Autor: Patricio Osiadacz
Apertura del Centenario de la Muerte de San Francisco.

Las celebraciones comienzan oficialmente el 10 de enero.
Celebrando la Pascua de Francisco de Asís 1226-2026
En la sociedad contemporánea, el pensamiento sobre la muerte a menudo se relega, no solo porque nos recuerda que somos criaturas limitadas, sino también porque expone esas falsas certezas que nos hacen sentir dueños del tiempo y la vida. Francisco de Asís, por otro lado, recibe a la Hermana Muerte con cánticos, porque comprendió que ella no es el fin de todo, sino el fin que nos permite entrar en plena comunión con Dios. De hecho, la vida es un don que debe ser correspondido: «Por tanto, no os escondáis de nada, para que quien se da por entero os reciba por entero» (Carta a toda la Orden 29, FF 221).
Al final de sus días, Francisco contempla su vida y descubre la presencia y la acción del Señor en todas partes. Por eso, en su Testamento, lo repite como un estribillo: «El Señor me dio, hermano Francisco… El Señor me dio tal fe en las iglesias… El Señor me dio y me da tal fe… Y después que el Señor me dio hermanos, nadie me mostró lo que debía hacer, pero el Altísimo me reveló que debía vivir según la forma del Santo Evangelio» (Testamento 1-14, FF 110-116). Esta es la misma actitud de Clara de Asís cuando escribió su Testamento en los últimos días de su vida. En él, también, se reconoce a Dios como el Dador, a quien hay que dar gracias por todos los dones que concede, especialmente por el don de la vocación (cf. Testamento de Santa Clara 1-2, FF 2823). La celebración del 800 aniversario de la Pascua de Francisco de Asís es una invitación a contemplar nuestra historia personal y la de nuestra Familia Franciscana con una mirada de fe, capaz de reconocer la presencia y la acción divina en todo, incluso en las situaciones difíciles y dramáticas que hemos vivido o viviremos. Es una oportunidad para agradecer a Dios por todos los dones que nos ha concedido, en particular por el don de Francisco de Asís y su experiencia evangélica, que se convirtió en un carisma articulado en diversas formas de discipulado y apostolado, y que aún hoy tiene el poder de interpelar a mujeres y hombres de todas las culturas, dentro y fuera de la Iglesia Católica.
Próximo a su muerte, Francisco dijo a sus hermanos: «Comencemos, hermanos, a servir al Señor Dios, pues hasta ahora hemos hecho poco o nada». No creía haber alcanzado la meta y, perseverando incansablemente en la búsqueda de una santa renovación, siempre tuvo la esperanza de poder comenzar de nuevo. Quiso volver al servicio de los leprosos» (1 Celano 103, FF 500). La Pascua de Francisco nos recuerda que cada día es una oportunidad para recomenzar, para renovar nuestra respuesta a la llamada del Señor, que nos envía al mundo entero como hermanos y hermanas, para dar testimonio de él con palabras y obras, para que todos sean atraídos al amor de Dios (cf. Paráfrasis del Padrenuestro 5, FF 270).
Finalmente, celebrar la muerte del Pequeño Pobrecito es una ocasión para recordar que todos estamos llamados a la santidad y que, como él, estamos invitados a reflejar la belleza del Evangelio y de nuestra vocación franciscana, porque «la santidad es el rostro más hermoso de la Iglesia» (Gaudete et exsultate 9).
EDD. viernes 02 de enero de 2026.
Primera Lectura
Lectura de la primera carta del apóstol san Juan (2,22-28):
¿Quién es el mentiroso, sino el que niega que Jesús es el Cristo? Ése es el Anticristo, el que niega al Padre y al Hijo. Todo el que niega al Hijo tampoco posee al Padre. Quien confiesa al Hijo posee también al Padre. En cuanto a vosotros, lo que habéis oído desde el principio permanezca en vosotros. Si permanece en vosotros lo que habéis oído desde el principio, también vosotros permaneceréis en el Hijo y en el Padre; y ésta es la promesa que él mismo nos hizo: la vida eterna. Os he escrito esto respecto a los que tratan de engañaros. Y en cuanto a vosotros, la unción que de él habéis recibido permanece en vosotros, y no necesitáis que nadie os enseñe. Pero como su unción os enseña acerca de todas las cosas –y es verdadera y no mentirosa– según os enseñó, permanecéis en él. Y ahora, hijos, permaneced en él para que, cuando se manifieste, tengamos plena confianza y no quedemos avergonzados lejos de él en su venida.
