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Autor: Patricio Osiadacz

EDD. miércoles 26 de marzo de 2025

Primera Lectura

Lectura del libro del Deuteronomio (4,1.5-9):

MOISÉS habló al pueblo, diciendo:
«Ahora, Israel, escucha los mandatos y decretos que yo os enseño para que, cumpliéndolos, viváis y entréis a tomar posesión de la tierra que el Señor, Dios de vuestros padres, os va a dar.
Mirad: yo os enseño los mandatos y decretos, como me mandó el Señor, mi Dios, para que los cumpláis en la tierra donde vais a entrar para tomar posesión de ella.
Observadlos y cumplidlos, pues esa es vuestra sabiduría y vuestra inteligencia a los ojos de los pueblos, los cuales, cuando tengan noticia de todos estos mandatos, dirán:
“Ciertamente es un pueblo sabio e inteligente esta gran nación”.
Porque ¿dónde hay una nación tan grande que tenga unos dioses tan cercanos como el Señor, nuestro Dios, siempre que lo invocamos?
Y ¿dónde hay otra nación tan grande que tenga unos mandatos y decretos tan justos como toda esta ley que yo os propongo hoy?
Pero, ten cuidado y guárdate bien de olvidar las cosas que han visto tus ojos y que no se aparten de tu corazón mientras vivas; cuéntaselas a tus hijos y a tus nietos».

Palabra de Dios

Salmo

Sal 147,12-13.15-16.19-20

R/. Glorifica al Señor, Jerusalén

V/. Glorifica al Señor, Jerusalén;
alaba a tu Dios, Sión.
Que ha reforzado los cerrojos de tus puertas,
y ha bendecido a tus hijos dentro de ti. R/.

V/. Él envía su mensaje a la tierra,
y su palabra corre veloz;
manda la nieve como lana,
esparce la escarcha como ceniza. R/.

V/. Anuncia su palabra a Jacob,
sus decretos y mandatos a Israel;
con ninguna nación obró así,
ni les dio a conocer sus mandatos. R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Mateo (5,17-19):

EN aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«No creáis que he venido a abolir la Ley y los Profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud.
En verdad os digo que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la ley.
El que se salte uno solo de los preceptos menos importantes y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos.
Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos».

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

Hoy las lecturas del Antiguo Testamento y el Evangelio van de la mano. Pero hay dos cosas muy interesantes en la lectura del Éxodo que quizá se hayan olvidado: equipara el cumplimiento de las leyes y mandatos de Dios con la inteligencia y la sabiduría. Y también advierte de la necesidad de hacer memoria, de recordar siempre y de transmitir todo esto a los hijos y los hijos de los hijos y los hijos de los hijos de los hijos… ad infinitum.

Jesús asegura que no vino a abolir todo eso de la Antigua Alianza, sino más bien a cumplirlo. Pero a veces parece que se ha tirado al niño con el agua del baño… Lo antiguo, lo viejo, el “Dios del Antiguo Testamento” parece que tiene que dar paso a otra cosa. Y entonces, ya no va a hacer falta transmitir todos esos mandamientos que a algunos se les pueden hacer impositivos u opresivos. No hace falta la memoria, y casi una forma de inteligencia derogada o, en casi el peor de los casos, “superada”. Pero, ¿es acaso más inteligente matar a un bebé no nacido, mentir en negocios o en doble vida, desear lo del prójimo, envidiar hasta extremos violentos, hablar soezmente, abandonar a los padres, entretenerse con la pornografía, robar y defraudar? Si se escuchan las noticias de cada día podría parecer que los poderes de este mundo se ceban y se agrandan en estas prácticas… y que van ganando. Y que, quizá a menor escala, pero no menos gravemente, cada persona que se deja llevar por esas corrientes también va ganando. Y sin embargo, la sabiduría e inteligencia que promete el Antiguo Testamento es la misma que afirma Cristo: “Los que cumplen estos mandamientos serán los más grandes en el Reino”.

¿A quién haremos caso? Como hijos de una era de enormes avances tecnológicos y progresos humanos, podríamos pensar que lo nuestro es superar la antigua ley y vivir con más libertad. Como cristianos, hoy parece decírsenos que esa superación más bien nos embrutecería y haría menos sabios, más torpes, e incluso menos humanos. Cristo ha venido para que se cumpla lo que es verdadero, bueno y bello. Y, como Moisés en el Antiguo Testamento, nos lo pone delante. La elección es nuestra. Quizá sea mejor no ser desmemoriados.

Cármen Aguinaco

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/

Comentario al Evangelio del martes 25 de marzo de 2025.

REFLEXIÓN FRANCISCANA SOBRE EL EVANGELIO.
Solemnidad de la Anunciación del Señor. – San Lucas 1, 26-38

Si el matrimonio entre lo celestial y lo terrenal se une, podemos creer que nosotros, en toda nuestra sencillez, también podemos encontrarnos con puntos de inflexión configurados en una llamada sorprendente que nos desplaza a donde no esperábamos.

