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Autor: Patricio Osiadacz

EDD. sábado 18 de mayo de 2024.

Primera Lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (28,16-20.30-31):

Cuando llegamos a Roma, le permitieron a Pablo vivir por su cuenta en una casa, con un soldado que lo vigilase.
Tres días después, convocó a los judíos principales; cuando se reunieron, les dijo: «Hermanos, estoy aquí preso sin haber hecho nada contra el pueblo ni las tradiciones de nuestros padres; en Jerusalén me entregaron a los romanos. Me interrogaron y querían ponerme en libertad, porque no encontraban nada que mereciera la muerte; pero, como los judíos se oponían, tuve que apelar al César; aunque no es que tenga intención de acusar a mi pueblo. Por este motivo he querido veros y hablar con vosotros; pues por la esperanza de Israel llevo encima estas cadenas.» Vivió allí dos años enteros a su propia costa, recibiendo a todos los que acudían, predicándoles el reino de Dios y enseñando lo que se refiere al Señor Jesucristo con toda libertad, sin estorbos.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 10,4.5.7

R/. Los buenos verán tu rostro, Señor

El Señor está en su templo santo,
el Señor tiene su trono en el cielo;
sus ojos están observando,
sus pupilas examinan a los hombres. R/.

El Señor examina a inocentes y culpables,
y al que ama la violencia él lo odia.
Porque el Señor es justo y ama la justicia:
los buenos verán su rostro. R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Juan (21,20-25):

En aquel tiempo, Pedro, volviéndose, vio que los seguía el discípulo a quien Jesús tanto amaba, el mismo que en la cena se había apoyado en su pecho y le había preguntado: «Señor, ¿quién es el que te va a entregar?»
Al verlo, Pedro dice a Jesús: «Señor, y éste ¿qué?»
Jesús le contesta: «Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿a ti qué? Tú sígueme.»
Entonces se empezó a correr entre los hermanos el rumor de que ese discípulo no moriría. Pero no le dijo Jesús que no moriría, sino: «Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿a ti qué?» Éste es el discípulo que da testimonio de todo esto y lo ha escrito; y nosotros sabemos que su testimonio es verdadero. Muchas otras cosas hizo Jesús. Si se escribieran una por una, pienso que los libros no cabrían ni en todo el mundo.

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

Termina el tiempo de Pascua. Mañana ya es Pentecostés. Y empieza otra historia. O continúa. Porque la historia del compromiso de Dios con los hombres comenzó hace mucho. Comenzó cuando todavía no existía ni el primer hombre ni la primera mujer. Comenzó cuando el amor de Dios se materializó en nosotros, cuando nos creó y nos trajo a la vida. Desde entonces Dios ha estado de nuestra parte. A pesar de los pesares, a pesar de todas las que hemos liado. En todo este tiempo, Dios no ha dejado de confiar en nosotros, de apostar por nosotros. Y, por tanto, de abrirnos un futuro de esperanza. No es una ilusión. ¡Quién puede ser más realista sobre lo que somos las personas que el mismo Dios que conoce de primera mano de lo que somos capaces. Lo experimentó en su hijo, asesinado en la cruz precisamente por los que decían ser los representantes suyos, de Dios, en la tierra. Y a pesar de eso sigue creyendo en nosotros. Levantó a la vida a su hijo, lo resucitó. Y en su resurrección nos abrió el camino y la esperanza a todos los demás.

Hoy termina una parte de la historia. Los discípulos, los apóstoles, nos han dado testimonio de primera mano. Ellos vieron y tocaron al que es la fuente de la vida. Fueron Juan o Pablo o Marcos o Mateo o Lucas o Santiago o tantos otros de los que no conocemos el nombre.

Pero su testimonio no se dirige solo a que estemos informados de unos hechos históricos. Ellos nos dan testimonio para que creamos que en esos hechos sobre Jesús descubramos la presencia del Hijo de Dios. Los Evangelios no son libros históricos sino libros de fe. Están escritos para que creamos.

Han sido siete semanas celebrando la Pascua, la Resurrección de Jesús. Y en ella nuestra propia resurrección. Hemos entrado en una nueva vida. Ahora somos conscientes, creemos, que Dios está de nuestro lado, que está comprometido con nosotros. Y que a pesar de ese mal que sabemos que está dentro de nosotros y que de vez en cuando nos domina, Dios está de nuestro lado. Dios cree en nosotros. Y su amor y su misericordia llenan nuestro corazón. Realistas pero llenos de esperanza. Así terminamos de celebrar la Pascua por este año.

Fernando Torres, cmf

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/events/lecturas-del-sabado-de-la-vii-semana-de-pascua-2/?occurrence=2024-05-18&nskip=38050

EDD. viernes 17 de mayo de 2024.

