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Autor: Patricio Osiadacz

EDD. sábado 16 de marzo de 2024

Hoy, sábado, 16 de marzo de 2024

Primera lectura

Lectura del libro de Jeremías (11,18-20):

EL Señor me instruyó, y comprendí,
me explicó todas sus intrigas.
Yo, como manso cordero,
era llevado al matadero;
desconocía los planes
que estaban urdiendo contra mí:
«Talemos el árbol en su lozanía,
arranquémoslo de la tierra de los vivos,
que jamás se pronuncie su nombre».
Señor del universo,
que juzgas rectamente,
que examinas las entrañas y el corazón,
deja que yo pueda ver
cómo te vengas de ellos,
pues a ti he confiado mi causa.
Palabra de Dios

Salmo

Sal 7,2-3.9bc-10.11-12

R/.
 Señor, Dios. mío, a ti me acojo

V/. Señor, Dios mío, a ti me acojo,
líbrame de mis perseguidores y sálvame;
que no me atrapen como leones
y me desgarren sin remedio. R/.

V/. Júzgame, Señor, según mi justicia,
según la inocencia que hay en mí.
Cese la maldad de los culpables,
y apoya tú al inocente,
tú que sondeas el corazón y las entrañas,
tú, el Dios justo. R/.

V/. Mi escudo es Dios,
que salva a los rectos de corazón.
Dios es un juez justo,
Dios amenaza cada día. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Juan (7,40-53):

EN aquel tiempo, algunos de entre la gente, que habían oído los discursos de Jesús, decían:
«Este es de verdad el profeta».
Otros decían:
«Este es el Mesías».
Pero otros decían:
«¿Es que de Galilea va a venir el Mesías? ¿No dice la Escritura que el Mesías vendrá del linaje de David, y de Belén, el pueblo de David?».
Y así surgió entre la gente una discordia por su causa.
Algunos querían prenderlo, pero nadie le puso la mano encima.
Los guardias del templo acudieron a los sumos sacerdotes y fariseos, y estos les dijeron:
«¿Por qué no lo habéis traído?».
Los guardias respondieron:
«Jamás ha hablado nadie como ese hombre».
Los fariseos les replicaron:
«También vosotros os habéis dejado embaucar? ¿Hay algún jefe o fariseo que haya creído en él? Esa gente que no entiende de la ley son unos malditos».
Nicodemo, el que había ido en otro tiempo a visitarlo y que era fariseo, les dijo:
«¿Acaso nuestra ley permite juzgar a nadie sin escucharlo primero y averiguar lo que ha hecho?».
Ellos le replicaron:
«¿También tú eres galileo? Estudia y verás que de Galilea no salen profetas».
Y se volvieron cada uno a su casa.

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

Cármen Aguinaco

Solo Dios sondea el corazón

Nicodemo, con su, aparentemente tímida defensa de Jesús, me hace pensar en el mundo de hoy y sus medios de comunicación. Aunque conocemos el dicho en inglés que recomienda “no juzgar a un libro por su portada”, los juicios sobre cosas, personas y acontecimientos son a menudo rápidos y sentenciosos. No juzgar un libro por su portada quiere decir, claro está, no juzgar por apariencias, por prejuicios o por lo que nos ha dicho alguien que ha dicho alguien sobre alguien… El Mesías no puede venir de Galilea, sino que tiene que venir de Belén y de la familia de David… “¡Pues eso!”, podría decir Jesús burlonamente: “infórmense, porque ciertamente nací en Belén y mi padre es de la familia de David.”

En nuestra sociedad a menudo se da por hecho lo que “el pensamiento único” se ha dado como absoluto con obligación de creerlo. Quienes no creen alguna de las “verdades” de este pensamiento, son negacionistas, retrógrados o algo peor. Pero la tímida defensa de Nicodemo podría servirnos para profundizar un poco: “¿Acaso nuestra ley condena a un hombre si oírlo primero y averiguar lo que ha hecho?” ¿Acaso no es Dios quien sondea el corazón y sabe la verdad de cada uno? ¿Acaso no es el buen corazón el que da buenos frutos? ¿No habría que mirar, más bien, a los frutos y a de dónde vienen -no geográfica o racialmente-, sino en su más profunda verdad?

El corazón del justo, el que ha de ser juzgado únicamente por Dios, sabe dónde está su refugio, como dice el Salmo. Y es en ese refugio donde está su más profunda verdad. Es el mismo refugio de Jesús, que sabe bien de dónde viene. Y el saber de dónde se viene es el que da la más absoluta seguridad: “tú llegas, Señor, a lo más hondo del corazón humano… Tengo mi escudo en Dios”.

La seguridad de Jesús, que se enfrenta en estos momentos finales a la muerte más cruel, es la que se apoya en esa verdad. La invitación de hoy sería a buscar la verdad más íntima y a confiar en el juicio de Dios más que en el propio. Y también a tener bien puesta la propia seguridad en ese escudo que aleja todo temor y que es más fuerte que cualquier juicio. Pero también es una invitación a desafiar los juicios y los pensamientos ligeros que se apoyan en algo tan efímero como una opinión generalizada o impuesta. A ser capaces, como Nicodemo, de desafiar esos juicios y confesar la verdad. De ver, o al menos poder intuir, que el juicio de Dios va a lo más profundo.

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

EDD. viernes 15 de marzo de 2024.

Hoy, viernes, 15 de marzo de 2024

Primera lectura

Lectura del libro de la Sabiduría (2,1a.12-22):

SE decían los impíos, razonando equivocadamente:
«Acechemos al justo, que nos resulta fastidioso:
se opone a nuestro modo de actuar,
nos reprocha las faltas contra la ley
y nos reprende contra la educación recibida;
presume de conocer a Dios
y se llama a sí mismo hijo de Dios.
Es un reproche contra nuestros criterios,
su sola presencia nos resulta insoportable.
Lleva una vida distinta de todos los demás
y va por caminos diferentes.
Nos considera moneda falsa
y nos esquiva como a impuros.
Proclama dichoso el destino de los justos,
y presume de tener por padre a Dios.
Veamos si es verdad Jo que dice,
comprobando cómo es su muerte.
Si el justo es hijo de Dios, él lo auxiliará
y lo librará de las manos de sus enemigos.
Lo someteremos a ultrajes y torturas,
para conocer su temple y comprobar su resistencia.
Lo condenaremos a muerte ignominiosa,
pues, según dice, Dios lo salvará».
Así discurren, pero se equivocan,
pues los ciega su maldad.
Desconocen los misterios de Dios,
no esperan el premio de la santidad,
ni creen en la recompensa de una vida intachable.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 33,17-18.19-20,21.23

R/.
 El Señor está cerca de los atribulados

V/. El Señor se enfrenta con los malhechores,
para borrar de la tierra su memoria.
Cuando uno grita, el Señor lo escucha
y lo libra de sus angustias. R/.

V/. El Señor está cerca de los atribulados,
salva a los abatidos.
Aunque el justo sufra muchos males,
de todos lo libra el Señor. R/.

V/. Él cuida de todos sus huesos,
y ni uno solo se quebrará.
El Señor redime a sus siervos,
no será castigado quien se acoge a él. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Juan (7,1-2.10.25-30):

EN aquel tiempo, recorría Jesús Galilea, pues no quería andar por Judea porque los judíos trataban de matarlo. Se acercaba la fiesta judía de las Tiendas.
Una vez que sus hermanos se hubieron marchado a la fiesta, entonces subió él también, no abiertamente, sino a escondidas.
Entonces algunos que eran de Jerusalén dijeron:
«¿No es este el que intentan matar? Pues mirad cómo habla abiertamente, y no le dicen nada. ¿Será que los jefes se han convencido de que este es el Mesías? Pero este sabemos de dónde viene, mientras que el Mesías, cuando llegue, nadie sabrá de dónde viene».
Entonces Jesús, mientras enseñaba en el templo, gritó:
«A mí me conocéis, y conocéis de dónde vengo. Sin embargo, yo no vengo por mi cuenta, sino que el Verdadero es el que me envía; a ese vosotros no lo conocéis; yo lo conozco, porque procedo de él y él me ha enviado».
Entonces intentaban agarrarlo; pero nadie le pudo echar mano, porque todavía no había llegado su hora.

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

Cármen Aguinaco

Sabemos de dónde viene

Las noticias se dan tan rápidamente que a menudo no da tiempo a pasar de los titulares. Y los titulares son cada vez más cortos, porque no hay paciencia, ni disposición mental para ir más allá. Y, como lo dice el periódico, o el internet, o la tv, se cree a pies juntillas. Pero no da tiempo a ir al fondo de la cuestión. Este mal no es solo de tiempos modernos. Los del tiempo de Jesús decían que sabían de dónde venía: un galileo despreciado, el hijo de un artesano.

Pero era un galileo, un hijo del artesano algo distinto. “¿Así que saben de dónde vengo?”, dice. Pues habría que mirar un poco más allá. Siempre hay que mirar un poco más allá y el resultado es algo asombroso y maravilloso. A veces nos podemos quedar con la figura del Jesús histórico, en todo su sentido admirable y bueno. Un hombre extraordinario que pasó haciendo el bien. Un personaje que causa admiración por sus palabras y por su atractiva manera de ser. Pero hay que mirar un poco más allá: “Soy de él y él me envió”. Es decir, no es un hombre cualquiera, sino alguien que habla libremente, porque sabe de dónde viene. No es que le moleste ser de Galilea, sino que mira a su verdadero origen. No es que niegue a sus padres, sino que, además, apunta a su Padre, al origen divino. No es que no haga “buenas obras”, sino que ES la salvación.

La lectura del Libro de la Sabiduría presenta ese modo de pensar superficial que ha dominado muchas veces y hoy día sigue dominando: creen saber de dónde viene, pero se dan cuenta de que su presencia va mucho más allá, y eso molesta: “Presume de que conoce a Dios
y se proclama a sí mismo hijo del Señor. Ha llegado a convertirse en un vivo reproche
de nuestro modo de pensar y su sola presencia es insufrible, porque lleva una vida distinta de los demás y su conducta es extraña.”

Es decir, el Justo no se acopla a lo que es “normal”, a la superficialidad. Va más allá y eso obliga a pensar. Parece ser que el testimonio cristiano tiene que ir también más allá y quizá ser reproche y desafío. Difícil; pero nos obligaría a pensar más allá: a reconocer de dónde venimos de verdad y hacia dónde caminamos. Nos hará preguntarnos si llevamos una vida distinta a la de los demás. ¿En qué tendríamos que ser distintos? ¿Tenemos el valor de serlo?

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

EDD. Jueves 14 de marzo de 2024.

Hoy, jueves, 14 de marzo de 2024

Primera lectura

Lectura del libro del Éxodo (32,7-14):

EN aquellos días, el Señor dijo a Moisés:
«Anda, baja de la montaña, que se ha pervertido tu pueblo, el que tú sacaste de Egipto. Pronto se han desviado del camino que yo les había señalado. Se han hecho un becerro de metal, se postran ante él, le ofrecen sacrificios y proclaman: “Este es tu Dios, Israel, el que te sacó de Egipto”».
Y el Señor añadió a Moisés:
«Veo que este pueblo es un pueblo de dura cerviz. Por eso, déjame: mi ira se va a encender contra ellos hasta consumirlos. Y de ti haré un gran pueblo».
Entonces Moisés suplicó al Señor, su Dios:
«¿Por qué, Señor, se va a encender tu ira contra tu pueblo, que tú sacaste de Egipto, con gran poder y mano robusta? ¿Por qué han de decir los egipcios: “Con mala intención los sacó, para hacerlos morir en las montañas y exterminarlos de la superficie de la tierra”? Aleja el incendio de tu ira, arrepiéntete de la amenaza contra tu pueblo. Acuérdate de tus siervos, Abrahán, Isaac e Israel, a quienes juraste por ti mismo: “Multiplicaré vuestra descendencia como las estrellas del cielo, y toda esta tierra de que he hablado se la daré a vuestra descendencia para que la posea por siempre”».
Entonces se arrepintió el Señor de la amenaza que había pronunciado contra su pueblo.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 105,19-20.21-22.23

R/.
 Acuérdate de mí, Señor, por amor a tu pueblo

V/. En Horeb se hicieron un becerro,
adoraron un ídolo de fundición;
cambiaron su gloria por la imagen
de un toro que come hierba. R/.

V/. Se olvidaron de Dios, su salvador,
que había hecho prodigios en Egipto,
maravillas en la tierra de Cam,
portentos junto al mar Rojo. R/.

V/. Dios hablaba ya de aniquilarlos;
pero Moisés, su elegido,
se puso en la brecha frente a él,
para apartar su cólera del exterminio. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Juan (5,31-47):

EN aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos:
«Si yo doy testimonio de mí mismo, mi testimonio no es verdadero. Hay otro que da testimonio de mí, y sé que es verdadero el testimonio que da de mí.
Vosotros enviasteis mensajeros a Juan, y él ha dado testimonio en favor de la verdad. No es que yo dependa del testimonio de un hombre; si digo esto es para que vosotros os salvéis. Juan era la lámpara que ardía y brillaba, y vosotros quisisteis gozar un instante de su luz.
Pero el testimonio que yo tengo es mayor que el de Juan: las obras que el Padre me ha concedido llevar a cabo, esas obras que hago dan testimonio de mí: que el Padre me ha enviado.
Y el Padre que me envió, él mismo ha dado testimonio de mí. Nunca habéis escuchado su voz, ni visto su rostro, y su palabra no habita en vosotros, porque al que él envió no lo creéis.
Estudiáis las Escrituras pensando encontrar en ellas vida eterna; pues ellas están dando testimonio de mí, ¡y no queréis venir a mí para tener vida! No recibo gloria de los hombres; además, os conozco y sé que el amor de Dios no está en vosotros.
Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me recibisteis; si otro viene en nombre propio, a ese sí lo recibiréis.
¿Cómo podréis creer vosotros, que aceptáis gloria unos de otros y no buscáis la gloria que viene del único Dios? No penséis que yo os voy a acusar ante el Padre, hay uno que os acusa: Moisés, en quien tenéis vuestra esperanza. Si creyerais a Moisés, me creeríais a mí, porque de mí escribió él. Pero, si no creéis en sus escritos, ¿cómo vais a creer en mis palabras?».

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

Cármen Aguinaco

Quisisteis gozar un instante de su luz

Hay alegrías muy verdaderas, pero efímeras: las comidas familiares, una celebración de cumpleaños, un concierto, un éxito. Y quizá, también, como la gente del tiempo de Jesús, una palabra que parece definitiva; una buena predicación, una conferencia o clase maravillosa. Y queda el recuerdo, quizá algo nostálgico, del momento. No es que todos esos momentos, como el testimonio de Juan, sean falsos. Es que son un instante que “quisimos gozar”. Pero hay una verdad, un testimonio que no pasa, y es el ver el rostro de Dios en la persona de Cristo.

El testimonio de Cristo es más grande que el de Juan. Juan mismo lo había reconocido: “no soy digno de atar la correa de su sandalia”. Entonces, si la alegría de la luz que se encuentra en momentos concretos es proporcional a la fuerza del testimonio, Cristo ofrece no un instante, sino una eternidad de gloria y alegría. ¿Cómo ver esa luz y esa gloria?

Está claro: en primer lugar, leer las Escrituras y reconocer hacia quién está orientado todo el Antiguo Testamento y de quién habla todo el Nuevo. Ver al enviado, al que anunciaron los profetas.

Y ¿qué hacemos en términos concretos?

Está claro: mirar las acciones del Ungido. A veces son acciones espectaculares: milagros, convocatoria de miles de personas, actos y palabras magníficas. Y otras veces son acciones tan sencillas como beber agua del pozo de una mujer a la que llama a la reconciliación y a la verdad; o como comer en casa de un recaudador de impuestos que entrega lo que ha defraudado y la mitad de sus bienes; o escribir en el suelo algo misterioso y liberar a una mujer no solo de las piedras, sino de su pecado. Quizá los milagros que Dios opere por nuestro medio no sean milagros espectaculares; seguramente no tendremos una fuerza de convocatoria tan grande que reúna a multitudes y les dé de comer milagrosamente. Pero los pequeños actos, las acciones más sencillas, pueden dejar traslucir la luz de Dios. Si es así, si no es la propia luz sino la que apunta a Cristo, la alegría de la que se podrá gozar no será un instante, sino toda una eternidad.

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

EDD. miércoles 13 de marzo de 2024

Hoy, miércoles, 13 de marzo de 2024

Primera lectura

Lectura del libro de Isaías (49,8-15):

ESTO dice el Señor:
«En tiempo de gracia te he respondido,
en día propicio te he auxiliado;
te he defendido y constituido alianza del pueblo,
para restaurar el país,
para repartir heredades desoladas,
para decir a los cautivos: “Salid”,
a los que están en tinieblas: “Venid a la luz”.
Aun por los caminos pastarán,
tendrán praderas en todas las dunas;
no pasarán hambre ni sed,
no les hará daño el bochorno ni el sol;
porque los conduce el compasivo
y los guía a manantiales de agua.
Convertiré mis montes en caminos,
y mis senderos se nivelarán.
Miradlos venir de lejos;
miradlos, del Norte y del Poniente,
y los otros de la tierra de Sin.
Exulta, cielo; alégrate, tierra;
romped a cantar, montañas,
porque el Señor consuela a su pueblo
y se compadece de los desamparados».
Sion decía: «Me ha abandonado el Señor,
mi dueño me ha olvidado».
¿Puede una madre olvidar al niño que amamanta,
no tener compasión del hijo de sus entrañas?
Pues, aunque ella se olvidara, yo no te olvidaré.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 144,8-9.13cd-14.17-18

R/.
 El Señor es clemente y misericordioso

V/. El Señor es clemente y misericordioso,
lento a la cólera y rico en piedad;
el Señor es bueno con todos,
es cariñoso con todas sus criaturas. R/.

V/. El Señor es fiel a sus palabras,
bondadoso en todas sus acciones.
El Señor sostiene a los que van a caer,
endereza a los que ya se doblan. R/.

V/. El Señor es justo en todos sus caminos,
es bondadoso en todas sus acciones.
Cerca está el Señor de los que lo invocan,
de los que lo invocan sinceramente. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Juan (5,17-30):

EN aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos:
«Mi Padre sigue actuando, y yo también actúo».
Por eso los judíos tenían más ganas de matarlo: porque no solo quebrantaba el sábado, sino también llamaba a Dios Padre suyo, haciéndose igual a Dios.
Jesús tomó la palabra y les dijo:
«En verdad, en verdad os digo: el Hijo no puede hacer nada por su cuenta sino lo que viere hacer al Padre. Lo que hace este, eso mismo hace también el Hijo, pues el Padre ama al Hijo y le muestra todo lo que él hace, y le mostrará obras mayores que esta, para vuestro asombro.
Lo mismo que el Padre resucita a los muertos y les da vida, así también el Hijo da vida a los que quiere.
Porque el Padre no juzga a nadie, sino que ha confiado al Hijo todo el juicio, para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que lo envió.
En verdad, en verdad os digo: quien escucha mi palabra y cree al que me envió posee la vida eterna y no incurre en juicio, sino que ha pasado ya de la muerte a la vida.
En verdad, en verdad os digo: llega la hora, y ya está aquí, en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que hayan oído vivirán.
Porque, igual que el Padre tiene vida en sí mismo, así ha dado también al Hijo tener vida en sí mismo. Y le ha dado potestad de juzgar, porque es el Hijo del hombre.

No os sorprenda esto, porque viene la hora en que los que están en el sepulcro oirán su voz: los que hayan hecho el bien saldrán a una resurrección de vida; los que hayan hecho el mal, a una resurrección de juicio.
Yo no puedo hacer nada por mí mismo; según le oigo, juzgo, y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió».

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

Cármen Aguinaco

Tener fuerza de voluntad

Al principio del año, y luego al principio de la Cuaresma, se suelen hacer muchos buenos propósitos… Es bueno, porque supone un reconocimiento de algo que no se está haciendo del todo bien, o una intención de recordarse a uno mismo el buen camino, o de unirse a todo el Pueblo de Dios en un caminar colectivo de búsqueda de lo santo. Pero también a menudo vemos que, a mitad de camino, hemos fallado, o hemos encontrado alguna excusa para no seguir el plan. No hemos tenido “fuerza de voluntad”… Quizá porque pensábamos que la voluntad era la nuestra. Y, ya se sabe, “la carne es débil”. Y bueno, ¿qué quieres que te diga? Al fin y al cabo, soy humano. Todo cierto, ciertísimo. Pero quizá habría que cambiar el énfasis de la propia voluntad, que no tiene fuerza suficiente, que es débil, a la voluntad de Dios, que nunca está falta de fuerza. No busco mi voluntad, dijo Jesús, sino la del que me envió. Y, ¿cuál es tal voluntad?

La voluntad de Dios es una voluntad de misericordia: decir a los muertos que salgan de sus tumbas, a los prisioneros que rompan sus cadenas, a los que andan en la oscuridad que vengan a la luz. Los que están en las tumbas, oirán su voz y los que escuchen, vivirán. La voluntad de Dios es de vida. Pero ahí sí que nos perdemos: si no soy capaz de ayunar, ¿cómo voy a poder romper cadenas, sacar a muertos de tumbas? Terriblemente imposible y podría ser descorazonador.

Solo que hay pequeñas muertes diarias causadas por la injusticia de una mala palabra, de un rechazo, de un enojo continuado, de un atentado contra la dignidad de otra persona; hay pequeñas cadenas de adicciones personales y de las personas de nuestro alrededor, de malos hábitos, de falta de honradez. Y voluntad de Dios serán los pequeños actos que puedan dar algo de vida, que puedan romper alguno de esos hábitos. Para quienes ofenden y prenden en redes de resentimiento y juicios duro, los actos de misericordia y de perdón podrán ir sacándolos de las tinieblas y dando luz.

Mi propia voluntad puede querer inclinarme a mi gusto, a mi comodidad, y a mi enrocamiento en lo que creo que se me debe. Unirse a Cristo será poder decir, como Él: no busco mi voluntad, sino la del que me envió. La voluntad de quienes, por el Bautismo, fueron enviados como  seguidores de Jesús a dar vida, libertad, dignidad, luz. “Mi Padre trabaja siempre y yo también trabajo”. Y todos los discípulos trabajan también en esta gran esperanza y alegría.

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

EDD. martes 12 de marzo de 2024

Hoy, martes, 12 de marzo de 2024

Primera lectura

Lectura de la profecía de Ezequiel (47,1-9.12):

EN aquellos días, el ángel me hizo volver a la entrada del templo del Señor.
De debajo del umbral del templo corría agua hacia el este —el templo miraba al este—. El agua bajaba por el lado derecho del templo, al sur del altar.
Me hizo salir por el pórtico septentrional y me llevó por fuera hasta el pórtico exterior que mira al este. El agua corría por el lado derecho.
El hombre que llevaba el cordel en la mano salió hacia el este, midió quinientos metros y me hizo atravesar el agua, que me llegaba hasta los tobillos. Midió otros quinientos metros y me hizo atravesar el agua, que me llegaba hasta las rodillas. Midió todavía otros quinientos metros y me hizo atravesar el agua, que me llegaba hasta la cintura. Midió otros quinientos metros: era ya un torrente que no se podía vadear, sino cruzar a nado.
Entonces me dijo:

«¿Has visto, hijo de hombre?»,
Después me condujo por la ribera del torrente.
Al volver vi en ambas riberas del torrente una gran arboleda. Me dijo:
«Estas aguas fluyen hacia la zona oriental, descienden hacia la estepa y desembocan en el mar de la Sal, Cuando hayan entrado en él, sus aguas serán saneadas. Todo ser viviente que se agita, allí donde desemboque la corriente, tendrá vida; y habrá peces en abundancia. Porque apenas estas aguas hayan llegado hasta allí, habrán saneado el mar y habrá vida allí donde llegue el torrente.
En ambas riberas del torrente crecerá toda clase de árboles frutales; no se marchitarán sus hojas ni se acabarán sus frutos; darán nuevos frutos cada mes, porque las aguas del torrente fluyen del santuario; su fruto será comestible y sus hojas medicinales».

Palabra de Dios

Salmo

Sal 45,2-3.5-6.8-9

R/.
 El Señor de los ejércitos está con nosotros,
nuestro alcázar es el Dios de Jacob

V/. Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza,
poderoso defensor en el peligro.
Por eso no tememos aunque tiemble la tierra,
y los montes se desplomen en el mar. R/.

V/. Un río y sus canales alegran la ciudad de Dios,
el Altísimo consagra su morada.
Teniendo a Dios en medio, no vacila;
Dios la socorre al despuntar la aurora. R/.

V/. El Señor del universo está con nosotros,
nuestro alcázar es el Dios de Jacob.
Venid a ver las obras del Señor,
las maravillas que hace en la tierra. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Juan (5,1-16):

SE celebraba una fiesta de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén.
Hay en Jerusalén, junto a la Puerta de las Ovejas, una piscina que llaman en hebreo Betesda. Esta tiene cinco soportales, y allí estaban echados muchos enfermos, ciegos, cojos, paralíticos.
Estaba también allí un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo.
Jesús, al verlo echado, y sabiendo que ya llevaba mucho tiempo, le dice:
«¿Quieres quedar sano?».
El enfermo le contestó:
«Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se remueve el agua; para cuando llego yo, otro se me ha adelantado».
Jesús le dice:
«Levántate, toma tu camilla y echa a andar».
Y al momento el hombre quedó sano, tomó su camilla y echó a andar.
Aquel día era sábado, y los judíos dijeron al hombre que había quedado sano:
«Hoy es sábado, y no se puede llevar la camilla».
Él les contestó:
«El que me ha curado es quien me ha dicho: “Toma tu camilla y echa a andar”».
Ellos le preguntaron:
«¿Quién es el que te ha dicho que tomes la camilla y eches a andar?».

