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Autor: Patricio Osiadacz

Homilia para la Eucaristía del domingo 04 de agosto de 2024

DOMINGO XVIII DEL CICLO B.

Éxodo 16,2-4.12-15: Dios alimenta a su Pueblo en el desierto, mostrando así que ÉL siempre está presente.

Efesios 4,17.20-24: Exhortación a vivir la nueva vida en Cristo. Es preciso un despojo para vestirse de Cristo. Hacer un corte con lo pagano.

Juan 6,24-35: La gente busca a Jesús por el pan, pero Él les ofrece otro Pan.

1.- El Domingo pasado la Palabra nos hablaba de cómo Jesús multiplicó los panes y los peces. Hoy se da un paso más.

Hoy nos dice el Éxodo que el Señor dio de comer un pan del cielo a su pueblo hambriento en el desierto. Esto trae consigo algunas enseñanzas. Primero, la prueba del desierto. El desierto es el lugar de las carencias normales de esa geografía: falta de sustento y de agua. El desierto más que un lugar es una condición de prueba, prueba de que Dios está presente, a pesar de lo contrario. Dios interviene ante la protesta del pueblo que añora el pasado de Egipto. Segundo, la presencia del Señor. Dice el texto: “Así sabrán que Yo, el Señor (=Yahveh), soy su Dios”. Y Yahveh significa que Dios es siempre presente, y esto lo ha de saber el pueblo. Y Dios le promete un pan del cielo, es decir, algo misterioso, desconocido.

2.- Israel en el desierto miró hacia atrás, añoró el pasado; llamó vida a lo que era situación de muerte y opresión (las ollas de Egipto) y llamó muerte a la marcha por el desierto, que era liberación. Y esto hizo más pesada la marcha.

El cristiano es una persona que ha sido liberada – renovada. Pero necesitamos vivir un despojo permanente de lo que desdice de nuestra condición de cristianos. San Pablo nos dice que es necesario renovarse en lo más íntimo de nosotros mismos. No se trata de una renovación exterior, sino interior, un cambio de modo de pensar, que de ahí viene lo demás.

Dicho de otra manera, el que acepta a Cristo tiene que hacer una ruptura con el pasado pecaminoso, con lo pagano.

3.- Y este es el problema que tenemos los cristianos. Hay países, ciudades, grupos humanos de extracción cristiana. Pero se han conformado (o nos hemos conformado) con lo externo solamente: formas religiosas, actos de culto, objetos religiosos, etc. Y carecemos de lo fundamental, la renovación interior. Tantas veces que el Papa Francisco nos advierte del peligro de la mundanidad. Hemos hecho consistir la fe en meras creencias, pero no se traducen en vida.

4.- Dice el evangelio que la gente buscó a Jesús, pero por algo material. Y eso les echa en cara el Señor. Es Él quien nos dice: “Trabajen por el alimento que permanece hasta la vida eterna, el que el Padre les dará”.  Jesús les hace una oferta concreta, pero ellos no le entendieron; por eso le dicen: Danos siempre de ese pan”. A  esta gente sucedió lo mismo que a la samaritana cuando el Señor le ofreció un agua de vida. Ella le dijo: “Señor. Dame de esa agua”, es que no había entendido. (Cfr. Juan 4,15).

¿Qué faltó a esta gente, a la samaritana? Faltó lo esencial: creer en Él, el enviado. Es que la Fe es la única manera de ingerir a Cristo, el Pan que es Él mismo. Porque sólo el creyente acepta a Cristo y se deja transformar por Él.

Entonces sí que el discípulo será una persona que ha saciado su hambre y sed de felicidad. Hermanos, se trata de saber vivir la Fe y vivir de la Fe en Él.

Y esto es lo que hacemos al venir a la celebración eucarística. No venimos a hacer un simple acto de culto, sino a celebrar nuestra Fe y dejarnos transformar por Él

Hermano Pastor.

EDD. sábado 03 de agosto de 2024.

Primera Lectura

Lectura de la profecía de Jeremías (26,11-16.24):

En aquellos días, los sacerdotes y los profetas dijeron a los príncipes y al pueblo: «Este hombre es reo de muerte, porque ha profetizado contra esta ciudad, como lo habéis oído con vuestros oídos.»
Jeremías respondió a los príncipes y al pueblo: «El Señor me envió a profetizar contra este templo y esta ciudad las palabras que habéis oído. Pero, ahora, enmendad vuestra conducta y vuestras acciones, escuchad la voz del Señor, vuestro Dios; y el Señor se arrepentirá de la amenaza que pronunció contra vosotros. Yo, por mi parte, estoy en vuestras manos: haced de mí lo que mejor os parezca. Pero, sabedlo bien: si vosotros me matáis, echáis sangre inocente sobre vosotros, sobre esta ciudad y sus habitantes. Porque ciertamente me ha enviado el Señor a vosotros, a predicar a vuestros oídos estas palabras.»
Los príncipes del pueblo dijeron a los sacerdotes y profetas: «Este hombre no es reo de muerte, porque nos ha hablado en nombre del Señor, nuestro Dios.»
Entonces Ajicán, hijo de Safán, se hizo cargo de Jeremías, para que no lo entregaran al pueblo para matarlo.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 68