Primera Lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (25,13-21):

En aquellos días, el rey Agripa llegó a Cesarea con Berenice para cumplimentar a Festo, y se entretuvieron allí bastantes días.
Festo expuso al rey el caso de Pablo, diciéndole: «Tengo aquí un preso, que ha dejado Félix; cuando fui a Jerusalén, los sumos sacerdotes y los ancianos judíos presentaron acusación contra él, pidiendo su condena. Les respondí que no es costumbre romana ceder a un hombre por las buenas; primero el acusado tiene que carearse con sus acusadores, para que tenga ocasión de defenderse. Vinieron conmigo a Cesarea, y yo, sin dar largas al asunto, al día siguiente me senté en el tribunal y mandé traer a este hombre. Pero, cuando los acusadores tomaron la palabra, no adujeron ningún cargo grave de los que yo suponía; se trataba sólo de ciertas discusiones acerca de su religión y de un difunto llamado Jesús, que Pablo sostiene que está vivo. Yo, perdido en semejante discusión, le pregunté si quería ir a Jerusalén a que lo juzgase allí. Pero, como Pablo ha apelado, pidiendo que lo deje en la cárcel, para que decida su majestad, he dado orden de tenerlo en prisión hasta que pueda remitirlo al César.»

Palabra de Dios

Salmo

Sal 10,4-7

R/. El Señor puso en el cielo su trono

Bendice, alma mía, al Señor,
y todo mi ser a su santo nombre.
Bendice, alma mía, al Señor,
y no olvides sus beneficios. R/.

Como se levanta el cielo sobre la tierra,
se levanta su bondad sobre sus fieles;
como dista el oriente del ocaso,
así aleja de nosotros nuestros delitos. R/.

El Señor puso en el cielo su trono,
su soberanía gobierna el universo.
Bendecid al Señor, ángeles suyos,
poderosos ejecutores de sus órdenes. R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Juan (21,15-19):

Habiéndose aparecido Jesús a sus discípulos, después de comer con ellos, dice a Simón Pedro:
«Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?»
Él le contestó: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero.»
Jesús le dice: «Apacienta mis corderos.»
Por segunda vez le pregunta: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas?»
Él le contesta: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero.»
Él le dice: «Pastorea mis ovejas.»
Por tercera vez le pregunta: «Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?»
Se entristeció Pedro de que le preguntara por tercera vez si lo quería y le contestó: «Señor, tú conoces todo, tú sabes que te quiero.»
Jesús le dice: «Apacienta mis ovejas. Te lo aseguro: cuando eras joven, tú mismo te ceñías e ibas adonde querías; pero, cuando seas viejo, extenderás las manos, otro te ceñirá y te llevará adonde no quieras.»
Esto dijo aludiendo a la muerte con que iba a dar gloria a Dios.
Dicho esto, añadió: «Sígueme.»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

Me atrevo a decir que lo más importante de este Evangelio es el final: “Dicho esto, añadió: ‘Sígueme’.” En esta palabra de Jesús se manifiesta lo más auténtico de la actitud de Dios con el hombre. No solo con Pedro sino con cada uno de nosotros. Es una actitud llena de confianza y de fe en nuestras posibilidades. Es una fe que va mucho más allá de lo que se podría esperar humanamente de una persona, de sus posibilidades reales. Mucho más allá de la experiencia vivida. Es verdaderamente una fe capaz de recrear a la persona y de abrirnos un futuro nuevo. Es una fe que no desfallece. Es una fe más fuerte que la muerte.

Me hace pensar que tendríamos que dar la vuelta al discurso sobre la fe. Siempre estamos poniéndonos nosotros como sujeto. Yo creo en Dios, es lo que solemos pensar. Una vez más nos colocamos nosotros en el centro de universo. Diría que la fe es, ante todo y en primer lugar,

exactamente lo contrario: Dios cree en mí. Dios cree en cada uno de nosotros. Y, como decía un profesor mío jugando con las palabras: porque Dios cree en nosotros, nos crea, nos transforma, nos convierte en algo nuevo, capaz de salir de los laberintos, en los que andamos usualmente perdidos. 

Es Dios el que cree en nosotros. Y por eso existimos. Y por eso somos. Y por eso tenemos futuro. El futuro de Dios es nuestro. Y lo más importante, Dios cree en nosotros a pesar de todos los pesares, a pesar del desastre que somos. Dios sigue creyendo en nosotros y creándonos, tozudo, obstinado, porfiado, terco.

Eso es lo que me dice este texto del evangelio de hoy y, sobre todo, su final. Jesús podía haber mandado a Pedro al último puesto. Lo podía haber condenado a la gehena. Sabía que era un bocazas inveterado (recordemos sus negaciones en el momento de la pasión y sus promesas previas de no abandonar nunca a Jesús), que era miedoso y cobarde. Lo sabía perfectamente. Pero Jesús, ya el Resucitado, sigue creyendo y confiando en él. Le confirma como el que tiene que cuidar a los demás. Y al final, le vuelve a repetir aquella invitación que hacía tiempo le había hecho al borde del lago: “Sígueme.”

Así nos cree y nos crea Dios. ¡Cuánta ternura! ¡Cuánta capacidad de perdonar y de confiar! ¿Nos vamos pareciendo a él en nuestra vida?

Fernando Torres, cmf

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/events/lecturas-del-viernes-de-la-vii-semana-de-pascua/?occurrence=2024-05-17

EDD. jueves 16 de mayo de 2024.

Primera Lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (22,30;23,6-11):

En aquellos días, queriendo el tribuno poner en claro de qué acusaban a Pablo los judíos, mandó desatarlo, ordenó que se reunieran los sumos sacerdotes y el Sanedrín en pleno, bajó a Pablo y lo presentó ante ellos.
Pablo sabía que una parte del Sanedrín eran fariseos y otra saduceos y gritó: «Hermanos, yo soy fariseo, hijo de fariseo, y me juzgan porque espero la resurrección de los muertos.»
Apenas dijo esto, se produjo un altercado entre fariseos y saduceos, y la asamblea quedó dividida. (Los saduceos sostienen que no hay resurrección, ni ángeles, ni espíritus, mientras que los fariseos admiten todo esto.) Se armó un griterío, y algunos escribas del partido fariseo se pusieron en pie, porfiando: «No encontramos ningún delito en este hombre; ¿y si le ha hablado un espíritu o un ángel?»
El altercado arreciaba, y el tribuno, temiendo que hicieran pedazos a Pablo, mandó bajar a la guarnición para sacarlo de allí y llevárselo al cuartel.
La noche siguiente, el Señor se le presentó y le dijo: «¡Ánimo! Lo mismo que has dado testimonio a favor mío en Jerusalén tienes que darlo en Roma.»

Palabra de Dios

Salmo

Sal 15

R/. Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti

Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti;
yo digo al Señor: «Tú eres mi bien.»
El Señor es el lote de mi heredad y mi copa;
mi suerte está en tu mano. R/.

Bendeciré al Señor, que me aconseja,
hasta de noche me instruye internamente.
Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha no vacilaré. R/.

Por eso se me alegra el corazón,
se gozan mis entrañas,
y mi carne descansa serena.
Porque no me entregarás a la muerte,
ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción. R/.

Me enseñarás el sendero de la vida,
me saciarás de gozo en tu presencia,
de alegría perpetua a tu derecha. R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Juan (17,20-26):

En aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos al cielo, oró, diciendo: «Padre santo, no sólo por ellos ruego, sino también por los que crean en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno, como tú, Padre, en mí, y yo en ti, que ellos también lo sean en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado. También les di a ellos la gloria que me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno; yo en ellos, y tú en mí, para que sean completamente uno, de modo que el mundo sepa que tú me has enviado y los has amado como me has amado a mí. Padre, éste es mi deseo: que los que me confiaste estén conmigo donde yo estoy y contemplen mi gloria, la que me diste, porque me amabas, antes de la fundación del mundo. Padre justo, si el mundo no te ha conocido, yo te he conocido, y éstos han conocido que tú me enviaste. Les he dado a conocer y les daré a conocer tu nombre, para que el amor que me tenías esté con ellos, como también yo estoy con ellos.»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

El texto evangélico de hoy es uno de esos que me hace sonreír, me hace sentirme consolado y mirar al presente y al futuro del mundo, de la iglesia y de mi propia vida con esperanza. ¡Hemos estado presentes en la oración de Jesús!

Cuántas veces hemos orado y… hemos desesperado casi al mismo tiempo. Cuántas veces nos ponemos a pensar en nuestro mundo, en la realidad del hambre y la injusticia, en los políticos que parece que no hacen nada para solucionarlo más allá de buscar su propio interés, en el deseo de poder y riquezas que llenan el corazón de tantos, en las escenas de insolidaridad que vemos a nuestro alrededor. Y, si somos sinceros, basta también con ser honestos con nosotros mismos y mirarnos al espejo (habiéndonos quitado previamente la coraza protectora en que nos solemos envolver para quedar bien antes los demás y ante nosotros mismos, claro), para darnos cuenta de que tampoco en nosotros es oro todo lo que reluce. Ni mucho menos. Lo natural sería caer en el pesimismo y la desesperanza absoluta. No hay salida. No hay futuro.

Pero es que ha sido el mismo Jesús el que ha orado por nosotros al Padre: “Padre Santo, no sólo por ellos ruego, sino también por los que crean en mí por la palabra de ellos.” Y luego Jesús pide para que nos insertemos en esa corriente de vida, de amor, de unidad, de fraternidad que nace de su Padre y de él mismo. Quizá no sean estas exactamente las palabras que pronunció Jesús –no creo que hubiese un escriba al lado de Jesús anotando sus palabras una por una–. Pero me basta pensar que cada uno de nosotros ha estado presente en el corazón de Jesús, en su amor. Me basta pensar que cada de nosotros somos importantes para él.

Ese pensamiento ya me hace levantarme de la postración y mirar mi presente y mi futuro con esperanza. Y descubrir en cada uno de los que me rodean un hermano o una hermana amado por Jesús. Me hace sentir que este mundo tiene un futuro mejor por delante y que ese futuro es el Reino. Y me hace sentirme comprometido en trabajar por la justicia, por la fraternidad, por la reconciliación, aunque no termine de ver los resultados en el día a día. Porque en nosotros, en cada uno, está presente el amor que es Dios, aunque no lo veamos ni sintamos.

