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Autor: Patricio Osiadacz

EDD. domingo 08 de octubre de 2017

Fuente :  http://evangeliodeldia.org/main.php?language=SP&module=commentary&localdate=20171008
 
Vigésimo séptimo Domingo del tiempo ordinario
Libro de Isaías 5,1-7.
Voy a cantar en nombre de mi amigo
el canto de mi amado a su viña.
Mi amigo tenía una viña
en una loma fértil.
La cavó, la limpió de piedras
y la plantó con cepas escogidas;
edificó una torre en medio de ella
y también excavó un lagar.
El esperaba que diera uvas,
pero dio frutos agrios.
Y ahora, habitantes de Jerusalén
y hombres de Judá,
sean ustedes los jueces
entre mi viña y yo.
¿Qué más se podía hacer por mi viña
que yo no lo haya hecho?
Si esperaba que diera uvas,
¿por qué dio frutos agrios?
Y ahora les haré conocer
lo que haré con mi viña:
Quitaré su valla, y será destruida,
derribaré su cerco y será pisoteada.
La convertiré en una ruina,
y no será podada ni escardada.
Crecerán los abrojos y los cardos,
y mandaré a las nubes
que no derramen lluvia sobre ella.
Porque la viña del Señor de los ejércitos
es la casa de Israel,
y los hombres de Judá
son su plantación predilecta.
¡El esperó de ellos equidad,
y hay efusión de sangre;
esperó justicia,
y hay gritos de angustia!
Salmo 80(79),9.12.13-14.15-16.19-20.
Tú sacaste de Egipto una vid,
expulsaste a los paganos y la plantaste;
extendió sus sarmientos hasta el mar
y sus retoños hasta el Río.
¿Por qué has derribado sus cercos
para que puedan saquearla todos los que pasan?
Los jabalíes del bosque la devastan
y se la comen los animales del campo.
Vuélvete, Señor de los ejércitos,
observa desde el cielo y mira:
ven a visitar tu vid,
la cepa que plantó tu mano,
el retoño que Tú hiciste vigoroso.
y nunca nos apartaremos de ti:
devuélvenos la vida e invocaremos tu Nombre.
¡Restáuranos, Señor de los ejércitos,
que brille tu rostro y seremos salvados!
 
Carta de San Pablo a los Filipenses 4,6-9.
Hermanos:
No se angustien por nada, y en cualquier circunstancia, recurran a la oración y a la súplica, acompañadas de acción de gracias, para presentar sus peticiones a Dios.
Entonces la paz de Dios, que supera todo lo que podemos pensar, tomará bajo su cuidado los corazones y los pensamientos de ustedes en Cristo Jesús.
En fin, mis hermanos, todo lo que es verdadero y noble, todo lo que es justo y puro, todo lo que es amable y digno de honra, todo lo que haya de virtuoso y merecedor de alabanza, debe ser el objeto de sus pensamientos.
Pongan en práctica lo que han aprendido y recibido, lo que han oído y visto en mí, y el Dios de la paz estará con ustedes.
Evangelio según San Mateo 21,33-43.
Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:
«Escuchen otra parábola: Un hombre poseía una tierra y allí plantó una viña, la cercó, cavó un lagar y construyó una torre de vigilancia. Después la arrendó a unos viñadores y se fue al extranjero.
Cuando llegó el tiempo de la vendimia, envió a sus servidores para percibir los frutos.
Pero los viñadores se apoderaron de ellos, y a uno lo golpearon, a otro lo mataron y al tercero lo apedrearon.
El propietario volvió a enviar a otros servidores, en mayor número que los primeros, pero los trataron de la misma manera.
Finalmente, les envió a su propio hijo, pensando: «Respetarán a mi hijo».
Pero, al verlo, los viñadores se dijeron: «Este es el heredero: vamos a matarlo para quedarnos con su herencia».
Y apoderándose de él, lo arrojaron fuera de la viña y lo mataron.
Cuando vuelva el dueño, ¿qué les parece que hará con aquellos viñadores?».
Le respondieron: «Acabará con esos miserables y arrendará la viña a otros, que le entregarán el fruto a su debido tiempo.»
Jesús agregó: «¿No han leído nunca en las Escrituras: La piedra que los constructores rechazaron ha llegado a ser la piedra angular: esta es la obra del Señor, admirable a nuestros ojos?
Por eso les digo que el Reino de Dios les será quitado a ustedes, para ser entregado a un pueblo que le hará producir sus frutos.»
 
Comentario del Evangelio por San Basilio (c. 330-379), monje y obispo de Cesárea en Capadocia, doctor de la Iglesia. Homilía 5 sobre el Hexaemerón, 6.
 
Dar fruto.
El Señor no cesa de comparar las almas humanas a las viñas: «Mi amigo tenía una viña en un fértil collado» (Is 5,1); «Planté una viña y la rodeé de una cerca» (Mt 21,33). Evidentemente que Jesús llama su viña a las almas humanas, que las ha cercado, como con una clausura, con la seguridad que dan sus mandamientos y la guarda que les proporcionan sus ángeles, porque «el ángel del Señor acampa en torno a sus fieles y los protege» (Sl 33,8). Seguidamente plantó alrededor nuestro como una empalizada poniendo en la Iglesia «en el primer puesto los apóstoles, en el segundo los profetas, en el tercero los maestros» (1C 12,28). Además, por los ejemplos de los santos hombres de otros tiempos, hace elevar nuestro pensamiento sin dejar que caiga en tierra donde serían pisados. Quiere que los ardores de la caridad, como los zarcillos de una vid, nos aten a nuestro prójimo y nos hagan descansar en él. Así, manteniendo constantemente nuestra deseo hacia el cielo, nos levantaremos como vides que trepan hasta las más altas cimas.
Nos pide también que consintamos en ser escardados. Ahora bien, un alma está escardada cuando aleja de ella las preocupaciones del mundo que no son más que una carga para nuestros corazones. Así, el que aleja de sí mismo el amor carnal y esta atado a las riquezas o que tiene por detestable y menospreciable la pasión por esta miserable y falsa gloria ha sido, por decirlo así, escardado, y respira de nuevo, desembarazado ya de la carga inútil de las preocupaciones de este mundo.
Pero, para mantenernos en la misma línea de la parábola, es preciso que no produzcamos únicamente madera, es decir, que vivamos con ostentación, ni que busquemos ansiosamente la alabanza de los de fuera. Es necesario que demos fruto reservando nuestras obras para ser mostradas tan sólo al verdadero propietario de la viña.

