Ir al contenido principal

Autor: Patricio Osiadacz

Homilia para la Eucaristía del domingo 17 de agosto de 2025.

DOMINGO XX DEL CICLO C.

Jeremías 38,3-6.8-10: Jeremías el rechazado, es enterrado vivo en un aljibe o cisterna; está con el barro hasta el cuello. Dios lo salva, lo que es una señal Pascual.
Hebreos 12,1-4: Invita a la perseverancia en la fe así como otros supieron vencer y mantenerse fieles; entre los que sobresale el mismo Jesús, que soportó la ignominia.
Lucas 12,49-53: Jesús es causa de división; ante Él no cabe la indiferencia..

1.- Ya sea Israel o la Iglesia tienen una misión muy concreta: hacer presente el Reinado de Dios en este mundo. Por eso está presente en una realidad concreta, el mundo, que se opone a Dios. Y porque se opone a Dios rechaza todo lo que tiene relación con Él: sus enviados, su mensaje, su Pueblo. Por eso fue rechazado Jeremías, el Profeta de Dios. ¿Por qué? Por perturbar el orden, por anunciar calamidades. Ya sabemos lo que le pasó. Es rechazado y condenado al suplicio más humilde: hundirlo en el barro hasta el cuello.
Jeremías viene a ser una imagen genuina de Cristo. El rechazo al Profeta, a Cristo no es más que un rechazo al Plan de Dios, que quiere implantar su Reinado, que se cumpla su Voluntad-

2.- Por eso, el rechazo es parte de la vida del Pueblo de Dios. En todo tiempo la Iglesia ha sido rechazada y perseguida. Y la carta a los Hebreos nace una exhortación a renovar la fe. La comunidad cristiana estaba empezando a ser cruelmente perseguida. Por esta razón presenta a Jesús como modelo, Él viene a robustecer nuestra fe y esperanza en Dios en medio de los conflictos que nos depara la vida en el mundo. Se nos exhorta a reanimar nuestra fe y perseverar. Jesús supo resistir y mantenerse firme sin perder de vista la promesa de Dios.

3.- Con Cristo el Reino de Dios irrumpe en este mundo. Y ahí está la misión nuestra: trabajar para que se implante el Reinado de Dios en este mundo. Pero el mundo no lo admite, ya que se opone a sus planes. El Reino que Cristo trae no es una paz tranquilizadora, es más bien un compromiso serio que indica una lucha por la paz.
El Reino de Dios no viene a competir con los poderes de este mundo, pero inevitablemente va a encontrar el rechazo de parte de los poderosos de este mundo. Ataca porque el Reino de Dios, su Mensaje, se opone abiertamente al discurso del mundo.
En nuestro mundo existen poderes que son opuestos unos de otros. Pero todos ofrecen y prometen lo mejor para la humanidad. Lo estamos viendo; sin embargo cada uno ataca al otro. Y ambos rechazan el Plan de Dios, se oponen a lo que Dios quiere para nosotros. Y ya se ve el resultado.

4.- Por eso es llamativo lo que nos dice el evangelio. Jesús sabe que tiene que encender el fuego del juicio para arrancar todo mal de la tierra. Ya sabemos el porqué de su venida, por eso nos propone un estilo de vida nuevo, donde en verdad haya amor, respeto, justicia, etc. Y el mundo no quiere eso, por eso persigue y elimina. Es inevitable el conflicto porque el Reino choca con el mundo
Hoy, como ayer, los que quieran seguir a Cristo y continuar su misión, serán rechazados.
Es un hecho paradójico: cuando se quiere introducir la paz es cuando hay más conflicto, aparecen los enemigos de la paz verdadera.
Nosotros no podemos renunciar a nuestra misión. Como Jeremías, como Cristo también nosotros podemos decir lo del salmista: “Me sacaste de la fosa infernal, del barro cenagoso; afianzó mis pies sobre roca”.
Con esta fe debemos salir de aquí a vivir y proclamar que el Reinado de Dios está cerca.
Hermano Justo Pastor Salvo Beas.

EDD. viernes 15 de agosto de 2025

Primera Lectura

Lectura del libro del Apocalipsis (11,19a;12,1.3-6a.10ab):

Se abrió en el cielo el santuario de Dios y en su santuario apareció el arca de su alianza. Después apareció una figura portentosa en el cielo: Una mujer vestida de sol, la luna por pedestal, coronada con doce estrellas. Apareció otra señal en el cielo: Un enorme dragón rojo, con siete cabezas y diez cuernos y siete diademas en las cabezas. Con la cola barrió del cielo un tercio de las estrellas, arrojándolas a la tierra. El dragón estaba enfrente de la mujer que iba a dar a luz, dispuesto a tragarse el niño en cuanto naciera. Dio a luz un varón, destinado a gobernar con vara de hierro a los pueblos. Arrebataron al niño y lo llevaron junto al trono de Dios. La mujer huyó al desierto, donde tiene un lugar reservado por Dios.
Se oyó una gran voz en el cielo: «Ahora se estableció la salud y el poderío, y el reinado de nuestro Dios, y la potestad de su Cristo.»