Palabra de Dios
Salmo
Sal 97
R/. Los confines de la tierra han contemplado
la victoria de nuestro Dios
Cantad al Señor un cántico nuevo,
porque ha hecho maravillas:
su diestra le ha dado la victoria,
su santo brazo. R/.
El Señor da a conocer su victoria,
revela a las naciones su justicia:
se acordó de su misericordia y su fidelidad
en favor de la casa de Israel. R/.
Los confines de la tierra han contemplado
la victoria de nuestro Dios.
Aclama al Señor, tierra entera;
gritad, vitoread, tocad. R/.
Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Juan (1,19-28):
Éste fue el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron desde Jerusalén sacerdotes y levitas a Juan a que le preguntaran: «¿Tú quién eres?»
Él confesó sin reservas: «Yo no soy el Mesías.»
Le preguntaron: «¿Entonces, qué? ¿Eres tú Elías?»
Él dijo: «No lo soy.»
«¿Eres tú el Profeta?»
Respondió: «No.»
Y le dijeron: «¿Quién eres? Para que podamos dar una respuesta a los que nos han enviado, ¿qué dices de ti mismo?»
Él contestó: «Yo soy la voz que grita en el desierto: «Allanad el camino del Señor», como dijo el profeta Isaías.»
Entre los enviados había fariseos y le preguntaron: «Entonces, ¿por qué bautizas si tú no eres el Mesías, ni Elías, ni el Profeta?»
Juan les respondió: «Yo bautizo con agua; en medio de vosotros hay uno que no conocéis, el que viene detrás de mí, y al que no soy digno de desatar la correa de la sandalia.»
Esto pasaba en Betania, en la otra orilla del Jordán, donde estaba Juan bautizando.
Palabra del Señor
REFLEXIÓN
San Basilio y san Gregorio Nacianceno, grandes amigos y compañeros de camino, presentan muy bien las dos llamadas que hacen las lecturas de hoy: Permaneced en Dios. Y, por otro lado, predicad humildemente al que llega y al que no son dignos de desatar la sandalia.
Basilio anhelaba la vida monástica, el “permanecer” en Dios en la oración y Gregorio era un gran predicador y filósofo. Ambos se enfrentaron a la realidad de confusión y herejía en el mundo del siglo IV. Y entraron en acción. Lo cual no quiere decir que, al caminar, dejaran de permanecer. A veces la mucha acción (que puede ser tan maravillosamente intencionada como la de luchar por la justicia) podría ir, insensiblemente, disminuyendo el tiempo de la oración. Entonces, se dejaría de permanecer. Pero, paradójicamente, también se dejaría de permanecer si se cae en un ensimismamiento que no mira a la realidad, a las hambres materiales y espirituales del mundo. Entonces se puede estar en un mismo lugar, pero no en el lugar de Dios. Porque entonces no se permanece en Dios y en su voluntad que es que todos se salven y lleguen al conocimiento de la verdad; se permanece, simplemente, en la propia ensoñación. Pero se puede permanecer y obrar al mismo tiempo. La oración y acción de los grandes santos como Teresa de Jesús, Pedro Poveda, Antonio Claret, y hoy Basilio y Gregorio.
Los grandes santos, como lo fueron Basilio y Gregorio aprendieron también muy bien lo de la “correa de la sandalia” de la que habla Juan Bautista. Saben que no se anuncian a sí mismos. Son la voz que grita en el desierto, es decir, en un mundo hostil, confuso y a menudo hereje. Saben también que el que viene “detrás”, viene, en realidad, delante, por encima, a los lados. Es el mismo en quien “nos movemos y somos”. Porque es en Él en quien se permanece. En él en quien estamos “entusiasmados”, es decir, “en theus, endiosados”. Y ese entusiasmo, ese permanecer es el que nos hace caminar, anunciar, actuar.
Cármen Aguinaco
Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/
EDD. jueves 01 de enero de 2026.
Primera Lectura
Lectura del libro de los Números (6,22-27):
EL Señor habló a Moisés:
«Di a Aarón y a sus hijos, esta es la fórmula con la que bendeciréis a los hijos de Israel:
“El Señor te bendiga y te proteja,
ilumine su rostro sobre ti
y te conceda su favor.
El Señor te muestre tu rostro
y te conceda la paz”.
Así invocarán mi nombre sobre los hijos de Israel y yo los bendeciré».
Palabra de Dios
Salmo
Sal 66
R/. Que Dios tenga piedad y nos bendiga.
V/. Que Dios tenga piedad nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación. R/.
V/. Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia
y gobiernas las naciones de la tierra. R/.
V/. Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.
