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Autor: Patricio Osiadacz

EDD. lunes 19 de septiembre de 2016

Lunes de la vigésima quinta semana del tiempo ordinario.

http://evangeliodeldia.org/main.php?language=SP&module=readings&localdate=20160919


Libro de los Proverbios 3,27-34.
No niegues un beneficio al que lo necesite, siempre que esté en tus manos hacerlo.
No digas a tu prójimo: «Vuelve después, mañana te daré», si tienes con qué ayudarlo.
No trames el mal contra tu prójimo, mientras vive confiado junto a ti.
No litigues con un hombre sin motivo, si no te ha causado ningún mal.
No envidies al hombre violento ni elijas ninguno de sus caminos.
Porque el hombre perverso es abominable para el Señor, y él reserva su intimidad para los rectos.
La maldición del Señor está en la casa del malvado, pero él bendice la morada de los justos.
El se burla de los insolentes y concede su favor a los humildes.
Salmo 15(14),2-3.4.5.
El que procede rectamente
y practica la justicia;
el que dice la verdad de corazón
y no calumnia con su lengua.
El que no hace mal a su prójimo
ni agravia a su vecino,
el que no estima a quien Dios reprueba
y honra a los que temen al Señor.
El que no se retracta de lo que juró,
aunque salga perjudicado;
el que no presta su dinero a usura
ni acepta soborno contra el inocente.
El que procede así, nunca vacilará.
Evangelio según San Lucas 8,16-18.
Jesús dijo a la gente:
«No se enciende una lámpara para cubrirla con un recipiente o para ponerla debajo de la cama, sino que se la coloca sobre un candelero, para que los que entren vean la luz.
Porque no hay nada oculto que no se descubra algún día, ni nada secreto que no deba ser conocido y divulgado.
Presten atención y oigan bien, porque al que tiene, se le dará, pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que cree tener».
Comentario del Evangelio por  San Cromacio de Aquilea (¿-407), obispo. Homilías sobre el Evangelio de Mateo 5,1.3-4.
“Pon la lámpara sobre el lampadario”.
El Señor llama a sus discípulos “luz del mundo” (Mt 5,14), porque, después de haber sido iluminados por el, que es la luz verdadera y eterna (Jn 1,9), se han convertido ellos mismos en luz que disipa las tinieblas. Porque él mismo es “el Sol de justicia”(Ma 3, 20) el Señor puede también llamar a sus discípulos “luz del mundo”. Es por ellos, como por los rayos resplandecientes, que él vuelque la luz de su conocimiento sobre la tierra entera… Iluminados por ellos, nosotros mismos, de las tinieblas que éramos, somos  nosotros vueltos en luz, como dice San Pablo: “Antes vosotros erais tinieblas, pero ahora sois luz en el Señor, vivid como hijos de la luz” (Ef 5, 8). Y todavía “Vosotros sois hijos de la luz, hijos del día, no lo somos de la noche ni de las tinieblas” (1Ts 5,5). San Juan tiene razón al afirmar en su carta: “Dios es luz” (1,5) “El que está en Dios está en la luz” (1, 7)… También nosotros ya que hemos sido librados de las tinieblas del error, debemos vivir en la luz, como hijos de la luz… Es lo que dice el Apóstol: “En medio de ellos, aparecéis, como lumbreras de luz en el mundo, vosotros que lleváis la palabra de vida (Fl  2,15)…
Esta lámpara resplandeciente, que ha sido encendida para  servir nuestra salvación, debe siempre brillar en nosotros… Esta lámpara de la ley y de la fe, no debemos por tanto ocultarla, sino colocarla siempre en la Iglesia como sobre el lampadario, para la salvación de un gran número, a fin de alegrarnos de la luz de su verdad, y brillar en todos los creyentes.

El Papa convoca a todos el próximo martes, a una ‘Jornada de Oración por la Paz’

Con motivo del encuentro interreligioso en Asis que inicia hoy y el martes contará con la presencia del papa Francisco.
https://es.zenit.org/articles/el-papa-convoca-el-proximo-martes-a-una-jornada-de-oracion-por-la-paz/

El Sacro convento en Asís (Wiki commons - Roberto Ferrari cc)

El Sacro convento en Asís (Wiki commons – Roberto Ferrari cc)

(ZENIT – Ciudad del Vaticano).- El papa Francisco invitó a todos a vivir el último día del encuentro de oración por la paz en Asís, el próximo martes 21, como “una Jornada de oración por la paz. La invitación llega después de que el Santo Padre rezó este domingo desde la ventana de su estudio en el Palacio Apostólico, la oración del ángelus ante la plaza de San Pedro, donde miles de peregrinos y fieles le esperaban.

“El próximo martes iré a Asís para el encuentro de oración por la paz, treinta años después de aquel histórico que convocó san Juan Pablo II” dijo. Y añadió: “Invito a las parroquias, asociaciones eclesiásticas, individualmente a los fieles de todo el mundo para que vivan ese día como una Jornada de oración por la paz”.

Porque, aseguró el Santo Padre, “hoy tenemos necesidad de paz en esta guerra que existe en todas las partes del mundo”.

“Recemos por la paz –pidió el Papa– siguiendo el ejemplo de san Francisco, hombre de fraternidad y de bondad” porque “estamos todos llamados a ofrecer al mundo un fuerte testimonio de nuestro empeño común por la paz y la reconcilación entre los pueblos”. Y concluyó: “Así el martes, todos, unidos en oración. Recemos por la paz”.

El encuentro ‘Sed de paz. Religiones y cultura en diálogo’, que inicia hoy domingo, contará con la presencia de líderes mundiales de 9 religiones, 6 Premio Nobel de la paz, representantes del mundo de la cultura, un grupo de 25 refugiados y el martes con la participación del papa Francisco.

En total serán 511líderes religiosos provenientes desde todo el mundo y unas 12 mil personas podrán seguir los eventos religiosos y las 29 conferencias que se realizarán.

Así 30 años después de la histórica Jornada de Oración por la Paz impulsada por san Juan Pablo II , hombres y mujeres de religiones y culturas diferentes, se reunirán durante 3 días para hablar, confrontarse y orar uno junto al otro en el Espíritu de Asís.

Homilía de Mons. Ezzati, en el Te Deum ecuménico 18.09.2016.

Autor: Card. Ricardo Ezzati Andrello Fecha: 18/09/2016 Pais :Chile Ciudad: Santiago

Una esperanza que renueva la vida.
Homilía en el Te Deum de Fiestas Patrias.
Catedral de Santiago, 18 de septiembre de 2016,
 