R/. Escúchame, Señor, el día de tu favor

Arráncame del cieno, que no me hunda;
líbrame de los que me aborrecen,
y de las aguas sin fondo.
Que no me arrastre la corriente,
que no me trague el torbellino,
que no se cierre la poza sobre mí. R/.

Yo soy un pobre malherido;
Dios mío, tu salvación me levante.
Alabaré el nombre de Dios con cantos,
proclamaré su grandeza con acción de gracias. R/.

Miradlo, los humildes, y alegraos,
buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón.
Que el Señor escucha a sus pobres,
no desprecia a sus cautivos. R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Mateo (14,1-12):

En aquel tiempo oyó el virrey Herodes lo que se contaba de Jesús, y dijo a sus ayudantes: «Ese es Juan Bautista que ha resucitado de entre los muertos, y por eso los Poderes actúan en él.»
Es que Herodes había mandado prender a Juan y lo había metido en la cárcel encadenado por motivo de Herodías, mujer de su hermano Felipe, porque Juan le decía que no le estaba permitido vivir con ella. Quería mandarlo matar, pero tuvo miedo de la gente, que lo tenía por profeta. El día del cumpleaños de Herodes, la hija de Herodías danzó delante de todos, y le gustó tanto a Herodes, que juró darle lo que pidiera. Ella, instigada por su madre, le dijo: «Dame ahora mismo en una bandeja la cabeza de Juan Bautista.»
El rey lo sintió; pero, por el juramento y los invitados, ordenó que se la dieran; y mandó decapitar a Juan en la cárcel. Trajeron la cabeza en una bandeja, se la entregaron a la joven, y ella se la llevó a su madre. Sus discípulos recogieron el cadáver, lo enterraron y fueron a contárselo a Jesús.

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

Queridos hermanos:

Jeremías es la prefiguración perfecta de Jesús: fue enviado al pueblo de Israel para reconducirlo a una vida según la alianza, pero los dirigente de este pueblo, especialmente los sacerdotes y los pseudoprofetas, no quisieron oír tal llamada; el pueblo mismo se sentía cómodo en su estado de infidelidad y, con algunas excepciones, estaba dispuesto a acabar con el profeta que lo incomodase. Reconocía la autoridad y la eficacia de su palabra, hasta el punto de que, en su mezcla de fe y superstición, pensaba que, si acallaba al profeta, no se cumplirían las desgracias que estaba prediciendo. Jeremías, por su parte, se sabe inocente, obediente a Yahvé, y dispuesto a morir a manos de estos opositores; porque tiene la plena convicción de que su vida está en las manos de quien le ha enviado (“a ti he encomendado mi causa”: Jr 20,12), el cual no le abandonará. Reviste casi todas las características de Jesús.

Por su parte, el Bautista tomó con el mismo empeño la fidelidad de su pueblo a los mandatos del Señor, y no se encogió ni siquiera ante el adulterio cuasiincestuoso del reyezuelo de Galilea, al que, al parecer, los romanos no habían privado del ius gladii. El Bautista fue coherente (“profeta y más que profeta”: Mt 11,9); arriesgó, fue apresado y, finalmente, decapitado. Seguramente había rezado más de una vez el salmo 63,4, “tu amor vale más que la vida”, confesión que acabó reafirmado con hechos. El Bautista se adelantó a los enviados de Jesús a quienes el maestro daría la consigna de “no temer a los que matan el cuerpo pero no pueden hacer más” (Lc 12,4 // Mt 10,28); y también a aquellos testigos de Apocalipsis 12,11, que “no amaron tanto su vida que temieran la muerte”.

Contrasta la valiente coherencia del Bautista con la cobardía de Herodes Antipas. Este sabía que Juan era “un hombre justo y santo” (Mc 6,20), pero, en lugar de respetar esa justicia, optó por que “continuase la fiesta”, complaciendo los deseos criminales de una madre y una hija sin escrúpulos.

También en esto se anticipa lo que sucederá con Jesús. El gobernador romano no encontrará en él culpa alguna, ni las autoridades judías son capaces de responder a la pregunta “¿qué mal ha hecho?” (Mt 27,23). Pero Pilatos no se atiene a lo que sería justo, sino a librarse a sí mismo de problemas con el sanedrín; y, cínicamente, se lava las manos.

