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Autor: Patricio Osiadacz

EDD. sábado 04 de enero de 2025.

Primera Lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan (3,7-10):

Hijos míos, que nadie os engañe. Quien obra la justicia es justo, como él es justo. Quien comete el pecado es del diablo, pues el diablo peca desde el principio. El Hijo de Dios se manifestó para deshacer las obras del diablo. Todo el que ha nacido de Dios no comete pecado, porque su germen permanece en él, y no puede pecar, porque ha nacido de Dios. En esto se reconocen los hijos de Dios y los hijos del diablo: todo el que no obra la justicia no es de Dios, ni tampoco el que no ama a su hermano.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 97

R/. Los confines de la tierra han contemplado
la victoria de nuestro Dios

Cantad al Señor un cántico nuevo,
porque ha hecho maravillas:
su diestra le ha dado la victoria,
su santo brazo. R/.

Retumbe el mar y cuanto contiene,
la tierra y cuantos la habitan;
aplaudan los ríos, aclamen los montes. R/.

Al Señor, que llega para regir la tierra.
Regirá el orbe con justicia
y los pueblos con rectitud. R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Juan (1,35-42):

En aquel tiempo, estaba Juan con dos de sus discípulos y, fijándose en Jesús que pasaba, dice: «Éste es el Cordero de Dios.»
Los dos discípulos oyeron sus palabras y siguieron a Jesús. Jesús se volvió y, al ver que lo seguían, les pregunta: «¿Qué buscáis?»
Ellos le contestaron: «Rabí (que significa Maestro), ¿dónde vives?»
Él les dijo: «Venid y lo veréis.»
Entonces fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día; serían las cuatro de la tarde. Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que oyeron a Juan y siguieron a Jesús; encuentra primero a su hermano Simón y le dice: «Hemos encontrado al Mesías (que significa Cristo).»
Y lo llevó a Jesús. Jesús se le quedó mirando y le dijo: «Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas (que se traduce Pedro).»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

Venid y veréis

La curiosidad puede tener distintos matices. Puede ser malsana, buscando donde está el “chisme”, el accidente o mal de alguien. Puede también que sea una motivación a encontrar el bien. Para un oído de fiel judío, escuchar “Este es el Cordero de Dios” podía suscitar no sólo curiosidad, sino una esperanza viva de salvación. El cordero pascual, el cordero cuya sangre en el dintel salva, el símbolo y realidad de la esperanza de todos los pueblos se anuncia. Cuando Juan identifica a Jesús como el Cordero de Dios, los dos discípulos se ponen en marcha. Sienten la llamada irresistible a seguir a quien ha sido proclamado como la salvación.

Lo escuchamos repetidamente en todas las Eucaristías: “tú, que quitas el pecado del mundo”.. “Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo”… “Este es el Cordero de Dios, dichosos los llamados”. Quizá a veces se diga rutinariamente, si reconocer el impacto enorme de esas palabras.

Juan dice que no lo conocía. Naturalmente que lo conocía, porque era primo suyo. Lo que no había reconocido era al Cordero de Dios.  El reconocimiento de esa salvación cambia la vida, llama al discipulado, marca para siempre. Por eso quienes escucharon esa llamada sabían exactamente el momento (las 4 de la tarde) en que había ocurrido. Por eso se pusieron en camino. No era simplemente curiosidad por ver de qué personaje estrafalario estaba hablando el estrafalario Juan. Era una esperanza que moviliza. ¿Qué buscáis?, les pregunta Jesús. ¿Tienen una mera curiosidad por saber dónde vive Jesús o están expresando el deseo intenso de estar siempre con Él? ¿Dónde vives? Puede querer decir quién eres, qué haces, cómo es tu mundo, cómo es tu Reino. Inmediatamente desean permanecer en ese Reino, porque han encontrado al Mesías. Venid y veréis, no es solo una invitación a curiosear; es más bien un desafío a vivir así, en el reino de justicia y verdad de Cristo. Es una llamada a cambiar la vida. Entrar en la casa de Jesús obliga y marca. Eran las cuatro de la tarde… ¿qué hora es para nosotros? ¿Dónde y cómo hemos encontrado dónde vive Cristo?

Cármen Aguinaco

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/

EDD. viernes 03 de enero de 2025.

