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Autor: Patricio Osiadacz

Elecciones municipales: cada voto es importante.

El Comité Permanente del Episcopado invitó a participar con entusiasmo en los comicios del 23 de octubre, y recordó que para los cristianos, el acto cívico no es solo un derecho: «Legalmente el voto es voluntario, pero moralmente es un deber».
 

Viernes 14 de Octubre

El mensaje de los obispos se leerá en las misas de este fin de semana y el próximo en las parroquias de Chile. Comité Permanente queremos invitar a los ciudadanos católicos a participar con entusiasmo en este acto cívico. Para los cristianos, participar en él no es solo un derecho. Legalmente el voto es voluntario, pero moralmente es un deber: “Toda democracia debe ser participativa. Lo cual comporta que los diversos sujetos de la comunidad civil, en cualquiera de sus niveles, sean informados, escuchados e implicados en el ejercicio de las funciones que esta desarrolla” (Compendio Doctrina Social de la Iglesia, 190). Invitan los pastores a que «no nos resignemos ante la mirada fatalista de la desconfianza y la sospecha» y a que «no decaiga nuestra esperanza». Agregan que «cada voto es importante para hacer posible que personas capaces, honestas, trabajadoras, lleguen a las alcaldías y concejos municipales con buenos programas locales que promuevan integralmente la vida y la dignidad de las personas». A juicio de los obispos, «el gobierno local no puede ser ajeno a nuestras preocupaciones. Demos una señal contundente al país y ejerzamos nuestra responsabilidad cívica acudiendo a los lugares de votación». Ver texto del documento en  :

 
http://documentos.iglesia.cl/conf/documentos_sini.ficha.php?mod=documentos_sini&id=4443&sw_volver=yes&descripcion=
 

EDD. sábado 15 de octubre de 2016.

Sábado de la vigésima octava semana del tiempo ordinario.
http://evangeliodeldia.org/main.php?language=SP&module=readings&localdate=20161014


Carta de San Pablo a los Efesios 1,15-23.
Por eso, habiéndome enterado de la fe que ustedes tienen en el Señor Jesús y del amor que demuestran por todos los hermanos,
doy gracias sin cesar por ustedes recordándolos siempre en mis oraciones
Que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, les conceda un espíritu de sabiduría y de revelación que les permita conocerlo verdaderamente.
Que él ilumine sus corazones, para que ustedes puedan valorar la esperanza a la que han sido llamados, los tesoros de gloria que encierra su herencia entre los santos,
y la extraordinaria grandeza del poder con que él obra en nosotros, los creyentes, por la eficacia de su fuerza. Este es el mismo poder
que Dios manifestó en Cristo, cuando lo resucitó de entre los muertos y lo hizo sentar a su derecha en el cielo,
elevándolo por encima de todo Principado, Potestad, Poder y Dominación, y de cualquier otra dignidad que pueda mencionarse tanto en este mundo como en el futuro.
El puso todas las cosas bajo sus pies y lo constituyó, por encima de todo, Cabeza de la Iglesia,
que es su Cuerpo y la Plenitud de aquel que llena completamente todas las cosas.
Salmo 8,2-3a.4-5.6-7.
¡Señor, nuestro Dios,
qué admirable es tu Nombre en toda la tierra!
Tú, que afirmaste tu majestad sobre el cielo,
con la alabanza de los niños
y de los más pequeños,
erigiste una fortaleza contra tus adversarios
para reprimir al enemigo y al rebelde.
Al ver el cielo, obra de tus manos,
la luna y la estrellas que has creado:
¿Qué es el hombre para que pienses en él,
el ser humano para que lo cuides?
Lo hiciste poco inferior a los ángeles,
lo coronaste de gloria y esplendor;
le diste dominio sobre la obra de tus manos.
Todo lo pusiste bajo sus pies.
Evangelio según San Lucas 12,8-12.
Les aseguro que aquel que me reconozca abiertamente delante de los hombres, el Hijo del hombre lo reconocerá ante los ángeles de Dios.
Pero el que no me reconozca delante de los hombres, no será reconocido ante los ángeles de Dios.
Al que diga una palabra contra el Hijo del hombre, se le perdonará; pero al que blasfeme contra el Espíritu Santo, no se le perdonará.
Cuando los lleven ante las sinagogas, ante los magistrados y las autoridades, no se preocupen de cómo se van a defender o qué van a decir,
porque el Espíritu Santo les enseñará en ese momento lo que deban decir».

Comentario del Evangelio por  Carta de la Iglesia de Esmirna sobre el martirio de San Policarpo (69-155), obispo. V,1.VII-VIII,1.