Que Dios nos bendiga; que le teman
todos los confines de la tierra. R/.
Segunda Lectura
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Gálatas (4,4-7):
Hermanos:
Cuando llegó la plenitud del tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la Ley, para rescatar a los que estaban bajo la Ley, para que recibiéramos la adopción filial.
Como sois hijos, Dios envió a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo que clama: «¡“Abba”, Padre!». Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si eres hijo, eres también heredero por voluntad de Dios.
Palabra de Dios
Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Lucas (2,16-21):
EN aquel tiempo, los pastores fueron corriendo hacia Belén y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que se les había dicho de aquel niño.
Todos los que lo oían se admiraban de lo que les habían dicho los pastores. María, por su parte, conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón.
Y se volvieron los pastores dando gloria y alabanza a Dios por todo lo que habían oído y visto, conforme a lo que se les había dicho.
Cuando se cumplieron los ocho días para circuncidar al niño, le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concepción.
Palabra del Señor
REFLEXIÓN
La bendición del libro de Números tiene un efecto extraordinario. Ese brillo de la gloria del rostro de Dios (que no se podía contemplar sin morir) ahora no es señal de muerte sino de vida. El Señor hace brillar su rostro, da la paz y hace entrar en su familia y, como dice Gálatas, si hijos, herederos con Cristo. Es decir, herederos de esa bendición del brillo del rostro de Dios. La bendición de la gloria de Dios es la paz. Pero no es una paz de simple ausencia de conflicto externo, sino algo mucho más profundo.
Hoy celebramos varias cosas además del Año Nuevo: María, Madre de Dios, y la Jornada Mundial de la Paz. Todo va unido. La paz es cuestión, en primer lugar, personal y luego de familia. La paz interior de cada uno de los miembros de una familia (bendecido, cada uno, por el rostro de Dios) lleva a la paz familiar. Y eso mismo se puede extender a vecindarios, pueblos, naciones, el mundo entero. Hablar de paz hoy en un mundo en guerras abiertas, híbridas, silenciadas, o frías parece algo complicado. Se podría decir que la paz que se ofrece es más bien una confiada seguridad en la protección del rostro de Dios sobre nosotros. Es también la seguridad de quien se sabe hijo. Hijo de Dios y, por tanto, hijo también de la Madre de Dios, María.
Quizá la clave de esa extraña paz (materialmente hablando), sea lo que nos dice el evangelio de hoy sobre María que, “guardaba todas esas cosas en su corazón”. No se trata de un silencio perplejo ante el misterio y resignado ante la realidad. Se trata, más bien, del recuerdo (re-cordar es devolver al corazón) de las promesas de Dios y del cumplimiento de tales promesas; se trata de rumiar todos esos actos de presencia de Dios en la propia vida en el pasado y en el presente y la seguridad de la futura presencia y brazo poderoso. Se trata del abandono de los hijos en brazos de sus padres. En brazos de la santísima Madre de Dios.
Cármen Aguinaco
Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/
EDD. miércoles 31 de diciembre de 2025.
Primera Lectura
Lectura de la primera carta del apóstol san Juan (2,18-21):
Hijos míos, es el momento final. Habéis oído que iba a venir un Anticristo; pues bien, muchos anticristos han aparecido, por lo cual nos damos cuenta que es el momento final. Salieron de entre nosotros, pero no eran de los nuestros. Si hubiesen sido de los nuestros, habrían permanecido con nosotros. Pero sucedió así para poner de manifiesto que no todos son de los nuestros. En cuanto a vosotros, estáis ungidos por el Santo, y todos vosotros lo conocéis. Os he escrito, no porque desconozcáis la verdad, sino porque la conocéis, y porque ninguna mentira viene de la verdad.
Palabra de Dios
Salmo Responsorial
Sal 95,1-2.11-12.13-14
R/. Alégrese el cielo, goce la tierra
Cantad al Señor un cántico nuevo,
cantad al Señor, toda la tierra;
cantad al Señor, bendecid su nombre,
proclamad día tras día su victoria. R/.
Alégrese el cielo, goce la tierra,
retumbe el mar y cuanto lo llena;
vitoreen los campo y cuanto hay en ellos,
aclamen los árboles del bosque. R/.
Delante del Señor, que ya llega,
ya llega a regir la tierra: r
egirá el orbe con justicia
y los pueblos con fidelidad. R/.
Evangelio
Comienzo del santo evangelio según san Juan (1,1-18):
En el principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. La Palabra en el principio estaba junto a Dios. Por medio de la Palabra se hizo todo, y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho. En la Palabra había vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió. Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe. No era él la luz, sino testigo de la luz. La Palabra era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre, Al mundo vino, y en el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre. Éstos no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios. Y la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad.
