Autor: Patricio Osiadacz
EDD. miércoles 15 de abril de 2020.
Hoy, miércoles, 15 de abril de 2020
Primera lectura
Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (3,1-10):
EN aquellos días, Pedro y Juan subían al tempo, a la oración de la hora nona, cuando vieron traer a cuestas a un lisiado de nacimiento. Solían colocarlo todos los días en la puerta del templo llamada «Hermosa, para que pidiera limosna a los que entraban. Al ver entrar en el templo a Pedro y a Juan, les pidió limosna. Pedro, con Juan a su lado, se quedó mirándolo y le dijo:
«Míranos».
Clavó los ojos en ellos, esperando que le darían algo. Pero Pedro le dijo:
«No tengo plata ni oro, pero te doy lo que tengo: en nombre de Jesucristo Nazareno, levántate y anda».
Y agarrándolo de la mano derecha lo incorporó. Al instante se le fortalecieron los pies y los tobillos, se puso en pie de un salto, echó a andar y entró con ellos en el templo por su pie, dando brincos y alabando a Dios. Todo el pueblo lo vio andando y alabando a Dios, y, al caer en la cuenta de que era el mismo que pedía limosna sentado en la puerta Hermosa del templo, quedaron estupefactos y desconcertados ante lo que le había sucedido.
Palabra de Dios
Salmo
Sal 104,1-2.3-4.6-7.8-9
R/.Que se alegren los que buscan al Señor
Dad gracias al Señor, invocad su nombre,
dad a conocer sus hazañas todos los pueblos.
Cantadle al son de instrumentos,
hablad de sus maravillas. R/.
Gloriaos de su nombre santo,
que se alegren los que buscan al Señor.
Recurrid al Señor y a su poder,
buscad continuamente su rostro. R/.
¡Estirpe de Abrahán, su siervo;
hijos de Jacob, su elegido!
El Señor es nuestro Dios,
él gobierna toda la tierra. R/.
Se acuerda de su alianza eternamente,
de la palabra dada, por mil generaciones;
de la alianza sellada con Abrahán,
del juramento hecho a Isaac. R/.
Secuencia
(Opcional)
Ofrezcan los cristianos
ofrendas de alabanza
a gloria de la Víctima
propicia de la Pascua.
Cordero sin pecado
que a las ovejas salva,
a Dios y a los culpables
unió con nueva alianza.
Lucharon vida y muerte
en singular batalla,
y, muerto el que es la Vida,
triunfante se levanta.
«¿Qué has visto de camino,
María, en la mañana?»
«A mi Señor glorioso,
la tumba abandonada,
los ángeles testigos,
sudarios y mortaja.
¡Resucitó de veras
mi amor y mi esperanza!
Venid a Galilea,
allí el Señor aguarda;
allí veréis los suyos
la gloria de la Pascua.»
Primicia de los muertos,
sabemos por tu gracia
que estás resucitado;
la muerte en ti no manda.
Rey vencedor, apiádate
de la miseria humana
y da a tus fieles parte
en tu victoria santa.
Evangelio de hoy
Lectura del santo evangelio según san Lucas (24,13-35):
AQUEL mismo día, el primero de la semana, dos de los discípulos de Jesús iban caminando a una aldea llamada Emaús, distante de Jerusalén unos setenta estadios; iban conversando entre ellos de todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo.
Él les dijo:
«¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?».
Ellos se detuvieron con aire entristecido. Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le respondió:
«¿Eres tú el único forastero en Jerusalén que no sabe lo que ha pasado estos días?».
Él les dijo:
«¿Qué».
Ellos le contestaron:
«Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; cómo lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él iba a liberar a Israel, pero, con todo esto, ya estamos en el tercer día desde que esto sucedió. Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado, pues habiendo ido muy de mañana la sepulcro, y no habiendo encontrado su cuerpo, vinieron diciendo que incluso habían visto una aparición de ángeles, que dicen que está vivo. Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a él no lo vieron».
Entonces él les dijo:
«¡Qué necios y torpes sois para creer lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto y entrara así en su gloria».
Y, comenzado por Moisés y siguiendo por todos los profetas, les explicó lo que se refería a él en todas las Escrituras.
