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Autor: Patricio Osiadacz

Comentario al Evangelio de hoy viernes 05 de julio de 2024.

¡Buenos días! Les comparto el Evangelio del día de hoy. ¡Qué en este primer viernes del mes, Jesús nos conceda tener un corazón misericordioso como el suyo, que no vino a llamar a justos, sino a pecadores!

Con este relato nos damos cuenta cómo es que Jesús no mira nuestra condición, no le importan nuestras enfermedades, ni limitaciones, sino que ve a la persona, nos mira a nosotros con amor y misericordia, porque el mismo lo ha dicho, que no ha venido por los sanos, sino por los pecadores y enfermos. En el día de hoy el Evangelio según San Mateo nos presenta la segunda interrupción en la serie de los diez milagros que estamos leyendo; esta interrupción consiste en la llamada de Mateo y luego una cena con pecadores. En primer lugar, la vocación de Mateo (Marcos y Lucas llaman Leví a este personaje), recaudador de impuestos (publicano) que sigue a Jesús, hecho apóstol por Él y que puede estar en el origen de las tradiciones escritas en el Evangelio según San Mateo, pero sin ser su autor. En segundo lugar, leemos la cena con los pecadores, siendo esta la única ocasión en que Mateo nos muestra a Jesús en una comida así, aunque era una práctica muy común en su ministerio. Este relato se clasifica como un “apotegma” (esto es, un breve relato para enmarcar una o varias frases de Jesús, en este caso las últimas tres). La comida es para el Señor una forma de llegar a aquellos que viven marginados en el Pueblo de Dios, una forma de tenderles la mano, de romper la marginalidad; los publicanos eran detestados por colaborar con los romanos y enriquecerse con ello; los pecadores son todas aquellas personas que realizaban negocios “despreciables” que provocaban impureza ritual y otras manchas (había listas de esos oficios). La primera frase (o dicho) es de sentido común: el médico tiene que acercarse a los enfermos, por eso Jesús come con los pecadores; la segunda frase está tomada de Oseas 6,6 y enseña que el estudio de la Toráh y las obras de misericordia son el camino que Dios prefiere en vez de los sacrificios del Templo, y la tercera frase describe perfectamente la actuación de Jesús en todo su ministerio, Él vino a buscar a los pecadores. ¿Respondo como Mateo al llamado de Jesús? ¿Me acerco y le tiendo la mano a los pecadores como hace Jesús? ¿He experimentado yo la misericordia del Señor? ¿Soy misericordioso (a)? ¡Qué Jesús, que sigue llamando, nos muestre una vez más su amor y su misericordia! ¡Feliz día a usted! Dios te bendiga.

– Hermano Mauricio Silva dos Anjos – Hermano Menor Capuchino de Chile.

EDD. viernes 05 de julio de 2024.

Primera Lectura

Lectura de la profecía de Amós (8,4-6.9-12):

Escuchad esto, los que exprimís al pobre, despojáis a los miserables, diciendo: «¿Cuándo pasará la luna nueva, para vender el trigo, y el sábado, para ofrecer el grano?» Disminuís la medida, aumentáis el precio, usáis balanzas con trampa, compráis por dinero al pobre, al mísero por un par de sandalias, vendiendo hasta el salvado del trigo. Aquel día –oráculo del Señor– haré ponerse el sol a mediodía, y en pleno día oscureceré la tierra. Cambiaré vuestras fiestas en luto, vuestros cantos en elegía; vestirá de saco toda cintura, quedará calva toda cabeza. Y habrá un llanto como por el hijo único, y será el final como día amargo. Mirad que llegan días –oráculo del Señor– en que enviaré hambre a la tierra: no hambre de pan ni sed de agua, sino de escuchar la palabra del Señor. Irán vacilantes de oriente a occidente, de norte a sur; vagarán buscando la palabra del Señor, y no la encontrarán.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 118

R/. No sólo de pan vive el hombre,
sino de toda palabra que sale de la boca de Dios

Dichoso el que, guardando sus preceptos,
lo busca de todo corazón. R/.

Te busco de todo corazón,
no consientas que me desvíe de tus mandamientos. R/.

Mi alma se consume, deseando
continuamente tus mandamientos. R/.

Escogí el camino verdadero,
deseé tus mandamientos. R/.

Mira cómo ansío tus decretos:
dame vida con tu justicia. R/.

