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EDD. martes 25 de abril de 2017.

http://evangeliodeldia.org/main.php?language=SP&module=readings&localdate=20170424
Fiesta de san Marcos, evangelista

Epístola I de San Pedro 5,5b-14.
Queridos hermanos:
Que cada uno se revista de sentimientos de humildad para con los demás, porque Dios se opone a los orgullosos y da su ayuda a los humildes.
Humíllense bajo la mano poderosa de Dios, para que él los eleve en el momento oportuno.
Descarguen en él todas sus inquietudes, ya que él se ocupa de ustedes.
Sean sobrios y estén siempre alerta, porque su enemigo, el demonio, ronda como un león rugiente, buscando a quién devorar.
Resístanlo firmes en la fe, sabiendo que sus hermanos dispersos por el mundo padecen los mismos sufrimientos que ustedes.
El Dios de toda gracia, que nos ha llamado a su gloria eterna en Cristo, después que hayan padecido un poco, los restablecerá y confirmará, los hará fuertes e inconmovibles.
¡A él sea la gloria y el poder eternamente! Amén.
Les escribo estas palabras por medio de Silvano, a quien considero un hermano fiel, para exhortarlos y atestiguar que esta es la verdadera gracia de Dios: permanezcan adheridos a ella.
La iglesia de Babilonia, que ha sido elegida como ustedes, los saluda, lo mismo que mi hijo Marcos.
Salúdense los unos a los otros con un beso de amor fraternal. Que descienda la paz sobre todos ustedes, los que están unidos a Cristo.
Salmo 89(88),2-3.6-7.16-17.
Cantaré eternamente el amor del Señor,
proclamaré tu fidelidad por todas las generaciones.
Porque tú has dicho:
«Mi amor se mantendrá eternamente,
mi fidelidad está afianzada en el cielo.»
El cielo celebre tus maravillas, Señor,
y tu fidelidad en la asamblea de los santos,
porque ¿quién es comparable al Señor
en las alturas?
¿quién es como el Señor entre los hijos de Dios?
¡Feliz el pueblo que sabe aclamarte!
Ellos caminarán a la luz de tu rostro;
se alegrarán sin cesar en tu Nombre,
serán exaltados a causa de tu justicia.
Evangelio según San Marcos 16,15-20.
Entonces les dijo: «Vayan por todo el mundo, anuncien la Buena Noticia a toda la creación.»
El que crea y se bautice, se salvará. El que no crea, se condenará.
Y estos prodigios acompañarán a los que crean: arrojarán a los demonios en mi Nombre y hablarán nuevas lenguas;
podrán tomar a las serpientes con sus manos, y si beben un veneno mortal no les hará ningún daño; impondrán las manos sobre los enfermos y los curarán».
Después de decirles esto, el Señor Jesús fue llevado al cielo y está sentado a la derecha de Dios.
Ellos fueron a predicar por todas partes, y el Señor los asistía y confirmaba su palabra con los milagros que la acompañaban.

Comentario del Evangelio por San Bruno de Segni (c. 1045-1123), obispo. Comentario al Evangelio de Marcos.
“El Señor trabajaba con ellos y confirmaba la Palabra”
El Señor le dijo a los Once: “Estas señales acompañarán a los que crean: en mi Nombre, echarán demonios; hablarán un nuevo lenguaje; tomarán a las serpientes con las manos y, si beben un veneno mortal, no les hará daño; le impondrán sus manos a los enfermos, y los enfermos recuperarán la salud”. En la Iglesia primitiva, todos estos signos que el Señor enumera, no solo los apóstoles, sino también muchos otros santos los cumplieron al pie de la letra. Los paganos no habrían abandonado el culto a los ídolos si la predicación evangélica no hubiera sido confirmada por tantos signos y milagros. De hecho, ¿no eran los discípulos de Cristo los que predicaban a “un Mesías crucificado, escándalo para los judíos y locura de los paganos”, según la expresión de san Pablo? (1Co 1,23)…
Pero en cuanto a nosotros, ya no necesitamos signos y prodigios: nos basta leer o escuchar la historia de los que estuvieron allí. Porque nosotros creemos en el Evangelio, creemos en lo que cuentan las Escrituras.
No obstante, aún se producen señales todos los días; y si realmente queremos prestar atención, reconoceremos que tal vez éstas tienen más valor que los milagros materiales de otros tiempos.
Cada día los sacerdotes dan el bautismo y hacen llamadas a la conversión: ¿no es eso cazar a los demonios? Cada día hablan un lenguaje nuevo cuando explican las santas Escrituras y reemplazan los antiguos escritos con la novedad del sentido espiritual. Hace huir a las serpientes, cuando quitan lo que une a los corazones de los pecadores con el vicio, por una dulce persuasión…; curan a los enfermos cuando reconcilian a Dios con sus almas inválidas por medio de sus plegarias. Tales eran los signos que el Señor había prometido para sus santos: tales son los que se realizan aún hoy en día.

El Papa en Santa Marta: ‘ Ni compromisos, ni rigidez. Es el Espíritu quien nos vuelve Libres’

Retoman las misas diarias del Santo Padre en la Casa Santa Marta
 
Fuente :  es.zenit.org
•24 abril 2017•Redaccion•El papa Francisco
 
(ZENIT – Ciudad del Vaticano, 24 Abr. 2017).- Nuestra fe es concreta y rechaza sea compromisos que idealizaciones. Lo indicó el papa Francisco este lunes al retomar las misas matutinas en la capilla de la Casa Santa Marta, a la cual participaron también los purpurados del Consejo de Cardenales que desde hoy se reúnen tres días con el Santo Padre.
 
La homilía parte del encuentro de Nicodemo con Jesús y del testimonio de Pedro y Juan después de la curación de un inválido, narrados en las lecturas del día.
 
Jesús, indica el Papa, le explica a Nicodemo con amor y paciencia que es necesario “nacer desde lo alto”, “nacer del Espíritu”, y por lo tanto cambiar de mentalidad.
 
Subrayó también la primera lectura de los Actos de los Apóstoles, donde Pedro y Juan después de sanar a un inválido “responden con simplicidad” cuando les intiman a no predicar más. Pedro responde: “No, no podemos callar lo que hemos visto y escuchado. Y proseguiremos así”.
 
Esto, aseguro el Pontífice, es “un hecho concreto” es lo “concreto de la fe “respecto a los doctores que “quieren entrar en negociados para llegar a compromisos”.
 
A veces nos olvidamos que nuestra fe es concreta: El Verbo se hizo carne y no idea. Lo concreto de la fe lleva a ser “francos”, al “testimonio hasta el martirio”.
 
Para estos Doctores de la Ley, el Verbo “no se ha hecho carne: se ha hecho ley y se debe hacer esto hasta acá y no más allá”. Y así se quedaban “enjaulados en esta mentalidad racionalista, que ha terminado con ellos, ¡eh!” Porque en la historia de la Iglesia ella ha condenado el racionalismo, el Iluminismo, aunque  tantas otras veces ha caído en una teología del ‘se puede y no se puede’, ‘hasta aquí, hasta allá’, y olvidando la fuerza, la libertad del Espíritu, este renacer del Espíritu que da la libertad, la franqueza de la predicación y el anuncio de que Jesucristo es el Señor”.
 
“Pidamos al Señor –concluyó el Papa en su homilía– tener esta experiencia del Espíritu que va y viene y nos lleva adelante, del Espíritu que nos da la unción de la fe, la unción de las cosas concretas de la fe”.
 
Porque, dijo al terminar su predicación: “‘el viento sopla donde quiere y oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así es para quien ha nacido del Espíritu’: siente la voz, sigue el viento, sigue la voz del Espíritu sin saber dónde terminará. Porque ha hecho una opción por lo concreto de la fe y el renacimiento en el Espíritu”.
 
“Que el Señor nos dé a todos nosotros –concluyó el Sucesor de Pedro– este Espíritu pascual, de ir por los caminos del Espíritu sin compromisos, sin rigideces, con la libertad de anunciar a Jesucristo como Él ha venido: en la carne”.
 

Comentario al evangelio de hoy lunes 24 de abril de 2017.

Identidad.

II Lunes de Pascua
Por: H. Iván Yoed González, L.C.
Fuente: http://es.catholic.net/op/articulos/65133/identidad.html  

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Señor, ayúdame a recordar las tantas veces en que he podido ver tu bondad en mi vida. Aumenta esa confianza que me une a Ti. Regálame la sencillez para poder mirarte con simple gratitud. Aumenta mi simplicidad y ponme frente a Ti en este instante. Quiero estar contigo.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Juan 3, 1-8
Había un fariseo llamado Nicodemo, hombre principal entre los judíos, que fue de noche a ver a Jesús y le dijo: «Maestro, sabemos que has venido de parte de Dios, como maestro; porque nadie puede hacer los signos que tú haces, si Dios no está con él».
Jesús le contestó: «Yo te aseguro que quien no renace de lo alto, no puede ver el Reino de Dios». Nicodemo le preguntó: «¿Cómo puede nacer un hombre siendo ya viejo? ¿Acaso puede, por segunda vez, entrar en el vientre de su madre y volver a nacer?».
Le respondió Jesús: «Yo te aseguro que el que no nace del agua y del Espíritu, no puede entrar en el Reino de Dios. Lo que nace de la carne, es carne; lo que nace del Espíritu, es espíritu. No te extrañes de que te haya dicho: ‘Tienen que renacer de lo alto’. El viento sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así pasa con quien ha nacido del Espíritu».
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio.
Fue de noche a ver a Jesús. Nicodemo, pobre hombre. Se movía entre los suyos pero ya no se sentía parte de ellos. Alguien había llegado a su vida; alguien había cambiado sus planes; o al menos no dejaba de interpelarlo para que lo hiciera. Cristo había pasado por su vida y él ya no podía resistir mucho más. Sin embargo, tenía miedo. Quería estar con el Señor, quería expresarle su buena voluntad; quería compartirle que tenía una pobre fe, pero que la tenía.
Sin embargo, aún no cogía valor suficiente. Estaba caminando con «prudencia»… quizá demasiada. Valiente fue a ver a Jesús, pero fue de noche. ¿Qué habría pasado si hubiese ido a encontrarlo de día? Es peligroso de verdad mostrar tu fe frente a la gente. Si el mundo no se cae, al menos tu fama, tu previa imagen, aquella por la que trabajaste tanto tiempo y por la que trabajas en cada instantepuede caer. Ahora me aprecian, me valoran, tengo una personalidad que, si bien no es querida por todos, al menos simpatiza con algunos. Y no sé qué haría si se me pidiera mostrar mi fe. En otras palabras, no sé qué pasaría si la gente supiera que creo en Ti.
Podemos pensar que Nicodemo estaba recorriendo un camino de conversión. Que el encuentro de hoy sería un paso de un futuro cambio. Pero el cambio, al final de cuentas, tendría que darse. Y si el cambio no se diera, mucho habría sido en vano… ¿tal vez todo?
¿En qué aprovecha creer a medias?, ¿no es lo mismo que no creer? Existe una cosa que se llama identidad. Ella da libertad; pero sólo si existe plenamente. Si creo en Ti, Señor, entonces ¡te pido que sea desde que mis ojos se abren por la mañana hasta cuando los cierro por la noche! Dame autenticidad; dame fuerzas. Estoy disponible. Estoy verdaderamente abierto a tu gracia.

«El verdadero protagonista de todo esto es el Espíritu Santo. Cuando Jesús habla de «nacer de nuevo», nos hace entender que es el Espíritu el que nos cambia, el que viene de cualquier parte, como el viento: escuchemos su voz. Solo el Espíritu es capaz de cambiar nuestra actitud, de cambiar la historia de nuestra vida, cambiar nuestra pertenencia.»
(Homilía de S.S. Francisco, 13 de abril de 2015, en santa Marta).

Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Buscaré hacer una oración antes de comenzar a cumplir mis tareas de cada día, para ponerme en las manos del Señor y permanecer en ellas.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

EDD. lunes 24 de abril de 2017.

http://evangeliodeldia.org/main.php?language=SP&module=readings&localdate=20170420
Lunes de la segunda semana de Pascua

