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Autor: Patricio Osiadacz

EDD. sábado 19 de diciembre de 2020.

Hoy, sábado, 19 de diciembre de 2020

Primera lectura

Lectura del libro de los Jueces (13,2-7.24-25a):

EN aquellos días, había en Sorá un hombre de estirpe danita, llamado Manoj. Su esposa era estéril y no tenía hijos.
El ángel del Señor se apareció a la mujer y le dijo:
«Eres estéril y no has engendrado. Pero concebirás y darás a luz un hijo. Ahora guárdate de beber vino o licor, y no comas nada impuro, pues concebirás y darás a luz un hijo. La navaja no pasará por su cabeza, porque el niño será un nazir de Dios desde el seno materno. Él comenzará a salvar a Israel de la mano de los filisteos».
La mujer dijo al esposo:
«Ha venido a verme un hombre de Dios. Su semblante era como el semblante de un ángel de Dios, muy terrible. No le pregunté de dónde era, ni me dio a conocer su nombre. Me dijo: “He aquí que concebirás y darás a luz un hijo. Ahora, pues, no bebas vino o licor, y no comas nada impuro; porque el niño será nazir de Dios desde el seno materno hasta el día de su muerte”».
La mujer dio a luz un hijo, al que puso de nombre Sansón. El niño creció, y el Señor lo bendijo. El espíritu del Señor comenzó a agitarlo.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 70,3-4a.5-6ab.16-17

R/.
Que se llene mi boca de tu alabanza,
y así cantaré tu gloria.

V/. Sé tú mi roca de refugio,
el alcázar donde me salve,
porque mi peña y mi alcázar eres tú.
Dios mío, líbrame de la mano perversa. R/.

V/. Porque tú, Señor, fuiste mi esperanza
y mi confianza, Señor, desde mi juventud.
En el vientre materno ya me apoyaba en ti,
en el seno tú me sostenías. R/.

V/. Contaré tus proezas, Señor mío;
narraré tu justicia, tuya entera.
Dios mío, me instruiste desde mi juventud,
y hasta hoy relato tus maravillas. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Lucas (1,5-25):

EN los días de Herodes, rey de Judea, había un sacerdote de nombre Zacarías, del turno de Abías, casado con una descendiente de Aarón, cuyo nombre era Isabel.
Los dos eran justos ante Dios, y caminaban sin falta según los mandamientos y leyes del Señor. No tenían hijos, porque Isabel era estéril, y los dos eran de edad avanzada.
Una vez que Zacarías oficiaba delante de Dios con el grupo de su turno, según la costumbre de los sacerdotes, le tocó en suerte a él entrar en el santuario del Señor a ofrecer el incienso; la muchedumbre del pueblo estaba fuera rezando durante la ofrenda del incienso.
Y se le apareció el ángel del Señor, de pie a la derecha del altar del incienso. Al verlo, Zacarías se sobresaltó y quedó sobrecogido de temor.
Pero el ángel le dijo:
«No temas, Zacarías, porque tu ruego ha sido escuchado: tu mujer Isabel te dará un hijo, y le pondrás por nombre Juan. Te llenarás de alegría y gozo, y muchos se alegrarán de su nacimiento. Pues será grande a los ojos del Señor: no beberá vino ni licor; estará lleno del Espíritu Santo ya en el vientre materno, y convertirá muchos hijos de Israel al Señor, su Dios. Irá delante del Señor, con el espíritu y poder de Elías, “para convertir los corazones de los padres hacía los hijos”, y a los desobedientes, a la sensatez de los justos, para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto».
Zacarías replicó al ángel:
«¿Cómo estaré seguro de eso? Porque yo soy viejo, y mi mujer es de edad avanzada».
Respondiendo el ángel, le dijo:
«Yo soy Gabriel, que sirvo en presencia de Dios; he sido enviado para hablarte y comunicarte esta buena noticia. Pero te quedarás mudo, sin poder hablar, hasta el día en que esto suceda, porque no has dado fe a mis palabras, que se cumplirán en su momento oportuno».
El pueblo, que estaba aguardando a Zacarías, se sorprendía de que tardase tanto en el santuario. Al salir no podía hablarles, y ellos comprendieron que había tenido una visión en el santuario. Él les hablaba por señas, porque seguía mudo.
Al cumplirse los días de su servicio en el templo, volvió a casa. Días después concibió Isabel, su mujer, y estuvo sin salir de casa cinco meses, diciendo:
«Esto es lo que ha hecho por mí el Señor, cuando se ha fijado en mi para quitar mi oprobio ante la gente».

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

Rumor de ángeles

El Adviento es el tiempo de la esperanza. Pero, ¿qué sucede cuando la esperanza ya no parece posible? ¿cuándo estamos, literalmente, desesperados, tal vez en alguna área concreta de nuestra existencia, o, puede ser, en relación con nuestra vida entera?

La esterilidad era en la antigüedad una situación de desesperanza, y no sólo para la mujer, sino también para su marido, que se sentía despojado de la descendencia que perpetuara su apellido. Por eso se consideraba un oprobio, una vergüenza, un castigo divino. Y si a la esterilidad se añade la vejez, entonces la desesperanza se refuerza con la perspectiva de una próxima muerte. Si en situaciones de crisis, dificultad y sufrimiento la esperanza nos fortalece, nos consuela, nos ayuda a seguir caminando, la desesperanza significa que al sufrimiento presente se añade la falta de perspectivas en el futuro.

La Palabra de Dios hoy quiere responder a todas las formas de desesperanza que afligen el corazón humano. Si la esperanza es proclamada por los profetas, responder a la desesperanza es cosa de la que se ocupa directamente Dios. Por eso son ángeles los heraldos de las buenas noticias que nos curan de la desesperación. Aquí Dios no sólo cumple las promesas (que generan nuestra esperanza), sino que actúa como creador de la nada (de la esterilidad y la vejez). La salvación que Dios nos ofrece en Cristo es una restauración, pero también una verdadera recreación, una creación nueva, que abre horizontes donde parecía haber callejones sin salida.