Juan da testimonio de él y grita diciendo: «Éste es de quien dije: «El que viene detrás de mí pasa delante de mí, porque existía antes que yo.»»
Pues de su plenitud todos hemos recibido gracia tras gracia. Porque la Ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo. A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios Hijo único, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.
Palabra del Señor
REFLEXIÓN
Nochevieja. Ya el 2025 está añejo… ¡Y lo celebramos! Porque parece que todo lo viejo está caduco y obsoleto. Parece que el mundo se alegra de que se vaya otro año, como si el que viene trajera una nueva serie de oportunidades. La novedad por la novedad. Como si estuviéramos aburridos. Por otra parte, para los más cínicos en este momento parece que lo que va a traer es más basura, corrupción, una maraña que jamás se desentrañará… La primera carta de Juan que leemos hoy parece, en un principio, estar de acuerdo con esta visión: hay tantos anticristos, que sabemos que es la última hora… No ya del año que termina, sino de todo. Pero, al mismo tiempo, se nos dice que sabemos lo que es la verdad.
La verdad es la luz: en el principio era el Verbo… con tantos anticristos, algunos (dice Juan que incluso los suyos) no lo conocieron. A quienes sí lo conocen se les da, nada más y nada menos, que ser hijos de Dios. El agradecimiento hoy no es tanto por el año que se aleja con todas sus desgracias (quizá para dar paso a otras nuevas, como resulta ser nuestra experiencia), sino el año que nos deja, si lo reconocemos, la inmensa gracia y dignidad de ser hijos en el Hijo, en el Verbo encarnado. De esa plenitud hemos recibido “gracia sobre gracia”. Es un buen momento para despedir el año no con la amargura de tanto malo, desgracias, catástrofes, muertes, guerras, separaciones, como hemos visto, sino con el recuento de gracia sobre gracia recibida: vida, paz interior, alegría, fortaleza para sobrellevar las dificultades, amistad, familia, trabajo si lo ha habido o tiempo para la reflexión si no lo ha habido, gestos de bondad y solidaridad, esfuerzos por la paz… cada uno tendrá (o sería bueno construirla) una lista de gracia sobre gracia recibida. Y es una lista interminable. No es Nochevieja, sino noche perenne de presencia de Dios en la vida; nuevas oportunidades de caminar después de nuestros errores, nuevos impulsos para hacer el bien y para reconocerlo en otros. ¡Bendito 2025! ¡Feliz 2026!
Cármen Aguinaco
Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/
EDD. martes 30 de diciembre de 2025.
Primera Lectura
Lectura de la primera carta del apóstol san Juan (2,12-17):
Os escribo, hijos míos, que se os han perdonado vuestros pecados por su nombre. Os escribo, padres, que ya conocéis al que existía desde el principio. Os escribo, jóvenes, que ya habéis vencido al Maligno. Os repito, hijos, que ya conocéis al Padre. Os repito, padres, que ya conocéis al que existía desde el principio. Os repito, jóvenes, que sois fuertes y que la palabra de Dios permanece en vosotros, y que ya habéis vencido al Maligno. No améis al mundo ni lo que hay en el mundo. Si alguno ama al mundo, no está en él el amor del Padre. Porque lo que hay en el mundo –las pasiones de la carne, y la codicia de los ojos, y la arrogancia del dinero–, eso no procede del Padre, sino que procede del mundo. Y el mundo pasa, con sus pasiones. Pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.
Palabra de Dios
Salmo
Sal 95,7-8a.8b-9.10
R/. Alégrese el cielo, goce la tierra
Familias de los pueblos, aclamad al Señor,
aclamad la gloria y el poder del Señor,
aclamad la gloria del nombre del Señor. R/.
Entrad en sus atrios trayéndole ofrendas,
postraos ante el Señor en el atrio sagrado,
tiemble en su presencia la tierra toda. R/.
Decid a los pueblos: «El Señor es rey,
él afianzó el orbe, y no se moverá;
él gobierna a los pueblos rectamente.» R/.
Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Lucas (2,36-40):
En aquel tiempo, había una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana; de jovencita había vivido siete años casada, y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se apartaba del templo día y noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. Acercándose en aquel momento, daba gracias a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén. Y cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y robusteciéndose, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios lo acompañaba.