«Si uno se pone de mi parte ante los hombres, también el Hijo del hombre se pondrá de su parte»
El más admirable de los mártires ha sido el obispo Policarpo. Primeramente, en cuanto supo todo lo que había sucedido, no se inquietó sino que quiso permanecer en la ciudad. Bajo la insistencia de la mayoría, acabó alejándose de ella. Se retiró a una pequeña propiedad situada no lejos de la ciudad y permaneció en ella algunos días con algunos compañeros. Noche y día oraba insistentemente por todos los hombres y por todas las iglesias del mundo entero, lo cual era su costumbre habitual…
Unos policías, a pie y a caballo, armados como si se tratara de correr detrás de un bandido, se pusieron en marcha. Ya tarde llegaron a la casa en la que se encontraba Policarpo. Éste estaba acostado en una pieza de la planta superior; desde allí hubiera podido escapar a otra propiedad. Pero no quiso; se limitó a decir: «Que se cumpla la voluntad de Dios». Al oír la voz de los policías, bajo al piso inferior y se puso a hablar con ellos. Éstos quedaron admirados por la avanzada edad y la serenidad de Policarpo: no podían comprender porqué habían tenido que gastar tantas energías para coger a un anciano como él. Policarpo se apresuró, a pesar de la hora avanzada, a servirles algo para comer y beber, tanto como desearon. Tan sólo les pidió le concedieran una hora para orar libremente. Ellos se lo concedieron y se puso a orar de pie, mostrando ser un hombre lleno de la gracia de Dios. Y así, durante dos largas horas, sin parar, oró en voz alta. Los que le escuchaban estaban llenos de estupor; muchos de ellos lamentaban haberse puesto en camino contra un hombre tan santo.
Cuando hubo terminado su oración, en la que recordó a todos los que había conocido durante su larga vida, pequeños y grandes, gente ilustre y gente sencilla, y a toda la Iglesia extendida por el mundo entero, había llegado la hora de partir. Le hicieron subir a un asno y le condujeron a la ciudad de Esmirna. Era el día del gran sábado.

©Evangelizo.org 2001-2016

Homilía para la Eucaristía del Domingo 16 de octubre de 2016

Paz y Bien para todos. Y no olviden rogar por los cristianos de Irán, Irak y Siria que son cruelmente eliminados. Un abrazo. Hno. Pastor.

DOMINGO XXIX.

Exodo 17, 8-13: Israel marcha a través del desierto. Allí sufre muchas pruebas, pero allí experimenta la asistencia del Señor, incluso al enfrentar a los amalecitas. Moisés ora sin parar.

Lucas 18,1-8: Una nueva enseñanza de Jesús: es necesario orar con insistencia, constancia.

1.- Vuelve el Señor a enseñar sobre la oración. El acento está en cómo debe ser la oración de un discípulo del Reino. Por medio de la parábola nos está indicando algunas cosas. ¿Quién pide? Una viuda, que viene a ser la personificación del desamparado, ya que no tiene quién le defienda. El otro personaje, un juez inicuo, carente de piedad. A él pide justicia la viuda y le gana por cansancio. Esta parábola se refiere en particular a la oración de los que piden justicia. Si el domingo pasado los leprosos pedían sanación, aquí lo que se pide es justicia, es decir, pide salvación. Petición que se debe hacer con constancia, sin desanimarse.

El discípulo tiene que ser perseverante en la oración, y para perseverar es necesario tener fe. Porque, cuando el Señor vuelva ¿encontrará fe?

2.- Me dice mucho el salmo 120, que es el responsorial de este domingo. El israelita, peregrino al Templo, levanta los ojos a las montañas. Los antiguos colocaban sus divinidades, sus dioses, en las alturas. De allí no le vendrá la ayuda. El peregrino sabe de dónde le vendrá la ayuda, del Señor, que hizo el cielo y la tierra. Sólo Dios es el Guardián de su Pueblo, no las falsas divinidades, ni los poderosos de este mundo. Por eso es perseverante en lo que pide, ya que tiene fe en Dios, que hace justicia a sus elegidos, que claman a El día y noche.

Esto se aplica al Pueblo de Dios de todos los tiempos, a la Iglesia, esposa de Cristo, que está como la viuda, se siente acosada, desprotegida frente a sus adversarios.

Israel, peregrino a través del desierto, se sabe protegido por el Señor, al que Moisés ruega sin cesar. La Iglesia, peregrina por este mundo, también es atacada por el mundo. En este contexto la oración debe ser perseverante, sin desanimarse.. Sabemos que el Señor hará justicia con nosotros.

3.- Orar con fe, orar sin cesar. Hoy, cuando vivimos la cultura “Fast”, de lo rápido, queremos ser escuchados Ya, al instante. Y para ello buscamos intercesores que actúen rápido, sin hacerse esperar; aunque lo que pidamos no sea lo esencial, de todos modos lo queremos de una forma expedita (¡). ¿Hay fe en estas peticiones? ¿Hay constancia en la oración?

La pregunta de Jesús es válida y actual. Si El viene ahora ¿qué encontrará en sus discípulos? Tal vez una fe muy pobre. Nos inventamos divinidades, amuletos y fetiches para la buena suerte. ¿De dónde nos vendrá la ayuda?

4.- Con el salmista digamos: “La ayuda me viene del Señor”. Es que no hay otro que nos pueda proteger. Podríamos sacar las siguientes conclusiones de esta Palabra divina:

a) Sólo Dios es nuestra ayuda, en El debemos tener fe.

b) Aun cuando parezca que el mal es más fuerte pensemos: “El Señor es tu guardián, la sombra protectora”.

c) Tratemos de orar sin cesar, como nos lo aconseja san Pablo.

