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Autor: Patricio Osiadacz

«Hospitalidad ecuménica» para la unidad del pueblo cristiano – Catequesis completa

Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos

enero 22, 2020 12:44 Larissa I. López Audiencia General

(ZENIT – 22 enero 2020).- Al trabajar juntos por vivir la “hospitalidad ecuménica”, “particularmente con aquellos cuyas vidas son más vulnerables, hará de todos nosotros, los cristianos –protestantes, ortodoxos, católicos, todos los cristianos-  mejores seres humanos, mejores discípulos y un pueblo cristiano más unido. Nos acercará más a la unidad, que es la voluntad de Dios para nosotros”, indicó el Papa Francisco.

Hoy, 22 de enero de 2020, en el Aula Pablo VI, el Santo Padre ha dedicado la catequesis a la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos. Para ello, citó el pasaje “Nos mostraron una humanidad poco común (Hch 28, 2).

Testimonio de la humanidad

Así, Francisco se refirió al relato en el que san Pablo y sus compañeros de viaje, más de 260 personas, naufragaron catorce días a merced del mar tempestuoso. No obstante, ante esta situación dramática, el Apóstol, “inspirado por la fe, les anuncia que Dios no permitirá que pierdan ni un solo cabello”, narró el Papa.

Para él, efectivamente, esta profecía se cumple cuando todos ellos llegan a Malta “sanos y salvos”. Allí reciben “el testimonio de la ‘humanidad poco común’” por parte de un pueblo que aún no conoce la Buena Nueva de Cristo, pero que manifiestan el amor de Dios “en actos concretos de bondad”.

Se trata de una “hospitalidad espontánea” y de una “amabilidad” que “comunican algo del amor de Dios” y que se vieron recompensadas “por los milagros de curación que Dios obra a través de Pablo en la isla”, continuó el Pontífice.

Virtud ecuménica

Así, el Obispo de Roma, resaltó la importancia de la hospitalidad, “virtud ecuménica”, que significa “reconocer, ante todo, que los demás cristianos son verdaderamente nuestros hermanos y nuestras hermanas en Cristo”.

Además, la hospitalidad “no es un acto de generosidad en un solo sentido” y, como los malteses, “somos recompensados porque recibimos lo que el Espíritu Santo ha sembrado en estos hermanos y hermanas nuestros, que se convierte en un regalo también para nosotros porque el Espíritu Santo siembra también su gracia por doquier”, explicó.

Hospitalidad con los migrantes

Después, el Papa se refirió a cómo hoy en todo el mundo, las personas migrantes enfrentan viajes arriesgados como el de Pablo y también  se encuentran con la “hostilidad de los seres humanos”: “Son tratados como números y como una amenaza por algunos gobernantes: ¡Hoy! A veces la inhospitalidad los arroja de nuevo como una ola hacia la pobreza o hacia los peligros de los que han huido”, remarcó.

En este sentido el Papa Francisco exhortó a que como cristianos trabajemos “juntos para mostrar a los migrantes el amor de Dios revelado por Jesucristo”, “que no hay solamente hostilidad e indiferencia, sino que cada persona es preciosa para Dios y amada”.

A continuación, sigue la catequesis completa del Santo Padre.

***

Catequesis del Santo Padre

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

La catequesis de hoy se enmarca en  la semana de oración por la unidad de los cristianos que este año tiene como tema la hospitalidad, partiendo del pasaje de los Hechos de los Apóstoles que narra cómo las comunidades de Malta y Gozo trataron a san Pablo y a sus compañeros de viaje, cuando naufragaron.  A este episodio me referí precisamente en la catequesis de hace dos semanas.

Por lo tanto, recordemos de nuevo la dramática experiencia de ese naufragio. El barco en el que viaja Pablo está a merced de los elementos. Llevan catorce días en el mar, a la deriva, y como no se ven ni el sol ni las estrellas, los viajeros se sienten desorientados, perdidos. El mar se estrella con violencia contra el barco que temen que se rompa por la fuerza de las olas. También les  azotan el viento y la lluvia. La fuerza del mar y de la tormenta es terrible e indiferente al destino de los navegantes: ¡eran más de 260 personas!

Pero Pablo, que sabe que no es así, habla. La fe le dice que su vida está en manos de Dios, que resucitó a Jesús de entre los muertos, y que lo llamó a él, a Pablo, para llevar el Evangelio hasta los confines de la tierra. Su fe también le dice que Dios, según lo que Jesús reveló, es un Padre amoroso. Por eso Pablo se dirige a sus compañeros de viaje e, inspirado por la fe, les anuncia que Dios no permitirá que pierdan ni un solo cabello.

Esta profecía se cumple cuando el barco encalla en  la costa de Malta y todos los pasajeros pisan la tierra firme sanos y salvos. Y allí experimentan algo nuevo. En contraste con la violencia brutal del mar tempestuoso, reciben el testimonio de la «humanidad poco común» de los isleños. Esta gente, para la que son extranjeros, se muestra atenta a sus necesidades. Encienden un fuego para que se calienten, les dan refugio contra la lluvia y comida. Aunque todavía no han recibido la Buena Nueva de Cristo, manifiestan el amor de Dios en actos concretos de bondad. Efectivamente, la hospitalidad espontánea y la amabilidad comunican algo del amor de Dios. Y la hospitalidad de los isleños malteses se ve recompensada por los milagros de curación que Dios obra a través de Pablo en la isla. La gente de Malta fue, pues, un signo de la Providencia de Dios para el Apóstol; también él fue testigo del amor misericordioso de Dios por ellos.

Queridísimos: la hospitalidad es importante; y es también una importante virtud ecuménica. Significa reconocer, ante todo, que los demás cristianos son verdaderamente nuestros hermanos y nuestras hermanas en Cristo. Somos hermanos. Alguien os dirá: “Pero ese es protestante, ese es ortodoxo…”. Sí, pero somos hermanos en Cristo. No es un acto de generosidad en un solo sentido, porque cuando somos hospitalarios con otros cristianos los acogemos como un regalo que nos han hecho. Como los malteses, – buenos, estos malteses- somos recompensados porque recibimos lo que el Espíritu Santo ha sembrado en estos hermanos y hermanas nuestros, que se convierte en un regalo también para nosotros porque el Espíritu Santo siembra también su gracia por doquier. Acoger a los cristianos de otra tradición significa, en primer lugar, mostrar el amor de Dios por ellos, porque son hijos de Dios, -hermanos nuestros-  y también recibir lo que Dios ha realizado en sus vidas. La hospitalidad ecuménica requiere la voluntad de escuchar a los otros cristianos, prestando atención a sus historias personales de fe y a la historia de su comunidad, comunidad de fe con otra tradición diferente de la nuestra. La hospitalidad ecuménica implica el deseo de conocer la experiencia que otros cristianos tienen de Dios y la expectativa de recibir los dones espirituales que la acompañan. Y esto es una gracia, descubrir esto es una gracia. Pienso en los tiempos pasados, en mi tierra por ejemplo. Cuando vinieron algunos misioneros evangélicos, un grupito de católicos iba a quemarles las tiendas. Esto no: No es cristiano. Somos hermanos, todos somos hermanos, y debemos ser hospitales unos con otros.