Libro de los Hechos de los Apóstoles 4,23-31.
Una vez en libertad, los Apóstoles regresaron adonde estaban sus hermanos, y les contaron todo lo que les habían dicho los sumos sacerdotes y los ancianos.
Al oírlos, todos levantaron la voz y oraron a Dios unánimemente: «Señor, tú hiciste el cielo y la tierra, el mar y todo lo que hay en ellos;
tú, por medio del Espíritu Santo, pusiste estas palabras en labios de nuestro padre David, tu servidor: ¿Por qué se amotinan las naciones y los pueblos hacen vanos proyectos?
Los reyes de la tierra se rebelaron y los príncipes se aliaron contra el Señor y contra su Ungido.
Porque realmente se aliaron en esta ciudad Herodes y Poncio Pilato con las naciones paganas y los pueblos de Israel, contra tu santo servidor Jesús, a quien tú has ungido.
Así ellos cumplieron todo lo que tu poder y tu sabiduría habían determinado de antemano.
Ahora, Señor, mira sus amenazas, y permite a tus servidores anunciar tu Palabra con toda libertad:
extiende tu mano para que se realicen curaciones, signos y prodigios en el nombre de tu santo servidor Jesús».
Cuando terminaron de orar, tembló el lugar donde estaban reunidos; todos quedaron llenos del Espíritu Santo y anunciaban decididamente la Palabra de Dios.
Salmo 2,1-3.4-6.7-9.
¿Por qué se amotinan las naciones
y los pueblos hacen vanos proyectos?
Los reyes de la tierra se sublevan,
y los príncipes conspiran
contra el Señor y contra su Ungido:
«Rompamos sus ataduras,
librémonos de su yugo.»
El que reina en el cielo se sonríe;
el Señor se burla de ellos.
Luego los increpa airadamente
y los aterra con su furor:
«Yo mismo establecí a mi Rey
en Sión, mi santa Montaña.»
Voy a proclamar el decreto del Señor:
El me ha dicho: «Tú eres mi hijo,
yo te he engendrado hoy.»
«Pídeme, y te daré las naciones como herencia,
y como propiedad, los confines de la tierra.»
Los quebrarás con un cetro de hierro,
los destrozarás como a un vaso de arcilla»
Evangelio según San Juan 3,1-8.
Había entre los fariseos un hombre llamado Nicodemo, que era uno de los notables entre los judíos.
Fue de noche a ver a Jesús y le dijo: «Maestro, sabemos que tú has venido de parte de Dios para enseñar, porque nadie puede realizar los signos que tú haces, si Dios no está con él».
Jesús le respondió: «Te aseguro que el que no renace de lo alto no puede ver el Reino de Dios. »
Nicodemo le preguntó: «¿Cómo un hombre puede nacer cuando ya es viejo? ¿Acaso puede entrar por segunda vez en el seno de su madre y volver a nacer?».
Jesús le respondió: «Te aseguro que el que no nace del agua y del Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios.
Lo que nace de la carne es carne, lo que nace del Espíritu es espíritu.
No te extrañes de que te haya dicho: ‘Ustedes tienen que renacer de lo alto’.
El viento sopla donde quiere: tú oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni adónde va. Lo mismo sucede con todo el que ha nacido del Espíritu».
Comentario del Evangelio por San Justino (c. 100-160), filósofo y mártir. Primera apología (trad. cf. breviario, 3º miércoles de Pascua).
El primer testimonio histórico del bautismo cristiano, en Roma, a mediados del siglo segundo.
Vamos a exponeros de qué manera, renovados por Cristo, nos hemos consagrado a Dios… A quienes aceptan y creen que son verdad las cosas que enseñamos y exponemos, y prometen vivir de acuerdo con estas enseñanzas, les instruimos para que oren a Dios, con ayunos, y pidan perdón de sus pecados pasados, mientras nosotros, por nuestra parte, oramos y ayunamos también juntamente con ellos. Luego los conducimos a un lugar donde hay agua, para que sean regenerados del mismo modo que fuimos regenerados nosotros. Entonces reciben el baño del bautismo en el nombre de Dios, Padre y Soberano del universo, y de nuestro Salvador Jesucristo, y del Espíritu Santo.
Pues Cristo dijo: “El que no nazca de nuevo, no podrá entrar en el reino de los cielos”. Ahora bien, es evidente para todos que no es posible, una vez nacidos, volver a entrar en el seno de nuestras madres. También el profeta Isaías nos dice de qué modo pueden librarse de sus pecados quienes pecaron y quieren convertirse: “Lavaos, purificaos, apartad de mi vista vuestras malas acciones. Cesad de obrar mal, aprended a obrar bien… Venid y litigaremos, dice el Señor, Aunque vuestros pecados sean rojos como escarlata, quedarán como lana” (Is 1,16ss)… Los apóstoles nos explican la razón de todo esto. En nuestra primera generación, fuimos engendrados de un modo inconsciente por nuestra parte, y por una ley natural y necesaria, por la acción del germen paterno en la unión de nuestros padres… Mas, para que tengamos también un nacimiento, no ya fruto de la necesidad natural e inconsciente, sino de nuestra libre i consciente elección, y lleguemos a obtener el perdón de nuestros pecados pasados, se pronuncia, sobre quienes desean ser regenerados y se convierten de sus pecados, mientras están en el agua, el nombre de Dios, Padre y Soberano del universo, único nombre que invoca el ministro cuando introduce en el agua al que va a ser bautizado. Nadie, en efecto, es capaz de de poner nombre al Dios inefable, y si alguien se atreve a decir que hay un nombre que expresa lo que es Dios es que está rematadamente loco.
A este baño lo llamamos “iluminación” para dar a entender que los que son iniciados en esta doctrina quedan iluminados. También se invoca sobre el que ha de ser iluminado el nombre de Jesucristo, que fue crucificado bajo Poncio Pilato, y el nombre del Espíritu Santo que, por medio de los profetas, anunció de antemano todo lo que se refiere a Jesús.

Regina Coeli: la misericordia, un “modo de conocimiento” que abre el espíritu y el corazón

Domingo de la octava de Pascua (traducción íntegra)
https://es.zenit.org/articles/regina-coeli-la-misericordia-un-modo-de-conocimiento-que-abre-el-espiritu-y-el-corazon/
Regina Caeli, 23/04/2017, CTV

Regina Caeli, 23/04/2017, CTV

(ZENIT- Ciudad del Vaticano). – La misericordia es un “verdadero modo de conocimiento”, ha asegurado el papa Francisco en el Regina Coeli del 23 de abril de 2017, Domingo de la divina misericordia: abre “la puerta del espíritu” y la “puerta del corazón”.
“Sabemos que le conocemos a través de diferentes formas: los sentidos, la intuición, la razón… Lo podemos conocer también a través de la experiencia de la misericordia” ha declarado el papa en la introducción de la oración mariana en la plaza San Pedro, en el segundo domingo de Pascua.
“La misericordia, lo que persigue, es hacernos comprender que la violencia, el rencor, la venganza no tienen ningún sentido”, y que la “primera víctima” es “aquel que vive de estos sentimientos”. La misericordia también permite “expresar la cercanía sobre todo hacía aquellos que están solos y marginados… Favorece el reconocimiento de aquellos que tienen necesidad de ser consolados y hace encontrar las palabras adaptadas para reconfortarles”.
Y el papa concluye: “No olvidemos nunca que la misericordia es la piedra clave en la vida de fe y la forma concreta a través de la cual hacemos visible la resurrección de Jesús”.
AK/RA
Palabras del papa antes del Regina Coeli
Queridos hermanos y hermanas, buenos días!
Cada domingo, hacemos memoria de la resurrección del Señor Jesús, pero en este periodo de después de Pascua, el domingo reviste un significado más claro. En la tradición de la Iglesia, a este domingo después de Pascua, se le denomina “in albis”. Qué significa esto? La expresión intenta recordar el rito que cumplían aquellos que habían recibido el bautismo en la Vigilia pascual. A cada uno de ellos se les ponía una ropa blanca – “alba”, blanca – para indicar su nueva dignidad de hijos de Dios. Hoy aún se sigue haciendo lo mismo; se les ofrece a los recién nacidos una pequeña ropa simbólica, mientras que los adultos se ponen uno de verdad, como lo hemos visto en la Vigilia pascual. Esta ropa blanca, en el pasado, se llevaba durante una semana hasta el domingo in albis. Y de ahí deriva el nombre in albis deponendis, que significa el domingo en el cuál se quitan la ropa blanca. Y una vez quitada la ropa, los neófitos comenzaban su nueva vida en Cristo y en la Iglesia.
Hay otra cosa: en el Jubileo del año 2000, San Juan Pablo II estableció que este domingo seria dedicado a la Divina Misericordia. Es verdad. Esto ha sido una bonita intuición, ha sido el Espíritu Santo quién le ha inspirado! Hace unos meses, hemos concluido el Jubileo extraordinario de la Misericordia y este domingo nos invita a retomar con fuerza la gracia que viene de la misericordia de Dios.
El Evangelio de hoy es el relato de la aparición de Cristo resucitado a los discípulos reunidos en el cenáculo (cf. Jn 20, 19-31). San Juan escribe que Jesús, después de haber saludado a sus discípulos, les dice: “Lo mismo que el Padre me ha enviado, así también os envío”. Dicho esto sopló sobre ellos y les dijo: “Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les serán perdonados; a quienes se los retengáis, les serán retenidos” (vv. 21-23). Es el sentido de la misericordia, presentada el día de la resurrección de Jesús como perdón de los pecados. Jesús resucitado, ha transmitido a su Iglesia, como primera misión, su propia misión de llevar a todos el anuncio concreto del perdón. Es el primer deber: anunciar el perdón. Este signo visible de su misericordia conlleva en él la paz del corazón y la alegría del encuentro renovado en con el Señor.
La misericordia a la luz de la Pascua se deja percibir como una verdadera forma de conocimiento. Es importante: la misericordia es un modo verdadero de conocimiento. Sabemos que la conocemos a través de diferentes formas: el sentido, la intuición, la razón y otros. Se la puede conocer también a través de la experiencia de la misericordia, porque la misericordia abre la puerta del espíritu para comprender mejor el misterio de Dios y de nuestra existencia personal. La misericordia nos hace comprender que la violencia, el rencor, la venganza no tienen ningún sentido y la primera víctima es aquel que vive de estos sentimientos, porque se priva de su dignidad. La misericordia también abre la puerta del corazón y permite expresar la cercanía sobre todo hacia aquellos que están solos y marginados, porque les hace sentirse hermanos y hermanas de un solo Padre. Favorece el reconocimiento de aquellos que tienen necesidad de consuelo y hace encontrar palabras que les reconforten.
Hermanos y hermanas, la misericordia calienta el corazón y le hace sensible a las necesidades de los hermanos, a través del compartir y la participación. La misericordia, en definitiva, compromete a todos a ser instrumentos de justicia, de reconciliación y de paz. No olvidemos nunca que la misericordia es la piedra clave en la vida de fe y la forma concreta a través de la cuál hacemos visible la resurrección de Jesús.
Que María, la Madre de Misericordia, nos ayude a creer y a vivir con alegría esto.
© Traducción de ZENIT, Raquel Anillo

Texto completo del papa Francisco en la basílica de San Bartolomé, santuario de los mártires del siglo XX y XXI.

La Iglesia es Iglesia, si es Iglesia de mártires.
Fuente :   https://es.zenit.org/articles/texto-completo-del-papa-francisco-en-la-basilica-de-san-bartolome-santuario-de-los-martires-del-siglo-xx-y-xxi/

