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Autor: Patricio Osiadacz

Comentario al Evangelio de hoy martes 24 de mayo de 2016

Lectura del santo evangelio según san Marcos (10,28-31):
En aquel tiempo, Pedro se puso a decir a Jesús: «Ya ves que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido.»
Jesús dijo: «Os aseguro que quien deje casa, o hermanos o hermanas, o madre o padre, o hijos o tierras, por mi y por el Evangelio, recibirá ahora, en este tiempo, cien veces más –casas y hermanos y hermanas y madres e hijos y tierras, con persecuciones–, y en la edad futura, vida eterna. Muchos primeros serán últimos, y muchos últimos primeros.»
Palabra del Señor
Comentario al evangelio de hoy :
¡Estimados Hermanos y Hermanas en Cristo! ¡Paz y Bien!
Los discípulos de Jesús se contraponen a la actitud del hombre rico que se presentó en el evangelio que oímos ayer. La intervención de Pedro, como portavoz del grupo, no se hace esperar. Atribuye a los discípulos dos méritos: el hecho de haberlo dejado todo y haber seguido a Jesús. No es difícil imaginar lo que se esconde en estas afirmaciones: ¿qué podrían esperar de esa aventura? ¿qué les va a tocar a ellos? Son preguntas muy humanas y que en la fe representan una “inversión” de alto riesgo. Pensemos en un instante en tantos hombres y mujeres que a lo largo de la historia fueron capaces de “dejarlo todo para seguir a Jesús”: Francisco y Clara de Asís, Ignacio de Loyola, Joaquina Vedruna… Para muchos parece un disparate, una locura, pero ellos habían encontrado el camino de sus vidas y con eso eran capaces de relativizar todo por Jesús.
La respuesta de Jesús no se refiere solamente al grupo de discípulos, sino a cualquier seguidor suyo que manifiesta su adhesión en la renuncia de los bienes y en el anuncio de su mensaje. En un primer momento parece que dejar casa, familia y bienes por Jesús adquiere una tonalidad inhumana, especialmente cuando se refiere a los vínculos familiares. Pero la promesa es grande: ciento por uno, aquí en el presente en casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y tierras y en el futuro, la vida eterna.
Lo que Jesús propone es una verdadera revolución en las relaciones: nuevas relaciones fundamentadas en el seguimiento, dónde todos son una sola familia. Si miramos la dos enumeraciones hechas por Jesús (cf. Mc 10, 30-31), la del seguidor que deja y la de lo que encuentra, resulta curioso constatar la omisión del padre, figura de autoridad. La fraternidad es lo que caracteriza la comunidad de Jesús. Ojalá pudiéramos decir a cualquier cristiano que encontremos: “estés donde estés, ¡tu eres mi hermano!”.
Pidamos al Señor que nos ayude a relativizarlo todo por él:
Señor, haznos libres para poder ir en pos de ti y seguirte.
Comunícanos el don del desprendimiento de las cosas de la tierra
y enséñanos a valorar las riquezas de los bienes que nos esperan en la vida eterna. Amén.
Fraternalmente,
Eguione Nogueira Ricardo, cmf
eguionecmf@gmail.com

EDD. Martes 24 de mayo de 2016 .

Martes de la octava semana del tiempo ordinario
http://evangeliodeldia.org/main.php?language=SP&module=readings&localdate=20160521
Epístola I de San Pedro 1,10-16.
Hermanos:
Esta salvación ha sido objeto de la búsqueda y la investigación de los profetas que vaticinaron sobre la gracia destinada a ustedes.
Ellos trataban de descubrir el tiempo y las circunstancias señaladas por el Espíritu de Cristo, que estaba presente en ellos y anunciaba anticipadamente los sufrimientos reservados a Cristo y la gloria que les seguiría.
A ellos les fue revelado que estaban al servicio de un mensaje destinado no a sí mismos, sino a ustedes. Y ahora ustedes han recibido el anuncio de ese mensaje por obra de quienes, bajo la acción del Espíritu Santo enviado desde el cielo, les transmitieron la Buena Noticia que los ángeles ansían contemplar.
Por lo tanto, manténganse con el espíritu alerta, vivan sobriamente y pongan toda su esperanza en la gracia que recibirán cuando se manifieste Jesucristo.
Como hijos obedientes, no procedan de acuerdo con los malos deseos que tenían antes, mientras vivían en la ignorancia.
Así como aquel que los llamó es santo, también ustedes sean santos en toda su conducta,
de acuerdo con lo que está escrito: Sean santos, porque yo soy santo.
Salmo 98(97),1.2-3ab.3c-4.
Canten al Señor un canto nuevo,
porque él hizo maravillas:
su mano derecha y su santo brazo
le obtuvieron la victoria.
El Señor manifestó su victoria,
reveló su justicia a los ojos de las naciones:
se acordó de su amor y su fidelidad
en favor del pueblo de Israel.
Los confines de la tierra han contemplado
Aclame al Señor toda la tierra,
prorrumpan en cantos jubilosos.
Evangelio según San Marcos 10,28-31.
Pedro le dijo a Jesús: «Tú sabes que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido».
Jesús respondió: «Les aseguro que el que haya dejado casa, hermanos y hermanas, madre y padre, hijos o campos por mí y por la Buena Noticia,
desde ahora, en este mundo, recibirá el ciento por uno en casas, hermanos y hermanas, madres, hijos y, campos, en medio de las persecuciones; y en el mundo futuro recibirá la Vida eterna.
Muchos de los primeros serán los últimos y los últimos serán los primeros».
Comentario del Evangelio por Tomás de Celano (c. 1190-c. 1260), biógrafo de San Francisco y de Santa Clara. Biografía de San Francisco y Santa Clara, §25-28
Dejarlo todo para seguirle.
Pasados 40 años, Clara, según la comparación empleada por san Pablo (1Co 9,24) ha corrido la carrera en el estadio de la suma pobreza. Clara, cercana ya a la meta de su vocación celestial y de la recompensa prometida al vencedor… la divina providencia se apresura en llevar a cabo aquello que le tenía destinado: Cristo se dispone a introducir en su palacio real a la «pobre» por excelencia al final de su peregrinaje. En cuanto a ella, deseaba con todas sus fuerzas…… contemplar, reinando en su gloria, al Cristo que había imitado en la tierra en su pobreza.
Todas sus hijas estaban reunidas alrededor de la cama de la madre….. Clara dirigiéndose a sí misma, dice a su alma:« Ve segura, porque llevas buena escolta para el viaje. Ve, porque aquel que te creó, también te santificó; y, guardándote siempre, como una madre a su hijo, te ha amado con amor tierno. Tú, Señor -prosigue-, seas bendito porque me creaste» Preguntándole una de las hermanas que a quién hablaba, Clara respondió: «Hablo a mi alma bendita». No estaba ya lejano su glorioso tránsito, pues, dirigiéndose luego a una de sus hijas, le dice: « ¿Ves tú, ¡oh hija!, al Rey de la gloria a quien estoy viendo?»…
Bendito sea este éxodo del valle de la miseria que para ella fue la entrada en la vida bienaventurada. Ahora, a cambio de sus austerísimos ayunos, se alegra en la mesa de los ciudadanos del cielo; y desde ahora, a cambio de la vileza de las cenizas, es bienaventurada en el reino celeste, condecorada con la estola de la eterna gloria.

