ESTO dice el Señor Dios: «Recogeré a los hijos de Israel de entre las naciones adonde han ido, los reuniré de todas partes para llevarlos a su tierra. Los hará una sola nación en mi tierra, en los montes de Israel. Un solo rey reinará sobre todos ellos. Ya no serán dos naciones ni volverán a dividirse en dos reinos. No volverán a contaminarse con sus ídolos, sus acciones detestables y todas sus transgresiones. Los liberaré de los lugares donde habitan y en los cuales pecaron. Los purificaré; ellos serán mi pueblo y yo seré su Dios. Mi siervo David será su rey, el único pastor de todos ellos. Caminarán según mis preceptos, cumplirán mis prescripciones y las pondrán en práctica. Habitarán en la tierra que yo di a mi siervo Jacob, en la que habitaron sis padres: allí habitarán ellos, sus hijos y los hijos de sus hijos para siempre, y mi siervo David será su príncipe para siempre. Haré con ellos una alianza de paz, una alianza eterna. Los estableceré, los multiplicaré y pondré entre ellos mi santuario para siempre; tendré mi morada junto a ellos, yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo. Y reconocerán las naciones que yo soy el Señor que consagra Israel, cuando esté mi santuario en medio de ellos para siempre».
Palabra de Dios
Salmo
Jr 31,10.11-12ab.13
R/. El Señor nos guardará como un pastor a su rebaño
V/. Escuchad, pueblos, la palabra del Señor, anunciadla a las islas remotas: «El que dispersó a Israel lo reunirá, lo guardará como un pastor a su rebaño. R/.
V/. Porque el Señor redimió a Jacob, lo rescató de una mano más fuerte». Vendrán con aclamaciones a la altura de Sión, afluirán hacia los bienes del Señor. R/.
V/. Entonces se alegrará la doncella en la danza, gozarán los jóvenes y los viejos; convertiré su tristeza en gozo, los alegraré y aliviaré sus penas. R/.
Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Juan (11,45-57):
EN aquel tiempo,muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él. Pero algunos acudieron a los fariseos y les contaron lo que había hecho Jesús. Los sumos sacerdotes y los fariseos convocaron el Sanedrín y dijeron: «¿Qué hacemos? Este hombre hace muchos signos. Si lo dejamos seguir, todos creerán en él, y vendrán los romanos y nos destruirán el lugar santo y la nación». Uno de ellos, Caifás, que era sumo sacerdote aquel año, les dijo: «Vosotros no entendéis ni palabra; no comprendéis que os conviene que uno muera por el pueblo, y que no perezca la nación entera». Esto no lo dijo por propio impulso, sino que, por ser sumo sacerdote aquel año, habló proféticamente, anunciando que Jesús iba a morir por la nación; y no solo por la nación, sino también para reunir a los hijos de Dios dispersos. Y aquel día decidieron darle muerte. Por eso Jesús ya no andaba públicamente entre los judíos, sino que se retiró a la región vecina al desierto, a una ciudad llamada Efraín, y pasaba allí el tiempo con los discípulos. Se acercaba la Pascua de los judíos, y muchos de aquella región subían a Jerusalén, antes de la Pascua, para purificarse. Buscaban a Jesús y, estando en el templo, se preguntaban: «¿Qué os parece? ¿Vendrá a la fiesta?». Los sumos sacerdotes y fariseos habían mandado que el que se enterase de dónde estaba les avisara para prenderlo.
OÍA la acusación de la gente: «“Pavor-en-torno”, delatadlo, vamos a delatarlo». Mis amigos acechaban mi traspié: «A ver si, engañado, lo sometemos y podemos vengarnos de él». Pero el Señor es mi fuerte defensor: me persiguen, pero tropiezan impotentes. Acabarán avergonzados de su fracaso, con sonrojo eterno que no se olvidará. Señor del universo, que examinas al honrado y sondeas las entrañas y el corazón, ¡que yo vea tu venganza sobre ellos, pues te he encomendado mi causa! Cantad al Señor, alabad al Señor, que libera la vida del pobre de las manos de gente perversa.
Palabra de Dios
Salmo
Sal 17,2-3a.3bc-4.5-6.7
R/.En el peligro invoqué al Señor, y me escuchó
V/. Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza; Señor, mi roca, mi alcázar, mi libertador. R/.
V/. Dios mío, peña mía, refugio mío, escudo mío, mi fuerza salvadora, mi baluarte. Invoco al Señor de mi alabanza y quedo libre de mis enemigos. R/.
V/. Me cercaban olas mortales, torrentes destructores me aterraban, me envolvían las redes del abismo, me alcanzaban los lazos de la muerte. R/.
V/. En el peligro invoqué al Señor, grité a mi Dios: desde su templo él escuchó mi voz, y mi grito llegó a sus oídos. R/.
Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Juan (10,31-42):
EN aquel tiempo, los judíos agarraron piedras para apedrear a Jesús. Elles replicó: «Os he hecho ver muchas obras buenas por encargo de mi Padre: ¿por cuál de ellas me apedreáis?». Los judíos le contestaron: «No te apedreamos por una obra buena, sino por una blasfemia: porque tú, siendo un hombre, te haces Dios». Jesús les replicó: «¿No está escrito en vuestra ley: “Yo os digo: sois dioses”? Si la Escritura llama dioses a aquellos a quienes vino la palabra de Dios, y no puede fallar la Escritura, a quien el Padre consagró y envió al mundo, ¿decís vosotros: “¡Blasfemas!” Porque he dicho: “Soy Hijo de Dios”? Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis, pero si las hago, aunque no me creáis a mí, creed a las obras, para que comprendáis y sepáis que el Padre está en mí, y yo en el Padre». Intentaron de nuevo detenerlo, pero se les escabulló de las manos. Se marchó de nuevo al otro lado del Jordán, al lugar donde antes había bautizado Juan, y se quedó allí. Muchos acudieron a él y decían: «Juan no hizo ningún signo; pero todo lo que Juan dijo de este era verdad». Y muchos creyeron en él allí.
