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Autor: Patricio Osiadacz

Homilía para la Eucaristía del Domingo 08 de noviembre de 2020.

Un cariñoso saludo de Paz y Bien a todos.

DOMINGO XXXII DEL AÑO. 

Sabiduría 6,12-16: La Sabiduría de Dios se deja hallar cuando se le busca. La Sabiduría se deja ver y espera. El hombre la ama y la busca. Resultado: hay un encuentro. 

1Tesalonicenses 4,13-19: En este capítulo Pablo aborda temas que inquietan e interesan a la comunidad.  Aquí trata sobre la Venida del Señor y la suerte de los que mueren. 

Mateo 25,1-13: Es el quinto discurso: el final de los tiempos. La parábola invita a estar preparados para el encuentro con el Señor. 

1.- Al escuchar hoy la Palabra como que resuena en nuestro interior la idea de Encuentro. Sí, todo el mensaje de la Sagrada Escritura se reduce a un encuentro entre el hombre, que busca a Dios y Dios, que sale al encuentro del hombre. Consecuencia de este encuentro: una comunión con el Señor. 

En la primera lectura se habla de la Sabiduría de Dios, que a veces se la identifica con el mismo Dios a tal punto que en el Nuevo Testamento Jesús crucificado es llamado la Sabiduría de Dios manifestada a los hombres (cfr. 1Corintios 1,24-30). 

Sabiduría que se deja ver, “se anticipa a darse a conocer”, dice el texto. Y el que madruga para buscarla la encuentra. Dios llega al hombre, se le da a conocer (Revelación) y el hombre busca, siente en su interior; porque  existe un sentimiento que acompaña a la humanidad desde el principio, es el “sentimiento de lo numinoso” (como dicen los entendidos), es decir, de algo o Alguien que es más que uno; es el Ser Supremo – Dios. Y esto produce un sentimiento religioso de búsqueda: “Señor, te busco ardientemente”, dice el salmo. 

2.- El evangelio, lo mismo que la carta, también hablan de un encuentro. Salir al encuentro de Dios, del Esposo que llega. En Cristo, Sabiduría del Padre, Dios viene a unirse con la humanidad. De allí la consigna: “Salgan a su encuentro para recibirlo”. Pero el encuentro es más rico cuando se espera a alguien, y se le espera porque se le desea. La espera prepara e intensifica el encuentro. ¿Cuándo se produce este encuentro? El fundamental es el encuentro de la Fe, cuando la gracia de Dios toca el interior de la persona y ésta lo encuentra. 

Lo que se espera de un católico de este siglo, decía san Juan Pablo II, es que tenga este encuentro con el Señor; encuentro que se va alimentando a lo largo de la vida. 

Los Apóstoles, san Pablo, Zaqueo, la Samaritana, experimentaron este encuentro con Cristo. Los santos también tuvieron un encuentro con Cristo. Los enamorados han experimentado un encuentro entre ellos. ¡Qué importante es tener este encuentro, pero también alimentarlo! En la vida necesitamos una retroalimentación de la fe, un re encantarnos con nuestra fe. 

3.- Desgraciadamente hay muchos cristianos que, si tuvieron un encuentro, ya lo han olvidado. Son como esas jóvenes necias a las que se les agotó el aceite. No basta con estar en la comunidad; no basta con pertenecer a tal o cual movimiento religioso. Es imprescindible fomentar este encuentro. 

Francisco de Asís era un cristiano del montón, pero al encontrarse con Cristo en San Damián y en el leproso tuvo su conversión. Y sabemos lo que fue. 

Desgraciadamente hay muchos cristianos del montón, cristianos por tradición, no por convicción, que en su vida diaria son paganos. Les falta el encuentro con Cristo. ¿Cómo está tu vida cristiana? 

4.- Hoy vuelve a resonar para nosotros el grito: “Ya viene el Esposo, salgan a su encuentro”. Hoy podemos reavivar este encuentro a través de su Palabra, la Oración, de la santa eucaristía. A todos viene el Señor y quiere hacer comunión con nosotros, quiere que entremos al Banquete de su Reino. Sólo quien sabe vivir el encuentro con el Señor esperará tranquilo a la hermana muerte, ya que con ella “permaneceremos para siempre con el Señor”, como nos dice san Pablo. No nos quedemos dormidos, sino estemos atentos, porque siempre está viniendo el Señor. Y hoy clamamos: VEN, SEÑOR JESÚS. 