El Papa en Sta. Marta: ‘El carnet de identidad del cristiano es la alegría’.

 
En la homilía de este lunes, el Santo Padre exhorta a pedir al Señor que ‘nos dé el asombro delante de Él y de las riquezas espirituales que nos ha dado’.
https://es.zenit.org/articles/el-papa-en-sta-marta-el-carnet-de-identidad-del-cristiano-es-la-alegria/
23 MAYO 2016 REDACCION EL PAPA FRANCISCO.
El Papa Francisco En La Misa En La Domus Santa Marta (15 De Abril De 2016) (Foto Copyright Osservatore Romano)
(ZENIT – Ciudad del Vaticano).- El papa Francisco ha recordado que no puede haber un cristiano sin alegría. Lo ha hecho durante la homilía de la misa celebrada esta mañana en Santa Marta. De este modo, ha indicado que también en los sufrimientos de la vida, el cristiano sabe encomendarse a Jesús y vivir con esperanza. Además ha invitado a no dejarse dominar por la riqueza.
El cristiano vive en la alegría y en el estupor gracias a la Resurrección de Jesucristo. El Pontífice, comentando la Primera Carta de San Pedro Apóstol, ha observado que también si estamos afligidos por las pruebas, no nos quitarán nunca la alegría “de lo que Dios ha hecho en nosotros”, “nos ha regenerado y nos ha dado esperanza”.
Así, ha precisado que nosotros “podemos ir” hacia “esa esperanza” que “los primeros cristianos pintaban como un ancla en el cielo”. Nosotros –ha indicado– tomamos la cuerda y vamos allí, hacia esa esperanza que nos da alegría.
En esta línea ha asegurado que “un cristiano es un hombre y una mujer de alegría, un hombre y una mujer con alegría en el corazón”. Por eso ha exclamado que “no existe un cristiano sin alegría”. El carnet de identidad del cristiano es la alegría, la alegría del Evangelio, la alegría de haber sido elegidos por Jesús, salvados por Jesús, regenerados por Jesús; la alegría de esa esperanza que Jesús nos espera, la alegría que  –también en las cruces y en los sufrimientos de esta vida– se expresa de otra forma, que es la paz en la seguridad de que Jesús nos acompaña, está con nosotros.
El cristiano –ha aseverado Francisco– hace crecer esta alegría con la confianza en Dios. Dios se acuerda siempre de su alianza. Y a su vez, “el cristiano sabe que Dios se acuerda, que Dios lo ama, que Dios lo acompaña, que Dios lo espera. Y esta es la alegría”.
Por otro lado, haciendo referencia al Evangelio del día, el Santo Padre ha explicado que se habla de un hombre que “no ha sido capaz de abrir el corazón a la alegría y ha elegido la tristeza” porque poseía muchos bienes.  Al respecto, el Pontífice ha señalado que las riquezas no son malas en sí mismas. La maldad es “servir a las riquezas”.
Y así, ha asegurado que “cuando en nuestras parroquias, en nuestras comunidades, en nuestras instituciones, encontramos gente que se dice cristiana y quiere ser cristiana pero está triste, algo sucede ahí que no va bien”. Por eso ha recordado que debemos ayudar a estas personas para que encuentren a Jesús, a quitar esa tristeza, para que pueden alegrarse con el Evangelio, puedan tener esta alegría que es propia del Evangelio.
En este punto ha reflexionado sobre la “alegría y el asombro”. El asombro bueno –ha observado– delante de la revelación, delante del amor de Dios, delante de las emociones del Espíritu Santo.  El cristiano es un hombre, una mujer “de asombro”.
La alegría cristiana, ha añadido, el asombro de la alegría, el ser salvados de vivir apegados a otras cosas, a las mundanidades, solamente se puede con la fuerza de Dios, con la fuerza del Espíritu Santo.
Para finalizar la homilía de este lunes, el Santo Padre ha invitado a pedir al Señor que nos dé el asombro delante de Él, delante de tantas riquezas espirituales que nos ha dado y con este estupor, “nos dé la alegría de nuestra vida y de vivir con paz en el corazón las muchas dificultades”. Así como también “nos proteja del buscar la felicidad en tantas cosas que al final nos entristecen”. Cosas que, ha recordado, prometen mucho pero no nos darán nada.

