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Autor: Patricio Osiadacz

Comentario al Evangelio del día, sábado 11 de abril de 2020.

11 de abril de 2020

¡No tengas miedo!

Santo Evangelio según san Mateo 28, 1-10. Sábado Santo; Vigilia Pascual

Por: H. Abraham Cortés Ceja, LC | Fuente: www.somosrc.mx

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Señor, te pido me concedas la gracia de abrir mi corazón a tu encuentro y experimentar el gozo y la esperanza de tu Resurrección, dejando entrar tu luz y tus palabras a toda mi vida. Concédeme descubrir y comprender, con un corazón sencillo, el profundo e inmenso amor por mí y todos los hombres, .

Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Mateo 28, 1-10

Pasado el sábado, al amanecer del primer día de la semana, María Magdalena y la otra María fueron a ver el sepulcro. De pronto se produjo un gran terremoto, pues el Ángel del Señor bajó del cielo y, acercándose, hizo rodar la piedra y se sentó encima de ella.

Su rostro brillaba y sus vestiduras eran blancas como la nieve. Los guardias, atemorizados ante él, se pusieron a temblar y se quedaron como muertos. El Ángel se dirigió a las mujeres y les dijo: «No teman. Ya sé que buscan a Jesús, el crucificado. No está aquí; ha resucitado, como lo había dicho. Vengan a ver el lugar donde lo habían puesto. Y ahora, vayan de prisa a decir a sus discípulos: ‘Ha resucitado de entre los muertos e irá delante de ustedes a Galilea; allá lo verán’. Eso es todo».

Ellas se alejaron a toda prisa del sepulcro, y llenas de temor y de gran alegría, corrieron a dar la noticia a los discípulos. Pero de repente Jesús les salió al encuentro y las saludó. Ellas se le acercaron, le abrazaron los pies y lo adoraron. Entonces les dijo Jesús: «No tengan miedo. Vayan a decir a mis hermanos que se dirijan a Galilea; allá me verán».

Palabra del Señor.


Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

La resurrección de nuestro Señor trae la verdadera paz y felicidad, dejando atrás todo miedo. Su resurrección llena de esperanza y gozo todo corazón que se encuentra hundido por la tristeza. El pecado no ha tenido la última palabra sobre nuestra vida, porque Jesús, al entregar su vida, amándonos hasta el extremo, no ha liberado de las ataduras que esclavizaban y oscurecían nuestra vida a causa del pecado. Gracias a la Resurrección del Señor, podemos descubrir el profundo significado y sentido que tiene su muerte en la cruz.

Los discípulos y las mujeres que habían seguido al Señor estaban tristes, experimentaban un gran dolor y desconsuelo. Su Maestro, su Señor, había sido condenado a muerte como un criminal; aquel hombre que había iluminado y trasformado sus vidas desde el primer momento en el que se encontraron con Él, al experimentar su mirada y escuchar sus palabras, no está más. Experimentan el miedo ante los judíos. ¿Qué será de ellos, si con su Maestro han hecho tal cosa?, ¿qué harán con aquellos que le siguieron y afirmaban que Él era el Mesías, el Hijo de Dios? ¿Ha sido todo en vano, una ilusión o una mentira? Sabemos la respuesta, pero no se trata de saberla, sino de experimentarla y vivirla; experimentar cómo Jesús resucitado nos sale al encuentro; escuchar sus palabras «no tengas miedo»; dejar que esas palabras entren el íntimo de nuestro corazón, lo llenen de luz, de paz, de gozo y de esperanza. Experimentar que el don de la fe que hemos recibido no es una ilusión, sino que es real, pero, sobre todo, que es vida. El Señor al resucitar ha vencido definitivamente el pecado y al diablo, ha derrumbado las murallas que obstaculizaban nuestro camino hacia la casa del Padre, nuestro verdadero hogar.

Que el gozo y la esperanza de la Resurrección guíen nuestra vida presente, sean el impulso, la fuerza y el sostén de nuestra respuesta libre y plena a nuestro Señor, como sus hijos, sus amigos y sus discípulos. El Señor, que nos ama infinitamente, desea que nuestra vida sea plena y feliz, por ello ha venido a este mundo, ha entregado su vida en la cruz y ha resucitado.

