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Autor: Patricio Osiadacz

EDD. sábado 28 de marzo de 2016.

Sábado de la octava semana del tiempo ordinario
Epístola de San Judas 1,17.20b-25.
En cuanto a ustedes, queridos míos, acuérdense de lo que predijeron los Apóstoles de nuestro Señor Jesucristo.
Pero ustedes, queridos míos, edifíquense a sí mismos sobre el fundamento de su fe santísima, orando en el Espíritu Santo.
Manténganse en el amor de Dios, esperando la misericordia de nuestro Señor Jesucristo para la Vida eterna.
Traten de convencer a los que tienen dudas,
y sálvenlos librándolos del fuego. En cuanto a los demás, tengan piedad de ellos, pero con cuidado, aborreciendo hasta la túnica contaminada por su cuerpo.
A aquel que puede preservarlos de toda caída y hacerlos comparecer sin mancha y con alegría en la presencia de su gloria,
al único Dios que es nuestro Salvador, por medio de Jesucristo nuestro Señor, sea la gloria, el honor, la fuerza y el poder, desde antes de todos los tiempos, ahora y para siempre. Amén.
Salmo 63(62),2.3-4.5-6.
Señor, tú eres mi Dios,
yo te busco ardientemente;
mi alma tiene sed de ti,
por ti suspira mi carne
como tierra sedienta, reseca y sin agua.
Sí, yo te contemplé en el Santuario
para ver tu poder y tu gloria.
Porque tu amor vale más que la vida,
mis labios te alabarán.
Así te bendeciré mientras viva
y alzaré mis manos en tu Nombre.
Mi alma quedará saciada
como con un manjar delicioso,
y mi boca te alabará
con júbilo en los labios.
Evangelio según San Marcos 11,27-33.
Y llegaron de nuevo a Jerusalén. Mientras Jesús caminaba por el Templo, los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos se acercaron a él
y le dijeron: «¿Con qué autoridad haces estas cosas? ¿O quién te dio autoridad para hacerlo?».
Jesús les respondió: «Yo también quiero hacerles una sola pregunta. Si me responden, les diré con qué autoridad hago estas cosas.
Díganme: el bautismo de Juan, ¿venía del cielo o de los hombres?».
Ellos se hacían este razonamiento: «Si contestamos: ‘Del cielo’, él nos dirá: ‘¿Por qué no creyeron en él?’.
¿Diremos entonces: «De los hombres’?». Pero como temían al pueblo, porque todos consideraban que Juan había sido realmente un profeta,
respondieron a Jesús: «No sabemos». Y él les respondió: «Yo tampoco les diré con qué autoridad hago estas cosas».
Comentario del Evangelio por San Atanasio (295-373), obispo de Alejandría, doctor de la Iglesia . Discurso contra los arrianos, 2, 78-79 (trad. breviario martes 6ª semana. rev.).
“¿Quién te ha dado esta autoridad?”
La Sabiduría unigénita y personal de Dios es creadora y hacedora de todas las cosas. Todo -dice en efecto el salmo– lo hiciste con sabiduría, y también: La tierra está llena de tus criaturas. Pues, para que las cosas creadas no sólo existieran, sino que también existieran debidamente, quiso Dios acomodarse a ellas por su Sabiduría, imprimiendo en todas ellas en conjunto y en cada una en particular cierta similitud e imagen de sí mismo, con lo cual se hiciese patente que las cosas creadas están embellecidas con la Sabiduría y que las obras de Dios son dignas de él.
Porque, del mismo modo que nuestra palabra es imagen de la Palabra, que es el Hijo de Dios, así también la sabiduría creada es también imagen de esta misma Palabra, que se identifica con la Sabiduría; y así, por nuestra facultad de saber y entender, nos hacemos idóneos para recibir la Sabiduría creadora y, mediante ella, podemos conocer a su Padre. Pues, quien posee al Hijo –posee también al Padre, dice la Escritura– y El que me recibe, recibe al que me ha enviado (Mt 10,40)…
Mas, como, en la sabiduría de Dios, según antes hemos explicado, el mundo no lo conoció por el camino de la sabiduría, quiso Dios valerse de la necedad de la predicación, para salvar a los creyentes. Porque Dios no quiso ya ser conocido, como en tiempos anteriores, a través de la imagen y sombra de la sabiduría existente en las cosas creadas, sino que quiso que la auténtica Sabiduría tomara carne, se hiciera hombre y padeciese la muerte de cruz, para que, en adelante, todos los creyentes pudieran salvarse por la fe en ella.
Se trata, en efecto, de la misma Sabiduría de Dios, que antes, por su imagen impresa en las cosas creadas… se daba a conocer a sí misma y, por medio de ella, daba a conocer a su Padre. Pero, después esta misma Sabiduría, que es también la Palabra, se hizo carne, como dice san Juan (1,14), y, habiendo destruido la muerte y liberado nuestra raza, se reveló con más claridad a sí misma y, a través de sí misma, reveló al Padre; de ahí aquellas palabras suyas: Haz que te conozcan a ti, único Dios verdadero, y a tu enviado, Jesucristo (Jn 17,3).
De este modo, toda la tierra está llena de su conocimiento. En efecto, uno solo es el conocimiento del Padre a través del Hijo, y del Hijo por el Padre; uno solo es el gozo del Padre y el deleite del Hijo en el Padre, según aquellas palabras: yo era su encanto cotidiano, todo el tiempo jugaba en su presencia.
©Evangelizo.org 2001-2016

Homilía para la Eucaristía del Domingo 29 de mayo de 2016.

