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Autor: Patricio Osiadacz

Audiencia general 11 de octubre de 2017 – Texto completo

Fuente :  https://es.zenit.org/articles/audiencia-general-11-de-octubre-de-2017-texto-completo/

El tema de la catequesis ha sido “la espera vigilante”

11 octubre 2017RedaccionAudiencia General

Audiencia general 11/10/2017 © L´Osservatore Romano.

(ZENIT – 11 Oct. 2017).- La audiencia general ha tenido lugar esta mañana a las 9:20 horas en la Plaza de san Pedro donde el papa Francisco ha encontrado a los grupos de peregrinos y fieles procedentes de Italia y de todos los lugares del mundo.

En su 37ª catequesis sobre la esperanza cristiana, el  Papa ha hablado del tema: “La espera vigilante”.

Después de resumir su catequesis en diversas lenguas, el Santo Padre ha saludado en particular a los grupos de fieles presentes y a continuación ha invitado a rezar el Rosario por la intención de la paz en el mundo, recordando el final de las celebraciones del centenario de las apariciones de la Virgen en Fátima el 13 de octubre. Asimismo ha lanzado un llamamiento con motivo del Día Internacional para la Reducción de los Desastres Naturales.

La audiencia general ha terminado con el canto del  Pater Noster  y la  bendición apostólica.

Catequesis del Santo Padre

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Hoy me gustaría hablar de esa dimensión de  la esperanza que es la espera vigilante. El tema de la vigilancia es uno de los hilos conductores del Nuevo Testamento. Jesús predica a sus discípulos: “Estén ceñidos vuestros lomos y las lámparas encendidas y sed como hombres que esperan a  que su señor vuelva de la boda, para que, en cuanto llegue y llame, al instante le abran “(Lc 12.35 a 36). En este tiempo que sigue a la resurrección de Jesús, donde se alternan constantemente los  momentos serenos con los angustiosos,   los cristianos no se apoltronan. El Evangelio recomienda que sean  como sirvientes que nunca se van a dormir hasta que su amo haya vuelto. Este mundo nos exige responsabilidad, y  nosotros la asumimos enteramente y con amor . Jesús quiere que nuestra existencia sea laboriosa, que no bajemos la guardia, para recibir con gratitud y maravilla cada nuevo día que Dios nos  da. Cada mañana es una página en blanco que el cristiano comienza a escribir con las buenas obras. Ya estamos salvados por la redención de Jesús, pero ahora esperamos la manifestación plena de su señorío: cuando finalmente Dios será todo en todos (cf. 1 Cor 15,28). Nada hay más cierto en la fe de los cristianos que esta “cita”, esta cita con el Señor, cuando venga. Y cuando llegue ese día, los cristianos quieren ser como aquellos servidores que pasaron la noche  con los lomos ceñidos  y las lámparas encendidas: hay que estar preparados  para la salvación que llega, preparados para el encuentro. ¿Habéis pensado cómo será ese encuentro con Jesús, cuándo venga?. ¡Será un abrazo, una alegría enorme, una gran alegría! Tenemos que vivir a la espera de ese encuentro.

El cristiano no está hecho para el aburrimiento; si acaso para la paciencia. Sabe que  también en la monotonía de algunos días siempre iguales se oculta  un misterio de  gracia. Hay personas que con la perseverancia de su amor se vuelven como pozos que riegan el desierto. Nada sucede en vano, y ninguna situación en la que un cristiano esté inmerso es completamente refractaria al amor. Ninguna noche es tan larga como para olvidar la alegría de la aurora. Y cuánto más oscura es la noche, más cerca está la aurora. Si permanecemos unidos a Jesús, el frío de los momentos difíciles no nos paraliza; y aunque todo el mundo predicase contra la esperanza, si dijera  que el futuro sólo traerá  nubes oscuras, el cristiano sabe que en ese mismo futuro está el retorno de Cristo.  Nadie  sabe cuándo sucederá, pero el pensamiento de que al final de nuestra historia estará Jesús misericordioso, es suficiente para tener confianza y para no maldecir la vida. Todo se salvará. Todo. Sí, habrá momentos que susciten rabia  e indignación, pero el dulce y poderoso recuerdo de Cristo  ahuyentará la tentación de pensar que esta vida es equivocada.

Después de conocer a Jesús, no podemos hacer otra cosa sino escrutar la historia con confianza y esperanza. Jesús es como una casa, y  nosotros estamos dentro, y desde las ventanas de esta casa miramos al mundo. Por eso no nos encerremos en nosotros mismos, no añoremos con melancolía un pasado  que se presume dorado: miremos siempre adelante, a un futuro  que no es sólo la obra de nuestras manos, sino que, sobre todo, es una preocupación constante de la providencia de Dios. Todo lo que  es opaco un día se convertirá en luz.

Y tengamos en cuenta que Dios no se desmiente. Nunca. Dios no defrauda nunca. Su voluntad respecto a   nosotros no es nebulosa,   sino un proyecto de salvación bien definido: “Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento pleno de la verdad” (1 Tm 2,4). Por lo tanto, no nos abandonemos  al flujo de los acontecimientos con pesimismo, como si la historia fuera un tren del que hemos perdido el control. La resignación no es una virtud cristiana. Como no es  propio de los cristianos  alzar los hombros o bajar la cabeza frente a un destino que parece ineluctable.

Los que dan esperanza al mundo nunca son  personas pasivas. Jesús nos recomienda que lo esperamos sin estar mano sobre mano: “Dichosos los siervos que el señor al venir encuentre despiertos” (Lc 12,37). No hay  constructor de  paz que, a fin de cuentas,  no haya comprometido su paz personal, asumiendo los problemas de los demás. El pasivo  no es un constructor de paz, sino un perezoso, uno que quiere estar cómodo. Mientras el cristiano es un constructor de paz cuando se arriesga, cuando tiene el valor de arriesgarse para llevar el bien, el bien que Jesús nos ha dado, que nos ha dado como un tesoro.

Todos los días de nuestras vidas, repitamos la invocación  que los primeros discípulos, en arameo, expresaban con las palabras Marana tha, y que nos encontramos en el último versículo de la Biblia: “¡Ven, Señor Jesús” (Ap 22:20). Es el estribillo de toda existencia cristiana: en nuestro mundo no necesitamos nada  más que una caricia de Cristo. ¡Qué gracia si, en la oración, en los días difíciles de esta vida, escuchamos su voz que responde  y nos tranquiliza!: “Mira, vengo pronto” (Ap 22: 7).

