Ir al contenido principal

Autor: Patricio Osiadacz

Homilía para la Eucaristía del domingo 02 de octubre de 2016

DOMINGO XXVII.

Habacuc 1,2-3; 2,2-4: el profeta se queja ante Dios por la maldad y orgullo de las naciones paganas que hostigan al Pueblo de Dios. Dios hará justicia a su tiempo; mientras el justo vivirá por su fidelidad.

Lucas 12,3-10: el poder de la fe al perdonar.

1.- Hoy el Señor en su Palabra toca un tema que es esencial para un discípulo: la FE. Pero se trata de una fe tal que capacita al discípulo, al creyente, a hacer lo que de sí es imposible para los seres humanos. Si nos fijamos tanto en el profeta Habacuc como en el evangelio, el mensaje es el mismo.

Habacuc se queja de la insolencia y opresión de las naciones paganas contra el Pueblo de Dios. La situación se hace insostenible. ¿Por qué Dios permite esto? Pero la respuesta de Dios no se hace esperar: “el justo vivirá por su fidelidad”. Es un llamado a esperar con paciencia, ya que Dios hará justicia a su debido tiempo.

Jesús habla del perdón, del perdón permanente, es decir, se ha de perdonar siempre. Tarea difícil, por no decir imposible, ya que si perdonar una vez es difícil, más lo es el perdonar siempre. Como ya lo dije, es realizar de por sí una tarea difícil, imposible.

2.- Aquí entra en juego el rol de la fe. Ya se ha dicho en otra ocasión que Fe es sinónimo de firmeza, certeza, seguridad. De esta firmeza-seguridad brota la fidelidad. El que está seguro en Dios le es fiel, no falla, no varía. Sólo el creyente, el hombre de fe, sabe permanecer en la fidelidad, aun en situaciones difíciles y turbulentas. En medio de las dificultades por las que está pasando el Pueblo de Dios, sólo el que es fiel vivirá. El infiel es inseguro, tambalea, sucumbe. Por eso podemos comprender que lo que salva al hombre es la fe y no otra cosa. Las últimas palabras del texto de Habacuc son claras: “El que no tiene el alma recta, sucumbirá, pero el justo vivirá por su fidelidad”.

3.- No sólo Israel ha vivido situaciones turbulentas, también la Iglesia, también cada uno de nosotros. De modo que aquí cabe lo que nos enseña el Señor en el evangelio. Si es difícil perdonar siempre, como lo pide Jesús, para hacerlo se requiere tener fe, que es lo que nos capacita para realizar lo imposible. Basta que tengamos un poquito de fe auténtica, para poder perdonar siempre y de corazón al que nos ofende, al que nos hace daño. Entonces se entiende el ejemplo: se podrá trasladar un árbol al mar.

Hace rato, desde su nacimiento en Pentecostés, la Iglesia, los discípulos, tienen que sufrir toda clase de contradicciones. Persecuciones de parte del judaísmo, del imperio romano, de la cultura griega y de los diferentes poderes de turno. Hoy también los cristianos sufren terribles persecuciones, no sólo donde campea el estado islámico, sino también en los “civilizados” países de Europa y en sociedades “modernas”. ¿Por qué permite Dios todo esto? La respuesta la conocemos: “El justo vivirá por su fidelidad”.

4.- Se nos llama a ser fieles al Señor. Pero, al mismo tiempo, fieles como El es fiel. El Señor promete vida eterna al que es fiel, que todo lo espera del Señor. No esperamos un premio, no esperamos un salario, sino un regalo, una gracia. El Señor gratuitamente da la salvación a los que creen en El. El discípulo debe aprender a ser gratuito en su relación con Dios y con los hermanos.

Hoy gratuita y generosamente se nos invita al Banquete del Reino. Lo único que se nos pide es que tengamos fe, ya que por ella somos justificados, somos “abuenados”.  Si Dios es así con nosotros, ¿cómo debemos ser nosotros con El y con los demás? Saquemos consecuencias y vivamos la fe.

                                                                           Hermano Pastor Salvo Beas.

Comentario al evangelio de hoy viernes 30 de septiembre de 2016

Ciudades incrédulas.
Tiempo Ordinario

Creer en los milagros que Cristo va cumpliendo cada día de nuestra vida.
Por: José Rodrigo Escorza
Fuente: Catholic.net 
http://es.catholic.net/op/articulos/8378/ciudades-incrdulas.html