Abro la boca y respiro,
ansiando tus mandamientos. R/.

Lectura del santo evangelio según san Mateo (9,9-13):

En aquel tiempo, vio Jesús al pasar a un hombre llamado Mateo, sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: «Sígueme.»
Él se levantó y lo siguió. Y, estando en la mesa en casa de Mateo, muchos publicanos y pecadores, que habían acudido, se sentaron con Jesús y sus discípulos.
Los fariseos, al verlo, preguntaron a los discípulos: «¿Cómo es que vuestro maestro come con publicanos y pecadores?»
Jesús lo oyó y dijo: «No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos. Andad, aprended lo que significa «misericordia quiero y no sacrificios»: que no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores.»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

Leo la primera lectura y la vuelvo a releer. Muchos, y algunos de ellos muy católicos, dirían que es un discurso comunista, que son unas palabras intolerables. Pero la verdad es que es el profeta Amós el que las escribe. No sólo eso: por estar en la Biblia, consideramos estas palabras del profeta como inspiradas por Dios. Es una defensa apasionada del pobre y un ataque/amenaza para los que los oprimen, para los que abusan de ellos y se benefician de su situación. Me hace recordar una frase de Mafalda, la genial niñita argentina de las tiras cómicas de Quino, cuando decía que “nadie puede amasar una fortuna sin hacer harina a los demás.

No quiero demonizar la riqueza ni a los ricos. Pero todos, a poco que abramos los ojos sobre la realidad, sabemos que en mucha de la riqueza que hay en nuestro mundo hay también mucho de injusticia. Que a los de abajo les cuesta mucho subir y que otros nacen con privilegios y los mantienen toda su vida.

En el texto de Amós, Dios se posiciona del lado de los pobres, de los que sufren la injusticia. La razón es bien sencilla: ellos también son hijos e hijas suyos. Ellos merecen, como todos, un puesto a la mesa en justicia e igualdad, en fraternidad. Eso es el Reino.

En este contexto entendemos mejor el texto evangélico. Jesús no duda en acercarse a los publicanos y pecadores. Son algunos de los que abusan del pueblo. Come con ellos. Hace presente entre ellos la misericordia de Dios. El objetivo es que se conviertan y vivan, que comprendan la mucha injusticia con que actúan contra los pobres. El objetivo es que se pasen con armas y bagajes al servicio del Reino. O lo que es lo mismo, al servicio de los más pobres y necesitados, de los excluidos. Porque integrarlos, echarles una mano, es ya construir el reino y la fraternidad. ¿Y qué más quiere Dios que ver a todos sus hijos reunidos en torno a la mesa de la fraternidad y la justicia?

Ahora nos toca a nosotros pensar en lo que hacemos y tomar partido por los pobres, darles la mano e integrarlos en la mesa común. Eso es construir el reino. Eso es hacer la voluntad de Dios.

Fernando Torres, cmf

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/

Comentario al Evangelio de hoy jueves 04 de julio de 2024.

04/07. Santa Isabel (Reina de Portugal). Isabel vivió entre los siglos 13 y 14. Se casó con el rey de Portugal, Don Diniz, soportó con heroísmo las dificultades de su matrimonio. Después de la muerte de su marido, entró en la Tercera Orden franciscana y vivió inmersa en la oración y en la caridad.

EVANGELIO DE LA JORNADA. Mt 9, 1-8: «¿Qué es más fácil, decir: ‘Tus pecados están perdonados’ o decir: ‘Levántate y anda'». Sanando el cuerpo paralizado de aquel hombre, el Maestro garantiza el milagro interior, que es el perdón de Dios al pecador. La sanidad del paralítico muestra que la liberación que Jesús vino a traer es integral. Dios restaura al ser humano por entero: cuerpo, alma, espíritu… Después de la sanidad, Jesús pide que él vaya para casa, ¿Por qué es en la familia que la vida nueva de alguien debe ser testimoniada por primera vez. ¡Quién no está dispuesto a cambiar actitudes, forma de relacionarse, perdonar, compartir, escuchar, acoger… dentro de casa aún no ha sido curado! Dios garantiza su parte, pero el ser humano debe estar dispuesto a «vivir curado». Que Jesús y María bendigan su día.

– Hermano Mauricio Silva dos Anjos – Hermanos Menores Capuchinos de Chile.