Pero Dios no quiere actuar sin contar con nosotros. Por eso, a su acción salvífica precede un diálogo en el que se anuncia lo que Dios se dispone a hacer, y se solicita la cooperación humana. Hoy nos encontramos con las dudas de Zacarías, tocadas por un deje de escepticismo. Este anciano sacerdote del Antiguo Testamento representa una alianza ya envejecida, que se ha cansado de esperar y ya no cree que nada pueda cambiar, que pueda acontecer algo nuevo. La falta de confianza, fe y esperanza nos vuelven mudos. Podemos como Zacarías ser creyentes y practicantes, pero estar cerrados a la novedad de Dios, escépticos de que las cosas puedan cambiar, de que las personas puedan convertirse, de que la vida venza a la esterilidad. Cuando esto sucede, podremos participar en los ritos, pero nuestra vida no hablará dando testimonio de la acción salvífica de Dios. Zacarías acabó aceptando la evidencia, y pudo cantar las maravillas de Dios. Es importante, cuando nos asalta la tentación de la duda y el escepticismo, saber rectificar a tiempo. Pero lo importante es que la figura de Zacarías, en el contexto del Adviento y en la cercanía del cumplimiento de las promesas, contrasta fuertemente con la de María. Que también sin entenderlo todo se fía totalmente de lo que Dios le comunica por boca del ángel.

En esta etapa final del Adviento la Palabra de Dios nos llama con fuerza sacudirnos toda vacilación, todo escepticismo, todo “estar de vuelta”, para creer que, por imposible que nos parezca, las promesas de Dios se cumplen, y nosotros estamos llamados a cooperar a convertir los corazones de los padres hacia los hijos y preparar al Señor un pueblo bien dispuesto.

Saludos cordiales

José M. Vegas cmf

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

Homilía para la Eucaristía del domingo 20 de diciembre de 2020.

Ya llega el Señor, preparémonos.

DOMINGO IV DE ADVIENTO. 

2Samuel 7,1-5.8-12.14-16: David pretende construir una casa=templo al Señor. Pero es el Señor quien construirá una casa=dinastía a David. Así se viene a corroborar la dinastía de David, de la que nacerá el Salvador. 

Romanos 16,25-27: Breve fórmula de alabanza a Dios por su Misterio revelado por medio de Jesucristo. Y este Misterio es que la salvación traída por Cristo es para todos. 

Lucas 1,26-38: La Anunciación. Con textos tomados del Antiguo Testamento se anuncia el nacimiento de Jesús, Hijo de Dios-hijo de David. Él reinará para siempre; se cumple la promesa de Natán. 

1.-Hoy la liturgia toma otro color, otro tono. Si hasta el domingo pasado todo se centraba en el Reino de Dios que viene, por eso la alegre esperanza, hoy se centra en el Misterio del Dios que viene en la Persona de Jesús: la Encarnación. Misterio que culminará con la celebración de la Navidad-Epifanía. La Salvación llega y se hace Salvador. La anhelada Justicia de Dios se hace realidad en el Justo por excelencia, Jesús, bendito por siempre. 

Porque la salvación no es etérea, teórica, sino muy concreta, real. Nosotros vemos cómo la promesa de Natán no culmina en la monarquía de David, que es un mero signo, sino en Jesús, a quien, según el decir del evangelio, se le ha dado el Trono-Casa de David; por eso su Reino no tendrá fin. 

Comenzamos a saborear la presencia salvífica de Dios en medio nuestro, presencia que el mundo no detecta porque está en otra. 

2.- En el Misterio del Dios presente en medio por la Persona de Jesús podemos captar lo que san Pablo alaba: el Plan de la salvación que el Señor tiene. Porque esta es la gran verdad: “Dios quiere que todos los hombres se salven” (1Tim.2,3). Y este Proyecto es el que trae Jesús, el Dios hecho hombre. 

En el misterio de la Encarnación podemos contemplar hoy de qué manera aquello que pareciera tan teórico es una realidad concreta. La Palabra divina no se queda con el concepto de Salvación, sino que se concretiza en la Persona de Jesús, el Salvador. La Palabra divina no se conforma con prometer la Justicia, sino que es una realidad concreta en el único Justo, que supo hacer de la Voluntad divina su alimento. Y este Justo es Jesús, bendito para siempre. 

Y esto es lo que comenzamos a saborear hoy a la luz de la Palabra. 

3.- En el mundo se teoriza mucho, los humanos fácilmente nos resbalamos a lo teórico. Existe hoy tanto discurso, tanta teoría linda; no sólo entre los políticos, sino también en los ambientes religiosos y eclesiásticos. Y Dios no es así. Él lo que dice lo hace, lo que promete lo cumple. 

Hoy se proclama mucho el NO al lucro, pero reina un apetito incontrolado por tener más que genera corrupción. Se dice NO a los abusos, pero cada vez hay más femicidios y descontento entre la gente. Todos aplaudimos y nos emocionamos al contemplar el eclipse del sol, pero qué poco respeto hay por la naturaleza. 

Le escuché a un hermano capuchino: “no hablemos de oración, sino oremos. No hablemos de fraternidad, sino seamos hermanos. No hablemos de pobreza, sino seamos pobres”. 

Desgraciadamente del dicho al hecho hay un gran trecho. Y Dios no es así. Él cumple, Él realiza. 

Desafío nuestro es hacer realidad la salvación, el evangelio que predicamos. 

4- Encarnación. Dios llega al hombre. Y todo es realidad porque huno alguien que se prestó para que Dios llegara. Ya sabemos quién fue, Ella, la “llena de gracia”, la que con si Sí hizo realidad el Misterio que estamos celebrando. 

Desde antiguo los grandes teólogos se preguntaron: “¿Por qué Dios se hizo hombre?” Hay muchas respuestas válidas. Hoy podemos decir: Dios se hizo hombre porque Él es fiel y veraz, cumple con lo que promete. 

