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Autor: Patricio Osiadacz

EDD. lunes 02 de marzo de 2020

Hoy, lunes, 2 de marzo de 2020

Primera lectura

Lectura del libro del Levítico (19,1-2.11-18):

EL Señor habló así a Moisés:
«Di a la comunidad de los hijos de Israel:
“Sed santos, porque yo, el Señor, vuestro Dios, soy santo.
No robaréis ni defraudaréis ni os engañaréis unos a otros.
No juraréis en falso por mi nombre, profanando el nombre de tu Dios. Yo soy el Señor.
No explotarás a tu prójimo ni le robarás. No dormirá contigo hasta la mañana siguiente el jornal del obrero.
No maldecirás al sordo ni pondrás tropiezo al ciego. Teme a tu Dios. Yo soy el Señor.
No daréis sentencias injustas. No serás parcial ni por favorecer al pobre ni por honrar al rico. Juzga con justicia a tu prójimo.
No andarás difamando a tu gente, ni declararás en falso contra la vida de tu prójimo. Yo soy el Señor.
No odiarás de corazón a tu hermano, pero reprenderás a tu prójimo, para que no cargues tú con su pecado.
No te vengarás de los hijos de tu pueblo ni les guardarás rencor, sino que amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo soy el Señor”».

Palabra de Dios

Salmo

Sal 18,8.9.10.15

R/.
Tus palabras, Señor, son espíritu y vida

V/. La ley del Señor es perfecta
y es descanso del alma;
el precepto del Señor es fiel
e instruye a los ignorantes. R/.

V/. Los mandatos del Señor son rectos
y alegran el corazón;
la norma del Señor es límpida
y da luz a los ojos. R/.

V/. El temor del Señor es puro
y eternamente estable;
los mandamientos del Señor son verdaderos
y enteramente justos. R/.

V/. Que te agraden las palabras de mi boca,
y llegue a tu presencia el meditar de mi corazón,
Señor, Roca mía, Redentor mío. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Mateo (25,31-46):

EN aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Cuando venga en su gloria el Hijo del hombre, y todos los ángeles con él, se sentará en el trono de su gloria y serán reunidas ante él todas las naciones.
Él separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas de las cabras.
Y pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda.
Entonces dirá el rey a los de su derecha:
“Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo.
Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a yerme”.
Entonces los justos le contestarán:
“Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te alimentamos, o con sed y te dimos de beber?; ¿cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos?; ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?”.
Y el rey les dirá:
“En verdad os digo que cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis”.
Entonces dirá a los de su izquierda:
“Apartaos de mí, malditos, id al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber, fui forastero y no me hospedasteis, estuve desnudo y no me vestisteis, enfermo y en la cárcel y no me visitasteis”.
Entonces también estos contestarán:
“Señor, ¿cuándo te vimos con hambre o con sed, o forastero o desnudo, o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos?”.
Él les replicará:
“En verdad os digo: lo que no hicisteis con uno de estos, los más pequeños, tampoco lo hicisteis conmigo”.
Y estos irán al castigo eterno y los justos a la vida eterna».

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

Edgardo Guzmán

Queridos amigos y amigas:

El texto de la primera lectura de hoy se abre con la llamada a la santidad dirigido a todo el pueblo de Israel. La motivación profunda es la propia santidad de Dios: «sean santos porque yo el Señor soy santo». El Señor es el “totalmente otro”, el radicalmente distinto del ser humano. De ahí, el sentido etimológico de “santo” que quiere decir “poner aparte”.

Esta santidad a la que llama el libro del Levítico no es una santidad para apartarse del mundo. El texto recuerda al creyente que está llamado a participar de la santidad de Dios, que se expresa en un nuevo tipo de relaciones con los demás, basadas en el amor y la justicia. Estas afirmaciones de la santidad divina y la santidad del creyente, junto con la segunda parte de este texto del Levítico que enfatiza el amor al prójimo, no es solo un texto muy conocido y citado, incluso por el mismo Jesús, sino que también nos habla del núcleo espiritual del creyente: su amor a Dios y su amor al prójimo.

Esta centralidad del amor en las relaciones con los demás, aplicado a la vida concreta por el creyente o la comunidad, es lo que dará testimonio ante el mundo de haber sido “puesto aparte” por Dios, es decir, de ser el pueblo Santo de Dios que vive desde sus valores. Esta santidad a la que invita el Levítico inspira una ética personal y social que promueve la construcción de un mundo más humano y, por lo tanto, más divino.

En el Evangelio se nos narra la conclusión del discurso escatológico de Mateo, en la línea de la tradición bíblica apocalíptica, lo que tiene que ver con las cosas últimas, con el juicio final. En esta imagen Jesús viene presentado como el “Hijo del hombre”, como una figura humana-divina que tiene la misión de instaurar el Reino de Dios. Jesús aparece como un personaje glorioso para llevar a la historia en modo definitivo a esa realidad que en el tiempo ha permanecido escondida a los ojos de los todos.

La imagen del juicio final se nos presenta con una metáfora pastoril, “como un pastor separa las ovejas de las cabras”, propio del ambiente palestino del tiempo de Jesús. Este Rey-Pastor “separará a unos de otros”, en ese sentido es un juicio, cuyo criterio distintivo será la caridad. Según este texto del Evangelio de Mateo lo que no salva es la caridad, el amor practicado con gestos y acciones concretas: dar de comer, dar de beber, dar hospedaje, vestir, visitar al que está enfermo o en la cárcel. Lo que nos salvará son las obras, como nos recuerda la Carta de Santiago: «Una fe sin obras está muerta» (cf. Sant 2, 17). «Muéstrame tu fe sin obras y yo te mostraré por las obras mi fe» (Sant 2, 18).

El texto nos revela también algo sorprendente, y es que Jesús nos muestra cómo esta figura real quiere identificarse con los que tienen hambre, sed, los migrantes, los que están desnudos, enfermos o en la cárcel. Ninguno fue capaz de reconocerlo con los ojos de la carne, tampoco se dice que fue a la luz de la fe o por la fidelidad al cumplimiento de la Ley. Se trata simplemente de amar con los hechos, de respetar y valorar la dignidad de los demás, descubriendo en ellos la presencia del Señor. ¿Soy capaz de reconocer en los demás, sobre todo en los más vulnerables la presencia y la llamada de Jesús?

Fraternalmente, Edgardo Guzmán CMF

eagm796@hotmail.com

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

Homilía para la Eucaristía del domingo 01 de marzo de 2020.

DOMINGO PRIMERO DE CUARESMA.(Dgo. 1 de Marzo).

Génesis 2, 7-9; 3,1-7: Dos partes: primero, poema de la creación; en ella el nombre ocupa un lugar especial, está en el jardín = Paraíso. Segundo, descripción del proceso psicológico de la tentación: “serán como dioses”.

Romanos 5,12-19: Se contraponen dos personajes: Adán y Jesucristo, el nuevo Adán. Por el primer Adán entró el pecado, por el segundo, Cristo, la salvación, caracterizada por la obediencia.