«Resucitó de la muerte, resucitó del lugar del que nadie esperaba nada y nos espera —al igual que a las mujeres— para hacernos tomar parte de su obra salvadora. Este es el fundamento y la fuerza que tenemos los cristianos para poner nuestra vida y energía, nuestra inteligencia, afectos y voluntad en buscar, y especialmente en generar, caminos de dignidad. ¡No está aquí…ha resucitado! Es el anuncio que sostiene nuestra esperanza y la transforma en gestos concretos de caridad. ¡Cuánto necesitamos dejar que nuestra fragilidad sea ungida por esta experiencia, cuánto necesitamos que nuestra fe sea renovada, cuánto necesitamos que nuestros miopes horizontes se vean cuestionados y renovados por este anuncio! Él resucitó y con él resucita nuestra esperanza y creatividad para enfrentar los problemas presentes, porque sabemos que no vamos solos. Celebrar la Pascua, es volver a creer que Dios irrumpe y no deja de irrumpir en nuestras historias desafiando nuestros «conformantes» y paralizadores determinismos. Celebrar la Pascua es dejar que Jesús venza esa pusilánime actitud que tantas veces nos rodea e intenta sepultar todo tipo de esperanza».
(Homilía de S.S. Francisco, 31 de marzo de 2018).

EDD. jueves 09 de abril de 2020

Hoy, jueves, 9 de abril de 2020

Primera lectura

Lectura del libro del Éxodo (12.1-8.11-14):

En aquellos días, dijo el Señor a Moisés y a Aarón en tierra de Egipto: «Este mes será para vosotros el principal de los meses; será para vosotros el primer mes del año. Decid a toda la asamblea de Israel: «El diez de este mes cada uno procurará un animal para su familia, uno por casa. Si la familia es demasiado pequeña para comérselo, que se junte con el vecino de casa, hasta completar el número de personas; y cada uno comerá su parte hasta terminarlo. Será un animal sin defecto, macho, de un año, cordero o cabrito. Lo guardaréis hasta el día catorce del mes, y toda la asamblea de Israel lo matará al atardecer. Tomaréis la sangre y rociaréis las dos jambas y el dintel de la casa donde lo hayáis comido. Esa noche comeréis la carne, asada a fuego, comeréis panes sin fermentar y verduras amargas. Y lo comeréis así: la cintura ceñida, las sandalias en los pies, un bastón en la mano; y os lo comeréis a toda prisa, porque es la Pascua, el paso del Señor. Esta noche pasaré por todo el país de Egipto, dando muerte a todos sus primogénitos, de hombres y de animales; y haré justicia de todos los dioses de Egipto. Yo soy el Señor. La sangre será vuestra señal en las casas donde estéis: cuando vea la sangre, pasaré de largo; no os tocará la plaga exterminadora, cuando yo pase hiriendo a Egipto. Este día será para vosotros memorable, en él celebraréis la fiesta al Señor, ley perpetua para todas las generaciones.»»

Palabra de Dios

Salmo

Sal 115,12-13.15-16bc.17-18

R/.
El cáliz de la bendición es comunión con la sangre de Cristo

¿Cómo pagaré al Señor
todo el bien que me ha hecho?
Alzaré la copa de la salvación,
invocando su nombre. R/.

Mucho le cuesta al Señor
la muerte de sus fieles.
Señor, yo soy tu siervo,
hijo de tu esclava;
rompiste mis cadenas. R/.

Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
invocando tu nombre, Señor.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo. R/.

Segunda lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (11,23-26):

Yo he recibido una tradición, que procede del Señor y que a mi vez os he transmitido: Que el Señor Jesús, en la noche en que iban a entregarlo, tomó pan y, pronunciando la acción de gracias, lo partió y dijo: «Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros. Haced esto en memoria mía.» Lo mismo hizo con el cáliz, después de cenar, diciendo: «Este cáliz es la nueva alianza sellada con mi sangre; haced esto cada vez que lo bebáis, en memoria mía.» Por eso, cada vez que coméis de este pan y bebéis del cáliz, proclamáis la muerte del Señor, hasta que vuelva.