El caso de Jeremías a manos de su pueblo, del Bautista a manos de Antipas, de Jesús a manos de Pilatos, son paradigmáticos, casi la narración de lo que sucede cada día: opción arriesgada de unos por la causa de Dios, resistencia cómoda de otros a reorientar la propia vida si la fe lo exige, opción por las soluciones más placenteras aunque sean injustas, generosidad de quienes, fieles hasta el final, se lo juegan todo. Sepamos admirar a quienes se lo merecen y examinemos la propia actitud vital. Está el mundo lleno de justos perseguidos, de cobardes que no se arriesgan a gritar, de comodones que prefieren no complicarse la vida, de maestros en heroísmo, libertad personal y entrega sin límites.

Vuestro hermano

Severiano Blanco cmf

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/events/lecturas-del-sabado-de-la-xvii-semana-del-tiempo-ordinario-santa-maria-en-sabado/?occurrence=2024-08-03&nskip=38284

EDD. jueves 01 de agosto de 2024.

Primera Lectura

Lectura del libro de Jeremías (18,1-6):

Palabra del Señor que recibió Jeremías: «Levántate y baja al taller del alfarero, y allí te comunicaré mi palabra.»
Bajé al taller del alfarero, que estaba trabajando en el torno. A veces, le salía mal una vasija de barro que estaba haciendo, y volvía a hacer otra vasija, según le parecía al alfarero.
Entonces me vino la palabra del Señor: «¿Y no podré yo trataros a vosotros, casa de Israel, como este alfarero? –oráculo del Señor–. Mirad: como está el barro en manos del alfarero, así estáis vosotros en mi mano, casa de Israel.»

Palabra de Dios

Salmo

Sal 145

R/. Dichoso a quien auxilia el Dios de Jacob

Alaba, alma mía, al Señor:
alabaré al Señor mientras viva,
tañeré para mi Dios mientras exista. R/.

No confiéis en los príncipes,
seres de polvo que no pueden salvar;
exhalan el espíritu y vuelven al polvo,
ese día perecen sus planes. R/.

Dichoso a quien auxilia el Dios de Jacob,
el que espera en el Señor, su Dios,
que hizo el cielo y la tierra,
el mar y cuanto hay en él. R/.

Segunda Lectura

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Mateo (13,47-53):

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: «El reino de los cielos se parece también a la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces: cuando está llena, la arrastran a la orilla, se sientan, y reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran. Lo mismo sucederá al final del tiempo: saldrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los echarán al horno encendido. Allí será el llanto y el rechinar de dientes. ¿Entendéis bien todo esto?»
Ellos les contestaron: «Sí.»
Él les dijo: «Ya veis, un escriba que entiende del reino de los cielos es como un padre de familia que va sacando del arca lo nuevo y lo antiguo.»
Cuando Jesús acabó estas parábolas, partió de allí.

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

Queridos hermanos:

Con términos parecidos a los de hace un par de días, el primer evangelista nos presenta hoy el juicio final, que describe como la separación definitiva entre lo bueno y lo malo. No conocemos todos los pormenores del pensamiento de este autor; pero, si consideramos que ya no cuenta con una vuelta del Señor y un fin del mundo inminentes, quizá debamos aceptar que entiende el juicio final con características distintas a las de la apocalíptica judía, como enseñarán muchos siglos después los maestros de la desmitologización. Cuando la palabra de Dios llegue al hombre con fuerza y este se deje afectar y juzgar por ella, se dará en él una separación de lo bueno y lo malo, de lo valioso y lo rechazable. Si opta responsablemente por lo primero, distanciándose de lo segundo, se dará en él un “fin del mundo”, el paso del antes al después, dejando atrás lo inauténtico y deleznable, lo deshumanizador y destructivo, e introduciéndose en “el cesto” de la salvación. Lenguaje mítico el del juicio final, tal como lo entendía la apocalíptica judía de la época, pero lenguaje de una gran profundidad antropológica y religiosa, y de fuerza interpelante: llamada a que nazca el hombre nuevo, según el proyecto de Dios, arrojando al mar lo no válido.

La visión profética de Jeremías puede ser leída en la misma clave. A veces tenemos la impresión de que al divino alfarero la vasija se le escapa de las manos; “mira que es desdecirte dejar tanta hermosura en tanta guerra”, cantamos en un himno litúrgico. Lo destinado a ser obra hermosa y noble puede deformarse y necesitar nuevamente el poder y destreza de las manos del creador, recuperar el proyecto originario: que Dios vuelva a amasar nuestro barro y reparar las grietas, bultos y raspones: “toma mi vida, hazla de nuevo, yo quiero ser un vaso nuevo”, hemos cantado también.

Naturalmente, aquí surge la pregunta por nuestra disponibilidad, por nuestra gana o desgana, nuestros deseos de crecimiento y progreso o nuestros posibles conformismos enfermizos. Corre por ahí una curiosa letanía para instalados, que aparentemente es una llamada a la sensatez y la mesura: “tan mal no estamos”, “tampoco hay que exagerar”, “ni calvo ni tres pelucas”, “los hay peores”… Es la expresión de quien no quiere dar pasos, de quien teme cualquier movimiento en los palos de su sombrajo, aunque sea para enderezarlo; se cantaba también hace pocas décadas, con un escepticismo y desenfado rayanos en el cinismo: “déjame en paz, que no me quiero salvar” (Víctor Manuel).

Lo de Jesús es consuelo y alivio, gozo de quien ha encontrado la piedra preciosa. Pero justamente por tener ese gran valor no puede tomarse a broma, no es para jugar con ello. Cuantas veces lo cristiano se manche o tuerza en nosotros, requiere una intervención recreadora que le devuelva su originaria belleza.

Vuestro hermano

Severiano Blanco cmf

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/

EDD. miércoles 31 de julio de 2024.

Primera Lectura

Lectura del profeta Jeremías (15,10.16-21):

Ay de mí, ¡madre mía!, ¿por qué me diste a luz? Soy hombre que trae líos y contiendas a todo el país. No les debo dinero, ni me deben; ¡pero todos me maldicen! Cuando me llegaban tus palabras, yo las devoraba. Tus palabras eran para mí gozo y alegría, porque entonces hacías descansar tu Nombre sobre mí, ¡oh Yavé Sabaot! Yo no me sentaba con otros para bromear, sino que, apenas tu mano me tomaba, yo me sentaba aparte, pues me habías llenado de tu propio enojo. ¿Por qué mi dolor no tiene fin y no hay remedio para mi herida? ¿Por qué tú, mi manantial, me dejas de repente sin agua?
Entonces Yavé me dijo: «Si vuelves a mí, yo te haré volver a mi servicio. Separa el oro de la escoria si quieres ser mi propia boca. Tendrán que volver a ti, pero tú no volverás a ellos. Haré que tú seas como una fortaleza y una pared de bronce frente a ellos; y si te declaran la guerra, no te vencerán, pues yo estoy contigo para librarte y salvarte. Te protegeré contra los malvados y te arrancaré de las manos de los violentos.»

Palabra de Dios

Salmo

Sal 58,2-18

R/. Dios es mi refugio en el peligro

Líbrame de mi enemigo, Dios mío,
protégeme de mis agresores;
líbrame de los malhechores,
sálvame de los hombres sanguinarios. R/.

Mira que me están acechando
y me acosan los poderosos.
Sin que yo haya pecado ni faltado, Señor,
sin culpa mía, avanzan para acometerme. R/.

Estoy velando contigo, fuerza mía,
porque tú, oh Dios, eres mi alcázar;
que tu favor se adelante, oh Dios,
y me haga ver la derrota del enemigo. R/.

Yo cantaré tu fuerza,
por la mañana aclamaré tu misericordia:
porque has sido mi alcázar
y mi refugio en el peligro. R/.

Y tañeré en tu honor, fuerza mía,
porque tú, oh Dios, eres mi alcázar. R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Mateo (13,44-46):

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: «El Reino de los Cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra, lo vuelve a esconder, y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo. El Reino de los Cielos se parece también a un comerciante en perlas finas, que, al encontrar una de gran valor, se va a vender todo lo que tiene y la compra.»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

Queridos Hermanos:

Quizá el evangelio de hoy no nos ofrezca simplemente dos parábolas, sino dos síntesis autobiográficas, y también biográficas. En cierto momento los discípulos, considerando que Jesús tenía hambre, le indicaron que comiese, a lo cual él respondió: “tengo un alimento que vosotros no conocéis” (Jn 4,32), y poco después añadió: “yo vivo por el Padre e igualmente el que me coma vivirá por mí” (Jn 6,57). ¿Cuál es el alimento de Jesús? ¿Qué es lo que le da vida? “Llevar a cabo la obra de quien me envió” (Jn 4,34).

Cuando, quizá en torno a sus 30 años, abandona la estabilidad y seguridad del hogar paterno y emprende una vida itinerante, en inseguridad y a merced de la providencia del Padre, dedicado exclusivamente a anunciar la cercanía del reino y a anticiparlo con sus palabras de consuelo y sus acciones curativas, lo hace porque ha encontrado un motivo muy fuerte, muy noble, que le ha seducido por completo: su “piedra preciosa”. Algunos expertos consideran que, del párrafo que hemos leído, la expresión clave es “lleno de alegría por el hallazgo”. Más que las pocas o muchas ganancias del propio oficio, o la satisfacción de ser un padre de familia feliz, organizada según la alianza y el estilo de Israel, Jesús ha descubierto lo plenificante de la entrega a la causa del Padre. No parece que haya tenido que hacerse especial violencia para reorganizar así su vida: su nuevo estilo no es una heroicidad, sino la consecuencia sencilla, inmediata, normal… de lo que ha descubierto.

Y puede decirlo también de sus seguidores y seguidoras; no parece que los haya llamado a un ascetismo heroico, sino a la vida de seducidos por algo plenificante. Son los “amigos del novio” que Israel esperaba, y van con él en actitud de fiesta; estando con él “no pueden ayunar” (Mc 2,19); se alegran de oír su voz, con una “alegría colmada” (Jn 3,29).

Al mismo tiempo, Jesús puede estar invitando a los suyos a un examen de conciencia: si a alguno de ellos aquel nuevo estilo de vida se le hace cuesta arriba, seguro que no está encantado con lo descubierto. También lo dijo el Maestro: “quien pone la mano en el arado y vuelve la vista atrás no es apto para el Reino de Dios” (Lc 9,62), es decir, no está loco de contento por el hallazgo. El que va con Jesús tiene que rezar muchas veces el salmo 15, versículo 6: “me ha tocado un lote hermosos, me encanta mi heredad”. Jesús critica a quienes, por motivo religioso, imponen a otros cargas pesadas (Mt 23,4). Él no llama ante todo a una vida estoica, sino a la mística gozosa; lo primero no es vender, privarse de todo, sino entusiasmarse con el tesoro hallado, que conducirá a olvidarse de todo; si esto exige alguna renuncia, esta resultará suave, normal… será la “carga ligera”.

Anthony de Mello cuenta la fábula del mendigo que, en un sendero del bosque, encontró un gran diamante. Cuando un habitante de la aldea vecina se le acercó y se lo pidió, el mendigo se lo dio sin oponer resistencia. Este gesto desconcertó al aldeano de tal forma que aquella noche, buscando una explicación de tan extraña experiencia, no pudo dormir. Por ello, a la mañana siguiente, antes de que el mendigo continuase su camino, se le acercó, le devolvió el diamante, y le pidió: “dame la riqueza que te permite desprenderte con tanta facilidad de este diamante”. Para ser seguidor de Jesús hay que haber encontrado el tesoro, hay que ser rico.

Vuestro hermano: Severiano Blanco cmf

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/

EDD. martes 30 de julio de 2024

Primera Lectura

Lectura del profeta Jeremías (14,17-22):

Mis ojos se deshacen en lágrimas, día y noche no cesan: por la terrible desgracia de la Doncella de mi pueblo, una herida de fuertes dolores. Salgo al campo: muertos a espada; entro en la ciudad: desfallecidos de hambre; tanto el profeta como el sacerdote vagan sin sentido por el país. «¿Por qué has rechazado del todo a Judá? ¿Tiene asco tu garganta de Sión? ¿Por qué nos has herido sin remedio? Se espera la paz, y no hay bienestar, al tiempo de la cura sucede la turbación. Señor, reconocemos nuestra impiedad, la culpa de nuestros padres, porque pecamos contra ti. No nos rechaces, por tu nombre, no desprestigies tu trono glorioso; recuerda y no rompas tu alianza con nosotros. ¿Existe entre los ídolos de los gentiles quien dé la lluvia? ¿Soltarán los cielos aguas torrenciales? ¿No eres, Señor Dios nuestro, nuestra esperanza, porque tú lo hiciste todo?»

Palabra de Dios

Salmo

Sal 78

R/. Líbranos, Señor, por el honor de tu nombre

No recuerdes contra nosotros
las culpas de nuestros padres;
que tu compasión nos alcance pronto,
pues estamos agotados. R/.

Socórrenos, Dios salvador nuestro,
por el honor de tu nombre;
líbranos y perdona nuestros pecados,
a causa de tu nombre. R/.

Llegue a tu presencia el gemido del cautivo:
con tu brazo poderoso salva a los condenados a muerte.
Mientras, nosotros, pueblo tuyo, ovejas de tu rebaño,
te daremos gracias siempre,
contaremos tus alabanzas de generación en generación. R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Mateo (13,36-43):

En aquel tiempo, Jesús dejó a la gente y se fue a casa. Los discípulos se acercaron a decirle: «Acláranos la parábola de la cizaña en el campo.»
Él les contestó: «El que siembra la buena semilla es el Hijo del Hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los ciudadanos del Reino; la cizaña son los partidarios del Maligno; el enemigo que la siembra es el diablo; la cosecha es el fin del tiempo, y los segadores los ángeles. Lo mismo que se arranca la cizaña y se quema: así será el fin del tiempo: el Hijo del Hombre enviará a sus ángeles y arrancarán de su Reino a todos los corruptores y malvados y los arrojarán al horno encendido; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol en el Reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga.»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

30 de julio de 2024

Queridos Hermanos:

La parábola de la cizaña es conocida solamente por el primer evangelista, que él cambia de género literario, transformándola en una alegoría perfecta; cada pequeño detalle de la narración tiene un simbolismo. Tal vez Mateo ya no cuenta con un fin del mundo inminente, como sucede a otros autores del NT, pues él escribe cuando ya ha tenido lugar la destrucción del templo y de la ciudad santa y, sin embargo, no ha llegado el final que, años antes, se esperaba. Pero él sabe que Dios ejerce permanentemente un juicio sobre el mundo, en el cual encuentra metal noble y también ganga, o, en el presente caso, trigo limpio y cizaña venenosa. El evangelista hace probablemente una doble aplicación: es cizaña el judaísmo que no ha aceptado el mensaje cristiano e incluso persigue a la Iglesia (“toda planta que mi Padre no plantó”: Mt 15,13), y es cizaña el sector de Iglesia que no vive de acuerdo a la fe que ha abrazado (“¿cómo estás aquí sin vestido de fiesta?”: Mt 22,12).

Indudablemente, ni Jesús ni el evangelista desean tener a la comunidad de creyentes permanentemente atemorizada por el juicio venidero o “la siega realizada por los ángeles”; pero sí quieren que viva con los ojos abiertos, consciente de que no todo lo que la rodea es pan vendito, que el poder del mal o de la “contaminación” (llámesele “diablo” o de otras maneras) la amenaza o acosa en todo momento; ella debe tener paciencia con su entorno y hacerse resistente al mismo “con la coraza de la fe y de la caridad” (1Tes 5,8). Así se convertirá en oro acrisolado, que brillará como el sol en el Reino de su Padre. La comunidad cristiana tiene una vocación sublime, un futuro o más allá indescriptible: “lo que ni el ojo vio ni el oído oyó ni subió a la imaginación humana” (1Co 2,9). Sería lamentable que, seducida por “falsos silogismos de colores” (Sor Juan I. de la Cruz), se viese privada del galardón final, galardón o resplandor futuro que debe poseer en forma proléptica ya en el presente, pues está llamada a brillar “como antorcha en medio del mundo” (Flp 2,15).

Cabalmente la interpelación del profeta Jeremías que hemos oído al principio va en la misma línea. Al pueblo de Israel se le ofrecía también trigo y cizaña, Yahvé o los ídolos paganos. En más de una ocasión se desvió o despistó, confundió con Dios lo que no lo era, pensando que un idolillo de los paganos circundantes sería capaz de enviar la lluvia. Cuando el trigo y la cizaña comienzan a crecer, son igual de bellos; y el labrador puede equivocarse al arrancar, Afortunadamente siempre es tiempo de rectificar: “Dios nuestro, esperamos solo en ti”.

Vuestro hermano

Severiano Blanco cmf

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/comentario-homilia-hoy/

Comentario al Evangelio del lunes 29 de julio de 2024.

Fuiste
Huésped
Maestro
Amigo
en este acogedor hogar de Betania
Tu generosa compañía
enseñó a esta familia
la belleza de la hospitalidad
los desafíos de la fraternidad
la fuerza del bien querer
Eso sería suficiente ya
Para una vida humanizada
pero querías
entregar un poco más
Expandir los horizontes
Inaugurar la belleza de tu reino
Así lo transmitiste
La vida nueva
accesible a quien
Cree firmemente en el presente
y ya ahora entra en relación
con tu misterio
Dame entonces la gracia de
Ser casa de Betania para muchos
untar con tu bálsamo
los que sufren
y ayudar a mis hermanos y hermanas
a saborear
en la fragilidad de nuestra carne
la fuerza de tu resurrección =

Hno. Mauricio Silva dos Anjos – Hermano Menor Capuchino de Chile..

EDD. lunes 29 de julio de 2024.