Palabra de Dios

Salmo

Sal 44,10bc.11-12ab.16

R/. De pie a tu derecha está la reina, enjoyada con oro de Ofir

Hijas de reyes salen a tu encuentro,
de pie a tu derecha está la reina,
enjoyada con oro de Ofir. R/.

Escucha, hija, mira: inclina el oído,
olvida tu pueblo y la casa paterna;
prendado está el rey de tu belleza:
póstrate ante él, que él es tu señor. R/.

Las traen entre alegría y algazara,
van entrando en el palacio real. R/

.Segunda Lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (15,20-27a):

Cristo resucitó de entre los muertos: el primero de todos. Si por un hombre vino la muerte, por un hombre ha venido la resurrección. Si por Adán murieron todos, por Cristo todos volverán a la vida. Pero cada uno en su puesto: primero Cristo, como primicia; después, cuando él vuelva, todos los que son de Cristo; después los últimos, cuando Cristo devuelva a Dios Padre su reino, una vez aniquilado todo principado, poder y fuerza. Cristo tiene que reinar hasta que Dios haga de sus enemigos estrado de sus pies. El último enemigo aniquilado será la muerte. Porque Dios ha sometido todo bajo sus pies.

Palabra de Dios

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Lucas (1,39-56):

En aquellos días, Maria se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. En cuanto Isabel oyó el saludo de Maria, saltó la criatura en su vientre.
Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito: «¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.»
María dijo: «Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia –como lo había prometido a nuestros padres– en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.»
María se quedó con Isabel unos tres meses y después volvió a su casa.

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

El Papa Francisco hablaba mucho de la “Iglesia en salida”. Era una expresión un poco extraña pero todos entendimos muy bien lo que quería decía. Pues bien, el texto evangélico de este día en la fiesta de la Asunción de María, creo que nos puede servir como un buen ejemplo práctico de lo que es una “Iglesia en salida”.

Según lo relata Lucas en su Evangelio esta visita de María a su prima Isabel acontece inmediatamente después de la anunciación, del momento en que Dios se hace presente a María y le anuncia que va a tener un hijo. María se podía haber quedado en contemplación mística, dejándose llenar por lo que había sido el anuncio del ángel, sintiéndose llena de gracia, recogida en sus pensamientos y sensaciones. Pero no hace eso. En el anuncio del ángel se había incluido la noticia de que su prima Isabel, ya anciana, también había concebido y estaba embarazada. Así que lo que hace María es exactamente lo contrario de lo que se podía esperar. En lugar de quedarse ensimismada en lo suyo, deja su pueblo, sale al camino, y se dirige al lugar donde vive Isabel para estar con ella, acompañarla y ayudarla. Eso es precisamente lo que el Papa Francisco quería decir al hablar de la “Iglesia en salida”.

María es modelo y madre de la Iglesia. Y precisamente es modelo en este salir de sí para acercarse al otro y atenderlo en su necesidad. Es modelo en no quedarse ensimismada en sus oraciones y meditaciones, en la contemplación de la gracia, sino en salir a los caminos a encontrarse con los necesitados, sean del color, religión, sexo, nacionalidad, cultura, lengua que sean, para echar una mano, para atenderlos.

Una Iglesia que se centra en sí misma, en sus celebraciones, en sus cantos, en su pureza y en sus rituales, es exactamente lo contrario a una “Iglesia en salida”. De María podemos aprender a este no pensar en primer lugar en nosotros y en nuestras necesidades sino a descentrarnos, a poner al otro y sus necesidades en primer lugar y servirlo. Porque para servir a los hermanos estamos. Y un cristiano que no sirve, no sirve para nada.

Fernando Torres, cmf

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/

EDD. jueves 14 de agosto de 2025.

Primera Lectura

Lectura del libro de Josué (3,7-10a.11.13-17):

En aquellos días, el Señor dijo a Josué: «Hoy empezaré a engrandecerte ante todo Israel, para que vean que estoy contigo como estuve con Moisés. Tú ordena a los sacerdotes portadores del arca de la alianza que cuando lleguen a la orilla se detengan en el Jordán.»
Josué dijo a los israelitas: «Acercaos aquí a escuchar las palabras del Señor, vuestro Dios. Así conoceréis que un Dios vivo está en medio de vosotros, y que va a expulsar ante vosotros a los cananeos. Mirad, el arca de la alianza del Dueño de toda la tierra va a pasar el Jordán delante de vosotros. Y cuando los pies de los sacerdotes que llevan el arca de la alianza del Dueño de toda la tierra pisen el Jordán, la corriente del Jordán se cortará: el agua que viene de arriba se detendrá formando un embalse.»
Cuando la gente levantó el campamento para pasar el Jordán, los sacerdotes que llevaban el arca de la alianza caminaron delante de la gente. Y, al llegar al Jordán, en cuanto mojaron los pies en el agua –el Jordán va hasta los bordes todo el tiempo de la siega–, el agua que venía de arriba se detuvo, creció formando un embalse que llegaba muy lejos, hasta Adam, un pueblo cerca de Sartán, y el agua que bajaba al mar del desierto, al mar Muerto, se cortó del todo. La gente pasó frente a Jericó. Los sacerdotes que llevaban el arca de la alianza del Señor estaban quietos en el cauce seco, firmes en medio del Jordán, mientras Israel iba pasando por el cauce seco, hasta que acabaron de pasar todos