Queridos hermanos y hermanas, hoy celebramos con gozo la Solemnidad de la Anunciación del Señor, un acontecimiento central en la historia de nuestra salvación. Es el momento en que Dios, por medio del arcángel Gabriel, anuncia a María su plan de amor: la Encarnación del Hijo de Dios. El Evangelio de Lucas nos presenta a María en Nazaret, una joven humilde y sencilla, que recibe una visita inesperada. El ángel Gabriel le dice: “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo”. Estas palabras nos revelan que María ha sido elegida y preparada por Dios desde siempre. Ella es la llena de gracia, la que ha hallado favor ante Dios. Hermanos y hermanas, Dios también nos llama a cada uno de nosotros a vivir en su gracia. Nos invita a estar abiertos a su voluntad, como lo estuvo María. Ante el anuncio del ángel, María, aunque turbada, no duda en preguntar: “¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?”. Su pregunta no es de desconfianza, sino de apertura a la acción de Dios. Y cuando el ángel le explica que el Espíritu Santo vendrá sobre ella, María responde con una fe total: “He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra”. Hermanos y hermanas, María nos enseña que la verdadera fe no es pasiva, sino una respuesta confiada y activa a Dios. En nuestra vida, muchas veces tenemos dudas y miedos, pero María nos muestra que el amor de Dios siempre nos sostiene cuando le decimos «sí». El misterio que hoy celebramos es inmenso: Dios se hace hombre. En el instante en que María pronuncia su “hágase”, el Verbo eterno de Dios se encarna en su seno por obra del Espíritu Santo. En ese momento, comienza la historia de nuestra redención. Hermanos y hermanas, este misterio nos recuerda que Dios no es un ser lejano, sino un Dios que se acerca, que entra en nuestra historia y en nuestra humanidad. En Jesús, Dios asume nuestra carne para salvarnos desde dentro, desde nuestra propia realidad. María nos enseña a confiar en Dios, a decirle “sí” incluso cuando no entendemos del todo su plan. Hoy, Él también nos llama a cada uno de nosotros. Tal vez no con una aparición de un ángel, pero sí en las pequeñas y grandes decisiones de nuestra vida cotidiana. Nos invita a decir:
Sí al amor en nuestras familias y comunidades.
Sí a la vida y al respeto por cada ser humano desde su concepción hasta su muerte natural.
Sí a la misión que Él nos confía en el mundo.
Hermanos y hermanas, que esta solemnidad nos ayude a renovar nuestra fe y nuestra confianza en Dios. Como María, digamos cada día: “Hágase en mí según tu palabra”. Pidamos su intercesión para vivir con generosidad y entrega, y para que Cristo, el Emmanuel, siga naciendo en nuestros corazones y en nuestra historia. – Hno. Mauricio José Silva dos Anjos – Hermano Menor Capuchino de Chile.

EDD. martes 25 de marzo de 2025.

Lectura del libro de Isaías (7,10-14;8,10):

En aquel tiempo, el Señor habló a Acaz: «Pide una señal al Señor, tu Dios: en lo hondo del abismo o en lo alto del cielo.»
Respondió Acaz: «No la pido, no quiero tentar al Señor.»
Entonces dijo Dios: «Escucha, casa de David: ¿No os basta cansar a los hombres, que cansáis incluso a mi Dios? Pues el Señor, por su cuenta, os dará una señal: Mirad: la virgen está encinta y da a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel, que significa «Dios-con-nosotros».»

Palabra de Dios

Salmo

Sal 39,7-8a.8b-9.10.11

R/. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad

Tú no quieres sacrificios ni ofrendas,
y, en cambio, me abriste el oído;
no pides sacrificio expiatorio,
entonces yo digo: «Aquí estoy.» R/.

«Como está escrito en mi libro
para hacer tu voluntad.»
Dios mío, lo quiero,
y llevo tu ley en las entrañas. R/.

He proclamado tu salvación
ante la gran asamblea;
no he cerrado los labios:
Señor, tú lo sabes. R/.

No me he guardado en el pecho tu defensa,
he contado tu fidelidad y tu salvación,
no he negado tu misericordia
y tu lealtad ante la gran asamblea. R/.

Segunda Lectura

Lectura de la carta a los Hebreos (10,4-10):

Es imposible que la sangre de los toros y de los machos cabríos quite los pecados. Por eso, cuando Cristo entró en el mundo dijo: «Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, pero me has preparado un cuerpo; no aceptas holocaustos ni víctimas expiatorias. Entonces yo dije lo que está escrito en el libro: «Aquí estoy, oh Dios, para hacer tu voluntad.»» Primero dice: «No quieres ni aceptas sacrificios ni ofrendas, holocaustos ni victimas expiatorias», que se ofrecen según la Ley. Después añade: «Aquí estoy yo para hacer tu voluntad.» Niega lo primero, para afirmar lo segundo. Y conforme a esa voluntad todos quedamos santificados por la oblación del cuerpo de Jesucristo, hecha una vez para siempre.

Palabra de Dios

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Lucas (1,26-38):
A los seis meses, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María.
El ángel, entrando en su presencia, dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.»
Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél.
El ángel le dijo: «No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.»
Y María dijo al ángel: «¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?»
El ángel le contestó: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible.»
María contestó: «Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.»
Y la dejó el ángel.

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

Un simple “hágase”, que hace eco al “hágase” de la Creación, es suficiente para dejar entrar a la Salvación en el mundo. Una simple joven se convierte en puerta de Dios para el mundo. Proclamamos a María “bendita en todas las generaciones”, como Arca de la alianza, puerta del cielo…. Pero Ella solamente dijo ese Fiat… ¿Solamente? Decir fiat supuso para ella dolor, angustia, misterio, la Cruz final del Hijo. Pero también la enorme gracia de ser la portadora de la luz, dentro de ella misma y en sus brazos en la Presentación. Decir fiat cambió el mundo y la historia para siempre.

Ciertamente, no somos los elegidos para esa misma hazaña. Pero sí para la hazaña diaria de dejar que Dios se haga presente en nuestro mundo; que pueda haber una palabra de salvación y de esperanza. Eso también para nosotros puede suponer en algunos momentos dificultad, persecución, odio de otros, dolor. Pero, como para María, también supone la gracia de poder portar la luz. Y ahora no estamos solos, porque el fiat de María ya nos alcanzó la gracia del Dios encarnado en el mundo. Nos alcanzó la gracia de poder contar ahora con el Cuerpo de Cristo que se encarnó en María y ahora se nos da en la Eucaristía: Ave verum Corpus natum ex Maria Virgine… Aunque nos parezca dificilísimo a veces enfrentarnos a la mentira, a la fealdad que vemos en nuestro mundo, la maldad de algunas políticas (y de políticos, comerciantes, traficantes de drogas o de personas), tenemos, como María, el Cuerpo de Cristo. La única palabra que se nos pide es el fiat… Y luego se nos da la gracia y la fuerza para vivir la Encarnación, Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo. Y de hacer el anuncio a todos los confines de la tierra. (Que a veces, curiosamente, están en nuestra propia casa). ¿Habrá dolor? Naturalmente; eso es ineludible. Pero habrá gloria. Está prometido.  ¡Y qué gloria más grande que la de haber abierto una pequeña puerta a Dios en el mundo!

Salve, Cuerpo verdadero nacido de la Virgen María,
verdaderamente atormentado, sacrificado en la cruz por la humanidad, de cuyo costado perforado
fluyó agua y sangre.
Sé para nosotros un anticipo en el trance de la muerte.

Cármen Aguinaco

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/

EDD. lunes 24 de marzo de 2025.

Primera Lectura

Lectura del segundo libro de los Reyes (5,1-15a):

Lectura del segundo libro de los Reyes.

EN aquellos días, Naamán, jefe del ejército del rey de Siria, era hombre notable y muy estimado por su señor, pues por su medio el Señor había concedido la victoria a Siria.
Pero, siendo un gran militar, era leproso.
Unas bandas de arameos habían hecho una incursión trayendo de la tierra de Israel a una muchacha, que pasó al servicio de la mujer de Naamán. Dijo ella a su señora:
«Ah, si mi señor pudiera presentarse ante el profeta que hay en Samaría. Él lo curaría de su lepra».
Fue (Naamán) y se lo comunicó a su señor diciendo:
«Esto y esto ha dicho la muchacha de la tierra de Israel».
Y el rey de Siria contestó:
«Vete, que yo enviaré una carta al rey de Israel».
Entonces tomó en su mano diez talentos de plata, seis mil siclos de oro, diez vestidos nuevos y una carta al rey de Israel que decía:
«Al llegarte esta carta, sabrás que te envío a mi siervo Naamán para que lo cures de su lepra».
Cuando el rey de Israel leyó la carta, rasgó sus vestiduras, diciendo:
«¿Soy yo Dios para repartir vida y muerte? Pues me encarga nada menos que curar a un hombre de su lepra. Daos cuenta y veréis que está buscando querella contra mí».
Eliseo, el hombre de Dios, oyó que el rey de Israel había rasgado sus vestiduras y mandó a que le dijeran:
«Por qué has rasgado tus vestiduras? Que venga a mí y sabrá que hay un profeta en Israel».
Llegó Naamán con sus carros y caballos y se detuvo a la entrada de la casa de Eliseo. Envió este un mensajero a decirle:
«Ve y lávate siete veces en el Jordán. Tu carne renacerá y quedarás limpio».
Naamán se puso furioso y se marchó diciendo:
«Yo me había dicho: “Saldrá seguramente a mi encuentro, se detendrá, invocará el nombre de su Dios, frotará con su mano mi parte enferma y sanaré de la lepra”. El Abaná y el Farfar, los ríos de Damasco, ¿no son mejores que todas las aguas de Israel? Podría bañarme en ellos y quedar limpio».
Dándose la vuelta, se marchó furioso. Sus servidores se le acercaron para decirle:

«Padre mío, si el profeta te hubiese mandado una cosa difícil, ¿no lo habrías hecho? ¡Cuánto más si te ha dicho: “Lávate y quedarás limpio”!».
Bajó, pues, y se bañó en el Jordán siete veces, conforme a la palabra del hombre de Dios. Y su carne volvió a ser como la de un niño pequeño: quedó limpio.
Naamán y toda su comitiva regresaron al lugar donde se encontraba el hombre de Dios. Al llegar, se detuvo ante él exclamando:
«Ahora conozco que no hay en toda la tierra otro Dios que el de Israel».

Palabra de Dios

Salmo

Sal 41,2.3;42,3.4

R/. Mi alma tiene sed del Dios vivo:
¿cuándo veré el rostro de Dios?

V/. Como busca la cierva corrientes de agua,
así mi alma te busca a ti, Dios mío. R/.

V/. Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo:
¿cuándo entraré a ver el rostro de Dios? R/.

V/. Envía tu luz y tu verdad:
que ellas me guíen
y me conduzcan hasta tu monte santo,
hasta tu morada. R/.

V/. Me acercaré al altar de Dios,
al Dios de mi alegría;
y te daré gracias al son de la cítara,
Dios, Dios mío. R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Lucas (4,24-30):

HABIENDO llegado Jesús a Nazaret, le dijo al pueblo en la sinagoga:
«En verdad os digo que ningún profeta es aceptado en su pueblo. Puedo aseguraros que en Israel había muchas viudas en los días de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías sino a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo, sin embargo, ninguno de ellos fue curado sino Naámán, el sirio».
Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo echaron fuera del pueblo y lo llevaron hasta un precipicio del monte sobre el que estaba edificado su pueblo, con intención de despeñarlo.
Pero Jesús se abrió paso entre ellos y seguía su camino.

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

La falta de fe de los más fieles

Naamán quería que se le pidiera algo extraordinario…¡y simplemente se le había pedido que se bañara 7 veces en un río! ¿Quería un milagro o quería hacer un milagro él mismo? Si era algo extraordinario, se lo habría ganado. El problema es que la gracia de Dios es gratuita; no espera a que la merezcamos, sino a que la reconozcamos y la agradezcamos.

A veces, buscamos cosas extraordinarias, y no podemos reconocer lo supremamente extraordinario que tenemos al lado que resulta, por tan familiar, poco “convincente”. Nadie es profeta en su tierra, dice Jesús. Es decir, lo tan familiar y conocido (conocido incluso con sus fallos y con su origen), no puede ser tan bueno. El hijo del carpintero, un hombre normal del pueblo, no puede ser el Salvador.

Muchos de nosotros buscamos fuera lo que tenemos al lado. O se nos da un signo extraordinario (porque yo lo valgo), o no nos sirve.  ¡Y somos los fieles! Y porque somos los fieles, pensamos que nos podemos ganar la gracia con nuestro esfuerzo.  Jesús, sin embargo, nos habla de los “forasteros” que sí creyeron: la viuda de Sarepta con su pocillo de harina y su poco aceite y Naamán. Bueno, a Naamán le costó un poco más, pero al fin pudo alcanzar la humildad de no querer realizar el milagro él mismo haciendo algo asombroso y difícil.

Reconocer la presencia de Dios en lo más sencillo puede ser algo difícil… reconocer la bondad de nuestro más prójimo, la verdad que nos puede decir aunque no la esperamos ni acaso queremos creer, es un gran desafío. Aspiramos a grandes cosas. Entonces, ¿dónde queda la fe? Si para creer hay que ver lo fantástico y maravilloso (que, por supuesto, también puede ocurrir), algunos de nosotros podríamos pasar la vida entera sin fe y siempre tratando de hacer cosas fantásticas y difíciles para ganarnos la gracia y el milagro. La fe es la creencia en las cosas que no se ven… y lo más pequeño, lo de al lado, sí se ve, pero a menudo no se reconoce. Quizá tengamos que hacer un ejercicio de creer en el profeta de nuestra propia tierra. La gracia no se compra. Es la propia gracia la que a veces nos permite hacer cosas extraordinarias. Pero no por nuestro propio poder ni hacer. Hay que dejar que lo extraordinario lo haga Dios y, humildemente, dar las gracias.

Cármen Aguinaco

Lectura

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/events/lecturas-del-lunes-de-la-iii-semana-de-cuaresma-san-casimiro_2025-03-24/?occurrence=2025-03-24

Comentario al Evangelio del domingo 23 de marzo de 2025.

REFLEXIÓN FRANCISCANA SOBRE EL EVANGELIO.
III Domingo de Cuaresma. – Según San Lucas 13, 1-9

Mis hermanos y hermanas, estamos viviendo un tiempo muy oportuno y hermoso: el tiempo de Cuaresma. Seguimos nuestro camino desde donde partimos, de las cenizas a la luz, del polvo a la vida. Estamos en un tiempo fuerte de conversión, de rehacer el camino para volver al Señor. Hoy celebramos el Tercer Domingo de Cuaresma, que podemos llamar el domingo de la posibilidad y de la paciencia. Estamos ante un Dios que siempre nos da la oportunidad de ser mejores personas y que tiene una infinita paciencia con cada uno de nosotros. Este domingo nos recuerda que Dios nos das oportunidades para cambiar nuestro corazón y dar frutos de vida. Hermanos y hermanas, el tiempo de Cuaresma se profundiza y hay una llamada a intensificar nuestras observancias cuaresmales. Si recordamos, el primer domingo de Cuaresma, escuchamos las tentaciones de Jesús, cómo venció esas tres tentaciones que querían poner su propia voluntad en contra de la voluntad de Dios; el domingo pasado, el segundo domingo de Cuaresma; se nos presentó la voz del Padre que en el monte de la transfiguración confirma a Jesús como el hijo amado, a quien debemos escuchar. El Evangelio de hoy trata con bastante intención uno de los temas principales de la Cuaresma: El arrepentimiento. El tema principal es que Dios es bondadoso y paciente con nosotros. Es misericordioso. Es el Señor de la viña que nos ofrece amplias posibilidades de dar fruto. Pero también hay claras señales de advertencia de que, si no nos arrepentimos, si no damos el fruto deseado, pereceremos; seremos cortados. Hermanos y hermanas, sabemos que el arrepentimiento o la conversión es un proceso, un viaje de regreso a Dios. Por nuestros pecados, soberbia, tendencias egoístas, negligencia, desobediencia, terquedad y dureza de corazón, como el hijo pródigo, nos alejamos de la casa del Padre. El arrepentimiento es el largo viaje de vuelta a casa del Padre, que es bondadoso y misericordioso. La primera lectura de hoy nos recuerda cómo Dios llamó a Moisés para que devolviera a su pueblo, los israelitas que entonces eran esclavos en Egipto, a la tierra prometida. El viaje duró 40 años. Dios los guío en todo momento. Sin embargo, algunos fueron obstinados, desobedientes y se negaron a arrepentirse. A Dios no le agradó la mayoría de ellos y perecieron en sus pecados. Hermanos y hermanas, rechazar el arrepentimiento y retrasarlo es una tentación real para nosotros los cristianos de hoy en día. A veces pensamos que todavía tenemos mucho tiempo o sentimos que Dios ya sabe que soy un pecador. Como es bondadoso y misericordioso, siempre me perdonará después de todo. Y así, ignoramos, rechazamos o nos resistimos a cualquier esfuerzo real de verdadera conversión, de arrepentimiento de todos aquellos pecados, actitudes, estilos de vida, negligencias que son contrarios a los valores del Evangelio. Cada uno de nosotros podría preguntarse hoy:
¿cuándo fue la última vez que hice una confesión verdadera y buena?
¿Cuándo fue la última vez que hice un verdadero acto penitencial por mis pecados?
¿Soy consciente de las cosas que hago y que no agradan a Dios y a los hermanos y hermanas?
¿Hay algún esfuerzo real y verdadero por mi parte para abandonar esas cosas que no agradan a Dios y a los mis hermanos y hermanas?
Aunque Dios nos da tiempo suficiente para arrepentirnos. Sería inapropiado dar por sentada la clemencia de Dios como hicieron algunos israelitas en el desierto. Como a la higuera, Dios nos da incluso tiempo extra para que podamos florecer, aprovechemos esta oportunidad especialmente en este tiempo de Cuaresma. Rezar, ayunar y dar limosna sin ningún esfuerzo real y verdadero de arrepentimiento y conversión hace que nuestras observancias cuaresmales sean inútiles. «Si no os convertís, pereceréis igualmente». Que cada día de la cuaresma y de nuestra vida sea un camino de regreso a Dios a través del verdadero arrepentimiento. Hermanos y hermanas, vamos a pedir al Señor, para que en este tiempo de Cuaresma ayúdame a escuchar Tu llamado a la conversión. Que, como la higuera que recibe un nuevo chance, nuestro corazón se abra para dar fruto de amor y servicio. Guíanos para reconocer nuestras debilidades y fortalecernos en Tu misericordia, transformando nuestra vida en un testimonio de Tu gracia. –

Hermano Mauricio José Silva dos Anjos – Hermano Menor Capuchino de Chile.

EDD. domingo 23 de marzo de 2025

Primera Lectura

Lectura del libro del Éxodo (3,1-8a.13-15):

En aquellos días, Moisés pastoreaba el rebaño de su suegro Jetró, sacerdote de Madián; llevó el rebaño trashumando por el desierto hasta llegar a Horeb, el monte de Dios. El ángel del Señor se le apareció en una llamarada entre las zarzas. Moisés se fijó: la zarza ardía sin consumirse.
Moisés se dijo: «Voy a acercarme a mirar este espectáculo admirable, a ver cómo es que no se quema la zarza.»
Viendo el Señor que Moisés se acercaba a mirar, lo llamó desde la zarza: «Moisés, Moisés.»
Respondió él: «Aquí estoy.»
Dijo Dios: «No te acerques; quítate las sandalias de los pies, pues el sitio que pisas es terreno sagrado.»
Y añadió: «Yo soy el Dios de tus padres, el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob.» Moisés se tapó la cara, temeroso de ver a Dios.
El Señor le dijo: «He visto la opresión de mi pueblo en Egipto, he oído sus quejas contra los opresores, me he fijado en sus sufrimientos. Voy a bajar a librarlos de los egipcios, a sacarlos de esta tierra, para llevarlos a una tierra fértil y espaciosa, tierra que mana leche y miel.»
Moisés replicó a Dios: «Mira, yo iré a los israelitas y les diré: «El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros.» Si ellos me preguntan cómo se llama, ¿qué les respondo?»
Dios dijo a Moisés: «»Soy el que soy»; esto dirás a los israelitas: `Yo-soy’ me envía a vosotros».»
Dios añadió: «Esto dirás a los israelitas: «Yahvé (Él-es), Dios de vuestros padres, Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob, me envía a vosotros. Éste es mi nombre para siempre: así me llamaréis de generación en generación».»

Palabra de Dios

Salmo

Sal 102,1-2.3-4.6-7.8.11

R/. El Señor es compasivo y misericordioso.

Bendice, alma mía, al Señor,
y todo mi ser a su santo nombre.
Bendice, alma mía, al Señor,
y no olvides sus beneficios. R/.

Él perdona todas tus culpas
y cura todas tus enfermedades;
él rescata tu vida de la fosa
y te colma de gracia y de ternura. R/.

El Señor hace justicia
y defiende a todos los oprimidos;
enseñó sus caminos a Moisés
y sus hazañas a los hijos de Israel. R/.

El Señor es compasivo y misericordioso,
lento a la ira y rico en clemencia;
como se levanta el cielo sobre la tierra,
se levanta su bondad sobre sus fieles. R/.

Segunda Lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (10,1-6.10-12):

No quiero que ignoréis, hermanos, que nuestros padres estuvieron todos bajo la nube y todos atravesaron el mar y todos fueron bautizados en Moisés por la nube y el mar; y todos comieron el mismo alimento espiritual; y todos bebieron la misma bebida espiritual, pues bebían de la roca espiritual que los seguía; y la roca era Cristo. Pero la mayoría de ellos no agradaron a Dios, pues sus cuerpos quedaron tendidos en el desierto. Estas cosas sucedieron en figura para nosotros, para que no codiciemos el mal como lo hicieron aquéllos. No protestéis, como protestaron algunos de ellos, y perecieron a manos del Exterminador. Todo esto les sucedía como un ejemplo y fue escrito para escarmiento nuestro, a quienes nos ha tocado vivir en la última de las edades. Por lo tanto, el que se cree seguro, ¡cuidado!, no caiga.

Palabra de Dios

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Lucas (13,1-9):

En una ocasión, se presentaron algunos a contar a Jesús lo de los galileos cuya sangre vertió Pilato con la de los sacrificios que ofrecían.
Jesús les contestó: «¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que los demás galileos, porque acabaron así? Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceréis lo mismo. Y aquellos dieciocho que murieron aplastados por la torre de Siloé, ¿pensáis que eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera.»
Y les dijo esta parábola: «Uno tenía una higuera plantada en su viña, y fue a buscar fruto en ella, y no lo encontró. Dijo entonces al viñador: «Ya ves: tres años llevo viniendo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro. Córtala. ¿Para qué va a ocupar terreno en balde?» Pero el viñador contestó: «Señor, déjala todavía este año; yo cavaré alrededor y le echaré estiércol, a ver si da fruto. Si no, la cortas».»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

Después de escuchar las lecturas de hoy, podemos decir que hay algo común a todas ellas: la misericordia ilimitada de Dios. Se ocupó de su pueblo por medio de patriarcas, primero, y de profetas, después, hasta que envió a su propio Hijo, como señal del máximo amor. También hoy sale a nuestro paso, para infundirnos valor. Y siempre con paciencia, respetando nuestros ritmos.

Paciencia, parece, le faltaba a Moisés. Tuvo que huir de Egipto, porque mató a un “abusón” que maltrataba a un israelita. En su lugar de refugio, defiende a unas jóvenes que querían abrevar sus ganados de otros “abusones”. No podía permanecer impasible ante la injusticia. Incluso en la distancia, seguía recordando a sus hermanos, oprimidos en Egipto. Posiblemente por eso el Señor se le revela, para anunciarle sus planes de liberación.

A través del fuego y de la zarza ardiente, Moisés ve la cercanía de su Dios, un Dios que se preocupa por su pueblo, y que ha oído sus lamentos. Moisés se descalza, porque las sandalias están hechas con la piel de un animal impuro, con ellas no puede entrar en el lugar santo. Descalzo, ya es posible entrar en contacto con Dios. Y de esa manera certifica que está en presencia de una revelación que viene de Dios, no es el fruto de su fantasía. Tiene una misión, y esa misión es divina.

Al revelar su nombre, al implicarse, los israelitas podrán ver que Dios no es un ser ajeno, distante en su paraíso; al revés, se interesa y mucho por lo que sucede aquí, en la tierra, que sufre con los problemas y la opresión de su pueblo, y que se implica para liberarlos. Es un Dios que realiza sus proyectos por medio de ángeles que se dejan modelar por su Palabra, que tienen el corazón lleno de Dios y por eso se atreven a correr riesgos. Con objeciones, con miedos, pero con fe, como Moisés.

Hasta llegar a la tierra prometida, hay un largo camino que recorrer. No hay que descuidarse, ni relajarse. Es el mensaje de Pablo a la comunidad de Corinto, pero también es actual para nosotros. La gracia de Dios no actúa de forma automática, como si fuera magia. Hay que creer en Cristo (nuevo Moisés), haber sido bautizado (paso del Mar Rojo) y alimentado con la Eucaristía (el pan y el vino son el nuevo maná y el agua del desierto). Todo eso es imprescindible, pero, además, hay que llevar una vida coherente con los valores del Evangelio. Si no, podemos perdernos y no entrar en la tierra prometida, como les pasó a los “rebeldes” del Éxodo. Por eso, “el que se cree seguro, ¡cuidado!, no caiga.”

Muchas veces, como el pueblo de Israel, tenemos la tentación de mirar hacia atrás´, o envidiar cómo viven los no creyentes. Y podemos pensar que lo que abandonamos, lo que hacen los demás, es mejor que lo que nos espera en la tierra prometida.  Puede que nos venza el cansancio y comencemos a dudar de si Dios nos muestra el camino o vamos por el mundo sin rumbo, huérfanos. Esta Cuaresma es un buen momento para pensar sobre esto y, si es necesario, recalibrar el navegador de nuestro corazón. Porque Dios nos espera, y espera mucho de nosotros, para que sigamos sembrando ilusiones y esperanzas, el Evangelio y sus mandamientos allá donde estemos presentes. No podemos quedarnos sentados, conformándonos con ser ramas de un frondoso árbol, a la sombra, sin ser pregoneros de ese Evangelio en el que creemos. Tenemos que ser cristianos en salida, “a tope”, no a medio gas.

Las palabras de Cristo siempre nos ayudan a entender lo que significa vivir como verdaderos cristianos. En el texto de hoy, interpreta dos sucesos de la vida cotidiana con el fin de iluminar a sus oyentes. Y de ambos sucesos, es decir, de un abuso de autoridad – la muerte de unos galileos a manos de Poncio Pilatos – y de un accidente – la caída de una torre en Siloé, que mató a dieciocho personas – interpretando los signos de los tiempos, saca como conclusión una llamada a la conversión. En cuántas ocasiones una enfermedad, un accidente o una catástrofe natural nos hace experimentar la fragilidad de la vida. Perdemos a un amigo o a un familiar cercano, y nos planteamos muchas cosas.

Hay una lectura cristiana de todo esto, que no es ni fatalista ni de rebelión contra Dios. La muerte es un misterio, y no es Dios quien la manda como escarmiento por los pecados, ni “la consiente”, a pesar de su bondad. En el plan divino no había lugar para la muerte, pero se coló por el mal uso de la libertad del hombre. Y, como siempre, Dios sabe sacar de la muerte, vida, y del mal, bien. La muerte de Cristo, a todas luces injustas, toda muerte tiene un sentido misterioso, pero salvador. Y con esa esperanza, nosotros, frágiles, caducos, debemos convertirnos, para que la muerte, cuando llegue, nos encuentre preparados y podamos participar de la muerte y resurrección de Cristo.

Al contrario que Moisés, Jesús nos recuerda que Él es paciente. Así que, si queremos ser como Jesús, tenemos que intentar salvar más y condenar menos. Siendo exigentes con nosotros mismos, para dar fruto. Y siendo pacientes con los demás, ayudándoles para que se encuentren con Jesús. Somos hijos de nuestro tiempo, queremos ver los resultados ya: que todo se arregle en un instante, que el mal sea exterminado instantáneamente… La vida no es así. En la naturaleza todo crece lentamente, madura a su ritmo. Y no siempre se recoge el fruto deseado.

Convendría, pues adoptar una actitud de espera activa y confiada, como la de ese viñador de la parábola. Él supo ver las posibilidades de la higuera y dejó abierta la puerta a la esperanza de una cosecha abundante en el futuro. Trabajando y confiando.

Es un buen momento, entonces, de hacer un balance de nuestra Cuaresma personal y comunitaria. ¿estamos dando frutos? ¿O hay esclavitudes, pecados, problemas que no nos dejan darlos? ¿De qué debo liberarme, para poder volverme al Señor? ¿Cómo va mi paciencia? Esta Cuaresma puede ser el momento de soltar todo lo que no nos deja dar lo mejor de nosotros mismos. Mostremos todo lo bueno que hay en nuestro interior, y tengamos fe en que, con la ayuda de Dios, no hay lucha o tarea que nos resulte imposible. Él va siempre delante, abriendo camino.

Vuestro hermano en la fe, Alejandro, C.M.F.

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/

Homilía para la Eucaristía del domingo 23 de marzo de 2025.

DOMINGO TERCERO DE CUARESMA.C.

Éxodo 3,1-8,10.13-15: Vocación y misión de Moisés. Es encargado de llevar al Pueblo la Palabra de Dios. Moisés viene siendo como la encarnación de Dios, quien debe sacar al Pueblo. Pero es Dios quien ve el dolor y libera. Rebela su ser – Yahveh, el que es.

1Corintios 10,1-6.10-12: Lo sucedido con Israel no es más que una lección para nosotros. Que no nos suceda lo de Israel.

Lucas 13,1-9; Un fuerte llamado a la conversión. Dios espera frutos de nosotros su Pueblo.

1.- Dios es siempre fiel y está siempre presente ya que Él es el que es. No. Falla en sus promesas y sabe cuál es nuestra situación. Y porque es y se hace presente se vale de Moisés. Moisés encarna la fortaleza de Dios que siempre salva, porque el Señor es bondadoso y compasivo, lento a la ira y de gran misericordia. Y porque es de gran misericordia es que manifiesta su voluntad: He bajado a liberarlo…y hacerlo subir a una tierra fértil. Por eso lama y envía a Moisés. Aparece claramente la misión que él tiene: llevar el mensaje del Señor a su Pueblo y a los poderosos que oprimen. Por eso, como ya lo dije, Moisés encarna la fortaleza de Dios, que siempre salva. Por esta razón el Señor da a conocer su realidad: Él es el que es. No un ente poderoso y lejano a nosotros, sino todo lo contrario: muy cerca de nosotros e interesado de nosotros.

2.- Y así Israel, con Moisés a la cabeza, tiene que vivir su Pascua, es decir, pasar de la esclavitud a la liberación, por medio del desierto. Lo que supuso muchas experiencias: pruebas, manifestaciones de que Dios estaba con ellos. Según una tradición hebrea, el Señor iba con ellos, la roca que vierte agua. Es todo un símbolo: la Roca, lo único firme y estable, es quien les da agua, vida en su peregrinar. Sin embargo, a pesar de que Dios se manifiesta cercano, el pueblo no supo responder. Y el Apóstol dice que todo esto es un símbolo para los cristianos. Es un escarmiento en cabeza ajena.

3.- Desgraciadamente la realidad hoy es mala; se ha dejado a Dios de lado. Jesús es muy claro. Los acontecimientos adversos no son un castigo de Dios, sino una advertencia para los contemporáneos.
Hoy día vivimos una inseguridad social tremenda tanto a nivel local como mundial. El lenguaje atrevido y ofensivo de los que se creen poderosos y dueños del mundo. Todo esto no brinda seguridad, sino un gran temor a una guerra nuclear. A nivel local, el crimen organizado se tma las casas y los campos. ¿Será un castigo de Dios? NO. Pero sí una advertencia seria. Todo esto es señal de que la sociedad le ha dado la espalda a Dios, ha desoído sus distintos mensajes de amor.

4.- Pero no tengamos miedo. El Señor es bondadoso y compasivo. El Divino viñador-hortelano cultiva, poda, riega la higuera, es decir, a su Pueblo, al creyente, para que pueda dar frutos. Él cava, riega y poda. Déjate cultivar por Él. Mira la bueno que es el Señor. Él espera frutos de nosotros, mas no los encuentra. No olvidemos lo que nos dice en san Juan: Sin Mí nada pueden hacer. Quien no está unido a Mí es como una rama que se seca sólo sirve para ser quemada.
Acojamos su llamado y volvamos a Dios.

Hermano Pastor.

Comentario al Evangelio del sábado 22 de marzo de 2025

REFLEXIÓN FRANCISCANA SOBRE EL EVANGELIO.
Sábado de la Segunda semana de Cuaresma. San Lucas 15, 1-3. 11-32

La felicidad está en volver al amor. Que mi corazón vuelva a confiar en Dios; no es coger la herencia o tener un cabrito sino recibir gratuitamente el don de la fiesta del Padre.

Queridos hermanos y hermanas, hoy el Evangelio que cavamos de escuchar nos presenta una de las parábolas más conmovedoras y significativas de Jesús: la parábola del hijo pródigo. Este relato no solo nos habla del pecado y del arrepentimiento, sino, sobre todo, de la misericordia infinita de Dios. Dios nos deja libres, pero siempre nos espera. El hijo menor pidió su parte de la herencia y se marchó lejos. Esto simboliza nuestra tendencia a alejarnos de Dios cuando buscamos la felicidad en lo pasajero, en los placeres del mundo, olvidándonos de Aquel que nos ha dado todo. Pero Dios respeta nuestra libertad, aunque sufra por nuestra lejanía. Después de gastar todo, el hijo menor se encuentra en la miseria, cuidando cerdos, lo que para un judío significaba la máxima degradación. Es en ese momento cuando reflexiona sobre su error y decide volver a la casa del Padre. Aquí vemos la importancia del arrepentimiento sincero: reconocer nuestro pecado y volver con humildad. Hermanos y hermanas, el bello y saber que tenemos un Padre que siempre acoge y nos espera con amor. El momento más hermoso de la parábola es la reacción del padre: no espera que el hijo llegue hasta él, sino que corre a su encuentro, lo abraza y lo recibe con alegría. Así es Dios con nosotros. No importa lo lejos que hayamos ido, Él siempre nos espera con los brazos abiertos. En el relato del evangelio también nos habla del hermano mayor: y nos muestra el peligro de la autosuficiencia y el juicio. Hermanos y hermanas, a veces nos identificamos con el hermano mayor, que se siente injustamente tratado porque ha sido fiel y no ha recibido un banquete. Su corazón está cerrado a la misericordia. Jesús nos invita a no caer en la soberbia espiritual, a no juzgar a los demás, sino a alegrarnos cuando un hermano regresa a Dios. Somos llamados a la conversión y la misericordia. En esta Cuaresma, la parábola del hijo pródigo nos invita a examinar nuestro corazón. ¿Nos hemos alejado de Dios? Volvamos a Él. ¿Nos cuesta perdonar? Aprendamos del Padre misericordioso. ¿Nos sentimos superiores a los demás? Pidamos un corazón humilde. Que el Señor nos conceda un corazón humilde, abierto y lleno de amor y de misericordia y que esta historia nos ayude a vivir con mayor amor y confianza en la misericordia de Dios. –

Hno. Mauricio Silva dos Anjos – Hermano Menor Capuchino de Chile.

EDD. sábado 22 de marzo de 2025

Primera Lectura

Lectura de la profecía de Miqueas (7,14-15.18-20):

PASTOREA a tu pueblo, Señor, con tu cayado,
al rebaño de tu heredad,
que anda solo en la espesura,
en medio del bosque;
que se apaciente como antes
en Basán y Galaad.
Como cuando saliste de Egipto,
les haré ver prodigios.
¿Qué Dios hay como tú,
capaz de perdonar el pecado,
de pasar por alto la falta
del resto de tu heredad?
No conserva para siempre su cólera,
pues le gusta la misericordia.
Volverá a compadecerse de nosotros,
destrozará nuestras culpas,
arrojará nuestros pecados
a lo hondo del mar.
Concederás a Jacob tu fidelidad
y a Abrahán tu bondad,
como antaño prometiste a nuestros padres.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 102,1-2.3-4.9-10.11-12

R/. El Señor es compasivo y misericordioso

V/. Bendice, alma mía, al Señor,
y todo mi ser a su santo nombre.
Bendice, alma mía, al Señor,
y no olvides sus beneficios. R/.

V/. Él perdona todas tus culpas
y cura todas tus enfermedades;
él rescata tu vida de la fosa,
y te colma de gracia y de ternura. R/.

V/. No está siempre acusando
ni guarda rencor perpetuo;
no nos trata como merecen nuestros pecados
ni nos paga según nuestras culpas. R/.

V/. Como se levanta el cielo sobre la tierra,
se levanta su bondad sobre los que lo temen;
como dista el oriente del ocaso,
así aleja de nosotros nuestros delitos. R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Lucas (15,1-3.11-32):

EN aquel tiempo, se acercaron a Jesús todos los publicanos y los pecadores a escucharlo. Y los fariseos y los escribas murmuraban diciendo:
«Ese acoge a los pecadores y come con ellos».
Jesús les dijo esta parábola:
«Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre:
“Padre, dame la parte que me toca de la fortuna”.
El padre les repartió los bienes.
No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, se marchó a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente.
Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad.
Fue entonces y se contrató con uno de los ciudadanos de aquel país que lo mandó a sus campos a apacentar cerdos. Deseaba saciarse de las algarrobas que comían ¡os cerdos, pero nadie le daba nada.
Recapacitando entonces, se dijo:
“Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me levantaré, me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros”.
Se levantó y vino adonde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se le conmovieron las entrañas; y, echando a correr, se le echó al cuello y lo cubrió de besos.
Su hijo le dijo:
“Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo”.
Pero el padre dijo a sus criados:
“Sacad enseguida la mejor túnica y vestídsela; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y sacrificadlo; comamos y celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido y lo hemos encontrado”.
Y empezaron a celebrar el banquete.
Su hijo mayor estaba en el campo.
Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y la danza, y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello.
Este le contestó:
“Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha sacrificado e! ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud”.
Él se indignó y no quería entrar, pero su padre salió e intentaba persuadirlo.
Entonces él respondió a su padre:
“Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; en cambio, cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado”.
El padre le dijo:
“Hijo, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo; pero era preciso celebrar un banquete y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido y lo hemos encontrado”».

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

Termina la semana con la parábola del hijo pródigo. Frente a los que piensan en la conversión como un trabajo personal y dificultoso en que la persona se tiene que enfrentar consigo mismo, revisar detenidamente su vida, purificar sus intenciones y hacerse propósitos firmes para iniciar una cambio que modifique radicalmente sus actitudes y actos, la parábola cuenta una historia de lo más sorprendente.

Para empezar, el hijo pequeño, el que se va después de pedir y conseguir su parte de la herencia, es uno de los tipos más interesados que se encuentran en la Biblia. En realidad, no piensa más que en vivir bien. El resto da la impresión de que no le importa nada. Si se va con la herencia es para vivir a lo grande. Y si se vuelve a casa de su padre no es precisamente por amor filial sino porque siente hambre y se acuerda de que los jornaleros de su padre tienen para comer todos los días. Su único interés es vivir bien, lo mejor posible. Lo de su padre o la familia no le importa nada. Él va a lo suyo.

Pues bien, lo que subraya la parábola es precisamente que, incluso con todos esos “peros”, incluso siendo el padre consciente del egoísmo de su hijo, le espera con paciencia y desea sentarle a la mesa. El padre no tiene más que una intención y deseo: reunir a los suyos a la mesa. Lo de las motivaciones parece que le importa poco. O piensa, quizá siendo un poco iluso, que con el tiempo y la buena comida el hijo perdido aprenderá dónde está la verdadera vida, el verdadero vivir a lo grande. Pero que reconozca eso no es en absoluto condición para que se siente a la mesa. Lo primero es acogerle, abrazarle, preparar el banquete, sentarle a la mesa. Luego vendrá, si viene, lo otro. Lo fundamental es que sienta el abrazo cariñoso del padre. Si entiende todo lo que significa o no, parece que al padre no le importa.

Ojalá nosotros vayamos entendiendo este amor del Padre que es más grande que todo lo que podamos imaginar, que no pone condiciones, que nos tiene paciencia y nos da todo el tiempo que necesitemos para comprenderlo y asimilarlo y vivirlo y agradecerlo.

Fernando Torres, cmf

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/