Y hoy cumple. Por eso, cada uno puede decir en su corazón: “Cantaré eternamente el Amor del Señor”. Porque este Amor se hace realidad en Jesús, se hace realidad en el Sacramento que ahora vamos a celebrar. Por eso alabamos al Señor por siempre. 

Hermano Pastor Salvo Beas. 

EDD. viernes 18 de diciembre de 2020.

Hoy, viernes, 18 de diciembre de 2020

Primera lectura

Lectura del libro de Jeremías (23,5-8):

MIRAD que llegan días —oráculo del Señor—
en que daré a David un vástago legítimo:
reinará como monarca prudente,
con justicia y derecho en la tierra.
En sus días se salvará Judá,
Israel habitará seguro.
Y le pondrán este nombre:
«El-Señor-nuestra-justicia».
Así que llegan días —oráculo del Señor— en que ya no se dirá: «Lo juro por el Señor, que sacó a los hijos de Israel de Egipto», sino: «Lo juro por el Señor, que sacó a la casa de Israel del país del norte y de los países por donde los dispersó, y los trajo para que habitaran en su propia tierra».

Palabra de Dios

Salmo

Sal 71,1-2.12-13.18-19

R/.
En sus días florezca la justicia, y la paz abunde eternamente.

V/. Dios mío, confía tu juicio al rey,
tu justicia al hijo de reyes,
para que rija a tu pueblo con justicia,
a tus humildes con rectitud. R/.

V/. Él librará al pobre que clamaba,
al afligido que no tenía protector;
él se apiadará del pobre y del indigente,
y salvará la vida de los pobres. R/.

V/. Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
el único que hace maravillas;
bendito por siempre su nombre glorioso;
que su gloria llene la tierra.
¡Amén, amén! R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Mateo (1,18-24):

LA generación de Jesucristo fue de esta manera:
María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo.
José, su esposo, como era justo y no quería difamarla, decidió repudiarla en privado. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo:
«José, hijo de David, no temas acoger a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados».
Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que habla dicho el Señor por medio del profeta:
«Mirad: la virgen concebirá y dará a luz un hijo
y le pondrán por nombre Emmanuel,
que significa “Dios-con-nosotros”».
Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y acogió a su mujer.

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

José, varón justo

El final de la genealogía de Jesús, en la que no es José el que lo genera, sino que nace de María, hace que por un momento nuestra atención se centre en ella. “La generación de Jesucristo fue de esta manera: María su madre…”. Pero Mateo nos invita enseguida a retornar a José. Este texto se puede considerar como la Anunciación a José. José es un varón justo porque es capaz de descubrir el dedo de Dios en el misterioso embarazo de María: “antes de vivir juntos”; además, es justo porque reacciona como lo haría cualquier judío piadoso ante la presencia de Dios: apartándose con discreción y temor de Dios. Pero también lo es porque sabe discernir, escuchar y acoger la Palabra de Dios, que le invita a superar el temor, a participar activamente en este designio salvador, presente en María y en el fruto que crece en su seno.

Los grandes acontecimientos históricos, los que resultan visibles a lo largo de los siglos, como la liberación de Egipto, la restauración de la dinastía davídica, el retorno del exilio en el país del norte, anuncian un acontecimiento más grandioso y definitivo: la salvación del pueblo de sus pecados. Pues bien, en José vemos cómo esos grandes acontecimientos, y ninguno más grande que el misterio de la redención, se realizan por caminos escondidos, silenciosos y humildes. No son posibles sin la apertura, la disponibilidad, la cooperación activa y la fidelidad de personajes casi anónimos, como José. Detrás de los grandes acontecimientos y de los grandes personajes de la historia hay toda una trama hecha de hilos invisibles, cuyos protagonistas son estos personajes anónimos, pero sin cuya cooperación aquellos acontecimientos no serían posibles.

El misterio de la salvación no es un hecho exclusivamente personal, de cada uno. Posiblemente nos sintamos personajes anónimos e insignificantes en la gran trama de la historia, y tengamos la impresión de que apenas podemos influir en ella. Pero contemplando a José y a su justicia, comprendemos que nuestras pequeñas fidelidades, nuestra capacidad de descubrir presencias escondidas de Dios, de responder con generosidad a sus llamadas (expresadas por boca de ángeles o de gentes como nosotros, en sueños o en vela), nuestra disposición a cooperar activamente en toda causa buena que se nos presente… todo esto es un modo de hacer posibles los planes de Dios, de abrir caminos por los que viene el Dios-con-nosotros, de hacer posible el perdón de los pecados. En José comprendemos que podremos ser insignificantes para la historia y el mundo, pero no lo somos en absoluto para Dios y su designio de salvación.

Saludos cordiales

José M. Vegas cmf

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/comentario-homilia/hoy

EDD. jueves 17 de diciembre de 2020.

Hoy, jueves, 17 de diciembre de 2020

Primera lectura

Lectura del libro del Génesis (49,1-2.8-10):

EN aquellos días, Jacob llamó a sus hijos y les dijo:
«Reuníos, que os voy a contar lo que os va a suceder en el futuro; agrupaos y escuchadme, hijos de Jacob, oíd a vuestro padre Israel:
A ti, Judá, te alabarán tus hermanos,
pondrás la mano sobre la cerviz de tus enemigos,
se postrarán ante ti los hijos de tu padre.
Judá es un león agazapado,
has vuelto de hacer presa, hijo mío;
se agacha y se tumba como león
o como leona, ¿quién se atreve a desafiarlo?
No se apartará de Judá el cetro,
ni el bastón de mando de entre sus rodillas,
hasta que venga aquel a quien está reservado,
y le rindan homenaje los pueblos».

Palabra de Dios

Salmo

Sal 71,1-2.3-4ab.7-8.17

R/.
En sus días florezca la justicia,
y la paz abunde eternamente.

V/. Dios mío, confía tu juicio al rey,
tu justicia al hijo de reyes,
para que rija a tu pueblo con justicia,
a tus humildes con rectitud. R/.

V/. Que los montes traigan paz,
y los collados justicia;
defienda a los humildes del pueblo,
socorra a los hijos del pobre. R/.