EDD. Lunes 23 de mayo de 2016

 
Lunes de la octava semana del tiempo ordinario
Epístola I de San Pedro 1,3-9.
Bendito sea Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo, que en su gran misericordia, nos hizo renacer, por la resurrección de Jesucristo, a una esperanza viva,
a una herencia incorruptible, incontaminada e imperecedera, que ustedes tienen reservada en el cielo.
Porque gracias a la fe, el poder de Dios los conserva para la salvación dispuesta a ser revelada en el momento final.
Por eso, ustedes se regocijan a pesar de las diversas pruebas que deben sufrir momentáneamente:
así, la fe de ustedes, una vez puesta a prueba, será mucho más valiosa que el oro perecedero purificado por el fuego, y se convertirá en motivo de alabanza, de gloria y de honor el día de la Revelación de Jesucristo.
Porque ustedes lo aman sin haberlo visto, y creyendo en él sin verlo todavía, se alegran con un gozo indecible y lleno de gloria,
seguros de alcanzar el término de esa fe, que es la salvación.
 
Salmo 111(110),1-2.5-6.9.10c.
Doy gracias al Señor de todo corazón,
en la reunión y en la asamblea de los justos.
Grandes son las obras del Señor:
los que las aman desean comprenderlas.
Proveyó de alimento a sus fieles
y se acuerda eternamente de su alianza.
Manifestó a su pueblo el poder de sus obras,
dándole la herencia de las naciones.
Él envió la redención a su pueblo,
promulgó su alianza para siempre:
Su Nombre es santo y temible.
¡El Señor es digno de alabanza eternamente!
 
Evangelio según San Marcos 10,17-27.
Cuando Jesús se puso en camino, un hombre corrió hacia él y, arrodillándose, le preguntó: «Maestro bueno, ¿qué debo hacer para heredar la Vida eterna?».
Jesús le dijo: «¿Por qué me llamas bueno? Sólo Dios es bueno.
Tú conoces los mandamientos: No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no perjudicarás a nadie, honra a tu padre y a tu madre».
El hombre le respondió: «Maestro, todo eso lo he cumplido desde mi juventud».
Jesús lo miró con amor y le dijo: «Sólo te falta una cosa: ve, vende lo que tienes y dalo a los pobres; así tendrás un tesoro en el cielo. Después, ven y sígueme».
El, al oír estas palabras, se entristeció y se fue apenado, porque poseía muchos bienes.
Entonces Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: «¡Qué difícil será para los ricos entrar en el Reino de Dios!».
Los discípulos se sorprendieron por estas palabras, pero Jesús continuó diciendo: «Hijos míos, ¡Qué difícil es entrar en el Reino de Dios!.
Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre en el Reino de Dios».
Los discípulos se asombraron aún más y se preguntaban unos a otros: «Entonces, ¿quién podrá salvarse?».
Jesús, fijando en ellos su mirada, les dijo: «Para los hombres es imposible, pero no para Dios, porque para él todo es posible».
 
 
Comentario del Evangelio por  San Basilio (c. 330-379), monje y obispo de Cesárea en Capadocia, doctor de la Iglesia. Homilía sobre la riqueza; PG 31, 278
«A estas palabras…. se marchó pesaroso»
El caso del joven rico y de los que se asemejan a él me hace soñar en aquel viajero que, deseando visitar una ciudad, llega hasta el pie de su muralla, encuentra allí una posada, baja hasta ella y, desalentado al ver los últimos pasos que le quedan por hacer, pierde todo el beneficio del cansancio de su viaje y se priva de ver las bellezas de la ciudad. Así mismo son los que observan los mandamientos, pero se revelan ante la idea de perder sus bienes. Conozco muchos que ayunan, oran, hacen penitencia y practican muy bien toda clase de obras de piedad, pero no sueltan ni un óbolo para los pobres. ¿De qué les sirven las demás virtudes?
Esos no entrarán en el Reino de los cielos, porque «más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el Reino de los cielos». Palabras claras, y su autor no miente, pero son raros los que se dejan afectar por ellas. «¿Cómo vamos a vivir cuando nos hayamos despojado de todo?» exclaman. «¿Qué existencia vamos a llevar cuando se haya vendido todo y no tengamos ya ninguna propiedad?» No me preguntéis qué intención profunda hay bajo los mandamientos de Dios. El que ha establecido nuestras leyes conoce también el arte de conciliar lo imposible con la ley.
 
 
 
 
 

Comentario al evangelio de hoy lunes 23 de mayo de 2016.