Lecturas :
Hb. 6, 9-20
Salmo 132, 11-18
Mt. 5, 1-12
Introducción :
Llenos de alegría por la patria que el buen Dios nos ha regalado, nos encontramos en esta histórica
Catedral de Santiago, techo común de tantos acontecimientos ciudadanos, para agradecer el camino
recorrido e implorar nuevas luces y renovadas fuerzas para seguir avanzando confiados hacia la justicia,
la paz y la prosperidad de todos los hijos e hijas de Chile.
Bienvenidos, bienvenidas a todos y a todas. De manera especial, a Su Excelencia la Señora Presidenta
de Chile, Doña Michelle Bachelet Jeria, a las altas autoridades del Poder Ejecutivo, Legislativo y Judicial
del país, a los Comandantes en Jefe de las Fuerzas Armadas y de Orden, a las autoridades regionales,
provinciales y comunales, al Cuerpo Diplomático, a los hermanos obispos, presbíteros, diáconos
permanentes, consagrados y consagradas, laicos y laicas de la Iglesia Católica, a los obispos y pastores
de las Iglesias cristianas aquí presentes, así como a los amigos y amigas de otras confesiones religiosas,
que nos acompañan. Sean bienvenidos. Dios, Padre y Creador, les conceda paz y bendición en
abundancia. Felices fiestas patrias.
1.- El don de la esperanza
Los textos bíblicos que hemos escuchado hablan de la esperanza, es decir, de esa experiencia común a
todos los seres humanos que invita a mirar hacia adelante, y de ese don tan esencial para la vida buena
de un pueblo. Nos hemos reunido en este lugar sagrado porque nos anima y asiste el anhelo y la
voluntad de alcanzar, hoy y en el futuro, esa plenitud que aún no poseemos. Estamos aquí porque
«esperamos cosas mejores», porque confiamos en “el ancla firme y segura del alma”, como
escuchábamos en la lectura bíblica de la Carta a los Hebreos (Hb. 6, 9.19) y porque las
Bienaventuranzas del Reino, proclamadas por Jesús, son profecía de vida plena y abundante para todos
y todas. Es en el clima espiritual que nos ofrece la Palabra de Dios, que deseo compartir con ustedes y
con quienes nos siguen a través de los medios de comunicación social, algunas reflexiones sobre la
esperanza, para que ella nos abra confiadamente al futuro que estamos llamados a construir,
corresponsablemente.
Alguien podría objetar que ante a los problemas que enfrentamos en la actualidad –tan numerosos y tan
urgentes–, estaría fuera de lugar hablar de esperanza. Ante los problemas actuales –se podría rebatir–
hay que hablar del presente y no del futuro. Entonces, ¿por qué hablar de la esperanza?
2.- Esperanza y vida buena del pueblo
Y, sin embargo, la esperanza es lo más urgente que nuestro pueblo necesita, porque la manera como
nos situamos ante el futuro, de alguna forma, modela nuestro presente. El futuro repercute en la manera
como orientamos nuestra convivencia y la vida social. Es cierto, algunos modos de hablar de la
esperanza futura podrían implicar una cierta desvalorización del tiempo presente y de la historia concreta,
pero la auténtica esperanza no resta valor al presente, sino que, justamente al contrario, es un estímulo
para un compromiso mayor con la realidad actual. La esperanza no es una virtud que adormece, una
ilusión engañosa; no “prolonga el tormento del hombre”, como afirmaba un famoso filósofo. La esperanza
auténtica no es una ilusión engañosa, “no se experimenta como ráfagas inconexas de pequeños relatos
raquíticos”. Bien fundada, ella es esencial para la vida buena, justa y fraterna de hoy y también de
mañana. Invita a levantar los ojos para escudriñar de dónde nos viene el auxilio oportuno, para extender
la mirada y establecer esas alianzas fecundas que permiten caminar con criterios acertados y firme
decisión de construir, aquí y ahora, un mundo mejor, más justo, solidario y fraterno. “El presente, aunque
sea un presente fatigoso, se puede vivir y aceptar si lleva hacia una meta, si podemos estar seguros de
esta meta y si esta meta es tan grande que justifique el esfuerzo del camino.”(Benedicto XVI, en Spe
Salvi, 1).
Al considerar nuestras propias actividades presentes, descubrimos en ellas una tensión hacia el futuro:
elaboramos proyectos y planificamos políticas; se planean estrategias, se calculan presupuestos, se
ensayan previsiones, etcétera, siempre en función del futuro. Gran parte de nuestras actividades están
orientadas hacia lo que aún no poseemos, pero que esperamos llegar a poseer. Aspiramos a una
educación de mayor calidad para todos y, especialmente, para los más carenciados; anhelamos mejorar
el mundo laboral aumentando empleos de calidad y logrando salarios más éticos; aspiramos a que
nuestros adultos mayores puedan vivir con mayor dignidad y que nuestros niños puedan desplegar sus
alas para volar alto en la vida; deseamos pensiones dignas para los jubilados, acogida e integración para
los numerosos inmigrantes y trato justo y fraterno para los pueblos originarios de nuestro país. Aspiramos
a que la violencia sea enfrentada y derrotada con clarividencia y honestidad, buscamos una praxis
política y empresarial libre de corrupción y, desde lo más profundo de nuestra conciencia de hombres y
mujeres que buscan unir fe y razón, esperamos que crezca el debido reconocimiento y respeto al
derecho a la vida, desde la concepción a la muerte natural.
3.- Esperanza: hechos y profecía
Ante estas tensiones, propias de la vida social, la Palabra de Dios y nuestra propia experiencia nos
vienen a recordar que la esperanza no es sólo una palabra, sino, en palabras de Benedicto XVI, “una
comunicación que comporta hechos y cambia la vida… Quien tiene esperanza vive de otra manera: se le
ha dado una vida nueva.”(Ib. 2) y como afirma el Papa Francisco: “¡Basta que haya un hombre bueno
para que haya esperanza.” (Cf. “Laudato Sí” n. 71). El Pueblo de Dios reconoce las razones de su
esperanza en la propia historia: las acciones concretas de Dios eran valoradas como prenda de las
futuras acciones del mismo Dios. Si bien esa historia no estaba exenta de contradicciones, de todos
modos, frente a situaciones dramáticas, el pueblo reflexionaba de la siguiente manera: como en nuestra
propia historia, cuando todo parecía perdido, hemos experimentado la acción salvadora de nuestro Dios,
así también en esta dramática situación, es posible y es razonable volver a esperar en la salvación que
viene de Dios. Las bendiciones concretas que el Pueblo había palpado, en especial la liberación de la
esclavitud, eran un argumento tangible y concreto para esperar una nueva bendición.
Los Evangelios dan testimonio de cómo Jesús anuncia una esperanza de futuro y simultáneamente la
realiza. La esperanza que Él proclama en las parábolas tiene una realización concreta en la vida
cotidiana. Así, cuando acogía a los pecadores y se sentaba a la mesa con ellos, no sólo anunciaba la
oferta gratuita de salvación que traía de parte de Dios Padre, sino la realizaba concretamente. Quienes
se sentaban a la mesa con Él no sólo escuchaban acerca de la Vida en abundancia, también
experimentaban en su existencia concreta aquella auténtica vida humana que era anunciada en las
parábolas. En Jesús, tal como una semilla, se encierra una realidad que está llamada a desplegarse de
manera abundante. Por ello, si bien la esperanza del Evangelio no se verifica de modo pleno en este
mundo, sino parcialmente, de todos modos, la vida de Jesús nos muestra que lo que Él anuncia no es
una ilusión, sino algo posible y que, al menos de modo germinal, ya se realiza en la historia concreta de
la familia humana. Así, la esperanza se vuelve como el «ancla segura y firme de la vida» (Hb 6,19), que
aunque no se ve, porque está sumergida en el fondo del mar, es capaz de dar solidez y estabilidad a la
embarcación.
4.- La historia, estímulo para la esperanza
La historia de nuestra nación, como la de la Biblia, nos ofrece poderosos estímulos para la esperanza.
Nuestras calles, plazas y ciudades han sido testigos de la generosidad de tantos hermanos que, a lo
largo de momentos clave, han optado por el bien común y han contribuido a construir un país de
hermanos.
¡Qué responsabilidad para nosotros, hoy día! Especialmente frente a la tentación de dar cabida, en la
vida social, a una falsa libertad, al imperio de la injusticia, la indolencia, el cinismo, el egoísmo, la crítica
