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Autor: Patricio Osiadacz

EDD. sábado 08 de agosto de 2020.

Hoy, sábado, 8 de agosto de 2020

Primera lectura

Lectura de la profecía de Habacuc (1,12–2,4):

¿No eres tú, Señor, desde antiguo mi santo Dios que no muere? ¿Has destinado al pueblo de los caldeos para castigo; oh Roca, le encomendaste la sentencia? Tus ojos son demasiado puros para mirar el mal, no puedes contemplar la opresión. ¿Por qué contemplas en silencio a los bandidos, cuando el malvado devora al inocente? Tú hiciste a los hombres como peces del mar, como reptiles sin jefe: los saca a todos con el anzuelo, los apresa en la red, los reúne en la nasa, y después ríe de gozo; ofrece sacrificios al anzuelo, incienso a la red, porque con ellos cogió rica presa, comida abundante. ¿Seguirá vaciando sus redes, matando pueblos sin compasión? Me pondré de centinela, en pie vigilaré, velaré para escuchar lo que me dice, qué responde a mis quejas. El Señor me respondió así: «Escribe la visión, grábala en tablillas, de modo que se lea de corrido. La visión espera su momento, se acercará su término y no fallará; si tarda, espera, porque ha de llegar sin retrasarse. El injusto tiene el alma hinchada, pero el justo vivirá por su fe.»

Palabra de Dios

Salmo

Sal 9,8-9.10-11.12-13

R/.
No abandonas, Señor, a los que te buscan

Dios está sentado por siempre
en el trono que ha colocado para juzgar.
Él juzgará el orbe con justicia
y regirá las naciones con rectitud. R/.

Él será refugio del oprimido,
su refugio en los momentos de peligro.
Confiarán en ti los que conocen tu nombre,
porque no abandonas a los que te buscan. R/.

Tañed en honor del Señor, que reside en Sión;
narrad sus hazañas a los pueblos;
él venga la sangre, él recuerda
y no olvida los gritos de los humildes. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Mateo (17,14-20):

En aquel tiempo, se acercó a Jesús un hombre, que le dijo de rodillas: «Señor, ten compasión de mi hijo, que tiene epilepsia y le dan ataques; muchas veces se cae en el fuego o en el agua. Se lo he traído a tus discípulos, y no han sido capaces de curarlo.»
Jesús contestó: «¡Generación perversa e infiel! ¿Hasta cuándo tendré que estar con vosotros? ¿Hasta cuándo os tendré que soportar? Traédmelo.»
Jesús increpó al demonio, y salió; en aquel momento se curó el niño.
Los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron aparte: «¿Y por qué no pudimos echarlo nosotros?»
Les contestó: «Por vuestra poca fe. Os aseguro que si fuera vuestra fe como un grano de mostaza, le diríais a aquella montaña que viniera aquí, y vendría. Nada os sería imposible.»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

En aquel tiempo se acercó a Jesús un hombre, que le dijo de rodillas: «Señor, ten compasión de mi hijo, que tiene epilepsia y le dan ataques: muchas veces se cae en el fuego o en el agua. Se lo he traído a tus discípulos, y no han sido capaces de curarlo. Jesús contestó: «¡Gente sin fe y perversa! ¿Hasta cuándo os tendré que soportar? Traédmelo». Jesús increpó al demonio, y salió; en aquel momento se curó el niño.

Los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron aparte: «¿Y por qué no pudimos echarlo nosotros?» Les contestó: «Por vuestra poca fe. Os aseguro que, si fuera vuestra fe como un grano de mostaza, le diríais a aquella montaña que viniera aquí, y vendría. Nada os sería imposible».

Queridos hermanos:

Asombrados nos quedamos al intuir que el Maestro intenta comunicar a sus torpes discípulos que hay una fuerza poderosa ante la cual no hay obstáculo que valga, incluso ni lo más sólido e inamovible: los montes.