Palabra de Dios

Salmo

Sal 113A,1-2.3-4.5-6

R/. Aleluya

Cuando Israel salió de Egipto,
los hijos de Jacob de un pueblo balbuciente,
Judá fue su santuario,
Israel fue su dominio. R/.

El mar, al verlos, huyó,
el Jordán se echó atrás;
los montes saltaron como carneros;
las colinas, como corderos. R/.

¿Qué te pasa, mar, que huyes,
a ti, Jordán, que te echas atrás?
¿Y a vosotros, montes, que saltáis como carneros;
colinas, que saltáis como corderos? R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Mateo (18,21–19,1):

En aquel tiempo, se adelantó Pedro y preguntó a Jesús: «Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces le tengo que perdonar? ¿Hasta siete veces?»
Jesús le contesta: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Y a propósito de esto, el reino de los cielos se parece a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus empleados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así. El empleado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo: «Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré todo.» El señor tuvo lástima de aquel empleado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda. Pero, al salir, el empleado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba, diciendo: «Págame lo que me debes.» El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba, diciendo: «Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré.» Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía. Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo: «¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo pediste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?» Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda. Lo mismo hará con vosotros m¡ Padre del cielo, si cada cual no perdona de corazón a su hermano.»
Cuando acabó Jesús estas palabras, partió de Galilea y vino a la región de Judea, al otro lado del Jordán.

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

Si las matemáticas que aprendí de pequeño siguen funcionando la diferencia entre las cuentas que hace Pedro y las que hace Jesús en la cuestión del perdón son enormes. Las siete veces de Pedro se convierten para Jesús en cuatrocientas noventa veces. ¡Qué barbaridad! Es que Jesús cuando se pone a exagerar no hay quien lo pare. O, quizá, pensándolo mejor, y pensando sobre todo, en las veces que cada uno de nosotros hemos metido la pata y acudido a nuestro Padre Dios para pedir perdón, igual es que Jesús se quedó corto. Porque, ¿cuándo nos ha negado Dios el perdón? Me da la impresión de que hemos sobrepasado con creces esa cifra mágica de cuatrocientas noventa veces que dijo Jesús. Es decir, que en realidad Jesús no exageró en absoluto cuando dijo esa cifra. Solamente nos pidió que hiciésemos con nuestros hermanos y hermanas lo mismo que hace Dios con nosotros. Ni más ni menos. Y nunca llegaremos a ser tan generosos en el perdón como lo es Dios. Por mucho que lo intentemos.

Para confirmarlo, Jesús cuenta una historia a su querido Pedro. Es la historia del rey que perdona a uno de sus vasallos una deuda enorme, inmensa. Le deja ir porque se compadece de él y de su familia. Pasa que luego el vasallo se encuentra con un compañero que le debe a él dinero. Una nimiedad, unos céntimos, nada en comparación con lo que el vasallo debía al rey. Pero he aquí que el vasallo no perdona a su compañero. Exige el pago de la deuda y, al ser imposible, manda a su compañero a la cárcel. ¡Qué injusticia! Al que le habían perdonado tanto no es capaz de perdonar una miseria.

Pues aplíquese la historia a cada uno de nosotros. Estamos salvados por puro amor de Dios. No por méritos nuestros sino, repito, por puro amor y generosidad de Dios. Y aún así somos capaces de andar preguntando cuantas veces tenemos que perdonar a nuestro hermano. ¡Qué poca vergüenza! Ensanchemos el corazón y apliquemos a nuestros hermanos la misma misericordia y el mismo perdón que Dios usa con nosotros.

Fernando Torres, cmf

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/

EDD. miércoles 13 de agosto de 2025.

