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Autor: Patricio Osiadacz

Homilía para la Eucaristía del domingo 24 de marzo de 2024.

DOMINGO DE RAMOS.

Isaías 50,4-7: Parte de un poema o cántico del Servidor del Señor, que nos muestra su misión y su plena confianza en el Señor.

Filipenses 2,6-11: Himno que proclama el Misterio de Cristo: anonadado y exaltado por Dios. Ahora es el Señor.

Marcos 14,6-11: Versión que muestra la Pasión de Cristo como el cumplimiento de las Escrituras; en definitiva: la Voluntad de Dios.

1.- Iniciamos la Semana Santa, la Semana Mayor. Semana en la que la Iglesia y cada cristiano se detienen a contemplar y celebrar un Misterio de fe. Porque la Liturgia no celebra efemérides o aniversarios, sino Misterio de Fe. Y Cristo es el centro de nuestra fe.

El Domingo de Ramos bien se puede comparar a lo que en la música es una obertura; una pieza musical con la que se da comienzo a una ópera, por ejemplo, La obertura anticipa los temas de la composición, los sintetiza. Así la liturgia de este Domingo anticipa y sintetiza todo el Misterio que se celebrará en el correr de la Semana. Los textos de hoy nos presentan aspectos de este Misterio. Así, en Isaías encontramos a un Personaje misterioso, a un Servidor del Señor que tiene una misión: consolar a los abatidos. Él está siempre a la escucha de Dios, dispuesto a cumplir su Voluntad, aunque esto le acarree dolores y ultrajes. El Servidor se muestra confiado en el Señor, ya que Él le salvará. Pero, ¿quién es este Servidor? Puede ser el mismo Profeta que sufre a causa de su misión; puede ser el Pueblo de Dios, que tiene que sufrir por trasmitir la enseñanza de Dios. Pero los evangelistas descubren en este Servidor a Jesucristo, que encarna en su Persona el sufrimiento de su Pueblo. Paso a paso este Servidor nos va conduciendo hasta Cristo, el Mesías, el Enviado de Dios, a quien reconocemos por la fe.

2.- La carta a los Filipenses recoge este antiguo himno que proclama y sintetiza todo el Misterio de Cristo. Él es el Dios con nosotros, el humillado, el desfigurado, pero también el siempre obediente a la Voluntad de Dios. Por eso la comunidad de los creyentes lo proclama como el Señor, el Absoluto. Todo está sometido a Él.

Por anticipado los jerosolimitanos, y nosotros con ellos, proclamamos a Cristo Rey, el Bendito, el que viene en el nombre del Señor. Aclamamos por anticipado al que va a entablar la batalla decisiva sabiendo que va a vencer. Por eso le aclamamos y cantamos: “Hosanna, al Hijo de David”.

3.- Sin la perspectiva de la fe, lo acaecido con Cristo no tiene sentido, es un sin sentido, un escándalo, una necedad (cfr. 1Corintios 1,18-25). Por eso hoy se esgrime el argumento de que lo que le pasó a Jesús no es más que la manifestación de un Dios cruel, que se solaza con el sufrimiento de su Hijo y de la humanidad. Mejor no creer en este Dios. Y así, hoy se reniega de Dios. La Pasión de Cristo nada dice al mundo de hoy, ya que está en otra mentalidad.

4.- La liturgia nos presenta hoy la versión de Marcos, que se asemeja mucho a una crónica; pero no es eso. El relato hay que leerlo y meditarlo en clave cristológica, contemplar todo como la revelación de un Misterio de fe. ¿Por qué Jesús padeció y murió? San Marcos nos dirá: para que se cumplan las Escrituras; en el fondo, para que se cumpla lo dispuesto por Dios.

Por eso la Pasión y muerte de Jesús adquieren un valor salvífico que culmina con la Resurrección.

Tanto la primera lectura como la Carta nos presentan el misterio del Servidor del Señor como algo presente en la realidad. En Isaías contemplamos a este Servidor sufriente encarnado en el Pueblo fiel, que sufre la persecución. En la carta, el Apóstol exhorta a encarnar en cada uno de nosotros y en la comunidad las actitudes de Cristo, sintetizado en el texto que hemos escuchado.

Entremos, entonces, como discípulos, a celebrar y vivir esta Semana diferente, no sólo participando en sus ritos y ceremonias, sino viviendo en nosotros, encarnando en nosotros lo que contemplamos y celebramos. Por eso, con el Apóstol les digo: “Tengan la misma actitud de Cristo Jesús” (Filipenses 2,5). Y así celebremos la Pascua.

 Hermano Pastor

EDD. sábado 23 de marzo de 2024.

Hoy, sábado, 23 de marzo de 2024

Primera lectura

Lectura de la profecía de Ezequiel (37,21-28):

ESTO dice el Señor Dios:
«Recogeré a los hijos de Israel de entre las naciones adonde han ido, los reuniré de todas partes para llevarlos a su tierra. Los hará una sola nación en mi tierra, en los montes de Israel. Un solo rey reinará sobre todos ellos. Ya no serán dos naciones ni volverán a dividirse en dos reinos.
No volverán a contaminarse con sus ídolos, sus acciones detestables y todas sus transgresiones. Los liberaré de los lugares donde habitan y en los cuales pecaron. Los purificaré; ellos serán mi pueblo y yo seré su Dios.
Mi siervo David será su rey, el único pastor de todos ellos. Caminarán según mis preceptos, cumplirán mis prescripciones y las pondrán en práctica. Habitarán en la tierra que yo di a mi siervo Jacob, en la que habitaron sis padres: allí habitarán ellos, sus hijos y los hijos de sus hijos para siempre, y mi siervo David será su príncipe para siempre.
Haré con ellos una alianza de paz, una alianza eterna. Los estableceré, los multiplicaré y pondré entre ellos mi santuario para siempre; tendré mi morada junto a ellos, yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo. Y reconocerán las naciones que yo soy el Señor que consagra Israel, cuando esté mi santuario en medio de ellos para siempre».

Palabra de Dios

Salmo

Jr 31,10.11-12ab.13

R/.
 El Señor nos guardará como un pastor a su rebaño

V/. Escuchad, pueblos, la palabra del Señor,
anunciadla a las islas remotas:
«El que dispersó a Israel lo reunirá,
lo guardará como un pastor a su rebaño. R/.

V/. Porque el Señor redimió a Jacob,
lo rescató de una mano más fuerte».
Vendrán con aclamaciones a la altura de Sión,
afluirán hacia los bienes del Señor. R/.

V/. Entonces se alegrará la doncella en la danza,
gozarán los jóvenes y los viejos;
convertiré su tristeza en gozo,
los alegraré y aliviaré sus penas. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Juan (11,45-57):

EN aquel tiempo,muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él. Pero algunos acudieron a los fariseos y les contaron lo que había hecho Jesús.
Los sumos sacerdotes y los fariseos convocaron el Sanedrín y dijeron:
«¿Qué hacemos? Este hombre hace muchos signos. Si lo dejamos seguir, todos creerán en él, y vendrán los romanos y nos destruirán el lugar santo y la nación».
Uno de ellos, Caifás, que era sumo sacerdote aquel año, les dijo:
«Vosotros no entendéis ni palabra; no comprendéis que os conviene que uno muera por el pueblo, y que no perezca la nación entera».
Esto no lo dijo por propio impulso, sino que, por ser sumo sacerdote aquel año, habló proféticamente, anunciando que Jesús iba a morir por la nación; y no solo por la nación, sino también para reunir a los hijos de Dios dispersos.
Y aquel día decidieron darle muerte. Por eso Jesús ya no andaba públicamente entre los judíos, sino que se retiró a la región vecina al desierto, a una ciudad llamada Efraín, y pasaba allí el tiempo con los discípulos.
Se acercaba la Pascua de los judíos, y muchos de aquella región subían a Jerusalén, antes de la Pascua, para purificarse. Buscaban a Jesús y, estando en el templo, se preguntaban:
«¿Qué os parece? ¿Vendrá a la fiesta?».
Los sumos sacerdotes y fariseos habían mandado que el que se enterase de dónde estaba les avisara para prenderlo.

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

Fernando Torres, cmf

Termina ya la Cuaresma. El enfrentamiento de Jesús con los judíos, que llegará a su culmen con la condena a muerte, está subiendo a niveles máximos. En el Evangelio ya no se habla de los judíos, de hecho algunos de estos, al ver las obras de Jesús, habían creído en él. Pero algunos otros han ido a los fariseos y estos a los sumos sacerdotes. Y estos convocan asustados al sanedrín. Jesús es una amenaza y hay que plantarle cara. En esos casos, no hay más que una solución: terminar con él, eliminarlo, hacerlo desaparecer. Alguno diría aquello de que “muerto el perro, se acabó la rabia”. Pero no sabían que no iba a ser tan fácil terminar con Jesús ni con sus ideas. Al final, Dios es siempre más fuerte que los hombres. De esa victoria de Dios, la resurrección, haremos memoria la próxima semana.

Pero antes, hay una cuestión que interesa resaltar. Si se llega a esa aparente solución final es porque los fariseos y sacerdotes se sienten amenazados. El movimiento de Jesús supone un peligro para la estabilidad social. Si el movimiento sigue creciendo, los romanos se van a enfadar y pueden llegar a destruir el lugar santo y la nación. Siendo realistas, los romanos eran capaces de eso y de mucho más (recordemos la destrucción de Jerusalén y del mundo judío en el año 70 por los ejércitos romanos, que no dejaron piedra sobre piedra).

La amenaza que sentían fariseos y sacerdotes era, pues, real. Ellos querían defender al pueblo pero también se querían defender a sí mismos, su estilo de vida, sus fuentes de ingresos (que estaban básicamente en el Templo). En realidad, les importaba poco si lo que decía Jesús era verdad o no, si los milagros que hacía eran auténticos o no, si el movimiento de Jesús venía de Dios o del demonio. No entraban en esas cuestiones. Amenazaba su modo de vida. Había que defender la institución. Ese era el valor máximo.

Pienso que hay eclesiásticos que están más preocupados en defender la institución eclesial que en ser fieles al Evangelio. Han terminado por pensar que la Iglesia es más importante que el Evangelio (aunque obviamente no lo expresen así en sus discursos). Por poner un ejemplo, la actitud de algunos bastantes frente al problema de los abusos sexuales y de poder en la iglesia es precisamente la de dejar de lado a las víctimas para defender a la institución, su imagen y prestigio. Menos más que hay muchos y muchas en la Iglesia que con sus vidas y su forma de comportarse demuestran que el Evangelio de la misericordia, de la cercanía y atención a los más débiles, a las víctimas, es más importante que mantener la imagen pública de la Iglesia.

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

EDD. viernes 22 de marzo de 2024.

Hoy, viernes, 22 de marzo de 2024

Primera lectura

Lectura del libro de Jeremías (20,10-13):

OÍA la acusación de la gente:
«“Pavor-en-torno”,
delatadlo, vamos a delatarlo».
Mis amigos acechaban mi traspié:
«A ver si, engañado, lo sometemos
y podemos vengarnos de él».
Pero el Señor es mi fuerte defensor:
me persiguen, pero tropiezan impotentes.
Acabarán avergonzados de su fracaso,
con sonrojo eterno que no se olvidará.
Señor del universo, que examinas al honrado
y sondeas las entrañas y el corazón,
¡que yo vea tu venganza sobre ellos,
pues te he encomendado mi causa!
Cantad al Señor, alabad al Señor,
que libera la vida del pobre
de las manos de gente perversa.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 17,2-3a.3bc-4.5-6.7

R/.
 En el peligro invoqué al Señor, y me escuchó

V/. Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza;
Señor, mi roca, mi alcázar, mi libertador. R/.