Primera Lectura

Lectura del libro de Jeremías (13,1-11):

Así me dijo el Señor: «Vete y cómprate un cinturón de lino, y rodéate con él la cintura; pero que no toque el agua.»
Me compré el cinturón, según me lo mandó el Señor, y me lo ceñí.
Me volvió a hablar el Señor: «Torna el cinturón que has comprado y llevas ceñido, levántate y ve al río Éufrates, y escóndelo allí, entre las hendiduras de las piedras.»
Fui y lo escondí en el Éufrates, según me había mandado el Señor.
Pasados muchos días, me dijo el Señor: «Levántate, vete al río Éufrates y recoge el cinturón que te mandé esconder allí.»
Fui al Éufrates, cavé, y recogí el cinturón del sitio donde lo había escondido: estaba estropeado, no servía para nada.
Entonces me vino la siguiente palabra del Señor:

«Así dice el Señor: De este modo consumiré la soberbia de Judá, la gran soberbia de Jerusalén. Este pueblo malvado que se niega a escuchar mis palabras, que se comporta con corazón obstinado y sigue a dioses extranjeros, para rendirles culto y adoración, será como ese cinturón, que ya no sirve para nada. Como se adhiere el cinturón a la cintura del hombre, así me adherí la casa de Judá y la casa de Israel –oráculo del Señor–, para que ellas fueran mi pueblo, mi fama, mi alabanza, mi ornamento; pero no me escucharon.»

Palabra de Dios

Salmo

Dt 32,18-19.20.21

R/. Despreciaste a la Roca que te engendró

Despreciaste a la Roca que te engendró,
y olvidaste al Dios que te dio a luz.
Lo vio el Señor, e irritado
rechazó a sus hijos e hijas. R/.

Pensando: «Les esconderé mi rostro
y veré en qué acaban,
porque son una generación depravada,
unos hijos desleales.» R/.

«Ellos me han dado celos con un dios ilusorio,
me han irritado con ídolos vacíos;
pues yo les daré celos con un pueblo ilusorio,
los irritaré con una nación fatua.» R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Mateo (13,31-35):

En aquel tiempo, Jesús propuso esta otra parábola a la gente: «El reino de los cielos se parece a un grano de mostaza que uno siembra en su huerta; aunque es la más pequeña de las semillas, cuando crece es más alta que las hortalizas; se hace un arbusto más alto que las hortalizas, y vienen los pájaros a anidar en sus ramas.»
Les dijo otra parábola: «El reino de los cielos se parece a la levadura; una mujer la amasa con tres medidas de harina, y basta para que todo fermente.»

Jesús expuso todo esto a la gente en parábolas y sin parábolas no les exponía nada. Así se cumplió el oráculo del profeta: «Abriré mi boca diciendo parábolas, anunciaré lo secreto desde la fundación del mundo.»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

29 de julio de 2024

Queridos amigos:

Hace exactamente una semana celebrábamos la fiesta (con la merecida calificación de “fiesta” que ahora le da la liturgia) de Sta. María Magdalena; y en el día de hoy, hasta hace unos tres años, se celebraba Sta. Marta. Probablemente esta proximidad de celebraciones, muy antigua, se debía al error, también muy antiguo, de considerar que Marta y María Magdalena eran hermanas. Hoy, con mejores conocimientos histórico-bíblicos, se sabe que no fue así; Marta y sus hermanos eran de Betania, en Judea, mientras que María Magdalena era de Magdala, que debe situarse en Galilea; tampoco debe confundirse con la mujer pecadora pública, anónima, que, según Lc 7,36ss, ungió los pies de Jesús (o la cabeza, según Mc 14,3-9). La tradición popular, siempre propensa al concordismo, ha hecho de tres mujeres diferentes una sola. Esta tendencia ya comenzó en época bíblica: una de las múltiples redacciones del cuarto evangelio identificó a María de Betania (Jn 11,2) con la mujer -no se dice que pecadora, que ungió los pies de Jesús.

Tras el concilio Vaticano II se realizó una revisión del calendario litúrgico, con rigor histórico en cuanto a la selección de santos y en cuanto contribuyese a su mejor conocimiento; en la medida de lo posible, se los situó en la fecha de su muerte. Pero quedaban algunos flecos que, en años sucesivos, se van recogiendo.

Hoy celebramos sencillamente la santidad de tres hermanos, dos mujeres y un varón, en cuya casa, quizá repetidas veces (cf. Lc 10,38-42), se hospedó Jesús. Al parecer son solteros, cosa rara en el judaísmo de la época (¿pertenecerían a algún grupo integrista, tal vez esenio?). El evangelio destaca la actitud de Jesús para con ellos: “amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro” (Jn 11,5), y este es calificado como “amigo” (Jn 11,11) de Jesús y de sus seguidores: “nuestro amigo”. El evangelista tenido por más tendente a la espiritualización es el que repara en los sentimientos humanos de Jesús, que “se conmovió y se turbó en su interior” (11,33), y “derramó lágrimas” (11,35) por la muerte de Lázaro.

