amor, nos bendice y nos acoge en su Hijo.

Además, las bienaventuranzas no son sólo situaciones pasivas (que padecemos), sino que implican también actitudes (disposiciones a la actividad) que hemos de asumir libremente: ser misericordiosos, purificar el propio corazón, trabajar por la paz, luchar por la justicia, incluso si somos perseguidos por ello. Es decir, participar activamente en el nacimiento de un nuevo mundo, del Reino de Dios que pugna por abrirse paso en este mundo viejo y que es el que Jesús ha venido a traernos. El hombre que se consagra a esta tarea, unido a Cristo (alentado por Él) y sirviendo a sus hermanos (alentándolos y consolándolos, como nos recuerda Pablo), conoce una felicidad profunda, una bienaventuranza que ninguna sombra de este mundo puede empañar.

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/comentario-homilia/hoy

EDD. 05 de junio de 2021.

Hoy, sábado, 5 de junio de 2021

Primera lectura

Lectura del libro de Tobías (12,1.5-15.20):

Así es que lo llamó y le dijo: «Como paga, toma la mitad de todo lo que has traído, y vete en paz.»
Entonces Rafael llamó aparte a los dos y les dijo: «Bendecid a Dios y proclamad ante todos los vivientes los beneficios que os ha hecho, para que todos canten himnos en su honor. Manifestad a todos las obras del Señor como él se merece, y no seáis negligentes en darle gracias. Si el secreto del rey hay que guardarlo, las obras de Dios hay que publicarlas y proclamarlas como se merecen. Obrad bien, y no os vendrá ninguna desgracia. Más vale la oración sincera y la limosna generosa que la riqueza adquirida injustamente. Más vale hacer limosnas que atesorar dinero. La limosna libra de la muerte y espía el pecado. Los que hacen limosna se saciarán de vida. Los pecadores y los malhechores son enemigos de si mismos. Os descubriré toda la verdad sin ocultaros nada. Ya os dije que si el secreto del rey hay que guardarlo, las obras de Dios hay que publicarlas como se merecen. Pues bien, cuando Sara y tú estabais rezando, yo presentaba al Señor de la gloria el memorial de tu oración. Lo mismo cuando enterrabas a los muertos. Y cuando te levantaste de la mesa sin dudar y dejaste la comida por ir a enterrar a aquel muerto, Dios me envió para probarte; pero me ha enviado de nuevo para curarte a ti y a tu nuera Sara. Yo soy Rafael, uno de los siete ángeles que están al servicio de Dios y tienen acceso ante el Señor de la gloria. Así, pues, bendecid al Señor en la tierra, dad gracias a Dios. Yo subo ahora al que me envió. Vosotros escribid todo lo que os ha ocurrido.»

Palabra de Dios

Salmo

Tb 13,2.6.7.8

R/.
Bendito sea Dios, que vive eternamente

Él azota y se compadece,
hunde hasta el abismo y saca de él,
y no hay quien escape de su mano. R/.

Veréis lo que hará con vosotros,
le daréis gracias a boca llena,
bendeciréis al Señor de la justicia
y ensalzaréis al rey de los siglos. R/.

Yo le doy gracias en mi cautiverio,
anuncio su grandeza y su poder a un pueblo pecador. R/.

Convertíos, pecadores,
obrad rectamente en su presencia:
quizá os mostrará benevolencia
y tendrá compasión. R/.Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Marcos (12,38-44):

En aquel tiempo, entre lo que enseñaba Jesús a la gente, dijo: «¡Cuidado con los escribas! Les encanta pasearse con amplio ropaje y que les hagan reverencias en la plaza, buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; y devoran los bienes de las viudas, con pretexto de largos rezos. Éstos recibirán una sentencia más rigurosa.»
Estando Jesús sentado enfrente del arca de las ofrendas, observaba a la gente que iba echando dinero: muchos ricos echaban en cantidad; se acercó una viuda pobre y echó dos reales.
Llamando a sus discípulos, les dijo: «Os aseguro que esa pobre viuda ha echado en el arca de las ofrendas más que nadie. Porque los demás han echado de lo que les sobra, pero ésta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir.»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

Queridos amigos, paz y bien.

¿Cuánta fe hace falta para dar todo lo que tenemos? La viuda anónima (no sabemos su nombre) “ha echado todo lo que tenía para vivir”, nos dice Jesús. Se necesita mucho valor. Pero mucho. Exige confiar plenamente en la providencia divina, y saber que Él se ocupará de ti.

A los que nos gusta tener todo planificado, saber qué vamos a hacer dónde y cómo, esta forma de vida nos supera. Pero, todavía hoy, hay muchas personas, laicos y religiosos, que son capaces de vivir confiados. Confían en Dios, y Él les responde. Para muestra, lo mucho que ayudan las organizaciones como Cáritas, o cómo las Hermanas de Teresa de Calcuta encuentran con qué alimentar a los que tienen alojados.

Y, además, nos recuerda el Maestro que todo esto puede (y debe) hacerse en silencio. Sin alharacas, sin publicarlo en las redes sociales y sin que tu mano izquierda sepa lo que hace la mano derecha. Que ya sabe Dios lo que hacemos y lo que no hacemos.

La primera lectura nos recuerda algo relacionado con esto: “más vale la oración sincera y la limosna generosa que la riqueza adquirida injustamente”. Tanto Sara como Tobías habían rezado mucho y, sobre todo Tobías, hecho muchas limosnas. Y reciben su recompensa. Sara un marido que no le es arrebatado por el demonio Asmodeo, y Tobías recupera la vista. Ambos gracias a las instrucciones del arcángel Gabriel, “Medicina de Dios”. Acaba bien una historia en la que ambos, en algún momento, habían pensado que era mejor morirse. Nunca hay que perder la esperanza.