Palabra del Señor
REFLEXIÓN
El cristianismo es una visión optimista del mundo y de la historia: todo ha sido creado por Dios y todo es, en principio, bueno. Pero este optimismo cristiano es, como decía el filósofo E. Mounier, un “optimismo trágico”. Es trágico porque no es ingenuo, ni cierra los ojos ante el mal ni lo minimiza. Y, sin embargo, sigue creyendo en el triunfo final del bien: que la bondad de la creación, fruto de la omnipotencia de Dios, no puede ser derrotada por el mal, consecuencia de la libertad limitada del ser humano.
El profeta Jeremías expresa con dramatismo este optimismo trágico: fuerzas oscuras se alzan contra el justo, el honrado, el pobre. Esas fuerzas malvadas se pueden presentar como amables, incluso como amigas, pero buscan la perdición del que se opone y denuncia sus crímenes. Pero la confianza en el Señor acaba triunfando y permite elevar un canto de alabanza al Dios que libera al pobre de la gente perversa.
En Cristo Jesús vemos con claridad meridiana cómo las fuerzas del mal no son solo la consecuencia de una búsqueda ilegítima (por medio de la mentira, el engaño o la violencia) de la propia ventaja, sino que, en ocasiones, los mismos representantes del bien, de la justicia y hasta de la religión pueden lanzarse contra los designios de Dios, contra Aquel que viene a traer el cielo a la tierra, a cumplir la voluntad del Padre, que es exclusivamente una voluntad de bien.
Lo que no vemos con esa claridad meridiana ahora es el triunfo final del bien, que profetiza Jeremías. Y es que ese triunfo, fundamento del optimismo cristiano, transciende los límites de este mundo, en el que tantas veces parece triunfar el mal. Ese triunfo es la resurrección de Cristo, que afirma que el bien, el perdón y la vida, que acaban triunfando, pero no con las evidencias propias de este mundo, sino sólo desde la fe, que recibimos por el bautismo. En una situación dramática de persecución y acoso, Jesús sostiene nuestro optimismo marchando al Jordán símbolo del bautismo, para que muchos crean en él, y eleven un canto de alabanza a Dios, que libera la vida del pobre.
EN aquellos días, Abrán cayó rostro en tierra y Dios le habló así: «Por mi parte, esta es mi alianza contigo: serás padre de muchedumbre de pueblos. Ya no te llamarás Abrán, sino Abrahán, porque te hago padre de muchedumbre de pueblos. Te haré fecundo sobremanera: sacaré pueblos de ti, y reyes nacerán de ti. Mantendré mi alianza contigo y con tu descendencia en futuras generaciones, como alianza perpetua. Seré tu Dios y el de tus descendientes futuros. Os daré a ti y a tu descendencia futura la tierra en que peregrinas, la tierra de Canaán, como posesión perpetua, y seré su Dios». El Señor añadió a Abrahán: «Por tu parte, guarda mi alianza, tú y tus descendientes en sucesivas generaciones».
Palabra de Dios
Salmo
Sal 104,4-5.6-7.8-9
R/.El Señor se acuerda de su alianza eternamente
V/. Recurrid al Señor y a su poder, buscad continuamente su rostro. Recordad las maravillas que hizo, sus prodigios, las sentencias de su boca. R/.
V/. ¡Estirpe de Abrahán, su siervo; hijos de Jacob, su elegido! El Señor es nuestro Dios, él gobierna toda la tierra. R/.
V/. Se acuerda de su alianza eternamente, de la palabra dada, por mil generaciones; de la alianza sellada con Abrahán, del juramento hecho a Isaac. R/.
Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Juan (8,51-59):
EN aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: «En verdad, en verdad os digo: quien guarda mi palabra no verá la muerte para siempre». Los judíos le dijeron: «Ahora vemos claro que estás endemoniado; Abrahán murió, los profetas también, ¿y tú dices: “Quien guarde mi palabra no gustará la muerte para siempre”? ¿Eres tú más que nuestro padre Abrahán, que murió? También los profetas murieron, ¿por quién te tienes?». Jesús contestó: «Si yo me glorificara a mí mismo, mi gloria no valdría nada. El que me glorifica es mi Padre, de quien vosotros decís: “Es nuestro Dios”, aunque no lo conocéis. Yo sí lo conozco, y si dijera “No lo conozco” sería, como vosotros, un embustero; pero yo lo conozco y guardo su palabra. Abrahán, vuestro padre, saltaba de gozo pensando ver mi día; lo vio, y se llenó de alegría». Los judíos le dijeron: «No tienes todavía cincuenta años, ¿y has visto a Abrahán?». Jesús les dijo: «En verdad, en verdad os digo: antes de que Abrahán existiera, yo soy». Entonces cogieron piedras para tirárselas, pero Jesús se escondió y salió del templo.
Palabra del Señor
REFLEXIÓN
El diálogo de Jesús con los judíos es lo más parecido a un diálogo de sordos (al menos, por parte de los judíos). Atendiendo a las palabras parece que están hablando y discutiendo de lo mismo, pero esas palabras pronunciadas por los judíos y por Jesús tiene significados radicalmente distintos. La muerte a la que se refieren los judíos es la muerte biológica que todos padecemos. Jesús habla de otra muerte, la “muerte para siempre”, que significa el total extrañamiento de Dios y de la salvación. Esa salvación se ofrece por medio de la palabra de Jesús. Y aquí se produce una nueva incomprensión. Porque la palabra de Jesús no es una nueva filosofía, una moral o una doctrina, sino que es su propia persona, la Palabra encarnada, por la que Dios nos ofrece la salvación de la “muerte para siempre”.