Primera Lectura

Lectura del libro del Deuteronomio (34,1-12):

En aquellos días, Moisés subió de la estepa de Moab al monte Nebo, a la cima del Fasga, que mira a Jericó; y el Señor le mostró toda la tierra: Galaad hasta Dan, el territorio de Neftall, de Efraín y de Manasés, el de Judá hasta el mar occidental, el Negueb y la comarca del valle de Jericó, la ciudad de las palmeras, hasta Soar; y le dijo: «Ésta es la tierra que prometí a Abrahán, a Isaac y a Jacob, diciéndoles: «Se la daré a tu descendencia.» Te la he hecho ver con tus propios ojos, pero no entrarás en ella.»
Y allí murió Moisés, siervo del Señor, en Moab, como había dicho el Señor. Lo enterraron en el valle de Moab, frente a Bet Fegor; y hasta el dia de hoy nadie ha conocido el lugar de su tumba. Moisés murió a la edad de ciento veinte años; no había perdido vista ni había decaído su vigor. Los israelitas lloraron a Moisés en la estepa de Moab treinta días, hasta que terminó el tiempo del duelo por Moisés. Josué, hijo de Nun, estaba lleno del espíritu de sabiduría, porque Moisés le había impuesto las manos; los israelitas le obedecieron e hicieron lo que el Señor había mandado a Moisés. Pero ya no surgió en Israel otro profeta como Moisés, con quien el Señor trataba cara a cara; ni semejante a él en los signos y prodigios que el Señor le envió a hacer en Egipto contra el Faraón, su corte y su país; ni en la mano poderosa, en los terribles portentos que obró Moisés en presencia de todo Israel.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 65,1-3a.5.8.16-17

R/. Bendito sea Dios,
que me ha devuelto la vida

Aclamad al Señor, tierra entera;
tocad en honor de su nombre,
cantad himnos a su gloria.
Decid a Dios: «¡Qué temibles son tus obras!» R/.

Venid a ver las obras de Dios,
sus temibles proezas en favor de los hombres.
Bendecid, pueblos, a nuestro Dios,
haced resonar sus alabanzas. R/.

Fieles de Dios, venid a escuchar,
os contaré lo que ha hecho conmigo:
a él gritó mi boca
y lo ensalzó mi lengua. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Mateo (18,15-20):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Si tu hermano peca, repréndelo a solas entre los dos. Si te hace caso, has salvado a tu hermano. Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos, para que todo el asunto quede confirmado por boca de dos o tres testigos. Si no les hace caso, díselo a la comunidad, y si no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un gentil o un publicano. Os aseguro que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo. Os aseguro, además, que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre del cielo. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

El texto evangélico de hoy comienza con una frase de Jesús que me hace temblar. Dice Jesús que “si tu hermano peca…” y sigue con diversas consideraciones sobre lo que hay que hacer. No discuto las consideraciones que hace Jesús. ¡Faltaría más! Pero me hace temblar esa primera fase. La razón es sencilla: ¿Cómo puedo yo estar seguro de que mi hermano ha pecado?

Puedo estar seguro de que ha hecho algo que objetivamente está mal hecho. Pero de ahí a afirmar, a estar seguro, de que ha pecado, con todo lo que significa cometer un pecado, hay mucho trecho. En la moral más tradicional quedaba claro que para cometer un pecado mortal es necesario que haya materia grave (no vale cualquier fruslería), que haya pleno consentimiento o, dicho de otra manera, plena voluntad de hacer lo que se hace, siendo consciente de lo que se hace y que haya pleno conocimiento, que sepa que lo que estoy haciendo es pecado mortal. Si no sé lo que hago o lo hago sin darme cuenta, no hay pecado. Esto que se aplica al pecado mortal, se aplica a cualquier pecado. Tenemos que ser conscientes de lo que hacemos y quererlo hacer para poder decir que hemos cometido un pecado.

Está claro que estas condiciones suceden en la conciencia de cada persona. Por eso, repito, puedo estar seguro de que lo que veo hacer a mi hermano/a es algo grave o leve, es algo que no está bien hacerlo, pero de ahí a afirmar que es un pecado hay mucho camino. Es dar por supuesto que conozco el interior de la persona, sus motivaciones más profundas. Ese es un campo en el que hay que ser muy prudente.

Por eso, hay que ser muy cauteloso a la hora de juzgar a mis hermanos/as. Porque no llegamos nunca a conocer bien el interior de su conciencia, de sus razones, de sus motivaciones. Y ese es el campo donde hay que aplicar la misericordia, la misma misericordia que Dios tiene conmigo y mis muchas limitaciones. Eso no significa que no haya que corregir pero siempre desde la comprensión y la misericordia. Nunca desde el juicio fustigador, duro o crítico.

Fernando Torres, cmf

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/

EDD. martes 12 de agosto de 2025

Primera Lectura

Lectura del libro del Deuteronomio (31,1-8):

Moisés dijo estas palabras a los israelitas: «He cumplido ya ciento veinte años, y me encuentro impedido; además, el Señor me ha dicho: «No pasarás ese Jordán.» El Señor, tu Dios, pasará delante de ti. Él destruirá delante de ti esos pueblos, para que te apoderes de ellos. Josué pasará delante de ti, como ha dicho el Señor. El Señor los tratará como a los reyes amorreos Sijón y Og, y como a sus tierras, que arrasó. Cuando el Señor os los entregue, haréis con ellos lo que yo os he ordenado. ¡Sed fuertes y valientes, no temáis, no os acobardéis ante ellos!, que el Señor, tu Dios, avanza a tu lado, no te dejará ni te abandonará.»
Después Moisés llamó a Josué, y le dijo en presencia de todo Israel: «Sé fuerte y valiente, porque tú has de introducir a este pueblo en la tierra que el Señor, tu Dios, prometió dar a tus padres; y tú les repartirás la heredad. El Señor avanzará ante ti. Él estará contigo; no te dejará ni te abandonará. No temas ni te acobardes.»

