Autor: Patricio Osiadacz
Mensaje del Hno. Mauricio Silva Dos Anjos, Delegado Provincial de los Hermanos Capuchinos en Chile, en ocasión de la Fiesta de los 800 años de los estigmas de San Francisco de Asís

Don de los estigmas de San Francisco de Asís:
del Tú de Dios al tú de cada hermano.
El amante se convierte en el amado.
Mis hermanos de la Delegación San Francisco de Asís de Chile, mis Hermanas Clarisas Capuchinas del monasterio de la Santísima Trinidad de Santiago y del Monasterio Santa Clara de Pucón, mis hermanos y hermanas, laicos y laicas capuchinos y de la Orden tercera, al pueblo de Dios simpatizante con nuestro carisma franciscano, deseo qué ¡El Señor te dé la Paz!
Nosotros como Familia Franciscana, en este mes de septiembre, volvemos nuestra mirada al Monte Alverne, también conocido por «Calvario Franciscano», lugar geográfico y espiritual donde el Padre Seráfico San Francisco, «dos años antes de su muerte» (1Cel 94), después de un intenso itinerario en la búsqueda de la conformidad con Cristo, llegó «a la cumbre de la perfección del Evangelio» (LM 13,10), cuando se le imprimieron «en las manos y los pies las señales de los clavos, iguales en todo a lo que antes había visto en la imagen del serafín crucificado» (LM 13,3).
Hoy, 17 de septiembre, celebramos el octavo centenario de la estigmatización de San Francisco de Asís. Sabemos cuánto el misterio de la cruz fue decisivo y marcó la totalidad de la vida de san Francisco de Asís. La emblemática cruz del sueño de Espoleto (LM 1,3), que en el Crucificado de San Damián (2Cel 10; LTC 13; LM 1,5) adquiere un rostro definido, se convierte en mandato de la Palabra del Señor después de comprender el Evangelio en la iglesia de la Porciúncula (1Cel 22). Por eso, la estigmatización de san Francisco de Asís en el Monte Alverne no puede ser considerada como un hecho aislado y/o extraordinario, o reducido tan solo a la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz en septiembre de 1224. La contemplación de la presencia de san Francisco en el monte Alverne para la cuaresma de san Miguel, dentro de la cual se produce la estigmatización, debe ser entendida a partir de la lógica del Evangelio del seguimiento de nuestro Señor Jesucristo, principio de la vida y de la vocación franciscana: «Si alguien quiere venir tras de mí, renuncie a sí mismo, tome su cruz y sígame» (cf. AP 11; LM 3,3).
EDD. martes 17 de septiembre de 2024.
Primera Lectura
Lectura de la primera carta del apóstol Pablo a los Corintios (12,12-14.27-31a):
Lo mismo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, a pesar de ser muchos, son un solo cuerpo, así es también Cristo. Todos nosotros, judíos y griegos, esclavos y libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu. El cuerpo tiene muchos miembros, no uno solo. Pues bien, vosotros sois el cuerpo de Cristo, y cada uno es un miembro. Y Dios os ha distribuido en la Iglesia: en el primer puesto los apóstoles, en el segundo los profetas, en el tercero los maestros, después vienen los milagros, luego el don de curar, la beneficencia, el gobierno, la diversidad de lenguas, el don de interpretarlas. ¿Acaso son todos apóstoles? ¿O todos son profetas? ¿O todos maestros? ¿O hacen todos milagros? ¿Tienen todos don para curar? ¿Hablan todos en lenguas o todos las interpretan? Ambicionad los carismas mejores.
Palabra de Dios
Salmo
Sal 99
R/. Somos un pueblo y ovejas de su rebaño
Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con alegría,
entrad en su presencia con vítores. R/.
Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño. R/.
Entrad por sus puertas con acción de gracias,
por sus atrios con himnos,
dándole gracias y bendiciendo su nombre. R/.
«El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades.» R/.
Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Lucas (7,11-17):
En aquel tiempo, iba Jesús camino de una ciudad llamada Naín, e iban con él sus discípulos y mucho gentío. Cuando se acercaba a la entrada de la ciudad, resultó que sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de su madre, que era viuda; y un gentío considerable de la ciudad la acompañaba.
Al verla el Señor, le dio lástima y le dijo: «No llores.»
Se acercó al ataúd, lo tocó (los que lo llevaban se pararon) y dijo: «¡Muchacho, a ti te lo digo, levántate!»
El muerto se incorporó y empezó a hablar, y Jesús se lo entregó a su madre. Todos, sobrecogidos, daban gloria a Dios, diciendo: «Un gran Profeta ha surgido entre nosotros. Dios ha visitado a su pueblo.» La noticia del hecho se divulgó por toda la comarca y por Judea entera.
Palabra del Señor
REFLEXIÓN
La viuda de Naín: este pasaje solo se encuentra en Lucas. Pasaje que expresa el dolor y la angustia de una madre viuda ante la pérdida de su único hijo. Ante este hecho Jesús reacciona con la compasión (“al verla se compadeció de ella”). Pero es una compasión que va acompañada de gestos concretos: “no llores, acercándose al ataúd lo tocó, dijo “muchacho, a ti te lo digo: levántate”, lo entregó a su madre”. No es una compasión sensiblera, sino una compasión cargada de humanidad y de bondad; una compasión que nace un corazón lleno de amor hacia los demás y que busca por todos los medios el bienestar de los otros. El Papa dice: “La misericordia es un camino que va del corazón a las manos, hacia las obras de misericordia”.
¡Cuántas veces leemos en el evangelio que Jesús se compadece de los que sufren y les alivia con sus palabras, sus gestos y sus milagros! Por eso Jesús es modelo de compasión porque nadie como Él sintonizó tan bien con el dolor y el sufrimiento ajeno e intentó solucionarlo. De ahí que la reacción de la gente ante el prodigio es la justa: «un gran profeta ha surgido entre nosotros: Dios ha visitado a su pueblo».
La compasión de Jesús es nuestra SALVACIÓN hoy. Por eso Jesús Resucitado sigue hoy aliviando a los que sufren y resucitando a los muertos. Lo hace a través de su Palabra poderosa y de sus Sacramentos de gracia. Dios nos tiene destinados a la vida y Cristo Jesús nos quiere comunicar continuamente esta vida suya. El sacramento de la Reconciliación, ¿no es la aplicación actual de las palabras de Jesús, «joven, a ti te lo digo, levántate»? La Unción de los enfermos, ¿no es Cristo Jesús que se acerca al que sufre, y le da el alivio y la fuerza de su Espíritu? La Eucaristía, en la que recibimos su Cuerpo y Sangre, ¿no es garantía de resurrección, como él nos prometió: «el que me coma vivirá por mí, como yo vivo por el Padre»?
El pasaje de la resurrección del hijo de la viuda de Naín nos interpela también a nosotros. Si Jesús es inmensamente compasivo con nosotros, nosotros no podemos pasar indiferentes ante el dolor y el sufrimiento ajeno, sino que hemos de actuar con los demás como lo hizo Jesús. Cuando nos encontramos con personas que sufren -porque están solitarias, enfermas o de alguna manera muertas, y no han tenido suerte en la vida- ¿cuál es nuestra reacción: la de los que pasaron de largo ante el que había sido víctima de los bandidos, o la del samaritano que le atendió? Aquella fue una parábola que contó Jesús. Lo de hoy no es una parábola: es “su” actitud ante un hecho concreto.
Si actuamos como Jesús ante el dolor ajeno, acercándonos, aliviando y repartiendo esperanza, por ejemplo a los jóvenes («joven, levántate»), entonces también nosotros somos “salvación para los otros” y podrá oírse la misma reacción que entonces: «en verdad, Dios ha visitado a su pueblo».
La caridad nos hace ser signos visibles de Jesús porque es el mejor lenguaje del Evangelio, el lenguaje que todos entendemos.
Vuestro hermano en la fe
José Luis Latorre
Misionero Claretiano.
Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/
EDD. lunes 16 de septiembre de 2024.
Primera Lectura
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (11,17-26.33):
Al recomendaros esto, no puedo aprobar que vuestras reuniones causen más daño que provecho. En primer lugar, he oído que cuando se reúne vuestra Iglesia os dividís en bandos; y en parte lo creo, porque hasta partidos tiene que haber entre vosotros, para que se vea quiénes resisten a la prueba. Así, cuando os reunís en comunidad, os resulta imposible comer la cena del Señor, pues cada uno se adelanta a comerse su propia cena y, mientras uno pasa hambre, el otro está borracho. ¿No tenéis casas donde comer y beber? ¿O tenéis en tan poco a la Iglesia de Dios que humilláis a los pobres? ¿Qué queréis que os diga? ¿Que os apruebe? En esto no os apruebo. Porque yo he recibido una tradición, que procede del Señor y que a mi vez os he transmitido:
Que el Señor Jesús, en la noche en que iban a entregarlo, tomó pan y, pronunciando la acción de gracias, lo partió y dijo: «Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros. Haced esto en memoria mía.» Lo mismo hizo con el cáliz, después de cenar, diciendo: «Este cáliz es la nueva alianza sellada con mi sangre; haced esto cada vez que lo bebáis, en memoria mía.» Por eso, cada vez que coméis de este pan y bebéis del cáliz, proclamáis la muerte del Señor, hasta que vuelva. Así que, hermanos míos, cuando os reunís para comer, esperaos unos a otros.
Palabra de Dios
Salmo
Sal 39,7-8a.8b-9.10.17
R/. Proclamad la muerte del Señor,
hasta que vuelva
Tú no quieres sacrificios ni ofrendas,
y, en cambio, me abriste el oído;
no pides sacrificio expiatorio,
entonces yo digo: «Aquí estoy.» R/.
«Como está escrito en mi libro
para hacer tu voluntad.»
Dios mío, lo quiero,
y llevo tu ley en las entrañas. R/.
He proclamado tu salvación
ante la gran asamblea;
no he cerrado los labios:
Señor, tú lo sabes. R/.