 
Se marchó entristecido, porque tenía muchos bienes.-
Lunes 8a. semana Tiempo Ordinario.
Que el amor por las cosas no te impida buscar lo único necesario: Dios.
Por: Andrés Pérez Apablaza
Fuente: Catholic.net
http://es.catholic.net/op/articulos/17687/el-peligro-de-las-riquezas.html
Del santo Evangelio según san Marcos 10, 17-27
En aquel tiempo cuando Jesús salía al camino, se le acercó uno corriendo, se arrodilló y le preguntó: Maestro bueno, ¿qué he de hacer para tener en herencia vida eterna? Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno sino sólo Dios. Ya sabes los mandamientos: No mates, no cometas adulterio, no robes, no levantes falso testimonio, no seas injusto, honra a tu padre y a tu madre» Él, entonces, le dijo: Maestro, todo eso lo he guardado desde mi juventud Jesús, fijando en él su mirada, le amó y le dijo: Una cosa te falta: anda, cuanto tienes véndelo y dáselo a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo; luego, ven y sígueme Pero él, abatido por estas palabras, se marchó entristecido, porque tenía muchos bienes. Jesús, mirando a su alrededor, dice a sus discípulos: ¡Qué difícil es que los que tienen riquezas entren en el Reino de Dios!» Los discípulos quedaron sorprendidos al oírle estas palabras. Mas Jesús, tomando de nuevo la palabra, les dijo: ¡Hijos, qué difícil es entrar en el Reino de Dios! Es más fácil que un camello pase por el ojo de la aguja, que el que un rico entre en el Reino de Dios Pero ellos se asombraban aún más y se decían unos a otros: Y ¿quién se podrá salvar? Jesús, mirándolos fijamente, dice: Para los hombres, imposible; pero no para Dios, porque todo es posible para Dios.
Oración introductoria
Oh Señor, yo también me atrevo a preguntarte, ¿qué debo hacer para alcanzar la vida eterna? Ayúdame a conocer tu voluntad en esta oración y a tener la luz y fortaleza para saberte responder con prontitud y generosidad. No quiero salir triste ni apesadumbrado de esta meditación, sino con la alegría de haber puesto mi vida en tus manos.
Petición
Concédeme Jesús, vivir el día de hoy de acuerdo a tu voluntad.
Meditación del Papa Francisco
Queridos jóvenes, «en la cultura de lo provisional, de lo relativo, muchos predican que lo importante es «disfrutar» el momento, que no vale la pena comprometerse para toda la vida, hacer opciones definitivas, «para siempre», porque no se sabe lo que pasará mañana. Yo, en cambio, les pido que sean revolucionarios, les pido que vayan contracorriente; sí, en esto les pido que se rebelen contra esta cultura de lo provisional, que, en el fondo, cree que ustedes no son capaces de asumir responsabilidades, cree que ustedes no son capaces de amar verdaderamente. Yo tengo confianza en ustedes, jóvenes, y pido por ustedes. Atrévanse a «ir contracorriente». Y atrévanse también a ser felices. (SS Papa Francisco, Encuentro con los voluntarios de la JMJ de Río de Janeiro, 28 julio 2013).
Reflexión
Cuando Jesús fija la mirada en aquel joven, para nosotros hoy desconocido, mira a cada uno de los que ha llamado por el bautismo a la vida de cristianos. No mira tan sólo a los que llama a su pleno seguimiento. Llama más bien a todos aquellos que intuyen que la vida es más que diversión y pérdida de tiempo en naderías. Y es que quien entra dentro de su alma, descubre un vacío por llenar, un corazón por enardecer de amor, un ansia, un no sé qué de eterno, como ese joven, y que no estará tranquilos sino hasta llenarlo de lo único eterno: el amor de Jesucristo.
Mirando bien esta escena contemplamos que Cristo nos ve a cada uno de nosotros. Porque cada uno de los que nos decimos cristianos tenemos de una u otra forma apegado el corazón a las cosas de la tierra y nos damos cuenta que ellas no llenan nuestra alma.
Añoramos a Dios. Y por eso lo buscamos hasta donde pueda estar esperándonos. Este joven lo encontró en el desierto. Y no tuvo miedo de preguntarle qué tenía que hacer. Para eso iba, para conocer el secreto de su felicidad plena. ¡Lástima que fue poco generoso! Su amor a las cosas le impidió dejar volar su alma donde lo único necesario. Y es que cuando Cristo nos pide dejarlo todo, nos pide todo; cuando nos lo pide todo, no nos deja sin nada. ¡Nos da todo porque se da a Sí Mismo, Él todo!
Cristo le siguió con la mirada. Lo vio triste marcharse con su corazón roto por el egoísmo. Los ricos, los que apegamos el corazón a las cosas, tengamos mucho o tengamos nada, tengamos palacios o tengamos harapos, en fin, tengamos algo a lo que no queramos desapegarnos, no podremos hallar jamás descanso, no podremos porque optamos por las pobre creaturas y rechazamos al Creador de las creaturas. En cambio los que han conocido a Cristo de veras Dios, les da la fuerza para dejarlo todo y seguirlo incondicionalmente.
¿Conocemos que somos los más miserables si no le tenemos a Él, la fuente de nuestra verdadera riqueza?
Propósito
Haré algo para compartir con otros mi fe en el gran amor que Dios nos tiene.
Diálogo con Cristo
Señor, si Tú eres lo único necesario en mi vida, ¿por qué no invierto lo mejor de mi tiempo en vivir tu mandamiento del amor? Desde hoy quiero comprometerme más contigo. Te prometo ser generoso para dedicar lo mejor de mí a mi misión y a mi formación integral y reducir mi afán por lo material para tener un corazón alegre, caritativo y bondadoso con todos. Ayúdame a vencer mis obstáculos y mi falta de voluntad para poder cumplir con este propósito.
 
 
 
 
 
 

La fraternidad, la cercanía y el diálogo, antídotos del individualismo, la prisa y el egoísmo

El sábado 21 y el domingo 22 de mayo realizaremos el Encuentro anual de Guardianes de las fraternidades de Laicos Capuchinos.
¡Qué bueno y agradable es que los hermanos vivan unidos!, decimos en el primer versículo del salmo 133. Encontrarnos físicamente nos ayuda a conocernos, a estar más unidos, a escucharnos, a comprender al hermano y hermana.
El testimonio que debemos dar al mundo es la vida en fraternidad. Somos hermanos y esa es nuestra vocación y estilo de vida. No al dominio, al arribismo y a la lucha por el poder, sea cual sea. Somos servidores y sólo servidores, como Jesús, el Señor, que lava los pies a los discípulos como ejemplo que ellos deben continuar.
Cuesta viajar, encontrarnos, dedicar un fin de semana a formarnos, a orar, a dialogar. La tentación actual es arreglarnos nosotros mismos, trabajar solos, decidir solos. Podríamos tener una teleconferencia desde nuestra casa y encontrar, trabajar y formarnos de ese modo. ESE NO ES EL CAMINO CRISTIANO Y FRANCISCANO. SERÁ EL CAMINO PARA SACAR ADELANTE UNA EMPRESA COMERCIAL, PERO NO UNA FRATERNIDAD.
El Señor Jesús está presente cuando dos o tres están reunidos en su nombre (cf. Mt 18, 20) y también el Padre Dios escucha la oración de los que se unen en la tierra para pedir algo (cf. Mt 18, 19).
Invito a todos los hermanos y hermanas que participarán en el Encuentro de Guardianes de Hualpén a tres cosas:
creer firmemente en el don de la fraternidad: somos hermanos y sólo hermanos,
testimoniar el don de la fraternidad siendo cercanos a todos, especialmente a los que más sufren y a los que no conocen a Dios,
formarse para crecer en el espíritu fraterno y en el enriquecimiento mucho.
Que el Señor Jesús les bendiga.
Fraternalmente.
Fray José Miguel Jiménez Cohl, OFMCap.