  Una vez más nos encontramos con el Señor. Sí El está con nosotros ¿quién podrá estar contra nosotros? No sin razón el saludo litúrgico es: Que el Señor esté con ustedes”. Y claro que lo está en esta Eucaristía.

                                       Hermano Pastor Salvo Beas.

                                          Párroco de San Miguel.

Comentario al evangelio de hoy viernes 14 de octubre de 2016

La fe sólo vale cuando se toma en serio.

Viernes XXVIII del tiempo ordinario. Ciclo C. 
Nada hay oculto que no haya de saberse
Por: H. Javier Castellanos LC.
Fuente:  http://es.catholic.net/op/articulos/63531/la-fe-solo-vale-cuando-se-toma-en-serio.html

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Señor, creo en Ti, pero te pido que fortalezcas mi fe. Tú conoces mi debilidad, y todas las ocasiones que me da miedo creer en Ti sin condiciones. Hoy me pongo en tus manos. Pase lo que pase, confío en Ti y te amo. Así sea.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Lucas 12, 1-7
En aquel tiempo, la multitud rodeaba a Jesús en tan gran número, que se atropellaban unos a otros. Entonces Jesús les dijo a sus discípulos: “Cuídense de la levadura de los fariseos, es decir, de la hipocresía. Porque no hay nada oculto que no llegue a descubrirse, ni nada secreto que no llegue a conocerse. Por eso, todo lo que ustedes hayan dicho en la oscuridad, se dirá a plena luz, y lo que hayan dicho en voz baja y en privado, se proclamará desde las azoteas.
Yo les digo a ustedes, amigos míos: No teman a aquellos que matan el cuerpo y después ya no pueden hacer nada más. Les voy a decir a quién han de temer: Teman a aquel que, después de darles muerte, los puede arrojar al lugar de castigo. Se lo repito: A él sí tienen que temerlo.
¿No se venden cinco pajarillos por dos monedas? Sin embargo, ni de uno solo de ellos se olvida Dios; y por lo que a ustedes toca, todos los cabellos de su cabeza están contados. No teman, pues, porque ustedes valen mucho más que todos los pajarillos”.
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio.
Los fariseos por fuera aparentaban algo, pero por dentro eran otra cosa. Se decían justos y observaban la ley, pero en el fondo sólo buscaban sus intereses. Cristo, en el Evangelio de hoy, nos previene de una doble vida, de llamarnos cristianos sin seguirlo de veras.
Lo contrario a la hipocresía es la coherencia de vida. Una persona coherente tiene convicciones firmes por dentro que se manifiestan en decisiones por fuera. Si realiza una buena acción, lo hace sin pensar en otros intereses o en dar una buena imagen.
Un cristiano coherente vive su fe por fuera y por dentro. Es alguien de una sola pieza y, si se considera seguidor de Cristo, lo hace con todo su corazón, en las buenas y en las malas. Ser cristiano así puede dar miedo. Es un camino exigente, y la cruz está siempre incluida. Incluso hoy en día hay muchos cristianos en la cárcel, torturados o que mueren por su fe. Creer en Cristo nunca ha sido fácil. Pero Dios vale la pena y la confianza. Él se merece un amor auténtico, valiente, en serio.
La coherencia en la vida, entre la fe y el testimonio. Aquí debemos ir adelante y realizar en nuestra vida esta coherencia cotidiana. Este es un cristiano, no tanto por lo que dice, sino por lo que hace. Por la forma en la que se comporta, esta coherencia que nos da vida. Y es una gracia del Espíritu Santo que debemos pedir”. (Homilía de S.S. Francisco, 9 de noviembre de 2014).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Rezaré un misterio del rosario pidiendo por aquellos cristianos perseguidos por su fe.
 
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
 

EDD. viernes 14 de octubre de 2016.

Viernes de la vigésima octava semana del tiempo ordinario.
http://evangeliodeldia.org/main.php?language=SP&module=readings&localdate=20161013