 Hermano Pastor Salvo Beas. 

Retiro Anual y Encuentro de Espiritualidad y Fraternidad Capuchina.

Hualpén, Noviembre 02 de 2020.

Queridos Hermanos y Hermanas Laicos Capuchinos de Chile, que tengan Paz y mucho Bien.

Por encargo de la Comisión debemos informarles acerca de algunas situaciones del calendario de actividades que han tenido un cambio debido a la pandemia presente en Chile y en el mundo:

  • RETIRO ANUAL DE LOS LAICOS

En la programación se contemplaba un retiro de fin de semana presencial, en el que participaban algunos hermanos que contaban con las posibilidades de vivirlo en un clima de contemplación, de oración, y de enriquecimiento personal. 

Debido a lo conocido, por razón del Covid-19 y por la variación de las etapas de éste, no es posible hacerlo presencialmente ni que los hermanos se puedan desplazar con libertad. Por lo tanto, se ha decidido en la Comisión tener el mismo retiro pero vía on line, en la que muchos hermanos puedan tener la posibilidad de vivirlo, por lo tanto este retiro será “abierto a todos los hermanos”.

En esta oportunidad nos acompañará el Hno. Capuchino Leonardo González, y el tema que vamos a reflexionar irá en la línea: “Los Rasgos Femeninos en la Espiritualidad Franciscana” (presencia de Sta. Clara de Asís). Los detalles sobre este retiro se darán oportunamente, acercándose la fecha de su vivencia. Este tiempo de retiro va ir en la fecha sábado 28 de noviembre a partir de las 17 – 19 horas.

Desde ya motivamos a las distintas fraternidades, y a los hermanos que quieran participar que se puedan preparar mentalmente a tener un encuentro personal y comunitario , vía on line, de encuentro personal consigo mismo, con Dios y los hermanos; para nuestro enriquecimiento desde la espiritualidad franciscana y enriqueciendo nuestra vida familiar, laboral y como Iglesia.

  • ENCUENTRO DE VERANO

Debido a lo ya explicado, por la variabilidad de los efectos del Covid-19 en las diversas regiones del país, tampoco es aconsejable realizar el encuentro presencial y provincial que teníamos en el tiempo de verano.

En estos momentos se está en dialogo con los hnos. formadores, acerca de la posibilidad de programar algo también on line, que nos ayude en nuestra formación y en nuestra espiritualidad. Por lo tanto, más adelante se entregaran los lineamientos o caminos para llevar adelante este encuentro llamado de verano. Detalles se entregaran oportunamente a todas las fraternidades, para preparar el ambiente a esta nueva manera de podernos reunir. Nunca lo presencial va hacer reemplazado por los encuentros virtuales, pero hoy por hoy, es la única alternativa que poseemos para realimentarnos, motivando nuestra vida de fe, nuestra vida de creyente y nuestra vida de cristiano.

Desde ya, estamos muy agradecidos de todos los hermanos y hermanas que nos han favorecido con todo lo on line que ya hemos vivido, y también de estas nuevas instancias de encuentro que ya se van preparando, como motivaciones a todos los hermanos laicos capuchinos.

Sin otro particular en el momento, es lo que queríamos compartir con todos ustedes en algunas actividades que se nos vienen en los meses venideros.

Muy fraternalmente en el Señor, les anima y les motiva los hermanos de la, 

Comisión Nacional de Laicos Capuchinos.