Llegaron cerca de la aldea adonde iban y él simuló que iba a seguir caminando; pero ellos lo apremiaron, diciendo:
«Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída».
Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció de su vista.
Y se dijeron el uno al otro:
«¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?».
Y, levantándose en aquel momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo:
«Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón».
Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.
Palabra del Señor
REFLEXIÓN :
Bonifacio Fernández, cmf
Querido Dios Padre Resucitador:
Por la resurrección de tu Hijo amado has mostrado tu gran protesta contra la muerte. Y contra todo aquello que hizo históricamente inevitable la condena a muerte de tu Hijo del alma. Muestras que estás a favor de la vida y en contra de la muerte de los inocentes. Resucitando a tu Ungido de entre los muertos le has dado la razón, te has puesto de su parte con todo amor. Has revelado palmariamente que su vida y sus palabras, y sus decisiones, expresan tu amor de Padre, que estabas con él, que no lo abandonaste ni en Getsemaní ni en la soledad de la cruz. Respondiste a su entrega de la vida, haciéndole partícipe de tu abrazo eterno, incluso en su humanidad trasfigurada.
En tu carta de hoy a través de San Lucas nos recuerdas cómo el Resucitado se nos hace encontradizo en la situación de frustración de los discípulos. Los dos de Emaús están viviendo una profunda decepción. Sus esperanzas puestas en Jesús se veían frustradas radicalmente. El profeta poderoso en obras y palabras había sido condenado por las autoridades y crucificado por el gobernador Pilato. Todo parecía gritar que el justo había sido abandonado, que la cruz era el punto final de la maravillosa aventura tras las huellas de Jesús.
El Resucitado de entre los muertos como un caminante más se pone en movimiento con ellos. Sus ojos eran incapaces de reconocerlo. Pero, poco a poco, se va iluminando su tristeza. Conversan, caminan. Hablan de lo que acaba de suceder en Jerusalén. Mencionan que están sobresaltados por las noticias de apariciones que han dado algunas mujeres. El caminante les va haciendo reflexionar. Les va abriendo los ojos para ver con una nueva mirada; les explica las Escrituras. Se queda con ellos a cenar. Y entonces se dan cuenta que el caminante hace los mismos gestos que había hecho Jesús. Y es en ese signo donde los ojos se le abren como platos. Y reconocen qué es Jesús en persona.
Me doy cuenta, Padre resucitador, que en tu carta de hoy me estás hablando de mi propia historia como discípulo. El nuevo rostro del resucitado no es verificable. Es invisible a los ojos de la cara. Hacen falta los ojos de la fe. Se requiere esa mirada penetrante y sorprendida que lee los hechos visibles como signos de su presencia.
Gracias Padre por recordarnos hoy la belleza del camino de nuestra fe. Gracias por hacernos por encender nuestra vida de luz, cuando escuchamos tu palabra de amor, que es más fuerte que la muerte. Gracias por tu amor que nos resucitará de la muerte.
Un abrazo entrañable
Tu hijo
Fuente : https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy
EDD. martes 14 de abril de 2020.
Hoy, martes, 14 de abril de 2020
Primera lectura
Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (2,36-41):
EL día de Pentecostés, decía Pedro a los judíos:
«Con toda seguridad conozca toda la casa de Israel que al mismo Jesús, a quien vosotros crucificasteis, Dios lo ha constituido Señor y Mesías».
Al oír esto, se les traspasó el corazón, y preguntaron a Pedro y a los demás apóstoles:
«¿Qué tenemos que hacer, hermanos?».
Pedro les contestó:
«Convertíos y sea bautizado cada uno de vosotros en el nombre de Jesús, el Mesías, para perdón de vuestros pecados, y recibiréis el don del Espíritu Santo. Porque la promesa vale para vosotros y para vuestros hijos, y para los que están lejos, para cuantos llamare a sí el Señor Dios nuestro».
Con estas y otras muchas razones dio testimonio y los exhortaba diciendo:
«Salvaos de esta generación perversa».
Los que aceptaron sus palabras se bautizaron, y aquel día fueron agregadas unas tres mil personas.
Palabra de Dios
Salmo
Sal 32,4-5.18-19.20.22
R/.La misericordia del Señor llena la tierra
La palabra del Señor es sincera,
y todas sus acciones son leales;
él ama la justicia y el derecho,
y su misericordia llena la tierra. R/.