Palabra de Dios

Evangelio de hoy

Evangelio según san Juan (13,1-15, del jueves, 9 de abril de 2020

1K+GuardarLectura del santo evangelio según san Juan (13,1-15)

Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo. Estaban cenando, ya el diablo le había metido en la cabeza a Judas Iscariote, el de Simón, que lo entregara, y Jesús, sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía, se levanta de la cena, se quita el manto y, tomando una toalla, se la ciñe; luego echa agua en la jofaina y se pone a lavarles los pies a los discípulos, secándoselos con la toalla que se había ceñido.
Llegó a Simón Pedro, y éste le dijo: «Señor, ¿lavarme los pies tú a mí?»
Jesús le replicó: «Lo que yo hago tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde.»
Pedro le dijo: «No me lavarás los pies jamás.»
Jesús le contestó: «Si no te lavo, no tienes nada que ver conmigo.»
Simón Pedro le dijo: «Señor, no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza.»
Jesús le dijo: «Uno que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque todo él está limpio. También vosotros estáis limpios, aunque no todos.»
Porque sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo: «No todos estáis limpios.» Cuando acabó de lavarles los pies, tomó el manto, se lo puso otra vez y les dijo: «¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis «el Maestro» y «el Señor», y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros; os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis.»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

Rosa Ruiz, Misionera Claretiana

Queridos amigos y amigas:

“¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho?”. Hoy es Jueves Santo para todos los creyentes. Este año no celebraremos en la Iglesia (la física y la humana) los Oficios del Triduo. Es una oportunidad para celebrarlo desde dentro, unidos con los creyentes de todo el mundo (no solo con “mis” conocidos), yendo al corazón de cada día, acompañando la Pascua de Jesús y la nuestra propia. La respuesta del salmo 115 puede ser una bonita banda sonora de fondo para nuestro día: agradecer tanto bien recibido de Dios a lo largo de mi vida.

En Jueves Santo celebramos una reunión de amigos. Un brindis por la Vida, por un estilo concreto de vivir. Una confirmación vocacional.

Confirmación vocacional como proyecto de vida que todos, en algún momento, tenemos que elegir si seguir adelante o abandonar. Jesús elige continuar con la misión y vocación que cree haber recibido del Padre. No solo en la Cena celebrando la Pascua ni proponiendo su testamento final. Sobre todo en Getsemaní, a las afueras de Jerusalén, desde donde podría haber huido discretamente. Eligió permanecer. Permanecer. Permanecer. Y cada discípulo también hace esta noche una elección vocacional: ¿permanecer?, ¿abandonar?, ¿esconderse?, ¿avergonzarse? La buena noticia es que casi nada tiene una última palabra; todos pudieron reelegir su vocación de nuevo tras la Resurrección (excepto Judas). ¿Cómo podré agradecer tanto bien?

Un brindis por un modo concreto de vivir: repartiendo la vida con los demás (como Pan y Vino) y lavando los pies al mundo. Vivir desde el amor, desde la fraternidad, desde el servicio… Cada uno llamémoslo como más nos guste. Jesús brinda por ello: ¡haced esto en memoria mia!, ¡así merece la pena vivir y morir! ¡No tengáis miedo a servir, a “re-bajaros” para ayudar a los demás! Y esto no como un momento puntual de voluntariado o un donativo habitual. ¡Es un modo de vivir, una actitud vital! ¿Cómo podré agradecer tanto bien?

una reunión de amigos: si me lo permitís, me gusta pensar en la Ultima Cena como la Primera Iglesia. Una reunión de amigos en torno a Jesús. Hombres y mujeres (sí, hombres y mujeres… el modo de contarlo y pintarlo fue posterior, recuerda). Cada uno como es, cada uno eligiendo cómo situarse. Todos iguales. El único que convoca es Jesús. Los demás somos sus amigos y es bastante. De esa amistad profunda nacerá un Anuncio que recorrerá el mundo entero. ¿Cómo podré agradecer tanto bien?

Vuestra hermana en la fe,
Rosa Ruiz, Misionera Claretiana

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

Homilía para la Eucaristía del jueves Santo (09.04.2020).

A todos un cordial saludo. Cuídense mucho.

JUEVES SANTO.

CELEBRACIÓN DE LA CENA DEL SEÑOR.

Éxodo 12,1-8.11-14: Dos fiestas en una: la Pascua y los ácimos; las dos para celebrar la liberación de la servidumbre. Celebración de la Pascua, es decir, cuando el Señor “pasó por alto” a los israelitas que tenías sus puertas marcadas con la sangre del cordero.

1Corintios 11,23-26: Pablo recuerda a la comunidad una tradición, algo que él recibió: el pan transformado en el cuerpo de Cristo y el vino en su sangre. Con esto se actualiza la muerte redentora de Cristo. Es la Cena del Señor, la nueva Pascua.

Juan 13,1-15: Es la Hora de Jesús, la Hora determinada por el Padre. Hora en que manifiesta el amor que Él tiene y la significa con el gesto de lavar los pies a sus discípulos.

1.- Comenzamos a celebrar la Pascua. Sabemos lo que significa Pascua: Paso. Pero para los entendidos significa “pasar de largo”. Dios no tomó en cuenta los pecados de su pueblo, sino que pasó de largo, “hizo la vista gorda”. Menos mal, porque “si lleva cuenta de los delitos, ¿quién podrá resistir? (cfr. Salmo 129). Dios pasa de largo. Sólo se fija en Aquel que, sin tener pecado, cargó con el Pecado de la humanidad. He aquí el tremendo servicio que hizo el Señor a toda la humanidad. Si el lavar los pies a los discípulos, oficio propio de esclavos, es llamativo, más lo es el hecho de haber cargado con nuestros pecados. Jesús lavó los pies a toda la humanidad.  En realidad Jesús fue un verdadero “Rescatador”, que con su vida nos rescató de la peor de las esclavitudes.

Dios pasa de largo, no se fija en nuestros pecados, sino en cada uno de nosotros, esclavizados, sometidos a la maldad, a la servidumbre del pecado. Y todo esto no sólo lo recordamos, sino que también lo Celebramos, es decir, lo resaltamos, lo remarcamos en nuestra vida.

2.- ¿Cómo lo celebramos? Con la Cena del Señor. No debemos olvidar que la Cena del Señor es una Celebración, es decir, una proclamación, lo que da a entender que se anuncia un hecho importante. La comunidad de los creyentes al celebrar la Cena del Señor está no sólo recordando, sino también anunciando un hecho importantísimo. ¿Cuál?  Dios nos salvó, nos liberó. Por eso damos gracias, es decir, hacemos Eucaristía. De este modo repetimos un gesto milenario, que ya lo hacían las tribus hebreas y otras tribus. Un gesto que realizó también Jesús con sus discípulos y nos fue trasmitido por ellos, gesto que tiene un contenido superior al de otros tiempos antiguos.  Porque al dar gracias sobre el pan y sobre el vino, por la invocación del Espíritu Santo, tenemos con nosotros el Cuerpo y la Sangre del Señor.

3.- Pueblo, grupo, familia que no celebra no tiene rostro, no tiene identidad. Hay mucha gente que nada celebra, es gente amorfa, sin identidad. Hay familias que nada celebran, nada proclaman. Por eso hay gente que no tiene un historial de familia, gente deshumanizada, sin experiencia de familia.

Cristianos que llevados por la flojera, la pereza, no celebran, no participan de las reuniones eucarísticas. A propósito dice la carta a los Hebreos: “No desertemos de nuestras asambleas, como suelen hacerlo algunos; al contrario, animémonos mutuamente, tanto más cuanto que vemos acercarse el Día” (10,25). ¿Cuál es el resultado? Cristianos sin rostro, indefinidos e indiferentes. Desgraciadamente abundan y no sirven para nada y no sirven a nadie.  Ojalá estos días de cuarentena despierte en muchos el apetito por escuchar la Palabra y comer el Cuerpo del Señor.

4.- Jesús, en cambio, al llegar la Hora de Dios, que también es su Hora, se apronta para realizar el mejor servicio. Y no habrá mejor servicio que el dar la vida por los demás. Así lo hizo Jesús y eso quiere de nosotros. “Les he dado el ejemplo, para que hagan lo mismo que Yo hice con ustedes”.

La Hora del Señor no ha pasado, estamos en ella para que también hoy nosotros podamos servir al mundo. Porque sirviendo es como nos liberamos, comenzamos a ser libres de toda atadura. Comenzamos a celebrar la liberación que nos trajo el Señor, pero también a Proclamar a los cuatro vientos que Dios nos quiere siempre libres de verdad. ¡Y hay tanto de qué liberarse con la ayuda del Señor!

Hoy y siempre proclamamos con la Eucaristía, con nuestras vidas, que Dios es un Dios que salva, que libera a todos. Y así lo vamos a contemplar mañana Viernes Santo y también el Sábado Santo.

El Domingo nos volveremos a encontrar para CELEBRAR la Pascua. Dios los bendiga.

   Hermano Pastor Salvo Beas.

EDD. miércoles 08 de abril de 2020.

Hoy, miércoles, 8 de abril de 2020

Primera lectura

Lectura del libro de IsaIas (50,4-9a):

Mi Señor me ha dado una lengua de iniciado, para saber decir al abatido una palabra de aliento. Cada mañana me espabila el oído, para que escuche como los iniciados. El Señor me abrió el oído; yo no resistí ni me eché atrás: ofrecí la espalda a los que me apaleaban, las mejillas a los que mesaban mi barba; no me tapé el rostro ante ultrajes ni salivazos. El Señor me ayuda, por eso no sentía los ultrajes; por eso endurecí el rostro como pedernal, sabiendo que no quedaría defraudado. Tengo cerca a mi defensor, ¿quién pleiteará contra mí? Comparezcamos juntos. ¿Quién tiene algo contra mí? Que se me acerque. Mirad, el Señor me ayuda, ¿quién me condenará?

Palabra de Dios

Salmo

Sal 68,8-10.21-22.31.33-34

R/.
Señor, que me escuche tu gran bondad el día de tu favor

Por ti he aguantado afrentas,
la vergüenza cubrió mi rostro.
Soy un extraño para mis hermanos,
un extranjero para los hijos de mi madre;
porque me devora el celo de tu templo,
y las afrentas con que te afrentan caen sobre mí. R/.

La afrenta me destroza el corazón, y desfallezco.
Espero compasión, y no la hay;
consoladores, y no los encuentro.
En mi comida me echaron hiel,
para mi sed me dieron vinagre. R/.

Alabaré el nombre de Dios con cantos,
proclamaré su grandeza con acción de gracias.
Miradlo, los humildes, y alegraos,
buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón.
Que el Señor escucha a sus pobres,
no desprecia a sus cautivos. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio segun san Mateo (26,14-25):

En aquel tiempo, uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, a los sumos sacerdotes y les propuso: «¿Qué estáis dispuestos a darme, si os lo entrego?»
Ellos se ajustaron con él en treinta monedas. Y desde entonces andaba buscando ocasión propicia para entregarlo.
El primer día de los Ázimos se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron: «¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?»
Él contestó: «ld a la ciudad, a casa de Fulano, y decidle: «El Maestro dice: Mi momento está cerca; deseo celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos.»»
Los discípulos cumplieron las instrucciones de Jesús y prepararon la Pascua. Al atardecer se puso a la mesa con los Doce.
Mientras comían dijo: «Os aseguro que uno de vosotros me va a entregar.»
Ellos, consternados, se pusieron a preguntarle uno tras otro: «¿Soy yo acaso, Señor?»
Él respondió: «El que ha mojado en la misma fuente que yo, ése me va a entregar. El Hijo del hombre se va, como está escrito de él; pero, ¡ay del que va a entregar al Hijo del hombre!; más le valdría no haber nacido.»
Entonces preguntó Judas, el que lo iba a entregar: «¿Soy yo acaso, Maestro?»
Él respondió: «Tú lo has dicho.»

Palabra del Señor.

REFLEXIÓN :

Rosa Ruiz, Misionera Claretiana

Queridos amigos y amigas:

El lunes Isaías nos invitaba a mirar (al Siervo). El martes a poner atención (atención, amor, cuidado, enfoque, fuerzas…). Hoy nos recuerda la importancia de escuchar y hablar: para saber decir al abatido una palabra de aliento…, el Señor me abrió el oído para que escuche”. Me gusta pensar que es una manera de irnos “empapando” de lo que vivimos esta Semana. Sin dejar nada nuestro fuera, con todos los sentidos. Insistentemente. ¿Quizá porque nos cuesta entrar en la Pasión? Creo que sí. Ya sea la Pasión de Cristo, la de otros hermanos o la nuestra.

Dice Isaías que si dejamos que el Señor nos “espabile el oído cada mañana”, además de tener palabras de consuelo con quien lo necesite, reuniremos la fuerza suficiente para no echarnos atrás. Cada uno sabrá cuál es su “atrás” en este momento: ¿mantener la calma en una situación donde me están tratando injustamente?, ¿continuar con un proyecto que me aterra aún sintiendo que es mi lugar y mi momento y que Dios también lo quiere?, ¿tomar la iniciativa entre los más cercanos de casa para poner algo de alegría, esperanza, cariño mutuo… en lugar de quedarme en el sofá con “mis cosas”?

Quizá también me conmueve esta insistencia litúrgica en proponernos ayer y hoy prácticamente la misma escena, desde otra perspectiva: ayer Juan, hoy Mateo. Pero la historia es la misma: la traición, la ruptura.

Traición suena desgarrador. Me es más fácil decir que algo se rompe: la amistad, la esperanza, la honestidad, la justicia, el amor… Algo se te rompe por dentro cuando traicionas porque en el fondo siempre TE traicionas a ti un poco, ¿no?

¿De verdad crees que Judas entregó a Jesús por 30 monedas? No lo creo. Suena a excusa. ¿Por dinero? No lo creo. Cuando rompemos con algo que nos ha dado la vida, que nos ha regalado un proyecto y una ilusión y un horizonte… tiene que ser por algo mucho más profundo. Algo mucho más decisivo que el dinero se nos ha roto por dentro.

Y lo peor no es eso. Lo peor es no ser capaz de parar cuando la tristeza o la desazón interior nos avisan de que nos hemos equivocado. ¿Te imaginas que Judas hubiera cambiado ese “¿seré yo acaso, Maestro?” por un “perdóname, Maestro, y ayúdame, que no sé qué me ha pasado”…?

Siempre estamos a tiempo…

Vuestra hermana en la fe,

Rosa Ruiz, Misionera Claretiana

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

EDD. martes 07 de abril de 2020

Hoy, martes, 7 de abril de 2020

Primera lectura

Lectura del libro de Isaías (49,1-6):

Escuchadme, islas; atended, pueblos lejanos:
El Señor me llamó desde el vientre materno, de las entrañas de mi madre, y pronunció mi nombre. Hizo de mi boca una espada afilada, me escondió en la sombra de su mano; me hizo flecha bruñida, me guardó en su aljaba y me dijo:
– «Tú eres mi siervo, Israel, por medio de ti me glorificaré».
Y yo pensaba: «En vano me he cansado, en viento y en nada he gastado mis fuerzas». En realidad el Señor defendía mi causa, mi recompensa la custodiaba Dios. Y ahora dice el Señor,el que me formó desde el vientre como siervo suyo, para que le devolvise a Jacob, para que le reuniera a Israel; he sido glorificado a los ojos de Dios. Y mi Dios era mi fuerza:
– «Es poco que seas mi siervo para restablecer las tribus de Jacob y traer de vuelta a los supervivientes de Israel. Te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra».

Palabra de Dios

Salmo

Sal 70,1-2.3-4a.5-6ab.15.17

R/.
Mi boca contará tu salvación, Señor

A ti, Señor, me acojo:
no quede yo derrotado para siempre;
tú que eres justo, líbrame y ponme a salvo,
inclina a mí tu oído, y sálvame. R.

Sé tú mi roca de refugio,
el alcázar donde me salve,
porque mi peña y mi alcázar eres tú.
Dios mío, líbrame de la mano perversa. R.

Porque tú, Señor, fuiste mi esperanza
y mi confianza, Señor, desde mi juventud.
En el vientre materno ya me apoyaba en ti,
en el seno tú me sostenías. R.

Mi boca contará tu justicia,
y todo el día tu salvación.
Dios mío, me instruiste desde mi juventud,
y hasta hoy relato tus maravillas. R.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Juan (13,21-33.36-38):

En aquel tiempo, estando Jesús a la mesa con sus discípulos, se turbó en su espíritu y dio testimonio diciendo:
– «En verdad, en verdad os digo: uno de vosotros me va a entregar».
Los discípulos se miraron unos a otros perplejos, por no saber de quién lo decía.
Uno de ellos, el que Jesús amaba, estaba reclinado a la mesa en el seno de Jesús. Simón Pedro le hizo señas para que averiguase por quién lo decía.
Entonces él, apoyándose en el pecho de Jesús, le preguntó:
– «Señor, ¿quién es?».
Le contestó Jesús:
– «Aquel a quien yo le dé este trozo de pan untado».
Y, untando el pan, se lo dio a Judas, hijo de Simón el Iscariote.
Detrás del pan, entró en él Satanás. Entonces Jesús le dijo:
– «Lo que vas hacer, hazlo pronto».
Ninguno de los comensales entendió a qué se refería. Como Judas guardaba la bolsa, algunos suponían que Jesús le encargaba comprar lo necesario para la fiesta o dar algo a los pobres. Judas, después de tomar el pan, salió inmediatamente. Era de noche.
Cuando salió, dijo Jesús:
– «Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él. Si Dios es glorificado en él, también Dios lo glorificará en sí mismo: pronto lo glorificará. Hijitos, me queda poco de estar con vosotros. Me busca¬réis, pero lo que dije a los judíos os lo digo ahora a vosotros:
«Donde yo voy, vosotros no podéis ir»»
Simón Pedro le dijo:
– «Señor, ¿a dónde vas?».
Jesús le respondió:
– «Adonde yo voy no me puedes seguir ahora, me seguirás más tarde».
Pedro replicó:
– «Señor, ¿por qué no puedo seguirte ahora? Daré mi vida por ti».
Jesús le contestó:
– «¿Con que darás tu vida por mí? En verdad, en verdad te digo: no cantará el gallo antes de que me hayas negado tres veces».

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

Rosa Ruiz, Misionera Claretiana

Queridos amigos y amigas:

Cuanto todo se para de repente (no solo local, sino a nivel mundial), podemos pasar por muchísimas reacciones distintas. Lo que creíamos imprescindible, no lo es tanto. Lo que no podíamos retrasar de fecha, se anula. Semanas diciendo que necesitamos un descanso y cuando tenemos que quedarnos en casa, nos agobiamos.

Podíamos hacer nuestro el lamento de Isaías: “En vano me he cansado, en viento y en nada he gastado mis fuerzas”. Y en buena parte, tendríamos razón. Cada uno vivimos con nuestras propias preocupaciones, tareas, sueños, traumas… Nos creemos distintos, pero a la hora de la verdad, nos parecemos todos bastante.

Fijaos en los discípulos en el evangelio de hoy: Judas, Juan y Pedro.

– Juan, recostado en Jesús, tranquilo en su posición privilegiada y amable, ajeno a la gravedad de lo que se venía encima.

– Judas, enzarzado en su propio plan, que no le deja ver más allá y le empuja como un autómata a llevarlo a cabo

– Pedro, el bueno de Pedro, tan centrado en sí mismo y en sus propias fuerzas y fervores que no escucha lo que está viviendo Jesús. Solo le preocupa dejar claro que él sí estará a la altura.

A veces creo que no somos conscientes de nuestras propias fijaciones, de todo lo que nos centra en nosotros mismos y no nos permite atender al otro. Cuidado: porque eso no solo le pasa a Judas, “el traidor”; le pasa también a Juan “el discípulo amado” y a Pedro “cabeza de la Iglesia”. Eso nos pasa a todos. Por eso no nos viene nada mal que de vez en cuando algo nos golpee por dentro -y por fuera- para exclamar de corazón: en vano me he cansado, en viento y en nada he gastado mis fuerzas … Y mi Dios era mi fuerza, no yo mismo…

Porque de lo contrario, corremos el peligro de estar sentados a la mesa y a la vida de Jesús y no enterarnos de nada…

Vuestra hermana en la fe,

Rosa Ruiz, Misionera Claretiana

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy