Ir al contenido principal

Imágenes

EDD. martes 21 de marzo de 2017.

Martes de la tercera semana de Cuaresma.

http://evangeliodeldia.org/main.php?language=SP&module=readings&localdate=20170320
Libro de Daniel 3,25.34-43.
Azarías, de pie en medio del fuego, tomó la palabra y oró así:
No nos abandones para siempre a causa de tu Nombre, no anules tu Alianza,
no apartes tu misericordia de nosotros, por amor a Abraham, tu amigo, a Isaac, tu servidor, y a Israel, tu santo,
a quienes prometiste una descendencia numerosa como las estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla del mar.
Señor, hemos llegado a ser más pequeños que todas las naciones, y hoy somos humillados en toda la tierra a causa de nuestros pecados.
Ya no hay más en este tiempo, ni jefe, ni profeta, ni príncipe, ni holocausto, ni sacrificio, ni oblación, ni incienso, ni lugar donde ofrecer las primicias, y así, alcanzar tu favor.
Pero que nuestro corazón contrito y nuestro espíritu humillado nos hagan aceptables
como los holocaustos de carneros y de toros, y los millares de corderos cebados; que así sea hoy nuestro sacrificio delante de ti, y que nosotros te sigamos plenamente, porque no quedan confundidos los que confían en ti.
Y ahora te seguimos de todo corazón, te tememos y buscamos tu rostro.
No nos cubras de vergüenza, sino trátanos según tu benignidad y la abundancia de tu misericordia.
Líbranos conforme a tus obras maravillosas, y da gloria a tu Nombre, Señor.
Salmo 25(24),4-5.6-7.8-9.
Muéstrame, Señor, tus caminos,
enséñame tus senderos.
Guíame por el camino de tu fidelidad;
enséñame, porque tú eres mi Dios y mi salvador,
Yo espero en ti todo el día,
Acuérdate, Señor, de tu compasión y de tu amor,
porque son eternos.
No recuerdes los pecados ni las rebeldías de mi juventud:
por tu bondad, Señor, acuérdate de mi según tu fidelidad.
El Señor es bondadoso y recto:
por eso muestra el camino a los extraviados;
él guía a los humildes para que obren rectamente
y enseña su camino a los pobres.
Evangelio según San Mateo 18,21-35.
Se adelantó Pedro y le dijo: «Señor, ¿cuántas veces tendré que perdonar a mi hermano las ofensas que me haga? ¿Hasta siete veces?».
Jesús le respondió: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.
Por eso, el Reino de los Cielos se parece a un rey que quiso arreglar las cuentas con sus servidores.
Comenzada la tarea, le presentaron a uno que debía diez mil talentos.
Como no podía pagar, el rey mandó que fuera vendido junto con su mujer, sus hijos y todo lo que tenía, para saldar la deuda.
El servidor se arrojó a sus pies, diciéndole: «Señor, dame un plazo y te pagaré todo».
El rey se compadeció, lo dejó ir y, además, le perdonó la deuda.
Al salir, este servidor encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, tomándolo del cuello hasta ahogarlo, le dijo: ‘Págame lo que me debes’.
El otro se arrojó a sus pies y le suplicó: ‘Dame un plazo y te pagaré la deuda’.
Pero él no quiso, sino que lo hizo poner en la cárcel hasta que pagara lo que debía.
Los demás servidores, al ver lo que había sucedido, se apenaron mucho y fueron a contarlo a su señor.
Este lo mandó llamar y le dijo: ‘¡Miserable! Me suplicaste, y te perdoné la deuda.
¿No debías también tú tener compasión de tu compañero, como yo me compadecí de tí?’.
E indignado, el rey lo entregó en manos de los verdugos hasta que pagara todo lo que debía.
Lo mismo hará también mi Padre celestial con ustedes, si no perdonan de corazón a sus hermanos».
Comentario del Evangelio por Isaac el Sirio (siglo VII), monje cercano a Mossoul. Discursos espirituales, primera serie, Nº 58.
“¿No debías también tú tener compasión de tu compañero, como yo me compadecí de tí?” (Mt 18,33)
La compasión, por un lado, y el juicio por simple equidad por otro, si permanecen en el mismo corazón son como un hombre que adora a Dios y los ídolos en una misma casa. La compasión es el contrario del juicio por simple justicia. El juicio estrictamente de justicia de equidad implica la misma repartición de una medida semejante para todos. Da a cada uno lo que merece, no más. No se excede ni por un lado ni por otro, no discierne en la retribución. Pero la compasión nace de la gracia, se inclina hacia todos los seres con un mismo afecto, se distancia de la pena equitativa para los que son dignos de castigo y colma más allá de toda medida a los que son dignos del bien.
La compasión es, pues, compañera de la justicia, el juicio sólo está de parte del mal…Como un grano de arena no pesa tanto como el oro, la justicia equitativa de Dios no pesa tanto como su compasión. Como un puñado de arena que cae en el océano son las faltas de todo ser humano en comparación con la providencia y la piedad de Dios. Así como una fuente que mana con abundancia no podría ser restañada por un puñado de polvo, así la compasión del Creador no puede ser vencida por la malicia de las criaturas. El que guarda resentimiento cuando ora es como un hombre que siembra en el mar y espera la cosecha.
 

Francisco en Sta. Marta: San José dé a los jóvenes la gracia de soñar cosas grandes

San José es custodio de las debilidades y de los ‘sueños de Dios’
 
FUENTE : https://es.zenit.org/articles/el-papa-en-sta-marta-san-jose-de-a-los-jovenes-la-gracia-de-sonar-cosas-grandes/
 
•20 marzo 2017•Redaccion•El papa Francisco
 
 
El Papa en Santa Marta – © Osservatore Romano
 
 
(ZENIT – Ciudad del Vaticano, 20 Mar. 2017).- El día después de la fiesta de San José, que por caer este domingo de cuaresma vio postergada la celebración litúrgica a hoy lunes, el papa Francisco celebró la misa su honor en la capilla de la residencia Santa Marta, en el Vaticano.
 
El Pontíficie centró la homilía en san José y pidió que dé a los jóvenes “la capacidad de soñar, de arriesgar y realizar las tareas difíciles que han visto en sus sueños”. Porque san José es custodio de las debilidades y de los ‘sueños de Dios’.
 
“Este hombre, este soñador, es capaz de aceptar esta tarea, esta tarea gravosa, y tiene mucho que decirnos a nosotros en este tiempo de fuerte sentido de orfandad. Y así, este hombre toma la promesa de Dios y la lleva adelante en silencio con fortaleza, la lleva adelante para que lo que Dios quiere se cumpla”.
 
“San José –recuerda el Papa– le obedece al ángel que se presenta en su sueño. Y toma consigo a María, embarazada por obra del Espíritu Santo, como narra el Evangelio de Mateo.
 
“José es custodio de las debilidades para que se vuelvan sólidas en la fe. Pero esta tarea la recibió en un sueño. Es un hombre capaz de soñar. Y por tanto, también custodio del sueño de Dios. El sueño de Dios de salvarnos a todos, de la redención, le es confiado a él”, dijo.
 
“Hoy quiero pedir, que nos dé a todos la capacidad de soñar, porque cuando soñamos las cosas grandes, las cosas bellas, nos acercamos al sueño de Dios, a las cosas que Dios sueña para nosotros. Que a los jóvenes dé, porque él era jóven, la capacidad de soñar, de arriesgar y asumir tareas difíciles que han visto en los sueños. Y nos dé a todos nosotros la fidelidad que generalmente crece en la actitud del justo. Él era justo, crece en el silencio, con pocas palabras, y crece en la ternura que es capaz de custodiar las propias debilidades y las de los otros”.

Comentario al evangelio de hoy lunes 20 de marzo de 2017.

Pues nada va más allá de Él.

Solemnidad de San José, esposo de la Virgen María
Por: H. Adrián Olvera de la Cruz LC
Fuente: http://es.catholic.net/op/articulos/64745/pues-nada-va-mas-alla-de-l.html 

La Solemnidad de San José se celebra el 19 de marzo, en vista de que esa fecha este año cayó en día domingo, la celebración se traslada al lunes 20.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Cristo, Rey Nuestro.
¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Jesús… aquí estoy… aquí quiero estar hoy. Tú y yo… eso me basta.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Mateo 1, 16. 18-21. 24
Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo.
Cristo vino al mundo de la siguiente manera: Estando María, su madre, desposada con José y antes de que vivieran juntos, sucedió que ella, por obra del Espíritu Santo, estaba esperando un hijo. José, su esposo, que era hombre justo, no queriendo ponerla en evidencia, pensó dejarla en secreto.
Mientras pensaba en estas cosas, un ángel del Señor le dijo en sueños: «José, hijo de David, no dudes en recibir en tu casa a María, tu esposa, porque ella ha concebido por obra del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás el nombre de Jesús, porque Él salvará a su pueblo de sus pecados».
Cuando José despertó de aquel sueño, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor.
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
Tantas circunstancias en la vida donde la desesperación, la agonía y la angustia nos abrazan. Donde todo parece estar en contra y el desenlace es inevitable. Nos sentimos solos y casi automáticamente buscamos apoyo; alguien que nos dé la solución o una esperanza como mínimo; hasta quisiéramos que nos dieran mentiras como analgésico para disminuir el dolor del impacto con la realidad… quisiéramos consuelo, buscamos descanso…queremos paz.
José, un hombre justo; un hombre de Dios… un hombre. Confiaba, pero la realidad lo traicionaba…, lo que tenía ante sus ojos no lo podía entender. Quería entenderlo, se esforzaba por hacerlo… pero no podía.
La duda, la confusión y la angustia lo acompañaban; buscaba ver a Dios con una mirada de fe y desde el corazón… y nada.
Dios que ve lo más profundo del corazón pone atención a sus deseos de consuelo, de apoyo… de una explicación y por medio del ángel comienza diciendo: «José, Hijo de David, No dudes…» No temas…
Esas primeras palabras son muchas veces el consuelo, el apoyo y la explicación de Dios ante la realidad que parece muchas veces golpearnos; que parece ir en contra de lo que planeamos.
Dios espera que recibamos la paz de sus palabras como un niño que sabe que, ante la realidad más desfavorable, sólo basta ponerse detrás de su padre para estar seguro… Sólo basta escuchar estas palabras de la persona que sabes más te ama para encontrar la paz…«no temas».
Estas palabras implican una escucha atenta y una acción pronta de la voluntad. Implican decirle al Señor: ¡Está bien! Pero dime qué hago… a dónde voy…. Implica vivir en la libertad de la voluntad de Dios.
Fue difícil san José, pero gracias por enseñarme que, ante la realidad más confusa, ahí está Dios pues nada va más allá de Él… Gracias por enseñarme a confiar y, sobre todo, a escuchar.
… ¿Señor qué quieres de mí hoy?

Yo quisiera también decirles una cosa muy personal. Yo quiero mucho a san José. Porque es un hombre fuerte y de silencio. Y tengo en mi escritorio tengo una imagen de san José durmiendo. Y durmiendo cuida a la Iglesia. Sí, puede hacerlo. Nosotros no. Y cuando tengo un problema, una dificultad, yo escribo un papelito y lo pongo debajo de san José para que lo sueñe. Esto significa para que rece por ese problema.
(Homilía de S.S. Francisco, 16 de enero de 2015).

Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración. Disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Preguntarle a Dios desde el corazón, como hijo que se sabe ante su Padre: Señor, ¿qué quieres de mí hoy?….
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

EDD. lunes 20 de marzo de 2017.

Solemnidad de San José, esposo de la Virgen María.
Segundo Libro de Samuel 7,4-5a.12-14a.16.
Pero aquella misma noche, la palabra del Señor llegó a Natán en estos términos:
«Ve a decirle a mi servidor David: Así habla el Señor:
Cuando hayas llegado al término de tus días y vayas a descansar con tus padres, yo elevaré después de ti a uno de tus descendientes, a uno que saldrá de tus entrañas, y afianzaré su realeza.
El edificará una casa para mi Nombre, y yo afianzaré para siempre su trono real.
Seré un padre para él, y él será para mí un hijo.
Tu casa y tu reino durarán eternamente delante de mí, y su trono será estable para siempre.»
Salmo 89(88),2-5.27.29.
Cantaré eternamente el amor del Señor,
proclamaré tu fidelidad por todas las generaciones.
Porque tú has dicho:
«Mi amor se mantendrá eternamente,
mi fidelidad está afianzada en el cielo.»
Yo sellé una alianza con mi elegido,
hice este juramento a David, mi servidor:
«Estableceré tu descendencia para siempre,
mantendré tu trono por todas las generaciones.»
El me dirá: «Tú eres mi padre,
mi Dios, mi Roca salvadora.»
Le aseguraré mi amor eternamente,
y mi alianza será estable para él.
Carta de San Pablo a los Romanos 4,13.16-18.22.
Hermanos:
En efecto, la promesa de recibir el mundo en herencia, hecha a Abraham y a su posteridad, no le fue concedida en virtud de la Ley, sino por la justicia que procede de la fe.
Por eso, la herencia se obtiene por medio de la fe, a fin de que esa herencia sea gratuita y la promesa quede asegurada para todos los descendientes de Abraham, no sólo los que lo son por la Ley, sino también los que lo son por la fe. Porque él es nuestro padre común,
como dice la Escritura: Te he constituido padre de muchas naciones. Abraham es nuestro padre a los ojos de aquel en quien creyó: el Dios que da vida a los muertos y llama a la existencia a las cosas que no existen.
Esperando contra toda esperanza, Abraham creyó y llegó a ser padre de muchas naciones, como se le había anunciado: Así será tu descendencia.
Por eso, la fe le fue tenida en cuenta para su justificación.
Evangelio según San Mateo 1,16.18-21.24a.
Jacob fue padre de José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, que es llamado Cristo.
Este fue el origen de Jesucristo: María, su madre, estaba comprometida con José y, cuando todavía no habían vivido juntos, concibió un hijo por obra del Espíritu Santo.
José, su esposo, que era un hombre justo y no quería denunciarla públicamente, resolvió abandonarla en secreto.
Mientras pensaba en esto, el Angel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: «José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, porque lo que ha sido engendrado en ella proviene del Espíritu Santo.
Ella dará a luz un hijo, a quien pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su Pueblo de todos sus pecados».
Al despertar, José hizo lo que el Angel del Señor le había ordenado.
Comentario del Evangelio por San Juan Pablo II (1920-2005), papa . Redemptoris custos, §4.
“Cuando José se despertó, hizo lo que el ángel del Señor le había mandado”
Al comienzo de su peregrinación en fe, la fe de María se encuentra con la fe de José. Si Isabel había dicho de la Madre del Redentor: “Dichosa tú que has creído” (Lc 1,45), en un cierto sentido se puede también atribuir esta bienaventuranza a José, porque él respondió afirmativamente a la Palabra del Señor cuando le fue anunciada en este momento decisivo. José, es cierto, no respondió al anuncio del ángel como María, pero él “hizo lo que el ángel le había dicho: llevársela como esposa”. Lo cual es pura “obediencia a la fe” (Rm 1,5).
Se puede decir que lo que hizo José le unió, de manera muy especial, a la fe de María; aceptó como una verdad venida de Dios lo que ella había aceptado ya en el momento de la Anunciación. El concilio Vaticano II dice: “Cuando Dios se revela el hombre tiene que someterse con la fe. Por la fe el hombre se entrega entera y libremente a Dios, le ofrece  el homenaje total de su entendimiento y voluntad, asintiendo libremente a lo que Dios revela (Dei Verbum, 5). Esta frase, que toca a la esencia misma de la fe, se aplica perfectamente a José de Nazaret.
Así él llega a ser, de manera singular, el depositario del misterio “escondido desde los siglos en Dios” (Ef 3,9), de la misma manera que María lo es en este momento decisivo llamado por el apóstol Pablo “la plenitud de los tiempos”, cuando “Dios envió a su Hijo, nacido de una mujer… para rescatar a los que estaban bajo la ley, para que recibiéramos el ser hijos por adopción.” (Gal 4,4-5)… José es, con María, el primer depositario de este misterio divino… Teniendo ante los ojos el texto de los dos evangelistas Mateo y Lucas, se puede igualmente decir que José es el primero en participar de la fe de la Madre de Dios y que así sostiene a su esposa en la fe de la Anunciación divina; Dios lo puso el primero en el camino de la peregrinación en la fe de María… El camino personal de José, su peregrinación en la fe, se concluirá primero…; pero, el camino de la fe de José sigue la  misma dirección.

Como la Samaritana, encontrarse con Jesús de corazón a corazón (traducción completa)

“Este Evangelio es para todos nosotros!”, ángelus 19 marzo 2017
https://es.zenit.org/articles/como-la-samaritana-encontrarse-con-jesus-de-corazon-a-corazon-traduccion-completa/
Angelus, 19/03/2017, captura CTV

Angelus, 19/03/2017, captura CTV

(ZENIT- Ciudad del Vaticano, 19 de marzo del 2017). Como la Samaritana, cada bautizado está llamado a encontrarse con Jesús en un “diálogo de corazón a corazón”, explica el papa Francisco comentando el  Evangelio de este tercer domingo de cuaresma-, el encuentro de Jesús con la Samaritana-, antes de la oración del ángelus, de este 19 de marzo 2017, desde la ventana del despacho del Vaticano que da a la Plaza San Pedro. La gendarmería vaticana dice que había unos 40.000 visitantes reunidos.
Para el papa, la cuaresma constituye para los bautizados que aún no han “encontrado a Jesús”, una “buena ocasión” para reencontrarlo “en la oración, en un diálogo de corazón a corazón: hablar con él, escucharlo”.
“Queridos hermanos, el agua que da la vida eterna ha sido derramada en nuestros corazones el día de nuestro bautismo; Dios nos ha transformado y llenado de su gracia. Pero puede ser que este gran don lo hayamos olvidado, o reducido a un simple don administrativo; y posiblemente estemos a la  búsqueda de “pozos” cuyas aguas no quitan la sed. Cuando olvidamos las verdaderas aguas, vamos en busca de pozos donde las aguas no están limpias.
Por eso, este Evangelio es justo para nosotros! No solamente para la Samaritana, para nosotros”, ha insistido el papa.
Después del ángelus, el papa ha expresado su cercanía con Perú, golpeado por las inundaciones y corrimientos de tierra, ha saludado también la beatificación de ayer, 18 de marzo en Bolzano (Tirol italiano), de Josef Mayr-Nusser (1910-1945), padre de familia y miembro de la Acción Católica “muerto mártir porque había rechazado adherirse al nazismo por fidelidad al Evangelio”. Ha dado este modelo a los laicos  y a los padres de familia, invitando a aplaudir con él a todos los padres por ser la fiesta en Italia como cada 19 de marzo, en honor de San José.
He aquí nuestra traducción íntegra de la alocución del papa antes de la oración del ángelus dominical.
AB
Palabras del papa Francisco antes del ángelus
Queridos hermanos y hermanas, buenos días!
El Evangelio del tercer domingo de cuaresma nos presenta el diálogo de Jesús con la Samaritana (cf. Jn 4,5-42). El encuentro tiene lugar cuando Jesús atraviesa Samaría, región entre Judea y Galilea, habitada por gente que los judíos despreciaban, porque los consideraban cismáticos y herejes. Sin embargo este pueblo será justamente uno de los primeros en adherirse a la predicación cristiana de los apóstoles.
Mientras que los discípulos van de pueblo en pueblo para proveerse de comida, Jesús se queda junto a un pozo y pide de beber a una mujer, que venía a sacar agua. Y comienzan un diálogo.
“Cómo un judío se digna pedir agua a una mujer samaritana?” Jesús responde: “ Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice dame de beber, tú le habrías pedido a él, y él te habría dado agua viva”, un agua que apaga toda sed, y se convierte en fuente inagotable en el corazón de quien la bebe (vv. 10-14).
Ir al pozo a por agua es enojoso y fastidioso: Estaría bien tener a disposición una fuente de la brote agua! Pero Jesús habla de una fuente diferente. Cuando la mujer se da cuenta de que el hombre con quién habla es un profeta, ella le confiesa su vida  y le hace preguntas religiosas.
Su sed de cariño y de una vida plena que no ha tenido con sus cinco maridos, al contrario ha tenido experiencias decepcionantes y de engaños. Por eso la mujer está impactada por el respeto que Jesús tiene por ella cuando le habla de la verdadera fe como de una relación con Dios Padre “en espíritu y verdad”, entonces ella tienen la intuición de que este hombre podría ser el Mesías, y Jesús – cosa rarísima – le confirma: “ Yo soy, el que te está hablando” (v. 26 ). El dice ser el Mesías a una mujer que había tenido una vida desordenada.
Queridos hermanos, el agua que da la vida eterna ha sido derramada en nuestros corazones el día de nuestro bautismo: Dios nos ha transformado y colmado de su gracia.
Pero puede ser que este gran don lo hayamos olvidado o reducido a algo administrativo: y quizás estemos en busca de “pozos” cuyas aguas no quitan la sed. Cuando nosotros olvidamos la verdadera agua, vamos en busca de pozos cuyas aguas no están limpias. Entonces este Evangelio es justo para nosotros! No solamente para la Samaritana, para nosotros.
Algunos de nosotros ya le conocemos, pero puede ser que aún no lo hayamos encontrado personalmente. Sabemos quién es Jesús, pero puede ser que no lo hayamos encontrado personalmente hablando con él y no le hemos reconocido como nuestro Salvador.
Este tiempo de cuaresma es una buena ocasión para acercarnos a él encontrándole en la oración, en un diálogo de corazón a corazón: hablar con él, escucharle. Es una buena ocasión para ver su rostro, tanto en el rostro de un hermano o de una hermana que sufre. De esta manera, podemos renovar en nosotros la gracia del bautismo, refrescándonos en la fuente de la Palabra de Dios, y de su Espíritu Santo. Y así descubrir también la alegría de ser artesanos de reconciliación e instrumentos de paz en la vida cotidiana.
Que la Virgen María nos ayude a beber constantemente de la gracia, a ser esta agua que brota de la roca que es Cristo Salvador, para que podamos profesar nuestra fe con convicción y anunciar con alegría las maravillas del amor de Dios misericordioso y fuente de todo bien.
Ave María….
Traducción de ZENIT, Raquel Anillo Gonzalez

Primera predicación de Cuaresma del padre Raniero Cantalamessa / 2017.

Cuaresma 2017 Primera predicación El Espíritu Santo nos introduce en el misterio  Del señorío de Cristo .-
Fuente :   es.zenit.org/articles/primera-predicacion-de-cuaresma-del-padre-raniero-cantalamessa/
P. Raniero Cantalamessa, ofmcap
1. «Él dará testimonio de mí» Al leer la oración de la Misa del primer Domingo de Cuaresma una cosa me impresionó. En […]
Mosaico de Cristo, en el apside de la basílica de San Pablo (Foto ZENIT cc)

Mosaico de Cristo, en el apside de la basílica de San Pablo (Foto ZENIT cc)

P. Raniero Cantalamessa, ofmcap

Cuaresma 2017

Primera predicación

El Espíritu Santo nos introduce en el misterio 

Del señorío de Cristo

1. «Él dará testimonio de mí»

Al leer la oración de la Misa del primer Domingo de Cuaresma una cosa me impresionó. En ella no se pide a Dios Padre que nos ayude a realizar una de las obras clásicas de la Cuaresma: el ayuno, la oración y la limosna. Se pide, en cambio, «crecer en el conocimiento del misterio de Cristo». Creo que esta es, de hecho, la obra más bella y agradable a Dios que podemos hacer, y con mis meditaciones querría contribuir a este fin.

Continuando la reflexión iniciada en la predicación de Adviento sobre el Espíritu Santo que debe impregnar toda la vida y el anuncio de la Iglesia («¡Teología del tercer artículo!»), en estas meditaciones cuaresmales nos proponemos remontarnos del tercer al segundo artículo del Credo. En otras palabras, trataremos de poner de relieve cómo el Espíritu Santo «nos introduce en la verdad plena» sobre Cristo y sobre su misterio pascual, es decir, sobre el ser y actuar del Salvador. Sobre el actuar de Cristo, en sintonía con el tiempo litúrgico de la Cuaresma, trataremos de profundizar el papel que el Espíritu Santo realiza en la muerte y resurrección de Cristo y, tras él, en nuestra muerte y en nuestra resurrección.

El segundo artículo del Credo, en su forma completa, suena así: 

«Creo en un solo Señor, Jesucristo, Hijo unigénito de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos: Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado no creado, de la misma sustancia del Padre; por quien todo fue hecho».

Este artículo central del Credo refleja dos fases diferentes de la fe. La frase «Creo en un solo Señor Jesucristo», refleja la primerísima fe de la Iglesia, inmediatamente después de la Pascua. Lo que sigue en el artículo del Credo: «Hijo Unigénito de Dios…» refleja una fase posterior, más evolucionada, posterior a la controversia arriana y al concilio de Nicea. Dedicamos la presente meditación a la primera parte del artículo «Creo en un solo Señor Jesucristo», y vemos lo que el Nuevo Testamento nos dice en torno al Espíritu como autor del verdadero conocimiento de Cristo. 

San Pablo afirma que Jesucristo se manifiesta como «Hijo de Dios con potencia mediante el Espíritu de santificación» (Rom 1,4), es decir, por obra del Espíritu Santo. Llega a afirmar que «nadie puede decir: Jesús es el Señor, si no en el Espíritu Santo» (1 Cor 12,3), es decir, gracias a su iluminación interior. Atribuye al Espíritu Santo «la comprensión del misterio de Cristo» que se le ha dado a él, como a todos los santos apóstoles y profetas (cf. Ef 3,4-5); dice que los creyentes serán capaces de «comprender la amplitud, la longitud, la altura y la profundidad y conocer el amor de Cristo, que excede todo conocimiento» sólo si son «fortalecidos por el Espíritu» (Ef 3,16-19).