Alégrense y gocen contigo
todos los que te buscan;
digan siempre: «Grande es el Señor»
los que desean tu salvación. R/.
Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Lucas (7,1-10):
En aquel tiempo, cuando terminó Jesús de hablar a la gente, entró en Cafarnaún. Un centurión tenía enfermo, a punto de morir, a un criado a quien estimaba mucho. Al oír hablar de Jesús, le envió unos ancianos de los judíos, para rogarle que fuera a curar a su criado. Ellos, presentándose a Jesús, le rogaban encarecidamente: «Merece que se lo concedas, porque tiene afecto a nuestro pueblo y nos ha construido la sinagoga.»
Jesús se fue con ellos. No estaba lejos de la casa, cuando el centurión le envió unos amigos a decirle: «Señor, no te molestes; no soy yo quién para que entres bajo mi techo; por eso tampoco me creí digno de venir personalmente. Dilo de palabra, y mi criado quedará sano. Porque yo también vivo bajo disciplina y tengo soldados a mis órdenes, y le digo a uno: «Ve», y va; al otro: «Ven», y viene; y a mi criado: «Haz esto», y lo hace.»
Al oír esto, Jesús se admiró de él y, volviéndose a la gente que lo seguía, dijo: «Os digo que ni en Israel he encontrado tanta fe.» Y al volver a casa, los enviados encontraron al siervo sano.
Palabra del Señor
REFLEXIÓN
Lucas nos presenta hoy la figura de un centurión romano especial, porque se preocupa mucho por su criado; un centurión a quien le interesa mucho la situación de los menos afortunados. Un centurión que manifiesta dos actitudes humana necesarias para que Dios actúe en nosotros: la humildad y la fe.
Así como un foco necesita de la electricidad para encender y un motor de combustión necesita de la gasolina para funcionar, así la gracia de Dios necesita ser alimentada por nuestra fe para poder obrar milagros y maravillas.
Humildad: “No soy digno de que entres bajo mi techo”. El centurión habría sido un oficial de alto rango en el ejército romano, muy consciente del poder. Pero este poder no le había corrompido, al contrario le había aportado una conciencia de los demás y una humildad para servirles. Humildad, porque siendo centurión y romano, que tenían en ese tiempo al pueblo judío dominado, no le ordenó a Jesús como si fuera un igual o una persona de menor rango.
Todo lo contrario. Se humilló delante de Él y despojándose de su condición de dominador de las gentes, reconoció su condición de hombre necesitado de Él.
Fe: “Dilo de palabra y mi criado quedará sano”. El centurión expresa una fe sincera, una confianza y una seguridad de que sucederá. Una fe que no solo se compadece, sino que va a buscar una solución; una fe que es un empeño decidido en ayudar al pobre criado, de forma que el mismo Señor se maravilla de su fe. El centurión confía plenamente en Jesús. Fe, porque el centurión creyó con todo su corazón que Jesús podía curar a su siervo. No dudó del poder de Jesús en su corazón. Porque de otra manera no hubiera podido arrancar de su Divina misericordia esta gracia.
Por eso la fe y la humildad es la combinación perfecta para que Dios otorgue sus más hermosas gracias a la gente que se las pide.
En la Eucaristía decimos la oración del centurión antes de recibir la Comunión: “Señor, no soy digno de que entres en mi casa, mas di una palabra y mi alma quedará sana”. Esta oración expresa la imperfección ante Jesús y la fe, la humildad y la confianza en la gracia sanadora de Jesús que en cada Comunión nos cura –nos sana- como curó al criado del centurión. ¡Qué importante esta conciencia de que solo Jesús nos sana, nos libera, nos purifica, nos santifica! Ya decía Pablo: “Por la gracia de Dios soy lo que soy”. Y San Juan: “Sin Mí no podéis hacer nada”.
Vuestro hermano
José Luis Latorre
Misionero Claretiano.
Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/
EDD. domingo 15 de septiembre de 2024
Primera Lectura
Lectura del libro del Eclesiástico (27,33–28,9):
Furor y cólera son odiosos; el pecador los posee. Del vengativo se vengará el Señor y llevará estrecha cuenta de sus culpas. Perdona la ofensa a tu prójimo, y se te perdonarán los pecados cuando lo pidas. ¿Cómo puede un hombre guardar rencor a otro y pedir la salud al Señor? No tiene compasión de su semejante, ¿y pide perdón de sus pecados? Si él, que es carne, conserva la ira, ¿quién expiará por sus pecados? Piensa en tu fin, y cesa en tu enojo; en la muerte y corrupción, y guarda los mandamientos. Recuerda los mandamientos, y no te enojes con tu prójimo; la alianza del Señor, y perdona el error.
Palabra de Dios
Salmo
Sal 102,1-2.3-4.9-10.11-12
R/. El Señor es compasivo y misericordioso,
lento a la ira y rico en clemencia
Bendice, alma mía, al Señor,
y todo mi ser a su santo nombre.
Bendice, alma mía, al Señor,
y no olvides sus beneficios. R/.