Y para meditar un poco sobre esto, un cuentito de Rabindranath Tagore:

Iba yo pidiendo, de puerta en puerta, por el camino de la aldea, cuando tu carro de oro apareció a lo lejos, como un sueño magnífico. Y yo me preguntaba, maravillado, quién sería aquel Rey de reyes. Mis esperanzas volaron hasta el cielo, y pensé que mis días malos se habían acabado. Y me quedé aguardando limosnas espontáneas, tesoros derramados por el polvo. La carroza se paró a mi lado. Me miraste y bajaste sonriendo. Sentí que la felicidad de la vida me había llegado al fin. Y de pronto tú me tendiste tu diestra diciéndome: “¿Puedes darme alguna cosa?”. ¡Ah, qué ocurrencia la de tu realeza! ¡Pedirle a un mendigo! Y yo estaba confuso y no sabía qué hacer. Luego saqué despacio de mi saco un granito de trigo, y te lo di. Pero qué sorpresa la mía cuando al vaciar por la tarde mi saco en el suelo, encontré un granito de oro en la miseria del montón. ¡Qué amargamente lloré de no haber tenido corazón para dártelo todo!

Hoy celebramos la memoria de san Bonifacio, también mártir. Aquí puedes leer algo de su vida. Apóstol de Alemania, ejemplo de perseverancia para toda la Iglesia. También para ti.

Vuestro hermano en la fe, Alejandro, C.M.F.

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

EDD. viernes 04 de junio de 2021.

Hoy, viernes, 4 de junio de 2021

Primera lectura

Lectura del libro de Tobías (11,5-17):

En aquellos días, Ana estaba sentada, oteando el camino por donde tenía que llegar su hijo.
Tuvo el presentimiento de que llegaba, y dijo al padre: «Mira, viene tu hijo con su compañero.»
Rafael dijo a Tobías, antes de llegar a casa: «Estoy seguro de que tu padre recuperará la vista. Úntale los ojos con la hiel del pez; el remedio hará que las nubes de los ojos se contraigan y se le desprendan. Tu padre recobrará la vista y verá la luz.»
Ana fue corriendo a arrojarse al cuello de su hijo, diciéndole: «Te veo, hijo, ya puedo morirme.»
Y se echó a llorar. Tobit se puso en pie y, tropezando, salió por la puerta del patio.
Tobías fue hacia él con la hiel del pez en la mano; le sopló en los ojos, le agarró la mano y le dijo: «Ánimo, padre.»
Le echó el remedio, se lo aplicó y luego con las dos manos le quitó como una piel de los lagrimales.
Tobit se le arrojó al cuello, llorando, mientras decía: «Te veo, hijo, luz de mis ojos.»
Luego añadió: «Bendito sea Dios, bendito su gran nombre, benditos todos sus santos ángeles. Que su nombre glorioso nos proteja, porque si antes me castigó, ahora veo a mi hijo Tobías.»
Tobías entró en casa contento y bendiciendo a Dios a voz en cuello.
Luego le contó a su padre lo bien que les había salido el viaje: traía el dinero y se había casado con Sara, la hija de Ragüel: «Está ya cerca, a las puertas de Nínive.»
Tobit salió al encuentro de su nuera, hacia las puertas de Nínive. Iba contento y bendiciendo a Dios, y los ninivitas, al verlo caminar con paso firme y sin ningún lazarillo, se sorprendían. Tobit les confesaba abiertamente que Dios había tenido misericordia y le había devuelto la vista.
Cuando llegó cerca de Sara, mujer de su hijo Tobías, le echó esta bendición: «¡Bien venida, hija! Bendito sea tu Dios, que te ha traído aquí. Bendito sea tu padre, bendito mi hijo Tobías, y bendita tú, hija. ¡Bien venida a ésta tu casa! Que goces de alegría y bienestar. Entra, hija.»
Todos los judíos de Nínive celebraron aquel día una gran fiesta.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 145, 1-2. 6b-7. 8-9a. 9bc-10

R/.
Alaba, alma mía, al Señor

Alaba, alma mía, al Señor:
alabaré al Señor mientras viva,
tañeré para mi Dios mientras exista. R/.

Que mantiene su fidelidad perpetuamente,
que hace justicia a los oprimidos,
que da pan a los hambrientos.
El Señor liberta a los cautivos. R/.

El Señor abre los ojos al ciego,
el Señor endereza a los que ya se doblan,
el Señor ama a los justos.
El Señor guarda a los peregrinos. R/.

Sustenta al huérfano y a la viuda
y trastorna el camino de los malvados.
El Señor reina eternamente,
tu Dios, Sión, de edad en edad. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Marcos (12,35-37):

En aquel tiempo, mientras enseñaba en el templo, Jesús preguntó: «¿Cómo dicen los escribas que el Mesías es hijo de David? El mismo David, inspirado por el Espíritu Santo, dice: «Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha, y haré de tus enemigos estrado de tus pies.» Si el mismo David lo llama Señor, ¿cómo puede ser hijo suyo?»
La gente, que era mucha, disfrutaba escuchándolo.

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

Queridos amigos, paz y bien.

Los ojos de Tobit se abren, por fin, gracias al remedio del arcángel san Gabriel. Y Sara llega a su nuevo hogar, con su marido (vivo) y con todas las bendiciones. La historia (casi) llega al final. Queda mañana la revelación del arcángel, pero lo sustancial de la historia ya lo sabemos. Es que no se puede perder nunca la esperanza.

“Alaba, alma mía, al Señor”, dice el salmo. Alábalo siempre, podríamos añadir. Cuando nos va bien, sobre todo, pero también cuando las cosas se tuercen, o no van como nos gustaría a nosotros. Que Dios sabe lo que se hace, mejor que nosotros.

Sobre el Evangelio. Envidio a Jesús en muchas cosas (envidia sana), pero hoy, sobre todo, en lo que disfrutaba la gente escuchándolo. No es fácil hoy lograr captar la atención de la gente, y menos que disfruten con lo que oyen. Hay mucha dispersión, nos llegan cada día miles de estímulos, y no sabemos cómo procesarlos. Todo nos cansa muy rápido. Cada domingo, los sacerdotes nos ponemos delante de los parroquianos, e intentamos que no se duerman, por lo menos, si no pueden disfrutar.

El estilo de Jesús es muy sencillo, muy claro, sacando ejemplos de la vida diaria. Todos lo captan sin esfuerzo, y ven que habla con autoridad. Todo nace de su profundo conocimiento del ser humano, porque Él mismo era hombre, y de su profunda unión con Dios, gracias a la cual puede ver qué quiere Dios de Él.