destructiva, la desconfianza. Se mata esperanzas alimentando la sensación que los problemas nunca
serán resueltos. Por otra parte ¡cuántas ilusiones nos vienen vendidas y cuántas nuevas esclavitudes
hemos creado en nombre de estos falsos ídolos! ¿Es razonable seguir esperando? ¿No sería más
realista dejar de esperar, abriendo espacios a formas anárquicas o centradas exclusivamente en los
propios intereses individuales?
La celebración que estamos realizando es ya, en parte, una respuesta. Si nos hemos reunido aquí,
creyentes y no creyentes, representantes de diversas denominaciones cristianas y de diferentes credos
religiosos, es porque en nuestro corazón pesa más la esperanza que el desánimo. Si estamos aquí es
porque, en la balanza de nuestro corazón, la convicción de que es necesario trabajar movidos por la
esperanza tiene mayor peso que la desesperación.
5.- Una esperanza siempre amenazada
Vivimos una época marcada por un severo espíritu crítico. El escrutinio público es riguroso y las
exigencias son, cada día, más altas. Muchas cosas que, décadas atrás, se toleraban, se consideraban
normales o se pensaba que eran una fatalidad, hoy –felizmente– se consideran inaceptables. En este
sentido, el agudo sentido crítico de la sociedad actual implica un importante paso adelante, del que nos
debemos alegrar.
Sin embargo, esta misma agudeza para identificar las deficiencias, hace que, tal vez como nunca,
experimentemos fuertemente la insatisfacción. En el arco de las últimas décadas, el desarrollo material
de Chile ha sido muy grande. Sin embargo, la insatisfacción que experimenta nuestra sociedad parece
que cada vez es mayor. Esta aparente contradicción nos debe llevar a preguntarnos por nuestros
modelos de desarrollo, puesto que el tipo de desarrollo que hemos logrado no ha traído el bienestar
humano que suponíamos.
Es cierto que la crítica amarga es destructiva y que un tipo de insatisfacción proviene del olvido de
nuestra propia condición de criaturas. Sin embargo, estos dos fenómenos -el espíritu crítico y la
insatisfacción-, también pueden comprenderse como una señal inequívoca de que el corazón humano
espera otra cosa, algo más grande. El ser humano no se conforma con poco y, especialmente un número
significativo de jóvenes, aspira a una esperanza que los lleve a alcanzar la estatura alta de su vocación
humana.
6.- Una esperanza que vuelve a florecer
La historia reciente de Chile nos invita a la esperanza. Tenemos razones para esperar, porque, en
situaciones críticas, nuestra sociedad ha sido capaz de mirar al bien común y lograr acuerdos que han
traído tantos beneficios. Nos hace bien ser capaces de reconocer lo que hemos podido avanzar en las
últimas décadas, no para auto-complacernos o llamar al conformismo, sino para confirmar que tenemos
razones concretas para la esperanza. Si hoy anhelamos un mayor entendimiento y trabajo colaborativo,
no podemos dejar de recordar que ha habido momentos concretos en nuestra historia en que, aún en
contextos de una severa polarización, hemos sido capaces de posponer los beneficios individuales y
lograr el entendimiento en función del bien común. Por eso, con el Papa Francisco, me atrevo a recordar
que “hay que conceder un lugar preponderante a una sana política, capaz de reformar las instituciones,
coordinarlas y dotarlas de mejores prácticas, que permitan superar presiones e inercias viciosas”, porque
fundada en “los grandes fines, los valores, una comprensión humanista y rica de sentido que otorgue a
cada sociedad una orientación noble y generosa.” (Cf. Laudato Sí, n. 181). Tenemos buenas razones
para esperar.
7.- Testigos de esperanza
Los más grandes de nuestra historia han sido personas movidas por la esperanza. Alberto Hurtado, un
día 18 de septiembre, en Chillán, en 1948, decía: «Una Nación más que su tierra, sus cordilleras, sus
mares, más que su lengua y sus tradiciones, es una misión que cumplir. […]. Chile tiene una misión…
:misión de esfuerzo, de austeridad, de fraternidad democrática inspirada en el espíritu del Evangelio».
Esta esperanza del padre Hurtado no era una ilusión. Porque, de alguna manera, aunque sea sólo en
parte, ya se posee aquello que se espera: los que luchan por la paz, en parte ya gozan de ella; los que se
esfuerzan por defender la dignidad de todo ser humano, ya con su vida realizan ese ideal. La esperanza
no es sólo cosa del futuro, también se vive en el presente. De hecho, las bienaventuranzas, que hemos
escuchado en el Evangelio, no están solo en futuro: la primera de ellas está en presente. Jesús no dice:
«Felices los pobres en el espíritu, porque de ellos será el Reino de los cielos», sino «porque de ellos es el
Reino de los cielos» (Mt 5,3). Son muchas las palabras del Evangelio que nos recuerdan que ya es
posible, al menos en parte, vivir aquello que esperamos. “La patria es maravillosa, pero el camino que
conduce a ella es duro”, decía san Agustín. “Felices los que trabajan por la paz, los que tienen hambre y
sed de Justicia…” (Cf. Mt. 5,3- 11).
8.- Esperanza para todos
Permítanme destacar otra característica de la esperanza: su carácter social y comunitario. Lo más
genuino del corazón humano no es esperar la felicidad sin los otros, y mucho menos esperarla en contra
de los otros. Lo auténticamente humano de la esperanza es su apertura al bien común, es decir, al bien
de todos. Pablo VI en la encíclica Populorum Progressio recordaba este principio: el auténtico desarrollo
es el que corresponde a todo el ser humano y a todos los seres humanos, es decir, el verdadero
desarrollo es una esperanza que no deja a nadie fuera. Las metáforas bíblicas para hablar de la
esperanza se refieren, por lo general, a la comunidad: el Evangelio habla del banquete, de la fiesta de
bodas, de la ciudad, de la asamblea del cielo, etcétera, imágenes que nos hablan de aquella esperanza
común, en que no sólo todos caben, sino que todos son necesarios para que se realice. La mesa es más
hermosa cuando todos sus puestos están ocupados. En la mesa familiar, los puestos vacíos son siempre
motivo de tristeza, a veces, de lágrimas amargas. Por ello, la única esperanza digna para nuestra patria
es que Chile sea una mesa para todos, ya que “nuestra esperanza es siempre y esencialmente también
esperanza para los otros.” (Cf. Benedicto XVI, Spe Salvi, n. 48), la única capaz de sostener en el tiempo,
la entrega solidaria a los demás, tan grande que, solos no somos capaces de producir, pero que sí, nos
atrevemos a pedir con humildad.
9.- Esperanza don de Dios, tarea de todos
Por ello, hoy estamos aquí. La fe nos asegura que la fuerza de Dios es siempre más grande que la
debilidad humana y que los ataques del mal. Oramos de manera diferente, pero lo hacemos juntos,
porque nuestros corazones reconocen una esperanza común.
También esta oración común expresa la paradoja del ser humano, que aspira a una plenitud que es
incapaz de lograr sólo con los propios esfuerzos, pero que espera recibir como un regalo. Esta gran
esperanza, que va más allá de nosotros, solo se puede apoyar en Dios, el Padre del universo, que
trasciende todo, el único que nos puede dar aquello que nosotros, por nuestras solas fuerzas, no somos
capaces de lograr (cf. Ib. 31). Por eso, nuestra oración se hace canto de alabanza y de gratitud: el Dios
de la historia no nos deja solos. Aún en medio de tantas dificultades, a pesar de nuestras propias
fragilidades, podemos reconocer las grandes obras que Dios realiza por medio de los corazones de
buena voluntad.
Todo esto nos lleva a cantar el “Te Deum” de la confianza: tenemos buenos motivos para la esperanza,
esa esperanza que nos permite caminar hacia el futuro, confiados en aquellos brotes que nos
preanuncian la plenitud que anhelamos, que nos permite vencer el miedo y el sin sentido de la vida. Es la
esperanza que nos ofrece Dios, Padre de ternura y misericordia, la confianza que la vida puede llegar a
su meta venciendo todos los temores, el “ancla segura” y la “esperanza que no defrauda” (Rom. 5, 5).
A la Virgen del Carmen, Madre y Reina de Chile, confiamos nuestra esperanza, la esperanza de la Patria.
Amén.
+ Cardenal Ricardo Ezzati Andrello
Arzobispo de Santiago