Lectura de la primera carta de Juan (2,29;3,1-6):

Si sabéis que él es justo, reconoced que todo el que obra la justicia ha nacido de él. Mirad que amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos! El mundo no nos conoce porque no le conoció a él. Queridos, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es. Todo el que tiene esperanza en él se purifica a sí mismo, como él es puro. Todo el que comete pecado quebranta también la ley, pues el pecado es quebrantamiento de la ley. Y sabéis que él se manifestó para quitar los pecados, y en él no hay pecado. Todo el que permanece en él no peca. Todo el que peca no le ha visto ni conocido.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 97,1.3cd-4.5-6

R/. Los confines de la tierra han contemplado
la victoria de nuestro Dios

Cantad al Señor un cántico nuevo,
porque ha hecho maravillas;
su diestra le ha dado la victoria,
su santo brazo. R/.

Los confines de la tierra han contemplado
la victoria de nuestro Dios.
Aclama al Señor, tierra entera,
gritad, vitoread, tocad. R/.

Tañed la cítara para el Señor
suenen los instrumentos:
con clarines y al son de trompetas
aclamad al Rey y Señor. R/.

Evangelio

Lectura del santo Evangelio según san Juan (1,29-34):

Al día siguiente, al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó: «Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Este es aquel de quien yo dije: «Trás de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo.» Yo no lo conocía, pero he salido a bautizar con agua para que sea manifestado a Israel.»
Y Juan dio testimonio diciendo: «He contemplado el Espíritu que bajaba del cielo como una paloma, y se posó sobre él. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: «Aquél sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ése es el que ha de bautizar con Espíritu Santo.» Y yo lo he visto, y he dado testimonio de que éste es el Hijo de Dios.»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

Le da el nombre sobre todo nombre

El nombre de la persona, sobre todo en las culturas semíticas, tiene una gran importancia. Concede identidad y es el medio por el que se puede ser reconocido. Cuando éramos pequeños, a veces nuestras madres nos corregían si decíamos “ese” o “esa”… ¡Tiene un nombre! nos decían. Decir el nombre es concederle el respeto debido por ser criatura de Dios, hijo de Dios. En la Escritura, a quienes Dios llama muchas veces reciben un nombre nuevo: Abrán-Abraham; Simón-Pedro; Saulo-Pablo…  Al Hijo de Dios, al Dios con nosotros, se le da el “nombre que está sobre todo nombre”. Es decir, el más alto, el más excelso, el más digno de respeto y honor.

Lo curioso es que, según la primera lectura, ese nombre se le da precisamente a la persona que se vacía, que no se aferra a su condición ni a su honor, que se hace carne humana, que acepta los gozos y los dolores de los hombres, que se hace obediente hasta la muerte. Y ante ese nombre todo, absolutamente todo, en el cielo y en la tierra, ha de doblar la rodilla. Jesucristo, el ungido, el de naturaleza divina, es el que se abaja y se vacía.

Hay personas que se blasonan de sus apellidos ilustres. Y probablemente harán bien en estar orgullosos de su identidad familiar. Pero el verdadero blasón, la verdadera causa de orgullo es el ser hijos… y. a ejemplo de quien lleva el nombre sobre todo nombre, lo mejor que se puede hacer es no aferrarse a nada; caminar con otros en sus dolores y sus alegrías; obedecer (es decir, escuchar a Dios, ponerse debajo de Dios) por muy alto que sea el precio a pagar. Entonces recibiremos el nombre de hijos amados. Hijos en el Hijo cuyo nombre está sobre todo nombre. Una gloriosa identidad.

Cármen Aguinaco

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/

EDD. jueves 02 de enero de 2025

Primera Lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan (2,22-28):

¿Quién es el mentiroso, sino el que niega que Jesús es el Cristo? Ése es el Anticristo, el que niega al Padre y al Hijo. Todo el que niega al Hijo tampoco posee al Padre. Quien confiesa al Hijo posee también al Padre. En cuanto a vosotros, lo que habéis oído desde el principio permanezca en vosotros. Si permanece en vosotros lo que habéis oído desde el principio, también vosotros permaneceréis en el Hijo y en el Padre; y ésta es la promesa que él mismo nos hizo: la vida eterna. Os he escrito esto respecto a los que tratan de engañaros. Y en cuanto a vosotros, la unción que de él habéis recibido permanece en vosotros, y no necesitáis que nadie os enseñe. Pero como su unción os enseña acerca de todas las cosas –y es verdadera y no mentirosa– según os enseñó, permanecéis en él. Y ahora, hijos, permaneced en él para que, cuando se manifieste, tengamos plena confianza y no quedemos avergonzados lejos de él en su venida.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 97

R/. Los confines de la tierra han contemplado
la victoria de nuestro Dios

Cantad al Señor un cántico nuevo,
porque ha hecho maravillas:
su diestra le ha dado la victoria,
su santo brazo. R/.

