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Autor: Patricio Osiadacz

Realización del Encuentro de la Zona Sur, en Padre Las Casas. Sábado 09 de agosto de 2025.

Paz y bien !!!
Hoy sábado 09 de agosto en Padre Las Casas, la Zona Sur del Movimiento de Laicos Capuchinos de Chile, realizó realizando su Encuentro Zonal, programado para esta fecha.
El hermano Capuchino, José de Sá es quien estuvo a cargo de liderar el tema elegido para los Encuentros Zonales del 2025.
En esta actividad nos sirvió para estar más cerca del Señor, vivir la Espiritualidad Capuchina y compartir nuestra fraternidad entre las diferentes Fraternidades de la Zona Sur y con algunos jóvenes de la Fraternidad San Padre Pío de Padre Las Casas.
Compartimos imágenes de las actividades realizadas durante el día.

Fraternalmente,

Movimiento de Laicos Capuchinos de Chile.

Se realiza Encuentro Zonal de la Zona Sur en Padre Las Casas.

Paz y bien !!!
Hoy sábado 09 de agosto en Padre Las Casas, la Zona Sur del Movimiento de Laicos Capuchinos de Chile, está realizando el Encuentro Zonal, programado para esta fecha.
El hermano Capuchino, José de Sá es quien está a cargo de liderar el tema elegido para los Encuentros Zonales del 2025.
Compartimos imágenes de las actividades durante la mañana.

Fraternalmente,

Movimiento de Laicos Capuchinos de Chile.

EDD. sábado 09 de agosto de 2025.

Primera Lectura

Lectura del libro del Deuteronomio (6,4-13):

Moisés habló al pueblo, diciendo: «Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es solamente uno. Amarás al Señor, tu Dios, con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas. Las palabras que hoy te digo quedarán en tu memoria, se las repetirás a tus hijos y hablarás de ellas estando en casa y yendo de camino, acostado y levantado; las atarás a tu muñeca como un signo, serán en tu frente una señal; las escribirás en las jambas de tu casa y en tus portales. Cuando el Señor, tu Dios, te introduzca en la tierra que juró a tus padres –a Abrahán, Isaac y Jacob– que te había de dar, con ciudades grandes y ricas que tú no has construido, casas rebosantes de riquezas que tú no has llenado, pozos ya excavados que tú no has excavado, viñas y olivares que tú no has plantado, comerás hasta hartarte. Pero, cuidado: no olvides al Señor que te sacó de Egipto, de la esclavitud. Al Señor, tu Dios, temerás, a él sólo servirás, sólo en su nombre jurarás.»

Palabra de Dios

Salmo

Sal 17,2-3a.3bc-4.47.51ab

R/. Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza

Yo te amo, Señor;
tú eres mi fortaleza;
Señor, mi roca,
mi alcázar, mi libertador. R/.

Dios mío, peña mía,
refugio mío, escudo mío,
mi fuerza salvadora, mi baluarte.
Invoco al Señor de mi alabanza
y quedo libre de mis enemigos. R/.

Viva el Señor, bendita sea mi Roca,
sea ensalzado mi Dios y Salvador:
tú diste gran victoria a tu rey,
tuviste misericordia de tu Ungido. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Mateo (17,14-20):

En aquel tiempo, se acercó a Jesús un hombre, que le dijo de rodillas: «Señor, ten compasión de mi hijo, que tiene epilepsia y le dan ataques; muchas veces se cae en el fuego o en el agua. Se lo he traído a tus discípulos, y no han sido capaces de curarlo.»
Jesús contestó: «¡Generación perversa e infiel! ¿Hasta cuándo tendré que estar con vosotros? ¿Hasta cuándo os tendré que soportar? Traédmelo.»
Jesús increpó al demonio, y salió; en aquel momento se curó el niño. Los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron aparte: «¿Y por qué no pudimos echarlo nosotros?»
Les contestó: «Por vuestra poca fe. Os aseguro que si fuera vuestra fe como un grano de mostaza, le diríais a aquella montaña que viniera aquí, y vendría. Nada os sería imposible.»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

Hoy celebramos la fiesta de Santa Teresa Benedicta de la Cruz. Es patrona de Europa pero es una santa que nos puede iluminar el camino a todos los que transitamos por esta vida, a veces tan complicada.