¿Una potencia extraordinariamente peculiar la de la fe? Sin duda. Cómo no traer a la memoria ese capítulo 11 de la carta a los hebreos, ¿verdad? Esa preciosa letanía de las maravillas que obra la fe en los hombres y mujeres que se dejan conquistar y guiar por ella…. No me resisto a recordar alguno de los versículos del final“los cuales por la fe conquistaron reinos, administraron justicia, vieron cumplidas las promesas, cerraron la boca a leones, extinguieron el ardor del fuego, evitaron el filo de la espada…”

Asombroso despliegue, ¿no es cierto?

De ahí que sienta la necesidad de acoger humildemente las palabras del Maestro: “¡Qué poca fe!”.

El reproche viene de sus labios. Lo escucharon los discípulos en más de una ocasión (al menos, así nos lo cuentan los evangelistas).

De ahí que sienta también la urgencia de permitir que me atraviese el corazón para limpiarlo de las contaminaciones de desconfianza, de cálculo, de prevención… que han ido acumulándose dentro. Porque siento que es cierto. ¡Qué de cosas se han quedado sin ver la luz por no atreverme a creer! ¡Cuántos pequeños milagros cotidianos si hubiera confiado más!

Como el agua que cae para empapar la tierra, permitamos a lo largo de la jornada que nos cale el vigor de su palabra, que vaya desgastando la roca de la incredulidad… El poder de Dios, la potencia de la fe, como un grano de mostaza, como una semilla… Milagro de germinación:

Si crees, ¡creas!.
Si crees, ¡recreas!
Si confías, ¡lo haces posible!
Si te fías, ¡adelantas el futuro!

Extiendo las manos. Solamente anhelando, deseando que Él deposite en ellas (en las tuyas, en las mías): unos granos de fe. 

Vuestro hermano:
Juan Carlos, cmf
jcracmf@gmail.com

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

EDD. viernes 07 de agosto de 2020.

Hoy, viernes, 7 de agosto de 2020

Primera lectura

Lectura de la profecía de Nehemías (2,1.3;3,1-3.6-7):

Mirad sobre los montes los pies del heraldo que pregona la paz, festeja tu fiesta, Judá;
cumple tus votos, porque el criminal no volverá a pasar por ti, pues ha sido aniquilado. Porque el Señor restaura la gloria de Jacob y la gloria de Israel; lo habían desolado los salteadores, habían destruido sus sarmientos. Ay de la ciudad sangrienta, toda ella mentirosa, llena de crueldades, insaciable de despojos. Escuchad: látigos, estrépito de ruedas, caballos al galope, carros rebotando, jinetes al asalto, llamear de espadas, relampagueo de lanzas, muchos heridos, masas de cadáveres, cadáveres sin fin, se tropieza en cadáveres. Arrojaré basura sobre ti, haré de ti un espectáculo vergonzoso. Quien te vea se apartará de ti, diciendo: «Desolada está Nínive, ¿quién lo sentirá?; ¿dónde encontrar quien te consuele?»

Palabra de Dios

Salmo

Dt 32,35cd-36ab.39abcd.41

R/.
Yo doy la muerte y la vida

El día de su perdición se acerca
y su suerte se apresura,
porque el Señor defenderá a su pueblo
y tendrá compasión de sus siervos. R/.

Pero ahora mirad: yo soy yo,
y no hay otro fuera de mí;
yo doy la muerte y la vida,
yo desgarro y yo curo. R/.

Cuando afile el relámpago de mi espada
y tome en mi mano la justicia,
haré venganza del enemigo
y daré su paga al adversario. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Mateo (16,24-28):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Si uno quiere salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí la encontrará. ¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida? ¿O qué podrá dar para recobrarla? Porque el Hijo del hombre vendrá entre sus ángeles, con la gloria de su Padre, y entonces pagará a cada uno según su conducta. Os aseguro que algunos de los aquí presentes no morirán sin antes haber visto llegar al Hijo del hombre con majestad.»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: El que quiera venirse conmigo, que se niegue s sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Si uno quiere salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí la encontrará. ¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida? ¿O qué podrá dar para recuperarla?

Porque el Hijo del hombre vendrá entre sus ángeles, con la gloria de su Padre, y entonces pagará a cada uno según su conducta. Os aseguro que algunos de los aquí presentes no morirán sin antes haber visto llegar al Hijo del hombre con majestad.»

Queridos hermanos:

¿Verdad que queremos acertar en la vida?, ¿verdad que no deseamos malgastarla, malograrla, desperdiciarla? 

Tú y yo, discípulos del Maestro de Nazaret, nos venimos entrenando ya hace tiempo en ese juego evangélico del “gana-pierde”.

¿Por qué razón? Sencillo. En la escuela del Maestro hemos ido cursando una asignatura cuyo contenido solamente se va entendiendo en la medida en que en la vida de cada día uno se va descentrando. Dicho de otro modo, en el ir pasando con más libertad y ligereza de retener la vida para sí, de cerrar los ojos, las manos y el corazón a las necesidades de cualquier otro -cercano o lejano- a una manera de desvivirse, sin ningún tipo de aspaviento, en la que priman los otros (muy especialmente los pobres y excluidos, con sus nombres y apellidos, con sus rostros e historias). Es ir cursando en lo concreto la incondicionalidad del seguimiento que cuenta con la cruz. ¡No hay otra!

Eso sí. Nada de cruces inventadas, sino las que se nos dan; nada de cruces buscadas, sino las que aparecen inexorablemente cuando en el centro de la existencia están aquellos a los que se les niega permanentemente la vida o la dignidad y, consecuentemente, nos ponemos a su lado, de su parte, con todos los costes añadidos. Asumiendo con consciente libertad que las fuerzas del anti-reino no se van a quedar inactivas… Discípulos de un hombre ajusticiado en una cruz… aprendices de esa locura de amor: sabiduría que parece necedad, fortaleza con trazas de debilidad.

Nos queda hoy, de nuevo, machaconamente, volver a confesar que la mejor manera de no malograr la vida es entregarla como Él y con Él… Porque “quien entrega su vida por amor, la gana para siempre” –dice el Señor-.

Vuestro hermano.
Juan Carlos, cmf
jcracmf@gmail.com

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

Homilía para la Eucaristía de la Eucaristía del domingo 09 de agosto de 2020.

Deseo que todos experimenten la presencia de Dios en sus vidas.

DOMINGO XIX DEL AÑO. 

1Reyes 19,9.11-13: Dios se manifiesta a Elías. Es la presencia salvadora del Señor, lo mismo que en tiempos de Moisés allá en el Sinaí. Dios siempre presente para ayudar a su Pueblo.

Romanos 9,1-5: Preocupación de Pablo por la suerte de su pueblo, Israel, ya que rechazó al Señor. Sin embargo sabe que Dios es siempre fiel con su Pueblo, a quien dotó con tantos privilegios, siendo el mayor de ellos el que Jesús haya nacido en medio de este pueblo.

Mateo 14,22-33: Jesús viene en auxilio de sus discípulos que luchan contra los elementos de la naturaleza. Se pone en evidencia la importancia del valor de la fe.

1.- ¿Dónde está Dios? El ser humano siempre ha relacionado la presencia de Dios con algo fuera de lo común: el viento impetuoso, el fuego, el terremoto. Y así lo ubican algunos textos del Antiguo Testamento. Elías creyó experimentar la presencia de Dios en el huracán, en el terremoto, en el fuego.

El hombre moderno, en su religiosidad natural, también trata de ubicar a Dios en algo ajeno a su persona. Así, busca a Dios en los templos, en los santuarios, en lo espectacular. Aquí cabe lo que dice el texto de la primera lectura: “Pero el Señor no estaba en el viento…en el terremoto…en el fuego”. ¿Y dónde está entonces? “En el rumor de la suave brisa”. Dios está presente, siempre presente en la vida del ser humano.

2.- Los Apóstoles luchan contra los elementos de la naturaleza, hoy se lucha contra los virus. No se descubre la presencia de Dios en ellos. Más aún, más fácil cosa es ver fantasmas. Y es entonces cuando interviene Jesús: SOY YO”. Como otrora dijera Dios a Moisés: “Soy Yo”.