A todos ustedes deseo mucha paz y bien. Que el Señor los acompañe a todos; yo estaré ausente por un tiempo; les pido ue rueguen mucho por mí, para que el Señor me ilumine.
SANTISIMO CUERPO DE CRISTO.
Génesis 14,18-20: Melquisedec ofrece pan y vino: gesto de amistad y ofrenda. Melquisedec es figura del futuro Mesías, cuyo sacerdocio es superior al de Leví.
1Corintios 11,23-26: se trasmite una tradición: la Cena del Señor, que rememora la muerte del Señor hasta que El vuelva.
Lucas 9,11-17: en el relato se destaca la comida ofrecida por el Señor a todos. Comida = unión-comunión con Dios y los hombres.
1.- Hoy celebramos el Misterio de la Eucaristía: el Cuerpo y la Sangre de Cristo alimento del creyente.
Todos acuden a Jesús y sienten hambre. Pero los que acuden no están en condiciones de captar la grandeza de lo que Jesús ofrece; ellos se conforman con saciar el hambre material; algo parecido sucede con la samaritana cuando Jesús le ofrece “Agua viva”. Lo mismo sucede también hoy; muchos se conforman solamente con saciar el hambre material.
El relato evangélico está lleno de significados. Los discípulos, el ser humano, son incapaces de alimentar a tanta gente Sólo Jesús puede alimentar y saciar a la multitud. Al multiplicar el pan se señala que El trae la comunión con el Padre.
El “pan” viene a significar su enseñanza acerca del Reino y también la Eucaristía, el Banquete del Reino. Jesús dice a los discípulos: “Denles de comer ustedes mismos”. Imposible, ya que lo que hay no alcanza. Pero el gesto de Jesús es multiplicador; sobraron doce canastas, una para cada Apóstol, para que puedan dar a los demás.
2.- Repartir el pan, el alimento del Reino, es tarea de Cristo, pero también de cada discípulo. Por eso: “Denles de comer ustedes mismos”. Tarea de la Iglesia es proporcionar este alimento (el Reino) a todos, ya que todos sienten hambre de Reino de Dios, hambre de Dios, hambre de amor, de amistad, de justicia, de solidaridad y vida. Todo lo que es presencia del Reinado de Dios.
Muchas veces el evangelio indica esto; hoy por medio de esta comida gratis y abundante. Por eso, lo que Jesús les dice sigue resonando en medio nuestro: “Denles ustedes de comer”.
Se lo dice a los que gobiernan, a los que detentan la riqueza en la sociedad, a los ministros de la iglesia y a los educadores. Todos tenemos el deber de dar de comer a los demás. “Dar de comer al hambriento y beber al sediento”, obras de misericordia. Jesús practica la misericordia al multiplicar el pan, al predicar, al enseñar.
3.- En el mundo hay mucha hambre. Y un pueblo con hambre se torna incontrolable, es una bestia muy peligrosa. Lo vemos en las noticias a diario. Hay hambre material y espiritual. No se puede negar el pan a nadie. “Si tu enemigo tiene hambre, dale de comer”, dice san Pablo en Romanos 16,20.
El mundo, tierra donde no reina el Señor, hay hambre y sed de todo tipo. Por eso hay tanto indignado. No se trata de sofocar todo asomo de rebeldía, ya que lo que se debe sofocar es la causa, lo que origina la rebeldía. “Denles ustedes de comer”.
4.- Eucaristía = alimento = comunión=expresión del Reino. La Eucaristía significa mucho, no la reduzcamos a un simple rito sagrado, desligado de la realidad de la vida. Cuando celebramos y participamos de la Eucaristía estamos comprometiéndonos con el Señor. El Señor también pone a disposición de cada uno de nosotros una cesta con el pan del Reino: su Palabra, su Cuerpo y su Sangre para darlo a los demás. Jesús anuncia el Reino, realiza el Reino y alimenta a su Pueblo. Él es quien nos trae la Paz y el Bien. Aquí nosotros, unidos con Cristo, hacemos la ofrenda de pan y vino, el gesto de amistad y sacrificio verdadero. Pero no basta el rito, hay que darle contenido.
Hermano Pastor Salvo Beas.

Cuando pidan algo en la oración, crean que ya lo tienen y lo conseguirán.

Le fe mueve montañas.
Tiempo Ordinario
Cuando pidan algo en la oración, crean que ya lo tienen y lo conseguirán.
Por: Víctor Hugo Gamboa
Fuente: Catholic.net
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Del santo Evangelio según san Marcos, 11, 11-26
Jesús llegó a Jerusalén y fue al Templo; después de observarlo todo, como ya era tarde, salió con los Doce hacia Betania. Al día siguiente, cuando salieron de Betania, Jesús sintió hambre. Al divisar de lejos una higuera cubierta de hojas, se acercó para ver si encontraba algún fruto, pero no había más que hojas; porque no era la época de los higos. Dirigiéndose a la higuera, le dijo: Que nadie más coma de tus frutos». Y sus discípulos lo oyeron.
Cuando llegaron a Jerusalén, Jesús entró en el Templo y comenzó a echar a los que vendían y compraban en él. Derribó las mesas de los cambistas y los puestos de los vendedores de palomas, y prohibió que transportaran cargas por el Templo. Y les enseñaba: ¿Acaso no está escrito: Mi Casa será llamada Casa de oración para todas las naciones? Pero ustedes la han convertido en una cueva de ladrones. Cuando se enteraron los sumos sacerdotes y los escribas, buscaban la forma de matarlo, porque le tenían miedo, ya que todo el pueblo estaba maravillado de su enseñanza.
Al caer la tarde, Jesús y sus discípulos salieron de la ciudad. A la mañana siguiente, al pasar otra vez, vieron que la higuera se había secado de raíz. Pedro, acordándose, dijo a Jesús: «Maestro, la higuera que has maldecido se ha secado». Jesús respondió: «Tengan fe en Dios. Porque yo les aseguro que si alguien dice a esta montaña: Retírate de ahí y arrójate al mar», sin vacilar en su interior, sino creyendo que sucederá lo que dice, lo conseguirá. Por eso les digo: Cuando pidan algo en la oración, crean que ya lo tienen y lo conseguirán. Y cuando ustedes se pongan de pie para orar, si tienen algo en contra de alguien, perdónenlo, y el Padre que está en el cielo les perdonará también sus faltas. Pero si no perdonan, tampoco el Padre que está en el cielo los perdonará a ustedes.
Oración introductoria
Señor, creo en ti, ayúdame a creer con firmeza; espero en ti, ayúdame a vivir sin desconfianza; Señor, te amo, ayúdame a demostrártelo con hechos. Quiero ofrecer esta meditación por los que no creen en ti, por los que pasan problemas muy difíciles, por los que se olviden de ti.
Petición
Señor, aumenta mi fe, que pueda verte en cada instante de mi vida. Que cuando vaya a tu casa, ella sea para mí una casa de oración donde me aumentes la fe y te conozca más.
Meditación del Papa Francisco
La liturgia del día propone el Evangelio en el que Jesús expulsa a los mercaderes del Templo, porque han transformado la casa de oración en una cueva de ladrones. Y lo que hace Jesús es un gesto de purificación, el templo había sido profanado y con el Templo, el pueblo de Dios. Profanado con el pecado tan grave que es el escándalo.
La gente es buena, la gente iba al Templo, no miraba estas cosas; buscaba a Dios, rezaba… pero debía cambiar las monedas para las ofrendas. El pueblo de Dios no iba al Templo por esta gente, por los que vendían, pero iban al tempo de Dios y allí había corrupción que escandalizaba al pueblo. Por eso yo pienso en el escándalo que podemos causar a la gente con nuestra actitud, con nuestras costumbres no sacerdotales en el Templo: el escándalo del comercio, el escándalo de la mundanidad… Cuántas veces vemos que entrando en una iglesia, aún hoy, está ahí la lista de los precios, para el bautismo, la bendición, las intenciones para la misa. Y de todo esto el pueblo se escandaliza. (Cf Homilía de S.S. Francisco, 21 de noviembre de 2014, en Santa Marta).
Reflexión
En este pasaje del evangelio, Cristo muestra su amor al Padre, busca darle siempre el primer lugar en su vida. Para estar con Dios es necesario darle el lugar que le corresponde, pues si no fuera por Él, no sería posible nada de lo que ahora vemos y sentimos. Cristo nos muestra la importancia de poner a Dios en el centro, de estar unidos a Él, y la forma de estar unidos es vivir con fe en cada momento de nuestra vida. Cuando vivimos cada día así, dejamos entrar a Dios en nuestra burbuja para transformarnos en sus hijos muy amados.
Propósito
El día de hoy, en cada actividad, buscaré ver a Dios para tenerle presente.
Diálogo con Cristo
¡Señor!, sé que a veces me he alejado de ti. No me he confiado en tus manos, me he desesperado cuando surge alguna dificultad. Quiero ser tu mejor amigo, ayúdame a salir de esta incredulidad que no me permite estar muy cerca de ti. Señor, confío en ti. Ayúdame a crecer más en ti, pues tú vales la vida entera; ayúdame a verte en los demás, en los que sufren; enséñame el camino que he de seguir y nunca permites que me separa de ti. Así sea.
Renovar de modo más maduro la propia adhesión a la fe es condición para una participación verdadera y plena en la celebración eucarística, que constituye la cumbre de la vida eclesial (Juan Pablo II)

EDD. Viernes 27 de mayo de 2016.

Viernes de la octava semana del tiempo ordinario
Epístola I de San Pedro 4,7-13.
Ya se acerca el fin de todas las cosas: por eso, tengan la moderación y la sobriedad necesarias para poder orar.
Sobre todo, ámense profundamente los unos a los otros, porque el amor cubre todos los pecados.
Practiquen la hospitalidad, sin quejarse.
Pongan al servicio de los demás los dones que han recibido, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios.
El que ha recibido el don de la Palabra, que la enseñe como Palabra de Dios. El que ejerce un ministerio, que lo haga como quien recibe de Dios ese poder, para que Dios sea glorificado en todas las cosas, por Jesucristo. ¡A él sea la gloria y el poder, por los siglos de los siglos! Amén.
Queridos míos, no se extrañen de la violencia que se ha desatado contra ustedes para ponerlos a prueba, como si les sucediera algo extraordinario.
Alégrense en la medida en que puedan compartir los sufrimientos de Cristo. Así, cuando se manifieste su gloria, ustedes también desbordarán de gozo y de alegría.
Salmo 96(95),10.11-12.13.
Digan entre las naciones: «El Señor reina!
El mundo está firme y no vacilará.
El Señor juzgará a los pueblos con rectitud.»
Alégrese el cielo y exulte la tierra,
resuene el mar y todo lo que hay en él;
regocíjese el campo con todos sus frutos,
griten de gozo los árboles del bosque.
Griten de gozo delante del Señor,
porque él viene a gobernar la tierra:
Él gobernará al mundo con justicia,
y a los pueblos con su verdad.
Evangelio según San Marcos 11,11-26.
Jesús llegó a Jerusalén y fue al Templo; y después de observarlo todo, como ya era tarde, salió con los Doce hacia Betania.
Al día siguiente, cuando salieron de Betania, Jesús sintió hambre.
Al divisar de lejos una higuera cubierta de hojas, se acercó para ver si encontraba algún fruto, pero no había más que hojas; porque no era la época de los higos.
Dirigiéndose a la higuera, le dijo: «Que nadie más coma de tus frutos». Y sus discípulos lo oyeron.
Cuando llegaron a Jerusalén, Jesús entró en el Templo y comenzó a echar a los que vendían y compraban en él. Derribó las mesas de los cambistas y los puestos de los vendedores de palomas,
y prohibió que transportaran cargas por el Templo.
Y les enseñaba: «¿Acaso no está escrito: Mi Casa será llamada Casa de oración para todas las naciones? Pero ustedes la han convertido en una cueva de ladrones».
Cuando se enteraron los sumos sacerdotes y los escribas, buscaban la forma de matarlo, porque le tenían miedo, ya que todo el pueblo estaba maravillado de su enseñanza.
Al caer la tarde, Jesús y sus discípulos salieron de la ciudad.
A la mañana siguiente, al pasar otra vez, vieron que la higuera se había secado de raíz.
Pedro, acordándose, dijo a Jesús: «Maestro, la higuera que has maldecido se ha secado».
Jesús le respondió: «Tengan fe en Dios.
Porque yo les aseguro que si alguien dice a esta montaña: ‘Retírate de ahí y arrójate al mar’, sin vacilar en su interior, sino creyendo que sucederá lo que dice, lo conseguirá.
Por eso les digo: Cuando pidan algo en la oración, crean que ya lo tienen y lo conseguirán.
Y cuando ustedes se pongan de pie para orar, si tienen algo en contra de alguien, perdónenlo, y el Padre que está en el cielo les perdonará también sus faltas».
Pero si no perdonan, tampoco el Padre que está en el cielo los perdonará a ustedes.
Comentario del Evangelio por San Jerónimo (347-420), sacerdote, traductor de la Biblia, doctor de la Iglesia. Homilías sobre el Evangelio de San Marcos, n° 9.
« No convirtáis en un mercado la casa de mi Padre».
«Jesús entró en el Templo y empezó a expulsar a los que vendían y compraban».Ciertamente enterados de la resurrección de Lázaro están estupefactos de que el hijo de una viuda haya resucitado, otros se impresionan por otros milagros. Sin duda, es admirable devolver a la vida un cuerpo muerto. Por mi parte, estoy más impresionado por este hecho: este hombre, hijo de carpintero, un pobre sin morada, sin lugar donde reposar, desarmado, ni líder ni juez ¿qué autoridad tiene….para enfrentarse él sólo a una multitud? Nadie ha protestado, nadie ha osado poner resistencia, ninguna persona ha osado oponerse al Hijo que repara la injuria hecha a su Padre…
«Empezó a expulsar a aquellos que vendían y compraban dentro del Templo» si esto ha sido posible en casa de los judíos, ¿por qué no puede ser con más razón en nuestra propia casa? Si esto acontece dentro del marco de la Ley ¿por qué no puede ocurrir con más motivo en el marco del Evangelio? … Cristo, pobre, expulsa a vendedores y compradores que son ricos. Aquellos que venden son expulsados igual que los que compran. Que nadie diga: «Yo regalo todo lo que tengo, yo hago limosna a los pobres como Dios manda».En un pasaje de San Mateo leemos esto:»Gratis habéis recibido, dad gratis» (Mt 10,8). La gracia de Dios no se vende, se da.

‘Haced esto en memoria mia’: El apóstol Pablo refiere dos veces este mandato de Cristo, en el relato de la institución de la Eucaristía.

Texto completo de la homilía del papa Francisco en la festividad de Corpus Christi.
‘Haced esto en memoria mia’: El apóstol Pablo refiere dos veces este mandato de Cristo, en el relato de la institución de la Eucaristía.
https://es.zenit.org/articles/texto-completo-del-papa-francisco-en-la-fiesta-de-corpus-christi/
26 MAYO 2016 SERGIO MORA EL PAPA FRANCISCO
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El Papa Francisco Durante La Celebración De Corpus Christi En La Basílica Romana De San Juan De Letrán
(ZENIT – Roma). El papa Francisco presidió este jueves en Roma, la solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, con una misa en la basílica pontificia de San Juan de Letrán. En la fiesta de Corpus Christi, al concluir la eucaristía partió la procesión hasta la basílica de Santa María la Mayor, donde tras la llegada del Santísimo, el Papa imparte la bendición solemne.
En su homilía Francisco recuerda que es necesario ofrecer los pocos panes y peces que tenemos y distribuirlos a todos; que ‘partir el pan’ es el símbolo de la identidad de Cristo y de los cristianos y de los santos y santas que se han dejado ‘partir’ para ‘alimentar a los hermanos’. Símbolo de las madres y papás que se parten para criar a sus hijos bien, de los cristianos empeñados en defender la dignidad de todos, especialmente de los más pobres, marginados y discriminados. Y ellos encuentran la fuerza en la Eucaristía.
A continuación publicamos el texto completo de la homilía.
“‘Haced esto en memoria mía’ (1Co 11,24.25). El apóstol Pablo, escribiendo a la comunidad de Corinto, refiere por dos veces este mandato de Cristo en el relato de la institución de la Eucaristía. Es el testimonio más antiguo de las palabras de Cristo en la Última Cena.
«Haced esto». Es decir, tomad el pan, dad gracias y partidlo; tomad el cáliz, dad gracias y distribuidlo. Jesús manda repetir el gesto con el que instituyó el memorial de su Pascua, por el que nos dio su Cuerpo y su Sangre. Y este gesto ha llegado hasta nosotros: es el «hacer» la Eucaristía, que tiene siempre a Jesús como protagonista, pero que se realiza a través de nuestras pobres manos ungidas de Espíritu Santo.
«Haced esto». Ya en otras ocasiones, Jesús había pedido a sus discípulos que «hicieran» lo que él tenía claro en su espíritu, en obediencia a la voluntad del Padre. Lo acabamos de escuchar en el Evangelio. Ante una multitud cansada y hambrienta, Jesús dice a sus discípulos: «Dadles vosotros de comer» (Lc 9,13). En realidad, Jesús es el que bendice y parte los panes, con el fin de satisfacer a todas esas personas, pero los cinco panes y los dos peces fueron aportados por los discípulos, y Jesús quería precisamente esto: que, en lugar de despedir a la multitud, ofrecieran lo poco que tenían.
Hay además otro gesto: los trozos de pan, partidos por las manos sagradas y venerables del Señor, pasan a las pobres manos de los discípulos para que los distribuyan a la gente. También esto es «hacer» con Jesús, es «dar de comer» con él. Es evidente que este milagro no va destinado sólo a saciar el hambre de un día, sino que es un signo de lo que Cristo está dispuesto a hacer para la salvación de toda la humanidad ofreciendo su carne y su sangre (cf. Jn 6,48-58). Y, sin embargo, hay que pasar siempre a través de esos dos pequeños gestos: ofrecer los pocos panes y peces que tenemos; recibir de manos de Jesús el pan partido y distribuirlo a todos.
Partir: esta es la otra palabra que explica el significado del «haced esto en memoria mía». Jesús se ha dejado «partir», se parte por nosotros. Y pide que nos demos, que nos dejemos partir por los demás. Precisamente este «partir el pan» se ha convertido en el icono, en el signo de identidad de Cristo y de los cristianos. Recordemos Emaús: lo reconocieron «al partir el pan» (Lc 24,35). Recordemos la primera comunidad de Jerusalén: «Perseveraban […] en la fracción del pan» (Hch 2,42). Se trata de la Eucaristía, que desde el comienzo ha sido el centro y la forma de la vida de la Iglesia.
Pero recordemos también a todos los santos y santas –famosos o anónimos–, que se han dejado «partir» a sí mismos, sus propias vidas, para «alimentar a los hermanos». Cuántas madres, cuántos papás, junto con el pan de cada día, cortado en la mesa de casa, se parten el pecho para criar a sus hijos, y criarlos bien. Cuántos cristianos, en cuanto ciudadanos responsables, se han desvivido para defender la dignidad de todos, especialmente de los más pobres, marginados y discriminados. ¿Dónde encuentran la fuerza para hacer todo esto? Precisamente en la Eucaristía: en el poder del amor del Señor resucitado, que también hoy parte el pan para nosotros y repite: «Haced esto en memoria mía».
Que el gesto de la procesión eucarística, que dentro de poco vamos a hacer, responda también a este mandato de Jesús. Un gesto para hacer memoria de él; un gesto para dar de comer a la muchedumbre actual; un gesto para «partir» nuestra fe y nuestra vida como signo del amor de Cristo por esta ciudad y por el mundo entero”.

EDD. Jueves 26 de mayo de 2016.

 
Jueves de la octava semana del tiempo ordinario
 
Libro de Génesis 14,18-20.
Y Melquisedec, rey de Salém, que era sacerdote de Dios, el Altísimo, hizo traer pan y vino,
y bendijo a Abrám, diciendo: «¡Bendito sea Abrám de parte de Dios, el Altísimo, creador del cielo y de la tierra!
¡Bendito sea Dios, el Altísimo, que entregó a tus enemigos en tus manos!». Y Abrám le dio el diezmo de todo.
 
Salmo 110(109),1.2.3.4.
Dijo el Señor a mi Señor:
«Siéntate a mi derecha,
mientras yo pongo a tus enemigos
como estrado de tus pies».
El Señor extenderá el poder de tu cetro:
«¡Desde Sión domina, en medio de tus enemigos!
Tú eres príncipe desde tu nacimiento,
con esplendor de santidad;
yo mismo te engendré como rocío,
desde el seno de la aurora.»
El Señor lo ha jurado y no se retractará:
«Tú eres sacerdote para siempre,
a la manera de Melquisedec.»
 
Carta I de San Pablo a los Corintios 11,23-26.
Hermanos: Lo que yo recibí del Señor, y a mi vez les he transmitido, es lo siguiente:
El Señor Jesús, la noche en que fue entregado, tomó el pan,
dio gracias, lo partió y dijo: «Esto es mi Cuerpo, que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria mía».
De la misma manera, después de cenar, tomó la copa, diciendo: «Esta copa es la Nueva Alianza que se sella con mi Sangre. Siempre que la beban, háganlo en memora mía».
Y así, siempre que coman este pan y beban esta copa, proclamarán la muerte del Señor hasta que él vuelva.
 
Evangelio según San Lucas 9,11b-17.
Pero la multitud se dio cuenta y lo siguió. El los recibió, les habló del Reino de Dios y devolvió la salud a los que tenían necesidad de ser curados.
Al caer la tarde, se acercaron los Doce y le dijeron: «Despide a la multitud, para que vayan a los pueblos y caseríos de los alrededores en busca de albergue y alimento, porque estamos en un lugar desierto».
El les respondió: «Denles de comer ustedes mismos». Pero ellos dijeron: «No tenemos más que cinco panes y dos pescados, a no ser que vayamos nosotros a comprar alimentos para toda esta gente».
Porque eran alrededor de cinco mil hombres. Entonces Jesús les dijo a sus discípulos: «Háganlos sentar en grupos de cincuenta».
Y ellos hicieron sentar a todos.
Jesús tomó los cinco panes y los dos pescados y, levantando los ojos al cielo, pronunció sobre ellos la bendición, los partió y los fue entregando a sus discípulos para que se los sirvieran a la multitud.
Todos comieron hasta saciarse y con lo que sobró se llenaron doce canastas.
 
 
Comentario del Evangelio por  San Gregorio Magno (c. 540-604), papa y doctor de la Iglesia. Homilías sobre los evangelios, 2.
 
 
“Hijo de David, ten piedad de mí.”
 
La Escritura nos presenta con razón a este ciego sentado al borde del camino, pidiendo limosna, ya que la Verdad mismo dijo: “Yo soy el camino.” (Jn 14,6) Así, cualquiera que ignora la claridad de la luz eterna está ciego.
Si el ciego ya cree en el redentor es que está sentado en el borde del camino. Si cree ya pero descuida pedir que la luz eterna, si no la pide, este ciego, aunque esté sentado en el borde del camino no pide limosna. Pero si cree, si conoce la ceguera de su corazón y pide, por fin, recibir la luz de la verdad, entonces está bien sentado en el borde del camino pidiendo limosna.
Aquel que reconoce las tinieblas de su ceguera y se da cuenta de la privación de la luz eterna, que grite desde el fondo de su corazón, con todas las fuerzas de su alma: “¡Jesús, Hijo de David, ten piedad de mí!”
 
 

El Papa recuerda que no debemos desistir de la oración aunque no sea correspondida. ¡La oración no es una varita mágica!

Texto completo de la catequesis del papa Francisco en la audiencia del miércoles 25 de mayo de 2016.
El Papa recuerda que no debemos desistir de la oración aunque no sea correspondida. ¡La oración no es una varita mágica!
https://es.zenit.org/articles/texto-completo-de-la-catequesis-del-papa-francisco-en-la-audiencia-del-miercoles-25-de-mayo-de-2016/
25 mayo 2016 Redaccion El papa Francisco.
Papa Francisco Audiencia General – CTV
(ZENIT- Ciudad del Vaticano).- El papa Francisco ha reflexionado esta mañana sobre la necesidad de orar incesantemente y sin desanimarse. Así ha asegurado que la oración transforma el deseo y lo modela según la voluntad de Dios, cualquiera que esa sea, porque quien ora aspira ante todo a la unión con Dios.
 
Publicamos a continuación el texto completo de la catequesis.
Queridos hermanos y hermanas ¡buenos días!
La parábola evangélica que acabamos de escuchar (cfr. Lc 18, 1-8) contiene una enseñanza importante: “que es necesario orar siempre sin desanimarse” (v. 1). Por lo tanto, no se trata de orar algunas veces, cuando tengo ganas. No, Jesús dice que es necesario “orar siempre sin desanimarse”. Y pone el ejemplo de la viuda y el juez.
El juez es un personaje poderoso, llamado a emitir sentencias basándose en la Ley de Moisés. Por esto la tradición bíblica recomendaba que los jueces sean personas con temor de Dios, dignas de fe, imparciales e incorruptibles (Cfr. Ex 18,21). Nos hará bien escuchar esto también hoy, ¡eh! Al contrario, este juez «no temía a Dios ni le importaban los hombres» (v. 2). Era un juez perverso, sin escrúpulos, que no tenía en cuenta la Ley pero hacía lo que quería, según sus intereses. A él se dirigió una viuda para obtener justicia. Las viudas, junto a los huérfanos y a los extranjeros, eran las categorías más débiles de la sociedad. Sus derechos tutelados por la Ley podían ser pisoteados con facilidad porque, siendo personas solas e indefensas, difícilmente podían hacerse valer: una pobre viuda, allí, sola está sin defensa y podían ignorarla, incluso no hacerle justicia; así como con el huérfano,  el extranjero, el migrante. ¡Lo mismo! En aquel tiempo era muy fuerte esto. Ante la indiferencia del juez, la viuda recurre a su única arma: continuar insistentemente importunando presentándole su petición de justicia. Y precisamente con esta perseverancia alcanza su objetivo. El juez, de hecho, en un cierto momento la compensa, no porque esté movido por la misericordia, ni porque la conciencia se lo impone; simplemente admite: «Pero como esta viuda me molesta, le haré justicia para que no venga continuamente a fastidiarme» (v. 5).
De esta parábola Jesús saca una doble conclusión: si la viuda ha logrado convencer al juez deshonesto con sus peticiones insistentes, cuanto más Dios, que es Padre bueno y justo, «hará justicia a sus elegidos, que claman a él día y noche»; y además no «les hará esperar por mucho tiempo», sino actuará «rápidamente» (vv. 7-8).
Por esto Jesús exhorta a orar “sin desfallecer”. Todos sentimos momentos de cansancio y de desánimo, sobre todo cuando nuestra oración parece ineficaz. Pero Jesús nos asegura: a diferencia del juez deshonesto, Dios escucha rápidamente a sus hijos, aunque si esto no significa que lo haga en los tiempos y en los modos que nosotros quisiéramos. ¡La oración no es una varita mágica! ¡No es una varita mágica! Esta nos ayuda a conservar la fe en Dios y a confiar en Él incluso cuando no comprendemos su voluntad. En esto, Jesús mismo – ¡que oraba tanto! – nos da el ejemplo. La Carta a los Hebreos recuerda que, así dice, «Él dirigió durante su vida terrena súplicas y plegarias, con fuertes gritos y lágrimas, a aquel que podía salvarlo de la muerte, y fue escuchado por su humilde sumisión» (5,7). A primera vista esta afirmación parece inverosímil, porque Jesús ha muerto en la cruz. No obstante la Carta a los Hebreos no se equivoca: Dios de verdad ha salvado a Jesús de la muerte dándole sobre ella la completa victoria, pero ¡el camino recorrido para obtenerla ha pasado a través de la misma muerte! La referencia a la súplica que Dios ha escuchado se refiere a la oración de Jesús en el Getsemaní. Invadido por la angustia oprimente, Jesús pide al Padre que lo libere del cáliz amargo de la pasión, pero su oración está empapada de la confianza en el Padre y se encomienda sin reservas a su voluntad: “Pero – dice Jesús – no se haga mi voluntad, sino la tuya” (Mt 26,39). El objeto de la oración pasa a un segundo plano; lo que más importa es la relación con el Padre. Es esto lo que hace la oración: transforma el deseo y lo modela según la voluntad de Dios, cualquiera que esa sea, porque quien ora aspira ante todo a la unión con Dios, Amor misericordioso.
La parábola termina con una pregunta: “Pero cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe sobre la tierra?” (v. 8). Y con esta pregunta estamos todos advertidos: no debemos desistir de la oración aunque no sea correspondida. ¡Es la oración que conserva la fe, sin ella la fe vacila! Pidamos al Señor una fe que se haga oración incesante, perseverante, como la de la viuda de la parábola, una fe que se nutre del deseo de su llegada. Y en la oración experimentamos la compasión de Dios, que como un Padre va al encuentro de sus hijos lleno de amor misericordioso. ¡Gracias!
 
Traducción realizada por ZENIT
 
 

Comentario al evangelio de hoy miércoles 25 de mayo de 2016.

Hoy, miércoles, 25 de mayo de 2016
Evangelio de hoy :

Hoy


Lectura del santo evangelio según san Marcos (10,32-45):
En aquel tiempo, los discípulos iban subiendo camino de Jerusalén, y Jesús se les adelantaba; los discípulos se extrañaban, y los que seguían iban asustados.
Él tomó aparte otra vez a los Doce y se puso a decirles lo que le iba a suceder: «Mirad, estamos subiendo a Jerusalén, y el Hijo del hombre va a ser entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas, lo condenarán a muerte y lo entregarán a los gentiles, se burlarán de él, le escupirán, lo azotarán y lo matarán; y a los tres días resucitará.»
Se le acercaron los hijos de Zebedeo, Santiago y Juan, y le dijeron: «Maestro, queremos que hagas lo que te vamos a pedir.»
Les preguntó: «¿Qué queréis que haga por vosotros?»
Contestaron: «Concédenos sentarnos en tu gloria uno a tu derecha y otro a tu izquierda.»
Jesús replicó: «No sabéis lo que pedís, ¿sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber, o de bautizaros con el bautismo con que yo me voy a bautizar?»
Contestaron: «Lo somos.»
Jesús les dijo: «El cáliz que yo voy a beber lo beberéis, y os bautizaréis con el bautismo con que yo me voy a bautizar, pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo; está ya reservado.»
Los otros diez, al oír aquello, se indignaron contra Santiago y Juan.
Jesús, reuniéndolos, les dijo: «Sabéis que los que son reconocidos como jefes de los pueblos los tiranizan, y que los grandes los oprimen. Vosotros, nada de eso: el que quiera ser grande, sea vuestro servidor; y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos. Porque el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por todos.»
Palabra del Señor
Comentario al Evangelio de hoy :
¡Estimados Hermanos y Hermanas en Cristo! ¡Paz y Bien!
El Evangelio de Marcos nos presenta el tercero anuncio de la pasión, muerte y resurrección de Jesús. Para los discípulos era difícil aceptar esta realidad; era mejor cambiar los planes y hacer una lectura más optimista del proyecto de Jesús. Los hijos de Zebedeo, que antes habían hecho la experiencia de la Transfiguración (cf. Mc 9,1ss), van directo al grano: “Concédenos sentarnos en tu gloria uno a tu derecha y otro a tu izquierda” (Mc 10, 37).
La petición de los hijos de Zebedeo es ambiciosa, quieren dominar desde el cielo. Piden un trono, pero Jesús sólo puede ofrecerles su propia vida, desean poder y estatus, pero Jesús les ofrece el poder del no-poder, es decir, el servicio. Mientras ellos caminan con Jesús en búsqueda de poder, Jesús camina por delante de ellos en la contramano del poder.
Los discípulos de Jesús nos ofrecen una verdadera radiografía para nuestras vidas. Parece ser que el deseo de poder está grabado en el corazón humano. Jesús corrige este mal en la raíz del problema al asumir la vía del servicio y de la entrega sin reservas. Aunque estemos acostumbrados a dirigirnos a Dios como el “todopoderoso”, la imagen de Dios que Jesús nos revela es muy distinta. Esto puede ser visto en la respuesta que da a sus discípulos: “el que quiera ser grande, sea vuestro servidor; y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos” (Mc 10,43s).
Jesús nos enseña el camino por el cual debemos seguir y nos devuelve la belleza de la humanidad querida por Dios, nos devuelve a lo que es realmente auténtico en nosotros: al amor que nos abre a los otros y al Otro, expresado por el servicio. Él nos revela un Dios que se pone en la fila del servicio: “porque el Hijo de hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por todos” (Mc 10,45).
Este Evangelio nos puede ayudar a examinar nuestra fe y que nos preguntemos por las motivaciones que nos llevan a seguir a Cristo. Y si coincidir con las motivaciones de los hijos de Zebedeo (riqueza, bienes, poder…) no nos dejemos llevar por el desaliento, pues ellos aprendieron, lo que significaba entregar la vida, es decir, aprendieron que el poder de Jesús estaba en la cruz, expresión máxima de una vida hecha donación.
Fraternalmente,
Eguione Nogueira Ricardo, cmf
eguionecmf@gmail.com

EDD. Miércoles 25 de mayo de 2016.

 
Miércoles de la octava semana del tiempo ordinario.
 
http://evangeliodeldia.org/main.php?language=SP&module=readings&localdate=20150922
 
Epístola I de San Pedro 1,18-25.
Ustedes saben que fueron rescatados de la vana conducta heredada de sus padres, no con bienes corruptibles, como el oro y la plata,
sino con la sangre preciosa de Cristo, el Cordero sin mancha y sin defecto,
predestinado antes de la creación del mundo y manifestado en los últimos tiempos para bien de ustedes.
Por él, ustedes creen en Dios, que lo ha resucitado y lo ha glorificado, de manera que la fe y la esperanza de ustedes estén puestas en Dios.
Por su obediencia a la verdad, ustedes se han purificado para amarse sinceramente como hermanos. Amense constantemente los unos a los otros con un corazón puro,
como quienes han sido engendrados de nuevo, no por un germen corruptible, sino incorruptible: la Palabra de Dios, viva y eterna.
Porque toda carne es como hierba y toda su gloria como flor del campo: la hierba se seca y su flor se marchita,
pero la Palabra del Señor permanece para siempre. Esta es la Palabra que les ha sido anunciada, la Buena Noticia.
 
Salmo 147,12-13.14-15.19-20.
¡Glorifica al Señor, Jerusalén,
alaba a tu Dios, Sión!
El reforzó los cerrojos de tus puertas
y bendijo a tus hijos dentro de ti.
El asegura la paz en tus fronteras
y te sacia con lo mejor del trigo.
Envía su mensaje a la tierra,
su palabra corre velozmente;
Revela su palabra a Jacob,
sus preceptos y mandatos a Israel:
a ningún otro pueblo trató así
ni le dio a conocer sus mandamientos.
 
 
Evangelio según San Marcos 10,32-45.
Mientras iban de camino para subir a Jerusalén, Jesús se adelantaba a sus discípulos; ellos estaban asombrados y los que lo seguían tenían miedo. Entonces reunió nuevamente a los Doce y comenzó a decirles lo que le iba a suceder:
«Ahora subimos a Jerusalén; allí el Hijo del hombre será entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas. Lo condenarán a muerte y lo entregarán a los paganos:
ellos se burlarán de él, lo escupirán, lo azotarán y lo matarán. Y tres días después, resucitará».
Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, se acercaron a Jesús y le dijeron: «Maestro, queremos que nos concedas lo que te vamos a pedir».
El les respondió: «¿Qué quieren que haga por ustedes?».
Ellos le dijeron: «Concédenos sentarnos uno a tu derecha y el otro a tu izquierda, cuando estés en tu gloria».
Jesús les dijo: «No saben lo que piden. ¿Pueden beber el cáliz que yo beberé y recibir el bautismo que yo recibiré?».
«Podemos», le respondieron. Entonces Jesús agregó: «Ustedes beberán el cáliz que yo beberé y recibirán el mismo bautismo que yo.
En cuanto a sentarse a mi derecha o a mi izquierda, no me toca a mí concederlo, sino que esos puestos son para quienes han sido destinados».
Los otros diez, que habían oído a Santiago y a Juan, se indignaron contra ellos.
Jesús los llamó y les dijo: «Ustedes saben que aquellos a quienes se considera gobernantes, dominan a las naciones como si fueran sus dueños, y los poderosos les hacen sentir su autoridad.
Entre ustedes no debe suceder así. Al contrario, el que quiera ser grande, que se haga servidor de ustedes;
y el que quiera ser el primero, que se haga servidor de todos.
Porque el mismo Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por una multitud».
 
 
 
 
Comentario del Evangelio por  San Efrén (c. 306-373), diácono en Siria, doctor de la Iglesia. Comentario al  Diatessaron, 20, 2-7.
 
 
« El hijo del hombre ha venido ,,,para dar su vida ».
 
«Padre mío, si es posible, que pase de mí este cáliz» (Mt 26,39)¿Por qué, Pedro, te lo llevaste a parte y le increpaste diciendo:«¡Lejos de ti tal cosa, Señor! Eso no puede pasarte» (Mt 16,22), tú que ahora dices:« si es posible, que pase de mí este cáliz»? Él sabía bien lo que le decía a su Padre, y que era posible no beber el cáliz, pero Él ha venido para beberlo por todos, con el fin de saldar bebiéndolo la deuda que la muerte de los profetas y los mártires no pudieron pagar… El que había anunciado su muerte por boca de los profetas y había prefigurado el misterio de su muerte por los justos, cuando ha llegado el momento de consumar esta muerte, no rechazó beberla. Si no la hubiera querido beber,  por que le repugnaba, no hubiera comparado nunca su cuerpo al Templo con estas palabras: « Destruid este templo y en tres días lo levantaré» (Jn 2,19); no hubiera dicho a los hijos del Zebedeo: « ¿podéis beber la copa que yo beberé? Y también « Con un bautismo tengo que ser bautizado ¡y qué angustia sufro hasta que se cumpla!» (Lc 12,50)…
«Si es posible que pase de mi este cáliz» dijo esto a causa de la debilidad de la que se había revestido, no pretendiendo más. Pues se hizo pequeño y se revistió realmente de nuestra debilidad, sintió miedo y se estremeció en su flaqueza. Habiéndose hecho carne, habiéndose revestido de debilidad, comiendo cuando tenía hambre, fatigado por el trabajo, vencido por el sueño, era necesario que se hubiera cumplido todo cuando llegara el momento de su muerte.
Para fortalecer a los discípulos en su Pasión, Jesús experimentó lo que ellos experimentaron, Él sintió su mismo miedo, con el fin de mostrarles, por la similitud de su alma, que no va a la muerte alardeando sino sufriendo como cualquiera de ellos.
Para dar valor a aquellos que temen la muerte, no escondió su propio temor, a fin  de que supieran que este miedo, no les conduce al pecado siempre y cuando no se dejen llevar por él.« No ,Padre, dijo Jesús, que se haga tu voluntad»: que yo muera para dar vida a una multitud.
 

El Papa en Sta. Marta: El camino a la santidad necesita valentía, esperanza, gracia y conversión.

En la homilía de este martes, el Santo Padre explica que la santidad no se puede comprar, no se vende y ni siquiera se regala.
https://es.zenit.org/articles/el-papa-en-sta-marta-el-camino-a-la-santidad-necesita-valentia-esperanza-gracia-y-conversion/
24 MAYO 2016 REDACCION EL PAPA FRANCISCO
El Papa Celebra En Santa Marta Con Paramentos Verde (©Osservatore Romano)
(ZENIT – Ciudad del Vaticano).- Moverse hacia la santidad quiere decir “caminar en la presencia de Dios de forma irreprensible”. Así lo ha indicado el papa Francisco en la homilía de la misa celebrada en Santa Marta. Un compromiso que necesita un corazón que sepa esperar con valentía, interrogarse, abrirse ‘con sencillez’ a la gracia de Dios.
La santidad no se compra ni se gana con las mejores fuerzas humanas. Así, el Papa ha explicado que “la santidad sencilla de todos los cristianos”, “la nuestra, la que debemos hacer todos los días”, es un camino que se puede recorrer solo si la sostienen cuatro elementos imprescindibles: valentía, esperanza, gracia, conversión.
Durante la homilía, el Pontífice ha comentado el pasaje litúrgico de la primera Carta del apóstol Pedro, la que define como “un pequeño tratado de santidad”. La santidad es “caminar en la presencia de Dios de forma irreprensible”.
De este modo, ha precisado que “la santidad es un camino, la santidad no se puede comprar, no se vende. Ni siquiera se regala”. La santidad –ha aseverado Francisco– es un camino en la presencia de Dios, que debo hacer yo: no puede hacerlo otro en mi nombre. “Yo puedo rezar para que otro sea santo, pero el camino debe hacerlo él, no yo”, ha recordado.
A continuación, el Santo Padre ha propuesto una serie de palabras que nos enseñan cómo es la santidad de cada día, esa santidad anónima.
La primera es “valentía”. Por eso, ha explicado que “el Reino de los Cielos de Jesús” es para “aquellos que tienen la valentía de ir adelante”. Y la valentía es movida “por la esperanza”. Segunda palabra que lleva a la santidad. La valentía que espera “en un encuentro con Jesús”.
Después está el tercer elemento, cuando Pedro escribe: “poned toda vuestra esperanza en esa gracia”.
Recordando que la santidad no podemos hacerla solos, el Santo Padre ha subrayado que la santidad es una gracia. “Ser bueno, ser santos, ir todos los días un paso adelante en la vida cristiana es una gracia de Dios y debemos pedirla”, ha precisado.
En esta línea, Francisco ha invitado a leer el capítulo 11 de la Carta a los Hebreos. Cuenta el camino “de nuestros padres, de los primeros llamados por Dios” y cómo ellos fueron adelante.
Por otro lado, ha indicado que Pedro en su carta subraya la importancia de un cuarto elemento. Así, indica que cuando invita a sus interlocutores a no conformarse con los deseos de un tiempo, les estimula esencialmente a cambiar desde dentro el propio corazón, en un continuo trabajo interior.
El Pontífice ha explicado en su homilía cómo es la conversión de todos los días. Conversiones pequeñas. “Si tú eres capaz de no hablar mal de otro, estás en el buen camino para hacerte santo”, ha asegurado. Por eso ha invitado a “morderse la lengua” cuando tengamos ganas de criticar al vecino o al compañero de trabajo. Se hinchará un poco la lengua –ha bromeado– pero vuestro espíritu será más santo en este camino.
Finalmente, el Papa ha recordado que el camino de la santidad es sencillo. Y ha animado a los presentes a “no volver atrás sino ir siempre hacia adelante” y con fortaleza.