El Señor da a conocer su victoria,
revela a las naciones su justicia:
se acordó de su misericordia y su fidelidad
en favor de la casa de Israel. R/.

Los confines de la tierra han contemplado
la victoria de nuestro Dios.
Aclama al Señor, tierra entera;
gritad, vitoread, tocad. R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Juan (1,19-28):

Éste fue el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron desde Jerusalén sacerdotes y levitas a Juan a que le preguntaran: «¿Tú quién eres?»
Él confesó sin reservas: «Yo no soy el Mesías.»
Le preguntaron: «¿Entonces, qué? ¿Eres tú Elías?»
Él dijo: «No lo soy.»
«¿Eres tú el Profeta?»
Respondió: «No.»
Y le dijeron: «¿Quién eres? Para que podamos dar una respuesta a los que nos han enviado, ¿qué dices de ti mismo?»
Él contestó: «Yo soy la voz que grita en el desierto: «Allanad el camino del Señor», como dijo el profeta Isaías.»
Entre los enviados había fariseos y le preguntaron: «Entonces, ¿por qué bautizas si tú no eres el Mesías, ni Elías, ni el Profeta?»
Juan les respondió: «Yo bautizo con agua; en medio de vosotros hay uno que no conocéis, el que viene detrás de mí, y al que no soy digno de desatar la correa de la sandalia.»
Esto pasaba en Betania, en la otra orilla del Jordán, donde estaba Juan bautizando.

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

No soy digno

Puede resultar curioso que, después de escuchar repetidamente que somos hijos, con la enorme dignidad que eso conlleva, ahora nos unamos de corazón a Juan para decir, como decimos antes de todas las comuniones: “No soy digno”. Pero ambas cosas son verdad: por ser hijos de Dios, tenemos una enorme dignidad. Pero como el mérito no es nuestro, sino que todo es concedido, no somos dignos, o más bien no somo merecedores de nada.

Juan reconoce este hecho bien. El mayor de los profetas, el Precursor del Mesías solo se confiesa como “voz que grita en el desierto”. La voz del desierto que acabamos de escuchar en muchas de las primeras lecturas de las Eucaristías de Adviento. Esa es una voz valiosa y digna: anuncia la venida; proclama los cambios que hay que hacer para que la venida se realice según el plan de Dios (preparad los caminos; enderezad lo torcido…), denuncia el mal; consuela y desafía. El que no es digno de desatar la sandalia, recibe el enorme encargo de ser voz. Es decir, todos nosotros, que hemos sido adoptados por Dios, no somos merecedores siquiera de estar cerca, ni siquiera a la altura de su sandalia. Y sin embargo estamos llamados, estamos obligados a ser voz.

“Clamar en el desierto”, por razones de puntuación, se ha entendido algunas veces como predicar en vacío. Algo que pareciera inútil.  Pero quizá mejor transcrito se trate de:” Voz que clama: ´en el desierto, preparad el camino´”. Así, pasa de ser una ocupación inútil y desesperanzada a ser una tarea desafiante, pero esperanzadora: en el desierto de sentido y de valores en que vivimos; en el desierto de la ausencia de Dios de nuestra secularizada sociedad, preparad el camino. Preparar el camino significará entonces vivir de una manera que puede ser un poco “a contrapelo”; dar un testimonio de otra manera de vivir; mantener una verdad y unos valores contra las corrientes absurdas e injustas de nuestro mundo. No somos dignos; pero esta es nuestra gran dignidad. Los hijos de Dios vivimos (o debemos vivir) de otro modo. Incluso en el desierto.

Cármen Aguinaco

Fuente: https://www.ciudadredonda.org/events/lecturas-del-santos-basilio-magno-y-gregorio-de-nacianzo-obispos-y-doctores-de-la-iglesia-2_2025-01-02/?occurrence=2025-01-02

EDD. miércoles 01 de enero de 2025.

Primera Lectura

Lectura del libro de los Números (6,22-27):

EL Señor habló a Moisés:
«Di a Aarón y a sus hijos, esta es la fórmula con la que bendeciréis a los hijos de Israel:
“El Señor te bendiga y te proteja,
ilumine su rostro sobre ti
y te conceda su favor.
El Señor te muestre tu rostro
y te conceda la paz”.
Así invocarán mi nombre sobre los hijos de Israel y yo los bendeciré».

Palabra de Dios

Salmo

Sal 66

R/. Que Dios tenga piedad y nos bendiga.

V/. Que Dios tenga piedad nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación. R/.