En el evangelio de Juan, Jesús mismo anuncia esta obra del Paráclito respecto de él. Él tomará de lo suyo y lo anunciará a los discípulos; les recordará todo lo que él ha dicho; los conducirá a la verdad plena sobre su relación con el Padre y le dará testimonio (cf. Jn 16,7-15). Más aún, precisamente esto será, de ahora en adelante, el criterio para reconocer si se trata del verdadero espíritu de Dios y no de otro espíritu: si impulsa a reconocer a Jesús venido en la carne (cf. 1 Jn 4,2-3).

lgunos creen que el énfasis actual sobre el Espíritu Santo puede ensombrecer la obra de Cristo, como si ésta fuera incompleta o perfectible. Es una incomprensión total. El Espíritu nunca dice «yo», nunca habla en primera persona, no pretende fundar una obra propia, sino que siempre hace referencia a Cristo. Él es el Camino, la Verdad, la Vida; ¡el Paráclito ayuda a hacer comprender todo esto! 

La venida del Espíritu Santo en Pentecostés se traduce en una repentina iluminación de toda la obra y persona de Cristo. Pedro concluye su discurso de Pentecostés con la solemne definición, hoy se diría «Urbi et Orbi»: «Sepa, pues, con certeza, toda la casa de Israel, que Dios ha constituido a ese Jesús que vosotros habéis crucificado, Señor (Kyrios) y Mesías» (Hch 2,36). A partir de ese día, la comunidad primitiva empezó a releer la vida de Jesús, su muerte y su resurrección, en forma diferente; todo pareció claro, como si un velo hubiera caído de sus ojos (cf. 2 Co 3,16). Aun viviendo codo con codo con él, sin el Espíritu no habían podido penetrar en la profundidad de su misterio. 

Hoy está en curso un acercamiento entre la teología ortodoxa y la teología católica sobre este tema de la relación entre Cristo y el Espíritu. El teólogo Johannes Zizioulas, en un congreso celebrado en Bolonia en 1980, por una parte expresaba sus reservas sobre la eclesiología del Vaticano II porque, según él, «el Espíritu Santo fue introducido en la eclesiología después de que se hubiera construido el edificio de la Iglesia sólo con material cristológico», y por otra, sin embargo, reconocía que también la teología ortodoxa tenía necesidad de repensar la relación entre cristología y neumatología, para no construir la eclesiología sólo sobre una base pneumatológica1. En otras palabras, a nosotros latinos nos impulsa profundizar el papel del Espíritu Santo en la vida interna de la Iglesia (que es lo que ocurrió después del Concilio) y a los hermanos ortodoxos el de Cristo y el de la presencia de la Iglesia en la historia.

2. Conocimiento objetivo y conocimiento subjetivo de Cristo

Volvamos pues al papel del Espíritu Santo en relación al conocimiento de Cristo. Se perfilan ya, en el marco del Nuevo Testamento, dos tipos de conocimiento de Cristo, o dos ámbitos en los que el Espíritu realiza su acción. Hay un conocimiento objetivo de Cristo, de su ser, de su misterio y de su persona, y hay un conocimiento más subjetiva, funcional e interior que tiene por objeto lo que Jesús «hace por mí», más que lo que él «es en sí mismo». 

En Pablo prevalece aún el interés por el conocimiento de lo que Cristo ha hecho por nosotros, por la obra de Cristo y en particular su misterio pascual; en Juan prevalece el interés por lo que Cristo es: el Logos eterno que estaba junto a Dios y ha venido en la carne, que es «una sola cosa con el Padre» (Jn 10,30). Pero estas dos tendencias aparecerán evidentes únicamente de los acontecimientos posteriores. Aludimos a ellas brevemente porque esto nos ayudará a captar cuál es el don que hace el Espíritu Santo, en este campo, hoy a la Iglesia. 

En la época patrística, el Espíritu Santo aparece, sobre todo, como garante de la tradición apostólica en torno a Jesús, contra las innovaciones de los gnósticos. A la Iglesia —afirma san Ireneo— se le ha sido confiado el Don de Dios que es el Espíritu; de él no participan cuantos se separan de la verdad predicada por la Iglesia con sus falsas doctrinas2. Las Iglesias apostólicas —argumenta Tertuliano— no pueden haber errado al predicar la verdad. Pensar lo contrario, significaría que «el Espíritu Santo, enviado por Cristo con esta finalidad, impetrado del Padre como maestro de verdad, él que es el Vicario de Cristo y su administrador, habría flaqueado en su oficio»3

En la época de las grandes controversias dogmáticas, el Espíritu Santo es visto como el custodio de la ortodoxia cristológica. En los Concilios, la Iglesia tiene la firme certeza de estar «inspirada» por el Espíritu al formular la verdad en torno a las dos naturalezas de Cristo, a la unidad de su persona, a la integridad de su humanidad. Por lo tanto, el acento está claramente en el conocimiento objetivo, dogmático, eclesial de Cristo. 

Esta tendencia sigue siendo predominante en teología, hasta la Reforma. Sin embargo, con una diferencia. Los dogmas que en el momento de formularse eran cuestiones vitales, fruto de viva participación, de toda la Iglesia, una vez sancionados y transmitidos, tienden a perder mordiente, a hacerse formales. «Dos naturalezas una persona», se convierte en una fórmula hermosa y hecha, más que el punto de llegada de un largo y sufrido proceso. Ciertamente no faltaron, en todo este tiempo, magníficas experiencias de un conocimiento de Cristo íntimo, personal, lleno de cálida devoción a Cristo, como las de san Bernardo y Francisco de Asís; pero éstas no influían mucho sobre la teología. También hoy se habla de ellas en la historia de la espiritualidad, no en la de la teología.

Los reformadores protestantes dan un vuelco a esta situación y dicen: «Conocer a Cristo significa reconocer sus beneficios, no indagar sobre sus naturalezas y los modos de la encarnación»4. El Cristo «para mí» salta al primer plano. Al conocimiento objetivo y dogmático, se opone un conocimiento subjetivo, íntimo; al testimonio exterior de la Iglesia y de las mismas Escrituras sobre Jesús, se antepone el «testimonio interno» que el Espíritu Santo hace a Jesús en el corazón de todo creyente. 

Cuando, más tarde, esta novedad teológica tienda, ella misma, en el protestantismo oficial, a convertirse en «ortodoxia muerta», surgirán periódicamente movimientos, como el pietismo en el ámbito luterano y el metodismo en el anglicano, para llevarla nuevamente a la vida. El ápice del conocimiento de Cristo coincide, en estos ambientes, con el momento en que, movido por el Espíritu Santo, el creyente toma conciencia de que Jesús murió «por él», precisamente por él, y lo reconoce como su Salvador personal:

«Por primera vez con todo el corazón yo creí;
creí con fe divina,
y el Espíritu Santo obtuve el poder
de llamar mío al Salvador.
Sentí la sangre de expiación de mi Señor
directamente aplicada a mi alma»5.

Completamos esta rápida mirada a la historia, aludiendo a una tercera fase en la manera de concebir la relación entre el Espíritu Santo y el conocimiento de Cristo: la que ha caracterizado los siglos de la Ilustración, de los que nosotros somos directos herederos. Vuelve a estar en auge un conocimiento objetivo, separado; sin embargo, no ya de tipo ontológico, como en la época antigua, sino histórico. En otras palabras, no interesa saber quién es en sí Jesucristo (la preexistencia, las naturalezas, la persona), sino quién ha sido en la realidad de la historia. ¡Es la época de la investigación en torno al llamado «Jesús histórico»!

En esta fase, el Espíritu Santo ya no desempeña ningún papel en el conocimiento de Cristo; está del todo ausente en ello. El «testimonio interno» del Espíritu Santo se identifica ahora con la razón y con el espíritu humano. El «testimonio exterior» es lo único importante, pero con ello ya no se entiende el testimonio apostólico de la Iglesia, sino únicamente el de la historia, comprobada con los distintos métodos críticos. El presupuesto común de este esfuerzo era que para encontrar al verdadero Jesús, hay que buscar fuera de la Iglesia, desatarlo «de las vendas del dogma eclesiástico»6.

Sabemos cuál fue el resultado de toda esta investigación del Jesús histórico: el fracaso, aunque esto no significa que no haya traído también muchos frutos positivos. A este respecto, todavía persiste un malentendido de fondo. Jesucristo —y después de él otros hombres, como san Francisco de Asís— no ha vivido simplemente en la historia, sino que ha creado una historia, y vive ahora en la historia que ha creado, como un sonido en la onda que ha provocado. El esfuerzo encarnizado de los historiadores racionalistas parece querer separarlo de la historia que ha creado, para restituirlo a la común y universal, como si se pudiera percibir mejor un sonido en su originalidad, separándolo de la onda que lo transporta. La historia que Jesús ha comenzado, o la onda que ha emitido, es la fe de la Iglesia animada por el Espíritu Santo y sólo a través de ella se remonta uno a su fuente. 

No se excluye con ello la legitimidad de la normal investigación histórica sobre él, pero esta debería ser más consciente de su límite y reconocer que no agota todo lo que se puede saber de Cristo. Como el acto más noble de la razón es reconocer que hay algo que la supera7, así el acto más honesto del historiador es reconocer que hay algo que no se alcanza con la sola historia.