Palabra del Señor
REFLEXIÓN
Y nosotros nos iremos y no volveremos más… ¿O no es así? Juan hoy habla a todas las edades, cuyo tiempo va pasando y cuyos afanes, dolores, penas y alegrías, pasan. El mundo y sus placeres pasan. Pero el mensaje que da Juan es de alegría, liberación y fuerza: os hablo porque se os han perdonado los pecados; porque habéis vencido al Maligno, porque conocéis al Padre, porque sois fuertes y la Palabra permanece… Por tanto, no améis las cosas del mundo. “No améis” se podría traducir como “no os aferréis como si fueran Dios”. Porque todo pasa, pero quien está en Dios permanece para siempre. Sabemos bien, y lo aprendimos de memoria en clases de biología (nacen, crecen, se reproducen y mueren…) que todo lo que tiene fin se acaba, y aferrarse a ello podría ser una locura y al larga, una frustración y desesperación.
El tiempo del matrimonio de la profetisa Ana pasó rápidamente, unos meros siete años, pero ella permaneció en las cosas de Dios. Ese permanecer le permitió reconocer la salvación de Dios. Supo crecer y permanecer. Aprendió la sabiduría que supone no aferrarse a lo que pasa.
Es la misma sabiduría de Jesús, según nos dice el Evangelio hoy, que pasó por algunas de las edades de la vida humana a las que se refiere la carta de Juan, creciendo en sabiduría y fuerza… Parte de permanecer para nosotros será quizá ir creciendo en esa sabiduría, ese ir saboreando las cosas de Dios que no pasan, mientras tocamos las cosas del mundo, como Cristo en su Encarnación, con cariño pero sin idolatría. Esa sabiduría de Dios abre a la paz de quien sabe que nada es para siempre. Inclina a la generosidad. Impulsa a la humildad de quien sabe que solo depende de Dios. Es mucho más saludable que la “perturbación” de la que pedimos liberación en el Padrenuestro. El poema de Machado, como la canción de Serrat, tienen una sabiduría muy limitada. Lo nuestro no es pasar sin más; es pasar para permanecer.
Cármen Aguinaco
Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/
EDD. lunes 29 de diciembre de 2025.
Primera Lectura
Lectura de la primera carta del apóstol san Juan (2,3-11):
En esto sabemos que conocemos a Jesús: en que guardamos sus mandamientos. Quien dice: «Yo le conozco», y no guarda sus mandamientos, es un mentiroso, y la verdad no está en él. Pero quien guarda su palabra, ciertamente el amor de Dios ha llegado en él a su plenitud. En esto conocemos que estamos en él. Quien dice que permanece en él debe vivir como vivió él. Queridos, no os escribo un mandamiento nuevo, sino el mandamiento antiguo que tenéis desde el principio. Este mandamiento antiguo es la palabra que habéis escuchado. Y, sin embargo, os escribo un mandamiento nuevo –lo cual es verdadero en él y en vosotros–, pues las tinieblas pasan, y la luz verdadera brilla ya. Quien dice que está en la luz y aborrece a su hermano está aún en las tinieblas. Quien ama a su hermano permanece en la luz y no tropieza. Pero quien aborrece a su hermano está en las tinieblas, camina en las tinieblas, no sabe a dónde va, porque las tinieblas han cegado sus ojos.
Palabra de Dios
Salmo
Sal 95,1-2a.2b-3.5b-6
R/. Alégrese el cielo, goce la tierra
Cantad al Señor un cántico nuevo,
cantad al Señor, toda la tierra;
cantad al Señor, bendecid su nombre. R/.
Proclamad día tras día su victoria.
Contad a los pueblos su gloria,
sus maravillas a todas las naciones. R/.
El Señor ha hecho el cielo;
honor y majestad lo preceden,
fuerza y esplendor están en su templo. R/.
Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Lucas (2,22-35):
Cuando llegó el tiempo de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén, para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: «Todo primogénito varón será consagrado al Señor», y para entregar la oblación, como dice la ley del Señor: «un par de tórtolas o dos pichones.» Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo moraba en él. Había recibido un oráculo del Espíritu Santo: que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu, fue al templo. Cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo previsto por la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: «Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel.» Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño.
Simeón los bendijo, diciendo a María su madre: «Mira, éste está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será como una bandera discutida: así quedará clara la actitud de muchos corazones. Y a ti, una espada te traspasará el alma.»