Los ojos del Señor están puestos en quien lo teme,
en los que esteran su misericordia,
para librar sus vidas de la muerte
y reanimarlos en tiempo de hambre. R/.
Nosotros aguardamos al Señor:
él es nuestro auxilio y escudo.
Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti. R/.
Secuencia
(Opcional)
Ofrezcan los cristianos
ofrendas de alabanza
a gloria de la Víctima
propicia de la Pascua.
Cordero sin pecado
que a las ovejas salva,
a Dios y a los culpables
unió con nueva alianza.
Lucharon vida y muerte
en singular batalla,
y, muerto el que es la Vida,
triunfante se levanta.
«¿Qué has visto de camino,
María, en la mañana?»
«A mi Señor glorioso,
la tumba abandonada,
los ángeles testigos,
sudarios y mortaja.
¡Resucitó de veras
mi amor y mi esperanza!
Venid a Galilea,
allí el Señor aguarda;
allí veréis los suyos
la gloria de la Pascua.»
Primicia de los muertos,
sabemos por tu gracia
que estás resucitado;
la muerte en ti no manda.
Rey vencedor, apiádate
de la miseria humana
y da a tus fieles parte
en tu victoria santa.
Evangelio de hoy
Lectura del santo evangelio según san Juan (20,11-18):
EN aquel tiempo, estaba María fuera, junto al sepulcro, llorando. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados, uno a la cabecera y otro a los pies, donde había estado el cuerpo de Jesús.
Ellos le preguntan:
«Mujer, ¿por qué lloras?».
Ella contesta:
«Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto».
Dicho esto, se vuelve y ve a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús.
Jesús le dice:
«Mujer, ¿por qué lloras?».
Ella, tomándolo por el hortelano, le contesta:
«Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré».
Jesús le dice:
«¡María!».
Ella se vuelve y le dice.
«¡Rabbuní!», que significa: «¡Maestro!».
Jesús le dice:
«No me retengas, que todavía no he subido al Padre. Pero, ande, ve a mis hermanos y diles: “Subo al Padre mío y Padre vuestro, al Dios mío y Dios vuestro”».
María la Magdalena fue y anunció a los discípulos:
«He visto al Señor y ha dicho esto».
Palabra del Señor
REFLEXIÓN :
Bonifacio Fernández, cmf
Querido Dios Padre resucitador:
A veces trato de imaginarme qué me dirías si me escribieras directamente una carta, cómo me saludarías, como me tratarías, qué me reprocharías. Mi mente me dice enseguida que no trate de imaginar, que la real carta de amor hoy me escribes a través de San Juan. Tu portavoz hoy nos cuenta la historia entrañable de una mujer enamorada de tu Hijo amado. Más bien la historia de tu Hijo Jesucristo que, una vez resucitado, quiere seguir presente con nosotros, que no se olvida de sus discípulos y discípulas.
Pero, ¿sabes, Padre?, nos resulta muy difícil hacernos cargo de lo que implica la resurrección. Nos cuesta mucho entender qué ha sucedido en ese acontecimiento único que es la resurrección de Jesús crucificado. María Magdalena siguió a tu Hijo Jesucristo hasta el Calvario. Lo quería mucho. No se resigna a su desaparición. Va al sepulcro. Llora la ausencia. Lo busca.
Por su parte, Jesucristo resucitado le sale al encuentro, se pone a su lado. Ella lo ve. Pero no lo reconoce. Lo confunde con el jardinero. Lo busca con pasión. Ella explica el motivo de su llanto. Pregunta al jardinero si él sabe dónde lo han puesto para ir a recogerlo.
Tu carta de amor hoy, Padre, me coloca ante la paradoja de la resurrección. El resucitado es el mismo Jesús, pero no es lo mismo. Solo si Él se revela, podemos reconocerlo. A María Magdalena se le da a conocer pronunciando su nombre: María. Debió ser una voz muy, muy especial. Y también la voz de ella: Maestro mío. Se realiza un encuentro inefable. Ella se siente confirmada y transformada en testigo. Y enviada a trasmitir la gran noticia: ¡He visto al Señor!
