Autor: Patricio Osiadacz
EDD. lunes 29 de marzo de 2021.
Hoy, lunes, 29 de marzo de 2021
Primera lectura
Lectura del libro de Isaías (42,1-7):
Así dice el Señor:
«Mirad a mi siervo, a quien sostengo; mi elegido, en quien me complazco. He puesto mi espíritu sobre él, manifestará la justicia a las naciones. No gritará, no clamará, no voceará por las calles. La caña cascada no la quebrará, la mecha vacilante no la apagará. Manifestará la justicia con verdad. No vacilará ni se quebrará, hasta implantar la justicia en el país. En su ley esperan las islas.
Esto dice el Señor, Dios, que crea y despliega los cielos, consolidó la tierra con su vegetación, da el respiro al pueblo que la habita y el aliento a quienes caminan por ella:
«Yo, el Señor, te he llamado en mi justicia, te cogí de la mano, te he formé e hice de ti alianza de un pueblo y luz de las naciones, para que abras los ojos de los ciegos, saques a los cautivos de la cárcel, de la prisión a los que habitan en tinieblas».
Palabra de Dios
Salmo
Sal 26,1.2.3.13-14
R/.El Señor es mi luz y mi salvación
El Señor es la defensa de mí vida,
¿quién me hará temblar? R.
Cuando me asaltan los malvados
para devorar mi carne, ellos, enemigos y adversarios, tropiezan y caen. R.
Si un ejército acampa contra mí,
mi corazón no tiembla;
si me declaran la guerra,
me siento tranquilo. R.
Espero gozar de la dicha del Señor
en el país de la vida.
Espera en el Señor, sé valiente,
ten ánimo, espera en el Señor. R.
Evangelio de hoy
Lectura del santo evangelio según san Juan (12,1-11):
Seis días antes de la Pascua, fue Jesús a Betania, donde vivía Lázaro, a quien había resucitado de entre los muertos. Allí le ofrecieron una cena; Marta servía, y Lázaro era uno de los que estaban con él a la mesa. María tomó una libra de perfume de nardo, auténtico y costoso, le ungió a Jesús los pies y se los enjugó con su cabellera. Y la casa se llenó de la fragancia del perfume.
Judas Iscariote, uno de sus discípulos, el que lo iba a entregar, dice:
«¿Por qué no se ha vendido este perfume por trescientos denarios para dárselos a los pobres?».
Esto lo dijo, no porque le importasen los pobres, sino porque era un ladrón; y como tenía la bolsa, se llevaba de lo que iban echando.
Jesús dijo:
– «Déjala; lo tenía guardado para el día de mi sepultura; porque a los pobres los tenéis siempre con vosotros, pero a mí no siempre me tenéis».
Una muchedumbre de judíos se enteró de que estaba allí y fueron, no sólo por Jesús, sino también para ver a Lázaro, al que había resucitado de entre los muertos.
Los sumos sacerdotes decidieron matar también a Lázaro, porque muchos judíos, por su causa, se les iban y creían en Jesús.
Palabra del Señor
REFLEXIÓN :
Primer día de esta semana en la que vamos a celebrar el misterio de la muerte y resurrección de Jesús. Como es misterio, no vamos a tratar de explicarlo. Se trata sencillamente de contemplar con el corazón abierto. Se trata de acoger sin condiciones. Algo parecido a lo que hicieron Lázaro, Marta y María. Eran los amigos de Jesús. Confianza de años. No hacían preguntas. Simplemente tenían abierta su casa para él. Le querían y le querían sin condiciones. Así es el verdadero amor, la verdadera amistad. Jesús ya era de la familia. Todo lo que había en la casa era poco para ofrecer a aquel amigo que les visitaba de vez en cuando. Los mejores manjares, el mejor servicio. Y, si se tercia y hay posibilidad, el mejor perfume para ungir sus pies cansados del camino.
Aunque siempre hay alguno que estropea la fiesta y se pone en plan crítico. ¿Para que vaciar la despensa? ¿No es uno más de la familia? Se le saca lo de todos los días y basta. Y, ¿qué es eso de andar derrochando perfumes cuando eso podía ayudar a los pobres? Está claro que Judas no había entendido mucho lo que era el amor incondicional, ni lo que era una relación entre personas generosa y abierta. Da la impresión de que Judas estaba acostumbrado a calcular, a razonar todo. Lázaro, Marta y María habían entendido la novedad de Jesús y lo manifestaban en su acogida sin límites, en su amistad sin condiciones.
En esta semana que comenzamos llena de celebraciones con muchas palabras y muchos símbolos y muchos ritos nos conviene imitar la actitud de Lázaro, Marta y María. No se trata de calcular y razonar. Se trata simplemente de acoger, de contemplar. Se trata de hacer de nuestro corazón la casa familiar donde Jesús sea acogido y donde nosotros simplemente estemos a su lado, sintiendo con él, acompañándole. Sin más. Porque el misterio no se descifra ni se estudia ni se cuenta en un libro a base de argumentos y razonamientos. El misterio se contempla. Y se va dejando que, poco a poco, esa plenitud del amor de Dios manifestado en la vida de Jesús y, sobre todo, en sus últimos momentos, vaya llegando a nuestro corazón. Y nos inunde de alegría y de esperanza. Y nos vaya haciendo capaces de amar y acoger y servir a nuestros hermanos y a descubrir en ellos el misterio del amor de Dios hecho carne.
Fuente : https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy
Homilía para la Eucaristía del domingo 28 de marzo de 2021.
Que puedas vivir en tu hogar esta Semana Santa unido a Cristo muerto y resucitado.
DOMINGO DE RAMOS.
Isaías 50,4-7: Poema sobre el Servidor de Yahvé y su misión: consolar a los abatidos. Esta capacitado: es un verdadero discípulo, que escucha y obedece.
Filipenses 2,6-11: Himno que canta el Misterio de Cristo: Él es Dios, pero no se apropia de esta condición divina; Él es verdadero hombre, que obedece hasta la muerte en cruz; por eso Dios lo exalta: Él es el Señor.
Pasión según san Marcos: Lo medular del mensaje de Marcos: ¿Por qué Jesús sufrió para salvarnos? Porque es la Voluntad de Dios.
1.- Hoy iniciamos la Semana Santa. ¿Presencial? ¿On line? No importa. Hoy nos metemos a contemplar este Misterio de Cristo que tiene dos aspectos: su sufrimiento, Pasión y muerte. Pero también su Resurrección. Ambos aspectos son inseparables, como dos caras de una misma moneda.
Concretamente hoy se mezclan dos aspectos: su entrada triunfal y su Pasión. Pero nosotros al contemplar este Misterio no lo hacemos desde afuera, de lejos. No, sino con Cristo, nos involucramos con Él.
Permítanme un ejemplo. En el foot ball, pasión de multitudes, los que pierden o ganan no son sólo los jugadores que están en la cancha. También pierden o ganan los hinchas. Sienten como suyo lo del equipo de sus amores. De allí que al terminar el encuentro deportivo, salen furiosos o saltando como niños. Es que se identifican con su club y hasta llevan su camiseta.
2.- Yo diría que la liturgia hoy de ante mano nos invita a aclamar a nuestro Héroe, a nuestro Salvador. Él nos salvó por su obediencia a su Padre.
Desde los inicios se ha identificado a Jesús con el Servidor de Yahvé, que tiene oído y lengua de discípulo. Y se sometió en todo a lo que Dios dispuso.
Por eso san Pablo nos dice: “Se hizo obediente hasta la muerte en la cruz. Por eso Él es el Señor, lo máximo.
De modo que la Palabra de Dios hoy no suena a tragedia, sino a triunfo.
3.- No seamos como aquellos falsos cristianos que nos critican por contemplar y celebrar la Pasión del Señor.
Es cierto que Él resucitó. Pero también es cierto que hoy día sigue muriendo en tanto que sufren.
El mensaje, entonces, es claro: si con Él morimos con Él reinaremos.
Hoy Cristo nos invita a cada uno de nosotros y a toda la Iglesia a vivir su misterio de Cruz, muerte y vida. Animémonos. Tu casa, Iglesia Doméstica, es el centro del culto familiar.
No caigamos en la hipocresía de aquellos que se conforman con comer pescados o mariscos. No. Porque “El Reino de Dios no consiste en comida ni bebida, sino en el don de Dios que nos hace justos, en la paz y en la alegría en el Espíritu Santo” (Romanos 14,17).
Celebremos, pues, con fe estos misterios de la Semana Santa. Vivamos en carne propia el misterio de Cristo. Ya lo dice el Apóstol: “si con Él morimos, viviremos con Él; si permanecemos firmes, reinaremos con Él”. (2Timoteo 2,11-12).
Hermano Pastor Salvo Beas.
EDD. sábado 27 de marzo de 2021.
Hoy, sábado, 27 de marzo de 2021
Primera lectura
Lectura de la profecía de Ezequiel (37,21-28):
ESTO dice el Señor Dios:
«Recogeré a los hijos de Israel de entre las naciones adonde han ido, los reuniré de todas partes para llevarlos a su tierra. Los hará una sola nación en mi tierra, en los montes de Israel. Un solo rey reinará sobre todos ellos. Ya no serán dos naciones ni volverán a dividirse en dos reinos.
No volverán a contaminarse con sus ídolos, sus acciones detestables y todas sus transgresiones. Los liberaré de los lugares donde habitan y en los cuales pecaron. Los purificaré; ellos serán mi pueblo y yo seré su Dios.
Mi siervo David será su rey, el único pastor de todos ellos. Caminarán según mis preceptos, cumplirán mis prescripciones y las pondrán en práctica. Habitarán en la tierra que yo di a mi siervo Jacob, en la que habitaron sis padres: allí habitarán ellos, sus hijos y los hijos de sus hijos para siempre, y mi siervo David será su príncipe para siempre.
Haré con ellos una alianza de paz, una alianza eterna. Los estableceré, los multiplicaré y pondré entre ellos mi santuario para siempre; tendré mi morada junto a ellos, yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo. Y reconocerán las naciones que yo soy el Señor que consagra Israel, cuando esté mi santuario en medio de ellos para siempre».
Palabra de Dios
Salmo
Jr 31,10.11-12ab.13
R/.El Señor nos guardará como un pastor a su rebaño
V/. Escuchad, pueblos, la palabra del Señor,
anunciadla a las islas remotas:
«El que dispersó a Israel lo reunirá,
lo guardará como un pastor a su rebaño. R/.
V/. Porque el Señor redimió a Jacob,
lo rescató de una mano más fuerte».
Vendrán con aclamaciones a la altura de Sión,
afluirán hacia los bienes del Señor. R/.
V/. Entonces se alegrará la doncella en la danza,
gozarán los jóvenes y los viejos;
convertiré su tristeza en gozo,
los alegraré y aliviaré sus penas. R/.
Evangelio de hoy
Lectura del santo evangelio según san Juan (11,45-57):
EN aquel tiempo,muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él. Pero algunos acudieron a los fariseos y les contaron lo que había hecho Jesús.
Los sumos sacerdotes y los fariseos convocaron el Sanedrín y dijeron:
«¿Qué hacemos? Este hombre hace muchos signos. Si lo dejamos seguir, todos creerán en él, y vendrán los romanos y nos destruirán el lugar santo y la nación».
Uno de ellos, Caifás, que era sumo sacerdote aquel año, les dijo:
«Vosotros no entendéis ni palabra; no comprendéis que os conviene que uno muera por el pueblo, y que no perezca la nación entera».
Esto no lo dijo por propio impulso, sino que, por ser sumo sacerdote aquel año, habló proféticamente, anunciando que Jesús iba a morir por la nación; y no solo por la nación, sino también para reunir a los hijos de Dios dispersos.
Y aquel día decidieron darle muerte. Por eso Jesús ya no andaba públicamente entre los judíos, sino que se retiró a la región vecina al desierto, a una ciudad llamada Efraín, y pasaba allí el tiempo con los discípulos.
Se acercaba la Pascua de los judíos, y muchos de aquella región subían a Jerusalén, antes de la Pascua, para purificarse. Buscaban a Jesús y, estando en el templo, se preguntaban:
«¿Qué os parece? ¿Vendrá a la fiesta?».
Los sumos sacerdotes y fariseos habían mandado que el que se enterase de dónde estaba les avisara para prenderlo.
Palabra del Señor
REFLEXIÓN :
Para reunir a los hijos de Dios dispersos
La tensión entre Jesús y los judíos (fariseos y sumos sacerdotes) ha llegado a un punto de no retorno. Ya no se trata de polémicas sobre la ley, ni de amenazas más o menos veladas, o de ataques (como intentos de lapidación) más o menos espontáneos. Ahora se celebra una reunión oficial del más alto nivel y se toma una decisión en toda regla, y se dan las instrucciones para su cumplimiento. Es curioso y trágico, paradójico, que el motivo final de la decisión de darle muerte sea el hecho de que Jesús ha devuelto la vida a un hombre. La ceguera de los líderes del pueblo es total: no lo ven como un signo definitivo de su mesianismo, de que Dios actúa por medio de él, sino como una amenaza: amenaza para su poder religioso, amenaza política por las posibles represalias romanas. Los cálculos humanos y los intereses de corto alcance les han cegado para ver lo que, por otro lado, parece evidente: Dios mismo actúa en y por Jesús.
Juan, que siempre juega en dos planos, el de la comprensión meramente humana, y la de los planes de Dios (“mis pensamientos no son vuestros pensamientos, y mis caminos no son vuestros caminos, dice el Señor” – Is 55, 8), ve en las palabras de Caifás, que pronuncian la sentencia de muerte de Jesús, un oráculo profético, que trasciende por completo la intención del Sumo Sacerdote. Siendo “de aquí abajo”, decide la muerte de Jesús por cálculos políticos y religiosos; pero, por el cargo que ocupa (que proviene de “allí arriba”), expresa el verdadero sentido de esa muerte. Sin quererlo ni pensarlo, da en el clavo: Jesús va a morir por todo el pueblo, y no sólo, sino que iba a reunir a los hijos de Dios dispersos.
Es altamente significativo que la profecía de Ezequiel no se refiera a Judá, sino a Israel, que se había dispersado definitivamente casi doscientos años antes de la deportación de Babilonia. Israel había dejado de existir como pueblo, se había disuelto entre todas las naciones. La profecía de Ezequiel se puede entender como una reunificación que, en el fondo, afecta a la humanidad entera en torno a un rey y pastor que trasciende toda significación política.
Jesús entrega su vida libremente. Por eso no se oculta, y tras su retirada a Efraín, se prepara a regresar a Jerusalén, pese a los graves peligros que se ciernen sobre él. Aceptar libremente la muerte por amor significa tocar el centro neurálgico del drama del hombre, exiliado de Dios por el pecado, condenado a una muerte “para siempre” (como decíamos dos días atrás). La muerte no sabe de razas, ni de condición social, ni de partidos, ideologías, ni de religión. Yendo libremente hacia la muerte, Jesús se adentra en el lugar en el que todos sin excepción somos iguales. Sólo dando la vida es posible reunir a todos los seres humanos dispersos en una familia nueva, la de los hijos de Dios.
Jesús se apresta a volver a Jerusalén. Nosotros, discípulos suyos, debemos estar dispuestos a acompañarlo, a ser testigos de su Pasión, para poder proclamar después su Resurrección. Mañana, Domingo de Ramos, nos adentramos en la Semana Santa, el giro decisivo de la historia de la humanidad. “Ya están pisando nuestros pies tus umbrales Jerusalén” (Sal 122, 2).
Saludos cordiales,
José M. Vegas cmf
http://josemvegas.wordpress.com/
Fuente : https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy
EDD. viernes 26 de marzo de 2021.
Hoy, viernes, 26 de marzo de 2021
Primera lectura
Lectura del libro de Jeremías (20,10-13):
OÍA la acusación de la gente:
«“Pavor-en-torno”,
delatadlo, vamos a delatarlo».
Mis amigos acechaban mi traspié:
«A ver si, engañado, lo sometemos
y podemos vengarnos de él».
Pero el Señor es mi fuerte defensor:
me persiguen, pero tropiezan impotentes.
Acabarán avergonzados de su fracaso,
con sonrojo eterno que no se olvidará.
Señor del universo, que examinas al honrado
y sondeas las entrañas y el corazón,
¡que yo vea tu venganza sobre ellos,
pues te he encomendado mi causa!
Cantad al Señor, alabad al Señor,
que libera la vida del pobre
de las manos de gente perversa.
Palabra de Dios
Salmo
Sal 17,2-3a.3bc-4.5-6.7
R/.En el peligro invoqué al Señor, y me escuchó
V/. Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza;
Señor, mi roca, mi alcázar, mi libertador. R/.
V/. Dios mío, peña mía, refugio mío,
escudo mío, mi fuerza salvadora, mi baluarte.
Invoco al Señor de mi alabanza
y quedo libre de mis enemigos. R/.
V/. Me cercaban olas mortales,
torrentes destructores me aterraban,
me envolvían las redes del abismo,
me alcanzaban los lazos de la muerte. R/.
V/. En el peligro invoqué al Señor,
grité a mi Dios:
desde su templo él escuchó mi voz,
y mi grito llegó a sus oídos. R/.
Evangelio de hoy
Lectura del santo evangelio según san Juan (10,31-42):
EN aquel tiempo, los judíos agarraron piedras para apedrear a Jesús.
Elles replicó:
«Os he hecho ver muchas obras buenas por encargo de mi Padre: ¿por cuál de ellas me apedreáis?».
Los judíos le contestaron:
«No te apedreamos por una obra buena, sino por una blasfemia: porque tú, siendo un hombre, te haces Dios».
Jesús les replicó:
«¿No está escrito en vuestra ley: “Yo os digo: sois dioses”? Si la Escritura llama dioses a aquellos a quienes vino la palabra de Dios, y no puede fallar la Escritura, a quien el Padre consagró y envió al mundo, ¿decís vosotros: “¡Blasfemas!” Porque he dicho: “Soy Hijo de Dios”? Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis, pero si las hago, aunque no me creáis a mí, creed a las obras, para que comprendáis y sepáis que el Padre está en mí, y yo en el Padre».
Intentaron de nuevo detenerlo, pero se les escabulló de las manos. Se marchó de nuevo al otro lado del Jordán, al lugar donde antes había bautizado Juan, y se quedó allí.
Muchos acudieron a él y decían:
«Juan no hizo ningún signo; pero todo lo que Juan dijo de este era verdad».
Y muchos creyeron en él allí.
Palabra del Señor
Creer por las obras
Jeremías, el profeta desoído y maltratado por su propia gente, es imagen del destino de Jesús, rechazado y perseguido por los principales del pueblo. Es significativo que el rechazo se produce en el Templo, lugar de culto y centro y símbolo de la religiosidad del Israel. La causa de la persecución y del intento de lapidación ya no es el pretendido incumplimiento de la ley, sino la pretensión de Jesús de ser Hijo de Dios. Jesús responde a esa acusación anunciando que esa identidad suya no es exclusiva, sino inclusiva: la salvación consiste en la filiación divina, en entrar en el ámbito de la divinidad, que se alcanza precisamente por medio del Hijo, aceptando la palabra de Jesús.
Pero debemos reconocer que no es fácil aceptar la condición divina de uno que, pese a todo, no deja de ser un hombre. Con frecuencia pienso, que, si yo hubiera sido contemporáneo de Jesús, posiblemente hubiera estado de acuerdo en su condición de profeta, incluso del más grande profeta de Israel. Pero de ahí a aceptar su condición de Hijo de Dios, de Dios mismo, hay un buen trecho. ¿Habría yo dado ese paso? Dar el paso de una fe así exige, al parecer, dar un salto en el vacío. Sin embargo, Jesús insiste en su identidad (y nos invita a dar el salto), pero nos ofrece (como una red) el testimonio de sus obras. La suya no es una pretensión ni una afirmación huera, sino avalada por sus obras. Hay en él una perfecta armonía entre palabras y obras. Su palabra es viva y eficaz (cf. Hb 4, 12), es una palabra que actúa, que se traduce en obras. Las obras son la prolongación de esa palabra, son acciones salvíficas que hablan por sí mismas. Palabras y obras indican que Jesús, al declararse Hijo de Dios, no se encumbra, ni se pone por encima de los demás, sino que, al contrario, se abaja, se acerca, se pone a nuestro nivel, para hacernos partícipes de esta misma identidad
Pero del duro diálogo con los judíos cabe concluir que “ni por esas”. La contumacia de sus oponentes es total, como en el caso de los enemigos de Jeremías, lo que significa que su suerte, como la del profeta, está echada. Por eso, se retira del Templo y se va al desierto, al lugar de sus orígenes, del bautismo de Juan, del comienzo de su ministerio y de sus primeros discípulos. Es un gesto profético que se puede interpretar como una reivindicación del testimonio de Juan sobre él. Y es allí, en el desierto, donde “muchos creyeron en él”. Si el Templo, símbolo del poder religioso, lo rechaza, es en el desierto, lugar de la experiencia fundante de Israel, donde se produce la fe.
La cuaresma, ya en su recta final, nos invita a volver al desierto, a la experiencia del despojo, del camino esperanzado y de la purificación, para poder encontrarnos con el verdadero Templo de Dios, la humanidad de Jesús, el Hijo de Dios Padre, que, como un nuevo maná, quiere compartir su condición con nosotros.
Saludos cordiales,
José M. Vegas cmf
http://josemvegas.wordpress.com/
Fuente : https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy
EDD. jueves 25 de marzo de 2021.
Hoy, jueves, 25 de marzo de 2021
Primera lectura
Lectura del libro de Isaías (7,10-14;8,10):
En aquel tiempo, el Señor habló a Acaz: «Pide una señal al Señor, tu Dios: en lo hondo del abismo o en lo alto del cielo.»
Respondió Acaz: «No la pido, no quiero tentar al Señor.»
Entonces dijo Dios: «Escucha, casa de David: ¿No os basta cansar a los hombres, que cansáis incluso a mi Dios? Pues el Señor, por su cuenta, os dará una señal: Mirad: la virgen está encinta y da a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel, que significa «Dios-con-nosotros».»
Palabra de Dios
Salmo
Sal 39,7-8a.8b-9.10.11
R/.Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad
Tú no quieres sacrificios ni ofrendas,
y, en cambio, me abriste el oído;
no pides sacrificio expiatorio,
entonces yo digo: «Aquí estoy.» R/.
«Como está escrito en mi libro
para hacer tu voluntad.»
Dios mío, lo quiero,
y llevo tu ley en las entrañas. R/.
He proclamado tu salvación
ante la gran asamblea;
no he cerrado los labios:
Señor, tú lo sabes. R/.
No me he guardado en el pecho tu defensa,
he contado tu fidelidad y tu salvación,
no he negado tu misericordia
y tu lealtad ante la gran asamblea. R/.
Segunda lectura
Lectura de la carta a los Hebreos (10,4-10):
Es imposible que la sangre de los toros y de los machos cabríos quite los pecados. Por eso, cuando Cristo entró en el mundo dijo: «Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, pero me has preparado un cuerpo; no aceptas holocaustos ni víctimas expiatorias. Entonces yo dije lo que está escrito en el libro: «Aquí estoy, oh Dios, para hacer tu voluntad.»» Primero dice: «No quieres ni aceptas sacrificios ni ofrendas, holocaustos ni victimas expiatorias», que se ofrecen según la Ley. Después añade: «Aquí estoy yo para hacer tu voluntad.» Niega lo primero, para afirmar lo segundo. Y conforme a esa voluntad todos quedamos santificados por la oblación del cuerpo de Jesucristo, hecha una vez para siempre.
Palabra de Dios
Evangelio de hoy
Lectura del santo evangelio según san Lucas (1,26-38):
A los seis meses, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María.
El ángel, entrando en su presencia, dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.»
Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél.
El ángel le dijo: «No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.»
Y María dijo al ángel: «¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?»
El ángel le contestó: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible.»
María contestó: «Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.»
Y la dejó el ángel.
Palabra del Señor
REFLEXIÓN :
El Señor está con nosotros
Contemplamos en esta fiesta la actitud permanente de Dios hacia la humanidad, y la actitud que el ser humano debería tener hacia Dios. Porque las palabras del Ángel a María expresan con transparencia cómo Dios nos mira y cómo se dirige a nosotros. Mientras que la reacción de María ante el anuncio del Ángel contrasta con fuerza con el modo en que los seres humanos nos relacionamos con Dios.
Muchas son las imágenes falsas de Dios, incluso dentro de nuestra tradición cristiana, que inspiran temor, que nos hablan de un Dios juez, amenazador, castigador. En el encuentro de Gabriel con María descubrimos que nada de eso es así. No hay ni reproches, ni amenazas de castigos, sólo piropos, bendiciones, halagos, en sobreabundancia: “alégrate”, “agraciada” (“hermosa”), “el Señor está contigo”. Y si aún quedara algún resquicio para el temor, el Ángel insiste para disiparlo del todo: “no temas”, “la vida florece en ti, y con esa vida la salvación para muchos”… Sólo buenas noticias, sólo motivos para la alegría. Podría pensarse que esto es así, porque Dios, por medio del Ángel, se dirige precisamente a María, un ser especial, distinto de todos nosotros. Pero en ella, en realidad, está representada la humanidad entera. Este encuentro lleno de luz es el culmen y la cima de un largo camino, en el que Dios ha buscado al hombre, ha preparado este momento. En María Dios pide permiso a la humanidad para entrar en nuestra historia y habitar entre nosotros. Ha sido un camino largo y tortuoso precisamente porque el ser humano ha sido incapaz de acoger la llamada de Dios, lo ha rehuido, se ha escondido, o ha pretendido, de múltiples formas, dominar y manipular a Dios.
Y aquí viene el contraste entre esas reacciones y la actitud de María. Ella, es, en primer lugar, la que vive en un lugar abierto, la que no se esconde. Es verdad que las palabras del Ángel la turban, y que no lo entiende todo de entrada, pero ella es la que acoge y confía. Por fin, María es la que, en vez de exigir o pedir, se ofrece y colabora. María, Inmaculada y llena de gracia, representa ese núcleo del ser humano no contaminado por el pecado, su capacidad para abrirse a la llamada de Dios, para acoger su palabra y ponerse a su disposición. Por eso, no vemos en ella un ser extraño y lejano: María de Nazaret es un ser humano, es de nuestra carne, de nuestro pueblo, habla en nuestro dialecto. De ahí que, en una profunda intuición del pueblo de Dios, casi cada lugar, región y nación cristiana la reclame como suya en esa multiplicación de advocaciones de la única María de Nazaret. Ella dijo sí por todos nosotros, para que el Señor pueda estar también con nosotros. Y nosotros, contemplándola hoy en esta escena, cumbre de la historia de la humanidad convertida en historia de salvación, podemos adoptar sus mismas actitudes, salir al lugar abierto, despejar el temor y la desconfianza, acoger la Palabra, llena de bendiciones y promesas, hacernos disponibles para que esa Palabra que salva pueda seguir encarnándose hoy en nuestro mundo.
Saludos cordiales,
José M. Vegas cmf
http://josemvegas.wordpress.com/
Fuente : https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy
EDD. miércoles 24 de marzo de 2021.
Hoy, miércoles, 24 de marzo de 2021
Primera lectura
Lectura de la profecIa de Daniel (3,14-20.91-92.95):
EN aquellos días, el rey Nabucodonosor dijo:
«¿Es cierto, Sidrac, Misac y Abdénago, que no teméis a mis dioses ni adoráis la estatua de oro que he erigido? Mirad: si al oír tocar la trompa, la flauta, la cítara, el laúd, el arpa, la vihuela y todos los demás instrumentos, estáis dispuestos a postraros adorando la estatua que he hecho, hacedlo; pero, si no la adoráis, seréis arrojados inmediatamente al horno encendido, y ¿qué dios os librará de mis manos?».
Sidrac, Misac y Abdénago contestaron al rey Nabucodonosor:
«A eso no tenemos por qué responderte. Si nuestro Dios a quien veneramos puede librarnos del horno encendido, nos librará, oh rey, de tus manos. Y aunque no lo hiciera, que te conste, majestad, que no veneramos a tus dioses ni adoramos la estatua de oro que has erigido».
Entonces Nabucodonosor, furioso contra Sidrac, Misac y Abdénago, y con el rostro desencajado por la rabia, mandó encender el horno siete veces más fuerte que de costumbre, y ordenó a sus soldados más robustos que atasen a Sidrac, Misac y Abdénago y los echasen en el horno encendido.
Entonces el rey Nabucodonosor se alarmó, se levantó y preguntó, estupefacto, a sus consejeros:
«¿No eran tres los hombres que atamos y echamos al horno?».
Le respondieron:
«Así es, majestad».
Preguntó:
«Entonces, ¿cómo es que veo cuatro hombres, sin atar, paseando por el fuego sin sufrir daño alguno? Y el cuarto parece un ser divino».
Nabucodonosor, entonces, dijo:
«Bendito sea el Dios de Sidrac, Misac y Abdénago, que envió un ángel a salvar a sus siervos, que, confiando en él, desobedecieron el decreto real y entregaron sus cuerpos antes que venerar y adorar a otros dioses fuera del suyo».
Palabra de Dios
Salmo
Dn 3,52.53.54.55.56
R/.A ti gloria y alabanza por los siglos
V/. Bendito eres, Señor, Dios de nuestros padres.
Bendito tu nombre, santo y glorioso. R/.
V/. Bendito eres en el templo de tu santa gloria. R/.
V/. Bendito eres sobre el trono de tu reino. R/.
V/. Bendito eres tú, que sentado sobre querubines sondeas
los abismos. R/.
V/. Bendito eres en la bóveda del cielo. R/.
Evangelio de hoy
Lectura del santo evangelio según san Juan (8,31-42):
EN aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos que habían creído en él:
«Si permanecéis en mi palabra, seréis de verdad discípulos míos; conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres».
Le replicaron:
«Somos linaje de Abrahán y nunca hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: “Seréis libres”?».
Jesús les contestó:
«En verdad, en verdad os digo: todo el que comete pecado es esclavo. El esclavo no se queda en la casa para siempre, el hijo se queda para siempre. Y si el Hijo os hace libres, seréis realmente libres. Ya sé que sois linaje de Abrahán; sin embargo, tratáis de matarme, porque mi palabra no cala en vosotros. Yo hablo de lo que he visto junto a mi Padre, pero vosotros hacéis lo que le habéis oído a vuestro padre».
Ellos replicaron:
«Nuestro padre es Abrahán».
Jesús les dijo:
«Si fuerais hijos de Abrahán, haríais lo que hizo Abrahán. Sin embargo, tratáis de matarme a mí, que os he hablado de la verdad que le escuché a Dios; y eso no lo hizo Abrahán. Vosotros hacéis lo que hace vuestro padre».
Le replicaron:
«Nosotros no somos hijos de prostitución; tenemos un solo padre: Dios».
Jesús les contestó:
«Si Dios fuera vuestro padre, me amaríais, porque yo salí de Dios, y he venido. Pues no he venido por mi cuenta, sino que él me envió».
Palabra del Señor
REFLEXIÓN :
La libertad verdadera
La Palabra de Dios está hoy centrada en la libertad. La primera lectura es un monumento a la libertad interior, la libertad de no inclinarse ante los ídolos, no importa si antiguos o modernos, la libertad de ser fiel a sí mismo, a la propia conciencia, de no ceder ni a halagos ni amenazas, incluso si ello supone pagar un alto precio, incluido el de la propia vida.
En el Evangelio Jesús nos enseña el núcleo y el sentido de la verdadera libertad. Ser libre es, por oposición, no ser esclavo. Esclavo es el dependiente, el que tiene secuestrada su libre voluntad y se reduce a ser la prolongación forzosa de la voluntad de otro. Hay formas directas y brutales de esclavitud, en las que el ser humano es reducido a objeto de posesión. Aunque sigue existiendo, por desgracia, hay hoy un amplio consenso que rechaza esta forma degradante de tratar al ser humano. Pero hay también formas sutiles de esclavitud que, además, se justifican no pocas veces en nombre de la libertad, una libertad degradada y corrompida. Se trata del sometimiento a los nuevos ídolos en forma de dependencias de sustancias como el alcohol o las drogas, o del juego, o de formas de comportamiento deshumanizantes, o de ideologías que prometen lo que no pueden dar, o, simplemente, de la presión ambiental (lo políticamente correcto, lo llaman hoy), a la que nos sometemos acríticamente.
“El que comete pecado es esclavo”, nos dice Jesús, y también, solo “la verdad os hará libres”. La verdadera libertad es, por un lado, un don de lo alto. Es un don porque consiste en la filiación: en ser hijos en el Hijo. El hijo no es esclavo: es sí mismo, en una identidad recibida por amor. Dios nos ha dado la libertad, que consiste en participar de la condición personal por la que somos imágenes suyas, y por la que estamos llamados a ser hijos en Cristo Jesús. Pero la libertad, además, es una conquista, porque supone resistir los cantos de sirena que tratan de seducirnos con falsos caminos de salvación; y es, también, una tarea, que requiere escuchar y acoger esa palabra verdadera que Dios nos comunica en Jesús.
Los tres jóvenes de la corte babilónica (símbolo del mundo y sus seducciones) no se inclinaron ante el ídolo de oro y fueron arrojados al horno siete veces más ardiente. Pero las llamas no les tocaron. Son las llamas de la tentación, que atrae con buenas (y falsas) palabras, o que amenaza, tratando de asustarnos. Si escuchamos la palabra de Jesús y la adoptamos como norma de nuestra vida, sentiremos con frecuencia crepitar en torno nuestro el fuego de la tentación (seductora o amenazante), pero esas llamas no nos quemarán, no nos reducirán a las cenizas de la esclavitud, porque estaremos asentados en la verdad que nos hace libres, en la libertad de los hijos.
Saludos cordiales,
José M. Vegas cmf
http://josemvegas.wordpress.com/
Fuente : https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy
EDD. martes 23 de marzo de 2021
Hoy, martes, 23 de marzo de 2021
Primera lectura
Lectura del libro de los Números (21,4-9):
EN aquellos días, desde el monte Hor se encaminaron los hebreos hacia el mar Rojo, rodeando el territorio de Edón.
El pueblo se cansó de caminar y habló contra Dios y contra Moisés:
«¿Por qué nos has sacado de Egipto para morir en el desierto? No tenemos ni pan ni agua, y nos da náuseas ese pan sin sustancia».
El Señor envió contra el pueblo serpientes abrasadoras, que los mordían, y murieron muchos de Israel.
Entonces el pueblo acudió a Moisés, diciendo:
«Hemos pecado hablando contra el Señor y contra ti; reza al Señor para que aparte de nosotros las serpientes».
Moisés rezó al Señor por el pueblo y el Señor le respondió:
«Haz una serpiente abrasadora y colócala en un estandarte: los mordidos de serpientes quedarán sanos al mirarla».
Moisés hizo una serpiente de bronce y la colocó en un estandarte. Cuando una serpiente mordía a alguien, este miraba a la serpiente de bronce y salvaba la vida.
Palabra de Dios
Salmo
Sal 101,2-3.16-18.19-21
R/.Señor, escucha mi oración,
que mi grito llegue hasta ti
V/. Señor, escucha mi oración,
que mi grito llegue hasta ti;
no me escondas tu rostro
el día de la desgracia.
Inclina tu oído hacia mí;
cuando te invoco,
escúchame enseguida. R/.
V/. Los gentiles temerán tu nombre,
los reyes del mundo, tu gloria.
Cuando el Señor reconstruya Sión
y aparezca en su gloria,
y se vuelva a las súplicas de los indefensos,
y no desprecie sus peticiones. R/.
V/. Quede esto escrito para la generación futura,
y el pueblo que será creado alabará al Señor.
Que el Señor ha mirado desde su excelso santuario,
desde el cielo se ha fijado en la tierra,
para escuchar los gemidos de los cautivos
y librar a los condenados a muerte. R/.
Evangelio de hoy
Lectura del santo evangelio según san Juan (8,21-30):
EN aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos:
«Yo me voy y me buscaréis, y moriréis por vuestro pecado. Donde yo voy no podéis venir vosotros».
Y los judíos comentaban:
«¿Será que va a suicidarse, y por eso dice: “Donde yo voy no podéis venir vosotros”?».
Y él les dijo:
«Vosotros sois de aquí abajo, yo soy de allá arriba: vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo. Con razón os he dicho que moriréis en vuestros pecados: pues, si no creéis que Yo soy, moriréis en vuestros pecados».
Ellos le decían:
«¿Quién eres tú?».
Jesús les contestó:
«Lo que os estoy diciendo desde el principio. Podría decir y condenar muchas cosas en vosotros; pero el que me ha enviado es veraz, y yo comunico al mundo lo que he aprendido de él».
Ellos no comprendieron que les hablaba del Padre.
Y entonces dijo Jesús:
«Cuando levantéis en alto al Hijo del hombre, sabréis que “Yo soy”, y que no hago nada por mi cuenta, sino que hablo como el Padre me ha enseñado. El que me envió está conmigo, no me ha dejado solo; porque yo hago siempre lo que le agrada».
Cuando les exponía esto, muchos creyeron en él.
Palabra del Señor
REFLEXIÓN :
Elevar la mirada, para salvar la vida
La rebeldía de Israel en el desierto es una constante que llega a sorprendernos. ¿Quería o no quería el pueblo ser liberado de la esclavitud? Es verdad que el camino que llevaba a la libertad implicaba riesgos y sinsabores, pero, ¿quién ha dicho que la liberación es un camino de rosas? Como el pueblo de Israel en el desierto, queremos la libertad y la salvación, pero no estamos dispuestos a pagar ningún precio por ella. La queremos ya y sin esfuerzo. Y por eso, como Israel, tenemos la tentación de corregir los planes de Dios, de dictarle cómo debe liberarnos, sanarnos, salvarnos. Pero apartarse de los designios de Dios tiene funestas consecuencias. No porque Dios nos castigue: a la luz de Cristo comprendemos que no es Dios el que envía castigos, sino que nosotros nos perjudicamos a nosotros mismos y nos encaminamos a la muerte cuando nos apartamos de Él, la fuente de la vida. En este relato de los Números comprendemos que no es Dios el autor de la muerte, sino que, al contrario, es Él el que nos salva de ella, y lo hace encontrando el remedio en la misma enfermedad. La serpiente de bronce es un símbolo profético de la cruz (cf. Jn 3, 14), por la que Dios nos salva de la muerte con la muerte de su Hijo.
También Jesús, como Moisés, tiene que hacer frente a la incomprensión y la oposición de su propio pueblo. “Los judíos” ni entienden sus palabras, ni son capaces de descubrir su identidad. Jesús les acusa de falta de la disposición necesaria: son “de aquí abajo”, carecen, podríamos entender, de la necesaria altura de miras para entender los designios de Dios, que se manifestarán plenamente en la cruz, “cuando levantéis al Hijo del hombre”. Pero esos “judíos” no se distinguen tanto de nosotros, en realidad nos representan a todos. Igual que es duro y arriesgado caminar por el desierto hacia la libertad, tampoco es fácil entender y aceptar este mesianismo de cruz que nos propone Jesús: para alcanzar la vida, hay que entregar la vida, para vencer a la muerte hay que pasar por ella. No hablamos sólo de la muerte biológica, sino de esa muerte cotidiana que supone la entrega por amor. También a nosotros nos falta el valor para afrontar los riesgos que llevan a la tierra prometida, también nosotros estamos poco dispuestos a pagar el precio de la verdadera libertad, también a nosotros nos cuesta entender el mesianismo de cruz, que nos llama a dar la vida para alcanzar la Vida. También a nosotros nos falta la altura de miras para ver en el alzado en la cruz al Hijo de Dios, y nos asalta la tentación de enmendarle la plana a Dios.
Pero Dios no desespera y conduce a su pueblo hasta la Tierra prometida, y Jesús, sin ceder a las presiones y chantajes de sus interlocutores, continúa exponiendo con coherencia las verdades difíciles que nos salvan, llamándonos a elevar la mirada, confiando en que, pese a nuestras resistencias, como muchos de los que le escuchaban, acabaremos creyendo en él.
Saludos cordiales,
José M. Vegas cmf
http://josemvegas.wordpress.com/
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EDD. lunes 22 de marzo de 2021.
Hoy, lunes, 22 de marzo de 2021
Primera lectura
Lectura del libro de Daniel (13,1-9.15-17.19-30.33-62):
EN aquellos días, vivía en Babilonia un hombre llamado Joaquín, casado con Susana, hija de Jelcías, mujer muy bella y temerosa del Señor.
Sus padres eran justos y habían educado a su hija según la ley de Moisés. Joaquín era muy rico y tenía un jardín junto a su casa; y como era el más respetado de todos, los judíos solían reunirse allí.
Aquel año fueron designados jueces dos ancianos del pueblo, de esos que el Señor denuncia diciendo:
«En Babilonia la maldad ha brotado de los viejos jueces, que pasan por guías del pueblo».
Solían ir a casa de Joaquín, y los que tenían pleitos que resolver acudían a ellos.
A mediodía, cuando la gente se marchaba, Susana salía a pasear por el jardín de su marido. Los dos ancianos la veían a diario, cuando salía a pasear, y sintieron deseos de ella.
Pervirtieron sus pensamientos y desviaron los ojos para no mirar al cielo, ni acordarse de sus justas leyes.
Sucedió que, mientras aguardaban ellos el día conveniente, salió ella como los tres días anteriores sola con dos criadas, y tuvo ganas de bañarse en el jardín, porque hacía mucho calor. No había allí nadie, excepto los dos ancianos escondidos y acechándola.
Susana dijo a las criadas:
«Traedme el perfume y las cremas y cerrad la puerta del jardín mientras me baño».
Apenas salieron las criadas, se levantaron los dos ancianos, corrieron hacia ella y le dijeron:
«Las puertas del jardín están cerradas, nadie nos ve, y nosotros sentimos deseos de ti; así que consiente y acuéstate con nosotros. Si no, daremos testimonio contra ti diciendo que un joven estaba contigo y que por eso habías despachado a las criadas».
Susana lanzó un gemido y dijo:
«No tengo salida: si hago eso, mereceré la muerte; si no lo hago, no escaparé de vuestras manos. Pero prefiero no hacerlo y caer en vuestras manos antes que pecar delante del Señor».
Susana se puso a gritar, y los dos ancianos, por su parte, se pusieron también a gritar contra ella. Uno de ellos fue corriendo y abrió la puerta del jardín.
Al oír los gritos en el jardín, la servidumbre vino corriendo por la puerta lateral a ver qué le había pasado. Cuando los ancianos contaron su historia, los criados quedaron abochornados, porque Susana nunca había dado que hablar.
Al día siguiente, cuando la gente vino a casa de Joaquín, su marido, vinieron también los dos ancianos con el propósito criminal de hacer morir a Susana. En presencia del pueblo ordenaron:
«Id a buscar a Susana, hija de Jelcías, mujer de Joaquín».
Fueron a buscarla, y vino ella con sus padres, hijos y parientes.
Toda su familia y cuantos la veían lloraban.
Entonces los dos ancianos se levantaron en medio de la asamblea y pusieron las manos sobre la cabeza de Susana.
Ella, llorando, levantó la vista al cielo, porque su corazón confiaba en el Señor.
Los ancianos declararon:
«Mientras paseábamos nosotros solos por el jardín, salió esta con dos criadas, cerró la puerta del jardín y despidió a las criadas. Entonces se le acercó un joven que estaba escondido y se acostó con ella.
Nosotros estábamos en un rincón del jardín y, al ver aquella maldad, corrimos hacia ellos. Los vimos abrazados, pero no pudimos sujetar al joven, porque era más fuerte que nosotros, y, abriendo la puerta, salió corriendo.
En cambio, a esta le echamos mano y le preguntamos quién era el joven, pero no quiso decírnoslo. Damos testimonio de ello».
Como eran ancianos del pueblo y jueces, la asamblea los creyó y la condenó a muerte.
Susana dijo gritando:
«Dios eterno, que ves lo escondido, que lo sabes todo antes de que suceda, tú sabes que han dado falso testimonio contra mí, y ahora tengo que morir, siendo inocente de lo que su maldad ha inventado contra mí».
Y el Señor escuchó su voz.
Mientras la llevaban para ejecutarla, Dios suscitó el espíritu santo en un muchacho llamado Daniel; y este dio una gran voz:
«Yo soy inocente de la sangre de esta».
Toda la gente se volvió a mirarlo, y le preguntaron:
«Qué es lo que estás diciendo?».
Él, plantado en medio de ellos, les contestó:
«Pero ¿estáis locos, hijos de Israel? ¿Conque, sin discutir la causa ni conocer la verdad condenáis a una hija de Israel? Volved al tribunal, porque esos han dado falso testimonio contra ella».
La gente volvió a toda prisa, y los ancianos le dijeron:
«Ven, siéntate con nosotros e infórmanos, porque Dios mismo te ha dado la ancianidad».
Daniel les dijo:
«Separadlos lejos uno del otro, que los voy a interrogar».
Cuando estuvieron separados el uno del otro, él llamó a uno de ellos y le dijo:
«¡Envejecido en días y en crímenes! Ahora vuelven tus pecados pasados, cuando dabas sentencias injustas condenando inocentes y absolviendo culpables, contra el mandato del Señor: “No matarás al inocente ni al justo”. Ahora, puesto que tú la viste, dime debajo de qué árbol los viste abrazados».
Él contestó:
«Debajo de una acacia».
Respondió Daniel:
«Tu calumnia se vuelve contra ti. Un ángel de Dios ha recibido ya la sentencia divina y te va a partir por medio».
Lo apartó, mandó traer al otro y le dijo:
«Hijo de Canaán, y no de Judá! La belleza te sedujo y la pasión pervirtió tu corazón. Lo mismo hacíais con las mujeres israelitas, y ellas por miedo se acostaban con vosotros; pero una mujer judía no ha tolerado vuestra maldad. Ahora dime: ¿bajo qué árbol los sorprendiste abrazados?».
Él contestó:
«Debajo de una encina».
Replicó Daniel:
«Tu calumnia también se vuelve contra ti. el ángel de Dios aguarda con la espada para dividirte por medio. Y así acabará con vosotros».
Entonces toda la asamblea se puso a gritar bendiciendo a Dios, que salva a los que esperan en él. Se alzaron contra los dos ancianos, a quienes Daniel había dejado convictos de falso testimonio por su propia confesión, e hicieron con ellos lo mismo que ellos habían tramado contra el prójimo. Les aplicaron la ley de Moisés y los ajusticiaron.
Aquel día se salvó una vida inocente.
Palabra de Dios
Salmo
Sal 22,1-3a.3b-4.5.6
R/.Aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tú vas conmigo
V/. El Señor es mi pastor, nada me falta:
en verdes praderas me hace recostar;
me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas. R/.
V/. Me guía por el sendero justo,
por el honor de su nombre.
Aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tú vas conmigo:
tu vara y tu cayado me sosiegan. R/.
V/. Preparas una mesa ante mí,
enfrente de mis enemigos;
me unges la cabeza con perfume,
y mí copa rebosa. R/.
V/. Tu bondad y tu misericordia me acompañan
todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa del Señor
por años sin término. R/.
Evangelio de hoy
Lectura del santo evangelio según san Juan (8,1-11):
EN aquel tiempo, Jesús se retiró al monte de los Olivos. Al amanecer se presentó de nuevo en el templo, y todo el pueblo acudía a él, y, sentándose, les enseñaba.
Los escribas y los fariseos le traen una mujer sorprendida en adulterio, y, colocándola en medio, le dijeron:
«Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. La ley de Moisés nos manda apedrear a las adúlteras; tú, ¿qué dices?».
Le preguntaban esto para comprometerlo y poder acusarlo.
Pero Jesús, inclinándose, escribía con el dedo en el suelo.
Como insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo:
«El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra».
E inclinándose otra vez, siguió escribiendo.
Ellos, al oírlo, se fueron escabullendo uno a uno, empezando por los más viejos.
Y quedó solo Jesús, con la mujer en medio, que seguía allí delante.
Jesús se incorporó y le preguntó:
«Mujer, ¿dónde están tus acusadores?; ¿ninguno te ha condenado?».
Ella contestó:
«Ninguno, Señor».
Jesús dijo:
«Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más».
Palabra del Señor
REFLEXIÓN :
“No te condeno”
Asistimos con el alma en vilo al dramático relato de la falsa acusación contra la inocente Susana que le ha de costar la vida y al inesperado giro por la intervención a última hora del muchacho inflamado del espíritu profético. Respiramos aliviados y nos alegramos de que triunfe la justicia. En un mundo en el que existe el mal, la mentira y el abuso de poder, nos parece que siempre debería ser así. Pero sabemos que, tristemente, no siempre lo es. Demasiadas veces el mundo funciona en sentido contrario a la justicia. A la persona íntegra que no cede a la presión de la corrupción ambiental se la tacha de “rara”, de estúpida, de antisocial, se la persigue porque su comportamiento denuncia el mal socialmente admitido. La terrible práctica del “moobing” tiene con frecuencia este origen.
La situación que nos presenta el Evangelio es diametralmente opuesta. Una mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. En este caso, el castigo que se demanda es el merecido, según los parámetros de la época (una época, por cierto, que llega hasta nuestros días en muchos lugares del mundo). Los jueces y verdugos de la acción justiciera, apelando a la autoridad de Moisés, quieren también, al parecer, el aval de Jesús. En realidad, aquellos hombres usaban a la mujer para cazarlo a él: si se opone a la condena contradice a la ley mosaica, que mandaba lapidarla (Lv 20, 10), si la sanciona, se opone a la ley romana, que prohibía a los judíos ejecutar a nadie; en los dos casos se lo podría acusar, que era de lo que se trataba. Jesús cumple al mismo tiempo las dos leyes: la romana, evitando la lapidación; la ley mosaica, por su parte, mandaba lapidar no sólo a la adúltera, sino también al hombre con el que había pecado. La torcida interpretación de la ley hacía caer la culpa sólo sobre la mujer. Pero Jesús, con su genial respuesta, parece estar diciéndoles: “y ¿dónde está el hombre que ha pecado con ella?”. Si querían ejecutar la sentencia había que traer a otro culpable, quien sabe si presente entre los acusadores, quien sabe si no había abusado de la pobre mujer contra su voluntad.
¿Quién está libre de pecado? Sólo Jesús podía tirar la piedra. Ni se la tira a la mujer, ni al hombre que la había seducido. ¿Cuántas piedras tiramos contra pecadores presuntos o reales, sin mirar el propio pecado? Cuando actuamos así, sin disposición al perdón, sin misericordia, nuestros nombres están escritos sobre el polvo, como los que se apartan del Señor, dice el profeta Jeremías (Jer 17, 13), que es probablemente el gesto profético que Jesús realiza durante el tenso diálogo.
Sólo la misericordia de Dios es capaz de salvarnos, no sólo de la muerte, sino también del pecado. La misericordia salva al pecador, pero condena el pecado (“no te condeno, no peques más”), nos rehabilita, pero también nos exige. Y el perdón, unido a la llamada a romper con el mal en todas sus formas, nos lleva a transformar nuestra mirada y hasta nuestra consideración de la justicia. Mirando con los ojos de Jesús, nos alegramos de la salvación de Susana, y de la de la mujer adúltera, pero no debemos desear apedrear al que la sedujo, ni deberíamos alegrarnos de la muerte de los viejos malvados.
Saludos cordiales,
José M. Vegas cmf
http://josemvegas.wordpress.com/
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