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EDD. viernes 03 de marzo de 2017.

Viernes despúes de Ceniza.
http://evangeliodeldia.org/main.php?language=SP&module=readings&localdate=20170302
Libro de Isaías 58,1-9a.
Así habla el Señor Dios:
¡Grita a voz en cuello, no te contengas, alza tu voz como una trompeta: denúnciale a mi pueblo su rebeldía y sus pecados a la casa de Jacob!
Ellos me consultan día tras día y quieren conocer mis caminos, como lo haría una nación que practica la justicia y no abandona el derecho de su Dios; reclaman de mí sentencias justas, les gusta estar cerca de Dios:
«¿Por qué ayunamos y tú no lo ves, nos afligimos y tú no lo reconoces?». Porque ustedes, el mismo día en que ayunan, se ocupan de negocios y maltratan a su servidumbre.
Ayunan para entregarse a pleitos y querellas y para golpear perversamente con el puño. No ayunen como en esos días, si quieren hacer oír su voz en las alturas.
¿Es este acaso el ayuno que yo amo, el día en que el hombre se aflige a sí mismo? Doblar la cabeza como un junco, tenderse sobre el cilicio y la ceniza: ¿a eso lo llamas ayuno y día aceptable al Señor?
Este es el ayuno que yo amo -oráculo del Señor-: soltar las cadenas injustas, desatar los lazos del yugo, dejar en libertad a los oprimidos y romper todos los yugos;
compartir tu pan con el hambriento y albergar a los pobres sin techo; cubrir al que veas desnudo y no despreocuparte de tu propia carne.
Entonces despuntará tu luz como la aurora y tu llaga no tardará en cicatrizar; delante de ti avanzará tu justicia y detrás de ti irá la gloria del Señor.
Entonces llamarás, y el Señor responderá; pedirás auxilio, y él dirá: «¡Aquí estoy!».
Salmo 51(50),3-4.5-6a.18-19.
¡Ten piedad de mí, Señor, por tu bondad,
por tu gran compasión, borra mis faltas!
¡Lávame totalmente de mi culpa
y purifícame de mi pecado!
Porque yo reconozco mis faltas
y mi pecado está siempre ante mí.
Contra ti, contra ti sólo pequé
Los sacrificios no te satisfacen;
si ofrezco un holocausto, no lo aceptas:
mi sacrificio es un espíritu contrito,
tú no desprecias el corazón contrito y humillado.
Evangelio según San Mateo 9,14-15.
Se acercaron a Jesús los discípulos de Juan y le dijeron: «¿Por qué tus discípulos no ayunan, como lo hacemos nosotros y los fariseos?».
Jesús les respondió: «¿Acaso los amigos del esposo pueden estar tristes mientras el esposo está con ellos? Llegará el momento en que el esposo les será quitado, y entonces ayunarán.
Comentario del Evangelio por San Pedro Crisólogo (c. 406-450), obispo de Ravenna, doctor de la Iglesia Homilía sobre la oración, el ayuno y la limosna; PL 52, 320.
“Entonces ayunarán”
Tres son, hermanos, los resortes que hacen que la fe se mantenga firme, la devoción sea constante, y la virtud permanente: la oración, el ayuno y la misericordia. Porque la oración llama, el ayuno intercede, la misericordia recibe. Oración, misericordia y ayuno constituyen una sola y única cosa, y se vitalizan recíprocamente. El ayuno, en efecto, es el alma de la oración, y  la misericordia es la vida del ayuno. Que nadie trate de dividirlos, pues no pueden separarse. Quien posee uno solo de los tres, si al mismo tiempo no posee los otros dos, no posee ninguno. Por tanto, quien ora, que ayune; quien ayuna, que se compadezca; que preste oídos a quien le suplica aquel que, al suplicar, desea que se le escuche, pues Dios presta oído a quien no cierra los suyos al que le suplica.
Que el que ayuna entienda bien lo que es el ayuno; que preste atención al hambriento quien quiere que Dios preste atención a su hambre; que se compadezca quien espera misericordia; que tenga piedad quien la busca; que responda quien desea que Dios le responda a él… Díctate a ti mismo la norma de la misericordia, de acuerdo con la manera, la cantidad y la rapidez  con que quieres que tengan misericordia contigo. Compadécete tan pronto como quisieras que los otros se compadezcan de ti.
En consecuencia, la oración, la misericordia y el ayuno deben ser como un único intercesor a favor nuestro ante Dios, una única llamada, una única y triple petición.

El Papa inicia los ritos de la Cuaresma – texto completo de la homilía en la basílica de Santa Sabina

“La cuaresma es el tiempo de decir «no»; no, a la asfixia de una oración que nos tranquilice la conciencia”
Fuente : https://es.zenit.org/articles/el-papa-inicia-los-ritos-de-la-cuaresma-texto-completo-de-la-homilia-en-la-basilica-de-sta-sabina/

El Papa recibe las cenizas (Fto. Osservatore ©Romano)