Pero el que había quedado sano no sabía quién era, porque Jesús, a causa del gentío que había en aquel sitio, se había alejado.
Más tarde lo encuentra Jesús en el templo y le dice:
«Mira, has quedado sano; no peques más, no sea que te ocurra algo peor».
Se marchó aquel hombre y dijo a los judíos que era Jesús quien lo había sanado.
Por esto los judíos perseguían a Jesús, porque hacía tales cosas en sábado.

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

Cármen Aguinaco

La soledad que impide la curación

Después de la pandemia se ha hablado mucho de una enfermedad que parece muy moderna, o que se ha agudizado en tiempos modernos, pero que tiene miles de años de antigüedad: la soledad. La soledad es un mal provocado por el abandono de otros o por la pasividad propia. O  por la falta de reconocimiento de quien está cerca: el Cristo vivo que nunca abandona. A veces son trágicamente inevitables, pero a otras veces se pueden evitar. Diversos estudios aseguran que una de las claves para vivir más y tener más salud es tener buenas relaciones.

Es la soledad la que impide al paralítico curarse. Una soledad persistente, de treinta y ocho años, que le lleva a la más total pasividad. “Ahí tendido y sabiendo que ya llevaba mucho tiempo en tal estado…” ¿Nunca buscó ayuda? ¿Nadie se solidarizó con él? ¿Pasó totalmente desapercibido? El hombre tenía una parálisis que llegaba mucho más allá de su estado físico. Era la parálisis de la soledad, de la falta de iniciativa, de la pasividad. Una resignación enfermiza.

Jesús le pregunta si quiere curarse. Parece una pregunta retórica, pero, después de 38 años de parálisis total, interna y externa, es la pregunta más lógica. ¿Es que no quieres?  ¿Por qué no puedes? La respuesta que da el paralítico es que está solo, que no tiene a nadie… Jesús podría haber seguido preguntando si la respuesta tiene una causa real, o si responde a un victimismo buscado. Porque la soledad y las soledades pueden ser trágicamente reales… ¿ni un gesto de solidaridad en 38 años? consciente o inconscientemente buscadas. Un aislamiento que puede comenzar por un rechazo y que se convierte en la parálisis de la autocompasión.

Jesús no le remueve el agua, ni le ayuda a entrar… simplemente le dice que levante su camilla y ande. Quizás nuestras parálisis causadas por la soledad, por el temor, el rechazo o el aislamiento procurado o no, puedan curarse simplemente con la escucha y obediencia a la llamada a levantarse y andar. Salir a buscar quién pueda ayudarnos a zambullirnos en el agua que cura. Salir a buscar a quién ayudar a salir de sus parálisis. Salir a acompañar y sentirse acompañados. Escuchar la voz que nunca abandona. Pero hay que responder a la pregunta: ¿quieres…? Y, si quieres, también puedes sanar otras soledades porque, como el paralítico, puedes ir hablando de Quien te dijo que tomaras la camilla. Puedes ir hablando de curación a otros.

Fuente ; https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

EDD. lunes 11 de marzo de 2024

Hoy, lunes, 11 de marzo de 2024

Primera lectura

Lectura del libro de Isaías (65,17-21):

ESTO dice el Señor:
«Mirad: voy a crear un nuevo cielo
y una nueva tierra:
de las cosas pasadas
ni habrá recuerdo ni vendrá pensamiento.
Regocijaos, alegraos por siempre
por lo que voy a crear:
yo creo a Jerusalén “alegría”,
y a su pueblo, “júbilo”.
Me alegraré por Jerusalén
y me regocijaré con mi pueblo,
ya no se oirá en ella ni llanto ni gemido;
ya no habrá allí niño
que dure pocos días,
ni adulto que no colme sus años,
pues será joven quien muera a los cien años,
y quien no los alcance se tendrá por maldito.
Construirán casas y las habitarán,
plantarán viñas y comerán los frutos».

Palabra de Dios

Salmo

Sal 29,2.4.5-6.11-12a.13b

R/.
 Te ensalzaré, Señor, porque me has librado

V/. Te ensalzaré, Señor, porque me has librado
y no has dejado que mis enemigos se rían de mí.
Señor, sacaste mi vida del abismo,
me hiciste revivir cuando bajaba a la fosa. R/.

V/. Tañed para el Señor, fieles suyos,
celebrad el recuerdo de su nombre santo;
su cólera dura un instante;
su bondad, de por vida;
al atardecer nos visita el llanto;
por la mañana, el júbilo. R/.

V/. Escucha, Señor, y ten piedad de mí;
Señor, socórreme.
Cambiaste mi luto en danzas.
Señor, Dios mío, te daré gracias por siempre. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Juan (4,43-54):

EN aquel tiempo, salió Jesús de Samaría para Galilea. Jesús mismo había atestiguado:
«Un profeta no es estimado en su propia patria».
Cuando llegó a Galilea, los galileos lo recibieron bien, porque habían visto todo lo que había hecho en Jerusalén durante la fiesta, pues también ellos habían ido a la fiesta.
Fue Jesús otra vez a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino.
Había un funcionario real que tenía un hijo enfermo en Cafarnaún. Oyendo que Jesús había llegado de Judea a Galilea, fue a verlo, y le pedía que bajase a curar a su hijo que estaba muriéndose.
Jesús le dijo:
«Si no veis signos y prodigios, no creéis».
El funcionario insiste:
«Señor, baja antes de que se muera mi niño».
Jesús le contesta:
«Anda, tu hijo vive».
El hombre creyó en la palabra de Jesús y se puso en camino. Iba ya bajando, cuando sus criados vinieron a su encuentro diciéndole que su hijo vivía. Él les preguntó a qué hora había empezado la mejoría. Y le contestaron:
«Ayer a la hora séptima lo dejó la fiebre».
El padre cayó en la cuenta de que esa era la hora en que Jesús le había dicho: «Tu hijo vive». Y creyó él con toda su familia. Este segundo signo lo hizo Jesús al llegar de Judea a Galilea.

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

Cármen Aguinaco

No le hizo falta nada más

Pedir con prisa y con insistencia es bueno, pero quizá no se vea o se toque un efecto inmediato y entonces parece que Dios no escucha. Pero hay tres palabras en el texto del evangelio de hoy que dan las mejores claves para la oración:

Insistió. Dios sabe muy bien lo que necesitamos y deseamos, pero parece que le gusta la insistencia, no porque él no sepa, sino porque quizás seamos nosotros los que no sabemos y necesitamos repetírnoslo a nosotros mismos. Insistir es una actividad virtuosa, porque nos ejercita en la perseverancia y la confianza. Y el fruto está claro: después de la insistencia, Jesús no necesita siquiera acudir físicamente. Puede responder a todas las peticiones simplemente con otra palabra:

Vete. ¿Y no sería mejor quedarse y seguir insistiendo? ¿O resignarse a que no se puede hacer nada ya? ¿Marchar con la cabeza gacha y el sabor del fracaso en los labios? El funcionario, sin embargo, “creyó y se puso en camino”. La insistencia había creado en él la virtud de la confianza. Creer y ponerse en camino sin ninguna prueba puede ser casi prácticamente imposible para muchos de nosotros. Creer a ciegas. El funcionario se pone en camino de regreso, aparentemente sin conseguir nada, porque confía.

Reconoció. Hacer la relación entre necesidad y respuesta, entre obediencia y fruto quizá no sea tan fácil para la mayoría de nosotros, porque a veces respuesta o fruto no son tan evidentes. Pero el funcionario podría haber pensado que había sido todo una casualidad. Y sin embargo, reconoce. Reconoce el tiempo, reconoce la causa y el efecto.

Seguramente todos tenemos cerca a alguien que está enfermo, física o espiritualmente, por quien hay que pedir insistentemente. Y quizá la confianza no sea tan fácil, y mucho menos el reconocer el fruto que, a menudo, no es lo que esperábamos.

Dice san Agustín que la oración es la fuerza del hombre y la debilidad de Dios. Y este pasaje lo expresa de manera elocuente. Y al mismo tiempo, la oración débil, pero confiada de la persona, es lo que muestra la fuerza de Dios. “Esta fue la segunda señal…”

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

Homilía para la Eucaristía del domingo 10 de marzo de 2024.

CUARTO DOMINGO DE CUARESMA.


2Crónicas 36,14-16.19-23: Un reflexión teológica de lo acontecido a Israel: Dios purifica a su Pueblo, pero al mismo tiempo lo redime; se vale de los reyes del momento en Persia.
Efesios 2, 4-10: Pablo presenta la gran gesta salvadora de Dios: nos hizo pasar de la muerte a la vida. Hay un antes y un después.
Juan 3, 14-21: Diálogo con Nicodemo. Jesús, el levantado (= en la cruz y en la Gloria) es causa de salvación para el que cree en Él. Jesús es manifestación del amor de Dios al mundo.

1.- La Palabra de Dios nos revela y asegura una tremenda verdad: nuestro Dios es un Dios que salva.
Cuando el Cronista narra lo acontecido a Israel está haciendo una reflexión de corte teológico-religioso. Dios quiere corregir a su Pueblo, por eso el destierro, que es una etapa de purificación. Ya que su Pueblo no supo observar el descanso sabático (de gran importancia para los judíos), deberá “descansar” necesariamente 70 años en el destierro. Pero a renglón seguido se le anuncia la restauración posexílica. Es que en la Biblia Salvación es reparación, reconstrucción. Cuando Dios perdona repara, obra una nueva creación. Ya en Egipto, al salvar a su Pueblo, lo traslada, lo re-crea, lo hace un Pueblo nuevo, diferente, distinto a los otros pueblos.


2.- Y el Apóstol nos presenta en su carta la gran gesta salvadora de Dios. Él nos ha hecho pasar de la muerte a la vida al resucitar a su Hijo. Nos ha resucitado, somos co-resucitados con Cristo. Con Cristo hemos sido salvados, rescatados, santificados. Pero esto no quiere decir que los cristianos seamos un “gheto”; no somos una secta de los mejores, sino vivimos insertos en la sociedad, pero no vivimos como la sociedad, ya que fuimos rescatados, trasladados de la muerte a la vida. Y esto gratuitamente.
El judía te dirá: si cumples la Ley te salvarás. Ahora hay que decir: Porque Cristo te ha salvado, realiza las obras dispuestas por Dios. No nos salvan las obras venas, sino la fe que tenemos en Cristo muerto y resucitado y que nosotros también hemos muerto y resucitado con Él. Todo es gracia, puro amor de Dios.


3.- ¡Qué poco y mal conoce el mundo a Dios, la gente de hoy! Y porque no se le conoce se hacen caricaturas de Dios. Y así, no faltan los que andan anunciando castigos, destrucción, calamidades. Y se inventan supuestas revelaciones de dudosa calidad.
Es cierto que el Señor, que es el Señor de la historia, se vale de acontecimientos para realizar su obra; lo hizo con Nabucodonosor, con Ciro y con otros a lo largo de la historia. Porque el hombre es coprotagonista con Dios para construir el Reino de Dios. Y el mejor Protagonista es su Hijo, a quien hizo pecado para salvarnos a todos. Se nos invita a tener una mirada distinta, verlo todo con los ojos de la fe, como lo hizo el escritor sagrado.


4.- Hoy san Juan nos presenta a Jesús, el exaltado, el levantado. ¿Dónde? En la cruz, como otrora la serpiente en el desierto. En la gloria del Padre, “porque Dios lo exaltó y le dio un nombre sobre todo nombre…Él es el Señor” (Filipenses 2,9). Él sí que es el instrumento de Dios por excelencia. Es cuestión de mirarlo a Él, es decir creen en Él, aceptarlo a Él, ya que en Él está nuestra salvación, Él es la Luz. Pero la humanidad rechaza la Luz de la fe para vivir en la comodidad y suciedad de las tinieblas.
Y sabemos lo que somos. La liturgia cuaresmal nos recuerda que somos los rescatados, los liberados de la muerte de las tinieblas del pecado, para vivir como hijos de la luz. Avivemos nuestra fe, volvamos a decir Sí al Señor. No marginemos a Cristo de nuestra vida, sino pongámoslo en el centro. Ahora es el momento preciso.


Hermano Pastor.

EDD. sábado 09 de marzo de 2024.

Hoy, sábado, 9 de marzo de 2024

Primera lectura

Lectura de la profecía de Oseas (6,1-6):

VAMOS, volvamos al Señor.
Porque él ha desgarrado,
y él nos curará;
él nos ha golpeado,
y él nos vendará.
En dos días nos volverá a la vida
y al tercero nos hará resurgir;
viviremos en su presencia
y comprenderemos.
Procuremos conocer al Señor.
Su manifestación es segura como la aurora.
Vendrá como la lluvia,
como la lluvia de primavera
que empapa la tierra».
¿Qué haré de ti, Efraín,
qué haré de ti, Judá?
Vuestro amor es como nube mañanera,
como el rocío que al alba desaparece.
Sobre una roca tallé mis mandamientos;
los castigué por medio de los profetas
con las palabras de mi boca.
Mi juicio se manifestará como la luz.
Quiero misericordia y no sacrificio,
conocimiento de Dios, más que holocaustos.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 50,3-4.18-19.20-21ab

R/.
 Quiero misericordia, y no sacrificios

V/. Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
por tu inmensa compasión borra mi culpa;
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado. R/.

V/. Los sacrificios no te satisfacen:
si te ofreciera un holocausto, no lo querrías.
El sacrificio agradable a Dios
es un espíritu quebrantado;
un corazón quebrantado y humillado,
tú, oh, Dios, tú no lo desprecias. R/.

V/. Señor, por tu bondad, favorece a Sión,
reconstruye las murallas de Jerusalén:
entonces aceptarás los sacrificios rituales,
ofrendas y holocaustos. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Lucas (18,9-14):

EN aquel tiempo, dijo Jesús esta parábola a algunos que confiaban en sí mismos por considerarse justos y despreciaban a los demás:
«Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo; el otro, publicano. El fariseo, erguido, oraba así en su interior:
“Oh, Dios!, te doy gracias porque no soy como los demás hombres: ladrones, injustos, adúlteros; ni tampoco como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo”.
El publicano, en cambio, quedándose atrás, no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho diciendo: “Oh, Dios!, ten compasión de este pecador”.
Os digo que este bajó a su casa justificado, y aquel no. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido».

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

Fernando Torres, cmf

Dicen que no hay más sordo que el que no quiere oír. Lo mismo se puede aplicar al enfermo que no se quiere curar o, dicho más sencillamente, que no quiere reconocer que está enfermo. Tuve un tío mío que le operaron del pulmón y luego le empezaron a dar quimioterapia y radioterapia. Pues el decía que tenía apenas una pequeña manchita en el pulmón de cuando la guerra, que no tenía nada. Que lo de la quimio y la radio era solo por si acaso. Era un poco ridículo oírle porque en aquella época ya sabía todo el mundo lo que aquellos tratamientos significaban.

Tengo la impresión de que al fariseo de la parábola le pasaba algo parecido. Él se presentaba ante Dios por pura generosidad no porque le hiciese falta en absoluto. Él ya cumplía con todas las normas, hacía todas las oraciones. Y para colmo ni robaba ni mataba. Se sentí ajusto ante Dios. La salvación no era regalo gratuito de Dios sino algo que se había ganado con su buen hacer, con su cumplimiento de la ley.

Por eso miraba con desprecio al publicano. Imagino que se diría a sí mismo el fariseo algo así como “Dios mío, ¿pero como permites que ése entre en el templo cuando todo el mundo sabe que es un pecador, sinvergüenza y muchas cosas más, que ni reza sus oraciones ni ayuna cuando está mandado? El fariseo se sentía bien. Se sentía con la suficiente altura como para tratar con confianza a Dios. No como un hijo que habla con su padre sino más bien en tú a tú de amiguetes.

Lo que no sabía el fariseo es que Dios lo miraba más bien con pena. Lo miraba con el amor con que un padre mira a un hijo tonto y malo que ni siquiera se da cuenta de su descarrío. Lo miraba tratando de atraerle, de invitarle a tomar el buen camino, pero sintiendo que el otro se veía a sí mismo tan bueno y ejemplar, que todo su esfuerzo de Padre era inútil.

Es nuestro tiempo para presentarnos al Señor no con la imagen, a veces fabulosa y fabulada, que nos hemos creado de nosotros mismos, sino asumiendo nuestra realidad y abriendo el corazón con humildad para que su amor nos cure y nos habilite para volver a intentarlo, que no es otra cosa lo que el Padre quiere para nosotros.

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

EDD. viernes 08 de marzo de 2024.

Hoy, viernes, 8 de marzo de 2024

Primera lectura

Lectura de la profecía de Oseas (14,2-10):

ESTO dice el Señor:
«Vuelve, Israel, al Señor tu Dios,
porque tropezaste por tu falta.
Tomad vuestras promesas con vosotros,
y volved al Señor.
Decidle: “Tú quitas toda falta,
acepta el pacto.
Pagaremos con nuestra confesión:
Asiria no nos salvará,
no volveremos a montar a caballo,
y no llamaremos ya ‘nuestro Dios’
a la obra de nuestras manos.
En ti el huérfano encuentra compasión”.
“Curaré su deslealtad,
los amaré generosamente,
porque mi ira se apartó de ellos.
Seré para Israel como el rocío,
florecerá como el lirio,
echará sus raíces como los cedros del Líbano.
Brotarán sus retoños
y será su esplendor como el olivo,
y su perfume como el del Líbano.
Regresarán los que habitaban a su sombra,
revivirán como el trigo,
florecerán como la viña,
será su renombre como el del vino del Líbano.
Efraín, ¿qué tengo que ver con los ídolos?
Yo soy quien le responde y lo vigila.
Yo soy como un abeto siempre verde,
de mí procede tu fruto”.
¿Quién será sabio, para comprender estas cosas,
inteligente, para conocerlas?
Porque los caminos del Señor son rectos:
los justos los transitan,
pero los traidores tropiezan en ellos».

Palabra de Dios

Salmo

Sal 80,6c-8a.8bc-9.10-11ab.14.17

R/.
 Yo soy el Señor, Dios tuyo: escucha mi voz

V/. Oigo un lenguaje desconocido:
«Retiré sus hombros de la carga,
y sus manos dejaron la espuerta.
Clamaste en la aflicción, y te libré. R/.

V/. Te respondí oculto entre los truenos,
te puse a prueba junto a la fuente de Meribá.
Escucha, pueblo mío, doy testimonio contra ti;
¡ojalá me escuchases, Israel! R/.

V/. No tendrás un dios extraño,
no adorarás un dios extranjero;
yo soy el Señor, Dios tuyo,
que te saqué del país de Egipto. R/.

V/. ¡Ojalá me escuchase mi pueblo
y caminase Israel por mi camino!
Los alimentaría con flor de harina,
los saciaría con miel silvestre». R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Marcos (12,28b-34):

EN aquel tiempo, un escriba se acercó a Jesús y le preguntó:
«¿Qué mandamiento es el primero de todos?».
Respondió Jesús:
«El primero es: “Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser”. El segundo es este: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. No hay mandamiento mayor que estos».
El escriba replicó:
«Muy bien, Maestro, sin duda tienes razón cuando dices que el Señor es uno solo y no hay otro fuera de él; y que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios».
Jesús, viendo que había respondido sensatamente, le dijo:
«No estás lejos del reino de Dios».
Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

Fernando Torres, cmf

Ayer hablábamos de liberarnos de los prejuicios y hoy llegamos a centrarnos en lo fundamental. Es la pregunta que le hace el escriba a Jesús. Porque en el mundo judío había muchos mandamientos, muchas normas y muchas reglas. Había que tener cuidado para cumplirlas todas en detalle. Pero el mismo escriba entendía que tantas reglas y normas no podían tener todas el mismo nivel. Por eso, le pregunta a Jesús qué es lo más importante, cuál es el mandamiento central y primero.