Comentario al evangelio de hoy sábado 17 de septiembre de 2016

Explicación de la parábola del sembrador.
Parábolas

Tiempo Ordinario.
Que la Palabra de Dios entre como una semilla y de fruto en nuestro corazón.                                   
Por: P . Clemente González
Fuente: Catholic.net
Del santo Evangelio según san Lucas 8, 4-15
En aquel tiempo, se le juntaba a Jesús mucha gente, y viniendo a él de todas las ciudades, dijo en parábola: Salió un sembrador a sembrar su simiente; y al sembrar, una parte cayó al borde del camino, fue pisada, y las aves del cielo se la comieron; otra cayó sobre terreno pedregoso, y después de brotar, se secó, por no tener humedad; otra cayó en medio de abrojos, y creciendo con ella los abrojos, la ahogaron. Y otra cayó en tierra buena, y creciendo dio fruto centuplicado. Dicho esto, exclamó: El que tenga oídos para oír, que oiga. Le preguntaban sus discípulos qué significaba esta parábola, y él dijo: A vosotros se os ha dado el conocer los misterios del Reino de Dios; a los demás sólo en parábolas, para que viendo, no vean y, oyendo, no entiendan. La parábola quiere decir esto: La simiente es la Palabra de Dios. Los del borde del camino, son los que han oído; después viene el diablo y se lleva de su corazón la Palabra, no sea que crean y se salven. Los del terreno pedregoso son los que, al oír la Palabra, la reciben con alegría; pero éstos no tienen raíz; creen por algún tiempo, pero a la hora de la prueba desisten. Lo que cayó entre los abrojos, son los que han oído, pero a lo largo de su caminar son ahogados por las preocupaciones, las riquezas y los placeres de la vida, y no llegan a madurez. Lo que en buena tierra, son los que, después de haber oído, conservan la Palabra con corazón bueno y recto, y dan fruto con perseverancia.
Oración Introductoria
Padre mío, quiero tener un corazón bueno y bien dispuesto para ser esa tierra buena que acoja tu semilla y la haga fructificar. Los afanes, dificultades y distracciones de la vida ordinaria pueden ahogar fácilmente esta semilla, por ello te pido humildemente que tu gracia la riegue y fertilice en esta meditación.
Petición
Jesús, concede que la semilla de tu gracia crezca y dé muchos frutos para estar cerca de ti y llevarte a los demás.
Meditación del Papa Francisco
Para hablar de salvación, se recuerda aquí la experiencia de cada año que se renueva en el mundo agrícola: el momento difícil y fatigoso de la siembra, y la alegría tremenda de la recogida. Una siembra que se acompaña con las lágrimas, porque se tira lo que todavía se podría convertir en pan, exponiéndose a una espera llena de inseguridades: campesino trabaja, prepara el terreno, esparce la semilla, pero, como tan bien ilustra la parábola del sembrador, no sabe donde caerá esta semilla, si los pájaros se la comerán, si se echará raíces, si se convertirá en espiga. Esparcir la semilla es un gesto de confianza y de esperanza; es necesario el trabajo del hombre, pero luego se entra en una espera impotente, sabiendo que muchos factores serán determinantes para el buen resultado de la recogida y que el riesgo de un fracaso está siempre presente. […] En la cosecha todo se transforma, el llanto termina, deja su lugar a gritos de alegría exultante. Benedicto XVI, 13 de octubre de 2011.
Reflexión
Todos los hombres, de todos los países y épocas, hemos recibido la redención de Cristo. El pagó por todos los pecados; los de ayer, los de hoy y los de mañana. A todos se nos han abierto las puertas del cielo.
Sin embargo, la actitud de cada uno ante este regalo de infinito valor es muy diversa.
Para algunos, Cristo no representa nada en su vida. O porque no han recibido todavía su mensaje, o porque no les interesa. Dan verdadera lástima, porque viven sin saber a lo que están llamados. Pasan los años como si todo terminase aquí, sin más esperanza.
Otros han oído hablar del Señor, pero su fe es superficial. Viven metidos en el pecado sin preocuparse lo más mínimo. Son los cristianos que han adaptado sus costumbres a las del mundo. Piensan que así están bien y que al final todo se solucionará. Pero sus malas acciones le duelen profundamente al Corazón de Jesús.
Sin embargo, un número considerable de personas es consciente de que realmente Dios les ama y tiene un plan de salvación para cada uno. Son los que, a pesar de sus limitaciones y caídas, se levantan y siguen por el camino que Cristo les ha marcado. Son los que han acogido el Evangelio, y los que dan frutos, construyen y santifican la Iglesia. Son el modelo y testimonio de la vida cristiana. Por ellos ha valido la pena la entrega de Cristo en la cruz.
Propósito
Preguntarme qué puedo hacer para hacer fructificar mi fe y la de mi familia.
Diálogo con Cristo
Qué fácilmente me olvido de la semilla de gracia que sembraste en mí el día de mi bautismo. Ayúdame a aprender la lección del Evangelio y dame la fuerza para saber renunciar a todo lo que me aparte del fruto que mi semilla puede y debe dar. Que sepa renunciar a mi egoísmo y a todo aquello que constituya un obstáculo para amarte mejor a Ti y a los demás.

EDD. sábado 17 de septiembre de 2016

Sábado de la vigésima cuarta semana del tiempo ordinario.

http://evangeliodeldia.org/main.php?language=SP&module=readings&localdate=20160916


Carta I de San Pablo a los Corintios 15,35-37.42-49.
Hermanos:
Alguien preguntará: ¿Cómo resucitan los muertos? ¿Con qué clase de cuerpo?
Tu pregunta no tiene sentido. Lo que siembras no llega a tener vida, si antes no muere.
Y lo que siembras, no es la planta tal como va a brotar, sino un simple grano, de trigo por ejemplo, o de cualquier otra planta.
Lo mismo pasa con la resurrección de los muertos: se siembran cuerpos corruptibles y resucitarán incorruptibles;
se siembran cuerpos humillados y resucitarán gloriosos; se siembran cuerpos débiles y resucitarán llenos de fuerza;
se siembran cuerpos puramente naturales y resucitarán cuerpos espirituales. Porque hay un cuerpo puramente natural y hay también un cuerpo espiritual.
Esto es lo que dice la Escritura: El primer hombre, Adán, fue creado como un ser viviente; el último Adán, en cambio, es un ser espiritual que da la Vida.
Pero no existió primero lo espiritual sino lo puramente natural; lo espiritual viene después.
El primer hombre procede de la tierra y es terrenal; pero el segundo hombre procede del cielo.
Los hombres terrenales serán como el hombre terrenal, y los celestiales como el celestial.
De la misma manera que hemos sido revestidos de la imagen del hombre terrenal, también lo seremos de la imagen del hombre celestial.
Salmo 56(55),10.11-12.13-14.
Mis enemigos retrocederán cuando te invoque.
Yo sé muy bien que Dios está de mi parte;
confío en Dios y alabo su palabra;
confío en él y ya no temo:
¿qué pueden hacerme los hombres?
Debo cumplir, Dios mío, los votos que te hice:
te ofreceré sacrificios de alabanza,
porque tú libraste mi vida de la muerte
y mis pies de la caída,
para que camine delante de Dios
en la luz de la vida.
Evangelio según San Lucas 8,4-15.
Como se reunía una gran multitud y acudía a Jesús gente de todas las ciudades, él les dijo, valiéndose de una parábola:
«El sembrador salió a sembrar su semilla. Al sembrar, una parte de la semilla cayó al borde del camino, donde fue pisoteada y se la comieron los pájaros del cielo.
Otra parte cayó sobre las piedras y, al brotar, se secó por falta de humedad.
Otra cayó entre las espinas, y estas, brotando al mismo tiempo, la ahogaron.
Otra parte cayó en tierra fértil, brotó y produjo fruto al ciento por uno». Y una vez que dijo esto, exclamó: «¡El que tenga oídos para oír, que oiga!».
Sus discípulos le preguntaron qué significaba esta parábola,
y Jesús les dijo: «A ustedes se les ha concedido conocer los misterios del Reino de Dios; a los demás, en cambio, se les habla en parábolas, para que miren sin ver y oigan sin comprender.
La parábola quiere decir esto: La semilla es la Palabra de Dios.
Los que están al borde del camino son los que escuchan, pero luego viene el demonio y arrebata la Palabra de sus corazones, para que no crean y se salven.
Los que están sobre las piedras son los que reciben la Palabra con alegría, apenas la oyen; pero no tienen raíces: creen por un tiempo, y en el momento de la tentación se vuelven atrás.
Lo que cayó entre espinas son los que escuchan, pero con las preocupaciones, las riquezas y los placeres de la vida, se van dejando ahogar poco a poco, y no llegan a madurar.
Lo que cayó en tierra fértil son los que escuchan la Palabra con un corazón bien dispuesto, la retienen, y dan fruto gracias a su constancia.
Comentario del Evangelio por  San Buenaventura (1221-1274), franciscano, doctor de la Iglesia. Breviloquio, Prólogo, 2-5.
“La semilla es la palabra de Dios” .
El origen de la Escritura no se halla en la búsqueda humana, sino en la divina revelación que proviene del “Padre de las luces”, “de quien toma su nombre toda paternidad en el cielo y en la tierra” (St 1,17; Ef 3,15). Es de él que, por su Hijo Jesucristo, llega a nosotros el Espíritu Santo. Es por el Espíritu Santo que, compartiendo y distribuyendo sus dones a cada unos según su voluntad Hb 2,4), se nos da la fe y “por la fe, Cristo habita en nuestros corazones” (Ef 3,17). De este conocimiento de Jesucristo se desprende, como de su fuente, la firmeza y la comprensión de toda la santa Escritura. Es, pues, imposible entrar en el conocimiento de la Escritura sin poseer infusa, primeramente, la fe de Cristo, como la luz, la puerta y el fundamento de toda la Escritura…
La finalidad o el fruto de la santa Escritura no es cualquier cosa, sino la plena felicidad eterna. Porque en la Escritura están “las palabras de vida eterna” (Jn 6,68); está, pues, escrita, no sólo para que creamos, sino también para que poseamos la vida eterna en la cual veremos, amaremos y nuestros deseos se verán eternamente colmados. Es entonces que nuestros deseos se verán plenamente satisfechos, conoceremos verdaderamente “el amor que sobrepasa todo conocimiento” y así llegaremos a “la Plenitud total de Dios” (Ef 3,19). La divina Escritura se esfuerza en introducirnos a esta plenitud; y es, pues, en vistas a este fin, con esta intención que la santa Escritura debe ser estudiada, enseñada y comprendida.