¿Qué me quieres decir en tu carta a través de este relato? Me recuerdas que el Mesías resucitado se hace presente; que es necesario buscarlo, llorar su ausencia. Pero sólo si él se da a conocer, tenemos la certeza de que es el mismo; sólo cuando Él pronuncia mi nombre, puedo reconocerlo de verdad y ser su testigo. Es Él quien abre los ojos, quien suscita en nosotros la fe.
En tu carta de hoy, Padre, me recuerdas que al Resucitado de entre los muertos sólo se la encuentra si Él suscita en nosotros la fe. La resurrección para nosotros acontece en la fe, pero no es una creación de nuestra fe. No es proyección de nuestros miedos, ni de nuestras alegrías. Es la irradiación de su cuerpo glorioso quien nos hace creyentes.
Gracias, Padre, por el don de tu Palabra. Y por el don de la fe.
Un abrazo agradecido
Tu hijo
Fuente : https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy
EDD. lunes 13 de abril de 2020.
Hoy, lunes, 13 de abril de 2020
Primera lectura
Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (2,14.22-33):
EL día de Pentecostés, Pedro, poniéndose en pie junto con los Once, levantó su voz y con toda solemnidad declaró:
«Judíos y vecinos todos de Jerusalén, enteraos bien y escuchad atentamente mis palabras. Israelitas, escuchad estas palabras: a Jesús el Nazareno, varón acreditado por Dios ante vosotros con milagros, prodigios y signos que Dios realizó por medio de él, como vosotros sabéis, a este, entregado conforme el plan que Dios tenía establecido y provisto, lo matasteis, clavándolo a una cruz por manos de hombres inicuos. Pero Dios lo resucitó, librándolo de los dolores de la muerte, por cuanto no era posible que esta lo retuviera bajo su dominio, pues David dice, refiriéndose a el:
“Veía siempre al Señor delante de mí,
pues está a mi derecha para que no vacile.
Por eso se me alegró el corazón,
exultó mi lengua,
y hasta mi carne descansará esperanzada.
Porque no me abandonarás en el lugar de los muertos,
ni dejarás que tu Santo experimente corrupción.
Me has enseñado senderos de vida,
me saciarás de gozo con tu rostro”.
Hermanos, permitidme hablaros con franqueza: el patriarca David murió y lo enterraron, y su sepulcro está entre nosotros hasta el día de hoy. Pero como era profeta y sabía que Dios “le había jurado con juramento sentar en su trono a un descendiente suyo, previéndolo, habló de la resurrección del Mesías cuando dijo que “no lo abandonará en el lugar de los muertos” y que “su carne no experimentará corrupción”.
A este Jesús lo resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos. Exaltado, pues, por la diestra de Dios y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, lo he derramado. Esto es lo que estáis viendo y oyendo».
Palabra de Dios
Salmo
Sal 15,1b-2a y 5.7-8 9-10.11
R/.Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti
Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti.
Yo digo al Señor: «Tú eres mi Dios».
El Señor es el lote de mi heredad y mi copa,
mi suerte está en tu mano. R/.
Bendeciré al Señor que me aconseja,
hasta de noche me instruye internamente.
Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha no vacilaré. R/.
Por eso se me alegra el corazón,
se gozan mis entrañas,
y mi carne descansa esperanzada.
Porque no me abandonarás en la región de los muertos
ni dejarás a tu fiel ver la corrupción. R/.
Me enseñarás el sendero de la vida,
me saciarás de gozo en tu presencia,
de alegría perpetua a tu derecha. R/.
Secuencia
(Opcional)
Ofrezcan los cristianos
ofrendas de alabanza
a gloria de la Víctima
propicia de la Pascua.
Cordero sin pecado
que a las ovejas salva,
a Dios y a los culpables
unió con nueva alianza.
Lucharon vida y muerte
en singular batalla,
y, muerto el que es la Vida,
triunfante se levanta.
«¿Qué has visto de camino,
María, en la mañana?»
«A mi Señor glorioso,
la tumba abandonada,
los ángeles testigos,
sudarios y mortaja.
¡Resucitó de veras
mi amor y mi esperanza!
Venid a Galilea,
allí el Señor aguarda;
allí veréis los suyos
la gloria de la Pascua.»
Primicia de los muertos,
sabemos por tu gracia
que estás resucitado;
la muerte en ti no manda.