Hoy es Jesús el que hace la pregunta, no espera a que le pregunten a Él. Hay que saber de qué Mesías y de qué Hijo de Dios estamos hablando. Porque detrás de esos términos hay una concepción, para unos política, para otros, espiritual, de la vida. Cristo se reivindica como el único Salvador, el único que puede darnos la vida eterna. Él es el que viene a nosotros, para sanarnos.

Dios se acerca a nosotros, cuando estamos ciegos (Tobías), cuando estamos desesperados (Sara), cuando nos sentimos pecadores. A veces, incluso sin que nos demos cuenta. O sin quererlo. Dios es muy “pesado”, no para hasta que caemos en la cuenta de que se puede vivir mejor, de que podemos ser felices, también cuando la vida no nos trata demasiado bien. Porque Él está siempre cerca.

Que podamos sentir su presencia. Que sepamos ser agradecidos por todas las veces que, en el sacramento de la Reconciliación, Dios nos ha sanado. Por todo lo que ha hecho en nuestras vidas. Por los ángeles que nos han mostrado el camino. Por todos sus dones, por todas sus maravillas. Amén.

Vuestro hermano en la fe, Alejandro, C.M.F.

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

Homilía para la Eucaristía del domingo 06 de junio de 2021

Que esta celebración aumente el apetito por la Eucaristía en todos ustedes. Paz y Ben.

SOLEMNIDAD DEL SANTÍSIMO CUERPO DE CRISTO. 

Éxodo 24,3-8: Se describe la culminación de la Alanza en el Sinaí. Dentro de las seis Alianzas que hay en el Antiguo Testamento la más importante es la del Sinaí, ya que señala el nacimiento del Pueblo de Dios. Todo es significado con símbolos y ritos. 

Hebreos 9,11-15: Superioridad del sacerdocio de Cristo, el Mediador por excelencia, que nos purifica con su Sangre, sellando así la Nueva Alianza, por la que nace el Pueblo de Dios. 

Marcos 14, 12-16.22-25: Dos partes: la preparación de la Comida pascual. Y el breve relato de la Cena en el contexto de la celebración pascual. Él ofrece su Cuerpo y su Sangre como sacrificio de la Nueva Alianza. 

1.- Celebrar el Misterio del Cuerpo y la Sangre de Cristo es contemplar diversos aspectos de este Misterio. Hoy la Palabra nos presenta y acentúa el aspecto sacrificial de la Alianza. Así, en la Alianza del Sinaí podemos contemplar dos dimensiones: una vertical: el Señor se hace el Dios de Israel y éste se convierte en el Pueblo del Señor. Pero también tenemos una dimensión horizontal: se crean lazos de comunión entre las distintas tribus, de modo que todos forman un solo Pueblo. 

Cabe destacar dos elementos: el Mediador, que es Moisés, quien trae la Propuesta del Señor y lleva la respuesta del Pueblo. El otro elemento: la sangre derramada sobre el altar: es un sacrificio de comunión entre la vida (sangre) del pueblo y la divinidad (el altar). Dios y el Pueblo están vitalmente unidos. 

La Alianza es iniciativa del Señor, pero espera la respuesta del Pueblo, de modo que hay dos coprotagonistas. 

2.- Pero la Alianza del Sinaí, a pesar de su grandeza y solemnidad, no es perfecta, sino provisoria. Por eso Jeremías dice: “Llegarán días en que estableceré una Alianza nueva…pondré mi Ley dentro de ellos, y la escribiré en sus corazones; Yo seré su Dios y ellos serán mi Pueblo” (Jeremías 31,31-33). Y esto se realizó plenamente con Jesucristo, quien en la Cena de la Pascua ofreció su Cuerpo y su Sangre, en la que el mismo texto utiliza las palabras del Éxodo al decir: “La Sangre de la Alianza, que se derrama por muchos”, no sólo por Israel, sino por todo aquel que quiera ratificar esta Nueva Alianza en la Sangre de  Cristo. Ya no es Moisés el Mediador de la Alianza, sino que es Cristo, quien, sentado a la derecha del Padre, es el  único Mediador entre Dios y los hombres (cfr. 1Timoteo 2,5). Por eso nosotros los cristianos somos el nuevo Pueblo de Dios, que en el Bautismo ha aceptado la Propuesta de Dios; somos su Pueblo, a Él pertenecemos. Por eso la Iglesia, Pueblo de Dios, es también la Esposa que ha hecho una Alianza de Amor con Cristo el Señor, quien nos regala e imprime su Ley en nuestro interior. 

3.- Podemos entonces deducir que la moral cristiana es una moral de Alianza. Porque nosotros fuimos sellados con el Espíritu Santo que se nos ha regalado, como nos lo recuerda muy bien san Pablo cuando nos dice que recibimos el espíritu de hijos, por el que llamamos a Dios Abba, Padre y no somos esclavos para recaer en el temor (cfr. Romanos 8,15). 

¡Qué bien nos viene este mensaje! Somos miembros del Santo Pueblo de Dios todos los bautizados; a cada uno de nosotros se le ha regalado el Mandamiento nuevo del Amor. 

Fuera, entonces, esa espiritualidad del temor y el servilismo. Fuera también ese rigorismo estéril que impide que vivamos la libertad de los hijos de Dios. 

Si hemos de cumplir la Voluntad de Dios (los Mandamientos) que no sea tanto para “merecer” el cielo, sino más bien un claro signo de nuestra fidelidad al Señor. 

La vida cristiana no es segura por aferrarse al pasado, sino por querer vivir creativamente nuestra Alianza con el Señor. 

4.- Vamos a celebrar la santa Cena del Señor, la cual supera a la Pascua judía, supera la liberación y la Alianza del Sinaí. Cristo es el Cordero de Dios que al quitar el pecado nos alcanza la plena liberación. La Eucaristía renueva la  Alianza con Dios, esa Alianza que Él hizo con cada uno de nosotros. 