Él perdona todas tus culpas
y cura todas tus enfermedades;
él rescata tu vida de la fosa
y te colma de gracia y de ternura. R/.
No está siempre acusando
ni guarda rencor perpetuo;
no nos trata como merecen nuestros pecados
ni nos paga según nuestras culpas. R/.
Como se levanta el cielo sobre la tierra,
se levanta su bondad sobre sus fieles;
como dista el oriente del ocaso,
así aleja de nosotros nuestros delitos. R/.
Segunda Lectura
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (14,7-9):
Ninguno de nosotros vive para sí mismo y ninguno muere para sí mismo. Si vivimos, vivimos para el Señor; si morimos, morimos para el Señor; en la vida y en la muerte somos del Señor. Para esto murió y resucitó Cristo: para ser Señor de vivos y muertos.
Palabra de Dios
Evangelio de hoy
Lectura del santo evangelio según san Mateo (18,21-35):
En aquel tiempo, se adelantó Pedro y preguntó a Jesús: «Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces le tengo que perdonar? ¿Hasta siete veces?»
Jesús le contesta: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Y a propósito de esto, el reino de los cielos se parece a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus empleados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así. El empleado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo: «Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré todo.» El señor tuvo lástima de aquel empleado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda. Pero, al salir, el empleado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba, diciendo:
«Págame lo que me debes.» El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba, diciendo: «Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré.» Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía. Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo: «¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo pediste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?» Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda. Lo mismo hará con vosotros mi Padre del cielo, si cada cual no perdona de corazón a su hermano.»
Palabra del Señor
REFLEXIÓN
Después de una lectura reposada del Evangelio de hoy, he sentido la necesidad de mirar para adentro de mí mismo y fijarme con calma en con quiénes me sentía yo distanciado u ofendido, herido, incómodo, molesto… y por qué. Y había más nombres de lo que a primera vista se me habría ocurrido pensar. He preferido centrarme en cuándo me había sentido últimamente ofendido, por quién y qué efectos y reacciones había producía esa situación en mí. Unas habían tenido un final «feliz», pero otras… ahí seguían enquistadas.
Sé de sobra que buena parte de los conflictos, incomprensiones, enfados y malos rollos que ocurren en medio de la convivencia cotidiana se deben a falta de comprensión (ponerse en la situación del otro) y de comunicación.
En algunas ocasiones me he sentido juzgado y sentenciado, sin que me preguntaran nada, sin intentar aclarar sus impresiones. Lo tenían claro y ya está. (Supongo que a mí me habrá pasado los mismo). Me sentí mal al pensar que no tenían mucho interés en dialogar y quizás comprender mis razones y sentimientos: la «sentencia» estaba ya puesta. Y tampoco partió de mí la iniciativa de dar alguna explicación. No tuve fuerzas.
Otras veces la tensión y las mañas palabras, y el dejarme a un lado, pasando de mí… Fue la consecuencia de que alguna de mis decisiones, opiniones o comportamientos no eran compartido, no estaban de acuerdo conmigo. Es verdad que los de mi tierra (los aragoneses) decimos que «siempre tenemos razón»… pero también es cierto que los de mi tierra y los de todas las tierras no hemos nacido sabiendo buscar puntos algún punto de acuerdo, o el procurar tomarnos un respiro para considerar los puntos de vista del otro con ánimo más sereno…
Cuando más duele es al sentirnos defraudados por aquellos que más te importan, de quienes esperabas un apoyo, un detalle, una llamada, un gesto… Y resultó que no. Esperábamos de ellos otra cosa. Debieran saber que… podían imaginar que… lo lógico era que… Pero resultó que no.
• Cuando ocurren estas situaciones, una primera tentación/reacción es el aislamiento. Se mete uno en su torre y echa los siete candados. Como si te dijeras por dentro: – Pues no quiero saber nada de ellos, no vuelvo a contar con ellos, no vuelvo a abrir la boca, que luego no me vengan a pedirme que…
• Una segunda tentación tiene que ver con rebuscar en el baúl de los recuerdos razones para el reprochar y el enfadarse. Tiramos de sus errores, defectos y limitaciones como para decirnos por dentro (y tal vez hasta lo soltemos hacia afuera): ¡Pues anda que tú!…
• Una tercera tentación es la violencia o agresividad. Uno se muestra maleducado, irónico, borde o distante, malhablado… y se enroca y ataca, y hiere, y exagera… Por otro lado, no es raro que ese malestar interior lo paguen otros que nada tienen que ver con el asunto.
El resultado de todo ello es… que te vas sintiendo cada vez peor. Y se encuentra uno con el pasaje evangélico de hoy… y toca poner en marcha la dinámica del perdón. No es nada fácil. Pero no hay alternativa.

§ Pedir perdón puede significar que reconoces tu error, reconocerse limitado, de barro, y querer confiar de nuevo en el otro…
aunque sin saber cómo reaccionará cuando me acerque humildemente. Lo mismo no quiere. El perdón es una decisión personal, pero reconciliarse es cosa de dos. Puede suponer reconocer que el otro tenía razón. Pero no siempre. Porque quizá yo tuviera razón (o parte de razón), aunque mis «modos» de expresarme no fueron los adecuados.