Fernando Torres, cmf

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/events/lecturas-del-jueves-de-la-vii-semana-de-pascua/?occurrence=2024-05-16&nskip=38052

EDD. miércoles 15 de diciembre de 2024

Primera Lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (20,28-38):

En aquellos días, decía Pablo a los presbíteros de la Iglesia de Éfeso: «Tened cuidado de vosotros y del rebaño que el Espíritu Santo os ha encargado guardar, como pastores de la Iglesia de Dios, que él adquirió con su propia sangre. Ya sé que, cuando os deje, se meterán entre vosotros lobos feroces, que no tendrán piedad del rebaño. Incluso algunos de vosotros deformarán la doctrina y arrastrarán a los discípulos. Por eso, estad alerta: acordaos que durante tres años, de día y de noche, no he cesado de aconsejar con lágrimas en los ojos a cada uno en particular. Ahora os dejo en manos de Dios y de su palabra de gracia, que tiene poder para construiros y daros parte en la herencia de los santos. A nadie le he pedido dinero, oro ni ropa. Bien sabéis que estas manos han ganado lo necesario para mí y mis compañeros. Siempre os he enseñado que es nuestro deber trabajar para socorrer a los necesitados, acordándonos de las palabras del Señor Jesús: “Hay más dicha en dar que en recibir.”»
Cuando terminó de hablar, se pusieron todos de rodillas, y rezó. Se echaron a llorar y, abrazando a Pablo, lo besaban; lo que más pena les daba era lo que había dicho, que no volverían a verlo. Y lo acompañaron hasta el barco.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 67,29-30.33-35a.35b.36c

R/. Reyes de la tierra, cantad a Dios

Oh Dios, despliega tu poder,
tu poder, oh Dios, que actúa en favor nuestro.
A tu templo de Jerusalén
traigan los reyes su tributo. R/.

Reyes de la tierra, cantad a Dios,
tocad para el Señor,
que avanza por los cielos,
los cielos antiquísimos,
que lanza su voz, su voz poderosa:
«Reconoced el poder de Dios.» R/.

Sobre Israel resplandece su majestad,
y su poder, sobre las nubes.
¡Dios sea bendito! R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Juan (17,11b-19):

En aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos al cielo, oró, diciendo: «Padre santo, guárdalos en tu nombre, a los que me has dado, para que sean uno, como nosotros. Cuando estaba con ellos, yo guardaba en tu nombre a los que me diste, y los custodiaba, y ninguno se perdió, sino el hijo de la perdición, para que se cumpliera la Escritura. Ahora voy a ti, y digo esto en el mundo para que ellos mismos tengan mi alegría cumplida. Yo les he dado tu palabra, y el mundo los ha odiado porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. No ruego que los retires del mundo, sino que los guardes del mal. No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. Conságralos en la verdad; tu palabra es verdad. Como tú me enviaste al mundo, así los envío yo también al mundo. Y por ellos me consagro yo, para que también se consagren ellos en la verdad.»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

Hoy es optativo leer las lecturas del día correspondiente de Pascua o las de la memoria de san Isidro. Pero me van a permitir que haga un comentario sobre este santo un poco “raro” dentro del santoral pero a la vez enormemente popular y conocido en muchísimos pueblos del mundo cristiano. Quizá, me atrevo a decir, porque los cristianos más sencillos lo reconocen como uno de los suyos.

Basta con que echemos una mirada al santoral a lo largo del año para ver que la mayoría de los santos que celebra la liturgia cristiana pertenecen a la jerarquía eclesial (obispos, sacerdotes…) o fueron miembros de congregaciones religiosas tanto masculinas como femeninas. De entre los restantes que no son muchos, la mayoría pertenece a una clase social alta. Y de repente tenemos aquí a Isidro, un agricultor madrileño, un campesino, un hombre que vivía trabajando una tierra que no era suya, que arrendaba y por la que recibía un pago. Eran tiempos duros aquellos en una España en la que la mitad todavía estaba dominada por los musulmanes y la otra mitad por los reinos cristianos. Así que su vida no fue fácil.

Otro dato que hace de san Isidro un santo un poco “raro” es que estaba casado. Volvamos al santoral y se verá con facilidad que la inmensa mayoría de los santos son célibes o vírgenes. No hay muchos que hayan vivido en el matrimonio y que ahí hayan encontrado la santidad. O quizá la iglesia no ha sabido valorar bien a los casados.

Pues así, un poco “raro” es el santo de hoy. También él, hombre casado y, según la tradición, con un hijo. Campesino sin tierras, siervo de un señor que era su dueño, fue del Señor. También por él oró Jesús como dice el evangelio del día: “Padre santo: guárdalos en tu nombre a los que me has dado para que sean uno como nosotros… yo les he dado tu palabra… santifícalos en la verdad.”

Seguro que ha habido y hay muchos santos por el mundo como san Isidro, hombres y mujeres sencillos, pobres, humildes, pero que acogen la palabra y hacen de su vida un testimonio del Evangelio.

Fernando Torres, cmf

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/events/lecturas-del-miercoles-de-la-vii-semana-de-pascua-4/?occurrence=2024-05-15

EDD martes 14 de mayo de 2024

Primera Lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (20,17-27):

En aquellos días, desde Mileto, mandó Pablo llamar a los presbíteros de la Iglesia de Éfeso.
Cuando se presentaron, les dijo: «Vosotros sabéis que todo el tiempo que he estado aquí, desde el día que por primera vez puse pie en Asia, he servido al Señor con toda humildad, en las penas y pruebas que me han procurado las maquinaciones de los judíos. Sabéis que no he ahorrado medio alguno, que os he predicado y enseñado en público y en privado, insistiendo a judíos y griegos a que se conviertan a Dios y crean en nuestro Señor Jesús. Y ahora me dirijo a Jerusalén, forzado por el Espíritu. No sé lo que me espera allí, sólo sé que el Espíritu Santo, de ciudad en ciudad, me asegura que me aguardan cárceles y luchas. Pero a mí no me importa la vida; lo que me importa es completar mi carrera, y cumplir el encargo que me dio el Señor Jesús: ser testigo del Evangelio, que es la gracia de Dios. He pasado por aquí predicando el reino, y ahora sé que ninguno de vosotros me volverá a ver. Por eso declaro hoy que no soy responsable de la suerte de nadie: nunca me he reservado nada; os he anunciado enteramente el plan de Dios.»

Palabra de Dios

Sal 67,10-11.20-21

R/. Reyes de la tierra, cantad a Dios

Derramaste en tu heredad,
oh Dios, una lluvia copiosa,
aliviaste la tierra extenuada
y tu rebaño habitó en la tierra que tu bondad,
oh Dios, preparó para los pobres. R/.

Bendito el Señor cada día,
Dios lleva nuestras cargas,
es nuestra salvación.
Nuestro Dios es un Dios que salva,
el Señor Dios nos hace escapar de la muerte. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Juan (17,1-11a):

En aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos al cielo, dijo: «Padre, ha llegado la hora, glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique y, por el poder que tú le has dado sobre toda carne, dé la vida eterna a los que le confiaste. Ésta es la vida eterna: que te conozcan a ti, único Dios verdadero, y a tu enviado, Jesucristo. Yo te he glorificado sobre la tierra, he coronado la obra que me encomendaste. Y ahora, Padre, glorifícame cerca de ti, con la gloria que yo tenía cerca de ti, antes que el mundo existiese. He manifestado tu nombre a los hombres que me diste de en medio del mundo. Tuyos eran, y tú me los diste, y ellos han guardado tu palabra. Ahora han conocido que todo lo que me diste procede de ti, porque yo les he comunicado las palabras que tú me diste, y ellos las han recibido, y han conocido verdaderamente que yo salí de ti, y han creído que tú me has enviado. Te ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por éstos que tú me diste, y son tuyos. Sí, todo lo mío es tuyo, y lo tuyo mío; y en ellos he sido glorificado. Ya no voy a estar en el mundo, pero ellos están en el mundo, mientras yo voy a ti.»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

PREPARAR LA HORA FINAL


         Dos despedidas nos presentan las lecturas de hoy: de Pablo y de Jesús. Ambos, rodeados de discípulos-compañeros. Son conscientes de que se les acaba el tiempo, que llega su «hora».  Y hacen un balance general de lo que ha sido su vida.

Entre nosotros no es frecuente plantearnos estas cosas. Sobre todo porque no pocas veces no vemos cuándo se acerca esa hora, y nos sorprende ocupados en vivir las cosas de cada día. También es cierto que las circunstancias que nos están tocando vivir últimamente han llevado a muchos hermanos a hacer un alto, a «darse cuenta» de que la vida la podemos perder en cualquier momento, y a revisar sus planteamientos y estilos de vida. Muchos quieren hacer cambios, replantear opciones… aunque a menudo no saben por dónde empezar o qué pasos dar para que las cosas sean distintas. Se abre aquí un reto grande para la comunidad cristiana (pastores y laicos): acompañar, ayudar a discernir, darles herramientas para que sus buenas intenciones no se queden en eso, o incluso acaben desanimados por no encontrar el camino adecuado.

Entre nosotros no es frecuente plantearnos estas cosas. Sobre todo porque no pocas veces no vemos cuándo se acerca esa hora, y nos sorprende ocupados en vivir las cosas de cada día. También es cierto que las circunstancias que nos están tocando vivir últimamente han llevado a muchos hermanos a hacer un alto, a «darse cuenta» de que la vida la podemos perder en cualquier momento, y a revisar sus planteamientos y estilos de vida. Muchos quieren hacer cambios, replantear opciones… aunque a menudo no saben por dónde empezar o qué pasos dar para que las cosas sean distintas. Se abre aquí un reto grande para la comunidad cristiana (pastores y laicos): acompañar, ayudar a discernir, darles herramientas para que sus buenas intenciones no se queden en eso, o incluso acaben desanimados por no encontrar el camino adecuado.

 Es verdad que empezar a vivir es empezar a morir… y que nuestra vida tiene punto final, aunque desconozcamos cuántas serán las páginas escritas. Algunas veces quizá lo intuimos, o nos lo dicen abiertamente los profesionales de la salud… Lo ideal sería poder prepararse a tiempo, poder decir -como Jesús y Pablo- que el balance es globalmente positivo. Estos días he tenido ocasión de escuchar varias veces a personas mayores: «he vivido bastante, he cumplido con mis deberes como madre, esposa, trabajadora, he hecho muchas cosas, y de muchas estoy orgullosa… y sé que podría contagiarme con este virus y marcharme pronto al otro barrio: pues no me importa, creo que estoy preparada». Impresionante y sincero testimonio…

He aquí un criterio fundamental para revisar y valorar continuamente nuestra vida: ante el Dios de la gracia, el Dios de la misericordia, el que siempre nos acompaña y hacia el que vamos poco a poco. Es un Dios Salvador, un Dios de la vida que lo tiene todo en sus manos. Y por eso no se empeñan en retener su vida, sino ofrecerla hasta el final.

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/events/comentario-al-evangelio-del-martes-26-de-mayo-de-2020/

EDD. lunes 13 de mayo de 2024.

Primera Lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (19,1-8):

MIENTRAS Apolo estaba en Corinto, Pablo atravesó la meseta y llegó a Éfeso. Allí encontró unos discípulos y les preguntó:
«¿Recibisteis el Espíritu Santo al aceptar la fe?».
Contestaron:
«Ni siquiera hemos oído hablar de un Espíritu Santo».
Él les dijo:
«Entonces, ¿qué bautismo habéis recibido?».
Respondieron:
«El bautismo de Juan».
Pablo les dijo:
«Juan bautizó con un bautismo de conversión, diciendo al pueblo que creyesen en el que iba a venir después de él, es decir, en Jesús».
Al oír esto, se bautizaron en el nombre del Señor Jesús; cuando Pablo les impuso las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo, y se pusieron a hablar en lenguas extrañas y a profetizar. Eran en total unos doce hombres.
Pablo fue a la sinagoga y durante tres meses hablaba con toda libertad del reino de Dios, dialogando con ellos y tratando de persuadirlos.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 67,2-3.4-5ac.6-7ab

R/. Reyes de la tierra, cantad a Dios

Se levanta Dios, y se dispersan sus enemigos,
huyen de su presencia los que lo odian;
como el humo se disipa, se disipan ellos;
como se derrite la cera ante el fuego,
así perecen los impíos ante Dios. R/.

En cambio, los justos se alegran,
gozan en la presencia de Dios,
rebosando de alegría.
Cantad a Dios, tocad a su nombre;
su nombre es el Señor. R/.

Padre de huérfanos, protector de viudas,
Dios vive en su santa morada.
Dios prepara casa a los desvalidos,
libera a los cautivos y los enriquece. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Juan (16,29-33):

EN aquel tiempo, aquel tiempo, los discípulos dijeron a Jesús:
«Ahora sí que hablas claro y no usas comparaciones. Ahora vemos que lo sabes todo y no necesitas que te pregunten; por ello creemos que has salido de Dios».
Les contestó Jesús:
«¿Ahora creéis? Pues mirad: está para llegar la hora, mejor, ya ha llegado, en que os disperséis cada cual por su lado y a mí me dejéis solo. Pero no estoy solo, porque está conmigo el Padre. Os he hablado de esto, para que encontréis la paz en mí. En el mundo tendréis luchas; pero tened valor: yo he vencido al mundo».

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

Comenzamos unos días de preparación intensos para el gran acontecimiento de Pentecostés, pasando antes por la Ascensión, como momento en que la presencia de Jesús entre los suyos toca a su fin, para comenzar a estar presente de otra manera: por su Espíritu. Lo haremos de la mano del discurso/oración sacerdotal de Jesús. Toda una meditación orante sobre la obra de Jesús y sus implicaciones, tanto para sí mismo, como para sus discípulos, que habrán de continuarla.

     No estamos muy acostumbrados a encontrarnos con un Jesús orando por sus discípulos. Bueno sería visualizarlo, imaginarlo, meditar a este Jesús en plan orante por nosotros. Una oración que ha de ser bien poderosa, teniendo en cuenta quién la pronunciar, a quién se dirige y lo que ruega por nosotros. Es importante que tengamos

presente que es una oración «por los discípulos», por el grupo como tal, que conformará la futura comunidad cristiana, la Iglesia. Aún no son Iglesia, pues les falta precisamente el «don de la Unidad y del Amor», el Espíritu. Pero ése es el interés de Jesús al orar: la fraternidad comunitaria de sus seguidores. Y tener esto presente supone que repasemos, profundicemos, concretemos nuestro lugar y nuestra misión en esa Comunidad grande que es la Iglesia, y las comunidades más pequeñas donde vivimos cada día nuestra fe.

    Es muy adecuado que intensifiquemos nuestra oración personal, pidiendo ese Espíritu, o mejor, preparándonos para recibir ese Espíritu que Dios nunca niega a los que se lo piden (Evangelio de Mateo). Podemos hacerlo con ayuda de la «Secuencia de Pentecostés», que no es difícil encontrar por Internet si no la tienes a mano. Y hacerlo de la mano de María, la mujer del Espíritu, la que tanto sabe de acogerlo con docilidad, y que acompaña a los discípulos siempre y particularmente en este tiempo tan especial.

presente que es una oración «por los discípulos», por el grupo como tal, que conformará la futura comunidad cristiana, la Iglesia. Aún no son Iglesia, pues les falta precisamente el «don de la Unidad y del Amor», el Espíritu. Pero ése es el interés de Jesús al orar: la fraternidad comunitaria de sus seguidores. Y tener esto presente supone que repasemos, profundicemos, concretemos nuestro lugar y nuestra misión en esa Comunidad grande que es la Iglesia, y las comunidades más pequeñas donde vivimos cada día nuestra fe.