Hoy, el mar en el que naufragaron Pablo y sus compañeros vuelve a ser un lugar peligroso para la vida de otros navegantes. En todo el mundo, los hombres y las mujeres migrantes  enfrentan viajes arriesgados para escapar de la violencia, para escapar de la guerra, para escapar de la pobreza. Como Pablo y sus compañeros experimentan la indiferencia, la hostilidad del desierto, de los ríos, de los mares… Muchas veces no les dejan desembarcar en los puertos. Pero, desgraciadamente, a veces también encuentran la hostilidad mucho peor de los seres humanos. Son explotados  por traficantes criminales: ¡Hoy! Son tratados como números y como una amenaza por algunos gobernantes: ¡Hoy! A veces la inhospitalidad los arroja de nuevo como una ola hacia la pobreza o hacia los peligros de los que han huido.

Nosotros, como cristianos, debemos trabajar juntos para mostrar a los migrantes el amor de Dios revelado por Jesucristo. Podemos y debemos testimoniar que no hay solamente hostilidad e indiferencia, sino que cada persona es preciosa para Dios y amada por Él. Las divisiones que existen todavía entre nosotros nos impiden ser plenamente el signo del amor de Dios por el mundo. Trabajar juntos para vivir la hospitalidad ecuménica, particularmente con aquellos cuyas vidas son más vulnerables, hará de todos nosotros, los cristianos –protestantes, ortodoxos, católicos, todos los cristianos-  mejores seres humanos, mejores discípulos y un pueblo cristiano más unido. Nos acercará más a la unidad, que es la voluntad de Dios para nosotros.

Fuente : https://es.zenit.org/articles/vivir-la-hospitalidad-ecumenica-para-ser-un-pueblo-cristiano-mas-unido-catequesis-completa/

Comentario al evangelio de hoy jueves 23 de enero de 2020.

Del santo Evangelio según san Marcos 3, 7-12

En aquel tiempo, Jesús se retiró con sus discípulos a la orilla del mar, seguido por una muchedumbre de galileos. Una gran multitud, procedente de Judea y Jerusalén, de Idumea y Transjordania y de la parte de Tiro y Sidón, habiendo tenido noticias de lo que Jesús hacía, se trasladó a donde él estaba.

Entonces rogó Jesús a sus discípulos que le consiguieran una barca para subir en ella, porque era tanta la multitud, que estaba a punto de aplastarlo.

En efecto, Jesús había curado a muchos, de manera que todos los que padecían algún mal, se le echaban encima para tocarlo. Cuando los poseídos por espíritus inmundos lo veían, se echaban a sus pies y gritaban: “Tú eres el Hijo de Dios”. Pero Jesús les prohibía que lo manifestaran.

Palabra del Señor.


Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

Permíteme acercarme a ti para mostrarte mis enfermedades y preocupaciones o simplemente para estar junto a ti. Muchos comenzaron a seguirte por curiosidad, conveniencia o verdadera necesidad. Otras personas querían ver con sus propios ojos tus curaciones. Todos te buscan por diferentes motivos: amor, decepción, enfermedad, etc… ¿Y yo? ¿Qué me mueve a seguirte, qué hay en ti que me pueda interesar? ¿Qué gano con ser cristiano? Para nosotros no es suficiente una cura, deseamos más.

Sanamente envidio a quienes has curado, porque no solamente los curas de una simple enfermedad, sino que da envidia ver su paz, la alegría con la que viven; Tú curas la parálisis del corazón, me regresas la alegría de vivir y de disfrutar cuanto tengo y cuanto soy.

Padezco de dureza de corazón, esta misma dureza me ciega. El corazón me pesa impidiendo que vea todo lo bueno que me has dado, todo cuanto haces por mí cada día. De verdad Tú hiciste todas las cosas buenas, las hiciste para mí. Limpia mis ojos para ver el amor que me tienes, para darme cuenta del amor que me rodea. Tú hiciste buenas todas las cosas, amas todo lo que has creado; si odiases algo de lo que has creado, no existiría.

Señor, cura mis enfermedades, sobre todo la del pesimismo; dame tu espíritu para ver como Tú, para hablar como Tú, para amar y perdonar como Tú.

«La cura de Jesús coincide con el levantar a la persona y enviar a aquel o a aquella a quien se ha acercado y curado. Son tantos los enfermos que, después de haber sido curados por Cristo, se convierten en sus discípulos y seguidores. Jesús se acerca, pues, se preocupa, sana, reconcilia, llama y envía: como podemos ver, la relación con las personas oprimidas por la enfermedad y el dolor es para él una relación rica y personal, no mecánica, no a distancia».
(Homilía de S.S. Francisco, 22 de junio de 2019).

Fuente :

Del santo Evangelio según san Marcos 3, 7-12

En aquel tiempo, Jesús se retiró con sus discípulos a la orilla del mar, seguido por una muchedumbre de galileos. Una gran multitud, procedente de Judea y Jerusalén, de Idumea y Transjordania y de la parte de Tiro y Sidón, habiendo tenido noticias de lo que Jesús hacía, se trasladó a donde él estaba.

Entonces rogó Jesús a sus discípulos que le consiguieran una barca para subir en ella, porque era tanta la multitud, que estaba a punto de aplastarlo.

En efecto, Jesús había curado a muchos, de manera que todos los que padecían algún mal, se le echaban encima para tocarlo. Cuando los poseídos por espíritus inmundos lo veían, se echaban a sus pies y gritaban: “Tú eres el Hijo de Dios”. Pero Jesús les prohibía que lo manifestaran.

Palabra del Señor.


Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

Permíteme acercarme a ti para mostrarte mis enfermedades y preocupaciones o simplemente para estar junto a ti. Muchos comenzaron a seguirte por curiosidad, conveniencia o verdadera necesidad. Otras personas querían ver con sus propios ojos tus curaciones. Todos te buscan por diferentes motivos: amor, decepción, enfermedad, etc… ¿Y yo? ¿Qué me mueve a seguirte, qué hay en ti que me pueda interesar? ¿Qué gano con ser cristiano? Para nosotros no es suficiente una cura, deseamos más.

Sanamente envidio a quienes has curado, porque no solamente los curas de una simple enfermedad, sino que da envidia ver su paz, la alegría con la que viven; Tú curas la parálisis del corazón, me regresas la alegría de vivir y de disfrutar cuanto tengo y cuanto soy.

Padezco de dureza de corazón, esta misma dureza me ciega. El corazón me pesa impidiendo que vea todo lo bueno que me has dado, todo cuanto haces por mí cada día. De verdad Tú hiciste todas las cosas buenas, las hiciste para mí. Limpia mis ojos para ver el amor que me tienes, para darme cuenta del amor que me rodea. Tú hiciste buenas todas las cosas, amas todo lo que has creado; si odiases algo de lo que has creado, no existiría.

Señor, cura mis enfermedades, sobre todo la del pesimismo; dame tu espíritu para ver como Tú, para hablar como Tú, para amar y perdonar como Tú.

«La cura de Jesús coincide con el levantar a la persona y enviar a aquel o a aquella a quien se ha acercado y curado. Son tantos los enfermos que, después de haber sido curados por Cristo, se convierten en sus discípulos y seguidores. Jesús se acerca, pues, se preocupa, sana, reconcilia, llama y envía: como podemos ver, la relación con las personas oprimidas por la enfermedad y el dolor es para él una relación rica y personal, no mecánica, no a distancia».
(Homilía de S.S. Francisco, 22 de junio de 2019).


EDD. jueves 23 de enero de 2020.

Hoy, jueves, 23 de enero de 2020

Primera lectura

Lectura del primer libro de Samuel (18,6-9;19,1-7):

Cuando volvieron de la guerra, después de haber matado David al filisteo, las mujeres de todas las poblaciones de Israel salieron a cantar y recibir con bailes al rey Saúl, al son alegre de panderos y sonajas.
Y cantaban a coro esta copla: «Saúl mató a mil, David a diez mil.»
A Saúl le sentó mal aquella copla, y comentó enfurecido: «iDiez mil a David, y a mí mil! iYa sólo le falta ser rey!»
Y, a partir de aquel dia, Saúl le tomó ojeriza a David. Delante de su hijo Jonatán y de sus ministros, Saúl habló de matar a David.
Jonatán, hijo de Saúl, quería mucho a David y le avisó: «Mi padre Saúl te busca para matarte. Estate atento mañana y escóndete en sitio seguro; yo saldré e iré al lado de mi padre, al campo donde tú estés; le hablaré de ti y, si saco algo en limpio, te lo comunicaré.»
Así, pues, Jonatán habló a su padre Saúl en favor de David: «¡Que el rey no ofenda a su siervo David! Él no te ha ofendido. y lo que él hace es en tu provecho: se jugó la vida cuando mató al filisteo, y el Señor dio a Israel una gran victoria; bien que te alegraste al verlo. ¡No vayas a pecar derramando sangre inocente, matando a David sin motivo!»
Saúl hizo caso a Jonatán y juró: «¡Víve Dios, no morirá!»
Jonatán llamó a David y le contó la conversación; luego lo llevó adonde Saul, y David siguió en palacio como antes.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 55,2-3.9-10.11-12.13

R/.
En Dios confío y no temo

Misericordia, Dios mío, que me hostigan,
me atacan y me acosan todo el día;
todo el día me hostigan mis enemigos,
me atacan en masa. R/.

Anota en tu libro mi vida errante,
recoge mis lágrimas en tu odre, Dios mío.
Que retrocedan mis enemigos cuando te invoco,
y así sabré que eres mi Dios. R/.

En Dios, cuya promesa alabo,
en el Señor, cuya promesa alabo,
en Dios confío y no temo;
¿qué podrá hacerme un hombre? R/.

Te debo, Dios mío, los votos que hice,
los cumpliré con acción de gracias. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Marcos (3,7-12):

En aquel tiempo, Jesús se retiró con sus discípulos a la orilla del lago, y lo siguió una muchedumbre de Galilea. Al enterarse de las cosas que hacía, acudía mucha gente de Judea, de Jerusalén y de Idumea, de la Transjordania, de las cercanías de Tiro y Sidón. Encargó a sus discípulos que le tuviesen preparada una lancha, no lo fuera a estrujar el gentío. Como había curado a muchos, todos los que sufrían de algo se le echaban encima para tocarlo.
Cuando lo veían, hasta los espíritus inmundos se postraban ante él, gritando: «Tú eres el Hijo de Dios.»
Pero él les prohibía severamente que lo diesen a conocer.

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

José Luis Latorre, cmf

Una multitud sedienta

Queridos amigos

El evangelista nos presenta a Jesús entre una multitud de gente de muchos lugares diferentes que han venido a verle, escucharle, tocarle… En el fondo hay un deseo de conocer a este personaje que está en boca de todos. Es una multitud sedienta de Jesús. Las multitudes son volubles –hoy desean una cosa y mañana la contraria-, pero Jesús no renuncia a evangelizarlas y anunciarlas el Reino de Dios. Entre esa multitud hay un gran grupo de enfermos que buscan en Él la curación y el poder vivir dignamente.

Con esta escena el evangelista parece decirnos que es toda la humanidad –multitud- la que necesita luz y salvación. Y es en Jesús donde puede encontrarla. Él la ofrece a todos con su cercanía amorosa, su palabra iluminadora y su gesto liberador. “Él es el camino, la verdad y la vida”, dice San Juan. Y Él ha venido para salvar al mundo, no para condenarlo. Él ha venido a este mundo “lleno de gracia y de verdad”. “En Él está la plenitud de la salvación”. “Él es el Redentor del hombre” (S. Juan Pablo II). La humanidad no tiene otro camino de salvación que Jesús; no hay otro Salvador ni Liberador. Él es el único que puede sanarnos de todo mal. Y Él es el único que nos ofrece la salvación definitiva y plena.