Carta de San Pablo a los Efesios 1,11-14.
Hermanos:
En Cristo hemos sido constituidos herederos, y destinados de antemano -según el previo designio del que realiza todas las cosas conforme a su voluntad-
a ser aquellos que han puesto su esperanza en Cristo, para alabanza de su gloria.
En él, ustedes, los que escucharon la Palabra de al verdad, la Buena Noticia de la salvación, y creyeron en ella, también han sido marcados con un sello por el Espíritu Santo prometido.
Ese Espíritu es el anticipo de nuestra herencia y prepara la redención del pueblo que Dios adquirió para sí, para alabanza de su gloria.
Salmo 33(32),1-2.4-5.12-13.
Aclamen, justos, al Señor:
es propio de los buenos alabarlo.
Alaben al Señor con la cítara,
toquen en su honor el arpa de diez cuerdas.
Porque la palabra del Señor es recta
y él obra siempre con lealtad;
él ama la justicia y el derecho,
y la tierra está llena de su amor.
¡Feliz la nación cuyo Dios es el Señor,
el pueblo que él se eligió como herencia!
El Señor observa desde el cielo
y contempla a todos los hombres.
Evangelio según San Lucas 12,1-7.
Se reunieron miles de personas, hasta el punto de atropellarse unos a otros. Jesús comenzó a decir, dirigiéndose primero a sus discípulos: «Cuídense de la levadura de los fariseos, que es la hipocresía.
No hay nada oculto que no deba ser revelado, ni nada secreto que no deba ser conocido.
Por eso, todo lo que ustedes han dicho en la oscuridad, será escuchado en pleno día; y lo que han hablado al oído, en las habitaciones más ocultas, será proclamado desde lo alto de las casas.
A ustedes, mis amigos, les digo: No teman a los que matan el cuerpo y después no pueden hacer nada más.
Yo les indicaré a quién deben temer: teman a quel que, despues de matar, tiene el poder de arrojar a la Gehena. Sí, les repito, teman a ese.
¿No se venden acaso cinco pájaros por dos monedas? Sin embargo, Dios no olvida a ninguno de ellos.
Ustedes tienen contados todos sus cabellos: no teman, porque valen más que muchos pájaros.»
Comentario del Evangelio por Isaac el Sirio (siglo VII), monje cercano a Mossoul. Discursos espirituales, 1a. serie, n° 36.
«No teman, porque valen más que muchos pájaros.»
No es necesario desear o buscar signos visibles, ya que el Señor está siempre a punto para socorrer a sus santos. No manifiesta, sin necesidad, su poder en una obra o con un signo sensible, a fin de no debilitar la ayuda que de él recibimos, y para no hacernos más debiles. Es así como atiende a sus santos. Les quiere demostrar que les mira secretamente, y no los deja ni un instante, pero también en todo momento les deja que luchen según la medida de sus fuerzas y de su oración.
Ahora bien, si cuando están enfermos o descorazonados una dificultad les derrota poque su naturaleza es débil, él mismo hace, com es debido y  como sabe, todo lo que está en su mano para ayudarlos. Tanto como puede les sostiene secretamente, a fin de que tengan la fuerza suficiente para soportar las dificultades que les llegan. Porque con la confianza que les da, desbarata su pena, y por la visión de la fe, les mueve a glorificarle… Sin embargo, cuando es necesario que su ayuda secreta sea conocida, lo hace, pero sólo por necesidad. Son caminos de una gran sabiduría; se prodigan cuando conviene y hay necesidad, pero no de cualquier manera.

El Papa en Sta. Marta: ‘Cada uno de nosotros ha sido soñado por el Padre’

En la homilía de este jueves en Santa Marta, el Santo Padre asegura que cuando un cristiano vive sintiéndose “elegido” y “soñado” por Dios, “siente en el corazón una gran consolación”.
 
El Papa en Santa Marta -- Osservatore Romano

El Papa En Santa Marta — Osservatore Romano

(ZENIT – Ciudad del Vaticano).- El papa Francisco, en la homilía de este jueves en Santa Marta, ha pedido que los cristianos sientan siempre la necesidad de ser perdonados y estén en camino hacia el encuentro con Dios. El cristiano –ha asegurado el Santo Padre– debe sentir siempre sobre sí la bendición del Señor e ir adelante para hacer el bien.
Haciendo referencia a la Carta de Pablo a los Efesios, de la Primera Lectura del día, el Pontífice ha hablado de los “rasgos de esta bendición” para un cristiano. El cristiano –ha asegurado– es una persona elegida. Dios nos llama uno a uno, “no como una multitud oceánica”, somos “elegidos, esperados por el Padre”.
Cada uno de nosotros, ha indicado, ha sido soñado por el Padre como un padre y una madre sueñan al hijo que esperan. Tal y como ha señalado el Papa, esto da una gran seguridad, “el Padre te ha querido a ti, no a la masa de gente, no: a ti, a ti, a ti, a cada uno de nosotros”. Esto –ha aseverado– es el fundamento, es la base de nuestra relación con Dios. “Nosotros hablamos a un Padre que nos quiere, que nos ha elegido, que nos ha dado un nombre”.
Frente a esto, el Papa ha observado que se entiende cuando un cristianos “no se siente elegido por el Padre”, en cambio cuando siente que pertenece a una comunidad “es como un ‘hincha’ de un equipo de fútbol”, porque “el partidario elige a su equipo y siente que pertenece a este club de fútbol”. Cuando un cristiano vive sintiéndose “elegido” y “soñado” por Dios, “siente en el corazón una gran consolación”, no se siente “abandonado”.
Por otro lado, ha explicado que el segundo rasgo de la bendición del cristiano es el sentirse perdonado. De este modo ha advertido que “un hombre y una mujer que no se siente perdonado” no es plenamente un cristiano. Y todos “hemos sido perdonados con el precio de la sangre de Cristo”.
Finalmente, el tercer rasgo que ha señalado el Papa es que el cristiano “es un hombre y una mujer en camino hacia la plenitud, hacia el encuentro con Cristo que nos ha redimido”. Al respecto, el Santo Padre ha explicado que no se puede entender “un cristiano parado”.
Esta es la identidad cristiana: bendecidos por ser elegidos, perdonados y en camino. Al concluir  ha pedido que “el Señor nos acompañe con esta gracia de la bendición que nos ha dado, es decir, la bendición de nuestra identidad cristiana”.
 

Comentario al evangelio de hoy jueves 13 de octubre de 2016

Despertar una vez más.