(ZENIT- Roma, 1º marzo 2017).- El papa Francisco inició por la tarde de este miércoles de ceniza en la basílica de San Anselmo, los ritos de la cuaresma, vistiendo paramentos color violeta y con una ceremonia que comenzó con el canto en gregoriano.
En la basílica situada en la casa generalicia de los benedictinos, en el monte Aventino de Roma, estaban junto al Papa, cardenales, obispos, monjes benedictinos y padres dominicos con su hábito color blanco y negro. Todos se dirigieron en procesión penitencial hacia la iglesia de Santa Sabina a unos trescientos metros de allí, mientras se cantaban las letanías de todos los santos.
Ya en la basílica de Santa Sabina el Coro Pontificio de la Capilla Sixtina entonó el ‘Atende Domine et Miserere’, seguido por la santa misa. Después de la homilía el Santo Padre bendijo las cenizas, que a continuación impartió a los cardenales y a algunos monjes y fieles.
Texto de la homilia:
«Volved a mí de todo corazón… volved a mí» (Jl 2,12), es el clamor con el que el profeta Joel se dirige al pueblo en nombre del Señor; nadie podía sentirse excluido: llamad a los ancianos, reunid a los pequeños y a los niños de pecho y al recién casado (cf. v. 6).
Todo el Pueblo fiel es convocado para ponerse en marcha y adorar a su Dios que es «compasivo y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad» (v.13). También nosotros queremos hacernos eco de este llamado; queremos volver al corazón misericordioso del Padre.
En este tiempo de gracia que hoy comenzamos, fijamos una vez más nuestra mirada en su misericordia. La cuaresma es un camino: nos conduce a la victoria de la misericordia sobre todo aquello que busca aplastarnos o rebajarnos a cualquier cosa que no sea digna de un hijo de Dios.
La cuaresma es el camino de la esclavitud a la libertad, del sufrimiento a la alegría, de la muerte a la vida. El gesto de las cenizas, con el que nos ponemos en marcha, nos recuerda nuestra condición original: hemos sido tomados de la tierra, somos de barro.
Sí, pero barro en las manos amorosas de Dios que sopló su espíritu de vida sobre cada uno de nosotros y lo quiere seguir haciendo; quiere seguir dándonos ese aliento de vida que nos salva de otro tipo de aliento: la asfixia sofocante provocada por nuestros egoísmos; asfixia sofocante generada por mezquinas ambiciones y silenciosas indiferencias, asfixia que ahoga el espíritu, reduce el horizonte y anestesia el palpitar del corazón.
El aliento de la vida de Dios nos salva de esta asfixia que apaga nuestra fe, enfría nuestra caridad y cancela nuestra esperanza. Vivir la cuaresma es anhelar ese aliento de vida que nuestro Padre no deja de ofrecernos en el fango de nuestra historia.
El aliento de la vida de Dios nos libera de esa asfixia de la que muchas veces no somos conscientes y que, incluso, nos hemos acostumbrado a «normalizar», aunque sus signos se hacen sentir; y nos parece «normal» porque nos hemos acostumbrado a respirar un aire cargado de falta de esperanza, aire de tristeza y de resignación, aire sofocante de pánico y aversión.
Cuaresma es el tiempo para decir «no». No, a la asfixia del espíritu por la polución que provoca la indiferencia, la negligencia de pensar que la vida del otro no me pertenece por lo que intento banalizar la vida especialmente la de aquellos que cargan en su carne el peso de tanta superficialidad.
La cuaresma quiere decir «no» a la polución intoxicante de las palabras vacías y sin sentido, de la crítica burda y rápida, de los análisis simplistas que no logran abrazar la complejidad de los problemas humanos, especialmente los problemas de quienes más sufren. La cuaresma es el tiempo de decir «no»; no, a la asfixia de una oración que nos tranquilice la conciencia, de una limosna que nos deje satisfechos, de un ayuno que nos haga sentir que hemos cumplido.
Cuaresma es el tiempo de decir no a la asfixia que nace de intimismos excluyentes que quieren llegar a Dios saltándose las llagas de Cristo presentes en las llagas de sus hermanos: esas espiritualidades que reducen la fe a culturas de gueto y exclusión.
Cuaresma es tiempo de memoria, es el tiempo de pensar y preguntarnos: ¿Qué sería de nosotros si Dios nos hubiese cerrado las puertas? ¿Qué sería de nosotros sin su misericordia que no se ha cansado de perdonarnos y nos dio siempre una oportunidad para volver a empezar?
Cuaresma es el tiempo de preguntarnos: ¿Dónde estaríamos sin la ayuda de tantos rostros silenciosos que de mil maneras nos tendieron la mano y con acciones muy concretas nos devolvieron la esperanza y nos ayudaron a volver a empezar?
Cuaresma es el tiempo para volver a respirar, es el tiempo para abrir el corazón al aliento del único capaz de transformar nuestro barro en humanidad.
No es el tiempo de rasgar las vestiduras ante el mal que nos rodea sino de abrir espacio en nuestra vida para todo el bien que podemos generar, despojándonos de aquello que nos aísla, encierra y paraliza.
Cuaresma es el tiempo de la compasión para decir con el salmista: «Devuélvenos Señor la alegría de la salvación, afiánzanos con espíritu generoso para que con nuestra vida proclamemos tu alabanza»; y nuestro barro –por la fuerza de tu aliento de vida– se convierta en «barro enamorado».

EDD. jueves 02 de marzo de 2017.

Jueves después de Ceniza

Fuente :  http://evangeliodeldia.org/main.php?language=SP&module=readings&localdate=20170225
Deuteronomio 30,15-20.
Moisés habló al pueblo diciendo:
Hoy pongo delante de ti la vida y la felicidad, la muerte y la desdicha.
Si escuchas los mandamientos del Señor, tu Dios, que hoy te prescribo, si amas al Señor, tu Dios, y cumples sus mandamientos, sus leyes y sus preceptos, entonces vivirás, te multiplicarás, y el Señor, tu Dios, te bendecirá en la tierra donde ahora vas a entrar para tomar posesión de ella.
Pero si tu corazón se desvía y no escuchas, si te dejas arrastrar y vas a postrarte ante otros dioses para servirlos,
yo les anuncio hoy que ustedes se perderán irremediablemente, y no vivirán mucho tiempo en la tierra que vas a poseer después de cruzar el Jordán.
Hoy tomo por testigos contra ustedes al cielo y a la tierra; yo he puesto delante de ti la vida y la muerte, la bendición y la maldición. Elige la vida, y vivirás, tú y tus descendientes,
con tal que ames al Señor, tu Dios, escuches su voz y le seas fiel. Porque de ello depende tu vida y tu larga permanencia en la tierra que el Señor juró dar a tus padres, a Abraham, a Isaac y a Jacob.
Salmo 1,1-2.3.4.6.
¡Feliz el hombre
que no sigue el consejo de los malvados,
ni se detiene en el camino de los pecadores,
ni se sienta en la reunión de los impíos,
sino que se complace en la ley del Señor
y la medita de día y de noche!
El es como un árbol
plantado al borde de las aguas,
que produce fruto a su debido tiempo,
y cuyas hojas nunca se marchitan:
todo lo que haga le saldrá bien.
No sucede así con los malvados:
ellos son como paja que se lleva el viento.
Porque el Señor cuida el camino de los justos,
pero el camino de los malvados termina mal.
Evangelio según San Lucas 9,22-25.
Jesús dijo a sus discípulos:
«El Hijo del hombre, les dijo, debe sufrir mucho, ser rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser condenado a muerte y resucitar al tercer día».
Después dijo a todos: «El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz cada día y me siga.
Porque el que quiera salvar su vida, la perderá y el que pierda su vida por mí, la salvará.
¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero, si pierde y arruina su vida?
 
Comentario del Evangelio por  Santa Clara (1193-1252), monja franciscana. Carta 2 a Santa Inés de Praga, 18-23 (trad. Escritos de Santa Clara de Asís – Directorio franciscano; rev.)

Mira a Cristo pobre.

      Abrázate a Cristo pobre. Míralo hecho despreciable por ti y síguelo, hecha tú despreciable por Él en este mundo. Mira atentamente, considera, contempla, deseando imitarlo, a tu Esposo, el más hermoso de los hijos de los hombres, que, por tu salvación, se ha hecho el más vil de los hombres, despreciado, golpeado y flagelado de múltiples formas en todo su cuerpo, muriendo en medio de las mismas angustias de la cruz.
Si sufres con Él, reinarás con Él; si lloras con Él, gozarás con Él; si mueres con Él en la cruz de la tribulación, poseerás con Él las mansiones celestes en el esplendor de los santos, y tu nombre será inscrito en el libro de la vida, y será glorioso entre los hombres. Por lo cual, participarás para siempre y por los siglos de los siglos, de la gloria del reino celestial a cambio de las cosas terrenas y transitorias, de los bienes eternos a cambio de los perecederos, y vivirás por los siglos de los siglos.

Audiencia y catequesis del papa Francisco – 1 de marzo de 2017 – texto completo.

“Sintiéndonos parte del pueblo santo de Dios, iniciamos con alegría hoy este camino de esperanza”
•1 marzo 2017•Redaccion•El papa Francisco
Fuente : https://es.zenit.org/articles/audiencia-y-catequesis-del-papa-francisco-1-de-marzo-de-2017-texto-completo/
 
(ZENIT – El papa Francisco realizó este miércoles 1 de marzo de 2017, durante la audiencia general en la plaza de San Pedro, la catequesis, cuyo texto publicamos a continuación.
 
“Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
En este día, Miércoles de Ceniza, entramos en el Tiempo litúrgico de la Cuaresma. Y ya que estamos desarrollando el ciclo de catequesis sobre la esperanza cristiana, hoy quisiera presentarles la Cuaresma como camino de esperanza.
De hecho, esta perspectiva se hace enseguida evidente si pensamos que la Cuaresma ha sido instituida en la Iglesia como tiempo de preparación para la Pascua, y por lo tanto, todo el sentido de este periodo de cuarenta días es iluminado por el misterio pascual hacia el cual está orientado. Podemos imaginar al Señor Resucitado que nos llama a salir de nuestras tinieblas, y nosotros nos ponemos en camino hacia Él, que es la Luz. Y la Cuaresma es un camino hacia Jesús Resucitado. La Cuaresma es un periodo de penitencia, también de mortificación, pero no un fin en sí mismo, sino finalizado a hacernos resurgir con Cristo, a renovar nuestra identidad bautismal, es decir, a renacer nuevamente “desde lo alto”, desde el amor de Dios (Cfr. Jn 3,3). Por esto es que la Cuaresma es, por su naturaleza, tiempo de esperanza.
Para comprender mejor que cosa significa esto, debemos referirnos a la experiencia fundamental del éxodo de los Israelitas de Egipto, narrada en la Biblia en el libro que lleva este nombre: Éxodo. El punto de partida es la condición de esclavitud en Egipto, la opresión, los trabajos forzados. Pero el Señor no se ha olvidado de su pueblo y de su promesa: llama a Moisés y, con brazo poderoso, hace salir a los Israelitas de Egipto y los guía a través del desierto hacia la Tierra de la libertad. Durante este camino de la esclavitud a la libertad, el Señor da a los Israelitas la ley, para educarlos en el amor a Él, el único Señor, y para amarse entre ellos como hermanos. La Escritura muestra que el éxodo es largo y fatigoso: simbólicamente dura 40 años, es decir, el tiempo de vida de una generación. Una generación que, ante las pruebas del camino, es siempre tentada a añorar Egipto y volver atrás. También todos nosotros conocemos la tentación de regresar atrás, todos. Pero el Señor permanece fiel y esta pobre gente, guiada por Moisés, llega a la Tierra prometida. Todo este camino es realizado en la esperanza: la esperanza de alcanzar la Tierra, y justamente en este sentido es un “éxodo”, una salida de la esclavitud a la libertad. Y estos 40 días son también para todos nosotros una salida de la esclavitud del pecado a la libertad, al encuentro del Cristo Resucitado. Cada paso, cada fatiga, cada prueba, cada caída y cada salida, todo tiene sentido solo dentro del designio de salvación de Dios, que quiere para su pueblo la vida y no la muerte, la alegría y no el dolor.
La Pascua de Jesús es su éxodo, con el cual Él nos ha abierto la vía para alcanzar la vida plena, eterna y gozosa. Para abrir esta vía, este camino, Jesús ha debido despojarse de su gloria, humillarse, hacerse obediente hasta la muerte y la muerte de cruz. Abrirnos el camino a la vida eterna le ha costado toda su sangre, y gracias a Él nosotros somos salvados de la esclavitud del pecado. Pero esto no quiere decir que Él ha hecho todo y nosotros no debemos hacer nada, que Él ha pasado por medio de la cruz y nosotros “vamos al paraíso en un carruaje”. No, no quiere decir esto. No es así. Nuestra salvación es ciertamente un don suyo, pero, como es una historia de amor, requiere nuestro “si” y nuestra participación en su amor, como nos demuestra nuestra Madre María y después de ella todos los santos.
La Cuaresma vive de esta dinámica: Cristo nos precede con su éxodo, y nosotros atravesamos el desierto gracias a Él y detrás de Él. Él es tentado por nosotros, y ha vencido al Tentador por nosotros, pero también nosotros debemos con Él afrontar las tentaciones y superarlas. Él nos dona el agua viva de su Espíritu, y a nosotros corresponde tomar de su fuente y beber, en los Sacramentos, en la oración, en la adoración; Él es la luz que vence las tinieblas, y a nosotros se nos pide alimentar la pequeña llama que nos ha sido confiada el día de nuestro Bautismo.
En este sentido la Cuaresma es «signo sacramental de nuestra conversión» (Misal Romano, Oración colecta I Dom. de Cuaresma), quien realiza el camino de la Cuaresma esta siempre en el camino de la conversión. Es un signo sacramental de nuestro camino de la esclavitud a la libertad, siempre por renovar. Un camino ciertamente difícil, como es justo que sea, porque el amor es arduo, pero es un camino lleno de esperanza. Es más, diría además: el éxodo cuaresmal es el camino en el cual la esperanza misma se forma. La fatiga de atravesar el desierto – todas las pruebas, las tentaciones, las ilusiones, las visiones… – todo esto vale para forjar una esperanza fuerte, sólida, en el modelo de la Virgen María, que en medio a las tinieblas de la pasión y de la muerte de su Hijo continuó creyendo y esperando en su resurrección, en la victoria del amor de Dios.
Con el corazón abierto a este horizonte, entramos hoy en la Cuaresma. Sintiéndonos parte del pueblo santo de Dios, iniciamos con alegría hoy este camino de esperanza. Gracias”.

