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EDD. martes 21 de febrero de 2017.

Martes de la séptima semana del tiempo ordinario.
http://evangeliodeldia.org/main.php?language=SP&module=readings&localdate=20170218

Libro de Eclesiástico 2,1-11.
Hijo, si te decides a servir al Señor, prepara tu alma para la prueba.
Endereza tu corazón, sé firme, y no te inquietes en el momento de la desgracia.
Unete al Señor y no te separes, para que al final de tus días seas enaltecido.
Acepta de buen grado todo lo que te suceda, y sé paciente en las vicisitudes de tu humillación.
Porque el oro se purifica en el fuego, y los que agradan a Dios, en el crisol de la humillación.
Confía en él, y él vendrá en tu ayuda, endereza tus caminos y espera en él.
Los que temen al Señor, esperen su misericordia, y no se desvíen, para no caer.
Los que temen al Señor, tengan confianza en él, y no les faltará su recompensa.
Los que temen al Señor, esperen sus beneficios, el gozo duradero y la misericordia.
Fíjense en las generaciones pasadas y vean: ¿Quién confió en el Señor y quedó confundido? ¿Quién perseveró en su temor y fue abandonado? ¿Quién lo invocó y no fue tenido en cuenta?
Porque el Señor es misericordioso y compasivo, perdona los pecados y salva en el momento de la aflicción.
Salmo 37(36),3-4.18-19.27-28.39-40.
Confía en el Señor y practica el bien;
habita en la tierra y vive tranquilo:
que el Señor sea tu único deleite,
y él colmará los deseos de tu corazón.
El Señor se preocupa de los buenos
y su herencia permanecerá para siempre;
no desfallecerán en los momentos de penuria,
y en tiempos de hambre quedarán saciados.
Aléjate del mal, practica el bien,
y siempre tendrás una morada,
porque el Señor ama la justicia
y nunca abandona a sus fieles.
Los impíos serán aniquilados
y su descendencia quedará extirpada,
La salvación de los justos viene del Señor,
él es su refugio en el momento del peligro;
el Señor los ayuda y los libera,
los salva porque confiaron en él.
Evangelio según San Marcos 9,30-37.
Al salir de allí atravesaron la Galilea; Jesús no quería que nadie lo supiera,
porque enseñaba y les decía: «El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres; lo matarán y tres días después de su muerte, resucitará».
Pero los discípulos no comprendían esto y temían hacerle preguntas.
Llegaron a Cafarnaún y, una vez que estuvieron en la casa, les preguntó: «¿De qué hablaban en el camino?».
Ellos callaban, porque habían estado discutiendo sobre quién era el más grande.
Entonces, sentándose, llamó a los Doce y les dijo: «El que quiere ser el primero, debe hacerse el último de todos y el servidor de todos».
Después, tomando a un niño, lo puso en medio de ellos y, abrazándolo, les dijo:
«El que recibe a uno de estos pequeños en mi Nombre, me recibe a mí, y el que me recibe, no es a mí al que recibe, sino a aquel que me ha enviado».
Comentario del Evangelio por San Ireneo de Lyon (c. 130-c. 208), obispo, teólogo y mártir. Contra las herejías IV 38,1-2.
“El que acoge a un niño como éste en mi nombre, a mí me acoge.” (Mt 18,5)
¿Es que Dios no podía crear al hombre perfecto desde el primer momento? A Dios, que desde el principio permanece idéntico a si mismo, increado, todo le es posible. En cambio, los seres creados, llamados a la existencia después de Dios, son necesariamente inferiores a su creador… Por el simple hecho de ser creados no son perfectos. Son como niños pequeños, acabados de nacer, no están acostumbrados ni ejercitados en una conducta perfecta…Dios, desde un principio, podía dar la perfección al hombre, pero éste era incapaz de recibirla porque no era sino un niño pequeño.
Por esto, el Señor, en los tiempos que son los últimos, cuando ha recapitulado en él todas las cosas (Ef 1,10) ha llegado hasta nosotros, no según su poder, sino tal como éramos capaces de reconocerlo. Habría podido, en efecto, venir a nosotros en el esplendor de su gloria, pero nosotros no hubiéramos sido capaces de soportar la grandeza de su gloria… El Verbo de Dios, siendo perfecto, se hizo niño con el hombre, no a causa de si mismo, sino a causa del estado de infancia en que se encontraba la humanidad.

Visita ad limina de los obispos chilenos: el Papa les recibe casi tres horas en el Vaticano

Mons. Fernando Ramos, obispo auxiliar de Santiago y secretario de la Conferencia Episcopal señala el clima de comunión eclesial.
Fuente : https://es.zenit.org/articles/visita-ad-limina-de-los-obispos-chilenos-el-papa-les-recibe-casi-tres-horas-en-el-vaticano/
•20 febrero 2017•Sergio Mora•Papa y Santa Sede
(ZENIT – Ciudad del Vaticano, 20 Feb. 2017).- El santo padre Francisco recibió este lunes en el Vaticano a los obispos de Chile  quienes se encuentran en Roma realizando su visita ad límina, durante casi tres horas. Lo indicó a ZENIT Mons. Fernando Ramos, obispo auxiliar de Santiago y secretario de la Conferencia Episcopal minutos después de haber salido de la audiencia.
“Tuvimos un encuentro con el Santo Padre, casi tres horas conversando con él”. Y precisó que “ha sido una experiencia muy hermosa de comunión eclesial, con un Papa que nos escuchó y alentó en nuestra misión, en un espíritu de diálogo de mutua comprensión, de estimulación a la evangelización y a la misión de la Iglesia, y creo que todos hemos salido muy contentos”.
Interrogado sobre las preocupaciones particulares del Papa sobre la pastoral en Chile, señaló que “van en la línea de cómo mejorar la evangelización, la comunión eclesial, favorecer mejor el servicio a las personas más postergadas de la sociedad, que es un tema que está en el corazón del Santo Padre y que la Iglesia chilena tiene un larguísimo recorrido en esta línea”.
Sobre una visita del Papa al país andino, el secretario de la Conferencia Episcopal señaló “algo hablamos, al Papa le gustaría pero hay que conciliar muchas cosas, no hubo nada concreto y definitivo”.
Concluyó señalando que “el Papa recibió muchas expresiones de cariño de las diócesis, lo que trasmitieron los obispos y al final terminamos con un momento de oración y una bendición para todos nosotros”.
Lista de los obispos en visita ad limina, dada por la Oficina de prensa de la Santa Sede
S.E. Mons. Guillermo Patricio Vera Soto, obispo de Iquique;
S.E. Mons. Óscar Hernán Blanco Martínez, O.M.D., obispo de San Juan Bautista de Calama;
S.E. Mons. Moisés Carlos Atisha Contreras, obispo de San Marcos de Arica;
S.E. Mons. Fernando Natalio Chomalí Garib, arzobispo metropolita di Concepción;
S.E. Mons. Carlos Eduardo Pellegrín Barrera, S.V.D., obispo de Chillán;
S.E. Mons. Pedro Felipe Bacarreza Rodríguez, obispo de Santa María de Los Ángeles;
S.E. Mons. Héctor Eduardo Vargas Bastidas, S.D.B., obispo de Temuco;
S.E. Mons. Ignacio Francisco Ducasse Medina, obispo de Valdivia;
S.E. Mons. Francisco Javier Stegmeier Schmidlin, obispo de Villarrica;
S.E. Mons. René Osvaldo Rebolledo Salinas, Arciobispo de La Serena;
S.E. Mons. Celestino Aós Braco, O.F.M. Cap., obispo de Copiapó;
S.E. Mons. Jorge Patricio Vega Velasco, S.V.D., Prelato di Illapel;
S.E. Mons. Cristián Caro Cordero, Arciobispo de Puerto Montt;
S.E. Mons. Juan de la Cruz Barros Madrid, obispo de Osorno;
S.E. Mons. Bernardo Miguel Bastres Florence, S. D.B., obispo de Punta Arenas;
S.E. Mons. Juan María Agurto Muñoz, O.S.M, obispo de San Carlos de Ancud;
Em.mo Card. Ricardo Ezzati Andrello, S.D.B., Arciobispo de Santiago de Chile
Obispos auxiliares:
S.E. Mons. Luis Fernando Ramos Pérez, obispo tit. de Tetci,
S.E. Mons. Mons. Pedro Mario Ossandón Buljevic, obispo tit. de La Imperial,
S.E. Mons. Galo Fernández Villaseca, obispo tit. di Simingi,
S.E. Mons. Jorge Enrique Concha Cayuqueo, O.F.M., obispo tit. de Carpi;
S.E. Mons. Tomislav Koljatic Maroevic, obispo de Linares;
S.E. Mons. Cristián Contreras Villarroel, obispo de Melipilla;
S.E. Mons. Alejandro Goić Karmelić, obispo de Rancagua;
S.E. Mons. Juan Ignacio González Errázuriz, obispo de San Bernardo;
S.E. Mons. Cristián Enrique Contreras Molina, O. de M., obispo de San Felipe;
S.E. Mons. Horacio del Carmen Valenzuela Abarca, obispo de Talca;
S.E. Mons. Gonzalo Duarte García de Cortázar, SS.CC., obispo de Valparaíso;
S.E. Mons. Santiago Jaime Silva Retamales, ordinario militar;
S.E. Mons. Luigi Infanti Della Mora, O.S.M., obispo tit. de Cartenna, vicario apostólico de Aysén.

Comentario al evangelio de hoy lunes 20 de febrero de 2017.

Lo que Dios puede y quiere hacer con lo que le ofrezco.

VII Lunes de Tiempo Ordinario. Ciclo A.
Por: H. Adrián Olvera de la Cruz LC
Fuente: http://es.catholic.net/op/articulos/64366/lo-que-dios-puede-y-quiere-hacer-con-lo-que-le-ofrezco.html 

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Jesús, no vengo porque tengo que estar aquí. No vengo porque se siente bien estar aquí… Vengo por el simple hecho que te amo y quiero estar contigo.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Marcos 9, 14-29
En aquel tiempo, cuando Jesús bajó del monte y llegó al sitio donde estaban sus discípulos, vio que mucha gente los rodeaba y que algunos escribas discutían con ellos. Cuando la gente vio a Jesús, se impresionó mucho y corrió a saludarlo.
Él les preguntó: “¿De qué están discutiendo?”. De entre la gente, uno le contestó: “Maestro, te he traído a mi hijo, que tiene un espíritu que no lo deja hablar; cada vez que se apodera de él, lo tira al suelo y el muchacho echa espumarajos, rechina los dientes y se queda tieso. Les he pedido a tus discípulos que lo expulsen, pero no han podido”.
Jesús les contestó: “¡Gente incrédula! ¿Hasta cuándo tendré que estar con ustedes? ¿Hasta cuándo tendré que soportarlos? Tráiganme al muchacho”. Y se lo trajeron. En cuanto el espíritu vio a Jesús, se puso a retorcer al muchacho; lo derribó por tierra y lo revolcó, haciéndolo echar espumarajos. Jesús le preguntó al padre: “¿Cuánto tiempo hace que le pasa esto?”. Contestó el padre: “Desde pequeño. Y muchas veces lo ha arrojado al fuego y al agua para acabar con él. Por eso, si algo puedes, ten compasión de nosotros y ayúdanos”.
Jesús le replicó: “¿Qué quiere decir eso de ‘si puedes’? Todo es posible para el que tiene fe”. Entonces el padre del muchacho exclamó entre lágrimas: “Creo, Señor; pero dame Tú la fe que me falta”. Jesús, al ver que la gente acudía corriendo, reprendió al espíritu inmundo, diciéndole: “Espíritu mudo y sordo, yo te lo mando: Sal de él y no vuelvas a entrar en él”. Entre gritos y convulsiones violentas salió el espíritu. El muchacho se quedó como muerto, de modo que la mayoría decía que estaba muerto. Pero Jesús lo tomó de la mano, lo levantó y el muchacho se puso de pie.
Al entrar en una casa con sus discípulos, éstos le preguntaron a Jesús en privado: “¿Por qué nosotros no pudimos expulsarlo?”. Él les respondió: “Esta clase de demonios no sale sino a fuerza de oración y de ayuno”.
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio.
Si hay algo que me perturba muchas veces es darme cuenta del gran deseo que tengo de amar a Dios y ver que en la realidad, en lo concreto, mi amor es muy pobre.
Me propongo, me esfuerzo, llego a la cima de la montaña y de la nada… vuelvo a caer. Me vuelvo a levantar y la historia se repite… Aquello que creía se fortalecía se hace más débil, más vulnerable, más pobre. Me sigo levantando, pero estoy cansado. Mis deseos de amar no corresponden a la realidad. ¿Qué pasa Señor? Creo, pero muchas veces dudo…Ayúdame.
Toma, Señor, estos deseos de amor. Toma, Señor, este pobre amor. Toma, Señor, estas dudas y transfórmalas en actos de amor. Es lo que te ofrezco… De verdad creo, pero necesito tanto de Ti.
Ayúdame a no enfocar la mirada en mi capacidad de creer y de amar. Dirige esta mirada, no a lo que yo puedo hacer, sino a lo que Tú puedes y quieres hacer con lo poco que te puedo ofrecer.
Dirige a Ti mi mirada, Señor. No dejes que olvide que el amor no consiste en que yo te haya amado, sino en que Tú me amaste primero (1Jn 4, 10).
…En tu mirada quiero descansar.

«¡Hoy es tiempo de misión y es tiempo de valor! valor para reforzar los pasos titubeantes, de retomar el gusto de gastarse por el Evangelio, de retomar la confianza en la fuerza que la misión trae consigo. Es tiempo de valor, aunque tener valor no significa tener garantía de éxito. Se nos ha pedido valor para luchar, no necesariamente para vencer; para anunciar, no necesariamente para convertir. Se nos pide valor para ser alternativos al mundo, pero sin volvernos polémicos o agresivos jamás. Se nos pide valor para abrirnos a todos, pero sin disminuir lo absoluto y único de Cristo, único salvador de todos. Se nos pide valor para resistir a la incredulidad sin volvernos arrogantes.»
(Homilía de S.S. Francisco, 23 de octubre de 2016).

Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Buscaré un momento de mi día para visitar a Jesús en el sagrario para contemplarlo, agradecerle, adorarlo.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
 

EDD. lunes 20 de febrero de 2017.

Lunes de la séptima semana del tiempo ordinario.
http://evangeliodeldia.org/main.php?language=SP&module=readings&localdate=20170220

Libro de Eclesiástico 1,1-10. 
Toda sabiduría viene del Señor, y está con él para siempre.
¿Quién puede contar la arena de los mares, las gotas de la lluvia y los días de la eternidad?
¿Quién puede medir la altura del cielo, la extensión de la tierra, el abismo y la sabiduría?
Antes que todas las cosas fue creada la sabiduría y la inteligencia previsora, desde la eternidad.
El manantial de la sabiduría es la palabra de Dios en las alturas, y sus canales son los mandamientos eternos.
¿A quién fue revelada la raíz de la sabiduría y quién conoció sus secretos designios?
¿A quién se le manifestó la ciencia de la sabiduría y quién comprendió la diversidad de sus caminos?
Sólo uno es sabio, temible en extremo: el Señor, que está sentado en su trono.
El mismo la creó, la vio y la midió, y la derramó sobre todas sus obras:
la dio a todos los hombres, según su generosidad, y la infundió abundantemente en aquellos que lo aman.
Salmo 93(92),1ab.1c-2.5. 
¡Reina el Señor, revestido de majestad!
El Señor se ha revestido,
se ha ceñido de poder.
Tu trono está firme desde siempre,
tú existes desde la eternidad.
Tus testimonios, Señor, son dignos de fe,
la santidad embellece tu Casa
a lo largo de los tiempos.
Evangelio según San Marcos 9,14-29. 
Cuando volvieron a donde estaban los otros discípulos, los encontraron en medio de una gran multitud, discutiendo con algunos escribas.
En cuanto la multitud distinguió a Jesús, quedó asombrada y corrieron a saludarlo.
El les preguntó: «¿Sobre qué estaban discutiendo?».
Uno de ellos le dijo: «Maestro, te he traído a mi hijo, que está poseído de un espíritu mudo.
Cuando se apodera de él, lo tira al suelo y le hace echar espuma por la boca; entonces le crujen sus dientes y se queda rígido. Le pedí a tus discípulos que lo expulsaran pero no pudieron».
«Generación incrédula, respondió Jesús, ¿hasta cuando estaré con ustedes? ¿Hasta cuando tendré que soportarlos? Tráiganmelo».
Y ellos se lo trajeron. En cuanto vio a Jesús, el espíritu sacudió violentamente al niño, que cayó al suelo y se revolcaba, echando espuma por la boca.
Jesús le preguntó al padre: «¿Cuánto tiempo hace que está así?». «Desde la infancia, le respondió,
y a menudo lo hace caer en el fuego o en el agua para matarlo. Si puedes hacer algo, ten piedad de nosotros y ayúdanos».
«¡Si puedes…!», respondió Jesús. «Todo es posible para el que cree».
Inmediatamente el padre del niño exclamó: «Creo, ayúdame porque tengo poca fe».
Al ver que llegaba más gente, Jesús increpó al espíritu impuro, diciéndole: «Espíritu mudo y sordo, yo te lo ordeno, sal de él y no vuelvas más».
El demonio gritó, sacudió violentamente al niño y salió de él, dejándolo como muerto, tanto que muchos decían: «Está muerto».
Pero Jesús, tomándolo de la mano, lo levantó, y el niño se puso de pie.
Cuando entró en la casa y quedaron solos, los discípulos le preguntaron: «¿Por qué nosotros no pudimos expulsarlo?».
El les respondió: «Esta clase de demonios se expulsa sólo con la oración».
Comentario del Evangelio por Isaac el Sirio (siglo VII), monje cercano a Mossoul. Discursos ascéticos, primera serie.
«Creo, ayúdame porque tengo poca fe»
La fe es la puerta que conduce a los misterios. Lo que los ojos del cuerpo son para las cosas visibles, lo es la fe para las cosas escondidas al alma. Así como tenemos dos ojos del cuerpo, así tenemos dos ojos espirituales para el alma, dicen los padres antiguos, y cada uno tiene su propia visión. Por un ojo vemos los secretos de la gloria de Dios escondida en los seres de su creación, es a saber: su poder, su sabiduría y su providencia eterna que nos envuelve y que nosotros comprendemos cuando consideramos la grandeza de lo alto desde donde él nos conduce. Por el mismo ojo contemplamos asimismo los coros angélicos que nos acompañan en nuestra ruta. (Ap 22,9).
En cambio, por el otro ojo contemplamos la gloria de la santa naturaleza de Dios mismo, cuando él nos quiere hacer entrar en sus misterios del Espíritu y abre nuestra inteligencia al océano de la fe.

 

Texto completo del Ángelus del papa Francisco del 19 de febrero de 2017

Francisco indica Jesús distingue entre justicia que se puede pedir, pero prohibe la venganza.
Fuente : https://es.zenit.org/articles/texto-completo-del-angelus-del-papa-francisco-del-19-de-febrero-de-2017/
Oración del Ángelus en la plaza de San Pedro

Oración del Ángelus en la plaza de San Pedro.

(ZENIT – Ciudad del Vaticano – 19 Feb. 2017).- El santo padre Francisco rezó este domingo ante los miles de fieles y peregrinos que le aguardaban en la plaza de San Pedro, la oración del ángelus y antes y después de la plegaria dirigió las siguientes palabras.
“Queridos hermanos y hermanas, ¡Buenos días!
En el Evangelio de este domingo, una de estas páginas que mejor expresan la ‘revolución’ cristana, Jesús muestra el camino de la verdadera justicia mediante la ley del amor que supera la del talión, o sea ‘ojo por ojo, diente por diente’. Esta antigua regla imponía infligir a los transgresores penas equivalentes a los daños causados: la muerte a quien había asesinado, la amputación a quien había herido a alguien, y así para todo el resto.
Jesús no pide a sus discípulos solamente soportar el mal, les pide reaccionar pero no con otro mal, sino con el bien. Solamente así se rompe la cadena del mal y cambian realmente las cosas.
El mal de hecho es un ‘vacío’ de bien, y no se puede llenar con otro vacío, sino con un ‘lleno’, o sea con el bien. La represalia no lleva nunca a la solución de los conflictos. Para Jesús el rechazo de la violencia puede comportar también renunciar a un legítimo derecho y nos da algunos ejemplos: poner la otra mejilla, ceder el propio vestido o el propio dinero, aceptar otros sacrificios. (cfr vv. 39-42).
Entretanto esta renuncia no significa que las exigencias de la justicia sean ignoradas o contradichas, al contrario el amor cristiano que se manifiesta de manera particular en la misericordia, representa una realización superior de la justicia.
Lo que Jesús quiere enseñar es la neta distinción que debemos hacer entre la justicia y la venganza. Nos es permitido pedir justicia, es nuestro deber practicar la justicia. Lo que en cambio está prohibido es vengarnos o fomentar de alguna manera la venganza, en cuanto es una expresión del odio y de la violencia.
Jesús no quiere proponer un nuevo orden civil, sino más bien el mandamiento del amor al prójimo, que incluye también el amor por los enemigos: “Amen a los enemigos y recen por aquellos que les persiguen”. Esta palabra no significa aprobar el mal cometido por el enemigo, sino como una invitación a una perspectiva superior, magnánima, similar a la del Padre celeste, el cual “hace nacer el sol sobre los malos y los buenos, y hace llover sobre justos e injustos. (v. 45).
También el enemigo, de hecho es una persona humana, creada como tal a imagen de Dios, si bien en este momento la imagen sea ofuscada por una conducta indigna. Cuando hablamos de ‘enemigos’ no tenemos que pensar quizás a cuales personas diversas y lejanas de nosotros; hablamos también de nosotros mismos que podemos entrar en conflicto con nuestro prójimo, a veces con nuestros familiares.
Enemigos son quienes hablan mal de nosotros, que nos calumnias y son injustos. A todos estos estamos llamados a responder con el bien, el cual tiene también sus estrategias, inspiradas en el amor.
La Virgen María nos ayude a seguir a Jesús en este camino exigente, que realmente exalta la dignidad humana y nos hace vivir como hijos de nuestro Padre que está en los cielos. Nos ayude a practicar la paciencia, el diálogo, el perdón, y a ser así artesanos de comunión y de fraternidad en nuestra vida cotidiana”.
El Santo Padre reza la oración del ángelus y después dice:

Lamentablemente siguen llegando noticias de enfrentamientos violentos y brutales en la región de Kasai Central, de la República Democrática del Congo. Siento profundo dolor por las víctimas, en especial por tantos niños arrebatados de sus familias y de la escuela para ser usados como soldados. ¡Ésta es una tragedia: niños soldados!
Aseguro mi cercanía y mi oración, también al personal religioso y humanitario que trabaja en esa difícil región. Y renuevo un apremiante llamamiento a la conciencia y a la responsabilidad de las autoridades nacionales y de la comunidad internacional, con el fin de que se tomen pronto decisiones adecuadas para socorrer a estos nuestros hermanos y hermanas.
Oremos por ellos y por todas las poblaciones en otros lugares del continente africano y del mundo sufren a causa de la violencia y de la guerra. Pienso, en particular, en el querido pueblo paquistaní, golpeado por crueles actos terroristas en días pasados.
Oremos por las víctimas mortales, por los heridos y sus familiares. Oremos fervientemente para que todo corazón endurecido por el odio se convierta a la paz, según la voluntad de Dios”.
Saludo a los presentes, familias y asociaciones, grupos parroquiales y peregrinos individuales, provenientes de Italia y varias partes del mundo.
En particular saludo a los estudiantes de Armagh (Irlanda); a los fieles de las diócesis de Asidonia Jerez, Cadiz, Ceuta y Madrid, en España. Al movimiento juvenil Guaneliano, a los recién confirmados de Castelnuovo di Prato y a los peregrinos de Módena y Viterbo.
Les deseo a todos un feliz domingo y por favor no se olviden de rezar por mi. “¡Buon pranzo e arrivederci!”.

Comentario al evangelio de hoy sábado 18 de febrero de 2017.

Semblante de Jesús.

VI Sábado de Tiempo Ordinario. Ciclo A.
Por: H. Javier Castellanos LC
Fuente:  http://es.catholic.net/op/articulos/64349/semblante-de-jesus.html

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
«Maestro, ¡qué bien se está aquí!» Tu presencia, Señor, alegra el corazón. Gracias por darme este día y esta oportunidad de acompañarte en la oración. Concédeme ser un discípulo atento a tu Palabra, como lo fue María. Por intercesión de ella, ayúdame a vivir unido a lo que quieres de mí. Amén.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Marcos 9, 2-13
En aquel tiempo, Jesús se llevó aparte a Pedro, a Santiago y a Juan, subió con ellos a un monte alto, y se transfiguró en su presencia. Sus vestiduras se pusieron esplendorosamente blancas, con una blancura que nadie puede lograr sobre la tierra. Después se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús.
Entonces Pedro le dijo a Jesús: «Maestro, ¡qué a gusto estamos aquí! Hagamos tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías». En realidad no sabía lo que decía, porque estaban asustados.
Se formó entonces una nube, que los cubrió con su sombra, y de esta nube salió una voz que decía: «Éste es mi Hijo amado; escúchenlo». En ese momento miraron alrededor y no vieron a nadie sino a Jesús, que estaba solo con ellos.
Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó que no contaran a nadie lo que habían visto, hasta que el Hijo del hombre resucitara de entre los muertos. Ellos guardaron esto en secreto, pero discutían entre sí que querría decir eso de «resucitar de entre los muertos».
Le preguntaron a Jesús: «¿Por qué dicen los escribas que primero tiene que venir Elías?». Él les contestó: «Si fuera cierto que Elías tiene que venir primero y tiene que poner todo en orden, entonces ¿cómo es que está escrito que el Hijo del hombre tiene que padecer mucho y ser despreciado? Por lo demás, yo les aseguro que Elías ha venido ya y lo trataron a su antojo, como estaba escrito de él.
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio.
¿Qué aspecto tenía Jesús? ¿Qué cambió en Él durante la Transfiguración? San Marcos nos habla de las vestiduras. Pero ¿y el rostro? Fijemos bien nuestra mirada durante esta oración. Cristo se transfigura cada día delante de nosotros; sólo hay que estar atentos.
¿Cómo es Jesús, entonces? Pidámosle a Él la gracia de conocerlo. A fondo. Vayamos más allá de la curiosidad por el color de sus ojos, y preguntémosle: «Señor, ¿cómo es tu Corazón?» Ciertamente, Cristo quiere mostrarnos los tesoros escondidos en lo más hondo de su alma.
El Evangelio de hoy pone ante nuestros ojos una cualidad central: «Éste es mi Hijo amado…» De las muchas cosas que se pueden decir de Jesús, Dios Padre nos revela la más importante: Jesús es Hijo, el Hijo amado. En su compañía, su Padre y sus hermanos se sienten felices. «¡Qué bien se está aquí!».
Y en cuanto Hijo, su vida es cumplir la voluntad de su Padre. Ha venido al mundo para darnos la Buena Nueva. Sólo tenemos que escucharle con un corazón abierto y dócil. Recibir sus palabras incluso cuando nos hablan de la cruz y la pasión. Escuchémosle en este rato de oración, preguntémosle qué nos quiere decir para este día. Escuchémosle también en las oportunidades de hacer el bien y servir a los demás. Escuchémosle cuando nos dice qué camino seguir para acercarnos a Él.
Escuchar a Cristo es recibirlo. Y al entrar en el corazón, con su gracia lo transfigura y lo hace más semejante al suyo. Más unido a la voluntad del Padre, más abierto al prójimo… en definitiva, más hijo y más hermano. Con un aspecto igual al suyo.

«Así en otro monte, inmerso en la oración, se transfigura delante de ellos: su rostro y toda su persona irradian una luz fulgurante. Los tres discípulos están asustados, mientras una nube blanca los envuelve y resuena desde lo alto –como en el bautismo en el Jordán– la voz del Padre: ‘Este es mi Hijo el amado: escuchadlo’. […] Subimos también nosotros hoy, en el monte de la Transfiguración y nos detenemos en contemplación del rostro de Jesús, para recoger el mensaje y aplicarlo en nuestra vida; para que también nosotros podamos ser transfigurados por el amor.En realidad el amor es capaz de transfigurar todo, el amor transfigura todo.
¿Creemos en esto?»
(Homilía de S.S. Francisco, 1 de marzo de 2015).

Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Buscaré, hoy, ayudar a alguien que lo necesite, para asemejarme más a Cristo.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

EDD. sábado 18 de febrero de 2017.

Sábado de la sexta semana del tiempo ordinario
http://evangeliodeldia.org/main.php?language=SP&module=readings&localdate=20170217

Carta a los Hebreos 11,1-7.
Hermanos:
La fe es la garantía de los bienes que se esperan, la plena certeza de las realidades que no se ven.
Por ella nuestros antepasados fueron considerados dignos de aprobación.
Por la fe, comprendemos que la Palabra de Dios formó el mundo, de manera que lo visible proviene de lo invisible.
Por la fe, Abel ofreció a Dios un sacrificio superior al de Caín, y por eso fue reconocido como justo, como lo atestiguó el mismo Dios al aceptar sus dones. Y por esa misma fe, él continúa hablando, aún después de su muerte.
Por la fe, Henoc fue llevado al cielo sin pasar por la muerte. Nadie pudo encontrarlo porque Dios se lo llevó, y de él atestigua la Escritura que antes de ser llevado fue agradable a Dios.
Ahora bien, sin la fe es imposible agradar a Dios, porque aquel que se acerca a Dios debe creer que él existe y es el justo remunerador de los que lo buscan.
Por la fe, Noé, al ser advertido por Dios acerca de lo que aún no se veía, animado de santo temor, construyó un arca para salvar a su familia. Así, por esa misma fe, condenó al mundo y heredó la justicia que viene de la fe.
Salmo 145(144),2-3.4-5.10-11.
Señor, día tras día te bendeciré,
y alabaré tu Nombre sin cesar.
¡Grande es el Señor y muy digno de alabanza:
su grandeza es insondable!
Cada generación celebra tus acciones
y le anuncia a las otras tus portentos:
ellas hablan del esplendor de tu gloria,
y yo también cantaré tus maravillas.
Que todas tus obras te den gracias, Señor,
y tus fieles te bendigan;
que anuncien la gloria de tu reino
y proclamen tu poder.
Evangelio según San Marcos 9,2-13.
Seis días después, Jesús tomó a Pedro, Santiago y Juan, y los llevó a ellos solos a un monte elevado. Allí se transfiguró en presencia de ellos.
Sus vestiduras se volvieron resplandecientes, tan blancas como nadie en el mundo podría blanquearlas.
Y se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús.
Pedro dijo a Jesús: «Maestro, ¡qué bien estamos aquí! Hagamos tres carpas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías».
Pedro no sabía qué decir, porque estaban llenos de temor.
Entonces una nube los cubrió con su sombra, y salió de ella una voz: «Este es mi Hijo muy querido, escúchenlo».
De pronto miraron a su alrededor y no vieron a nadie, sino a Jesús solo con ellos.
Mientras bajaban del monte, Jesús les prohibió contar lo que habían visto, hasta que el Hijo del hombre resucitara de entre los muertos.
Ellos cumplieron esta orden, pero se preguntaban qué significaría «resucitar de entre los muertos».
Y le hicieron esta pregunta: «¿Por qué dicen los escribas que antes debe venir Elías?».
Jesús les respondió: «Sí, Elías debe venir antes para restablecer el orden en todo. Pero, ¿no dice la Escritura que el Hijo del hombre debe sufrir mucho y ser despreciado?
Les aseguro que Elías ya ha venido e hicieron con él lo que quisieron, como estaba escrito».
Comentario del Evangelio por Anastasio de Sinaí (c. 700), monje . Homilía para la Transfiguración.
El misterio de la crucifixión es la belleza del Reino de Dios.
La montaña de la transfiguración es la montaña de los misterios, el lugar de las realidades inefables, la roca de los secretos escondidos, la cumbre de los cielos. Aquí se revelaron los símbolos del reino futuro; le misterio de la crucifixión, la belleza del reino de Dios, la llegada de Cristo en su segundo advenimiento lleno de gloria. Sobre esta montaña la nube luminosa cubre de esplendor a los justos; los bienes futuros se realizan ya. La nube que envuelve esta montaña prefigura la ascensión de los justos sobre las nubes; nos enseña hoy nuestro aspecto futuro, nuestra configuración con Cristo.
Mientras Jesús estaba en medio de sus discípulos, les había explicado su reino y su segunda venida en gloria. Pero, porque ellos no estaban seguros del todo sobre lo que él les había anunciado acerca del reino, Jesús quiso que estuvieran del todo convencidos en su corazón, y que los acontecimientos presentes les ayudaran a creer a la hora de lo que iba a suceder. Por esto, en el monte Tabor les dio a contemplar esta maravillosa manifestación divina, como una imagen que prefigura el reino de los cielos. Como si les dijera: “Para que la tardanza no engendre en vosotros la incredulidad, pronto, ya mismo, os lo digo de verdad, entre los que estáis aquí hay algunos que no verán la muerte antes de ver al Hijo del Hombre venir sobre las nubes en la gloria de su Padre. (Mt 16,28) “Seis días después, Jesús tomó consigo a Pedro, Juan y Santiago y los llevó a una montaña muy alta y se transfiguró delante de ellos” (Mt 17,2)…
“¡Qué terrible es este lugar! ¡Nada menos que la casa de Dios y la puerta del cielo!” (Gn 28,17). Hacia ella nos apresuramos.

Homilía para la Eucaristía del Domingo 19 de febrero de 2017 . –

Feliz fin de semana para todos. Paz y Bien. Hermano Pastor.

DOMINGO SEPTIMO DEL AÑO.

Fuente : www.laicoscapuchinos.cl

Levítico 19,1-2.17-18: “Ley de santidad”, que trata de modelar el orden humano a partir de la santidad de Dios. El hombre tiene que ser santo; el camino pasa por el hermano. El ser humano no está nunca tan cerca de la santidad de Dios como cuando ama a su prójimo.

Mateo 5,38-48: en su empeño por profundizar la manera de cumplir la Ley el Señor toca el tema del amor al prójimo, que rompe todos los moldes humanos.

1.- La sentencia con que termina el evangelio es desafiante: “Sean perfectos como es perfecto el Padre que está en el cielo”. En la primera lectura leemos: “Ustedes sean santos, porque Yo, el Señor su Dios, soy santo”. Dos sentencias desafiantes. Si el domingo pasado explicaba el sentido de Justicia en la Biblia para poder entender lo que nos pide el Señor, hoy debemos profundizar más todavía esto junto con la idea de “Santo” y “Perfecto”.

Sin complicarnos, digamos que “Santo” viene a significar algo “separado”, “único”, “distante y distinto de lo profano, de lo vulgar”…lo que lleva a una perfección moral. “Perfecto” trae consigo la idea de integridad, el que tiene un solo corazón para servir al Señor.

De modo que el Señor nos quiere diferentes al resto, a los que no pertenecen a Él. Israel, por ser propiedad de Dios, debe ser distinto (santo) a los pueblos que le rodean Y concretamente debe ser distinto en la manera de relacionarse con el prójimo, ya que Dios lo separó, lo hizo distinto al resto. Si hablamos de leyes de santidad podríamos hablar de “en qué se distingue” el Pueblo de Dios del resto. Y la principal distinción está en el amor al prójimo.

2.- Lo que nos propone el Levítico es desafiante. Sin embargo, el “pero Yo les digo” de Jesús va más allá. Mientras el Levítico contiene el precepto del amor al prójimo, entendiendo como prójimo sólo al que es miembro de la comunidad de Israel, el discípulo de Jesús debe tener un amor sin ningún tipo de barreras, de fronteras. El amar al enemigo, incluso orar por él, es algo propio de un hijo de Dios, de alguien que ha sido santificado por Dios.

De esta manera Jesús, superando la interpretación casuística de algunos judíos, interioriza y universaliza la ley a la luz de cómo su Padre expresa su amor por el ser humano. Es un amor diferente, íntegro, total. Podríamos decir que el discípulo de Cristo tiene en su interior una “sintonía fina”; es capaz de descubrir a un hermano incluso en aquel que le persigue y calumnia y ora también por él. Esto es propio de un hijo de Dios.

3.- Es propio de Dios el amar y tener un amor compasivo, misericordioso. El retrato que hace de Dios el salmo responsorial es la mejor pauta para nosotros los que nos sentimos hijos de Dios. Un hijo se parece a su padre; el cristiano se parece al Padre Dios precisamente en que encarna un amor misericordioso.

Mientras en el mundo se cultiva el odio, nosotros debemos cultivar el amor.

Mientras en la sociedad hay una sed de venganza, nosotros hemos de propiciar la indulgencia.

Cuando entre nosotros se fomenta la discordia, nosotros hemos de sembrar el amor mutuo.

Evidentemente que esta tarea es sobrehumana. “Si el Señor no nos construye la casa, será vano todo el esfuerzo que hagamos”.

4.- Por eso, que penetre el Señor en nuestras vidas, que se haga presente en el interior de nuestro corazón para que se cierren y curen tantas heridas, tantos resentimientos. Sólo Dios puede sanarnos. La Eucaristía sea el remedio, sea la fuerza que necesitamos para ser en verdad diferentes e íntegros en la vivencia de nuestra fe.

                                                      Hermano Pastor Salvo Beas.

Comentario al evangelio de hoy viernes 17 de febrero de 2017

Renunciar a uno mismo.

VI Viernes de Tiempo Ordinario. Ciclo A.
Por: H. Iván Yoed González Aréchiga LC
Fuente: http://es.catholic.net/op/articulos/64344/renunciar-a-uno-mismo.html

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Consciente de mi pequeñez y de mi grandeza, así me presento ante Ti. Por otro lado, me sé grande si te tengo a Ti, si me asemejo a Ti, si correspondo a tu designio de ser tu imagen, de ser tu semejanza. Así sea.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Marcos 8, 34-9,1
En aquel tiempo, Jesús llamó a la multitud y a sus discípulos, y les dijo: «El que quiera venir conmigo, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y que me siga. Pues el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará.
¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero, si pierde su vida? ¿Y que podrá dar uno a cambio para recobrarla? Si alguien se avergonzará de mí y de mis palabras ante esta gente, idólatra y pecadora, también el Hijo del hombre se avergonzará de él, cuando venga con la gloria de su Padre entre los santos ángeles».
Y añadió: «Yo les aseguro que algunos de los aquí presentes no morirán sin haber visto primero que el Reino de Dios ha llegado ya con todo su poder».
Palabra del Señor
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio.
Negarse a sí mismo es quizá la tarea más difícil que puede existir. Es, muy de seguro, la más larga y, sin duda, la más dura. Obtener un título, terminar una carrera, esto es poco en comparación. Lo mismo el alcanzar un puesto, lograr renombre. Llegar a tal lugar, conocer tal país, son todos todavía nada en semejanza. Complacer a tal persona, agradar a alguno, conquistar a alguien; son muy poco si se los compara. ¿Podría pensar más ejemplos? Muy cierto ninguno le igualará.
Nada más y nada menos que en negarme a mí mismo consiste el seguirte, Señor. Hablamos de someter aquello con lo cual podría lograr todas las cosas enumeradas arriba y muchas más: hablamos de mi voluntad y de mi intelecto.
Y entiéndase: seguir a Dios no consiste en hacer siempre lo que no quiero, sino en querer siempre lo que Dios quiere. Es verdad que aquí me topo con un gran problema, ¿qué quiere Dios? Mucha luz me das Tú, Señor, pues por fortuna tengo el Evangelio, tu mismísimo testimonio de vida.
Cumplir la voluntad de Dios es un arte que conlleva un continuo discernimiento. No un discernimiento eterno que me frenará de nunca hacer nada, pero sí un discernimiento sincero que me lleve a ser prudente y, por ello, en ocasiones también resuelto. No un discernimiento lleno de desconfianza en mí, sino sobre todo uno lleno de confianza en Ti.
Negarme a mí mismo, como puedo ver, no significa perseguir todo cuanto tenga nombre de tristeza, sino todo cuanto tenga nombre de felicidad. Aun cuando suponga renunciar a mis deseos, pero también cuando los implique: porque, nuevamente, todo consistirá en buscar siempre querer lo que quieres Tú.

«La dirección que Jesús indica es de sentido único: salir de nosotros mismos. Es un viaje sin billete de vuelta. Se trata de emprender un éxodo de nuestro yo, de perder la vida por él, siguiendo el camino de la entrega de sí mismo. Por otro lado, a Jesús no le gustan los recorridos a mitad, las puertas entreabiertas, las vidas de doble vía. Pide ponerse en camino ligeros, salir renunciando a las propias seguridades, anclados únicamente en él.»
(Homilía de S.S. Francisco, 30 de julio de 2016).

Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Hoy voy a hacer una visita a la Eucaristía y pasaré mínimo cinco minutos imaginando lo que será el cielo para que esto aumente mi deseo de eternidad y me impulse a renunciar a todo lo que me impida llegar allí.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

 

EDD. viernes 17 de febrero de 2017.

Viernes de la sexta semana del tiempo ordinario.
http://evangeliodeldia.org/main.php?language=SP&module=readings&localdate=20170216

Libro de Génesis 11,1-9.
Todo el mundo hablaba una misma lengua y empleaba las mismas palabras.
Y cuando los hombres emigraron desde Oriente, encontraron una llanura en la región de Senaar y se establecieron allí.
Entonces se dijeron unos a otros: «¡Vamos! Fabriquemos ladrillos y pongámolos a cocer al fuego». Y usaron ladrillos en lugar de piedra, y el asfalto les sirvió de mezcla.
Después dijeron: «Edifiquemos una ciudad, y también una torre cuya cúspide llegue hasta el cielo, para perpetuar nuestro nombre y no dispersarnos por toda la tierra».
Pero el Señor bajó a ver la ciudad y la torre que los hombres estaban construyendo,
y dijo: «Si esta es la primera obra que realizan, nada de lo que se propongan hacer les resultará imposible, mientras formen un solo pueblo y todos hablen la misma lengua.
Bajemos entonces, y una vez allí, confundamos su lengua, para que ya no se entiendan unos a otros».
Así el Señor los dispersó de aquel lugar, diseminándolos por toda la tierra, y ellos dejaron de construir la ciudad.
Por eso se llamó Babel: allí, en efecto, el Señor confundió la lengua de los hombres y los dispersó por toda la tierra.
Salmo 33(32),10-11.12-13.14-15.
El Señor frustra el designio de las naciones
y deshace los planes de los pueblos,
El designio del Señor
permanece para siempre,
y sus planes, a lo largo de las generaciones.
¡Feliz la nación cuyo Dios es el Señor,
el pueblo que él se eligió como herencia!
El Señor observa desde el cielo
y contempla a todos los hombres.
él mira desde su trono
a todos los habitantes de la tierra;
modela el corazón de cada uno
y conoce a fondo todas sus acciones.
Evangelio según San Marcos 8,34-38.9,1.
Jesús, llamando a la multitud, junto con sus discípulos, les dijo: «El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga.
Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí y por la Buena Noticia, la salvará.
¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero, si pierde su vida?
¿Y qué podrá dar el hombre a cambio de su vida?
Porque si alguien se avergüenza de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, también el Hijo del hombre se avergonzará de él cuando venga en la gloria de su Padre con sus santos ángeles».
Y les decía: «Les aseguro que algunos de los que están aquí presentes no morirán antes de haber visto que el Reino de Dios ha llegado con poder».
Comentario del Evangelio por San Francisco Javier (1506-1552), jesuita, misionero. Carta del 10 de mayo 1546.
Un gran misionero, dispuesto a perder su vida.
Este país es muy peligroso, porque sus habitantes, llenos de maldad, envenenan a menudo la comida y la bebida. Por esto no hay nadie que quiera ir allí para asistir a los cristianos. Tienen necesidad de instrucción espiritual y de alguien que los bautice para salvar su alma. Así que tengo la obligación de perder mi vida terrena para socorrer la vida espiritual del prójimo… Pongo mi esperanza y mi confianza en Dios, Nuestro Señor, dichoso de poderme conformarme, aunque pobremente, a las palabras de Cristo, Nuestro Redentor: “Quien quiera guardar su vida la perderá; pero quien la pierde por mí, la guardará.”
Aunque el sentido amplio de esta palabra del Señor sea fácil de comprender, cuando uno examino su caso personal y se dispone a perder su vida por Dios para recobrarla en él, se presentan a la imaginación los peligros… Todo se hace oscuro, que incluso el latín (del texto bíblico), tan claro por sí mismo, se oscurece también. En este caso, me parece, que llega a comprenderlo únicamente aquel a quien Dios, Nuestro Señor, en su infinita misericordia se lo quiera revelar para su caso particular. Entonces, uno reconoce la condición de nuestra carne, cuán débil y frágil es.