V/. En sus días florezca la justicia
y la paz hasta que falte la luna;
domine de mar a mar,
del Gran Río al confín de la tierra. R/.

V/. Que su nombre sea eterno,
y su fama dure como el sol;
él sea la bendición de todos los pueblos,
y lo proclamen dichoso todas las razas de la tierra. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Mateo (1,1-17):

LIBRO del origen de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abrahán.
Abrahán engendró a Isaac, Isaac engendró a Jacob, Jacob engendró a Judá y a sus hermanos. Judá engendró, de Tamar, a Farés y a Zará, Farés engendró a Esrón, Esrón engendró a Aran, Aran engendró a Aminadab, Aminadab engendró a Naasón, Naasón engendró a Salmón, Salmón engendró, de Rajab, a Booz; Booz engendró, de Rut, a Obed; Obed engendró a Jesé, Jesé engendró a David, el rey.
David, de la mujer de Urías, engendró a Salomón, Salomón engendró a Roboán, Roboán engendró a Abías, Abías engendró a Asaf, Asaf engendró a Josafat, Josafat engendró a Jorán, Jorán engendró a Ozías, Ozías engendró a Joatán, Joatán engendró a Acaz, Acaz engendró a Ezequías, Ezequías engendró a Manasés, Manasés engendró a Amós, Amós engendró a Josías; Josías engendró a Jeconías y a sus hermanos, cuando el destierro de Babilonia.
Después del destierro de Babilonia, Jeconías engendró a Salatiel, Salatiel engendró a Zorobabel, Zorobabel engendró a Abiud, Abiud engendró a Eliaquín, Eliaquín engendró a Azor, Azor engendró a Sadoc, Sadoc engendró a Aquín, Aquín engendró a Eliud, Eliud engendró a Eleazar, Eleazar engendró a Matán, Matán engendró a Jacob; y Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo.
Así, las generaciones desde Abrahán a David fueron en total catorce; desde David hasta la deportación a Babilonia, catorce; y desde la deportación a Babilonia hasta el Cristo, catorce.

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

José María Vegas, cmf

Jesús, hijo de David, Hijo de María

Empezamos hoy el segundo ciclo del Adviento. En la primera lectura se reproduce la bendición de Jacob a su hijo Judá, de cuya tribu nacerá el Mesías. Más allá del segundo hijo de Jacob, la bendición apunta a David (el báculo y el bastón de mando), que fue capaz de reunir realmente a todas las tribus de Israel.

Mateo en su genealogía de Jesús no se limita a darnos una mera noticia histórica, o una justificación jurídica de la legitimidad mesiánica de Jesús. De hecho, su genealogía presenta saltos y repeticiones, que apuntan más bien a una intención teológica y una confesión de fe: Jesús, verdadero hijo de Abraham y descendiente de David, es más que Abraham y mucho más que David, es “tres veces David”, que, como sugieren algunos autores, sería el significado de las 14 generaciones: DVD – 4+6+4. La insignificancia de los nombres tras el exilio de Babilonia, disuelta la dinatía davídica, destaca que Jesús es el retoño que nace del tronco (seco) de Jesé (cf. Is 11,1).

Para Israel, como para todos los pueblos de la antigüedad, la generación es cosa de varones. Por eso sorprende la presencia de cuatro mujeres en la genealogía. Se ha solido interpretar que pretende subrayar que se trata de una historia jalonada por el pecado (se trataría de cuatro mujeres pecadoras). Pero tal interpretación no cuadra, claramente con Rut, y en realidad con ninguna de las otras (Tamar, Rajab, Betsabé, cuyo nombre ni siquiera se menciona: “la mujer de Urías”), que, o bien fueron víctimas de la maldad masculina (Betsabé), o destacan por haber actuado en favor de la causa de Israel. Más probable es que se deba destacar su condición de extranjeras, que se han insertado en el pueblo elegido. Descubrimos así la apertura universal de este evangelio “judío” de Mateo, claramente expresada en sus palabras finales (Mt 28, 20). Además, en la maternidad de todas ellas hay algo de extraordinario, que anticipa la maternidad de María. Porque la genealogía de Mateo no puede hacer otra cosa que testimoniar la ascendencia davídica meramente legal de Jesús, garantizada por José, que no es el padre físico de Jesús. Al llegar a él, se rompe el ritmo monótono anterior, y no es José el que engendra a Jesús, sino que este nace de María.

La genealogía mateana es un nuevo Génesis (Biblos ghenéseos como en Gn 2, 4 para la creación del mundo). Y la maternidad virginal de María expresa que con el nacimiento de Jesús no sólo se restablece la dinastía de David, ni sólo se cumplen finalmente las promesas hechas a Abraham, sino que se trata de una verdadera nueva creación, una creación “de la nada” de una joven virgen y no por la fuerza de la generación masculina, sino exclusivamente por la fuerza del Espíritu de Dios.  Dios cumple las promesas y responde a nuestras esperanzas, pero lo hace rompiendo nuestros esquemas, sin dejarse atrapar por ellos.

Vivimos en el seno de una historia, también nosotros somos el eslabón de una genealogía en la que conviven el pecado y la esperanza. Dios irrumpe en nuestra historia, sanando lo que hay en ella de pecado, respondiendo a nuestras más profundas expectativas. Nuestra historia se transforma así en historia de salvación. Pero como Dios ama las sorpresas y rompe nuestros esquemas, es muy importante que estemos en vela y a la escucha. Sólo así la Navidad se convertirá en algo más que una celebración más, en un acontecimiento que transforma nuestras vidas.

Saludos cordiales

José M. Vegas cmf

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

EDD. miércoles 16 de diciembre de 2020.