Teresa Benedicta, así llamada cuando se hizo monja carmelita de clausura, se llamaba Edith Stein. Nació a finales del siglo XIX en el seno de una familia judía en Breslau, entonces ciudad de Prusia, hoy perteneciente a Polonia. Educada como judía, pasó por el ateísmo. Se centró en sus estudios de filosofía. Fue la primera mujer en presentar su tesis doctoral en la Alemania de aquel tiempo. Pero lo más importante no son sus logros académicos, que fueron muchos, sino que fue una buscadora incansable de la verdad, siempre teniendo presente el valor de las personas más allá de su raza u orígenes.

Después de un proceso personal largo y riguroso, terminó bautizándose como católica y ejerciendo como laica activa en la formación de profesores y maestros católicos. Cuando llegan los nazis al gobierno de Alemania y le prohíben enseñar por sus orígenes judíos, decide ingresar en un monasterio carmelita de clausura. Hasta allí llega la policía política del régimen nazi. Es detenida y trasladada a un campo de concentración donde es gaseada junto con muchos otros. Asumió así el destino de tantos otros y entregó su vida en aquella locura de exterminio que fueron los campos de concentración nazis en la Segunda Guerra Mundial.

Dos cosas nos pueden hacer pensar ante esta figura. La primera es que fue una mujer que no cejó en su búsqueda de la verdad. Pero no buscaba una verdad abstracta que le sirviese para escribir un libro. Buscaba la verdad que ilumina la vida de la persona, que da sentido a sus quehaceres. La encontró en el Evangelio. Y la segunda es que fue consecuente con esa búsqueda de la verdad. Y consecuente hasta el fin. Cuando encontró la fe, nada se le hizo imposible, como dice Jesús en el Evangelio de hoy.

Fernando Torres, cmf

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/

EDD. viernes 08 de agosto de 2025

Primera Lectura

Lectura del libro del Deuteronomio (4,32-40):

Moisés habló al pueblo, diciendo: «Pregunta, pregunta a los tiempos antiguos, que te han precedido, desde el día en que Dios creó al hombre sobre la tierra: ¿hubo jamás, desde un extremo al otro del cielo, palabra tan grande como ésta?; ¿se oyó cosa semejante?; ¿hay algún pueblo que haya oído, como tú has oído, la voz del Dios vivo, hablando desde el fuego, y haya sobrevivido?; ¿algún Dios intentó jamás venir a buscarse una nación entre las otras por medio de pruebas, signos, prodigios y guerra, con mano fuerte y brazo poderoso, por grandes terrores, como todo lo que el Señor, vuestro Dios, hizo con vosotros en Egipto, ante vuestros ojos? Te lo han hecho ver para que reconozcas que el Señor es Dios, y no hay otro fuera de él. Desde el cielo hizo resonar su voz para enseñarte, en la tierra te mostró aquel gran fuego, y oíste sus palabras que salían del fuego. Porque amó a tus padres y después eligió a su descendencia, él en persona te sacó de Egipto con gran fuerza, para desposeer ante ti a pueblos más grandes y fuertes que tú, para traerte y darte sus tierras en heredad, cosa que hoy es un hecho. Reconoce, pues, hoy y medita en tu corazón, que el Señor es el único Dios, allá arriba en el cielo, y aquí abajo en la tierra; no hay otro. Guarda los preceptos y mandamientos que yo te prescribo hoy, para que seas feliz, tú y tus hijos después de ti, y prolongues tus días en el suelo que el Señor, tu Dios, te da para siempre.»

Palabra de Dios

Salmo

Sal 76,12-13.14-15.16.21

R/. Recuerdo las proezas del Señor

Recuerdo las proezas del Señor;
sí, recuerdo tus antiguos portentos,
medito todas tus obras
y considero tus hazañas. R/.

Dios mío, tus caminos son santos:
¿qué dios es grande como nuestro Dios?
Tú, oh Dios, haciendo maravillas,
mostraste tu poder a los pueblos. R/.