Homilía para la Eucaristía del domingo 18 de septiembre de 2016

Unas felices fiestas patrias deseo a todos de corazón. Dios les bendiga. Hno. Pastor.
 

DOMINGO XXV.
https://www.laicoscapuchinos.cl/laicos/index.php/2016/09/16/homilia-para-la-eucaristia-del-domingo-18-de-septiembre-de-2016/

Amós 8,4-7: cuando Israel pensaba estar seguro por ser el Pueblo elegido cometió muchos atropellos y pecados sociales. En este contexto el profeta denuncia a los defraudadores y explotadores.

1Timoteo 2,1-8: el Apóstol insiste en la oración comunitaria que ha de hacerse  por todos. El motivo, para que la sociedad lleve una vida que redunde en bien de la fe y así todos alcancen salvación.
Lucas 16,1-13: Jesús instruye cómo utilizar los bienes de forma que sirvan para la salvación.
1.- ¡Qué bien nos viene la Palabra de Dios en este Día del Señor, que también es fiesta nacional! Su mensaje toca directo a lo que estamos viviendo hoy en nuestra sociedad. Es el Señor quien ha hablado y nos advierte sobre la codicia y la maldad. El ser humano siempre ha querido tener, pero cuando entra la codicia, el ansia de tener por tener, entra la corrupción. Lo que hemos escuchado en la primera lectura sigue siendo válido. Porque el afán de tener más lleva a defraudar a todos y a la explotación de los demás.
También el evangelio nos dice que no se puede servir a dos señores. En griego las palabras “dinero”, “riquezas”, “propiedad” se dicen “Mamonas”, que viene de Mamón, el dios del dinero, de las riquezas. Se indica así que fácilmente se puede confundir las riquezas con un dios y así caer en la idolatría, olvidarse de Dios y preferir al ídolo.
2.- La Palabra nos insta a orar por las autoridades, por todos.  Es que todos necesitan salvación, incluso aquellos que se auto endiosan y creen no necesitar de nadie. Todos necesitamos ser salvados por Aquel que es el único que puede salvar. Rogar para que la sociedad lleve una vida que redunde en bien de la fe. Con un clima enrarecido cuesta vivir la fe. Para que las autoridades comprendan que no tienen el monopolio del poder, ni de la verdad y no son dioses. Porque en este mundo nadie es Dios, ni persona, ni grupo, ni sistema, aunque sea religioso.  ¡Qué falta hace rogar por ellos, que a veces se tornan sordos y no escuchan a la ciudadanía!
3.- Hoy predomina y rige el mundo el dios Mamón, cuyos templos son los “Mall”. Hoy reina la pobreza en Chile, aunque nos duela admitirlo. Se ha creado un sistema que crea pobres, cada día hay más pobres. Los que después de haberse desgastado en su trabajo reciben una jubilación miserable que rebaja a las personas. Esto duele a Chile.
Hoy abundan los defraudadores, los corruptos y estafadores. Sobra mucho dinero, pero no beneficia a la sociedad. Creo que no hace falta entrar en detalles. Hoy da pena porque impera en nuestra sociedad la mentira y la hipocresía. Hoy muchos irán a las catedrales; son los mismos que piden urgencia en la legalización del aborto. Así están haciendo a la sociedad más  adversa para poder vivir la fe. Pero, aunque se legalice esta aberración los cristianos seguiremos diciendo Sí a la vida y No a la corrupción.
4.- Hoy en esta Eucaristía damos gracias a Dios por su Mensaje, gracias por lo que es nuestra Patria. Vamos a orar, como lo aconseja san Pablo, por nuestro País.
Jesús, el único Mediador entre Dios y los hombres, el Sumo y eterno sacerdote, es el que intercede por nosotros ante el Padre. Y nosotros, unidos a El, rogaremos por todos, paraqué todos tengamos una vida justa y en paz.
Creo que es importante tomar conciencia de que hay que trabajar por crear una cultura de la solidaridad, donde todos se sientan respetados y tomados en cuenta. En la que se favorezca una justa distribución de la riqueza.
Hoy nos alegramos y celebramos porque nuestra Patria está de fiesta. Que la comunión sea un primer paso en este compromiso de solidaridad en nuestro medio.
 
Hno. Pastor Salvo Beas.
Párroco de San Miguel.

EMPEZAMOS A CELEBRAR FIESTAS PATRIAS !!!

 

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Paya para el Laicado Capuchino.

Brindo  dijo un laico capuchino ,por la iglesia y por Francisco…..por los hermanos Longavianos y también por los viña marinos…..
Seguimos brindando señores por Padre las casas y los Angelinos y nos fuimos pa Conce  ..!!!!!oiga ,!!llegando a los Santiaguinos.
Los santiaguinos si ….y todas sus fraternidades  Vivan los laicos  mi alma!!!!!!!  y no olvidemos a Valdivia puees.!!! Tampoco a los Liranences   mi alma  ,ni sus Pías rezadoras  …..y nos regresamos x la costa  bailando una cueca señora  .!!!llegamos a Conty  mi alma y a su gente luchadora …..luchadora ay siii  .
Vivan los Maulinos…..paz y Bien  para todos de esta humilde servidora …y si olvide a alguien ,les pido me perdonen  fue una idea  ,que traspase aquí antes que me abandone  …..
Antes que me abandone siiiii .esta idea loca  .Viva el dieciocho de septiembre  .Mier….!!!!!!Salud
Creación y aporte de la Hermana Mirta Loyola.