EDD. jueves 04 de julio de 2024

Primera Lectura

Lectura de la profecía de Amós (7,10-17):

En aquellos días, Amasías, sacerdote de Casa-de-Dios, envió un mensaje a Jeroboam, rey de Israel: «Amós conjura contra ti en medio de Israel; la tierra ya no puede soportar sus palabras. Porque así predica Amós: «Morirá a espada Jeroboam. Israel saldrá de su país al destierro.»»
Dijo Amasías a Amós: «Vidente, vete y refúgiate en tierra de Judá; come allí tu pan y profetiza allí. No vuelvas a profetizar en Casa-de-Dios, porque es el santuario real, el templo del país.»
Respondió Amós: «No soy profeta ni hijo de profeta, sino pastor y cultivador de higos. El Señor me sacó de junto al rebaño y me dijo: «Ve y profetiza a mi pueblo de Israel.» Y, ahora, escucha la palabra del Señor: Tú dices: «No profetices contra la casa de Israel, no prediques contra la casa de Isaac.» Pues bien, así dice el Señor: «Tu mujer será deshonrada en la ciudad, tus hijos e hijas caerán a espada; tu tierra será repartida a cordel, tú morirás en tierra pagana, Israel saldrá de su país al destierro.»»

Palabra de Dios

Salmo

Sal 18

R/. Los mandamientos del Señor son verdaderos y enteramente justos

La ley del Señor es perfecta
y es descanso del alma;
el precepto del Señor es fiel
e instruye al ignorante. R/.

Los mandatos del Señor son rectos
y alegran el corazón;
la norma del Señor es límpida
y da luz a los ojos. R/.

La voluntad del Señor es pura
y eternamente estable;
los mandamientos del Señor son verdaderos
y enteramente justos. R/.

Más preciosos que el oro,
más que el oro fino;
más dulces que la miel
de un panal que destila. R/.

Lectura del santo evangelio según san Mateo (9,1-8):

En aquel tiempo, subió Jesús a una barca, cruzó a la otra orilla y fue a su ciudad. Le presentaron un paralítico, acostado en una camilla. Viendo la fe que tenían, dijo al paralítico: «¡Ánimo, hijo!, tus pecados están perdonados.»
Algunos de los escribas se dijeron: «Éste blasfema.»
Jesús, sabiendo lo que pensaban, les dijo: «¿Por qué pensáis mal? ¿Qué es más fácil decir: «Tus pecados están perdonados», o decir: «Levántate y anda»? Pues, para que veáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados.»
Dijo, dirigiéndose al paralítico: «Ponte en pie, coge tu camilla y vete a tu casa.»» Se puso en pie, y se fue a su casa. Al ver esto, la gente quedó sobrecogida y alababa a Dios, que da a los hombres tal potestad.

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

Debe ser una tendencia natural en las personas lo de buscar explicaciones para lo que a primera vista nos resulta inexplicable. Y generalmente encontramos explicaciones que ponen la causa/culpa en el otro. Los judíos, que no entendían mucho de medicina –como casi nadie en la época–, pensaban que muchas enfermedades venían causadas por la vida pecadora del enfermo. Así unían la enfermedad y el pecado. La enfermedad se convertía en el castigo de Dios, en la consecuencia del pecado.

Jesús separa las dos cosas. Perdona al enfermo y también le cura. Perdona al enfermo porque todos estamos necesitados de perdón, de misericordia. Los letrados, especialistas de la religión, se escandalizaron. Ellos creían que solo Dios tenía el poder de perdonar. No se daban cuenta de que las palabras de perdón, curativas, sanadoras, son el regalo que Dios nos ha hecho a todos. Todos las podemos pronunciar. Todos, en eso, podemos y debemos ser como Dios. Así, con esa argamasa hecha de perdón y misericordia, es como se construye el Reino. Y todos necesitamos esas palabras.

Jesús también cura al paralítico. Pero casi me atrevería a decir que es lo de menos. Sanada el alma, todos somos más capaces de asumir nuestras parálisis, nuestras dolencias físicas. Son parte de la existencia y de nuestras limitaciones. La enfermedad es un hecho físico externo. Casi seguro que todos de una forma u otra pasaremos por ella. Lo importante es tener el alma sana para lidiar con la enfermedad, con la limitación.