Con tu brazo rescataste a tu pueblo,
a los hijos de Jacob y de José.
Guiabas a tu pueblo, como a un rebaño,
por la mano de Moisés y de Aarón. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Mateo (16,24-28):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Si uno quiere salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí la encontrará. ¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida? ¿O qué podrá dar para recobrarla? Porque el Hijo del hombre vendrá entre sus ángeles, con la gloria de su Padre, y entonces pagará a cada uno según su conducta. Os aseguro que algunos de los aquí presentes no morirán sin antes haber visto llegar al Hijo del hombre con majestad.»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

De entrada, la lectura de estas palabras de Jesús en el texto evangélico de hoy nos hacen sentirnos un poco mal. Podríamos incluso llegar a pensar, si nos lo permitiésemos, que Jesús se ha puesto un poco borde, demasiado exigente: para seguirle, para estar con él, hay que negarse a uno mismo. Es como si dijese que yo tengo que desaparecer, anularme, dejar de ser quien soy. Para ser sincero, me cuesta aceptarlo. De entrada.

Pero vamos a pensar un poco con sentido común. La verdad es que en la historia y en torno a nosotros, nos encontramos con personas tan obsesionadas con sus egos, tan centradas en buscar su seguridad en la salud, en las riquezas, en el dominio sobre los demás, que, al final, terminan arruinando su vida y encontrándose más solos que la una. Es lo que tiene ponerse uno en el centro del universo y mirarse continuamente al ombligo. Los demás pasan a ser satélites de los que me sirvo cuando y en la medida en que me hacen falta, en que me sirven. Lo que suele suceder es que esos otros o bien se enfadan y se niegan a tener relación conmigo o bien se sitúan en un posición tan inferior que en realidad no puede llegar a tener una relación de tú a tú con ellos, una relación humana, una relación gratificante.

La verdad es si hago eso que he explicado en el párrafo anterior, me voy a quedar solo. Y me voy a perder lo mejor de la vida: la relación con los demás, el cariño, el encuentro fraterno, todo eso que es lo verdaderamente valioso en la vida. Claro que para poder establecer una relación de ese tipo, lo primero es renunciar a ser el centro del universo. O, dicho en palabras de Jesús, lo primero es negarme a mí mismo, tomar mi cruz y empezar a caminar con mis hermanos no para servirme de ellos sino como un hermano más. Ahí sí que voy a ganar mi vida, voy a ganar lo que hace que la vida sea verdaderamente valiosa: la amistad, el cariño, el amor. Todo eso que es el Reino del que tanto nos habla Jesús.

En esta perspectiva, se nos hace que Jesús no es demasiado exigente. Simplemente, habla con mucho sentido común. Porque, ¿de qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida?

Fernando Torres, cmf

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/

EDD. jueves 07 de agosto de 2025

Primera Lectura

Lectura del libro de los Números (20,1-13):

En aquellos días, la comunidad entera de los israelitas llegó al desierto de Sin el mes primero, y el pueblo se instaló en Cadés. Allí murió María y allí la enterraron.
Faltó agua al pueblo, y se amotinaron contra Moisés y Aarón. El pueblo riñó con Moisés, diciendo: «¡Ojalá hubiéramos muerto como nuestros hermanos, delante del Señor! ¿Por qué has traído a la comunidad del Señor a este desierto, para que muramos en él, nosotros y nuestras bestias? ¿Por qué nos has sacado de Egipto para traernos a este sitio horrible, que no tiene grano ni higueras ni viñas ni granados ni agua para beber?»
Moisés y Aarón se apartaron de la comunidad y se dirigieron a la tienda del encuentro y, delante de ella, se echaron rostro en tierra.
La gloria del Señor se les apareció, y el Señor dijo a Moisés: «Coge el bastón, reúne la asamblea, tú con tu hermano Aarón, y, en presencia de ellos, ordenad a la roca que dé agua. Sacarás agua de la roca para darles de beber a ellos y a sus bestias.»
Moisés retiró la vara de la presencia del Señor, como se lo mandaba; ayudado de Aarón, reunió la asamblea delante de la roca, y les dijo: «Escuchad, rebeldes: ¿Creéis que podemos sacaros agua de esta roca?»
Moisés alzó la mano y golpeó la roca con el bastón dos veces, y brotó agua tan abundantemente que bebió toda la gente y las bestias.
El Señor dijo a Moisés y a Aarón: «Por no haberme creído, por no haber reconocido mi santidad en presencia de los israelitas, no haréis entrar a esta comunidad en la tierra que les voy a dar.»
(Ésta es la fuente de Meribá, donde los israelitas disputaron con el Señor, y él les mostró su santidad.)