§ Pedir perdón no significa decir que «lo que me has hecho no tiene ninguna importancia».
Pedir perdón no quiere decir que automáticamente se cierren las heridas, que aquí no ha pasado nada y que ya está todo aclarado y ya eres de nuevo mi hermano del alma. Algunas veces se necesita algo de tiempo, puede que mucho. No por echar agua oxigenada en una herida, ésta se cura de golpe. Las cicatrices exigen paciencia y cuidados. Tal vez las cosas nunca vuelvan a ser como antes. Es posible que los problemas sigan ahí. Pero no por eso hay que pensar que el perdón sea falso o incompleto.
§ Pedir perdón, según las lecturas de hoy, significa negarse a que los comportamientos de los demás provoquen en mí actitudes y comportamientos que me hacen daño. Porque entonces me han vencido. No les voy a devolver «lo que se merecen». No.
Pedir perdón no es un acto de debilidad o de rendición, sino un acto de fuerza. Porque me enfrento con todo aquello que quiero arrancar de mí, y porque decido tratar a los otros de manera nueva, constructiva, diferente a como he sentido yo tratado.
§ Y sobre todo pedir perdón es la consecuencia de haber experimentado yo mismo el perdón. Es decir, verme acogido y querido a pesar de mis errores y limitaciones, y dejándome la posibilidad de que cambie lo que sea, si es que soy capaz.
Esto es algo que nos hace experimentar Dios cada vez que somos sinceros con nosotros mismos, y como un pobre, sin poderlo exigir, solicitamos a Dios que espere, que ya cambiaremos, que nos hemos propuesto ser mejores… y él nos dice: ¡Deuda cancelada! ¡Se acabó! Empieza de nuevo y no te acuerdes más de todo eso que tanto de duele y avergüenza. Y por eso mismo nos vemos capaces de hacerlo experimentar a otros. El perdón se convierte en una dinámica contagiosa cuando nosotros procuramos acoger, comprender y acompañar al otro a pesar de todo… simplemente porque lo queremos y es nuestro hermano. Y porque lo han hecho también conmigo.
§ Seguramente nos falta experimentar con más frecuencia el perdón de Dios, para sentirnos con más necesidad de perdonar. Los fariseos eran tan perfectos y autoexigentes que eran incapaces de compasión y misericordia. Don Perfecto siempre machaca a los Imperfectos. Y don Perfecto siempre está cegato, porque Perfecto sólo es Dios. Y esa perfección le hace misericordioso.
Tal vez debiéramos procurar repartir generosamente nuestro perdón, para que nos sintamos más reconciliados e instrumentos de reconciliación y de paz. El mundo necesita perdón, reconciliación, encuentro, diálogo. Y los discípulos de Jesús debemos hacerlo más que nadie. Empezando por la propia familia, que a veces es lo más difícil.
Enrique Martínez de la Lama-Noriega, cmf
Imagen José María Morillo
Fuente : https://www.ciudadredonda.org/events/lectura-del-xxiv-domingo-del-tiempo-ordinario/
Homilía para la Eucaristía del domingo 15 de septiembre de 2024
DOMINGO XXIV AÑO. CICLO B.
Isaías 5,5-9: Un Poema del Servidor sufriente de Dios; este Servidor es fiel oyente de la Palabra que luego tiene que proclamar.
Santiago 2,14-18: El cristiano ha de ser un personaje de fe viva por las obras de misericordia. Fe y Obras son un don de Dios.
Marcos 8,27-35: Se nos presentan tres aspectos: Jesús es el Mesías. Él es el que viene a cumplir la Voluntad de Dios. Se propone la condición básica para ser discípulo: el despojo total de sí mismo.
1.- Todo creyente es un Servidor del Señor y también un Discípulo del Señor. Servidor, porque ha de hacer lo que su Señor manda. Un discípulo, porque ha de vivir lo que escucha y aprende de su Señor.
En este caso, el Pueblo de Israel, Pueblo de Dios, fue un Servidor del Señor. Y es lo que retrata el Poema de Isaías. Un Servidor, un Pueblo que al cumplir la Voluntad de Dios tuvo que sufrir mucho.
Este Israel-Servidor es la suma de muchos individuos que tuvieron que sufrir por su fidelidad al Señor. Y el principal Servidor es Jesús, quien vino a proclamar el Reino de Dios.
Nosotros, como Pedro, vemos en Jesús al Mesías, que fue rechazado, marginado, pero aceptado por su Padre Dios. Él es quien viene a traernos el mensaje de salvación. Y los que lo aceptan pasan a formar parte del grupo de los servidores de Dios, sus discípulos.
2.- Pero se supone que un discípulo es, a la vez, uno que se deja enseñar por el Señor y vive, pone en práctica, lo que aprende de Él.
Sólo quien pone en práctica lo que aprende de Él, lo que aprende del Señor, es un verdadero discípulo, un verdadero cristiano.
El lugar que corresponde a un seguidor es ir detrás de…no delante de,,, Esa es la imagen que utiliza la Sagrada Escritura para indicar cómo seguir al Señor.