Palabra de Dios

Salmo Responsorial

Dt 32,3-4a.7.8.9.12

R/. La porción del Señor fue su pueblo

Voy a proclamar el nombre del Señor:
dad gloria a nuestro Dios.
Él es la Roca,
sus obras son perfectas. R/.

Acuérdate de los días remotos,
considera las edades pretéritas,
pregunta a tu padre, y te lo contará,
a tus ancianos, y te lo dirán. R/.

Cuando el Altísimo daba a cada pueblo su heredad
y distribuía a los hijos de Adán,
trazando las fronteras de las naciones,
según el número de los hijos de Dios. R/.

La porción del Señor fue su pueblo,
Jacob fue el lote de su heredad.
El Señor sólo los condujo,
no hubo dioses extraños con él. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Mateo (18,1-5.10.12-14):

En aquel momento, se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron: «¿Quién es el más importante en el reino de los cielos?»
Él llamó a un niño, lo puso en medio y dijo: «Os aseguro que, si no volvéis a ser como niños, no entraréis en el reino de los cielos. Por tanto, el que se haga pequeño como este niño, ése es el más grande en el reino de los cielos. El que acoge a un niño como éste en mi nombre me acoge a mí. Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños, porque os digo que sus ángeles están viendo siempre en el cielo el rostro de mi Padre celestial. ¿Qué os parece? Suponed que un hombre tiene cien ovejas: si una se le pierde, ¿no deja las noventa y nueve en el monte y va en busca de la perdida? Y si la encuentra, os aseguro que se alegra más por ella que por las noventa y nueve que no se habían extraviado. Lo mismo vuestro Padre del cielo: no quiere que se pierda ni uno de estos pequeños.»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

Lo del reino de los cielos es otra cosa. Nada que ver con nuestra forma habitual de pensar. Nada que ver con nuestros miedos. Es que la misma pregunta de los discípulos ya dice mucho sobre la forma de pensar de los que hacen la pregunta. En realidad, a poco que nos pongamos en la perspectiva de Jesús, la pregunta es ridícula. La pregunta se hace desde nuestro mundo, desde esta forma de pensar anquilosada que nos ha llevado a lo largo de la historia a un conflicto tras otro, que nos hace pensar siempre en las relaciones entre las personas situando a unas arriba y a otras abajo. En la perspectiva del reino, la pregunta es simplemente ridícula, sin sentido.

El reino de los cielos es una reino hecho de fraternidad e igualdad. Solo hay un padre, uno que está por encima y ese es Dios. Los demás somos todos iguales, todos hermanos y hermanas, todos a la misma altura. Todos sentados a la misma mesa. La pregunta por quién es el más importante en el reino demuestra claramente los discípulos no habían entendido nada. Pero nada de nada. Y viendo como iba a seguir la historia, está claro que les costó entenderlo y que hoy mismo nos sigue costando entenderlo.

El reino es reino de igualdad y fraternidad, es una familia, la familia de los hijos e hijas de Dios. Y, por eso, es un reino de justicia. Y, por eso, la prueba, la auténtica prueba de que nos movemos en esa dimensión del reino consiste en que los últimos sean los primeros. Los más débiles, los más pobres, los más ineptos, los niños, los ancianos, los enfermos, los que sufren, los más débiles, todos estos que son los últimos en nuestro mundo, son los primeros en el reino. Cuando los tratamos como los primeros, cuando los servimos y atendemos, entonces es cuando el reino se está haciendo presente en medio de nosotros. Porque el Padre no quiere que se pierda ni uno de los más pequeños. Porque todos son sus hijos queridos.

Fernando Torres, cmf

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/

EDD. lunes 11 de agosto de 2025

Primera Lectura

Lectura del libro del Deuteronomio (10,12-22):

Moisés habló al pueblo, diciendo: «Ahora, Israel, ¿qué es lo que te exige el Señor, tu Dios? Que temas al Señor, tu Dios, que sigas sus caminos y lo ames, que sirvas al Señor, tu Dios, con todo el corazón y con toda el alma, que guardes los preceptos del Señor, tu Dios, y los mandatos que yo te mando hoy, para tu bien. Cierto: del Señor son los cielos, hasta el último cielo, la tierra y todo cuanto la habita; con todo, sólo de vuestros padres se enamoró el Señor, los amó, y de su descendencia os escogió a vosotros entre todos los pueblos, como sucede hoy. Circuncidad vuestro corazón, no endurezcáis vuestra cerviz; que el Señor, vuestro Dios, es Dios de dioses y Señor de señores, Dios grande, fuerte y terrible; no es parcial ni acepta soborno, hace justicia al huérfano y a la viuda, ama al forastero, dándole pan y vestido. Amaréis al forastero, porque forasteros fuisteis en Egipto. Temerás al Señor, tu Dios, le servirás, te pegarás a él, en su nombre jurarás. Él será tu alabanza, él será tu Dios, pues él hizo a tu favor las terribles hazañas que tus ojos han visto. Setenta eran tus padres cuando bajaron a Egipto, y ahora el Señor, tu Dios, te ha hecho numeroso como las estrellas del cielo.»