Palabra de Dios

Salmo

Sal 94,1-2.6-7.8-9

R/. Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor:
«No endurezcáis vuestro corazón.»

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos. R/.

Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía. R/.

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras.» R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Mateo (16,13-23):

En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?»
Ellos contestaron: «Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas.»
Él les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?»
Simón Pedro tomó la palabra y dijo: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.»
Jesús le respondió: «¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo.
Ahora te digo yo: tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo.»
Y les mandó a los discípulos que no dijesen a nadie que él era el Mesías. Desde entonces empezó Jesús a explicar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día.
Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo: «¡No lo permita Dios, Señor! Eso no puede pasarte.»
Jesús se volvió y dijo a Pedro: «Quítate de mi vista, Satanás, que me haces tropezar; tú piensas como los hombres, no como Dios.»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

El orden las lecturas diarias y el orden las lecturas de las fiestas a veces que a veces la historia que narran los evangelios no vaya precisamente en orden. Hoy toca el relato de que lo que se ha dado en llamar la confesión de Cesarea de Filipo. Y ayer fue la fiesta de la Transfiguración. Pero en los evangelios el orden es precisamente el contrario: primero la confesión y luego la Transfiguración. Así que cambiemos el orden mental. No ha sucedido la Transfiguración y Jesús pregunta a sus discípulos “quién dice la gente que soy yo”. Como recibe una respuesta muy variada, les hace una pregunta mucho más directa: “Vosotros, ¿quién decís que soy yo?”.

Hemos leído la respuesta de Pedro, siempre valiente, lanzado, animoso, un poco el jefecillo del grupo de los discípulos. Su respuesta no deja lugar a dudas. Está seguro de que estar con Jesús es estar en el buen camino. Jesús es el Mesías esperado.

Pero la verdad es que de esta lectura la mayor parte de las veces nos hemos terminado fijando en la segunda parte. La que demuestra que Pedro no había entendido bien lo que era ser el Mesías, sus consecuencias. Y la respuesta, un poco brusca, de Jesús.

Voy a romper una lanza por Pedro, y un poco también por todos nosotros. Es verdad que Pedro no había comprendido bien a Jesús. Posiblemente cuando dijo que Jesús era el Mesías no quería decir lo mismo que Jesús tenía claro que era su camino. Pero, ¿cómo le podemos pedir que entendiese bien lo que era Jesús? Nosotros mismos, años y siglos después, tampoco lo entendemos bien en nuestra vida –por mucho que hayamos estudiado muchos libros de teología y hayamos leído muchas veces los evangelios–. Lo mejor de esto que es que Jesús no rechazó a Pedro. Tuvo paciencia, infinita paciencia con él. La misma que tiene con nosotros. La misma que nosotros deberíamos tener con los que nos rodean.

Fernando Torres, cmf

Fuente » https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/

Comentario al Evangelio del miércoles 06 de agosto de 2025

FIESTA DE LA TRANSFIGURACIÓN DEL SEÑOR – Lc 9,28-36 –

La transfiguración es ese momento de la vida de Cristo en que la gloria y eternidad inciden en el tiempo y el mundo, permitiéndonos adivinar la identidad de Cristo, a la vez que adivinar lo que es nuestro destino.

Muchas veces nos pasa como a Pedro, tenemos la tentación de acomodarnos a lo bueno, a lo bonito, a lo fácil y así no avanzaríamos en nuestra vida. Señor de la nueva vida. Que al escucharte y seguirte me convierto en Ti, un transmisor de esperanza un mensajero de la promesa un fuego que se enciende otros fuegos. Señor Jesús, transfigurado en gloria, ilumina nuestra fe, fortalece nuestra esperanza y transforma nuestro corazón para que sepamos escucharte y seguirte cada día.