V/. Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia
y gobiernas las naciones de la tierra. R/.

V/. Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.
Que Dios nos bendiga; que le teman
todos los confines de la tierra. R/.

Segunda Lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Gálatas (4,4-7):

Hermanos:
Cuando llegó la plenitud del tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la Ley, para rescatar a los que estaban bajo la Ley, para que recibiéramos la adopción filial.
Como sois hijos, Dios envió a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo que clama: «¡“Abba”, Padre!». Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si eres hijo, eres también heredero por voluntad de Dios.

Palabra de Dios

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Lucas (2,16-21):

EN aquel tiempo, los pastores fueron corriendo hacia Belén y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que se les había dicho de aquel niño.
Todos los que lo oían se admiraban de lo que les habían dicho los pastores. María, por su parte, conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón.
Y se volvieron los pastores dando gloria y alabanza a Dios por todo lo que habían oído y visto, conforme a lo que se les había dicho.
Cuando se cumplieron los ocho días para circuncidar al niño, le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concepción.

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

María, Madre de Dios. Jornada Mundial de la Paz

Bendición

En el mundo hispano, como lo era antes en la mayoría del mundo católico español y europeo, existe la costumbre de que los padres den la bendición a sus hijos antes de salir de casa, antes de emprender algún trabajo, o al final del día. Algunos esposos también se la dan mutuamente al empezar el día. Bendición es hablar bien, dar una buena palabra, invocar la protección de Dios sobre el día. Es pedir que el rostro de Dios, es decir, la gloria de Dios, brille sobre nosotros en toda la vida. Esa bendición acarrea la paz.

Es la misma bendición que envía el Espíritu de Dios sobre nosotros, de manera que somos hijos de Dios. Y si hijos, herederos de la gloria, de toda esa bendición de la luz del rostro de Dios. Los pastores marcharon anunciando el mensaje de gloria que habían oído.

Una consecuencia lógica es que, si somos hijos de Dios, somos también hijos de María, la que guarda todas estas cosas en su corazón, la que es puerta de la salvación, de la paz, y de la adopción como hijos. En tiempos antiguos, la adopción significaba un vínculo legal importantísimo, que podía suponer incluso la primacía en derechos del hijo adoptado. El ser hijos adoptivos nos da, pues, no solo derechos sino una vocación ineludible a anunciar al Padre y a comportarnos como hijos en el Hijo. El ser hijos obliga a ser hermanos, lo cual equivale a un compromiso de paz. Los hermanos andan en paz y buscan la paz.

Hoy celebramos la Jornada Mundial de la Paz y, si miramos alrededor, quizá veamos mucha más guerra que paz. Vemos violencia armada, violencia familiar, violencias incluso dentro de nosotros mismos. A nivel cotidiano, quizá veamos los muchos momentos en que las pequeñas irritaciones equivalen a tentaciones de violencia de pensamiento y de palabras. Pueden llevar a breves o largos enojos. Podrían, eventualmente, conducir a la ruptura. Ser hijos de Dios, hijos de María, la Madre de Dios, significa pedir su suave protección, su palabra, para hacer la paz tanto en momentos pequeños como grandes. Significa ser bendición unos para otros: pasar la buena palabra, la buena dicción de la gloria de Dios, que reconoce y alaba. Significa implorar la protección de Dios sobre todos.

Cármen Aguinaco

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/

Mensaje de Año Nuevo del Delegado Provincial de la Delegación San Francisco de Asís, Chile

31 diciembre, 20242

Jubileo de la Esperanza, 2025 años de la encarnación de Jesucristo y
VIII Centenario del “Cántico de las Criaturas” de San Francisco de Asís

“Altísimo, omnipotente, buen Señor, Tuyos son la
alabanza, la gloria, el honor y toda la bendición. Solo
a Ti, Altísimo, se deben; Y ningún hombre es digno de
mencionarte a Ti. Alabado seas, mi Señor, con todas
Tus criaturas…”

Mis hermanos de la Delegación San Francisco de Asís de Chile, mis hermanas Clarisas Capuchinas del Monasterio de la Santísima Trinidad de Santiago y del Monasterio Santa Clara de Pucón, mis hermanos vocacionables, mis hermanos y hermanas, laicos y laicas, y juventud capuchina y de la OFS, al pueblo de Dios simpatizante con nuestro carisma francisclariano, ¡el Señor les dé la paz!