Lo que Dios unió, no lo separe el hombre.

El amor mutuo entre los esposos, es imagen del amor con que Dios ama al hombre.
Tiempo Ordinario.
Por: P Mariano de Blas LC
Fuente: Catholic.net
http://es.catholic.net/op/articulos/17937/la-cuestin-del-divorcio.html
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Del santo Evangelio según san Marcos 10, 1-12
En aquel tiempo Jesús se marchó a la región de Judea, y al otro lado del Jordán, y de nuevo vino la gente donde él y, como acostumbraba, les enseñaba. Se acercaron unos fariseos que, para ponerle a prueba, preguntaban: «¿Puede el marido repudiar a la mujer?» Él les respondió: ¿Qué os prescribió Moisés?» Ellos le dijeron: «Moisés permitió escribir el acta de divorcio y repudiarla» Jesús les dijo: «Teniendo en cuenta la dureza de vuestro corazón escribió para vosotros este precepto. Pero desde el comienzo de la creación, Él los hizo varón y hembra. Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, y los dos se harán una sola carne. De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Pues bien, lo que Dios unió, no lo separe el hombre» Y ya en casa, los discípulos le volvían a preguntar sobre esto. Él les dijo: «Quien repudie a su mujer y se case con otra, comete adulterio contra aquélla; y si ella repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio»
Oración introductoria
Gracias, Señor, por el don de mi fe, por ella creo, espero y te amo. Pero hoy necesito dar un segundo paso, ya no sólo creer, confiar y quererte, sino que esta oración me ayude a transformar este querer en una auténtica pasión, de modo que derrita mi dureza de corazón y así pueda dejarte salir para que otros experimenten tu cercanía a través de mi testimonio.
Petición
Dios mío, dame tu gracia para saber trasmitir y defender la verdadera doctrina sobre el matrimonio y la familia.
Meditación del Papa Francisco
Esta Exhortación adquiere un sentido especial en el contexto de este Año Jubilar de la Misericordia. En primer lugar, porque la entiendo como una propuesta para las familias cristianas, que las estimule a valorar los dones del matrimonio y de la familia, y a sostener un amor fuerte y lleno de valores como la generosidad, el compromiso, la fidelidad o la paciencia. En segundo lugar, porque procura alentar a todos para que sean signos de misericordia y cercanía allí donde la vida familiar no se realiza perfectamente o no se desarrolla con paz y gozo. (S.S. Francisco, La alegría de amor, exhortación apostólica post sinodal, n. 5).
Reflexión
Dios hizo el matrimonio para que los hombres encontraran la felicidad en este mundo, pero la triste realidad es que muchos, por no decir demasiados matrimonios no sólo no encuentran la felicidad en él, sino la desesperación, la amargura y el fracaso. ¡Cuántos divorcios, infidelidades, quiebras por ahí, cuánta infelicidad!
En el matrimonio, si de algún modo se descubren las causas de los problemas, se podría poner la solución y, ciertamente, hay causas pequeñas que ayudan al fracaso, pero la causa grave, el verdadero verdugo del matrimonio, se llama “egoísmo”.
Una gran parte de los hombres y mujeres se casan por amor, pero luego viven el matrimonio con egoísmo. A las órdenes de ese monstruo que devora tanta felicidad en el hombre.
Salta a la vista el contraste entre el noviazgo y lo que sigue después: los novios se quieren, se buscan, se adoran, son capaces de grandes sacrificios por el ser querido, no se aburren, no se cansan y si alguna vez se pelean, con un perdón sincero y lágrimas, restauran el cariño y siguen adelante. Es decir, el amor supera todos los obstáculos.
Hay amor y por eso hay soluciones. Pero luego en el matrimonio dan la impresión de que ya no son capaces de perdonar, aceptarse y de seguir adelante a pesar de todas las dificultades del mundo.
Se aburren, se cansan, se hartan y se creen muy justificados echándose la culpa el uno y el otro.
Se casaron por amor, pero ahora viven de egoísmo. El vino bueno del primer amor se ha ido convirtiendo en vinagre.
El amor que no se cultiva, que no se estrena cada día, tiende a desaparecer. Alguien dijo: “No me da coraje el haber perdido el amor, sino que se haya ido poco a poco”.
Hay que pagar un precio. Se paga el teléfono y si no te lo cortan, pagas el gas o un día no enciende la estufa, cargas el tanque de gasolina, si no quieres quedarte tirado. Pero, ¿cuánto pagas por recargar tu matrimonio?
Impresiona ver los esfuerzos y sacrificios que realizan algunos por llevar un trabajo floreciente, y qué poco o casi nada de empeño ponen por llevar un matrimonio, no digo floreciente, sino un matrimonio con vida.
Me atrevo a suponer que su matrimonio y su familia les interesa mucho más que su trabajo.
¿Qué inversión haces cada día para aumentar el capital de felicidad dentro de tu hogar? ¿Estrenas cada día el matrimonio? ¿Desde cuándo no tienes un detalle con tu esposo o esposa? ¿El matrimonio es una fecha relevante para los dos? ¿Te preocupas por dar a tu pareja una agradable sorpresa? Por ejemplo: en la comida. Cuando están juntos, ¿disfrutan como viejos enamorados o procuran estar lo menos posible en compañía?
La pregunta clave para saber si quieres a tu pareja es: ¿Lo que más te importa es hacerlo feliz?
En cuestiones de amor sucede lo que con el dinero: “Cuánto más dinero pongas a producir en el banco, más intereses obtienes. Cuánto más inviertes en detalles, delicadezas, comprensión y en todo lo que se llama amor verdadero, más intereses de felicidad para los dos. Pero si de tu cuenta de ahorros sacas más de lo que inviertes, un día te quedarás en ceros”.
Honradamente, ¿cuánto invertiste ayer en la cuenta el amor?
El matrimonio se estrena cada día. El amor de hoy debe tener la frescura, la fuerza, la delicadeza del primer día. El matrimonio debe tener la fuerza del primer amor.
Diálogo con Cristo
Jesús, dame la coherencia de vida para manifestar mi fe con las obras, porque como católico, miembro de la Iglesia, mi testimonio de vida personal, familiar, social y profesional influye, para bien o para mal, en otras personas. Debo reflejar mi fe las veinticuatro horas del día, en todas partes y en cualquier situación. Te pido la gracia de una vida auténtica.
Propósito
El amor que se estrena es maravilloso, es el primer amor. Si tu quieres puedes estrenar cada día tu amor y convertirlo en un día de maravilla.

EDD. Viernes 20 de mayo de 2016.

 
Viernes de la séptima semana del tiempo ordinario.
 
 
http://evangeliodeldia.org/main.php?language=SP&module=readings&localdate=20160520
 
 
Epístola de Santiago 5,9-12.
Hermanos, no se quejen los unos de los otros, para no ser condenados. Miren que el Juez ya está a la puerta.
Tomen como ejemplo de fortaleza y de paciencia a los profetas que hablaron en nombre del Señor.
Porque nosotros llamamos felices a los que sufrieron con paciencia. Ustedes oyeron hablar de la paciencia de Job, y saben lo que hizo el Señor con él, porque el Señor es compasivo y misericordioso.
Pero ante todo, hermanos, no juren ni por el cielo, ni por la tierra, ni de ninguna manera: que cuando digan «sí», sea sí; y cuando digan «no», sea no, para no ser condenados.
 
Salmo 103(102),1-2.3-4.8-9.11-12.
Bendice al Señor, alma mía,
que todo mi ser bendiga a su santo Nombre;
bendice al Señor, alma mía,
y nunca olvides sus beneficios.
El perdona todas tus culpas
y cura todas tus dolencias;
rescata tu vida del sepulcro,
te corona de amor y de ternura.
El Señor es bondadoso y compasivo,
lento para enojarse y de gran misericordia;
No acusa de manera inapelable
ni guarda rencor eternamente;
Cuanto se alza el cielo sobre la tierra,
así de inmenso es su amor por los que lo temen;
cuanto dista el oriente del occidente,
así aparta de nosotros nuestros pecados.
 
Evangelio según San Marcos 10,1-12.
Jesús fue a la región de Judea y al otro lado del Jordán. Se reunió nuevamente la multitud alrededor de él y, como de costumbre, les estuvo enseñando una vez más.
Se acercaron algunos fariseos y, para ponerlo a prueba, le plantearon esta cuestión: «¿Es lícito al hombre divorciarse de su mujer?».
El les respondió: «¿Qué es lo que Moisés les ha ordenado?».
Ellos dijeron: «Moisés permitió redactar una declaración de divorcio y separarse de ella».
Entonces Jesús les respondió: «Si Moisés les dio esta prescripción fue debido a la dureza del corazón de ustedes.
Pero desde el principio de la creación, Dios los hizo varón y mujer.
Por eso, el hombre dejará a su padre y a su madre,
y los dos no serán sino una sola carne. De manera que ya no son dos, sino una sola carne.
Que el hombre no separe lo que Dios ha unido».
Cuando regresaron a la casa, los discípulos le volvieron a preguntar sobre esto.
El les dijo: «El que se divorcia de su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra aquella;
y si una mujer se divorcia de su marido y se casa con otro, también comete adulterio».
 
Comentario del Evangelio por  Concilio Vaticano II. Constitución dogmática sobre la Iglesia en el mundo actual «Gaudium et spes», § 48.
 
 
«Maridos, amad a vuestras mujeres como Cristo amó a su Iglesia» (Ef 5,25).
 
El marido y la mujer, que por el pacto conyugal «ya no son dos, sino una sola carne», con la unión íntima de sus personas y actividades se ayudan y se sostienen mutuamente, adquieren conciencia de su unidad y lo logran cada vez más plenamente. Esta íntima unión, como mutua entrega de dos personas, lo mismo que el bien de los hijos, exigen plena fidelidad conyugal y urgen su indisoluble unidad.
Cristo nuestro Señor bendijo abundantemente este amor multiforme, nacido de la fuente divina de la caridad y que está formado a semejanza de su unión con la Iglesia (Ef 5,32). Porque así como Dios antiguamente se adelantó a unirse a su pueblo por una alianza de amor y de fidelidad, así ahora el Salvador de los hombres y Esposo de la Iglesia sale al encuentro de los esposos cristianos por medio del sacramento del matrimonio. Además, permanece con ellos para que los esposos, con su mutua entrega, se amen con perpetua fidelidad, como Él mismo amó a la Iglesia y se entregó por ella (Ef 5,25).
El genuino amor conyugal es asumido en el amor divino y se rige y enriquece por la virtud redentora de Cristo y la acción salvífica de la Iglesia para conducir eficazmente a los cónyuges a Dios y ayudarlos y fortalecerlos en la sublime misión de la paternidad y la maternidad. Por ello los esposos cristianos, para cumplir dignamente sus deberes de estado, están fortificados y como consagrados por un sacramento especial, con cuya virtud, al cumplir su misión conyugal y familiar, imbuidos del espíritu de Cristo, que satura toda su vida de fe, esperanza y caridad, llegan cada vez más a su propia perfección y a su mutua santificación, y, por tanto, conjuntamente, a la glorificación de Dios.
 