El argumento de los judíos referido a la muerte biológica es incontestable: el hecho irrefutable de que hasta los grandes patriarcas y los profetas murieron. Jesús no niega este hecho, es más, él está dispuesto a asumirlo, puesto que la gloria de la que habla no es otra cosa que el misterio pascual de su muerte y resurrección (que es la “vida para siempre”). Y una vez más, los sordos interlocutores judíos no entienden de qué gloria está hablando.
Aferrados a sus venerables tradiciones, sintiéndose depositarios de la misma, hijos de Abraham son incapaces de comprender que las grandes promesas hechas al patriarca, se están cumpliendo ahora en Jesús, la alegría de Abraham, padre no sólo de Israel, sino de una muchedumbre de pueblos.
La incomprensión y la cerrazón de estos judíos, que se revuelven violentamente contra Jesús, le fuerzan a salir del templo, del judaísmo, primer depositario de la promesa, para que una muchedumbre de pueblos pueda librarse de la muerte para siempre, y participar en los frutos de la glorificación de Cristo, la vida para siempre.
Nosotros, creyentes en Cristo Jesús, convertidos en verdaderos hijos de Abraham, somos invitados a superar toda cerrazón, para, guardando la palabra de Jesús, seguir extendiendo esos frutos entre todos los pueblos del mundo.
Lectura de la profecIa de Daniel (3,14-20.91-92.95):
EN aquellos días, el rey Nabucodonosor dijo: «¿Es cierto, Sidrac, Misac y Abdénago, que no teméis a mis dioses ni adoráis la estatua de oro que he erigido? Mirad: si al oír tocar la trompa, la flauta, la cítara, el laúd, el arpa, la vihuela y todos los demás instrumentos, estáis dispuestos a postraros adorando la estatua que he hecho, hacedlo; pero, si no la adoráis, seréis arrojados inmediatamente al horno encendido, y ¿qué dios os librará de mis manos?». Sidrac, Misac y Abdénago contestaron al rey Nabucodonosor: «A eso no tenemos por qué responderte. Si nuestro Dios a quien veneramos puede librarnos del horno encendido, nos librará, oh rey, de tus manos. Y aunque no lo hiciera, que te conste, majestad, que no veneramos a tus dioses ni adoramos la estatua de oro que has erigido». Entonces Nabucodonosor, furioso contra Sidrac, Misac y Abdénago, y con el rostro desencajado por la rabia, mandó encender el horno siete veces más fuerte que de costumbre, y ordenó a sus soldados más robustos que atasen a Sidrac, Misac y Abdénago y los echasen en el horno encendido. Entonces el rey Nabucodonosor se alarmó, se levantó y preguntó, estupefacto, a sus consejeros: «¿No eran tres los hombres que atamos y echamos al horno?». Le respondieron: «Así es, majestad». Preguntó: «Entonces, ¿cómo es que veo cuatro hombres, sin atar, paseando por el fuego sin sufrir daño alguno? Y el cuarto parece un ser divino». Nabucodonosor, entonces, dijo: «Bendito sea el Dios de Sidrac, Misac y Abdénago, que envió un ángel a salvar a sus siervos, que, confiando en él, desobedecieron el decreto real y entregaron sus cuerpos antes que venerar y adorar a otros dioses fuera del suyo».
Palabra de Dios
Salmo
Dn 3,52.53.54.55.56
R/. A ti gloria y alabanza por los siglos
V/. Bendito eres, Señor, Dios de nuestros padres. Bendito tu nombre, santo y glorioso. R/.
V/. Bendito eres en el templo de tu santa gloria. R/.
V/. Bendito eres sobre el trono de tu reino. R/.
V/. Bendito eres tú, que sentado sobre querubines sondeas los abismos. R/.
V/. Bendito eres en la bóveda del cielo. R/.
Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Juan (8,31-42):
EN aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos que habían creído en él: «Si permanecéis en mi palabra, seréis de verdad discípulos míos; conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres». Le replicaron: «Somos linaje de Abrahán y nunca hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: “Seréis libres”?». Jesús les contestó: «En verdad, en verdad os digo: todo el que comete pecado es esclavo. El esclavo no se queda en la casa para siempre, el hijo se queda para siempre. Y si el Hijo os hace libres, seréis realmente libres. Ya sé que sois linaje de Abrahán; sin embargo, tratáis de matarme, porque mi palabra no cala en vosotros. Yo hablo de lo que he visto junto a mi Padre, pero vosotros hacéis lo que le habéis oído a vuestro padre». Ellos replicaron: «Nuestro padre es Abrahán». Jesús les dijo: «Si fuerais hijos de Abrahán, haríais lo que hizo Abrahán. Sin embargo, tratáis de matarme a mí, que os he hablado de la verdad que le escuché a Dios; y eso no lo hizo Abrahán. Vosotros hacéis lo que hace vuestro padre». Le replicaron: «Nosotros no somos hijos de prostitución; tenemos un solo padre: Dios». Jesús les contestó: «Si Dios fuera vuestro padre, me amaríais, porque yo salí de Dios, y he venido. Pues no he venido por mi cuenta, sino que él me envió».
Palabra del Señor
REFLEXIÓN
¿Qué es la libertad verdadera? No lo es, ciertamente, ese sueño de vivir en la absoluta indeterminación, para hacer “lo que me dé la gana”. El que vive así es, en realidad, esclavo de sus instintos, de sus “ganas”, de sus pasiones, como se decía antes, es alguien incapaz de conducir su vida en una dirección determinada, de vivir, dicho con otras palabras, con sentido y en fidelidad.