Los que comulgamos entraremos en comunión con el Cuerpo y la Sangre de Cristo; por eso, siendo muchos, formamos el Cuerpo de Cristo, que es la Iglesia. ¿Cómo podremos pagar al Señor tanto bien? Alzando la copa de salvación e invocando su Nombre. 

Hermano Pastor Salvo Beas. 

EDD. miércoles 03 de junio de 2021.

Hoy, jueves, 3 de junio de 2021

Primera lectura

Lectura del libro de Tobías (6,10-11;7,1.9-17;8,4-9a):

En aquellos días, habían entrado ya en Media y estaban cerca de Ecbatana, cuando Rafael dijo al chico: «Amigo Tobías.»
Él respondió: «¿Qué?»
Rafael dijo: «Hoy vamos a hacer noche en casa de Ragüel. Es pariente tuyo, y tiene una hija llamada Sara.»
Al llegar a Ecbatana, le dijo Tobías: «Amigo Azarías, llévame derecho a casa de nuestro pariente Ragüel.»
El ángel lo llevó a casa de Ragüel. Lo encontraron sentado a la puerta del patio; se adelantaron a saludarlo, y él les contestó: «Tanto gusto, amigos; bienvenidos.»
Luego los hizo entrar en casa. Ragüel los acogió cordialmente y mandó matar un carnero. Cuando se lavaron y bañaron, se pusieron a la mesa.
Tobías dijo a Rafael: «Amigo Azarías, dile a Ragüel que me dé a mi pariente Sara.»
Ragüel lo oyó, y dijo al muchacho: «Tú come y bebe y disfruta a gusto esta noche. Porque, amigo, sólo tú tienes derecho a casarte con mi hija Sara, y yo tampoco puedo dársela a otro, porque tú eres el pariente más cercano. Pero, hijo, te voy a hablar con toda franqueza. Ya se la he dado en matrimonio a siete de mi familia, y todos murieron la noche en que iban a acercarse a ella. Pero bueno, hijo, tú come y bebe, que el Señor cuidará de vosotros.»
Tobías replicó: «No comeré ni beberé mientras no dejes decidido este asunto mío.»
«Lo haré. Y te la daré, como prescribe la ley de Moisés. Dios mismo manda que te la entregue, y yo te la confío. A partir de hoy, para siempre, sois marido y mujer. Es tuya desde hoy para siempre. El Señor del cielo os ayude esta noche, hijo, y os dé su gracia y su paz.»
Llamó a su hija Sara. Cuando se presentó, Ragüel le tomó la mano y se la entregó a Tobías, con estas palabras: «Recíbela conforme al derecho y a lo prescrito en la ley de Moisés, que manda se te dé por esposa. Tómala y llévala enhorabuena a casa de tu padre. Que el Dios del cielo os dé paz y bienestar.»
Luego llamó a la madre, mandó traer papel y escribió el acta del matrimonio: «Que se la entregaba como esposa conforme a lo prescrito en la ley de Moisés.»
Después empezaron a cenar. Ragüel llamó a su mujer Edna y le dijo: «Mujer, prepara la otra habitación y llévala allí.»
Edna se fue a arreglar la habitación que le había dicho su marido. Llevó allí a su hija y lloró por ella.
Luego, enjugándose las lágrimas, le dijo: «Ánimo, hija. Que el Dios del cielo cambie tu tristeza en gozo. Ánimo, hija.»
Y salió. Cuando Ragüel y Edna salieron, cerraron la puerta de la habitación. Tobías se levantó de la cama y dijo a Sara: «Mujer, levántate, vamos a rezar, pidiendo a nuestro Señor que tenga misericordia de nosotros y nos proteja.»
Se levantó, y empezaron a rezar, pidiendo a Dios que los protegiera. Rezó así: «Bendito eres, Dios de nuestros padres, y bendito tu nombre por los siglos de los siglos. Que te bendigan el cielo y todas tus criaturas por los siglos. Tú creaste a Adán, y como ayuda y apoyo creaste a su mujer, Eva; de los dos nació la raza humana. Tú dijiste: «No está bien que el hombre esté solo, voy a hacerle alguien como él, que lo ayude.» Si yo me caso con esta prima mía, no busco satisfacer mi pasión, sino que procedo lealmente. Dígnate apiadarte de ella y de mí, y haznos llegar juntos a la vejez.»
Los dos dijeron: «Amén, amén.» Y durmieron aquella noche.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 127,1-2.3.4-5

R/.
Dichosos los que temen al Señor

Dichoso el que teme al Señor
y sigue sus caminos.
Comerás de] fruto de tu trabajo,
serás dichoso, te irá bien. R/.

Tu mujer, como parra fecunda,
en medio de tu casa;
tus hijos, como renuevos de olivo,
alrededor de tu mesa. R/.

Ésta es la bendición del hombre que teme al Señor.
Que el Señor te bendiga desde Sión,
que veas la prosperidad de Jerusalén
todos los días de tu vida. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Marcos (12,28b-34):

En aquel tiempo, un escriba se acercó a Jesús y le preguntó: «¿Qué mandamiento es el primero de todos?»
Respondió Jesús: «El primero es: «Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser.» El segundo es éste: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo.» No hay mandamiento mayor que éstos.»
El escriba replicó: «Muy bien, Maestro, tienes razón cuando dices que el Señor es uno solo y no hay otro fuera de él; y que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios.»
Jesús, viendo que había respondido sensatamente, le dijo: «No estás lejos del reino de Dios.» Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

Queridos amigos, paz y bien.

La historia de Tobías sigue su camino. Cada vez se pone más interesante. Hoy se habla del amor, del matrimonio con una pariente, con la que resulta que sólo él tenía derecho a casarse con Sara”. Es interesante cómo marido y mujer ponen sus vidas en las manos de Dios. Rezan, para que la tristeza se convierta en alegría. Si no hubiera un Evangelio tan rico, podríamos seguir comentando la primera lectura. Pero quiero centrarme en la fracción de Palabra de Dios que la Liturgia nos ofrece hoy.

Mi deseo sería que también a nosotros nos digan, un día, que no estamos lejos del Reino de Dios. Para eso, ya sabemos lo que tenemos que hacer. Lo dice el Señor hoy en el Evangelio. Amar mucho a Dios. “Con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser”. Como el mismo Jesús nos amó. Y nos sigue amando. Ésta es la primera parte del examen. Pero queda la segunda, que es muy interesante.