Queridos hermanos y hermanas, hoy la Iglesia celebra con alegría la Fiesta de la Transfiguración del Señor, un misterio luminoso que nos invita a levantar nuestra mirada hacia el cielo, sin olvidar nuestro compromiso en la tierra. En este Año Jubilar de la Esperanza, este pasaje del Evangelio según San Lucas que acabamos de escuchar nos ilumina y fortalece, recordándonos que la esperanza cristiana no es un simple deseo, sino una certeza fundada en la gloria de Cristo resucitado que ya se nos anticipa. El Evangelio nos dice que Jesús subió al monte con Pedro, Santiago y Juan para orar. En la Biblia, el monte es el lugar del encuentro con Dios, el espacio donde el cielo toca la tierra. Así, también nosotros, en medio de nuestras luchas, cansancios y oscuridades, somos invitados a «subir al monte» de la oración. Hermanos y hermanas, la Transfiguración nos enseña que la esperanza se alimenta en la intimidad con Dios. No es evasión, sino fuerza que renueva el corazón. Cuando nos detenemos a orar, aunque nuestra vida esté rodeada de incertidumbre, escuchamos la voz del Padre que nos dice: «Este es mi Hijo, mi elegido: escúchenlo». La oración abre nuestros ojos para ver la luz de Cristo que ya brilla en medio de nuestras sombras. Lucas nos dice que Jesús conversaba con Moisés y Elías «sobre su éxodo en Jerusalén», es decir, su Pasión, Muerte y Resurrección. Hermanos y hermanas, la Transfiguración anticipa la gloria de la Pascua, pero no la separa de la cruz. Así, el Señor nos enseña que la verdadera esperanza no huye del dolor, sino que lo atraviesa con fe, confiando en que Dios transforma la muerte en vida y la oscuridad en luz. Hermanos y hermanas, en este Año Jubilar de la Esperanza, este misterio nos invita a no rendirnos ante las dificultades. La luz que Pedro, Santiago y Juan contemplaron en el monte nos asegura que el sufrimiento no tiene la última palabra. Como Jesús, somos llamados a caminar hacia Jerusalén, sabiendo que después de la cruz viene la resurrección. La voz del Padre resuena clara: «Este es mi Hijo, mi elegido: escúchenlo». En medio de tantos ruidos e incertidumbres, necesitamos volver a escuchar a Cristo. Su Palabra es la brújula que orienta nuestra vida y la roca firme de nuestra esperanza. Hermanos y hermanas, escuchar a Jesús significa acoger su Evangelio, dejarnos transformar por su amor y vivir según sus enseñanzas. En este Año Jubilar, la invitación es clara: reavivar nuestra fe, redescubrir la belleza del Evangelio y testimoniar al mundo que Cristo es nuestra esperanza. Después de contemplar la gloria del Señor, los discípulos bajaron del monte. La experiencia no los apartó del mundo, sino que los envió de nuevo a la misión. Así también nosotros, transformados por la luz de Cristo, estamos llamados a ser signos de esperanza en nuestras familias, comunidades y sociedad. Que esta fiesta nos recuerde que la Transfiguración no es solo un acontecimiento pasado, sino una promesa presente: cada vez que vivimos en la fe, la caridad y la esperanza, la luz de Cristo brilla en nosotros y a través de nosotros. Hermanos y hermanas, en este Año Jubilar de la Esperanza, contemplemos al Señor transfigurado y dejemos que su luz ilumine nuestras vidas. Subamos al monte de la oración, escuchemos su Palabra, caminemos con Él hacia la Pascua y, renovados por su gloria, bajemos al mundo para anunciar con nuestra vida: ¡Cristo es nuestra esperanza, ayer, hoy y siempre! Amén. – Hermano Mauricio Silva dos Anjos – Hermano Menor Capuchino de Chile.

EDD. miércoles 06 de agosto de 2025

Primera Lectura

Lectura de la profecía de Daniel (7,9-10.13-14):

Durante la visión, vi que colocaban unos tronos, y un anciano se sentó; su vestido era blanco como nieve, su cabellera como lana limpísima; su trono, llamas de fuego; sus ruedas, llamaradas. Un río impetuoso de fuego brotaba delante de él. Miles y miles le servían, millones estaban a sus órdenes. Comenzó la sesión y se abrieron los libros. Mientras miraba, en la visión nocturna vi venir en las nubes del cielo como un hijo de hombre, que se acercó al anciano y se presentó ante él. Le dieron poder real y dominio; todos los pueblos, naciones y lenguas lo respetarán. Su dominio es eterno y no pasa, su reino no tendrá fin.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 96,1-2.5-6.9

R/. El Señor reina altísimo sobre toda la tierra

El Señor reina, la tierra goza,
se alegran las islas innumerables.
Tiniebla y nube lo rodean,
justicia y derecho sostienen su trono. R/.

Los montes se derriten como cera
ante el dueño de toda la tierra;
los cielos pregonan su justicia,
y todos los pueblos contemplan su gloria. R/.

Porque tú eres, Señor,
altísimo sobre toda la tierra,
encumbrado sobre todos los dioses. R/.

Segunda Lectura

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pedro (1,16-19):

Cuando os dimos a conocer el poder y la última venida de nuestro Señor Jesucristo, no nos fundábamos en fábulas fantásticas, sino que habíamos sido testigos oculares de su grandeza. Él recibió de Dios Padre honra y gloria, cuando la Sublime Gloria le trajo aquella voz: «Éste es mi Hijo amado, mi predilecto.» Esta voz, traída del cielo, la oímos nosotros, estando con él en la montaña sagrada. Esto nos confirma la palabra de los profetas, y hacéis muy bien en prestarle atención, como a una lámpara que brilla en un lugar oscuro, hasta que despunte el día, y el lucero nazca en vuestros corazones.

Palabra de Dios

Evangelio de hoy

Lectura del santo Evangelio según san Lucas (9,28b-36):

En aquel tiempo, Jesús cogió a Pedro, a Juan y a Santiago y subió a lo alto de la montaña, para orar. Y, mientras oraba, el aspecto de su rostro cambió, sus vestidos brillaban de blancos. De repente, dos hombres conversaban con él: eran Moisés y Elías, que, apareciendo con gloria, hablaban de su muerte, que iba a consumar en Jerusalén. Pedro y sus compañeros se caían de sueño; y, espabilándose, vieron su gloria y a los dos hombres que estaban con él.
Mientras éstos se alejaban, dijo Pedro a Jesús: «Maestro, qué bien se está aquí. Haremos tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.»
No sabía lo que decía. Todavía estaba hablando, cuando llegó una nube que los cubrió. Se asustaron al entrar en la nube.
Una voz desde la nube decía: «Éste es mi Hijo, el escogido, escuchadle.»
Cuando sonó la voz, se encontró Jesús solo. Ellos guardaron silencio y, por el momento, no contaron a nadie nada de lo que habían visto.

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

Esta historia de la Transfiguración, la fiesta que hoy celebramos, marca un punto importante en la relación entre Jesús y sus amigos más cercanos. Es un punto importante pero no definitivo, como se verá más adelante, cuando llegan los momentos más difíciles de verdad. Basta recordar que al momento de la pasión Pedro niega tres veces conocer a Jesús y los demás discípulos salen corriendo asustados y atemorizados.

Pero es un momento importante porque en la vida pública de Jesús ha habido muchos cambios. De aquella primavera de Galilea en que eran multitudes los que seguían a Jesús ya queda poco. Las multitudes se han quedado en unos pocos. Es la consecuencia del enfrentamiento de Jesús con las autoridades religiosas de su tiempo. Cunde el desánimo entre las filas de sus más allegados. Quizá piensan en sus adentros que no ha valido la pena dejar su vida ordinaria para seguir a Jesús. Quizás…

Precisamente en ese momento colocan los evangelistas esta historia de la Transfiguración. Con sus más amigos, con los más cercanos, Jesús hace un aparte. Se da un paseo hasta lo alto de una montaña. Allí tienen tiempo para charlar tranquilos. Desde lo alto de la montaña, las cosas se ven de otra manera. Surge la confidencia tranquila. Se abre el corazón con más facilidad. La comunicación es más sencilla. Escuchamos con más atención porque no hay ruido que distraiga. Se comprende mejor al otro. Ahí se les hizo más claro a Pedro, Santiago y Juan quién era Jesús. Y cuánto valía la pena seguir con él. Pasase lo que pasase luego. Lo que ven, lo que sienten, lo que experimentan, les ha llegado tan adentro que no les resulta fácil decírselo a los demás. Pero saben que tiene sentido haberlo dejado todo para irse con Jesús.

Quizá a nosotros nos haga falta también de vez en cuando un rato de subir a la montaña, de charlar con tranquilidad, de escuchar al Otro, de dejar que su Palabra nos llegue al corazón. Y luego volver al camino con fuerzas renovadas. Al menos, debemos ser conscientes de nuestra debilidad, por un tiempo.

Fernando Torres, cmf

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/

Comentario al Evangelio del martes 05 de agosto de 2025.

Evangelio del día – Mateo 14, 22-36

¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo! Los cristianos hemos sido llamados a prolongar la mano misericordiosa de Jesús para sostener, para acompañar, para cuidar a los demás en Su Nombre.

Hermanos y hermanas, hoy el Evangelio nos presenta a Jesús caminando sobre las aguas, acercándose a sus discípulos en medio de la tormenta. Esta escena, tan conocida, tiene una fuerza especial para nuestra vida cristiana y, particularmente, para nuestra vocación francisclariana, llamada a vivir con confianza absoluta en Dios, en pobreza, humildad y esperanza. Los discípulos están en la barca, golpeados por el viento y el mar agitado. Así también muchas veces nos sentimos nosotros: la vida fraterna, las responsabilidades, las dificultades del mundo y de la Iglesia pueden parecernos como un mar que amenaza con hundirnos. Pero, en medio de la noche y la tempestad, Jesús se acerca caminando sobre las aguas. No está ausente ni lejano; al contrario, se acerca justamente cuando más lo necesitamos. En nuestra vida francisclariana, marcada por la oración, contemplación, minoridad y la pobreza, estamos llamados a reconocer a Cristo que viene a nuestro encuentro en la sencillez de lo cotidiano, en los hermanos y hermanas, y también en los momentos de prueba. Hermanos y hermanas, la primera palabra de Jesús a los discípulos es “¡Ánimo!”. No les da primero una solución mágica a la tormenta; antes que nada, les devuelve la paz interior y la confianza. San Francisco y Santa Clara, en sus experiencias de fe, también vivirán momentos de oscuridad e incertidumbre, pero siempre se apoyarán en el amor fiel de Dios. Ellos sabían que, aunque el mar se agitara, el Señor es nuestra roca firme. Este es el corazón de nuestra espiritualidad: vivir confiados en que Dios es providencia, que no nos deja naufragar. Pedro, con su audacia, pide caminar hacia Jesús sobre el agua. Por un momento lo logra, pero al sentir el viento y el miedo, comienza a hundirse. ¿No nos pasa también a nosotros? Queremos seguir al Señor con entusiasmo, pero nuestras fragilidades, pecados y miedos nos hacen caer. Sin embargo, lo más hermoso es que Jesús extiende su mano y lo sostiene. Hermanos y hermanas, esta imagen es profundamente francisclariana: no somos perfectos ni fuertes; somos pequeños, pobres y necesitados de la misericordia. Pero Jesús nunca nos deja hundirnos: su gracia siempre nos levanta. Queridos hermanos y hermanas, en medio de las tormentas de la vida, recordemos siempre estas palabras de Jesús: “¡Ánimo, soy Yo, no tengan miedo!”. y respondemos con confianza: “Señor, en Ti confío”.Como San Francisco y Santa Clara, dejemos que esta certeza sostenga nuestro caminar y hagamos de nuestras familias, casas, trabajos y fraternidades un lugar donde todos puedan experimentar la paz de Cristo. –

Hermano Mauricio Silva dos Anjos – Hermano Menor Capuchino de Chile.

EDD. martes 05 de agosto de 2025.

Primera Lectura

Lectura del libro de los Números (12,1-13):

En aquellos días, María y Aarón hablaron contra Moisés, a causa la mujer cusita que había tomado por esposa.
Dijeron: «¿Ha hablado el Señor sólo a Moisés? ¿No nos ha hablado también a nosotros?»
El Señor lo oyó. Moisés era el hombre más sufrido del mundo.
El Señor habló de repente a Moisés, Aarón y María: «Salid los tres hacia la tienda del encuentro.»
Y los tres salieron. El Señor bajó en la columna de nube y se colocó a la entrada de la tienda, y llamó a Aarón y María.
Ellos se adelantaron, y el Señor dijo: «Escuchad mis palabras: Cuando hay entre vosotros un profeta del Señor, me doy a conocer a él en visión y le hablo en sueños; no así a mi siervo Moisés, el más fiel de todos mis siervos. A él le hablo cara a cara; en presencia y no adivinando, contempla la figura del Señor. ¿Cómo os habéis atrevido a hablar contra mi siervo Moisés?»
La ira del Señor se encendió contra ellos, y el Señor se marchó. Al apartarse la nube de la tienda, María tenía toda la piel descolorida, como nieve. Aarón se volvió y la vio con toda la piel descolorida.
Entonces Aarón dijo a Moisés: «Perdón, señor; no nos exijas cuentas del pecado que hemos cometido insensatamente. No la dejes a María como un aborto que sale del vientre, con la mitad de la carne comida.»
Moisés suplicó al Señor: «Por favor, cúrala.»