Ser discípulo es estar dispuesto a correr la suerte de su Maestro, quien fue rechazado, condenado y ejecutado. Y esto cuesta entenderlo, como le costó a Pedro y a sus compañeros entenderlo.
3.- Pero yo me pregunto, ¿entendemos nosotros a Jesús? ¿Acaso nosotros no somos también un estorbo = satán, para que el Señor sea aceptado y seguido por otros?
Ya sabemos que el mundo no está ni ahí con el mensaje de Jesús; y esto es comprensible, ya que, como le dijo Jesús a Pedro, y también al mundo: “tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres”. En verdad el mundo está en otra y no sabe lo que busca. Pero si nos dejamos contagiar por la mundanidad igual tendremos un pensamiento puramente humano y no como el de Dios.
4.- En cambio nosotros sabemos a quién seguimos: a Jesús, el Mesías. Sabemos que su camino, su mentalidad, es distinta a la nuestra.
Por eso el Señor nos pide que debemos despojarnos, más que de las cosas, de nosotros mismos, de nuestro modo de pensar y ponernos en sintonía con Dios.
Hemos de conformarnos con ir en pos de Él y no delante de Él. Eso quiere el mundo. Por eso el Señor nos dice también a nosotros: “Vade retro” = ponte detrás de Mí.
Ese es nuestro verdadero sacrificio: renovarnos en nuestra mente y ser una ofrenda agradable al Padre, en unión con Cristo.(cfr. Romanos 12,1-2).
Esto se nos pide para que seamos verdaderos discípulos del Señor.
Hno. Pastor Salvo.
EDD. viernes 13 de septiembre de 2024
Primera Lectura
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (9,16-19.22b-27):
El hecho de predicar no es para mí motivo de orgullo. No tengo más remedio y, ¡ay de mí si no anuncio el Evangelio! Si yo lo hiciera por mi propio gusto, eso mismo sería mi paga. Pero, si lo hago a pesar mío, es que me han encargado este oficio. Entonces, ¿cuál es la paga? Precisamente dar a conocer el Evangelio, anunciándolo de balde, sin usar el derecho que me da la predicación del Evangelio. Porque, siendo libre como soy, me he hecho esclavo de todos para ganar a los más posibles. Me he hecho todo a todos, para ganar, sea como sea, a algunos. Y hago todo esto por el Evangelio, para participar yo también de sus bienes. Ya sabéis que en el estadio todos los corredores cubren la carrera, aunque uno solo se lleva el premio. Corred así: para ganar. Pero un atleta se impone toda clase de privaciones. Ellos para ganar una corona que se marchita; nosotros, en cambio, una que no se marchita. Por eso corro yo, pero no al azar; boxeo, pero no contra el aire; mis golpes van a mi cuerpo y lo tengo a mi servicio, no sea que, después de predicar a los otros, me descalifiquen a mí.
Palabra de Dios
Salmo
Sal 83,3.4.5-6.12
R/. ¡Qué deseables son tus moradas, Señor de los ejércitos!
Mi alma se consume y anhela
los atrios del Señor,
mi corazón y mi carne
retozan por el Dios vivo. R/.
Hasta el gorrión ha encontrado una casa;
la golondrina, un nido donde colocar sus polluelos:
tus altares, Señor de los ejércitos,
Rey mío y Dios mío. R/.
Dichosos los que viven en tu casa,
alabándote siempre.
Dichosos los que encuentran en ti su fuerza
al preparar su peregrinación. R/.
Porque el Señor es sol y escudo,
él da la gracia y la gloria;
el Señor no niega sus bienes
a los de conducta intachable. R/.
Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Lucas (6,39-42):
En aquel tiempo, dijo Jesús a los discípulos una parábola: «¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en el hoyo? Un discípulo no es más que su maestro, si bien, cuando termine su aprendizaje, será como su maestro. ¿Por qué te fijas en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo? ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: «Hermano, déjame que te saque la mota del ojo,» sin fijarte en la viga que llevas en el tuyo? ¡Hipócrita! Sácate primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la mota del ojo de tu hermano.»
Palabra del Señor
REFLEXIÓN
Predicar, anunciar el Evangelio, hablar de tu experiencia de fe, de lo que has vivido…es la tarea que todo cristiano debe realizar y que san Pablo, en su desahogo de hoy, cuenta a su querida comunidad de Corinto: “El hecho de predicar no es para mí motivo de orgullo. No tengo más remedio y, ¡ay de mí si no anuncio el Evangelio!”
Precisamente, celebramos hoy a un santo, san Juan Crisóstomo, cuyo nombre “Crisóstomo” significa algo así como “boca de oro”, pues fue un gran predicador y por eso es el patrón de los predicadores, aparte de haber sido un pastor solidario, protector de los pobres, mujeres y familias de la Constantinopla del siglo IV.
A lo largo de la historia de la Iglesia, no han faltado hombres y mujeres llenos de celo y de fe por anunciar el Evangelio. Quizá a los creyentes de ahora nos falte un poco de este empuje, o ánimo para hablar de Jesús y de nuestra fe.