Rey vencedor, apiádate
de la miseria humana
y da a tus fieles parte
en tu victoria santa.
Evangelio de hoy
Lectura del santo evangelio según san Mateo (28,8-15):
EN aquel tiempo, las mujeres se marcharon a toda prisa del sepulcro; llenas de miedo y de alegría corrieron a anunciarlo a los discípulos.
De pronto, Jesús salió al encuentro y les dijo:
«Alegraos».
Ellas se acercaron, le abrazaron los pies y se postraron ante él.
Jesús les dijo:
«No temáis: id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán».
Mientras las mujeres iban de camino, algunos de la guardia fueron a la ciudad y comunicaron a los sumos sacerdotes todo lo ocurrido. Ellos, reunidos con los ancianos, llegaron a un acuerdo y dieron a los soldados una fuerte suma, encargándoles:
«Decid que sus discípulos fueron de noche y robaron el cuerpo mientras vosotros dormíais. Y si esto llega a oídos del gobernados, nosotros nos lo ganaremos y os sacaremos de apuros».
Ellos tomaron el dinero y obraron conforme a las instrucciones. Y esta historia se ha ido difundiendo entre los judíos hasta hoy.
Palabra del Señor
REFLEXIÓN :
Bonifacio Fernández, cmf
Querido Dios Padre resucitador:
Gracias por la carta de amor que me has escrito hoy. Lo has hecho a través de las palabras de tu portavoz Mateo. La quiero volver a leer con detención. En la de ayer me has urgido a saltar de gozo, cantar aleluya, aleluya, aleluya. Tu gran obra es la resurrección de tu Hijo amado. Nos deja sorprendidos. Nos supera por todas partes. No la abarcamos. Nos dices que es tu respuesta a la entrega de amor hasta la muerte; nos dices que es tu gran protesta contra la muerte. Nos revelas tu nuevo nombre: Resucitador. Nos habías puesto difícil creer en Ti, al ser testigos de la muerte ignominiosa de tu Hijo del alma. Pero al glorificarlo has llenado de luz la oscuridad. Has llenado de vida nuestras sombras de muerte. Eres el Dios resucitador.
Hoy en tu carta me invitas al asombro. Tu Hijo amado Jesucristo, resucitado por ti a la vida gloriosa, no ha querido dejarnos el enorme vacío de su ausencia. El mismo sale al encuentro. Toma la iniciativa de presentarse a las mujeres que estaban asustadas por el descubrimiento que habían hecho y se habían marchado corriendo. Las saludó. Le dirigió la palabra. Y como dijiste a ellas entonces, también nos dices a nosotros hoy: Alegraos. Donde tu Hijo resucitado aparece, allí surge la alegría; la lleva él, la es él mismo. Allí nos entran enormes ganas de abrazarlo y colmarlo de besos.
Dios Padre resucitador, te debes sentir muy orgulloso de tu Hijo del alma. Nosotros también lo sentimos nuestro. Él quiere seguir con nosotros. Siempre dispuesto a curarnos de nuestros miedos y nuestras tristezas. No temáis. Es parte de su saludo de entonces que se alarga hasta hoy. Como a sus primeros discípulos les envió a Galilea, es decir, a retomar el camino y la aventura de la fe, así también nos envía hoy a nuestra galilea personal, a nuestro amor primero, a recorrer el camino de la vida, pero de una manera distinta, con ojos nuevos.
Gracias Padre resucitador, por tu gran carta de amor.
Un abrazo
tu hijo
Fuente : https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy
Homilía para la Eucaristía del domingo de Pascua de Resurrección (12.04.2020).
A todos ustedes, hermanos, deseo de corazón una feliz Pascua de resurrección.
DOMINGO DE PASCUA.
Hechos 10,34.37-43: Pedro hace una gran proclamación: Cristo ha resucitado. Este es el núcleo central de la predicación apostólica y fundamento de la fe cristiana. La Resurrección resume todo el ministerio de Jesús, su vida y obras.
Colosenses 3,1-4: La resurrección de Cristo es una realidad operante en el creyente, que en el bautismo fue sumergido y resucitado con el Señor.