EDD. Jueves 19 de mayo de 2016.

 
Jueves de la séptima semana del tiempo ordinario.
 
http://evangeliodeldia.org/main.php?language=SP&module=readings&localdate=20160518
 
Epístola de Santiago 5,1-6.
Ustedes, los ricos, lloren y giman por las desgracias que les van a sobrevenir.
Porque sus riquezas se han echado a perder y sus vestidos están roídos por la polilla.
Su oro y su plata se han herrumbrado, y esa herrumbre dará testimonio contra ustedes y devorará sus cuerpos como un fuego. ¡Ustedes han amontonado riquezas, ahora que es el tiempo final!
Sepan que el salario que han retenido a los que trabajaron en sus campos está clamando, y el clamor de los cosechadores ha llegado a los oídos del Señor del universo.
Ustedes llevaron en este mundo una vida de lujo y de placer, y se han cebado a sí mismos para el día de la matanza.
Han condenado y han matado al justo, sin que él les opusiera resistencia.
 
Salmo 49(48),14-15ab.15cd-16.17-18.19-20.
Este es el destino de los que tienen riquezas,
y el final de la gente insaciable.
Serán puestos como ovejas en el Abismo,
la Muerte será su pastor;
bajarán derecho a la tumba,
su figura se desvanecerá
Pero Dios rescatará mi vida,
me sacará de las garras del Abismo.
No te preocupes cuando un hombre
se enriquece
o aumenta el esplendor de su casa:
cuando muera, no podrá llevarse nada,
su esplendor no bajará con él.
Aunque en vida se congratulaba, diciendo:
“Te alabarán porque lo pasas bien”,
igual irá a reunirse con sus antepasados,
con esos que nunca verán la luz.
Evangelio según San Marcos 9,41-50.
Jesús dijo a sus discípulos:
«Les aseguro que no quedará sin recompensa el que les dé de beber un vaso de agua por el hecho de que ustedes pertenecen a Cristo.
Si alguien llegara a escandalizar a uno de estos pequeños que tienen fe, sería preferible para él que le ataran al cuello una piedra de moler y lo arrojaran al mar.
Si tu mano es para ti ocasión de pecado, córtala, porque más te vale entrar en la Vida manco, que ir con tus dos manos a la Gehena, al fuego inextinguible.
Y si tu pie es para ti ocasión de pecado, córtalo, porque más te vale entrar lisiado en la Vida, que ser arrojado con tus dos pies a la Gehena.
Y si tu ojo es para ti ocasión de pecado, arráncalo, porque más te vale entrar con un solo ojo en el Reino de Dios, que ser arrojado con tus dos ojos a la Gehena,
donde el gusano no muere y el fuego no se apaga.
Porque cada uno será salado por el fuego.
La sal es una cosa excelente, pero si se vuelve insípida, ¿con qué la volverán a salar? Que haya sal en ustedes mismos y vivan en paz unos con otros».
 
 
 
Comentario del Evangelio por  San Juan Crisóstomo (c. 345-407), presbítero en Antioquía, después obispo de Constantinopla, doctor de la Iglesia. Sermón sobre el demonio tentador; PG 49, 263-264.-
 
 
Los caminos para entrar en la vida eterna.
 
¿Queréis que os indique los caminos de la conversión? Son numerosos, variados y diferentes, pero todos conducen al cielo. El primer camino de la conversión es aborrecer nuestros pecados. “Empieza tú a confesar tus pecados para ser justo” (Is 43,26). Esto porque dice el profeta: “Me dije: -confesaré al Señor mis culpas.- Y tú perdonaste mi falta y mi pecado” (Sal 31,5). Condena tú mismo las faltas que has cometido y esto bastará para que el Maestro te escuche. El que condena sus pecados irá con más cuidado para no recaer en ellos…
Hay un segundo camino que no es inferior al primero y es: no guardar rencor a nuestros enemigos, dominar nuestra cólera para perdonar las ofensas que nos infligen nuestros compañeros de servicio, porque así obtendremos el perdón de las ofensas contra el Maestro. Es la segunda manera de obtener la purificación de nuestras faltas. “Si perdonáis a vuestros deudores, dice el Señor, mi Padre que está en el cielo perdonará también vuestras faltas” (Mt 6,14).
¿Quieres conocer el tercer camino de la conversión? ES la oración ferviente y atenta desde el fondo del corazón… El cuarto camino es la limosna. Tiene un poder  considerable e indecible… Luego, la modestia y la humildad no son medios menores para destruir el pecado desde la raíz. Tenemos como testimonio de ello el publicano que no podía proclamar su buenas acciones sino que en su lugar ofreció su humildad y depositó ante el Señor el pesado fardo de sus faltas (Lc 18,9ss).
Acabamos de indicar cinco caminos hacia la conversión… ¡No te quedes inactivo sino que cada día avanza por estos caminos! Son fáciles, y a pesar de tus miserias puedes ir por ellos.
 

El Papa recuerda que la misericordia de Dios hacia nosotros está unida a la nuestra hacia el prójimo.

Texto completo de la catequesis del papa Francisco en la audiencia del miércoles 18 de mayo de 2016.
El Papa recuerda que la misericordia de Dios hacia nosotros está unida a la nuestra hacia el prójimo.
https://es.zenit.org/articles/texto-completo-de-la-catequesis-del-papa-francisco-en-la-audiencia-del-miercoles-18-de-mayo-de-2016/
18 MAYO 2016 REDACCION EL PAPA FRANCISCO.
Audiencia Del Miércoles En La Plaza De San Pedro (Copyright Osservatore Romano)
(ZENIT – Ciudad del Vaticano).- El papa Francisco ha reflexionado en la catequesis de esta semana sobre la parábola del hombre rico y del pobre Lázaro. Así ha observado que Lázaro representa el grito silencioso de los pobres de todos los tiempos y la contradicción de un mundo en el que riquezas inmensas y recursos están en las manos de pocos. Del mismo modo ha precisado que si no abrimos la puerta de nuestro corazón al pobre, esa puerta se queda cerrada también para Dios.
 
Publicamos a continuación el texto completo de la catequesis.
“Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Deseo detenerme hoy con los aquí presentes, en la parábola del hombre rico y del pobre Lázaro. La vida de estas dos personas parece pasar por andenes paralelos: sus condiciones de vida son opuestas y del todo incomunicadas. La puerta de casa del rico está siempre cerrada al pobre, que está fuera, tratando de comer algo de lo que sobra en la mesa del rico. Este lleva vestidos de lujo, mientras que Lázaro está cubierto de llagas; el rico da banquetes todos los días, mientras que Lázaro muere de hambre. Solo los perros le cuidany van a lamerle las llagas.
Esta escena recuerda la dura reprimenda del Hijo del hombre en el juicio final: “porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed y no me disteis de beber; estaba […] desnudo, y no fui vestido; enfermo y preso, y me han visitado” (Mt 25,42-43). Lázaro representa bien el grito silencioso de los pobres de todos los tiempos y la contradicción de un mundo en el que riquezas inmensas y recursos están en las manos de pocos.
Jesús dice que un día ese hombre rico murió, ese hombre murió. Los pobres y los ricos mueren, tienen el mismo destino, todos nosotros, no hay excepciones a esto. Y ese hombre se dirigió a Abrahán suplicándole con el apelativo de “padre” (vv. 24.27). Reivindica ser su hijo, perteneciente al pueblo de Dios. Ni siquiera en vida ha mostrado consideración alguna hacia Dios, es más, ha hecho de sí mismo el centro de todo, cerrado en su mundo de lujo y de derroche.
Excluyendo a Lázaro, no ha tenido en cuenta ni al Señor ni a su ley. ¡Ignorar al pobre es despreciar a Dios! Y esto debemos aprenderlo bien. Ignorar al pobre es despreciar a Dios. Hay un particular en la parábola que hay que notar: el rico no tiene nombre, solamente un adjetivo, “el rico”; mientras que el del pobre se repite cinco veces, y “Lázaro” significa “Dios ayuda”. Lázaro, que está delante de la puerta, es un reclamo viviente al rico para acordarse de Dios, pero el rico no acoge este reclamo. Será condenado no por sus riquezas, sino por no haber sido capaz de sentir compasión por Lázaro y socorrerlo.
En la segunda parte de la parábola, encontramos a Lázaro y al rico después de la muerte (vv. 22-31). En el más allá, la situación ha cambiado: el pobre Lázaro es llevado por los ángeles al cielo ante Abraham, el rico sin embargo se precipita entre los tormentos. Entonces el rico “alzó los ojos y vio de lejos a Abraham, y Lázaro junto a él”. A él le parece ver a Lázaro por primer vez, pero sus palabras le traicionan: “Padre Abraham –dice– ten piedad de mí y manda a Lázaro –lo conocía ¿eh?– a meter en el agua la punta del dedo y a mojarme la lengua, porque sufro terriblemente en esta llama”. Ahora el rico reconoce a Lázaro y le pide ayuda, mientras que en vida fingía no verlo. ¡Cuántas veces, cuántas veces, tanta gente finge no ver a los pobres! Para ellos los pobres no existen. Antes le negaba incluso lo que le sobraba de la mesa, ¡y ahora quiere que le lleve agua! Todavía cree poder tener derechos por su precedente condición social.
Declarando imposible cumplir su petición, Abraham en persona ofrece la clave de toda la historia: él explica que bienes y males han sido distribuidos de forma que compense la injusticia terrena y la puerta que separaba en vida al rico y al pobre, se ha transformado en un “gran abismo”.
Mientras Lázaro estaba bajo su casa, para el rico había la posibilidad de salvación, abrir la puerta, ayudar a Lázaro, pero ahora que ambos han muerto, la situación se ha hecho irreparable. Dios no es llamado nunca directamente, pero la parábola advierte claramente: la misericordia de Dios con nosotros está unida a nuestra misericordia hacia el prójimo; cuando falta nuestra misericordia con los demás, la de Dios no encuentra espacio en nuestro corazón cerrado, no puede entrar. Si yo no abro la puerta de mi corazón al pobre, esa puerta se queda cerrada, también para Dios y esto es terrible.
En este punto el rico piensa en sus hermanos que corren el riesgo de terminar igual y pide que Lázaro pueda volver al mundo para advertirles. Pero Abraham replica: “Tienen a Moisés y a los profetas, que los escuchen”. Para convertirnos, no tenemos que esperar eventos prodigiosos, sino abrir el corazón a la Palabra de Dios, que nos llama a amar a Dios y al prójimo. La Palabra de Dios puede hacer revivir un corazón marchito y sanarlo de su ceguera.
El rico conocía la Palabra de Dios, pero no la dejado entrar en el corazón, no la ha escuchado, por eso ha sido incapaz de abrir los ojos y de tener compasión del pobre. Ningún mensajero y ningún mensaje podrán sustituir a los pobres que encontramos en el camino, porque en ellos viene Jesús mismo a nuestro encuentro: “Todo lo que habéis hecho a uno solo de estos mis hermanos más pequeños, me lo habéis hecho a mí” (Mt25,40), dice Jesús.
Así en el intercambios de las situaciones que la parábola describe está escondido el misterio de nuestra salvación, en la que Cristo une la pobreza a la misericordia. Queridos hermanos y hermanas, escuchando este Evangelio, todos nosotros, junto a los pobres de la tierra, podemos cantar con María: “Derribó a los poderosos de su trono y elevó a los humildes. Colmó de bienes a los hambrientos y despidió a los ricos con las manos vacías”(Lc 1,52-53).
(Texto traducido por ZENIT desde el audio).