(ZENIT – Roma, 22 Abr. 2017).- En la basílica de San Bartolomé en la Isla Tiberina, el papa Francisco presidió esta tarde una liturgia de la palabra en memoria de los nuevos mártires del siglo XX y XXI, con la Comunidad de San Egidio.
A continuación la homilía que pronunció el Santo Padre:
Hemos venido como peregrinos a esta basílica de San Bartolomé en la Isla Tiberina, donde la historia antigua del martirio se une a la memoria de los nuevos mártires, de tantos cristianos asesinados por las absurdas ideologías del siglo pasado y asesinados también hoy porque eran discípulos de Jesús.
El recuerdo de estos heroicos testimonios antiguos y recientes nos confirma en la conciencia de que la Iglesia es Iglesia si es Iglesia de mártires. Y los mártires son aquellos que como nos recordó el Libro del Apocalipsis, “vienen de la gran tribulación y han lavado sus vestidos, volviéndolos cándidos en la sangre del cordero”.
Ellos tuvieron la gracia de confesar a Jesús hasta el final, hasta la muerte. Ellos sufren, ellos dan la vida, y nosotros recibimos la bendición de Dios por su testimonio. Y existen también tantos mártires escondidos, esos hombres y esas mujeres fieles a la fuerza humilde del amor, a la voz del Espíritu Santo, que en la vida de cada día buscan ayudar a los hermanos y de amar a Dios sin reservas.
Si miramos bien, la causa de toda persecución es el odio del príncipe de este mundo hacia cuantos han sido salvados y redimidos por Jesús con su muerte y con su resurrección.
En el pasaje del Evangelio que hemos escuchado (Cfr. Jn 15,12-19) Jesús usa una palabra fuerte y escandalosa: la palabra “odio”. Él, que es el maestro del amor, a quien gustaba mucho hablar de amor, habla de odio. Pero Él quería siempre llamar las cosas por su nombre. Y nos dice: “No se asusten. El mundo los odiará; pero sepan que antes de ustedes, me ha odiado a mí”.
“Jesús nos ha elegido y nos ha rescatado, por un don gratuito de su amor. Con su muerte y resurrección nos ha rescatado del poder del mundo, del poder del diablo, del poder del príncipe de este mundo. Y el origen del odio es este: porque nosotros hemos sido salvados por Jesús, y el príncipe de este mundo esto no lo quiere, él nos odia y suscita la persecución, que desde los tiempos de Jesús y de la Iglesia naciente continúa hasta nuestros días. Cuántas comunidades cristianas hoy son objeto de persecución! ¿Por qué? A causa del odio del espíritu del mundo”.
Cuántas comunidades cristianas hoy son objeto de persecución. ¿Por qué? A causa del odio del espíritu del mundo. Cuántas veces en momentos difíciles de la historia se ha escuchado decir: ‘Hoy la patria necesita héroes’. El mártir puede ser pensado como un héroe, pero la cosa fundamental del mártir es que fue un ‘agraciado’: es la gracia de Dios, no el coraje lo que nos hace mártires.
Hoy del mismo modo se puede interrogar: ‘¿Qué cosa necesita hoy la Iglesia?’. Mártires, testimonios, es decir, Santos, aquellos de la vida ordinaria, porque son los Santos los que llevan adelante a la Iglesia. ¡Los Santos!, sin ellos la Iglesia no puede ir adelante. La Iglesia necesita de los Santos de todos los días llevada adelante con coherencia; pero también de aquellos que tienen la valentía de aceptar la gracia de ser testigos hasta el final, hasta la muerte.
Todos ellos son la sangre viva de la Iglesia. Son los testimonios que llevan adelante la Iglesia; aquellos que atestiguan que Jesús ha resucitado, que Jesús está vivo, y lo testifican con la coherencia de vida y con la fuerza del Espíritu Santo que han recibido como don”.
Yo quisiera, hoy, añadir un ícono más, en esta iglesia. Una mujer, no se su nombre pero ella nos mira desde el cielo. Estaba en Lesbos, saludaba a los refugiados y encontré un hombre de 30 años con tres niños que me ha dicho: “Padre yo soy musulmán, pero mi esposa era cristiana. A nuestro país han venido los terroristas, nos han visto y nos han preguntado cuál era la religión que practicábamos. Han visto el crucifijo, y nos han pedido tirarlo al piso. Mi mujer no lo hizo y la han degollado delante de mí. Nos amábamos mucho.
Este es el ícono que hoy les traigo como regalo aquí. No sé si este hombre está todavía en Lesbos o ha logrado ir a otra parte. No sé si ha sido capaz de huir de ese campo de concentración porque los campos de refugiados, muchos de ellos son campos de concentración, debido a la cantidad de gente que es abandonada allí.
Y los pueblos generosos que los acogen, que tienen que llevar adelante este peso, porque los acuerdos internacionales parecen ser más importantes que los derechos humanos. Y este hombre no tenía rencor. Él era musulmán y tenía esta cruz de dolor llevada sin rencor. Se refugiaba en el amor hacia su mujer, agraciada con el martirio.
Recordar estos testimonios de la fe y orar en este lugar es un gran don. Es un don para la Comunidad de San Egidio, para la Iglesia de Roma, para todas las comunidades cristianas de esta ciudad, y para tantos peregrinos. La herencia viva de los mártires nos dona hoy a nosotros paz y unidad.
Ellos nos enseñan que, con la fuerza del amor, con la mansedumbre, se puede luchar contra la prepotencia, la violencia, la guerra y se puede realizar con paciencia la paz. Y entonces podemos orar así: «Oh Señor, haznos dignos testimonios del Evangelio y de tu amor; infunde tu misericordia sobre la humanidad; renueva tu Iglesia, protege a los cristianos perseguidos, concede pronto la paz al mundo entero. A ti Señor la Gloria y a nosotros la vergüenza.

EDD. sábado 22 de abril de 2017.

Fuente :  http://www.eucaristiadiaria.cl/dia_cal.php?fecha=2017-04-22
Sábado de la octava de Pascua
FERIA
Color: blanco
Antífona de entrada            Sal 104, 43
El Señor hizo salir a su pueblo con alegría y a sus elegidos entre cantos de triunfo. Aleluya.
Gloria.
ORACIÓN COLECTA
Dios nuestro, que haces crecer el número de quienes creen en ti con la abundancia de tu gracia, mira con bondad a tus elegidos y reviste de feliz inmortalidad a los que han renacido por el bautismo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.
LITURGIA DE LA PALABRA
Primera lectura
No podemos callar lo que hemos visto y oído.
Lectura de los Hechos de los Apóstoles   4, 13-21
Los miembros del Sanedrín estaban asombrados de la seguridad con que Pedro y Juan hablaban, a pesar de ser personas poco instruidas y sin cultura. Reconocieron que eran los que habían acompañado a Jesús, pero no podían replicarles nada, porque el hombre que había sido sanado estaba de pie, al lado de ellos.
Entonces les ordenaron salir del Sanedrín y comenzaron a deliberar, diciendo: ¿Qué haremos con estos hombres? Porque no podemos negar que han realizado un signo bien patente, que es notorio para todos los habitantes de Jerusalén. A fin de evitar que la cosa se divulgue más entre el pueblo, debemos amenazarlos, para que de ahora en adelante no hablen de ese Nombre.
Los llamaron y les prohibieron terminantemente que dijeran una sola palabra o enseñaran en el Nombre de Jesús. Pedro y Juan les respondieron: Juzguen si está bien a los ojos del Señor que les obedezcamos a ustedes antes que a Dios. Nosotros no podemos callar lo que hemos visto y oído.
Después de amenazarlos nuevamente, los dejaron en libertad, ya que no sabían cómo castigarlos, por temor al pueblo que alababa a Dios al ver lo que había sucedido.
Salmo responsorial   117, 1. 14-16. 18-21
R/. Te doy gracias, Señor, porque me escuchaste.
¡Den gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterno su amor! El Señor es mi fuerza y mi protección; Él fue mi salvación. Un grito de alegría y de victoria resuena en las carpas de los justos.
La mano del Señor hace proezas, la mano del Señor es sublime, la mano del Señor hace proezas. El Señor me castigó duramente, pero no me entregó a la muerte.
Abran las puertas de la justicia y entraré para dar gracias al Señor. Esta es la puerta del Señor: sólo los justos entran por ella. Yo te doy gracias porque me escuchaste y fuiste mi salvación.
EVANGELIO
Aclamación al Evangelio  Sal 117, 24
Aleluya.
Éste es el día que hizo el Señor: alegrémonos y regocijémonos en él. Aleluya.
EVANGELIO
Vayan por el mundo, anuncien la Buena Nueva.
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos   16, 9-15
Jesús, que había resucitado a la mañana del primer día de la semana, se apareció primero a María Magdalena, aquélla de quien había echado siete demonios. Ella fue a contarlo a los que siempre lo habían acompañado, que estaban afligidos y lloraban. Cuando la oyeron decir que Jesús estaba vivo y que lo había visto, no le creyeron.
Después, se mostró con otro aspecto a dos de ellos, que iban caminando hacia un poblado. Y ellos fueron a anunciarlo a los demás, pero tampoco les creyeron.
Enseguida, se apareció a los Once, mientras estaban comiendo, y les reprochó su incredulidad y su obstinación porque no habían creído a quienes lo habían visto resucitado. Entonces les dijo: Vayan por todo el mundo, anuncien la Buena Noticia a toda la creación.
Fuente : http://homiletica.org/legionarios/legionariosdecristoD0181.htm