Palabra del Señor
REFLEXIÓN
En plenas celebraciones de Navidad, comidas y fiestas, las lecturas de hoy son como una sacudida. ¿Por qué sacar a la gente del calorcito de la Navidad, los turrones, los cantos y la familia feliz con duras advertencias y anuncios de dolor? Quizá para recordarnos que lo que se acaba de celebrar hace apenas cuatro días, y de hecho, lo que se celebra en toda la semana de la Octava, no es solo, ni siquiera principalmente, ternura y brillo. Un bebé siempre llena de alegría, pero al mirar la escena bien nos damos cuenta de la paradoja: un bebé que nace en circunstancias bastante complicadas y pobres; un poco más adentro: un Dios que deja su trono y su gloria para que le canten unos seres, en aquel tiempo despreciables, que son los humildes pastores. ¡Pero también los ángeles! El Dios que conoce todo el arco de alegría y gozo humano y se sumerge en él.
Y en este contexto, los mensajes de hoy son de advertencia y anuncio: reconocer al Dios de la Noche de Paz significa seguirlo. Un seguimiento que significa a veces adherirse a unas maneras de obrar que están en contra de lo que indicaría el mundo; sacrificio frente a comodidad, generosidad frente a egoísmo; servicio frente a dominio; verdad frente a corrupción; desprendimiento frente a la tentación de trepar; justicia frente a injusticia… Si no va a ser así, la vida, aunque se diga cristiana, va a ser mentira. Seguirlo significa, como expresa Simeón, reconocer la salvación y también la contradicción. Vivir en una constante fiesta de gloria y alabanza y en una dura aceptación de la espada de dolor que implica el reconocer todo el misterio de vida en el mundo, cruz y resurrección. Es reconocer que no hay vida sin dolor de parto. Que no hay vida eterna sin Pasión y Cruz. Abrazar la espada de dolor, como María, implica la aceptación de una vida humana que sabe que es necesario ser traspasado por el asta de la cruz; por el dolor, el temor y la angustia, con la profunda convicción de que la Vida y la salvación son mucho más fuertes. Del otro lado siempre está la vida.
Cármen Aguinaco
Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/
EDD. sábado 27 de diciembre de 2025
Primera Lectura
Comienzo de la primera carta del apóstol san Juan (1,1-4):
Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros propios ojos, lo que contemplamos y palparon nuestras manos: la Palabra de la vida (pues la vida se hizo visible), nosotros la hemos visto, os damos testimonio y os anunciamos la vida eterna que estaba con el Padre y se nos manifestó. Eso que hemos visto y oído os lo anunciamos, para que estéis unidos con nosotros en esa unión que tenemos con el Padre y con su Hijo Jesucristo. Os escribimos esto, para que nuestra alegría sea completa.
Palabra de Dios
Salmo
Sal 96,1-2.5-6.11-12
R/. Alegraos, justos, con el Señor
El Señor reina, la tierra goza,
se alegran las islas innumerables.
Tiniebla y nube lo rodean,
justicia y derecho sostienen su trono. R/.
Los montes se derriten como cera
ante el dueño de toda la tierra;
los cielos pregonan su justicia,
y todos los pueblos contemplan su gloria. R/.
Amanece la luz para el justo,
y la alegría para los rectos de corazón.
Alegraos, justos, con el Señor,
celebrad su santo nombre. R/.
Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Juan (20,2-8):
El primer día de la semana, María Magdalena echó a correr y fue donde estaba Simón Pedro y el otro discípulo, a quien tanto quería Jesús, y les dijo: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto.»
Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; y, asomándose, vio las vendas en el suelo; pero no entró. Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio las vendas en el suelo y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no por el suelo con las vendas, sino enrollado en un sitio aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó.
Palabra del Señor
REFLEXIÓN
Martirio significa testimonio, y ese testimonio puede exigir en ocasiones el sacrificio de la propia vida. Pero esta forma de testimonio extremo no es lo frecuente. Y, sin embargo, el cristiano, que ha reconocido la presencia del Mesías en el niño nacido en Belén, tiene que estar siempre dispuesto a llegar a ese extremo. El discípulo amado, que la tradición ha identificado con el evangelista San Juan, nos enseña un camino de testimonio radical, que no llega al derramamiento de sangre, pero que no implica una entrega menor de la propia vida. El ver, oír y palpar con las propias manos indican una extraordinaria cercanía a Cristo. Y se trata de un ver, oír y palpar la Palabra que se ha hecho carne. El primer paso para poder dar un testimonio vital y radical es acercarse a esa Palabra, escucharla, contemplarla y ponerla en práctica. Son formas de oír, ver y tocar que están al alcance de todos nosotros, no sólo de los que convivieron con el Jesús histórico. Haciéndolo así nos unimos, por medio de la tradición de toda la Iglesia, a los discípulos de primera hora, y participamos plenamente en su alegría. Se trata de la alegría de la Resurrección. Como aquellos primeros discípulos, oímos el testimonio de María Magdalena, corremos al sepulcro y somos capaces de ver en los signos de muerte el triunfo de la vida, de palpar, gracias a la fe, la victoria de la Resurrección sobre la muerte.