Mateo 4,1-11: Después de cuarenta días de ayuno Jesús sufre la tentación. Aparecen tres, pero en el fondo es una; Jesús retoma y rehace la historia de Israel en el desierto. Jesús vence la tentación.

1.- Hoy iniciamos el tiempo de Cuaresma, tiempo de preparación para la Pascua: la resurrección de Jesucristo. Es un tiempo de conversión, tiempo en el que debemos renovar nuestra opción bautismal. Porque somos bautizados, que hemos optado por el Señor, así como lo hiciera Israel allá en el Sinaí. El Pueblo de Dios peregrinó por desierto y experimentó la prueba, la tentación. La tentación de la autosuficiencia, el alimento o sustento sin Dios; la tentación de ser infieles yendo en pos de otros dioses y sentirse fuertes.

Jesús revive en su persona las pruebas de Israel, las pruebas de la humanidad. La diferencia está en que Él las superó. El fracaso del Pueblo de Dios en el desierto lo redime también Jesús en el desierto.

2.- Nosotros los cristianos, que hemos hecho una opción por Cristo en nuestro bautismo, también, como todo ser humano, experimentamos la tentación y, como Eva, nos hemos encandilado y caído. Pero san Pablo nos da la Buena Noticia: Jesucristo con su obediencia nos salva, nos redime de nuestras desobediencias.

El texto de san Pablo es capital, ya que nos muestra cómo todos nosotros, por el simple hecho de ser humanos, estamos inclinados al mal y, como humanos que somos, hemos desobedecido a Dios. Porque Dios nos quiere plenos, llenos de amor, pero nosotros no le hemos hecho caso, desobedecemos. Jesús, en cambio, es el obediente por excelencia ya que sometió su voluntad a la de Dios. Se hizo obediente hasta las últimas consecuencias.

3.- Lo que la Sagrada Escritura dice, aunque parezca un cuento infantil que hace sonreír al hombre de hoy, sin embargo retrata muy bien el proceso psicológico de la tentación. El hombre primitivo, el hombre israelita del desierto, el hombre de todos los tiempos, siempre ha experimentado la misma tentación: ser como Dios, bastarse a sí mismo, ya no necesita el maná y cae en la autosuficiencia. A tal grado llega esta autosuficiencia que se cree conocedor del bien y del mal, es decir, el hombre es quien decide lo que es moralmente bueno o malo. (Y solo Dios es quien dice qué es malo o bueno). Y es lo que siempre se ha vivido en la humanidad.

El gran obstáculo para ser verdaderamente cristianos  es la tentación, que actualmente se reviste de muchas maneras. Porque tenemos la tentación de las ideologías (de izquierda o de derecha) que esclavizan al ser humano. La tentación del consumismo: lo importante del hombre es tener, consumir, comprar compulsivamente. La Tentación del hedonismo: la vida fácil, burguesa. La  tentación de la autorrealización, que conduce a un terrible individualismo; etc.

4.- Jesús nos enseña a superar todas las tentaciones.

Cuaresma, tiempo de revisión, de conversión, de un volvernos a centrar en el Señor. Yo diría que la dinámica de la vida espiritual de este tiempo (y de todo tiempo) es: centrarse, concentrarse y descentrarse.

Centrarse: en Cristo, el único Señor y Salvador.

Concentrarse: en lo único necesario, que es buscar el Reino de Dios y su justicia. Basta de dispersión.

Descentrarse: volcarse al otro, al hermano. Debemos dejar de ser egocéntricos, ególatras.

Jesús así lo hizo y así lo enseñó con su vida.

La Eucaristía es la mejor manera de expresar todo esto. Más que con la ceniza, con la Eucaristía queremos reoptar por el Señor.

         Hermano Pastor Salvo Beas.

EDD. sábado 29 de febrero de 2020

Hoy, sábado, 29 de febrero de 2020

Primera lectura

Lectura del libro de Isaías (58,9b-14):

ESTO dice el Señor:
«Cuando alejes de ti la opresión,
el dedo acusador y la calumnia,
cuando ofrezcas al hambriento de lo tuyo
y sacies al alma afligida,
brillará tu luz en las tinieblas,
tu oscuridad como el mediodía.
El Señor te guiará siempre,
hartará tu alma en tierra abrasada,
dará vigor a tus huesos.
Serás un huerto bien regado,
un manantial de aguas que no engañan.
Tu gente reconstruirá las ruinas antiguas,
volverás a levantar los cimientos de otros tiempos;
te llamarán “reparador de brechas”,
“restaurador de senderos”,
para hacer habitable el país.
Si detienes tus pasos el sábado,
para no hacer negocios en mi día santo,
y llamas al sábado “mi delicia”
y lo consagras a la gloria del Señor;
si lo honras, evitando viajes,
dejando de hacer tus negocios y de discutir tus asuntos,
entonces encontrarás tu delicia en el Señor.
Te conduciré sobre las alturas del país
y gozarás del patrimonio de Jacob, tu padre.
Ha hablado la boca del Señor».

Palabra de Dios

Salmo

Sal 85,1-2.3-4.5-6

R/.
Enséñame, Señor, tu camino,
para que siga tu verdad

V/. Inclina tu oído, Señor, escúchame,
que soy un pobre desamparado;
protege mi vida, que soy un fiel tuyo;
salva, Dios mío, a tu siervo, que confía en ti. R/.

V/. Piedad de mí, Señor,
que a ti te estoy llamando todo el día;
alegra el alma de tu siervo,
pues levanto mi alma hacia ti, Señor. R/.

V/. Porque tú, Señor, eres bueno y clemente,
rico en misericordia con los que te invocan.
Señor, escucha mi oración,
atiende a la voz de mi súplica. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Lucas (5,27-32):

EN aquel tiempo, vio Jesús a un publicano llamado Leví, sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo:
«Sígueme».
Él, dejándolo todo, se levantó y lo siguió. Leví ofreció en su honor un gran banquete en su casa, y estaban a la mesa con ellos un gran número de publicanos y otros. Y murmuraban los fariseos y sus escribas diciendo a los discípulos de Jesús:
«¿Cómo es que coméis y bebéis con publicanos y pecadores?»
Jesús les respondió:
«No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores a que se conviertan».

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

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Comentario al Evangelio de hoy sábado, 29 de febrero de 2020

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Pepe Lillo, cmf

Tercer día después de Ceniza:

Queridos amigos:

El mirar de Dios y el mirar de los seres humanos; el mirar desde el amor y el de los intereses más particulares y egocéntricos; el punto de mira del amor misericordioso y el del prejuicio justiciero de las apariencias.

Una mirada de Dios a cada uno que se vuelve llamada e invitación al seguimiento. Cuando se siente la “mirada de Dios” entonces se produce el milagro de vivir con un corazón sanado de prejuicio, del miedo, y de la egolatría que frecuentemente embarga a esta humanidad. Por eso el prójimo es nuestra mejor medicina, la que Dios nos da.

Te dejo con esta otra llamada por si te sirve para la cuaresma.

