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Autor: Patricio Osiadacz

Homilía para la Eucaristía del domingo 30 de junio de 2024.

DOMINGO TRECE DEL CICLO B.
Sabiduría 1,13-15; 2,23-24: Algunos versículos que reflexionan sobre la muerte; tenemos una visión positiva de la creación, no fatalista.
2Corintios 8, 7,9.13-15: Exhortación a la colecta en favor de los cristianos de Jerusalén. El modelo de esta acción: Cristo que, en su generosidad, se anonadó por nosotros y nos asoció a su riqueza: divinidad.
Marcos 5,21-43: Jesús interviene y salva a dos mujeres. Sólo exige fe.

1.- Qué hermoso como comienza la primera lectura: “Dios no hizo la muerte”. El texto no se está refiriendo a la muerte física, sino la espiritual, que es consecuencia del pecado. Por eso la muerte física es considerada un “dormir” y así lo afirma el evangelio. San Pablo también cuando habla de la muerte se refiere a la pérdida de la amistad y comunión con Dios.
La etapa del ser humano en este mundo es provisional y transitoria. Por eso se habla de un “Paso” de lo temporal a lo eterno.
Nosotros, influenciados por una cultura no bíblica, dividimos al ser humano en dos: cuerpo y alma; la concepción bíblica considera al ser humano como un todo. Morir es perder a Dios.
2.- Tenemos que saber encarar a la muerte con una nueva mentalidad. Es cierto que la muerte nos asusta, no la queremos, ya que hemos sido creados para la vida, para disfrutar la vida.
Pero los humanos no sabemos vivir, ya que nos dejamos influenciar por el egoísmo, el apetito de gozar la vida sin importar las consecuencias. Por eso sufrimos. La mayoría de los males, por no decir todos, son causados por nosotros mismos. No queremos sufrir, no queremos morir, pero el pecado, presente en la humanidad, acarrea todos los males. Y Dios no quiere eso; lo afirma la Escritura.
3.- Una de las raíces de tanto mal es el egoísmo y el egocentrismo imperante en la sociedad. Nos cuesta entender que sólo saliendo de nosotros mismos es coo llegaremos a ser plenos, maduros y felices. San Pablo nos dice hoy algo muy concreto. Como Cristo, nosotros debemos ser solidarios, romper las barreras o cercos que nos separan. Así lo hizo el Señor; Él dio un gran salto, un tránsito, se hizo pobre para enriquecernos. Y lo logró con su muerte y resurrección. Mientras nosotros no hagamos este tránsito estaremos asfixiándonos en nuestro propio egoísmo. Y el Señor nos quiere plenos, llenos de vida.
4.- Lo escuchado en el evangelio no deja de ser interesante. Dos mujeres, una, la hija de Jairo, la otra, la mujer enferma; ambas están perdiendo paulatinamente la vida. Ambas representan al pueblo de Israel, que se asfixia en su propia Ley sin vida. Por eso Jairo quebranta la ley al invitar a Jesús a su casa; la mujer enferma por mezclarse con la gente, cuando la ley lo prohibía.
Lo que dice Jesús es clave: “No temas. Basta que creas”. He aquí que se nos presenta la fe como un contacto que hay que tener con Jesús. Si la muerte es perder la comunión vital con Dios, la fe que da vida es el entrar en comunión con Jesús. La fe no es un elemento mágico, sino una disposición de confianza total con Jesús, la que se irá desarrollando en una aceptación de Cristo Salvador. Porque a través de la fe y la gracia que Él nos concede podemos superar la muerte, todas las situaciones de muerte.
Aquí en la Eucaristía hacemos comunión con l Señor; se nos da el Pan de la Vida, porque a eso vino el Señor, para que tengamos vida en abundancia. Hermano Pastor.

EDD. sábado 29 de junio de 2024

Primera Lectura

Lectura de las Lamentaciones (2,2.10-14.18-19):

El Señor destruyó sin compasión todas las moradas de Jacob, con su indignación demolió las plazas fuertes de Judá; derribó por tierra, deshonrados, al rey y a los príncipes. Los ancianos de Sión se sientan en el suelo silenciosos, se echan polvo en la cabeza y se visten de sayal; las doncellas de Jerusalén humillan hasta el suelo la cabeza. Se consumen en lágrimas mis ojos, de amargura mis entrañas; se derrama por tierra mi hiel, por la ruina de la capital de mi pueblo; muchachos y niños de pecho desfallecen por las calles de la ciudad. Preguntaban a sus madres: «¿Dónde hay pan y vino?», mientras desfallecían, como los heridos, por las calles de la ciudad, mientras expiraban en brazos de sus madres.

¿Quién se te iguala, quién se te asemeja, ciudad de Jerusalén? ¿A quién te compararé, para consolarte, Sión, la doncella? Inmensa como el mar es tu desgracia: ¿quién podrá curarte? Tus profetas te ofrecían visiones falsas y engañosas; y no te denunciaban tus culpas para cambiar tu suerte, sino que te anunciaban visiones falsas y seductoras.
Grita con toda el alma al Señor, laméntate, Sión; derrama torrentes de lágrimas, de día y de noche; no te concedas reposo, no descansen tus ojos. Levántate y grita de noche, al relevo de la guardia; derrama como agua tu corazón en presencia del Señor; levanta hacia él las manos por la vida de tus niños, desfallecidos de hambre en las encrucijadas.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 73

R/. No olvides sin remedio la vida de tus pobres

¿Por qué, oh Dios, nos tienes siempre abandonados,
y está ardiendo tu cólera contra las ovejas de tu rebaño?
Acuérdate de la comunidad que adquiriste desde antiguo,
de la tribu que rescataste para posesión tuya,
del monte Sión donde pusiste tu morada. R/.