Y así, los que hemos visto, oído y palpado no podemos no transmitirlo con palabras y con el testimonio de nuestra vida. El que da testimonio hoy es el discípulo amado, cuya identidad cierta sigue siendo hoy un misterio. Pero es que cada uno de nosotros puede ponerse en el lugar del discípulo amado, porque ¿qué hemos visto, oído y palpado, sino la manifestación del extremos amor de Dios, que se ha encarnado en la humanidad de Cristo, nacido en Belén, y ha entregado su vida en la cruz y resucitado para la salvación de todos?
José María Vegas, cmf
Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/
Homilía para la Eucaristía del domingo 28 de diciembre de 2025.
LA SAGRADA FAMILIA. A
Eclesiástico 3,3-7.14-17: El texto expone los deberes para con los padres y desentraña el valor religioso que encierra el honrar a los padres.
Colosenses 3,12-21: La vida familiar vivida en el Señor. Su clima es el amor, la paz, la vivencia de la Palabra.
Mateo 2,13-15.19-23: La Familia de Nazaret huye a Egipto; se augura un nuevo Éxodo.
1.- Estamos celebrando el Misterio del Dios-Hombre, el DIOS CON NOSOTROS. Misterio es este no puede quedar reducido a una teoría teológica, sino que en verdad Dios se hace presente en nuestra realidad concreta. Tan presente que asume, incluso, lo frágil, lo débil de nuestra realidad. Pero también asume lo más digno y hermoso que tiene la humanidad: la FAMILIA. El Dios-Amor vive en un Familia, que es una Comunidad de Amor.
La Sagrada Escritura con razón exalta y elogia la vivencia familiar, porque es una expresión concreta de la auténtica vida humana y es también una forma concreta de rendir culto a Dios. Lo dice el texto: “El que honra a su padre será escuchado cuando ore…se le disolverán los pecados”. Hasta este punto llega el valor de la vivencia familiar.
2.- Y el Apóstol nos recuerda que somos la Familia de Dios. Sea como fuere nuestra realidad, tenemos que encuadrar nuestras vidas en lo que nos dice el Señor en su Palabra. El clima normal de la familia es el Amor. Por algo a la Familia se la cataloga como “Comunidad de Amor”. Sin este clima es imposible vivir la Familia, vivir en Familia.
3.-Desgraciadamente este clima ha sido muy contaminado. No se respira el Amor, sino la desconfianza y el rencor. No faltan los femicidios y crímenes al interior de la familia, la violencia intrafamiliar. No existe el respeto: ni por el anciano, por la mujer, por los jóvenes y niños. Es lamentable constatar cómo poco a poco la familia ha sido reducida a una simple convivencia social, carente de amor y respeto.
4.- Jesús, María y José, la Sagrada Familia. Modelo de familia porque siempre vivieron teniendo a Dios presente. Un Dios que siempre estuvo con ellos en las buenas y en las malas.
La Familia de Nazaret tuvo que emigrar, huir de su tierra. Hoy hay muchas familias que han tenido que salir, emigrar de su país; han tenido que llegar a otros lugares donde poder vivir.
Podrá haber miles de razones que pretenden justificar la prohibición del ingreso de los inmigrantes, pero no olvidemos que la Ley debe ser para proteger, no para entorpecer. La Ley no debe ser un obstáculo, sino un medio seguro de ingreso y permanencia.
Las aguas torrenciales arrasan y anegan todo a su paso. Pero si se canalizan pueden ser muy útiles para el regadío. (¡)
Tarea es esta de los responsables y conductores de la sociedad, pero también de los ciudadanos; debemos mostrar al migrante “cómo quieren en Chile al amigo cuando es forastero”
Celebrar el misterio de la Sagrada Familia es comprometerse en vivir lo que esta Divina Familia nos enseña: a vivir al DIOS CON NOSOTROS.
Somos la Familia de Dios y celebraremos el Divino Banquete Familiar. Aquí todos somos Uno en Cristo. Sigamos siéndolo en medio de nuestras propias familias.
Hno. Pastor.
EDD. viernes 26 de diciembre de 2025.
