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Autor: Patricio Osiadacz

Homilía para la Eucaristía del Domingo 20 de agosto de 2017 . –

Fuente :  https://www.laicoscapuchinos.cl/laicos/index.php/2017/08/18/homilia-para-la-eucaristia-del-domingo-20-de-agosto-de-2017/
Paz y Bien a todos ustedes. Pastor.

DOMINGO XX.

 

Isaías 56,1.6-7: se proclama la universalidad de la salvación. Todo el que practique el derecho, “

Mateo 15,21-28: a la primitiva comunidad cristiana le costó aceptar a los paganos. El presente pasaje invita a la asamblea a la plena aceptación.

1.- Se está tocando un tema religioso candente. ¿Qué hace justo al hombre la fe en Dios o el cumplir con la Ley? Porque la primera lectura insiste en observar el derecho y la justicia. Si esto significa cumplir con la Voluntad de Dios estamos en lo correcto. Pero en la medida en que la fe disminuye se reemplaza este cumplimiento de la Voluntad de Dios con obras externas, sin la interioridad de la fe, que es la que acata la voluntad de Dios. Eso es lo más importante.

Cuando un creyente o un grupo de creyentes se aferra a lo externo: leyes religiosas, culto, prácticas, pero vacios de contenido, cae en el fanatismo y el fundamentalismo. Entonces para salvarse hay que pertenecer a tal o cual grupo cerrado. Eso es caer en le sectarismo. Y eso no es lo que quiere Dios. Todo lo contrario.

2.- Hoy se nos está proclamando un Dios sin fronteras. Muchas veces la religión puede conducir a un exclusivismo, como le sucedió al judaísmo. Para salvarse había que adoptar todo lo concerniente a la religión judía. Por eso le costó a la primitiva comunidad cristiana, compuesta de judíos conversos, aceptar a los no judíos; querían imponerles sus leyes y costumbres. Pero ya la sagrada Escritura en el Antiguo Testamento esboza la universalidad de la salvación, porque “Dios quiere que todos los hombres se salven”. La razón la da la misma Palabra: “Mi casa será llamada casa de oración para todos los pueblos”. Dios no excluye a nadie. Ya en el relato del diluvio universal se le ordena a Noé que introduzca en el arca animales puros e impuros.

Es que es el hombre el que hace estos distingos: puros e impuros, dignos e indignos. Es peligrosa esta postura. Y el evangelio es claro. La fe de esa mujer pagana y la curación de su hija ofrecen criterios claros a este respecto. Cuando hay fe en Jesús no es posible negar a nadie la entrada en el Proyecto salvador divino. Todos estamos llamados a formar parte de la familia de Dios, pues el don de la fe no está circunscrito a ningún pueblo, ya que procede de la gratuidad divina.

3.- “Mi casa es casa de oración”. ¿Cuál es la casa? ¿Cuál es el Templo? Jesús. El es el verdadero templo, porque en Él habita la plenitud de Dios. “Y Jesús se refería al templo de su cuerpo”      (Juan 2,21). La Iglesia, la comunidad cristiana es el templo. “Ustedes (los paganos) ya no son extraños ni forasteros, sino conciudadanos de los santos y familia de Dios…ustedes en Cristo van siendo incorporados en la edificación, hasta llegar a ser morada de Dios por el Espíritu”         (Efesios 2,19-22).

La Iglesia, es decir, la parroquia, comunidades, movimientos, no pueden ser cerrados. La Iglesia debe ser lugar de encuentro entre personas, lugar abierto a la esperanza de los pobres. Este será el signo de la presencia de Dios entre nosotros: un mundo, una sociedad sin fronteras, en el que a nadie se despida sin beneficiar.

4.- La mujer pagana le dobló la mano al Señor. La fe no sólo mueve montañas, sino rompe las barreras cúlticas.

Aprendamos la lección. La principal barrera pasa por el corazón. Que el Señor nos dé un corazón nuevo para poder amar sin fronteras. Para saber acoger al distinto, al inmigrante, que a veces rompe nuestros esquemas.

Son muchas las barreras que tenemos que superar. El racismo que se ve en los noticieros también se da en América latina. Somos cristianos, no podemos ser cerrados. Somos cristianos…tenemos que ser católicos, es decir, universales, abiertos a todos.

La comunión es un anticipo sacramental de lo que estamos viendo.

                                                               Hermano Pastor Salvo Beas.

Comentario al evangelio de hoy viernes 18 de agosto de 2017

Cuanto hicisteis a unos de estos hermanos, a mí me lo hicisteis.
Si amo a Dios no puedo dejar de amar a mi hermano. Y todo lo que haga, es a Dios Nuestro Señor.

Por: Arturo Escalona
Fuente: Catholic.net 

Del santo evangelio según san Mateo 25, 31-46
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: Cuando el Hijo del hombre venga, en su gloria, acompañado de todos sus ángeles, entonces se sentará en su trono de gloria. Serán congregadas delante de él todas las naciones, y él separará a los unos de los otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos. Pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda. Entonces dirá el Rey a los de su derecha: «Venid, benditos de mi Padre, recibid la herencia del Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; era forastero, y me acogisteis; estaba desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a verme». Entonces los justos le responderán: «Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer; o sediento, y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos forastero, y te acogimos; o desnudo, y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel, y fuimos a verte?». Y el Rey les dirá: «En verdad os digo que cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis». Entonces dirá también a los de su izquierda: «Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el Diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber; era forastero, y no me acogisteis; estaba desnudo, y no me vestisteis; enfermo y en la cárcel, y no me visitasteis». Entonces dirán también éstos: «Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento o forastero o desnudo o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos?». Y Él entonces les responderá: «En verdad os digo que cuanto dejasteis de hacer con uno de estos más pequeños, también conmigo dejasteis de hacerlo». E irán éstos a un castigo eterno, y los justos a una vida eterna. 
Oración introductoria
Jesús mío, al contemplar este evangelio me pueden llegar diferentes sentimientos, de miedo, de confianza, de dolor, de amor; pero lo importante, mi Jesús, es que tengo la seguridad que Tú vas a ser mi juez. Gracias porque tú sólo quieres mi salvación. Ayúdame a vivir la virtud de la caridad con los demás, Tú sabes que es muy costosa pero no me dejes abandonado sino que sienta tu apoyo que me sostiene para no desfallecer.
Petición
Señor, que me esfuerce por vivir la caridad, que es el mejor camino para acompañarte en tu dolor. Ayúdame a amar más a los demás.
Meditación del Papa Francisco

Sabiduría del corazón es salir de sí hacia el hermano. A veces nuestro mundo olvida el valor especial del tiempo empleado junto a la cama del enfermo, porque estamos apremiados por la prisa, por el frenesí del hacer, del producir, y nos olvidamos de la dimensión de la gratuidad, del ocuparse, del hacerse cargo del otro. En el fondo, detrás de esta actitud hay frecuencia una fe tibia, que ha olvidado aquella palabra del Señor, que dice: “A mí me lo hicisteis”.