Se nos ofrece una gran lección de humanidad, o insistencia en la verdadera encarnación, al mismo tiempo que la confesión de fe en el mesianismo, omnipotencia y divinidad de Jesús: “el Cristo, el Hijo de Dios, el esperado del mundo” (Jn 11,27). Lázaro cultiva la amistad, María escucha a Jesús sentada a sus pies, Marta procura que en la casa no falte nada en las atenciones al singular visitante. Previamente ha confesado que, donde está Jesús, la muerte no tiene poder: “no hubiera muerto mi hermano” (11,32).

Sobra toda reivindicación feminista barata o malsana, pero quizá convenga observar que, en el cuarto evangelio, la confesión de fe de Marta está en paralelo con la de Pedro: “nosotros creemos y sabemos que tú eres el santo de Dios” (Jn 6,69). Seamos varones o mujeres, jóvenes o mayores, sanos o enfermos… estamos llamados a cultivar la amistad con Jesús, a escuchar su palabra y atender a los detalles de su causa, sobre todo a confesar y proclamar que él es la vida y el único que tiene palabras de vida eterna.

Vuestro hermano

Severiano Blanco cmf

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/

Homilia para la Eucaristía del domingo 28 de julio de 2024.

DOMINGO XVII DEL CICLO B.

2Reyes 4,42-44: Milagro que prueba la misión del Profeta como portavoz de Dios, que alimenta a su pueblo.

Efesios 4,1-6: Urgente llamado a la unidad, que es la característica del Pueblo llamado por Dios.

Juan 6,1-15: Manifestación de Jesús como Mesías mediante este signo de la multiplicación de los panes.

1.- Ya sabemos que Dios salva, reúne, convoca a lo que está disperso. Pero no sólo eso, sino que la Palabra quiere resaltar la manera desproporcionada como Dios actúa, salva. Así, por ejemplo, en la Biblia vemos cómo se vale de personas débiles e inexpertas para realizar su obra. En el texto de Reyes, la desproporción es de 20 panes para cien personas. Y en el evangelio es de cinco panes para cinco mil. Todos son signos del poder de Dios que salva, del Dios que escoge y envía al que Él quiere. Es que la Fuerza de Dios se revela en lo débil. Concretamente el texto quiere afirmar que el que realmente sustenta al Pueblo no son los Baales, sino el Señor y que Eliseo es su Profeta; y que Jesús es el Enviado del Padre, que alimenta a todos.

2.- Es Dios quien reúne, convoca a su Pueblo y lo quiere alimentar. Así lo hizo con Israel en el desierto, así lo hace con nosotros. De modo que hemos sido convocados por Dios par ser de Él; somos su Pueblo y ovejas de su rebaño. Dios a todos ama y a todos alimenta. Pero esto trae una consecuencia: si todos somos de Él tenemos que vivir de acuerdo a la vocación – convocación que Él nos ha hecho. De ahí la vivencia de la unidad, que se basa en las virtudes comunitarias: humildad (nadie se cree más que el otro), mansedumbre (nada de violencia), paciencia (aceptándonos distintos)  y amor. Esto hace de una comunidad algo distinto, santo.

3.- Dios quiere que todos se alimenten de una manera integral, es decir, que a todos llegue el pan, la educación, la cultura, el desarrollo físico, intelectual, humano y espiritual.

Pero en una sociedad dividida no llega a todos el pan, porque hay una mala distribución de los bienes. En una sociedad dividida algunos pocos ganan escandalosamente mucho, y muchos ganan escandalosamente poco, de modo que no alcanzan a cubrir sus necesidades básicas. Y eso Dios no lo quiere, por lo tanto es pecado, no agrada a Dios. Es una mala señal para una sociedad.

4.- En cambio Juan en el evangelio nos habla de que Jesús hizo una señal, una buena señal, un signo. Signo que revela que Él es el Mesías, así como en la primera lectura se muestra que Eliseo es el Profeta de Dios. Jesús hace este signo cerca de Pascua, para mostrar que Él alimenta al nuevo Pueblo de Dios que peregrina por este mundo.

Nosotros los discípulos, los cristianos, también tenemos que realizar un Signo, ser una buena señal para la sociedad de hoy. Jesús, Eliseo fueron creíbles por sus signos, sus obras (cfr. Juan 10,38).

Nosotros los cristianos nos haremos creíbles también por los signos: la solidaridad, el compartir, la vivencia de la unidad en el respeto y amor verdadero. Aunque parezca utópico, cuando una comunidad, una sociedad viven esto es buena señal.

Las obras de solidaridad, amor y unidad acreditan a la comunidad cristiana.  Obas son amores y no buenas razones.

Esto hizo Jesús, esto debemos hacer nosotros. Ah, no olvidemos que ya estamos por comenzar el Mes de la Solidaridad. Pensemos qué vamos a hacer como comunidad.

Hermano Pastor.