«Amarás a tu prójimo como a ti mismo.» Menudo bombazo. Con la primera parte podemos estar de acuerdo, porque a Dios se le puede querer, aunque a veces sea difícil. Pero llega lo del prójimo, y a éste lo tenemos cerca. Muy cerca. Conocido y no tan conocido. Nos cruzamos con él cada día, lo tenemos en el lugar de trabajo o de estudio, lo vemos cada día en la esquina de nuestra calle, con un vaso de cartón pidiendo una ayudita… No hace falta preguntar “quiñen es mi prójimo”. Lo sabemos de sobra.

Pues a esos, a todos y a cada uno, tenemos que amarlos. Y, encima, “como a uno mismo”. Nos cuidamos, nos preocupamos por estar bien, de vez en cuando nos damos un “caprichín”, porque nos lo merecemos. Pues así debemos acercarnos al prójimo. Es lo que hay. Es nuestra deuda como cristianos. Me gustaría tener la fórmula para poder vivir así, amando a Dios y amando al prójimo. Seguro que podría escribir algún libro, y ayudar a mucha gente. Por desgracia, solo sé que no sé (casi) nada. Lo único que puedo hacer es intentar tener un gesto amable con cada persona, incluso, o sobre todo, con las personas que menos me gustan, a las que me cuesta más amar. No llego al extremo de santa Teresita del Niño Jesús, que fue capaz de tener tantos gestos de amor con su hermana “favorita”, que solo después de su muerte se supo que le era muy difícil convivir con ella. A mí, por desgracia, se me nota cuando estoy molesto con alguien.

Quizá se trate de ir poco a poco, del “no te saludo. Me doy la vuelta y me voy de la sala” al “buenos días”. Y luego, ya si eso, “¿cómo va la cosa?”, “qué camisa tan bonita”, “pasa un buen día”… Dar señales de que para mí, la otra persona es importante. Porque es hija de Dios, como yo, y, por tanto, esa persona es mi hermana. Con los hermanos discutimos, nos reímos, lloramos. No con todos los “prójimos” voy a llegar a ese grado de confianza, pero que no sea por no intentarlo. Que nadie nos puede acusar de no haber dado el primer paso.

“Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.” No me extraña. Ya tenían bastante sobre lo que reflexionar. Como nosotros. Hala, a amar se ha dicho.

Vuestro hermano en la fe, Alejandro, C.M.F.

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

EDD. miércoles 02 de mayo de 2021.

Hoy, miércoles, 2 de junio de 2021

Primera lectura

Lectura del libro de Tobías (3,1-1a.16-17a):

En aquellos días, profundamente afligido, sollocé, me eché a llorar y empecé a rezar entre sollozos: «Señor, tú eres justo, todas tus obras son justas; tú actúas con misericordia y lealtad, tú eres el juez del mundo. Tú, Señor, acuérdate de mí y mírame; no me castigues por mis pecados, mis errores y los de mis padres, cometidos en tu presencia, desobedeciendo tus mandatos. Nos has entregado al saqueo, al destierro y a la muerte, nos has hecho refrán, comentario y burla de todas las naciones donde nos has dispersado. Sí, todas tus sentencias son justas cuando me tratas así por mis pecados, porque no hemos cumplido tus mandatos ni hemos procedido lealmente en tu presencia. Haz ahora de mí lo que te guste. Manda que me quiten la vida, y desapareceré de la faz de la tierra y en tierra me convertiré. Porque más vale morir que vivir, después de oír ultrajes que no merezco y verme invadido de tristeza. Manda, Señor, que yo me libre de esta prueba; déjame marchar a la eterna morada y no me apartes tu rostro, Señor, porque más me vale morir que vivir pasando esta prueba y escuchando tales ultrajes.»
Aquel mismo día, Sara, la hija de Ragüel, el de Ecbatana de Media, tuvo que soportar también los insultos de una criada de su padre; porque Sara se había casado siete veces, pero el maldito demonio Asmodeo fue matando a todos los maridos, cuando iban a unirse a ella según costumbre.
La criada le dijo: «Eres tú la que matas a tus maridos. Te han casado ya con siete, y no llevas el apellido ni siquiera de uno. Porque ellos hayan muerto, ¿a qué nos castigas por su culpa? ¡Vete con ellos! ¡Que no veamos nunca ni un hijo ni una hija tuya!»
Entonces Sara, profundamente afligida, se echó a llorar y subió al piso de arriba de la casa, con intención de ahorcarse.
Pero lo pensó otra vez, y se dijo: «¡Van a echárselo en cara a mi padre! Le dirán que la única hija que tenía, tan querida, se ahorcó al verse hecha una desgraciada. Y mandaré a la tumba a mi anciano padre, de puro dolor. Será mejor no ahorcarme, sino pedir al Señor la muerte, y así ya no tendré que oír más insultos.»
Extendió las manos hacia la ventana y rezó. En el mismo momento, el Dios de la gloria escuchó la oración de los dos, y envió a Rafael para curarlos.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 24,2-3.4-5ab.6-7bc.8-9

R/.
A ti, Señor, levanto mi alma

Dios mío, en ti confío, no quede yo defraudado,
que no triunfen de mí mis enemigos;
pues los que esperan en ti no quedan defraudados,
mientras que el fracaso malogra a los traidores. R/.

Señor, enséñame tus caminos,
instrúyeme en tus sendas:
haz que camine con lealtad;
enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador. R/.

Recuerda, Señor,
que tu ternura y tu misericordia son eternas;
acuérdate de mí con misericordia,
por tu bondad, Señor. R/.

El Señor es bueno y es recto,
y enseña el camino a los pecadores;
hace caminar a los humildes con rectitud,
enseña su camino a los humildes. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Marcos (12,18-27):

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos saduceos, de los que dicen que no hay resurrección, y le preguntaron: «Maestro, Moisés nos dejó escrito: «Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer, pero no hijos, cásese con la viuda y dé descendencia a su hermano.» Pues bien, había siete hermanos: el primero se casó y murió sin hijos; el segundo se casó con la viuda y murió también sin hijos; lo mismo el tercero; y ninguno de los siete dejó hijos. Por último murió la mujer. Cuando llegue la resurrección y vuelvan a la vida, ¿de cuál de ellos será mujer? Porque los siete han estado casados con ella.»
Jesús les respondió: «Estáis equivocados, porque no entendéis la Escritura ni el poder de Dios. Cuando resuciten, ni los hombres ni las mujeres se casarán; serán como ángeles del cielo. Y a propósito de que los muertos resucitan, ¿no habéis leído en el libro de Moisés, en el episodio de la zarza, lo que le dijo Dios: «Yo soy el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob»? No es Dios de muertos, sino de vivos. Estáis muy equivocados.»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

Queridos amigos, paz y bien.

Un justo puede tener momentos de debilidad. Un bajón le da a cualquiera. Una “depre” te puede visitar cuando menos te lo esperas. Tobías cede ante la presión del entorno. Sara no puede seguir viviendo con la “afrenta” de que se le mueran todos los maridos. Se quieren morir. Se puede entender su estado.

Pero el justo sabe decir: “A ti, Señor, levanto mi alma”. Tobías se pone en manos de Dios. “Haz ahora de mí lo que te guste”. Sara reza, para que cese su tormento. “Extendió las manos hacia la ventana y rezó”. Ojalá nosotros sepamos siempre también reaccionar así cuando nos dé el bajón. Que se lo sepamos aconsejar también a los amigos que andan “de capa caída”. El poder de la oración es inabarcable.

El justo sabe decir: “haz ahora de mí lo que te guste.” Qué buena forma de ponerse en las manos de Dios. Resuenan, en las palabras de Tobías, las palabras de Jesús en Getsemaní, cuando aceptó el cáliz que no le hacía mucha gracia beber. Un ejemplo más para que imitemos en los momentos difíciles.

Sobre los maridos hablaban con Ana. Y de maridos hablan también con Jesús. Los que le quieren provocar salen también escaldados. Porque se quedan en la anécdota, parten de sus prejuicios, y no están dispuestos a modificar sus creencias. No van a dialogar, quieren comprometer a Jesús, ponerle en situación difícil. Otra vez, podemos pensar en la forma que tenemos de hablar con los demás. ¿Cómo me dirijo a los otros? ¿Dialogamos, imponemos, discutimos, escuchamos?

Jesús les da donde más les duele, atacando con Abrahán, Moisés, Isaac y Jacob. Los cimientos de su fe hebrea. Les invita a creer en un Dios de vida, no de muerte. Y a darse cuenta de que, después de la muerte, todo será diferente. Seremos como ángeles, y no habrá ya problemas conyugales. Nos cuesta imaginarnos un mundo así, tendemos a traducirlo todo – incluso la vida después de la muerte – según nuestros planteamientos. Jesús le da la vuelta a todo, como lo hizo con la concepción del poder y del servicio, con la familia, con la situación de la mujer, con la actitud ante los niños, y trata de ponerlos en el camino correcto. Vida eterna, vida según los planes de Dios. Vida que exige abrir nuestras mentes y nuestros corazones a otros planteamientos.

Que sepamos estar abiertos a la Palabra, que, a veces, nos llega en palabras humanas. Que no seamos rígidos, que Jesús no se vea obligado a decir: “estáis muy equivocados”.

Vuestro hermano en la fe, Alejandro, C.M.F.

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

EDD. martes 01 de junio de 2021.

Hoy, martes, 1 de junio de 2021

Primera lectura

Lectura del libro de Tobías (2,9-14):

Yo, Tobías, la noche de Pentecostés, cuando hube enterrado el cadáver, después del baño fui al patio y me tumbé junto a la tapia, con la cara destapada porque hacía calor; yo no sabía que en la tapia, encima de mí, había un nido de gorriones; su excremento caliente me cayó en los ojos, y se me formaron nubes. Fui a los médicos a que me curaran; pero cuanto más ungüentos me daban, más vista perdía, hasta que me quedé completamente ciego. Estuve sin vista cuatro años. Todos mis parientes se apenaron por mi desgracia, y Ajicar me cuidó dos años, hasta que marchó a Elimaida. En aquella situación, mi mujer Ana se puso hacer labores para ganar dinero. Los clientes le daban el importe cuando les llevaba la labor terminada. El siete de marzo, al acabar una pieza y mandársela a los clientes, éstos le dieron el importe íntegro y le regalaron un cabrito para que lo trajese a casa. Cuando llegó, el cabrito empezó a balar.
Yo llamé a mi mujer y le dije: «¿De dónde viene ese cabrito? ¿No será robado? Devuélveselo al dueño, que no podemos comer nada robado.»
Ana me respondió: «Me lo han dado de propina, además de la paga.»
Pero yo no la creía y, abochornado por su acción, insistí en que se lo devolviera al dueño.
Entonces me replicó: «¿Y dónde están tus limosnas? ¿Dónde están tus obras de caridad? ¡Ya ves lo que te pasa!»

Palabra de Dios

Salmo

Sal 111,1-2.7-8.9

R/.
El corazón del justo está firme en el Señor

Dichoso el que teme al Señor
y ama de corazón sus mandatos.
Su linaje será poderoso en la tierra,
la descendencia del justo será bendita. R/.

No temerá la malas noticias,
su corazón está firme en el Señor.
Su corazón está seguro, sin temor,
hasta que vea derrotados a sus enemigos. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Marcos (12,13-17):

En aquel tiempo, enviaron a Jesús unos fariseos y partidarios de Herodes, para cazarlo con una pregunta.
Se acercaron y le dijeron: «Maestro, sabemos que eres sincero y que no te importa de nadie; porque no te fijas en lo que la gente sea, sino que enseñas el camino de Dios sinceramente. ¿Es lícito pagar impuesto al César o no? ¿Pagamos o no pagamos?»
Jesús, viendo su hipocresía, les replicó: «¿Por qué intentáis cogerme? Traedme un denario, que lo vea.»
Se lo trajeron.
Y él les preguntó: «¿De quién es esta cara y esta inscripción?»
Le contestaron: «Del César.»
Les replicó: «Lo que es del César pagádselo al César, y lo que es de Dios a Dios.»
Se quedaron admirados.

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

Queridos amigos, paz y bien.

Lo que sentía Ana, la mujer de Tobías es algo que, quizá. Todos hemos sentido. Uno intenta hacer las cosas bien, seguir los mandamientos del Señor, y resulta que o se ríen de uno, o no sale nada como quería, o parece que todo es en vano. Es la experiencia de Job, el hombre que bueno que sufre un mal injusto. No hay fruto en lo que hacemos.

Pero, nos ha dicho el salmo, “el corazón del justo está firme en el Señor”. La historia de Tobías podría llevarse al cine, por la intriga, por la acción, y por el final feliz que tanto gusta en las películas. Y porque es un ejemplo de firmeza, de confianza y de apoyarse en Dios.

Un hombre justo, que cumple con los mandamientos, que entierra a los muertos, como leíamos ayer. Que guarda el ayuno, y que no se merecería lo que le pasa, el quedarse ciego. Pero Dios escribe recto, con renglones torcidos. Hay que confiar en Dios, y no arrepentirnos del bien que hayamos podido hacer.

En el Evangelio, los que querían liar a Jesús acaban liados ellos mismos. La pregunta sobre los impuestos le da pie a Jesús para recordarnos que debemos dar al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios. La doctrina Social de la Iglesia nos recuerda que somos parte de la sociedad, vivimos en ella, y debemos cumplir con las leyes del país en el que nos encontremos. Es una forma, también, de dar testimonio de nuestra fe: ser buenos ciudadanos.

Quizá al ver cómo vive mucha gente, de qué modo se burlan de la ley, comenten delitos y, parece, quedan impunes, nos podemos desalentar como la mujer de Tobías. Los creyentes sabemos que, además de la justicia humana (que a veces no es perfecta) existe la justicia divina. Y a esa no se la puede engañar. De ahí la necesidad de vivir de forma honesta, siendo consecuentes con nuestra fe, y ayudando a que el mundo sea un poco mejor, por lo menos a nuestro alrededor.

Celebramos hoy la memoria de san Justino, mártir. Padre de la Iglesia, filósofo, literato, historiador. Y testigo de cómo vivían (y morían) las primeras comunidades cristianas. A final de un largo camino filosófico de búsqueda de la verdad, llegó a la fe cristiana. Fundó una escuela en Roma, donde iniciaba gratuitamente a los alumnos en la nueva religión, que consideraba como la verdadera filosofía, pues en ella había encontrado la verdad y, por tanto, el arte de vivir de manera recta. Por este motivo fue denunciado y decapitado en torno al año 165, en el reinado de Marco Aurelio, el emperador filósofo a quien san Justino había dirigido una de sus Apologías. (Benedicto XVI)

Que su ejemplo nos anime a ser consecuentes, fieles hasta el final.

Vuestro hermano en la fe, Alejandro, C.M.F.

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

Encuentro de Guardianes del Movimiento de Laicos Capuchinos de Chile. 29 y 30 de mayo de 2021.

Hermanos, paz y bien !!!

Los días sábado 29 y domingo 30 de mayo de 2021, los Guardianes del Movimiento de Laicos Capuchinos de la Provincia San Francisco de Asís, de Chile, vivieron su Encuentro anual. Esta actividad, si bien fue virtual, los hermanos y hermanas, se sintieron muy cercanos y viviendo la fraternidad y la Espiritualidad Capuchina.

Fraternalmente,

Movimiento Laicos Capuchinos de Chile.

EDD. lunes 31 de mayo de 2021.

Lunes de la novena semana del tiempo ordinario
Visitación de la Virgen María
Fiesta
Color: blanco

Dentro de los tres meses que separan la Anunciación del Señor del nacimiento de Juan Bautista, se celebra la Visitación: fiesta del encuentro de María y de Isabel, pero, sobre todo, del misterioso encuentro de dos seres a través de las dos madres, portadoras una del Mesías, y la otra del Precursor. Es una fiesta llena de la alegría del Magnificat.

Antífona de entrada             Cf. Sal 65, 16 

Vengan a y escuchen los que temen al Señor, yo les contaré lo que el Señor hizo por mí. 

Gloria. 

ORACIÓN COLECTA

Dios todopoderoso y eterno, que inspiraste a la Virgen María, cuando llevaba en su seno a tu Hijo, el deseo de visitar a Isabel, concédenos que, dóciles al Espíritu Santo, podamos proclamar siempre con ella tu grandeza. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. 

LITURGIA DE LA PALABRA

PRIMERA LECTURA

El rey de Israel, el Señor, está en medio de ti.

Lectura de la profeta de Sofonías 3, 14-18.

¡Grita de alegría, hija de Sión! ¡Aclama, Israel! ¡Alégrate y regocíjate de todo corazón, hija de Jerusalén! El Señor ha retirado las sentencias que pesaban sobre ti y ha expulsado a tus enemigos. El Rey de Israel, el Señor, está en medio de ti: ya no temerás ningún mal.

Aquel día, se dirá a Jerusalén: ¡No temas, Sión, que no desfallezcan tus manos! ¡El Señor, tu Dios, está en medio de ti, es un guerrero victorioso! Él exulta de alegría a causa de ti, te renueva con su amor y lanza por ti gritos de alegría, como en los días de fiesta. Yo aparté de ti la desgracia, para que no cargues más con el oprobio.

SALMO RESPONSORIAL   Is 12, 2. 3. 4b-6.

R/. ¡Es grande en medio de ti el Santo de Israel!!

Éste es el Dios de mi salvación: yo tengo confianza y no temo, porque el Señor es mi fuerza y mi protección; Él fue mi salvación.

Ustedes sacarán agua con alegría de las fuentes de la salvación. Den gracias al Señor, invoquen su Nombre, anuncien entre los pueblos sus proezas, proclamen qué sublime es su Nombre.

Canten al Señor porque ha hecho algo grandioso: ¡que sea conocido en toda la tierra! ¡Aclama y grita de alegría, habitante de Sión, porque es grande en medio de ti el Santo de Israel!

