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Autor: Patricio Osiadacz

EDD. jueves 21 de septiembre de 2017.

Fuente : http://evangeliodeldia.org/main.php?language=SP&module=readings&localdate=20170921
 
Fiesta de san Mateo, apóstol y evangelista
Carta de San Pablo a los Efesios 4,1-7.11-13.
Hermanos:
Yo, que estoy preso por el Señor, los exhorto a comportarse de una manera digna de la vocación que han recibido.
Con mucha humildad, mansedumbre y paciencia, sopórtense mutuamente por amor.
Traten de conservar la unidad del Espíritu mediante el vínculo de la paz.
Hay un solo Cuerpo y un solo Espíritu, así como hay una misma esperanza, a la que ustedes han sido llamados, de acuerdo con la vocación recibida.
hay un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo.
Hay un solo Dios y Padre de todos, que está sobre todos, lo penetra todo y está en todos.
Sin embargo, cada uno de nosotros ha recibido su propio don, en la medida que Cristo los ha distribuido.
El comunicó a unos el don de ser apóstoles, a otros profetas, a otros predicadores del Evangelio, a otros pastores o maestros.
Así organizó a los santos para la obra del ministerio, en orden a la edificación del Cuerpo de Cristo,
hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, al estado de hombre perfecto y a la madurez que corresponde a la plenitud de Cristo.
Salmo 19(18),2-3.4-5.
El cielo proclama la gloria de Dios
y el firmamento anuncia la obra de sus manos;
un día transmite al otro este mensaje
y las noches se van dando la noticia.
Sin hablar, sin pronunciar palabras,
sin que se escuche su voz,
resuena su eco por toda la tierra
y su lenguaje, hasta los confines del mundo.
Allí puso una carpa para el sol
 
Evangelio según San Mateo 9,9-13.
Jesús, al pasar, vio a un hombre llamado Mateo, que estaba sentado a la mesa de recaudación de impuestos, y le dijo: «Sígueme». El se levantó y lo siguió.
Mientras Jesús estaba comiendo en la casa, acudieron muchos publicanos y pecadores, y se sentaron a comer con él y sus discípulos.
Al ver esto, los fariseos dijeron a los discípulos: «¿Por qué su Maestro come con publicanos y pecadores?».
Jesús, que había oído, respondió: «No son los sanos los que tienen necesidad del médico, sino los enfermos.
Vayan y aprendan qué significa: Yo quiero misericordia y no sacrificios. Porque yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores».
 
Comentario del Evangelio por  Benedicto XVI, papa 2005 2013. Audiencia general del 30•08•06.
San Mateo: converso, apóstol, evangelista
“Se levantó y le siguió.” La concisión de la frase pone claramente en evidencia la prontitud de Mateo en responder a la llamada. Eso significaba para él el abandono de todo, sobre todo de o que era para él una fuente segura de ganancias, aunque a menudo fuera injusta y deshonrosa. Es evidente que Mateo comprendió que la familiaridad con Jesús no le permitía seguir practicando una actividad que Dios no aprobaba. Es fácil captar la aplicación que se puede hacer para el momento presente: también hoy, estar atado a cosas incompatibles con el seguimiento de Jesús, -como es el caso de riquezas deshonestas- no es admisible. Una vez llegó a decir, sin rodeos: “Si quieres ser perfecto, ves, vende lo que tienes, dáselo a los pobres y tendrás un tesoro en  el cielo. Después, ven y sígueme”. Es exactamente lo que ha hecho Mateo: “se levantó y le siguió”. En este “se levantó”, se puede muy bien leer el rechazo a una situación de pecado y, al mismo tiempo, la adhesión a una nueva existencia, recta, en comunión con Jesús.
Acordémonos que la tradición de la Iglesia es unánime para atribuir a Mateo la paternidad del primer Evangelio. Eso se creía ya en tiempo de Papias, obispo de Hierápolis, en Frigia, un autor del año 130. Escribe así: “Mateo ha recogido las palabras (del Señor) en lengua hebrea, y cada uno las interpretó como pudo” (en Eusebio de Cesarea, Hist. Ecle. III, 39,16). El historiador Eusebio añade esta afirmación: “Mateo, que primero había predicado entre los judíos, cuando decidió ir también a otros pueblos, escribió en su lengua materna el Evangelio que anunciaba. De esta manera buscó, para quienes se separaba, la manera de reemplazar por escrito lo que perdían marchándose él de allí” (III, 24,6). No nos queda el Evangelio de Mateo escrito en hebreo o en arameo, pero en el Evangelio en griego que poseemos, seguimos todavía oyendo, en una cierta forma, la voz persuasiva del publicano Mateo que, hecho apóstol, nos continua anunciando la misericordia salvadora de Dios, y escuchamos  ese mensaje de san Mateo meditándolo siempre como nuevo para aprender, también nosotros, a levantarnos y seguir a Jesús con decisión.
 
 
©Evangelizo.org 2001-2017

Texto completo de la catequesis del papa Francisco – Audiencia del 20 de septiembre de 2017

Fuente : https://es.zenit.org/articles/texto-completo-de-la-catequesis-del-papa-francisco-audiencia-del-20-de-septiembre-de-2017/
El Santo Padre prosiguió con el tema de la esperanza cristiana
•20 septiembre 2017•Redaccion•El papa Francisco
El Papa en la Audiencia general celebrada el 20 de septiembre de 2017 © L´Osservatore Romano
 
(ZENIT – Ciudad del Vaticano, 20 Sept. 2017).- El papa Francisco ofreció este miércoles una nueva audiencia en la plaza de San Pedro, donde le aguardaban miles de peregrinos. El Santo Padre prosiguió con la serie de las catequesis sobre la esperanza cristiana, en particular sobre la necesidad de educar a la esperanza.
A continuación el texto completo de la catequesis del Papa Francisco:
«Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
La catequesis de hoy tiene por tema: “educar a la esperanza”. Y por esto yo la voy a dirigir directamente, con el “tú”, imaginando hablar como educador, como un padre a un joven, o a alguna persona abierta a aprender.
Piensa, ahí donde Dios te ha sembrado, ¡ten esperanza! Siempre ten esperanza.
No te rindas a la noche: recuerda que el primer enemigo por derrotar no está fuera de ti: está dentro. Por lo tanto, no concedas espacio a los pensamientos amargos, oscuros, ¿no?
Este mundo es el primer milagro que Dios ha hecho, ha puesto en nuestras manos la gracia de nuevos prodigios. Fe y esperanza van juntos. Cree en la existencia de las verdades más altas y más bellas. Confía en Dios Creador, en el Espíritu Santo que mueve todo hacia el bien, en el abrazo de Cristo que espera a todo hombre al final de su existencia; cree, Él te espera.
El mundo camina gracias a la mirada de tantos hombres que han abierto brechas, que han construido puentes, que han soñado y creído; incluso cuando alrededor de ellos oían palabras de burla.
No pienses jamás que la lucha que conduces aquí abajo sea del todo inútil. Al final de la existencia no nos espera el naufragio: en nosotros palpita una semilla de absoluto. Dios no desilusiona: si ha puesto una esperanza en nuestros corazones, no la quiere truncar con continuas frustraciones. Todo nace para florecer en una eterna primavera. También Dios nos ha hecho para florecer. Recuerdo ese diálogo, cuando el roble pidió a la almendra: “Háblame de Dios”. Y la almendra floreció.
¡Donde quiera que te encuentres, construye! ¡Si estás por los suelos, levántate! No permanezcas jamás caído, levántate, déjate ayudar para estar de pie. ¡Si estas sentado, ponte en camino! ¡Si el aburrimiento te paraliza, échalo con las obras de bien! Si te sientes vacío o desmoralizado, pide que el Espíritu Santo pueda nuevamente llenar tu nada.
Obra la paz en medio a los hombres, y no escuches la voz de quien derrama odio y división. No escuches estas voces. Los seres humanos, por cuanto sean diversos los unos de los otros, han sido creados para vivir juntos. En los contrastes, paciencia, un día descubrirás que cada uno es depositario de un fragmento de verdad.
Ama a las personas. Ámalos uno a uno. Respeta el camino de todos, recto o atormentado que sea, porque cada uno tiene una historia para contar. También cada uno de nosotros tiene su propia historia por narrar. Todo niño que nace es la promesa de una vida que todavía una vez más se demuestra más fuerte que la muerte. Todo amor que surge es una potencia de transformación que anhela la felicidad.
Jesús nos ha entregado una luz que brilla en las tinieblas: defiéndela, protégela. Esta única luz es la riqueza más grande confiada a tu vida. Y sobre todo, sueña. No tengas miedo de soñar. ¡Sueña! Sueña con un mundo que todavía no se ve, pero que es cierto que llegará.
La esperanza nos lleva a la existencia de una creación que se extiende hasta su cumplimiento definitivo, cuando Dios será todo en todos. Los hombres capaces de imaginación han regalado al hombre descubrimientos científicos y tecnológicos; han atravesado los océanos y han pisado tierras que nadie había pisado jamás. Los hombres que han cultivado esperanzas son también aquellos que han vencido la esclavitud y traído mejores condiciones de vida sobre esta tierra. Piensen en estos hombres.
Se responsable de este mundo y de la vida de cada hombre. Porque toda injusticia contra un pobre es una herida abierta y disminuye tu misma dignidad. La vida no cesa con tu existencia, y en este mundo vendrán otras generaciones que seguirán a la nuestra, y muchas otras todavía.
Y cada día pide a Dios el don de la valentía. Recuérdate que Jesús ha vencido por nosotros al miedo. ¡Él ha vencido al miedo! Nuestra enemiga más traicionera no puede nada contra la fe. Y cuando te encuentres atemorizado ante cualquier dificultad de la vida, recuérdate que tú no vives sólo por ti mismo. En el Bautismo tu vida ha sido ya sumergida en el misterio de la Trinidad y tú perteneces a Jesús.
Y si un día te toma el miedo, o tú pensaras que el mal es demasiado grande para ser derrotado, piensa simplemente que Jesús vive en ti. Y es Él que, a través de ti, con su humildad quiere someter a todos los enemigos del hombre: el pecado, el odio, el crimen, la violencia, todos nuestros enemigos.
Ten siempre el coraje de la verdad, pero recuérdate: no eres superior a nadie. Recuérdate de esto, no eres superior a nadie. Si tú fueras el último en creer en la verdad, no rechaces por esto la compañía de los hombres. Incluso si tú vivieras en el silencio de una ermita, lleva en el corazón los sufrimientos de toda criatura. Eres cristiano; y en la oración todo devuelves a Dios.
Y cultiva ideales. Vive por alguna cosa que supera al hombre. Y si un día estos ideales te pidieran una cuenta salda por pagar, no dejes jamás de llevarlos en tu corazón. La fidelidad obtiene todo.
Si te equivocas, levántate: nada es más humano que cometer errores. Y esos mismos errores no deben de convertirse para ti en una prisión. No te quedes enjaulado en los propios errores. El Hijo de Dios ha venido no por los sanos, sino por los enfermos: por lo tanto ha venido también por ti. Y si te equivocas incluso en el futuro, no temas, ¡levántate! ¿Sabes por qué? Porque Dios es tu amigo. ¡Dios es tu amigo!
Si te afecta la amargura, cree firmemente en todas las personas que todavía obran por el bien: en su humildad esta la semilla de un mundo nuevo. Frecuenta a las personas que han cuidado el corazón como aquel de un niño. Aprende de las maravillas, cultiva el asombro, cultiva el asombro.
Vive, ama, sueña, cree. Y, con la gracia de Dios, no te desesperes jamás. Gracias».
(Traducción hecha desde el audio por ZENIT)

Comentario al evangelio de hoy miércoles 20 de septiembre de 2017

¿Quién tiene la razón?
Miércoles XXIV del tiempo ordinario.
Por: H. Javier Castellanos, L.C.
Fuente: http://es.catholic.net/op/articulos/66782/quien-tiene-la-razon.html
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Hazme dócil, Señor, a tu Palabra. Quiero escuchar la voz de tu Espíritu en mi espíritu, con apertura y generosidad. Guíame por el camino que conduce a Ti, ilumina mi corazón para que pueda tomar las decisiones correctas en este día, para la construcción de tu Reino. Amén.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Lucas 7,31-35
En aquel tiempo, dijo el Señor: «¿Con quién compararé a los hombres de esta generación? ¿A quién se parecen? Se parecen a esos niños, que se sientan a jugar en la plaza y se gritan los unos a los otros:
«Tocamos la flauta y no han bailado, cantamos canciones tristes y no han llorado».
Porque vino Juan el Bautista, que ni comía pan ni bebía vino, y ustedes dijeron: ‘Ese está endemoniado; Y viene el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: «Este hombre es un glotón y un bebedor, amigo de publicanos y pecadores». Pero solo aquellos que tienen la sabiduría de Dios, son quienes lo reconocen».
Palabra del Señor.
 
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
Entre flautas y lamentaciones, Cristo tiene hoy un mensaje que abraza todas las generaciones. Nuestra vida cristiana requiere estar atentos a la voz de Dios y saber por dónde nos guía. Hay circunstancias para sacar la flauta y tocar y bailar; otros momentos, en cambio, requieren lamentaciones y llantos y luto. ¿Qué es lo mejor en cada momento? ¿Cómo saber qué quiere Dios?
El arte de descubrir la voz del Señor se llama discernimiento. En el camino nos encontramos un sinfín de encrucijadas, donde tenemos que escoger entre la derecha o la izquierda. Cada lado tiene sus ventajas y sus riesgos, y hagamos lo que hagamos, siempre habrá opiniones en contra y gente que se nos oponga. Por eso, una condición necesaria para ejercitarnos en el arte de discernir es la libertad de espíritu.
¿Qué significa ser libres de espíritu? Podemos imaginarnos una escena tal vez algo fantasiosa. Estamos volando en las alas del Espíritu Santo. Y sentimos la tentación de ponerle riendas para controlar la dirección: la rienda del qué dirán los demás, de lo que a mí más me agrada, de un esquema prefabricado… Pero con el Espíritu Santo lo mejor es volar por donde Él quiera, bajo la sombra de sus alas, y no por encima de ellas. Él sabe mucho mejor que nosotros por dónde es mejor moverse; cuándo es el tiempo de la penitencia y cuándo de celebración, sin importar lo que digan los demás. Él es la sabiduría misma; los hijos de Dios saben que sólo Él tiene la razón.
Así, durante este día, coloquémonos bajo las alas del Espíritu Santo. Será necesario hacer un poco de espacio y silencio dentro del corazón. Él hablará. Pongámonos a la escucha de su voz y dejémonos guiar según sus indicaciones para el día de hoy.
 
El discernimiento requiere, por parte del acompañante y de la persona acompañada, una delicada sensibilidad espiritual, un ponerse de frente a sí mismo y de frente al otro «sine propio», con completo desapego de prejuicios y de intereses personales o de grupo. Además, es necesario recordar que en el discernimiento no se trata solamente de elegir entre el bien y el mal, sino entre el bien y el mejor, entre lo que es bueno y lo que lleva a la identificación con Cristo.
(Discurso de S.S. Francisco, 20 de enero de 2017).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Hoy buscaré unos minutos de silencio por la tarde, preguntando al Espíritu Santo a dónde me ha guiado este día.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

Francisco en Sta. Marta: Compasión que se traduzca en obras

Fuente : https://es.zenit.org/articles/francisco-en-sta-marta-compasion-que-se-traduzca-en-obras/

 
Invita a no ayudar desde lejos, sino ayudando a integrarse
•19 septiembre 2017•Redaccion•El papa Francisco
(ZENIT – Ciudad del Vaticano, 19 Sept. 2017).- El papa Francisco en la misa que celebró hoy en la Casa Santa Marta, invitó a pedirle al Señor la gracia de la compasión al ver tanta gente que sufre, pero no de modo pasivo sino dándole la dignidad que Dios quiere para ellos.
Partiendo del Evangelio de hoy, en el que san Lucas narra la resurrección del hijo de la viuda de Naín por obra de Jesús, el Papa precisó que en el Antiguo Testamento, los más pobres eran las viudas, los huérfanos, los extranjeros y los forasteros.
Explicó así que “la compasión es un sentimiento que involucra, es un sentimiento del corazón, de las entrañas, afecta todo. No es lo mismo que tener pena, o… ‘¡qué lástima, pobre gente!’: no, no es lo mismo. La compasión compromete. Es ‘padecer con’. Esto es la compasión. El Señor se compromete con una viuda y con un huérfano… Pero dime, tú tienes a toda una muchedumbre aquí, ¿por qué no hablas a la gente? Deja… la vida es así… son tragedias que suceden, suceden…”.
“No, para Él era más importante aquella viuda y aquel huérfano muerto, que la muchedumbre a la que le estaba hablando y que lo seguía. ¿Por qué? Porque su corazón, sus vísceras se implicaron. El Señor, con su compasión, se ha interesado en este caso. Tuvo compasión”, dijo.
La compasión significa “acercarse y tocar la realidad. Tocar. No mirarla desde lejos. Tuvo compasión –primera palabra– se acercó, segunda palabra. Después hace el milagro y Jesús no dice: ‘Hasta la próxima, yo prosigo el camino’: no. Toma al muchacho y ¿qué dice? ‘Lo devolvió a su madre’: restituir, la tercera palabra. Jesús hace milagros para devolver, para colocar en su propio lugar a las personas. Y es esto lo que ha hecho con la redención. Tuvo compasión –Dios tuvo compasión– se acercó a nosotros en su Hijo, y nos restituyó a todos nosotros la dignidad de hijos de Dios. Nos ha recreado a todos”.
El Santo Padre exhortó por ello a “hacer lo mismo”, a seguir el ejemplo de Cristo, acercarse a los necesitados, “no ayudarlos desde lejos, porque hay quien está sucio, no se ducha o huele mal”.
“Muchas veces miramos los telediarios o la primera página de los periódicos, las tragedias… pero mira, en aquel país los niños no tienen qué comer; en aquel país los niños son soldados; en aquel país las mujeres son esclavizadas; en aquel país… oh, ¡cuántas calamidades! Pobre gente… Giro la página y paso a la novela, a la telenovela que viene después. Y esto no es cristiano”.
“Y la pregunta que yo haría ahora, mirándolos a todos, y también a mí mismo: “¿Soy capaz de tener compasión? ¿De rezar? Cuando veo estas cosas, que me las llevan a casa a través de los medios de comunicación… ¿mis entrañas se mueven? ¿Mi corazón padece con aquella gente, siento pena, digo ‘pobre gente’, y así?… Y si uno puede tener compasión, hay que pedir la gracia: ‘¡Señor, dame la gracia de la compasión!’”,
Invitó por ello con la oración de intercesión y con nuestro trabajo de cristianos, a ser capaces de ayudar a la gente que sufre, a que “sea restituida a la sociedad, a la vida de la familia, del trabajo, o sea a la vida cotidiana”.

EDD. miércoles 20 de septiembre de 2017.

Fuente : http://evangeliodeldia.org/main.php?language=SP&module=readings&localdate=20170920
 
Miércoles de la vigésima cuarta semana del tiempo ordinario
Primera Carta de San Pablo a Timoteo 3,14-16.
Aunque espero ir a verte pronto, te escribo estas cosas
por si me atraso. Así sabrás cómo comportarte en la casa de Dios, es decir, en la Iglesia del Dios viviente, columna y fundamento de la verdad.
En efecto, es realmente grande el misterio que veneramos: El se manifestó en la carne, fue justificado en el Espíritu, contemplado por los ángeles, proclamado a los paganos, creído en el mundo y elevado a la gloria.
Salmo 111(110),1-2.3-4.5-6.
Doy gracias al Señor de todo corazón,
en la reunión y en la asamblea de los justos.
Grandes son las obras del Señor:
los que las aman desean comprenderlas.
Su obra es esplendor y majestad,
su justicia permanece para siempre.
Él hizo portentos memorables,
el Señor es bondadoso y compasivo.
Proveyó de alimento a sus fieles
y se acuerda eternamente de su alianza.
Manifestó a su pueblo el poder de sus obras,
dándole la herencia de las naciones.
 
Evangelio según San Lucas 7,31-35.
Dijo el Señor: «¿Con quién puedo comparar a los hombres de esta generación? ¿A quién se parecen?
Se parecen a esos muchachos que están sentados en la plaza y se dicen entre ellos: ‘¡Les tocamos la flauta, y ustedes no bailaron! ¡Entonamos cantos fúnebres, y no lloraron!’.
Porque llegó Juan el Bautista, que no come pan ni bebe vino, y ustedes dicen: ‘¡Ha perdido la cabeza!’.
Llegó el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: ‘¡Es un glotón y un borracho, amigo de publicanos y pecadores!’.
Pero la Sabiduría ha sido reconocida como justa por todos sus hijos.»
 
Comentario del Evangelio por  San Basilio (c. 330-379), monje y obispo de Cesárea en Capadocia, doctor de la Iglesia Prólogo a las Grandes Reglas.
Dios nos llama, incansablemente, a la conversión
Hermanos, no permanezcamos en la despreocupación y la relajación; no dejemos ligeramente, para mañana o aún para más tarde, para comenzar a hacer lo que debemos. “Ahora es la hora favorable, dice el apóstol Pablo, ahora es el día de la salvación» (2Co 6,2). Actualmente es, para nosotros, el tiempo de la penitencia, más tarde será el de la recompensa; ahora es el tiempo de la perseverancia, un día llegará el de la consolación. Dios viene ahora para ayudar a los que se alejan del bien; más adelante Él será el juez de nuestros actos, de nuestras palabras y de nuestros pensamientos como hombres. Hoy nos aprovechamos de su paciencia; en el día de la resurrección conoceremos sus justos juicios, cuando cada uno reciba lo que corresponda a nuestras obras.
¿Cuándo nos decidiremos a obedecer a Cristo que nos llama a su Reino celeste? ¿Es que no nos purificaremos? ¿Es que no nos decidiremos a abandonar nuestra habitual forma de vivir para seguir, a fondo, el Evangelio?
 
 
©Evangelizo.org 2001-2017

EDD. martes 19 de septiembre de 2017.

Fuente : http://evangeliodeldia.org/main.php?language=SP&module=readings&localdate=20170919
 
Martes de la vigésima cuarta semana del tiempo ordinario
Primera Carta de San Pablo a Timoteo 3,1-13.
Es muy cierta esta afirmación: «El que aspira a presidir la comunidad, desea ejercer una noble función».
Por eso, el que preside debe ser un hombre irreprochable, que se haya casado una sola vez, sobrio, equilibrado, ordenado, hospitalario y apto para la enseñanza.
Que no sea afecto a la bebida ni pendenciero, sino indulgente, enemigo de las querellas y desinteresado.
Que sepa gobernar su propia casa y mantener a sus hijos en la obediencia con toda dignidad.
Porque si no sabe gobernar su propia casa, ¿cómo podrá cuidar la Iglesia de Dios?
Y no debe ser un hombre recientemente convertido, para que el orgullo no le haga perder la cabeza y no incurra en la misma condenación que el demonio.
También es necesario que goce de buena fama entre los no creyentes, para no exponerse a la maledicencia y a las redes del demonio.
De la misma manera, los diáconos deben ser hombres respetables, de una sola palabra, moderados en el uso del vino y enemigos de ganancias deshonestas.
Que conserven el misterio de la fe con una conciencia pura.
Primero se los pondrá a prueba, y luego, si no hay nada que reprocharles, se los admitirá al diaconado.
Que las mujeres sean igualmente dignas, discretas para hablar de los demás, sobrias y fieles en todo.
Los diáconos deberán ser hombres casados una sola vez, que gobiernen bien a sus hijos y su propia casa.
Los que desempeñan bien su ministerio se hacen merecedores de honra y alcanzan una gran firmeza en la fe de Jesucristo.
 
Salmo 101(100),1-2ab.2cd-3ab.5.6.
Celebraré con un canto la bondad y la justicia:
a ti, Señor, te cantaré;
expondré con sensatez el camino perfecto:
¿cuándo vendrás en mi ayuda?
Yo procedo con rectitud de corazón
en los asuntos de mi casa;
nunca pongo mis ojos
en cosas infames.
Al que difama en secreto a su prójimo
lo hago desaparecer;
al de mirada altiva y corazón soberbio
no lo puedo soportar.
Pongo mis ojos en las personas leales
para que estén cerca de mí;
el que va por el camino perfecto
es mi servidor.
 
Evangelio según San Lucas 7,11-17.
Jesús se dirigió a una ciudad llamada Naím, acompañado de sus discípulos y de una gran multitud.
Justamente cuando se acercaba a la puerta de la ciudad, llevaban a enterrar al hijo único de una mujer viuda, y mucha gente del lugar la acompañaba.
Al verla, el Señor se conmovió y le dijo: «No llores».
Después se acercó y tocó el féretro. Los que lo llevaban se detuvieron y Jesús dijo: «Joven, yo te lo ordeno, levántate».
El muerto se incorporó y empezó a hablar. Y Jesús se lo entregó a su madre.
Todos quedaron sobrecogidos de temor y alababan a Dios, diciendo: «Un gran profeta ha aparecido en medio de nosotros y Dios ha visitado a su Pueblo».
El rumor de lo que Jesús acababa de hacer se difundió por toda la Judea y en toda la región vecina.
 
 
 
Comentario del Evangelio por  San Ambrosio (c. 340-397), obispo de Milán y doctor de la Iglesia Tratado sobre el Evangelio de san Lucas, 5, 89, 91-92
“Joven, yo te lo ordeno, levántate”
Lo mismo  que los síntomas de la muerte quitan toda esperanza de vida, lo mismo que los cuerpos de los difuntos mueren después en la tumba, sin embargo, a la voz de Dios, los cadáveres listos a su descomposición se levantarán, reconociendo la palabra; el hijo es devuelto a su madre, ha vuelto de la tumba, ha sido arrancado. ¿Qué tumba le retiene? Tus malas costumbres, tu falta de fe. Es de la tumba que Cristo te ha liberado, de esa tumba tú resucitarás, si escuchas la Palabra de Dios. Lo mismo si tu pecado es grave y no puedes  limpiarlo por las lágrimas de tu arrepentimiento, la Iglesia, tu madre, llorará por ti, ella que interviene por cada uno de sus hijos como una madre viuda por su único hijo. Pues ella comprende por una clase de sufrimiento espiritual lo que es natural, cuando ella ve que sus hijos son arrastrados hacia la muerte por sus vicios funestos…
Qué llora por tanto, esta piadosa madre: que una multitud la acompaña, no solamente una multitud, sino una multitud considerable compadece a esta tierna madre. Entonces tú resucitarás en tu tumba, tú serás liberado; tus portadores se detendrán, y podrás decir palabras de vivos, todos quedarán estupefactos. El ejemplo de uno solo corregirá a muchos y  ellos alabaran a Dios de haber tenido tales remedios para evitar la muerte.
 
 
©Evangelizo.org 2001-2017
 

Homilía en el Tedeum Ecuménico, Catedral de Santiago de Chile, 18 de septiembre de 2017.

“TE DEUM LAUDAMUS” POR LA PATRIA 18 de Septiembre de 2017
 
CENTINELAS DE LA AURORA:  PARA CRECER EN LA ESPERANZA
 
 
Homilía del Arzobispo de Santiago           Card. Ricardo Ezzati A., sdb
 
Textos bíblicos: Sir. 51, 13-21          Ps. 19, 8-11          Mt. 5, 13- 16
 
 
1.- El amanecer de este gozoso día de la Patria, convoca a chilenos y chilenas a encontrarse con los más nobles valores que constituyen el alma de Chile, para agradecer y, a la vez, para comprometerse aún más, con su patrimonio espiritual, expresión genuina y agradecida de su preciosa identidad republicana. Es la ofrenda que, con sentimientos de fe, presentamos al Señor, como acción de gracias, porque, a lo largo de la historia, Él ha educado al pueblo chileno a no dejarse abatir por las tribulaciones, a vivir como comunidad agradecida y fortalecida por la comunión y la solidaridad de hermanos, con la confianza y la esperanza puesta en Él y en la materna protección de la Virgen del Carmen.
 
Hoy, hombres y mujeres de fe, pertenecientes a la Iglesia Católica, a Comunidades Cristianas hermanas y a otros credos religiosos, junto a la más alta Autoridad de la Nación, la Señora Presidenta de la República, doña Michelle Bachelet Jeria, -a quien saludo con respeto-, a Ministros de Estado y equipos de gobierno, Autoridades del poder Legislativo y Judicial, Altos Mandos de las Fuerzas Armadas y de Orden, Autoridades Regionales y Comunales, Organizaciones Comunitarias, Cuerpo Diplomático, obispos, sacerdotes, pastores, consagradas y consagrados, laicos y laicas, reunidos en esta secular Catedral de Santiago, con gratitud y confianza, renovamos el propósito de aguardar “como centinelas la aurora” y como “esforzados albañiles”, la luz, la misericordia y la salvación que vienen de nuestro Dios, don de vida abundante para todo el pueblo de Chile (Cf. Salmo 130).
 
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2.- “¿Qué me ha sido dado esperar?”, se preguntaba el filósofo Kant, mirando el porvenir de la historia humana. ¿Qué nos es dado esperar de nuestro futuro, del futuro de Chile, la patria que amamos? No se trata de una pregunta ociosa. Lo que está detrás de la pregunta es la vida buena, el futuro de cada chileno y chilena, de la entera comunidad nacional, del futuro que anhelamos.  “Aguardar como el centinela la aurora” significa, entonces, aprender a otear atentamente el horizonte para acertar, con claridad meridiana, la meta a la cual tender y hacia la cual conducir, sabiduría indispensable para todos los ciudadanos y, de manera especial para quienes tienen la honrosa responsabilidad de guiar y de gobernar. Es la sabiduría que invocó la bíblica figura del rey Salomón: “Tu siervo está en medio del pueblo que elegiste, un pueblo tan numeroso que no se puede contar, ni calcular. Enséñame a escuchar para que sepa gobernar a tu pueblo y discernir entre el bien y el mal…”. El relato bíblico termina alabando la opción del gobernante: “Al Señor le pareció bien que Salomón pidiera sabiduría y le dijo: por haber pedido esto y no haber pedido una vida larga, ni haber pedido riquezas, ni haber pedido la vida de tus enemigos, sino inteligencia para acertar en el gobierno, te daré lo que has pedido: una mente sabia y prudente como no la hubo antes ni la habrá después de ti.” (1 Re 3,6-14).  “Aguardar como el centinela la aurora”, presupone el cultivo de una actitud humilde, de búsqueda y de servicio, lo que implica discernir metas altas e itinerarios que lleven a ellas, desenmascarando, a la vez, las sirenas seductoras y engañosas que aparecen en la travesía, y emprender los exigentes itinerarios que el salmo identifica como “la luz, la misericordia y la salvación que vienen de Dios”, es decir, el don de una vida abundante para nuestro pueblo.  “Aguardar como centinela la aurora” comporta finalmente, “buscar la manera de poder alentar, acompañar y estimular los esfuerzos que hoy se hacen para mantener viva la esperanza y la fe, en un mundo lleno de contradicciones.”(cf. Francisco, “El indispensable compromiso de los laicos en la vida pública de los Países Latinoamericanos, 4 de marzo de 2016). En efecto, los sentimientos de frustración y de temor a causa de las crisis y pruebas de nuestros días, de los problemas sociales y políticos que enfrentamos, de los desafíos culturales y los estilos de vida que nos desafían, amenazan apagar la esperanza de la nueva aurora que asoma y debilitar el compromiso de ser parte de ella. La oración de esta mañana quiere sostener la fe y la esperanza de muchos, con la mirada que permite descubrir a Dios que habita en nuestra ciudad, en nuestras calles y en nuestras plazas; que vive entre los ciudadanos, promoviendo solidaridad, fraternidad, deseos de bien, de verdad y de justicia. (cf. Francisco, “Evangelii Gaudium”, n 71)
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3.- En este clima espiritual de confianza y esperanza, permítanme algunas reflexiones, como un aporte humilde a la hermosa y común tarea de otear el horizonte de nuestro auténtico futuro de esperanza.
 
3.1.- Llamados a ser “Centinelas de la aurora”.
 
¿En qué consiste la vocación y la misión del centinela llamado a aguardar la aurora? ¿Cuál es su identidad más profunda y cuál su responsabilidad histórica?  El centinela es quien espera con confianza la llegada de un nuevo día y salta de gozo por la vida que florece; es un cultivador incansable de optimismo y de esperanza y es también el vigía, que renuncia al sueño de la noche para evitar los peligros y ser sorprendido por el enemigo. Es un hijo de la luz que aprende a vivir en la noche sin ser de la noche. En su significado más bello, hace referencia al vigilante, que lucha contra el letargo y la negligencia que puede dañar irreparablemente la vida de los demás y la propia. Por eso, el centinela vigila para que ningún mal llegue a turbar la vida buena de todos; es el profeta que, con alegría, anuncia la belleza de los tiempos nuevos y, al mismo tiempo, devela lo efímero, lo que daña y lo que engaña. Es el sembrador que cree en la bondad de la semilla que esparce, y que, como sabio agricultor, la cuida sabiendo esperar el sol del verano para que el tallo verde madure en una espiga dorada y henchida de granos. Es el agricultor paciente que cava, una y otra vez, alrededor de la higuera que no ha dado fruto, aguardando que sus cuidados la hagan rendir fecunda.
 
3.2.- Una responsabilidad común.
 
¿A quién le corresponde ser centinela de la aurora?
 
No cabe duda: la respuesta es, a toda la comunidad. A todos nosotros. A toda la sociedad, – y en ella -recuerda el Papa Francisco-, “de manera especial, al Estado cuya obligación primera es defender y promover “el bien común”, llamado a convertirse, como lógica e ineludible consecuencia, en un llamado a la solidaridad y a una opción preferencial por los más pobres.” (Laudato sí, nn. 157-158). Sí, todos y, en especial, quienes ejercen responsabilidades políticas, sociales u otros deberes. Con justa razón el Pontífice añade: “el marco político e institucional no existe solo para evitar las malas prácticas, sino sobre todo para estimular las mejores prácticas, para estimular la creatividad que
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busca nuevos caminos para facilitar las iniciativas personales y colectivas.” (Ib.177). “Es de esperar -agrega- que la humanidad del siglo XXI pueda ser recordada por haber asumido con generosidad sus graves responsabilidades.” (Ib. 165). Por ello, hay que conceder un lugar preponderante a una sana y atenta política, capaz de responder a demandas verdaderas, de reformar las instituciones, coordinarlas y dotarlas de mejores prácticas que permitan derrotar el cáncer de la corrupción y rechazar presiones e inercias viciosas. “Hay que agregar –continua el Papa- que los mejores mecanismos terminan sucumbiendo cuando faltan los grandes fines, los valores, una comprensión humanista y rica de sentido que otorguen a cada sociedad una orientación noble y generosa.”(Ib. 181). Porque, “cuando la cultura del relativismo se instala, es la misma patología que empuja a la persona a aprovecharse de otra y a tratarla como un mero objeto.”(Ib. 123).
 
En esta hora de la historia, como nación, nos cabe a todos la hermosa y noble misión de otear el horizonte, para descubrir y adherir a la esperanza que no engaña, la promesa de vida abundante que Dios ha inscrito en el alma de Chile, para sus hijas e hijos. En pleno proceso eleccionario, se nos ofrece, entonces, una excelente oportunidad para valorar el rol de la política, para superar la tentación del descredito, de la desconfianza y de las polarizaciones estériles y para reafirmar el propósito de hacer real el proyecto de una estatura cívica alta, puesta al servicio de todos, de manera especial, al servicio de los más postergados. A ello, con humildad, quiere contribuir la Iglesia. La visión de quienes creemos en Jesucristo, no pretende ser exclusiva, ni excluyente, pero, a la vez, y buscando el bien superior del país, quiere una voz que anuncia, con convicción ciudadana, lo que no podemos ni debemos callar. “Nosotros como cristianos tenemos el deber de ofrecer el pleno testimonio de la esperanza que está en nosotros. No debemos temer que pueda constituir una ofensa a la identidad del otro, lo que en cambio, es anuncio gozoso de un don para todos y que se propone a todos con el mayor respeto a la libertad de cada uno.” (cf. Juan Pablo II en, Novo millenio ineunte, n.56).   4.- Centinelas anuncian la vida, la vida abundante de todos.
 
Cual diamante esplendoroso, en el alma de Chile brilla una de sus más nobles convicciones: la sacralidad de la vida, de toda vida humana, desde su concepción, en todo el arco de su desarrollo y hasta la muerte natural: la vida, el primero y el más fundamental de los derechos humanos, pilar granítico sobre el cual se cimientan todos los demás derechos. En esta acción de gracias por la Patria, con el Papa Francisco
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y toda Iglesia, con voz clara y humilde a la vez, reiteramos que “es tan grande el valor de una vida humana, y es tan inalienable el derecho a la vida del niño inocente que crece en el seno de su madre, que de ningún modo se puede plantear como un derecho sobre el propio cuerpo la posibilidad de tomar decisiones con respecto a esa vida, que es un fin en sí misma y que nunca puede ser objeto de dominio de otro ser humano.” (cf. Amoris laetitia n.83). Por eso, respetuosos de la legislación que el Estado se ha dado, “nuestra opción por la vida se traduce en redoblar nuestro esfuerzo para seguir acompañando a las mujeres que viven situaciones límite en su embarazo, a las que deciden continuar con él y a las que piensan que el aborto es una solución. La Iglesia… ofrece sus manos y extiende su abrazo de servicio a todas las personas que necesiten paz, amparo, apoyo y consuelo.” (cf. Mensaje del Comité Permanente, 21 de agosto de 2017). Recordando que el “valor inalienable de un ser humano va más allá del grado de su desarrollo” (Francisco, en Laudato Sí, 136), conscientes que “si se pierde la sensibilidad personal y social para acoger una nueva vida, también se marchitan otras formas de acogida provechosas para la vida social” (Cf. Benedicto XVI en Caritas in Veritate, n 18), nuestro compromiso seguirá siendo anunciar el “Evangelio de la vida” y prestar nuestra solidaridad y colaboración para que ésta sea siempre respetada y promovida.
 
Doy gracias a Dios, por el testimonio valiente y coherente de tantas y tantos seguidores de Jesús que han sabido dar razón de su fe inquebrantable en la sabiduría de Dios. La Iglesia enseña que “los hijos son el don más excelente del matrimonio”; que los esposos, varón y mujer, al transmitir la vida humana, tienen “una participación especial en la propia obra creadora de Dios” (Gaudium et Spes, 50) y que, de esta manera, “pintan el gris del espacio público, llenándolo del color de la fraternidad, de la sensibilidad social, de la defensa de los frágiles, de la fe luminosa y de la esperanza activa.” (Francisco, en Amoris laetitia, n 184). Con asombro y gozosa gratitud, junto al salmista, los invito a orar: “Señor, Dios nuestro, ¡qué admirable es tu Nombre en toda la tierra! Cuando contemplo el cielo, obra de tus manos, la luna y las estrellas que en él fijaste: ¿qué es el hombre para que te acuerde de él, el ser humano para que te ocupes de él? … ¡Lo hiciste apenas inferior a un dios, lo coronaste de gloria y esplendor, le diste poder sobre las obras de tus manos, todo lo pusiste bajo sus pies.”(Salmo 8). ¡Que este asombro por la vida nos impulse a su acogida incondicional, llene de sonrisa nuestra patria, de sabiduría a su mente y esperanza a su corazón!
 
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5.- Centinelas que anuncian la belleza y la fecundidad de la cultura de la acogida, de la comunión y de la solidaridad.
 
Los textos de la Sagrada Escritura que han resonado hoy en nuestra Asamblea, nos han hablado de “sabiduría”, de “sal” y de “luz”; sabiduría, sal y luz, indispensables para transformar en cultura los cuatro verbos que el Papa Francisco invita a conjugar, en relación a los migrantes y a los refugiados: acoger, proteger, promover e integrar, verbos que, adecuadamente articulados, harán posible el crecimiento de la cultura del encuentro, la acogida, la solidaridad y la comunión, y que permitirá que Chile sea como “un racimo que madura”, sazonado por la sabiduría de su historia y alumbrado por el Sol de la justicia y de la paz.
 
Es verdad, en los horizontes de un nuevo amanecer, no faltan nubarrones obscuros, sin embargo, y damos gracias por ello, se nos da vislumbrar la silueta de proyectos que llenan de esperanza y estimulan a la corresponsabilidad: son los niños y los jóvenes de nuestra Patria con los cuales aún mantenemos deudas de abandono y de una educación de mayor calidad; son los rostros de migrantes y refugiados que, junto a ciudadanos chilenos, buscan amasar el mismo pan de la dignidad, la acogida y la integración, como lo hicieran otros tiempos, un Andrés Bello, un Ignacio Domeyko, una Bernarda Morín o un Alberto De Agostini en el extremo sur de nuestra tierra; son los adultos mayores que nos reclaman trato y pensiones dignas; son los pobres y marginados con sus sueños de justicia y solidaridad; tantas familias que aspiran crecer en el amor y en la comprensión; enfermos que invocan el derecho a salud ; encarcelados que esperan que la privación de libertad no sea solo un castigo, sino una oportunidad para rehacer la vida; son ciudadanos y ciudadanas que desean contribuir al mundo de la política, de la cultura, de las ciencias, de las artes para hacer de Chile “un hogar para todos”.
 
¿Qué les es dado esperar? ¿Cuál es la esperanza que nos corresponde alimentar?
 
Chile necesita volver a encantarse con la cultura de la acogida empática, del respeto mutuo y de la colaboración generosa que caracteriza su alma, para contrarrestar los nubarrones de una cultura relativista, egoísta y excluyente. Necesita derrotar la fascinación por la violencia y el atropello que hunden sus raíces en el vacío de significado de sí y del derecho de los otros, paraliza la búsqueda del bien común que la sociedad organizada está llamada a cultivar. Necesita poner atajo a la violencia insensata y a la desesperación que no llevan a nada. Necesitamos avanzar hacia una antropología de sentido que la fe del pueblo lleva su plenitud más alta.
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Es urgente superar la tentación de un laicismo agresivo que pretende marginar la fe del pueblo de la esfera pública y que, arrogantemente busca negarle la justa visibilidad propia de una respetuosa libertad cultural.
 
Recordando el mensaje de San Juan Pablo II a nuestra tierra hace justo treinta años y en vísperas de la visita del Papa Francisco, en la atmósfera preelectoral que nos rodea, confiamos a la intercesión de la Virgen del Carmen el propósito de cultivar una ejemplar amistad cívica haciendo realidad la vocación de Chile, llamado al entendimiento y no de enfrentamiento.
 
Conclusión
 
Concluyo estas palabras con una esperanzadora invocación, entresacada de los capítulos 51 al 54 del Profeta Isaías.
 
Chile, sus habitantes y todas sus esperanzas están presentes en ella:
 
“Despierta; levántate, Jerusalén, y ponte de pié… Despierta, despierta Sión, revístete de fuerza…
 
Vendrá un día en que mi pueblo reconocerá mi nombre, cuando yo le diga: ¡Estoy contigo!
 
¡Qué hermosos son sobre los cerros los pies del mensajero que anuncia la paz, que trae la buena nueva y anuncia la victoria.
 
Grita de júbilo…, rompe a cantar de alegría…  Ensancha el espacio de tu tienda y de tus lonas;  Extiende tus moradas con libertad;  Clava tus estacas y alarga sus cuerdas porque te extenderás a derecha y a izquierda…  No temas, no quedarás en ridículo…, el Señor todopoderoso, tu Redentor es el Santo de Israel, -se llama Dios de toda la tierra-…
 
El Señor te llama de nuevo.
 
Abre el corazón a la esperanza. No dejes que te roben el tesoro de tu alma.
 
Con esta confianza seremos centinelas de la aurora.
 
Amén

EDD. lunes 18 de septiembre de 2017.

Fuente : http://evangeliodeldia.org/main.php?language=SP&module=readings&localdate=20170918
 
Lunes de la vigésima cuarta semana del tiempo ordinario
Primera Carta de San Pablo a Timoteo 2,1-8.
Ante todo, te recomiendo que se hagan peticiones, oraciones, súplicas y acciones de gracias por todos los hombres,
por los soberanos y por todas las autoridades, para que podamos disfrutar de paz y de tranquilidad, y llevar una vida piadosa y digna.
Esto es bueno y agradable a Dios, nuestro Salvador,
porque él quiere que todos se salven y lleguen al conocimiento de la verdad.
Hay un solo Dios y un solo mediador entre Dios y los hombres: Jesucristo, hombre él también,
que se entregó a sí mismo para rescatar a todos. Este es el testimonio que él dio a su debido tiempo,
y del cual fui constituido heraldo y Apóstol para enseñar a los paganos la verdadera fe. Digo la verdad, y no miento.
Por lo tanto, quiero que los hombres oren constantemente, levantando las manos al cielo con recta intención, sin arrebatos ni discusiones.
 
Salmo 28(27),2.7.8-9.
Oye la voz de mi plegaria,
cuando clamo hacia ti,
cuando elevo mis manos hacia tu Santuario.
el Señor es mi fuerza y mi escudo,
mi corazón confía en él.
Mi corazón se alegra porque recibí su ayuda:
por eso le daré gracias con mi canto.
El Señor es la fuerza de su pueblo,
el baluarte de salvación para su Ungido.
Salva a tu pueblo y bendice a tu herencia;
apaciéntalos y sé su guía para siempre
 
Evangelio según San Lucas 7,1-10.
Cuando Jesús terminó de decir todas estas cosas al pueblo, entró en Cafarnaún.
Había allí un centurión que tenía un sirviente enfermo, a punto de morir, al que estimaba mucho.
Como había oído hablar de Jesús, envió a unos ancianos judíos para rogarle que viniera a curar a su servidor.
Cuando estuvieron cerca de Jesús, le suplicaron con insistencia, diciéndole: «El merece que le hagas este favor,
porque ama a nuestra nación y nos ha construido la sinagoga».
Jesús fue con ellos, y cuando ya estaba cerca de la casa, el centurión le mandó decir por unos amigos: «Señor, no te molestes, porque no soy digno de que entres en mi casa;
por eso no me consideré digno de ir a verte personalmente. Basta que digas una palabra y mi sirviente se sanará.
Porque yo -que no soy más que un oficial subalterno, pero tengo soldados a mis órdenes- cuando digo a uno: ‘Ve’, él va; y a otro: ‘Ven’, él viene; y cuando digo a mi sirviente: ‘¡Tienes que hacer esto!’, él lo hace».
Al oír estas palabras, Jesús se admiró de él y, volviéndose a la multitud que lo seguía, dijo: «Yo les aseguro que ni siquiera en Israel he encontrado tanta fe».
Cuando los enviados regresaron a la casa, encontraron al sirviente completamente sano.
 
 
Comentario del Evangelio por  San Agustín (354-430), obispo de Hipona (África del Norte), doctor de la Iglesia Sermón 62
«Señor, yo no soy digno»
En la lectura del evangelio que acabamos de escuchar vemos cómo Jesús alaba nuestra fe juntamente con la humildad. Cuando ha prometido ir a curar al criado del centurión, éste ha contestado: «Señor, no te molestes; yo no soy quién para que entres bajo mi techo; dilo de palabra y mi criado quedará sano». Reconociéndose indigno, se muestra no sólo digno de que Cristo entre en su casa, sino también en su corazón…
Porque no habría sido ninguna dicha si el Señor hubiera entrado en su casa y no hubiera entrado también en su corazón. En efecto, Cristo, Maestro en humildad por su ejemplo y sus palabras, se sentó a la mesa en  casa de un fariseo orgulloso, llamado Simón (Lc 7,36s). Pero por mucho que estuviera en su mesa, no estaba en su corazón: allí «el Hijo del Hombre no tuvo donde reclinar su cabeza» (Lc 9,58). Aquí, ocurre lo contrario: no entra en la casa del centurión, pero posee su corazón…
Es pues la fe unida a la humildad lo que el Señor alaba en el centurión. Cuando éste dice: «Señor, no te molestes; yo no soy quién para que entres bajo mi techo», el Señor responde: «Os digo que ni en Israel he encontrado tanta fe»… El Señor vino primero, según la carne, al pueblo de Israel para buscar primero en ese pueblo su oveja perdida cf Lc 15,4)… Los demás, en tanto que hombres, no podemos conocer la medida de la fe de los hombres. Sólo él que ve el fondo del corazón, él a quien nadie engaña, que ha conocido lo que era el corazón de ese hombre al escuchar su palabra llena de humildad, y, a cambio, le dio una palabra que cura.
 
 
©Evangelizo.org 2001-2017
 

Ángelus: “Abrirse a la posibilidad de perdonar”

Fuente  :  https://es.zenit.org/articles/angelus-abrirse-a-la-posibilidad-de-perdonar/
Ser perdonado genera alegría, paz y libertad interior (traducción completa)
17 septiembre 2017Raquel AnilloAngelus y Regina Caeli, El papa Francisco
(ZENIT- Ciudad del Vaticano 17 de septiembre de 2017). – “Quien ha tenido la experiencia de la alegría, de la paz y de la libertad interior que viene del hecho de ser perdonado puede abrirse a la posibilidad de perdonar también”: el Papa Francisco ha consagrado su alocución antes del ángelus de este domingo 17 de septiembre de 2017, en la plaza San Pedro al evangelio del perdón de este domingo.
“Siempre debes perdonar ”, explica el Papa señalando que Dios perdona siempre. Concluye :” Que la Virgen María nos ayude a ser siempre más conscientes de la gratuidad y de la grandeza del perdón recibido de Dios, para ser misericordiosos como él, Padre bueno, lento a la cólera y grande en amor”.
Esta es nuestra traducción de las palabras del Papa antes y después del ángelus, que ha presidido en presencia de unos 30.000 visitantes.
AB/RA
Palabras del Papa Francisco antes del ángelus.
Queridos hermanos y hermanas, buenos días!
El pasaje del evangelio de este domingo (Cf. Mt 18,21-25) nos ofrece una enseñanza sobre el perdón, que no niega el mal hecho, pero reconoce que el ser humano, creado a imagen de Dios, es siempre más grande que el mal que comete.
San Pedro le pregunta a Jesús: “Si mi hermano comete faltas contra mí, cuantas veces debería perdonar?. Hasta siete veces?” (v. 21). A Pedro le parece mucho perdonar siete veces a una misma persona; y a nosotros nos puede parecer mucho hacerlo dos veces. Pero Jesús responde: “No te digo siete veces, sino hasta 70 veces siete” (v. 22), lo que quiere decir siempre: tu debes perdonar siempre.
Y lo confirma contando la parábola del rey misericordioso y del servidor sin piedad, en la cual muestra la incoherencia de aquel que había sido perdonado primero y rechaza el perdonar.
El rey de la parábola es un hombre generoso que, tiene compasión perdona una deuda enorme-“diez mil talentos” enorme- a un servidor que le suplica. Pero ese mismo servidor, cuando encuentra a otro servidor como él que le debe cien denarios-es decir, mucho menos, se comporta sin piedad, haciéndole meter en prisión. El comportamiento incoherente de este siervo es también el nuestro cuando rechazamos el perdón a nuestros hermanos. Mientras que el rey de la parábola es la imagen de Dios que nos ama con un amor rico en misericordia que nos acoge, nos: ama y nos perdona continuamente.
Desde nuestro bautismo, Dios nos ha perdonado, y nos perdona una deuda insolvente: el pecado original. Entonces con misericordia ilimitada, Él nos perdona todas las faltas tan pronto como mostramos solo un pequeño signo de arrepentimiento. Dios es así: misericordioso.
Cuando estamos tentados a cerrar nuestros corazones a los que nos han ofendido y ofrecemos excusas, recordemos las palabras del Padre Celestial al siervo despiadado: “Te he perdonado esta deuda porque me lo has pedido. No deberías tener tú también piedad de tu compañero, como yo la he tenido de ti?”(vs. 32-33). Quien ha tenido la experiencia de la alegría, de la paz y de la libertad interior que viene del hecho de haber sido perdonado puede abrirse a la posibilidad de perdonar él también.
En la oración del Padre Nuestro, Jesús ha querido la misma enseñanza que la de esta parábola. Ha puesto en relación directa el perdón que pedimos a Dios con el perdón que debemos conceder a nuestros hermanos: “perdonemos nuestras deudas como nosotros perdonamos a nuestros deudores” (Mt 6,12). El perdón de Dios es el signo de su amor desbordante para cada uno de nosotros; es el amor el que nos deja libres de alejarnos, como el hijo pródigo, pero que espera cada día nuestro retorno; es el amor cuidadoso del pastor por la oveja perdida; es la ternura que acoge a todo pecador que llama a su puerta. El Padre celestial-nuestro Padre – está lleno, lleno, de amor y nos lo quiere ofrecer, pero no puede hacerlo si cerramos nuestro corazón al amor de los otros.
Que la Virgen María nos ayude a ser más conscientes cada día de la gratuidad y de la grandeza del perdón recibido de Dios, para ser misericordiosos como él, Padre bueno, lento a la cólera y grande en amor.
Después del ángelus
Queridos hermanos y hermanas, Os saludo a cada uno de vosotros con afecto, Romanos y peregrinos venidos de diferentes países: familias, grupos parroquiales, asociaciones.
Saludo a los fieles de La Plata (Argentina), a los oficiales de la Escuela militar de Colombia y a los catequistas de Rho.
Saludo a los participantes de la carrera a pie Vía Pacis, que ha pasado por los lugares de culto de diferentes confesiones religiosas presentes en Roma. Deseo que esta iniciativa cultural y deportiva pueda favorecer el diálogo, la convivencia y la paz.
Saludo a los numerosos jóvenes venidos de Loreto acompañados por hermanos capuchinos, que han comenzado hoy una jornada de reflexión y de meditación: nos aportáis el “perfume” del santuario de la Santa Casa, gracias!.
Saludo también a los voluntarios Pro Loco y a los caminantes que comienzan hoy el relevo de Asís. Buena ruta!
Os deseo a todos un buen domingo. Y por favor, no os olvidéis de orar por mi. Buena suerte y adiós!.
© Traducción de ZENIT, Raquel Anillo
 
 

Comentario al evangelio de hoy sábado 16 de septiembre de 2017

El árbol de mi vida y Jesús el jardinero.

Sábado XXIII del tiempo ordinario
Por: H. Balam Loza, L.C.
Fuente: http://es.catholic.net/op/articulos/66763/el-arbol-de-mi-vida-y-jesus-el-jardinero.html

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Jesús, creo firmemente en Ti y te amo con todo mi corazón. Hoy paro por un momento de todos los quehaceres y quiero, como niño, contemplar el gran amor que me tienes. Quiero gozar por un instante de tu amor. ¡Qué gracia tan maravillosa poder estar aquí, contigo!
Evangelio del día (para orientar tu meditación)

Del santo Evangelio según san Lucas 6, 43-49
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «No hay árbol bueno que produzca frutos malos, ni árbol malo que produzca frutos buenos. Cada árbol se conoce por sus frutos. No se recogen higos de las zarzas, ni se cortan uvas de los espinos.
El hombre bueno dice cosas buenas, porque el bien está en su corazón; y el hombre malo dice cosas malas, porque el mal está en su corazón, pues la boca habla de lo que está lleno el corazón.
¿Por qué me dicen «Señor, Señor», y no hacen lo que yo les digo? Les voy a decir a quién se parece el que viene a mí y escucha mis palabras y las pone en práctica. Se parece a un hombre, que al construir su casa, hizo una excavación profunda, para echar los cimientos sobre la roca. Vino la creciente y chocó el río contra aquella casa, pero no la pudo derribar, porque estaba sólidamente construida.
Pero el que no pone en práctica lo que escucha, se parece a un hombre que construyó su casa a flor de tierra, sin cimientos. Chocó el río contra ella e inmediatamente la derribó y quedó completamente destruida».
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
Jesús, hoy te quiero contar algo que me pasó hace algunos días y que leyendo el Evangelio que me presentas, me ayudan a reflexionar. He aquí que hablando con un antiguo profesor mío, en un momento le dije que yo era un niño en comparación con él. El profesor se puso muy serio y me dijo: «usted ya no es un niño pues ha crecido y madurado».
Esto me hizo pensar en la vida. Yo puedo pensar que sigo siendo el mismo de hace dos, tres, cuatro años… pero en realidad el árbol de mi vida ha crecido y se ha consolidado. Veo que mis hermanos y amigos han ido abriéndose nuevos caminos y yo, a mi tiempo, he hecho lo mismo. En fin, que como diría mi querido profesor, yo ya no soy el niño de cuando tenía diez años. Soy un hombre.
Y, justamente, las palabras que me dices hoy dan luz a estas reflexiones. Mi vida no es para mí, mi vida es para otros, es para dar fruto. Veo que si bien he crecido aún tengo mucho que crecer y mucho para dar. A veces no sé qué es lo que tengo que hacer ni cuál es la mejor vía para caminar. Te pido, Jesús, que me ilumines en cada momento para que sepa caminar siempre por el recto camino. Quiero hacer tu voluntad, quiero escuchar tu palabra y ponerla en práctica. Tú eres el jardinero que sabes cómo cultivar el árbol de mi vida.

Recibimos un nuevo modo de ser, la vida de Cristo se vuelve también la nuestra: podemos pensar como Él, actuar como Él, ver el mundo y las cosas con los ojos de Jesús. Como consecuencia, podemos amar a nuestros hermanos, a partir de los más pobres y sufridores, como él lo ha hecho, y amarlos con su corazón y llevar así al mundo frutos de bondad, de caridad y de paz. Cada uno de nosotros es un sarmiento de la única vid, y todos juntos estamos llamados a llevar los frutos de este pertenencia común a Cristo y a su Iglesia.
(Homilía de S.S. Francisco, 3 de mayo de 2015).

Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Hoy, rezaré el rosario para poner en manos de María este árbol de mi vida, y para pedir por todos mis familiares, amigos y conocidos para que edifiquen su vida en los cimientos de tu palabra.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.