Me da la sensación de que estamos un poco dormidos y necesitamos apartar los prejuicios que nos impiden que lo religioso y espiritual sea un tema que se pueda hablar en nuestros diálogos con otros.
“Un ciego no puede guiar a otro ciego”, nos dice Jesús hoy. Qué bien trabajan los perros guía que conducen a los invidentes por nuestras ciudades ayudándoles a subir al autobús, a cruzar un semáforo…; algunos de estos invidentes que conozco me dicen que no podrían hacer casi nada de lo que hacen sin estos fieles e incondicionales acompañantes.
Necesitamos guías en la fe, ser guiados. Necesitamos guiar a otros en la fe. No estamos solos. Todos tenemos que aprender y todos tenemos algo que enseñar. Interactuemos unos con otros.
Vuestro hermano en la fe:
Juan Lozano, cmf.
EDD. jueves 12 de septiembre de 2024.
Primera Lectura
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (8,1b-7.11-13):
El conocimiento engríe, lo constructivo es el amor. Quien se figura haber terminado de conocer algo, aún no ha empezado a conocer como es debido. En cambio, al que ama a Dios, Dios lo reconoce. Vengamos a eso de comer de lo sacrificado. Sabemos que en el mundo real un ídolo no es nada, y que Dios no hay más que uno; pues, aunque hay los llamados dioses en el cielo y en la tierra –y son numerosos los dioses y numerosos los señores–, para nosotros no hay más que un Dios, el Padre, de quien procede el universo y a quien estamos destinados nosotros, y un solo Señor, Jesucristo, por quien existe el universo y por quien existimos nosotros. Sin embargo, no todos tienen ese conocimiento: algunos, acostumbrados a la idolatría hasta hace poco, comen pensando que la carne está consagrada al ídolo y, como su conciencia está insegura, se mancha.
Así, tu conocimiento llevará al desastre al inseguro, a un hermano por quien Cristo murió. Al pecar de esa manera contra los hermanos, turbando su conciencia insegura, pecáis contra Cristo. Por eso, si por cuestión de alimento peligra un hermano mío, nunca volveré a comer carne, para no ponerlo en peligro.
Palabra de Dios
Salmo
Sal 138,1-3.13-14ab.23-24
R/. Guíame, Señor, por el camino eterno
Señor, tú me sondeas y me conoces;
me conoces cuando me siento o me levanto,
de lejos penetras mis pensamientos;
distingues mi camino y mi descanso,
todas mis sendas te son familiares. R/.
Tú has creado mis entrañas,
me has tejido en el seno materno.
Te doy gracias, porque me has escogido portentosamente,
porque son admirables tus obras. R/.
Señor, sondéame y conoce mi corazón,
ponme a prueba y conoce mis sentimientos,
mira si mi camino se desvía,
guíame por el camino eterno. R/.
Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Lucas (6,27-38):
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «A los que me escucháis os digo: Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian, bendecid a los que os maldicen, orad por los que os injurian. Al que te pegue en una mejilla, preséntale la otra; al que te quite la capa, déjale también la túnica. A quien te pide, dale; al que se lleve lo tuyo, no se lo reclames. Tratad a los demás como queréis que ellos os traten. Pues, si amáis sólo a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores aman a los que los aman. Y si hacéis bien sólo a los que os hacen bien, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores lo hacen. Y si prestáis sólo cuando esperáis cobrar, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores prestan a otros pecadores, con intención de cobrárselo.
¡No! Amad a vuestros enemigos, haced el bien y prestad sin esperar nada; tendréis un gran premio y seréis hijos del Altísimo, que es bueno con los malvados y desagradecidos. Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo; no juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados; dad, y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante. La medida que uséis, la usarán con vosotros.»
Palabra del Señor
REFLEXIÓN
A san Pablo, los Corintios le consultan muchas cosas, como venimos observando a lo largo de la lectio continua. Hoy le preguntan sobre los ídolos, pues antes de su conversión muchos asistían a banquetes en honor de dioses paganos donde se comía carne inmolada a estos dioses. Ahora son cristianos y no saben si puede asistir a estos banquetes. San Pablo les va a recordar más adelante que existe un banquete por excelencia que es la Eucaristía, en la que el propio Cristo se ofrece a nosotros con su carne para que tengamos vida en Él.
Sin embargo, aunque también nosotros hoy caemos en la adoración de algunos ídolos, comulgando a veces con sus ideologías y mentalidades, el Evangelio, después de las Bienaventuranzas de ayer, nos recuerda lo esencial de nuestra fe para que no se nos olvide: “amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian, bendecid a los que os maldicen, orad por los que os injurian, al que te pegue en una mejilla, preséntale la otra, al que te quite la capa, déjale también la túnica…”
Total nada, vaya programita de vida para comenzar el curso.