EVANGELIO

ACLAMACIÓN AL EVANGELIO Lc. 1, 45.

Aleluya.

Feliz de ti, Virgen María, por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor. Aleluya.

EVANGELIO

¿Quién soy yo para que la madre de mi Señor venga a visitarme?

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 1, 39-56

María partió y fue sin demora a un pueblo de la montaña de Judá. Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel.

Apenas ésta oyó el saludo de María, el niño saltó de alegría en su vientre, e Isabel, llena del Espíritu Santo, exclamó:

“¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme? Apenas oí tu saludo, el niño saltó de alegría en mi vientre. Feliz de ti por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor”.

María dijo entonces:

“Mi alma canta la grandeza del Señor, y mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi Salvador, porque Él miró con bondad la pequeñez de su servidora. En adelante todas las generaciones me llamarán feliz, porque el Todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas: ¡su Nombre es santo! Su misericordia se extiende de generación en generación sobre aquéllos que lo temen. Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los soberbios de corazón. Derribó a los poderosos de su trono y elevó a los humildes. Colmó de bienes a los hambrientos y despidió a los ricos con las manos vacías. Socorrió a Israel, su servidor, acordándose de su misericordia, como lo había prometido a nuestros padres, en favor de Abraham y su descendencia para siempre”.

María permaneció con Isabel unos tres meses y luego regresó a su casa.

Fuente : http://www.eucaristiadiaria.cl/dia_cal.php?fecha=2021-05-31

REFLEXIÓN :

Hay, en Jerusalén, dos basílicas cristianas dedicadas a la Asunción de la Santísima Virgen. Una, más pequeña y modesta en su fachada, pero muy hermosa por dentro, se encuentra al lado del huerto de Getsemaní. Está en el fondo del torrente Cedrón y muy cerquita de la basílica de la «Agonía» o de «Todas las naciones». La fachada es cruzada, pero el interior es la cripta de la primitiva iglesia bizantina construida a finales del siglo IV, durante el reinado de Teodosio el Grande (379-395). Y se cree que en este santo lugar yació el cuerpo de la Virgen María antes de ser asunta a los cielos.

La otra iglesia, ubicada en el Monte Sión, es una de las iglesias católicas más grandes y más magníficas de Jerusalén, y se le conoce con el nombre de «iglesia de la Dormición», pues en ella se pretende recordar y celebrar el «tránsito» de la Virgen de este mundo al otro. Está ubicada a unos cuantos pasos del Cenáculo, en donde nuestro Señor celebró la Última Cena con sus discípulos y en donde instituyó la Eucaristía.

Otra tradición dice que María murió en Éfeso, bajo el cuidado del apóstol san Juan. Pero no consta, ni parece verosímil que la Virgen se fuera a una ciudad tan lejana, ya anciana, siendo que en Jerusalén tendría a muchos de sus familiares. Además, la antiquísima veneración del sepulcro de la Virgen en Getsemaní y la celebración de la fiesta de la Dormición de María en Jerusalén inclinan la balanza hacia esta afirmación.

Sea como sea, el hecho es que, desde los primerísimos años de la Iglesia, ya se hablaba del «tránsito» de la Santísima Virgen, de su «dormición» temporal y de su “asunción” a los cielos. Y, sin embargo, aunque era una creencia general del pueblo cristiano, la Iglesia no proclamó este dogma sino hasta el año santo de 1950. Ha sido, hasta el presente, el último dogma mariano. La bula declaratoria de Pío XII reza así: «Proclamamos, declaramos y definimos ser dogma divinamente revelado que la Inmaculada Madre de Dios, siempre Virgen María, cumplido el curso de su vida terrestre, fue elevada en cuerpo y alma a la gloria celestial».

La Asunción de María no se contiene de modo explícito en la Sagrada Escritura, pero sí implicítamente. El texto del Apocalipsis que escuchamos en la primera lectura de la Misa de hoy puede ser un atisbo, aunque no tiene allí su fundamento bíblico. Más bien, los Santos Padres y los teólogos católicos han visto vislumbrada esta verdad en tres elementos incontestables de nuestra fe: la unión estrecha entre el Hijo y la Madre, atestiguada en los Evangelios de la Infancia; la teología de la nueva Eva, imagen de la mujer nueva y madre nuestra en el orden de la gracia; y la maternidad divina y la perfecta redención de María por parte de Cristo. Todo esto «exigía» la proclamación de la Asunción de nuestra santísima Madre al cielo.

En efecto, la persuasión de todo el orbe católico acerca de la excelsa santidad de María, toda pura e inmaculada desde el primer instante de su concepción; el privilegio singularísimo de su divina maternidad y de su virginidad intacta; y su unión íntima e inseparable con Jesucristo, desde el momento de la Encarnación hasta el pie de la cruz y el día de la Ascensión de su Hijo al cielo, han sido siempre, desde los inicios, los argumentos más contundentes para creer que Dios no permitiría que su Madre se corrompiera en la oscuridad del sepulcro. Ella no podía sufrir las consecuencias de un pecado que no había conocido jamás.

«Con razón no quisiste, Señor –rezamos en el prefacio de la Misa de hoy— que conociera la corrupción del sepulcro la mujer que, por obra del Espíritu, concibió en su seno al autor de la vida, Jesucristo, Hijo tuyo y Señor nuestro».

La Asunción de nuestra Madre santísima constituye, además, una participación muy singular en la Resurrección de su Hijo y una anticipación de la resurrección y del triunfo definitivo de los demás cristianos, hijos suyos.

Ella, glorificada ya en los cielos en cuerpo y alma, es la imagen y primicia de la Iglesia que llegará a su plenitud en el siglo futuro. Y ya desde ahora, María brilla ante el pueblo de Dios, aún peregrino en este mundo, como faro luminoso, como estrella de la mañana, como señal de esperanza cierta, como causa de nuestra alegría, como auxilio de los cristianos, refugio de los pecadores y consuelo de los afligidos. ¡El triunfo de María es ya nuestro triunfo!

Fuente : https://es.catholic.net/op/articulos/4980/cat/330/el-triunfo-definitivo-de-maria.html