Homilía para la Eucaristía del domingo 08 de octubre de 2017.

Fuente : http://conferre.cl/comentario-evangelio-08-de-octubre/
P. Hernán Vargas, cp
Religioso Pasionista.
La bella imagen bíblica de la viña nos ha acompañado los domingos anteriores y especialmente hoy en la primera lectura y en el Evangelio.
El profeta Isaías nos ilumina con el canto del amigo a su viña. Y el Evangelio nos relata la parábola de un  hombre que plantó una viña. Los destinatarios son los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo, es decir, los que detentaban el poder religioso, a quienes les cuesta aceptar la mirada y el profetismo de Jesús. “Al oír estas parábolas, comprendieron que se refería a ellos”.
La Palabra de Dios, y esta parábola concretamente, nos invita a centrarnos en la persona de Jesús y su Reino. Estas dos realidades son inseparables. Ser cristiano es acoger y aceptar a Jesús y la novedad del Reino. Sin embargo, la realidad nos confirma que Jesús y el reinado de Dios muchas veces han sido rechazados o al menos resistidos. Pareciera que la fuerza del anti-reino es más poderosa. Estas fuerzas intentaron muchas veces apedrear al Hijo de Dios y acabar con él. Lograron matarlo colgándolo de un madero. Pero Dios lo resucitó al tercer día. Hch 10, 40.
Contemplando la realidad histórica del mundo de hoy, pareciera que el anti-reino avasalla triunfante con sus signos de muerte: injusticias y proyectos de guerra, hambre y marginación, derechos humanos conculcados impunemente, desprecio a la madre tierra. Se esperaba equidad y hay efusión de sangre, se espera justicia y hay gritos de angustia.
Los cristianos tenemos la certeza que la muerte, y todos los signos del anti-reino no tienen la última palabra. La piedra que rechazaron los constructores de la muerte es ahora la piedra angular de nuestra opción creyente: Jesús de Nazaret. El Reino es obra del Señor. Lentamente van creciendo. Dios nos lo ha confiado para que, como pueblo, lo hagamos producir frutos de Vida Nueva. Pero es necesario que el sarmiento esté unido a la vid.
El mismo Jesús, Señor de la Vida, nos devuelve la esperanza y robustece las rodillas vacilantes. “En el mundo encontrarán dificultades y tendrán que sufrir, pero tengan ánimo, yo he vencido al mundo”.

EDD. sábado 07 de octubre de 2017

Fuente : http://www.eucaristiadiaria.cl/dia_cal.php?fecha=2017-10-07
 
Sábado de la vigesimosexta semana del tiempo ordinario
Nuestra Señora del Rosario
Memoria obligatoria
Color: blanco
El 7 de octubre de 1571, Occidente fue liberado de la amenaza turca por la victoria de Lepanto, que se atribuyó a la recitación del Rosario. Hoy, no estamos invitados a conmemorar un acontecimiento lejano, sino a descubrir el lugar de María en el misterio de la salvación y a saludar a la Santa Madre de Dios como lo hizo el ángel Gabriel: ¡Ave María!
El Papa san Pío V instituyó esta fiesta.
 
Antífona de entrada Cf. Lc 1, 28. 42
Alégrate, María, llena de gracia, el Señor está contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre.
 
ORACIÓN COLECTA
Señor, derrama tu gracia en nuestros corazones, y ya que hemos conocido por el anuncio del Ángel la encarnación de tu Hijo Jesucristo, condúcenos por su Pasión y su Cruz, con la intercesión de la Virgen María, a la gloria de la resurrección. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.
 
LITURGIA DE LA PALABRA
Primera lectura
Se dedicaban a la oración en compañía de María, la madre de Jesús.
Lectura de los Hechos de los Apóstoles  1, 12-14
Después que Jesús subió al cielo, los Apóstoles regresaron del monte de los Olivos a Jerusalén: la distancia entre ambos sitios es la que está permitida recorrer en día sábado. Cuando llegaron a la ciudad, subieron a la sala donde solían reunirse. Eran Pedro, Juan, Santiago, Andrés, Felipe y Tomás, Bartolomé, Mateo, Santiago, hijo de Alfeo, Simón el Zelote y Judas, hijo de Santiago. Todos ellos, íntimamente unidos, se dedicaban a la oración, en compañía de algunas mujeres, de María, la madre de Jesús, y de sus hermanos.
 
Salmo responsorial   Lc 1, 46-55
R/. El Todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas.
Mi alma canta la grandeza del Señor, y mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi Salvador. Porque Él miró con bondad la pequeñez de su servidora. En adelante todas las generaciones me llamarán feliz.
Porque el Todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas: ¡su Nombre es santo! Su misericordia se extiende de generación en generación sobre aquéllos que lo temen.
Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los soberbios de corazón. Derribó a los poderosos de su trono y elevó a los humildes. Colmó de bienes a los hambrientos y despidió a los ricos con las manos vacías.
Socorrió a Israel, su servidor, acordándose de su misericordia, como lo había prometido a nuestros padres, en favor de Abraham y de su descendencia para siempre.
 
EVANGELIO
Aclamación al Evangelio  Cf. Lc 1, 28
Aleluya.
¡Alégrate, María, llena de gracia, el Señor está contigo, bendita tú eres entre las mujeres! Aleluya.
 
EVANGELIO
Concebirás y darás a luz un hijo.
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas   1, 26-38
El Ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen que estaba comprometida con un hombre perteneciente a la familia de David, llamado José. El nombre de la virgen era María.
El Ángel entró en su casa y la saludó, diciendo:
“¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor está contigo”.
Al oír estas palabras, ella quedó desconcertada y se preguntaba qué podía significar ese saludo.
Pero el Ángel le dijo:
“No temas, María, porque Dios te ha favorecido. Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús; Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin”.
María dijo al Ángel:
“¿Cómo puede ser eso, si yo no tengo relación con ningún hombre?”
El Ángel le respondió:
“El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso el niño será Santo y será llamado Hijo de Dios. También tu parienta Isabel concibió un hijo a pesar de su vejez, y la que era considerada estéril, ya se encuentra en su sexto mes, porque no hay nada imposible para Dios”.
María dijo entonces:
“Yo soy la servidora del Señor, que se haga en mí según tu Palabra”.
Y el Ángel se alejó.
 
Comentario al evangelio según  San Gregorio Magno.
Fuente : http://www.deiverbum.org/lc-01_26-38/
 
26-27. A María Virgen no se envía un ángel cualquiera, sino el arcángel San Gabriel. Procedía que viniese un ángel de los primeros a anunciar los misterios. Se le designa por su propio nombre, el cual muestra lo que vale en sus obras, pues el nombre de Gabriel significa “fortaleza de Dios” [1]. Por la fortaleza de Dios había de ser anunciado el que, siendo Dios de las virtudes y poderoso en la guerra para vencer en todas las batallas, venía a destruir las potestades del infierno. (Homiliae in Evangelia, 34)
34-35. Por las palabras: “Te hará sombra”, se significan las dos naturalezas de Dios encarnado. Pues la sombra se hace con la luz y con el cuerpo. El Señor es la luz por su divinidad. Y como la luz incorpórea había de tomar cuerpo en las entrañas de la Virgen, oportunamente se dice que la virtud del Altísimo le haría sombra, esto es, en ti el cuerpo de la humanidad recibirá la luz incorpórea de la divinidad. Se dice también esto a María por el dulce consuelo dado por el cielo. (Moralia 10,18)
A diferencia de nuestra santidad, se asegura singularmente que Jesucristo nacerá Santo. Pues nosotros, aunque nos hagamos santos, no nacemos tales, sino constreñidos por la condición de una naturaleza culpable, pudiendo decir con el profeta: “He aquí que he sido concebido en pecado,…” (Sal 50). Aquél verdaderamente ha nacido el sólo Santo, que no ha sido concebido de unión carnal alguna; que no -como neciamente creen los herejes- es uno en la humanidad y otro en la divinidad de modo que siendo un simple hombre concebido, luego Dios hubiera asumido su cuerpo. Sino que, anunciando el ángel y viniendo el Espíritu Santo, Verbo al punto en el seno, es decir, al instante es Verbo carne dentro del vientre; de donde sigue: “Será llamado,…”.(Moralia 18,34)
36-38. Por un misterio profundo, a causa de su concepción santa y su parto inefable, la misma Virgen fue Sierva del Señor y Madre, según la verdad de las dos naturalezas.(Moralia 18,34)
Notas
[1] Gabriel: hombre de Dios o Dios se ha mostrado fuerte.

Comentario al evangelio del día viernes 06 de octubre de 2017

¿Qué es la conversión?

Viernes XXVI del tiempo ordinario.
Por: H. Adrián Olvera, L.C.
 
Fuente:  http://es.catholic.net/op/articulos/66897/que-es-la-conversion.html

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Dame la gracia, Señor, de siempre optar por tu Amor.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Lucas 10,13-16

En aquel tiempo, Jesús dijo: «¡Ay de ti, ciudad de Corozaín! ¡Ay de ti, ciudad de Betsaida! Porque si en las ciudades de Tiro y de Sidón se hubieran realizado los prodigios que se han hecho en ustedes, hace mucho tiempo que hubieran hecho penitencia, cubiertas de sayal y de ceniza. Por eso el día del juicio será menos severo para Tiro y Sidón que para ustedes. Y tú, Cafarnaúm, ¿crees que serás encumbrada hasta el cielo? No. Serás precipitada en el abismo».
Luego, Jesús dijo a sus discípulos: «El que los escucha a ustedes, a mí me escucha; el que los rechaza a ustedes, a mí me rechaza y el que me rechaza a mí, rechaza al que me ha enviado».
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
Hemos escuchado muchas historias de personas que andaban caminando por las calles como muertos en vida. Personas que gastaban sus días, sus horas en cosas que no valían la pena. Sin embargo un día, por alguna razón, experiencia o circunstancia, cambiaron; de la foto gris pasaron a color, de las lágrimas pasaron a las sonrisas… de la muerte pasaron a la vida.
Cuando conocemos a alguien así, solemos decir «se convirtió», pero… ¿qué es la conversión?
La conversión es una luz que ilumina, que permite ver con claridad aquello que el corazón más desea. La conversión es un encuentro consiente con Aquél que me busca y que se revela; con Aquél que se muestra y me demuestra su grande y personal amor. La conversión no es un momento anecdótico en mi historia… es una decisión libre de cada día de seguir a Aquél que se ha mostrado, que se ha revelado.
Sin embargo, ante esta revelación, ante esta demostración de amor, se encuentra una respuesta. Una respuesta que exige un cambio… que podemos libremente escuchar; libremente aceptar o rechazar.
La conversión no es algo que le ha pasado a algunas personas… es una gracia que tenemos que pedir todos los días.

Así es Cristo para nosotros. Hay una dimensión de la experiencia cristiana que quizá dejamos un poco en la sombra: la dimensión espiritual y afectiva.
El sentirnos unidos por un vínculo especial al Señor como las ovejas a su pastor. A veces racionalizamos demasiado la fe y corremos el riesgo de perder la percepción del timbre de esa voz, de la voz de Jesús buen pastor, que estimula y fascina.
(Homilía de S.S. Francisco, 7 de mayo de 2017).

Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Ante el Santísimo, pedir la gracia al Señor de una verdadera conversión del corazón.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

EDD. viernes 06 de octubre de 2017

Fuente :  http://evangeliodeldia.org/main.php?language=SP&module=readings&localdate=20171003
 
Viernes de la vigésima sexta semana del tiempo ordinario
Libro de Baruc 1,15-22.
Ustedes dirán: Al Señor, nuestro Dios, pertenece la justicia; a nosotros, en cambio, la vergüenza reflejada en el rostro, como sucede en el día de hoy; vergüenza para los hombres de Judá y los habitantes de Jerusalén,
para nuestros reyes y nuestros jefes, para nuestros sacerdotes, nuestros profetas y nuestros padres.
Porque hemos pecado contra el Señor,
le hemos sido infieles y no hemos escuchado la voz del Señor, nuestro Dios, que nos mandaba seguir los preceptos que él puso delante de nosotros.
Desde el día en que el Señor hizo salir a nuestros padres del país de Egipto, hasta el día de hoy, hemos sido infieles al Señor, nuestro Dios, y no nos hemos preocupado por escuchar su voz.
Por eso han caído sobre nosotros tantas calamidades, así como también la maldición que el Señor profirió por medio de Moisés, tu servidor, el día en que hizo salir a nuestros padres del país de Egipto, para darnos una tierra que mana leche y miel. Esto es lo que nos sucede en el día de hoy.
Nosotros no hemos escuchado la voz del Señor, nuestro Dios, conforme a todas las palabras de los profetas que él nos envió.
Cada uno se dejó llevar por los caprichos de su corazón perverso, sirviendo a otros dioses y haciendo el mal a los ojos del Señor, nuestro Dios.
 
Salmo 79(78),1-2.3-5.8.9.
Oh Dios, los paganos invadieron tu herencia,
profanaron tu santo Templo,
hicieron de Jerusalén un montón de ruinas;
dieron los cadáveres de tus servidores
como pasto a las aves del cielo,
y la carne de tus amigos, a las fieras de la tierra.
Derramaron su sangre como agua
alrededor de Jerusalén,
y nadie les daba sepultura.
Fuimos el escarnio de nuestros vecinos,
la irrisión y la burla de los que nos rodean.
¿Hasta cuándo, Señor? ¿Estarás enojado para siempre?
¿Arderán tus celos como un fuego?
No recuerdes para nuestro mal
las culpas de otros tiempos;
compadécete pronto de nosotros,
porque estamos totalmente abatidos.
Ayúdanos, Dios salvador nuestro,
por el honor de tu Nombre;
líbranos y perdona nuestros pecados,
a causa de tu Nombre.
 
Evangelio según San Lucas 10,13-16.
¡Ay de ti, Corozaín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros realizados entre ustedes, hace tiempo que se habrían convertido, poniéndose cilicio y sentándose sobre ceniza.
Por eso Tiro y Sidón, en el día del Juicio, serán tratadas menos rigurosamente que ustedes.
Y tú, Cafarnaún, ¿acaso crees que serás elevada hasta el cielo? No, serás precipitada hasta el infierno.
El que los escucha a ustedes, me escucha a mí; el que los rechaza a ustedes, me rechaza a mí; y el que me rechaza, rechaza a aquel que me envió».
 
Comentario del Evangelio por Hugo de San Víctor (¿-1141), canónigo regular, teólogo. Tratado de los sacramentos de la fe cristiana, II, 1-2; PL 176, 415. 
 
«Quien a vosotros os escucha, a mí me escucha; quien a vosotros os rechaza, a mí me rechaza».
Como el aliento del hombre pasa por la cabeza para descender a los miembros y vivificarlos, también el Espíritu Santo viene a los cristianos a través de Cristo. La cabeza es Cristo, el miembro es el cristiano. Hay una cabeza y muchos miembros, un solo cuerpo formado por la cabeza y los miembros, y en este solo cuerpo un único Espíritu que está en plenitud en la cabeza y en participación en los miembros. Si, pues, no hay más que un cuerpo, tampoco hay más que un solo Espíritu. Quien no está en el cuerpo no puede ser vivificado por el Espíritu, según la palabra de la Escritura: «Quien no tiene el Espíritu de Cristo, no es de Cristo» (Rm 8, 9), porque quien no tiene el Espíritu de Cristo no es miembro de Cristo.
Nada de lo que forma parte del cuerpo está muerto; nada de lo que está separado del cuerpo, está vivo. Nosotros llegamos a ser miembros por la fe, somos vivificados por el amor. Por la fe recibimos la unidad, por la caridad recibimos la vida. El sacramento del bautismo nos une, el Cuerpo y la Sangre de Cristo nos vivifican. Por el bautismo llegamos a ser miembros del cuerpo, por el Cuerpo de Cristo participamos en su vida.

Comentario al evangelio de hoy jueves 05 de octubre de 2017.

Rogar y ponerse en camino.

Jueves XXVI del tiempo ordinario.
Por: H. IvánYoed González Aréchiga, L.C.
 
 
Fuente: http://es.catholic.net/op/articulos/66896/rogar-y-ponerse-en-camino.html

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Señor, yo confío en Ti, incluso más que en mí mismo. Pero confío en mí mismo porque confío en Ti. Quiero ofrecerte estos instantes para conocerte mejor. Y así vivir mi confianza en Ti de manera activa y creativa.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)

Del santo Evangelio según san Lucas 10, 1-12
En aquel tiempo, designó el Señor a otros setenta y dos discípulos y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares a donde pensaba ir, y les dijo: «La cosecha es mucha y los trabajadores pocos. Rueguen, por tanto, al dueño de la mies que envíe trabajadores a sus campos. Pónganse en camino; los envío como corderos en medio de lobos. No lleven ni dinero, ni morral, ni sandalias y no se detengan a saludar a nadie por el camino. Cuando entren en una casa, digan: ‘Que la paz reine en esta casa’. Y si allí hay gente amante de la paz, el deseo de paz de ustedes se cumplirá; si no, no se cumplirá. Quédense en esa casa. Coman y beban de lo que tengan, porque el trabajador tiene derecho a su salario. No anden de casa en casa. En cualquier ciudad donde entren y los reciban, coman lo que les den. Curen a los enfermos que haya y díganles: ‘Ya se acerca a ustedes el Reino de Dios’.
Pero si entran en una ciudad y no los reciben, salgan por las calles y digan: ‘Hasta el polvo de esta ciudad que se nos ha pegado a los pies nos lo sacudimos, en señal de protesta contra ustedes. De todos modos, sepan que el Reino de Dios está cerca’. Yo les digo que en el día del juicio, Sodoma será tratada con menos rigor que esa ciudad».
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

 

Rogar. Es importante rogar al Señor. Pero jamás hemos de olvidar: después de que Jesús nos dijo «rueguen», dijo «pónganse en camino». ¿Activismo? No, realismo. Jesús mismo vivía con tal ímpetu su vida, que parecería difícil no identificarlo como un activista. Sin embargo estaba muy lejos de serlo.
El activista tiene puesta su confianza en sí mismo. El cristiano tiene puesta su confianza en Dios, a quien conoce, con quien tiene contacto frecuente, con aquél que es su motivación y su fuerza. El cristiano vive con el deseo de imitar a Cristo y en ello encuentra su plenitud. Por ello nunca desespera: porque su fundamento es sólido. Incluso en tiempos de crisis, en tiempos de preguntas sabe acudir a Dios.
Jesús, incluso en Getsemaní, hablaba con el Padre. Incluso en el calvario, cuando se sintió abandonado, habló con el Padre. Y en sus días cotidianos, la mañana, y muchas de sus noches, las dedicaba a su Padre. La jornada la dedicaba a darle gloria con sus obras. Rogaba y se ponía en camino.
Rogar y ponerse en camino. Dios me ha regalado la inteligencia y la voluntad para darle gloria. Primero le doy gloria poniéndolas a su escucha. Después le doy gloria poniéndolas en acción según sus palabras.

Salir, ponerse en camino, encontrarse juntos, trabajar por la paz: no sólo son movimientos físicos, sino sobre todo del espíritu, son respuestas espirituales concretas para superar la cerrazón abriéndose a Dios y a los hermanos. Dios nos lo pide, exhortándonos a afrontar la gran enfermedad de nuestro tiempo: la indiferencia. Es un virus que paraliza, que vuelve inertes e insensibles, una enfermedad que ataca el centro mismo de la religiosidad, provocando un nuevo y triste paganismo: el paganismo de la indiferencia.
No podemos permanecer indiferentes.
(S.S. Francisco, discurso el 20 de septiembre de 2016).

Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Asistir, preferentemente, a una Hora Eucarística para hacer un balance de mis actitudes: ¿Puedo mejorar en algo mi vida?, ¿confío mucho y actúo poco? Si actúo mucho, ¿con que espíritu lo hago?, ¿con uno consciente de que todo lo que hago puede dar gloria a Dios?
Te pido la gracia, Señor, de crecer en la conciencia de que mi vida puede ser una continua alabanza.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

EDD. jueves 05 de octubre de 2017

Fuente :  http://evangeliodeldia.org/main.php?language=SP&module=commentary&localdate=20171005
Jueves de la vigésima sexta semana del tiempo ordinario
Libro de Nehemías 8,1-4a.5-6.7b-12.
Todo el pueblo se reunió como un solo hombre en la plaza que está ante la puerta del Agua. Entonces dijeron a Esdras, el escriba, que trajera el libro de la Ley de Moisés, que el Señor había dado a Israel.
El sacerdote Esdras trajo la Ley ante la Asamblea, compuesta por los hombres, las mujeres y por todos los que podían entender lo que se leía. Era el primer día del séptimo mes.
Luego, desde el alba hasta promediar el día, leyó el libro en la plaza que está ante la puerta del Agua, en presencia de los hombres, de las mujeres y de todos los que podían entender. Y todo el pueblo seguía con atención la lectura del libro de la Ley.
Esdras, el escriba, estaba de pie sobre una tarima de madera que habían hecho para esa ocasión. Junto a él, a su derecha, estaban Matitías, Semá, Anaías, Urías, Jilquías y Maaseías, y a su izquierda Pedaías, Misael, Malquías, Jasúm, Jasbadaná, Zacarías y Mesulám.
Esdras abrió el libro a la vista de todo el pueblo – porque estaba más alto que todos – y cuando lo abrió, todo el pueblo se puso de pie.
Esdras bendijo al Señor, el Dios grande y todo el pueblo, levantando las manos, respondió: «¡Amén! ¡Amén!». Luego se inclinaron y se postraron delante del Señor con el rostro en tierra.
Josué, Baní, Serebías, Iamín, Acub, Sabtai, Hodías, Maaseías, Quelitá, Azarías, Jozabad, Janán y Pelaías – los levitas – exponían la Ley al pueblo, que se mantenía en sus puestos.
Ellos leían el libro de la Ley de Dios, con claridad, e interpretando el sentido, de manera que se comprendió la lectura.
Entonces Nehemías, el gobernador, Esdras, el sacerdote escriba, y los levitas que instruían al pueblo, dijeron a todo el pueblo: «Este es un día consagrado al Señor, su Dios: no estén tristes ni lloren». Porque todo el pueblo lloraba al oír las palabras de la Ley.
Después añadió: «Ya pueden retirarse; coman bien, beban un buen vino y manden una porción al que no tiene nada preparado, porque este es un día consagrado a nuestro Señor. No estén tristes, porque la alegría en el Señor es la fortaleza de ustedes».
Y los levitas serenaban al pueblo, diciendo: «¡Tranquilícense! Este día es santo: no estén tristes».
Todo el pueblo se fue a comer y a beber, a repartir porciones y a hacer grandes festejos, porque habían comprendido las palabras que les habían enseñado.
Salmo 19(18),8.9.10.11.
La ley del Señor es perfecta,
reconforta el alma;
el testimonio del Señor es verdadero,
da sabiduría al simple.
Los preceptos del Señor son rectos,
alegran el corazón;
los mandamientos del Señor son claros,
iluminan los ojos.
La palabra del Señor es pura,
permanece para siempre;
los juicios del Señor son la verdad,
enteramente justos.
Son más atrayentes que el oro,
que el oro más fino;
más dulces que la miel,
más que el jugo del panal.
Evangelio según San Lucas 10,1-12.
El Señor designó a otros setenta y dos, y los envió de dos en dos para que lo precedieran en todas las ciudades y sitios adonde él debía ir.
Y les dijo: «La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha.
¡Vayan! Yo los envío como a ovejas en medio de lobos.
No lleven dinero, ni alforja, ni calzado, y no se detengan a saludar a nadie por el camino.
Al entrar en una casa, digan primero: ‘¡Que descienda la paz sobre esta casa!’.
Y si hay allí alguien digno de recibirla, esa paz reposará sobre él; de lo contrario, volverá a ustedes.
Permanezcan en esa misma casa, comiendo y bebiendo de lo que haya, porque el que trabaja merece su salario. No vayan de casa en casa.
En las ciudades donde entren y sean recibidos, coman lo que les sirvan;
curen a sus enfermos y digan a la gente: ‘El Reino de Dios está cerca de ustedes’.»
Pero en todas las ciudades donde entren y no los reciban, salgan a las plazas y digan:
‘¡Hasta el polvo de esta ciudad que se ha adherido a nuestros pies, lo sacudimos sobre ustedes! Sepan, sin embargo, que el Reino de Dios está cerca’.
Les aseguro que en aquel Día, Sodoma será tratada menos rigurosamente que esa ciudad.

Comentario del Evangelio por Benedicto XVI, papa 2005-2013.  comentario del Evangelio por Benedicto XVI, papa 2005-2013. Mensaje para la jornada mundial de la misiones 2006.

La caridad, alma de la misión
La misión, si no es fruto de la caridad, si no brota de un profundo acto de amor divino, corre el riesgo de reducirse a una simple actividad filantrópica y social. El amor que Dios tiene por cada persona constituye, en efecto, el corazón de la experiencia y del anuncio del Evangelio, y todos los que lo acogen se convierten, a su vez, en unos testigos. El amor de Dios que da vida al mundo es el amor que nos ha sido dado en Jesús, Palabra de salvación, icono perfecto de la misericordia del Padre celestial.
El mensaje salvífico podría muy bien resumirse con las palabras del evangelista Juan: “En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene: en que Dios envió al mundo a su Hijo único para que vivamos por medio de él” (1Jn 4,9). Jesús lo confió el mandamiento de difundir el anuncio de este amor, a sus apóstoles después de su resurrección, y los apóstoles, transformados interiormente el día de Pentecostés por el poder del Espíritu Santo, comenzaron a dar testimonio del Señor muerto y resucitado. Después la Iglesia ha seguido esta misma misión, que constituye, para todos los creyentes, un compromiso permanente al que no se puede renunciar.
 
 
 

Audiencia General del 4 de octubre de 2017 – Texto completo

Fuente  :   https://es.zenit.org/articles/audiencia-general-del-4-de-octubre-de-2017-texto-completo/

El Papa exhorta a ser “misioneros de esperanza hoy”

4 octubre 2017RedaccionAudiencia General

© L´Osservatore Romano

(ZENIT – 4 Oct. 2017).- El Papa ha celebrado audiencia general esta mañana a las 9:40 horas en la Plaza de san Pedro, donde le esperaban 15.000 peregrinos y fieles procedentes de Italia y de todos los lugares del mundo (dato de Radio Vaticano).

En su catequesis de hoy, el Papa ha hablado del tema: “Misioneros de esperanza hoy”, por ser en el mes de octubre, que en la Iglesia “está dedicado especialmente a la misión” –ha indicado el Papa– , y también en la fiesta de San Francisco de Asís, que fue un “gran misionero de esperanza”.

Después de resumir su catequesis en diversas lenguas, el Santo Padre ha saludado en particular a los grupos de fieles presentes. La audiencia general ha terminado con el canto del “Pater Noster” y la bendición apostólica.

A continuación, sigue el texto completo de la catequesis del Papa:

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

En esta catequesis quiero hablar sobre el tema de “Misioneros de esperanza hoy”. Me alegro de hacerlo a principios del mes octubre, que en la Iglesia está dedicado especialmente a la misión, y también en la fiesta de San Francisco de Asís, que fue un gran misionero de esperanza.

Efectivamente, el cristiano no es un profeta de desgracias. Nosotros no somos profetas de desgracias. La esencia de su anuncio es lo contrario, es lo contrario de la desgracia: es Jesús, muerto por amor, y que Dios ha resucitado en la mañana de Pascua. Y este es el núcleo de la fe cristiana. Si los Evangelios acabasen con la sepultura de Jesús, la historia de este profeta se sumaría a las muchas biografías de personajes heroicos que dieron la vida por un ideal. El Evangelio sería entonces un libro edificante, también consolador, pero no sería un anuncio de esperanza.

Pero los Evangelios no se acaban con el Viernes Santo, van más allá; y es precisamente este fragmento ulterior el que transforma nuestras vidas. Los discípulos de Jesús estaban abatidos ese sábado después de la crucifixión; la piedra que rodó en la puerta del sepulcro había cerrado también los tres años de entusiasmo que vivieron con el Maestro de Nazaret. Parecía que todo hubiese terminado, y algunos, decepcionados y asustados, ya se estaban yendo de Jerusalén.

¡Pero Jesús resurge! Este hecho inesperado cambia y subvierte las mentes y los corazones de los discípulos. Porque Jesús no resurge solo para sí mismo, como si su renacer fuera una prerrogativa que guardar con celo: si asciende al Padre es porque quiere que de su resurrección sea partícipe todo ser humano, y eleve a las alturas a toda criatura. Y en el día de Pentecostés los discípulos son transformados por el aliento del Espíritu Santo. No tendrán solamente una buena noticia para llevar a todos, sino que ellos mismos serán diferentes de cómo eran antes, como nacidos a una nueva vida. La resurrección de Jesús nos transforma con la fuerza del Espíritu Santo. Jesús está vivo, está vivo entre nosotros, vive y tiene la fuerza de transformar.

¡Qué hermoso es pensar que se es anunciador de la resurrección de Jesús no sólo con palabras sino con los hechos y el testimonio de la vida! Jesús no quiere discípulos solamente capaces de repetir fórmulas aprendidas de memoria. Quiere testigos: personas que propagan esperanza con su manera de acoger, de sonreír, de amar. Sobre todo de amar: porque la fuerza de la resurrección hace que los cristianos puedan amar aun cuando el amor parece haber perdido sus razones. Hay un “algo más” que habita la existencia cristiana, y que no se explica simplemente con la fuerza de ánimo o con un mayor optimismo. La fe, la esperanza no son solamente optimismo; son otra cosa, son más. Es como si los creyentes fueran personas con un “trozo de cielo” más sobre sus cabezas. Es hermoso: somos personas con un trozo de cielo más sobre la cabeza, acompañados por una presencia que alguno ni siquiera puede adivinar.

Por lo tanto, la tarea de los cristianos en este mundo es abrir espacios de salvación, como células de regeneración capaces de devolver la linfa a lo que parecía perdido para siempre. Cuando el cielo está nublado, es una bendición el que sabe hablar del sol. El verdadero cristiano es así: no quejumbroso y enfadado, sino convencido, por la fuerza de la resurrección, de que ningún mal es infinito, ninguna noche es interminable, ningún hombre está definitivamente equivocado, ningún odio es invencible por el amor.

Ciertamente, alguna vez los discípulos pagarán muy cara esta esperanza que les ha dado Jesús. Pensemos en los muchos cristianos que no han abandonado a su pueblo cuando ha llegado la hora de la persecución. Permanecieron allí, donde incluso el mañana era incierto, donde no se podían hacer proyectos, permanecieron esperando a Dios. Y pensemos en nuestros hermanos, en nuestras hermanas de Oriente Medio que dan testimonio de esperanza y ofrecen también su vida por este testimonio. ¡Estos son verdaderos cristianos! ¡Estos llevan el cielo en el corazón, miran más allá, siempre más allá!. Quien ha tenido la gracia de abrazar la resurrección de Jesús todavía puede esperar en lo inesperado. Los mártires de todos los tiempos, con su fidelidad a Cristo, dicen que la injusticia no es la última palabra en la vida. En Cristo resucitado podemos seguir esperando. Los hombres y las mujeres que tienen un “por qué” vivir resisten más que los otros en tiempos de desgracias. Pero quien tiene a Cristo a su lado realmente ya no teme nada. Y por esta razón, los cristianos, los verdaderos cristianos, nunca son hombres fáciles y complacientes. Su mansedumbre no debe confundirse con un sentido de inseguridad y de pasividad. San Pablo alienta a Timoteo a sufrir por el evangelio y dice así: “Dios no nos dio un espíritu de timidez, sino de fortaleza, de caridad y prudencia” (2 T 1,7). Caídos, siempre se levantan.

Por eso, queridos hermanos y hermanas, el cristiano es un misionero de la esperanza. No por su mérito, sino gracias a Jesús, el grano de trigo que, caído en la tierra, ha muerto y ha dado mucho fruto (Jn 12,24).

© Libreria Editrice Vaticana

Comentario al evangelio de hoy miércoles 04 de octubre de 2017.

Aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón.
Solemnidad de San Francisco de Asís.

Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré
Por: Sebastiano Maria Zanin, L.C
 
Fuente: Catholic.net 

Del Evangelio según san Mateo 11, 25-30
En esa oportunidad, Jesús dijo: «Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así lo has querido. Todo me ha sido dado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo sino el Padre, así como nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré. Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio. Porque mi yugo es suave y mi carga liviana.
Oración preparatoria
Oh, Señor, me has llamado, heme aquí. Vengo para hacer tu voluntad, para ofrecerte mi amor, para escuchar tu Palabra. No sé orar: infunde en mí tu Espíritu, y entonces seré como tú quieres que sea; seré digno de ti. Renuncio por ti a todo mal. No vengo solo: traigo conmigo a muchas almas, necesitadas, pobres, amadas como yo; te las encomiendo, únelas a tu vida. Todo esto te lo pido por la Pasión de tu Hijo, por el amor de tu Padre, por la vida de tu Espíritu. Santos ángeles y patronos, santos del cielo, María, recemos juntos al Señor. Amén.
Petición
Señor, que en mi corazón brote la gratitud, y de la gratitud el servicio. Amén.
Meditación
Jesús agradece a su Padre. No posee nada, vive constantemente en el camino, rodeado de gentes volubles que a lo mejor no lo entienden o, peor, lo quieren muerto. ¿agradece por qué?
Jesucristo da gracias porque se sabe Hijo, conoce quién es su Padre, y por lo mismo su mirada escruta más allá. Ve el mundo creado por la mano de Dios, y contempla con asombro todo el mal constantemente transformado en oro. Observa cómo brota del egoísmo la ofrenda, del sufrimiento la apertura a los demás, de la humillación la paciencia, de la ofensa y el pecado el amor.
Nos enseña a mirar con los ojos sencillos de quien, al investigar el universo, no se queda en el “cómo”, sino que busca también el “por qué”. Admira en toda la obra del universo –en su inmensidad, orden y fecundidad – la grandeza y el amor del Autor.
Para compartir su gozo se ha hecho hombre: pobre, perseguido e infinitamente amante. El Verbo de Dios espira al Amor (cfr. Santo Tomás de Aquino), y al asumir un Corazón de carne para aprender a amar como hombre nos hace amar como Dios. Nos ha unido en el fuego de la donación total.
Reflexión apostólica
Cuántas veces nos sentimos indignos frente a los retos de nuestra vida, u oprimidos por personas y sociedades malvadas. Y cuántas lo somos nosotros por nuestro comportamiento injusto, por inercia, por hábito o por una incontrolada pasión.
Junto a Cristo nos damos cuenta de que lo recibimos todo como un don; que no merecemos nada, que no podemos pretender nada. Y que, sin embargo, se nos ha dado mucho, muchísimo, y que cualquier cosa es una ocasión para amar. El Señor nos transmite la alegría y la sencillez de esta convicción.
San Juan nos enseña: “Amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios… Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor” (1Jn 4, 7a-8). Nos sentimos impulsados a dar, por el mismo hecho de haber recibido; a soportarlo todo sonriendo con mansedumbre y humildad para difundir en derredor este amor. No desconfiemos de nuestro trabajo, por nuestras limitaciones y la dureza de quien nos rodea: Dios es omnipotente y fiel, y todo hombre, por su parte, es capaz de Dios.
Propósito
Hoy me acercaré a San Francisco de Asís y le pediré que mi corazón sea humilde y generoso.
Diálogo con Cristo
Oh, Señor, gracias por existir. Gracias por ser tú quien eres. Gracias por tu gloria inmensa, por tu hermosura soberana, por tu inmenso amor. Realmente no acabo de entender por qué me amas. No me explico cómo pudiste hacer tanto por mí, por nosotros. No existíamos y nos creaste, nos olvidamos que existías y te revelaste, pecamos y nos redimiste. Éramos infelices, y te hiciste, Dios, como uno de nosotros. Estábamos divididos y nos hicistes padres, hijos, hermanos. Ahora que me descubriste tu vida, que me acogiste en tu corazón, no me permitas defraudarte. No permitas que vuelva a pecar, no permitas nunca más que me olvide ni un instante de mirar, de agradecer y de servir. Tú eres mi vida, Señor. Amén

Homilía para la Eucaristía de Solemnidad de San Francisco de Asís.

SOLEMNIDAD DE SAN FRANCISCO.

Eclesiástico 50,1.3-7: el autor elogia al sumo sacerdote Simón, que en sus días consolidó el santuario, que estaba arruinado por las invasiones foráneas.

Gálatas 6,14-18: final de la carta. La verdadera gloria del cristiano está en la cruz de Cristo, por la que el creyente llega a ser una nueva creatura.

Mateo 11,25-30: Jesús alaba al Padre, porque reveló a los pequeños, a los simples, los misterios del Reino de Dios.

 

1.- La liturgia nos propone estos textos en esta fiesta de san Francisco. Textos que tienen que ver con la vivencia de la fe del hermano Francisco, elegido por el Señor. Sabemos por su vida cómo él fue elegido para reparar la Iglesia de Cristo, que estaba en ruinas. Y de hecho, con su vida y su palabra, con su obra y seguidores contribuyó a la reparación de esta Iglesia de Cristo, que siempre necesita ser reparada. Si bien el Señor prometió que el mal nunca la vencería, sin embargo el material que construye a la Iglesia es frágil, somos nosotros mismos.

El tiempo contribuye al deterioro de las construcciones, las lluvias y sismos; hay que estar siempre reparando. “Francisco, repara mi Iglesia”, vuelve a decir hoy el Señor. ¿A quién se lo dice? A nosotros, que formamos la Iglesia del Señor.

2.- Hace casi una semana celebraba la liturgia a san Miguel arcángel, patrono de nuestra parroquia. Pasó sin pena ni gloria. Hoy lo unimos al santo de Asís. ¡Feliz coincidencia! En varios escritos de san Francisco aparece san Miguel arcángel, a quien el santo invoca como protector.

“Miguel” significa: “¡Quién como Dios”! Hoy día podría decirse: “Dios es lo máximo, el único absoluto en la vida”.

Cuando a Dios se le pretende sacar de la sociedad, cuando la soberbia del hombre pretende suplantar a Dios, ahí está el grito: ¡Quién como Dios! Francisco gritaba y gritaría hoy: “El Amor no es amado”. No hay nadie más grande e importante que Dios.

3.- Esta corriente que puede tener varios nombres: laicismo, ateísmo, secularismo, agnosticismo, etc., viene siendo como un sismo de altos grados que ha producido en la Casa del Señor, su Iglesia, su Pueblo, grietas y daños estructurales. Nuevamente nos dice el Señor: “Repara mi Iglesia, que se agrieta, amenaza ruina”. Repara mi Iglesia, ya que muchos prefieren un cristianismo “light”, barato, que no entusiasma a nadie.

He aquí, hermanos, a dos personajes que nos vienen a motivar: Miguel y Francisco. Ambos proclaman el absoluto de Dios, ambos nos dicen que sólo Dios es grande y necesario. Y Francisco con su estilo de vida lo dice todo.

4.- ¿Cómo podemos nosotros reparar a la Iglesia? A la manera de Francisco, volver a la radicalidad del evangelio, tomar en serio lo que Jesús nos dejó: una forma de vida que acepta la soberanía de Dios.

Francisco quiso vivir esto, lo que le llevó a realizar ciertas rupturas, romper con el mundo y cristianismo aburguesado de su tiempo. Su gloria fue Cristo. Hoy otro Francisco, que pronto nos visitará, intenta hacer lo mismo.

También nosotros podemos y debemos realizar algunas rupturas: romper con la idolatría del dinero, que sea el ser humano el centro de la economía, no el dinero; romper con el ídolo del poder, que no sea para beneficio de algunos, sino para el servicio de todos; romper con el hedonismo, que no sea el placer un fin en sí mismo que lleva a destruir a la persona humana. Y optar, como Francisco, por el respeto a todo: al medio ambiente, al ser humano: el inmigrante, al de otra raza, de cualquier condición social y sexual.

Seamos verdaderos discípulos hoy, así como lo fue Francisco.

Celebremos al Señor, hermanos, porque ha dado a conocer todo esto a los sencillos.

 

                                                 Hermano Pastor Salvo Beas.