Por esto, quisiera recordar una vez más “la absoluta prioridad de la ‘salida de sí hacia el otro’ como uno de los mandamientos principales que fundan toda norma moral y como el signo más claro para discernir acerca del camino de crecimiento espiritual como respuesta a la donación absolutamente gratuita de Dios” (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 179). De la misma naturaleza misionera de la Iglesia brotan “la caridad efectiva con el prójimo, la compasión que comprende, asiste y promueve”» (Mensaje del Papa Francisco para la Jornada Mundial del Enfermo 2015).
Reflexión 
Cristo, el día de hoy, nos viene a recordar lo propio de su mensaje: la caridad.
La caridad no como mera filantropía, sino como verdadero amor a Dios que vive realmente en mi prójimo. Esta caridad brota naturalmente del amor a Dios. Si amo a Dios no puedo dejar de amar a mi hermano. Y por ello todo lo que haga a mi prójimo se lo hago a Dios Nuestro Señor porque él habita en mi persona y en los demás.
No basta conformarnos con no criticar a los demás, hace falta hablar bien de mi prójimo, promover lo bueno y silenciar lo malo, hablar bien de los demás.
No hace falta inventarse virtudes o cualidades donde no las hay, hay que reconocer y hablar de las que tienen los demás. Se dice fácil, pero cuesta. Haz la prueba de hablar bien de los que están a tu alrededor y verás que es fácil. Más, Dios lo quiere, y sobre todo, recuerda que Dios vive en tu prójimo.
Propósito
Hoy, por amor a Cristo, hablaré bien de la persona que no me cae muy bien. Consciente de que Jesús está presente en esa persona.
Diálogo con Cristo
Dios mío, en estos momentos que me estoy preparando para la Semana Santa, te pido que me perdones todas las veces que he ofendido a los demás y he herido tu corazón. Te pido que ahora me des las fuerzas necesarias para afrontar cualquier enemigo que me encuentre para faltar a la caridad, que aprenda a descubrirte en el pobre, en el rico, en los enfermos, en mis familiares, para que con el auxilio de tu gracia, me entregue a los demás y yo también reciba tus palabras consoladoras:»Venid, benditos de mi Padre, recibid la herencia del Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo…».

EDD. viernes 18 de agosto de 2017.

Fuente :  http://www.eucaristiadiaria.cl/dia_cal.php?fecha=2017-08-18
Viernes de la decimonovena semana del tiempo ordinario
San Alberto Hurtado, presbítero
Memoria obligatoria
Color: blanco
Antífona de entrada            Mt 25, 34. 36. 40
Vengan benditos de mi Padre -dice el Señor- porque estuve enfermo y me visitaron. En verdad les digo que cuanto hicieron con el más pequeño de mis hermanos, conmigo lo hicieron.
ORACIÓN COLECTA
Dios y Padre nuestro, que en san Alberto, presbítero, nos diste un signo admirable de tu amor, por su intercesión, concédenos perseverar unidos en el Evangelio, acompañando con el amor de Cristo a nuestro hermanos, especialmente los abandonados y los pobres, y promover así el reino de justicia, de amor y de paz. Por nuestro Señor Jesucristo tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.
LITURGIA DE LA PALABRA
Primera lectura
La fe, si no va acompañada de las obras, está completamente muerta.
Lectura de la carta de Santiago 2, 14-18
¿De qué le sirve a uno, hermanos míos, decir que tiene fe, si no tiene obras? ¿Acaso esa fe puede salvarlo? ¿De qué sirve si uno de ustedes, al ver a un hermano o una hermana desnudos o sin el alimento necesario, les dice: “Vayan en paz, caliéntense y coman”, y no les da lo que necesitan para su cuerpo? Lo mismo pasa con la fe: si no va acompañada de las obras, está completamente muerta.
Sin embargo, alguien puede objetar: “Uno tiene la fe y otro, las obras”. A éste habría que responderle: “Muéstrame, si puedes, tu fe sin las obras. Yo, en cambio, por medio de las obras, te demostraré mi fe”.
Salmo responsorial 111, 1-4. 9
R/. ¡Feliz el que teme al Señor!
Feliz el hombre que teme al Señor y se complace en sus mandamientos. Su descendencia será fuerte en la tierra: la posteridad de los justos es bendecida.
En su casa habrá abundancia y riqueza, su generosidad permanecerá para siempre.  Para los buenos brilla una luz en las tinieblas: es el Bondadoso, el Compasivo y el Justo.
Él da abundantemente a los pobres: su generosidad permanecerá para siempre, y alzará su frente con dignidad. Feliz el hombre que teme al Señor.
EVANGELIO
Aclamación al Evangelio   Mc 11, 9. 10
Aleluya.
¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Bendito sea el Reino que ya viene, el Reino de nuestro padre David! Aleluya.
EVANGELIO
Se sentará en su trono glorioso y separará a unos de otros.
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 25, 31-46
Jesús dijo a sus discípulos:
Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria rodeado de todos los ángeles, se sentará en su trono glorioso. Todas las naciones serán reunidas en su presencia, y Él separará a unos de otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos, y pondrá a aquéllas a su derecha y a éstos a su izquierda.
Entonces el Rey dirá a los que tenga a su derecha: “Vengan, benditos de mi Padre, y reciban en herencia el Reino que les fue preparado desde el comienzo del mundo, porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; era forastero, y me alojaron; estaba desnudo, y me vistieron; enfermo, y me visitaron; preso, y me vinieron a ver”.
Los justos le responderán: “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer; sediento, y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos forastero, y te alojamos; desnudo, y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o preso, y fuimos a verte?”
Y el Rey les responderá: “Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo”.
Luego dirá a los de su izquierda: “Aléjense de mí, malditos; vayan al fuego eterno que fue preparado para el demonio y sus ángeles, porque tuve hambre, y ustedes no me dieron de comer; tuve sed, y no me dieron de beber; era forastero, y no me alojaron; estaba desnudo, y no me vistieron; enfermo y preso, y no me visitaron”.
Éstos, a su vez, le preguntarán: “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, forastero o desnudo, enfermo o preso, y no te hemos socorrido?”
Y Él les responderá: “Les aseguro que cada vez que no lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, tampoco lo hicieron conmigo”.
Éstos irán al castigo eterno, y los justos a la Vida eterna.
Comentario :
Fuente : http://www.ocarm.org/es/content/lectio/lectio-divina-mateo-2531-46
• El Evangelio de Mateo presenta a Jesús como el nuevo Moisés. Como Moisés, Jesús promulgó la Ley de Dios. Como la antigua Ley, así la nueva ley dada por Jesús tiene cinco libros o discursos. El Sermón del Monte (Mt 5,1 a 7,27), el primer discurso, se abre con las ocho bienaventuranzas. El Sermón de la Vigilancia (Mt 24,1 a 25,46), el quinto y último se cierra con la descripción del Juicio Final. Las bienaventuranzas describen la puerta de entrada para el Reino de Dios, enumerando ocho categorías de personas: los pobres de espíritu, los mansos, los afligidos, los que tienen hambre y sed de justicia, los misericordiosos, los de corazón limpio, los promotores da paz y los perseguidos por causa de la justicia (Mt 5,3-10). La parábola del Juicio Final cuenta lo que debemos hacer para poder tomar posesión del Reino: acoger a los hambrientos, a los sedientos, a los extranjeros, a los desnudos, a los enfermos y presos (Mt 25,35-36). Tanto en el comienzo como al final de la Nueva Ley, están los excluidos y los marginados.
• Mateo 25,31-33: Abertura del Juicio Final. El Hijo del Hombre reúne a su alrededor a las naciones del mundo. Separa a las personas como el pastor separa a las ovejas de los cabritos. El pastor sabe discernir. El no se equivoca: las ovejas a la derecha, los cabritos a la izquierda. El sabe discernir a los buenos y a los malos. Jesús no juzga, ni condena (cf. Jn 3,17; 12,47). El apenas separa. Es la persona misma la que juzga o se condena por la manera como se porta en relación con los pequeños y los excluidos.
• Mateo 25,34-36: La sentencia para los que están a la derecha del Juez. Los que están a su derecha son llamados “¡Benditos de mi Padre!”, esto es, reciben la bendición que Dios prometió a Abrahán y a su descendencia (Gen 12,3). Ellos son convidados a tomar posesión del Reino, preparado para ellos desde la fundación del mundo. El motivo de la sentencia es éste: «Tuve hambre y sed, era extranjero, estaba desnudo, enfermo y preso, y ustedes me acogieron y ayudaron”. Esta frase nos hace saber quiénes son las ovejas. Son las personas que acogieron al Juez cuando éste estaba hambriento, sediento, extranjero, desnudo, enfermo y peso. Y por el modo de hablar «mi Padre» e «Hijo del Hombre», sabemos que el Juez es Jesús mismo. ¡El se identifica con los pequeños!
• Mateo 25,37-40: Una demanda de esclarecimiento y la respuesta del Juez: Los que acogen a los excluidos son llamados “justos”. Esto significa que la justicia del Reino no se alcanza observando normas y prescripciones, pero sí acogiendo a los necesitados. Pero lo curioso es que los justos no saben cuándo fue que acogieron a Jesús necesitado. Jesús responde: «¡Toda vez que lo hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis!» ¿Quiénes son estos «hermanos míos más pequeños»? En otros pasajes del Evangelio de Mateo, las expresiones «hermanos míos» y «pequeñuelos» indican a los discípulos (Mt 10,42; 12,48-50; 18,6.10.14; 28,10). Indican también a los miembros más abandonados de la comunidad, a los despreciados que no tienen a dónde ir y que no son bien recibidos (Mt 10,40). Jesús se identifica con ellos. Pero no es sólo esto. En el contexto tan amplio de esta parábola final, la expresión «mis hermanos más pequeños» se alarga e incluye a todos aquellos que en la sociedad no tienen lugar. Indica a todos los pobres. Y los «justos» y los «benditos de mi Padre» son todas las personas de todas las naciones que acogen al otro en total gratuidad, independientemente del hecho de ser cristiano o no.
• Mateo 25,41-43: La sentencia para los que están a su izquierda. Los que están del otro lado del Juicio son llamados “malditos” y están destinados al fuego eterno, preparado por el diablo y los suyos. Jesús usa el lenguaje simbólico común de aquel tiempo para decir que estas personas no van a entrar en el Reino. Y aquí también el motivo es uno sólo: no acogieron a Jesús hambriento, sediento, extranjero, desnudo, enfermo y preso. No es Jesús que nos impide entrar en el Reino, sino nuestra práctica de no acoger al otro, la ceguera que nos impide ver a Jesús en los pequeños.
• Mateo 25,44-46: Un pedido de aclaración y la respuesta del Juez. El pedido de esclarecimiento muestra que se trata de gente que se porta bien, personas que tienen la conciencia en paz. Están seguras de haber practicado siempre lo que Dios les pedía. Por eso se extrañan cuando el Juez dice que no lo acogieron. El Juez responde: “¡Todas las veces que no hicieron esto a unos de estos pequeños, conmigo dejasteis de hacerlo!” ¡La omisión! ¡No hicieron más! Apenas dejaron de practicar el bien a los pequeños y acoger a los excluidos. Y sigue la sentencia final: estos van para el fuego eterno, y los justos van para la vida eterna. ¡Así termina el quinto libro de la Nueva Ley!
Para la reflexión personal : 
• ¿Qué es lo que más te ha llamado la atención en la parábola del Juicio Final?
• Párate y piensa: si el Juicio final fuera hoy, ¿tú estarías del lado de las ovejas o de los cabritos?

Comentario al evangelio de hoy jueves 17 de agosto de 2017

Una gota del perfume del perdón.

Jueves XIX de Tiempo Ordinario.
Por: H. Balam Loza, LC.
 
Fuente: http://es.catholic.net/op/articulos/66342/una-gota-del-perfume-del-perdon.html

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Jesús, enséñame en este día a llevar tu amor. No quiero vivir esta oración para mí sino quiero encontrarme con tu amor que me perdona siempre y no mira la grandeza de mis faltas. Me amas profundamente y quiero aprender amar como Tú lo has hecho conmigo. Quiero estar aquí y ver la historia maravillosa de tu amor en mi vida. Quiero ver todas las veces que he salido de casa, me he perdido, me he manchado y Tú, me has esperado con la mesa puesta y con los brazos abiertos.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Mateo 18,21-19,1
En aquel tiempo, Pedro se acercó a Jesús y le preguntó: «Si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?» Jesús le contestó: «No sólo hasta siete, sino hasta setenta veces siete».
Entonces Jesús les dijo: «El Reino de los cielos es semejante a un rey que quiso ajustar cuentas con sus servidores. El primero que le presentaron le debía muchos millones. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él, a su mujer, a sus hijos y todas sus posesiones, para saldar la deuda. El servidor, arrojándose a sus pies, le suplicaba, diciendo: ‘Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo’. El rey tuvo lástima de aquel servidor, lo soltó y hasta le perdonó la deuda.
Pero, apenas había salido aquel servidor, se encontró con uno de sus compañeros, que le debía poco dinero. Entonces lo agarró por el cuello y casi lo estrangulaba, mientras le decía: ‘Págame lo que me debes’. El compañero se le arrodilló y le rogaba: ‘Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo’. Pero el otro no quiso escucharlo, sino que fue y lo metió en la cárcel hasta que le pagara la deuda.
Al ver lo ocurrido, sus compañeros se llenaron de indignación y fueron a contarle al rey lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo: ‘Siervo malvado. Te perdoné toda aquella deuda porque me lo suplicaste. ¿No debías tú también haber tenido compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?’ Y el señor encolerizado, lo entregó a los verdugos para que no lo soltaran hasta que pagara lo que debía.
Pues lo mismo hará mi Padre celestial con ustedes si cada cual no perdona de corazón a su hermano». Cuando Jesús terminó de hablar, salió de Galilea y fue a la región de Judea que queda al otro lado del Jordán.
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
Con los brazos abiertos. Cuántas veces al sentirnos libres abrimos los brazos, podemos decir que es el símbolo de la libertad. Pero si pensamos un poco en ese gesto podemos darnos cuenta de que solamente quien es libre puede recibir a otro. Solamente quien aprende a perdonar se libera de unas cadenas pesadas. Pensemos por un momento en eso que nos puede estar atando. Esas cadenas que puedan estar quitándonos la libertad y la paz. ¡Cuántas noches sin dormir pensando en alguna palabra, tal vez muy pequeña, que me pudo haber ofendido!
Muchas veces el problema lo agrandamos más y nos pesa. Es verdad que en ocasiones es más difícil ya que nuestra confianza ha sido pisada. ¿Qué hacer? Perdón. Es una palabra de seis letras pero que sana el corazón. Es una fragancia que llena las estancias más pobres y más tristes. Es una palabra, en fin, que da vida y libertad.
«Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen» Un hombre en una cruz insultado supo decir «te perdono», pero no sólo eso, esa palabra era la fragancia más valiosa porque estaba cargada de amor. Ese amor me sana y me da vida cada vez que pienso que no soy digno. Detrás del «Yo te absuelvo de tus pecados» hay una mirada de amor que da vida a nuestro corazón, que sana, que libera, que da paz. Eseperdón ilumina nuestras vidas e historias. ¿Qué pasaría si no recibiésemos el perdón de Dios?
Y nosotros somos instrumentos del amor para los demás. A veces podemos encontrarnos con personas que pueden sufrir por dentro y nos hacen sufrir por sus acciones. A veces no las comprendemos, pero es importante ir más allá de un acto ofensivo. Mirar como Jesús mira es el ideal del cristiano. Amar, aunque duela y perdonar siempre, es lo que puede cambiar el mundo de hoy. Una mirada que llega al fondo y no se queda en la primera impresión es lo que puede iluminar a mi hermano que puede estar sufriendo.

En esta escena encontramos todo el drama de nuestras relaciones humanas. Cuando estamos nosotros en deuda con los demás, pretendemos la misericordia; en cambio cuando estamos en crédito, invocamos la justicia. Todos hacemos así, todos. Esta no es la reacción del discípulo de Cristo ni puede ser el estilo de vida de los cristianos. Jesús nos enseña a perdonar, y a hacerlo sin límites: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete».
(Homilía de S.S. Francisco, 4 de agosto de 2016).

Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Hoy, o durante la próxima semana, voy a acercarme al sacramento de la reconciliación con una actitud de querer encontrarme con Jesús que sana mi vida y mi corazón.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
 

EDD. jueves 17 de agosto de 2017.

 
Fuente : www.evangeliodeldia.org
Jueves de la decimonovena semana del tiempo ordinario
Libro de Josue 3,7-10a.11.13-17.
Entonces el Señor dijo a Josué: «Hoy empezaré a engrandecerte a los ojos de todo Israel, para que sepan que yo estoy contigo como estuve con Moisés.
Ahora ordena a los sacerdotes que llevan el Arca de la Alianza: ‘Cuando lleguen al borde del Jordán, deténganse junto al río'».
Josué dijo a los israelitas: «Acérquense y escuchen las palabras del Señor, su Dios».
Y añadió: «En esto conocerán que el Dios viviente está entre ustedes, y que él expulsará delante de ustedes a los cananeos, los hititas, los jivitas, los perizitas, los guirgazitas, los amorreos y los jebuseos:
el Arca de la Alianza del Señor de toda la tierra va a cruzar el Jordán delante de ustedes.
Y apenas los sacerdotes que llevan el Arca del Señor de toda la tierra apoyen sus pies sobre las aguas del Jordán, estas se abrirán, y las aguas que vienen de arriba se detendrán como contenidas por un dique».
Cuando el pueblo levantó sus carpas para cruzar el Jordán, los sacerdotes que llevaban el Arca de la Alianza iban al frente de él.
Apenas llegaron al Jordán y sus pies tocaron el borde de las aguas – el Jordán se desborda por sus dos orillas durante todo el tiempo de la cosecha –
las aguas detuvieron su curso: las que venían de arriba se amontonaron a una gran distancia, cerca de Adam, la ciudad que está junto a Sartán; y las que bajaban hacia el mar de la Arabá – el mar de la Sal – quedaron completamente cortadas. Así el pueblo cruzó a la altura de Jericó.
Los sacerdotes que llevaban el Arca de la Alianza del Señor permanecían inmóviles en medio del Jordán, sobre el suelo seco, mientras todo Israel iba pasando por el cauce seco, hasta que todo el pueblo terminó de cruzar el Jordán.
Salmo 114(113A),1-2.3-4.5-6.
Cuando Israel salió de Egipto,
la familia de Jacob, de un pueblo extranjero,
Judá se convirtió en su Santuario,
la tierra de Israel fue su dominio.
El Mar, al verlos, huyó,
el Jordán se volvió atrás;
los montes saltaron como carneros
y las colinas, como corderos.
¿Qué tienes, Mar? ¿Por qué huyes?
Y tú, Jordán, ¿por qué te vuelves atrás?
Montes, ¿por qué saltan como carneros,
y ustedes, colinas, como corderos?
 
Evangelio según San Mateo 18,21-35.19,1.
Se adelantó Pedro y le dijo: «Señor, ¿cuántas veces tendré que perdonar a mi hermano las ofensas que me haga? ¿Hasta siete veces?».
Jesús le respondió: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.
Por eso, el Reino de los Cielos se parece a un rey que quiso arreglar las cuentas con sus servidores.
Comenzada la tarea, le presentaron a uno que debía diez mil talentos.
Como no podía pagar, el rey mandó que fuera vendido junto con su mujer, sus hijos y todo lo que tenía, para saldar la deuda.
El servidor se arrojó a sus pies, diciéndole: «Señor, dame un plazo y te pagaré todo».
El rey se compadeció, lo dejó ir y, además, le perdonó la deuda.
Al salir, este servidor encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, tomándolo del cuello hasta ahogarlo, le dijo: ‘Págame lo que me debes’.
El otro se arrojó a sus pies y le suplicó: ‘Dame un plazo y te pagaré la deuda’.
Pero él no quiso, sino que lo hizo poner en la cárcel hasta que pagara lo que debía.
Los demás servidores, al ver lo que había sucedido, se apenaron mucho y fueron a contarlo a su señor.
Este lo mandó llamar y le dijo: ‘¡Miserable! Me suplicaste, y te perdoné la deuda.
¿No debías también tú tener compasión de tu compañero, como yo me compadecí de tí?’.
E indignado, el rey lo entregó en manos de los verdugos hasta que pagara todo lo que debía.
Lo mismo hará también mi Padre celestial con ustedes, si no perdonan de corazón a sus hermanos».
Cuando Jesús terminó de decir estas palabras, dejó la Galilea y fue al territorio de Judea, más allá del Jordán.
 
Comentario del Evangelio por San Cipriano (c. 200-258), obispo de Cartago y mártir. La Oración del Señor, 23-24.
 
«Perdona nuestras ofensas como nosotros perdonamos a os que nos han ofendido».
El Señor nos obliga a perdonar las ofensas de los que nos han ofendido, tal como nosotros pedimos que nos perdone las nuestras (Mt 6,12). Hemos de saber que no podemos obtener lo que pedimos en lo referente a nuestros pecados, si no hacemos lo mismo con los que han pecado contra nosotros. Por esto Cristo dice en otra parte: «La medida que usaréis la usarán también con vosotros» (Mt 7,2). Y el siervo que, después de haber sido perdonado de toda su deuda, no ha querido hacer él lo mismo con el compañero de servicio que le debía, es metido en la cárcel. Porque no quiso tener compasión con su compañero, perdió lo que su amo le había concedido gratuitamente. Y esto, Cristo lo establece aún con más fuerza en sus preceptos, cuando decreta…: «Cuando os pongáis a orar, perdonad lo que tengáis contra otros, para que también vuestro Padre del cielo os perdone vuestras culpas. Pero si no perdonáis, tampoco vuestro Padre que está en el cielo os perdonará vuestras culpas» (Mc 11,25-26)…
Cuando Abel y Caín, ofrecieron los primeros sus sacrificios, no fueron su ofrendas lo que Dios miró, sino su corazón (Gn 4,3s). Aquel cuya ofrenda le agradó, es aquel cuyo corazón le agradaba. Abel, pacífico y justo, ofreciendo en su inocencia un sacrificio a Dios, enseñaba a los demás a acercarse con el temor de Dios a ofrecer su ofrenda sobre el altar, con un corazón sencillo, el sentido de la justicia, y mereció llegar a ser él mismo una preciosa ofrenda y dar el primer testimonio de martirio. Prefiguró, por la gloria de su sangre, la Pasión del Señor, porque poseía la justicia y la paz del Señor. Los hombres semejantes a él son los que se ven coronados por el Señor, y que, en el día del juicio, obtendrán la justicia.

EDD. miércoles 16 de agosto de 2017.

Fuente :  http://evangeliodeldia.org/main.php?language=SP&module=readings&localdate=20170815
Miércoles de la decimonovena semana del tiempo ordinario
Deuteronomio 34,1-12.
Moisés subió de las estepas de Moab al monte Nebo, a la cima del Pisgá, frente a Jericó, y el Señor le mostró todo el país: Galaad hasta Dan,
todo Neftalí, el territorio de Efraím y Manasés, todo el territorio de Judá hasta el mar Occidental,
el Négueb, el Distrito y el valle de Jericó – la Ciudad de las Palmeras – hasta Soar.
Y el Señor le dijo: «Esta es la tierra que prometí con juramento a Abraham, a Isaac y a Jacob, cuando les dije: «Yo se la daré a tus descendientes». Te he dejado verla con tus propios ojos, pero tú no entrarás en ella».
Allí murió Moisés, el servidor del Señor, en territorio de Moab, como el Señor lo había dispuesto.
El mismo lo enterró en el Valle, en el país de Moab, frente a Bet Peor, y nadie, hasta el día de hoy, conoce el lugar donde fue enterrado.
Cuando murió, Moisés tenía ciento veinte años, pero sus ojos no se habían debilitado, ni había disminuido su vigor.
Los israelitas lloraron a Moisés durante treinta días en las estepas de Moab. Así se cumplió el período de llanto y de duelo por la muerte de Moisés.
Josué, hijo de Nun, estaba lleno del espíritu de sabiduría, porque Moisés había impuesto sus manos sobre él; y los israelitas le obedecieron, obrando de acuerdo con la orden que el Señor había dado a Moisés.
Nunca más surgió en Israel un profeta igual a Moisés – con quien el Señor departía cara a cara –
ya sea por todas las señalas y prodigios que el Señor le mandó realizar en Egipto contra el Faraón, contra todos sus servidores y contra todo su país,
ya sea por la gran fuerza y el terrible poder que él manifestó en presencia de todo Israel.
Salmo 66(65),1-3a.5a.8.16-17.
¡Aclame al Señor toda la tierra!
¡Canten la gloria de su Nombre!
Tribútenle una alabanza gloriosa,
digan al Señor: «¡Qué admirables son tus obras!»
Vengan a ver las obras del Señor,
las cosas admirables que hizo por los hombres.
Bendigan, pueblos, a nuestro Dios,
hagan oír bien alto su alabanza:
Los que temen al Señor, vengan a escuchar,
yo les contaré lo que hizo por mí:
apenas mi boca clamó hacia él,
mi lengua comenzó a alabarlo.
 
Evangelio según San Mateo 18,15-20.
Jesús dijo a sus discipulos:
Si tu hermano peca, ve y corrígelo en privado. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano.
Si no te escucha, busca una o dos personas más, para que el asunto se decida por la declaración de dos o tres testigos.
Si se niega a hacerles caso, dilo a la comunidad. Y si tampoco quiere escuchar a la comunidad, considéralo como pagano o publicano.
Les aseguro que todo lo que ustedes aten en la tierra, quedará atado en el cielo, y lo que desaten en la tierra, quedará desatado en el cielo.
También les aseguro que si dos de ustedes se unen en la tierra para pedir algo, mi Padre que está en el cielo se lo concederá.
Porque donde hay dos o tres reunidos en mi Nombre, yo estoy presente en medio de ellos.
 
Comentario del Evangelio por San Efrén (c. 306-373), diácono en Siria, doctor de la Iglesia. Himno inédito.
 
«Yo estoy allí, en medio de ellos»
El que celebra solo en el corazón del desierto,
él mismo es una asamblea numerosa.
Si dos se unen para celebrar entre las rocas,
millares y miríadas están allí presentes.
Si son tres los que se juntan,hay un cuarto entre ellos.
Si hay seis o siete, doce mil millares se han juntado.
Si se ponen en fila, llenan el firmamento de oración.
Si son crucificados sobre la roca, y señalados con una cruz de luz,
se ha fundado la Iglesia.
Si están reunidos,
el Espíritu planea sobre sus cabezas.
Y cuando terminan su oración,
el Señor se levanta y sirve a sus siervos (Lc 12,37; Jn 13,4).

EDD. martes 15 de agosto de 2017

Fuente :  http://evangeliodeldia.org/main.php?language=SP&module=readings&localdate=20170812
Solemnidad de la Asunción de la Virgen María
Apocalipsis 11,19a.12,1-6a.10ab.
En ese momento se abrió el Templo de Dios que está en el cielo y quedó a la vista el Arca de su Alianza, y hubo rayos, voces, truenos y un temblor de tierra, y cayó una fuerte granizada.
Y apareció en el cielo un gran signo: una Mujer revestida del sol, con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas en su cabeza.
Estaba embarazada y gritaba de dolor porque iba a dar a luz.
Y apareció en el cielo otro signo: un enorme Dragón rojo como el fuego, con siete cabezas y diez cuernos, y en cada cabeza tenía una diadema.
Su cola arrastraba una tercera parte de las estrellas del cielo, y las precipitó sobre la tierra. El Dragón se puso delante de la Mujer que iba a dar a luz, para devorar a su hijo en cuanto naciera.
La Mujer tuvo un hijo varón que debía regir a todas las naciones con un cetro de hierro. Pero el hijo fue elevado hasta Dios y hasta su trono,
y la Mujer huyó al desierto, donde Dios le había preparado un refugio para que allí fuera alimentada durante mil doscientos sesenta días.
Y escuché una voz potente que resonó en el cielo: «Ya llegó la salvación, el poder y el Reino de nuestro Dios y la soberanía de su Mesías, porque ha sido precipitado el acusador de nuestros hermanos, el que día y noche los acusaba delante de nuestro Dios.
Y escuché una voz potente que resonó en el cielo: «Ya llegó la salvación, el poder y el Reino de nuestro Dios y la soberanía de su Mesías, porque ha sido precipitado el acusador de nuestros hermanos, el que día y noche los acusaba delante de nuestro Dios.
Salmo 45(44),10bc.11.12ab.16.
Es la reina, adornada con tus joyas
y con oro de Ofir.
¡Escucha, hija mía, mira y presta atención!
Olvida tu pueblo y tu casa paterna,
y el rey se prendará de tu hermosura.
Él es tu señor: inclínate ante él;
Con gozo y alegría entran al palacio real.
 
Carta I de San Pablo a los Corintios 15,20-26.
Hermanos: Cristo resucitó de entre los muertos, el primero de todos.
Porque la muerte vino al mundo por medio de un hombre, y también por medio de un hombre viene la resurrección.
En efecto, así como todos mueren en Adán, así también todos revivirán en Cristo,
cada uno según el orden que le corresponde: Cristo, el primero de todos, luego, aquellos que estén unidos a él en el momento de su Venida.
En seguida vendrá el fin, cuando Cristo entregue el Reino a Dios, el Padre, después de haber aniquilado todo Principado, Dominio y Poder.
Porque es necesario que Cristo reine hasta que ponga a todos los enemigos debajo de sus pies.
El último enemigo que será vencido es la muerte,
Evangelio según San Lucas 1,39-56.
María partió y fue sin demora a un pueblo de la montaña de Judá.
Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel.
Apenas esta oyó el saludo de María, el niño saltó de alegría en su seno, e Isabel, llena del Espíritu Santo,
exclamó: «¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre!
¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme?
Apenas oí tu saludo, el niño saltó de alegría en mi seno.
Feliz de ti por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor».
María dijo entonces: «Mi alma canta la grandeza del Señor,
y mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi Salvador,
porque el miró con bondad la pequeñez de tu servidora.
En adelante todas las generaciones me llamarán feliz».
Porque el Todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas:
¡su Nombre es santo!
Su misericordia se extiende de generación en generación
sobre aquellos que lo temen.
Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los soberbios de corazón.
Derribó a los poderosos de su trono y elevó a los humildes.
Colmó de bienes a los hambrientos
y despidió a los ricos con las manos vacías.
Socorrió a Israel, su servidor,
acordándose de su misericordia,
como lo había prometido a nuestros padres,
en favor de Abraham y de su descendencia para siempre».
María permaneció con Isabel unos tres meses y luego regresó a su casa.
 
Comentario del Evangelio por San Germán de Constantinopla (¿-733), obispo. Homilía 1 sobre la Dormición de la Madre de Dios; PG 98, 346
«Elevada a la gloria del cielo, con su alma y su cuerpo» (Oración de la fiesta).
Templo viviente de la divinidad santísima del Hijo único, Madre de Dios, verdaderamente, lo repito con agradecimiento, tu asunción no te ha alejado de los cristianos. Sigues viviendo de manera imperecedera y, sin embargo, no permaneces lejos de este mundo perecedero; al contrario, estás cerca de los que te invocan, y los que te buscan con fe te encuentran. Era necesario que tu espíritu quedara para siempre fuerte y viviente y que tu cuerpo fuera inmortal. En efecto, ¿cómo la disolución de la carne hubiera podido reducir tu cuerpo a polvo y ceniza siendo así que tú has liberado al hombre de la ruina de la muerte por la encarnación de tu Hijo?…
Un niño busca y desea a su madre, y a la madre le gusta vivir con su hijo; de la misma manera, puesto que tenías en tu corazón un amor maternal a tu Hijo y a tu Dios, era normal que habías de volver cerca de él, y Dios, a causa de su amor filial hacia ti debía, muy justamente, concederte participar de su condición. Así, muerta a las cosas perecederas, has emigrado a las moradas imperecederas de la eternidad en donde resides Dios con quien compartes desde ahora la vida…
Tú has sido su morada corporal; y ahora es él quien, a cambio, se ha hecho la mansión de tu descanso. «Este es, dice él, el lugar de mi descanso por los siglos de los siglos» (Sl 131,14). Este lugar de descanso, es la carne que él revistió después de haberla tomado de ti, Madre de Dios, la carne en la cual, así lo creemos, se presentó en el mundo presente y se presentará en el mundo futuro cuando vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos. Puesto que tú eres la mansión de su descanso eterno, te ha sacado de la corrupción y te ha hecho morar con él queriendo guardarte en su presencia y en su afecto. Por esto, todo lo que tú le pides como lo hace una madre atenta a sus hijos, y todo lo que tú deseas, lo cumple con su poder divino, el, bendito por la eternidad.

Comentario al evangelio de hoy lunes 14 de agosto de 2017

Amense los unos a los otros.

Como les sucedió a los Apóstoles, el encuentro personal con Cristo, que nos llama amigos, es el inicio de una aventura extraordinaria.
Por: Laureano López
 
Fuente:  http://es.catholic.net/op/articulos/17124/cat/566/amense-los-unos-a-los-otros.html

Del santo Evangelio según san Juan 15, 12-17
Este es el mandamiento mío: que se amen los unos a los otros como yo los he amado. Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos. Ustedes son mis amigos, si hacen lo que yo les mando. No les llamo ya siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a ustedes les he llamado amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre se los he dado a conocer. No me han elegido ustedes a mí, sino que yo los he elegido a ustedes, y los he destinado para que vayan y den fruto, y que su fruto permanezca; de modo que todo lo que pidan al Padre en mi nombre se lo conceda. Lo que les mando es que se amen los unos a los otros.
Oración introductoria
Jesús, me acerco a ti en este día porque quiero poner en práctica tu mandamiento del amor. Señor, ayúdame a amar a todos mis hermanos, como Tú me lo has mandado. Te ofrezco esta meditación para que todos podamos vivir este mandamiento y dejar a un lado el odio, el rencor y la división. Dios mío, enséñame a amar a las personas hasta dar mi vida por ellas siguiendo tu ejemplo.
Petición
Señor, que experimente más profundamente el amor que me tienes, para que pueda amar mejor a mis hermanos.
Meditación del Papa Francisco
En el Cenáculo, Jesús resucitado, enviado por el Padre, comunicó su mismo Espíritu a los Apóstoles y con su fuerza los envió a renovar la faz de la tierra. Salir, marchar, no quiere decir olvidar. La Iglesia en salida guarda la memoria de lo que sucedió aquí; el Espíritu Paráclito le recuerda cada palabra, cada gesto, y le revela su sentido.
El Cenáculo nos recuerda el servicio, el lavatorio de los pies, que Jesús realizó, como ejemplo para sus discípulos. Lavarse los pies los unos a los otros significa acogerse, aceptarse, amarse, servirse mutuamente. Quiere decir servir al pobre, al enfermo, al excluido, a aquel que me resulta antipático, al que me molesta.
El Cenáculo nos recuerda, con la Eucaristía, el sacrificio. En cada celebración eucarística, Jesús se ofrece por nosotros al Padre, para que también nosotros podamos unirnos a Él, ofreciendo a Dios nuestra vida, nuestro trabajo, nuestras alegrías y nuestras penas…, ofrecer todo en sacrificio espiritual.
Y el Cenáculo nos recuerda también la amistad. “Ya no les llamo siervos –dijo Jesús a los Doce–… a ustedes les llamo amigos”. El Señor nos hace sus amigos, nos confía la voluntad del Padre y se nos da Él mismo. Ésta es la experiencia más hermosa del cristiano, y especialmente del sacerdote: hacerse amigo del Señor Jesús, y descubrir en su corazón que Él es su amigo.» (Homilía de S.S. Francisco, 26 de mayo de 2014).

Estas palabras, pronunciadas durante la Última Cena, resumen todo el mensaje de Jesús; es más, resumen todo lo que Él ha hecho: Jesús dio la vida por sus amigos. Amigos que no le habían entendido, que en el momento crucial le abandonaron, traicionaron y renegaron. Esto nos dice que Él nos ama, a pesar de no merecer su amor. Así nos ama Jesús.
De esta manera, Jesús nos muestra el camino para seguirle, el camino del amor. Su mandamiento no es un simple precepto, que siempre es algo abstracto o ajeno a la vida. El mandamiento de Cristo es nuevo porque Él fue el primero en realizarlo, le dio carne, y así la ley del amor se escribe una vez y para siempre en el corazón del hombre. (Homilía de S.S. Francisco, 10 de mayo de 2015).
Reflexión 
La vida diaria nos ofrece múltiples oportunidades para practicar el mandamiento del amor con nuestros hermanos. La esencia del cristianismo no consiste en el cumplimiento riguroso de unos mandamientos, sino que es el encuentro con una persona que se llama Jesucristo. La elección que Cristo nos ha hecho para ser sus amigos nos debe llevar a corresponder a este amor de predilección, con el amor a Él y a todas las personas. Vivamos cada día con mayor intensidad el mandamiento del amor, para que resplandezca en nosotros el amor que Cristo ha tenido primero con nosotros.
Propósito
Hacer un acto de caridad cristiana con un hermano necesitado.
Diálogo con Cristo
Jesús, inflama mi corazón con tu divino amor para que, lleno con el fuego de tu caridad, pueda amar mejor a mis hermanos. Sé que Tú puedes aumentar mi caridad para que me pueda configurar cada vez más a ti. «Ámense los unos a los otros», ese es tu mandamiento. Ayúdame a vivirlo frente a mis hermanos, para que pueda poner mi granito de arena en la construcción de la civilización del amor.

EDD. lunes 14 de agosto de 2017.

Fuente :  http://www.eucaristiadiaria.cl/dia_cal.php?fecha=2017-08-14
Lunes de la decimonovena semana del tiempo ordinario
San Maximiliano María Kolbe, presbítero y mártir
Memoria obligatoria
Color: rojo
Maximiliano María Kolbe, presbítero franciscano polaco, fue misionero en el Japón, durante algunos años; allí fundó las escuelas de la Inmaculada destinadas a la educación de la juventud. Se distinguió en el amor a la Virgen Inmaculada. Fundó la asociación piadosa de la “Milicia de María Inmaculada”. A su regreso a Polonia, durante la segunda guerra mundial, fue detenido por las fuerzas de ocupación e internado en el campo de concentración de Auschwitz, donde entregó su vida en lugar de un padre de familia condenado a muerte, el 14 de agosto de 1941. Fue canonizado por el papa Juan Pablo II.
Antífona de entrada            Cf. Mt 25, 34. 36. 40
Vengan, benditos de mi Padre, dice el Señor. Estuve enfermo y me visitaron. Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo.
ORACIÓN COLECTA
Señor Dios, que encendiste a san Maximiliano María, presbítero y mártir, en amor a la Virgen Inmaculada y lo colmaste de celo por la salvación de las almas y de caridad hacia el prójimo, concédenos, por su intercesión que, solícitos en el servicio a los hermanos por la gloria divina, nos hagamos semejantes a tu Hijo, que dio su vida por nosotros. Que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.
LITURGIA DE LA PALABRA
Primera lectura
Los aceptó como holocausto.
Lectura del libro de la Sabiduría 3, 1-9
Las Almas de los justos están en las manos de Dios, y no los afectará ningún tormento.
A los ojos de los insensatos parecían muertos; su partida de este mundo fue considerada una desgracia y su alejamiento de nosotros, una completa destrucción; pero ellos están en paz.
A los ojos de los hombres, ellos fueron castigados, pero su esperanza estaba colmada de inmortalidad.
Por una leve corrección, recibirán grandes beneficios, porque Dios los puso a prueba y los encontró dignos de él. Los probó como oro en el crisol y los aceptó como un holocausto. Por eso brillarán cuando Dios los visite, y se extenderán como chispas por los rastrojos. Juzgarán las naciones y dominarán a los pueblos, y el Señor será su rey para siempre.
Los que confían en él comprenderán la verdad y los que le son fieles permanecerán junto a él en el amor. Porque la gracia y la misericordia son para sus elegidos.
Salmo responsorial 115, 10-13. 16-17
R/. ¡Te ofreceré un sacrificio de alabanza!
Tenía confianza, incluso cuando dije: “¡Qué grande es mi desgracia!” Yo, que en mi turbación llegué a decir: “¡Los hombres son todos mentirosos!”
¿Con qué pagaré al Señor todo el bien que me hizo? Alzaré la copa de la salvación e invocaré el Nombre del Señor.
Yo, Señor, soy tu servidor, lo mismo que mi madre: por eso rompiste mis cadenas. Te ofreceré un sacrificio de alabanza, e invocaré el Nombre del Señor.
EVANGELIO
Aclamación al Evangelio Jn 12, 25b
Aleluya.
El que no está apegado a su vida en este mundo, la conservará para la Vida eterna. Aleluya.
EVANGELIO
No hay amor más grande.
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 15, 12-16
Durante la Última Cena, Jesús dijo a sus discípulos:
Éste es mi mandamiento: Ámense los unos a los otros, como Yo los he amado. No hay amor más grande que dar la vida por los amigos. Ustedes son mis amigos si hacen lo que Yo les mando. Ya no los llamo servidores, porque el servidor ignora lo que hace su señor; Yo los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que oí de mi Padre.
No son ustedes los que me eligieron a mí, sino Yo el que los elegí a ustedes, y los destiné para que vayan y den fruto, y ese fruto sea duradero. Así todo lo que pidan al Padre en mi Nombre, Él se lo concederá.
 
Fuente :  http://www.ocarm.org/es/content/lectio/lectio-divina-juan-1512-17
Reflexión
• El evangelio Juan 15,12-17 ya ha sido meditado hace pocos días (….. o será retomado dentro de algún día). Vamos a retomar algunos puntos de aquel día.
• Juan 15,12-13: Amar a los hermanos como él nos amó. El mandamiento de Jesús es uno solo: «¡amarnos unos a otros como él nos amó!» (Jn 15,12). Jesús supera el Antiguo Testamento. El criterio antiguo era: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo» (Lb. 18,19). El nuevo criterio es: «Amaros unos a otros como yo os he amado». Aquí él dice aquella frase que seguimos cantando hasta hoy: «¡No hay prueba de mayor amor que dar la vida para los hermanos!»
• Juan 15,14-15: Amigos y no siervos. «Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que os mando», a saber, la práctica del amor hasta el don total de sí! En seguida, Jesús coloca un ideal altísimo para la vida de los discípulos. Dice: “No os llamo ya siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a vosotros os he llamado amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer”. Jesús no tenía más secretos para sus discípulos. Todo lo que oye del Padre nos lo cuenta. Este es el ideal bonito de la vida en comunidad: llegar a una total transparencia, hasta el punto de no tener secretos entre nosotros y poder confiar totalmente el uno en el otro, poder compartir la experiencia que tenemos de Dios y de la vida y, así, enriquecernos mutuamente. Los primeros cristianos podrán realizar este ideal durante unos años. «Eran un solo corazón y una sola alma» (He 4,32; 1,14; 2,42.46).
• Juan 15,16-17: Fue Jesús el que nos escogió. No fuimos nosotros quienes elegimos a Jesús. Fue él quien nos encontró, nos llamó y nos dio la misión de ir y dar fruto, un fruto que permanezca. Nosotros le necesitamos a él, pero también él nos necesita a nosotros para poder seguir haciendo hoy lo que hizo para la gente de Galilea. La última recomendación: «¡Esto os mando: que os améis unos a otros!
Para la reflexión personal
• Amar al prójimo como Jesús nos amó. Este es el ideal de cada cristiano. ¿Cómo lo estoy viviendo?
• Todo lo que oí de mi Padre os lo he contado. Este es el ideal de la comunidad: llegar a una transparencia total. ¿Cómo lo vivo en mi comunidad?
 

Ángelus: horóscopos, ideologías, modas y slogans, de barcas que se hunden!

Fuente  :  https://es.zenit.org/articles/angelus-horoscopos-ideologias-modas-y-slogans-de-barcas-que-se-hunden/
Pero la barca de Jesús “Hijo de Dios” se mantiene firme (traducción completa)
13 agosto 2017Raquel AnilloAngelus y Regina Caeli, El papa Francisco
Angelus 13/08/2017, CTV
(ZENIT- Ciudad del Vaticano, 13 de agosto de 2017). – No a los “horóscopos”, a las “ideologías”, a las “modas y a los “slogans”: son barcas que se hunden, ha observado el Papa Francisco, mientras que la barca de la Iglesia se mantiene firme gracias a la Palabra de Cristo. El Papa ha proclamado por tres veces la palabra de los apóstoles a Jesús, con la gente reunida en la plaza San Pedro: “Verdaderamente, tú eres el Hijo de Dios!”.
El Papa Francisco ha comentado el Evangelio de este domingo antes del ángelus de este 13 de agosto de 2017, desde la ventana del despacho del palacio apostólico del Vaticano que da a la plaza San Pedro.
Comentando el episodio evangélico de la marcha sobre las aguas, el Papa ha hecho observar la falta de fe del bautizado que consulta los horóscopos. Al contrario ha invitado a volverse hacia Cristo como Pedro que grita: “Sálvame!” y Cristo le coge por la mano y lo salva. Ha invitado a permanecer en la barca de la Iglesia, que no se hunde mientras que se hunden las otras barcas de las ideologías o de las modas.
Esta es nuestra traducción completa de las palabras del Papa Francisco antes y después del ángelus.
AB/RA
Palabras del Papa Francisco antes del ángelus
Queridos hermanos y hermanas, buenos días!
Hoy la página del Evangelio (Mt 14, 22-33) describe el episodio de Jesús que, después de haber orado toda la noche a la orilla del lago de Galilea, se dirige hacia la barca de sus discípulos, caminando sobre las aguas.
La barca se encuentra en medio del lago, bloqueada por un fuerte viento contrario. Cuando ven a Jesús venir caminando sobre las aguas, los discípulos lo confundieron con un fantasma y se asustaron. Pero él les tranquiliza “Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!” (v. 27). Pedro, con su típico ímpetu, le dice: “Señor, si eres tú, mándame ir a ti sobre las aguas”; y Jesús lo llama: “Ven!”(vv.28-29). Pedro desciende de la barca y se pone a caminar sobre las aguas hacia Jesús; pero al sentir la fuerza del viento le entró miedo y comenzó a hundirse y gritó “Señor, sálvame!”,  y enseguida Jesús le tendió la mano y lo agarró. (vv. 30-31).
Este relato del Evangelio contiene un rico simbolismo y nos hace reflexionar sobre nuestra fe, ya sea como individuos ya sea como comunidad eclesial,  nuestra fe, la de todos nosotros que estamos aquí en la plaza. La comunidad eclesial, esta comunidad eclesial, ¿tiene fe?, ¿Cómo es la fe de cada uno de nosotros y la fe de nuestra comunidad?.
La barca, es la vida de cada uno de nosotros pero también es la vida de la Iglesia; el viento contrario representa las dificultades y las pruebas. La invocación de Pedro: “Señor, mándame ir hacia ti!”  y su grito: “Señor sálvame!” se asemejan tanto a nuestro deseo de sentir la cercanía del Señor, pero también el miedo y la angustia que acompañan a los momentos más duros de nuestra vida y la de nuestras comunidades, marcadas por la fragilidad interna y las dificultades externas.
A Pedro, en aquel momento no le bastan las palabras seguras de Jesús, que era como la cuerda tendida a la cuál aferrarse para afrontar las aguas hostiles y turbulentas. Es lo que nos puede pasar también a nosotros. Cuando no nos agarramos a la Palabra del Señor, sino que para tener más seguridad consultamos horóscopos, cartomancia, se comienza a hundir. Esto quiere decir que la fe no es fuerte. El Evangelio de hoy nos recuerda que la fe en el Señor y en su palabra no nos abre un camino  donde todo es fácil y tranquilo, no nos libra de las tempestades de la vida.
La fe nos da la seguridad de una Presencia, no olvidemos esto. La fe nos da la seguridad de una Presencia, la presencia de Jesús que nos empuja a superar las tempestades existenciales, la certeza de una mano que nos aferra para ayudarnos a afrontar las dificultades indicándonos el camino aun cuando está  oscuro, la fe, no es una escapatoria de los problemas de la vida, sino que nos sostiene en el camino y le da un sentido.
Este episodio es una imagen magnífica de la realidad de la Iglesia de todos los tiempos: una barca que, a lo largo de la travesía debe afrontar los vientos contrarios y tempestades que amenazan con volcarla. Lo que la salva, no es el coraje y las cualidades de los hombres: la garantía contra el naufragio es la fe en Jesús y en su palabra. Esta es la garantía, la fe en Jesús y en su palabra.
Sobre esta barca estamos seguros, a pesar de nuestras miserias y de nuestras debilidades, sobre todo cuando nos ponemos de rodillas  y adoramos al Señor, como los discípulos que, al final, “se postraron delante de él, diciendo: ”Verdaderamente, tú eres el Hijo de Dios!”  (v.33). Qué hermoso es decirle a Jesús estas palabras! [Verdaderamente, tú eres el Hijo de Dios!], lo decimos todos juntos fuerte!, “Verdaderamente, tú eres Hijo de Dios” Una vez más! [Verdaderamente, tú eres el Hijo de Dios]
La Virgen María nos ayuda a perdurar firmes en la fe para resistir a las tempestades de la vida, a permanecer en la barca de la Iglesia, huyendo de la tentación de subir sobre barcas fascinantes pero inseguras, de las ideologías, de las modas y de los slogans.
Palabras Del Papa francisco después del ángelus
Queridos hermanos y hermanas,
Os saludo a todos afectuosamente, romanos y peregrinos  que estáis presentes: familias, parroquias, asociaciones y a cada fiel.
Hoy también tengo la alegría de saludar  a los grupos de jóvenes: los scouts de trevise y de vincence (son numerosos!), los participantes del Congreso nacional de la juventud franciscana.
Saludo también a las Hermanas de la Virgen de los Dolores de Nápoles y al grupo de peregrinos que han recorrido a pie la Via Francigena de Siena a Roma.
A todos os deseo un buen domingo y un buen almuerzo. Por favor, no os olvidéis de orar por mí. Adios!
(c) Traducción de ZENIT, Raquel Anillo