Meditación :

“Tristes y llorosos” nos dice el Evangelio que estaban tus discípulos, Señor. Me pones a pensar con ello, si acaso no me estoy aferrando a un cristianismo de pesar y de dolor, y por lo tanto, dudando de tu Resurrección.
Hemos de vivir en su totalidad el Misterio Pascual, sin desconectar Pasión y Muerte, de Resurrección. Podría ser que nos sintiéramos muy identificados con la primera y hasta nos gustara estar “tristes y llorosos”, sólo sufriendo con Jesús, sin pensar que estaríamos viviendo así una religión sin perspectiva, ajenos a la luz del triunfo de la Resurrección. Así iríamos caminando por el mundo como cristianos tristes, y sin querer, contagiando pesar y sufrimiento, sin dar a conocer el mensaje total del Evangelio, que culmina con la alegría y el gozo de la Resurrección…
Reflexión apostólica :
Una espiritualidad en la misión.
Cuando la Iglesia, o el Regnum Christi o cualquier organización apostólica nos ofrecen los medios para realizar el apostolado, nos están regalando una ocasión excelente para obtener también la verdadera alegría y la oportunidad de vivir un cristianismo integral.
Aceptemos pues la invitación y vayamos a compartir con otros el don recibido.
Propósito :

Ponerme de acuerdo con mi familia para dar a conocer el Evangelio juntos.

Homilía para la Eucaristía del domingo 23 de abril de 2017

Paz y Bien en este hermoso día de la Misericordia. Pastor.
Fuente :  https://www.laicoscapuchinos.cl/laicos/index.php/2017/04/21/homilia-para-la-eucaristia-del-domingo-23-de-abril-de-2017/

PASCUA II.

Hechos 2,42-47: se trazan los rasgos característicos y esenciales de la comunidad de los discípulos: gira en torno a la actividad apostólica, unidad de vida y vida cúltica.

1Pedro 1,3-9: la vida cristiana centrada en la fe que se basa en la Resurrección de Jesucristo. Toda la vida del creyente es una vida en fe.

Juan 20, 19-31: dos manifestaciones del resucitado y dos aspectos muy ligados: discipulado y fe. Los discípulos son reforzados por el don del Espíritu Santo que les comunica Jesús resucitado. La fe es afirmada por el mismo Señor.

1.- El Señor Resucitado se hace presente en medio de los suyos, de los discípulos, que por fin creen en la resurrección. La fe en Cristo resucitado es la causa y razón  de ser de la  vida y comunidad de los discípulos. La comunidad de los discípulos no es producto de un acuerdo de los mismos, sino el resultado de una convocación. Es el Señor resucitado quien reúne, convoca y constituye a la comunidad de los creyentes. El Señor es quien comunica su Espíritu a los suyos para que puedan vivir esta fe.

La carta de Pedro nos dice que gracias a la fe el poder de Dios (es decir, el Espíritu Santo) los conserva para la salvación.

2.- La comunidad cristiana es una comunidad de fe, no una comunidad de amigos, de socios, de gente a quienes les une algunos intereses comunes. No. A nosotros nos une la fe en Nuestro Señor Jesucristo resucitado; tenemos fe en Aquel que Dios Padre rescató del poder de la muerte. De modo que los cristianos, resucitados con  Cristo en el bautismo, tenemos y debemos tener un estilo de vida nuevo, de resucitados. Estilo de vida que se nos propone en el libro de los Hechos de los Apóstoles, estilo que se resume en una sola expresión: “Koinonía”, que se puede traducir por Comunión. Comunión de Fe: la de los Apóstoles.

                     Comunión de vida: compartiendo los bienes.

                     Comunión de culto: en la Fracción del pan o Eucaristía.

Este debe ser el estilo de vida de los cristianos, este es el estilo que muestra que es verdad que Cristo es el Resucitado.

3.- El mundo y su cultura es un desafío permanente para nosotros los creyentes. El mundo es el lugar del materialismo, del individualismo, la cultura de la muerte. Se habla de un mundo globalizado, pero está cada vez más fragmentado. Se habla de un mundo que ha adquirido muchos conocimientos científicos, pero es una sociedad líquida, inestable.

Ante esta realidad poco halagüeña, de muerte, nosotros presentamos una vida de fe en el Señor resucitado, viviendo la verdadera unidad, la unidad en la diversidad, como es Dios.

Hoy es también el Domingo de la Misericordia, ya que en Cristo se ha manifestado la misericordia exquisita de Dios. Pero la comunidad de los creyentes debe ser el sacramento de la misericordia viviendo la koinonía, la comunión en la diversidad, lo que supone y exige de cada uno de nosotros mucha misericordia.

4.- Felices los que creen. Felices los que saben que el Señor es bueno, que es eterno su amor, que se ha manifestado en Jesucristo, vencedor de la muerte.

Nosotros creemos en El, contra toda corriente adversa como encontramos hoy en el mundo. Esta fe nos une y nos convoca para celebrar la comunión, expresada en la Eucaristía. El misterio de la Iglesia es un misterio de Comunión que tenemos que vivir y expresar. De allí el interés porque todos hagan la Comunión.

                                                                 Hermano Pastor Salvo Beas.

Comentario al evangelio de hoy viernes 21 de abril de 2017.

Echad la red otra vez y encontraréis

Viernes de Pascua. 
Otra vez Cristo se asoma a nuestras vidas para dejarse ver de quien tiene los ojos con fe. 
Por: Edgar Pérez
Fuente:  http://es.catholic.net/op/articulos/14714/echad-la-red-otra-vez-y-encontraris.html