Dirige tus pasos a estas ruinas sin remedio;
el enemigo ha arrasado del todo el santuario.
Rugían los agresores en medio de tu asamblea,
levantaron sus propios estandartes. R/.

En la entrada superior
abatieron a hachazos el entramado;
después, con martillos y mazas,
destrozaron todas las esculturas.
Prendieron fuego a tu santuario,
derribaron y profanaron la morada de tu nombre. R/.

Piensa en tu alianza: que los rincones del país
están llenos de violencias.
Que el humilde no se marche defraudado,
que pobres y afligidos alaben tu nombre. R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Mateo (8,5-17):

En aquel tiempo, al entrar Jesús en Cafarnaún, un centurión se le acercó rogándole: «Señor, tengo en casa un criado que está en cama paralítico y sufre mucho.»
Jesús le contestó: «Voy yo a curarlo.»
Pero el centurión le replicó: «Señor, no soy quién soy yo para que entres bajo mi techo. Basta que lo digas de palabra, y mi criado quedará sano. Porque yo también vivo bajo disciplina y tengo soldados a mis órdenes; y le digo a uno: «Ve», y va; al otro: «Ven», y viene; a mi criado: «Haz esto», y lo hace.»

Al oírlo, Jesús quedó admirado y dijo a los que le seguían: «Os aseguro que en Israel no he encontrado en nadie tanta fe. Os digo que vendrán muchos de oriente y occidente y se sentarán con Abrahán, Isaac y Jacob en el reino de los cielos; en cambio, a los ciudadanos del reino los echarán fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.»
Y al centurión le dijo: «Vuelve a casa, que se cumpla lo que has creído.» Y en aquel momento se puso bueno el criado.
Al llegar Jesús a casa de Pedro, encontró a la suegra en cama con fiebre; la cogió de la mano, y se le pasó la fiebre; se levantó y se puso a servirles. Al anochecer, le llevaron muchos endemoniados; él, con su palabra, expulsó los espíritus y curó a todos los enfermos. Así se cumplió lo que dijo el profeta Isaías: «Él tomó nuestras dolencias y cargó con nuestras enfermedades.»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

Se dice de Pedro y Pablo que son las columnas de la Iglesia. Y en la mente se nos crea la imagen de un templo, que posiblemente guarde una cierta similitud con la basílica de san Pedro de Roma. Una nave inmensa y una cúpula que sobresale por encima de todos los edificios circundantes. Damos por supuesto que los cimientos de semejante edificio son firmes y profundos. No permiten que los muros del edificio se muevan ni con el más fuerte de los terremotos. Y pensamos que así es la Iglesia.

Pero la verdad es que la imagen no es verdadera. La Iglesia es un edificio vivo. Y los creyentes somos los ladrillos que van dando forma a los muros. Los cimientos están también vivos. Es la fe vivida y hecha práctica de amor, de justicia, de Reino, a lo largo de la historia. Cimientos y muros han tenido muchas restauraciones a lo largo de los siglos. En algunos momentos daba la impresión de que el edificio se caía, que no iba a aguantar la siguiente tormenta. Los mismos cimientos han podido darnos la impresión de que eran débiles.

De Pedro y Pablo, ellos incluidos naturalmente, en adelante ha habido mucha debilidad en la Iglesia, mucho pecado, mucha desorientación. A veces el Evangelio de Jesús se ha leído con muchos prejuicios. La Iglesia que se dice a sí misma que es experta en humanidad (Pablo VI) a veces se ha comportado de una forma cruel con los de fuera y con los de dentro.

Claro que también a lo largo de la historia ha habido muchos creyentes, muchos ladrillos, que han dado fuerza a las paredes, que han sido fieles al Espíritu de Jesús, que han abierto las puertas para que entrase el viento del Espíritu y barriese las inmundicias. Son los santos y santas, muchos más de los reconocidos oficialmente por la iglesia. El edificio se va manteniendo y ampliando.

Y ¿qué es lo que brilla en toda esta historia y hoy mismo? Pues la gracia de Dios, la fuerza de su Espíritu. La misma fuerza y gracia que animó a Pedro y a Pablo, a pesar de sus debilidades y limitaciones, a anunciar la buena nueva de la salvación para todos. Es un buen día para dar las gracias por esta historia hecha de amor y fidelidad, pero también de pecado y deslealtad.

Porque en ella se ve con claridad que es la gracia de Dios la que mantiene en pie el edificio. Hasta que todos, hombres y mujeres, lleguen a conocer el amor con el que Dios nos ama.

Fernando Torres, cmf

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/

EDD. viernes 28 de junio de 2024.

Primera Lectura

Lectura del segundo libro de los Reyes (25,1-12):

El año noveno del reinado de Sedecías, el día diez del décimo mes, Nabucodonosor, rey de Babilonia, vino a Jerusalén con todo su ejército, acampó frente a ella y construyó torres de asalto alrededor. La ciudad quedó sitiada hasta el año once del reinado de Sedecías, el día noveno del mes cuarto. El hambre apretó en la ciudad, y no había pan para la población. Se abrió brecha en la ciudad, y los soldados huyeron de noche por la puerta entre las dos murallas, junto a los jardines reales, mientras los caldeos rodeaban la ciudad, y se marcharon por el camino de la estepa. El ejército caldeo persiguió al rey; lo alcanzaron en la estepa de Jericó, mientras sus tropas se dispersaban abandonándolo. Apresaron al rey y se lo llevaron al rey de Babilonia, que estaba en Ribla, y lo procesó. A los hijos de Sedecías los hizo ajusticiar ante su vista; a Sedecias lo cegó, le echó cadenas de bronce y lo llevó a Babilonia.

El día primero del quinto mes, que corresponde al año diecinueve del reinado de Nabucodonosor en Babilonia, llegó a Jerusalén Nabusardán, jefe de la guardia, funcionario del rey de Babilonia. Incendió el templo, el palacio real y las casas de Jerusalén, y puso fuego a todos los palacios. El ejército caldeo, a las órdenes del jefe de la guardia, derribó las murallas que rodeaban a Jerusalén. Nabusardán, jefe de la guardia, se llevó cautivos al resto del pueblo que había quedado en la ciudad, a los que se habían pasado al rey de Babilonia y al resto de la plebe. De la clase baja dejó algunos como viñadores y hortelanos.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 136,1-2.3.4-5.6

R/. Que se me pegue la lengua al paladar sí no me acuerdo de ti

Junto a los canales de Babilonia
nos sentamos a llorar con nostalgia de Sión;
en los sauces de sus orillas
colgábamos nuestras cítaras. R/.

Allí los que nos deportaron
nos invitaban a cantar;
nuestros opresores, a divertirlos:
«Cantadnos un cantar de Sión.» R/.

¡Cómo cantar un cántico del Señor
en tierra extranjera!
Si me olvido de ti, Jerusalén,
que se me paralice la mano derecha. R/.

Que se me pegue la lengua al paladar
si no me acuerdo de ti,
si no pongo a Jerusalén
en la cumbre de mis alegrías. R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Mateo (8,1-4):

En aquel tiempo, al bajar Jesús del monte, lo siguió mucha gente.
En esto, se le acercó un leproso, se arrodilló y le dijo: «Señor, si quieres, puedes limpiarme.»
Extendió la mano y lo tocó, diciendo: «Quiero, queda limpio.»
Y en seguida quedó limpio de la lepra.
Jesús le dijo: «No se lo digas a nadie, pero, para que conste, ve a presentarte al sacerdote y entrega la ofrenda que mandó Moisés.»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

Hoy el texto evangélico nos plantea un milagro. Jesús cura la lepra a este hombre que se le acerca y que muy humildemente dice a Jesús: “Señor, si quieres, puedes limpiarme.” Más allá de la respuesta inmediata de Jesús (“¡Quiero, queda limpio!”), hay dos cosas que me sorprenden en este hombre.

La primera es que era muy consciente de su lepra. Podemos pensar que esto no es gran cosa, que la lepra es algo que se ve a primera vista. Es cierto. Pero también podemos dedicar un tiempo a pensar en la inmensa capacidad que tenemos de autoengañarnos y de ocultarnos a nosotros mismos nuestras lepras. Curiosamente, son lepras que los demás, los que nos rodean, ven con mucha facilidad. Aquí se cumple perfectamente aquello que decía Jesús en otro pasaje de que somos capaces de ver perfectamente la paja en el ojo ajeno pero nos cuesta infinito ver la viga en el nuestro.

Una primera consecuencia es que quizá nos convendría un rato de reflexión sobre nosotros mismos –quizá con un espejo delante que nos haga ver nuestra imagen real y no la imagen que nos hemos construido en nuestra mente de nosotros mismos–. Objetivo: tratar de descifrar donde están nuestras lepras, cuáles son, llamarlas por su nombre. Hace falta ser valiente para dar este primer paso. Sólo así podremos plantarnos delante del Señor y pedirle que nos cure. Porque a veces en nuestra oración le pedimos cosas que no tienen mucho sentido. Como dijo Jesús a los Zebedeos que le pedían estar a su lado en el Reino: “No sabéis lo que pedís.”

La segunda cosa que me maravilla de este hombre es que su petición está llena de humildad. Ese “si quieres”, es al mismo tiempo un reconocimiento del poder de Dios manifestado en Jesús y la asunción de que quizá esa lepra forme parte de su vida y que va a tener que aprender a convivir con ella en paz. Porque no somos perfectos. Y porque el primer paso es aceptarnos como somos.

Tendríamos que aprender a añadir, de corazón, ese “si quieres” a todas nuestras oraciones. Y decirle que tanto si nos cura como si no, nos comprometemos a trabajar por el Reino, por la fraternidad, por la justicia, por hacer llegar a todos el amor de Dios. Porque todo eso es mucho más importante que nuestra particular “lepra”.

Fernando Torres, cmf

Fuente : https://laicoscapuchinos.cl/wp-admin/post.php?post=17473&action=edit

EDD jueves 27 de junio de 2024

Primera Lectura

Lectura del segundo libro de los Reyes (24,8-17):

Cuando Jeconías subió al trono tenía dieciocho años, y reinó tres meses en Jerusalén. Su madre se llamaba Nejustá, hija de Elnatán, natural de Jerusalén. Hizo lo que el Señor reprueba, igual que su padre. En aquel tiempo, los oficiales de Nabucodonosor, rey de Babilonia, subieron contra Jerusalén y la cercaron. Nabucodonosor, rey de Babilonia, llegó a Jerusalén cuando sus oficiales la tenían cercada. Jeconías de Judá se rindió al rey de Babilonia, con su madre, sus ministros, generales y funcionarios. El rey de Babilonia los apresó el año octavo de su reinado. Se llevó los tesoros del templo y del palacio y destrozó todos los utensilios de oro que Salomón, rey de Israel, había hecho para el templo según las órdenes del Señor. Deportó a todo Jerusalén, los generales, los ricos –diez mil deportados–, los herreros y cerrajeros; sólo quedó la plebe. Nabucodonosor deportó a Jeconías a Babilonia. Llevó deportados, de Jerusalén a Babilonia, al rey y sus mujeres, sus funcionarios y grandes del reino, todos los ricos –siete mil deportados–, los herreros y cerrajeros –mil deportados–, todos aptos para la guerra.

En su lugar nombró rey a su tío Matanías, y le cambió el nombre en Sedecías.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 78,1-2.3-5.8.9

R/. Líbranos, Señor, por el honor de tu nombre

Dios mío, los gentiles han entrado en tu heredad,
han profanado tu santo templo,
han reducido Jerusalén a ruinas.
Echaron los cadáveres de tus siervos
en pasto a las aves del cielo,
y la carne de tus fieles a las fieras de la tierra. R/.

Derramaron su sangre como agua
en torno a Jerusalén, y nadie la enterraba.
Fuimos el escarnio de nuestros vecinos,
la irrisión y la burla de los que nos rodean.
¿Hasta cuándo, Señor?
¿Vas a estar siempre enojado?
¿Arderá como fuego tu cólera? R/.

No recuerdes contra nosotros
las culpas de nuestros padres;
que tu compasión nos alcance pronto,
pues estamos agotados. R/.

Socórrenos, Dios, salvador nuestro,
por el honor de tu nombre;
líbranos y perdona nuestros pecados
a causa de tu nombre. R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Mateo (7,21-29):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No todo el que me dice «Señor, Señor» entrará en el reino de cielos, sino el que cumple la voluntad de mi Padre que está en el cielo. Aquel día muchos dirán: «Señor, Señor, ¿no hemos profetizado en tu nombre, y en tu nombre echado demonios, y no hemos hecho en tu nombre muchos milagros?» Yo entonces les declararé: ‘Nunca os he conocido. Alejaos de mí, malvados.» El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca. Cayó la lluvia salieron los ríos, soplaron los vientos y descargaron contra la casa; pero no se hundió, porque estaba cimentada sobre roca. El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica se parece a aquel hombre necio que edificó su casa sobre arena. Cayó la lluvia, se salieron los ríos, soplaron los vientos y rompieron contra la casa, y se hundió totalmente.»
Al terminar Jesús este discurso, la gente estaba admirada de su enseñanza, porque les enseñaba con autoridad, y no como los escribas.

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

Esta semana vamos de refranes. El de hoy es: “A Dios rogando y con el mazo dando”. Dicho con otras palabras, que ser cristiano no consiste en pasarse el día metido en la Iglesia rezando y rezando. Que el partido del Evangelio no se juega en la contemplación mística sino en los brazos abiertos al hermano que sufre y que a nuestro lado necesita nuestra ayuda.

Entonces, ¿es que no tiene sentido orar? ¿No tiene sentido ir a la Iglesia y participar en la Eucaristía? Ciertamente todo eso tiene sentido y mucho sentido pero en tanto que no es fin sino medio. Tiene sentido en tanto que nos lleva fuera de esos muros del templo –donde a veces nos sentimos muy bien y seguros–, hacia la vida y los hermanos y la calle y nos compromete en la construcción del Reino de Dios, en el trabajo por la justicia y la fraternidad. Es ahí en medio de la imperfección, del barro de la vida, donde tenemos que dar el do de pecho los cristianos. Por eso, el refrán de hoy, “A Dios rogando y con el mazo dando”, se entiende perfectamente en el marco de las palabras de Jesús.

Poner el centro de nuestra vida cristiana en esos momentos íntimos de encuentro con el Señor, en la oración silenciosa y pacífica, es una equivocación. Repito que la jugada está fuera. En el encuentro con los hermanos y en el compromiso, el mismo que guio a Jesús toda su vida, por el Reino, por la fraternidad, por convocar y hacer realidad la familia de los hijos e hijas de Dios, el Padre que nos ama sin distinción.

En ese compromiso es donde se edifica sólidamente nuestra vida cristiana. A partir de ahí, el encuentro con los hermanos en la celebración de la Eucaristía será ocasión y motivo para reiterar y reforzar nuestro compromiso con el Reino. Comulgar el cuerpo de Cristo será comulgar con él y hacer nuestro su compromiso de vida. No se tratará tanto de pedirle qué puede hacer él por nosotros sino de mirar qué podemos hacer nosotros por él. Porque nosotros somos sus manos y sus brazos y sus pies, su corazón y su mente.

Es decir, sus testigos en el mundo de hoy. No entrar por este camino es edificar nuestra casa sobre arena: al primer viento, la casa se hundirá y nos quedaremos sin nada.

Fernando Torres, cmf

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/

EDD. martes 25 de junio de 2024

Primera Lectura

Lectura del segundo libro de los Reyes (19,9b-11.14-21.31-35a.36):

En aquellos días, Senaquerib, rey de Asiria, envió mensajeros a Ezequías, para decirle: «Decid a Ezequias, rey de Judá: «Que no te engañe tu Dios en quien confías, pensando que Jerusalén no caerá en manos del rey de Asiria. Tú mismo has oído hablar cómo han tratado los reyes de Asiria a todos los países, exterminándolos, ¿y tú te vas a librar?»»
Ezequías tomó la carta de mano de los mensajeros y la leyó; después subió al templo, la desplegó ante el Señor y oró: «Señor, Dios de Israel, sentado sobre querubines; tú solo eres el Dios de todos los reinos del mundo. Tú hiciste el cielo y la tierra. Inclina tu oído, Señor, y escucha; abre tus ojos, Señor, y mira. Escucha el mensaje que ha enviado Senaquerib para ultrajar al Dios vivo. Es verdad, Señor: los reyes de Asiria han asolado todos los países y su territorio, han quemado todos sus dioses, porque no son dioses, sino hechura de manos humanas, leño y piedra, y los han destruido. Ahora, Señor, Dios nuestro, sálvanos de su mano, para que sepan todos los reinos del mundo que tú solo, Señor, eres Dios.»

Isaías, hijo de Amós, mandó a decir a Ezequías: «Así dice el Señor, Dios de Israel: «He oído lo que me pides acerca de Senaquerib, rey de Asiria. Ésta es la palabra que el Señor pronuncia contra él: Te desprecia y se burla de ti la doncella, la ciudad de Sión; menea la cabeza a tu espalda la ciudad de Jerusalén. Pues de Jerusalén saldrá un resto, del monte Sión los supervivientes. ¡El celo del Señor lo cumplirá! Por eso, así dice el Señor acerca del rey de Asiria: No entrará en esta ciudad, no disparará contra ella su flecha, no se acercará con escudo ni levantará contra ella un talud; por el camino por donde vino se volverá, pero no entrará en esta ciudad –oráculo del Señor–. Yo escucharé a esta ciudad para salvarla, por mi honor y el de David, mi siervo.»
Aquella misma noche salió el ángel del Señor e hirió en el campamento asirio a ciento ochenta y cinco mil hombres. Senaquerib, rey de Asiria, levantó el campamento, se volvió a Nínive y se quedó allí.

Salmo

Sal 47,2-3a.3b-4.10-11

R/. Dios ha fundado su ciudad para siempre

Grande es el Señor y muy digno de alabanza
en la ciudad de nuestro Dios.
Su monte santo, altura hermosa,
alegría de toda la tierra. R/.

El monte Sión, vértice del cielo,
ciudad del gran rey.
Entre sus palacios, Dios
descuella como un alcázar. R/.

Oh Dios, meditamos tu misericordia
en medio de tu templo:
como tu renombre, oh Dios,
tu alabanza llega al confín de la tierra;
tu diestra está llena de justicia. R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Mateo (7,6.12-14):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No deis lo santo a los perros, ni les echéis vuestras perlas a los cerdos; las pisotearán y luego se volverán para destrozaros. Tratad a los demás como queréis que ellos os traten; en esto consiste la Ley y los profetas. Entrad por la puerta estrecha. Ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos entran por ellos. ¡Qué estrecha es la puerta y qué angosto el camino que lleva a la vida! Y pocos dan con ellos.»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

Más allá de las maravillas y señales, del nacimiento milagroso, de los ángeles y otras historias, conviene que nos centremos en lo que los evangelios nos quieren transmitir de Juan el Bautista. Él es el precursor. El que anuncia. El que señala.

Juan el Bautista, tal como lo presentan los Evangelios, fue uno que no se quiso poner en el centro sino a un lado. Y dejó que el centro lo ocupase Jesús. Y nos señaló a todos a donde tenemos que mirar. Nos marcó con una señal inconfundible cuál es el centro de la vida de la comunidad cristiana, de la Iglesia, y de cada cristiano. Él no tuvo dudas en menguar para que Jesús creciese. Si por un momento alguno de sus seguidores llegó a pensar que con seguir a Juan Bautista tenía suficiente, el mismo Juan se encargó de decirles que no perdiesen el tiempo y que fuesen detrás de Jesús. Quedarse mirando a Juan es hacer como el tonto que se queda mirando al dedo que apunta a la luna y no va más allá.

Esa actitud me parece que es la clave de nuestra vida y de la vida de la Iglesia. No somos el centro del universo. La iglesia no está para perpetuarse a sí misma sino al servicio de una misión: hacer que los hombres y mujeres de todos los tiempos lleguen a conocer a través de su estilo de vida, de su forma de comportarse y relacionarse, y de su anuncio, por supuesto, a Jesús, el testigo del amor de Dios entre nosotros, el que se entregó por nuestra salvación, el que nos abre a una nueva esperanza. Lo que se dice de la Iglesia se aplica a cada uno de los que la formamos. No estamos para mirarnos al ombligo. No estamos para defender nuestros derechos ni nuestras sacrosantas tradiciones sino para anunciar el Evangelio, la buena nueva de la salvación, a todos los que nos rodean.

Ser cristiano no es cultivar devotamente una relación personal con Dios, con el que en la intimidad puedo dialogar y sentirme bien y amado y perdonado. Es eso pero no es solo eso. No puede ser solo eso. Es además y sobre todo vivir y actuar invitando a todos a que lleguen a descubrir a Jesús en sus vidas. Es ser anunciadores y señaladores. Como Juan el Bautista, el Precursor.

Fernando Torres, cmf

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/

EDD. lunes 24 de junio de 2024.