Juan 20,1-9: Pedro y Juan testigos del resucitado. “Vio y creyó”, expresión típica de Juan que indica un acto de fe. Ambos aceptan el misterio de Cristo. Con esto se les hace comprensible todo lo de Jesús, su vida, su mensaje, su cruz.
1.- ¡Cristo ha resucitado! Esta es la gran verdad que los cristianos proclamamos y celebramos hoy. Y celebrar la resurrección de Jesús es celebrar la vida. Porque Cristo ha vencido a la muerte, a todo el mal. Rodeados de tanta muerte y de tanto mal nosotros no sucumbimos, al contrario, gritamos con fuerza que Cristo resucitó. Es un grito que brota desde el fondo de nuestro ser, porque somos creyentes. Y nuestra fe no se basa en una doctrina, no creemos en una doctrina, no, sino se apoya en un acontecimiento, en la resurrección de Jesucristo.
Aunque a usted le parezca raro, le confieso que yo no creo en la resurrección (¡). NO. Yo creo en Jesucristo resucitado. Creo en Alguien, no en algo. Creo en el hecho de Jesús resucitado por el poder del Padre. Lo otro me suena a doctrina, a teoría, a ideología. Y eso no salva, hermanos, Lo que salva es la Fe en Cristo resucitado, que es vida para todo aquel que cree en Él. Esa es mi fe, esa es nuestra fe como cristianos.
2.- El acontecimiento de la resurrección pasa a nosotros, se transfiere a nosotros, ya que Cristo resucitado es principio de vida para los que creemos en Él. Cristo resucitado ha introducido una realidad nueva en el mundo, en nosotros. Llama la atención que en la carta de san Pablo que hemos escuchado el texto usa el pretérito: “han resucitado”. Lo que da a entender que en el bautizado se realizó ya una transformación, una vida nueva resucitando con Cristo. Es decir, se expresa una realidad que ya se efectuó: somos personas resucitadas con Cristo. Por eso hemos de buscar lo del cielo, es decir, tener puesto el pensamiento en lo celestial.
En nuestra vida de cristianos ha de aparecer, mientras estamos en este mundo, el misterio de la muerte, estamos muertos para el mundo y ocultos con Cristo en Dios. En otras palabras, por estar ya participando del Resucitado debemos superar el pecado.
3.- Cuesta, pero así debe ser. Nuestra vida debe estar “oculta con Cristo”. Muchas veces escuchamos la expresión: “No estoy ni ahí”; y bien sabemos lo que significa. El cristiano, por ser un resucitado con Cristo “no está ni ahí” con la mentalidad del mundo, esa mentalidad materialista-neoliberal que todo lo corrompe y echa a perder. Por estar nuestra vida oculta con Cristo debemos aspirar a algo mejor. No se trata de ser volados; al contrario, porque somos espirituales nuestra vida debe ser bien encarnada en la realidad en la que nos toca desenvolvernos. Vida oculta en Cristo nos suena a una vida sepultada con Cristo. Sí, pero así como Él fue resucitado por el poder del Padre también nosotros lo hemos sido en nuestro bautismo.
Porque nuestra vida está oculta con Cristo decimos sí a la vida y no a la muerte, a la cultura de la muerte que impera en todas partes.
4.- Los apóstoles “vieron y creyeron”. El evangelio de Juan no es una crónica, sino una reflexión teológica, que nace de fe en el Resucitado. Escrito para que creamos que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios. Y por la fe en Él podamos tener vida plena, es decir, participar, vivir en el ámbito del Reinado de Dios. Los Apóstoles tuvieron la experiencia del Resucitado, por eso son testigos. Nosotros, al aceptar el testimonio de los Apóstoles, también nos transformamos en testigos del Resucitado, ya que hemos experimentado en nuestra vida la resurrección. Debemos, entonces, demostrar con nuestras vidas que Cristo vive. Debemos celebrar la vida viviendo una vida nueva, distinta, diferente a la del mundo. Ese es nuestro desafío.
Hoy tampoco vas a poder participar del Banquete Pascual, pero de igual modo celebra con los tuyos esta verdad transformadora.
A pesar del bombardeo de noticias de muerte y de tragedias como hay hoy en el mundo, hoy resuena fuertemente la verdad: ¡Cristo ha resucitado y nosotros con Él! Feliz Pascua, hermano.
Hermano Pastor Salvo Beas.