Del santo Evangelio según san Juan 21, 1-14
Después de esto, se manifestó Jesús otra vez a los discípulos a orillas del mar de Tiberíades. Se manifestó de esta manera. Estaban juntos Simón Pedro, Tomás, llamado el Mellizo, Natanael, el de Caná de Galilea, los de Zebedeo y otros dos de sus discípulos. Simón Pedro les dice: «Voy a pescar». Le contestan ellos: «También nosotros vamos contigo». Fueron y subieron a la barca, pero aquella noche no pescaron nada. Cuando ya amaneció, estaba Jesús en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús. Díceles Jesús: «Muchachos, ¿no tenéis pescado?» Le contestaron: «No». El les dijo: «Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis». La echaron, pues, y ya no podían arrastrarla por la abundancia de peces. El discípulo a quien Jesús amaba dice entonces a Pedro: «Es el Señor», se puso el vestido – pues estaba desnudo – y se lanzó al mar. Los demás discípulos vinieron en la barca, arrastrando la red con los peces; pues no distaban mucho de tierra, sino unos doscientos codos. Nada más saltar a tierra, ven preparadas unas brasas y un pez sobre ellas y pan. Díceles Jesús: «Traed algunos de los peces que acabáis de pescar». Subió Simón Pedro y sacó la red a tierra, llena de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y, aun siendo tantos, no se rompió la red. Jesús les dice: «Venid y comed». Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: «¿Quién eres tú?», sabiendo que era el Señor. Viene entonces Jesús, toma el pan y se lo da; y de igual modo el pez. Esta fue ya la tercera vez que Jesús se manifestó a los discípulos después de resucitar de entre los muertos.
Oración introductoria
Jesucristo, ¡qué privilegio tuvieron tus apóstoles! Ellos pudieron hablar, comer, convivir contigo. Cara a cara. Ayúdame a darme cuenta, en esta oración, que yo no estoy tan lejos de poder tener esta misma experiencia, porque Tú siempre sales a mi encuentro, me ofreces el alimento de la Eucaristía y me hablas por medio de tu Palabra. Dame tu gracia para poder escucharte, Señor.
Petición
Dame el ímpetu y el liderazgo de Pedro, que supo reconocerte a pesar de su debilidad.
Meditación del Papa Francisco
Recordémoslo bien todos: no se puede anunciar el Evangelio de Jesús sin el testimonio concreto de la vida. Quien nos escucha y nos ve, debe poder leer en nuestros actos eso mismo que oye en nuestros labios, y dar gloria a Dios. Me viene ahora a la memoria un consejo que San Francisco de Asís daba a sus hermanos: predicad el Evangelio y, si fuese necesario, también con las palabras. Predicar con la vida: el testimonio. La incoherencia de los fieles y los Pastores entre lo que dicen y lo que hacen, entre la palabra y el modo de vivir, mina la credibilidad de la Iglesia.

Pero todo esto solamente es posible si reconocemos a Jesucristo, porque es él quien nos ha llamado, nos ha invitado a recorrer su camino, nos ha elegido. Anunciar y dar testimonio es posible únicamente si estamos junto a él, justamente como Pedro, Juan y los otros discípulos estaban en torno a Jesús resucitado, como dice el pasaje del Evangelio de hoy; hay una cercanía cotidiana con él, y ellos saben muy bien quién es, lo conocen. El evangelista subraya que “ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era, porque sabían bien que era el Señor”. Y esto es un punto importante para nosotros: vivir una relación intensa con Jesús, una intimidad de diálogo y de vida, de tal manera que lo reconozcamos como “el Señor”. ¡Adorarlo!» (Homilía de S.S. Francisco, 14 de abril de 2013).
Reflexión
Como la primera vez. Otra vez Cristo se asoma a la rivera de nuestras vidas para dejarse ver de quien tiene los ojos sublimados por la fe. Y sin exigir nada. Sin obligar a nadie. Sólo se deja ver dando.
Pedro había regresado a su antiguo oficio. Quizás así podía asimilar todo lo que había vivido durante esos intensos días de pascua. Le remordería la amargura terrible de la traición. ¿Qué lo diferenciaba de Judas hasta ese momento? Fue a pescar, pues, con otros. Y no obtuvo nada. Como la primera vez en que vio a Cristo junto al mar de su vida.
Ahora nuevamente el Señor se le presenta y no lo conoce. Están todos fatigados y malhumorados. Nadie puede sentir paz cuando no tiene a Cristo dentro. En ese momento el Señor les habla: «¿tenéis peces?» Podrían no haberle hecho caso. Pero optan por una elemental educación. Responden: «¡No!» Ahora el desconocido les señala cómo obtenerlas: «Echad…» Pudieron no haberle hecho caso.
¿Quién era ése para decirles lo que ellos bien sabían hacer? El hecho es que le hacen caso, hacen un acto de fe, como la primera vez en que Pedro en Su Nombre echó las redes. Ahora lo hacían sabiendo que no era momento de peces. Y, ¡cuál fue su sorpresa! Porque quien confía en el Señor no puede no recibir más de lo que espera. Es por eso que Juan lo reconoce: «¡Es el Señor!» Porque han creído al Desconocido y han sido premiados con la fe en Él.
Pedro, que pudo seguir el mismo derrotero de Judas se deja llevar por su corazón, un corazón que añoraba al Señor y su misericordia. Se tira al agua y no espera llegar con la barca. Está ansioso de estar junto al Señor. Ha comprendido en qué consiste ser pecador y dejarse amar por el Señor que lo busca con su perdón. Porque primero ha creído en alguien que no sabía quién era en ese momento. Cuando ve lo que puede su fe, no puede no pedir misericordia del Señor, como la primera vez. Y como Cristo quería peces, es Pedro quien saca las redes, símbolo de las almas del apóstol. Ha sido Cristo el que ha dado los frutos ciertamente, pero ellos han secundado su acción. Pedro le ofrece los peces. Pero antes ya le ha ofrecido su corazón. Por eso tuvo los peces, porque se dejó pescar del Señor.
Propósito
Hacer una oración especial por todos aquellos que han perdido la fe.
Diálogo con Cristo
Señor, tengo una enorme necesidad de encontrarme con tu amor redentor. Aumenta mi fe para saber reconocerte en la Eucaristía, en la oración, en las demás personas, en los incidentes de mi día a día. Mi testimonio es lo que más puede valer en la Nueva Evangelización, así que ayúdeme a ser coherente, que no me olvide que nada convence tanto como la caridad auténtica, hecha disponibilidad, servicio y entrega a los demás.
El Viernes Santo, empezó la Novena a la Divina Misericordia. cuya fiesta se celebra el domingo siguiente a la Resurrección.
Segundo Domingo de Pascua o de la Divina Misericordia 
«En nuestros tiempos, muchos son los fieles cristianos de todo el mundo que desean exaltar esa misericordia divina en el culto sagrado y de manera especial en la celebración del misterio pascual, en el que resplandece de manera sublime la bondad de Dios para con todos los hombres.
Acogiendo pues tales deseos, el Sumo Pontífice Juan Pablo II se ha dignado disponer que en el Misal Romano, tras el título del Segundo Domingo de Pascua, se añada la denominación «o de la Divina Misericordia» ….. » (Fragmento del Decreto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, de 5 de mayo de 2000.
Indulgencias en el Segundo Domingo de Pascua o de la Divina Misericordia:
«Se concede la indulgencia plenaria, con las condiciones habituales (confesión sacramental, comunión eucarística y oración por las intenciones del Sumo Pontífice) al fiel que, en el domingo segundo de Pascua, llamado de la Misericordia divina, en cualquier iglesia u oratorio, con espíritu totalmente alejado del afecto a todo pecado, incluso venial, participe en actos de piedad realizados en honor de la Misericordia divina, o al menos rece, en presencia del santísimo sacramento de la Eucaristía, públicamente expuesto o conservado en el Sagrario, el Padrenuestro y el Credo, añadiendo una invocación piadosa al Señor Jesús misericordioso (por ejemplo, «Jesús misericordioso, confío en ti»)».