LA LLAMADA

Era una de esas personas
que se dicen buenas,
me gustaba alegrar la vida de los demás,
compartir con ellos la felicidad y las risas.
Pero me preguntaba a mí mismo,
¿Qué querrá Dios de mí, si ya soy bueno?
Un día, por despiste,
se me ocurrió asomarme a la ventana
de mi felicidad
y descubrí la mirada triste
del que está solo y marginado,
el llanto del niño que tiene hambre,
el dolor del enfermo,
la lucha del que no tiene trabajo,
la tristeza del que no tiene quien le ame.
….

Todos me tendían las manos,
pero yo no entendía su queja,
y les decía:
“Yo, ya soy feliz y bueno, ¿qué queréis?

Desde la ventana de mi felicidad
te preguntaba:
“Dios ¿Qué hay que hacer para seguir siendo bueno?

Y Tú respondías siempre:

¡ESCUCHA A TUS HERMANOS!,
¡ESCUCHA A TUS HERMANOS!

Miré sus manos, Señor
y oí el gemido de su voz:
“Sé, la carrera del cojo,
la vista del ciego,
la voz del que no habla.
Sé el pan del hambriento,
la fuerza del que lucha,
la alegría del triste,
llora con el desconsolado
y sonríe con el alegre
 ”
Y yo te pregunté:
Y ¿mi alegría, mi comodidad,mi felicidad?

Y Tú respondías siempre:

ESCUCHA A TUS HERMANOS.

Decidí dejar la ventana de felicidad.
Hice de mi tiempo, el tiempo de ellos,
de mis días, nuestra vida,
de mi sonrisa, nuestra alegría,
de mi fe, tu presencia.
Señor, hoy me presento ante Ti,
con las heridas, el hambre
y los problemas de mis hermanos,
Señor, que no me falten nunca ellos
para poder seguir siendo feliz.
Que tengas buena andadura de Cuaresma.

Pepe Lillo cmf.
lillo.jm@hotmail.com

Fuente. : https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

EDD. Viernes 28 de febrero de 2020.

Hoy, viernes, 28 de febrero de 2020

Primera lectura

Lectura del libro de lsaías (58,1-9a):

ESTO dice el Señor Dios:
«Grita a pleno pulmón, no te contengas;
alza la voz como una trompeta,
denuncia a mi pueblo sus delitos,
a la casa de Jacob sus pecados.
Consultan mi oráculo a diario,
desean conocer mi voluntad.
Como si fuera un pueblo que practica la justicia
y no descuida el mandato de su Dios,
me piden sentencias justas,
quieren acercarse a Dios.
“¿Para qué ayunar, si no haces caso;
mortificarnos, si no te enteras?”
En realidad, el día de ayuno hacéis vuestros negocios
y apremiáis a vuestros servidores;
ayunáis para querellas y litigios,
y herís con furibundos puñetazos.
No ayunéis de este modo,
si queréis que se oiga vuestra voz en el cielo.
¿Es ese el ayuno que deseo en el día de la penitencia:
inclinar la cabeza como un junco,
acostarse sobre saco y ceniza?
¿A eso llamáis ayuno,
día agradable al Señor?
Este es el ayuno que yo quiero:
soltar las cadenas injustas,
desatar las correas del yugo,
liberar a los oprimidos,
quebrar todos los yugos,
partir tu pan con el hambriento,
hospedar a los pobres sin techo,
cubrir a quien ves desnudo
y no desentenderte de los tuyos.
Entonces surgirá tu luz como la aurora,
enseguida se curarán tus heridas,
ante ti marchará la justicia,
detrás de ti la gloria del Señor.
Entonces clamarás al Señor y te responderá;
pedirás ayuda y te dirá: “Aquí estoy”».

Palabra de Dios

Salmo

Sal 50,3-4.5-6a.18-19

R/.
Un corazón quebrantado y humillado,
tú, Dios mío, no lo desprecias

V/. Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
por tu inmensa compasión borra mi culpa;
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado. R/.

V/. Pues yo reconozco mi culpa,
tengo siempre presente mi pecado.
Contra ti, contra ti sólo pequé,
cometí la maldad en tu presencia. R/.

V/. Los sacrificios no te satisfacen:
si te ofreciera un holocausto, no lo querrías.
El sacrificio agradable a Dios
es un espíritu quebrantado;
un corazón quebrantado y humillado,
tú, oh, Dios, tú no lo desprecias. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Mateo (9,14-15):

EN aquel tiempo, los discípulos de Juan se le acercan a Jesús, preguntándole:
«¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos a menudo y, en cambio, tus discípulos no ayunan?».
Jesús les dijo:
«¿Es que pueden guardar luto los amigos del esposo, mientras el esposo está con ellos? Llegarán días en que les arrebatarán al esposo, y entonces ayunarán».

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

hoy viernes, 28 de febrero de 2020

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Pepe Lillo, cmf

Segundo día después de Ceniza.

Queridos amigos:

Miramos la cuaresma con un colorido peculiar, y que en no pocas ocasiones proyectamos a nuestro alrededor contagiando a la vida misma con un tinte triste, apesadumbrado, doloso, negativo…. victimista. “Oración, ayuno, limosna” es la triple invitación cuaresmal que frecuentemente asumimos como una imposición del tiempo litúrgico, una sobrecarga de la “religiosidad tradicional” para nuestras apretadas agendas personales y sociales; en consecuencia alzamos la mirada al cielo haciendo observar la inutilidad del sacrificio realizado y argumentamos en el entorno sobre la ineficacia del empeño, el atavismo cultural; al tiempo que clamamos en el lamento de un duelo lleno de envidia por quienes no cargan con nuestra penitencia. Somos la viva imagen de aquel cofrade que cargando con su cruz iba echando juramentos a todo el que se asomaba a contemplar la belleza del paso del calvario.

Una espiritualidad y ascéticas vividas como imposición, son inútiles para quien las practica y antitestimoniales para quien las contempla, ¡Auténtica carga de costalero desmotivado y depresivo! ¿Cómo no nos van a echar en cara a muchos de los que nos decimos creyentes ese aire funesto con el que teñimos nuestra vida y pretendemos decolorar la de los otros?

Desde luego, “los amigos del novio” llevan un aire distinto: jovial, entusiasta, rebosante de alegría, gozoso por poder participar de la fiesta a que han sido invitados.

¿Y si diéramos un giro a nuestras oraciones, ayunos y penitencias?

De una oración entendida como tiempo intransigente del rezo obligatorio y de devociones marcadas y labios que pronuncian rutinas para pretender dejar bendito todo lo que vemos y tocamos…A una ORACIÓN que suponga rescatar un breve tiempo para el encuentro personal y con el Padre, sin muchas palabras pero con un deseo enorme de hacerle partícipe de mi vida. Incluyendo en ese encuentro a las personas que amo o digo amar.

Un AYUNO que más allá de alimentario entienda que no puedo dejar mi vida en un frenético pasar los días sin ningún tipo de exigencia personal en provecho propio y ajeno. Ayuno de: apatía, de todo vale a cualquier coste, de derrotismo barato y palabrería para justificarme. A cambio una “DIETA” de austeridad, contra-consumista, que me permita ver dónde están los valores fundamentales; de cercanía a personas a quienes trato con dureza e indiferencia, ayunando de palabras duras e hirientes. …

LIMOSNA que se aleja de la mirada miserable que impongo al mundo a cambio de la acogida en mi vida de la persona del otro, con todos sus problemas -y también sus alegrías-. La auténtica limosna lejos de suponer pérdida de lo mío, significa la ganancia en la riqueza personal del otro.

ORACIÓN, AYUNO, LIMOSNA lejos de ser un castigo porque ha llegado la cuaresma, son una gran oportunidad para descubrir la alegría del Evangelio y disfrutar de la Bienaventuranza del Reino.

Te deseo toda la felicidad del mundo.

Pepe Lillo cmf.
lillo.jm@hotmail.com

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

El “desierto cuaresmal”, “camino de caridad” – Catequesis completa

Miércoles de Ceniza

febrero 26, 2020 18:01Larissa I. LópezAudiencia General

(zenit – 26 de febrero 2020).- Para el Papa Francisco, el desierto cuaresmal “es el lugar de la soledad” que nos lleva a los solitarios y marginados, a los que, “acallados, piden silenciosamente nuestra ayuda. Tantas miradas silenciosas que piden nuestra ayuda. El camino en el desierto cuaresmal es un camino de caridad hacia los más débiles”.

Hoy, 26 de febrero de 2020, Miércoles de Ceniza, en la plaza de San Pedro, el Santo centró la reflexión de su catequesis en la Cuaresma. Concretamente, el pasaje del Evangelio según san Lucas (Lc 4,1) en el que  Jesús se adentra en el desierto.

Desierto espiritual

En primer lugar, Francisco resaltó que el camino de cuaresmal constituye “un camino de cuarenta días hacia la Pascua, hacia el corazón del año litúrgico y de la fe”, que sigue el retiro de Jesús al desierto para rezar y ayunar y en el que fue tentado por el diablo.

Después, quiso explicar el significado del desierto desde un punto de vista espiritual. Así, describió que el desierto es el lugar donde nos separamos del ruido que nos rodea, donde se hace el silencio y “se reencuentra la intimidad con Dios, el amor del Señor”.

De este modo, el Papa señaló que la Cuaresma es el tiempo propicio “para hacer sitio a la Palabra de Dios”, para “apagar el televisor y abrir la Biblia”, “de desconectarnos del móvil y conectarnos al Evangelio”. Y también de “dejar las palabras inútiles, la charlatanería, los rumores, los chismes, y hablar y habar de ‘tú’ al Señor”.

Distinguir lo esencial

El Pontífice también se refirió a que el ambiente actual “está contaminado por demasiada violencia verbal, por tantas palabras ofensivas y dañinas, que la red amplifica”. Estamos, continuó, “acostumbrados a escuchar de todo sobre todos y nos arriesgamos a caer en una mundanidad que nos atrofia el corazón” y “nos cuesta distinguir la voz del Señor que nos habla, la voz de la conciencia, la voz del bien. Jesús, llamándonos al desierto, nos invita a escuchar lo que importa, lo importante, lo esencial”.

“El desierto es el lugar de lo esencial. Miremos nuestras vidas: ¡cuántas cosas inútiles nos rodean! Perseguimos mil cosas que parecen necesarias y en realidad no lo son. ¡Cuánto bien nos haría deshacernos de tantas realidades superfluas, redescubrir lo que importa, encontrar los rostros de los que están a nuestro lado!”. Por eso, ayunar es saber renunciar “a las cosas vanas, a lo superfluo, para ir a lo esencial”, “buscar la belleza de una vida más simple”, expuso el Obispo de Roma.

Finalmente, el Santo Padre apuntó que la oración, el ayuno y las obras de misericordia constituyen el “camino en el desierto cuaresmal” y animó a entrar en él con Jesús, “saboreando la Pascua, el poder del amor de Dios que renueva la vida”.

A continuación, sigue la catequesis completa del Papa Francisco.

***

Catequesis del Santo Padre

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Hoy, Miércoles de Ceniza, comenzamos el camino de cuaresmal, un camino de cuarenta días hacia la Pascua, hacia el corazón del año litúrgico y de la fe. Es un camino que sigue al de Jesús, que al principio de su ministerio se retiró durante cuarenta días para rezar y ayunar, tentado por el diablo, en el desierto. Es precisamente del significado espiritual del desierto lo que me gustaría hablarles hoy. Lo que el desierto significa espiritualmente para todos nosotros, incluso para los que vivimos en la ciudad, lo que el desierto significa.

Imaginemos que estamos en un desierto. La primera sensación sería encontrarnos rodeados de un gran silencio: ningún ruido, aparte del viento y nuestra respiración. Aquí, el desierto es el lugar de separación del ruido que nos rodea. Es la ausencia de palabras para dar espacio a otra Palabra, la Palabra de Dios, que como una suave brisa acaricia nuestros corazones (cf. 1 Reyes 19:12). El desierto es el lugar de la Palabra, con mayúscula. En la Biblia, de hecho, al Señor le encanta hablarnos en el desierto. En el desierto le da a Moisés las “diez palabras”, los diez mandamientos. Y cuando el pueblo se aleja de Él, convirtiéndose en una novia infiel, Dios dice: “He aquí que la conduciré al desierto y le hablaré al corazón”. Allí me responderá, como en los días de su juventud” (Os 2, 16-17). En el desierto se oye la Palabra de Dios, que es como un sonido ligero. El Libro de los Reyes dice que la Palabra de Dios es como un hilo de silencio sonoro. En el desierto se reencuentra la intimidad con Dios, el amor del Señor. A Jesús le gustaba retirarse todos los días a lugares desiertos para orar (cf. Lc 5:16). Nos enseñó a buscar al Padre, que nos habla en silencio. Y no es fácil estar en silencio en el corazón, porque siempre intentamos hablar un poco, estar con los demás.

La Cuaresma es el tiempo propicio para hacer sitio a la Palabra de Dios. Es el tiempo de apagar el televisor y abrir la Biblia. Es el momento de desconectarnos del móvil y conectarnos al Evangelio. Cuando era niño no había televisión, pero existía el hábito de no escuchar la radio. La Cuaresma es desierto, es hora de rendirse, de desconectarse del móvil y conectarse al Evangelio. Es el momento de dejar las palabras inútiles, la charlatanería, los rumores, los chismes, y hablar y habar de “tú” al Señor. Es el momento de dedicarnos a una sana ecología del corazón, hacer limpieza ahí. Vivimos en un ambiente contaminado por demasiada violencia verbal, por tantas palabras ofensivas y dañinas, que la red amplifica. Hoy se insulta como si se dijese “Buenos días”. Estamos inundados de palabras vacías, publicidad, mensajes falsos. Estamos acostumbrados a escuchar de todo sobre todos y nos arriesgamos a caer en una mundanidad que nos atrofia el corazón y no hay un bypass para curar esto, solo el silencio. Nos cuesta distinguir la voz del Señor que nos habla, la voz de la conciencia, la voz del bien. Jesús, llamándonos al desierto, nos invita a escuchar lo que importa, lo importante, lo esencial. Al diablo que lo tentaba le respondió: “No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mt 4,4). Como el pan, más que el pan necesitamos la Palabra de Dios, necesitamos hablar con Dios: necesitamos rezar. Porque solo ante Dios salen a la luz las inclinaciones del corazón y caen las dobleces del alma. Aquí está el desierto, lugar de vida, no de muerte, porque dialogar en silencio con el Señor nos devuelve la vida.

Intentemos de nuevo pensar en un desierto. El desierto es el lugar de lo esencial. Miremos nuestras vidas: ¡cuántas cosas inútiles nos rodean! Perseguimos mil cosas que parecen necesarias y en realidad no lo son. ¡Cuánto bien nos haría deshacernos de tantas realidades superfluas, redescubrir lo que importa, encontrar los rostros de los que están a nuestro lado! Jesús también nos da un ejemplo de esto, ayunando. Ayunar es saber renunciar a las cosas vanas, a lo superfluo, para ir a lo esencial. El ayuno no es solo para perder peso, el ayuno es ir precisamente a lo esencial, es buscar la belleza de una vida más simple.

El desierto, finalmente, es el lugar de la soledad. Incluso hoy, cerca de nosotros, hay muchos desiertos. Son las personas solitarias y abandonadas. ¡Cuántos pobres y ancianos están a nuestro lado y viven en silencio, sin hacer escándalo, marginados y descartados! Hablar de ellos no da audiencia. Pero el desierto nos lleva a ellos, a aquellos que, silenciados, piden silenciosamente nuestra ayuda. Tantas miradas silenciosas que piden nuestra ayuda. El camino en el desierto cuaresmal es un camino de caridad hacia los más débiles.

Oración, ayuno, obras de misericordia: este es el camino en el desierto de Cuaresma.

Queridos hermanos y hermanas, con la voz del profeta Isaías, Dios ha hecho esta promesa: “He aquí que hago algo nuevo, abriré camino en el desierto” (Is 43,19). En el desierto se abre el camino que nos lleva de la muerte a la vida. Entramos en el desierto con Jesús, saldremos de él saboreando la Pascua, el poder del amor de Dios que renueva la vida. Nos pasará como a esos desiertos que florecen en primavera, haciendo germinar de repente, “de la nada”, los brotes y las plantas. Ánimo, entremos en este desierto de Cuaresma, sigamos a Jesús en el desierto: con Él nuestros desiertos florecerán.

Traducción de zenit

EDD. jueves 27 de febrero de 2020.

Hoy, jueves, 27 de febrero de 2020

Primera lectura

Lectura del libro del Deuteronomio (30,15-20):

MOISÉS habló al pueblo, diciendo:
«Mira: hoy pongo delante de ti la vida y el bien, la muerte y el mal. Pues yo te mando hoy amar al Señor, tu Dios, seguir sus caminos, observar sus preceptos, mandatos y decretos, y así vivirás y crecerás y el Señor, tu Dios, te bendecirá en la tierra donde vas a entrar para poseerla.
Pero, si tu corazón se aparta y no escuchas, si te dejas arrastrar y te postras ante otros dioses y les sirves, yo os declaro hoy que moriréis sin remedio; no duraréis mucho en la tierra adonde tú vas a entrar para tomarla en posesión una vez pasado el Jordán.
Hoy cito como testigos contra vosotros al cielo y a la tierra. Pongo delante de ti la vida y la muerte, la bendición y la maldición. Elige la vida, para que viváis tú y tu descendencia, amando al Señor, tu Dios, escuchando su voz, adhiriéndote a él, pues él es tu vida y tus muchos años en la tierra que juró dar a tus padres, Abrahán, Isaac y Jacob».

Palabra de Dios

Salmo

Sal 1

R/.
Dichoso el hombre
que ha puesto su confianza en el Señor

V/. Dichoso el hombre
que no sigue el consejo de los impíos,
ni entra por la senda de los pecadores,
ni se sienta en la reunión de los cínicos;
sino que su gozo es la ley del Señor,
y medita su ley día y noche. R/.

V/. Será como un árbol
plantado al borde de la acequia:
da fruto en su sazón
y no se marchitan sus hojas;
y cuanto emprende tiene buen fin. R/.

V/. No así los impíos, no así;
serán paja que arrebata el viento.
Porque el Señor protege el camino de los justos,
pero el camino de los impíos acaba mal. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Lucas (9,22-25):

EN aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer día».
Entonces decía a todos:
«Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz cada día y me siga. Pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la salvará. ¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero si se pierde o se arruina a sí mismo?».

Palabra del Señor

REFLEXIÓN. :

Pepe Lillo, cmf

Primer día después de Ceniza :

Queridos amigos:

Si has decidido emprender el itinerario de la Cuaresma pasando el umbral de la Ceniza, no está de más acoger con atención las instrucciones que dan las lecturas de hoy, comenzando por el Deuteronomio: “Pongo ante ti vida y bien, muerte y mal; … si eliges … tendrás…”. Cuando nuestros padres nos educan en los primeros pasos de la libertad suelen decirnos con frecuencia ante elecciones absurdas: “luego no digas que….” o “atente a las consecuencias…. y cuando vengan los resultados no te quejes…”

Es lo lógico, si pones tus ahorros y esfuerzos en una buena empresa, lo normal será obtener beneficios, tranquilidad, prosperidad, dicha y felicidad o por lo menos así nos lo prometen. Pero si te gusta arriesgar en negocios y asuntos poco fiables…. “atente a las consecuencias” muerte y mal son inherentes a tu elección y a los devaneos en que te prodigaste.

Sin embargo el evangelio de Jesús rompe esta lógica y nos invita a poner en práctica las reglas inversas: Si quieres vida, escoge muerte; porque quien se agarra a la ficha de su vida, pierde la partida y a sí mismo.

Parecen dos maneras muy distintas de ver y valorar la vida -en realidad iguales, aunque la literalidad haya podido llevar a lecturas antagónicas en la historia- : Comodidad, tranquilidad, bienestar, placer, seguridad, ser bueno para sí mismo y ante el espejo…como ideal de vida. Por otro lado y con mirada evangélica: Esfuerzo por el cambio interior, inquietud ante las dolencias del mundo y las carencias de los otros -a quienes me “aprojimo” y de quienes me hago cargo, más allá del cansancio, hasta la cruz-, aprender a disfrutar la vida en la felicidad, los logros e incluso los dolores de los otros. Fuera envidia, competitividad, afán de poder y deseo de tener más….

La propuesta de Jesús es clara y la hemos escuchado muchas veces de una u otra manera, ¡cargar cada jornada con la vida!, la de los demás, desviviéndome en ellos, pronunciando sus nombres en el corazón para amarlos al modo en que Dios los ama, vivir en actitud de servicio constante ante las precariedades que se presentan y afrontar los retos por mejorar la realidad en la que estamos sumergidos, tratando de liberar ataduras y esclavitudes propias y ajenas.

Para quien desde la fe no entiende otra autoridad que el servir hasta dar la vida por amor, cargar cada jornada con la cruz de la vida es auténtica fuente de vida y dadora de sentido en la búsqueda de realización humana. y jamás entendida como castigo, como la entendieron los poderosos al cargarla sobre Jesús.

“AVE CRUX, SPES UNICA”, reza el lema que resuena desde los primeros siglos y se plasma en el pedestal de multitud de calvarios e iconografías diversas.

Recibe un cordial abrazo en la Cruz de Cristo

Pepe Lillo cmf.
lillo.jm@hotmail.com

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

EDD. miércoles 26 de febrero de 2020

Hoy, miércoles, 26 de febrero de 2020

Primera lectura

Lectura de la profecía de Joel (2,12-18):

AHORA —oráculo del Señor—,,
convertíos a mí de todo corazón,
con ayunos, llantos y lamentos;
rasgad vuestros corazones, no vuestros vestidos,
y convertíos al Señor vuestro Dios,
un Dios compasivo y misericordioso,
lento a la cólera y rico en amor,
que se arrepiente del castigo.
¡Quién sabe si cambiará y se arrepentirá
dejando tras de sí la bendición,
ofrenda y libación
para el Señor, vuestro Dios!
Tocad la trompeta en Sion,
proclamad un ayuno santo,
convocad a la asamblea,
reunid a la gente,
santificad a la comunidad,
llamad a los ancianos;
congregad a los muchachos
y a los niños de pecho;
salga el esposo de la alcoba
y la esposa del tálamo.
Entre el atrio y el altar
lloren los sacerdotes,
servidores del Señor,
y digan:
«Ten compasión de tu pueblo, Señor;
no entregues tu heredad al oprobio
ni a las burlas de los pueblos».
¿Por qué van a decir las gentes:
«Dónde está su Dios»?
Entonces se encendió
el celo de Dios por su tierra
y perdonó a su pueblo.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 50,3-4.5-6a.12-13.14.17

R/.
Misericordia, Señor: hemos pecado

V/. Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
por tu inmensa compasión borra mi culpa;
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado. R/.

V/. Pues yo reconozco mi culpa,
tengo siempre presente mi pecado.
Contra ti, contra ti sólo pequé,
cometí la maldad en tu presencia. R/.

V/. Oh, Dios, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme.
No me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu. R/.

V/. Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu generoso.
Señor, me abrirás los labios,
y mi boca proclamará tu alabanza. R/.

Segunda lectura

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios (5,20–6,2):

HERMANOS:
Actuamos como enviados de Cristo, y es como si Dios mismo exhortara por medio de nosotros. En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios.
Al que no conocía el pecado, lo hizo pecado en favor nuestro, para que nosotros llegáramos a ser justicia de Dios en él.
Y como cooperadores suyos, os exhortamos a no echar en saco roto la gracia de Dios. Pues dice:
«En el tiempo favorable te escuché,
en el día de la salvación te ayudé».
Pues mirad: ahora es el tiempo favorable, ahora es el día de la salvación.

Palabra de Dios

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Mateo (6,1-6.16-18):

EN aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tenéis recompensa de vuestro Padre celestial.
Por tanto, cuando hagas limosna, no mandes tocar la trompeta ante ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles para ser honrados por la gente; en verdad os digo que ya han recibido su recompensa.
Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.
Cuando oréis, no seáis como los hipócritas, a quienes les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vean los hombres. En verdad os digo que ya han recibido su recompensa.
Tú, en cambio, cuando ores, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo recompensará.
Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas que desfiguran sus rostros para hacer ver a los hombres que ayunan. En verdad os digo que ya han recibido su paga.
Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note, no los hombres, sino tu Padre, que está en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará».

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

Pepe Lillo, cmf

El Miércoles de Ceniza se me asemeja al paso de una frontera, una puerta de embarque, un cambio de destino (para quienes por oficio o estado de vida nos toca de vez en cuando), si quieres hasta un agujero en el tiempo. Un antes y un después. Un acceso que nos empuja a un ámbito de la fe sin retorno al instante anterior; instante en el que nuestras rutinas, ataduras y aparentes albedríos sometidos a los criterios y valores del mundo que pisamos, nos tienen sumidos en el caos de cada jornada. Un antes y un después de la celebración de la ceniza.

Un antes que nos da pereza dejar: las calles de nuestra vida con sus recorridos habituales; nuestros escaparates de atractivo; nuestros ritmos de trabajo, ocio, pasión, indiferencia, tedio, ansiedad, palabrería, orden y desorden… pero es el mundo que conozco y que creo dominar a mi antojo, que recorremos a diario tú y yo bajo el principio de “sacar el máximo placer a la vida”.

No quisiéramos llegar a esa puerta de embarque en que la nostalgia de los recuerdos de lo vivido se agolpan en el sentimiento de abandono de las propias seguridades; dejar atrás todo aquello que acaparó nuestra dedicación y esfuerzo a cambio de comenzar un tiempo nuevo de la vida, es siempre incómodo e incierto. Las despedidas se alargan inútilmente, las lágrimas si las hubiere, remedian poco la soledad de la decisión por hacerse al necesario embarque en la respuesta a la llamada que se nos hace. Y la puerta, el paso, el instante, el cambio de vida… El MIÉRCOLES DE CENIZA están ahí de manera irremediable.

La llamada para embarcar en una conversión y cambio reales, interiores, transformadores de tu mundo, significativos en tu vida… está ahí de manera ineludible.

Puedes escenificar todo lo que quieras la batalla entre don carnal y doña Cuaresma, pero el momento y la toma de decisión no tienen vuelta. Prepara el visado de tu “Limosna, Oración y Ayuno”. No valen falsificaciones, apariencias, fingimientos ni obras de mala calidad; en la puerta de acceso está ese Padre que sin “escáner” ve en lo escondido de cada corazón.

¡Ánimo! Comienza la gran aventura de la Cuaresma.

Pepe Lillo cmf.

lillo.jm@hotmail.com

Por si quieres asomarte al “combate de don carnal y doña cuaresma» (Pieter Brueghel el Viejo).

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

EDD. martes 25 de febrero de 2020.

Hoy, martes, 25 de febrero de 2020

Primera lectura

Lectura de la carta del apóstol Santiago (4,1-10):

¿De dónde proceden las guerras y las contiendas entre vosotros? ¿No es de vuestras pasiones, que luchan en vuestros miembros? Codiciáis y no tenéis; matáis, ardéis en envidia y no alcanzáis nada; os combatís y os hacéis la guerra. No tenéis, porque no pedís. Pedís y no recibís, porque pedís mal, para dar satisfacción a vuestras pasiones. ¡Adúlteros! ¿No sabéis que amar el mundo es odiar a Dios? El que quiere ser amigo del mundo se hace enemigo de Dios. No en vano dice la Escritura: «El espíritu que Dios nos infundió está inclinado al mal.» Pero mayor es la gracia que Dios nos da. Por eso dice la Escritura: «Dios se enfrenta con los soberbios y da su gracia a los humildes.» Someteos, pues, a Dios y enfrentaos con el diablo, que huirá de vosotros. Acercaos a Dios, y Dios se acercará a vosotros. Pecadores, lavaos las manos; hombres indecisos, purificaos el corazón, lamentad vuestra miseria, llorad y haced duelo; que vuestra risa se convierta en llanto y vuestra alegría en tristeza. Humillaos ante el Señor, que él os levantará.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 54,7-8.9-10a.10b-11.23

R/.
Encomienda a Dios tus afanes, que él te sustentará

Pienso: «¡Quién me diera alas de paloma
para volar y posarme!
Emigraría lejos,
habitaría en el desierto.» R/.