Termina el texto diciendo que la gente alababa a Dios por haber dado a los hombres esa potestad. Vieron que Jesús había perdonado y curado. Nosotros no siempre podemos curar pero sí podemos siempre perdonar. No hacen falta grandes estudios para aprender a perdonar. Casi me atrevería a decir que es el gran ministerio del cristiano: perdonar siempre, ser portador del ministerio de la reconciliación. Pues a ver si lo ejercitamos más, hoy y todos los días de nuestra vida.

Fernando Torres, cmf

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/

EDD. miércoles 03 de julio de 2024

Primera Lectura

Lectura de la carta a los Efesios (2,19-22):

Ya no sois extranjeros ni forasteros, sino que sois ciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios. Estáis edificados sobre el cimiento de los apóstoles y profetas, y el mismo Cristo Jesús es la piedra angular. Por él todo el edificio queda ensamblado, y se va levantando hasta formar un templo consagrado al Señor. Por él también vosotros os vais integrando en la construcción, para ser morada de Dios, por el Espíritu.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 116

R/. Id al mundo entero y proclamad el Evangelio

Alabad al Señor, todas las naciones,
aclamadlo todos los pueblos. R/.

Firme es su misericordia con nosotros,
su fidelidad dura por siempre. R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Juan (20,24-29):

Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús.
Y los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor.»
Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo.»
A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos.
Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: «Paz a vosotros.»
Luego dijo a Tomás: «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.»
Contestó Tomás: «¡Señor mío y Dios mío!»
Jesús le dijo: «¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto.»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

A veces convertimos la historia de una persona en un solo hecho. Eso es lo que le define. Ya casi da lo mismo lo que luego haga de bueno o de malo. Aquel hecho marca lo que es. Es como un molde del que la persona no puede salir. Si lo que hizo en aquel momento fue bueno, pues ya será bueno para siempre. Y si lo que hizo fue malo, ya malo para siempre y para todo lo que haga. Es decir, “coge fama y échate a dormir.”

Eso la pesa a santo Tomás. Es apóstol. Es de aquellos primeros a los que eligió el señor. De los doce. Los especialmente elegidos. Los que iban a ser los fundamentos de su iglesia. Pero Tomás ha pasado como el hombre de la poca fe. Aquel momento en que se encontró con Cristo resucitado y puso por delante, con total sinceridad, sus dudas, es lo que ha definido su vida y el recuerdo que tenemos de él.

Pensemos que lo mismo nos pasa con Pedro, el líder de los apóstoles. Ha pasado a la historia como el primer papa. Todo son para él honores y glorias. Y hemos dejado de lado sus momentos negros, oscuros, sus dudas… Todo eso parece que no pesa nada en nuestros recuerdos. Sirve a lo más para una breve meditación sobre la fragilidad de la persona. Pero se olvida rápido para centrarnos en que Jesús le eligió para ser la roca, el cimiento firme de la iglesia.

Tendríamos que hacer el esfuerzo por dejar de lado los prejuicios con los que tantas veces encasillamos a las personas. Ni Tomás fue solo el de las dudas ni Pedro el hombre ardiente y lleno de fe líder genial de la primera iglesia. La vida es más compleja y ambigua. Está llena de momentos diversos, de fracasos sonados y genialidades. Tomás fue uno de los doce, siguió a Jesús. Como los demás, en el momento de la cruz, asustado, salió corriendo. Pero luego volvió. Y como los demás predicó el reino. Con sus limitaciones, con sus ambigüedades, fue fiel a su misión. Como nosotros, como todos.

Conclusión: liberémonos de prejuicios y miremos a nuestros hermanos y hermanas, y a nosotros mismos, con los ojos de amor y compasión con que nos mira Dios.

Fernando Torres, CMF

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/

EDD. martes 02 de julio de 2024.

Primera Lectura

Lectura de la profecía de Amós (3,1-8;4,11-12):

Escuchad esta palabra que dice el Señor, hijos de Israel, a todas las familias que saqué de Egipto:
«A vosotros solos os escogí, entre todas las familias de la tierra; por eso os tomaré cuentas por vuestros pecados. ¿Caminan juntos dos que no se conocen? ¿Ruge el león en la espesura sin tener presa? ¿Alza su voz el cachorro en la guarida sin haber cazado? ¿Cae el pájaro por tierra si no hay una trampa? ¿Salta la trampa del suelo sin haber atrapado? ¿Suena la trompeta en la ciudad sin que el pueblo se alarme? ¿Sucede una desgracia en la ciudad que no la mande el Señor? Que no hará cosa el Señor sin revelar su plan a sus siervos, los profetas. Ruge el león, ¿quién no teme? Habla el Señor, ¿quién no profetiza? Os envié una catástrofe como la de Sodoma y Gomorra, y fuisteis como tizón salvado del incendio, pero no os convertisteis a mí –oráculo del Señor–. Por eso, así te voy a tratar, Israel, y, porque así te voy a tratar, prepárate a encararte con tu Dios.»

Palabra de Dios

Salmo 5,5-8

R/. Señor, guíame con tu justicia

Tú no eres un Dios que ame la maldad,
ni el malvado es tu huésped,
ni el arrogante se mantiene en tu presencia. R/.

Detestas a los malhechores,
destruyes a los mentirosos;
al hombre sanguinario y traicionero
lo aborrece el Señor. R/.

Pero yo, por tu gran bondad,
entraré en tu casa,
me postraré ante tu templo santo
con toda reverencia. R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Mateo (8,23-27):

En aquel tiempo, subió Jesús a la barca, y sus discípulos lo siguieron. De pronto, se levantó un temporal tan fuerte que la barca desaparecía entre las olas; él dormía.
Se acercaron los discípulos y lo despertaron, gritándole: «¡Señor, sálvanos, que nos hundimos!»
Él les dijo: «¡Cobardes! ¡Qué poca fe!»

Se puso en pie, increpó a los vientos y al lago, y vino una gran calma.
Ellos se preguntaban admirados: «¿Quién es éste? ¡Hasta el viento y el agua le obedecen!»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

2 de julio de 2024

El lago era un laguito y los discípulos eran pescadores. Pero también es verdad que incluso hoy en día ese lago con tormenta no es un lugar agradable. Y menos, es de suponer, con las barquitas de la época. Primera observación: los discípulos, aunque acostumbrados al lago, tenían miedo. Y el miedo en el mar es cosa seria. Se decía tradicionalmente que una buena tormenta en el mar era una buena ocasión para aprender a orar. Segunda observación: Jesús era un hombre tranquilo y de buen dormir. Porque en medio de la agitación de la barquilla, dormía tranquilamente. Así que ahí estamos: Jesús dormido y los discípulos aprendiendo a rezar en un curso acelerado. Cada ola era una lección con ejercicios incluidos.

La respuesta de Jesús, cuando le despiertan con sus gritos los discípulos, es inmediata. Primero les increpa a ellos y luego a los vientos y al lago. Y se produce la calma. Y sobreviene la admiración: “¿Quién es éste? ¡Hasta el viento y el agua le obedecen!”

Es una historia que nos habla del poder de Jesús como alguien que está por encima de la naturaleza. Pero a la vez nos habla de lo que debe ser la fe para nosotros. Fe es confiar en la presencia y la fuerza de Dios. Incluso en el caso de que no actúe como a nosotros nos parece que debería de actuar. Jesús tiene poder para hacer que le obedezcan el viento y el agua. Pero eso no quiere decir que siempre lo ejercite. Lo que sí debemos tener seguro es que siempre está a nuestro lado. Está ahí aunque nos parezca que está dormido. Y con él a nuestro lado las situaciones más complicadas y negativas que nos puedan parecer son siempre ocasión de gracia, de salvación, de vida.

Nuestra vida es como es barca en la que iban los discípulos. También viene Jesús en nuestra barca. A veces la travesía es apacible. A veces las tormentas agitan la barca. Pero siempre Jesús está ahí. A veces la tormenta pasa. A veces la tormenta termina por destrozar la barca. Pero Jesús sigue con nosotros. Eso es tener fe y confiar. Y no ser cobardes.

Fernando Torres, cmf.

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/

EDD. lunes 01 de julio de 2024.