Hoy, miércoles, 16 de diciembre de 2020

Primera lectura

Lectura del libro de Isaías (45,6b-8.18.21b-25):

«YO soy el Señor, y no hay otro,
el que forma la luz, y crea las tinieblas;
yo construyo la paz y creo la desgracia.
Yo, el Señor, hago todo esto.
Cielos, destilad desde lo alto la justicia,
las nubes la derramen,
se abra la tierra y brote la salvación,
y con ella germine la justicia.
Yo, el Señor, lo he creado».
Así dice el Señor, creador del cielo
—él es Dios—,
él modeló la tierra,
la fabricó y la afianzó,
no la creó vacía,
sino que la formó habitable:
«Yo soy el Señor, y no hay otro.
—No hay otro Dios fuera de mí—.
Yo soy un Dios justo y salvador,
y no hay ninguno más.
Volveos hacia mí para salvaros,
confines de la tierra,
pues yo soy Dios, y no hay otro.
Yo juro por mi nombre,
de mi boca sale una sentencia,
una palabra irrevocable:
Ante mí se doblará toda rodilla,
por mí jurará toda lengua»;
dirán: «Sólo el Señor
tiene la justicia y el poder».
A él vendrán avergonzados
los que se enardecían contra él;
Con el Señor triunfará y se gloriará
la estirpe de Israel».

Palabra de Dios.

Salmo

Sal 84,9ab-10.11-12.13-14

R/.
Cielos, destilad desde lo alto al Justo, las nubes lo derramen.

R/. Cielos, destilad desde lo alto al Justo, las nubes lo derramen.

V/. Voy a escuchar lo que dice el Señor:
«Dios anuncia la paz
a su pueblo y a sus amigos».
La salvación está cerca de los que lo temen,
y la gloria habitará en nuestra tierra. R/.

V/. La misericordia y la fidelidad se encuentran,
la justicia y la paz se besan;
la fidelidad brota de la tierra,
y la justicia mira desde el cielo. R/.

V/. El Señor nos dará la lluvia,
y nuestra tierra dará su fruto.
La justicia marchará ante él,
y sus pasos señalarán el camino. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Lucas (7,19-23):

EN aquel tiempo, Juan, llamando a dos de sus discípulos los envió al Señor diciendo:
«¿Eres tú el que ha de venir, o tenemos que esperar a otro?».
Los hombres se presentaron ante él y le dijeron:
«Juan el Bautista nos ha mandado a ti para decirte: “¿Eres tú el que ha de venir, o tenemos que esperar a otro?”».
En aquella hora Jesús curó a muchos de enfermedades, achaques y malos espíritus, y a muchos ciegos les otorgó la vista.
Y respondiendo, les dijo:
«Id y anunciad a Juan lo que habéis visto y oído: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan, los pobres son evangelizados. Y ¡bienaventurado el que no se escandalice de mí!».

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

José María Vegas, cmf

A los pobres se les anuncia la buena noticia

El profeta Isaías hace una fuerte confesión de monoteísmo. Sólo el Señor de Israel es Dios, sólo él lo ha creado todo, en consecuencia, sólo en él es posible encontrar la salvación. Y, además, este Dios único y creador no sólo puede, sino que quiere salvarnos y para ello nos llama a acercarnos a él. En realidad, es él quien se ha acercado a nosotros del modo más radical posible: haciéndose uno de nosotros. Él es el Mesías esperado durante siglos. Pero su presencia, demasiado cercana, demasiado humilde, demasiado humana, hace que en muchos surjan dudas, pues se esperaban un Mesías poderoso y triunfante. Incluso el profeta Juan, que lo señaló en el Jordán, ahora, en la soledad de su celda, siente que le asaltan las dudas. Es fácil imaginar que le llegaran noticias fragmentarias y contradictorias, y eso hizo que sintiera tambalearse la clarividencia con la que lo reconoció al bautizarlo. De ahí el envío de sus discípulos y la pregunta, llena de dramatismo.

Es una pregunta que expresa las dificultades de la esperanza. Esta virtud nos sostiene en los momentos de dificultad y crisis, nos ayuda a seguir caminando, pese a las evidencias negativas que nos rodean, nos lleva a mirar al futuro con la seguridad de que, tras la oscuridad, por fin nacerá la luz. Pero, a veces, sentimos flaquear esta fuerza. Y esto sucede, especialmente, cuando tenemos la impresión de que el objeto de nuestra esperanza está ya cerca, de que estamos en la víspera y, de repente, esa impresión se desvanece. “Tener que seguir esperando” se nos antoja insufrible: otra vez esperar, tal vez años, tal vez siglos…, cuando nos parecía que estábamos ya en el tiempo del cumplimiento.

Las dudas pueden surgir también porque ese cumplimiento no se realiza tal como nosotros esperábamos. “¿Y esto era lo que esperábamos?”. Nuestros esquemas mentales pueden jugarnos una mala pasada, si son demasiado rígidos, demasiado estrechos. Dios no se deja limitar por ellos. Jesús, el Mesías que tenía que venir al mundo, no realiza su mesianismo de manera triunfante, con poder, sometiendo a sus enemigos. Su pobreza, su humildad, su excesiva cercanía, su falta de poder físico, pese a la autoridad de sus palabras y sus hechos (podría ser rey, pero se esconde intentan proclamarlo tal), hace que muchos duden, que incluso lo rechacen abiertamente. En conclusión, Juan duda y pregunta. La respuesta de Jesús no puede ser más clara: sus argumentos son actos que hablan por sí mismos: la salvación de Dios está ya presente y actúa, y esa evidencia no puede ser ocultada por la humildad de la humanidad de Jesús. Ver, aceptar, anunciar y confesar a Jesús como el Mesías, sin avergonzarse de él.

Si queremos anunciar al mundo que el Hijo de Dios ya ha venido realmente al mundo y quiere seguir viniendo, no podemos hacerlo más que con un modo de vida que, por sus buenas obras, da testimonio vivo de Jesús como el Cristo, y lo hace sin miedo y sin vergüenza.

Saludos cordiales

José M. Vegas cmf

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

EDD. martes 15 de diciembre de 2020.