«Me pondría en seguida a salvo de la tormenta,
del huracán que devora, Señor;
del torrente de sus lenguas.» R/.

Violencia y discordia veo en la ciudad:
día y noche hacen la ronda
sobre sus murallas. R/.

Encomienda a Dios tus afanes,
que él te sustentará;
no permitirá jamás que el justo caiga. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Marcos (9,30-37):

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se marcharon de la montaña y atravesaron Galilea; no quería que nadie se enterase, porque iba instruyendo a sus discípulos.
Les decía: «El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres, y lo matarán; y, después de muerto, a los tres días resucitará.» Pero no entendían aquello, y les daba miedo preguntarle.
Llegaron a Cafarnaún, y, una vez en casa, les preguntó: «¿De qué discutíais por el camino?»
Ellos no contestaron, pues por el camino habían discutido quién era el más importante.
Jesús se sentó, llamó a los Doce y les dijo: «Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos.»
Y, acercando a un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo: «El que acoge a un niño como éste en mi nombre me acoge a mí; y el que me acoge a mí no me acoge a mí, sino al que me ha enviado.»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

Pepe Lillo, cmf

Un saludo en este martes pre-ceniza:

“¿De dónde proceden las guerras y las contiendas entre vosotros? ¿No es de vuestras pasiones, que luchan en vuestros miembros?” Así comienza hoy el texto de la carta de Santiago en la primera lectura que creo muy recomendable leer con detenimiento. “¿De qué discutíais por el camino?” pregunta Jesús a sus discípulos en el evangelio.

Sin más preámbulos un dato de nuestra realidad: Los 22 hombres más ricos del mundo tienen más riqueza que todas las mujeres de África.

De todos es conocida la situación de injusticia y desigualdad de la sociedad mundial y todos tenemos nuestro elenco de imágenes y datos más menos puestos al día sobre el alcance y lo inhumano de la realidad en que vivimos. Éste parece otro demonio o mal espíritu -como quieras llamarlo- que desde el origen parece haber tomado posesión del ser humano. Pasan las generaciones, se suceden las guerras, las masacres, los holocaustos… los armisticios, los tratados de derechos… y seguimos padeciendo de los mismos celos, rivalidades, afanes de poder, …. que nos llevan a echar mal de ojo al que tenemos cerca y a olvidar en la indiferencia al de lejos, al tiempo que excusamos la usurpación de sus bienes y derechos amparados en que quien aprieta el gatillo es otro, o acusamos de indecente la explotación laboral a la que alguna multinacional somete a sus obreros, o la insolidaridad de estados y sociedades ajenas – de las que todos tenemos un criterio claro de lo que deberían hacer.

La interpelación de Jesús es clara y nos deja sin cohartada. “¿De qué discutíais por el camino?….

¿Por qué no repasamos el camino nuestro de cada día para analizar de qué hablamos, qué codiciamos? ¿qué deseamos alcanzar, qué explicaciones damos de nuestros enfados, envidias, recelos, cuáles son nuestros consumos “explotadores” y que el planeta ya no puede sostener…? ¿por dónde se nos cuela el afán de poder y el deseo de ser más que el otro? ¿por qué no nos damos cuenta de que en el juicio sobre los otros con frecuencia expresamos el demonio que llevamos dentro?.

“Y, acercando a un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo: ….”

Otro dato: Actualmente hay 258 millones de niñas y niños sin escolarizar: uno de cada cinco. ¿Me siento capaz de abrazar a uno de ellos y descubrir el rostro de Dios? ¿Cuando tendré fuerzas suficientes para ponerme al servicio de aquellos con los que rivalizo en el camino de la vida?

Por si quieres ver más datos de la realidad:

https://www.oxfam.org/es/cinco-datos-escandalosos-sobre-la-desigualdad-extrema-global-y-como-combatirla

Un saludo y buena jornada:

Pepe Lillo cmf.
lillo.jm@hotmail.com

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

EDD. lunes 24 de febrero de 2020

Hoy, lunes, 24 de febrero de 2020

Primera lectura

Lectura de la carta del apóstol Santiago (3,13-18):

¿Hay alguno entre vosotros sabio y entendido? Que lo demuestre con una buena conducta y con la amabilidad propia de la sabiduría. Pero, si tenéis el corazón amargado por la envidia y las rivalidades, no andéis gloriándoos, porque sería pura falsedad. Esa sabiduria no viene del cielo, sino que es terrena, animal, diabólica. Donde hay envidias y rivalidades, hay desorden y toda clase de males. La sabiduría que viene de arriba ante todo es pura y, además, es amante de la paz, comprensiva, dócil, llena de misericordia y buenas obras, constante, sincera. Los que procuran la paz están sembrando la paz, y su fruto es la justicia.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 18,8.9.10.15

R/.
Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón

La ley del Señor es perfecta
y es descanso del alma;
el precepto del Señor es fiel
e instruye al ignorante. R/.

Los mandatos del Señor son rectos
y alegran el corazón;
la norma del Señor es límpida
y da luz a los ojos. R/.

La voluntad del Señor es pura
y eternamente estable;
los mandamientos del Señor son verdaderos
y enteramente justos. R/.

Que te agraden las palabras de mi boca,
y llegue a tu presencia el meditar de mi corazón,
Señor, roca mía, redentor mío. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Marcos (9,14-29):

En aquel tiempo, cuando Jesús y los tres discípulos bajaron de la montaña, al llegar adonde estaban los demás discípulos, vieron mucha gente alrededor, y a unos escribas discutiendo con ellos. Al ver a Jesús, la gente se sorprendió, y corrió a saludarlo.
Él les preguntó: «¿De qué discutís?»
Uno le contestó: «Maestro, te he traído a mi hijo; tiene un espíritu que no le deja hablar y, cuando lo agarra, lo tira al suelo, echa espumarajos, rechina los dientes y se queda tieso. He pedido a tus discípulos que lo echen, y no han sido capaces.»
Él les contestó: «¡Gente sin fe! ¿Hasta cuándo estaré con vosotros? ¿Hasta cuándo os tendré que soportar? Traédmelo.»
Se lo llevaron. El espíritu, en cuanto vio a Jesús, retorció al niño; cayó por tierra y se revolcaba, echando espumarajos.
Jesús preguntó al padre: «¿Cuánto tiempo hace que le pasa esto?»
Contestó él: «Desde pequeño. Y muchas veces hasta lo ha echado al fuego y al agua, para acabar con él. Si algo puedes, ten lástima de nosotros y ayúdanos.»
Jesús replicó: «¿Si puedo? Todo es posible al que tiene fe.»
Entonces el padre del muchacho gritó: «Tengo fe, pero dudo; ayúdame.»
Jesús, al ver que acudía gente, increpó al espíritu inmundo, diciendo: «Espíritu mudo y sordo, yo te lo mando: Vete y no vuelvas a entrar en él.»
Gritando y sacudiéndolo violentamente, salió. El niño se quedó como un cadáver, de modo que la multitud decía que estaba muerto. Pero Jesús lo levantó, cogiéndolo de la mano, y el niño se puso en pie.
Al entrar en casa, sus discípulos le preguntaron a solas: «¿Por qué no pudimos echarlo nosotros?»
Él les respondió: «Esta especie sólo puede salir con oración y ayuno.»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