Del santo Evangelio según san Lucas 10, 13-16
«¡Ay de ti, Corazin! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que se han hecho en vosotras, tiempo ha que, sentados con sayal y ceniza, se habrían convertido. Por eso, en el Juicio habrá menos rigor para Tiro y Sidón que para vosotras. Y tú, Cafarnaúm, ¿hasta el cielo te vas a encumbrar? ¡Hasta el Hades te hundirás! «Quien a vosotros os escucha, a mí me escucha; y quien a vosotros os rechaza, a mí me rechaza; y quien me rechaza a mí, rechaza al que me ha enviado».
Oración
Gracias, Señor, por tu amor y por el prodigio que me das, en este momento, al invitarme a dialogar contigo en esta meditación. Confío en Ti, Señor, y humildemente pongo mi mente, mi corazón, mi vida, en tus manos.
Petición
Jesús, ayúdame a guardar el silencio necesario para poder escucharte.
Meditación del Papa Francisco
Cuando nosotros estamos en tentación, no escuchamos la Palabra de Dios: no escuchamos, no entendemos, porque la tentación nos cierra, nos quita cualquier capacidad de previsión, nos cierra cualquier horizonte, y así nos lleva al pecado. Cuando estamos en tentación, solamente la Palabra de Dios, la Palabra de Jesús nos salva. Escuchar la Palabra que nos abre el horizonte… Él siempre está dispuesto a enseñarnos como salir de la tentación. Y Jesús es grande porque no solo nos hace salir de la tentación, sino que nos da más confianza.
Esta confianza es una fuerza grande, cuando estamos en tentación: el Señor nos espera, se fía de nosotros así, tentados, pecadores, siempre abre horizontes. Y viceversa, el diablo con la tentación cierra, cierra, cierra. (Cf. S.S. Francisco, 18 de febrero de 2014, homilía en Santa Marta)
Reflexión
¡Ay de ti, que has visto muchos milagros y no te has convertido! Son muy duras las palabras de Cristo contra estas dos ciudades, ciudades que nos pueden representar si no creemos en los milagros que Cristo va cumpliendo cada día de nuestra vida.
¿Qué milagros ha hecho y no he creído? Cada uno en su vida personal puede decir cuántos son los milagros que Dios ha hecho en su propia vida, pero los más comunes son la Eucaristía, la conversión de nuestros corazones, las casualidades que no tienen otro fundamento que el querer de Dios, nuestra propia vida cuando hemos estado en riesgo de morir…
Lo que nos pide Cristo en este evangelio es que reflexionemos sobre todos esos milagros, esas gracias que Dios nos va dado, para que se las agradezcamos como verdaderos hijos, que aman a su Padre. Seamos agradecidos y pidamos la gracia de ver todo lo que Dios nos ha dado.
Propósito
Poner en mi agenda de actividades, el día en que voy a ir a confesarme.
Diálogo con Cristo
Señor, hazme darme cuenta que para escuchar y poder responder a tu llamada, debo limpiar mi mente y mi corazón en el sacramento de la confesión. No soy digno de ser tu discípulo misionero, por eso te pido me ayudes a crecer en la sinceridad y en la honestidad, para que sepa aprovechar los medios espirituales que me ofrece tu Iglesia

EDD. viernes 30 de septiembre de 2016

Viernes de la vigésima sexta semana del tiempo ordinario.

http://evangeliodeldia.org/main.php?language=SP&module=readings&localdate=20160929
 
Libro de Job 38,1.12-21.40,3-5.
El Señor respondió a Job desde la tempestad, diciendo:
«¿Has mandado una vez en tu vida a la mañana, le has indicado su puesto a la aurora,
para que tome a la tierra por los bordes y sean sacudidos de ella los malvados?
Ella adquiere forma como la arcilla bajo el sello y se tiñe lo mismo que un vestido:
entonces, a los malvados se los priva de su luz y se quiebra el brazo que se alzaba.
¿Has penetrado hasta las fuentes del mar y has caminado por el fondo del océano?
¿Se te han abierto las Puertas de la Muerte y has visto las Puertas de la Sombra?
¿Abarcas con tu inteligencia la extensión de la tierra? Indícalo, si es que sabes todo esto.
¿Por dónde se va adonde habita la luz y dónde está la morada de las tinieblas,
para que puedas guiarla hasta su dominio y mostrarle el camino de su casa?
¡Seguro que lo sabes, porque ya habías nacido y es muy grande el número de tus días!
Y Job respondió al Señor:
¡Soy tan poca cosa! ¿Qué puedo responderte? Me taparé la boca con la mano.
Hablé una vez, y no lo voy a repetir; una segunda vez, y ya no insistiré.»
Salmo 139(138),1-3.7-8.9-10.13-14ab.
Señor, tú me sondeas y me conoces,
tú sabes si me siento o me levanto;
de lejos percibes lo que pienso,
te das cuenta si camino o si descanso,
y todos mis pasos te son familiares.
¿A dónde iré para estar lejos de tu espíritu?
¿A dónde huiré de tu presencia?
Si subo al cielo, allí estás tú;
si me tiendo en el Abismo, estás presente.
Si tomara las alas de la aurora
y fuera a habitar en los confines del mar,
también allí me llevaría tu mano
y me sostendría tu derecha.
Tú creaste mis entrañas,
me plasmaste en el seno de mi madre:
te doy gracias porque fui formado
de manera tan admirable.
Evangelio según San Lucas 10,13-16.
¡Ay de ti, Corozaín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros realizados entre ustedes, hace tiempo que se habrían convertido, poniéndose cilicio y sentándose sobre ceniza.
Por eso Tiro y Sidón, en el día del Juicio, serán tratadas menos rigurosamente que ustedes.
Y tú, Cafarnaún, ¿acaso crees que serás elevada hasta el cielo? No, serás precipitada hasta el infierno.
El que los escucha a ustedes, me escucha a mí; el que los rechaza a ustedes, me rechaza a mí; y el que me rechaza, rechaza a aquel que me envió».
Comentario del Evangelio por Santa Catalina de Génova (1447-1510), esposa, mística. El libre albedrío.
Consentir en la conversión.
Dios incita al hombre a levantarse del pecado. Luego, con la luz de la fe le ilumina la inteligencia; más tarde, gracias a un gusto y una cierta dulzura le enciende la voluntad. Todo esto lo hace Dios en un instante, aunque nosotros tengamos que expresarlo por muchas palabras e introduciendo un intervalo de tiempo.
Dios obra todo esto en el hombre según el fruto que prevé. A cada uno se le otorga gracia y luz suficiente para que, haciendo lo que está a su alcance, pueda salvarse, sólo dando su consentimiento a la obra de Dios. Este consentimiento se realiza de la manera siguiente: Cuando Dios ha hecho su obra, basta al hombre con decirle: “Estoy contento, Señor, haz de mí lo que quisieres, me decido a no pecar más y dejar todas las cosas del mundo por tu amor.”
Este consentimiento y este movimiento de la voluntad se realizan con tanta rapidez que el hombre se une a Dios sin que se dé cuenta de ello, ya que se realiza en el silencio. El hombre no ve el consentimiento pero le queda una impresión interior que le empuja a seguir en él. En esta operación se encuentra inflamado y aturdido, estupefacto, sin saber qué hacer y a dónde volverse. Por esta unión espiritual el hombre queda ligado a Dios por un lazo casi indisoluble, porque Dios hace casi todo, habiendo consentimiento por parte del hombre. Si éste se deja conducir, Dios lo conduce y lo encamina a la perfección que le tiene destinada.
 