Al comenzar este nuevo año 2025, nos encontramos en un tiempo lleno de esperanza y renovación. No solo celebramos la llegada de un nuevo año, sino que también conmemoramos el Jubileo de la Esperanza y el centenario del «Cántico de las Criaturas» de San Francisco de Asís. Estos eventos nos invitan a reflexionar sobre nuestra fe, nuestra relación con la creación y nuestro compromiso con un futuro más esperanzador. El Jubileo de la Esperanza es un tiempo especial de gracia y reflexión, donde somos llamados a renovar nuestra fe y esperanza en Dios. En medio de los desafíos y dificultades del mundo actual, la esperanza es una luz que nos guía y nos fortalece. Recordemos que nuestra esperanza no está basada en las circunstancias externas, sino en la promesa eterna de Dios de estar con nosotros y guiarnos. Este Jubileo nos invita a redescubrir la alegría del Evangelio y a vivir con un espíritu de gratitud y confianza en Dios. Es una oportunidad para abrir nuestros corazones a la acción del Espíritu Santo y dejar que Él renueve nuestras vidas y comunidades.

Este año también celebramos el centenario del «Cántico de las Criaturas», una de las obras más hermosas y significativas de San Francisco de Asís. En su cántico, San Francisco expresa su profunda alabanza y gratitud a Dios por toda la creación, llamando a todas las criaturas a unirse en la alabanza al Creador. El «Cántico de las Criaturas» nos recuerda la belleza y la interconexión de toda la creación. Nos invita a vivir en armonía con la naturaleza y a cuidar de nuestro planeta con amor y responsabilidad. En este centenario, renovemos nuestro compromiso de ser buenos administradores de la creación, protegiendo y preservando la tierra para las generaciones futuras.

Queridos hermanos y hermanas, al iniciar este nuevo año 2025, les invito a abrazar el Jubileo de la Esperanza y a celebrar el centenario del «Cántico de las Criaturas» con corazones llenos de gratitud y compromiso. Que este sea un año de crecimiento espiritual, de renovación de nuestra fe y de acciones concretas para cuidar de nuestro planeta y de unos a otros. Renovemos nuestra esperanza y nuestro compromiso con la promoción de relaciones curativas, acogedoras, tiernas y fraternas. Seamos peregrinos de esperanza, co-creadores de un mundo cada vez mejor, construyendo relaciones sanas con todo ser creado.

Que la luz de Cristo, nuestra esperanza verdadera, ilumine sus vidas y los guíe en cada paso de este nuevo año. Que el amor y la paz de Dios llenen sus corazones y hogares, y que juntos podamos construir un mundo más justo, fraterno y en armonía con la creación.

¡Feliz y bendecido Año Nuevo 2025!

Fraternalmente,

Hermano Mauricio Silva dos Anjos, OFMCap.
Delegado Provincial

Fuente : https://capuchinos.cl/mensaje-de-ano-nuevo-del-delegado-provincial-de-la-delegacion-san-francisco-de-asis-chile/

EDD. 31 de diciembre de 2024.

Primera Lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan (2,18-21):

Hijos míos, es el momento final. Habéis oído que iba a venir un Anticristo; pues bien, muchos anticristos han aparecido, por lo cual nos damos cuenta que es el momento final. Salieron de entre nosotros, pero no eran de los nuestros. Si hubiesen sido de los nuestros, habrían permanecido con nosotros. Pero sucedió así para poner de manifiesto que no todos son de los nuestros. En cuanto a vosotros, estáis ungidos por el Santo, y todos vosotros lo conocéis. Os he escrito, no porque desconozcáis la verdad, sino porque la conocéis, y porque ninguna mentira viene de la verdad.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 95, 1-2. 11-12. 13-14

R/. Alégrese el cielo, goce la tierra

Cantad al Señor un cántico nuevo,
cantad al Señor, toda la tierra;
cantad al Señor, bendecid su nombre,
proclamad día tras día su victoria. R/.

Alégrese el cielo, goce la tierra,
retumbe el mar y cuanto lo llena;
vitoreen los campos y cuanto hay en ellos,
aclamen los árboles del bosque. R/.

Delante del Señor, que ya llega,
ya llega a regir la tierra:
regirá el orbe con justicia
y los pueblos con fidelidad. R/.

Evangelio

Comienzo del santo evangelio según san Juan (1,1-18):

En el principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. La Palabra en el principio estaba junto a Dios. Por medio de la Palabra se hizo todo, y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho. En la Palabra había vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió. Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe. No era él la luz, sino testigo de la luz. La Palabra era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre. Al mundo vino, y en el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre. Éstos no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios. Y la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad. Juan da testimonio de él y grita diciendo: «Éste es de quien dije: «El que viene detrás de mí pasa delante de mí, porque existía antes que yo.»» Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia. Porque la Ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo. A Dios nadie lo ha visto jamás: el Hijo único, que está en el seno del Padre, es quien lo ha contado.