Palabra de Dios

Salmo

Sal 50,3-4.5-6.12-13

R/. Misericordia, Señor: hemos pecado

Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
por tu inmensa compasión borra mi culpa;
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado. R/.

Pues yo reconozco mi culpa,
tengo siempre presente mi pecado:
contra ti, contra ti solo pequé,
cometí la maldad que aborreces.
En la sentencia tendrás razón,
en el juicio resultarás inocente. R/.

Oh Dios, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme;
no me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Mateo (14,22-36):

Después que la gente se hubo saciado, Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente. Y, después de despedir a la gente, subió al monte a solas para orar. Llegada la noche, estaba allí solo. Mientras tanto, la barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento era contrario. De madrugada se les acercó Jesús, andando sobre el agua. Los discípulos, viéndole andar sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo, pensando que era un fantasma.
Jesús les dijo en seguida: «¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!»
Pedro le contestó: «Señor, si eres tú, mándame ir hacia ti andando sobre el agua.»
Él le dijo: «Ven.»
Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua, acercándose a Jesús; pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó: «Señor, sálvame.»
En seguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo: «¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado?»
En cuanto subieron a la barca, amainó el viento.
Los de la barca se postraron ante él, diciendo: «Realmente eres Hijo de Dios.»
Terminada la travesía, llegaron a tierra en Genesaret. Y los hombres de aquel lugar, apenas lo reconocieron, pregonaron la noticia por toda aquella comarca y trajeron donde él a todos los enfermos. Le pedían tocar siquiera la orla de su manto, y cuantos la tocaron quedaron curados.

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

La clave está en confiar. Cuando nos movemos con la desconfianza como clave de nuestra vida, todo se nos convierte en una amenaza, todo nos hace sentirnos inseguros. El miedo viene a ser el sentimiento más habitual. El otro es posible que nos tienda la mano para saludarnos pero siempre nos quedará la duda de si, al llegar a nosotros, no la cerrará para darnos un puñetazo. Sin confianza no hay vida ni desarrollo. Cuando nacemos somos totalmente vulnerables y confiamos instintivamente en nuestros padres. Pero cuando esa confianza se rompe y se transforma en desconfianza, es como si las nubes de una tormenta amenazasen continuamente nuestra existencia.

En la iglesia hablamos mucho de la fe en Dios. Pero se nos olvida que la confianza es la actitud radical que nos permite vivir. Nos fiamos de los que nos rodean, sobre todo de los más cercanos. Nos fiamos de la comida que nos dan. Nos fiamos del arquitecto que diseñó el edificio en que vivimos y de los obreros que los construyeron. Nos fiamos de que los otros coches van a respetar las normas de tráfico. Nos fiamos de que el dueño de la tienda nos vende realmente lo que nos ofrece y no nos está defraudando. Nos fiamos del amigo a quien le contamos una confidencia y creemos que no lo va a ir diciendo por ahí. Nos fiamos de que el que dice que nos quiere es que nos quiere de verdad. La fe no se dirige solo a Dios sino que es actitud básica de la vida humana. Casi podríamos decir que sin ella no hay vida posible.

Quizá no seamos capaces de salir de la barca como Pedro y andar unos pasos sobre las aguas. Pero nuestra vida también se construye sobre la fe y la confianza. Y sin ella, no hay posibilidad de vivir ni de experimentar el amor. El Reino se apoya en la confianza mutua y en la confianza en Dios. Porque solo sobre la confianza se puede construir la fraternidad. Eso no hará desaparecer las dudas, como las de Pedro, pero nos ayudará a seguir caminando. Porque nos fiamos de Dios.

Fernando Torres, cmf

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/