Primera Lectura
Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (6,8-10;7,54-60):
En aquellos días, Esteban, lleno de gracia y poder, realizaba grandes prodigios y signos en medio del pueblo. Unos cuantos de la sinagoga llamada de los libertos, oriundos de Cirene, Alejandría, Cilicia y Asia, se pusieron a discutir con Esteban; pero no lograban hacer frente a la sabiduría y al espíritu con que hablaba. Oyendo estas palabras, se recomían por dentro y rechinaban los dientes de rabia. Esteban, lleno de Espíritu Santo, fijó la mirada en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús de pie a la derecha de Dios, y dijo: «Veo el cielo abierto y al Hijo del hombre de pie a la derecha de Dios.»
Dando un grito estentóreo, se taparon los oídos; y, como un solo hombre, se abalanzaron sobre él, lo empujaron fuera de la ciudad y se pusieron a apedrearlo. Los testigos, dejando sus capas a los pies de un joven llamado Saulo, se pusieron también a apedrear a Esteban, que repetía esta invocación: «Señor Jesús, recibe mi espíritu.»
Luego, cayendo de rodillas, lanzó un grito: «Señor, no les tengas en cuenta este pecado.»
Y, con estas palabras, expiró.
Palabra de Dios
Salmo
Sal 30,3cd-4.6 y Sab 16bc-17
R/. A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu
Sé la roca de mi refugio,
un baluarte donde me salve,
tú que eres mi roca y mi baluarte;
por tu nombre dirigeme y guíame. R/.
A tus manos encomiendo mi espíritu:
tú, el Dios leal, me librarás.
Tu misericordia sea mi gozo y mi alegría.
Te has fijado en mi aflicción. R/.
Líbrame de los enemigos que me persiguen;
haz brillar tu rostro sobre tu siervo,
sálvame por tu misericordia. R/.
Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Mateo (10,17-22):
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: «No os fiéis de la gente, porque os entregarán a los tribunales, os azotarán en las sinagogas y os harán comparecer ante gobernadores y reyes, por mi causa; así daréis testimonio ante ellos y ante los gentiles. Cuando os arresten, no os preocupéis de lo que vais a decir o de cómo lo diréis: en su momento se os sugerirá lo que tenéis que decir; no seréis vosotros los que habléis, el Espíritu de vuestro Padre hablará por vosotros. Los hermanos entregarán a sus hermanos para que los maten, los padres a los hijos; se rebelarán los hijos contra sus padres, y los matarán. Todos os odiarán por mi nombre; el que persevere hasta el final se salvará.»
Palabra del Señor
REFLEXIÓN
La liturgia nos recuerda con crudeza que el mundo en el que ha nacido el Hijo de Dios, el hijo de María, es un mundo hostil, en el que dominan fuerzas mortíferas, que consideran que hacen un bien eliminando a los enemigos, matando a los oponentes. San Esteban, el protomártir, ve cómo se le arrebata la vida por dar testimonio del Dios hecho carne en el hombre de Nazaret, en el niño nacido en Belén, que contemplábamos ayer. Los ángeles cantan, los pastores adoran, pero también se organizan fuerzas siniestras que quieren acallar la Palabra que nos habla, nos llama, nos cura y nos salva en un lenguaje que podemos entender. El martirio de Esteban es un reflejo de la Pasión de Cristo: “Si el mundo os odia, sabed que antes me ha odiado a mí” (Jn 15, 16). No es fácil comprender ese odio al que habla palabras de amor y perdón, y pasa haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo (cf. Hch 10, 38).
Pero el recuerdo de este reflejo de la Pasión no pretende empañar el misterio de la Navidad ni oscurecer su luz. Al contrario, nos recuerda el sentido profundo de este nacimiento: “Si alguno pregunta por el misterio se sentirá llevado a afirmar más bien, que no fue su muerte una consecuencia de su nacimiento, sino que él nació para poder morir” (S. Gregorio Nacianceno). Jesús ha nacido para comunicarnos la vida de Dios, que es el amor, es decir, para dar su vida por amor. Y es este amor la luz que ilumina la noche de la humanidad, la oscuridad del odio. Al recordar el martirio de San Esteban, la liturgia nos avisa de que acoger al niño nacido en Belén significa en definitiva asumir su mismo modo de vida: tratar de hacer de nuestra vida una entrega por amor. Y esto puede, extrañamente, atraernos el odio de este mundo. Pero no hay que temer: esto será ocasión para dar testimonio ante el mundo de ese mismo amor, de perseverar, a pesar de los pesares, en esa voluntad de amar hasta el final. Y ese testimonio de amor es la mejor catequesis. Entre los que mataron a Esteban había un joven, llamado Saulo, que se acabó convirtiendo en el gran apóstol de los gentiles. Quién sabe si el testimonio de Esteban no fue la semilla que acabó germinando en el momento oportuno, camino de Damasco.
Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/