Hoy, martes, 15 de diciembre de 2020

Primera lectura

Lectura de la profecía de Sofonías (3,1-2.9-13):

ESTO dice el Señor:
«¡Ay de la ciudad rebelde,
impura, tiránica!
No ha escuchado la llamada,
no ha aceptado la lección,
no ha confiado en el Señor,
no ha recurrido a su Dios.
Entonces purificaré
labios de los pueblos
para que invoquen todos ellos
el nombre del Señor
y todos lo sirvan a una.
Desde las orillas de los ríos de Cus
mis adoradores, los deportados,
traerán mi ofrenda.
Aquel día, ya no te avergonzarás
de las acciones con que me ofendiste,
pues te arrancaré tu orgullosa arrogancia,
y dejarás de engreírte en mi santa montaña.
Dejaré en ti un resto,
un pueblo humilde y pobre
que buscará refugio en el nombre del Señor.
El resto de Israel no hará más el mal,
ni mentirá ni habrá engaño en su boca.
Pastarán y descansarán,
y no habrá quien los inquiete».

Palabra de Dios

Salmo

Sal 33,2-3.6-7.17-18.19.23

R/.
El afligido invocó al Señor, y él lo escuchó.

V/. Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi boca;
mi alma se gloría en el Señor:
que los humildes lo escuchen y se alegren. R/.

V/. Contempladlo, y quedaréis radiantes,
vuestro rostro no se avergonzará.
El afligido invocó al Señor,
él lo escuchó y lo salvó de sus angustias. R/.

V/. El Señor se enfrenta con los malhechores,
para borrar de la tierra su memoria.
Cuando uno grita, el Señor lo escucha
y lo libra de sus angustias. R/.

V/. El Señor está cerca de los atribulados,
salva a los abatidos.
El Señor redime a sus siervos,
no será castigado quien se acoge a él. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Mateo (21,28-32):

EN aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:
«¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Se acercó al primero y le dijo: “Hijo, ve hoy a trabajar en la viña”. Él le contestó: “No quiero”. Pero después se arrepintió y fue.
Se acercó al segundo y le dijo lo mismo. Él le contestó: “Voy, señor”. Pero no fue.
¿Quién de los dos cumplió la voluntad de su padre?».
Contestaron:
«El primero».
Jesús les dijo:
«En verdad os digo que los publicanos y las prostitutas van por delante de vosotros en el reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros enseñándoos el camino de la justicia y no le creísteis; en cambio, los publicanos y prostitutas le creyeron. Y, aun después de ver esto, vosotros no os arrepentisteis ni le creísteis».

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

José María Vegas, cmf

No decir, sino hacer

La denuncia de la injusticia y la infidelidad de los jefes del pueblo que realiza Isaías con duras palabras se transfigura en el anuncio de una conversión al Dios de Israel de aquellos que, oficialmente y en teoría, están más alejados de él, los pueblos paganos que se inclinan ante los ídolos. La esperanza de Israel se universaliza y el mismo pueblo elegido es restaurado por la acción de Dios, curado de toda arrogancia y engreimiento, constituido como un resto pobre y humilde, cuyo corazón se ha vuelto totalmente a su Dios.

Descubrimos en Jesús una tensión semejante de denuncia y anuncio: el fuerte contraste entre la actitud de los representantes oficiales del pueblo y los considerados, también casi de manera oficial, pecadores (publicanos y prostitutas). No es     que Jesús pondere a estos últimos y rechace sin más a los primeros, como a veces se quiere entender con frases del tipo “los que no van a Misa son mejores que los que van”, o “lo importante no es ir a la Iglesia, sino ser buena persona”. De hecho, Jesús no ensalza a los pecadores por serlo, ni a los que se tienen justos por su justicia, sino que descubre en los primeros una disposición a la conversión, precisamente de sus pecados (pensemos en Zaqueo de Lc 19, 1-10, o en la mujer pecadora de Lc 7, 37-38), mientras que ve en los segundos una contumacia en los propios, en el engreimiento y la orgullosa arrogancia denunciada por Isaías y que Dios se dispone a arrancar.

La almendra de esas distintas actitudes está en la disposición o no de aceptar a Jesús como el Mesías enviado por Dios. Pero Jesús lo expresa refiriéndose a la aceptación o el rechazo de un profeta de reconocida autoridad entre el verdadero resto de Israel, el pueblo llano,  Juan el Bautista y su enérgica llamada a la conversión, acogida por los pecadores oficiales y rechazada por los justos oficiales. Con su inigualable pedagogía, Jesús lo plantea por medio de la parábola de los dos hijos: se puede obedecer sólo de boquilla, pero estar alejado en el corazón y en el modo de vida de la voluntad del padre, mientras que los que, por muy distintas circunstancias, parecen alejados de esa voluntad (pueblos paganos, mujeres que, quién sabe por qué motivos, han caído en la prostitución, y gentes consideradas impuras por mil distintas razones), pueden estar interiormente mucho mejor dispuestos a acoger la llamada de Dios en cuanto esta los alcance.

Para nosotros, creyentes de hoy, esta parábola es una fuerte llamada a examinar la calidad de nuestra vida. Por ser creyentes que confiesan su fe, estamos diciendo ya “oficialmente” que sí, que estamos dispuestos a trabajar en la viña del Señor. Pero bien puede ser que con nuestras actitudes concretas estemos desmintiendo esa disposición y nos estemos negando a ir a trabajar. Por ejemplo, si vivimos con engreimiento, creyéndonos superiores a los demás, despreciando de algún modo a los que se encuentran lejos de la fe. Tanto Isaías como Jesús nos recuerdan que también estos últimos están llamados a la salvación, a la fe en el Dios Padre de todos, y que necesitan, tal vez, sólo, el impulso de una llamada, de un testimonio de acogida y amor. Jesús nos llama a convertirnos en ese resto pobre y humilde, que puede ser precisamente la llamada profética a la conversión que muchos necesitan.

Saludos cordiales

José M. Vegas cmf

http://josemvegas.wordpress.com/

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

EDD. lunes 14 de diciembre de 2020.

Hoy, lunes, 14 de diciembre de 2020

Primera lectura

Lectura del libro de los Números (24,2-7.15-17a):

EN aquellos días, Balaán, tendiendo la vista, divisó a Israel acampado por tribus. El espíritu de Dios vino sobre él, y entonó sus versos:
«Oráculo de Balaán, hijo de Beor,
oráculo del hombre de ojos perfectos;
oráculo del que escucha palabras de Dios,
que contempla visiones del Poderoso,
que cae y se le abren los ojos:
¡Qué bellas tus tiendas, oh Jacob,
y tus moradas, Israel!
Como vegas dilatadas,
como jardines junto al río,
como áloes que plantó el Señor
o cedros junto a la corriente;
el agua fluye de sus cubos,
y con el agua se multiplica su simiente.
Su rey es más alto que Agag,
y descuella su reinado».
Y entonó sus versos:
«Oráculo de Balaán, hijo de Beor,
oráculo del hombre de ojos perfectos;
oráculo del que escucha palabras de Dios
y conoce los planes del Altísimo,
que contempla visiones del Poderoso,
que cae en éxtasis, y se le abren los ojos:
Lo veo, pero no es ahora,
lo contemplo, pero no será pronto:
Avanza una estrella de Jacob,
y surge un cetro de Israel».

Palabra de Dios

Salmo

Sal 24,4-5ab.6-7bc.8-9

R/.
Señor, instrúyeme en tus sendas

V/. Señor, enséñame tus caminos,
instrúyeme en tus sendas:
haz que camine con lealtad;
enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador. R/.

V/. Recuerda, Señor, que tu ternura
y tu misericordia son eternas;
acuérdate de mí con misericordia,
por tu bondad, Señor. R/.

V/. El Señor es bueno y es recto,
enseña el camino a los pecadores;
hace caminar a los humilles con rectitud,
enseña su camino a los humildes. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Mateo (21,23-27):

EN aquel tiempo, Jesús llegó al templo y, mientras enseñaba, se le acercaron los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo para preguntarle:
«¿Con qué autoridad haces esto? ¿Quién te ha dado semejante autoridad?».
Jesús les replicó:
«Os voy a hacer yo también una pregunta; si me la contestáis, os diré yo también con qué autoridad hago esto. El bautismo de Juan ¿de dónde venía, del cielo o de los hombres?».
Ellos se pusieron a deliberar:
«Si decimos “del cielo”, nos dirá: “¿Por qué no le habéis creído?”. Si le decimos “de los hombres”, tememos a la gente; porque todos tienen a Juan por profeta».
Y respondieron a Jesús:
«No sabemos».
Él, por su parte, les dijo:
«Pues tampoco yo os digo con qué autoridad hago esto».

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

José María Vegas, cmf

El cetro y la estrella

Balaán, el profeta pagano, contratado para maldecir al pueblo elegido, hace honor a sus propios títulos, y no tiene más remedio que ver los signos de Dios y de escuchar sus Palabras y, en vez de maldecir, bendice. Se ve que también en aquellos tiempos el Espíritu de Dios actuaba fuera de la comunidad de la salvación, y Balaán tiene que rendirse y someterse al espíritu de verdadera profecía que ha tomado posesión de él. Sus palabras de bendición trascienden el momento presente y anuncian un futuro mesiánico, el nacimiento de un rey, que nacerá bajo la luz de una estrella y tomará el cetro del pueblo de Dios.

A veces, hoy como entonces, hay profetas a su pesar, gentes que, aunque hostiles al pueblo de Dios, pronuncian palabras que no pueden no reconocer en él una presencia salvadora de Dios. Así, por ejemplo, incluso los que critican con acritud a los cristianos, echándonos en cara nuestra incoherencia con la fe que profesamos, nos están recordando la excelencia de esta última, exigiéndonos el testimonio que les hurtamos con nuestra mediocridad.

Jesús, nacido bajo el signo de la estrella, es el portador del cetro de la dinastía de David, el Mesías que tenía que venir al mundo, que anunciaron los profetas, incluido el pagano Balaán. El cetro es el signo no de un mero poder externo, que se impone y destruye, sino de una autoridad que emana de la propia persona de Jesús y que él ejerce benéficamente: curando y enseñando (cf. Mt 21, 14. 23), pero también denunciando los abusos en torno al templo (cf. Mt 21, 12-13) y la esterilidad del pueblo elegido (cf. Mt 21, 19-21). Llama la atención el contraste entre el profeta extranjero y pagano, que ve en Israel al pueblo elegido, y los representantes de este mismo pueblo, sacerdotes y ancianos, que se niegan a reconocer la autoridad de Jesús: a diferencia de Balaán, ni ven ni escuchan. Es verdad que la revelación de Dios al hombre se realiza de manera dialogal: Dios habla sin imponer y espera la respuesta por parte del ser humano. Pero el diálogo, para poder realizarse, tiene sus condiciones. La primera es la apertura de espíritu, la segunda, la sinceridad. Es inútil intentar dialogar con quien no está bien dispuesto, con el que se cierra en banda. Son como esos que ni bailan cuando les tocan la flauta, ni lloran cuando les cantan endechas (cf. Mt 11, 17), como los que cuando se expulsa un demonio te llaman poseído (cf. Mt 12, 24). Sin embargo, Jesús no deja de interpelarlos, lanzándoles un desafío que puede ayudarles a entrar en razón, a afrontar su mala fe y, tal vez, a convertirse: la pregunta sobre el Bautista, que no pudieron, ni supieron, ni quisieron contestar, es una llamada a examinarse a sí mismos en su verdadera relación con Dios.

Es algo que nos puede suceder a todos, oímos sin escuchar, vemos signos, sin entender el significado, hacemos de nuestra fe una costumbre, un distintivo cultural, sin el dinamismo vivo de la esperanza y la conversión.

Pero si reconocemos que el Espíritu actúa fuera de la Iglesia, no podemos no reconocer que actúa, con mayor motivo, dentro de ella. Y que en el pueblo de Dios son muchos los que han perfeccionado sus ojos y abierto sus oídos para ver la presencia de Dios y escuchar su Palabra. Hoy celebramos a san Juan de la Cruz, una de las cimas de la experiencia mística, un maestro de vida espiritual que nos ha enseñado a elegir el camino estrecho y empinado que conduce a la cima del Carmelo, a la unión con Dios. En realidad, Dios mismo se ha acercado a nosotros en Jesús, que nos purifica, nos enseña y nos cura. El Adviento es una fuerte llamada a abrir los ojos y los oídos, a escrutar signos y acoger palabras de bendición, a creer profecías, a convertirnos nosotros mismos en profetas que anuncian la venida del Señor, el rey y Mesías que nacerá bajo el signo de una estrella.  

Saludos cordiales

José M. Vegas cmf

http://josemvegas.wordpress.com/

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

EDD. sábado 12 de diciembre de 2020.

Sábado de la segunda semana de Adviento

Nuestra Señora de Guadalupe Patrona de América

Fiesta 

Color: blanco

El 12 de diciembre de 1531 el indígena Juan Diego se presenta al obispo, Fray Juan de Zumárraga, dejando caer a sus pies frescas rosas de Castilla llevadas en su tilma, en la cual quedó estampada la imagen de la Virgen. Este fue el signo de veracidad, solicitado por el obispo ante el requerimiento de la Virgen de construir un templo en el lugar donde se le había aparecido a Juan Diego, el cerro Tepeyac (México). Pío X la proclamó como “Patrona de toda América Latina” y Juan XXIII “la Madre de las Américas”.

Antífona de entrada             Ap 12, 1 

Una gran señal apareció en el cielo: una mujer, vestida de sol, con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas sobre su cabeza. 

Gloria. 

ORACIÓN COLECTA 

Dios y Padre de misericordia, que has puesto a tu pueblo bajo la especial protección de la santísima Madre de tu Hijo, concede, a cuantos invocan a la Virgen de Guadalupe, procurar con fe diligente el progreso de los pueblos por el camino de la justicia y de la paz. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos. 

LITURGIA DE LA PALABRA

PRIMERA LECTURA

Miren, la virgen está embarazada.

Lectura del libro de Isaías   7, 10-14; 8, 10

El Señor habló a Ajaz en estos términos:

“Pide para ti un signo de parte del Señor, en lo profundo del Abismo, o arriba, en las alturas”.

Pero Ajaz respondió:

“No lo pediré ni tentaré al Señor”.

Isaías dijo:

“Escuchen, entonces, casa de David: ¿Acaso no les basta cansar a los hombres, que cansan también a mi Dios? Por eso el Señor mismo les dará un signo. Miren, la virgen está embarazada y dará a luz un hijo, y lo llamará con el nombre de Emanuel, que significa Dios está con nosotros”.

SALMO RESPONSORIAL  66, 2-3. 5. 7-8

R/¡Qué todos los pueblos te den gracias, Señor!

El Señor tenga piedad y nos bendiga, haga brillar su rostro sobre nosotros, para que en la tierra se reconozca su dominio, y su victoria entre las naciones.

Que todos los pueblos te den gracias. Que canten de alegría las naciones, porque gobiernas a los pueblos con justicia y guías a las naciones de la tierra. 

La tierra ha dado su fruto: el Señor, nuestro Dios, nos bendice. Que Dios nos bendiga, y lo teman todos los confines de la tierra.EVANGELIO

ACLAMACIÓN AL EVANGELIO   Lc  1, 46b-47

Aleluya

“Mi alma canta la grandeza del Señor, y mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi Salvador”. Aleluya.

EVANGELIO

Feliz de ti por haber creído.

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas  1, 39-48

María partió y fue sin demora a un pueblo de la montaña de Judá. Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel. Apenas esta oyó el saludo de María, el niño saltó de alegría en su vientre, e Isabel, llena del Espíritu Santo, exclamó:

“¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme? Apenas oí tu saludo, el niño saltó de alegría en mi vientre. Feliz de ti por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor”.

María dijo entonces:

“Mi alma canta la grandeza del Señor, y mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi salvador, porque Él miró con bondad la pequeñez de su servidora. En adelante todas las generaciones me llamarán feliz”.

Esta es palabra del Señor.

Fuente : http://www.eucaristiadiaria.cl/dia_cal.php?fecha=2020-12-12

REFLEXIÓN :

Es una realidad que todo ser humano busca la felicidad. Pero, si todos queremos ser felices, ¿por qué hay tantos problemas?, ¿por qué existen tantos males como las guerras, las injusticias y los odios? La respuesta es muy sencilla: porque no todos sabemos en qué consiste la felicidad. María nos enseña que la clave de la felicidad está en dos cosas: amar y ser amado.

Estas realidades no van contrapuestas, sino que están tan unidas como nuestra alma a nuestro cuerpo. María nos muestra el por qué. Ella ha experimentado el amor de Dios a tal grado que se ha convertido en el pilar que sostiene su vida. Sabe que pase lo que pase Dios no dejará de amarla. Con su actitud, nos invita a estar conscientes de que todo en nuestra vida es pasajero, excepto el amor de Dios. Podemos perder todo: casa, trabajo, familia… pero nunca perderemos el amor de Dios.

Es precisamente esto lo que lleva a María a la segunda parte de la felicidad: amar. Cuando un cristiano experimenta el amor de Dios, surge en su interior un sincero deseo de corresponder. María lo demuestra cuando, con alegría y sencillez, va en busca de su prima Isabel, para llevarle a Jesús.

Éste es el reto de los cristianos: amar y ser amados. La segunda parte ya la tenemos: Dios nunca dejará de amarnos. ¿Estamos dispuestos a vivir la primera?

La Iglesia en México, en América, en el mundo entero, celebra la Virgen de Guadalupe, y tendrá siempre presente un cerro en el que la Virgen nos alentó con su cariño: «¿No estoy yo aquí, que soy tu madre?» Son palabras que nos unen directamente al Calvario, cuando Cristo, el crucificado, le dijo a María: «He ahí a tu hijo». Son palabras que nos alivian en las mil aventuras de la vida, en los peligros, en las pruebas, en los fracasos.

Fuente : www.catholic.net