EDD. viernes 21 de abril de 2017.

Fuente :  http://www.eucaristiadiaria.cl/dia_cal.php?fecha=2017-04-21
Viernes de la octava de Pascua
FERIA
Color: blanco
Antífona de entrada Cf. Sal 77, 53
El Señor hizo salir de Egipto a su pueblo y lo llevó por un camino seguro; el mar sepultó a sus enemigos. Aleluya.
Gloria.
ORACIÓN COLECTA
Dios todopoderoso y eterno, que estableciste el misterio pascual como alianza de la reconciliación humana, concédenos manifestar en las obras lo que celebramos con fe. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

LITURGIA DE LA PALABRA

Primera lectura
No existe otro Nombre por el cual podamos salvarnos.
Lectura de los Hechos de los Apóstoles 4, 1-12
Mientras los Apóstoles hablaban al pueblo, se presentaron ante ellos los sacerdotes, el jefe de los guardias del Templo y los saduceos, irritados de que predicaran y anunciaran al pueblo la resurrección de los muertos cumplida en la persona de Jesús. Estos detuvieron a los Apóstoles y los encarcelaron hasta el día siguiente, porque ya era tarde.
Muchos de los que habían escuchado la Palabra abrazaron la fe, y así el número de creyentes, contando sólo los hombres, se elevó a unos cinco mil.
Al día siguiente, se reunieron en Jerusalén los jefes de los judíos, los ancianos y los escribas, con Anás, el Sumo Sacerdote, Caifás, Juan, Alejandro y todos los miembros de las familias de los sumos sacerdotes. Hicieron comparecer a los Apóstoles y los interrogaron:
¿Con qué poder o en nombre de quién ustedes hicieron eso?
Pedro, lleno del Espíritu Santo, dijo: Jefes del pueblo y ancianos, ya que hoy se nos pide cuenta del bien que hicimos a un enfermo y de cómo fue sanado, sepan ustedes y todo el pueblo de Israel: este hombre está aquí sano delante de ustedes por el nombre de nuestro Señor Jesucristo de Nazaret, al que ustedes crucificaron y Dios resucitó de entre los muertos. Él es la piedra que ustedes, los constructores, han rechazado, y ha llegado a ser la piedra angular. Porque en ningún otro existe la salvación, ni hay bajo el cielo otro Nombre dado a los hombres, por el cual podamos salvarnos.
Salmo responsorial   117, 1-2.4. 22-27a
R/. ¡Den gracias al Señor porque es bueno, porque es eterno su amor!
Que lo diga el pueblo de Israel: ¡es eterno su amor! Que lo digan los que temen al Señor: ¡es eterno su amor!
La piedra que desecharon los constructores es ahora la piedra angular. Esto ha sido hecho por el Señor y es admirable a nuestros ojos. Este es el día que hizo el Señor: alegrémonos y regocijémonos en él.
Sálvanos, Señor, asegúranos la prosperidad. ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! Nosotros los bendecimos desde la Casa del Señor: el Señor es Dios, y Él nos ilumina.

EVANGELIO

Aclamación al Evangelio  Sal 117, 24
Aleluya.
Éste es el día que hizo el Señor: alegrémonos y regocijémonos en él. Aleluya.
EVANGELIO
Jesús se acercó, tomó el pan y se lo dio, e hizo lo mismo con el pescado.
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan   21, 1-14
Jesús se apareció otra vez a los discípulos a orillas del mar de Tiberíades.
Sucedió así: estaban juntos Simón Pedro, Tomás, llamado el Mellizo, Natanael, el de Caná de Galilea, los hijos de Zebedeo y otros dos discípulos.
Simón Pedro les dijo: Voy a pescar.
Ellos le respondieron: Vamos también nosotros. Salieron y subieron a la barca. Pero esa noche no pescaron nada.
Al amanecer, Jesús estaba en la orilla, aunque los discípulos no sabían que era Él. Jesús les dijo: Muchachos, ¿tienen algo para comer?
Ellos respondieron: No.
Él les dijo: Tiren la red a la derecha de la barca y encontrarán. Ellos la tiraron y se llenó tanto de peces que no podían arrastrarla. El discípulo al que Jesús amaba dijo a Pedro: ¡Es el Señor!
Cuando Simón Pedro oyó que era el Señor, se ciñó la túnica, que era lo único que llevaba puesto, y se tiró al agua. Los otros discípulos fueron en la barca, arrastrando la red con los peces, porque estaban sólo a unos cien metros de la orilla.
Al bajar a tierra vieron que había fuego preparado, un pescado sobre las brasas y pan. Jesús les dijo: Traigan algunos de los pescados que acaban de sacar.
Simón Pedro subió a la barca y sacó la red a tierra, llena de peces grandes: eran ciento cincuenta y tres y, a pesar de ser tantos, la red no se rompió. Jesús les dijo: Vengan a comer.
Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: ¿Quién eres?, porque sabían que era el Señor. Jesús se acercó, tomó el pan y se lo dio, e hizo lo mismo con el pescado.
Esta fue la tercera vez que Jesús resucitado se apareció a sus discípulos.
Meditación :

Aunque el amor de Juan le permite percibir antes que nadie la presencia del Señor, y la fe de Pedro, lo lanza al mar y llega antes que ninguno junto a Él, es a todos que Jesucristo espera a la orilla del Lago de Tiberíades; a todos atiende, a todos alimenta, a todos les muestra su amor. Así eres también con nosotros, Señor, cuando nos encuentras unidos en el sentir y en el pensar, apoyando la misión de la Iglesia. Allí es donde, si te amamos, te podemos encontrar. Allí es donde la fe se acrecienta recibiendo a Jesucristo que se nos da bajo la apariencia de pan.
A orillas del lago Tiberíades los esperabas, Señor, y a nosotros siempre nos aguardas en el Sagrario para que nos encontremos contigo y nos puedas atender con tu amor.

Reflexión apostólica  :

Todo progreso en santidad esta vinculado a la oración.
La oración es la condición para el apostolado, puesto que Dios es la única fuente de nuestra fecundidad y eficacia. Sólo podremos ser instrumento de salvación para los otros, en la medida que nos unamos a Cristo.
Por ello, ante el Sagrario, el apóstol pide continuamente por el Papa y por la Iglesia, y por los frutos de la misión.