EDD. miércoles 01 de marzo de 2017.

Miércoles de Ceniza.
http://evangeliodeldia.org/main.php?language=SP&module=readings&localdate=20170301
Libro de Joel 2,12-18.
Ahora dice el Señor: Vuelvan a mí de todo corazón, con ayuno, llantos y lamentos.
Desgarren su corazón y no sus vestiduras, y vuelvan al Señor, su Dios, porque él es bondadoso y compasivo, lento para la ira y rico en fidelidad, y se arrepiente de tus amenazas.
¡Quién sabe si él no se volverá atrás y se arrepentirá, y dejará detrás de sí una bendición: la ofrenda y la libación para el Señor, su Dios!
¡Toquen la trompeta en Sión, prescriban un ayuno, convoquen a una reunión solemne,
reúnan al pueblo, convoquen a la asamblea, congreguen a los ancianos, reúnan a los pequeños y a los niños de pecho! ¡Que el recién casado salga de su alcoba y la recién casada de su lecho nupcial!
Entre el vestíbulo y el altar lloren los sacerdotes, los ministros del Señor, y digan: «¡Perdona, Señor, a tu pueblo, no entregues tu herencia al oprobio, y que las naciones no se burlen de ella! ¿Por qué se ha de decir entre los pueblos: Dónde está su Dios?».
El Señor se llenó de celos por su tierra y se compadeció de su pueblo.
 
Salmo 51(50),3-4.5-6a.12-13.14.17.
¡Ten piedad de mí, Señor, por tu bondad,
por tu gran compasión, borra mis faltas!
¡Lávame totalmente de mi culpa
y purifícame de mi pecado!
Porque yo reconozco mis faltas
y mi pecado está siempre ante mí.
Contra ti, contra ti sólo pequé
Crea en mí, Dios mío, un corazón puro,
y renueva la firmeza de mi espíritu.
No me arrojes lejos de tu presencia
ni retires de mí tu santo espíritu.
Devuélveme la alegría de tu salvación,
que tu espíritu generoso me sostenga:
Abre mis labios, Señor,
y mi boca proclamará tu alabanza.
Carta II de San Pablo a los Corintios 5,20-21.6,1-2.
Hermanos:
Nosotros somos, entonces, embajadores de Cristo, y es Dios el que exhorta a los hombres por intermedio nuestro. Por eso, les suplicamos en nombre de Cristo: Déjense reconciliar con Dios.
A aquel que no conoció el pecado, Dios lo identificó con el pecado en favor nuestro, a fin de que nosotros seamos justificados por él.
Y porque somos sus colaboradores, los exhortamos a no recibir en vano la gracia de Dios.
Porque él nos dice en la Escritura: En el momento favorable te escuché, y en el día de la salvación te socorrí. Este es el tiempo favorable, este es el día de la salvación.
 
Evangelio según San Mateo 6,1-6.16-18.
Jesús dijo a sus discípulos:
Tengan cuidado de no practicar su justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos: de lo contrario, no recibirán ninguna recompensa del Padre que está en el cielo.
Por lo tanto, cuando des limosna, no lo vayas pregonando delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser honrados por los hombres. Les aseguro que ellos ya tienen su recompensa.
Cuando tú des limosna, que tu mano izquierda ignore lo que hace la derecha,
para que tu limosna quede en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.
Cuando ustedes oren, no hagan como los hipócritas: a ellos les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos. Les aseguro que ellos ya tienen su recompensa.
Tú, en cambio, cuando ores, retírate a tu habitación, cierra la puerta y ora a tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.
Cuando ustedes ayunen, no pongan cara triste, como hacen los hipócritas, que desfiguran su rostro para que se note que ayunan. Les aseguro que con eso, ya han recibido su recompensa.
Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro,
para que tu ayuno no sea conocido por los hombres, sino por tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.
Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.
 
Leer el comentario del Evangelio por
San Máximo de Turín (¿-c. 420), obispo
Sermón 28; PL 587
Cuaresma, cuarenta días que nos conducen hacia el bautismo en la muerte y resurrección de Cristo.
“En el momento favorable te escuché; el día de la salvación te auxilié” (cf Is 49,8). El apóstol Pablo continúa la cita por estas palabras: “Ahora es el tiempo favorable, ahora es el día de la salvación.” (2Cor 6,2). Por mi parte, os hago testimonios de que han llegado los días de salvación, ha llegado, de algún modo, el tiempo de la curación espiritual. Podemos cuidar todas las llagas de nuestros vicios, todas las heridas de nuestros pecados, si lo pedimos al médico de nuestras almas, si…no descuidamos ninguno de sus preceptos….
El médico es Nuestro Señor Jesucristo, quien dijo. “Soy yo quien da la vida y la muerte (Dt 32,39). El Señor primero da la muerte, luego la vida. Por el bautismo, el Señor destruye en nosotros el adulterio, el homicidio, los crímenes y robos. Luego, nos hace vivir como hombres nuevos en la inmortalidad eterna. Morimos a nuestros pecados, evidentemente, por el bautismo, volvemos a la vida gracias al Espíritu de vida… Entreguémonos a nuestro médico con paciencia para recobrar la salud. Todo lo que habrá descubierto en nosotros, como indigno, manchado por el pecado, comido por las úlceras, lo cortará, lo zanjará, lo retirará para que no quede nada de todo esto en nosotros, sino sólo lo que pertenece a Dios.
La primera prescripción suya es: consagrarse durante cuarenta días al ayuno, a la oración, a las vigilias. El ayuno cura la molicie, la oración alimenta el alma religiosa, las vigilias echan fuera las trampas del diablo. Después de este tiempo consagrado a estas observancias, el alma purificada y probada por tantas prácticas, llega al bautismo. Recobra fuerzas sepultándose en las aguas del Espíritu: todo lo que fue quemado por las llamas de las enfermedades renace en el rocío de la gracia del cielo… Por un nuevo nacimiento, nacemos transformados.
 