Llamamientos

El viernes próximo, 13 de octubre, termina  el centenario de las últimas apariciones marianas en Fátima. Con la mirada puesta  en la Madre del Señor y  Reina de las Misiones, invito a todos, especialmente este mes de octubre, a rezar el Santo Rosario por la intención de la paz en el mundo. Que la oración mueva a los ánimos más  agresivos para que ” aparten de su corazón, de sus palabras y de sus gestos la violencia, y a construir comunidades no violentas, que cuiden de la casa común. «Nada es imposible si nos dirigimos a Dios con nuestra oración. Todos podemos ser artesanos de la paz” (Mensaje de la 50 Jornada Mundial de la Paz, 1 de enero de 2017).

El mismo día, 13 de octubre, se celebra el Día Internacional para la Reducción de los Desastres Naturales. Renuevo mi sincero llamamiento a la salvaguardia de la creación mediante una defensa y un  cuidado del medio ambiente cada vez más atentos. Exhorto, por lo tanto, a las instituciones y a cuantos  tienen responsabilidad pública y social a que promuevan cada vez más  una cultura cuyo objetivo sea la reducción de la exposición a los riesgos y peligros naturales. ¡Que las acciones concretas, encaminadas al estudio y a la defensa de la casa común, reduzcan progresivamente los riesgos para las poblaciones más vulnerables!.

Comentario al evangelio de hoy miércoles 11 de octubre de 2017.

Verdaderamente «yo» delante de Dios.

Miércoles XXVII del tiempo ordinario.
Por: H. IvánYoed González Aréchiga, L.C.
 
 
Fuente: http://es.catholic.net/op/articulos/67022/verdaderamente-yo-delante-de-dios.html 

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Señor, siento que no te conozco. Si te pido humildemente el don de conocerte mejor, ¿me escucharás? Dios, Tú eres bueno, eres la Bondad misma. Confío en Ti. Confío que me otorgarás el don de conocerte mejor. ¡Ven Espíritu Santo!
Evangelio del día (para orientar tu meditación)

Del santo Evangelio según san Lucas 11,1-4
Un día, Jesús estaba orando y cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: «Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos».
Entonces Jesús les dijo: «Cuando oren, digan: Padre, santificado sea tu nombre, venga tu Reino, danos hoy nuestro pan de cada día y perdona nuestras ofensas, puesto que también nosotros perdonamos a todo aquel que nos ofende, y no nos dejes caer en tentación».
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio.
Tantos, tantos cristianos ha habido en esta tierra de los cuales se dice que hablaban con Dios. Los llamamos santos. Son modelos de vida. Maestros de oración. Unos pasaban horas delante de Cristo en el Sagrario. Otros lo alababan entre paisajes que reconocían como la creación de Dios. Disfrutaban con Él. Lloraban con Él. En Él colocaban su cansancio, con Él desahogaban todo su ser. Con Él estaban verdaderamente. Y Él estaba verdaderamente con ellos.
Yo tengo un deseo de aprender a orar así. De aprender a orar, a hablar como hablo con cualquier persona. De contarle a Dios tantas cosas. De abandonar el formalismo de una tradición, que no sé cómo se formó, para presentarme verdaderamente como soy delante de Él. A veces dudo que pueda lograrlo. Tantas veces me regresa una intuición, que no sé por qué me creo, de que no seré capaz de orar como los santos… pero, ¿es que debo orar «como los santos»?
Ante todo, ¡debo orar como yo soy! Si soy apasionado, entonces pongo mi pasión delante de Dios. Si estoy enojado, entonces es una persona enojada la que se presentará delante de Dios. Si estoy lleno de miedos, entonces será un «yo» lleno de miedos el que se presentará ante Dios. Me presentaré, en pocas palabras, a mí mismo tal cual como soy y me encuentro. Y no como lo haría el «otro», sino solo como lo haría yo. Después de todo, eso es lo que hacían y hacen los que han aprendido a orar. Ése es el camino, tan sencillo (y también a veces tan complicado) que se debe recorrer.
Señor, te pido la gracia de saber orar humanamente, no idealistamente. De saber orar simplemente como soy yo. Gracias por querer enseñarme a orar.

Nosotros a menudo rezamos a Jesús, rezamos al Padre, especialmente cuando rezamos el Padre Nuestro, pero no tan frecuentemente rezamos al Espíritu Santo. Es verdad ¿no? El olvidado. Y necesitamos pedir su ayuda, su fortaleza, su inspiración. El Espíritu Santo, que ha animado por entero la vida y el ministerio de Jesús, es el mismo Espíritu que hoy guía la existencia cristiana. La existencia de un hombre, una mujer, que se dicen y quieren ser cristianos. Poner bajo la acción del Espíritu Santo nuestra vida de cristianos y la misión, que todos hemos recibido en virtud del Bautismo, significa reencontrar la valentía apostólica necesaria para superar fáciles comodidades mundanas.
(Homilía de S.S. Francisco, 11 de enero de 2015).

Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Hoy buscaré un momento para estar con Dios tal cual soy. No necesariamente le diré «cosas», quizás en ese momento no tendré nada que decir. Lo importante es que hoy quiero comenzar un camino (o continuarlo) en donde seré verdaderamente yo delante de Dios.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
 

EDD. miércoles 11 de octubre de 2017

Fuente :  http://evangeliodeldia.org/main.php?language=SP&module=readings&localdate=20171010
 
Miércoles de la vigésima séptima semana del tiempo ordinario
Libro de Jonás 4,1-11.
Jonás se disgustó mucho y quedó muy enojado.
Entonces oró al Señor, diciendo: «¡Ah, Señor! ¿No ocurrió acaso lo que yo decía cuando aún estaba en mi país? Por eso traté de huir a Tarsis lo antes posible. Yo sabía que tú eres un Dios bondadoso y compasivo, lento para enojarte y de gran misericordia, y que te arrepientes del mal con que amenazas.
Ahora, Señor, quítame la vida, porque prefiero morir antes que seguir viviendo».
El Señor le respondió: «¿Te parece que tienes razón para enojarte?».
Jonás salió de Nínive y se sentó al este de la ciudad: allí levantó una choza y se sentó a la sombra de ella, para ver qué iba a suceder en la ciudad.
Entonces el Señor hizo crecer allí una planta de ricino, que se levantó por encima de Jonás para darle sombra y librarlo de su disgusto. Jonás se puso muy contento al ver esa planta.
Pero al amanecer del día siguiente, Dios hizo que un gusano picara el ricino y este se secó.
Cuando salió el sol, Dios hizo soplar un sofocante viento del este. El sol golpeó la cabeza de Jonás, y este se sintió desvanecer. Entonces se deseó la muerte, diciendo: «Prefiero morir antes que seguir viviendo».
Dios le dijo a Jonás: «¿Te parece que tienes razón de enojarte por ese ricino?». Y él respondió: «Sí, tengo razón para estar enojado hasta la muerte».
El Señor le replicó: «Tú te conmueves por ese ricino que no te ha costado ningún trabajo y que tú no has hecho crecer, que ha brotado en una noche y en una noche se secó,
y yo, ¿no me voy a conmover por Nínive, la gran ciudad, donde habitan más de ciento veinte mil seres humanos que no saben distinguir el bien del mal, y donde hay además una gran cantidad de animales?».
 
Salmo 86(85),3-4.5-6.9-10.
Tú eres mi Dios: ten piedad de mí, Señor,
porque te invoco todo el día;
reconforta el ánimo de tu servidor,
porque a ti, Señor, elevo mi alma.
Tú, Señor, eres bueno e indulgente,
rico en misericordia con aquellos que te invocan:
¡atiende, Señor, a mi plegaria,
escucha la voz de mi súplica!
Todas las naciones que has creado
vendrán a postrarse delante de ti,
y glorificarán tu Nombre, Señor,
porque tú eres grande, Dios mío,
y eres el único que hace maravillas.
 
Evangelio según San Lucas 11,1-4.
Un día, Jesús estaba orando en cierto lugar, y cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: «Señor, enséñanos a orar, así como Juan enseñó a sus discípulos».
El les dijo entonces: «Cuando oren, digan: Padre, santificado sea tu Nombre, que venga tu Reino;
danos cada día nuestro pan cotidiano;
perdona nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a aquellos que nos ofenden; y no nos dejes caer en la tentación».
 
Comentario del Evangelio por Homilía del siglo V sobre la oración. Atribuida erróneamente a san Juan Crisóstomo; PG 64, 461 (cf. breviario, viernes después de Ceniza).
 
«Enséñanos a orar».
El bien supremo es la oración, la conversación familiar con Dios. Ésta es la relación que tenemos con Dios y la unión con él. Igual que los ojos del cuerpo quedan iluminados al ver la luz, asimismo el alma que tiende hacia Dios queda iluminada por su inefable luz. La oración no es efecto de una actitud exterior sino que viene del corazón. No queda reducida a unas horas o a momentos determinados sino que es una actividad continua, tanto de día como de noche. No nos contentemos orientando nuestro pensamiento a Dios durante el tiempo dedicado exclusivamente a la oración, sino que cuando otras ocupaciones nos absorben –como son el cuidado de los pobres o cualquier otra ocupación dirigida a una obra buena y útil- es importante mantener al mismo tiempo el deseo y el recuerdo de Dios, a fin de ofrecer al Señor del universo un alimento muy suave, sazonado con la sal del amor de Dios. Podemos sacar de ahí una gran ventaja para toda la vida si consagramos a ella buena parte de nuestro tiempo.
La oración es la luz del alma, el verdadero conocimiento de Dios, la mediación entre Dios y los hombres. A través de ella el alma se eleva hacia el cielo y abraza al Señor con un abrazo inexpresable. Como un niño de pecho hace con su madre, el alma llama a Dios llorando, hambrienta de la leche divina. Expresa sus deseos más profundos y recibe regalos que sobrepasan todo lo que se puede ver en la naturaleza. La oración con la cual nos presentamos con respeto delante de Dios, es gozo para el corazón y descanso del alma.

Santa Marta: La omnipotencia de Dios se manifiesta en su misericordia

Fuente :  https://es.zenit.org/articles/santa-marta-la-omnipotencia-de-dios-se-manifiesta-en-su-misericordia/

Reflexión a partir del Libro de Jonás.

10 octubre 2017Rosa Die AlcoleaEl papa Francisco

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Santa Marta © Osservatore Romano

(ZENIT – 10 Oct. 2017).- “Los obstinados olvidan que Dios, que la omnipotencia de Dios, se manifiesta sobre todo en su misericordia y en el perdón”, apuntó el Papa.

La Liturgia del segundo martes de octubre (día 10) propone reflexionar, con el Libro de Jonás, sobre un “diálogo entre la misericordia, la penitencia, la profecía y la terquedad”, si bien sobre todas “vence la misericordia”, señaló el Papa en la homilía de la misa celebrada en Santa Marta esta mañana.

“Este es el mensaje de este libro profético”, y recomendó: “Yo me permito aconsejarles hoy que tomen la Biblia y lean este Libro de Jonás, –son tres páginas– y que vean cómo actúa el Señor, cómo es la misericordia del Señor, cómo el Señor trasforma nuestros corazones. Y dar gracias al Señor porque Él es tan misericordioso”.

El Papa señaló la negación de Jonás a cumplir la misión que el Señor le había encomendado, es decir, convertir a la gente de Nínive, aunque luego sí lo hace, “desdeñado” porque Dios, viendo el arrepentimiento de la ciudad, la perdona. Es un “pusilánime” –observó el Papa– con “el alma almidonada”.

Francisco ha advertido que “los tozudos de alma, los rígidos, no comprenden lo que es la misericordia de Dios. Son como Jonás: ‘Debemos predicar esto, que estos sean castigados porque han hecho el mal y deben ir al inferno…’. Los rígidos no saben ensanchar el corazón como el Señor. Los rígidos son pusilánimes, con el pequeño corazón cerrado allí, apegados a la justicia desnuda. Y olvidan que la justicia de Dios se ha hecho carne en su Hijo; se ha hecho misericordia, se ha hecho perdón; que el corazón de Dios siempre está abierto al perdón”.

Así, el Papa ha explicado que “no es fácil comprender la misericordia de Dios, no es fácil. Se necesita tanta oración para poder comprenderla, porque es una gracia”. y ha advertido que “Dios habría podido abandonar a Jonás. Dejarlo a su tozudez. Y, en cambio, lo salvó, como salvó a la gente de Nínive”. Sí –ha dicho el Papa– porque es el “Dios de la paciencia”, que sabe acariciar y que sabe “ensanchar los corazones”.

Comentario al evangelio de hoy martes 10 de octubre de 2017.

La oración y la acción apostólica.

Martes XXVII del tiempo ordinario.
Por: H. Cristian Gutiérrez, L.C.
 
Fuente: http://es.catholic.net/op/articulos/66993/la-oracion-y-la-accion-apostolica.html

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Señor vengo porque quiero estar contigo. Quiero poner en tus manos todas mis preocupaciones, mis cansancios, mis esfuerzos, mis victorias y mis derrotas. Orar, hablar, estar contigo es un descanso para mi alma. Te pido aumentes mi fe, mi esperanza y mi caridad. Necesito de estas tres virtudes para estar siempre en tu camino, siguiéndote con amor, alegría y generosidad.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)

Del santo Evangelio según san Lucas 10,38-42
En aquel tiempo, entró Jesús en un poblado, y una mujer, llama da Marta, lo recibió en su casa. Ella tenía una hermana, llama da María, la cual se sentó a los pies de Jesús y se puso a escuchar su palabra. Marta, entre tanto, se afanaba en diversos quehaceres, hasta que, acercándose a Jesús, le dijo: «Señor, ¿no te has dado cuenta de que mi hermana me ha dejado sola con todo el quehacer? Dile que me ayude».
El Señor le respondió: «Marta, Marta, muchas cosas te preocupan y te inquietan, siendo así que una sola es necesaria. María escogió la mejor parte y nadie se la quitará».
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
Muchas veces he escuchado reproches por Marta, dado que María había escogido la mejor parte. Es como si Marta estuviera haciendo mal, no, se puede ver este pasaje desde otra perspectiva.
Dice el texto que Marta fue quien te recibió en su casa. La casa era de Marta, ella fue la que te acogió. María pudo escucharte dado que Marta te dio albergue. Sin Marta, María no habría podido elegir la parte que escogió.
Marta y María pueden ser dos imágenes de ese aspecto de nuestro carisma como miembros del Regnum Christi: contemplativos y evangelizadores; la oración y la acción apostólica.
María representa esa parte contemplativa de quien se sienta a tus pies para escuchar tu mensaje, de quien sabe lo valioso que es pasar tiempo delante de Ti, y acompañarte. Ella disfruta de estar sentada mirándote, escuchándote. Es la invitación a vivir este don de mi vocación con alegría, con intensidad. Ella sabe dedicar su tiempo a la oración, a estar contigo.
Marta, por su parte, representa la acción, el trabajo, el celo. Sin Marta la casa que tenía tantos huéspedes no hubiera sido propicia para el encuentro contigo. Ella está corriendo sirviendo alguna bebida, atendiendo algún enfermo, dando asiento a algún apóstol, poniendo algo de comida en la mesa.
Tú amas a ambas, las quieres como son. Y aunque das primacía a la vida de oración, no reprimes la acción de Marta. Simplemente le previenes del activismo, del pensar que el actuar, el hacer, el predicar, es lo principal, olvidando la oración.
Como miembro del Regnum Christi me llamas a ser contemplativo, orante, persona de silencio, de recogimiento, de escucha, de lectura de tu Palabra; pero también me llamas a ser evangelizador, activo, celoso por la salvación de las almas, inquieto para ver las oportunidad y así ayudar a que otros te busquen y se encuentren contigo. Dame, Señor, estas dos actitudes de estas mujeres.

Si nosotros vamos a rezar -por ejemplo- ante el Crucifijo, y hablamos, hablamos, hablamos y después nos vamos, no escuchamos a Jesús. No dejamos que Él hable a nuestro corazón. Escuchar: esta es la palabra clave. No lo olviden. Y no debemos olvidar que en la casa de Marta y María, Jesús, antes que ser Señor y Maestro, es peregrino y huésped. Por lo tanto, la respuesta tiene este primer y más importante significado: Marta, Marta, ¿por qué te afanas tanto en hacer cosas para el huésped hasta olvidar su presencia? -El huésped de piedra- Para acogerlo no son necesarias muchas cosas; es más, necesaria es una cosa sola: escucharlo -he aquí la palabra: escucharlo-, demostrarle una actitud fraterna, de modo que se dé cuenta de que se está en familia, y no en una «hospitalización provisional».
(Homilía de S.S. Francisco, 17 de julio de 2016).

Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Me meteré de lleno a mis actividades de hoy pero consciente de que todo mi trabajo siempre será para gloria de Dios.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

Santa Marta: “Ayudar a levantarse a quien tiene necesidad”

Fuente : es.zenit.org

El Papa reflexionó con el Evangelio del Buen Samaritano

9 octubre 2017RedaccionUncategorized

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Misa en Santa Marta 09/10/2017 © L´Osservatore Romano

(ZENIT – 9 Oct. 2017).- “¿Cómo hago yo ante tantas heridas, ante tantas personas heridas con las cuales me encuentro todos los días? ¿Hago como Jesús?”, el Papa hizo reflexionar en la homilía de la misa celebrada en Santa Marta.

“Hacerse cargo de las personas heridas como hizo el Buen Samaritano”, este ha sido el mandato que ha hecho el papa Francisco en la homilía de la misa celebrada hoy, 9 de octubre de 2017, en Santa Marta, exhortando a “ayudar a levantarse” a quien tiene necesidad.

El Papa reflexionó a partir del Evangelio propuesto por la liturgia del día que relata la parábola del Buen Samaritano, quien, “a diferencia del sacerdote y del levita, se detiene y socorre al hombre herido a muerte por los bandidos”, ha dicho.

Esta parábola “es la respuesta que Jesús da al Doctor de la Ley”, que quiere ponerlo a prueba preguntándole qué hay que hacer para heredar la vida eterna –ha indicado el Papa–. “Jesús le hace decir el mandamiento del amor hacia Dios y hacia el prójimo, pero el Doctor de la Ley, que no sabía salir de la pequeña trampa que Jesús le había tendido, le pregunta quién era su prójimo. Y entonces Jesús responde con esta historia”.

En la parábola hay seis “actores”: los bandidos, el hombre herido a muerte, el sacerdote, el levita, el posadero y el samaritano, un pagano que no era del pueblo judío. El Papa evidenció que Cristo siempre responde de modo “más elevado”. Y en este caso con una historia que, precisamente, quiere explicar su mismo misterio, “el misterio de Jesús”.

Así, el papa Francisco describió una actitud “frecuente”: “Una actitud muy habitual entre nosotros: mirar una calamidad, mirar una cosa fea y pasar más allá. Y después leerla en los periódicos, un poco pintadas por el escándalo o el sensacionalismo. En cambio, este pagano, pecador, que estaba de viaje, ‘vio y no pasó más allá: tuvo compasión’. Lucas lo describe bien: ” Vio, tuvo compasión de él, estuvo cerca y no se alejó: se acercó. Le vendó las heridas – ¡él! – derramándole aceite y vino.´ Y no lo dejó allí: hice lo mío y me voy. No”.

Después lo cargó sobre su cabalgadura, lo llevó a la posada y se ocupó de él, pero al día siguiente, teniendo que irse por sus cuestiones, pagó al posadero para que se ocupara de él diciéndole también que lo que hubiera gastado además “de esos dos denarios”, se los habría pagado a su regreso. Éste es el “el misterio de Cristo” que “se hizo siervo, se abajó, se anonadó y murió por nosotros”, señaló Francisco. Con este misterio Jesús responde al Doctor de la Ley, que quería ponerlo a prueba. Jesús es el Buen Samaritano e invita a aquel hombre a hacer lo mismo. “No es un relato para niños” –aclaró el Papa– sino “el misterio de Jesucristo”:

“Y viendo esta parábola, comprenderemos con mayor profundidad la amplitud del misterio de Jesucristo. El Doctor de la Ley se fue silencioso, lleno de vergüenza, no comprendió. No comprendió el misterio de Cristo. Quizá haya entendido ese principio humano que nos acerca a entender el misterio de Cristo: que cada hombre vea a otros hombre desde arriba hacia abajo, sólo cuando debe ayudarlo a levantarse. Y si alguien hace esto, está en el buen camino, está en el buen camino hacia Jesús”.

“¿Qué hago yo? ¿Soy un bandido, un estafador, corrupto? ¿Soy un bandido allí? ¿Soy un sacerdote? ¿echa un vistazo, ve y mira para otro lado y va más allá? ¿O un dirigente católico, que hace lo mismo? ¿O soy un pecador? ¿Uno que debe ser condenado por sus propios pecados? ¿Y me acerco, me hago prójimo, me ocupo de aquel que tiene necesidad? ¿Cómo hago yo ante tantas heridas, ante tantas personas heridas con las cuales me encuentro todos los días? ¿Hago como Jesús? ¿Tomo forma de siervo? Nos hará bien esta reflexión, leyendo y releyendo este pasaje. Aquí se manifiesta el misterio de Jesucristo, puesto que siendo pecadores, ha venido por nosotros, para curarnos y dar la vida por nosotros”.

EDD. martes 10 de octubre de 2017

Fuente :  http://evangeliodeldia.org/main.php?language=SP&module=readings&localdate=20171009
 
Martes de la vigésima séptima semana del tiempo ordinario
 
Libro de Jonás 3,1-10.
La palabra del Señor fue dirigida por segunda vez a Jonás, en estos términos:
«Parte ahora mismo para Nínive, la gran ciudad, y anúnciale el mensaje que yo te indicaré».
Jonás partió para Nínive, conforme a la palabra del Señor. Nínive era una ciudad enormemente grande: se necesitaban tres días para recorrerla.
Jonás comenzó a internarse en la ciudad y caminó durante todo un día, proclamando: «Dentro de cuarenta días, Nínive será destruida».
Los ninivitas creyeron en Dios, decretaron un ayuno y se vistieron con ropa de penitencia, desde el más grande hasta el más pequeño.
Cuando la noticia llegó al rey de Nínive, este se levantó de su trono, se quitó su vestidura real, se vistió con ropa de penitencia y se sentó sobre ceniza.
Además, mandó proclamar en Nínive el siguiente anuncio: «Por decreto del rey y de sus funcionarios, ningún hombre ni animal, ni el ganado mayor ni el menor, deberán probar bocado: no pasten ni beban agua;
vístanse con ropa de penitencia hombres y animales; clamen a Dios con todas sus fuerzas y conviértase cada uno de su mala conducta y de la violencia que hay en sus manos.
Tal vez Dios se vuelva atrás y se arrepienta, y aplaque el ardor de su ira, de manera que no perezcamos».
Al ver todo lo que los ninivitas hacían para convertirse de su mala conducta, Dios se arrepintió de las amenazas que les había hecho y no las cumplió.
 
Salmo 130(129),1-2.3-4ab.7-8.
Desde lo más profundo te invoco, Señor.
¡Señor, oye mi voz!
Estén tus oídos atentos
al clamor de mi plegaria.
Si tienes en cuenta las culpas, Señor,
¿quién podrá subsistir?
Pero en ti se encuentra el perdón,
para que seas temido.
espere Israel al Señor,
porque en él se encuentra la misericordia
y la redención en abundancia:
Él redimirá a Israel
de todos sus pecados.
 
Evangelio según San Lucas 10,38-42.
Jesús entró en un pueblo, y una mujer que se llamaba Marta lo recibió en su casa.
Tenía una hermana llamada María, que sentada a los pies del Señor, escuchaba su Palabra.
Marta, que estaba muy ocupada con los quehaceres de la casa, dijo a Jesús: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola con todo el trabajo? Dile que me ayude».
Pero el Señor le respondió: «Marta, Marta, te inquietas y te agitas por muchas cosas,
y sin embargo, pocas cosas, o más bien, una sola es necesaria. María eligió la mejor parte, que no le será quitada».
 
Comentario del Evangelio por San Agustín (354-430), obispo de Hipona (África del Norte), doctor de la Iglesia. Sermón 104; PL 38, 616.
 
Dos mujeres, dos imágenes de nuestra vida.
Creo que comprendéis que estas dos mujeres, las dos amadas por el Señor, las dos dignas de su amor, las dos discípulas suyas…, estas dos mujeres, pues, son imagen de dos formas de vida: la vida de este mundo y la vida del mundo futuro, la vida de trabajo y la vida de descanso, la vida llena de preocupaciones y la vida en la bienaventuranza, la vida en el tiempo y la vida eterna.
Dos vidas: meditemos sobre ellas más largamente. Considerad qué compone la vida de aquí abajo: no digo que sea una vida reprensible…, una vida de desenfreno e impía; no, hablo de una vida de trabajo, cargada de pruebas, angustias y tentaciones, de esta vida que no tiene nada reprochable como era la de Marta… El mal no había entrado en esta casa, tanto en Marta como en María; si hubiera entrado, la llegada del Señor lo habría disipado todo. Dos mujeres, pues, han vivido en ella, las dos han recibido al Señor, dos vidas amables, rectas, una hecha de trabajo, la otra de descanso… Una, vida de trabajo pero exenta de compromisos, escollo de una vida dada a la acción; la otra, una vida exenta de ocio, escollo de vida de recreo. Había allí dos vidas, y la misma fuente de vida…
La vida de Marta, es nuestro mundo; la vida de María, es el mundo que esperamos. Vivamos la de aquí con rectitud para obtener plenamente la otra. ¿Qué es lo que ya poseemos de ésta vida?… Precisamente, ya en este momento llevamos un poco esta vida: lejos de los negocios, fuera de las preocupaciones familiares, os habéis reunido aquí para escuchar. Con este comportamiento os asemejáis a María. Y os es más fácil que a mi que debo hablaros. Sin embargo, lo que voy a decir, lo tomo de Cristo, y este alimento es el de Cristo. Porque él es el pan común a todos, y es por ello que yo vivo en comunión con vosotros.

Comentario al evangelio de hoy lunes 09 de octubre de 2017.

Una nueva oportunidad para un «sí»
Lunes XXVII del tiempo ordinario.
Por: H. Balam Loza, LC.
Fuente : http://es.catholic.net/op/articulos/66900/una-nueva-oportunidad-para-un-si.html
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Al mirar el vuelo de las golondrinas, el surgir de las flores, la hermosa vista de la montaña, veo tu mano en cada uno de estos acontecimientos. ¿Quién soy yo? Nada y todo. Nada porque en realidad el hombre es una mota de polvo, pero todo porque soy tu hijo. Eso vale más que todo. Me siento entre tus manos como un niño se siente seguro en los brazos de su padre. Padre Dios, hoy quiero gozar como cuando me divertía de pequeño con mi padre. Quiero presumirte entre mis amigos; quiero decir con gran sencillez: «Mi Papá es el mejor del mundo»
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Lucas 10, 25-37
En aquel tiempo, se presentó ante Jesús un doctor de la ley para ponerlo a prueba y le preguntó: «Maestro, ¿qué debo hacer para conseguir la vida eterna?» Jesús le dijo: «¿Qué es lo que está escrito en la ley? ¿Qué lees en ella?». El doctor de la ley contestó: «Amarás al Señor tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con todo tu ser, y a tu prójimo como a ti mismo». Jesús le dijo: «Has contestado bien; si haces eso, vivirás».
El doctor de la ley, para justificarse, le preguntó a Jesús: «¿Y quién es mi prójimo?» Jesús le dijo: «Un hombre que bajaba por el camino de Jerusalén a Jericó, cayó en manos de unos ladrones, los cuales lo robaron, lo hirieron y lo dejaron medio muerto. Sucedió que por el mismo camino bajaba un sacerdote, el cual lo vio y pasó de largo. De igual modo, un levita que pasó por ahí, lo vio y siguió adelante. Pero un samaritano que iba de viaje, al verlo, se compadeció de él, se le acercó, ungió sus heridas con aceite y vino y se las vendó; luego lo puso sobre su cabalgadura, lo llevó a un mesón y cuidó de él. Al día siguiente sacó dos denarios, se los dio al dueño del mesón y le dijo: ‘Cuida de él y lo que gastes de más, te lo pagaré a mi regreso’.
¿Cuál de estos tres te parece que se portó como prójimo del hombre que fue asaltado por los ladrones?». El doctor de la ley le respondió: «El que tuvo compasión de él». Entonces Jesús le dijo: «Anda y haz tú lo mismo».
Palabra del Señor.
 
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
«Anda, haz tú lo mismo» El mensaje del cristiano es un mensaje de amor. Pero este amor no es mágico o platónico. No es un amor que se logra sin esfuerzo. Requiere un trabajo constante, sacrificado, desprendido. Es, en dos palabras, amor crucificado. Cuesta, pero lo que cuesta vale. La producción de una mínima cantidad de seda cuesta gran parte de la vida de una oruga y largos meses de cuidados delicados. Cristo me amó hasta el extremo dando hasta la última gota de su sangre.
No es posible imaginar una vida entregada a los demás que no cueste. Y Jesús, en este Evangelio le dice al fariseo, que conocía la teoría al dedillo: «¡Anda! ¡Haz!». De nada sirve saber qué es lo que tenemos que hacer si no lo hacemos. Cada día ha de ser un comenzar de nuevo. Sin duda tendremos altas y bajas. Habrá momentos en que nos dejaremos llevar por lo más cómodo o por el egoísmo. Pero siempre tendremos una nueva oportunidad para recoger, limpiar y vestir al que está necesitado.
Nuestros calendarios están llenos de actividades que apenas nos dejan un momento para respirar, para ver a los ojos de los demás, para preguntar e interesarnos por aquellos con los que pasamos gran parte del tiempo. Sin duda muchos de los que pasaron a un lado del samaritano no se giraron tan siquiera para ver a este pobre hombre. Era un elemento para el cual no había lugar ni en su agenda ni en su cuenta de gastos.
¿Yo tengo lugar para otro en mi vida? ¿Estoy dispuesto a decir «no» a mis cosas para decir «sí» a otros? No importa la respuesta pues toda la vida es una búsqueda y una lucha para alcanzar este amor perfecto. Sin duda que todos aquellos que pasaron a un lado del samaritano y dijeron «no» dijeron «sí» en otros momentos. Podremos haber fallado muchas veces pero siempre hay una nueva oportunidad.
«Ante este contenido tan esencial de la fe, la Iglesia no puede permitirse actuar como lo hicieron el sacerdote y el levita con el hombre abandonado medio muerto en el camino. No se puede mirar para otro lado y dar la espalda para no ver muchas formas de pobreza que piden misericordia. Dar la espalda para no ver el hambre, la enfermedad, las personas explotadas…, es un pecado grave; es también un pecado moderno, un pecado actual. Nosotros cristianos no nos lo podemos permitir. No sería digno de la Iglesia ni de un cristiano «pasar de largo» y pretender tener la conciencia tranquila sólo porque se ha rezado o porque se ha ido el domingo a Misa.
(Homilía de S.S. Francisco, 3 de septiembre de 2016).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Hoy voy a detenerme cuando vea a un pobre y voy comprarle algo de comer. Además le dedicaré un rato de mi tiempo sin preocuparme por nada más.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

EDD. lunes 09 de octubre de 2017

Fuente :  http://evangeliodeldia.org/main.php?language=SP&module=readings&localdate=20171008
 
Lunes de la vigésima séptima semana del tiempo ordinario
Libro de Jonás 1,1-16.2,1.11.
La palabra del Señor se dirigió a Jonás, hijo de Amitai, en estos términos:
«Parte ahora mismo para Nínive, la gran ciudad, y clama contra ella, porque su maldad ha llegado hasta mí».
Pero Jonás partió para huir a Tarsis, lejos de la presencia del Señor. Bajó a Jope y encontró allí un barco que zarpaba hacia Tarsis; pagó su pasaje y se embarcó para irse con ellos a Tarsis, lejos de la presencia del Señor.
Pero el Señor envió un fuerte viento sobre el mar, y se desencadenó una tempestad tan grande que el barco estaba a punto de partirse.
Los marineros, aterrados, invocaron cada uno a su dios, y arrojaron el cargamento al mar para aligerar la nave. Mientras tanto, Jonás había descendido al fondo del barco, se había acostado y dormía profundamente.
El jefe de la tripulación se acercó a él y le preguntó: «¿Qué haces aquí dormido? Levántate e invoca a tu dios. Tal vez ese dios se acuerde de nosotros, para que no perezcamos».
Luego se dijeron unos a otros: «Echemos suertes para saber por culpa de quién nos viene este desgracia». Así lo hicieron, y la suerte recayó sobre Jonás.
Entonces le dijeron: «Explícanos por qué nos sobrevino esta desgracia. ¿Cuál es tu oficio? ¿De dónde vienes? ¿Cuál es tu país? ¿A qué pueblo perteneces?».
El les respondió: «Yo soy hebreo y venero al Señor, el Dios del cielo, el que hizo el mar y la tierra».
Aquellos hombres sintieron un gran temor, y le dijeron: «¡Qué has hecho!», ya que comprendieron, por lo que él les había contado, que huía de la presencia del Señor.
Y como el mar se agitaba cada vez más, le preguntaron: «¿Qué haremos contigo para que el mar se nos calme?».
Jonás les respondió: «Levántenme y arrójenme al mar, y el mar se les calmará. Yo sé muy bien que por mi culpa les ha sobrevenido esta gran tempestad».
Los hombres se pusieron a remar con fuerza, para alcanzar tierra firme; pero no lo consiguieron, porque el mar se agitaba cada vez más contra ellos.
Entonces invocaron al Señor, diciendo: «¡Señor, que no perezcamos a causa de la vida de este hombre! No nos hagas responsables de una sangre inocente, ya que tú, Señor, has obrado conforme a tu voluntad».
Luego, levantaron a Jonás, lo arrojaron al mar, y en seguida se aplacó la furia del mar.
Los hombres, llenos de un gran temor al Señor, le ofrecieron un sacrificio e hicieron votos.
El Señor hizo que un gran pez se tragara a Jonás, y este permaneció en el vientre del pez tres días y tres noches.
Entonces el Señor dio una orden al pez, y este arrojó a Jonás sobre la tierra firme.
 
Libro de Jonás 2,2.3.4.5.8.
Entonces Jonás oró al Señor, su Dios,
desde el vientre del pez,
diciendo:
«Desde mi angustia invoqué al Señor, y él me respondió;
desde el seno del Abismo, pedí auxilio, y tú escuchaste mi voz.
Tú me arrojaste a lo más profundo, al medio del mar:
la corriente me envolvía, ¡todos tus torrentes y tus olas
pasaron sobre mí!
Entonces dije: He sido arrojado lejos de tus ojos,
pero yo seguiré mirando hacia tu santo Templo.
Cuando mi alma desfallecía, me acordé del Señor,
y mi oración llegó hasta ti, hasta tu santo Templo.
 
Evangelio según San Lucas 10,25-37.
Un doctor de la Ley se levantó y le preguntó para ponerlo a prueba: «Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la Vida eterna?».
Jesús le preguntó a su vez: «¿Qué está escrito en la Ley? ¿Qué lees en ella?».
El le respondió: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con todo tu espíritu, y a tu prójimo como a ti mismo».
«Has respondido exactamente, le dijo Jesús; obra así y alcanzarás la vida».
Pero el doctor de la Ley, para justificar su intervención, le hizo esta pregunta: «¿Y quién es mi prójimo?».
Jesús volvió a tomar la palabra y le respondió: «Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó y cayó en manos de unos ladrones, que lo despojaron de todo, lo hirieron y se fueron, dejándolo medio muerto.
Casualmente bajaba por el mismo camino un sacerdote: lo vio y siguió de largo.
También pasó por allí un levita: lo vio y siguió su camino.
Pero un samaritano que viajaba por allí, al pasar junto a él, lo vio y se conmovió.
Entonces se acercó y vendó sus heridas, cubriéndolas con aceite y vino; después lo puso sobre su propia montura, lo condujo a un albergue y se encargó de cuidarlo.
Al día siguiente, sacó dos denarios y se los dio al dueño del albergue, diciéndole: ‘Cuídalo, y lo que gastes de más, te lo pagaré al volver’.
¿Cuál de los tres te parece que se portó como prójimo del hombre asaltado por los ladrones?».
«El que tuvo compasión de él», le respondió el doctor. Y Jesús le dijo: «Ve, y procede tú de la misma manera».
 
Comentario del Evangelio por Orígenes (c. 185-253), presbítero y teólogo. Comentario al Cantar de los Cantares, prólogo 2, 26-31.
 
«Anda, haz tú lo mismo»
Está escrito: «Amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios» (1Jn 4-7) y poco después «Dios es amor» (v.8). Aquí se nos enseña que al mismo tiempo que Dios mismo es amor, el que es de Dios es amor. Ahora bien ¿quién es de Dios sino el que dice: «Salí del Padre y he venido al mundo»? (Jn 16,28). Si Dios Padre es amor, el Hijo es también amor…; el Padre y el Hijo son uno y no difieren en nada. Por eso es con todo derecho que Cristo, por la misma razón que es Sabiduría, Poder, Justicia, Verbo, y Verdad es llamado también Amor…
Y porque Dios es amor y el que es Hijo de Dios es amor, esta verdad exige que en nosotros haya algo que nos haga semejantes a él, de manera que, por este amor, esta caridad que está en Cristo Jesús…, estemos unidos a él por una especie de parentesco gracias, a ese nombre. Como dice san Pablo, que estaba unido a él: «¿Quién nos separará del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús, Señor nuestro?» (Rm 8,39).
Ahora bien, este amor de caridad nos hace valorar el hecho que todo hombre es nuestro prójimo. Es por esta razón que el Salvador corrigió a un hombre que creía que el justo no tiene que observar, para con todos, las leyes que tratan de la condición de prójimo … Y compuso la parábola que dice: «Un hombre cayó en manos de bandidos cuando bajaba de Jerusalén a Jericó». Censura al sacerdote y al levita que, viéndole medio muerto, pasaron de largo, pero ensalza al Samaritano que practicó la misericordia con el herido. Y a través de la respuesta que dio el mismo que hizo la pregunta, confirma que el samaritano fue el prójimo del herido, y le dice: «Ves y haz tú lo mismo». En efecto, por naturaleza todos somos prójimos los unos de los otros, pero por las obras de caridad, el que puede hacer el bien se hace el prójimo del que no puede. Por eso nuestro Salvador se hace nuestro prójimo y no pasa de largo delante de nosotros cuando yacemos «medio muertos» como consecuencia de las «heridas infligidas por los bandidos».

Ángelus: “Aportar el vino nuevo de la misericordia del Señor”

Fuente : https://es.zenit.org/articles/angelus-aportar-el-vino-nuevo-de-la-misericordia-del-senor/
 
El Papa comenta la parábola de los viñadores homicidas.
8 octubre 2017Raquel AnilloAngelus y Regina Caeli, El papa Francisco
Angelus 08/10/2017, CTV
(ZENIT – Roma, 8 de octubre de 2017). – “Aportar el vino nuevo de la misericordia del Señor”: es la misión del cristiano según el Papa Francisco.
El Papa en efecto ha comentado, antes de la oración del ángelus, este domingo 8 de octubre, en la plaza San Pedro, en presencia de unas 30.000 personas, la parábola de los viñadores homicidas que cuenta el evangelio de San Mateo leído en la misa de hoy.
El Papa ha hecho observar que Dios no se para ante el pecado: “Dios continua poniendo en circulación “el buen vino” de su viña, es decir la misericordia.”
Ha advertido también que hay un obstáculo “de cara a la voluntad tenaz y tierna del Padre”: ”nuestra arrogancia y nuestra presunción que a veces también se convierte en violencia!”.
La historia de Dios y de la humanidad está marcada por “traiciones” y “rechazos”, pero ha continuado el Papa, Dios “no se venga, Dios ama, nos espera, para perdonarnos, para abrazarnos”.
El Papa ha invitado a invocar la intercesión de la Virgen María para poder llevar por todas partes “el vino nuevo de la misericordia del Señor”. Porque, ha explicado, el cristianismo es “una proposición de amor”.
Ha saludado también, después del ángelus, la beatificación, en Milán, el 7 de octubre, del padre capuchino italiano Arsenio da Trigolo, fundador de las hermanas de María consoladora.
Ha concluido: “Buen domingo, buen almuerzo! Y por favor, no os olvidéis de orar por mí”.
Esta es nuestra traducción de las palabras del Papa.
AB/RA
 
Palabras del Papa Francisco antes del ángelus
Queridos hermanos y hermanas, buenos días!
La liturgia de este domingo nos propone la parábola de los viñadores homicidas a los cuales el propietario confía la viña que él ha plantado y después se va (cf. Mt 21,33-43). Así se puso a prueba la lealtad de estos viñadores: la viña les es confiada, ellos la deben guardar, hacerla fructificar y devolver la cosecha al propietario.
Una vez llegado el tiempo de la vendimia, el propietario envía a sus servidores a recoger los frutos. Pero los viñadores adoptan una actitud posesiva: no se consideran como simples administradores, sino como propietarios y rehúsan recolectar. Maltratan a los siervos hasta el punto de matarlos. El propietario se muestra paciente con ellos: envía a otros servidores, más numerosos que los primeros, pero el resultado es el mismo. Al final, con su paciencia, decide enviar a su propio hijo, pero los viñadores, presos de sus comportamientos posesivos, matan también al hijo, pensando que así serían los herederos.
Este relato ilustra de una manera alegórica estos reproches que los profetas habían hecho en relación a la historia de Israel. Es una historia que nos pertenece: habla de la alianza que Dios quiso establecer con la humanidad y a la cual también nos llamó a participar. Pero, esta historia de alianza, como toda historia de amor conoce sus momentos positivos, pero está marcada por traiciones y rechazos.
Para entender como Dios responde a los rechazos opuestos a su amor y a su propuesta de alianza, el pasaje evangélico pone en los labios del propietario de la viña una cuestión: “Cuando venga el propietario de la viña, que les hará a los campesinos?” (v.40). esta cuestión subraya que la decepción de Dios ante el mal comportamiento de los hombres no es la última palabra!
Esta es la gran novedad del cristianismo: un Dios que, incluso decepcionado por nuestros errores y por nuestros pecados, no falta a su palabra, no se cierra, y sobre todo no se venga!
Hermanos y hermanas,Dios no se venga! Dios ama, no se venga, nos espera para perdonarnos, abrazarnos.
Por las “piedras rechazadas”- es Cristo la primera piedra que los constructores rechazaron”-, por las situaciones de debilidad y de pecado, Dios continua poniendo en circulación “el vino nuevo” de su viña, es decir la misericordia. Este es el vino nuevo de la viña del Señor: la misericordia.
Solo hay un obstáculo de cara a la voluntad tenaz y tierna de Dios: nuestra arrogancia y nuestra presunción, que a veces se convierte en violencia! De cara a estas actitudes y donde no haya fruto, la Palabra de Dios conserva toda su fuerza de reproche y de advertencia: “El Reino de Dios os será quitado y será dado a un pueblo que de fruto” (v. 43).
La urgencia de responder con buenos frutos a la llamada del Señor que nos llama a ser su viña, nos ayude a comprender lo que hay de nuevo y original en el cristianismo.
No es tanto una suma de preceptos y de normas morales, sino que ante todo es una proposición de amor que Dios, por Jesús, ha hecho y continúa haciendo a la humanidad. Es una invitación a entrar en esta historia de amor, convirtiéndose en una viña vivaz y abierta, rica en frutos y en esperanza para todos.
Una viña cerrada puede volverse salvaje y producir uvas salvajes.
Estamos llamados a salir de la viña para ponernos al servicio de nuestros hermanos que no están con nosotros, para sacudirnos mutuamente y animarnos , para recordarnos que debemos ser la viña del Señor en todos los medios, incluso en los más lejanos y desfavorecidos.
Queridos hermanos y hermanas, invoquemos la intercesión de la Virgen María para que ella nos ayude a ser, en todas partes, especialmente en las periferias de la sociedad, la viña que el Señor ha plantado para el bien de todos y a aportar el vino nuevo de la misericordia del Señor.
© Traducción de ZENIT, Raquel Anillo