Vivimos en un mundo que privilegia esa libertad deficiente, que nos incita continuamente a satisfacer nuestras “ganas”, y que las induce y las incita para, acto seguido, hacernos creer que tiene los medios para satisfacerlas. En un mundo así (que no es sólo este mundo actual del consumo, aunque en él se haya extremado esa tendencia, sino el “mundo” de todos los tiempos), es fácil sucumbir a la tentación de inclinarse ante los ídolos que nos ofrecen una falsa salvación.
Los tres jóvenes santos en el horno siete veces más ardiente del libro de Daniel son un símbolo de la verdadera libertad, que se niega a inclinarse ente los ídolos, y que resiste sin quemarse las llamas de la tentación que la rodea. ¿Cómo escapar realmente a esas tentaciones que nos agobian para alcanzar la auténtica libertad? Escuchando, acogiendo y permaneciendo en la palabra de Jesús, para ser así verdaderos discípulos suyos.
Es importante subrayar lo de verdaderos. Porque en el Evangelio de hoy vemos que los “judíos que habían creído en él” son los que se oponen a sus palabras hasta el punto de querer matarlo. Podemos ser discípulos de boquilla, “oficiales”, ocupando incluso cargos en la Iglesia, pero ser sólo discípulos en apariencia, porque nuestros verdaderos intereses y motivaciones se oponen a la palabra, no la tienen como criterio, de modo que, en el fondo, rechazamos a Cristo, lo matamos en nuestro corazón y con nuestros comportamientos. Podemos incluso matarlo en el corazón de otros creyentes a causa de nuestro mal ejemplo.
Amar a Cristo de verdad es poner en práctica su palabra, que nos tiene que llevar a amar a Dios Padre y a nuestros hermanos.
EN aquellos días, desde el monte Hor se encaminaron los hebreos hacia el mar Rojo, rodeando el territorio de Edón. El pueblo se cansó de caminar y habló contra Dios y contra Moisés: «¿Por qué nos has sacado de Egipto para morir en el desierto? No tenemos ni pan ni agua, y nos da náuseas ese pan sin sustancia». El Señor envió contra el pueblo serpientes abrasadoras, que los mordían, y murieron muchos de Israel. Entonces el pueblo acudió a Moisés, diciendo: «Hemos pecado hablando contra el Señor y contra ti; reza al Señor para que aparte de nosotros las serpientes». Moisés rezó al Señor por el pueblo y el Señor le respondió: «Haz una serpiente abrasadora y colócala en un estandarte: los mordidos de serpientes quedarán sanos al mirarla». Moisés hizo una serpiente de bronce y la colocó en un estandarte. Cuando una serpiente mordía a alguien, este miraba a la serpiente de bronce y salvaba la vida.
Palabra de Dios
Salmo
Sal 101,2-3.16-18.19-21
R/. Señor, escucha mi oración, que mi grito llegue hasta ti
V/. Señor, escucha mi oración, que mi grito llegue hasta ti; no me escondas tu rostro el día de la desgracia. Inclina tu oído hacia mí; cuando te invoco, escúchame enseguida. R/.
V/. Los gentiles temerán tu nombre, los reyes del mundo, tu gloria. Cuando el Señor reconstruya Sión y aparezca en su gloria, y se vuelva a las súplicas de los indefensos, y no desprecie sus peticiones. R/.
V/. Quede esto escrito para la generación futura, y el pueblo que será creado alabará al Señor. Que el Señor ha mirado desde su excelso santuario, desde el cielo se ha fijado en la tierra, para escuchar los gemidos de los cautivos y librar a los condenados a muerte. R/.
Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Juan (8,21-30):
EN aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos: «Yo me voy y me buscaréis, y moriréis por vuestro pecado. Donde yo voy no podéis venir vosotros». Y los judíos comentaban: «¿Será que va a suicidarse, y por eso dice: “Donde yo voy no podéis venir vosotros”?». Y él les dijo: «Vosotros sois de aquí abajo, yo soy de allá arriba: vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo. Con razón os he dicho que moriréis en vuestros pecados: pues, si no creéis que Yo soy, moriréis en vuestros pecados». Ellos le decían: «¿Quién eres tú?». Jesús les contestó: «Lo que os estoy diciendo desde el principio. Podría decir y condenar muchas cosas en vosotros; pero el que me ha enviado es veraz, y yo comunico al mundo lo que he aprendido de él». Ellos no comprendieron que les hablaba del Padre. Y entonces dijo Jesús: «Cuando levantéis en alto al Hijo del hombre, sabréis que “Yo soy”, y que no hago nada por mi cuenta, sino que hablo como el Padre me ha enseñado. El que me envió está conmigo, no me ha dejado solo; porque yo hago siempre lo que le agrada». Cuando les exponía esto, muchos creyeron en él.
Palabra del Señor
REFLEXIÓN
¿Es Dios, como piensan muchos, el que nos castiga por nuestros pecados, con la muerte o con otros males físicos? Esta imagen primitiva de Dios, que está presente ciertamente en la Biblia, sobre todo en el Antiguo Testamento, como vemos hoy en el episodio de la serpiente de bronce, Jesús la corrige y la purifica con la revelación del rostro paterno de Dios: Dios es su Padre, el Padre de Jesús, pero en su encarnación él ha venido no solo a transmitirnos la “imagen” (la idea o la concepción) de ese Dios Padre, sino a incluirnos ya en esta vida en la relación filial entre el Padre y el Hijo (el don del Espíritu Santo), porque es en esto en lo que consiste realmente la salvación.
Pero toda corrección y toda purificación encuentra resistencia, como se ve en el tenso diálogo de Jesús con los fariseos que, por considerarse justos, se creen justificados por su propia justicia y a salvo del castigo divino que preconizan (y, tal vez, desean) para los demás.
¿Cómo entender la relación de Dios hacia el pecado y hacia los pecadores, si excluimos el castigo, sin que por eso podamos pensar que Dios permanece indiferente ante el mal? Es Cristo Jesús, elevado en la Cruz, el que nos da la clave de comprensión del episodio de las serpientes, de todo este misterio del mal y de la relación de Dios con el mismo. No es Dios el que provoca la muerte de los pecadores, en una suerte de justicia vindicativa, poco compatible con el Dios Amor. Son nuestros propios pecados los que nos llevan a la destrucción, porque el pecado, en el fondo, no es otra cosa que negar y apartarse de la fuente de la vida. Lo que sí hace Dios es darnos el remedio en la misma enfermedad: si las serpientes muerden y matan, la serpiente de bronce cura con tal de que se la mire. Esa serpiente de bronce es símbolo del Cristo elevado sobre la cruz: “mirarán al que traspasaron” (Jn 19, 37), y que, al mirarlo (aceptarlo, confesarlo con fe), nos procura la salvación. Con su muerte, nos salva de la muerte, mostrando que el Amor que Dios nos tiene y nos revela en Jesús es más fuerte que nuestro pecado y que la muerte que provoca.
Es notable que el texto evangélico concluya ese eléctrico diálogo diciendo que “cuando les exponía esto, muchos creyeron en él”. Para anunciar a Cristo e invitar a creer en él no tenemos que suavizar el mensaje y esconder el misterio de la Cruz, al contrario, como Pablo, no tenemos que saber (y predicar) sino a Cristo, “y este crucificado” (1 Cor 2, 2)
REFLEXIÓN FRANCISCANA SOBRE EL EVANGELIO. V LUNES DE CUARESMA. – Juan 8,12-20
En medio de las tormentas nocturnas, una voz resuena con más fuerza que el trueno, y en la oscuridad más densa, una luz, como una linterna que nunca se apaga, me revela el camino cuando todo parece confundirse. Su presencia calma las tormentas de mi inquieto corazón; ante mis pensamientos más oscuros, se enciende con claridad. Es un faro que desafía las olas más furiosas, la luz perfecta a la que ninguna oscuridad puede resistirse.
Queridos hermanos y hermanas, estamos iniciando la quinta semana del Tiempo de Cuaresma, acercándonos a la celebración del misterio de la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor, fuente del amor insondable de Dios por cada uno de nosotros. Hoy, en la liturgia de la Palabra, Jesús nos dice algo profundo y hermoso: «Yo soy la luz del mundo. El que me sigue no caminará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida». Esta frase nos recuerda que el mundo muchas veces está lleno de oscuridad: problemas, injusticias, dudas, miedo. Pero Jesús nos asegura que, si caminamos con Él, nunca estaremos perdidos. Él es nuestra luz, nuestro guía, nuestra esperanza. Hermanos y hermanas, en este pasaje del Evangelio de Juan, Jesús se presenta como la «Luz del mundo» y nos invita a seguirlo para no caminar en la oscuridad, sino tener la luz de la vida. Esta afirmación es una llamada directa a la fe y a la confianza en Él, porque solo su luz puede guiarnos hacia la verdad y la vida plena. La luz es símbolo de claridad, verdad y dirección. En un mundo donde hay confusión, injusticia y desánimo, Jesús nos ilumina con su amor, su enseñanza y su ejemplo de vida. Hermanos y hermanas, estamos llamados hoy y cada vez más a vivir con la luz de Cristo en nuestras decisiones diarias, en nuestra manera de relacionarnos con los demás y en nuestra búsqueda de justicia y paz. Jesús nos dice que quien lo sigue «no caminará en tinieblas». Pero seguirlo implica coherencia y compromiso. No basta con llamarnos cristianos; debemos reflejar su luz en nuestro testimonio de vida. En el trabajo, en la familia, en la comunidad, debemos preguntarnos: ¿Estamos reflejando la luz de Cristo en nuestras acciones? ¿O nos dejamos llevar por la oscuridad del egoísmo, la mentira o la indiferencia? Hermanos y hermanas, Jesús enfrenta la incredulidad de los fariseos, quienes lo cuestionan y dudan de su testimonio. Hoy también vivimos en una sociedad donde muchas personas desconfían de la fe o buscan otros caminos. Nuestro reto es que, a través de nuestra vida, mostremos que Jesús es realmente la luz que transforma, sana y da sentido. No se trata de imponer, sino de iluminar con amor y servicio. Cristo nos llama a ser portadores de su luz. Nosotros tenemos la misión de ser testigos de la verdad, la justicia y el amor de Dios en nuestros ambientes. Sigámoslo con fe y confianza, dejando que su luz brille en nosotros para iluminar el mundo con esperanza. No dejemos que las tinieblas del miedo, del pecado o del egoísmo nos aparten de Él. Abramos el corazón para que su luz brille en nosotros y, a través de nosotros, en el mundo. Que la Virgen María, quien siempre siguió la luz de su Hijo, nos ayude a ser verdaderos portadores de la luz de Cristo.
– Hno. Mauricio José Silva dos Anjos – Hermanos Menores Capuchinos de Chile.