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

Gracia sobre gracia

El Evangelio de Juan, tan teológico y filosófico, puede parecer algo difícil de entender. Sin embargo, en este último día del año, hay varias cosas muy luminosas en este pasaje: una es la proclamación de la verdad. En un mundo, una sociedad y una política que nos parecen tan llenos de mentira y corrupción, el anuncio de la verdad que llega con el Hijo de Dios encarnado es enormemente consolador. Vivir a su luz, en el Verbo, significa, entonces, vivir en verdad. Hay algo mucho más grande que las pequeñeces y corruptelas del mundo, y es la verdad que no pasa.

La otra palabra consoladora es saber que hemos recibido “gracia sobre gracia”. Esto nos puede hacer pensar. En un año quizá lleno de problemas, de desgracias, de guerra, ¿cuál puede ser la gracia sobre gracia? A veces puede ser difícil descubrirla en medio de mucho dolor. Habrá que ir más adentro en la noticia: a quienes lo recibieron se les dio el ser hijos de Dios. Ahí está la gracia: la seguridad de una dignidad inmensa que supera toda situación en la que podamos encontrarnos, ya sea de intensa felicidad o de dolor. Una vez una persona muy pobre, con un nivel de educación bajo, y que vivía en medio de mil dificultades domésticas y económicas me dijo: “Yo siempre estoy alegre, porque sé que soy hija de un gran Rey”. Esa seguridad es la misma que nos hace caminar con confianza y esperanza en dolores y alegrías. Tenemos la certeza de quiénes somos.  Y eso, pase lo que pase, sean las mentiras lo grandes que sean, sea la situación lo angustiosa que sea, nos da un gran poder. De su plenitud hemos recibido gracia sobre gracia. Es decir, de la plenitud de la Encarnación del Verbo, de esa Palabra eterna que ilumina toda la vida y acompaña en toda peregrinación. La luz brilla en las tinieblas y las tinieblas nunca pueden vencerla, porque la oscuridad desaparece en cuanto hay un poco de luz, por pequeña que sea. Y esta luz es más fuerte que cualquier oscuridad, por grande que sea.

Cármen Aguinaco

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/

EDD. lunes 30 de diciembre de 2024.

Primera Lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan (2,12-17):

Os escribo a vosotros, hijos míos, porque se os han perdonado vuestros pecados por su nombre. Os escribo a vosotros, padres, porque conocéis al que es desde el principio. Os escribo a vosotros, jóvenes, porque habéis vencido al Maligno. Os he escrito a vosotros, hijos míos, porque conocéis al Padre. Os he escrito, padres, porque conocéis al que es desde el principio. Os escribo a vosotros, los jóvenes, porque sois fuertes, y la palabra de Dios permanece en vosotros, y habéis vencido al maligno. No améis al mundo ni lo que hay en el mundo. Si alguno ama al mundo, no está en él el amor del Padre. Porque lo que hay en el mundo –las pasiones del hombre terreno, y la codicia de los ojos, y la arrogancia del dinero–, eso no procede del Padre, sino que procede del mundo. Y el mundo pasa, con sus pasiones. Pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 95,7-8a.8b-9.10

R/. Alégrese el cielo, goce la tierra

Familias de los pueblos, aclamad al Señor,
aclamad la gloria y el poder del Señor,
aclamad la gloria del nombre del Señor. R/.

Entrad en sus atrios trayéndole ofrendas,
postraos ante el Señor en el atrio sagrado,
tiemble en su presencia la tierra toda. R/.

Decid a los pueblos: «El Señor es rey,
él afianzó el orbe, y no se moverá;
él gobierna a los pueblos rectamente.» R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Lucas (2,36-40):

En aquel tiempo, había una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana; de jovencita había vivido siete años casada, y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se apartaba del templo día y noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. Acercándose en aquel momento, daba gracias a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén.
Y cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y robusteciéndose, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios lo acompañaba.