Francisco invita a “comunicar esperanza y confianza en nuestro tiempo”

Elegido el tema del mensaje del Santo Padre para la Jornada Mundial de la Comunicación Sociales de 2017
 
Periódico - pixabay

Periódico – Pixabay

(ZENIT – Ciudad del Vaticano).- “No temas, porque yo estoy contigo. Comunicar esperanza y confianza en nuestro tiempo”. Este es el tema elegido por el papa Francisco para la próxima Jornada Mundial de la Comunicación Sociales, que se celebra el 24 de enero de 2017.

Así lo ha anunciado la sala de prensa de la Santa Sede, junto con un comunicado de la Secretaría para la Comunicación, en el que se explica que “anestesiar la conciencia” o “dejarse llevar por la desesperación” son dos posibles enfermedades “a las que puede llevar el sistema de comunicación actual”.

Por eso, se precisa que el tema de la próxima Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales es una invitación “a contar la historia del mundo y las historias de los hombres y de las mujeres”, según la lógica de la “buena noticia” que recuerda que “Dios nunca renuncia a ser Padre, en cualquier situación y con cada ser humano”. De ahí, lanzan la invitación de aprender a “comunicar confianza y esperanza para la historia”.

Por otro lado, indican que es posible que la conciencia se cauterice, como recuerda el Papa Francisco en la Laudato si’, debido al hecho de que a menudo los profesionales, los líderes de opinión y los medios de comunicación, “desarrollando su actividad en zonas urbanas distantes de los lugares de la pobreza y de las necesidades”, “vivan una distancia física que, a menudo, desemboca en la ignorancia de la complejidad de los dramas de los hombres y de las mujeres”.

En esta misma línea, se recuerda en cambio que se ayuda a la desesperación “cuando la comunicación se enfatiza y se vuelve espectáculo”, hasta convertirse a veces “en una estrategia de construcción verdadera y propia de acechanzas y peligros inminentes”. Pero en medio de este estruendo se oye un susurro: “No temas, porque yo estoy contigo”.

Desde la Secretaría de las Comunicaciones Sociales, recuerdan que en su Hijo, “Dios se ha hecho solidario con cada situación humana y ha revelado que no estamos solos, porque tenemos un Padre que no se olvida de sus hijos”. Porque quien vive unido a Cristo –precisan– descubre que incluso la oscuridad y la muerte se convierten, para todo el que lo quiera, en lugar de comunión con la Luz y la Vida.

Finalmente, en cualquier acontecimiento invitan a los comunicadores: “Intenta descubrir lo que sucede entre Dios y la humanidad, para reconocer como Dios mismo, a través del escenario dramático de este mundo, esté escribiendo la historia de la salvación”.

Los cristianos –concluye el comunicado– tenemos una “buena noticia” que contar porque contemplamos confiados el horizonte del Reino.

Comentario al evangelio de hoy jueves 29 de septiembre de 2016.