Lectura del libro de Daniel (13,1-9.15-17.19-30.33-62):
EN aquellos días, vivía en Babilonia un hombre llamado Joaquín, casado con Susana, hija de Jelcías, mujer muy bella y temerosa del Señor. Sus padres eran justos y habían educado a su hija según la ley de Moisés. Joaquín era muy rico y tenía un jardín junto a su casa; y como era el más respetado de todos, los judíos solían reunirse allí. Aquel año fueron designados jueces dos ancianos del pueblo, de esos que el Señor denuncia diciendo: «En Babilonia la maldad ha brotado de los viejos jueces, que pasan por guías del pueblo». Solían ir a casa de Joaquín, y los que tenían pleitos que resolver acudían a ellos. A mediodía, cuando la gente se marchaba, Susana salía a pasear por el jardín de su marido. Los dos ancianos la veían a diario, cuando salía a pasear, y sintieron deseos de ella. Pervirtieron sus pensamientos y desviaron los ojos para no mirar al cielo, ni acordarse de sus justas leyes. Sucedió que, mientras aguardaban ellos el día conveniente, salió ella como los tres días anteriores sola con dos criadas, y tuvo ganas de bañarse en el jardín, porque hacía mucho calor. No había allí nadie, excepto los dos ancianos escondidos y acechándola. Susana dijo a las criadas: «Traedme el perfume y las cremas y cerrad la puerta del jardín mientras me baño». Apenas salieron las criadas, se levantaron los dos ancianos, corrieron hacia ella y le dijeron: «Las puertas del jardín están cerradas, nadie nos ve, y nosotros sentimos deseos de ti; así que consiente y acuéstate con nosotros. Si no, daremos testimonio contra ti diciendo que un joven estaba contigo y que por eso habías despachado a las criadas». Susana lanzó un gemido y dijo: «No tengo salida: si hago eso, mereceré la muerte; si no lo hago, no escaparé de vuestras manos. Pero prefiero no hacerlo y caer en vuestras manos antes que pecar delante del Señor». Susana se puso a gritar, y los dos ancianos, por su parte, se pusieron también a gritar contra ella. Uno de ellos fue corriendo y abrió la puerta del jardín. Al oír los gritos en el jardín, la servidumbre vino corriendo por la puerta lateral a ver qué le había pasado. Cuando los ancianos contaron su historia, los criados quedaron abochornados, porque Susana nunca había dado que hablar. Al día siguiente, cuando la gente vino a casa de Joaquín, su marido, vinieron también los dos ancianos con el propósito criminal de hacer morir a Susana. En presencia del pueblo ordenaron: «Id a buscar a Susana, hija de Jelcías, mujer de Joaquín».
Fueron a buscarla, y vino ella con sus padres, hijos y parientes. Toda su familia y cuantos la veían lloraban. Entonces los dos ancianos se levantaron en medio de la asamblea y pusieron las manos sobre la cabeza de Susana. Ella, llorando, levantó la vista al cielo, porque su corazón confiaba en el Señor. Los ancianos declararon: «Mientras paseábamos nosotros solos por el jardín, salió esta con dos criadas, cerró la puerta del jardín y despidió a las criadas. Entonces se le acercó un joven que estaba escondido y se acostó con ella. Nosotros estábamos en un rincón del jardín y, al ver aquella maldad, corrimos hacia ellos. Los vimos abrazados, pero no pudimos sujetar al joven, porque era más fuerte que nosotros, y, abriendo la puerta, salió corriendo. En cambio, a esta le echamos mano y le preguntamos quién era el joven, pero no quiso decírnoslo. Damos testimonio de ello». Como eran ancianos del pueblo y jueces, la asamblea los creyó y la condenó a muerte. Susana dijo gritando: «Dios eterno, que ves lo escondido, que lo sabes todo antes de que suceda, tú sabes que han dado falso testimonio contra mí, y ahora tengo que morir, siendo inocente de lo que su maldad ha inventado contra mí». Y el Señor escuchó su voz. Mientras la llevaban para ejecutarla, Dios suscitó el espíritu santo en un muchacho llamado Daniel; y este dio una gran voz: «Yo soy inocente de la sangre de esta». Toda la gente se volvió a mirarlo, y le preguntaron: «Qué es lo que estás diciendo?». Él, plantado en medio de ellos, les contestó: «Pero ¿estáis locos, hijos de Israel? ¿Conque, sin discutir la causa ni conocer la verdad condenáis a una hija de Israel? Volved al tribunal, porque esos han dado falso testimonio contra ella». La gente volvió a toda prisa, y los ancianos le dijeron: «Ven, siéntate con nosotros e infórmanos, porque Dios mismo te ha dado la ancianidad». Daniel les dijo: «Separadlos lejos uno del otro, que los voy a interrogar». Cuando estuvieron separados el uno del otro, él llamó a uno de ellos y le dijo: «¡Envejecido en días y en crímenes! Ahora vuelven tus pecados pasados, cuando dabas sentencias injustas condenando inocentes y absolviendo culpables, contra el mandato del Señor: “No matarás al inocente ni al justo”. Ahora, puesto que tú la viste, dime debajo de qué árbol los viste abrazados».
Él contestó: «Debajo de una acacia». Respondió Daniel: «Tu calumnia se vuelve contra ti. Un ángel de Dios ha recibido ya la sentencia divina y te va a partir por medio». Lo apartó, mandó traer al otro y le dijo: «Hijo de Canaán, y no de Judá! La belleza te sedujo y la pasión pervirtió tu corazón. Lo mismo hacíais con las mujeres israelitas, y ellas por miedo se acostaban con vosotros; pero una mujer judía no ha tolerado vuestra maldad. Ahora dime: ¿bajo qué árbol los sorprendiste abrazados?». Él contestó: «Debajo de una encina». Replicó Daniel: «Tu calumnia también se vuelve contra ti. el ángel de Dios aguarda con la espada para dividirte por medio. Y así acabará con vosotros». Entonces toda la asamblea se puso a gritar bendiciendo a Dios, que salva a los que esperan en él. Se alzaron contra los dos ancianos, a quienes Daniel había dejado convictos de falso testimonio por su propia confesión, e hicieron con ellos lo mismo que ellos habían tramado contra el prójimo. Les aplicaron la ley de Moisés y los ajusticiaron. Aquel día se salvó una vida inocente.