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

Quien hace la voluntad de Dios

Hay quien busca desesperadamente la fuente de la juventud. Hay quienes, de alguna manera, “odian” la vejez. Hoy día se habla mucho del “edadismo”, de esa actitud de semi-desprecio de quienes ya tienen muchos años. El ya no contar con ellos, el hablarles como si fueran niños pequeños, o lo que es peor, tontos. Por mucho cariño que cuidadores pongan en ello, resulta algo insultante muchas veces. La vejez, ciertamente, trae consigo muchas dolencias y a veces indignidades. Y en esta sociedad se da frecuentemente un gran culto a la juventud. Y por otro lado, con ternurismo, se habla de que los ancianos “nos lo han dado todo”… Pues sí; algunos sí y otros no. No se quiere ni a los ancianos ni a los jóvenes porque sean buenos, sino porque son hijos de Dios. En la primera lectura, Juan escribe a personas de todas las edades; en cada etapa, Dios se les ha manifestado de alguna manera. Y al final, señala: quien hace la voluntad de Dios, vive eternamente. No se trata de edad, sino de pertenencia. No se trata de ser eternamente jóvenes, sino de escuchar lo que hay para cada día y en cada momento. Se trata de poder vivir eternamente.

¿Qué significa para cada uno de nosotros vivir eternamente? ¿De qué maneras se nos ha manifestado Dios en cada etapa de nuestra vida? ¿Cómo escuchamos, en nuestras distintas edades, la voz de Dios?

En el evangelio de hoy, José y María cumplen lo establecido; Jesús regresa a Nazaret con sus padres, y les “está sujeto”. Es decir, todos cumplen la voluntad de Dios. El resultado es que el niño crece lleno de salud y sabiduría. No se trata de la edad; se trata de la escucha y de cumplir la voluntad de Dios. Se puede crecer siempre; se puede vivir eternamente. Esto va mucho más allá de la edad. A nosotros nos escribe Juan en cualquier momento de la vida en que conozcamos al Padre, sintamos que nuestros pecados hayan sido perdonados, vencemos al Maligno… A nosotros se nos dice que, al estar sujetos al Padre, podemos crecer en salud y en sabiduría. Ya tenemos la fuente, no de la juventud eterna, sino de la vida eterna.

Cármen Aguinaco

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/

Comentario al Evangelio del sábado 28 de diciembre de 2024.

Fiesta de los Santos Inocentes – san Mateo 2, 13-18

Que podamos ser luz en un mundo a menudo sumido en tinieblas, confiando siempre en su promesa de justicia y paz, sin olvidar que esta fiesta nos llama a ser guardianes de la inocencia y la justicia a nuestro alrededor.

Queridos hermanos y hermanas en Cristo, hoy, en la Fiesta de los Santos Inocentes, recordamos un evento trágico y doloroso descrito en el Evangelio de Mateo que acabamos de escuchar. Esta celebración nos invita a reflexionar sobre la crueldad del rey Herodes y el martirio de los niños inocentes, al mismo tiempo que renovamos nuestro compromiso de proteger la vida y la dignidad de cada ser humano. El Evangelio nos relata cómo Herodes, al sentirse amenazado por el nacimiento de un nuevo «rey de los judíos», ordena la matanza de todos los niños menores de dos años en Belén y sus alrededores. Este acto de crueldad y desesperación muestra hasta dónde puede llegar el abuso de poder y el miedo a perder el control. En nuestra reflexión, estamos llamados a rechazar cualquier forma de violencia y opresión que atente contra a toda persona humana. Estamos llamados a ser siempre constructores de relaciones sanas y siempre en favor de la vida y de la vida en toda su plenitud. Antes de que ocurra la matanza, un ángel del Señor se aparece en sueños a José, advirtiéndole que lleve al niño y a su madre a Egipto para salvarlos de Herodes. Esta intervención divina nos recuerda que Dios siempre cuida y protege a los suyos, incluso en medio de las adversidades. Para nosotros, es un llamado a confiar en la providencia de Dios y a buscar su guía en momentos de peligro y dificultad. Los niños de Belén, que fueron víctimas de la brutalidad de Herodes, son recordados como los primeros mártires de la Iglesia. Aunque no comprendieron ni eligieron su destino, sus vidas fueron arrebatadas a causa de Cristo. Este martirio nos desafía a valorar y proteger la vida de los más inocentes y vulnerables, y a comprometernos en la defensa de los derechos humanos y la dignidad de cada persona. El lamento de las madres de Belén, evocadas en la profecía de Jeremías: «Un grito se oye en Ramá, llanto y gran lamentación; es Raquel que llora por sus hijos y no quiere ser consolada, porque ya no existen», nos invita a desarrollar un corazón compasivo y solidario. Estamos llamados a estar cerca de aquellos que sufren, a consolar a los afligidos y a trabajar por un mundo más justo y misericordioso. Queridos hermanos y hermanas, en esta Fiesta de los Santos Inocentes, renovemos nuestro compromiso de proteger y defender la vida de los más vulnerables entre nosotros. Que aprendamos a rechazar la violencia y la injusticia, a confiar en la protección divina y a ser instrumentos de compasión y solidaridad de justicia y paz en nuestro mundo. Que el recuerdo de los Santos Inocentes nos inspire a ser defensores incansables de la vida y la dignidad de cada ser humano. Que Dios me ayude y que Dios te ayude hoy y siempre. Amén. – Hno. Mauricio Silva dos Anjos – Hermano Menor Capuchino de Chile.