Comentario al evangelio de hoy viernes 16 de septiembre de 2016

Las mujeres acompañan a Jesús.
Tiempo Ordinario

Son el reflejo del amor a toda prueba, de la fidelidad y de la ayuda a la obra de Cristo.
Por: P. Clemente González
Fuente: Catholic.net 
http://es.catholic.net/op/articulos/6322/las-mujeres-acompaan-a-jess.html

Del santo Evangelio según san Lucas 8, 1-3
En aquel tiempo, Jesús iba caminando por ciudades y pueblos, proclamando y anunciando la Buena Nueva del Reino de Dios; le acompañaban los Doce, y algunas mujeres que habían sido curadas de espíritus malignos y enfermedades: María, llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios, Juana, mujer de Cusa, un administrador de Herodes, Susana y otras muchas que les servían con sus bienes.
Oración Introductoria
Qué dicha la de los Doce y de las mujeres que supieron reconocerte y por ello dejaron todo para acompañarte y servirte. Permite que encuentre la luz y la fortaleza en esta oración para permanecer siempre fiel a tu gracia, aun cuando se presenten dificultades y problemas.
Petición
Jesucristo, ayúdame a escucharte, acompañandote en la oración, en el Santísimo Sacramento.
Meditación del Papa Francisco
Es indudable que debemos hacer mucho más a favor de la mujer, si queremos dar más fuerza a la reciprocidad entre hombres y mujeres. Es necesario de hecho, que la mujer no solamente sea más escuchada, sino que su voz tenga un peso real, un prestigio reconocido en la sociedad y en la iglesia.
El modo mismo con el cual Jesús ha considerado a las mujeres -el evangelio lo indica así- era un contexto menos favorable del nuestro, porque en esos tiempos la mujer era puesta en segundo lugar. Pero Jesús la considera de una manera que da una luz potente que ilumina un camino que lleva lejos, del cual hemos recorrido solamente un tramo. Aún no hemos entendido en profundidad cuales son las cosas que nos puede dar el genio femenino de la mujer en la sociedad. Tal vez haya que ver las cosas con otros ojos para que se complemente el pensamiento de los hombres. Es un camino que es necesario recorrer con más creatividad y más audacia. (Audiencia de S.S. Francisco, 15 de abril de 2015).
Reflexión
Tres mujeres en primera línea. Cada una con su vocación particular y las tres seguidoras incansables de las huellas de Jesús.
María Magdalena pasó a la historia por ser la primera persona que vio a Cristo resucitado. Todos recordamos esa escena: ella, llorando junto al sepulcro; el Señor que se le aparece como si fuera el hortelano. Luego el encuentro y el anuncio a los apóstoles. María Magdalena, la apasionada discípula que está junto a la cruz en el Calvario, junto a la Virgen y san Juan.
Había otras mujeres que seguían al Maestro de Nazaret. Juana también le acompañó desde los tiempos felices de los milagros hasta el dolor del sepulcro tras la muerte de Cristo. Era una persona importante en la ciudad. Una de esas santas mujeres que sabían estar, al mismo tiempo, entre la alta sociedad de la época y entre los pobres que escuchaban las palabras del Mesías.
También Susana ejerció un papel importante. Ella colaboraba con sus bienes para que el Señor y sus discípulos pudiesen dedicarse a lo importante: la predicación del Reino de los Cielos.
Son mujeres de actualidad, con un testimonio muy vivo. Son el reflejo del amor a toda prueba, de la fidelidad y de la ayuda a la obra de Cristo.
Propósito
Acompañar a Cristo en el Santísimo Sacramento y llevar a los demás un mensaje de amor de Jesús.
Diálogo con Cristo
Permite, Señor, que tanto los hombres como las mujeres de hoy tengamos una gran necesidad de Ti y seammos apóstoles que propaguen tu mensaje de verdad y de caridad.

Homilía en el Te Deum Ecuménico en la Iglesia Catedral de Valparaíso.

                      HOMILIA EN EL TE DEUM DE FIESTAS PATRIAS DE 2016

(Iglesia Catedral de Valparaíso, jueves 15 de septiembre 19,00 horas)

1.- Siguiendo la hermosa tradición más que centenaria hemos venido a celebrar esta Oración de Acción de Gracias al Señor con ocasión de nuestras Fiestas Patrias. Es una celebración verdaderamente significativa pues reúne a personas que pertenecen a diversos credos religiosos y na personas no creyentes. Respetuosos de nuestras legítimas diferencias nos congregamos gozosamente a dar Gracias a Dios por Chile y todos sus habitantes, como se hizo ya el 18 de septiembre de 1811 por petición de don José Miguel Carrera, e ininterrumpidamente desde 1818 por iniciativa de don Bernardo O´Higgins. A partir de 1971 y por petición del entonces Presidente de la República don Salvador Allende Gossens al Cardenal Raúl Silva Henríquez, Arzobispo de Santiago, celebramos Te Deum Ecuménico.

Queremos vivir este momento de encuentro y recogimiento con esperanza. La esperanza es una virtud que corresponde al deseo profundo de felicidad puesto por Dios en el corazón de todo hombre y mujer, asume los anhelos que inspiran las actividades humanas y las purifica, protege del desaliento, preserva del egoísmo, sostiene en todo desfallecimiento y dilata el corazón en la espera de la bienaventuranza eterna, nos enseña la Iglesia (Cf. Catecismo de la Iglesia Católica N° 1818).

2.- Percibimos los chilenos y chilenas que estamos en momentos de crisis. Varios observadores destacados de la realidad nacional concuerdan que todas las instituciones están en crisis, y crisis muy graves pues son de credibilidad. Pero los más lúcidos de nuestros conciudadanos y conciudadanas han destacado que toda crisis: sea ésta personal, familiar, eclesial o institucional, conlleva una gran oportunidad. En efecto, sabiamente percibida y asumida valerosamente

-aunque a veces con gran dolor- nos permite dar un gran “salto adelante” a una vida de mayor calidad. Y eso es lo que queremos para todos los chilenos y chilenas: una vida de gran calidad espiritual y material.

3.- Estamos, lamentablemente, inmersos en la “cultura de la queja”. Nos quejamos de todo y de todos. Pensamos tener la razón y no somos capaces a veces ni de escuchar las razones de los otros. Estamos, también y muy lamentablemente, “en la cultura de la indiferencia”, teniendo sin embargo tantos testimonios hermosos de chilenos y chilenas que, cada uno en lo suyo, se jugaron por los demás. Pienso en Gabriela Mistral, maestra, la gran Poetisa de Chile y de los niños de Chile; en Juana Ross de Edwards, una de las más grandes Benefactora de la Nación Chilena; en los doctores Enrique Deformes Villegas y Eduardo Pereira Ramírez, que se jugaron por la salud pública en Valparaíso; en el doctor Gustavo Fricke Shencke, médico y dos veces alcalde de Viña del Mar, gran impulsor del Hospital público que lleva su nombre; en el Padre Hurtado, nuestro santo nacido y bautizado en Viña del Mar, padre de los pobres y abandonados que nos enseñó con su propia vida y muerte que “hay que darse hasta que duela”. Pienso también en las mamás de Chile: las mamás casadas y las mamás solteras, las mamás abandonadas y las mamás agredidas; las que han engendrado y criado hijos propios, como tantas otras: miles, que han criado, querido y educado a hijos que no llevaron en su vientre. Pienso también en tantos voluntarios y Voluntariados de diversa índole dentro y fuera de nuestras Iglesias que, la mayoría de las veces en forma absolutamente anónima y silenciosa, dan lo mejor de si mismos para servir a los demás. En tantos políticos y estadistas, damas y varones, que han sido cruciales en nuestras coyunturas históricas. En tantos artistas que nos descubren la belleza que hay por doquier en nuestra tierra. Tenemos, en verdad, una multitud de testigos en nuestra historia y en nuestro hoy como Nación que nos

pueden inspirar y revitalizar moral y espiritualmente. Y sin embargo pareciera que no es así. ¿Qué nos está pasando?

4.- Los Padres de la Patria fueron hombres de Fe cristiana. Desde los comienzos de la Nación honraron, como ya dijimos, el 18 de septiembre con la Oración del Te Deum y en los momentos más graves de nuestra historia se volvieron a Dios. Muchos grandes de nuestra historia no fueron cristianos. Muchos de ellos agnósticos y varios “anti-clericales” incluso. Pero tenían una visión profundamente humanista de la existencia, profundamente respetuosa de los derechos de todo hombre y mujer, del valor de la vida y de la libertad. Siguiendo, pues, el testimonio de nuestros mayores debemos tratar de renovar nuestras vidas, consolidar nuestras certezas, reforzar nuestras esperanzas, purificar nuestros amores y procurar mantenernos en aquel gozo del que habla el Señor Jesús cuando nos dice: “hay más alegría en dar que en recibir” (Hechos de los Apóstoles 20, 35). Y nosotros, los cristianos, debemos una vez más reemprender valerosamente el camino de la conversión permanente, abriendo el corazón y la vida al “Padre de misericordia y Dios de todo consuelo” (2ª Corintios 1, 3) particularmente en este Año Santo de la Misericordia que, convocados por el Papa Francisco, estamos celebrando.

5.- Es de justicia reconocer que en los últimos años hemos dado pasos importantes en muchos aspectos fundamentales para la vida de los chilenos. El índice de pobreza ha bajado de una cifra cercana al 40% en 1990 al 14,4% en cifras dadas a conocer ayer. Sin embargo los observadores más lúcidos afirman que ha disminuido “la pobreza” pero no “la desigualdad”. La llamada “Nueva Justicia” ha significado un cambio muy positivo en la administración de justicia. Pasados ya varios años de su implementación estiman los entendidos que hay que hacer algunos ajustes, pero ciertamente ha sido un gran paso adelante en orden a la paz social. Pienso, sí, que habría que explicar más a la gente cuál es el procedimiento que se sigue en los juicios, cuál es el papel de los Fiscales y cuál el de los Jueces y de las Cortes, que son las instancias que finalmente aplican la ley. También se ha legislado y hay todavía proyectos en estudio en orden al importante tema de la trasparencia y honestidad en la actividad política y en general en los asuntos públicos, y de probidad en las actividades económicas, todo lo cual ciertamente mejorará la calidad ética de la vida nacional. Ha habido, también, un gran desarrollo en obras de infraestructura vial y de obras públicas en general; en fortalecimiento y abaratamiento de los servicios eléctricos, sin los cuales hoy no podemos vivir ni trabajar; en políticas de vivienda y en muchos otros aspectos de la vida nacional que valoramos inmensamente y agradecemos

6.- Sin embargo con pena tenemos que reconocer que en Chile no respetamos los derechos de muchos. No está asegurado el derecho a una vida de calidad donde todas las necesidades y anhelos fundamentales de la persona sean cuidados y salvaguardados con amor en todas las edades. Nos causa un dolor inmenso la situación de miles de niños que viven situaciones indignas de marginalidad y abandono. No menos dolorosa es la situación de miles de adultos mayores sumidos en la pobreza y a veces en la soledad y a los que no se les reconoce la dignidad de toda una vida de trabajo. Es preocupante la situación de muchos trabajadores y trabajadoras cuyas remuneraciones no les alcanzan para vivir con dignidad, sostener a sus seres queridos y prevenir su futuro. A nuestros pueblos originarios no los hemos acogido con el respeto que se merecen y no hemos sabido apreciar su aporte cultural y espiritual a la Nación chilena. Pese a lo mucho que hacemos y se hace, la situación de los numerosos migrantes es muy precaria y la legislación vigente al respecto está sumamente desfasada de la realidad del mundo actual. Lamentablemente se nos ha olvidado que muchos chilenos somos hijos o nietos de inmigrantes. La Reforma Educacional nos plantea muchos interrogantes en todos sus niveles. Pensamos que no se ha empezado por la base, que es la educación pre-escolar, fundamento de todo lo que después vendrá y que debe desempeñar un rol importantísimo de compensación de desigualdades e inequidades socioeconómicas presentes en la sociedad. Respecto a lo hecho y programado para la educación escolar y superior se nota ausencia de preocupación prioritaria por la calidad de la enseñanza y una preocupación excesiva por el control administrativo y económico de la actividad educativa. Comprendemos que es responsabilidad principal del Estado la salvaguarda por el buen uso de los bienes pero hay un sentimiento de incomodidad por la percepción de desconfianza frente a la educación particular subvencionada y gratuita, en algunos un deseo desmedido por controlar e intervenir, todo ello en desmedro de la legítima autonomía de la educación particular y del inmenso aporte que históricamente ha significado para la Comunidad Nacional. Esto mismo se da en otras actividades de bien social que realizan con gran esfuerzo instituciones particulares, muchas de ellas de las Iglesias. Pero somos todos los chilenos los que financiamos al Estado con los diversos y onerosos impuestos que día a día pagamos. Por tanto las subvenciones estatales a la educación en todos sus niveles, al trabajo con menores en situación de marginalidad, al trabajo con personas de la tercera edad en situación precaria, en fin, las subvenciones estatales a toda la tremenda acción social que muchas instancias particulares podemos realizar no son una dádiva bondadosa y caritativa del Estado sino un derecho que tenemos. Y todo esto es a favor de la Comunidad Nacional, y especialmente de los más carenciados, que gracias a Dios y a muchas personas de buena voluntad podemos servir.

7.- La prensa de hoy informa: “Gobierno decide acelerar tramitación de proyecto de aborto”.

Hay que decir que en ninguna de las últimas versiones de importantes Encuestas de Opinión: en concreto la Encuesta CEP de julio-agosto y la Encuesta ADIMARK de agosto, ha aparecido siquiera mencionado el tema del proyecto de Ley de Despenalización del Aborto como una preocupación de la ciudadanía.

Pero el Gobierno “notificó a los parlamentarios que decidió aplicar la suma urgencia al proyecto de aborto” e “incluso agregó que serán retiradas las urgencias que tienen otras iniciativas” (La 3° jueves 15 de septiembre 2016 pag. 13).

El aborto es un tema sensible y doloroso para millones de chilenos cristianos y personas de buena voluntad. Estuvimos y estamos por la vida de todo hombre y mujer desde el inicio de su concepción en el vientre materno hasta el fin natural de la misma. Es éste el primer derecho humano y condiciona el ejercicio de cualquier otro derecho. Nos oponemos por tanto decididamente a todo aborto directamente procurado y llamamos a todos los políticos y particularmente a quienes se dicen cristianos a no aprobar este proyecto de ley.

8.- El 19 de abril de este año falleció don Patricio Aylwin Azócar. Su muerte concitó un sentimiento de unidad y cercanía entre los chilenos que hace mucho tiempo no se veía. Los Obispos del Comité Permanente de la Conferencia Episcopal de Chile expresaron a propósito de don Patricio: “Gran parte del Pueblo de Chile y de sus dirigentes expresó un homenaje al ´hombre bueno y justo´ Se destacó su virtud de ser un hombre consecuente, fiel a sus convicciones y abierto al diálogo fructífero. Se recordó ´la política de los acuerdos´ tan importante para afianzar la actual democracia”. “Al tratar de comprender lo que hoy día nos sucede -continúan los obispos- no se trata de volver atrás ni de caminar de espaldas al futuro, pero como muchos destacaron, es esencial retomar un diálogo ciudadano amplio y generoso, buscando más lo que nos une que lo que nos separa. Sobre todo, porque este diálogo -que siempre implica una capacidad de escucha- debe ayudarnos a construir el presente y el futuro, abriendo espacio a las nuevas generaciones y a los que vendrán”. Nuestro Intendente Regional aquí presente ha tenido interesantes iniciativas en esta línea que valoramos, agradecemos y nos comprometemos a apoyar.

“Es fácil enumerar los problemas -continúan los obispos- es fácil hablar de los fracasos. Es fácil seguir en política el esquema desgastado de gobierno y oposición y otras dualidades que simplifican pero no solucionan y en nada aportan al país. Es más difícil transitar por caminos nuevos y ser propositivos sobre el país que queremos construir”.

“La desconfianza se supera al poner rostros a nuestras discusiones y humanizar las cifras y mediciones. En esta materia tienen también un rol decisivo los medios de comunicación……….Creemos que son muy valiosas sus investigaciones para vivir en la verdad y purificar las instituciones…..y las agradecemos. Pero pensamos también que tienen que ayudar en esta cruzada de diálogo y reencuentro que necesitamos con urgencia, haciendo que el criterio de conflicto no sea la única ni la primera fuente informativa. Sin duda es éste un criterio que nos compete a todos, medios de comunicación y audiencias”. (Comité Permanente CECH, “De la desconfianza al reencuentro”, 13/5/2016).

9.- Como dijimos al comienzo de esta Homilía, la Iglesia está viviendo el Año Santo del Jubileo de la Misericordia. Algo nada fácil. Implica reconocer los propios pecados y debilidades. Pedir humildemente perdón a Dios por ellos y prometer no volver a caer. Perdonar de corazón a quienes nos han ofendido aunque no nos pidan perdón, lo que es imposible con las solas fuerzas humanas. Pero sin perdón no va a ver nunca verdadera Paz. La Paz verdadera se fundamente en la Verdad, la Justicia, el Amor, la Libertad y el Perdón. Sin perdón no hay verdadera Paz. Por eso como Iglesia Católica pedimos perdón al Padre Dios y a ustedes, hermanas y hermanos, por los pecados y escándalos que en los últimos años se han cometido al interior de la Iglesia y que los medios de comunicación han dado a conocer. Ha sido muy triste para nosotros y para el sencillo pueblo fiel. Por todo ello pedimos perdón.

10.- Y damos infinitas gracias de Corazón al Padre Dios por Chile y todos sus habitantes, sin marginar a ninguno de nuestra Acción de Gracias. Damos gracias por nuestro bello país. Por nuestra historia marcada por encuentros y desencuentros, pero nuestra. Y pedimos que en estos esperados días de Fiestas Patrias podamos vivir el encuentro entre todos los chilenos y entre todos los hermanos de otras naciones que han venido a vivir entre nosotros.

Nos encomendamos de corazón a la maternal intercesión de Nuestra Señora del Carmen, Madre y Reina de Chile y Patrona de nuestra Diócesis y de esta Iglesia Catedral de Valparaíso.

¡Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo!
Como era en el principio, ahora y siempre y por los siglos de los siglos
Gonzalo Duarte García de Cortázar ss.cc.
Obispo de Valparaíso

 

EDD. viernes 16 de septiembre de 2016

Viernes de la vigésima cuarta semana del tiempo ordinario.

Carta I de San Pablo a los Corintios 15,12-20.
Hermanos:
Si se anuncia que Cristo resucitó de entre los muertos, ¿cómo algunos de ustedes afirman que los muertos no resucitan?
¡Si no hay resurrección, Cristo no resucitó!
Y si Cristo no resucitó, es vana nuestra predicación y vana también la fe de ustedes.
Incluso, seríamos falsos testigos de Dios, porque atestiguamos que él resucitó a Jesucristo, lo que es imposible, si los muertos no resucitan.
Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó.
Y si Cristo no resucitó, la fe de ustedes es inútil y sus pecados no han sido perdonados.
en consecuencia, los que murieron con la fe en Cristo han perecido para siempre.
Si nosotros hemos puesto nuestra esperanza en Cristo solamente para esta vida, seríamos los hombres más dignos de lástima.
Pero no, Cristo resucitó de entre los muertos, el primero de todos.
Salmo 17(16),1.6-7.8b.15.
Escucha, Señor, mi justa demanda,
atiende a mi clamor;
presta oído a mi plegaria,
porque en mis labios no hay falsedad.
Yo te invoco, Dios mío, porque tú me respondes:
inclina tu oído hacia mí y escucha mis palabras.
Muestra las maravillas de tu gracia,
tú que salvas de los agresores
a los que buscan refugio a tu derecha.
Escóndeme a la sombra de tus alas.
Pero yo, por tu justicia, contemplaré tu rostro,
y al despertar, me saciaré de tu presencia.
Evangelio según San Lucas 8,1-3.
Jesús recorría las ciudades y los pueblos, predicando y anunciando la Buena Noticia del Reino de Dios. Lo acompañaban los Doce
y también algunas mujeres que habían sido curadas de malos espíritus y enfermedades: María, llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios;
Juana, esposa de Cusa, intendente de Herodes, Susana y muchas otras, que los ayudaban con sus bienes.
 
Comentario del Evangelio por  Benedicto XVI, papa 2005-2013. Audiencia general del 14•02•07.
«Lo acompañaban los Doce y algunas mujeres».
Sabemos que entre sus discípulos, Jesús escogió a doce para ser los padres del nuevo Israel, y los escogió para que «estuvieran con él y enviarlos a predicar». Este hecho es evidente, pero, además de los Doce, columnas de la Iglesia, padres del nuevo Pueblo de Dios, escogió también a muchas mujeres para que fueran del número de sus discípulos. No puedo hacer más que evocar brevemente las que se encuentran en el camino del mismo Jesús, desde la profetisa Ana hasta la Samaritana, la Sirofenicia, la mujer que sufría pérdidas de sangre y a la pecadora perdonada. No insistiré sobre los personajes que entran en algunas parábolas vivientes, por ejemplo la del ama de casa que cuece el pan, la que limpia la casa porque pierde la moneda de plata, la de la viuda que importuna al juez. En nuestra reflexión de hoy son más significativas estas mujeres que han jugado un papel activo en el conjunto de la misión de Jesús.
Naturalmente, en primer lugar se piensa en la Virgen María, que por su fe y su colaboración maternal coopera de manera única a la redención hasta el punto que Elisabet pudo proclamarla «bendita entre todas las mujeres», añadiendo: «Dichosa la que ha creído». Hecha discípula de su Hijo, María manifiesta en Caná su absoluta fe en él, y lo siguió hasta la cruz donde recibió de él una misión maternal para con todos los discípulos de todos los tiempos, representados allí por Juan.
Detrás de María vienen muchas mujeres, las cuales, a títulos diversos, han ejercido alrededor de la persona de Jesús funciones de diversa responsabilidad. Son ejemplo elocuente de ello las que seguían a Jesús asistiéndole con sus recursos y de las que Lucas nos transmite algunos nombres: María de Magdala, Juana, Susana, y «otras muchas». Seguidamente los Evangelios nos informan que las mujeres, a diferencia de los Doce, no abandonaron a Jesús a la hora de la Pasión. Entre ellas destaca, de manera particular, María de Magdala, la cual, no tan sólo asistió a la Pasión, sino que fue la primera en recibir el testimonio del Resucitado y a anunciarle. Es precisamente a ella a quien santo Tomás de Aquino reserva el calificativo único de «apóstol de los apóstoles», y añadiendo este bello comentario: «Así como una mujer anunció al primer hombre palabras de muerte, así también una mujer anunció a los apóstoles palabras de vida».
(Referencias bíblicas: Mc 3,14-15; Lc 2, 36-38; Jn 4, 1-39; Mt 7, 24-30; Mt 9, 20-22) Lc 7, 36-50; Mt 13, 33; Lc 15, 8-10; Lc 18, 1-18; Lc 1, 42; Lc 1, 45; Jn 2, 25; Jn 19, 25-27; Lc 8, 2-3; Mt 27, 56.61; Mc 15, 40; Jn 20, 1. 11-18).