    Es muy adecuado que intensifiquemos nuestra oración personal, pidiendo ese Espíritu, o mejor, preparándonos para recibir ese Espíritu que Dios nunca niega a los que se lo piden (Evangelio de Mateo). Podemos hacerlo con ayuda de la «Secuencia de Pentecostés», que no es difícil encontrar por Internet si no la tienes a mano. Y hacerlo de la mano de María, la mujer del Espíritu, la que tanto sabe de acogerlo con docilidad, y que acompaña a los discípulos siempre y particularmente en este tiempo tan especial.

«Pero no estoy solo, porque está conmigo el Padre». Preciosa la confidencia y enseñanza de Jesús. Ante la experiencia de fracaso, de oscuridad y de soledad, cuando la fe es puesta a prueba, la fe a de volverse confianza: aquello que tan a menudo encontramos en la Escritura: el Señor es mi fuerza, Dios mío en ti confío, aunque todos me abandonen.., y tantas otras. Es el momento de repetir con San Pablo «sé de quién me he fiado». Sí, el «mundo» del que habla Jesús y las luchas en que nos vemos envueltos (intereses económicos, la imagen, el poder y los cargos, la falta de valentía para pelear por la justicia, los silencio cómplices, el miedo, el evitar las complicaciones y riesgos….) parecen vencernos, y no pocas veces nos vencen. Oportuno  es que nos agarremos a nuestro Padre, aunque su presencia sea oculta y discreta, aunque nos parezca que «no está». Oportuno es que oremos estas palabras, que las dejemos calar en el fondo del corazón… porque sólo así podremos vencer, como Jesús: «Y encontraréis la paz en mí». Que así sea. Amén

Enrique Martínez de la Lama-Noriega, cmf 

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/events/lectura-del-lunes-de-la-vii-semana-de-pascua-feria/?occurrence=2020-05-25&nskip=48098

Homilía para la Eucaristía del domingo 12 de mayo de 2024

SOLEMNIDAD DE LA ASCENCIÓN DEL SEÑOR.
Hechos 1,1-11: La Ascensión es al mismo tiempo punto de llegada del ministerio de Jesús y
punto de partida del ministerio de la Iglesia.
Efesios 1,17-23: San Pablo suplica para que los fieles puedan comprender cómo Dios ha
glorificado a su Hijo al resucitarlo y le da pleno poder.
Marcos 16.15-20: Brevemente expone el evangelio el misterio de la Ascensión como el triunfo
de Cristo. El Señor envía a los suyos a predicar.
1.- Hoy celebramos más que un hecho histórico un misterio de fe. Siempre recitamos en el
Credo: “Subió a los cielos y está sentado a la derecha del Padre todopoderoso”. Lo que nos está
indicando que nuestra fe radica en un Cristo muerto y resucitado, vencedor del pecado y de la
muerte. No creemos en un Cristo muerto, sino que vive y es vencedor. Con este misterio
podemos contemplar a Cristo que culmina su obra encomendada por el Padre; Jesús da fin a su
ministerio terrestre, pero se inicia el ministerio de la Iglesia, que es la presencia terrenal del
Cristo celestial. La Iglesia tiene que hacer presente en este mundo a Cristo y su mensaje de
salvación. La Iglesia y cada uno de nosotros debemos proyectar a Cristo en este mundo.
La nube oculta la presencia física de Jesús, pero ahora su presencia en medio es más intensa y
rica, ya que no es una presencia física, sino en el Espíritu. Y así se cumple con lo que Él
prometió.
2.- Pablo en su carta ruega por todos nosotros para que podamos comprender el Misterio de
Cristo, glorificado por el poder del Padre. Comprender, es decir, contemplar al Señor
glorificado. Él tiene la plenitud del poder; por eso Él es el Señor, la Cabeza del cuerpo, que es la
Iglesia. No se trata de un mero conocimiento
intelectual – teológico. No. Sino de un “sobre conocimiento” dado por el Espíritu Santo. Por Él
conocemos, nos unimos, es decir, nos unimos a Jesús glorificado. Este conocimiento no se
aprende ni en una universidad, ni en una escuela teológica, sino es un don de Dios. Dice
Santiago en su carta: “Si a alguno de ustedes le falta Sabiduría, pídala a Dios y la recibirá,
porque Él da a todos generosamente y sin reproches”(1,5). Nuestra meta ha de ser conocer
cada vez más a Jesucristo.
3.- Yo diría que vivimos u tiempo de ignorancia, de agnosticismo, a pesar de todos los
conocimientos. Poco y mal conocemos al Señor. Por eso andamos como a tientas, aferrados a
fábulas y supuestas revelaciones de dudosa calidad.
A una sociedad invadida por la técnica y la ciencia humana debemos nosotros aportarle el
misterio de la fe. Una de las grandes fallas que existe en la Iglesia es la falta de contemplativos,
capaces de aportar este genuino conocimiento, este “epignosis” = sobre conocimiento, que sólo
lo puede dar el “Espíritu de Sabiduría y revelación”, como dice la carta de san Pablo hoy.
4.- San Francisco de Asís, después de conocer a Jesús, lloraba y lamentaba: “el Amor no es
amado”. En la medida que nosotros conozcamos al Señor, nos dejamos enseñar por Él,
podremos ser verdaderos testigos de Cristo.
Jesús promete a los suyos el Espíritu Santo; con Él sí podremos ser sus testigos, porque gracias a
Él tenemos una experiencia del Señor, como la tuvieron los Apóstoles.
Aquí en la Eucaristía entramos en contacto con el Señor, quien nos dice: “Vayan, anuncien la
Buena noticia de salvación”.
El Señor no se ha ido, sigue estando presente de otra manera y nos acompaña siempre.
Hno. Pastor.

EDD. sábado 11 de mayo de 2024

Primera Lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (18,23-28):

PASADO algún tiempo en Antioquía, Pablo marchó y recorrió sucesivamente Galacia y Frigia, animando a los discípulos.
Llegó a Éfeso un judío llamado Apolo, natural de Alejandría, hombre elocuente y muy versado en las Escrituras. Lo habían instruido en el camino del Señor y exponía con entusiasmo y exactitud lo referente a Jesús, aunque no conocía más que el bautismo de Juan.
Apolo, pues, se puso a hablar públicamente en la sinagoga. Cuando lo oyeron Priscila y Áquila, lo tomaron por su cuenta y le explicaron con más detalle el camino de Dios. Decidió pasar a Acaya, y los hermanos lo animaron y escribieron a los discípulos de allí que lo recibieran bien. Una vez llegado, con la ayuda de la gracia, contribuyó mucho al provecho de los creyentes, pues rebatía vigorosamente en público a los judíos, demostrando con la Escritura que Jesús es el Mesías.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 46,2-18-9.10

R/. Dios es el rey del mundo

Pueblos todos, batid palmas,
aclamad a Dios con gritos de júbilo;
porque el Señor altísimo es terrible,
emperador de toda la tierra. R/.

Porque Dios es el rey del mundo:
tocad con maestría.
Dios reina sobre las naciones,
Dios se sienta en su trono sagrado. R/.

Los príncipes de los gentiles se reúnen
con el pueblo del Dios de Abrahán;
porque de Dios son los grandes de la tierra,
y él es excelso. R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Juan (16,23b-28):

EN aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«En verdad, en verdad os digo: si pedís algo al Padre en mi nombre, os lo dará.
Hasta ahora no habéis pedido nada en mi nombre; pedid, y recibiréis, para que vuestra alegría sea completa. Os he hablado de esto en comparaciones; viene la hora en que ya no hablaré en comparaciones, sino que os hablaré del Padre claramente.
Aquel día pediréis en mi nombre, y no os digo que yo rogaré al Padre por vosotros, pues el Padre mismo os quiere, porque vosotros me queréis y creéis que yo salí de Dios.
Salí del Padre y he venido al mundo, otra vez dejo el mundo y me voy al Padre».

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

Querido amigo/a:

Mañana celebramos la Ascensión del Señor. Jesús se despide de sus discípulos, es necesario que se vaya para que pueda enviar al Espíritu Santo. Nos vuelve a recordar que no estamos solos, que podemos “pedir aquello que necesitemos para que nuestra alegría sea completa”. Bien es cierto que el Padre sabe lo que necesitamos e incluso sabe, mejor que nosotros, lo que más nos conviene. Entonces, ¿para qué pedir? La oración de petición es una verbalización, una forma de expresar al “Padre que nos quiere” -como nos recuerda Jesús en el evangelio-, que estamos en sus manos, que contamos con Él, que queremos que tenga una palabra sobre nuestra vida. La oración de petición nos ayuda a nosotros a tener conciencia de que tenemos un Padre que nos ama y que le podemos confiar hasta lo más íntimo de nuestro corazón.

Desde esta confianza continúa Pablo con sus correrías misioneras, anunciando a tiempo y a destiempo a Jesús, el Cristo. En el pasaje del libro de los Hechos que hoy nos presenta la liturgia nos encontramos con un personaje curioso: Apolo. De él sospechamos que pudo ser uno de tantos conversos que, provenientes del judaísmo, comenzaban a dar pasos en la fe con sus dudas y errores. Son dos mujeres, Priscila y Áquila, las “catequistas” que le explican cuidadosamente el camino de Dios, después de escucharlo en la sinagoga. Nos dice el texto que, tras las correcciones de estas dos mujeres, Apolo “contribuyó mucho al provecho de los creyentes, pues rebatía vigorosamente en público a los judíos, demostrando con la Escritura que Jesús es el Mesías”.

En nuestra oración de hoy demos gracias a Dios y pidamos por tantos hombres y mujeres catequistas que con su entrega y servicio –como Priscila y Áquila-, hacen posible que pueda brotar la fe en muchos niños, jóvenes y adultos. Nuestra Iglesia sigue necesitando que Jesús sea anunciado para que pueda ser conocido, y desde ese conocimiento pueda ser amado, porque nadie ama lo que no conoce; y desde ese amor pueda ser servido, servir a Cristo en el hermano. Gracias catequistas por vuestro trabajo y afán.

Señor, te vas, pero estás siempre con nosotros. Nunca olvidamos que tu amor hace posible que nuestro corazón lata esperanzadamente cada mañana. Que sintamos cada día de nuestra vida que Tú estás siempre con nosotros hasta el final de los tiempos. Amén.

Vuestro hermano en la fe:

Juan Lozano, cmf.

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/events/lectura-del-sabado-de-la-vi-semana-de-pascua/