Jesús le contesta pero va un poco más allá. Porque no se queda sólo en el primero sino que añade el segundo. Y en la respuesta del escriba hay una muy buena nota o añadido que nos ayuda a relativizar cosas que a veces creemos que también son importantes.

Jesús deja claro que el mandamiento más importante es amar a Dios. Él es el centro de todo, el origen de nuestro ser. Todo lo que somos lo hemos recibido de gracia. La vida, el cuerpo, las personas, la fraternidad… todo ha sido fruto del amor creador de Dios. Y la respuesta lógica por nuestra parte es amarle con todo el alma, con toda la mente, con todo lo que somos. Pero Jesús añade un segundo. Prácticamente lo pone al mismo nivel: “amarás a tu prójimo como a ti mismo”.

Nosotros podemos añadir algo a estas palabras de Jesús. Es una pregunta: ¿Cómo podemos decir que amamos a Dios si no amamos al prójimo. Y si no lo amamos de una forma concreta y práctica. En realidad, el amor al hermano, al prójimo, es la prueba y condición de que nuestro amor a Dios es real y no apenas un discurso vacío, una palabra sin sentido n significado. Así que los dos mandamientos están más juntos de lo que parece.

Para terminar atención al añadido que hace el escriba que tiene su importancia. Porque nos recuerda que estos dos mandamientos valen más que todos los holocaustos y sacrificios. Importante tener esto en cuenta en esta Cuaresma. No es un mensaje nuevo. Se ha repetido muchas veces en las lecturas. Conviene tenerlo presente porque a veces nos resulta más fácil hacer sacrificios, rezos y holocaustos que amar de verdad al prójimo necesitado.

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

EDD. jueves 07 de marzo de 2024.

Hoy, jueves, 7 de marzo de 2024

Primera lectura

Lectura del libro de Jeremías (7,23-28):

ESTO dice el Señor:
«Esta fue la orden que di a mi pueblo:
“Escuchad mi voz, Yo seré vuestro Dios y vosotros seréis mi pueblo. Seguid el camino que os señalo, y todo os irá bien”.
Pero no escucharon ni hicieron caso. Al contrario, caminaron según sus ideas, según la maldad de su obstinado corazón. Me dieron la espalda y no la cara.
Desde que salieron vuestros padres de Egipto hasta hoy, os envié a mis siervos, los profetas, un día tras otro; pero no me escucharon ni me hicieron caso. Al contrario, endurecieron la cerviz y fueron peores que sus padres.
Ya puedes repetirles este discurso, seguro que no te escucharán; ya puedes gritarles, seguro que no te responderán. Aun así les dirás:
“Esta es la gente que no escuchó la voz del Señor, su Dios, y no quiso escarmentar. Ha desaparecido la sinceridad, se la han arrancado de la boca”».

Palabra de Dios

Salmo

Sal 94,1-2.6-7.8-9

R/.
 Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor:
«No endurezcáis vuestro corazón»

V/. Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos. R/.

V/. Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía. R/.

V/. Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras». R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Lucas (11,14-23):

EN aquel tiempo, estaba Jesús echando un demonio que era mudo.
Sucedió que, apenas salió el demonio, empezó a hablar el mudo. La multitud se quedó admirada, pero algunos de ellos dijeron:
«Por arte de Belzebú, el príncipe de los demonios, echa los demonios».
Otros, para ponerlo a prueba, le pedían un signo del cielo. Él, conociendo sus pensamientos, les dijo:
«Todo reino dividido contra sí mismo va a la ruina y cae casa sobre casa. Si, pues, también Satanás se ha dividido contra sí mismo, ¿cómo se mantendrá su reino? Pues vosotros decís que yo echo los demonios con el poder de Belzebú. Pero, si yo echo los demonios con el poder de Belzebú, vuestros hijos, ¿por arte de quién los echan? Por eso, ellos mismos serán vuestros jueces. Pero, si yo echo los demonios con el dedo de Dios, entonces es que el reino de Dios ha llegado a vosotros.
Cuando un hombre fuerte y bien armado guarda su palacio, sus bienes están seguros, pero, cuando otro más fuerte lo asalta y lo vence, le quita las armas de que se fiaba y reparte su botín.
El que no está conmigo está contra mí; el que no recoge conmigo desparrama».

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

Fernando Torres, cmf

La ambigüedad es una de las características de la vida. Todo puede ser interpretado. Todo puede ser visto desde diferentes perspectivas. Más si entramos en las motivaciones de las personas. Ese terreno es realmente complicado.

Recuerdo ahora algo que sucedió en mi etapa de seminarista. Era yo y éramos todos muy jóvenes y atrevidos. Resultó que estábamos en el comedor y pasaba un compañero con la bandeja de la comida para que nos fuéramos sirviendo. Aquel día tocaba pollo. Se acercó a mí. La porción que tenía más cerca era un apetitoso muslito, todo tierno. Era lo que me había gustado toda la vida. Pero aquel día había pensado que me tenía que sacrificar y que no siempre debía escoger lo que más me gustase. Así que, sin pensarlo dos veces, me lancé a por la porción más alejada, una parte del pollo que me gustaba menos. Pronto tuve en mis oídos la reacción de un compañero que me echaba una bronca: “Fernando, siempre tienes que estar eligiendo lo que más te gusta. Se agarra la ración que está más cerca sin escoger.” Aguanté el chorreo y pasé a escoger el tierno y apetitoso muslito que tenía más cerca. No expliqué mis razones. No valía la pena. Aquel día aprendí que todo puede ser interpretado, que nuestras acciones tienen siempre diversas lecturas posibles.

Eso le pasó a Jesús. O podríamos decir, eso le pasó a Dios mismo. Hizo hablar al mudo. Le liberó del demonio. Pero entre los espectadores hubo diversas reacciones. Unos se admiraron pero otros lo criticaron pensando que si era capaz de expulsar los demonios era por ser servidor del mismísimo Belzebú, el príncipe de los demonios.

Posiblemente no hay maldad en esas interpretaciones. Lo que hay son prejuicios, muchos prejuicios. Ya tenemos una forma de pensar, ya tenemos una idea de cómo es el otro. Y haga lo que haga, lo juzgamos desde ese prejuicio. Podemos pensar, y hay quien lo piensa, que los pobres son pobres porque son vagos. Y que los ricos son ricos porque se lo han ganado a pulso con su trabajo. Podemos tener muchos prejuicios. Y desde ellos acomodamos la realidad a lo que ya pensábamos previamente.

Pero, y es lo importante, el hombre aquel quedó liberado del demonio y empezó a hablar. El resto son prejuicios.

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy