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Autor: Patricio Osiadacz

EDD. martes 26 de septiembre de 2017.

Fuente : http://evangeliodeldia.org/main.php?language=SP&module=readings&localdate=20170925
Martes de la vigésima quinta semana del tiempo ordinario
Libro de Esdras 6,7-8.12b.14-20. 
Dejen trabajar en esa Casa de Dios al comisionado de Judea y a los ancianos de los judíos. Que se reconstruya esa Casa de Dios en el mismo sitio.
Estas son mis órdenes acerca de la conducta que ustedes deben observar frente a los ancianos de los judíos, para la reconstrucción de esa Casa de Dios: los gastos que ellos hagan serán pagados totalmente y sin interrupción de los fondos reales, utilizando los impuestos percibidos en la región del otro lado del Eufrates.
¡Que el Dios que ha establecido allí su Nombre destruya a cualquier rey o pueblo que intente transgredir esta orden, destruyendo esa Casa de Dios que está en Jerusalén! Yo, Darío, he promulgado este decreto. Que sea cumplido estrictamente».
Los ancianos de los judíos llevaron adelante la obra, bajo el impulso del profeta Ageo y de Zacarías, hijo de Idó. Así terminaron la construcción, conforme a la orden del Dios de Israel y a los decretos de Ciro y Darío.
La Casa fue concluida el día veintitrés del mes de Adar, en el sexto año del reinado de Darío.
Todos los israelitas – los sacerdotes, los levitas, y el resto de los repatriados – celebraron alegremente la Dedicación de esta Casa de Dios.
Para su Dedicación, ofrecieron cien novillos, doscientos carneros y cuatrocientos corderos. Además, ofrecieron doce chivos, según el número de tribus de Israel, como sacrificio por el pecado de todo el pueblo.
Después establecieron a los sacerdotes según sus categorías y a los levitas según sus clases, para el servicio de Dios en Jerusalén, como está escrito en el libro de Moisés.
Los repatriados celebraron la Pascua el día catorce del primer mes.
Como todos los levitas se habían purificado, estaban puros e inmolaron la víctima pascual para todos los que habían vuelto del destierro, para sus hermanos los sacerdotes y para ellos mismos.
Salmo 122(121),1-2.3-4a.4b-5. 
¡Qué alegría cuando me dijeron:
«Vamos a la Casa del Señor!»
Nuestros pies ya están pisando
tus umbrales, Jerusalén.
Jerusalén, que fuiste construida
como ciudad bien compacta y armoniosa.
Allí suben las tribus,
las tribus del Señor.
Porque allí está el trono de la justicia,
el trono de la casa de David.
Evangelio según San Lucas 8,19-21. 
Su madre y sus hermanos fueron a verlo, pero no pudieron acercarse a causa de la multitud.
Entonces le anunciaron a Jesús: «Tu madre y tus hermanos están ahí afuera y quieren verte».
Pero él les respondió: «Mi madre y mis hermanos son los que escuchan la Palabra de Dios y la practican».
Comentario del Evangelio por Santa Teresa Benedicta de la Cruz, Edith Stein, (1891-1942), carmelita descalza, mártir, copatrona de Europa. La mujer y su destino.
«Mi madre y mis hermanos»
A pesar de la unidad real existente entre la cabeza y el cuerpo, la Iglesia está al lado de Cristo como una persona independiente. Cristo, en tanto que Hijo del Padre eterno, vivía ya antes del comienzo del tiempo y es anterior a toda existencia humana. Después, por el acto de la creación, la humanidad vivía antes que Cristo tomara su naturaleza y se integrara a ella. Pero por su encarnación, le trajo su vida divina; por su obra de redención la hizo capaz de recibir la gracia de tal manera que la recreó una segunda vez… La Iglesia es la humanidad rescatada, creada nuevamente de la misma sustancia de Cristo.
La célula primitiva de esta humanidad rescatada es María; es en ella que se llevó a cabo por primera vez la purificación y la santificación por Cristo, ella es la primera que quedó llena del Espíritu Santo. Antes que el Hijo de Dios naciera de la Virgen Santa, creó esta Virgen llena de gracia y, en ella y con ella, a la Iglesia…
Toda alma purificada por el bautismo y elevada al estado de gracia es, por esta misma razón, creada por Cristo y nacida para Cristo. Pero es creada en la Iglesia y nace por la Iglesia… Así la Iglesia es la madre de todos aquellos a quienes está dirigida la redención. Y lo es por su unión íntima con Cristo, y porque permanece a su lado en calidad de Esposa de Cristo para colaborar a su obra de redención.

 

Comentario al evangelio de hoy lunes 25 de septiembre de 2017

Escuchando con los oídos del corazón.

Lunes XXV del tiempo ordinario.
Por: H. Balam Loza, L.C.
 
Fuente:  http://es.catholic.net/op/articulos/66820/escuchando-con-los-oidos-del-corazon.html

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Señor Jesús, amigo mío, estoy en tus manos y ahí quiero permanecer. No quiero sino vivir en tu amor y respirar entre tus manos. ¿Qué es mi vida sin Ti? No soy nada pues Tú me traes la paz de la cual mi corazón está sedienta. Tú me traes palabras de vida y hoy quiero escucharlas.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)

Del santo Evangelio según san Lucas 8, 16-18
En aquel tiempo, Jesús dijo a la multitud: «Nadie enciende una vela y la tapa con alguna vasija o la esconde debajo de la cama, sino que la pone en un candelero, para que los que entren puedan ver la luz. Porque nada hay oculto que no llegue a descubrirse, nada secreto que no llegue a saberse o a hacerse público.
Fíjense, pues, si están entendiendo bien, porque al que tiene se le dará más; pero al que no tiene se le quitará aun aquello que cree tener».
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
«El que tenga oídos para oír, que oiga» El ruido y trajín de la vida impiden muchas veces que el corazón del hombre esté atento a la voz de Dios que habla en lo profundo. Basta pensar por un momento en el mar. Podemos nadar, ir y venir, tirarnos clavados de lo más emocionantes… pero si por un momento nos paramos a contemplar en silencio las especies y escuchamos la armonía que hay en él, podremos darnos cuenta que eso es otro mundo.
Parecido pasa con nuestros corazones. Podremos llenarlos de muchas experiencias de lo más variadas, basta pensar en el gran número de músicas que nos llegan a lo largo del día o, también, en la gran cantidad de imágenes que vienen a nuestra mente gracias al internet, instagram, etc. Finalmente nuestros sentimientos podrán subir o bajar dependiendo de la noticia que vemos en Flipboard o el periódico que nos llega a casa.
Tantas y tantas cosas pasan por nuestra cabeza y llegan al corazón. Y creo que hoy Jesús hace que nos preguntemos por un momento ¿Qué lugar abarca en mi vida la Palabra de Dios? ¿Cuánto tiempo dedico a rezar en silencio para escuchar que es lo que Jesús me quiere decir? Sin duda que hay que tener oídos para oír.
Señor, tuyo soy, ¿Qué quieres de mí? Mi vida es tuya y yo no quiero hacer otra cosa fuera de tu voluntad. Quiero vivir totalmente dedicado a buscar lo que Tú quieres. Soy tuyo y para Ti nací. Quiero tener un corazón abierto para lo que sea.
Jesús nos habla de la lámpara, que no se pone debajo del celemín, sino en el candelero. Ella es luz y el evangelio de Juan nos dice que el misterio de Dios es luz y que la luz vino al mundo y las tinieblas no la acogieron. Una luz que no puede esconderse, sino que sirve para iluminar. Uno de los rasgos del cristiano, que ha recibido la luz del Bautismo y debe darla. El cristiano es un testigo. Y precisamente la palabra testimonio encierra una de las peculiaridades de las actitudes cristianas. En efecto, un cristiano que lleva esta luz, debe hacerla ver porque él es un testigo. Y si un cristiano prefiere no hacer ver la luz de Dios y prefiere las propias tinieblas, entonces le falta algo y no es un cristiano completo.
(Homilía del Papa Francisco, 28 de enero de 2016, en santa Marta)
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Hoy voy a dedicar un momento para visitar una iglesia o santuario dedicado a la Virgen María para pedirle, a ella que estaba atenta a la Palabra de Dios, que me ayude a vivir mi día a día dejando que mi corazón abra la puerta a esta Palabra de vida y responda constantemente con un fiat generoso.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
 

EDD. Lunes 25 de septiembre de 2017

Fuente : http://evangeliodeldia.org/main.php?language=SP&module=readings&localdate=20170922

 
Lunes de la vigésima qunita semana del tiempo ordinario
Libro de Esdras 1,1-6.
En el primer año de Ciro, rey de Persia, para que se cumpliera la palabra del Señor pronunciada por Jeremías, el Señor despertó el espíritu de Ciro, rey de Persia, y este mandó proclamar de viva voz y por escrito en todo su reino:
«Así habla Ciro, rey de Persia: El Señor, el Dios del cielo, ha puesto en mis manos todos los reinos de la tierra, y me ha encargado que le edifique una Casa en Jerusalén, de Judá.
Si alguno de ustedes pertenece a ese pueblo, que su Dios lo acompañe y suba a Jerusalén, de Judá, para reconstruir la Casa del Señor, el Dios de Israel, el Dios que está en Jerusalén.
Que la población de cada lugar ayude a todos los que queden de ese pueblo, en cualquier parte donde residan, proporcionándoles plata, oro, bienes y ganado, como así también otras ofrendas voluntarias para la Casa del Dios que está en Jerusalén».
Entonces los jefes de familia de Judá y de Benjamín, los sacerdotes y los levitas, y todos los que se sintieron movidos por Dios, se pusieron en camino para ir a reconstruir la Casa del Señor que está en Jerusalén.
Sus vecinos les proporcionaron toda clase de ayuda: plata, oro, bienes, ganado y gran cantidad de objetos preciosos, además de toda clase de ofrendas voluntarias.
 
Salmo 126(125),1-2ab.2cd-3.4-5.6.
Cuando el Señor cambió la suerte de Sión,
nos parecía que soñábamos:
nuestra boca se llenó de risas
y nuestros labios, de canciones.
Hasta los mismos paganos decían:
“¡El Señor hizo por ellos grandes cosas!”.
¡Grandes cosas hizo el Señor por nosotros
y estamos rebosantes de alegría!
¡Cambia, Señor, nuestra suerte
como los torrentes del Négueb!
Los que siembran entre lágrimas
cosecharán entre canciones.
El sembrador va llorando
cuando esparce la semilla,
pero vuelve cantando
cuando trae las gavillas.
 
Evangelio según San Lucas 8,16-18.
Jesús dijo a la gente:
«No se enciende una lámpara para cubrirla con un recipiente o para ponerla debajo de la cama, sino que se la coloca sobre un candelero, para que los que entren vean la luz.
Porque no hay nada oculto que no se descubra algún día, ni nada secreto que no deba ser conocido y divulgado.
Presten atención y oigan bien, porque al que tiene, se le dará, pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que cree tener».
 
Comentario del Evangelio por  Un sermón atribuido a San Agustín (354-430), obispo de Hipona (África del Norte) y doctor de la Iglesia .Cf. Disertación sobre el salmo 139, 15; Sermones sobre san Juan, nº 57
“Fijaos en cómo escucháis”
“Sed todos prontos para escuchar, pero lentos para hablar” (St 1,19). Sí, hermanos, os lo digo francamente…, yo que frecuentemente os hablo a petición vuestra: mi gozo es completo, sin sombra alguna cuando me encuentro en la hilera de los auditores; mi gozo es sin sombra cuando escucho, y no cuando hablo. Es entonces cuando, con toda certeza, saboreo la palabra; mi satisfacción no se ve amenazada por la vanagloria. Cuando uno se encuentra sentado sobre la piedra sólida de la verdad ¿cómo temer el precipicio del orgullo? “Escucharé, dice el salmista, y me llenarás de gozo y alegría” (Sl 50,10). Nunca estoy tan lleno de gozo como cuando os escucho; es nuestro lugar de oyente que nos mantiene en una actitud de humildad.
Por el contrario, si tenemos la palabra… necesitamos una cierta contención; aunque no ceda al orgullo, tengo miedo de hacerlo. Por el contrario, si escucho, nadie puede quitarme mi gozo (Jn 16,22), porque nadie es testigo de ello. Es aquel gozo del amigo del esposo del que san Juan dice: “que esté en pie y escuche” (Jn 3,29). Se mantiene en pie porque escucha. Así también el primer hombre, porque escuchaba se mantenía en pie; desde que escuchó a la serpiente, cayó. El amigo del esposo se llena “de gozo al escuchar la voz del Esposo”; lo que le llena de gozo no es su propia voz de predicador, de profeta, sino la misma voz del Esposo.
 

Ángelus: la lógica del amor del Padre, gratuito y generoso (traducción completa)

Fuente  :  https://es.zenit.org/articles/angelus-la-logica-del-amor-del-padre-gratuito-y-generoso-traduccion-completa/
Comentario de la parábola de la onceava hora
24 septiembre 2017Raquel AnilloAngelus y Regina Caeli, El papa Francisco
Angelus 24/09/2017 CTV
(ZENIT – Roma, 24 de septiembre de 2017). – “Con esta parábola, Jesús quiere abrir nuestros corazones a la lógica del amor del Padre, que es gratuito y generoso”, explica el Papa Francisco que ha comentado la parábola de los obreros de la onceava hora antes del ángelus de este domingo 24 de septiembre de 2017, desde la ventana del despacho del palacio apostólico del Vaticano que da a la plaza San Pedro.
Esta es nuestra traducción, del italiano, de las palabras del Papa Francisco antes de la oración del ángelus dominical.
AB/RA
Palabras del Papa Francisco antes del ángelus

Queridos hermanos y hermanas, buenos días!
En la página del evangelio de hoy (Mt 20, 16-16), encontramos la parábola de los obreros llamados cada día, que Jesús cuenta para comunicar dos aspectos del Reino de Dios: el primero, que Dios quiere llamar a todos a trabajar en su Reino; y segundo, que al final quiere dar a todos la misma recompensa es decir la salvación, la vida eterna.
El patrón de una viña, que representa a Dios, sale al alba y recluta a un grupo de trabajadores, acordando con ellos el salario de un denario para toda la jornada – era un salario justo – y después vuelve a salir en las siguientes horas, cinco veces en ese día, hasta la tarde, para reclutar a otros obreros que los ve desocupadas. Al final de la jornada, el patrón ordena que se pague un denario a cada uno, incluso a aquellos que habían trabajado pocas horas. Naturalmente, los jornaleros contratados a primera hora se lamentan, porque se ven pagados de la misma manera que aquellos que han trabajado menos. Pero el patrón les recuerda que han recibido lo que habían acordado, si después él quiere ser generoso con los demás, ellos no tienen por qué ser envidiosos.
En realidad, esta “injusticia”-entre comillas- del patrón, sirve para provocar, en quien escucha la parábola, un salto de nivel, porque aquí, Jesús no quiere hablar del problema del trabajo y del salario justo, no, quiere hablar del Reino de Dios! Y el mensaje es el siguiente: en el Reino de Dios, no existen desocupados, todos están llamados a hacer su parte y para todos al final habrá una recompensa que viene de la justicia divina, no humana – para nuestra suerte – es decir la salvación que Jesucristo nos ha adquirido con su muerte y resurrección. Una salvación que no es merecida, sino regalada, la salvación es gratuita, de manera que “los últimos serán los primeros y los primeros, los últimos” (Mt 20.16).
Con esta parábola, Jesús quiere abrir nuestros corazones a la lógica del amor del Padre, que es, gratuito y generoso. Se trata de dejarse maravillar y fascinar por los “pensamientos” y por “los caminos” de Dios que, como nos recuerda el profeta Isaías, no son nuestros pensamientos, no son nuestros caminos (Is 55, 8). Los pensamientos humanos a menudo están marcados por egoísmos y por intereses personales, y nuestros senderos estrechos y tortuosos no son comparables con los caminos amplios y rectos del Señor. Él usa misericordia, no os olvidéis, usa misericordia, perdona largamente, ampliamente, está lleno de generosidad y de bondad, que vuelca sobre cada uno de nosotros, abre a todos el territorio ilimitado de su amor y de su gracia, que solo pueden dar al corazón humano la plenitud de la alegría.
Jesús quiere hacernos contemplar la mirada de este patrón: la mirada con la cual ve a cada uno de los obreros en espera del trabajo y los llama a ir a su viña. Es una mirada llena de atención, de benevolencia; es una mirada que llama, que invita a levantarse, a ponerse en marcha, porque él quiere la vida para cada uno de nosotros, quiere una vida plena, comprometida, salvada del vacío y de la inercia. Dios que no excluye a nadie y quiere que cada uno alcance su plenitud. Este es el amor de nuestro Dios, de nuestro Dios que es Padre.
Que la Santísima Virgen María nos ayude a acoger en nuestra vida la lógica del amor que nos libera de la presunción de merecer la recompensa de Dios y del juicio negativo de los otros.
© Traducción de ZENIT, Raquel Anillo

Homilía para la Eucaristía del domingo 24 de septiembre de 2017.

Hermanos, Paz y Bien. Se nos acercan dos fechas importantes: San Miguel, patrono de nuestra parroquia, que es el 29 de este mes, y san Francisco, que celebraremos el miércoles 4 de Octubre. ¿Nos acompañas?
 

DOMINGO XXV.

Isaías 55,6-9: históricamente Israel vuelve del destierro; debe tomar otro camino para encontrarse con el Señor. Lo que significa una verdadera conversión = volverse al Señor, ya que el Señor tiene otros caminos, otra manera de actuar.
Mateo 19,30-20,16: el evangelio se inicia y termina con la misma sentencia que viene a encuadrar la parábola de la viña. La Viña es el Reino de Dios, que siempre desconcierta, porque rompe los esquemas humanos.
1.- Indudablemente, el hecho previo, humanamente imprevisible, refleja la novedad inaudita del reino, que desconcierta toda lógica humana. Así, por ejemplo, el problema no está en si es humanamente verosímil que un rey perdone de golpe una deuda de diez mil talentos, sino en saber si es justo que un hombre que ha recibido un perdón tan grande se niegue a perdonar una deuda infinitamente más pequeña, como se veía el domingo anterior. El problema no es si entre los patronos hay alguno tan generoso que pague el salario entero también a los que no han hecho la jornada laborable completa, sino si es justo que los demás obreros le echen en cara ese gesto de generosidad, como si lesionase algún derecho suyo. Lo mismo sucede en la Parábola del hijo pródigo que no encuentra justo la actitud del padre para con su hermano menor. Lo que nos da a entender que las Parábolas, la Palabra misma de Dios reflejan una mentalidad distinta. Dios no es como nosotros, piensa distinto a nosotros.
2.- El Señor invita a Israel a tomar otro camino. Ya sabemos que la palabra “camino” en la Biblia significa “forma de vida”, un modo de actuar. Así, por ejemplo, en la carta de san Juan se dice: “El que dice que permanece en El, debe andar como El anduvo” (1Juan 2,6). El cristiano debe andar en Cristo, caminar en Cristo, ya que El es el Camino. En otras palabras, el Señor invita a Israel, a todo creyente, a volverse a El, lo que da a entender que hay que convertirse. Pero esta conversión es total, no solamente se trata de un cambio de conducta, sino también de un cambio de mentalidad, un modo diferente de ver las cosas, verlas como las ve Dios. Y a eso apunta la Parábola de los trabajadores llamados a la Viña.
3.- Todos somos llamados por el Señor a trabajar en su Viña, en el Reino. Todos, no algunos. Porque el Señor quiere que todos se salven, El es generoso. En la parábola se establece un diálogo en el que se quiere explicar el por qué de esta conducta del dueño de la viña (=Dios). Y la respuesta la da la misma parábola: “¿Por qué tomas a mal que Yo sea bueno?” Y quiere demostrarnos que entre nosotros no hay títulos de precedencia. La antigüedad en la vivencia del Reino no  crea una categoría distinta. Ante Dios todos somos valiosos y a todos nos quiere El. Y otro detalle importante, si la Viña es el Reino éste no es algo estático, sino requiere trabajo, mano de obra. Por eso el dueño sale a contratar gente que trabaje en su viña. Si bien es cierto que Dios lo puede hacer solo y mejor, sin embargo se vale del hombre, para le contribuya. Por eso en todo tiempo está llamando a nuevos trabajadores a laborar en su Viña, en el Reino.
4.- “Vayan también ustedes a mi viña”. Hoy lo dice a nosotros. Tú podrás preguntar: ¿y dónde está la Viña del Señor? La viña es tu misma persona, que el Señor espera des frutos abundantes. La Viña del Señor es la Iglesia, Pueblo de Dios, que requiere trabajadores que hagan lo suyo. No son los sacerdotes ni los diáconos los únicos trabajadores. El Señor a todos llama. También a ti. La Viña es el mundo, la sociedad; es allí donde ustedes deben implantar el Reinado de Dios. A Chile le hace falta buenos trabajadores, que sean capaces de implantar los valores del Reino. A todos se nos invita a cambiar de rumbos, a tomar otro camino, a acoger a Jesús, el Camino que conduce a la Vida. Hoy se nos invita, hoy se nos envía.
Hermano Pastor Salvo Beas.

EDD. sábado 23 de septiembre de 2017.

Fuente :  http://evangeliodeldia.org/main.php?language=SP&module=readings&localdate=20170922
 
Sábado de la vigésima cuarta semana del tiempo ordinario
Primera Carta de San Pablo a Timoteo 6,13-16.
Yo te ordeno delante de Dios, que da vida a todas las cosas, y delante de Cristo Jesús, que dio buen testimonio ante Poncio Pilato:
observa lo que está prescrito, manteniéndote sin mancha e irreprensible hasta la Manifestación de nuestro Señor Jesucristo,
Manifestación que hará aparecer a su debido tiempo el bienaventurado y único Soberano, el Rey de los reyes y Señor de los señores,
el único que posee la inmortalidad y habita en una luz inaccesible, a quien ningún hombre vio ni puede ver. ¡A él sea el honor y el poder para siempre! Amén.
 
Salmo 100(99),2.3.4.5.
Sirvan al Señor con alegría,
lleguen hasta él con cantos jubilosos.
Reconozcan que el Señor es Dios:
él nos hizo y a él pertenecemos;
somos su pueblo y ovejas de su rebaño.
Entren por sus puertas dando gracias,
entren en sus atrios con himnos de alabanza,
alaben al Señor y bendigan su Nombre.
¡Qué bueno es el Señor!
Su misericordia permanece para siempre,
y su fidelidad por todas las generaciones.
 
 
Evangelio según San Lucas 8,4-15.
Como se reunía una gran multitud y acudía a Jesús gente de todas las ciudades, él les dijo, valiéndose de una parábola:
«El sembrador salió a sembrar su semilla. Al sembrar, una parte de la semilla cayó al borde del camino, donde fue pisoteada y se la comieron los pájaros del cielo.
Otra parte cayó sobre las piedras y, al brotar, se secó por falta de humedad.
Otra cayó entre las espinas, y estas, brotando al mismo tiempo, la ahogaron.
Otra parte cayó en tierra fértil, brotó y produjo fruto al ciento por uno». Y una vez que dijo esto, exclamó: «¡El que tenga oídos para oír, que oiga!».
Sus discípulos le preguntaron qué significaba esta parábola,
y Jesús les dijo: «A ustedes se les ha concedido conocer los misterios del Reino de Dios; a los demás, en cambio, se les habla en parábolas, para que miren sin ver y oigan sin comprender.
La parábola quiere decir esto: La semilla es la Palabra de Dios.
Los que están al borde del camino son los que escuchan, pero luego viene el demonio y arrebata la Palabra de sus corazones, para que no crean y se salven.
Los que están sobre las piedras son los que reciben la Palabra con alegría, apenas la oyen; pero no tienen raíces: creen por un tiempo, y en el momento de la tentación se vuelven atrás.
Lo que cayó entre espinas son los que escuchan, pero con las preocupaciones, las riquezas y los placeres de la vida, se van dejando ahogar poco a poco, y no llegan a madurar.
Lo que cayó en tierra fértil son los que escuchan la Palabra con un corazón bien dispuesto, la retienen, y dan fruto gracias a su constancia.
 
Comentario del Evangelio por San Juan Crisóstomo (c. 345-407), presbítero en Antioquía, después obispo de Constantinopla, doctor de la Iglesia. Sermones sobre san Mateo, n° 44; PG 57, 467.
 
«El que tenga oídos para oír, que oiga»
Si la semilla se seca no es a causa del calor. Jesús no dijo que se secó a causa del calor, sino porque «no tiene raíz». Si la palabra es ahogada no es por las zarzas sino por culpa de los que han dejado que crezca libremente. Con la voluntad tú puedes evitar que crezcan y hacer de la riqueza un uso conveniente. Por eso el Salvador no habla del «mundo» sino de los «afanes», no de la «riqueza» sino de la «seducción de las riquezas». No acusemos pues a las cosas en sí mismas, sino de la corrupción de nuestra conciencia…
Tú mismo ves que la causa de todo no es el sembrador, ni la semilla, sino la tierra que la recibe, es decir, las disposiciones de nuestro corazón. También ahí la bondad de Dios para con el hombre es inmensa puesto que, en lugar de exigir una misma medida de virtud, acoge a los primeros, no rechaza a los segundos y da un lugar a los terceros…
Es preciso, pues, primero escuchar con atención la Palabra, después guardarla fielmente en la memoria, después ser valiente, después despreciar las riquezas y liberarse del amor a todos los bienes del mundo. Si Jesús pide en primer lugar y antes que todas las demás condiciones poner toda la atención en la Palabra, es que ésta es la condición necesaria. «¿Cómo creerán si antes no la han oído?» (Rm, 10,14). También nosotros, si no estamos atentos a lo que se nos dice, no sabremos cuales son los deberes que debemos cumplir. Tan sólo después llegan la valentía y el desprecio de los bienes del mundo. Si queremos sacar provecho de estas lecciones, seamos fuertes de todas maneras. Estemos atentos a la Palabra, hagamos que nuestras raíces crezcan en profundidad y desembaracémonos de todas las preocupaciones mundanas.
 
 
 

Comentario al evangelio de hoy viernes 22 de septiembre de 2017.

Acompañar a Cristo.
Viernes XXIV del tiempo ordinario.
Por: H. Adrián Olvera, L.C.
Fuente : http://es.catholic.net/op/articulos/66799/acompanar-a-cristo.html
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Señor dame la gracia de hacer la experiencia de tu amor.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Lucas 8, 1-3
En aquel tiempo, Jesús comenzó a recorrer ciudades y poblados predicando la buena nueva del Reino de Dios. Lo acompañaban los Doce y algunas mujeres que habían sido libradas de espíritus malignos y curadas de varias enfermedades.
Entre ellas iban María, llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios; Juana, mujer de Cusa, el administrador de Herodes; Susana y otras muchas, que los ayudaban con sus propios bienes.
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio.
Me doy cuenta que la lista de aquellos que acompañan al Señor, es una lista que se podría extender como años han pasado. Habría todo tipo de nombres y personas; hombres y mujeres de distintos tiempos y lugares. Cada quien con su historia, cada quien con su vida, pero con algo en común: fueron curados… fueron sanados por Cristo.
Acompañar a Cristo es consecuencia de haber hecho la experiencia de su amor. Acompañar a Cristo es consecuencia de haber experimentado su consuelo, su misericordia; de haber experimentado su mirada ante aquello que yo mismo no soy capaz de ver y aceptar en mí.
Acompañar a Cristo no es cuestión de un momento de fervor o un compromiso que tiene un día establecido en mi semana. Acompañar a Cristo es una decisión que se da cuando se ha experimentado verdaderamente su amor.
Yo sé que mi nombre se encuentra en esa lista; yo he sido curado y sanado por Él…, ¿lo quiero acompañar?
Seguir a Jesús significa tomar la propia cruz -todos la tenemos…- para acompañarlo en su camino, un camino incómodo que no es el del éxito, de la gloria pasajera, sino el que conduce a la verdadera libertad, que nos libera del egoísmo y del pecado. Se trata de realizar un neto rechazo de esa mentalidad mundana que pone el propio «yo» y los propios intereses en el centro de la existencia: ¡eso no es lo que Jesús quiere de nosotros! Por el contrario, Jesús nos invita a perder la propia vida por Él, por el Evangelio, para recibirla renovada, realizada, y auténtica.
(Homilía de S.S. Francisco, 13 de septiembre de 2015).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Vivir este día en acción de gracias por todo lo que he recibido del Señor.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

EDD. viernes 22 de septiembre de 2017.

Fuente : http://evangeliodeldia.org/main.php?language=SP&module=commentary&localdate=20170922

Viernes de la vigésima cuarta semana del tiempo ordinario
Primera Carta de San Pablo a Timoteo 6,2c-12.
Y si sus dueños son creyentes, que no los respeten menos por el hecho de ser hermanos. Al contrario, que pongan mayor empeño en servirlos, porque así benefician a hermanos queridos en la fe. Enseña todo esto, e insiste en ello.
Si alguien enseña otra cosas y no se atiene a los preceptos saludables de nuestro Señor Jesucristo, ni a la doctrina que es conforme a la piedad,
es un ignorante y un orgulloso, ávido de discusiones y de vanas polémicas. De allí nacen la envidia, la discordia, los insultos, las sospechas malignas
y los conflictos interminables, propios de hombres mentalmente corrompidos y apartados de la verdad, que pretenden hacer de la piedad una fuente de ganancias.
Sí, es verdad que la piedad reporta grandes ganancias, pero solamente si va unida al desinterés.
Porque nada trajimos cuando vinimos al mundo, y al irnos, nada podremos llevar.
Contentémonos con el alimento y el abrigo.
Los que desean ser ricos se exponen a la tentación, caen en la trampa de innumerables ambiciones, y cometen desatinos funestos que los precipitan a la ruina y a la perdición.
Porque la avaricia es la raíz de todos los males, y al dejarse llevar por ella, algunos perdieron la fe y se ocasionaron innumerables sufrimientos.
En lo que a ti concierne, hombre Dios, huye de todo esto. Practica la justicia, la piedad, la fe, el amor, la constancia, la bondad.
Pelea el buen combate de la fe, conquista la Vida eterna, a la que has sido llamado y en vista de la cual hiciste una magnífica profesión de fe, en presencia de numerosos testigos.
 
Salmo 49(48),6-7.8-10.17-18.19-20.
¿Por qué voy a temer
en los momentos de peligro,
cuando me rodea la maldad de mis opresores,
de esos que confían en sus riquezas
y se jactan de su gran fortuna?
No, nadie puede rescatarse a sí mismo
ni pagar a Dios el precio de su liberación,
el precio de su rescate es demasiado caro,
y todos desaparecerán para siempre.
para poder seguir viviendo eternamente
sin llegar a ver el sepulcro:
No te preocupes cuando un hombre
se enriquece
o aumenta el esplendor de su casa:
cuando muera, no podrá llevarse nada,
su esplendor no bajará con él.
Aunque en vida se congratulaba, diciendo:
“Te alabarán porque lo pasas bien”,
igual irá a reunirse con sus antepasados,
con esos que nunca verán la luz.
 
Evangelio según San Lucas 8,1-3.
Jesús recorría las ciudades y los pueblos, predicando y anunciando la Buena Noticia del Reino de Dios. Lo acompañaban los Doce
y también algunas mujeres que habían sido curadas de malos espíritus y enfermedades: María, llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios;
Juana, esposa de Cusa, intendente de Herodes, Susana y muchas otras, que los ayudaban con sus bienes.
 
Comentario del Evangelio por San Juan Pablo II (1920-2005), papa
Mulieres dignitatem, 27
“Lo acompañaban los Doce y también algunas mujeres.”
En la historia de la Iglesia, desde los primeros tiempos, había, junto a los hombres, numerosas mujeres en las que se expresaba con fuerza la respuesta de la Iglesia-Esposa al amor redentor de Cristo-Esposo. En primer lugar están aquella que personalmente habían encontrado a Cristo, que lo habían seguido y que, después de su partida, “perseveraban unánimes en la oración” (Hch 1,14) con los apóstoles en el cenáculo de Jerusalén hasta el día de Pentecostés. Aquel día, el Espíritu Santo habló por “los hijos y las hijas” del pueblo de Dios….(cf Hch 2,17; Jl 3,1) Estas mujeres, y otras en el transcurso del tiempo, han tenido un papel activo e importante en la vida de la Iglesia primitiva, en la construcción, desde sus fundamentos, de la primera comunidad cristiana y de las comunidades posteriores, gracias a sus carismas y a sus múltiples maneras de servir… El apóstol Pablo habla de sus “fatigas” por Cristo en los diversos terrenos del servicio apostólico en la Iglesia, comenzando por “la Iglesia doméstica”. En efecto, la “fe sin rebajas” pasa por la madre a los hijos y nietos, como ocurrió en casa de Timoteo. (cf 2Tim 1,5)
Esto mismo se renueva durante el correr de los siglos, de generación en generación, como lo muestra la historia de la Iglesia. La Iglesia, en efecto, defendiendo la dignidad de la mujer y su vocación, ha manifestado su gratitud hacia ellas, las que, fieles al evangelio, han participado en todos los tiempos en la misión apostólica de todo el pueblo de Dios y las ha honrado. Santas mártires, santas vírgenes, madres de familia, han dado testimonio de su fe con valentía y también, por la educación de sus hijos en el espíritu del evangelio. Han transmitido la fe y la tradición de la Iglesia… Incluso, enfrentándose a graves discriminaciones sociales, las santas mujeres han obrado con libertad, fuertes por su unión con Cristo…
En nuestros días, la Iglesia no cesa de enriquecerse gracias al testimonio de numerosas mujeres que viven generosamente su vocación a la santidad. Las santas mujeres son una encarnación del ideal femenino: pero, también son un modelo para todos los cristianos, un modelo de “sequela Christi”, del seguimiento de Cristo, un ejemplo de la manera cómo la Iglesia-Esposa tiene que responder con amor al amor de Cristo-Esposo.
 
 
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El Papa en Santa Marta indica cuál es “la puerta para encontrar a Jesús”

Fuente : https://es.zenit.org/articles/el-papa-en-santa-marta-21092017-21-septiembre-2017/
En el día de la conversión de San Mateo, el Papa evoca el cuadro de Caravaggio
•21 septiembre 2017•Redaccion•El papa Francisco
(ZENIT – Ciudad del Vaticano, 21 Sept. 2017).- El Papa Francisco en la misa celebrada este jueves en la capilla de la Casa Santa Marta, día de la fiesta de la conversión de San Mateo, recordó el episodio del Evangelio retratado en una pantalla famosa por el pintor italiano Caravaggio.
Explicó así que son tres las etapas de la conversión del evangelista: el encuentro, la fiesta y el escándalo. Jesús había curado a un paralítico en seguida encontró a Mateo, sentado en el banco de los impuestos. Él hacía pagar al pueblo de Israel los impuestos para después darlos a los romanos y por eso era despreciado, considerado un traidor de la patria. Jesús le miró y le dijo: “Sígueme”. Él se levantó y lo siguió.
Por un lado, la mirada de xan Mateo, una mirada desconfiada, miraba a un lado. “Con un ojo, Dios” y “con el otro el dinero” y como lo pintó Caravaggio: “agarrado al dinero”, y también con una mirada impertinente. Por otro lado, la mirada misericordiosa de Jesús que lo miró con tanto amor”.
“Cae” así la resistencia de aquel hombre que amaba el dinero: se levantó y lo siguió. “Es la lucha entre la misericordia y el pecado”, indicó el Papa.
El amor de Jesús puede entrar en el corazón de aquel hombre porque “sabía ser pecador”, sabía “que nadie lo quería”, se sentía despreciado. Justamente “la conciencia de pecador le abrió la puerta a la misericordia de Jesús”. Así, “lo dejó todo y lo siguió”. Este es el encuentro entre el pecador y Jesús.
“La primera condición para ser salvado es sentirse en peligro; la primera condición para ser curado es sentirse enfermo. Y sentirse pecador, es la primera condición para recibir esta mirada de misericordia. Pero pensemos en la mirada de Jesús, tan hermosa, tan buena, tan misericordiosa. Y también nosotros, cuando rezamos, sentimos esta mirada sobre nosotros; es la mirada de amor, la mirada de la misericordia, la mirada que nos salva. Y no hay que tener miedo “.
La segunda etapa es justamente “la fiesta”: como Zaqueo, también Mateo, sintiéndose feliz invitó a Jesús a comer en su casa.
Mateo invitó a todos los amigos, “aquellos del mismo sindicato”, pecadores y publicanos y ellos a la mesa, hacían preguntas al Señor y Jesús respondía.
El Papa recuerda lo que dijo Jesús en el capítulo 15 de Lucas: “Habrá más fiesta en el cielo por un pecador que se convierta que por cien que permanecen justos”. Se trata de la fiesta del encuentro del Padre, la fiesta de la misericordia. Jesús, de hecho, trata a todos con misericordia sin límite.
El tercer momento es el del “escándalo”: los fariseos viendo que publicanos y pecadores se sentaron a la mesa con Jesús, le preguntaban a sus discípulos: “¿Por qué vuestro maestro come con los cobradores de impuestos y pecadores?”.
“Un escándalo siempre empieza con esta frase: ¿Por qué?”, subrayó el Papa. “Cuando oyen esta frase, huele” y “por detrás viene el escándalo”.
Se trataba, en sustancia, de la “impureza de no seguir la ley”. Conocían muy bien “la doctrina”, sabían cómo seguir “por el camino del Reino de Dios”, conocían “mejor que nadie como se debía hacer”, pero “habían olvidado el primer mandamiento del amor”.
Y así, “se cerraron en la jaula de los sacrificios, quien sabe pensando: hagamos un sacrificio a Dios , hagamos todo lo que se debe hacer, así, nos salvamos. En síntesis, creían que la salvación venía de ellos mismos, se sentían seguros”.
“¡No! Es Dios que nos salva, nos salva a Jesucristo”, indicó el Papa. “Aquel ‘¿por qué?’ que tantas veces oímos entre los fieles católicos cuando veían obras de misericordia. ¿Por qué? Y Jesús, por supuesto, es muy claro: “Vayan y aprendan lo que quiere decir misericordia, lo que quiero y no sacrificios, porque yo no he venido a llamar a los justos sino a los pecadores. Si tú quieres ser llamado por Jesús, te reconocerá pecador.
Así el Papa invitó a reconocerse pecador, no de forma abstracta, sino “con pecados concretos” y “todos tenemos, tantos” dijo.
“Hay tantos, tantos, siempre y también en la Iglesia hoy. Dicen: “No, no se puede, es todo claro, es todo, no, no … ellos son pecadores, debemos alejarlos”. También tantos santos son perseguidos o se levanta sospechosos sobre ellos. Pensemos en Santa Juana de Arco, mandada a la hoguera porque pensaban que era una bruja, piensen en el beato Rosmini. ‘Misericordia quiero, y no sacrificios’. Y la puerta para encontrar a Jesús es reconocerse como somos, la verdad. Pecadores. Y él viene, y nos encontramos. ¡Es tan hermoso encontrar a Jesús! “.

Comentario al evangelio de hoy jueves 21 de septiembre de 2017

No sé orar
Fiesta Litúrgica: San Mateo, apóstol y evangelista
Por: H. Hiram Samir Galán Jaime, L.C.
Fuente: http://es.catholic.net/op/articulos/66791/no-se-orar.html
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Quiero dejarme amar…Te conozco desde antes que nacieras, se tu historia conozco tus problemas. Se de tus heridas y de tu pasado y aun así te amo. Solo abandónate en mis brazos, confía en mi amor que lo puede todo… Jesús
Señor, vengo el día de hoy a encontrarme contigo en la oración. Quiero estar un rato contigo y estar atenta a tu voz. Yo, como Mateo, necesito dejar atrás mis pecados y egoísmos, cambiar de estilo de vida, levantarme y seguirte. Ayúdame a lograrlo con la ayuda de tu gracia.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Mateo 9, 9-13
En aquel tiempo, Jesús vio a un hombre llamado Mateo, sentado a su mesa de recaudador de impuestos, y le dijo: «Sígueme». Él se levantó y lo siguió.
Después, cuando estaba a la mesa en casa de Mateo, muchos publicanos y pecadores se sentaron también a comer con Jesús y sus discípulos. Viendo esto, los fariseos preguntaron a los discípulos: «¿Por qué su Maestro come con publicanos y pecadores?» Jesús los oyó y les dijo: «No son los sanos los que necesitan de médico, sino los enfermos. Vayan, pues, y aprendan lo que significa: Yo quiero misericordia y no sacrificios. Yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores».
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
Cuando se abandona la oración, uno de los motivos principales suele ser que creemos que no sabemos orar. O que ya no sentimos nada en la oración por lo tanto no la estamos haciendo bien. Y por consecuencia decimos:»No sabemos orar».
¿Cuál es la razón de fondo de esta concepción? Que olvidamos que la oración es más divina que humana, por ello, no podemos medirla con parámetros humanos.
En la oración no importa tanto que hago yo, o preocuparme qué hace «Él» en mi alma. Se trata de estar con Él. Sólo y sencillamente estar con Él.
Pero es que soy súper pecador, por eso no puedo hacer oración bien hasta que no sea más santo. Pues olvídate de la santidad porque el camino de la misma empieza con la oración. No es el santo que necesita tanto de la oración sino el pecador. El enfermo es quien necesita la medicina con mayor urgencia.
Jesús aquí estoy, no sé orar. Quiero saber qué me dice este Evangelio a mí, pero llega un momento en que ya no tengo ideas. Ayúdame a comprender que la oración no consiste tanto en pensar y tener bellas ideas, sino sólo en hacerte compañía; estar a solas contigo y amarte con mi presencia.
 
«Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores». Cuando leo esto me siento llamado por Jesús, y todos podemos decir lo mismo: Jesús ha venido por mí. Cada uno de nosotros.
Este es nuestro consuelo y nuestra confianza: él siempre perdona, cura el alma siempre, siempre. «Pero yo soy débil, voy a tener una recaída…», Jesús te levantará, te curará siempre. Este es nuestro consuelo, Jesús vino por mí, para darme fuerzas, para hacerme feliz, para que tuviera la conciencia tranquila. No tengáis miedo. En los malos momentos, cuando uno siente el peso de tantas cosas que hicimos, de tantos resbalones en la vida, tantas cosas, y se siente el peso… Jesús me ama porque soy así.
(Homilía de S.S. Francisco, 7 de julio de 2017).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Buscaré un buen lugar para hacer mi oración y conseguiré una imagen de la Santísima Virgen o del Sagrado Corazón para que cuando llegue la distracción pueda contemplar la imagen y llevar de nuevo mi alma a Dios.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.