Jueves XXVIII del tiempo ordinario. Ciclo C. 
Y mataron a los profetas. 
Por: H. Iván Yoed González Aréchiga LC
Fuente: http://es.catholic.net/op/articulos/63519/despertar-una-vez-mas.html

 
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Por puro amor viniste a nosotros, Señor. Quisiste que pudiera dirigirme a Ti en cada instante. ¡Por puro amor! Quiero aprovechar este gran don.
Evangelio del día (para orientar tu meditación).
Del santo Evangelio según san  Lucas 11, 47-54
En aquel tiempo, Jesús dijo a los fariseos y doctores de la ley: “¡Ay de ustedes, que les construyen sepulcros a los profetas que los padres de ustedes asesinaron! Con eso dan a entender que están de acuerdo con lo que sus padres hicieron, pues ellos los mataron y ustedes les construyen el sepulcro.
Por eso dijo la sabiduría de Dios: Yo les mandaré profetas y apóstoles, y los matarán y los perseguirán, para que así se le pida cuentas a esta generación de la sangre de todos los profetas que ha sido derramada desde la creación del mundo, desde la sangre de Abel hasta la de Zacarías, que fue asesinado entre el atrio y el altar. Sí, se lo repito: a esta generación se le pedirán cuentas.
¡Ay de ustedes, doctores de la ley, porque han guardado la llave de la puerta del saber! Ustedes no han entrado, y a los que iban a entrar les han cerrado el paso”.
Luego que Jesús salió de allí, los escribas y fariseos comenzaron a acosarlo terriblemente con muchas preguntas y a ponerle trampas para ver si podían acusarlo con alguna de sus propias palabras.
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio.
Me topo con palabras muy duras Señor. ¿Estabas cansado de ellos?, ¿consternado por los corazones hipócritas? No quisiera por cierto, Señor, que estas palabras cayesen en saco roto. Siempre que escucho una reprensión como ésta, venida de tu boca, tiendo a suponerla para otras personas: muy pocas veces para mí. Pero ¿qué podría significar si fuese para mí?, ¿soy una persona honesta, sincera, que escucha tu palabra con entereza?
Se pedirán cuentas a todo aquel que  haya recibido tan grandes regalos como los que Tú me das, como lo es el simple hecho de escuchar tus palabras. Tú tienes palabras de vida eterna. Si no las escucho, ¿hacia dónde camino? Muchos han querido escuchar lo que escucho yo, pero no pudieron. Tantas personas buscan el sentido de la vida y no lo encuentran. Y yo, que te escucho hablar con mucha frecuencia a Ti de su  sentido verdadero, ¿qué hago con tus palabras?
Eres un Dios misericordioso y al mismo tiempo justo: y es en eso que se consuma el verdadero amor. Un amor que busca siempre el bien de quienes ama. Un amor verdadero, que exige sacrificio, renuncia, orientación, e incluso alguna reprimenda: todo por el bien de quienes amas.
Si he caído en la rutina de escucharte, si he caído en la rutina de una vida falta de faro orientador, si he perdido de vista mi destino, que es vivir contigo en la eternidad, enséñame a encontrarte una vez más, a despertar una vez más, a no creer que lo sé ya todo, a no pensar que no puedo aprender más, que no puedo amar más. Y es que tanto y tantas personas dependen de mi entrega, que no es indiferente si te escucho o no.
Si Tú me envías mensajeros de tu palabra, profetas de este tiempo, personas a mi vida que me hablen de Ti, sea con su testimonio o con sus palabras, te pido que pueda abrir mi corazón. No quiero que tus palabras se pierdan, Señor. En verdad me toca a mí y de mí depende que tus palabras no se pierdan, sino que traigan fruto para la eternidad.
“¡Cuán importante es mantener vivo este deseo, este anhelo de encontrar al Señor y hacer experiencia de su amor, hacer experiencia de su misericordia! Si llega a faltar la sed del Dios vivo, la fe corre el riesgo de convertirse en rutina, corre el riesgo de apagarse, como un fuego que no se reaviva. Corre el riesgo de llegar a ser “rancia”, sin sentido”.
(Homilía de S.S. Francisco, 23 de noviembre de 2013).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Ver si mi párroco necesita ayuda con algo y ofrecerle un buen gesto que respondaa su necesidad, aunque sea en algo pequeño.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

EDD. jueves 13 de octubre de 2016.

Jueves de la vigésima octava semana del tiempo ordinario.
http://evangeliodeldia.org/main.php?language=SP&module=readings&localdate=20161012