Palabra de Dios
Salmo
Sal 22,1-3a.3b-4.5.6
R/. Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo
V/. El Señor es mi pastor, nada me falta: en verdes praderas me hace recostar; me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas. R/.
V/. Me guía por el sendero justo, por el honor de su nombre. Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo: tu vara y tu cayado me sosiegan. R/.
V/. Preparas una mesa ante mí, enfrente de mis enemigos; me unges la cabeza con perfume, y mí copa rebosa. R/.
V/. Tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de mi vida, y habitaré en la casa del Señor por años sin término. R/.
EVANGELIO (opcional para el año C) Jn 8, 12-20
Lectura del santo Evangelio según san Juan.
EN aquel tiempo, Jesús habló a los fariseos, diciendo: «Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no camina en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida». Le dijeron los fariseos: «Tú das testimonio de ti mismo; tu testimonio no es verdadero». Jesús les contestó: «Aunque yo doy testimonio de mí mismo, mi testimonio es verdadero, porque sé de dónde he venido y adónde voy; en cambio, vosotros no sabéis de dónde vengo ni adónde voy. Vosotros juzgáis según la carne; yo no juzgo a nadie; y, si juzgo yo, mi juicio es legítimo, porque no estoy yo solo, sino yo y e! que me ha enviado, el Padre; y en vuestra ley está escrito que el testimonio de dos hombres es verdadero. Yo doy testimonio de mí mismo, y además da testimonio de mí el que me ha enviado, el Padre». Ellos le preguntaban: «Dónde está tu Padre?». Jesús contestó: «Ni me conocéis a mí ni a mi Padre; si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre». Jesús tuvo esta conversación junto al arca de las ofrendas, cuando enseñaba en el templo. Y nadie le echó mano, porque todavía no había llegado su hora.
Palabra del Señor.
REFLEXIÓN
Si echamos una mirada nos daremos cuenta que las nubes del materialismo han cubierto el horizonte cultural. La luz penetra cada vez menos. La esperanza parece menguar. En medio de la oscuridad brillan pequeñas lucecitas. Son luciérnagas. Fugaces momentos de felicidad que el mundo da. Así paga el mundo a los que le sirven. Les promete felicidad y diversión, y se los concede. Pero un instante, un suspiro; y después, la oscuridad.
Pero no estamos solos. Un rayo de esperanza rasga las nubes. Es Cristo que viene a recordarnos: “Yo soy la luz del mundo”.. Como nos dice el catecismo en el número 2466: el que cree en Él, no permanece en las tinieblas. El discípulo de Jesús, permanece en su palabra, para conocer «la verdad que hace libre» y que santifica.
Nosotros, como cristianos bautizados, estamos llamados a ser luz del mundo. ¿Cómo? Predicando el Evangelio del amor con el ejemplo de nuestra vida y el testimonio de nuestra palabra.
Reforzando la unidad familiar, por ejemplo rezando en familia; escuchando y compartiendo las penas de mi prójimo, ayudándolo cuando lo vea en apuros. En fin, la caridad es ingeniosa, hay mil maneras de vivirla. Sólo hace falta querer ser luz del mundo.
REFLEXIÓN FRANCISCANA SOBRE EL EVANGELIO. V DOMINGO DE CUARESMA. – SAN JUAN 8, 1-11
Una mirada llena de misericordia que cambia una vida. El perdón que sana y libera. Sin condenación, solo misericordia.
Hermanos y hermanas estamos próximos a las fiestas pascuales y las lecturas de este V domingo de Cuaresma nos invitan a seguir ensanchando el corazón, a mirar hacia adelante, para adentrarnos en nuestra Semana Mayor reconciliados con Dios y con nuestros hermanos. Este domingo es una invitación para reflexionar cómo estamos viviendo nuestra Cuaresma y qué hemos hecho de ella. Se nos exhorta a vislumbrar lo novedoso de este tiempo de gracia y de salvación. Además, por activa y por pasiva se nos recuerda en este tiempo que el rasgo distintivo de Dios es ser misericordioso. Experimentar esta gracia de Dios es una invitación a contemplarnos con ojos de misericordia y de igual forma a nuestros hermanos y hermanas. Mi hermano y mi hermana, hoy, en una especie de parábola viviente, Jesús nos desafía al perdón en lugar de la fría crueldad de nuestra condena. He aquí, entonces, tres palabras, tres actitudes para vivir una Cuaresma de compasión: conversión, misericordia y perdón. Hermano y hermana, la semana pasada escuchábamos a Cristo enseñarnos acerca de la misericordia de Dios, contándonos la parábola del hijo pródigo. Hoy, Él va mucho más lejos, porque nos hablará de este perdón misericordioso, ya no con bellas historias y palabras encantadoras, sino con gestos y con su propia vida. La liturgia de hoy nos muestra que los escribas y fariseos querían condenar a la pecadora con la piedra de un pasado de pecado, un corazón tan duro como la piedra, una mirada tan sucia como el suelo, y unas manos tan cerradas como la ley. Con la piedra de la ceguera, escribas y fariseos intentaban, de un solo golpe, poner en peligro la autoridad del Maestro y la dignidad de una mujer. Hermanos y hermanas, Jesús escribe en el suelo y pone sobre el pasado la piedra de una ruina, pero sobre la vida de una mujer, pone el derecho a la reconstrucción. Ellos se arman con la certeza de sus virtudes públicas, pero Jesús los desarma con la verdad de sus vicios privados. Y caen, una tras otra, las piedras. Y quedó solo Jesús y la mujer. La mísera y la misericordia. En lugar de la piedra, el perdón. El perdón es un acto de creación, de nueva generación. Al perdonar, Dios olvida los acontecimientos del pasado, deja de prestar atención a las cosas antiguas para abrir un camino nuevo y convertir al ser humano pecador en una nueva criatura. El perdón de Dios recrea y regenera al ser humano en su esencia, transformándolo desde lo más profundo y haciéndolo un ser diferente. Hermanos y hermanas, por eso, el perdón no es solo un sentimiento o una emoción, sino una decisión, un acto creador. Perdonar es acoger la existencia del otro, no porque esté bien tal como es, sino para hacerla renacer en su verdad, para recrearla en el amor. En nuestro mundo, el fundamentalismo y la intransigencia suelen hablar más alto que el amor: se mata, se oprime y se esclaviza en nombre de Dios; se desacredita y se calumnia por prejuicios; se marginaliza en nombre de la moral y las buenas costumbres. Hermanos y hermanas, cuántas veces, en nuestros hogares y comunidades, la absolutización de la ley causa marginación y sufrimiento. Cuántas veces arrojamos piedras a los demás, olvidando nuestros propios tejados de cristal. Cuántas veces marcamos a los demás con el estigma de la culpa y quemamos a la persona en «juicios sumarios», sin derecho a defensa. Debemos hoy nos preguntar: ¿Es esta la lógica de Dios? ¿Lo que nos interesa es la liberación de nuestros hermano y hermanas, o su hundimiento? Hermanos y hermanas, este pasaje nos invita a ser portadores de la misericordia de Dios en nuestras vidas cotidianas. Hoy, estamos llamados no solo a vivir la fe de manera privada, sino a compartirla con los demás, siendo ejemplos de misericordia, compasión, perdón, comprensión y amor incondicional. Que hoy, al meditar en este Evangelio, podamos recordar que la verdadera fuerza cristiana no radica en juzgar, sino en perdonar y ofrecer nuevas oportunidades para vivir según el amor de Cristo. Que el Espíritu Santo nos dé la gracia de vivir con corazones llenos de misericordia, dispuestos a acoger y a perdonar como Cristo nos ha perdonado. Al Señor sea la gloria y la alabanza por los siglos de los siglos. Amén.
– Hermano Mauricio Silva dos Anjos – Hermano Menor Capuchino de Chile.
Isaías 43,16-21: Israel está en estado de opresión, sometido a otro rey. Pero Dios nuevamente va a actuar. Si lo hizo en el pasado, también lo volverá a hacer, y de una manera mejor. Filipenses 3,8-14: Pablo da a conocer la meta del cristiano: conocer a Cristo, es decir vivir unido a Él por la fe. Para esto bien vale la pena cualquier sacrificio. Juan 8,1-11: Jesús perdona a la adúltera. Es una típica salvación pascual, ya que libera de una situación insalvable.
1.- Se acerca la Semana Santa, en la que celebraremos el misterio de la muerte y resurrección de Cristo. Hoy la Palabra del Señor nos muestra un anticipo de cómo Dios actúa en favor de los humanos. Así, a un Pueblo que estaba sometido y oprimido por un rey tirano y poderoso, el Señor le promete algo nuevo y mejor que en el pasado. En el pasado Dios liberó a su Pueblo sacándolo de la esclavitud de Egipto. Ahora, de una manera nueva y mejor, prepara un camino en el deserto, en el que habrá ríos y mucho verdor.. Es que el Señor es fiel en su Alianza y cumple con su Palabra de salvar a su Pueblo.
2.- Nosotros también hemos sido liberados del pecado por medio de Jesucristo. Lo que se espera de un cristiano es que conozca a Jesucristo. Pero, Ojo, conocer a Jesucristo quiere decir vivir unido a Él, en comunión con Él. Por fe, es decir, al creer, aceptar a Jesús en nosotros mismos, entramos a vivir unidos a Él. Es como un matrimonio, que exige de nuestra parte mucha fidelidad. Y para esto, como dice el Apóstol, hay que sacrificar muchas cosas.
3.- ¿Qué se espera de un casado? Que sea fiel. Del mismo modo del cristiano, ya que se unió fielmente a Cristo en el Bautismo. Hay que ser fiel a Jesús. Cuando un casado o casada no es fiel a su cónyuge lo llamamos adúltero.. El cristiano que no vive bien su bautismo es un adúltero, ya que no es fiel. ¡Y Dios lo quiere salvar! Quiere renovar su compromiso. Dios quiere hacer algo nuevo con el infiel. Y se compromete y nos compromete. Ya lo dice san Pablo en la segunda carta a Timoteo 2, 13: Si somos infieles, él es fiel, porque no puede renegar de sí mismo. Es decir, Él se mantiene fiel, a pesar de nuestras infidelidades.
4.- La escena del evangelio no puede ser más elocuente. Nos muestra plásticamente cómo perdona Dios, cómo perdona Jesús. A la mujer la pillaron “in fraganti” en su pecado de adulterio. Razón tenían los fariseos de querer apedrear a la mujer, ya que la Ley estaba de su parte. Y la pobre mujer no tenía escapatoria alguna. Ahí actúa Jesús y la salva. Así como en la Pascua Dios salvó a su Pueblo que no tenía escapatoria alguna. Esta mujer adúltera es figura de la Iglesia, esposa de Cristo, que muchas veces ha sido infiel. Esta mujer adúltera es también figura de nosotros que no hemos sabido ser fieles a nuestras compromisos. Pero “el Señor está por hacer algo nuevo, poner vida allí donde no la hay. Como recién veíamos, si no le somos fieles Él sigue siendo fiel. De modo que bien podemos renovar nuestros compromisos bautismales. No tengamos miedo. Hoy el Señor nos está esperando y quiere renovar toda nuestra vida. En esta Eucaristía celebramos al Señor que grandes cosas hizo el Señor por nosotros.