Ir al contenido principal

Autor: Patricio Osiadacz

Homilía para la Eucaristía del domingo 24 de mayo de 2020.

A todos mucha Paz y Bien. A cuidarse todos.

SOLEMNIDAD DE LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR.

Hechos 1,1-11: Inicio del libro de los Hechos. Se fija el Plan evangelizador de los Apóstoles: parte de Jerusalén y alcanza hasta el corazón del Imperio. Así se modifican las preocupaciones nacionalistas de los discípulos. La Ascensión es el punto culminante del Misterio de Cristo.

Efesios 1,17-23: Inicio de la carta. El apóstol pide y desea para los efesios la Sabiduría ´para conocer la esperanza que tienen y el poder y grandeza manifestados en la resurrección-ascensión de Cristo, quien tiene ahora la plenitud del poder. Por eso todo está bajo sus pies, la Iglesia es su Cuerpo, Él es la Cabeza, de Él depende todo.

Mateo 28,16-20: A Jesús se le otorgó pleno poder; la ascensión es su signo. De este poder deriva la misión de los apóstoles, que tiene tres aspectos: hacer discípulos, bautizarlos y enseñarles todo lo que Jesús enseñó.

1.- La celebración de este misterio exige de nuestra parte una real comprensión de lo que significa para nosotros. No podemos comprenderlo plenamente, pero sí aproximarnos reverentemente, sabiendo que está expresado en un lenguaje humano que necesita ser aclarado. Así, por ejemplo: ascensión, subida. ¿A dónde? Al cielo.  Tiene pleno poder y así envía a los suyos. Partamos explicando el sentido de “cielo”. El hombre siempre ha ubicado a la divinidad en el cielo, en lo alto, donde habita Dios. Por eso, cielo y Dios vienen a ser sinónimos.

El hombre no puede subir al cielo, a Dios. Es Dios quien baja a donde habita el hombre, la tierra. Y baja para estar con él y para que pueda “subir”, llegar a Dios.

Jesús no sube al cielo como alguien a quien Dios premia. No. Él regresa a donde Él moraba antes de la encarnación. “La Palabra estaba junto a Dios” (Juan 1,2).

2.- La resurrección y ascensión de Cristo manifiestan el poder que tiene. Se lo dice a los suyos: “Yo he recibido todo poder”. Jesús es el enviado con poder, es, en el genuino sentido de la palabra, el Plenipotenciario del Padre. Y con este poder Jesús envía a los suyos (cfr. Juan 20,21). Por eso los primeros cristianos reconocieron a Jesús como el Señor, el que tiene plena autoridad.

Pablo nos dice que Jesús ha sido constituido por encima de todo poder, sea cual sea este poder, y es Cabeza de la Iglesia, que es su Cuerpo. De Cristo viene toda la vitalidad de la Iglesia; por eso, no puede prescindir de Cristo en ningún momento. Él es la fuente de toda energía espiritual.

3.-No podemos prescindir de Cristo, así como un cuerpo no puede prescindir de la cabeza. La iglesia, la comunidad cristiana, el creyente, no pueden prescindir de Cristo. Y a veces, aunque se diga que creemos en Jesucristo, de hecho se prescinde de Él, se vive y actúa como si Jesús ya no importara. La misma vida espiritual – religiosa prescinde de Cristo. Hemos caído en un “esnobismo espiritual”, en novedosas corrientes que, aunque buenas, no tienen en cuenta a Jesús. Todo se reduce al esfuerzo humano, en ejercicios psicológicos. ¡Cuidado! Sin Cristo no hay vida. Es decidor lo que se lee en Juan 11 dos veces: “Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto” (vv.21.32).

Para muchos cristianos Jesús es una mera teoría o un personaje del pasado. Es increíble cómo hemos racionalizado tanto la fe que el cristianismo, para muchos, ya no es vida, sino una religión inerte o una ideología. Es una de las razones por qué tantos se van en pos de sectas que les ofrecen un sucedáneo de vida. Hace falta una vida cristiana donde no esté ausente Jesús, porque si El no está “muere mi hermano”, viene el desencanto, la inercia, se adelantan las muertes, se agota la vida y la alegría. He aquí la gran verdad: sin Cristo no hay vida. Sólo quien está vitalmente unido a Cristo tiene vida. Cabría preguntarse entonces si como comunidad cristiana, como creyentes, estamos unidos a Cristo. No prescindamos de Él ya que de Él viene la vida, de Él fluye el Río de agua viva, que es el Espíritu Santo. De Cristo, Cabeza de la Iglesia, fluye la  energía de la fe.

4.- Con la Ascensión se inicia el ministerio de la Iglesia. El Señor envía a su Iglesia a tres cosas: a hacer discípulos, es decir, procurar que haya otros que también quieran seguir al Señor;  a bautizarlos, es decir, que estos seguidores nazcan del agua y del Espíritu para tener una vida en comunión con Dios Trino; enseñar lo que Él enseñó, es decir, una forma de vida nueva, de acuerdo al Reino de Dios.

“Vayan”, nos dice. No podemos quedarnos embobados mirando al cielo, no, sino ir con la fuerza del Espíritu a proclamar a Jesús.

Ser creyente, ser discípulo lleva consigo la exigencia de ser misionero, un enviado con autoridad para proclamar que en Jesús está la salvación.

Celebrar la Ascensión es celebrar su presencia nueva, la  del Espíritu, y así saber reconocerlo en los hermanos.  Esta fiesta nos empuja al compromiso, a trabajar por los demás hasta que Él vuelva y así preparar su venida gloriosa. Si no trabajamos por la implantación del Reino de Dios en este mundo no tenemos derecho a decir: VEN, SEÑOR JESÚS.

Hermano Pastor Salvo Beas.

Homilía para la Eucaristía del domingo 17 de mayo de 2020.

DOMINGO VI DE PASCUA.

Hechos 8,5-8.14-17: Dos partes. En la primera, la persecución desatada en Jerusalén provoca la evangelización de los samaritanos, que eran mal vistos por los judíos. En la segunda, los Apóstoles van a Samaria para hacerlos partícipes del Espíritu Santo.

1Pedro 3,15-18: El cristiano debe dar testimonio en el mundo incluso en la persecución, glorificando a Cristo en el corazón.

Juan 14,15-21: Primer anuncio de la venida del Paráclito. Así Cristo sigue presente en medio de sus discípulos.

1.- El evangelio de hoy suena a despedida. Ya vimos que el tema central del capítulo 14 es qué sucederá con los discípulos cuando Él no esté.

 Hoy vemos que la primitiva comunidad cristiana experimentó la persecución,  la dificultad. Esto provocó en algunos angustia, miedo; optaron por huir. Pero esta huída no fue estéril ya que siguieron predicando a Cristo, incluso comenzaron a romper fronteras. Se evangeliza a los samaritanos, considerados unos herejes dignos de ser menospreciados por los judíos. Y precisamente a ellos se les comunica, se los hace partícipes del mejor de los dones: el Espíritu Santo. De modo que el evangelio comienza a extenderse con la fuerza del Espíritu Santo. Y los samaritanos, como los otros creyentes, fueron llenos del Espíritu Santo.

2.- Los cristianos, estemos donde estemos, hemos de saber dar testimonio de Cristo.

Me llama la atención lo que dice la carta de Pedro: “Glorifiquen en sus corazones a Cristo, el Señor”. Otros traducen: “Den culto a Cristo como Señor”. El primer testimonio de un cristiano es hacer de su vida un culto, es decir, por su conducta el creyente hace que Jesucristo sea reconocido como Dios y Señor. Es la mejor manera de dar razón de nuestra esperanza. Hoy día, inmersos como estamos en una sociedad pagana y hostil, no bastan los argumentos filosóficos y teológicos para defender la fe; es necesario llevar una vida coherente con la fe que profesamos.

Otra cosa que me llama la atención de la carta es lo que dice: “Háganlo con suavidad y respeto y con tranquilidad de conciencia”. O sea, sin fanatismos, sin “guerras santas”. No; sino con la vida, que debe ser un culto al Señor en el interior de nuestro ser. Para eso también nosotros hemos recibido al Espíritu Santo.

3.- Vivimos tiempos difíciles, de pandemia. Muchos tienen miedo, angustia, inseguridad. Vivimos, querámoslo o no, tiempo de cuarentena, de confinamiento. Y esta hace producir muchas consecuencias.

Como cristianos, como Iglesia, hemos de saber vivir la fe en este contexto diferente. No encerrarnos solamente, sino ser creativos, por ejemplo,  a la hora de celebrar nuestra fe. Tal vez esto nos exija buscar formas y expresiones nuevas de vivir y celebrar nuestra fe, redescubrir la riqueza de una Iglesia doméstica. No estamos solos!  Jesús nos dice hoy: “No los dejaré huérfanos”.

4.- Sí. El Señor promete hoy “otro Paráclito”. ¿Cómo? ¿Cuántos Paráclitos hay? Paráclito significa principalmente “asistente”, “acompañante”, “Asesor”, “Defensor”. Algunos traducen también por Consolador, peo esto no es muy seguro.  Pues bien, Cristo es nuestro primer Paráclito. Pero al marcharse promete “otro Paráclito”, otro asistente, otro asesor. Si Cristo es nuestro Abogado – Defensor ante el Padre (cfr. 1Juan 2,1), el Defensor en este mundo es el Espíritu Santo que se nos promete.  De modo que aunque nos sintamos atacados, hostigados, acusados y acosados, no temamos. Con la ayuda de tal Defensor podemos hacer de nuestra vida un culto al Señor, glorificar al Señor en nuestros corazones.  Con tal Asesor bien podremos dar razón de nuestra esperanza.

El Señor permanece con nosotros. La Cuarentena te impedirá participar en la Eucaristía, unirte al Señor en la santa Comunión. Que esto te sirva para acrecentar más tu apetito de tener al Señor.

Seamos creativos, no estamos solos, Él nos asesora y nos acompaña. ¡Qué bien podemos hacer de nuestro hogar, aunque sea con algunos, una Iglesia Doméstica, que celebra a Jesús como a su Señor! Y tener presente a tantos amigos y conocidos que en este momento están con el Virus.

  Hermano Pastor Salvo Beas.

EDD. martes 12 de mayo de 2020.

Hoy, martes, 12 de mayo de 2020

Primera lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (14,19-28):

EN aquellos días, llegaron unos judíos de Antioquía y de Iconio y se ganaron a la gente; apedrearon a Pablo y lo arrastraron fuera de la ciudad, dejándolo ya por muerto. Entonces lo rodearon los discípulos; él se levantó y volvió a la ciudad.
Al día siguiente, salió con Bernabé para Derbe. Después de predicar el Evangelio en aquella ciudad y de ganar bastantes discípulos, volvieron a Listra, a Iconio y a Antioquia, animando a los discípulos y exhortándolos a perseverar en la fe, diciéndoles que hay que pasar muchas tribulaciones para entrar en el reino de Dios.
En cada Iglesia designaban presbíteros, oraban, ayunaban y los encomendaban al Señor, en quien habían creído. Atravesaron Pisidia y llegaron a Panfilia. Y después de predicar la Palabra en Perge, bajaron a Atalía y allí se embarcaron para Antioquia, de donde los habían encomendado a la gracia de Dios para la misión que acababan de cumplir. Al llegar, reunieron a la Iglesia, les contaron lo que Dios había hecho por medio de ellos y cómo había abierto a los gentiles la puerta de la fe. Se quedaron allí bastante tiempo con los discípulos.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 144,10-11.12-13ab.21

R/.
Que tus fieles, Señor, proclamen la gloria de tu reinado

Que todas tus criaturas te den gracias, Señor,
que te bendigan tus fieles.
Que proclamen la gloria de tu reinado,
que hablen de tus hazañas. R/.

Explicando tus hazañas a los hombres,
la gloria y majestad de tu reinado.
Tu reinado es un reinado perpetuo,
tu gobierno va de edad en edad. R/.

Pronuncie mi boca la alabanza del Señor,
todo viviente bendiga su santo nombre
por siempre jamás. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Juan (14,27-31a):

EN aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy yo como la da el mundo. Que no turbe vuestro corazón ni se acobarde. Me habéis oído decir: “Me voy y vuelvo a vuestro lado”. Si me amarais, os alegraríais de que vaya al Padre, porque el Padre es más que yo. Os lo he dicho ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda creáis.
Ya no hablaré mucho con vosotros, pues se acerca el príncipe del mundo; no es que él tenga poder sobre mi, pero es necesario que el mundo comprenda que yo amo al Padre, y que, como el Padre me ha ordenado, así actúo yo».

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

Juan Carlos Martos, cmf

En el clima de despedida de Jesús, los discípulos muestran su preocupación lógica por el futuro, cuando les falte el Maestro. Y Jesús les tranquiliza con un doble mensaje:

  • En primer lugar, les comunica su paz: «La paz os dejo, mi paz os doy». No les llama a luchar por la paz, sino a recibir su paz. La suya no es una paz barata, sino una paz que viene de lo alto: «no os la doy yo como la da el mundo». Recordamos estas palabras cada día en la misa, antes de comulgar: «Señor Jesucristo, que dijiste a los apóstoles: la paz os dejo, mi paz os doy…». El mito de Caín y Abel, situado en los orígenes, presenta la historia humana como un relato de permanente agresión y conflicto entre hermanos. Por eso, necesitamos una paz especial y urgente. No es la de los estoicos -que promueven apatía e insensibilidad-; ni la de los maestros de yoga, que pueden reducirla a imperturbabilidad y tranquilidad; ni la de este mundo que es mera ausencia de conflictos. La paz que enseña Jesús nace de la cruz. Su cruz es el signo del amor que vence al odio. Porque al odio sólo puede vencerle el amor. Y el amor vence al odio soportándolo, siendo quizás destrozado y aparentemente vencido por él. Este es el camino de Jesús «pobre y humilde», rechazado y crucificado, pero al final triunfante y resucitado.
  • En segundo lugar, les exhorta a que no se angustien ni tengan miedo ante el anuncio de su ausencia. Les aterra perder a Jesús. Su miedo remite a esa angustiosa impotencia que experimentamos los humanos ante la amenaza real o inventada de una pérdida importante. El miedo básico es el miedo a la muerte, eco de los demás miedos. El miedo a la enfermedad es miedo a la muerte; el miedo a una tormenta es miedo a la muerte; el miedo a la soledad es miedo a la muerte… Tememos todo cuanto pone en riesgo la vida y anuncia la muerte. El miedo paraliza, bloquea, angustia, desespera … Perder a Jesús es, también, un pavoroso infierno. ¿Cómo quitarse de encima el yugo del miedo? Debemos hacernos esta pregunta. ¿Bastaría con pensamientos positivos? Parece que no. ¿Y con ejercicios de voluntad? Con apretar los puños y dientes tampoco se evapora el miedo. Perdemos nuestro miedo en el momento en que haya una mano -amiga y poderosa-que nos tome y nos conduzca. Cuando Jesús nos pide superar el miedo, nos está diciendo también: “No temáis. Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo”.

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

EDD. lunes 11 de mayo de 2020.

Hoy, lunes, 11 de mayo de 2020

Primera lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (14,5-18):

EN aquellos días, cuando en Iconio se produjeron conatos de violencia de parte de los gentiles y de los judíos, con sus autoridades, para maltratar a Pablo y a Bernabé y apedrearlos; al darse cuenta de la situación, huyeron a las ciudades de Licaonia, a Listra y Derbe y alrededores, donde se pusieron a predicar el Evangelio.
Había en Listra, sentado, un hombre impedido de pies; cojo desde el seno de su madre, nunca había podido andar. Estaba escuchando las palabras de Pablo, y este, fijando en él la vista y viendo que tenía una fe capaz de obtener la salud, le dijo en voz alta:
«Levántate, ponte derecho sobre tus pies».
El hombre dio un salto y echó a andar. Al ver lo que Pablo había hecho, el gentío exclamó en la lengua de Licaonia:
«Los dioses en figura de hombres han bajado a visitarnos».
A Bernabé lo llamaban Zeus, y a Pablo, Hermes, porque se encargaba de hablar. El sacerdote del templo de Zeus que estaba a la entrada de la ciudad trajo a las puertas toros y guirnaldas y, con la gente, quería ofrecerles un sacrificio.
Al oírlo los apóstoles Bernabé y Pablo, se rasgaron el manto e irrumpieron por medio del gentío, gritando y diciendo:
«Hombres, ¿qué hacéis? También nosotros somos humanos de vuestra misma condición; os anunciamos esta Buena Noticia: que dejéis los ídolos vanos y os convirtáis al Dios vivo “que hizo el cielo, la tierra y el mar y todo lo que contienen”. En las generaciones pasadas, permitió que cada pueblo anduviera su camino; aunque no ha dejado de dar testimonio de sí mismo con sus beneficios, mandándoos desde el cielo la lluvia y las cosechas a sus tiempos, dándoos comida y alegría en abundancia».
Con estas palabras, a dura penas disuadieron al gentío de que les ofrecieran un sacrificio.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 113B,1-2.3-4.15-16

R/.
No a nosotros, Señor, no a nosotros,
sino a tu nombre da la gloria

No a nosotros, Señor, no a nosotros,
sino a tu nombre da la gloria,
por tu bondad, por tu lealtad.
¿Por qué han de decir las naciones:
«Dónde está su Dios»? R/.

Nuestro Dios está en el cielo,
lo que quiere lo hace.
Sus ídolos, en cambio, son plata y oro,
hechura de manos humanas. R/.

Benditos seáis del Señor,
que hizo el cielo y la tierra.
El cielo pertenece al Señor,
la tierra se la ha dado a los hombres. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Juan (14,21-26):

EN aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«El que acepta mis mandamientos y los guarda, ese me ama; al que me ama será amado mi Padre, y yo también lo amaré y me manifestaré a él».
Le dijo Judas, no el Iscariote:
«Señor, ¿qué ha sucedido para que te reveles a nosotros y no al mundo?»
Respondió Jesús y le dijo:
«El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él.
El que no me ama no guardará mis palabras. Y la palabra que estáis oyendo no es mía, sino del Padre que me envió.
Os he hablado de esto ahora que estoy a vuestro lado, pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho».

Palabra del Señor

REFLEXIÓN. :

En el evangelio de hoy, Jesús nos ofrece dos enseñanzas provechosas y prácticas para nuestra vida cristiana: Unas precisiones sobre el amor y una promesa.

  • Precisiones sobre el amor: Jesús declara que le ama verdaderamente solo quien conoce sus mandamientos y los cumple. El tipo de amor que promueve Jesús no se confunde con otros tipos de amores. Se centra en conocer y cumplir. Él no era pelagiano. Por eso, el amor no es mero activismo. No hay amor sin empatizar con Jesús y comprenderle, hasta descubrir que Él es la Verdad. Aunque a veces parezca misterioso, nunca es absurdo. Sin experiencia de encuentro, sin trato y contacto, sin escucha y acogida de su palabra… no hay amor. Pero Jesús no era tampoco gnóstico. No se rodeó de amigos movidos por mera admiración o por curiosidad; les exigió también el “hacer”. No basta estar informados. Hay que poner en práctica sus palabras y realizar lo que Él propone. A quien le conoce y le obedece, queda unido a él, en comunión, como el sarmiento “injertado” en la vid, pero no como el sarmiento simplemente “atado” a ella, yuxtapuesto.
  • Una promesa: Enviará al Espíritu Santo que “enseñará” y “recordará” todo lo que Él había dicho. Quien abre su corazón al Espíritu Santo no se convierte en Dios, sino en “templo de Dios”. Pero, atención, ser “templos” no es lo mismo que ser “sacristías” que no contienen la presencia viva del Señor, sino que solo almacenan objetos sacros. El Espíritu Santo mora en nuestro corazón en la medida en que su acción es visible en la vida. Su actividad es muy rica. Aparece descrita por los títulos que le dan las Escrituras. Hoy Jesús le llama “Defensor” porque nos defiende del mal -que además de mentiroso y dañino, siempre es más fuerte que nosotros- y también “Maestro interior” que nos hace inteligible lo que no podemos comprender y nos recuerda las palabras de Jesús que olvidamos tan frecuentemente o las cambiamos por otras.

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

EDD. sábado 09 de mayo de 2020

Hoy, sábado, 9 de mayo de 2020

Primera lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (13,44-52):

EL sábado siguiente, casi toda la ciudad acudió a oír la palabra del Señor. Al ver el gentío, los judíos se llenaron de envidia y respondían con blasfemias a las palabras de Pablo. Entonces Pablo y Bernabé dijeron con toda valentía:
«Teníamos que anunciaros primero a vosotros la palabra de Dios; pero como la rechazáis y no os consideráis dignos de la vida eterna, sabed que nos dedicamos a los gentiles. Así nos lo ha mandado el Señor: “Yo te he puesto como luz de los gentiles, para que lleves la salvación hasta el confín de la tierra”».
Cuando los gentiles oyeron esto, se alegraron y alababan la palabra del Señor; y creyeron los que estaban destinados a la vida eterna.
La palabra del Señor se iba difundiendo por toda la región. Pero los judíos incitaron a las señoras distinguidas, adoradoras de Dios, y a los principales de la ciudad, provocaron una persecución contra Pablo y Bernabé y los expulsaron de su territorio.
Estos sacudieron el polvo de los pies contra ellos y se fueron a Iconio. Los discípulos, por su parte, quedaban llenos de alegría y de Espíritu Santo.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 97,1-2ab.2cd.3ab.3cd-4

R/.
Los confines de la tierra han contemplado
la victoria de nuestro Dios

Cantad al Señor un cántico nuevo,
porque ha hecho maravillas.
Su diestra le ha dado la victoria,
su santo brazo. R/.

El Señor da a conocer su salvación,
revela a las naciones su justicia:
se acordó de su misericordia y su fidelidad
en favor de la casa de Israel. R/.

Los confines de la tierra han contemplado
la victoria de nuestro Dios.
Aclama al Señor, tierra entera;
gritad, vitoread, tocad. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Juan (14,7-14):

«Si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto».
Felipe le dice:
«Señor, muéstranos al Padre y nos basta».
Jesús le replica:
«Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: “Muéstranos al Padre”? ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, él mismo hace las obras. Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre en mí. Si no, creed a las obras.
En verdad, en verdad os digo: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aun mayores, porque yo me voy al Padre. Y lo que pidáis en mi nombre, yo lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si me pedís algo en mi nombre, yo lo haré».

Palabra del Señor

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

REFLEXIÓN :

• Juan 14,7: Conocer a Jesús es conocer al Padre. El texto del evangelio de hoy es una continuación del de ayer. Tomás había preguntado: «Señor, no sabemos a dónde vas. ¿Cómo podemos saber el camino?» Jesús respondió: «Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí. Y añadió: “Si me conocéis a mí, conoceréis también al Padre. Desde ahora lo conocéis y lo habéis visto». Esta es la primera frase del evangelio de hoy. Jesús habla siempre del Padre, pues todo lo que hablaba y hacía era transparencia de la vida del Padre. Esta referencia constante al Padre provoca la pregunta de Felipe.
• Juan 14,8-11: Felipe pregunta: «¡Muéstranos al Padre y nos basta!” Era el deseo de los discípulos, el deseo de mucha gente en las comunidades del Discípulo Amado y es el deseo de muchos de nosotros hoy: ¿cómo hace la gente para ver al Padre del que Jesús habla tanto? La respuesta de Jesús es muy bonita y vale hasta hoy: «¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros y aún no me conoces, Felipe? ¡El que me ha visto a mí ha visto al Padre!» La gente no debe pensar que Dios está lejos de nosotros, como alguien distante y desconocido. Quien quiere saber cómo es y quién es Dios, basta que le mire a Jesús. El lo ha revelado en las palabras y en los gestos de su vida. «¡El Padre está en mí y yo estoy en el Padre!» A través de su obediencia, Jesús está totalmente identificado con el Padre. En cada momento hacía lo que el Padre mostraba que había que hacer (Jn 5,30; 8,28-29.38). Por esto, en Jesús, ¡todo es revelación del Padre! Y las señales o las obras de Jesús ¡son obras del Padre! Como dice la gente: «¡Este hijo le ha cortado la cara a su padre!» Por esto, en Jesús y por Jesús, Dios está en medio de nosotros.
• Juan 14,12-14: Promesa de Jesús. Jesús hace una promesa para decir que la intimidad que él tiene con el Padre no es un privilegio que sólo le pertenece a él, sino que es posible para todos aquellos que creen en él. Nosotros también, a través de Jesús, podemos llegar a hacer cosas bonitas para los demás como Jesús hacía para la gente de su tiempo. El va a interceder por nosotros. Todo lo que la gente le pide, él lo va a pedir al Padre y lo va a conseguir, con tal que sea para servir. Jesús es nuestro defensor. El se va, pero no nos deja sin defensa. Promete que va a pedir al Padre que envíe a otro defensor o consolador, el Espíritu Santo. Jesús llega a decir que precisa irse ahora, porque, de lo contrario, el Espíritu Santo no podrá venir (Jn 16,7). Es el Espíritu Santo el que realizará las cosas de Jesús en nosotros, si actuamos en nombre de Jesús y observamos el gran mandamiento de la práctica del amor.

Fuente : https://ocarm.org/es/content/lectio/lectio-divina-juan-147-14

Homilía para la Eucaristía del Domingo 10 de mayo de 2020.

Un cordial saludo de Paz y Bien.

DOMINGO QUINTO DE PASCUA.

Hechos 6,1-7: Con ocasión de un conflicto interno en la comunidad nace la “diakonía”, que es una característica típicamente cristiana. Para ello se designa a siete varones, a los que se  les imponen las manos, es decir, se les da autoridad para cierto servicio.

1Pedro 2,4-10: El texto nos presenta la nueva condición regalada por Dios en virtud del sacrificio de Cristo. Somos un Pueblo especial, como antes lo fue Israel.

Juan 14, 1-12: Este capítulo 14 trata de mostrar la suerte de los discípulos cuando el Señor ya no esté con ellos físicamente.

1.- Hace un par de semanas atrás decía que la espiritualidad cristiana es la del Éxodo. Como Israel fue sacado, liberado de la tiranía del Faraón y pasó a ser el Pueblo de Dios, de la misma manera nosotros fuimos rescatados, comprados por la Sangre de Cristo y hemos pasado a ser propiedad privada de Dios, Pueblo de Dios y Casa espiritual. También nosotros somos una Nación santa, un Sacerdocio real, un pueblo adquirido para proclamar la salvación. O sea, se nos ha regalado una nueva condición, algo que no éramos ni teníamos: un Pueblo de que alcanzó misericordia del Señor. Esto se viene a sumar a lo que ya se ha dicho: Cristo Resucitado, el único verdadero sacerdote de Dios, se encuentra presente en medio de nosotros y nos asocia a Él, para que con Él y como Él, proclamemos la misericordia de Dios.

2.- Todos tenemos experiencia de comunidad, comenzando por la comunidad fundamental, la familia. Y constatamos que no existe ninguna comunidad perfecta en este mundo. Pero esto no es para desalentarse.

Recién  decía que Jesús, nuestro Sacerdote y Pastor, nos asocia a todos a su misión, a su Ministerio. Sí, a propósito uso la palabra “ministerio”, que significa servicio. Porque Jesucristo requiere de sus discípulos tres cosas: uno, que se conviertan y lo dejen todo por Él; segundo, que tengan un estilo de vida nuevo: el amor fraterno; tercero, una actitud nueva: la Diakonía, es decir, el servicio. Si llegaran a faltar estos tres elementos, que podríamos calificarlo de “Trípode del discipulado”, nuestro cristianismo no sería un discipulado, como veíamos el domingo anterior. Tenemos que ser diferentes al resto, es decir, hemos de ser un Pueblo Santo.

3.- La actitud de servicio es la más importante para una vivencia comunitaria. Pertenecer a un grupo, a una comunidad, pero no estar dispuesto al servicio, origina conflictos, como sucedió a la comunidad primitiva, según nos dice la primera lectura. Allí imperaba el individualismo. Cuando en cada uno, en cada grupo, en cada partido cada uno tira para su propio interés, allí no podemos hablar de vida comunitaria; eso no sirve.

Por eso, la actitud fundamental, básica de todo cristiano es y debe ser el servicio.

Jesús, Sacerdote y Pastor, es también el Servidor por excelencia. Y a esto nos asocia a todos, no a algunos. Se nos urge a ser artesanos de la cultura de la solidaridad en un mundo donde reina el individualismo. En un mundo donde el interés mayor no es servir al otro, sino servirse del otro. De modo que el hombre vale por lo que sirve.

4.-  Jesús nos dejó la vara muy alta. Pero no. No debemos olvidar que Él es el Camino, es decir, la forma o estilo concreto de ser discípulo. Él es la Verdad, es decir, el modo seguro de vivir esta vida nueva. Por eso Él es la Vida, es decir, con Él tenemos plenitud, ya que sin Él nada somos.

Felipe le pide que le muestre al Padre. No hace falta. Basta con conocer vitalmente a Jesús y estaremos vitalmente unidos a Dios.

Volvemos a hacer comunión con el Señor a través de su Palabra, ya que sacramentalmente no podemos. Teniendo en cuenta lo que nos dice hoy el Señor, le podemos decir con el salmista: Señor, que descienda tu amor sobre nosotros.

Hermano Pastor Salvo Beas.