V/. Dios mío, peña mía, refugio mío,
escudo mío, mi fuerza salvadora, mi baluarte.
Invoco al Señor de mi alabanza
y quedo libre de mis enemigos. R/.

V/. Me cercaban olas mortales,
torrentes destructores me aterraban,
me envolvían las redes del abismo,
me alcanzaban los lazos de la muerte. R/.

V/. En el peligro invoqué al Señor,
grité a mi Dios:
desde su templo él escuchó mi voz,
y mi grito llegó a sus oídos. R/.

Segunda lectura

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Juan (10,31-42):

EN aquel tiempo, los judíos agarraron piedras para apedrear a Jesús.
Elles replicó:
«Os he hecho ver muchas obras buenas por encargo de mi Padre: ¿por cuál de ellas me apedreáis?».
Los judíos le contestaron:
«No te apedreamos por una obra buena, sino por una blasfemia: porque tú, siendo un hombre, te haces Dios».
Jesús les replicó:
«¿No está escrito en vuestra ley: “Yo os digo: sois dioses”? Si la Escritura llama dioses a aquellos a quienes vino la palabra de Dios, y no puede fallar la Escritura, a quien el Padre consagró y envió al mundo, ¿decís vosotros: “¡Blasfemas!” Porque he dicho: “Soy Hijo de Dios”? Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis, pero si las hago, aunque no me creáis a mí, creed a las obras, para que comprendáis y sepáis que el Padre está en mí, y yo en el Padre».
Intentaron de nuevo detenerlo, pero se les escabulló de las manos. Se marchó de nuevo al otro lado del Jordán, al lugar donde antes había bautizado Juan, y se quedó allí.
Muchos acudieron a él y decían:
«Juan no hizo ningún signo; pero todo lo que Juan dijo de este era verdad».
Y muchos creyeron en él allí.

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

Fernando Torres, cmf

El texto evangélico de este día empieza con los judíos agarrando piedras para apedrear a Jesús (eso no es solo un a reacción furiosa ante sus palabras o hechos sino una auténtica condena a muerte, prevista en las leyes religiosas judías, que destinaba en este caso a los blasfemos –en otro texto de Juan vemos que se quiere aplicar a la adúltera–). Y el mismo texto evangélico termina diciendo que “muchos creyeron en él”.

Por en medio hay una discusión sobre las obras. Jesús no se queda callado ante la amenaza de los que ya tienen las piedras en las manos. Se defiende con el único argumento que se puede usar en una situación como ésa: pone por delante las obras que ha ido haciendo: ha curado a los enfermos, ha acompañado a los que sufren, ha liberado a los endemoniados… Pero parece que no es ése el problema. El problema está en que haciendo esas cosas se pone en el lugar de Dios, porque ha dicho que hace las obras de su Padre. Si su padre es Dios mismo, está diciendo de sí mismo que es hijo de Dios. Y el hijo de Dios es Dios también. Pura lógica. Pero los judíos no están por la labor de aceptar el argumento y siguen intentando detenerlo. Jesús se tiene que escabullir y huir de la amenaza.

Aquellos estaban enfadados y un poco endemoniados. Jesús se les escapaba de sus mentes estrechas. No encajaba en su modo de entender a Dios. Por eso había que aniquilarle, eliminarlo, acallarlo, hacerlo desaparecer.

Pero parece que no todos eran iguales. Algunos tenían el corazón más abierto y más libre de prejuicios. Ponen en relación las obras de Jesús con lo que Juan, reconocido como profeta, había dicho de él. Y creyeron en él.

Conclusión: tenemos que estar abiertos de mente. Es condición necesaria para interpretar las obras de Jesús (y las obras de nuestros hermanos y hermanas) y reconocer la presencia del amor y la misericordia de Dios en ellas. Jesús, sus palabras y sus obras, son el testimonio vivo del modo de ser de Dios. Viendo a Jesús vemos al Padre. Pero viendo a Jesús con los ojos limpios y libres de filtros, prejuicios y otras zarandajas.

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

EDD. jueves 21 de marzo de 2024.

Hoy, jueves, 21 de marzo de 2024

Primera lectura

Lectura del libro del Génesis (17,3-9):

EN aquellos días, Abrán cayó rostro en tierra y Dios le habló así:
«Por mi parte, esta es mi alianza contigo: serás padre de muchedumbre de pueblos.
Ya no te llamarás Abrán, sino Abrahán, porque te hago padre de muchedumbre de pueblos. Te haré fecundo sobremanera: sacaré pueblos de ti, y reyes nacerán de ti.
Mantendré mi alianza contigo y con tu descendencia en futuras generaciones, como alianza perpetua. Seré tu Dios y el de tus descendientes futuros. Os daré a ti y a tu descendencia futura la tierra en que peregrinas, la tierra de Canaán, como posesión perpetua, y seré su Dios».
El Señor añadió a Abrahán:
«Por tu parte, guarda mi alianza, tú y tus descendientes en sucesivas generaciones».

Palabra de Dios

Salmo

Sal 104,4-5.6-7.8-9

R/.
 El Señor se acuerda de su alianza eternamente

V/. Recurrid al Señor y a su poder,
buscad continuamente su rostro.
Recordad las maravillas que hizo,
sus prodigios, las sentencias de su boca. R/.

V/. ¡Estirpe de Abrahán, su siervo;
hijos de Jacob, su elegido!
El Señor es nuestro Dios,
él gobierna toda la tierra. R/.

V/. Se acuerda de su alianza eternamente,
de la palabra dada, por mil generaciones;
de la alianza sellada con Abrahán,
del juramento hecho a Isaac. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Juan (8,51-59):

EN aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos:
«En verdad, en verdad os digo: quien guarda mi palabra no verá la muerte para siempre».
Los judíos le dijeron:
«Ahora vemos claro que estás endemoniado; Abrahán murió, los profetas también, ¿y tú dices: “Quien guarde mi palabra no gustará la muerte para siempre”? ¿Eres tú más que nuestro padre Abrahán, que murió? También los profetas murieron, ¿por quién te tienes?».
Jesús contestó:
«Si yo me glorificara a mí mismo, mi gloria no valdría nada. El que me glorifica es mi Padre, de quien vosotros decís: “Es nuestro Dios”, aunque no lo conocéis. Yo sí lo conozco, y si dijera “No lo conozco” sería, como vosotros, un embustero; pero yo lo conozco y guardo su palabra. Abrahán, vuestro padre, saltaba de gozo pensando ver mi día; lo vio, y se llenó de alegría».
Los judíos le dijeron:
«No tienes todavía cincuenta años, ¿y has visto a Abrahán?».
Jesús les dijo:
«En verdad, en verdad os digo: antes de que Abrahán existiera, yo soy».
Entonces cogieron piedras para tirárselas, pero Jesús se escondió y salió del templo.

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

Fernando Torres, cmf

El Evangelio de hoy da muchas vueltas pero al final lo que se juega es el conocimiento de Dios. O mejor dicho, la imagen o la idea que tenemos de Dios. Los judíos ya tenían una idea de Dios. La tenían codificada, expresada y explicada en sus libros sagrados, lo que hoy conocemos como el Antiguo Testamento, y en los comentarios de los entendidos, el Talmud. Ahí estaba todo lo que tenía que saber un buen judío.

También nosotros tenemos ya una serie de ideas preconcebidas sobre quién es Dios. Ayer mismo escuchaba en la radio a un señor hablando de cómo Dios es el que está controlando todos nuestros actos y nos amenaza con la sanción correspondiente en caso de que no cumplamos con sus normas. Parece que lo importante no es que las normas sean más o menos razonables, sino que son mandadas, ordenadas por Dios. El problema con esta imagen de Dios es que se atribuyen a Dios normas que en muchos casas son productos de la tradición o de la cultura.

Jesús se desmarca de todo eso. Él conoce a Dios, tiene una experiencia profunda y única de Dios. Lo llama Padre. Y hace presente el modo de ser de Dios en su forma de comportarse y de hablar. En su cercanía a los pobres, a los marginados, a los pecadores. Y en sus críticas a los fariseos, escribas y sacerdotes, que se sentían no solo los representantes de la religión oficial judía sino también sus propietarios. Ellos eran los que sabían, los que entendían. Los demás eran todos unos ignorantes que necesitaban ser enseñados y pastoreados como se hace con las ovejas.

Jesús rompe con esos representantes oficiales. Él no quiere esclavos obedientes, estudiantes aplicados, sino seguidores: hombres y mujeres que libremente le sigan y vayan haciendo presente en el mundo, con sus palabras y sus obras el amor universal e incondicional de Dios por todas sus criaturas. Seguir el camino de Jesús tiene sus riesgos pero es la condición para llevar a plenitud el don de la libertad que se nos ha regalado y la vida que se nos ha entregado como don y gracia. Está claro que los judíos de que habla el Evangelio no habían entendido nada. ¿Y nosotros?   

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

EDD. miércoles 20 de marzo de 2024.

Hoy, miércoles, 20 de marzo de 2024

Primera lectura

Lectura de la profecIa de Daniel (3,14-20.91-92.95):

EN aquellos días, el rey Nabucodonosor dijo:
«¿Es cierto, Sidrac, Misac y Abdénago, que no teméis a mis dioses ni adoráis la estatua de oro que he erigido? Mirad: si al oír tocar la trompa, la flauta, la cítara, el laúd, el arpa, la vihuela y todos los demás instrumentos, estáis dispuestos a postraros adorando la estatua que he hecho, hacedlo; pero, si no la adoráis, seréis arrojados inmediatamente al horno encendido, y ¿qué dios os librará de mis manos?».
Sidrac, Misac y Abdénago contestaron al rey Nabucodonosor:
«A eso no tenemos por qué responderte. Si nuestro Dios a quien veneramos puede librarnos del horno encendido, nos librará, oh rey, de tus manos. Y aunque no lo hiciera, que te conste, majestad, que no veneramos a tus dioses ni adoramos la estatua de oro que has erigido».
Entonces Nabucodonosor, furioso contra Sidrac, Misac y Abdénago, y con el rostro desencajado por la rabia, mandó encender el horno siete veces más fuerte que de costumbre, y ordenó a sus soldados más robustos que atasen a Sidrac, Misac y Abdénago y los echasen en el horno encendido.
Entonces el rey Nabucodonosor se alarmó, se levantó y preguntó, estupefacto, a sus consejeros:
«¿No eran tres los hombres que atamos y echamos al horno?».

Le respondieron:
«Así es, majestad».
Preguntó:
«Entonces, ¿cómo es que veo cuatro hombres, sin atar, paseando por el fuego sin sufrir daño alguno? Y el cuarto parece un ser divino».
Nabucodonosor, entonces, dijo:
«Bendito sea el Dios de Sidrac, Misac y Abdénago, que envió un ángel a salvar a sus siervos, que, confiando en él, desobedecieron el decreto real y entregaron sus cuerpos antes que venerar y adorar a otros dioses fuera del suyo».

Palabra de Dios

Salmo

Dn 3,52.53.54.55.56

R/.
 A ti gloria y alabanza por los siglos

V/. Bendito eres, Señor, Dios de nuestros padres.
Bendito tu nombre, santo y glorioso. R/.

V/. Bendito eres en el templo de tu santa gloria. R/.

V/. Bendito eres sobre el trono de tu reino. R/.

V/. Bendito eres tú, que sentado sobre querubines sondeas
los abismos. R/.

V/. Bendito eres en la bóveda del cielo. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Juan (8,31-42):

EN aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos que habían creído en él:
«Si permanecéis en mi palabra, seréis de verdad discípulos míos; conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres».
Le replicaron:
«Somos linaje de Abrahán y nunca hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: “Seréis libres”?».
Jesús les contestó:
«En verdad, en verdad os digo: todo el que comete pecado es esclavo. El esclavo no se queda en la casa para siempre, el hijo se queda para siempre. Y si el Hijo os hace libres, seréis realmente libres. Ya sé que sois linaje de Abrahán; sin embargo, tratáis de matarme, porque mi palabra no cala en vosotros. Yo hablo de lo que he visto junto a mi Padre, pero vosotros hacéis lo que le habéis oído a vuestro padre».
Ellos replicaron:
«Nuestro padre es Abrahán».
Jesús les dijo:
«Si fuerais hijos de Abrahán, haríais lo que hizo Abrahán. Sin embargo, tratáis de matarme a mí, que os he hablado de la verdad que le escuché a Dios; y eso no lo hizo Abrahán. Vosotros hacéis lo que hace vuestro padre».
Le replicaron:
«Nosotros no somos hijos de prostitución; tenemos un solo padre: Dios».
Jesús les contestó:
«Si Dios fuera vuestro padre, me amaríais, porque yo salí de Dios, y he venido. Pues no he venido por mi cuenta, sino que él me envió».

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

Fernando Torres, cmf

En el Evangelio de hoy aparece una de esas frases de Jesús que se repiten muchas veces y que parece que son fáciles de comprender. Más cuando hace referencia a uno de los anhelos más profundos de la humanidad: la libertad, ser libres. Dice Jesús a los judíos que habían creído en él que “si os mantenéis en mi palabra, conoceréis la verdad y la verdad os hará libres.”

La frase “la verdad os hará libres” es fácil de retener y hasta puede parecer que es fácil de entender. Pero Jesús vincula verdad con libertad. Y ahí comienza el problema. Porque ¿qué es eso de la verdad? En principio, para nosotros, en nuestra cultura, la verdad es algo que está escrito y demostrado. Que dos y dos son cuatro es verdad y nadie lo discute. Las tesis científicas son verdad mientras que alguien no demuestre que son falsas. Pero probablemente esa no sea la verdad a la que se refiere Jesús.

Otros han interpretado esa verdad como el conjunto de normas y leyes y verdades teológicas. Y, por supuesto, la moral y todas sus normas (donde se incluiría y concepto tan complicado como el de la ley natural). Eso sería la verdad. Es una verdad que se identificaría con la voluntad de Dios, con lo que Dios quiere para el hombre, que está expresado en su revelación: en todo ese conjunto de normas. Adecuarse a esas normas, cumplirlas, sería llegar a ser verdaderamente libres, cumplir la voluntad de Dios.

Pero en la práctica se ha identificado demasiadas veces la voluntad de Dios con lo que dice el confesor o lo que dice este libro de moral o lo que dice el director espiritual (acompañante, como dicen los modernos) o lo que me enseñaron de pequeño. Y el resultado ha sido de nuevo la esclavitud. Obedecer ciegamente esas normas es estar seguro, es estar en el buen camino. No hay que pensar por uno mismo. Simplemente hay que obedecer. Así ha sido en gran parte de la tradición eclesial y todavía es así para muchos. Pero eso no tiene nada que ver con la libertad y la verdad de que habla Jesús.

La libertad a la que nos convoca Jesús es la de seguir la verdad de un Dios Padre que quiere nuestro bien, nuestra plenitud como hombres y mujeres, capaces de tomar nuestras propias decisiones de forma libre y responsable. Esa es la verdad. Y solo ahí encontraremos la verdadera libertad.

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

EDD. martes 19 de marzo de 2024

Hoy, martes, 19 de marzo de 2024

Primera lectura

Lectura del libro de los Números (21,4-9):

EN aquellos días, desde el monte Hor se encaminaron los hebreos hacia el mar Rojo, rodeando el territorio de Edón.
El pueblo se cansó de caminar y habló contra Dios y contra Moisés:
«¿Por qué nos has sacado de Egipto para morir en el desierto? No tenemos ni pan ni agua, y nos da náuseas ese pan sin sustancia».
El Señor envió contra el pueblo serpientes abrasadoras, que los mordían, y murieron muchos de Israel.
Entonces el pueblo acudió a Moisés, diciendo:
«Hemos pecado hablando contra el Señor y contra ti; reza al Señor para que aparte de nosotros las serpientes».
Moisés rezó al Señor por el pueblo y el Señor le respondió:
«Haz una serpiente abrasadora y colócala en un estandarte: los mordidos de serpientes quedarán sanos al mirarla».
Moisés hizo una serpiente de bronce y la colocó en un estandarte. Cuando una serpiente mordía a alguien, este miraba a la serpiente de bronce y salvaba la vida.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 101,2-3.16-18.19-21

R/.
 Señor, escucha mi oración,
que mi grito llegue hasta ti

V/. Señor, escucha mi oración,
que mi grito llegue hasta ti;
no me escondas tu rostro
el día de la desgracia.
Inclina tu oído hacia mí;
cuando te invoco,
escúchame enseguida. R/.

V/. Los gentiles temerán tu nombre,
los reyes del mundo, tu gloria.
Cuando el Señor reconstruya Sión
y aparezca en su gloria,
y se vuelva a las súplicas de los indefensos,
y no desprecie sus peticiones. R/.

V/. Quede esto escrito para la generación futura,
y el pueblo que será creado alabará al Señor.
Que el Señor ha mirado desde su excelso santuario,
desde el cielo se ha fijado en la tierra,
para escuchar los gemidos de los cautivos
y librar a los condenados a muerte. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Juan (8,21-30):

EN aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos:
«Yo me voy y me buscaréis, y moriréis por vuestro pecado. Donde yo voy no podéis venir vosotros».
Y los judíos comentaban:
«¿Será que va a suicidarse, y por eso dice: “Donde yo voy no podéis venir vosotros”?».
Y él les dijo:
«Vosotros sois de aquí abajo, yo soy de allá arriba: vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo. Con razón os he dicho que moriréis en vuestros pecados: pues, si no creéis que Yo soy, moriréis en vuestros pecados».
Ellos le decían:
«¿Quién eres tú?».
Jesús les contestó:
«Lo que os estoy diciendo desde el principio. Podría decir y condenar muchas cosas en vosotros; pero el que me ha enviado es veraz, y yo comunico al mundo lo que he aprendido de él».
Ellos no comprendieron que les hablaba del Padre.
Y entonces dijo Jesús:
«Cuando levantéis en alto al Hijo del hombre, sabréis que “Yo soy”, y que no hago nada por mi cuenta, sino que hablo como el Padre me ha enseñado. El que me envió está conmigo, no me ha dejado solo; porque yo hago siempre lo que le agrada».
Cuando les exponía esto, muchos creyeron en él.

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

Fernando Torres, cmf

Lo que dice Jesús a los fariseos es algo que, si lo pensamos, puede ser importante para nosotros y ayudarnos a vivir mejor nuestra vida en todos los sentidos. Dice Jesús que “yo me voy y me buscaréis”. Les está diciendo que entonces, en aquel momento, es cuando los fariseos tenían la oportunidad de encontrarse con Jesús en vivo y en director. Ese era el momento. Más tarde, ya sería tarde. Ya no encontrarían a Jesús porque se iba a ir y dónde se iba, ellos no podrían ir.

Aplicaría esas palabras también a nosotros. Vivimos aquí y ahora. Por mucho que nos empeñemos, esta es la única realidad que tenemos: el presente, el ahora, el ya. Este día que estamos viviendo. Este es nuestro tiempo. Mañana no sabemos lo que pasará. Por mucho que nos empeñemos en organizar nuestras agendas, en decir que dentro de un mes o dos o dentro de una semana vamos a hacer esto y lo otro, en realidad no tenemos ninguna seguridad. La incertidumbre, que tanto aborrecemos, domina nuestra vida. No conocemos el mañana. El futuro es una realidad siempre abierta. Para ser realista, lo único que sabemos con seguridad es que vamos a morir. Pero lo que puede haber por medio no tenemos ni idea. Es posible que la vida nos dé muchas sorpresas.

Por eso, tenemos que aprovechar el hoy y el ahora. Este momento que tenemos, esta persona con la que me encuentro, este tiempo de silencio. Dejar las cosas para más adelante, para mañana o pasado, es hacer un brindis al sol. Y puede ser que se nos haga tarde. Y que la oportunidad pasé de largo sin que la hayamos aprovechado.

Hoy y ahora es nuestra oportunidad para encontrarnos con Jesús, para escucharle y dejar que su mensaje llegue a nuestro corazón. Hay que estar atentos, despiertos. Hay que abrir los ojos y llevar la mirada a nuestros hermanos y hermanas. Y, por supuesto, dejar de mirarnos al ombligo, dejar de creernos el centro del mundo.

Los fariseos estaban tan convencidos de tener la verdad que supieron ni pudieron aceptar la realidad y el testimonio de Jesús. Dejaron pasar su oportunidad. Ahora ya es cuestión de cada uno de nosotros aprovechar el momento, estar atentos y hacer vida lo que hemos aprendido del mismo Jesús.

Fuente. : https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/comentario-homilia/hoy

EDD. lunes 18 de marzo de 2024

Hoy, lunes, 18 de marzo de 2024

Primera lectura

Lectura del libro de Daniel (13,1-9.15-17.19-30.33-62):

EN aquellos días, vivía en Babilonia un hombre llamado Joaquín, casado con Susana, hija de Jelcías, mujer muy bella y temerosa del Señor.
Sus padres eran justos y habían educado a su hija según la ley de Moisés. Joaquín era muy rico y tenía un jardín junto a su casa; y como era el más respetado de todos, los judíos solían reunirse allí.
Aquel año fueron designados jueces dos ancianos del pueblo, de esos que el Señor denuncia diciendo:
«En Babilonia la maldad ha brotado de los viejos jueces, que pasan por guías del pueblo».
Solían ir a casa de Joaquín, y los que tenían pleitos que resolver acudían a ellos.
A mediodía, cuando la gente se marchaba, Susana salía a pasear por el jardín de su marido. Los dos ancianos la veían a diario, cuando salía a pasear, y sintieron deseos de ella.
Pervirtieron sus pensamientos y desviaron los ojos para no mirar al cielo, ni acordarse de sus justas leyes.
Sucedió que, mientras aguardaban ellos el día conveniente, salió ella como los tres días anteriores sola con dos criadas, y tuvo ganas de bañarse en el jardín, porque hacía mucho calor. No había allí nadie, excepto los dos ancianos escondidos y acechándola.
Susana dijo a las criadas:
«Traedme el perfume y las cremas y cerrad la puerta del jardín mientras me baño».
Apenas salieron las criadas, se levantaron los dos ancianos, corrieron hacia ella y le dijeron:
«Las puertas del jardín están cerradas, nadie nos ve, y nosotros sentimos deseos de ti; así que consiente y acuéstate con nosotros. Si no, daremos testimonio contra ti diciendo que un joven estaba contigo y que por eso habías despachado a las criadas».
Susana lanzó un gemido y dijo:

«No tengo salida: si hago eso, mereceré la muerte; si no lo hago, no escaparé de vuestras manos. Pero prefiero no hacerlo y caer en vuestras manos antes que pecar delante del Señor».
Susana se puso a gritar, y los dos ancianos, por su parte, se pusieron también a gritar contra ella. Uno de ellos fue corriendo y abrió la puerta del jardín.
Al oír los gritos en el jardín, la servidumbre vino corriendo por la puerta lateral a ver qué le había pasado. Cuando los ancianos contaron su historia, los criados quedaron abochornados, porque Susana nunca había dado que hablar.
Al día siguiente, cuando la gente vino a casa de Joaquín, su marido, vinieron también los dos ancianos con el propósito criminal de hacer morir a Susana. En presencia del pueblo ordenaron:
«Id a buscar a Susana, hija de Jelcías, mujer de Joaquín».
Fueron a buscarla, y vino ella con sus padres, hijos y parientes.
Toda su familia y cuantos la veían lloraban.
Entonces los dos ancianos se levantaron en medio de la asamblea y pusieron las manos sobre la cabeza de Susana.
Ella, llorando, levantó la vista al cielo, porque su corazón confiaba en el Señor.
Los ancianos declararon:
«Mientras paseábamos nosotros solos por el jardín, salió esta con dos criadas, cerró la puerta del jardín y despidió a las criadas. Entonces se le acercó un joven que estaba escondido y se acostó con ella.
Nosotros estábamos en un rincón del jardín y, al ver aquella maldad, corrimos hacia ellos. Los vimos abrazados, pero no pudimos sujetar al joven, porque era más fuerte que nosotros, y, abriendo la puerta, salió corriendo.

En cambio, a esta le echamos mano y le preguntamos quién era el joven, pero no quiso decírnoslo. Damos testimonio de ello».
Como eran ancianos del pueblo y jueces, la asamblea los creyó y la condenó a muerte.
Susana dijo gritando:
«Dios eterno, que ves lo escondido, que lo sabes todo antes de que suceda, tú sabes que han dado falso testimonio contra mí, y ahora tengo que morir, siendo inocente de lo que su maldad ha inventado contra mí».
Y el Señor escuchó su voz.
Mientras la llevaban para ejecutarla, Dios suscitó el espíritu santo en un muchacho llamado Daniel; y este dio una gran voz:
«Yo soy inocente de la sangre de esta».
Toda la gente se volvió a mirarlo, y le preguntaron:
«Qué es lo que estás diciendo?».
Él, plantado en medio de ellos, les contestó:
«Pero ¿estáis locos, hijos de Israel? ¿Conque, sin discutir la causa ni conocer la verdad condenáis a una hija de Israel? Volved al tribunal, porque esos han dado falso testimonio contra ella».
La gente volvió a toda prisa, y los ancianos le dijeron:
«Ven, siéntate con nosotros e infórmanos, porque Dios mismo te ha dado la ancianidad».
Daniel les dijo:
«Separadlos lejos uno del otro, que los voy a interrogar».
Cuando estuvieron separados el uno del otro, él llamó a uno de ellos y le dijo:
«¡Envejecido en días y en crímenes! Ahora vuelven tus pecados pasados, cuando dabas sentencias injustas condenando inocentes y absolviendo culpables, contra el mandato del Señor: “No matarás al inocente ni al justo”. Ahora, puesto que tú la viste, dime debajo de qué árbol los viste abrazados».
Él contestó:
«Debajo de una acacia».
Respondió Daniel:

«Tu calumnia se vuelve contra ti. Un ángel de Dios ha recibido ya la sentencia divina y te va a partir por medio».
Lo apartó, mandó traer al otro y le dijo:
«Hijo de Canaán, y no de Judá! La belleza te sedujo y la pasión pervirtió tu corazón. Lo mismo hacíais con las mujeres israelitas, y ellas por miedo se acostaban con vosotros; pero una mujer judía no ha tolerado vuestra maldad. Ahora dime: ¿bajo qué árbol los sorprendiste abrazados?».
Él contestó:
«Debajo de una encina».
Replicó Daniel:
«Tu calumnia también se vuelve contra ti. el ángel de Dios aguarda con la espada para dividirte por medio. Y así acabará con vosotros».
Entonces toda la asamblea se puso a gritar bendiciendo a Dios, que salva a los que esperan en él. Se alzaron contra los dos ancianos, a quienes Daniel había dejado convictos de falso testimonio por su propia confesión, e hicieron con ellos lo mismo que ellos habían tramado contra el prójimo. Les aplicaron la ley de Moisés y los ajusticiaron.
Aquel día se salvó una vida inocente.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 22,1-3a.3b-4.5.6

R/.
 Aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tú vas conmigo

V/. El Señor es mi pastor, nada me falta:
en verdes praderas me hace recostar;
me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas. R/.

V/. Me guía por el sendero justo,
por el honor de su nombre.
Aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tú vas conmigo:
tu vara y tu cayado me sosiegan. R/.

V/. Preparas una mesa ante mí,
enfrente de mis enemigos;
me unges la cabeza con perfume,
y mí copa rebosa. R/.

V/. Tu bondad y tu misericordia me acompañan
todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa del Señor
por años sin término. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Juan (8,1-11):

EN aquel tiempo, Jesús se retiró al monte de los Olivos. Al amanecer se presentó de nuevo en el templo, y todo el pueblo acudía a él, y, sentándose, les enseñaba.
Los escribas y los fariseos le traen una mujer sorprendida en adulterio, y, colocándola en medio, le dijeron:
«Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. La ley de Moisés nos manda apedrear a las adúlteras; tú, ¿qué dices?».
Le preguntaban esto para comprometerlo y poder acusarlo.
Pero Jesús, inclinándose, escribía con el dedo en el suelo.
Como insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo:
«El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra».
E inclinándose otra vez, siguió escribiendo.
Ellos, al oírlo, se fueron escabullendo uno a uno, empezando por los más viejos.
Y quedó solo Jesús, con la mujer en medio, que seguía allí delante.
Jesús se incorporó y le preguntó:
«Mujer, ¿dónde están tus acusadores?; ¿ninguno te ha condenado?».
Ella contestó:
«Ninguno, Señor».
Jesús dijo:
«Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más».

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

Fernando Torres, cmf

 Siempre hay algún moralista o predicador rigorista que estropea esta escena del evangelio de Juan. Es una preciosa escena en la que sobresale sobre todo lo demás el perdón y la misericordia. Jesús acoge la adúltera (podríamos hacer un comentario de que el adulterio es cosa de dos pero no estaba en aquella cultura esa idea ni siquiera siempre en la nuestra). La saca de las garras de los que quieren apedrearla. Hace que todos se alejen y lo que era un grupo de acusadores, fiscales y jueces desaparece poco a poco. Dice el evangelio que se escabulleron uno a uno, empezando por los más viejos. Y todo sin necesidad de hacer grandes discursos. Jesús apenas dice unas palabras: “El que esté sin pecado que tire la primera piedra.” Lo de que se fueran primero los más viejos se entiende porque a más años más meteduras de pata, más pecados y más que callar.

Se van los acusadores. Ya no hay juicio. Nadie condena y Jesús tampoco. Este es el punto más importante de la escena. Lo que era un auténtico pecado se queda sin castigo. No pasa nada. Todo queda en una recomendación genérica: “No peques más”. Tan genérica que todos sabemos que es, para cualquiera de nosotros imposible de cumplir en la práctica.

Decía que siempre hay alguien que estropea la escena porque terminan dando más importancia a estas últimas palabras de Jesús que a toda la escena. Estoy seguro de que en sus predicaciones hablan muy bien del perdón de Jesús y de la misericordia de Dios que se manifiesta en la historia pero (y en español, como en tantos idiomas, lo más importante de una frase es la parte que viene después del “pero”) terminan subrayando ese “no peques más”. Y de paso pueden recordar a todos que todo pecado tiene su castigo. Porque en nuestra historia tuvimos un tiempo en que los pecados estaban catalogados y cada uno tenía su castigo proporcional.

Pero (y este pero es importante porque es lo que quiero decir) en Jesús no hay castigo, no hay sanción, no hay pena. Lo que hay es una nueva oportunidad, un nuevo comenzar para la persona que se encuentra hundida. Nadie condena a la adúltera. Ni los que hacían de jueces y fiscales (descubrieron que no calificaban para ese cargo) ni tampoco Jesús que maneja mucho la misericordia y nada, nada de nada, el castigo.

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

Homilía para la Eucaristía del Domingo 17 de marzo de 2024.

QUINTO DOMINGO DE CUARESMA.

Jeremías 31.31-34: Ante una religiosidad externa, superficial, jurídica, se promete una Alianza nueva en la que Dios escribirá su Ley no en piedras, sino en el corazón del hombre, un corazón renovado.

Hebreos 5,7-9: Cristo, el que supo vivir la Alianza porque gracias a su condición humana. Aprendió a obedecer.

 Juan 12,20-33: Todos buscan seguir a Jesús ya que es el polo de atracción, pero hay que aceptar sus exigencias: el servicio a Él, a quien debemos imitar.

1.- Un paso más en este caminar de la cuaresma. Se nos hace un llamado a volvernos sinceramente al Señor.

Israel no supo responder a los requerimientos del Señor. Se conformó con un seguimiento superficial, externo. Le dio mucha importancia a la Ley escrita en piedras, lo que le hizo caer en un literalismo cerrado. No supo servir al Señor. Por eso es que el Profeta anuncia una Alianza mejor, superior. Si la primera Alianza fue escrita en piedras, la nueva será escrita en el corazón del hombre; es decir, llegan días en que el servir al Señor será auténtico, no algo superficial. Ley que ahora será promulgada por su Hijo. Por eso la Palabra y la liturgia nos están invitando a algo nuevo, porque ya sabemos que en el Reino todo es nuevo. Se nos da una Ley nueva, que ha de ser aceptada por un corazón nuevo y así vivir como hombres nuevos. Es Dios quien realiza esta transformación, no el hombre. Ya que es Dios quien promete una Alianza mejor.

2.- Jesús, el Hijo de Dios hechos hombre, es no sólo el Mediador de esta nueva Alianza, sino también el modelo a imitar. Ya que Él fue escuchado por su humilde sumisión. El autor de la carta nos está mostrando qué es lo que en verdad agradó a Dios, cuál fue el único sacrificio que agradó a Dios: la obediencia de Jesús a la Voluntad de Dios.  Jesús supo poner su voluntad de hombre en sintonía con la Voluntad de Dios. Por eso Él alcanzó la perfección y es causa de salvación eterna para todos los que le obedecen. Resultado: Jesús es el Hombre Nuevo Perfecto, a quien hay que imitar y seguir.

3.- Uno de los peligros que asecha a la religión es el caer en el legalismo y en exterioridades. Así se cumple con lo que dice el Profeta Isaías 29,13: “Este pueblo se acerca a Mí con la boca y me honra con los labios, pero su corazón está lejos de Mí, y el temor que me tiene no es más que un precepto humano, aprendido por rutina”. Y también Jesús criticó esta hipocresía al criticar el fariseísmo.

Estamos muy propensos a caer en una Nomolatría, un culto a la ley por la ley, perdiendo el horizonte hacia donde apunta la ley. Así se puede llegar a una casuística insoportable, que hace de la ley una carga y no una ayuda para ser fieles al Dios de la Alianza. Por eso importa mucho conocer a Jesús, el Mediador de la Nueva Alianza.

4.- “Queremos ver a Jesús”, fue la petición de los griegos a los discípulos. Y aquí veo yo jun desafío muy grande para nosotros los discípulos. Cómo hace ver, mostrar a Jesús. Y qué Jesús vamos a mostrar al mundo que quiere ver a Jesús. Porque muchos buscan a Jesús.

U la respuesta de Jesús es clara: “el Servicio” es lo define la hora de Jesús. Él viene a ser trigo que muere y fructifica (ese es su servicio); y el discípulo sigue al Señor sirviendo a los demás. Jesús, el Servidor por excelencia, nos muestra el camino de la perfección: sirviendo a Dios (obedeciéndole en todo), sirviendo a los demás (porque a eso vino el Señor).

Esta es la religión verdadera, la que agrada a Dios, la que consiste en servir a los demás (cfr. Santiago 1,27) y en cumplir siempre con la Voluntad de Dios (cfr. Mateo 7,21-23).

Fijémonos cómo la Palabra nos va encaminando en esta Cuaresma, cómo debemos centrarnos más en lo único necesario: obedecer siempre a Dios. Por eso, con el salmista podemos decir: “Crea en mí, Dios mío, un corazón puro”.  Sólo así reposará en nosotros la Ley del Señor, su Voluntad.

Hermano Pastor.