Pepe Lillo, cmf

Un cordial saludo a todo el que se asoma a estos renglones con el fin de acoger la Palabra en el corazón:

Comenzamos esta semana en el tiempo ordinario y la terminaremos metidos en la cuaresma tras pasar esa puerta peculiar y fronteriza del Miércoles de Ceniza. Entretanto apuramos estos días con otro colorido de la Palabra y la liturgia, aunque dicho sea de paso nos invitan a pensar en las actitudes a cambiar y hasta en los demonios que nos dominan y tenemos que abandonar con la ayuda de Dios.

Qué panorama el que describe hoy el evangelio y qué dolor el de aquel padre que vive en la desesperación de no saber ya cómo atender y procurar el mejor cuidado a su hijo. “Si algo puedes, ten lástima de nosotros y ayúdanos”.

Seguro que en tu entorno como en el mío, hay más de un padre o madre con el dolor de un hijo clavado en la propia carne; por una causa u otra: enfermedad, accidente, abandono escolar, dependencia adquirida, fracaso familiar y afectivo… ¡Hay tantos padres y madres para quienes amanecer supone madrugar al dolor del corazón imposible de curar y cada anochecer es un resguardarse en el llanto de la desesperanza…!

La queja, el lamento, el grito…. dirigidos a Dios parecen más que justificados desde el amor. Un amor que reclama la mirada paterna-materna de Dios. Desde la fe aceptamos que Dios se hace solidario en nuestros dolores hasta la cruz, pero hay ocasiones en que la duda pugna con el dolor interior hasta el borde mismo de la desesperanza.

Como discípulos nos surgen muchas preguntas, con frecuencia nos desbordamos en explicaciones y hasta nos atrevemos a ejercer de chamanes de cuidados paliativos, pero el mal y el dolor del corazón de aquellos padres-madres o el del hijo/a que atiende a alguno de sus mayores en situación terminal irreversible, ahí sigue. Seguramente deberíamos arrimar nuestro corazón al suyo y aunar el lamento: “Si algo puedes, ten lástima de nosotros y ayúdanos” y puestos a remediar desde la fe sería necesario salir de la farmacopea de nuestra palabrería y darnos al “ayuno y la oración” que nos permitan iluminar el dolor de la cruz en la esperanza del amor del Dios y Padre de la Vida.

Buen día, amigos:

Pepe Lillo cmf.
lillo.jm@hotmail.com

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

Homilía para la Eucaristía del domingo 23 de febrero de 2020.

DOMINGO SÉPTIMO DEL AÑO. (Dgo.  23 de Feb).

Levítico 19,1-2.17-18: Sección de las  “Leyes de santidad”. Al Pueblo de Dios se le exige ser como Dios: Santo. Y el camino no es otro que el hermano.

1 Corintios 3,16-23: La Comunidad cristiana es el Templo de Dios. No se le puede profanar mezclándolo con sabiduría humana, ya que provoca división.

Mateo 5,38-48: Jesús enseña la manera nueva de amar al prójimo: como un hijo de Dios.

1.- El Señor nos propone algo sobrehumano: ser como Él. Y lo expresa de dos maneras: “Ustedes serán santos, porque Yo, el Señor su Dios, soy santo”.  Y en el evangelio nos dice: “Sean perfectos como es perfecto el Padre de ustedes”.

Dios es Santo, es decir, distinto, único; no hay nadie como Él. Dios, por ser santo, es el fundamento de todo; el Pueblo de Dios debe ser en el mundo “distinto” a los otros pueblos, debe parecerse al Señor.  ¿De qué manera?

El único camino es el hombre, el hermano de la comunidad. Un verdadero israelita debe tomar en serio a los de su comunidad. Las leyes de santidad que aparecen en el Levítico tienen que ver con la conducta a observar con el otro, con el de la comunidad. No está obligado a amar al no israelita, al enemigo.

2.- Jesús amplía el campo del amor. Hay que amar también al enemigo y amarlo de verdad, por eso, hay que orar por él. El que ora coloca al enemigo en su interior, en su corazón. Como lo hacemos cuando oramos por un ser querido. Sólo así se manifiesta de qué linaje somos, si de Dios o de los hombres. Cuando en la comunidad cristiana nos dejamos contaminar de la sabiduría o criterios humanos, estamos haciendo distingos, seleccionando a los prójimos. ¡Y Dios no es así! Tenemos que ser como nuestro Padre Dios: Perfecto. Perfecto significa íntegro, no doble. Dios nos quiere íntegros en el amor. Debemos amar con un corazón íntegro, entero. El que anda con miramientos, como seleccionando a quién amar, demuestra que tiene un corazón dividido, no es Perfecto.

3.- Ya nos damos cuenta que el mundo, con su mezquina sabiduría, ama de un modo mezquino, ama a los suyos, a los correligionarios. No sabe tener un corazón entero para con los demás.

Y un discípulo tiene que amar mejor que lo que se ama en el mundo. Debemos amar no sólo de obras, sino también con actitudes y sentimientos hacia los otros. San Pablo dice: “Amen con sinceridad” (Romanos 12,9). El texto original dice: “Anhipócritos”, es decir, sin hipocresía, sin fingimiento, sino con sinceridad, con un corazón simple. Eso es perfección, eso es lo que se espera de un discípulo del Reino de Dios. Ya lo decía la otra vez, si amamos como los del mundo, no hace falta ser cristiano, basta con ser bien educado. Pero de nosotros Dios espera más.

4.- Se nos pide ser diferentes, distintos. Es así como seremos en la sociedad personas distinguidas. No por el vestir, no por las apariencias, sino porque amamos a la manera de Dios. En esto se notará que en verdad somos santos. De hecho la Iglesia reconoce a alguien como santo no porque hizo milagros, sino porque vivió el amor en grado heroico. Y no hay mayor amor que dar la vida por el otro (cfr. Juan 13,1). ¿Seremos capaces de dar la vida por el otro poco a poco, en el día a día, en la rutina de nuestra vida?

Por eso, Él es el Maestro por excelencia, porque nos enseña con su Palabra y su vida. Y nos enseña en esta Eucaristía, nos capacita para que sepamos amar de una manera diferente, distinta, santa.

Bien podría decirse de nosotros los cristianos: “En Pucón somos diferentes”. “En Santiago, en Viña, en Chile somos diferentes”. ¿Por qué? Porque amamos de un modo diferente, amamos a la manera de Dios.

Tremendo desafío es este, aparentemente irrealizable, pero con la ayuda de Dios todo es posible.

    Hermano Pastor Salvo Beas.