EDD. jueves 05 de noviembre de 2020

Hoy, jueves, 5 de noviembre de 2020

Primera lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Fílipenses (3,3-8a):

Los circuncisos somos nosotros, que damos culto con el Espíritu de Dios, y que ponemos nuestra gloria en Cristo Jesús, sin confiar en la carne. Aunque, lo que es yo, ciertamente tendría motivos para confiar en la carne, y si algún otro piensa que puede hacerlo, yo mucho más, circuncidado a los ocho días de nacer, israelita de nación, de la tribu de Benjamín, hebreo por los cuatro costados y, por lo que toca a la ley, fariseo; si se trata de intransigencia, fui perseguidor de la Iglesia, si de ser justo por la ley, era irreprochable. Sin embargo, todo eso que para mí era ganancia lo consideré pérdida comparado con Cristo; más aún, todo lo estimo pérdida comparado con la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor. Por él lo perdí todo, y todo lo estimo basura con tal de ganar a Cristo.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 104,2-3.4-5.6-7

R/.
Que se alegren los que buscan al Señor

Cantadle al son de instrumentos,
hablad de sus maravillas;
gloriaos de su nombre santo,
que se alegren los que buscan al Señor. R/.

Recurrid al Señor y a su poder,
buscad continuamente su rostro.
Recordad las maravillas que hizo,
sus prodigios, las sentencias de su boca. R/.

¡Estirpe de Abrahán, su siervo;
hijos de Jacob, su elegido!
El Señor es nuestro Dios,
él gobierna toda la tierra. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Lucas (15,1-10):

En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús todos los publicanos y los pecadores a escucharle.
Y los fariseos y los escribas murmuraban entre ellos: «Ése acoge a los pecadores y come con ellos.»
Jesús les dijo esta parábola: «Si uno de vosotros tiene cien ovejas y se le pierde una, ¿no deja las noventa y nueve en el campo y va tras la descarriada, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, se la carga sobre los hombros, muy contento; y, al llegar a casa, reúne a los amigos y a los vecinos para decirles: «¡Felicitadme!, he encontrado la oveja que se me había perdido.» Os digo que así también habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse. Y si una mujer tiene diez monedas y se le pierde una, ¿no enciende una lámpara y barre la casa y busca con cuidado, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, reúne a las amigas y a las vecinas para decirles: «¡Felicitadme!, he encontrado la moneda que se me había perdido.» Os digo que la misma alegría habrá entre los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta.»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

El cielo es un lugar alegre. Y los que están allí están deseando que les demos razones para alegrarse más. Es la alegría del padre de la parábola del hijo pródigo. Y es la alegría de estas parábolas del texto evangélico de hoy. 

      Durante demasiado tiempo hemos convertido a la vivencia cristiana en algo triste. Se hablaba sobre todo del pecado. Lo más importante que tenía que hacer el cristiano era penitencia. Tenía que pagar por sus pecados, por sus errores. Porque había ofendido a Dios. Daba la impresión de que la entrega generosa de Cristo, de su vida entera culminada en su muerte, no era suficiente para tapar/ocultar/disimular la multitud de nuestros pecados. Dios se había sentido tan ofendido que, buscando un camino, un medio, para salvarnos, no había hallado otro mejor que entregar su hijo a la muerte, como reparación por nuestras faltas. Pero en la práctica parecía que eso no era suficiente. Y el cristiano debía andar toda su vida pagando por sus pecados, haciendo sacrificios y mortificaciones. Hasta el amor a los hermanos era entendido como una forma de penitencia. La duda sobre la propia salvación hacia de la vida del cristiano una especie de esfuerzo continuo e imposible por estar a bien con Dios, por estar, como se decía, en gracia de Dios. Había que estar atento porque el más mínimo desliz destruía esa gracia y dejaba al cristiano en situación de pecado. Convertimos la vida cristiana en una vida triste. Y en una triste vida. 

      Jesús nos invita a vivir de otra manera: en la alegría y el gozo de los que se saben salvados por gracia y por amor. Dios no está disgustado con nosotros. ¡Cómo podido llegar a pensar que somos tan importantes como para que nuestros actos ofendan a Dios! Es curioso ver cómo en el sacramento de la penitencia, en la confesión, muchísimos cristianos piensan que lo más importante, el centro del sacramento, es la lista de nuestros pecados. ¡Qué capacidad para colocarnos en el centro de todo! Hay que desviar la mirada. No somos el centro del universo. El centro es Dios y su amor. El centro de la vida cristiana es Dios Padre, que en Jesús nos manifiesta su amor, más allá de nuestras limitaciones y miserias y pobrezas. Eso es lo más importante de nuestra vida. Como dice Pablo en la primera lectura, “todo lo estimo basura con tal de ganar a Cristo”.

      Es importante vivir en la alegría, en el gozo, del que sabe que es amado y querido por Dios. Del que sabe que ese amor es compartido con todos los hermanos y hermanas del mundo. Del que sabe que en Dios la misericordia triunfa sobre el juicio, que nuestras miserias no le ofenden. Como mucho le apenan porque sabe lo que nos estamos perdiendo. En el cielo hay alegría por cada pecador que se convierte porque es uno más que vuelve a casa y que entra en el gozo de Dios. Se le acoge con los brazos abiertos y sin condiciones y se le invita a gozar de la vida, de la satisfacción y la alegría de saberse querido y amado y perdonado. 

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

EDD. miércoles 04 de noviembre de 2020.

Hoy, miércoles, 4 de noviembre de 2020

Primera lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses (2,12-18):

Ya que siempre habéis obedecido, no sólo cuando yo estaba presente, sino mucho más ahora en mi ausencia, seguid actuando vuestra salvación con temor y temblor, porque es Dios quien activa en vosotros el querer y la actividad para realizar su designio de amor. Cualquier cosa que hagáis, sea sin protestas ni discusiones, así seréis irreprochables y límpidos, hijos de Dios sin tacha, en medio de una gente torcida y depravada, entre la cual brilláis como lumbreras del mundo, mostrando una razón para vivir. El día de Cristo, eso será una honra para mí, que no he corrido ni me he fatigado en vano. Y, aun en el caso de que mi sangre haya de derramarse, rociando el sacrificio litúrgico que es vuestra fe, yo estoy alegre y me asocio a vuestra alegría; por vuestra parte, estad alegres y asociaos a la mía.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 26,1.4.13-14

R/.
El Señor es mi luz y mi salvación

El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?
El Señor es la defensa de mi vida,
¿quién me hará temblar? R/.

Una cosa pido al Señor, eso buscaré:
habitar en la casa del Señor
por los días de mi vida;
gozar de la dulzura del Señor,
contemplando su templo. R/.

Espero gozar de la dicha del Señor
en el país de la vida.
Espera en el Señor, sé valiente,
ten ánimo, espera en el Señor. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Lucas (14,25-33):

En aquel tiempo, mucha gente acompañaba a Jesús; él se volvió y les dijo: «Si alguno se viene conmigo y no pospone a su padre y a su madre, y a su mujer y a sus hijos, y a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío. Quien no lleve su cruz detrás de mí no puede ser discípulo mío. Así, ¿quién de vosotros, sí quiere construir una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, a ver si tiene para terminarla? No sea que, si echa los cimientos y no puede acabarla, se pongan a burlarse de él los que miran, diciendo: «Este hombre empezó a construir y no ha sido capaz de acabar.» ¿O qué rey, si va a dar la batalla a otro rey, no se sienta primero a deliberar si con diez mil hombres podrá salir al paso del que le ataca con veinte mil? Y si no, cuando el otro está todavía lejos, envía legados para pedir condiciones de paz. Lo mismo vosotros: el que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío.»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

En la vida hay que echar muchos cálculos. Hay que calcular si con el salario podremos llegar a fin de mes o al final de la semana. Hay que calcular para saber si podremos pagar las cuotas del préstamo que hemos solicitado. Hay que hacer muchos cálculos –lo saben bien padres y madres que van a hacer la compra– para distribuir el dinero, siempre poco, que se tiene en la cartera, entre todas las necesidades de la familia. Muchos cálculos. Pero no todo son cálculos. Hay veces que se trata de darlo todo. En este caso, los cálculos no valen para nada. No hay que hacer sumas ni restas. Hay que darlo todo. Sin más. 

      Pienso en la pareja que se va a casar. O se entregan uno al otro del todo en el amor o, en caso de que no sea así, no hay verdadero amor. Los que entran en el matrimonio haciendo cálculos, poniendo límites a su entrega mutua, no tienen mucho futuro. Lo más probable es que terminen mál. En el mejor de los casos, terminarán en una especie de acuerdo de no agresión. Pero eso tiene poco que ver con el amor y con lo que es o debería ser un matrimonio: una aventura de dos que se entregan totalmente y sin medida el uno al otro para vivir el amor en plenitud. 

      Las palabras de Jesús del Evangelio de hoy hablan de esta entrega total y sin medida a la que tiene que estar dispuesto el que sigue a Jesús. Hay que dejarlo todo atrás. En este caso el cálculo es bien sencillo. No hay que gastar mucho tiempo en pensar si esto sí y lo otro no. Mejor no llevar nada en la maleta. Mejor no guardarse una cartilla de ahorros ni una cuenta corriente. Lo que Jesús nos propone es entrar en un mundo nuevo. Lo viejo no vale. Es inútil que pretendamos llevarlo con nosotros. No sirve para nada. 

      ¿Significa esto que el que sigue a Jesús tiene que renunciar a su relación con la familia, con los amigos? La respuesta es no. Lo que pasa es que esa relación se establecerá sobre unas nuevas bases. El Reino lo domina todo. La familia es lugar abierto al mundo entero. Porque la familia de Dios es mucho más amplia que la carne y la sangre. En la familia de Dios entramos todos, sin excepción. 

      A los que creemos en Jesús se nos pide una entrega total, sin cálculos previos. El que no entra por ese camino que nos ofrece Jesús no conocerá lo que es el gozo del amor, de la fraternidad, de compartirlo todo y sin medida. En realidad, es una suerte de renunciar a todo para ganarlo todo, renunciar a lo que creo que es mío para descubrir que todo es don, regalo, gracia. Jesús nos invita a descubrir que en realidad no hay nada que sea mío porque todo es nuestro, todo es de Dios, todo es regalo inmerecido y gratuito. No se trata de hacer cálculos sino de confiar en que Dios, que es Padre, nos lo dará todo en el amor. 

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

EDD. martes 03 de noviembre de 2020.

Hoy, martes, 3 de noviembre de 2020

Primera lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses (2,5-11):

Tened entre vosotros los sentimientos propios de Cristo Jesús. Él, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos. Y así, actuando como un hombre cualquiera, se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz. Por eso Dios lo levantó sobre todo y le concedió el «Nombre sobre todo nombre»; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua proclame: Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 21,26b-27.28-30a.31-32

R/.
El Señor es mi alabanza en la gran asamblea

Cumpliré mis votos delante de sus fieles.
Los desvalidos comerán hasta saciarse,
alabarán al Señor los que lo buscan:
viva su corazón por siempre. R/.

Lo recordarán y volverán al Señor
hasta de los confines del orbe;
en su presencia se postrarán
las familias de los pueblos. R/.

Porque del Señor es el reino,
el gobierna a los pueblos.
Ante él se postrarán las cenizas de la tumba. R/.

Mi descendencia le servirá,
hablarán del Señor a la generación futura,
contarán su justicia al pueblo que ha de nacer:
todo lo que hizo el Señor. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Lucas (14,15-24):

En aquel tiempo, uno de los comensales dijo a Jesús: «¡Dichoso el que coma en el banquete del reino de Dios!»
Jesús le contestó: «Un hombre daba un gran banquete y convidó a mucha gente; a la hora del banquete mandó un criado a avisar a los convidados: «Venid, que ya está preparado.» Pero ellos se excusaron uno tras otro. El primero le dijo: «He comprado un campo y tengo que ir a verlo. Dispénsame, por favor.» Otro dijo: «He comprado cinco yuntas de bueyes y voy a probarlas. Dispénsame, por favor.» Otro dijo: «Me acabo de casar y, naturalmente, no puedo ir.» El criado volvió a contárselo al amo. Entonces el dueño de casa, indignado, le dijo al criado: «Sal corriendo a las plazas y calles de la ciudad y tráete a los pobres, a los lisiados, a los ciegos y a los cojos.» El criado dijo: «Señor, se ha hecho lo que mandaste, y todavía queda sitio.» Entonces el amo le dijo: «Sal por los caminos y senderos e insísteles hasta que entren y se me llene la casa.» Y os digo que ninguno de aquellos convidados probará mi banquete.»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

Me encanta la imagen del banquete del Reino de Dios que nos presenta el Evangelio de hoy. Es una imagen abigarrada y desordenada que rompe nuestros esquemas, nuestra forma de pensar habitual. 

      En general, las personas preferimos el orden al desorden. Cuando nos imaginamos ese banquete de que habla Jesús, lo hacemos por analogía con nuestras asambleas y reuniones. En ellas reina siempre el orden. Pero no cualquier orden sino el orden jerárquico que existe siempre en nuestra sociedad. Ese orden se parece siempre a una pirámide. Arriba los más importantes y abajo la chusma, la pleba, el montón, la gente. Y por enmedio todos en su sitio. Cada uno en el suyo, cada uno según el nivel social, el puesto que ocupa en la sociedad. Los estados tiene reglamentos que establecen perfectamente el orden de protocolo entre las personas. El presidente es más que un ministro, un ministro más que un alcalde, etc. También los que tienen estudios tienen su jerarquía. El doctor es más que el licenciado y éste más que el que tiene un simple graduado. También la cantidad de dinero que se tiene establece una jerarquía entre las personas. Son regulaciones muy complicadas porque hay muchos niveles diversos. Pero siempre, eso siempre, van de arriba abajo. Arriba los importantes y abajo los que no pintan nada en la sociedad. 

      Dice Jesús que el Reino se parece al banquete que daba aquel hombre. Pero según la parábola, el Reino no se parece al banquete que había pensado y preparado aquel hombre sino al banquete que resultó de que los primeros invitados rechazaran acudir a la invitación. Lo que iba a ser un banquete ordenado y educado y respetuoso y… resultó en una algarabía. Allí entraron todos los que se encontraban por las calles sin nada que hacer. Dice la parábola que entraron los pobres, los lisiados, los ciegos y los cojos. Parece que al organizador del banquete le importaba poco quien entraba en su casa. Lo que quería era que la casa se llenase, que no quedasen sitios vacíos y que todos se sentasen a la mesa y compartiesen su banquete. 

      En la mesa de aquel banquete no había clases sociales ni niveles ni jerarquías. Todos estaban mezclados. Buenos y malos (porque no vamos a pensar que los pobres son necesariamente buenos). Cultos e incultos. Educados y maleducados. Todos participando en un banquete, en una mesa común. Tendríamos que tener presente que la humanidad, todos los pueblos, todas las culturas, han celebrado sus fiestas en torno a una mesa. Compartir la comida es signo de fraternidad, momento de reconciliación, tiempo de encuentro entre las personas, en el que se rompen las distancias y las barreras. En la mesa se abre el corazón y se comparte la vida. 

      El Reino se parece a esa mesa desordenada en la que todos compartimos la gran verdad, la única verdad: que todos somos hijos e hijas y, por eso, hermanos y hermanas. No hay barreras, no hay distancias. Y no conviene que establezcamos nosotros lo que Dios no ha creado ni quiere. 

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

EDD. lunes 02 de noviembre de 2020

Lunes de la trigesimoprimera semana del tiempo ordinario
Conmemoración de todos los fieles difuntos
Solemnidad
Color: morado

La oración por los muertos pertenece a la más antigua tradición cristiana. Es natural, pues, que el día siguiente a la fiesta de los que han entrado en la intimidad de Dios, nuestra solicitud vaya hacia nuestros hermanos que han muerto en la esperanza de la resurrección que abarca también a “todos aquellos cuya fe sólo conoce el Señor”.

Antífona de entrada Cf. 1Tes 4, 14; 1Cor 15, 22

Así como Jesús murió y resucitó, de la misma manera, Dios llevará con Jesús a los que murieron con él. Y así como todos mueren en Adán, todos revivirán en Cristo.

ORACIÓN COLECTA

Dios nuestro, escucha con bondad nuestros ruegos, para que, al crecer nuestra fe en tu Hijo resucitado de entre los muertos, se afiance también nuestra esperanza en la resurrección de tus hijos difuntos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

LITURGIA DE LA PALABRA

PRIMERA LECTURA

La muerte ha sido vencida

Lectura de la primera carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto 15, 51-57

Hermanos:

Les voy a revelar un misterio: No todos vamos a morir, pero todos seremos transformados.

En un instante, en un abrir y cerrar de ojos, cuando suene la trompeta final –porque esto sucederá- los muertos resucitarán incorruptibles y nosotros seremos transformados.

Lo que es corruptible debe revertirse de la incorruptibilidad y lo que es mortal debe revestirse de la inmortalidad.

Cuando lo que es corruptible se revista de la incorruptibilidad y lo que es mortal se revista de la inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra de la Escritura: “La muerte ha sido vencida.

¿Dónde está, muerte, tu victoria? ¿Dónde está tu aguijón? Porque lo que provoca la muerte es el pecado y lo que da fuerza al pecado es la Ley.

¡Demos gracias a Dios, que nos ha dado la victoria por nuestro Señor Jesucristo!

SALMO RESPONSORIAL 129, 1-8

R/.  ¡Desde lo más profundo te invoco, Señor!

Desde lo más profundo te invoco, Señor, ¡Señor, oye mi voz! Estén tus oídos atentos al clamor de mi plegaria.

Si tienes en cuenta las culpas, Señor, ¿Quién podrá subsistir? Pero en ti se encuentra el perdón, para que seas temido.

Mi alma espera en el Señor, y yo confío en su palabra. Mi alma espera al Señor, más que el centinela la aurora.

Como el centinela espera la aurora, espere Israel al Señor, porque en Él se encuentra la misericordia y la redención en abundancia: Él redimirá a Israel de todos sus pecados.

EVANGELIO

ACLAMACIÓN AL EVANGELIO Jn 11, 25a. 26

Aleluya.

“Yo soy la Resurrección y la Vida. El que cree en mí no morirá jamás”, dice el Señor. Aleluya.

EVANGELIO

Yo soy la resurrección y la vida.

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 11, 17-27

Al llegar a Betania, Jesús se encontró con que Lázaro estaba sepultado desde hacía cuatro días.

Betania distaba de Jerusalén sólo unos tres kilómetros. Muchos judíos habían ido a consolar a Marta y a María, por la muerte de su hermano. Al enterarse de que Jesús llegaba, Marta salió a su encuentro, mientras María permanecía en la casa. Marta dijo a Jesús: “Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto. Pero yo sé que aun ahora, Dios te concederá todo lo que le pidas”.

Jesús le dijo: “Tu hermano resucitará”.

Marta le respondió: “Se que resucitará en la resurrección del último día”.

Jesús le dijo:

“Yo soy la Resurrección y la Vida.

El que cree en mí, aunque muera, vivirá; y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás. ¿Crees esto?”

Ella le respondió: “Si, Señor, creo que Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que debía venir al mundo”.

Palabra del Señor.

Fuente : http://www.eucaristiadiaria.cl/dia_cal.php?fecha=2020-11-02

REFLEXIÓN :

El significado de la resurrección de Lázaro:

En Betania: Todo sucede en Betania, un pueblecito a los pies del Monte de los Olivos, vecino a Jerusalén. En esta narración, la familia de Lázaro, en donde a Jesús le gustaba hospedarse, es el espejo de la comunidad del Discípulo Amado del final del primer siglo. Espejo también de nuestras comunidades. Betania quiere decir «Casa de los Pobres». Marta quiere decir «Señora» (Coordinadora): una mujer coordinaba la comunidad. Lázaro significa «Dios ayuda»: la comunidad pobre que todo lo esperaba de Dios. María significa «amada de Yahvé» imagen de la comunidad. La narración de la resurrección de Lázaro quiere comunicarte esta certeza: Jesús lleva la vida a la comunidad de los pobres; Él es la fuente de la vida para los que creen en Él.

* Entre la vida y la muerte: Lázaro ha muerto. Muchos judíos están en casa de Marta y María para consolarlas por la pérdida del hermano. Los representantes de la Antigua Alianza no traen la vida nueva. Apenas consuelan. ¡Jesús es el que traerá la nueva vida! En el evangelio de Juan, los judíos son también los adversarios que quieren matar a Jesús (Jn 10,31). Así que, por una parte, la amenaza de muerte contra Jesús. De la otra, ¡Jesús que llega para vencer la muerte! En este contexto de vida y muerte es como se realiza el séptimo signo de la resurrección de Lázaro, la victoria sobre la muerte.

Dos modos de creer en la resurrección: El punto central es el confrontamiento entre el antiguo modo de creer en la resurrección que sólo tiene lugar al final de los tiempos y la nueva traída por Jesús, que, desde ahora, vence a la muerte. Marta, los fariseos y la mayoría del pueblo creían ya en la Resurrección (Act 23,6-10; Mc 12,18). Creían, pero no la revelaban, porque era fe en una resurrección que sucedería sólo al final de los tiempos y no en la resurrección presente de la historia, que es ahora. Aquella no renovaba la vida. Faltaba hacer un salto. La vida nueva de la resurrección aparecerá con Jesús.

* La profesión de fe en Jesús es profesión de fe en la vida: Jesús reta a Marta para que haga este salto. No basta creer en la resurrección que tendrá lugar al final de los tiempos, sino que se debe creer que la Resurrección está ya presente hoy en la persona de Jesús y en los que creen en Él. Sobre éstos la muerte no tiene ningún poder, porque Jesús es la «resurrección y la vida». Por tanto, Marta, aunque sin ver el signo concreto de la resurrección de Lázaro, confiesa su fe: «Sí, Señor. Yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que debe venir al mundo».

Humano, muy humano, igual a nosotros en todo: Después de la profesión de fe, Marta va a llamar a María su hermana. María va al encuentro de Jesús, que se haya en el mismo lugar donde Marta lo ha encontrado. Ella repite la misma frase de Marta: «Señor, si hubieses estado aquí, no hubiera muerto mi hermano» (Jn 11,21). María llora, todos lloran. Jesús se conmueve. Cuando los pobres lloran, Jesús se emociona y llora. Ante el llanto de Jesús, los otros concluyen: «¡Ved cómo lo amaba!» Esta es la característica de las comunidades del Discípulo Amado: el amor mutuo entre Jesús y los miembros de la comunidad. Algunos todavía no creen y dudan: «¿No pudo éste, que ha abierto los ojos del ciego, hacer que no muriese?» (Jn 11,33.35.38). Así es cómo Juan acentúa la humanidad de Jesús contra aquéllos que, al final del primer siglo, espiritualizaban la fe y negaban la humanidad de Jesús.

A nosotros nos toca quitar la piedra para que Dios nos devuelva la vida: Jesús ordena quitar la piedra. Marta reacciona: «Señor, ya hiede…pues lleva cuatro días». Una vez más Jesús la desafía, llamándola de nuevo a la fe en la resurrección, que es ahora, como un signo de la gloria de Dios: «¿No te he dicho que si creyeres verás la gloria de Dios?» Quitaron la piedra. Ante el sepulcro abierto y ante la incredulidad de las personas, Jesús se dirige al Padre. En su plegaria, ante todo, da las gracias al Padre: «Padre, te doy gracias porque me has escuchado; yo sé que siempre me escuchas». El Padre de Jesús es el mismo Dios que siempre escucha el grito del pobre (Ex 2,24; 3,7). Jesús conoce al Padre y confía en él. Pero ahora le pide un signo a causa de la muchedumbre que lo rodea, a fin de que pueda creer que Él, Jesús, es el enviado del Padre. Después grita en alta voz: «¡Lázaro, sal fuera!» Lázaro salió fuera. Es el triunfo de la vida sobre la muerte, de la fe sobre la incredulidad. Un agricultor del interior del Brasil hizo el siguiente comentario: «¡A nosotros toca remover la piedra! Y así Dios resucita la comunidad. ¡Hay gente que no quiere remover la piedra, y por esto en su comunidad no hay vida!»

Fuente : https://ocarm.org/es/content/lectio/lectio-divina-5-domingo-cuaresma