Lectura del segundo libro de los Reyes (17,5-8.13-15a.18):

En aquellos días, Salmanasar, rey de Asiria, invadió el país y asedió a Samaria durante tres años. El año noveno de Oseas, el rey de Asiria conquistó Samaria, deportó a los israelitas a Asiria y los instaló en Jalaj, junto al Jabor, río de Gozán, y en las poblaciones de Media. Eso sucedió porque, sirviendo a otros dioses, los israelitas habían pecado contra el Señor, su Dios, que los había sacado de Egipto, del poder del Faraón, rey de Egipto; procedieron según las costumbres de las naciones que el Señor había expulsado ante ellos y que introdujeron los reyes nombrados por ellos mismos.
El Señor había advertido a Israel y Judá por medio de los profetas y videntes: «Volveos de vuestro mal camino, guardad mis mandatos y preceptos, siguiendo la ley que di a vuestros padres, que les comuniqué por medio de mis siervos, los profetas.»
Pero no hicieron caso, sino que se pusieron tercos, como sus padres, que no confiaron en el Señor, su Dios. Rechazaron sus mandatos y el pacto que había hecho el Señor con sus padres, y las advertencias que les hizo. El Señor se irritó tanto contra Israel que los arrojó de su presencia. Sólo quedó la tribu de Judá.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 59,3.4-5.12-13

R/. Que tu mano salvadora, Señor, nos responda

Oh Dios, nos rechazaste
y rompiste nuestras filas;
estabas airado,
pero restáuranos. R/.

Has sacudido y agrietado el país:
repara sus grietas, que se desmorona.
Hiciste sufrir un desastre a tu pueblo,
dándole a beber un vino de vértigo. R/.

Tú, oh Dios, nos has rechazado
y no sales ya con nuestras tropas.
Auxílianos contra el enemigo,
que la ayuda del hombre es inútil.
Con Dios haremos proezas,
él pisoteará a nuestros enemigos. R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Mateo (7,1-5):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No juzguéis y no os juzgarán; porque os van a juzgar como juzguéis vosotros, y la medida que uséis, la usarán con vosotros. ¿Por qué te fijas en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo? ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: «Déjame que te saque la mota del ojo», teniendo una viga en el tuyo? Hipócrita; sácate primero la viga del ojo; entonces verás claro y podrás sacar la mota del ojo de tu hermano.»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

Más allá de las maravillas y señales, del nacimiento milagroso, de los ángeles y otras historias, conviene que nos centremos en lo que los evangelios nos quieren transmitir de Juan el Bautista. Él es el precursor. El que anuncia. El que señala.

Juan el Bautista, tal como lo presentan los Evangelios, fue uno que no se quiso poner en el centro sino a un lado. Y dejó que el centro lo ocupase Jesús. Y nos señaló a todos a donde tenemos que mirar. Nos marcó con una señal inconfundible cuál es el centro de la vida de la comunidad cristiana, de la Iglesia, y de cada cristiano. Él no tuvo dudas en menguar para que Jesús creciese. Si por un momento alguno de sus seguidores llegó a pensar que con seguir a Juan Bautista tenía suficiente, el mismo Juan se encargó de decirles que no perdiesen el tiempo y que fuesen detrás de Jesús. Quedarse mirando a Juan es hacer como el tonto que se queda mirando al dedo que apunta a la luna y no va más allá.

Esa actitud me parece que es la clave de nuestra vida y de la vida de la Iglesia. No somos el centro del universo. La iglesia no está para perpetuarse a sí misma sino al servicio de una misión: hacer que los hombres y mujeres de todos los tiempos lleguen a conocer a través de su estilo de vida, de su forma de comportarse y relacionarse, y de su anuncio, por supuesto, a Jesús, el testigo del amor de Dios entre nosotros, el que se entregó por nuestra salvación, el que nos abre a una nueva esperanza. Lo que se dice de la Iglesia se aplica a cada uno de los que la formamos. No estamos para mirarnos al ombligo. No estamos para defender nuestros derechos ni nuestras sacrosantas tradiciones sino para anunciar el Evangelio, la buena nueva de la salvación, a todos los que nos rodean.

Ser cristiano no es cultivar devotamente una relación personal con Dios, con el que en la intimidad puedo dialogar y sentirme bien y amado y perdonado. Es eso pero no es solo eso. No puede ser solo eso. Es además y sobre todo vivir y actuar invitando a todos a que lleguen a descubrir a Jesús en sus vidas. Es ser anunciadores y señaladores. Como Juan el Bautista, el Precursor.

Fernando Torres, cmf

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/

Homilias para la Eucaristía del domingo 23 de junio de 2024.

DOMINGO DOCE DEL AÑO B.

Job 38,1.8-11: Dios habla a Job y se muestra como Señor absoluto del mar. El mar es un tema abominable entre los semitas, pero Dios lo somete.

2Corintios 5, 14-17: Gracias a Cristo muerto y resucitado nosotros somos nuevas creaturas, con mentalidad, enfoque de vida nuevo.

Marcos 4,35-41: La tempestad calmada. Doble mensaje: quién es Jesús y qué espera de nosotros.

1.- Con un lenguaje cargado de simbolismos la Palabra nos trae un mensaje muy actual, muy para el hombre moderno. ¿De qué manera? En la Primera lectura Dios habla a Job y le hace ver que quien está por encima del mar es Dios y nadie más que Él. Hay que tener en cuenta que para los semitas y culturas de ese tiempo, el tema del mar era abominable, daba miedo, porque el mar ocultaba a los espíritus malignos. Por eso el hombre le temía al mar. Pero Dios al mostrarse como creador del mar se muestra también como el dominador del mar. El mar era presentado como un monstruo siniestro; sin embargo aquí aparece como una criatura que es objeto de los cuidados de Dios. Dios somete al mar pone de relieve su omnipotencia.

2.- Gracias a Cristo el creyente llega a ser una creatura nueva. Y ser nueva creatura significa tener una postura y una visión nueva sobre todo lo que existe. Precisamente lo que diferencia a un cristiano de un pagano es su condición nueva en todo. Una vida nueva, con una mentalidad nueva una visión nueva de la realidad, con nuevas actitudes en todo. En una palabra, es un modo de ser nuevo que le conduce  a un actuar nuevo.

3.- El pagano, en cambio,  el que no conoce a Cristo, vive en la ceguera, no ve la realidad, vive sometido a los fenómenos de la naturaleza, lo que produce en él mucho miedo. ¡Y hay tanta gente que vive con miedo!  Y buscan la seguridad en fetiches, cosas, en ciertas prácticas religiosas. Incluso hoy esto se reviste de “formas cristianas”, pero que expresan superstición. Y la superstición infunde más miedo.

Felizmente vivimos en una sociedad secularizada, que se ha liberado de muchos mitos y miedos. Hoy la ciencia nos explica muchos fenómenos que, sin ella, los atribuiríamos al mal. Y aquí está el desafío para nosotros los cristianos, los creyentes hoy. ¿Es compatible la ciencia con la fe?  La ciencia y la fe siguen dos caminos distintos y paralelos, entre los que no hay conflicto porque tanto la ciencia como la fe, para un creyente, tienen la misma matriz en la Verdad absoluta de Dios.

4.- He aquí lo que nos muestra el evangelio de hoy. ¿Qué leemos? Jesús quiere cruzar el mar, es decir, quiere ir a tierra de paganos. Pero se oponen las fuerzas del mar (Entonces se desató un fuerte vendaval…el agua los invade).  ¿Resultado? Miedo, pánico. Pero Jesús domina al mar. Nuevamente se manifiesta la omnipotencia del Señor.

Pero hay más todavía. Jesús iba durmiendo con ellos. Los discípulos, en cambio, no estaban con Él; sólo se acuerdan de Él en el caso extremo.

El Señor hace una pregunta a ellos y a nosotros: ¿Por qué tienen miedo? ¿Cómo no tienen fe? He ahí el problema. Fe es estar con el Señor, contar con Él en las buenas y en las malas. ¿Por qué dejarse dominar por el miedo, el pánico? ¿Por qué poner la seguridad en cosas que no la dan, cuando es el Señor el que nos da la absoluta seguridad?

Animo, hermano, no te dejes dominar ni por el miedo, ni el qué dirán. Tómate firme del Señor y sigue viviendo. No olvide que debemos caminar en fe.

Vale la pena preguntarse y reflexionar. ¡Cuántas veces nos hemos dejado dominar por el pánico, la angustia! Nos echamos al Señor al bolsillo, no nos damos cuenta que Él siempre está con nosotros.

Abramos los ojos, reavivemos nuestra fe y cultivémosla para poder dar razón de nuestra esperanza a los que nos la pidan. (Cfr. 1Pedro 3,15). Y sigamos trabajando.

Hermano Pastor.

EDD. sábado 22 de junio de 2024.

Primera Lectura

Lectura del segundo libro de las Crónicas (24,17-25):

Cuando murió Yehoyadá, las autoridades de Judá fueron a rendir homenaje al rey, y éste siguió sus consejos; olvidando el templo del Señor, Dios de sus padres, dieron culto a las estelas y a los ídolos. Este pecado desencadenó la cólera de Dios contra Judá y Jerusalén. Les envió profetas para convertirlos, pero no hicieron caso de sus amonestaciones.
Entonces el espíritu de Dios se apoderó de Zacarías, hijo del sacerdote Yehoyadá, que se presentó ante el pueblo y le dijo: «Así dice Dios: ¿Por qué quebrantáis los preceptos del Señor? Vais a la ruina. Habéis abandonado al Señor, y él os abandona.»
Pero conspiraron contra él y lo lapidaron en el atrio del templo por orden del rey. El rey Joás, sin tener en cuenta los beneficios recibidos de Yehoyadá, mató a su hijo, que murió diciendo: «¡Que el Señor juzgue y sentencie!»

Al cabo de un año, un ejército de Siria se dirigió contra Joás, penetró en Judá, hasta Jerusalén, mató a todos los jefes del pueblo y envió todo el botín al rey de Damasco. El ejército de Siria era reducido, pero el Señor le entregó un ejército enorme, porque el pueblo había abandonado al Señor, Dios de sus padres. Así se vengaron de Joás. Al retirarse los sirios, dejándolo gravemente herido, sus cortesanos conspiraron contra él para vengar al hijo del sacerdote Yehoyadá. Lo asesinaron en la cama y murió. Lo enterraron en la Ciudad de David, pero no le dieron sepultura en las tumbas de los reyes.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 88,4-5.29-30.31-32.33-34

R/. Le mantendré eternamente mi favor

Sellé una alianza con mi elegido,
jurando a David, mi siervo:
«Te fundaré un linaje perpetuo,
edificaré tu trono para todas las edades.» R/.

«Le mantendré eternamente mi favor,
y mi alianza con él será estable;
le daré una posteridad perpetua
y un trono duradero como el cielo.» R/.

«Si sus hijos abandonan mi ley
y no siguen mis mandamientos,
si profanan mis preceptos
y no guardan mis mandatos.» R/.

«Castigaré con la vara sus pecados
y a latigazos sus culpas;
pero no les retiraré mi favor
ni desmentiré mi fidelidad.» R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Mateo (6,24-34):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Nadie puede estar al servicio de dos amos. Porque despreciará a uno y querrá al otro; o, al contrario, se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero. Por eso os digo: No estéis agobiados por la vida, pensando qué vais a comer o beber, ni por el cuerpo, pensando con qué os vais a vestir. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo que el vestido? Mirad a los pájaros: ni siembran, ni siegan, ni almacenan y, sin embargo, vuestro Padre celestial los alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellos? ¿Quién de vosotros, a fuerza de agobiarse, podrá añadir una hora al tiempo de su vida? ¿Por qué os agobiáis por el vestido?

Fijaos cómo crecen los lirios del campo: ni trabajan ni hilan. Y os digo que ni Salomón, en todo su fasto, estaba vestido como uno de ellos. Pues, si a la hierba, que hoy está en el campo y mañana se quema en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más por vosotros, gente de poca fe? No andéis agobiados, pensando qué vais a comer, o qué vais a beber, o con qué os vais a vestir. Los gentiles se afanan por esas cosas. Ya sabe vuestro Padre del cielo que tenéis necesidad de todo eso. Sobre todo buscad el reino de Dios y su justicia; lo demás se os dará por añadidura. Por tanto, no os agobiéis por el mañana, porque el mañana traerá su propio agobio. A cada día le bastan sus disgustos.»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

Queridos amigos.

Jesús sigue hoy dándonos sus enseñanzas como los días anteriores: cómo debemos vivir los seguidores suyos y qué valores deben regir nuestra vida. Dos frases cortas y densas resumen dos actitudes fundamentales: “No podéis servir a dos señores” y “No estéis agobiados por vuestra vida”.

No se puede servir a dos amos a la vez: Dios y las riquezas. Nadie puede entregar el corazón a Dios y luego buscar afanosamente las cosas del mundo. Nadie puede andar dividido por la vida. En un corazón poseído por la riqueza no hay más espacio para la fe, para Dios. Si la riqueza (las cosas del mundo) ocupa tu corazón, tu mente y tus preocupaciones, Dios no tiene lugar en ti, más bien estorba porque su presencia es un aguijón que no te deja vivir en paz. Quien sirve al dinero, vive para el dinero (acumular, tener más y más, invertir, acciones, negocios cada vez más lucrativos…), lo demás no cuenta ni importa.

Quien vive para el mundo, se preocupa de las cosas del mundo y vive para ellas (bienestar, disfrutar, gozar, tener buena casa y buen coche, vacaciones, viajes…) e invierte su tiempo en todas esas cosas. Y anda agobiado y preocupado por todo eso.

Por otra parte quien ha decidido servir a Dios vive su vida confiado en la Providencia del Padre del cielo que cuida de los lirios, de las aves, de los pájaros… Sabe que Dios nos sostiene amorosamente y que no nos va a faltar lo necesario para una vida digna, porque Él no se olvida de ninguno de sus hijos ya que nos conoce por nuestro nombre y apellido, y Él nos ama con un amor entrañable como Padre bueno que es.

Esta confianza total en Dios no quiere decir que no debamos trabajar para ganarnos el pan de cada día sino que no nos agobiamos, ya que el Padre del cielo se preocupa por cada ser humano que ha creado. Es decir “Dios pone casi todo y tú pones tu casi nada; pero Dios no pone su casi todo si tú no pones tu casi nada”.

Esta confianza en la Providencia del Padre Dios no quiere decir que no nos debamos preocupar por las cosas de la vida (los hijos, los estudios de los hijos, los padres, las carreras, las finanzas, la salud…). Todo esto es el día a día de nuestra vida y el cristiano debe afrontarlo con responsabilidad y tranquilidad, con sentido de la proporción ya que debemos preocuparnos más por lo más importante y menos por lo menos importante. De ahí que diga Jesús: “Buscad primero el Reino de Dios y su justicia, y lo demás se os dará por añadidura”. La preocupación del que ha decidido servir a Dios es hacer su voluntad que se manifiesta en la escucha de la Palabra de Dios y en cada circunstancia de la vida y en los acontecimientos ordinarios y extraordinarios. Esto es lo verdaderamente importante para el discípulo de Jesús, pues así lo enseñó y practicó durante toda su vida.

Vuestro hermano en la fe
José Luis Latorre
Misionero Claretiano.

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/events/lecturas-del-sabado-de-la-xi-semana-del-tiempo-ordinario/?occurrence=2024-06-22&nskip=38200

Comentario al Evangelio, viernes 21 de junio de 2024.

FE. Una palabra tan pequeña con un poder tan inmenso. Brilla en la oscuridad, enciende la llama de la Esperanza y nos hace avanzar con la confianza de que Dios siempre se ocupa de todo y nos lleva de la mano.

Cuando llegamos al límite, Dios llega con la providencia. El límite de Moisés era el mar, Dios lo abrió. El límite de Abraham fue la muerte de Isaac, Dios proveyó el cordero. El límite de Ana era la esterilidad, Dios le dio un hijo. El límite de Cristo era la muerte, Dios lo resucitó de entre los muertos.

¿Cuál es tu límite?
Que Dios bendiga tu vida en abundancia y que lo que te limita sólo sea el instrumento para el milagro de Dios. No veas el problema como el final, sino como la oportunidad para la manifestación de la gloria de Dios en tu camino. – Hermano Mauricio Silva dos Anjos – Hermano Menor Capuchino de Chile