Entre todas las frases de Jesús que hoy meditamos, hay una que me llega muy dentro: “Pues, si amáis sólo a los que os aman, ¿qué mérito tenéis?” Qué razón tiene, pero qué difícil es. Por eso se me ocurre rezar con la última estrofa del salmo 138 de hoy para que el Señor nos ayude a llevarlo a la práctica: “Señor, sondéame y conoce mi corazón, ponme a prueba y conoce mis sentimientos, mira si mi camino se desvía, guíame por el camino eterno”.
Vuestro hermano en la fe:
Juan Lozano, cmf.
Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/
EDD. miércoles 11 de septiembre de 2024
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (7,25-31):
Respecto al celibato no tengo órdenes del Señor, sino que doy mí parecer como hombre de fiar que soy, por la misericordia del Señor. Estimo que es un bien, por la necesidad actual: quiero decir que es un bien vivir así. ¿Estás unido a una mujer? No busques la separación. ¿Estás libre? No busques mujer; aunque, si te casas, no haces mal; y, si una soltera se casa, tampoco hace mal. Pero estos tales sufrirán la tribulación de la carne. Yo respeto vuestras razones. Digo esto, hermanos: que el momento es apremiante. Queda como solución que los que tienen mujer vivan como si no la tuvieran; los que lloran, como si no lloraran; los que están alegres, como si no lo estuvieran; los que compran, como si no poseyeran; los que negocian en el mundo, como si no disfrutaran de él: porque la representación de este mundo se termina.
Palabra de Dios
Salmo
Sal 44,11-12.14-15.16-17
R/. Escucha, hija, mira: inclina el oído
Escucha, hija, mira: inclina el oído,
olvida tu pueblo y la casa paterna;
prendado está el rey de tu belleza:
póstrate ante él, que él es tu Señor. R/.
Ya entra la princesa, bellísima,
vestida de perlas y brocado;
la llevan ante el rey, con séquito de vírgenes,
la siguen sus compañeras. R/.
Las traen entre alegría y algazara,
van entrando en el palacio real.
«A cambio de tus padres, tendrás hijos,
que nombrarás príncipes por toda la tierra.» R/.
Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Lucas (6,20-26):
En aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos hacia sus discípulos, les dijo: «Dichosos los pobres, porque vuestro es el reino de Dios. Dichosos los que ahora tenéis hambre, porque quedaréis saciados. Dichosos los que ahora lloráis, porque reiréis. Dichosos vosotros, cuando os odien los hombres, y os excluyan, y os insulten, y proscriban vuestro nombre como infame, por causa del Hijo del hombre. Alegraos ese día y saltad de gozo, porque vuestra recompensa será grande en el cielo. Eso es lo que hacían vuestros padres con los profetas. Pero, ¡ay de vosotros, los ricos!, porque ya tenéis vuestro consuelo. ¡Ay de vosotros, los que ahora estáis saciados!, porque tendréis hambre. ¡Ay de los que ahora reís!, porque haréis duelo y lloraréis. ¡Ay si todo el mundo habla bien de vosotros! Eso es lo que hacían vuestros padres con los falsos profetas.»
Palabra del Señor
REFLEXIÓN
El fragmento de la carta a los Corintios que vamos siguiendo esta semana, comienza con un conflicto sexual entre ellos. Le consultan a Pablo sobre el mejor estado de vida y, seguramente, habría entre ellos muy diversas posturas respecto al matrimonio. Por un lado, los que serían propensos a seguir las costumbres paganas de unión, por otro los que abogarían por el matrimonio, otros que lo despreciarían y preferirían la condición de solteros o celibato por el Reino, etc. No es uno mejor por estar casado, o soltero o célibe; cada uno tiene una función y una dedicación según su estado de vida, pero todos deben trabajar por el Reino de Dios.
San Pablo prefiere relativizar el tema, no optar preferencialmente por un estado de vida en las relaciones y aconsejar que cada uno, en el estado de vida que elija, se dedique a hacer el bien. El bien que Jesús vuelve a anunciar en las bienaventuranzas, la esencia del mensaje. Lo hace, no lo olvidemos, nada más elegir a los Doce, en lo que los exégetas llaman el “Sermón de la llanura”, en el capítulo seis de san Lucas.
Estas bienaventuranzas de Lucas, a diferencia de las de Mateo, son distintas. En Mateo eran ocho, mientras que aquí son cuatro bienaventuranzas y otras cuatro que podemos llamar malaventuranzas o lamentaciones. En las primeras Jesús llama «felices y dichosos» a cuatro clases de personas: los pobres, los que pasan hambre, los que lloran y los que son perseguidos por causa de su fe. En las segundas, las malaventuranzas, se lamenta y dedica su «ay» a otras cuatro clases de personas: los ricos, los que están saciados, los que ríen y los que son adulados por el mundo. Jesús indica así que los primeros son prioritarios para Dios, precisamente por ser los más necesitados y que nadie atiende. Y lo malaventurados son los que están a la cola en las preferidos de Dios por olvidarse de los anteriores.
Por tanto, seas, soltero, casado, célibe, etc, no te olvides de tus semejantes más necesitados, pues esto es más importante que la condición sexual que vivas. Creo que está muy claro.
Vuestro hermano en la fe:
Juan Lozano, cmf.
Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/