HOMILIA PARA LA EUCARISTÍA DEL DOMINGO 29 DE DICIEMBRE DE 2024.

SAGRADA FAMILIA.

1Samuel 1, 20-22.24-28; Ana reconoce que el hijo que tuvo es puro don de Dios y a Él se lo consagra.

1Juan 3,1-2.20-24: Por amor de Dios nosotros tenemos una condición y vida nueva en desarrollo. Se describe la nueva relación que se estableció con Dios.

Lucas 2, 41-52: Jesús perdido en el templo. Todo es un símbolo. Jesús vivió sujeto a sus padres.

1.- A la luz de la Palabra nos damos cuenta qué es un hijo.
Ana, la estéril, reconoce que el hijo que tuvo fue un don de Dios; por eso va al Templo y allí consagra su hijo al Señor.
José y María también van al templo para cumplir con sus deberes religiosos y allí se percatan que el Hijo que tienen es más de Dios que de ellos mismo. Es que, en verdad, los hijos no son propiedad privada de nadie, sino u regalo de Dios que se debe cuidar.
Ya en la noche de navidad Isaías proclamaba: “Un Niño nos ha nacido, un Hijo se nos ha dado”. Sí, Jesús es el don más precioso que Dios regaló al mundo. Sí, bien podemos decir que Jesús es el Hijo por excelencia, don de Dios al mundo y por Él todos nosotros somos “Miembros de la familia de Dios” (1Pedro 2,9), ya que hemos llegado ser hijos y herederos de Dios por medio de Cristo (cfr. Gálatas 4,7).

2.- Y en la carta de Juan se nos dice claramente lo que nosotros, gracias al amor que Dios nos tiene, tenemos una condición y vida nueva, pero en desarrollo.
Con la Encarnación Dios, en Jesús, pasó a formar parte de la familia humana, pero al mismo tiempo nosotros pasamos a formar parte de la Familia de Dios, porque esa es la verdad: Dios es Familia Divina, es Padre, es Hijo y es Espíritu Santo. Y a esta divina familia pasamos a formar parte, aunque en desarrollo, es decir, todavía no se manifiesta en plenitud lo que somos.

3.- En el mundo en que vivimos tambalea la familia, que es casa y escuela de Comunión, como diría san Juan Pablo II. Hace rato que se echan hijos al mundo, pero a una sociedad tecnificada, sin Dios, ni familia. Es una sociedad deshumanizada. En un contexto terriblemente individualista y hostil es preciso crear un clima que favorezca el desarrollo integral de la persona, del ser humano.
Si la Familia es casa y escuela de comunión, almácigo de una humanidad madura y equilibrada, no aniquilemos a la familia, no reemplacemos al hijo por una mascota. Los hijos no son una carga, sino un don, un regalo del Señor. Y si es un don, es preciso valorarlo, cuidarlo, educarlo.
Y la sociedad debe favorecer y cuidar a la familia con una legislación adecuada.

4.- El relato del evangelio es todo un lenguaje profético. Lo que sucede con Jesús Niño en Jerusalén es un anticipo de la muerte de Cristo. Dice Lucas que fueron al Templo por Pascua; y fue por Pascua cuando Él fue apresado y ajusticiado. Jesús se pierde durante tres días en el Templo. Y después de tres días Él venció al pecado y a la muerte con su resurrección. Dice Lucas que luego que fue hallado vivió sometido a sus padres, del mismo modo que vivió toda su vida haciendo la Voluntad de su Padre.
El Misterio de la Sagrada Familia contiene un gran mensaje para el hombre de hoy: cómo formar, educar al hombre de hoy. La Familia de Nazaret nos enseña que toda familia es una comunidad de amor. En ella aprendemos a amar, a ser personas humanas.
Somos miembros de la Familia de Dios. Nos hemos desarrollado y crecido en el seno de nuestra familia humana y esperamos formar parte un día de la Familia de Dios.
Valoremos lo que tenemos. Hoy aquí, como Familia de Dios nos reunimos en torno al altar para alimentar nuestra comunión como hermanos.
Hno. Pastor.