3. El sublime conocimiento de Cristo

Al final de su obra clásica sobre la historia de la exégesis cristiana, Henri de Lubac llegaba a una conclusión bastante pesimista. A nosotros los modernos nos faltan —decía—, las condiciones para poder resucitar una lectura espiritual como la de los Padres; nos falta esa fe llena de empuje, ese sentido de la plenitud y de la unidad de las Escrituras que ellos tenían. Querer imitar hoy su audacia al leer la Biblia sería casi exponerse a la profanación porque nos falta el espíritu del que brotaban esas cosas8. Sin embargo, no cerraba del todo la puerta a la esperanza; en otra obra suya dice que «si se quiere reencontrar algo de lo que fue, en los primeros siglos de la Iglesia, la interpretación espiritual de las Escrituras, hay que reproducir en primer lugar un movimiento espiritual»9

Lo que De Lubac notaba a propósito de la inteligencia espiritual de las Escrituras, se aplica, con mucha mayor razón, al conocimiento espiritual de Cristo. No basta con escribir tratados de pneumatología nuevos y muy actualizados. Si falta el soporte de una experiencia vivida del Espíritu, análoga a la que acompañó, en el siglo IV, a la primera elaboración de la teología del Espíritu, lo que se dice permanecerá siempre en lo exterior del verdadero problema. Nos faltan las condiciones necesarias para elevarnos al nivel en el que obra el Paráclito: el impulso, la audacia y esa «sobria embriaguez del Espíritu», de la que hablan casi todos los grandes autores de aquel siglo. No se puede presentar a un Cristo en la unción del Espíritu, si no se vive, en cierto modo, en la misma unción.

Ahora bien, precisamente aquí se ha realizado la gran novedad deseada por el P. De Lubac. En el siglo pasado surgió, y ha ido ampliándose cada vez más, un «movimiento espiritual» que ha creado las bases para una renovación de la pneumatología a partir de la experiencia del Espíritu y de sus carismas. Hablo del fenómeno pentecostal y carismático. En sus primeros cincuenta años de vida, este movimiento, nacido como reacción a la tendencia racionalista y liberal de la Teología (como el pietismo y el metodismo mencionados más arriba), ignoró deliberadamente la teología y fue, a su vez, ignorado (¡e incluso ridiculizado!) por la teología. 

Pero cuando, hacia la mitad del siglo pasado, penetró en las Iglesias tradicionales que tenían una amplia instrumentación teológica y recibió una acogida de fondo por parte de las respectivas jerarquías, la teología ya no ha podido ignorarlo. En un volumen titulado El redescubrimiento del Espíritu. Experiencia y teología del Espíritu Santo, los más conocidos teólogos del momento, católicos y protestantes, examinaron el significado del fenómeno pentecostal y carismático para la renovación de la doctrina del Espíritu Santo10.

Todo esto nos interesa, en este momento, sólo desde el punto de vista del conocimiento de Cristo. ¿Qué conocimiento de Cristo va surgiendo en esta nueva atmósfera espiritual y teológica? El hecho más significativo no es el descubrimiento de nuevas perspectivas y nuevas metodologías sugeridas por la filosofía del momento (estructuralismo, análisis lingüístico, etc.), sino el redescubrimiento de un dato bíblico elemental: ¡Que Jesucristo es el Señor! El señorío de Cristo es un mundo nuevo en el cual se entra sólo «por obra del Espíritu Santo».

San Pablo habla de un conocimiento de Cristo de grado «superior», o, incluso, «sublime», que consiste en conocerlo y proclamarlo precisamente como «Señor» (cf. Flp 3,8). Es la proclamación que, unida a la fe en la resurrección de Cristo, hace de una persona un salvado: «Si con tu boca proclamas que “¡Jesús es el Señor!”, y con el corazón crees que Dios lo resucitó de entre los muertos, serás salvo» (Rom 10,9). Ahora bien, este conocimiento sólo lo hace posible el Espíritu Santo: «Nadie puede decir: “¡Jesús es el Señor!”, si no bajo la acción del Espíritu Santo» (1 Cor 12,3). Cada uno, por supuesto, puede decir con los labios aquellas palabras, incluso sin el Espíritu Santo, pero no sería entonces la gran cosa que acabamos de decir; no haría de la persona un salvado. 

¿Qué hay de especial en esta afirmación que la hace tan decisiva? Se puede explicar la cosa desde distintos puntos de vista, objetivos o subjetivos. La fuerza objetiva de la frase: «Jesús es el Señor» está en el hecho de que hace presente la historia y en particular el misterio pascual. Es la conclusión que brota de dos acontecimientos: Cristo murió por nuestros pecados; ha resucitado para nuestra justificación; por eso es el Señor. «Para esto Cristo murió y volvió a la vida: para ser el Señor de los muertos y de los vivos» (Rom 14,9). Los acontecimientos que la han preparado se han encerrado en esta conclusión y en ella se hacen presentes y operantes. En este caso la palabra es realmente «la casa del ser11». La proclamación: «Jesús es Señor» es la semilla desde la cual se ha desarrollado todo el kerigma y el anuncio cristiano ulterior. 

Desde el punto de vista subjetivo —es decir, por lo que depende de nosotros— la fuerza de esa proclamación está en el hecho de que supone también una decisión. Quien la pronuncia decide sobre el sentido de su vida. Es como si dijera: «Tú eres mi Señor; yo me someto a ti, yo te reconozco libremente como mi salvador, mi jefe, mi maestro, aquel que tiene todos los derechos sobre mí». Yo pertenezco a ti más que a mí mismo, porque tú me has comprado a caro precio (cf. 1 Cor 6,19ss).

El aspecto de decisión inherente a la proclamación de Jesús «Señor» asume hoy una actualidad particular. Algunos creen que es posible, e incluso necesario, renunciar a la tesis de la unicidad de Cristo, para favorecer el diálogo entre las diversas religiones. Ahora bien, proclamar a Jesús «Señor» significa precisamente proclamar su unicidad. No en vano el artículo nos hace decir: «Creo en un solo Señor Jesucristo». San Pablo escribe:

«Pues aun cuando se les dé el nombre de dioses, bien en el cielo bien en la tierra, de forma que hay multitud de dioses y de señores, para nosotros no hay más que un solo Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas y para el cual somos; y un solo Señor, Jesucristo, por quien son todas las cosas y por el cual somos nosotros» (1 Cor 8,5-6).

El Apóstol escribía estas palabras en el momento en que la fe cristiana se asomaba, pequeña y recién nacida, a un mundo dominado por cultos y religiones potentes y prestigiosas. El valor que hoy es necesario para creer que Jesús es «el único Señor» es nada en comparación con el que hacía falta entonces. Pero el «poder del Espíritu» no se concede más que a quien proclama a Jesús Señor, en esta acepción fuerte de los orígenes. Es un dato de experiencia. Sólo después de que un teólogo o un anunciador ha decidido apostar todo sobre Jesucristo «único Señor», lo que se dice todo, incluso a costa de ser «expulsado de la sinagoga», sólo entonces experimenta una certeza y un poder nuevos en su vida.

4. Del Jesús «personaje» al Jesús «persona»

Este redescubrimiento luminoso de Jesús como Señor es, decía, la novedad y la gracia que Dios está concediendo en nuestros tiempos, a su Iglesia. Me he dado cuenta de que cuando interrogaba a la tradición sobre todos los demás temas y palabras de la Escritura, los testimonios de los Padres se agolpaban en la mente; cuando he probado a interrogarla sobre este punto, permanecía casi muda. Ya en el siglo III, el título de Señor no es comprendido ya en su significado kerigmático; fuera del ámbito religioso judío, no era tan significativo para expresar suficientemente la unicidad de Cristo. Orígenes considera «Señor» (Kyrios) el título propio de quien está todavía en la fase del temor; le corresponde, según él, el título de «siervo», mientras que a «Maestro» le corresponde el de «discípulo» y amigo12.

Se sigue ciertamente hablando de Jesús «Señor», pero se ha convertido en un nombre de Cristo como los demás, incluso muy a menudo en uno de los elementos del nombre completo de Cristo: «Nuestro Señor Jesucristo». Pero una cosa es decir: «Nuestro Señor Jesucristo» y otra decir: «¡Jesucristo es nuestro Señor!». Un índice de este cambio es el modo en que fue traducido en la Vulgata el texto de Filipenses 2,11: «at omnis lengua confiteatur quia Dominus noster Iesus Christus in gloria est Dei Patris», «toda lengua proclame que el Señor nuestro Jesucristo está en la gloria de Dios Padre». Pero una cosa es decir «nuestro Señor Jesucristo está en la gloria de Dios Padre» y otra decir: «Jesucristo es nuestro Señor para gloria de Dios Padre». De este modo, que es el de las traducciones hoy en curso, no se pronuncia sólo un nombre, sino que se hace una profesión de fe.

¿Dónde está, en todo esto, el salto cualitativo que el Espíritu Santo nos hace hacer en el conocimiento de Cristo? Está en el hecho de que la proclamación de Jesús Señor es la puerta que consiente el conocimiento de Cristo ¡resucitado y vivo! No ya un Cristo personaje, sino persona; no ya un conjunto de tesis, de dogmas (y de correspondientes herejías), ya no sólo objeto de culto y de memoria, aunque sea la litúrgica y eucarística, sino persona viviente y siempre presente en espíritu.

Este conocimiento espiritual y existencial de Jesús como Señor, no lleva a descuidar el conocimiento objetivo, dogmático y eclesial de Cristo, sino que lo revitaliza. Gracias al Espíritu Santo, dice san Ireneo, la verdad revelada, «como un depósito valioso contenido en un vaso de valor, rejuvenece siempre y hace rejuvenecer también al vaso que la contiene»13. A uno de estos dogmas, el que constituye la segunda parte de nuestro artículo del Credo: «engendrado, no creado, de la misma sustancia del Padre», dedicaremos, si Dios quiere, nuestra próxima meditación.

No sabría indicar una resolución práctica mejor a tomar al término de estas reflexiones que la que se lee al comienzo de la Exhortación Apostólica del papa Francisco Evangelii gaudium

«Invito a cada cristiano, en cualquier lugar y situación en que se encuentre, a renovar ahora mismo su encuentro personal con Jesucristo o, al menos, a tomar la decisión de dejarse encontrar por Él, de intentarlo cada día sin descanso. No hay razón para que alguien piense que esta invitación no es para él» (n.3).

© De la traducción Pablo Cervera Barranco

1 Cf. Johannes D. Zizioulas, «Cristologia, pneumatologia e istituzioni ecclesiastiche: un punto di vista ortodosso», en Cristianesimo nella storia 2 (Bologna 1981) 111-127.

2 Cf. S. Ireneo, Contra las herejías, III, 24, 1-2.

3 Tertuliano, La prescripción de los herejes, 28, 1: CCL 1, 209.

4 F. MelanchtonLoci theologici, en Corpus Reformatorum (Brunsviga 1854) 85.

5 Ch. Wesley, Himno «Gloria a Dios, alabanza y amor» (Glory to God and Praise and Love).

6 Cf. A. SchweizerGeschichte der Leben-Jesu-Forschung, II (Múnich 1966) 620s.

7 B. PascalPensamientos, 267 (ed. Brunschwicg).

8 Cf. H. de LubacEségèse médiévale, II, 2 (París 1964)79.

9 H. de LubacStoria e Spirito (Roma 1971) 587.

10 AA.VV, Erfahrung und Theologie des Heiligen Geistes (Múnich 1974) (trad. it. La riscoperta dello Spirito (Milán 1977); cf. también Y. CongarCredo nello Spirito Santo, 2 (Brescia 1982) 157-224 [trad.esp. El Espíritu Santo (Barcelona 21999)]; J. MoltmannEl Espírito de la vida (Salamanca 1998); M. Welker, Lo Spirito di Dio. Teologia dello Spirito Santo (Brescia 1995) 17.

11 Es la famosa afirmación del filósofo Martin Heidegger en su Carta sobre el humanismo (Alianza Editorial, Madrid 2013). 

12 Cf. OrígenesComentario a Juan, I, 29: SCh 120,158.

13 Cf. San Ireneo, Contra las herejías, III, 24,1.

EDD. sábado 18 de marzo de 2017.

Sábado de la segunda semana de Cuaresma.
http://evangeliodeldia.org/main.php?language=SP&module=readings&localdate=20170317

Libro de Miqueas 7,14-15.18-20.
Apacienta con tu cayado a tu pueblo, al rebaño de tu herencia, al que vive solitario en un bosque, en medio de un vergel. ¡Que sean apacentados en Basán y en Galaad, como en los tiempos antiguos!
Como en los días en que salías de Egipto, muéstranos tus maravillas.
¿Qué dios es como tú, que perdonas la falta y pasas por alto la rebeldía del resto de tu herencia? El no mantiene su ira para siempre, porque ama la fidelidad.
El volverá a compadecerse de nosotros y pisoteará nuestras faltas. Tú arrojarás en lo más profundo del mar todos nuestros pecados.
Manifestarás tu lealtad a Jacob y tu fidelidad a Abraham, como juraste a nuestros padres desde los tiempos remotos.
Salmo 103(102),1-4.9-12.
Bendice al Señor, alma mía,
que todo mi ser bendiga a su santo Nombre;
bendice al Señor, alma mía,
y nunca olvides sus beneficios.
El perdona todas tus culpas
y cura todas tus dolencias;
rescata tu vida del sepulcro,
te corona de amor y de ternura.
No acusa de manera inapelable
ni guarda rencor eternamente;
no nos trata según nuestros pecados
ni nos paga conforme a nuestras culpas.
Cuanto se alza el cielo sobre la tierra,
así de inmenso es su amor por los que lo temen;
cuanto dista el oriente del occidente,
así aparta de nosotros nuestros pecados.
Evangelio según San Lucas 15,1-3.11b-32.
Todos los publicanos y pecadores se acercaban a Jesús para escucharlo.
Los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: «Este hombre recibe a los pecadores y come con ellos».
Jesús les dijo entonces esta parábola:
«Un hombre tenía dos hijos.
El menor de ellos dijo a su padre: ‘Padre, dame la parte de herencia que me corresponde’. Y el padre les repartió sus bienes.
Pocos días después, el hijo menor recogió todo lo que tenía y se fue a un país lejano, donde malgastó sus bienes en una vida licenciosa.
Ya había gastado todo, cuando sobrevino mucha miseria en aquel país, y comenzó a sufrir privaciones.
Entonces se puso al servicio de uno de los habitantes de esa región, que lo envió a su campo para cuidar cerdos.
El hubiera deseado calmar su hambre con las bellotas que comían los cerdos, pero nadie se las daba.
Entonces recapacitó y dijo: ‘¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, y yo estoy aquí muriéndome de hambre!
Ahora mismo iré a la casa de mi padre y le diré: Padre, pequé contra el Cielo y contra ti;
ya no merezco ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros’.
Entonces partió y volvió a la casa de su padre. Cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió profundamente; corrió a su encuentro, lo abrazó y lo besó.
El joven le dijo: ‘Padre, pequé contra el Cielo y contra ti; no merezco ser llamado hijo tuyo’.
Pero el padre dijo a sus servidores: ‘Traigan en seguida la mejor ropa y vístanlo, pónganle un anillo en el dedo y sandalias en los pies.
Traigan el ternero engordado y mátenlo. Comamos y festejemos,
porque mi hijo estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y fue encontrado’. Y comenzó la fiesta.
El hijo mayor estaba en el campo. Al volver, ya cerca de la casa, oyó la música y los coros que acompañaban la danza.
Y llamando a uno de los sirvientes, le preguntó que significaba eso.
El le respondió: ‘Tu hermano ha regresado, y tu padre hizo matar el ternero engordado, porque lo ha recobrado sano y salvo’.
El se enojó y no quiso entrar. Su padre salió para rogarle que entrara,
pero él le respondió: ‘Hace tantos años que te sirvo sin haber desobedecido jamás ni una sola de tus órdenes, y nunca me diste un cabrito para hacer una fiesta con mis amigos.
¡Y ahora que ese hijo tuyo ha vuelto, después de haber gastado tus bienes con mujeres, haces matar para él el ternero engordado!’.
Pero el padre le dijo: ‘Hijo mío, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo.
Es justo que haya fiesta y alegría, porque tu hermano estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado'».
Comentario del Evangelio por San Andrés de Creta (660-740), monje y obispo. Gran canon de la liturgia ortodoxa para la cuaresma, 1ª oda.
“¡Aquí muero de hambre! Volveré adonde está de mi padre”
¿Por dónde empezar a llorar las obras de mi vida?
¿Cuáles serán los primeros acentos de este canto de dolor?
Concédeme, oh Cristo, por tu misericordia, el perdón de mis pecados…
Como un alfarero modelando el barro,
tú me has dado, Creador mío, carne y hueso, aliento y vida.
Oh Señor que me has creado, mi juez y mi Salvador,
llévame de nuevo, hoy, hacia ti.
Oh Salvador mío, ante ti confieso mis faltas.
Caí bajo los golpes del Enemigo.
He aquí las llagas de mis pensamientos homicidas,
como unos bandoleros han asesinado mi alma y mi cuerpo (Lc 10, 29s).
Sí, he pecado, mi Salvador, pero sé que tú amas al hombre.
Tu ternura es nuestro castigo
y tu misericordia nos abrasa.
Me ves llorar y vienes a mí
igual que el Padre acoge al hijo pródigo.
Desde mi juventud, oh Salvador mío, he despreciado tus mandamientos.
He pasado mi vida entre las pasiones y la inconsciencia.
A ti acudo; antes que llegue la muerte,
Sálvame…
He dilapidado el patrimonio de mi alma en el vacío.
No poseo los frutos del fervor, y tengo hambre.
Te grito: Padre, lleno de ternura, ven a mí,
acógeme en tu misericordia.
Aquel que los ladrones asaltaron (Lc 10,30),
soy yo en medio de los extravíos de mis pensamientos.
Me golpean, me hieren.
Pero inclínate sobre mí, Cristo Salvador, y cúrame.
El sacerdote me vio y se giró.
El levita me vio, desnudo y sufriendo, pero pasó de largo.
Pero tú, Jesús nacido de María,
te detienes y me socorres…
Me lanzo a tus pies, Jesús,
he pecado contra tu amor.
Quítame esta carga demasiado pesada
y en tu misericordia, acógeme.
No me juzgues,
no desveles mis acciones,
no escudriñes ni motivos ni deseos.
Sino que, según tu compasión, oh Todopoderoso,
cierra tus ojos ante mis faltas y sálvame.
Es tiempo de arrepentimiento. Vengo a ti.
Alíviame de la pesada carga de mis pecados
y, según tu ternura, dame lágrimas de arrepentimiento.

Homilía para la Eucaristía del domingo 19 de marzo de 2017.

«Ojalá hoy escuchemos la voz del Señor y no endurezcamos nuestro corazón».
Fuente :  https://www.laicoscapuchinos.cl/laicos/index.php/2017/03/17/homilia-para-la-eucaristia-del-domingo-19-de-marzo-de-2017/

DOMINGO TERCERO DE CUARESMA.

Exodo 17,3-7: en el trayecto a la Tierra Prometida Israel carece de agua en el desierto. La carencia de agua significa carencia de vida, presencia oculta de Dios, que el pueblo no alcanza a percibir. Por eso el pueblo duda de su presencia.

Romanos 5,1-2.5-8: por la fe hemos sido justificados; por eso estamos en paz con Dios. Y El ha derramado en nosotros su Amor, el Espíritu Santo.

Juan 4,5-42: Diálogo con un lenguaje lleno de símbolos:

El pozo de Jacob = Israel es el depositario de las promesas (la salvación viene de los judíos)

La samaritana: es el pueblo de Samaria, conformada por cinco pueblos que tenían sus “maridos” o ídolos.

Agua viva: el Espíritu Santo, que saciará al que crea en Jesús (ver Juan 7,37-39).

Revelación y Fe: Jesús se da a conocer (El es el que es), y la mujer cree.

1.- La historia de Israel no es como la de otros pueblos, ya que es una Historia de Salvación. Lo que a Israel aconteció acontece también al creyente, a la Iglesia, a la humanidad. Peregrinamos por el desierto, es decir, no siempre percibimos la presencia de Dios o le hemos dado muerte a Dios. “Dios ha muerto”, su cadáver apesta, hay que retirarlo de la sociedad. El Pueblo de Dios en el desierto en repetidas ocasiones dudó de “Yavé”, es decir, del Señor que está siempre presente. Lo acabamos de escuchar. Esta duda le lleva a la rebelión, a experimentar una terrible sed.

Muchas veces la sed de Dios lleva a echar mano de cualquier medio, incluso falso, con tal de saciarse. De allí las supersticiones, religiosidades de dudosa calidad, un neo paganismo que conduce a prácticas poco ortodoxas: sectas, prácticas satánicas, etc.

2.- Frente a esta realidad surge el Mensaje de la Palabra. Israel en el desierto dudó, lo que indica una carencia de fe en el Señor. San Pablo afirma en su carta que estamos en paz con Dios, justificados, mediante la fe en Jesucristo. Leemos en san Juan: “El que tenga sed venga a Mí; y beba el que cree en Mí…de sus entrañas brotarán manantiales de agua viva. El se refería al Espíritu que debían recibir los que creyeran en El” (7,37-39).

Es el Espíritu Santo, el Amor de Dios,  el que comunica vida en plenitud, el que en verdad sacia esa sed de infinito que todo hombre tiene.

Jesús le ofrece a la samaritana agua viva, es decir, el Espíritu Santo. Sólo así podrá saciar esa sed que ella siente.

En el diálogo se nota un proceso de fe, el que culmina cuando Jesús se le revela: “Yo soy”, es decir, como Dios a Moisés: “Yo soy el que soy”, el que siempre está presente en la vida del hombre. Jesús da a entender que El es la fuente de la vida. Hay que tener presente que en el vocabulario de san Juan la expresión “vida” equivale a “Reino de Dios” en los otros evangelistas.

3.- La mujer creyó en el Señor. Señal de esto: ella dejó su cántaro, es decir, algo indispensable para sacar agua; sin cántaro es imposible sacar agua, lo que la misma mujer hizo ver a Jesús. Podría decirse entonces que ella, dejándolo todo, salió. ¿A dónde? A su pueblo, a los suyos. Porque creyó se convirtió en apóstol, anunció a Jesús a los suyos. Solamente anuncia a Jesús el que lo descubre, lo experimenta. No importa lo que uno haya sido: si tuvo cinco maridos, es decir, muchos ídolos, si fue un perseguidor, un cobrador de impuestos, uno que lo negó, etc. Lo importante es experimentar su presencia salvadora, que nos ofrece el Agua viva, la participación en su Reino.

Cuando experimentes la ausencia de Dios renueva tu fe en el Señor presente, que siempre está junto a nosotros.

4.- Hoy el Señor está junto a nosotros, no en el pozo de Jacob. El es el único y verdadero centro de encuentro con Dios, ya que El es el verdadero Templo de Dios. En El adoramos al Padre en Espíritu y en verdad. “Ojalá escuchen la voz del Señor”; creamos en El y démoslo a conocer a los demás.

                                                               Hermano Pastor Salvo Beas.

2017: CUARESMA DESPUÉS DEL JUBILEO.

Fuente : https://www.laicoscapuchinos.cl/laicos/index.php/2017/03/17/2017-cuaresma-despues-del-jubileo/
Terminado el Jubileo de la Misericordia el papa Francisco nos ha enviado a todos los católicos la CARTA MISERICORDIA ET MISERA del 20 de noviembre de 2016. En ella hace un balance de todo el año y nos proyecta los frutos del Jubileo en la vida diaria de cada comunidad cristiana. En la Cuaresma 2017 que ha comenzado el miércoles 1 de marzo con el rito de las Cenizas y terminará el 9 de abril con el Domingo de Ramos terminado el Jubileo estamos llamados a profundizar lo que vivimos el año pasado.
1.-CUARESMA ES PROFUNDIZAR LA LECTURA PERSONAL Y COMUNITARIA DE LA PALABRA DE DIOS:
“La Biblia es la gran historia que narra las maravillas de la misericordia de Dios. Cada una de sus páginas está impregnada del amor del Padre que desde la creación ha querido imprimir en el universo los signos de su amor.
Deseo vivamente que la Palabra de Dios se celebre, se conozca y se difunda cada vez más, para que nos ayude a comprender mejor el misterio del amor que brota de esta fuente de misericordia. Lo recuerda claramente el Apóstol: «Toda Escritura es inspirada por Dios y además útil para enseñar, para argüir, para corregir, para educar en la justicia» (2 Tm 3,16)”.
Démonos un tiempo para que todos los días leamos, meditemos, profundicemos personal y comunitariamente la Palabra de Dios.
PREGUNTEMONOS: ¿He leído un libro entero de la Biblia? ¿Leo todos los días un párrafo o el evangelio? ¿En esta Cuaresma puedo empezar a meditar la Biblia?
2.-CUARESMA ES RECIBIR EL SACRAMENTO DEL PERDÓN Y LA RECONCILIACIÓN: 8
“La celebración de la misericordia tiene lugar de modo especial en el Sacramento de la Reconciliación. Es el momento en el que sentimos el abrazo del Padre que sale a nuestro encuentro para restituirnos de nuevo la gracia de ser sus hijos. Somos pecadores y cargamos con el peso de la contradicción entre lo que queremos hacer y lo que, en cambio, hacemos (cf. Rm 7,14-21); la gracia, sin embargo, nos precede siempre y adopta el rostro de la misericordia que se realiza eficazmente con la reconciliación y el perdón. Dios hace que comprendamos su inmenso amor justamente ante nuestra condición de pecadores. La gracia es más fuerte y supera cualquier posible resistencia, porque el amor todo lo puede (cf. 1 Co 13,7).
En el Sacramento del Perdón, Dios muestra la vía de la conversión hacia él, y nos invita a experimentar de nuevo su cercanía. Es un perdón que se obtiene, ante todo, empezando por vivir la caridad. Lo recuerda también el apóstol Pedro cuando escribe que «el amor cubre la multitud de los pecados» (1 Pe 4,8). Sólo Dios perdona los pecados, pero quiere que también nosotros estemos dispuestos a perdonar a los demás, como él perdona nuestras faltas: «Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden» (Mt 6,12). Qué tristeza cada vez que nos quedamos encerrados en nosotros mismos, incapaces de perdonar. Triunfa el rencor, la rabia, la venganza; la vida se vuelve infeliz y se anula el alegre compromiso por la misericordia.
PREGUNTEMONOS:
¿Hace cuánto tiempo que no me confieso? ¿Estoy consciente de la gran necesidad de confesarme para crecer en mi vida cristiana? ¿Tengo conciencia que soy un pecador o me creo bueno (=fariseo)?
3.-CUARESMA ES RECIBIR Y DAR EL CONSUELO DEL PADRE.13
La misericordia tiene también el rostro de la consolación. «Consuelen, consuelen a mi pueblo» (Is 40,1), son las sentidas palabras que el profeta pronuncia también hoy, para que llegue una palabra de esperanza a cuantos sufren y padecen. No nos dejemos robar nunca la esperanza que proviene de la fe en el Señor resucitado. Es cierto, a menudo pasamos por duras pruebas, pero jamás debe decaer la certeza de que el Señor nos ama. Su misericordia se expresa también en la cercanía, en el afecto y en el apoyo que muchos hermanos y hermanas nos ofrecen cuando sobrevienen los días de tristeza y aflicción. Enjugar las lágrimas es una acción concreta que rompe el círculo de la soledad en el que con frecuencia terminamos encerrados.
PREGUNTEMONOS:
¿Me doy tiempo para consolar, escuchar a los que están tristes, a los que han perdido un ser querido? ¿Me acerco al depresivo o lo dejo con sus problemas?
4.-CUARESMA ES HACER ACCIONES CONCRETAS DE AMOR AL PROJIMO, OBRAS DE MISERICORDIA 17
“Durante el Año Santo, especialmente en los «viernes de la misericordia», he podido darme cuenta de cuánto bien hay en el mundo. Con frecuencia no es conocido porque se realiza cotidianamente de manera discreta y silenciosa. Aunque no llega a ser noticia, existen sin embargo tantos signos concretos de bondad y ternura dirigidos a los más pequeños e indefensos, a los que están más solos y abandonados. Existen personas que encarnan realmente la caridad y que llevan continuamente la solidaridad a los más pobres e infelices”.
PREGUNTEMONOS:
¿Paso de la pena y la lástima a la ayuda concreta a los que sufren? ¿Voy a ver a los privados de libertad? ¿Ayudo a los de la calle?
En esta Cuaresma miremos a la Virgen María: 
Que los ojos misericordiosos de la Santa Madre de Dios estén siempre vueltos hacia nosotros. Ella es la primera en abrir camino y nos acompaña cuando damos testimonio del amor. La Madre de Misericordia acoge a todos bajo la protección de su manto, tal y como el arte la ha representado a menudo. Confiemos en su ayuda materna y sigamos su constante indicación de volver los ojos a Jesús, rostro radiante de la misericordia de Dios.
 
Padre Ramón Tapia.
Párroco de Nuestra de los Desamparados.
Quillota.
 

Comentario al evangelio de hoy viernes 17 de marzo de 2017.

Justo aun entre injustos.

II Viernes de Cuaresma
Por: H. Iván Yoed González Aréchiga LC
Fuente:  http://es.catholic.net/op/articulos/64698/justo-aun-entre-injustos.html

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Dios, creador mío, Tú eres la única fuente del amor, de la esperanza, de la caridad. Quiero poner en tus manos mi corazón, mi persona, para que en ella florezcan estas virtudes.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Mateo 21, 33-43.45-46
En aquel tiempo, Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo esta parábola: “Había una vez un propietario que plantó un viñedo, lo rodeó con una cerca, cavó un lagar en él, construyó una torre para el vigilante y luego la alquiló a unos viñadores y se fue de viaje.
Llegando el tiempo de la vendimia, envió a sus criados para pedir su parte de los frutos a los viñadores; pero éstos se apoderaron de los criados, golpearon a uno, mataron a otro, y a otro lo apedrearon. Envió de nuevo a otros criados, en mayor número que los primeros, y los trataron del mismo modo.
Por último, les mandó a su propio hijo, pensando: “A mi hijo lo respetarán”. Pero cuando los viñadores lo vieron, se dijeron unos a otros: “Éste es el heredero. Vamos a matarlo y nos quedaremos con su herencia”. Le echaron mano, lo sacaron del viñedo y lo mataron.
Ahora díganme: Cuando vuelva el dueño del viñedo, ¿qué hará con esos viñadores? Ellos le respondieron: Dará muerte terrible a esos desalmados y arrendará el viñedo a otros viñadores, que le entreguen los frutos a su tiempo”.
Entonces Jesús les dijo: ¿No han leído nunca en la Escritura: La piedra que desecharon los constructores, es ahora la piedra angular. Esto es obra del Señor y es un prodigio admirable?
Por esta razón les digo que les será quitado a ustedes el Reino de Dios y se le dará a un pueblo que produzca sus frutos.
Al oír estas palabras, los sumos sacerdotes y los fariseos comprendieron que Jesús las decía por ellos y quisieron aprehenderlo, pero tuvieron miedo a la multitud, pues era tenido por un profeta.
Palabra del Señor
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio.
Dios constantemente envía criados a este mundo. Ahora bien, ¿los profetas fueron profetas porque Dios los predispuso a esta vocación?, ¿o fueron profetas porque lo lograron por propia voluntad? La respuesta son ambas. Misterio que se palpa en la experiencia del cristiano. Ni con el simple querer se alcanzaría el ser profeta, ni con la simple gracia me tornaría profeta. Gracia y libertad. Libertad y gracia.
El primer criado fiel que fue asesinado por los labradores murió libremente. Y, aunque esto es una parábola, Señor, cuánto es realidad también en este mundo, que hasta podría decir, que yo conozco el nombre de los criados.
No existe nada más doloroso que hacer el bien en medio de injusticias. Siendo justo sin triunfar en esta vida, mientras otros «triunfan» sin ser justos. Es difícil, pero es así, Señor. O quizá he acaso perdido el sentido moral de mi vida. Quizá he olvidado que el bien que yo obro no es menor aunque se encuentre en medio de males. Que el mal que yo obro no es menor aunque se encuentre en medio de bienes. Lo mismo el mal entre males o el bien entre bienes. Que mi obrar es uno y uno solo delante de Dios. ¿Quién murió en una cruz sin haberla merecido?, ¿cuál era su motivación?
Quizá la consciencia de lo que significa ser persona, individuo, autor de mis actos, criatura libre, responsable ha desaparecido en mí. Porque así fuesen mil criados justos los que hubiesen muerto a manos de los labradores, no habrían dejado de ser justos. Ni las muertes suyas habrían dejado de ser una injusticia. Ni siquiera cuando el silencio de la corrupción no hablase más de aquel delito cometido. El bien habrá permanecido bien. El mal habrá permanecido mal.
Vivir de cara a Ti, Señor, ése es mi deseo. No de cara a los hombres, no a mi entorno, no a la opinión pública. Pues, aunque es verdad que debo considerar todo esto y mucho más, no son ellos los que rigen mi actuar. No son ellos mi fuente, tampoco mi fin, son personas como yo, que están llamadas a ir a Ti. Sólo existe una verdad, sólo un camino para hacer el bien -y ése eres Tú, Señor.
Soy un criado, fui llamado, fui creado para custodiar tu viña, para proclamar tu nombre. Pero eso no sucederá sin que yo acoja con mi libertad esta sublime vocación.
¿Seré capaz? Sólo hay una respuesta: libertad y gracia; gracia y libertad. Confío en Ti. Confías en mí.
El Señor planta una viña, la rodea de una cerca, cava un lagar y edifica una torre. Esto el Señor lo ha hecho siempre con tanto amor y con tanta ternura. Él recuerda siempre a este pueblo cuando le era fiel, cuando lo seguía en el desierto, cuando buscaba su rostro. Pero después la situación se volvió al revés y el pueblo se adueñó de este don de Dios. Nosotros somos nosotros, somos libres. Ese pueblo no piensa, no recuerda que fueron las manos, el corazón de Dios quien lo hizo, y así se convierte en un pueblo sin memoria, un pueblo sin profecía, un pueblo sin esperanza. Es, por lo tanto, a los dirigentes de este pueblo a quienes Jesús se dirige con esta parábola: un pueblo sin memoria ha perdido la memoria del don, del regalo; y atribuye a sí mismo lo que es: Nosotros podemos.
(Homilía de S.S. Francisco, 30 de mayo de 2016, en santa Marta).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Hoy es el día para cambiar aquello que sé que debo cambiar, aunque vaya a ser difícil por el entorno en que me encuentro. Pongo en tus manos este propósito, Señor.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.