Los ángeles, mensajeros de Dios.
Solemnidades y Fiestas

Fiesta Santos Arcángeles.
Siempre nos traen la alegría y esperanza en Dios. De los tres hemos de aprender a saber servir más que ser servidos.
Por: P. Clemente González
Fuente: Catholic.net 
http://es.catholic.net/op/articulos/6343/los-ngeles-mensajeros-de-dios.html

Del santo Evangelio según san Juan 1, 47-51
Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño. Le dice Natanael: ¿De qué me conoces? Le respondió Jesús: Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi. Le respondió Natanael: Rabbí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel. Jesús le contestó: ¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores. Y le añadió: En verdad, en verdad os digo: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre.
Oración introductoria
Señor, como Natanael, quiero ser sincero y auténtico, en mi mente y en mi corazón, para tener la posibilidad real de tener un encuentro de amor contigo en esta oración. Tú sabes que trato de ser fiel a mi fe, que confío en tu providencia y misericordia, y que te amo con todo mi corazón. Envía tu Espíritu Santo para que ilumine y guíe esta meditación.
Petición
Ángel de mi guarda, ayúdame a ser un auténtico discípulo y misionero de Cristo.
Meditación del Papa Francisco
Volviendo a la escena de la vocación, el evangelista nos dice que, cuando Jesús ve que Natanael se acerca, exclama: “Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño”. Se trata de un elogio que recuerda al texto de un Salmo: “Dichoso el hombre […] en cuyo espíritu no hay fraude”, pero que suscita la curiosidad de Natanael, quien replica sorprendido: “¿De qué me conoces?”. La respuesta de Jesús no se entiende en un primer momento. Le dice: “Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi”.
Hoy es difícil darse cuenta con precisión del sentido de estas últimas palabras. Según dicen los especialistas, es posible que, dado que a veces se menciona a la higuera como el árbol bajo el que se sentaban los doctores de la ley para leer la Biblia y enseñarla, está aludiendo a este tipo de ocupación desempeñada por Natanael en el momento de su llamada. (Homilía de Benedicto XVI, 4 de octubre de 2006).
Reflexión
Los grandes arcángeles de Dios testimonian para nosotros la fidelidad y la pasión y celo con que los hijos de Dios han de alabar a su Creador. Ellos, lejos de ser seres desconocidos y “mitológicos” representan los mejores compañeros de viaje, los mejores sanadores del corazón, los mejores defensores de los intereses de Dios en el mundo.
San Miguel es el fiero defensor de Dios. La narración del Apocalipsis nos lo muestra expulsando a satanás de los dominios de Dios, al gran traidor y padre de la mentira que osó rebelarse contra un Dios tan bondadoso. Encendido de celo por el Señor blandió la espada y arrojó a todos los obradores de iniquidad al único lugar en donde pudiesen soportar su soberbia y su rebelión. Por eso san Miguel es en quien el cristiano halla el mejor baluarte para defenderse de las asechanzas demoníacas y gran modelo de fidelidad a Dios. De él hemos de aprender el celo por las cosas de Dios, celo que consume de pasión y que lleva a una acción inmediata, tajante, sobre todo cuando Dios se está viendo ofendido por sus enemigos que incitan sin cesar a la rebelión y desunión.
San Gabriel quizás fue el más afortunado de entre todas las criaturas celestes. A él siempre lo mandaron a dar mensajes. A él le tocó dar el mensaje más hermoso jamás oído a la criatura más hermosa jamás vista. Hablar de él lleva irremediablemente a la contemplación de la Toda Pura, Nuestra Madre de cielo, María. Su ejemplo nos debe enseñar a predicar sin miedos los designios de Dios a nuestros hermanos en la fe y, sobre todo, a testimoniar las maravillas obradas por Dios en Ella. Levantemos confiados la mirada a la Madre y pidamos auxilio al arcángel mensajero para ser fieles a la palabra de Dios en el mundo.
San Rafael representa la mano providente de Dios que no se olvida de sus hijos que sufren en el mundo. A él le tocó sanar muchas heridas del cuerpo y, sobre todo, del alma. Por eso es el arcángel que cura, que alivia las penas del alma, que sabe confortar y comprender al que sufre. De él hemos de aprender a ser un consuelo más que un horrible peso, para el hermano que lo necesita. De él, la confianza inamovible en la acción cierta de Dios en el mundo.
De los tres hemos de aprender a saber servir más que ser servidos. Porque los ángeles son ministros de Dios. Y de los tres a estar pendientes de su cierta acción en favor nuestro. ¿Quién sabe si un día cualquiera hemos sido ayudados por un ángel del Señor?
No cerremos las puertas a nadie, no sea que se las estemos cerrando a uno de estos mensajeros, o más terriblemente, al mismo Señor de la vida y de la historia.
Propósito
Aprender de los Arcángeles, el deseo de servir siempre.
Diálogo con Cristo
Jesús, no quiero aparecer ni hacer más, mi aspiración es amarte más, y como consecuencia, a los demás. No pretendo conocer más, sino tener una relación íntima contigo. Por ello quiero ofrecerte mi esfuerzo de perseverar en la oración, de acrecentar mi vida sacramental y de meditar más tu Palabra, sólo así lograré mi anhelo y podré dar un testimonio que atraiga a los demás.