©Evangelizo.org 2001-2017
 

EDD. martes 28 de febrero de 2017.

Martes de la octava semana del tiempo ordinario

Libro de Eclesiástico 35,1-15.
Observar la Ley es como presentar muchas ofrendas y ser fiel a los mandamientos es ofrecer un sacrificio de comunión;
devolver un favor es hacer una oblación de harina y hacer limosna es ofrecer un sacrifico de alabanza.
La manera de agradar al Señor es apartarse del mal, y apartarse de la injusticia es un sacrificio de expiación.
No te presentes ante el Señor con las manos vacías, porque todo esto lo prescriben los mandamientos.
Cuando la ofrenda del justo engrasa el altar, su fragancia llega a la presencia del Altísimo.
El sacrificio del justo es aceptado y su memorial no caerá en el olvido.
Glorifica al Señor con generosidad y no mezquines las primicias de tus manos.
Da siempre con el rostro radiante y consagra el diezmo con alegría.
Da al Altísimo según lo que él te dio, y con generosidad, conforme a tus recursos,
porque el Señor sabe retribuir y te dará siete veces más.
No pretendas sobornarlo con un don, porque no lo aceptaría, y no te apoyes en un sacrificio injusto.
Porque el Señor es juez y no hace distinción de personas:
no se muestra parcial contra el pobre y escucha la súplica del oprimido;
no desoye la plegaria del huérfano, ni a la viuda, cuando expone su queja.
¿No corren las lágrimas por las mejillas de la viuda y su clamor no acusa al que las hace derramar?
 
Salmo 50(49),5-6.7-8.14.23.
“Reúnanme a mis amigos,
a los que sellaron mi alianza con un sacrificio”.
¡Que el cielo proclame su justicia,
porque el Señor es el único Juez!
“Escucha, pueblo mío, yo te hablo;
Israel, voy a alegar contra ti:
yo soy el Señor, tu Dios.
No te acuso por tus sacrificios:
¡tus holocaustos están siempre en mi presencia!
Ofrece al Señor un sacrificio de alabanza
y cumple tus votos al Altísimo;
El que ofrece sacrificios de alabanza,
me honra de verdad;
y al que va por el buen camino,
le haré gustar la salvación de Dios.»
 
Evangelio según San Marcos 10,28-31.
Pedro le dijo a Jesús: «Tú sabes que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido».
Jesús respondió: «Les aseguro que el que haya dejado casa, hermanos y hermanas, madre y padre, hijos o campos por mí y por la Buena Noticia,
desde ahora, en este mundo, recibirá el ciento por uno en casas, hermanos y hermanas, madres, hijos y, campos, en medio de las persecuciones; y en el mundo futuro recibirá la Vida eterna.
Muchos de los primeros serán los últimos y los últimos serán los primeros».
 
Leer el comentario del Evangelio por
San Francisco de Sales (1567-1622), obispo de Ginebra y doctor de la Iglesia
Introducción a la vida devota, III parte, cap. 15
 
«El ciento por uno en esta vida»
 
Los bienes que tenemos no son nuestros. Dios nos los ha dado y quiere que los hagamos útiles y fructuosos…
Despréndete siempre de alguna parte de tus haberes, dándolos de corazón a los pobres; porque dar de lo que se posee es empobrecerse algún tanto, y, cuanto más des, más pobre serás. Es cierto que Dios te lo devolverá, no sólo en el otro mundo, sino también en éste, porque nada ayuda tanto a prosperar como la limosna; siempre serás pobre de ello. ¡Oh! ¡Santa y rica pobreza la que nace de la limosna!
Ama a los pobres y a la pobreza, porque, mediante este amor, llegarás a ser verdaderamente pobre, porque, como dice la Escritura, nosotros nos volvemos como las cosas que amamos. El amor hace iguales a los amantes. ¿Quién es débil -dice San Pablo-, que yo no lo sea con él?» Y hubiera podido decir: «Quién es pobre, que yo no lo sea con él?» porque el amor le hacía ser como aquellos a quienes amaba. Si, pues, amas a los pobres, serás verdaderamente amante de su pobreza, y pobre como ellos. Ahora bien, si amas a los pobres, has de andar con frecuencia entre ellos; complácete en hablarles; no te desdeñes de que se acerquen a ti en las iglesias, en las calles y en todas partes. Seas con ellos pobre de palabra, hablándoles como una amiga, pero seas rica de manos, dándoles de tus bienes, ya que eres poseedora de riquezas.
¿Quieres hacer más…? No te contentes con ser pobre con los pobres, sino procura ser más pobre que los pobres, ¿De qué manera? «El siervo es menos que su señor». Hazte, pues, sierva de los pobres. Sírveles… con tus propias manos… a costa tuya. Este servicio es más glorioso que una realeza.
 
©Evangelizo.org 2001-2017
 

Fray Michelini: le hablaré al Papa durante los Ejercicios de cuaresma, de la humanidad de Jesús

Entrevista al fraile franciscano que guiará los ejercicios espirituales del Papa y de la Curia romana.
Fuente : https://es.zenit.org/articles/fray-michelini-en-los-ejercicios-de-cuaresma-le-hablare-al-papa-de-la-humanidad-de-jesus/
•febrero 2017•Federico Cenci•Papa y Santa Sede
(ZENIT- Roma).- Los ejercicios espirituales en los que participarán del 5 al 10 de marzo el papa Francisco y la Curia romana, en la casa Divin Maestro, en las afueras de Roma, serán realizados por un sacerdote franciscano, el fraile menor Giulio Michelini, profesor del Instituto teológico de Asís quien en esta entrevista, le cuenta a ZENIT los temas que abordará.
¿Cuándo supo que había sido elegido para realizar los Ejercicios espirituales en los que participará el papa Francisco?
— Padre Michelin: Lo supe el primer domingo de Adviento. Me llamó un colaborador del Papa para darme esta noticia y para avisarme que después el Santo Padre me iba a llamar.
¿Cómo fue la conversación telefónica con el Papa?
— Padre Michelin: El Santo Padre fue muy cortés. Le expliqué que tendría alguna dificultad en hablar delante de él y de la Curia romana; le dije también que podría aconsejar a personas más capaces que yo. El Papa me respondió: “Hagamos así, padre Julio. Siga pensando que hay personas más capaces que usted, Pero por favor háganos los Ejercicios”.
¿Ya había conocido personalmente al Santo Padre?
— Padre Michelin: Tuve la suerte de poder saludarlo y abrazarlo, pero nunca mantuve una conversación con él. La primera vez cuando vino a Asís encontró a toda la comunidad franciscana de Santa María de los Ángeles. Después en Florencia, cuando encontró a los miembros de la junta preparatoria del Congreso eclesial nacional, de la cual formaba parte. Y la tercera vez que lo vi fue en noviembre pasado, cuando junto a colegas y docentes de la Asociación bíblica italiana fuimos recibidos en audiencia en el Vaticano.
¿Qué sensación tuvo en estas tres ocasiones breves?
— Padre Michelin: Me di cuenta que el Papa no tiene miedo de las miradas, más aún las busca. Para mi es la mirada de Pedro. De hecho el título del libro que he elegido para recoger las meditaciones –que será publicado por Ediciones Porziuncola, después de los Ejercicios– es ‘Estar con Jesús, estar con Pedro‘. Para un franciscano es una experiencia particular.
Ud. indicó que para prepararse mejor a estos Ejercicios se ha retirado unos diez días en Tierra Santa.
— Padre Michelin: Durante los Ejercicios hablaré también de la humanidad de Jesús. Porque la cruz, la pasión, muerte y sepultura, hablan de la humanidad de Jesús, que debemos redescubrir.
En Cafarnaúm, donde Jesús inició la misión, se pueden encontrar vestigios de las calles que recorrió, del lago que cruzó y de la casa dónde estuvo, la de Simón. Saber que mis pies se encontraban en los mismos lugares cruzados por Jesús fue para mi conmovedor. Hay además un segundo elemento cultural: la idea de que en Tierra Santa a pesar de los conflictos, llegan visitantes y peregrinos de todo el mundo. Y para nosotros los franciscanos menores es un honor ser custodios de esta tierra.
Las meditaciones serán sobre la pasión, muerte y resurrección de Jesús de acuerdo al Evangelio de san Mateo, ¿por qué?
— Padre Michelin: Todos los Evangelios son utilizados en el tiempo de Cuaresma. Recuerdo que en la liturgia post ambrosiana prevale el Evangelio de Juan, en cambio en la romana leemos los tres evangelios sinópticos. Yo he elegido Mateo porque es el Evangelio que conozco mejor. He escrito un libro sobre este, pero lo que diré al Papa es completamente nuevo.
Usted quizo que además de sus reflexiones haya una elaborada por una pareja de esposos, y otra de una monja clarisa de clausura. ¿Por qué?
— Padre Michelin: Porque desde hace años trabajo con ellos, fue una decisión que hice sin reflexionar mucho. He escrito ocho libros con los esposos Gillini Zattoni. Ellos son expertos en las relaciones matrimoniales. De la monja clarisa en cambio, leeré una nota que me escribió, porque dará una contribución femenina y claustral, que yo no lograría dar.
¿Usará también otros textos?
— Padre Michelin: Sì. Tuve la suerte de estudiar literatura, y citaré a Romano Guardini, Massimo Gramelline, Amos Oz, Emanuel Carrére, también al Franz Kafka. Durante las refecciones leeremos en cambio una antología de textos marianos y el libro ‘Un instante antes del alba’, del padre Ibrahim Alsabagh, que cuenta lo que sucedía en la ciudad de Alepo durante la Guerra.
¿Cómo se está preparando para esta experiencia?
— Padre Michelin:  Me he detenido algunos días en el lago de Tiberíades, ahora he retornado a mi trabajo como docente. Me preparo por lo tanto con los empeños cotidianos y con la constante oración y la misa. Entretanto debo confiar que me acompaña una sensación de paz que nunca percibí antes, la cual creo sea porque muchos amigos están rezando por mi y por el

EDD. Lunes 27 de febrero de 2017.

Lunes de la octava semana del tiempo ordinario
Fuente: http://evangeliodeldia.org/main.php?language=SP&module=readings&localdate=20130123
Libro de Eclesiástico 17,20-28.
Sus injusticias no están ocultas para el Señor y todos sus pecados están delante de él.
La limosna de un hombre es para él como un sello, y tiene en cuenta un favor como la pupila de sus ojos.
Después, él se levantará para retribuirles y pondrá sobre sus cabezas la recompensa merecida.
A los que se arrepienten, les permite volver y reconforta a los que perdieron la constancia.
Vuelve al Señor y deja de pecar, suplica ante su rostro y deja de ofenderlo.
Vuelve al Altísimo, apártate de la injusticia y odia profundamente toda abominación.
¿Quién alabará al Altísimo en el Abismo, si los vivientes no le rinden homenaje?
el muerto, el que ya no existe, deja de alabarlo: el que está vivo y sano debe alabar al Señor.
Salmo 32(31),1-2.5.6.7.
¡Feliz el que ha sido absuelto de su pecado
y liberado de su falta!
¡Feliz el hombre a quien el Señor
no le tiene en cuenta las culpas,
y en cuyo espíritu no hay doblez!
Pero yo reconocí mi pecado,
no te escondí mi culpa,
pensando: “Confesaré mis faltas al Señor”.
¡Y tú perdonaste mi culpa y mi pecado!
Por eso, que todos tus fieles te supliquen
en el momento de la angustia;
y cuando irrumpan las aguas caudalosas
no llegarán hasta ellos.
Tú eres mi refugio,
tú me libras de los peligros
y me colmas con la alegría de la salvación.
Evangelio según San Marcos 10,17-27.
Cuando Jesús se puso en camino, un hombre corrió hacia él y, arrodillándose, le preguntó: «Maestro bueno, ¿qué debo hacer para heredar la Vida eterna?».
Jesús le dijo: «¿Por qué me llamas bueno? Sólo Dios es bueno.
Tú conoces los mandamientos: No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no perjudicarás a nadie, honra a tu padre y a tu madre».
El hombre le respondió: «Maestro, todo eso lo he cumplido desde mi juventud».
Jesús lo miró con amor y le dijo: «Sólo te falta una cosa: ve, vende lo que tienes y dalo a los pobres; así tendrás un tesoro en el cielo. Después, ven y sígueme».
El, al oír estas palabras, se entristeció y se fue apenado, porque poseía muchos bienes.
Entonces Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: «¡Qué difícil será para los ricos entrar en el Reino de Dios!».
Los discípulos se sorprendieron por estas palabras, pero Jesús continuó diciendo: «Hijos míos, ¡Qué difícil es entrar en el Reino de Dios!.
Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre en el Reino de Dios».
Los discípulos se asombraron aún más y se preguntaban unos a otros: «Entonces, ¿quién podrá salvarse?».
Jesús, fijando en ellos su mirada, les dijo: «Para los hombres es imposible, pero no para Dios, porque para él todo es posible».
Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.
Leer el comentario del Evangelio por
León XIII (1810-1903), papa 1878-1903
Carta encíclica “Rerum novarum”, 18-19 (trad. © Libreria Editrice Vaticana)
“Sígueme”
Los que carezcan de bienes de fortuna, aprendan de la Iglesia que la pobreza no es considerada como una deshonra ante el juicio de Dios y que no han de avergonzarse por el hecho de ganarse el sustento con su trabajo. Y esto lo confirmó realmente y de hecho Cristo, Señor nuestro, que por la salvación de los hombres se hizo pobre siendo rico(2Co 8,9); y, siendo Hijo de Dios y Dios él mismo, quiso, con todo, aparecer y ser tenido por hijo de un artesano, ni rehusó pasar la mayor parte de su vida en el trabajo manual. «¿No es acaso éste el artesano, el hijo de María?» (Mc 6,3).
Contemplando lo divino de este ejemplo, se comprende más fácilmente que la verdadera dignidad y excelencia del hombre radica en lo moral, es decir, en la virtud; que la virtud es patrimonio común de todos los mortales, asequible por igual a altos y bajos, a ricos y pobres; y que el premio de la felicidad eterna no puede ser consecuencia de otra cosa que de las virtudes y de los méritos, sean éstos de quienes fueren. Más aún, la misma voluntad de Dios parece más inclinada del lado de los afligidos, pues Jesucristo llama felices a los pobres (cf. Lc 6,20), invita amantísimamente a que se acerquen a Él, fuente de consolación, todos los que sufren y lloran (cf. Mt 11,28), y abraza con particular claridad a los más bajos y vejados por la injuria. Conociendo estas cosas, se baja fácilmente el ánimo hinchado de los ricos y se levanta el deprimido de los afligidos; unos se pliegan a la benevolencia, otros a la modestia.
 
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Texto completo del papa Francisco en el ángelus de 26 de febrero de 2017

Confiar en Dios “no resuelve mágicamente los problemas, pero nos permite afrontarlos con el animo justo”
Fuente : https://es.zenit.org/articles/texto-completo-del-papa-francisco-en-el-angelus-de-26-de-febrero-de-2017/

•26 febrero 2017•Redaccion•El papa Francisco.
(ZENIT- Ciudad del Vaticano, 26 Feb. 2017).- El papa Francisco rezó este domingo la oración del ángelus ante la plaza de San Pedro, donde estaban unos 30 mil fieles y peregrinos.

A continuación el texto completo de las palabras del Santo Padre:
“Queridos hermanos y hermanas, la página del Evangelio de hoy es un fuerte llamado a confiar en Dios, no se lo olviden, confiar en Dios, que cuida a todos los seres vivientes de la creación, provee el alimento a los animales y se preocupa de los lirios y de la hierba del campo.
Su mirada benéfica y atenta vigila cotidianamente por nuestra vida. Esta procede bajo las amenazas de tantas preocupaciones que nos ponen en riesgo de perder la serenidad y el equilibrio; aunque esta angustia frecuentemente es inútil porque no logra cambiar el curso de los eventos.
Jesús nos exhorta con insistencia a no preocuparnos por el mañana, recordándonos que sobretodo tenemos un Padre que nos ama, que no se olvida jamás de ninguno de sus hijos: confiarse a él no resuelve mágicamente los problemas, pero nos permite afrontarlos con el animo justo, con coraje. Y soy valiente porque me confío a mi Padre que cuida todo y me quiere mucho.
Dios no es un ser lejano y anónimo, sino nuestro refugio, el manantial de nuestra serenidad y de nuestra paz. Es la roca de nuestra salvación a la cual podemos aferrarnos con la seguridad de no caer; quien se aferra a Dios no cae nunca. Es nuestra defensa del mal, que siempre está al acecho.
Dios es para nosotros el gran amigo, el aliado, el Padre, pero no siempre nos damos cuenta, No nos damos cuenta que tenemos un amigo, un aliado, un padre. Preferimos apoyarnos en los bienes inmediatos y contingentes, olvidando y a veces rechazando el bien supremo, es decir el amor paterno de Dios.
Sentirlo Padre, en esta época de orfandad es muy importante. En este mundo huérfano, sentirlo Padre. Nosotros nos alejamos del amor de Dios cuando buscamos obsesivamente los bienes terrenos y las riquezas, manifestando así un amor exagerado a estas realidades.
Jesús nos dice que esta búsqueda afanosa es ilusoria y motivo de infelicidad y da a sus discípulos una regla de vida fundamental: ‘Busquen en cambio primero el Reino de Dios’.
Se trata de realizar el proyecto que Jesús anunció en el sermón de la montaña, confiando en Dios que no desilusiona como tantos amigos que nos han desilusionado. Trabajar como administradores fieles de los bienes que Él nos ha dado, incluso los terrenales, pero sin actual demasiado, como si todo, también nuestra salvación dependiera solo de nosotros.
Esta actitud evangélica pide una decisión clara, que el paso de hoy indica con precisión: ‘No se puede servir a Dios y a la riqueza’. O el Señor o los ídolos fascinantes pero ilusorios. Esta decisión que estamos llamados a cumplir repercute en todos nuestros actos, programas y empeños.
Es una decisión que debemos hacer de manera neta y que es necesario renovar continuamente, porque la tentación de reducir todo al dinero, placer y poder, nos amenazan.
Hay tantas tentaciones. Aunque honorar a estos ídolos lleva a resultados tangibles aunque fugaces, elegir a Dios no siempre muestra inmediatamente sus frutos. Es una decisión que se toma en la esperanza y que le deja a Dios la plena realización. La esperanza cristiana lleva a cumplimiento futuro de la promesa de Dios y no se detiene delante a ninguna dificultad, porque está fundada en la fidelidad de Dios, que nunca deja de cumplir. Él es fiel, es un padre, un amigo y un aliado fiel.
La Virgen María nos ayude a confiarnos al amor y a la bondad del Padre celeste, a vivir con Él y en Él. Este es el presupuesto para superar los tormentos y las adversidades de la vida, y también la persecución, como demuestra el testimonio de tantos hermanos y hermanas nuestros”.
Después de la oración del ángelus
“Queridos hermanos y hermanas, dirijo un cordial saludo a todos los peregrinos de Roma, de Italia y de los diversos países. Saludo a los fieles polacos de Varsovia y de otras localidades que han realizado una peregrinación mariana. Y de España, a los de Ciudad Real y a los jóvenes de Formentera. Saludo a los jóvenes de Cuneo, Zelarino, Mattarello y Malcesine, Fino Mornasco y Monteolimpino; a los recién Confirmados de Caravengo d’Adda, Almenno San Salvatore y Seravalle Scrivia; a los fieles de Ferrara, Latina, Sora, Roseto degli Abruzzi, Creazzo y Rivalta sul Mincio.
Saludo al grupo que ha venido por la “Jornada de las enfermedades raras”. Gracias, gracias a ustedes por todo lo que hacen, y deseo que los pacientes y sus familias sean adecuadamente apoyados en el no fácil recorrido, sea médico que legislativo. A todos les deseo un buen domingo y por favor no se olviden de rezar por mi. ‘Buon pranzo‘ y ‘Arrivederci‘”.
(Texto traducido por

Homilía para la Eucaristía del Domingo 26 de Febrero de 2017.

Gracias por las oraciones y saludos. Les deseo a todos Paz y Bien. Hno. Pastor.
Domingo VIII del Año.
www.laicoscapuchinos.cl
Isaías 49, 14-15: el Profeta anuncia de parte del Señor la reconstrucción de Sión, del Pueblo, aniquilado por la invasión de los enemigos. Dios se manifiesta como Madre para su Pueblo.
Mateo 6,24-34: el Discípulo, por haber optado por el Señor, debe esperarlo todo de El.
1.- Si pretendemos tener una visión clara de lo que nos propone y pide el Señor, tenemos que recordar lo que El nos dice en el Sermón del monte. Nos propone vivir el Reino, aceptar en nosotros la soberanía de Dios. De allí que nuestra manera de cumplir con lo que Dios quiere debe ser superior a lo de los escribas y fariseos. Y así, por ejemplo, la manera de amar ha de ser como la de Dios, ya que El es el parámetro que tenemos, no hay otro. El es lo máximo. Si esto es así, hemos de preferir al Señor por encima de cualquier cosa. El evangelio nos propone un ejemplo concreto: no endiosar el dinero. Para los paganos el dinero es un dios. Los antiguos lo llamaron “Mammón”, que se traduce por dinero, riqueza, haberes. San Pablo también nos exhorta a evitar la avaricia, ya que es una forma de idolatría, de rendirle culto a “Mammón”.(cfr. Colosenses 3,5).
2.- A nosotros el Señor nos exhorta a la fidelidad y a la confianza.
Fidelidad, ya que Dios es siempre fiel. A tal punto que en el salmo responsorial se le llama “la Roca salvadora”. Una roca es sinónimo de firmeza, estabilidad, seguridad. Lo único que le brinda seguridad al creyente es Dios, el verdadero Dios, que se manifiesta como una madre para con sus fieles. En esto está implícita la idea de Fe. Fe es sentirse seguro en Dios, la Roca que salva, y se adhiere a Él. Quien se suelta de Dios queda a la deriva, anda mal.
Confianza, que es consecuencia de lo anterior. El salmo responsorial nos dice: “Confíen en Dios constantemente…desahoguen en Él su corazón, porque Dios es nuestro refugio”. Porque le creemos debemos ser fieles, huyendo de la idolatría. Y porque creemos debemos confiar en Él, ya que el Padre (Madre) del cielo bien sabe lo que necesitamos. Se nos está exhortando a ser Providencialistas, esperarlo todo de Él, pero poniendo todo lo que está de nuestra parte.
3.- Vivimos en una sociedad pagana y adúltera, que ha hecho de “Mammón” su dios. Por este dios, que es un vulgar ídolo, se mata, se sacrifica a personas, se fabrican pobres. Dios no quiere pobres, es la idolatría del dinero la que va empobreciendo a pueblos, a países y a personas. Es la ambición la que genera la corrupción, los mega robos y tanta aflicción.
Cuando en nuestra sociedad se absolutiza el dinero, las cosas, se cae en tremendas situaciones de injusticia que claman al cielo y provocan la violencia. Por eso, es bueno que la Palabra nos recuerde todo esto.
4.- “Busquen primero el Reino de Dios y su justicia, y todo lo demás se les dará por añadidura”. He aquí la consigna: el Reino de Dios. Si en verdad nos concentráramos en el único  Absoluto, que es que Dios sea Dios entre nosotros, todo lo demás vendrá por añadidura. Para un cristiano la preocupación de las preocupaciones ha de ser el Reino de Dios. Las otras preocupaciones, legítimas sin lugar a dudas, han de estar subordinadas e iluminadas por la gran preocupación. No olvidemos que el Reino de Dios justifica y da razón de ser a todo en la vida cristiana. Y este Reino es el que ahora vamos a celebrar en este Banquete eucarístico.
Hermano Pastor Salvo Beas.