Palabra de Dios

Salmo

Sal 147,12-13.14-15.19-20

R/. Glorifica al Señor, Jerusalén

Glorifica al Señor, Jerusalén;
alaba a tu Dios, Sión:
que ha reforzado los cerrojos de tus puertas,
y ha bendecido a tus hijos dentro de ti. R/.

Ha puesto paz en tus fronteras,
te sacia con flor de harina.
Él envía su mensaje a la tierra,
y su palabra corre veloz. R/.

Anuncia su palabra a Jacob,
sus decretos y mandatos a Israel;
con ninguna nación obró así,
ni les dio a conocer sus mandatos. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Mateo (17,22-27):

En aquel tiempo, mientras Jesús y los discípulos recorrían juntos Galilea, les dijo Jesús: «Al Hijo del hombre lo van a entregar en manos de los hombres, lo matarán, pero resucitará al tercer día.» Ellos se pusieron muy tristes.
Cuando llegaron a Cafarnaún, los que cobraban el impuesto de las dos dracmas se acercaron a Pedro y le preguntaron: «¿Vuestro Maestro no paga las dos dracmas?»
Contestó: «Sí.»
Cuando llegó a casa, Jesús se adelantó a preguntarle: «¿Qué te parece, Simón? Los reyes del mundo, ¿a quién le cobran impuestos y tasas, a sus hijos o a los extraños?»
Contestó: «A los extraños.»
Jesús le dijo: «Entonces, los hijos están exentos. Sin embargo, para no escandalizarlos, ve al lago, echa el anzuelo, coge el primer pez que pique, ábrele la boca y encontrarás una moneda de plata. Cógela y págales por mí y por ti.»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

El texto evangélico de hoy tiene dos partes que parecen muy diferentes y sin conexión. En la primera Jesús de camino con sus discípulos les explica una vez más lo que va a ser su futuro inmediato. Al Hijo del hombre, a él mismo, le van a entregar en manos de los hombres y lo van a matar. Probablemente la mención final de la resurrección es un añadido posterior. O, en caso de que sean palabras de Jesús, lo más probable es que los discípulos no entendieran lo que Jesús quería decir. Era una novedad demasiado novedosa para que entrase en sus mentes. Por eso se entiende que se pusieran muy tristes. Del futuro de Jesús dependía su futuro. Y si Jesús moría, ellos se habían equivocado de líder y de profeta.

En la segunda se nos plantea un tema muy diferente: el pago de los impuestos. Actualmente en la mayoría de los países todos los ciudadanos están obligados al pago de los impuestos. Ni el rey ni el presidente de la república está exento. Pero no era así en tiempo de Jesús. De hecho, los ciudadanos romanos estaban exentos del pago de impuestos. Sólo los habitantes de las naciones dominadas, conquistadas, colonizadas, controladas por los romanos pagaban impuestos. A eso es lo que se refiere Jesús cuando dice que los reyes del mundo no cobran impuestos a sus hijos, sólo a los extraños. Jesús que se siente ciudadano del reino, hijo de Dios, entiende que él no debería pagar. En el reino no hay impuestos y todos son hijos e hijas. En el reino no hay extraños. Pero ya se da cuenta Jesús de que el reino todavía no es una realidad. El reino está viniendo. Ya está pero no se ha cumplido definitivamente. Por eso termina pagando.

En el fondo estas dos partes están muy unidas. Jesús se mueve, por así decir, en otra dimensión. No pertenece ya a este mundo. El es ciudadano del reino de Dios. Por eso y nada más que por eso los hijos de los hombres lo van a matar. Porque no quieren aceptar esa nueva realidad que es el reino. Y por eso, aunque en el reino no hay impuestos, todavía hay que pagarlos. Pero no será así en el reino. Claro que para llegar al reino hay que pasar por la Pasión/Pascua. Quizá entonces los discípulos entenderán lo que significa eso de que “resucitará al tercer día.”

Fernando Torres, cmf

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/

Tránsito de hermana Santa Clara de Asís.

Tránsito de nuestra madre Santa Clara de Asís

Presintiendo tan cerca al Señor, que ya parecía estar a la puerta, Clara quiso que la asistieran los hermanos proclamando la Pasión del Señor o sus santas palabras. Al ver entre ellos al hermano Junípero, admirable juglar de Dios, del que solía pronunciar ardientes palabras, la hermana Clara, inundada de renovada alegría le pregunta si tiene en los labios alguna nueva. Abrió la boca el hermano y dejó salir del horno de su ferviente corazón las chispas llameantes de su dichos, con gran consuelo de la virgen del Señor.

Se vuelve después hacia las hermanas amonestándolas a vivir la pobreza de Jesucristo y recordándolas con ponderación los beneficios que había recibido de Dios. Luego implora la gracia de una abundante bendición sobre todas las Hermanas Pobres, tanto presentes como futuras. Están también aquellos dos benditos compañeros del bienaventurado Francisco: el hermano Ángel, que lloroso consuela a los que lloran, y el hermano León, que no cesa de besar el lecho de la hermana agonizante. Lloran las hermanas desamparadas ante la separación de Clara, que se les va y no han de contemplar más en la tierra. La claridad difusa del alba se extiende sobre la tierra, y un silencio profundo reina en el interior de San Damián. Clara es como una llama que poco a poco se va extinguiendo. Ella ha sido la guardiana del fuego que encendió Francisco en la Iglesia. Entre las manos cruzadas sobre el pecho, aprieta la Bula Papal que aprueba su Regla. Clara ha culminado su obra. Sin sospecharlo, muere fundadora, además de Hermana y Madre. Clara mueve los labios lentamente. Habla a su bendita alma:

Clara: “Vete en paz alma mía, que llevas buena escolta para el viaje. Porque
Aquel que te creó, luego te santificó y puso en ti el Espíritu Santo. Y
siempre te ha guardado como la madre al hijo que ama.

¡BENDITO SEAS
SEÑOR PORQUE ME HAS CREADO!»

Comentario al Evangelio del domingo 10 de agosto de 2025.

XIX Domingo del tiempo ordinario – Ciclo C.
Evangelio del día San Lucas 12, 32-48.

La vida es vida auténtica cuando se contempla (mirar con amor) y se está atento a aquellos con los que se habita, con los que se comparte. Estar vigilantes es mantener viva la pasión por vivir más y mejor, por descubrir el sentido profundo de cada acción y momento. Es un compromiso de fidelidad al Reino, que nos impulsa a actuar con conciencia y amor, transformando lo cotidiano en camino de esperanza y justicia. Vigilancia es estar despiertos al llamado de Dios en cada instante. Así, la vida se convierte en una aventura constante, donde cada día es una invitación a crecer, a servir y a amar con intensidad renovada. No se trata solo de esperar, sino de construir activamente el mundo que Dios sueña para todos. Ser vigilante es, en definitiva, ser testigo vivo del amor que salva.

Queridos hermanos y hermanas, en este XIX Domingo del Tiempo Ordinario, la Palabra de Dios nos invita a vivir con un corazón vigilante y lleno de esperanza. Jesús nos recuerda que somos administradores de los dones que el Padre nos confía y que nuestra vida es un camino hacia el encuentro definitivo con Él. No sabemos ni el día ni la hora, pero sí sabemos cómo quiere que vivamos: con la fe encendida, con las manos abiertas para servir y con una esperanza que no se apaga. En este fin de semana nos unimos con alegría y gratitud a todos los consagrados y consagradas de Chile, que están celebrando el Congreso Nacional de la Vida Consagrada, bajo el lema: “Nuevas miradas a la vida consagrada”. En este Año Jubilar de la Esperanza, esta celebración cobra un significado especial, porque la Iglesia necesita mirar con ojos nuevos el don que el Espíritu ha regalado a través de tantas vocaciones que, como María, se han entregado totalmente al Señor. En este domingo, el Señor nos habla al corazón y nos dice: «No temas, pequeño rebaño, porque su Padre ha tenido a bien darles el Reino». Queridos hermanos y hermanas, las primeras palabras del Evangelio de hoy son un bálsamo para el corazón en medio de un mundo herido por el miedo, la incertidumbre y la desesperanza. Jesús nos llama “pequeño rebaño” no por desprecio, sino con ternura, reconociendo nuestra fragilidad y, al mismo tiempo, asegurándonos que, pese a todo, el Padre nos quiere entregar el tesoro más grande: su Reino. En este Año Jubilar de la Esperanza, estas palabras adquieren un brillo especial. La esperanza no es ingenuidad ni optimismo superficial; es la certeza profunda de que Dios cumple sus promesas y de que nuestra historia está en sus manos. Jesús nos pide estar vigilantes, como los criados que esperan el regreso de su señor. La vigilancia cristiana no es miedo al castigo, sino atención amorosa a la llegada del Amado, el Señor y Salvador Jesús. No esperamos a cualquier persona: esperamos a Aquel que “nos ceñirá, nos hará sentar a la mesa y nos servirá”. Aquí la esperanza se hace concreta: vivimos el presente con responsabilidad porque sabemos que el futuro está en manos de Dios. Hermanos y hermanas, el Evangelio nos recuerda que «a quien mucho se le dio, mucho se le exigirá». El don de la fe, de la vida y de este tiempo de gracia es también una misión. El Año Jubilar nos impulsa a ser administradores fieles y prudentes, cuidando de la casa común, de la comunidad eclesial y de los más vulnerables. La esperanza no se guarda en un cajón: se comparte sirviendo, consolando y sembrando bondad. Jesús nos dice: «No temas». El miedo paraliza, divide y hace que enterremos nuestros talentos. La esperanza, en cambio, nos pone en camino y nos hace perseverar incluso en noches oscuras. Ser cristiano vigilante en la esperanza significa no dejar que la oscuridad nos robe la luz. Hoy, Jesús nos invita a vivir con el corazón despierto, los pies dispuestos al servicio y la mirada fija en el Reino. No sabemos el día ni la hora, pero sí sabemos quién viene: el Señor que nos ama, que nos confía su obra y que nos espera para darnos la plenitud de su vida. Que María, mujer de la espera confiada, y san Francisco y santa Clara, testigos de una esperanza pobre pero fecunda, nos ayuden a vivir este Año Jubilar con alegría vigilante. «Dichosos los siervos a quienes el Señor, al llegar, los encuentre en vela».

Hno. Mauricio Silva dos Anjos – Hermano Menor Capuchino de Chile.

Homilía para la Eucaristía del domingo 10 de agosto de 2025.

DOMINGO XVIII DEL CICLO C.

Eclesiastés 1,21;2,21-23: Reflexión sobre la realidad: todo es vanidad, lo que podría traducirse mejor por “absurdo”. Todo es absurdo. No se descubre el sentido de las cosas.
Colosenses 3,1-5.9-11: Consecuencias de una vida nueva: buscar los bienes de arriba, realizar en la vida un despojo permanente del hombre viejo, de lo mundano.
Lucas 12,13-21: El texto invita a cuidarse de la codicia, ambición. Se nos dice dónde está la plenitud.

1.- La Palabra nos trae un profundo mensaje. Parte diciendo que todo es vacío, absurdo. Bien podría pensarse que es un mensaje pesimista. Pero no es así., al contrario, se nos invita a descubrir el sentido de las cosas. Sólo el pesimista no sabe descubrir la razón de ser de las cosas.
Nosotros vivimos inmersos en una realidad más bien materialista que nos enceguece, es decir, no nos permite ver la realidad.

2.- Pero no. “He nacido para cosas mayores”. (“Ad maiora natus sum”). Y es lo que san Pablo nos quiere decir en su carta. Si es así, debemos aspirar a lo de arriba. Es lo que pretende mostrar la obra “Juan Salvador Gaviota”, no conformarse con lo de abajo, lo rastrero, sino buscar lo de arriba.. Yo diría que el Apóstol está diciendo algo que la gente, a veces, dice en los funerales: “¡Vuela alto!. Sí, tenemos que volar alto, pero no ser volados. Tenemos que liberarnos de tanto lastre que nos impide ser otros, distintos.
Porque tenemos una vida nueva debemos aspirar a lo del cielo, a los valores del Reino. Y esto supone en el creyente un despojo permanente.

3.- Es por eso que hay tanta gente que se siente frustrada porque no ha conseguido nada. Es la vivencia del absurdo. ¡Todo es absurdo! Y absurdo es lo que carece de sentido, lo que es ilógico, tonto. Para algunos filósofos la vida humana es irrazonable y carente de sentido. ¡Y hay tanta gente envuelta en el absurdo! ¿Y cómo terminan? Vemos cómo muchos acuden a la droga, otros terminan en el suicidio. Y no faltan los que caen en el absurdo de defender los derechos humanos, pero arrasando con la vida de muchos. Error en el que han caído muchos gobernantes en el mundo.
Los problemas que hay en el mundo no son sólo de los cristianos, son patrimonio de la humanidad. Es una cuestión del hombre de hoy que si no respeta los derechos fundamentales –el de la vida y de la dignidad humana- se traiciona a sí mismo.

4.- El evangelio nos presenta la idea de cómo ser ricos para Dios, ser plenos.
Mientras muchos se afanan por tener y acumular cosas, cargos, etc. El Señor nos está indicando por dónde va el camino. Ya san Agustín escribió: “Nos hiciste, Señor, para Ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Ti”. Y con el salmo responsorial también podemos decir nosotros: “Enséñanos a calcular nuestros años, para que nuestro corazón alcance la Sabiduría”.
Doctrina de la Iglesia es que la Eucaristía es fuente y cumbre de la vida cristiana. Que ojalá lo sea para nosotros. Es la unión con Jesús la que nos hará ricos para Dios. No pretendamos ser cristianos maduros si menospreciamos la fuente de toda riqueza.

Hno. Pastor.