EDD. jueves 29 de septiembre de 2016

Fiesta de los Santos Arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael
http://evangeliodeldia.org/main.php?language=SP&module=readings&localdate=20160928


Libro de Daniel 7,9-10.13-14.
Yo estuve mirando hasta que fueron colocados unos tronos y un Anciano se sentó. Su vestidura era blanca como la nieve y los cabellos de su cabeza como la lana pura; su trono, llamas de fuego, con ruedas de fuego ardiente.
Un río de fuego brotaba y corría delante de él. Miles de millares lo servían, y centenares de miles estaban de pie en su presencia. El tribunal se sentó y fueron abiertos unos libros
Yo estaba mirando, en las visiones nocturnas, y vi que venía sobre las nubes del cielo como un Hijo de hombre; él avanzó hacia el Anciano y lo hicieron acercar hasta él.
Y le fue dado el dominio, la gloria y el reino, y lo sirvieron todos los pueblos, naciones y lenguas. Su dominio es un dominio eterno que no pasará, y su reino no será destruido.
Salmo 138(137),1-2a.2bc-3.4-5.
Te doy gracias, Señor, de todo corazón,
te cantaré en presencia de los ángeles.
Me postraré ante tu santo Templo.
y daré gracias a tu Nombre
por tu amor y tu fidelidad.
Me respondiste cada vez que te invoqué
y aumentaste la fuerza de mi alma.
Que los reyes de la tierra te bendigan
al oír las palabras de tu boca,
y canten los designios del Señor,
porque la gloria del Señor es grande.
Evangelio según San Juan 1,47-51.
Al ver llegar a Natanael, Jesús dijo: «Este es un verdadero israelita, un hombre sin doblez».
«¿De dónde me conoces?», le preguntó Natanael. Jesús le respondió: «Yo te vi antes que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera».
Natanael le respondió: «Maestro, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel».
Jesús continuó: «Porque te dije: ‘Te vi debajo de la higuera’, crees . Verás cosas más grandes todavía».
Y agregó: «Les aseguro que verán el cielo abierto, y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre.»
Comentario del Evangelio por Simeón el Nuevo Teólogo (c. 949-1022), monje griego. Himno 2.
«Los ángeles están viendo siempre en el cielo el rostro de mi Padre celestial» (Mt 18,10)
Te doy gracias, porque me has concedido vivir,
conocerte y adorarte, Dios mío.
Porque « la vida es que te conozcan a ti, único Dios verdadero» (Jn 17,3),
creador y autor de todo,
no engendrado, no creado, sin principio, único,
y a tu Hijo, engendrado de ti,
y al Espíritu santísimo, que procede de ti,
la trino-unidad digna de toda alabanza…
¿Qué hay donde residen los ángeles, los arcángeles,
las soberanías, los querubines y los serafines
y todos los demás ejércitos celestiales,
como la gloria o como la luz de inmortalidad,
qué gozo, qué esplendor de vida inmaterial,
sino la única luz de la Santa Trinidad?…
Cítame un ser incorpóreo o corpóreo
y verás que es Dios quien lo ha hecho todo.
Si se te habla de un ser cualquiera, sea del cielo,
sea de la tierra o de los abismos,
también para ellos, para todos, no hay más que una vida, una gloria,
un deseo y un reino,
una única riqueza, gozo, corona, victoria, paz,
o cualquier otro resplandor:
el conocimiento del Principio y de la Causa
de donde viene todo, de donde ha nacido.
Allí está el que mantiene las cosas de arriba y las cosas de abajo,
allí está el que pone orden a todos los seres espirituales,
allí está el que reina sobre todos los seres visibles…
Han crecido en conocimiento y redoblado en temor
viendo caer a Satán
y sus compañeros llevados de la presunción.
Los que han caído han olvidado todo esto,
esclavos de su orgullo;
mientras que todos los que han conservado el conocimiento,
levantados por el temor y el amor,
se han unido a su Señor.
Así el reconocimiento de su señorío
producía también el crecimiento en el amor
porque veían mejor y más claramente
el resplandor fulgurante de la Trinidad.

Catequesis del Papa durante la Audiencia General de los días miércoles.

Texto completo de la catequesis del papa Francisco en la audiencia del miércoles 28 de septiembre de 2016,
 
El Santo Padre explica que en la hora de la cruz, la salvación de Cristo alcanza su culmen
El papa Francisco en la audiencia general - CTV

El Papa Francisco En La Audiencia General – CTV

(ZENIT – Ciudad del Vaticano).- El papa Francisco, en la audiencia general de este miércoles, ha reflexionado sobre el perdón y la misericordia de Jesús, tomando como referencia a los dos ladrones que le acompañaron en el momento de la cruz. Así, el Santo Padre ha recordado que Jesús nos ha salvado permaneciendo en la cruz y muriendo en la cruz, inocente, entre dos criminales, “Él espera que la salvación de Dios pueda alcanzar todo hombre en cualquier condición, también la más negativa y dolorosa”. Asimismo, el Pontífice ha asegurado que la salvación de Dios es para todos, sin excluir a nadie

Texto completo:

Queridos hermanos y hermanas, buenos días.

Las palabras que Jesús pronuncia durante su Pasión encuentra su cúlmen en el perdón. Jesús perdona. “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen” (Lc 23,34). No son solamente palabras, porque se convierten en un acto concreto en el perdón ofrecido al “buen ladrón”, que está junto a Él. San Lucas habla de dos ladrones crucificados con Jesús, que se dirigen a Él con actitudes opuestas.

El primero lo insulta, como hacía toda la gente allí, como hacen los jefes del pueblo, como un pobre hombre empujado por la desesperación. “¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros” (Lc 23,39). Este grito testimonia la angustia del hombre frente al misterio de la muerte y la trágica conciencia de que solo Dios puede ser la respuesta liberadora: por eso es impensable que el Mesías, el enviado de Dios, pueda estar sobre la cruz sin hacer nada para salvarse.

Y no entendían esto, no entendían el misterio del sacrificio de Jesús. Y sin embargo, Jesús nos ha salvado permaneciendo en la cruz. Todos sabemos que no es fácil quedarse en la cruz, en nuestras pequeñas cruces de cada día, no es fácil. Él, en esta gran cruz, en este gran sufrimiento, se ha quedado así y allí nos ha salvado, ahí nos ha mostrado su omnipotencia, y ahí nos ha perdonado. Ahí se cumple su donación de amor y brota para siempre nuestra salvación. Muriendo en la cruz, inocente entre dos criminales, Él espera que la salvación de Dios pueda alcanzar a cualquier hombre en cualquier condición, también la más negativa y dolorosa. La salvación de Dios es para todos, para todos. Sin excluir a nadie, se ofrece a todos.

Por esto el Jubileo es tiempo de gracia y de misericordia para todos, buenos y malos, los que tienen salud y los que sufren. Hay que recordar la parábola que cuenta Jesús, sobre la fiesta de la boda del hijo de un poderoso de la tierra. Cuando los invitados no quisieron ir, dice a sus siervos “ir a los cruces de los caminos, llamar a todos, buenos y malos”.

Todos somos llamados, buenos y malos. La Iglesia no es solamente para los buenos o los que parecen buenos o se creen buenos. La Iglesia es para todos, y además preferentemente para los malos, porque la Iglesia es misericordia.

Este tiempo de gracia y misericordia nos hace recordar que nada nos puede separar del amor de Cristo (cfr Rm 8,39). A quién está postrado en la cama de un hospital, a quien vive encerrado en una prisión, a los que están atrapados en las guerras, yo digo: hay que mirar el Crucifijo; Dios está con vosotros, permanece con vosotros sobre la cruz y a todos se ofrece como Salvador. Él nos acompaña a todos, a quienes sufren tanto, crucificado por vosotros, por nosotros, por todos. Hay dejar que la fuerza del Evangelio penetre en el corazón y nos consuele, nos dé esperanza y la íntima certeza de que nadie está excluido del perdón. Pero podrán preguntarme, ‘pero diga, padre, ese que ha hecho las cosas más feas en la vida, ¿tiene posibilidad de ser perdonado?’.
Sí. Nadie está excluido del perdón de Dios. Solamente, se acerque a Jesús, arrepentido y con el deseo de ser abrazado.

Este era el primer ladrón. El otro es el llamado “ladrón bueno”. Sus palabras son un maravilloso modelo de arrepentimiento, una catequesis concentrada para aprender a pedir perdón a Jesús. Antes, él se dirige a su compañero: “¿No tienes temor de Dios, tú que sufres la misma pena que él?” (Lc 23,40).

Así destaca el punto de partida del arrepentimiento: el temor de Dios. No el miedo de Dio, el temor filial de Dios, no es el miedo, sino ese respeto que se debe a Dios porque Él es Dios, es un respeto filial porque Él es Padre.

El buen ladrón reclama la actitud fundamental que abre a la confianza en Dios: la conciencia de su omnipotencia y de su infinita bondad. Es este respeto confiado que ayuda a hacer sitio a Dios y a encomendarse a su misericordia.

Después, el buen ladrón declara la inocencia de Jesús y confiesa abiertamente la propia culpa: “Nosotros la sufrimos justamente, porque pagamos nuestras culpas, pero Él no ha hecho nada malo” (Lc 23,41). Por tanto Jesús está allí, en la cruz para estar con los culpables: a través de esta cercanía, Él les ofrece la salvación.

Esto que es escándalo para los jefes, para el primer ladrón, para los que estaban allí, y se burlaban de Jesús, sin embargo es fundamento de su fe. Y así el buen ladrón se convierte en testigo de la gracia; lo imposible ha sucedido. Dios me ha amado hasta tal punto que ha muerto en la cruz por mí. L

a fe misma de este hombre es fruto de la gracia de Cristo: sus ojos contemplan en el Crucifijo el amor de Dios para él, pobre pecador. Era un ladrón, es verdad. Había robado toda la vida. Pero al final, arrepentido de lo que había hecho, mirando a Jesús bueno y misericordioso, ha conseguido “robarse” el cielo. Es un buen ladrón este.

El buen ladrón se dirige finalmente a Jesús, invocando su ayuda: “Jesús, acuérdate de mí cuando vengas a establecer tu Reino” (Lc 23,42). Lo llama por su nombre, “Jesús”, con confianza, y así confiesa lo que ese nombre indica: “el Señor salva”. Esto significa Jesús. Ese hombre pide a Jesús que se acuerde de él. Cuánta ternura en esta expresión, ¡cuánta humanidad! Es la necesidad del ser humano de no ser abandonado, de que Dios esté siempre cerca. En este modo un condenado a muerte se convierte en modelo del cristiano que se encomienda a Jesús. Esto es profundo. Un condenado a muerte es un modelo para nosotros, un modelo de un hombre, un cristiano que se fía de Jesús.  Y también un modelo de la Iglesia, que en la liturgia muchas veces invoca al Señor diciendo, “acuérdate…acuérdate de tu amor.”.

Mientras el buen ladrón habla al futuro: “cuando estés en tu reino”, la respuesta de Jesús no se hace esperar, habla al presente, dice “hoy estarás conmigo en el Paraíso” (v. 43). En la hora de la cruz, la salvación de Cristo alcanza su culmen; y su promesa al buen ladrón revela el cumplimiento de su misión: salvar a los pecadores. Al inicio de su ministerio, en la sinagoga de Nazaret, Jesús había proclamado “la liberación a los prisioneros” (Lc 4,18); en Jericó, en la casa del pecador público Zaqueo, había declarado que “el Hijo del hombre vino a buscar y a salvar lo que estaba perdido” (Lc 19,9). En la cruz, el último acto confirma el realizarse de este diseño salvífico. Desde el inicio al final, Él se ha revelado Misericordia, se ha revelado encarnación definitiva e irrepetible del amor del Padre. Jesús es realmente el rostro de la misericordia del Padre.

El buen ladrón lo ha llamado por su nombre, Jesús. Es una oración breve, y todos podemos hacerlo durante el día muchas veces, Jesús, Jesús, simplemente. Lo hacemos juntos tres veces, adelante: Jesús, Jesús, Jesús. Y así hacedlo durante todo el día. Gracias.

Comentario al evangelio de hoy miércoles 28 de septiembre de 2016

Jesús no tiene donde reclinar la cabeza.
Tiempo Ordinario

Seguir a Cristo como nuestro modelo de vida y con la confianza de ir por el camino adecuado.
Por: P Juan Pablo Menéndez
Fuente: Catholic.net 
http://es.catholic.net/op/articulos/8028/jess-no-tiene-donde-reclinar-la-cabeza.html

Del santo Evangelio según san Lucas 9, 57-62
 
Mientras iban caminando, uno le dijo: «Te seguiré a donde quiera que vayas». Jesús le dijo: «Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza». A otro dijo: «Sígueme». El respondió: «Déjame ir primero a enterrar a mi padre». Le respondió: «Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el Reino de Dios». También otro le dijo: «Te seguiré, Señor; pero déjame antes despedirme de los de mi casa». Le dijo Jesús: Nadie que pone la mano en el arado y mira hacia atrás es apto para el Reino de Dios».
Oración Introductoria
Señor, que esta oración renueve mi estilo de vida. Permite que sepa cultivar con esmero mi corazón de modo que siempre sepa responder a tu llamado, dándote el primer lugar en todo, único camino para lograr la santidad.
Petición
Jesús, dame la fuerza para aceptar todo lo que implique seguir tus pasos, sabiendo cortar con todo lo que pueda separarme de Ti.
Meditación del Papa Francisco
Jerusalén es la meta final, donde Jesús, en su última Pascua, debe morir y resucitar, y así llevar a cumplimiento su misión de salvación. Desde ese momento, después de esa “firme decisión”, Jesús se dirige a la meta, y también a las personas que encuentra y que le piden seguirle les dice claramente cuáles son las condiciones: no tener una morada estable; saberse desprender de los afectos humanos; no ceder a la nostalgia del pasado.
Pero Jesús dice también a sus discípulos, encargados de precederle en el camino hacia Jerusalén para anunciar su paso, que no impongan nada: si no hallan disponibilidad para acogerle, que se prosiga, que se vaya adelante. Jesús no impone nunca, Jesús es humilde, Jesús invita. Si quieres, ven. La humildad de Jesús es así. Él invita siempre, no impone. (S.S. Francisco, 30 de junio de 2013)
Reflexión
Todos los hombres tienen un ídolo, una persona a quién imitar, se sienten atraídos por su forma de ser. Lo imitan en todo, buscan tener su misma marca de ropa, peinarse igual, en fin, su porte gira en lo que es esa persona. Éstas a menudo son artistas o cantantes. Pero hay algo que no hacen: poner límites a sus seguidores.
¿Qué tendría Cristo para atraer tanto a las multitudes? No cantaba ni actuaba. Lo único que hacía era dar a conocer el amor de Dios a los hombres. Ésta fue su arma para que muchos trataran de seguirlo, y aún hoy muchos jóvenes, hombres y mujeres lo siguen como ideal de vida.
En este evangelio se nos presenta un Cristo exigente: «quien pone la mano en el arado y mira hacia atrás no es digno de Mí». Son duras las palabras de la elección de Dios, por lo que comprenden, pero al mismo tiempo donan una paz y una felicidad inmensas dentro del alma, porque se sabe que ha sido Dios mismo quien ha llamado. No todos aceptan el llamado con generosidad, sino que al sentir el peso muchos lo dejan.
Dejemos que Dios nos hable en el corazón y si él nos llama digamos con sinceridad y generosidad que queremos seguirle, aún sabiendo las dificultades que allí encontraremos. Pidamos también en una visita o después de la comunión por las vocaciones para que mande obreros fieles a su mies.
Propósito
Mantenerme fiel a la doctrina de Cristo, aunque el ambiente sea contrario a mi fe católica.
Diálogo con Cristo
Jesús, te pido me des la docilidad y confianza para saber escuchar y responder con prontitud a tu llamada. Permite que sea un testigo de tu amor, auténtico y sincero, de manera que mi fe se manifieste en mis palabras, obras y acciones. Te pido me concedas la gracia para ser coherente con mi fe, especialmente cuando las circunstancias sean contrarias a ella.

EDD. miércoles 28 de septiembre de 2016

Miércoles de la vigésima sexta semana del tiempo ordinario.
http://evangeliodeldia.org/main.php?language=SP&module=readings&localdate=20160927


Libro de Job 9,1-12.14-16.
Job respondió a sus amigos, diciendo:
Sí, yo sé muy bien que es así: ¿cómo un mortal podría tener razón contra Dios?
Si alguien quisiera disputar con él, no podría responderle ni una vez entre mil.
Su corazón es sabio, su fuerza invencible: ¿quién le hizo frente y se puso a salvo?
El arranca las montañas sin que ellas lo sepan y las da vuelta con su furor.
El remueve la tierra de su sitio y se estremecen sus columnas.
El manda al sol que deje de brillar y pone un sello sobre las estrellas.
El solo extiende los cielos y camina sobre las crestas del mar.
El crea la Osa Mayor y el Orión, las Pléyades y las Constelaciones del sur.
El hace cosas grandes e inescrutables, maravillas que no se pueden enumerar.
El pasa junto a mí, y yo no lo veo; sigue de largo, y no lo percibo.
Si arrebata una presa, ¿quién se lo impedirá o quién le preguntará qué es lo que hace?
¡Cuánto menos podría replicarle yo y aducir mis argumentos frente a él!
Aún teniendo razón, no podría responder y debería implorar al que me acusa.
Aunque lo llamara y él me respondiera, no creo que llegue a escucharme.
Salmo 88(87),10bc-11.12-13.14-15.
Yo te invoco, Señor, todo el día,
con las manos tendidas hacia ti.
¿Acaso haces prodigios por los muertos,
o se alzan los difuntos para darte gracias?
¿Se proclama tu amor en el sepulcro,
o tu fidelidad en el reino de la muerte?
¿Se anuncian tus maravillas en las tinieblas,
o tu justicia en la tierra del olvido?
Yo invoco tu ayuda, Señor,
desde temprano te llega mi plegaria:
¿Por qué me rechazas, Señor?
¿Por qué me ocultas tu rostro?
Evangelio según San Lucas 9,57-62.
Mientras Jesús y sus discípulos iban caminando, alguien le dijo a Jesús: «¡Te seguiré adonde vayas!».
Jesús le respondió: «Los zorros tienen sus cuevas y las aves del cielo sus nidos, pero el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza».
Y dijo a otro: «Sígueme». El respondió: «Permíteme que vaya primero a enterrar a mi padre».
Pero Jesús le respondió: «Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú ve a anunciar el Reino de Dios».
Otro le dijo: «Te seguiré, Señor, pero permíteme antes despedirme de los míos».
Jesús le respondió: «El que ha puesto la mano en el arado y mira hacia atrás, no sirve para el Reino de Dios».
Comentario del Evangelio por Beato John Henry Newman (1801-1890), teólogo, fundador del Oratorio en Inglaterra. Meditaciones-Oraciones, Part III, 2,2 « Our Lord refuses sympathy »
“Te seguiré adondequiera que vayas.”
Jesús renunció, en el principio, a María y a José, así como a sus amigos íntimos que le profesaban simpatía. Cuando llegó el tiempo tuvo que renunciar a ellos… Quedémonos unos instantes cerca de María antes de seguir el camino de su Hijo. En una ocasión, Jesús prohibió a alguien que quería seguirle despedirse de los suyos. ¿No fue ésta la manera de actuar con su propia madre?
Oh María, pensamos en tu dolor de madre, causado por la despedida de tu hijo. ¿No es uno de los mayores dolores? ¿Cómo habéis soportado esta primera separación y pasado los primeros días, lejos de él? ¿Cómo habéis podido vivir estos tres años en los que no oímos hablar de ti, hasta el momento de la cruz?