Nosotros, los cristianos, estamos inmersos en una humanidad sedienta de Dios y necesitada de sanación física y espiritual. ¿Con qué ojos la miramos? ¿Tenemos el mismo sentimiento de compasión que Jesús sentía por la multitud que le buscaba? ¿Nos preguntamos también cómo hacer presente a Jesús a través de nuestras personas? ¿O por el contrario decimos “no se puede hacer nada”, “es muy difícil hablar de Jesús hoy pues te miran como un bicho raro”? ¿No sería mejor hacer lo que dice San Pablo “vence al mal con el bien”?, es decir primero mirar la realidad con los ojos de Jesús y luego actuar como hizo Él intentando llevar esperanza y optimismo, porque Dios quiere que todos se salven y lleguen al conocimiento de la verdad.

Es muy importante hoy el testimonio y el talante de los cristianos. “Los cristianos somos como el alma en el cuerpo”, decía la carta a Diogneto del siglo II. El alma da vida al cuerpo, lo mueve, lo empuja, lo ilusiona por algo, lo empuja hacia adelante, evita que sea inoperante y se muera. Pues igual los cristianos en el mundo. Ese es nuestro papel no otro.

José Luis Latorre, Misionero Claretiano

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

Comentario al evangelio de hoy miércoles 22 de enero de 2020

Del santo Evangelio según san Marcos 3, 1-6

En aquel tiempo entró Jesús otra vez en la sinagoga y había allí un hombre con parálisis en un brazo. Estaban al acecho, para ver si curaba en sábado y acusarlo. Jesús le dijo al que tenía la parálisis: «Levántate y ponte ahí en medio». Y a ellos les preguntó: «¿Qué está permitido en sábado?, ¿hacer lo bueno o lo malo?, ¿salvarle la vida a un hombre o dejarlo morir?» Se quedaron callados. Echando en torno una mirada de ira y dolido de su obstinación, le dijo al hombre: «Extiende el brazo». Lo extendió y quedó restablecido.

En cuanto salieron de la sinagoga, los fariseos se pusieron a planear con los herodianos el modo de acabar con él.

Palabra del Señor.


Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

Se presenta delante de Jesús una persona que tiene una necesidad, este encuentro tiene lugar en una sinagoga o sea un contexto religioso. Había gente en la sinagoga que sabiendo lo que Jesús hacía estaban al acecho de como actuaría en las circunstancias especiales que se le presentaban, como la ley sabática ordenada por Dios desde el principio del universo y este precepto del sábado se tenía que respetar no obrando milagros. Jesús muestra la razón por la que hará el milagro que es hacer el bien, porque nada ni nadie nos puede detener de hacer el bien y más profundamente es el amor lo que mueve a Cristo a hacer está curación, más allá de lo que digan los demás y las dificultades que se puedan presentar, Él sabe lo que es más importante y actúa conforme a ese gran ideal. Tengamos en cuenta que al final de nuestros días nos examinarán del amor como dice San Juan de la Cruz, por lo que nuestra vida debe ser un vivo ejemplo de amor y caridad con Dios y nuestro prójimo.

Hoy Dios nos invita a acercarnos a Él para que nos pueda curar porque de diferentes formas estamos necesitados de sus cuidados o que seamos sus instrumentos para que Él pueda curar a alguien a través de nosotros, solo necesitamos extender nuestra mano y tomarnos del Señor para que así seamos canales o medios de su gracia compartiendo su misión sanadora del mundo.

«El reposo es también un momento propicio para la reconciliación, para confrontarnos con las dificultades sin escapar de ellas, para encontrar la paz y la serenidad de quien sabe valorizar lo bueno que tiene, incluso en el lecho del dolor o en la pobreza».
(Papa Francisco, audiencia general, 5 de septiembre de 2018).

Fuente : http://es.catholic.net/op/articulos/73957/el-amor-curativo-de-cristo.html#modal

EDD. miércoles 22 de enero de 2020

Hoy, miércoles, 22 de enero de 2020

Primera lectura

Lectura del primer libro de Samuel (17,32-33.37.40-51):

En aquellos días, Saúl mandó llamar a David, y éste le dijo: «Majestad, no os desaniméis. Este servidor tuyo irá a luchar con ese filisteo.»
Pero Saúl le contestó: «No podrás acercarte a ese filisteo para luchar con él, porque eres un muchacho, y él es un guerrero desde mozo.»
David le replicó: «El Señor, que me ha librado de las garras del león y de las garras del oso, me librará de las manos de ese filisteo.»
Entonces Saúl le dijo: «Anda con Dios.»
Agarró el cayado, escogió cinco cantos del arroyo, se los echó al zurrón, empuñó la honda y se acercó al filisteo. Éste, precedido de su escudero, iba avanzando, acercándose a David; lo miró de arriba abajo y lo despreció, porque era un muchacho de buen color y guapo, y le gritó: «¿Soy yo un perro, para que vengas a mi con un palo?»
Luego maldijo a David, invocando a sus dioses, y le dijo: «Ven acá, y echaré tu carne a las aves del cielo y a las fieras del campo.»
Pero David le contestó: «Tú vienes hacia mí armado de espada, lanza y jabalina; yo voy hacia ti en nombre del Señor de los ejércitos, Dios de las huestes de Israel, a las que has desafiado. Hoy te entregará el Señor en mis manos, te venceré, te arrancaré la cabeza de los hombros y echaré tu cadáver y los del campamento filisteo a las aves del cielo y a las fieras de la tierra; y todo el mundo reconocerá que hay un Dios en Israel; y todos los aquí reunidos reconocerán que el Señor da la victoria sin necesidad de espadas ni lanzas, porque ésta es una guerra del Señor, y él os entregará en nuestro poder.»
Cuando el filisteo se puso en marcha y se acercaba en dirección de David, éste salió de la formación y corrió velozmente en dirección del filisteo; echó mano al zurrón, sacó una piedra, disparó la honda y le pegó al filisteo en la frente: la piedra se le clavó en la frente, y cayó de bruces en tierra. Así venció David al filisteo, con la honda y una piedra; lo mató de un golpe, sin empuñar espada. David corrió y se paró junto al filisteo, le agarró la espada, la desenvainó y lo remató, cortándole la cabeza. Los filisteos, al ver que había muerto su campeón, huyeron.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 143,1.2.9-10

R/.
Bendito el Señor, mi Roca

Bendito el Señor, mi Roca,
que adiestra mis manos para el combate,
mis dedos para la pelea. R/.

Mi bienhechor, mi alcázar,
baluarte donde me pongo a salvo,
mi escudo y mi refugio,
que me somete los pueblos. R/.

Dios mio, te cantaré un cántico nuevo,
tocaré para ti el arpa de diez cuerdas:
para ti que das la victoria a los reyes,
y salvas a David, tu siervo. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Marcos (3,1-6):

En aquel tiempo, entró Jesús otra vez en la sinagoga, y había allí un hombre con parálisis en un brazo. Estaban al acecho, para ver si curaba en sábado y acusarlo.
Jesús le dijo al que tenía la parálisis: «Levántate y ponte ahí en medio.»
Y a ellos les preguntó: «¿Qué está permitido en sábado?, ¿hacer lo bueno o lo malo?, ¿salvarle la vida a un hombre o dejarlo morir?»
Se quedaron callados. Echando en torno una mirada de ira, y dolido de su obstinación, le dijo al hombre: «Extiende el brazo.»
Lo extendió y quedó restablecido.
En cuanto salieron de la sinagoga, los fariseos se pusieron a planear con los herodianos el modo de acabar con él.

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

José Luis Latorre, cmf

“Levántate y ponte en medio”.

Queridos amigos

El evangelista nos narra una nueva controversia de Jesús con los fariseos: el hombre de la mano paralizada. Ante esta situación Jesús le dice al hombre “levántate y ponte en medio”.

Levántate: En otros muchos relatos de curaciones se repite esta indicación de Jesús. Él tiene otra mirada sobre estas personas: son hijos de Dios necesitados que esperan ser liberados y curados. Y los hijos de Dios necesitados deben ser atendidos ya. El evangelista dice que Jesús lo curó en sábado, precisamente el día en que los judíos celebraban al Dios creador y liberador. ¿Hay otra forma mejor de honrar a Dios que salvar una vida, puesto que en su nombre siempre se debe hacer el bien? ¿No dice el primer mandamiento que hay que amar a Dios y al próximo, y que no hay mandamiento mayor que éstos?

Por eso Jesús se indigna y entristece cuando ve que a los fariseos no les importa el sufrimiento de aquel hombre de la mano paralizada y que interpretan y utilizan las normas según sus conveniencias e intereses. So capa de religiosidad ocultan sus malas intenciones de utilizar el sufrimiento ajeno para salvar la sacralidad del sábado y poder acusar a Jesús de quebrantarlo.

Ponte en medio: Para Jesús colocar a la persona vulnerable en el centro no quiere decir ponerla en el centro geográfico del lugar, sino en el centro del corazón. Con este gesto Jesús instaura una nueva sacralidad: la persona y sus necesidades. Ya no importa el día, el lugar y la hora que necesite ayuda. La persona es lo más valioso e importante de todo. Y hay que dejarlo todo –aunque sea la oración y la Misa- por ayudarle si así lo precisa. El Papa Francisco dice: la casa común de todos los hombres debe continuar levantándose sobre el respeto a la sacralidad de cada vida humana.

Con este gesto –levántate y ponte en medio- Jesús nos desafía a hacer lo mismo con nuestros hermanos necesitados. Muchas veces se echa a un lado a los que sufren: viven solos su dolor, en silencio, lejos de la vista de los demás, se les deja solos. Jesús, por el contrario, les hace sentir que están en el centro de su misericordia y compasión, que son tan importantes como los demás que no necesitan ser sanados o liberados, pues Jesús vino a buscar al que estaba perdido, la oveja descarriada, el ladrón arrepentido…

José Luis Latorre, Misionero Claretiano

Fuente  :  https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

Comentario al evangelio de hoy martes 21 de enero de 2020.

Del santo Evangelio según san Marcos 2, 23-28

Un sábado Jesús iba caminando entre los sembrados, y sus discípulos comenzaron a arrancar espigas al pasar. Entonces los fariseos le preguntaron: “¿Por qué hacen tus discípulos algo que no está permitido hacer en sábado?”.

Él les respondió: “¿No han leído acaso lo que hizo David una vez que tuvo necesidad y padecían hambre él y sus compañeros? Entró en la casa de Dios, en tiempos del sumo sacerdote Abiatar, comió de los panes sagrados, que sólo podían comer los sacerdotes, y les dio también a sus compañeros”.

Luego añadió Jesús: “El sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado. Y el Hijo del hombre también es dueño del sábado”.

Palabra del Señor


Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

Hace algunos días leí una historia de una señora que vivía en Estados Unidos quien, como regalo para su mamá, tenía que comprar tres libros. Ella sabía que lo más fácil era entrar a internet y comprarlos en línea. En cuestión de días, incluso si quisiera al día siguiente, los libros estarían en la puerta de su casa con tan solo un clic. Pero ella en cambio, decidió ir, como hacía mucho tiempo no lo hacía, a comprar los libros a una librería. Y cuál fue su sorpresa pues de los tres no encontró los primeros dos donde deberían estar y, para colmo, una señora le decía: mejor ve a tu casa, así gastas menos, pídelos en línea y te llegarán, es mucho más fácil. Después de un largo buscar, encontró el tercer libro y cuando estaba por pagar, vio que estaban en un estante de dos por uno, los primeros dos libros que buscó.

Luego, cuando iba a casa, se dio cuenta que, en efecto, quizás hubiera sido más fácil comprar los libros en línea, pero nada le devolvía las sonrisas que vio en aquel lugar, la amabilidad de algunas personas con las que se encontró y tantos otros detalles que le pasaron al salir a la librería.

¿Por qué les cuento esto? Porque creo que nuestros días a veces pueden irse así. Podemos preferir hacer muchas compras en línea con nuestra vida, y así pasar un día y otro día, y uno más, hasta que, cuando acordemos, hayan pasado ya varios años. Dios nos regala cada día para que lo disfrutemos, lo vivamos y seamos plenos. Lejos de compras en línea, Dios quiere que nos detengamos a ver todos los detalles con los que Él nos habla, detalles con los que Él nos ama.

Encontremos en nuestro día esos dos por uno; dejemos que Dios nos amé a través de los que están a nuestro lado, para que así, al final de la vida, podamos decir: preferí ir a la librería de la vida y disfrutar de ella, en lugar de las compras en línea; que podamos decir: verdaderamente vivimos cada día que Dios nos regala.

«Toda la escena y las discusiones revelan lo difícil que resulta comprender las acciones y prioridades de Jesús, capaz de poner en el centro a aquel que estaba en la periferia, especialmente cuando se piensa que el primado lo tiene “el sábado” y no el amor del Padre que busca que todos los hombres se salven; el ciego tenía que convivir no sólo con su ceguera sino también con la de aquellos que lo rodeaban. Así son las resistencias y hostilidades que surgen en el corazón humano cuando, al centro, en vez de encontrar personas se ponen intereses particulares, rótulos, teorías, abstracciones e ideologías, que lo único que logran es enceguecer todo a su paso. En cambio, la lógica del Señor es diferente, lejos de esconderse en la inacción o la abstracción ideológica, busca a la persona con su rostro, con sus heridas e historia. Va a su encuentro y no se deja embaucar por discursos incapaces de priorizar y poner en el centro lo realmente importante».
(Homilía de S.S. Francisco, 2 de junio de 2019).

Fuente : http://es.catholic.net/op/articulos/73916/corre-presurosoa-a-jesus.html#modal

Primera lectura

Lectura del primer libro de Samuel (16,1-13):

En aquellos dias, el Señor dijo a Samuel: «¿Hasta cuándo vas a estar lamentándote por Saúl, si yo lo he rechazado como rey de Israel? Llena la cuerna de aceite y vete, por encargo mío, a Jesé, el de Belén, porque entre sus hijos me he elegido un rey.»
Samuel contestó: «¿Cómo voy a ir? Si se entera Saúl, me mata.»
El Señor le dijo: «Llevas una novilla y dices que vas a hacer un sacrificio al Señor. Convidas a Jesé al sacrificio, y yo te indicaré lo que tienes que hacer; me ungirás al que yo te diga.»
Samuel hizo lo que le mandó el Señor. Cuando llegó a Belén, los ancianos del pueblo fueron ansiosos a su encuentro: «¿Vienes en son de paz?»
Respondió: «Sí, vengo a hacer un sacrificio al Señor. Purificaos y venid conmigo al sacrificio.»
Purificó a Jesé y a sus hijos y los convidó al sacrificio. Cuando llegó, vio a Eliab y pensó: «Seguro, el Señor tiene delante a su ungido.»
Pero el Señor le dijo: «No te fijes en las apariencias ni en su buena estatura. Lo rechazo. Porque Dios no ve como los hombres, que ven la apariencia; el Señor ve el corazón.»
Jesé llamó a Abinadab y lo hizo pasar ante Samuel; y Samuel le dijo: «Tampoco a éste lo ha elegido el Señor.»
Jesé hizo pasar a Samá; y Samuel le dijo: «Tampoco a éste lo ha elegido el Señor.»
Jesé hizo pasar a siete hijos suyos ante Samuel; y Samuel le dijo: «Tampoco a éstos los ha elegido el Señor.»
Luego preguntó a Jesé: «¿Se acabaron los muchachos?»
Jesé respondió: «Queda el pequeño, que precisamente está cuidando las ovejas.»
Samuel dijo: «Manda por él, que no nos sentaremos a la mesa mientras no llegue.»
Jesé mandó a por él y lo hizo entrar: era de buen color, de hermosos ojos y buen tipo.
Entonces el Señor dijo a Samuel: «Anda, úngelo, porque es éste.»
Samuel tomó la cuerna de aceite y lo ungió en medio de sus hermanos. En aquel momento, invadió a David el espiritu del Señor, y estuvo con él en adelante. Samuel emprendió la vuelta a Ramá.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 88,20.21-22.27-28

R/.
Encontré a David, mi siervo

Un dia hablaste en visión a tus amigos:
«He ceñido la corona a un héroe,
he levantado a un soldado sobre el pueblo.» R/.

«Encontré a David, mi siervo,
y lo he ungido con óleo sagrado;
para que mi mano esté siempre con él
y mi brazo lo haga valeroso.» R/.

«Él me invocará: «Tú eres mi padre,
mi Dios, mi Roca salvadora»;
y yo lo nombraré mi primogénito,
excelso entre los reyes de la tierra.» R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Marcos (2,23-28):

Un sábado, atravesaba el Señor un sembrado; mientras andaban, los discípulos iban arrancando espigas.
Los fariseos le dijeron: «Oye, ¿por qué hacen en sábado lo que no está permitido?»
Él les respondió: «¿No habéis leído nunca lo que hizo David, cuando él y sus hombres se vieron faltos y con hambre? Entró en la casa de Dios, en tiempo del sumo sacerdote Abiatar, comió de los panes presentados, que sólo pueden comer los sacerdotes, y les dio también a sus compañeros.»
Y añadió: «El sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado; así que el Hijo del hombre es señor también del sábado.»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN  :

José Luis Latorre, cmf

“El sábado es para el hombre, no el hombre para el sábado”

Queridos amigos

Esta es una de las frases redondas de Jesús. Seguramente quedó muy gravada en la memoria de sus discípulos y orientó con claridad la vida y el comportamiento de las comunidades cristianas que vivían inmersas en el judaísmo y el paganismo, y que ha orientado el devenir de la Iglesia a lo largo de los siglos. Un pensamiento que ayudó –y nos ayuda hoy también- a no absolutizar normas, leyes, costumbres, ritos… sino ponerlos siempre al servicio de la norma suprema: el bien y la vida de la persona. Tanto para David como para Jesús dar de comer al que lo necesita está por delante de todo; solo el amor a Dios y al próximo es lo principal y primero; no hay otra norma suprema.

Hay personas tan obedientes a Dios que al final van contra su voluntad más clara. Son tan estrictas en el cumplimiento de las normas y leyes de la Iglesia que dejan en segundo lugar el amor, la misericordia, el perdón, la comprensión y el respeto a la persona. Son como los fariseos que daban más importancia a la Ley que a sus valores, porque para ellos lo escrito y mandado era lo que había que hacer y cumplir olvidando la Palabra del Señor: “este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí”. La Ley y sus valores están al servicio de la persona, la libertad, la alegría y la comunidad. ¡Cuidado con los fundamentalismos, moralismos y ritualismos! Todos los extremos son peligrosos; de ahí la importancia de este gran principio de comportamiento de Jesús.

Jesús encarnado procuró el bien, la felicidad, la alegría, la paz para todos, y la unidad de la comunidad. Él mismo dice: “Yo he venido para que tengan vida y ésta en abundancia”. Jesús privilegia siempre la vida e insiste en el valor de la persona; un valor que es preciso recuperar hoy, primero frente a una religión tan organizada que sea una máquina de exclusión, y segundo frente a una sociedad que privilegia a los fuertes y excluye a los débiles.

Si este principio de Jesús orientó la vida de los primeros cristianos en una sociedad y religión excluyente, también hoy debe orientar la vida de los cristianos en nuestras comunidades y sociedades. No podemos quedarnos tranquilos viendo cómo niños, jóvenes, adultos y ancianos son marginados, excluidos, maltratados e ignorados. Un cristiano y una comunidad cristiana debe alzar la voz y actuar en consecuencia con la Palabra de Jesús: “El sábado ha sido hecho para el hombre, y no el hombre para el sábado”.

José Luis Latorre, Misionero Claretiano

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

Ángelus: «No más esclavos del mal, sino ¡hijos de Dios!»

Palabras antes del Ángelus

enero 19, 2020 13:29 Raquel Anillo Angelus y Regina Coeli

(ZENIT – 19 enero 2020).- A las 12 de la mañana de hoy, 19 enero de 2020 el Santo Padre Francisco se asoma la ventana del estudio del Palacio Vaticano Apostólico para rezar el Ángelus con los fieles y peregrinos reunidos en la Plaza de San Pedro.

Estas son las palabras del Papa al introducir la oración mariana:

***

Palabras del Papa antes del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Este segundo domingo del tiempo ordinario está en continuidad con la Epifanía y con la la Fiesta del Bautismo de Jesús, que celebramos el domingo pasado. El pasaje evangélico (cf. 1:29-34) todavía nos habla de la manifestación de Jesús en el Templo después de haber sido bautizado en el río Jordán, fue consagrado por el Espíritu Santo que reposó sobre él y fue proclamado Hijo de Dios por la voz del Padre celestial (cf. Mt 3,16-17 y par.). El evangelista Juan, a diferencia de los otros tres, no describe el evento, sino que propone el testimonio de Juan el Bautista. Él fue el primer testigo de Cristo. Dios lo había llamado y preparado para esto.

El Bautista no pudo contener el urgente deseo de rendir testimonio de Jesús y declara: «He visto y he dado testimonio» (v. 34). Juan, vio algo de impactante, es decir, el Hijo amado de Dios en solidaridad con los pecadores; y el Espíritu Santo le hizo  entender la novedad sin precedentes, un verdadero cambio de rumbo. De hecho, mientras que en todas las religiones es el hombre quien ofrece y sacrifica algo a Dios, en el caso de Jesús es Dios quién ofrece a su Hijo para la salvación de la humanidad. Juan manifiesta su asombro y su consentimiento a esta novedad impactante que trae Jesús, a través de una expresión significativa que repetimos cada vez en la Misa: «He aquí el Cordero de Dios el que quita el pecado del mundo». (v. 29).

El testimonio de Juan el Bautista nos invita a emprender una y otra vez nuestro camino de la fe: empezar de nuevo desde  Jesucristo, el Cordero lleno de misericordia que el Padre ha dado por nosotros. Sorprendámonos una vez más por la elección de Dios de estar de nuestro lado, de ser solidario con nosotros pecadores, y de  salvar al mundo del mal asumiéndose totalmente la responsabilidad.

Aprendamos del Bautista a no dar por sentado que ya conocemos a Jesús, que ya lo conocemos todo de Él (cf. v. 31). No, no es así. Detengámonos en el Evangelio, quizás incluso contemplando un icono de Cristo, un «Santo Rostro», una de las muchas maravillosas representaciones de las que es rica la historia del arte en Oriente y en el Occidente. Contemplemos con los ojos y más aún con el corazón; y dejémonos instruir por el Espíritu Santo, que por dentro nos dice: ¡Es él! Es el Hijo de Dios hecho cordero, inmolado por amor. Él, Él solo ha llevado, sufrido, expiado el pecado del mundo, y también mis pecados todos. Ha tomado todos nuestros pecados y los alejó de nosotros para que finalmente fuéramos libres, no más esclavos del mal. Sí, todavía pobres pecadores pero no esclavos,sino ¡hijos de Dios!

Que la Virgen María nos obtenga la fuerza para dar testimonio de su Hijo Jesús; para anunciarlo con alegría con una vida liberada del mal y con una palabra llena de fe, de asombro y de gratitud.

Fuente : https://es.zenit.org/articles/angelus-no-mas-esclavos-del-mal-sino-hijos-de-dios/

Comentario al evangelio de hoy lunes 20 de enero de 2020

Del santo Evangelio según san Marcos 2, 18-22

En aquel tiempo, los discípulos de Juan y los fariseos estaban de ayuno. Vinieron unos y le preguntaron a Jesús: «Los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan. ¿Por qué los tuyos no?» Jesús les contestó: «¿Es que pueden ayunar los amigos del novio mientras está con ellos? Mientras tienen al novio con ellos, no pueden ayunar. Llegará un día en que se lleven al novio; aquel día sí que ayunarán».

Nadie le echa un remiendo de paño sin remojar a un manto pasado, porque la pieza tira del manto -lo nuevo de lo viejo- y deja un roto peor. Nadie echa vino nuevo en odres viejos, porque revienta los odres, y se pierden el vino y los odres; a vino nuevo, odres nuevos».

Palabra del Señor.


Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

Jesús no niega la necesidad del ayuno, como el que hacían los discípulos de Juan y de los fariseos, sino que nos quiere enseñar que todas nuestras acciones deben estar motivadas por buenas razones que la intención que tengamos en el corazón es el primer paso para hacer algo por el Señor. El estar con Cristo tiene estas dos facetas que son una son sacrificio o dificultad al menos explícita y la otra cuando es conveniente el ayuno o sacrificio, en estos dos momentos que de muchas formas son palpables en nuestras vidas lo más importante es que los vivamos con Cristo tomando conciencia de que Él nos quiere acompañar en nuestros triunfos y derrotas. Una vida con Cristo es algo maravilloso cuando no nos encontramos en grandes dificultades o aprietos nos es un poco más duro recordar a Dios o invitar a Jesús a ser parte de esos momentos felices por lo que debemos tomar más conciencia del hecho que Cristo quiere ser parte de nuestras vidas, así como él mismo pone el ejemplo del novio que en su fiesta está con la gente que él más quiere. Cuando nos encontramos inmersos en situaciones difíciles le pedimos al Señor que nos ayude porque con su apoyo sabemos que se puede salir de cualquier dificultad sin importar qué tan grande sea, confiando en Cristo completamente para que él pueda actuar en nuestra vida. Que la santísima Virgen nos acompañe también en la vida y en la muerte, siempre.

«Nosotros somos católicos, practicamos; yo pertenezco a esa asociación, nosotros ayunamos siempre, hacemos penitencia. Pero, ¿ayunáis con coherencia o hacéis la penitencia incoherentemente como dice el Señor, con ruido, para que todos la vean y digan: “Pero qué persona justa, qué hombre justo, qué mujer justa?”. Esto, de hecho, es un truco; es maquillar la virtud. Es maquillar el mandamiento».
(Papa Francisco, Homilía en Casa Santa Marta, 16 de febrero de 2018).

EDD. lunes 20 de enero de 2020.

Hoy, lunes, 20 de enero de 2020

Primera lectura

Lectura del primer libro de Samuel (15,16-23):

En aquellos días, Samuel dijo a Saúl: «Déjame que te cuente lo que el Señor me ha dicho esta noche.»
Contestó Saúl: «Dímelo.»
Samuel dijo: «Aunque te creas pequeño, eres la cabeza de las tribus de Israel, porque el Señor te ha nombrado rey de Israel. El Señor te envió a esta campaña con orden de exterminar a esos pecadores amalecitas, combatiendo hasta acabar con ellos. ¿Por qué no has obedecido al Señor? ¿Por qué has echado mano a los despojos, haciendo lo que el Señor reprueba?»
Saúl replicó: «¡Pero si he obedecido al Señor! He hecho la campaña a la que me envió, he traido a Agag, rey de Amalec, y he exterminado a los amalecitas. Si la tropa tomó del botin ovejas y vacas, lo mejor de lo destinado al exterminio, lo hizo para ofrecérselas en sacrificio al Señor, tu Dios, en Guilgal.»
Samuel contestó: «¿Quiere el Señor sacrificios y holocaustos, o quiere que obedezcan al Señor? Obedecer vale más que un sacrificio; ser dócil, más que la grasa de carneros. Pecado de adivinos es la rebeldía, crimen de idolatría es la obstinación. Por haber rechazado al Señor, el Señor te rechaza como rey.»

Palabra de Dios

Salmo

Sal 49,8-9.16bc-17.21.23

R/.
Al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios

«No te reprocho tus sacrificios,
pues siempre están tus holocaustos ante mí.
Pero no aceptaré un becerro de tu casa,
ni un cabrito de tus rebaños.» R/.

«¿Por qué recitas mis preceptos
y tienes siempre en la boca mi alianza,
tú que detestas mi enseñanza
y te echas a la espalda mis mandatos?» R/.

«Esto haces, ¿y me voy a callar?
¿Crees que soy como tú?
Te acusaré, te lo echaré en cara.
El que me ofrece acción de gracias, ése me honra;
al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios.» R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Marcos (2,18-22):

En aquel tiempo, los discípulos de Juan y los fariseos estaban de ayuno. Vinieron unos y le preguntaron a Jesús: «Los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan. ¿Por qué los tuyos no?»
Jesús les contestó: «¿Es que pueden ayunar los amigos del novio, mientras el novio está con ellos? Mientras tienen al novio con ellos, no pueden ayunar. Llegará un día en que se lleven al novio; aquel día sí que ayunarán. Nadie le echa un remiendo de paño sin remojar a un manto pasado; porque la pieza tira del manto, lo nuevo de lo viejo, y deja un roto peor. Nadie echa vino nuevo en odres viejos; porque revienta los odres, y se pierden el vino y los odres; a vino nuevo, odres nuevos.»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

José Luis Latorre, cmf

ODRES NUEVOS

Queridos amigos

El evangelio de hoy nos habla de la novedad que la presencia de Jesús entre los hombres supuso para la humanidad. Su palabra y su estilo de vivir llamó mucho la atención entre los judíos; su mensaje y su vida cuestionó muchas viejas costumbres, tradiciones y prácticas religiosas; a nadie dejó indiferente Todos se preguntaban quién era Jesús y por qué hablaba y actuaba así. Jesús decía que los tiempos nuevos requieren actitudes y gestos nuevos; no se puede poner parches de novedad a lo viejo y caduco, ni repetir “siempre se ha hecho así”: “a vino nuevo, odres nuevos”. Determinados ritos y normas del pasado nos dan seguridad, pero no se corresponden ya con la novedad de Jesús y nos dejan atrapados en el inmovilismo.

Cada uno de nosotros y la comunidad cristiana está llamada al discernimiento continuo sobre lo que es compatible con la novedad traída por Jesús y la permanencia en lo antiguo. El mundo evoluciona y las personas evolucionamos también. Como dice San Pablo: “cuando era niño hablaba como un niños, pensaba como un niño… cuando me hice un hombre halaba y razonaba como un hombre”. Así también en nuestra vida espiritual: continuamente estamos llamados a tomar decisiones nuevas y dar pasos nuevos. Para no equivocarnos es necesario discernir a la luz de la Palabra y la vida de Jesús; cada año que pasa es una invitación a seguir creciendo y madurando como persona y creyente; los acontecimientos personales, eclesiales y sociales son una llamada personal y comunitaria a seguir a Jesús que está en medio de nosotros y que nos repite constantemente: “no tengas miedo, ven conmigo”.

Samuel le ha recordado a Saúl: “la obediencia vale más que el sacrificio, y la docilidad más que la grasa de los carneros”. Los ritos y las prácticas religiosas tienen valor cuando nacen de un corazón bueno y dócil; los actos externos jamás pueden suplir a la actitud interior del corazón. La obediencia a la voluntad de Dios vale más que todos los sacrificios y ayunos. San Juan habla de un culto “en espíritu y verdad” y Marcos de “odres nuevos”. Por eso la relación con Dios solo es auténtica cuando se fundamenta sobre la obediencia y la docilidad. Ser obediente es estar con la mente y el corazón abiertos y dispuestos a vibrar con cualquier soplo del Espíritu que continuamente nos invita a ir hacia delante sin volver la vista atrás. Es el Espíritu el que continuamente nos repite como a Abraham: “Sal de tu tierra”, deja tus seguridades y vete donde yo te mostraré.

“Odres nuevos”: es una forma de pensar y vivir al estilo de Jesús; es estar atento al paso de Dios por mi vida y la vida de la comunidad; es no atarse a nada que me impida avanzar; es dejar atrás el inmovilismo, la rutina, la pereza… y caminar siempre hacia adelante. Es vivir cada día lo que Pedro dijo de Jesús: “pasó por el mundo haciendo el bien y curando a los oprimidos por el mal”, es decir amar y servir a toda persona sea de la condición que sea.

José Luis Latorre, Misionero Claretiano

Fuente  :  https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy