EDD. jueves 05 de abril de 2018
Fuente : https://evangeliodeldia.org/main.php?language=SP&module=readings&localdate=20150922
Jueves de la Octava de Pascua
Fuente : https://evangeliodeldia.org/main.php?language=SP&module=readings&localdate=20150922
Jueves de la Octava de Pascua
Fuente : https://es.zenit.org/articles/audiencia-general-4-de-abril-de-2018-texto-completo/
Última catequesis dedicada a la Santa Misa
4 abril 2018RedaccionAudiencia General
El Papa Francisco bendice a un niño © Vatican Media
(ZENIT – 4 abril 2018).- “La Misa es como la semilla, la semilla de trigo que después en la vida ordinaria crece, crece y madura en las obras buenas, en las actitudes que hacen que nos parezcamos a Jesús”.
El Santo Padre Francisco ha celebrado la Audiencia General esta mañana, a las 9:30 horas en la Plaza de San Pedro, ante miles de peregrinos y fieles de Italia y de todo el mundo.
El Santo Padre ha dedicado su catequesis a los ritos de conclusión de la Santa Misa.
“Cada vez que salgo de misa, tengo que salir mejor que cuando entré, con más vida, con más fuerza, con más ganas de dar testimonio cristiano”, ha explicado Francisco.
A través de la Eucaristía –ha señalado– el Señor Jesús entra en nuestro corazón y en nuestra carne, para que podamos “expresar en la vida el sacramento recibido en la fe”.
En verdad, al acrecentar nuestra unión con Cristo, la Eucaristía actualiza la gracia que el Espíritu nos ha dado en el Bautismo y la Confirmación, para que nuestro testimonio cristiano sea creíble, ha dicho el Papa.
RD
Fuente : www.eucaristiadiaria.cl/dia_cal.php?fecha=2018-04-04
Miércoles de la octava de Pascua
FERIA
Color: blanco
Antífona de entrada Cf. Mt 25, 34
Vengan, benditos de mi Padre, y reciban en herencia el reino que les fue preparado desde el comienzo del mundo. Aleluya.
Gloria.
Fuente : https://es.zenit.org/articles/regina-coeli-la-fraternidad-es-el-fruto-de-la-pascua-de-cristo/
Palabras del Papa Francisco en el “Lunes del Ángel”
3 abril 2018Rosa Die AlcoleaAngelus y Regina Caeli
Regina Coeli, 1 abril 2018 © Vatican Media
(ZENIT – 3 abril 2018).- “Sin un intercambio fraterno, no se puede crear una auténtica comunidad eclesial o civil: existe sólo un grupo de individuos motivados por sus propios intereses”, dijo el Papa Francisco.
El Santo Padre reflexionó sobre la fraternidad antes del rezo del Regina Coeli el Lunes de Pascua, 2 de abril de 2018, conocido como el “Lunes del Ángel”, señala ‘Vatican News’ en español
La fraternidad –describió Francisco– es el “fruto de la Pascua de Cristo que, mediante su muerte y resurrección, derrotó al pecado que separaba al hombre de Dios, al hombre de sí mismo, al hombre de sus hermanos” asegurando que “el pecado siempre separa, siempre hace enemistades”.
Así, la primera vez que se anunció “Ha resucitado”, fue hecho por los ángeles, señalan los propios evangelistas. “Era necesario un ser superior para comunicar una realidad tan impactante” –explicó el Santo Padre– “que tal vez ningún hombre se atrevería a pronunciarla”.
Por ello, –matizó el Pontífice– hay un significado en esta presencia angelical: “cómo a anunciar la Encarnación de la Palabra había sido un ángel, Gabriel, también para anunciar por primera vez la Resurrección no fue suficiente una palabra humana”.
La novedad del diálogo
“La pascua de Cristo ha hecho estallar en el mundo la novedad del diálogo” –señaló el Papa–, novedad que se ha convertido en una responsabilidad para los cristianos y por la que estamos llamados “a cuidar el bien común y a nuestros hermanos, especialmente a los más débiles y marginados” porque sólo la fraternidad –advirtió– “puede garantizar una paz duradera, vencer la pobreza, extinguir las tensiones y las guerras y erradicar la corrupción y la criminalidad”.
En este sentido, el Obispo de Roma pidió a la Virgen María que “la fraternidad y la comunión que experimentamos en estos días pascuales puedan convertirse en nuestro estilo de vida y en el alma de nuestras relaciones”.
Asimismo, Francisco invocó “el don de la paz” para todo el mundo, especialmente para las poblaciones que más sufren los conflictos actuales y renovó su llamamiento “para que los secuestrados o injustamente privados de libertad sean liberados y regresen a sus hogares”.
¿A quién buscas?
Fuente : http://evangeliodeldia.org/main.php?language=SP&module=readings&localdate=20180402
Martes de la Octava de Pascua
Allí me verán . –
Fuente : http://evangeliodeldia.org/main.php?language=SP&module=readings&localdate=20180331
Lunes de la Octava de Pascua
Fuente : https://es.zenit.org/articles/la-resurreccion-de-cristo-es-la-verdadera-esperanza-del-mundo/
Mensaje Pascual del Papa Francisco (Texto completo)
1 abril 2018Raquel AnilloPapa y Santa Sede
Bendición Urbi et Orbi, Pascua © Vatican News
(ZENIT – 1 abril 2018).- “La resurrección de Cristo es la verdadera esperanza del mundo, que no defrauda”, ha dicho el Papa Francisco el domingo de Pascua, desde el balcón de la basílica de San Pedro.
“Esta es la fuerza del grano de trigo, la del amor que se rebaja y se entrega hasta el final, y que realmente renueva el mundo”-explicó- “La muerte, la soledad y el miedo ya no son la última palabra”, dijo.
Al mediodía, después de celebrar la misa en la Plaza de San Pedro, el Papa dio la bendición “Urbi et Orbi” a la ciudad y al mundo: esta bendición especial, confiere la indulgencia plenaria, con las condiciones habituales previstas por la Iglesia, incluida la confesión sacramental y la comunión, incluidos los que siguen la bendición por televisión, radio o Internet, se da en Navidad y Pascua, así como en la elección de un nuevo Papa.
La fuerza del amor, enfatizó el Papa, “hoy también da frutos en los surcos de nuestra historia, marcada por tantas injusticias y violencias”: “Lleva frutos de esperanza y dignidad allá” donde hay miseria y exclusión, donde hay hambre y donde falta el trabajo, en medio de las personas desplazadas y de los refugiados… de las víctimas del narcotráfico, de la trata de personas y de las esclavitudes de nuestro tiempo”.
El Papa Francisco ha pedido “frutos de paz para el mundo entero” para Siria, Tierra Santa, el sur de Sudán y la República Democrática del Congo, la península de Corea, para Ucrania y para el pueblo venezolano.
“Que Cristo Resucitado”, añadió, “aporte frutos de vida nueva a los niños que, debido a las guerras y al hambre, crecen sin esperanza, privados de educación y de asistencia sanitaria; y también para los ancianos dejados aparte por la cultura egoísta, que deja de lado al que no es `productivo´”. El Papa también oró por “aquellos que en el mundo entero tienen responsabilidades políticas, para que siempre respeten la dignidad humana”.
Fuente : https://www.aciprensa.com/noticias/homilia-del-papa-francisco-en-la-vigilia-pascual-70910
El Papa mientras pronuncia la homilía en la Vigilia Pascual. Foto: Daniel Ibáñez / ACI Prensa
El Papa Francisco presidió la Vigilia pascual en la Basílica de San Pedro y bautizó a 8 catecúmenos.
En su homilía aseguró que “celebrar la Pascua, es volver a creer que Dios irrumpe y no deja de irrumpir en nuestras historias desafiando nuestros «conformantes» y paralizadores determinismos. Celebrar la Pascua es dejar que Jesús venza esa pusilánime actitud que tantas veces nos rodea e intenta sepultar todo tipo de esperanza”.
A continuación, el texto completo de la homilía:
Esta celebración la hemos comenzado fuera… inmersos en la oscuridad de la noche y en el frío que la acompaña. Sentimos el peso del silencio ante la muerte del Señor, un silencio en el que cada uno de nosotros puede reconocerse y cala hondo en las hendiduras del corazón del discípulo que ante la cruz se queda sin palabras.
Son las horas del discípulo enmudecido frente al dolor que genera la muerte de Jesús: ¿Qué decir ante tal situación? El discípulo que se queda sin palabras al tomar conciencia de sus reacciones durante las horas cruciales en la vida del Señor: frente a la injusticia que condenó al Maestro, los discípulos hicieron silencio; frente a las calumnias y al falso testimonio que sufrió el Maestro, los discípulos callaron. Durante las horas difíciles y dolorosas de la Pasión, los discípulos experimentaron de forma dramática su incapacidad de «jugársela» y de hablar en favor del Maestro. Es más, no lo conocían, se escondieron, se escaparon, callaron (cfr. Jn 18,25-27).
Es la noche del silencio del discípulo que se encuentra entumecido y paralizado, sin saber hacia dónde ir frente a tantas situaciones dolorosas que lo agobian y rodean. Es el discípulo de hoy, enmudecido ante una realidad que se le impone haciéndole sentir, y lo que es peor, creer que nada puede hacerse para revertir tantas injusticias que viven en su carne nuestros hermanos.
Es el discípulo atolondrado por estar inmerso en una rutina aplastante que le roba la memoria, silencia la esperanza y lo habitúa al «siempre se hizo así». Es el discípulo enmudecido que, abrumado, termina «normalizando» y acostumbrándose a la expresión de Caifás: «¿No les parece preferible que un solo hombre muera por el pueblo y no perezca la nación entera?» (Jn 11,50).
Y en medio de nuestros silencios, cuando callamos tan contundentemente, entonces las piedras empiezan a gritar (cf. Lc 19,40)[1] y a dejar espacio para el mayor anuncio que jamás la historia haya podido contener en su seno: «No está aquí ha resucitado» (Mt 28,6). La piedra del sepulcro gritó y en su grito anunció para todos un nuevo camino. Fue la creación la primera en hacerse eco del triunfo de la Vida sobre todas las formas que intentaron callar y enmudecer la alegría del evangelio. Fue la piedra del sepulcro la primera en saltar y a su manera entonar un canto de alabanza y admiración, de alegría y de esperanza al que todos somos invitados a tomar parte.
Y si ayer, con las mujeres contemplábamos «al que traspasaron» (Jn 19,36; cf. Za 12,10); hoy con ellas somos invitados a contemplar la tumba vacía y a escuchar las palabras del ángel: «no tengan miedo… ha resucitado» (Mt 28,5-6). Palabras que quieren tocar nuestras convicciones y certezas más hondas, nuestras formas de juzgar y enfrentar los acontecimientos que vivimos a diario; especialmente nuestra manera de relacionarnos con los demás. La tumba vacía quiere desafiar, movilizar, cuestionar, pero especialmente quiere animarnos a creer y a confiar que Dios «acontece» en cualquier situación, en cualquier persona, y que su luz puede llegar a los rincones menos esperados y más cerrados de la existencia. Resucitó de la muerte, resucitó del lugar del que nadie esperaba nada y nos espera —al igual que a las mujeres— para hacernos tomar parte de su obra salvadora. Este es el fundamento y la fuerza que tenemos los cristianos para poner nuestra vida y energía, nuestra inteligencia, afectos y voluntad en buscar, y especialmente en generar, caminos de dignidad. ¡No está aquí…ha resucitado! Es el anuncio que sostiene nuestra esperanza y la transforma en gestos concretos de caridad. ¡Cuánto necesitamos dejar que nuestra fragilidad sea ungida por esta experiencia, cuánto necesitamos que nuestra fe sea renovada, cuánto necesitamos que nuestros miopes horizontes se vean cuestionados y renovados por este anuncio! Él resucitó y con él resucita nuestra esperanza y creatividad para enfrentar los problemas presentes, porque sabemos que no vamos solos.
Celebrar la Pascua, es volver a creer que Dios irrumpe y no deja de irrumpir en nuestras historias desafiando nuestros «conformantes» y paralizadores determinismos. Celebrar la Pascua es dejar que Jesús venza esa pusilánime actitud que tantas veces nos rodea e intenta sepultar todo tipo de esperanza.
La piedra del sepulcro tomó parte, las mujeres del evangelio tomaron parte, ahora la invitación va dirigida una vez más a ustedes y a mí: invitación a romper las rutinas, renovar nuestra vida, nuestras opciones y nuestra existencia. Una invitación que va dirigida allí donde estamos, en lo que hacemos y en lo que somos; con la «cuota de poder» que poseemos. ¿Queremos tomar parte de este anuncio de vida o seguiremos enmudecidos ante los acontecimientos?
¡No está aquí ha resucitado! Y te espera en Galilea, te invita a volver al tiempo y al lugar del primer amor y decirte: No tengas miedo, sígueme.