Carta de San Pablo a los Efesios 1,1-10.
Pablo, Apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, saluda a los santos que creen en Cristo Jesús.
Llegue a ustedes la gracia y la paz de parte de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo.
Bendito sea Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en Cristo con toda clase de bienes espirituales en el cielo,
y nos ha elegido en él, antes de la creación del mundo, para que fuéramos santos e irreprochables en su presencia, por el amor.
El nos predestinó a ser sus hijos adoptivos por medio de Jesucristo, conforme al beneplácito de su voluntad,
para alabanza de la gloria de su gracia, que nos dio en su Hijo muy querido.
En él hemos sido redimidos por su sangre y hemos recibido el perdón de los pecados, según la riqueza de su gracia,
que Dios derramó sobre nosotros, dándonos toda sabiduría y entendimiento.
El nos hizo conocer el misterio de su voluntad, conforme al designio misericordioso que estableció de antemano en Cristo,
para que se cumpliera en la plenitud de los tiempos: reunir todas las cosas, las del cielo y las de la tierra, bajo un solo jefe, que es Cristo.
Salmo 98(97),1.2-3ab.3cd-4.5-6.
Canten al Señor un canto nuevo,
porque él hizo maravillas:
su mano derecha y su santo brazo
le obtuvieron la victoria.
El Señor manifestó su victoria,
reveló su justicia a los ojos de las naciones:
se acordó de su amor y su fidelidad
en favor del pueblo de Israel.
Los confines de la tierra han contemplado
el triunfo de nuestro Dios.
Aclame al Señor toda la tierra,
prorrumpan en cantos jubilosos.
Canten al Señor con el arpa
y al son de instrumentos musicales;
con clarines y sonidos de trompeta
aclamen al Señor, que es Rey.
Evangelio según San Lucas 11,47-54.
Dijo el Señor:
«¡Ay de ustedes, que construyen los sepulcros de los profetas, a quienes sus mismos padres han matado!
Así se convierten en testigos y aprueban los actos de sus padres: ellos los mataron y ustedes les construyen sepulcros.
Por eso la Sabiduría de Dios ha dicho: Yo les enviaré profetas y apóstoles: matarán y perseguirán a muchos de ellos.
Así se pedirá cuanta a esta generación de la sangre de todos los profetas, que ha sido derramada desde la creación del mundo:
desde la sangre de Abel hasta la sangre de Zacarías, que fue asesinado entre el altar y el santuario. Sí, les aseguro que a esta generación se le pedirá cuenta de todo esto.
¡Ay de ustedes, doctores de la Ley, porque se han apoderado de la llave de la ciencia! No han entrado ustedes, y a los que quieren entrar, se lo impiden.»
Cuando Jesús salió de allí, los escribas y los fariseos comenzaron a acosarlo, exigiéndole respuesta sobre muchas cosas
y tendiéndole trampas para sorprenderlo en alguna afirmación.

Comentario del Evangelio por Severiano de Gabala (?-c. 408), obispo en Siria. Homilía sobre Caín y Abel.
«Aspersión purificadora de una sangre que habla mejor que la de Abel» (Hb 12,24).
Caín y Abel, aparentemente honraban a Dios con un culto idéntico, pero, de hecho, presentaban sus ofrendas con unas disposiciones completamente distintas. Las del mayor sólo tenía la apariencia de don, las del más joven, por el contrario, eran testimonio de su reverencia y piedad. Es de ahí que nacieron los sentimientos de envidia…, y Abel fue asesinado (Gn 4,3s)…
Encuentro en Abel la imagen de Cristo. Ciertamente, el Salvador es el justo por excelencia…, pero entre todos los hombres de la antigua alianza, Abel es el príncipe de la justicia… Por otra parte, el mismo Salvador puso a Abel el primero en la línea de los justos cuando dijo a los judíos: «Os digo que a esta generación se le pedirá cuenta de la sangre de los profetas derramada desde la creación del mundo; desde la sangre de Abel hasta la de Zacarías, que pereció entre el altar y el santuario»…
Admirable cosa: porque combatió el primero en favor de la justicia, Abel tiene el honor de sufrir el primero a causa de la piedad. Verdaderamente es la prefiguración de Cristo que murió a causa de la verdad. La sangre de Abel anunciaba la sangre de Cristo: clamaba desde la tierra (Gn 4,10) ; también clama  la sangre del Señor. Pero la sangre de Abel era una súplica, la sangre de Cristo es la reconciliación del mundo… Por eso el apóstol Pablo recordando a uno y otro, confiesa la superioridad de la sangre de Cristo. Escribe: «Os habéis acercado al monte Sión, ciudad del Dios vivo, a la asamblea de innumerables ángeles, a la congregación de los primogénitos inscritos en el cielo, a Dios, juez de todos, a las almas de los justos que han llegado a su destino y a la aspersión purificadora de una sangre que habla mejor que la de Abel» (He 12,22-24)… Si, esta sangre habla, suplica en favor de los pecadores, intercede por el mundo. La sangre de Cristo es verdaderamente la purificación del mundo; la sangre de Cristo, es la redención de los hombres.

Catequesis del papa Francisco en la audiencia del miércoles 12 de octubre de 2016

Texto completo de la catequesis del papa Francisco en la audiencia del miércoles 12 de octubre de 2016.
El Santo Padre asegura que reconocer el rostro de Jesús en el de quien está en la necesidad es un verdadero desafío hacia la indiferencia.
https://es.zenit.org/articles/texto-completo-de-la-catequesis-del-papa-francisco-en-la-audiencia-del-miercoles-12-de-octubre-de-2016/
Audiencia general - CTV

Audiencia General – CTV

(ZENIT – Ciudad del Vaticano).- El papa Francisco, en la audiencia general de esta semana, ha recordado que la misericordia no está reservada solo a los momentos particulares, sino que abraza toda nuestra existencia cotidiana. De este modo ha explicado las “obras de misericordia corporal” que son las que socorren a las personas en sus necesidades materiales. Y también ha indicado que existen las llamadas obras de misericordia “espirituales”, que se refieren a otras exigencias humanas importantes, sobre todo hoy, porque tocan la intimidad de las personas y a menudo hacen sufrir más.
Publicamos a continuación el texto completo de la catequesis.

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

En las catequesis precedentes nos hemos adentrado poco a poco en el gran misterio de la misericordia de Dios. Hemos meditado sobre el actuar del Padre en el Antiguo Testamento y después, a través de los pasajes evangélicos, hemos visto cómo Jesús, en sus palabras y en sus gestos, es encarnación de la Misericordia. Él, a su vez, ha enseñado a sus discípulos: “Sed misericordiosos como el Padre” (Lc 6,36). Es un compromiso que interpela la conciencia y la acción de cada cristiano. De hecho, no basta con experimentar la misericordia de Dios en la propia vida; es necesario que quien la recibe se convierta también en signo e instrumento para los otros. La misericordia, además, no está reservada solo a los momentos particulares, sino que abraza toda nuestra existencia cotidiana.

Entonces, ¿cómo podemos ser testigos de la misericordia? No pensemos que se trata de cumplir grandes esfuerzos o gestos sobrehumanos. No, no es así. El Señor nos indica un camino mucho más sencillo, hecho de pequeños gestos pero que a sus ojos tienen un gran valor, a tal punto que nos ha dicho que seremos juzgados por los gestos. De hecho, una de las páginas más bonitas del Evangelio de Mateo nos lleva a la enseñanza que podemos considerar de alguna manera como el “testamento de Jesús” por parte del evangelista, que experimentó directamente en sí la acción de la Misericordia.

Jesús dice que cada vez que damos de comer a quien tiene hambre y de beber a quien tiene sed, que vestimos a una persona desnuda y acogemos a un forastero, que visitamos a un enfermo a un preso, lo hacemos a Él  (cfr Mt 25,31-46). La Iglesia ha llamado estos gestos “obras de misericordia corporal” porque socorren a las personas en sus necesidades materiales.

Hay también otras siete obras de misericordia llamadas “espirituales”, que se refieren a otras exigencias humanas importantes, sobre todo hoy, porque tocan la intimidad de las personas y a menudo hacen sufrir más.

Todos seguramente recordamos una que ha entrado en el lenguaje común: “soportar con paciencia a las personas molestas”. Y las hay, hay personas molestas. Podría parecer algo poco importante, que nos hace reír, sin embargo contiene un sentimiento de profunda caridad; y así es también para los otros seis, que nos viene bien recordar: dar buen consejo al que lo necesita, enseñar al que no sabe, perdonar al que nos ofende, consolar al triste, corregir al que se equivoca, rezar a Dios por los vivos y por los difuntos.

 Son cosas de todos los días, ‘pero yo estoy dolido, Dios te ayudará, no tengo tiempo’. No. Me paro, escucho, pierdo el tiempo y consuelo. Ese es un gesto de misericordia. Y esto no se hace solo a él, se hace a Jesús. En las próximas catequesis nos detendremos en estas obras, que la Iglesia nos presenta como el modelo concreto para vivir la misericordia. A lo largo de los siglos, muchas personas sencillas las han puesto en práctica, dando así genuino testimonio de la fe.

La Iglesia, por otra parte, fiel a su Señor, nutre un amor preferencial por los más débiles. A menudo son las personas más cercanas a nosotros las que necesitan ayuda. No tenemos que ir a la búsqueda de quién sabe qué asuntos. Es mejor iniciar por los más sencillos, que el Señor nos indica como los más urgentes.

En un mundo lamentablemente golpeado por el virus de la indiferencia, las obras de misericordia son el mejor antídoto. Nos educan, de hecho, a la atención hacia las exigencias más elementales de nuestros “hermanos más pequeños” (Mt 25,40), en los que está presente Jesús. Siempre Jesús está presente ahí donde hay una necesidad, una persona que tiene una necesidad, sea material o espiritual, ahí está Jesús.

Reconocer su rostro en el de quien está en la necesidad es un verdadero desafío hacia la indiferencia. Nos permite estar siempre vigilantes, evitando que Cristo nos pase al lado sin que lo reconozcamos. Vuelve a la mente la frase de san Agustín: “Timeo Iesum transeuntem” (Serm., 88, 14, 13). Tengo miedo de que el Señor pase y yo no lo reconozca. Que el Señor pase delante de mí en una de estas personas pequeñas, necesitadas, y yo no me dé cuenta de que es Jesús. Tengo miedo de que el Señor pase y yo no lo reconozca.

Me he preguntado por qué san Agustín ha dicho de de temer el paso de Jesús. La respuesta, lamentablemente, está en nuestros comportamientos: porque a menudo estamos distraídos, somos indiferentes, y cuando el Señor pasa cerca de nosotros perdemos la ocasión de encuentro con Él.

Las obras de misericordia despiertan en nosotros la exigencia y la capacidad de hacer viva y operante la fe con la caridad. Estoy convencido de que a través de estos gestos sencillos cotidianos nosotros podemos cumplir una verdadera revolución cultural, como ha ocurrido en el pasado. Si cada uno de nosotros, cada día, hace una de estas, esto será una revolución en el mundo, pero todos, cada uno de nosotros.

¡Cuántos santos son recordados todavía hoy no por las grandes obras que han realizado sino por la caridad que han sabido transmitir! Pensemos en Madre Teresa, canonizada hace poco: no la recordamos por las muchas casas que ha abierto en el mundo, sino porque se arrodillaba ante cada personas que encontraba en el camino para restituirle la dignidad.

¡Cuántos niños abandonados ha tenido entre sus brazos! ¡Cuántos moribundos ha acompañado al umbral de la eternidad dándoles la mano! Estas obras de misericordia son los rasgos del Rostro de Jesucristo que cuida a sus hermanos más pequeños para llevar a cada uno la ternura y la cercanía de Dios. Que el Espíritu Santo nos ayude, que el Espíritu Santo encienda en nosotros el deseo de vivir con este estilo de vida. Al menos hacer una cada día, al menos. Aprendamos de nuevo de memoria las obras de misericordia corporal y espiritual y pidamos al Señor que nos ayude a ponerlas en práctica cada día en el momento en el que vemos a Jesús en una persona que está necesitada.

Comentario al evangelio de hoy miércoles 12 de octubre de 2016

La gratuidad de la salvación.
Tiempo, ordinario, ciclo, c.
Ay de vosotros, que imponéis a los demás cargas intolerables.
Por: H. Cristian Gutiérrez LC | Fuente: www.catholic.net

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Señor, te agradezco todos los dones y beneficios que me concedes. Gracias por la vida, la salud, mi cuerpo, mi familia, mis amigos. Gracias por haberme dado la fe, la esperanza y la caridad para, por medio de ellas, encontrarte a Ti en todos los momentos de mi vida. Ayúdame  a serte fiel siempre. Que jamás te deje solo. Inflama mi corazón de celo por la extensión de tu Reino y la salvación de las almas.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Lucas 11, 42-46
En aquel tiempo, Jesús dijo: “¡Ay de ustedes, fariseos, porque pagan diezmos hasta de la hierbabuena, de la ruda y de todas las verduras, pero se olvidan de la justicia y del amor de Dios! Esto debían practicar sin descuidar aquello. ¡Ay de ustedes, fariseos, porque les gusta ocupar los lugares de honor en las sinagogas y que les hagan reverencias en las plazas! ¡Ay de ustedes, porque son como esos sepulcros que no se ven, sobre los cuales pasa la gente sin darse cuenta!”.
Entonces tomó la palabra un doctor de la ley y le dijo: “Maestro, al hablar así, nos insultas también a nosotros”. Entonces Jesús le respondió: “¡Ay de ustedes también, doctores de la ley, porque abruman a la gente con cargas insoportables, pero ustedes no las tocan ni con la punta del dedo!”.
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio.
Palabras duras las que diriges en este día a los fariseos. Duras, pero llenas de amor y motivadas por el deseo de que se dejen tocar por Dios. Porque sólo de este modo tendrá sentido todas las obras que realizan. Es que solamente las obras realizadas por amor tienen sentido en mi vida.
Pero hoy quisiera fijarme en la frase en la que declaras que a veces me olvido del amor de Dios. Puede ser que en mi vida como cristiano sólo me preocupe por cumplir deberes, realizar actos de caridad, rezar, ayunar ir a misa y confesarme, pero me olvido de que a la base de todo ello está tu amor por mí.
Me parece interesante la distinción que haces en esta frase. No dices que me olvido del amor a Dios, sino del amor de Dios. ¡Qué difícil es a veces dejarnos amar por Ti! Pareciera mucho más fácil trabajar por amarte y vivir anhelando crecer en este amor. Ejercer todas mis acciones para crecer en mi amor por Ti, pero olvidando que Tú me amas mucho más de lo que me puedo imaginar. Hoy me llamas la atención sobre tu amor que me precede. ¡Tú, Dios mío, me amas! Dame la gracia de jamás olvidar que Tú me amaste primero.
Y por último, quisiera pedirte la gracia de actuar siempre de cara a Ti. El pecado de los fariseos no es que hicieran las cosas mal o que no las hicieran. el problema es cómo las hacen. Las hacen únicamente para quedar bien, para crear buena imagen, para ganarse el respeto de los demás. Ayúdame a actuar siempre por amor a Ti y buscando agradarte en todo lo que hago.
“Una de las cosas más difíciles de entender, para todos nosotros cristianos, es la gratuidad de la salvación en Jesucristo. Nosotros estamos acostumbrados a escuchar que Jesús es el Hijo de Dios, que ha venido por amor, para salvarnos y que ha muerto por nosotros. Pero lo hemos escuchado tantas veces que estamos acostumbrados. Cuando entramos en el misterio de Dios de este amor sin límites nos quedamos maravillados y quizá, preferimos no entenderlo.Hacer lo que Jesús nos dice es bueno y se debe hacer pero esta es mi respuesta a la salvación que es gratuita, viene del amor gratuito de Dios”.
(Cf Homilía de S.S. Francisco, 15 de octubre de 2015, en Santa Marta).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Hoy durante el día repetiré varias veces esta jaculatoria: ¡Gracias, Señor, por tu amor a mí!
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.