Primera Lectura

Lectura de la profecía de Amós (2,6-10.13-16):

Así dice el Señor: «A Israel, por tres delitos y por el cuarto, no le perdonaré: porque venden al inocente por dinero y al pobre por un par de sandalias; revuelcan en el polvo al desvalido y tuercen el proceso del indigente. Padre e hijo van juntos a una mujer, profanando mi santo nombre; se acuestan sobre ropas dejadas en fianza, junto a cualquier altar, beben vino de multas en el templo de su Dios. Yo destruí a los amorreos al llegar ellos; eran altos como cedros, fuertes como encinas; destruí arriba el fruto, abajo la raíz. Yo os saqué de Egipto, os conduje por el desierto cuarenta años, para que conquistarais el país amorreo. Pues mirad, yo os aplastaré en el suelo, como un carro cargado de gavillas; el más veloz no logrará huir, el más fuerte no sacará fuerzas, el soldado no salvará la vida; el arquero no resistirá, el más ágil no se salvará, el jinete no salvará la vida; el más valiente entre los soldados huirá desnudo aquel día.» Oráculo del Señor.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 49

R/. Atención, los que olvidáis a Dios

«¿Por qué recitas mis preceptos
y tienes siempre en la boca mi alianza,
tú que detestas mi enseñanza
y te echas a la espalda mis mandatos?» R/.

«Cuando ves un ladrón, corres con él;
te mezclas con los adúlteros;
sueltas tu lengua para el mal,
tu boca urde el engaño.» R/.

«Te sientas a hablar contra tu hermano,
deshonras al hijo de tu madre;
esto haces, ¿y me voy a callar?
¿Crees que soy como tú?
Te acusaré, te lo echaré en cara.» R/.

«Atención, los que olvidáis a Dios,
no sea que os destroce sin remedio.
El que me ofrece acción de gracias,
ése me honra;al que sigue buen camino
le haré ver la salvación de Dios.» R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Mateo (8,18-22):

En aquel tiempo, viendo Jesús que lo rodeaba mucha gente, dio orden de atravesar a la otra orilla. Se le acercó un escriba y le dijo: «Maestro, te seguiré adonde vayas.»
Jesús le respondió: «Las zorras tienen madrigueras y los pájaros nidos, pero el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza.»
Otro, que era discípulo, le dijo: «Señor, déjame ir primero a enterrar a mi padre.»
Jesús le replicó: «Tú, sígueme. Deja que los muertos entierren a sus muertos.»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

El texto evangélico de hoy señala una cuestión que es realmente importante para la vida del cristiano. El letrado, un hombre de estudios, que se acerca a Jesús y le dice: “Maestro, te seguiré a donde quiera que vayas” da en el clavo y nos dice algo muy importante para nosotros. No dice: “Señor, déjame ir contigo y aprender de tu sabiduría”. Eso era lo que hacían los estudiantes en aquellos tiempos. No había universidades ni escuelas. Los que se querían dedicar al estudio iban a vivir con el maestro y éste de una manera informal les iba enseñando. Cuando llegaban a un cierto nivel, se podían establecer por sí mismos y dedicarse ellos también a la enseñanza. Pero el letrado de hoy quiere “seguir” a Jesús. No es lo mismo que aprender. Quizá había descubierto que lo de ser cristiano no consiste en aprenderse de memoria el catecismo ni hacer estudios universitarios de teología ni leer libros gordos escritos por autores alemanes y llenos de citas a pie de página. Lo nuestro consiste en seguir a Jesús por las sendas del Reino, de la fraternidad y de la justicia, en la conciencia firme de que todos somos hijos de Dios y hermanos unos de otros.

Es posible que ese seguimiento no nos saque de nuestra casa ni de nuestro barrio pero seguro que nos sacará de nuestras casillas, de nuestras inercias, de nuestro siempre se ha hecho así y nos llevará a una forma nueva de ver la realidad y las personas que nos encontremos, marcada por el amor, la compasión y la misericordia.

Lo del discípulo al que Jesús le dice “Deja que los muertos entierren a sus muertos” no quiere decir que no haya que atender a los padres. Más bien, tenemos que entenderlo en la línea de que tenemos que dejar atrás, sin nostalgias, nuestro antiguo estilo de vida (las “casillas”, las “inercias”, los “siempre se ha hecho así” a los que me refería antes) y entrar en la nueva familia del Reino. Tiene que haber un corte en nuestra vida para entrar en la dimensión del Reino. No para amar menos sino para amar más. A nuestros padres y a los que no son de nuestra sangre (¿de verdad que hay alguien que no sea de nuestra “sangre”? es que nos encanta poner barreras y fronteras), a los lejanos y a los cercanos. Porque todos somos hijos de Dios y ciudadanos del Reino.

Fernando Torres, cmf.

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/events/lecturas-del-lunes-de-la-xiii-semana-del-tiempo-ordinario/

Comentario al Evangelio del domingo 30 de junio de 2024

XIII Domingo del tiempo ordinario – San Marcos 5, 21-43


Dejarse abrazar por Cristo elimina lo inmediato, hacer vislumbrar el horizonte de perfección que es Dios (la resurrección), que conlleva la felicidad inmortal, cuyas semillas ya están en el verdadero seguidor del Señor.

Dios creó al hombre y mujer para la inmortalidad, le hizo imagen de su propio ser. No tengas miedo. ¡Solo ten fe! Nuestro Dios es un Dios en la persona de su Hijo Jesucristo, que trae la curación a nuestras heridas, nos levanta para seguirlo en nuestra vida y poder gozar de su salvación. El evangelio de hoy nos invita a confiar en la Palabra de Cristo que nos levanta de las tantas caídas que llevamos en esta vida. Es necesario mirar al maestro y confiar en él. Jesús nos trae algo más allá de la visión meramente humana. Nos saca de entre la multitud buscando con nosotros un encuentro personal. La narración del Evangelio de este domingo nos ofrece dos milagros que son realizados por Jesús. En el primer milagro Jesús despierta a la hija de Jairo del sueño de la muerte. El segundo es la curación de la mujer que tiene hemorragia desde hace muchos años. Jesús, una vez más, está en el barco cruzando al otro lado de la orilla. Hay una multitud numerosa junto a él y, con la gente, tiene un jefe de la sinagoga, llamado Jairo. Él se acerca a Jesús, cae sobre sus pies y ruega a Jesús que vaya a su casa e imponga las manos sobre su hija. Mientras Jesús acompaña a Jairo, la multitud también lo seguía. Entre las personas hay una mujer que sufre de hemorragia hace ya mucho tiempo. Como Jairo, también ella se acerca a Jesús por detrás y toca sus ropas. Cree que si toca en él quedará curada. Imaginamos las dos escenas. Aquel padre desesperado porque sabe que está delante de la muerte de su hija. Aquella mujer que lleva una enfermedad humillante e incómoda. Oye hablar de Jesús y cree que si toca en él será curada. Pero hay dos obstáculos. Tiene miedo de acercarse, porque era considerada una persona impura y también porque hay una gran multitud, lo que dificulta acercarse y tocar al Maestro. Ante el relato del Evangelio tenemos dos aspectos importantes. Claro que aquí podríamos profundizar otros, pero éstos son suficientes para el objetivo de la reflexión. El primero es que en ambos casos existe el deseo de la persona necesitada de acercarse a Jesús. Tanto Jairo como la mujer enferma creen que Jesús tiene poder para sanar. «Mi hija está en las últimas. Ven y pon las manos sobre ella para que ella sane y viva». «Si al menos toco su ropa, estaré curada», dice la mujer hemorrágica.
Mi hermano y mi hermano ¿qué milagro necesitas en tu vida y en la vida de tu familia?
¿Creemos como Jairo y esta mujer que Jesús puede cambiar nuestras dificultades en abundancia?
El milagro sucede en nuestra vida cuando tenemos confianza y creemos que Jesús puede sanarnos y liberarnos de todos los males. Es nuestra fe en Él la que hará que ocurra el milagro. El segundo aspecto que debemos traer a nuestra vida es que al acercarnos a Jesús necesitamos depositar fe. Si nuestra cercanía con el Señor no produce cambios en nuestra vida, significa que nuestro contacto con él no es verdadero. Seguimos siendo la multitud que lo acompaña, pero no se deja transformar por su presencia. Pidamos a Jesús la gracia de acercarnos a él sin miedo y con fe. Fue lo exigido por las dos personas en el Evangelio de este domingo. Cuando dejamos que el Señor conduzca nuestra vida, con la verdadera confianza en él, somos transformados. Tenemos que seguir pidiendo a Jesús que nos cure, acercarnos de Él, para recibir Su fuerza. Confiando, y aceptando lo que Él nos dé. Con fe. Porque es la fe la que nos sana. Que, entonces, Jesús fortalezca en nosotros la fe y la confianza, para que podamos percibir y vivir su inmenso amor en nuestra vida. –

Hermano Mauricio Silva dos Anjos – Hermano Menor Capuchino de Chile.