Es  Él que siempre está presente en nuestras vidas. No sólo en el cielo, en la tierra y en todo lugar, sino en toda circunstancia de nuestra vida, en las buenas y en las malas.

Lo que nos pide el Señor es fe. Es decir, poner toda nuestra seguridad en Dios. Cuando nos sentimos inseguros tambaleamos y caemos, como el que no sabe andar en bicicleta…tambalea y cae. Y es lo que sucedió a Pedro. En cambio los de la barca reconocen y ven en Jesús al Hijo de Dios.

3.-  El ser humano siempre ha sentido miedo y ha buscado seguridades en algo que le brinde firmeza, estabilidad. Unos ponen su seguridad en el dinero, poniéndolo a buen recaudo en los bancos y financieras; otros buscan seguridad en la religión: templos, santuarios, devociones dudosas, objetos religiosos, etc. Otros se refugian en lo esotérico, otros en las cábalas. Todo esto está indicando una falta de fe auténtica y se echa mano de los sucedáneos. ¡Y Dios no está ahí!

Si tuviéramos fe descubriríamos la presencia de Dios en todas las circunstancias de la vida. No necesitaríamos buscar afuera al que está dentro de nosotros.

El hombre de fe sabe leer los signos de los tiempos, tiene una mirada distinta, descubre a Dios en todo.

4.- Hoy el Señor se hace presente en medio nuestro. No en el templo, no en la capilla, sino en el santuario de tu hogar. Se hace presente cuando se reúnen como Iglesia doméstica para celebrar al Señor, cuando sales de casa para ir a tu trabajo. Se hace presente en la Eucaristía, en su Palabra, entre nosotros mismos cuando nos reunimos en su Nombre.

Dios está,  no se hace notar, pero ahí está dándole sentido a nuestra vida.

Está presente en nuestro interior en el silencio de nuestra oración personal.

Siempre está y viene a quitar nuestros miedos, nuestros fantasmas. Él es quien nos muestra su misericordia y nos da su salvación.

Hoy el Señor a todos nos dice: “TRANQUILÍCENSE; SOY YO, NO TEMAN”.

Hermano Pastor Salvo Beas. 

Comentario al Evangelio de hoy jueves 06 de agosto de 2020.

Deseo que todos experimenten la presencia de Dios en sus vidas.

DOMINGO XIX DEL AÑO. 

1Reyes 19,9.11-13: Dios se manifiesta a Elías. Es la presencia salvadora del Señor, lo mismo que en tiempos de Moisés allá en el Sinaí. Dios siempre presente para ayudar a su Pueblo.

Romanos 9,1-5: Preocupación de Pablo por la suerte de su pueblo, Israel, ya que rechazó al Señor. Sin embargo sabe que Dios es siempre fiel con su Pueblo, a quien dotó con tantos privilegios, siendo el mayor de ellos el que Jesús haya nacido en medio de este pueblo.

Mateo 14,22-33: Jesús viene en auxilio de sus discípulos que luchan contra los elementos de la naturaleza. Se pone en evidencia la importancia del valor de la fe.

1.- ¿Dónde está Dios? El ser humano siempre ha relacionado la presencia de Dios con algo fuera de lo común: el viento impetuoso, el fuego, el terremoto. Y así lo ubican algunos textos del Antiguo Testamento. Elías creyó experimentar la presencia de Dios en el huracán, en el terremoto, en el fuego.

El hombre moderno, en su religiosidad natural, también trata de ubicar a Dios en algo ajeno a su persona. Así, busca a Dios en los templos, en los santuarios, en lo espectacular. Aquí cabe lo que dice el texto de la primera lectura: “Pero el Señor no estaba en el viento…en el terremoto…en el fuego”. ¿Y dónde está entonces? “En el rumor de la suave brisa”. Dios está presente, siempre presente en la vida del ser humano.

2.- Los Apóstoles luchan contra los elementos de la naturaleza, hoy se lucha contra los virus. No se descubre la presencia de Dios en ellos. Más aún, más fácil cosa es ver fantasmas. Y es entonces cuando interviene Jesús: SOY YO”. Como otrora dijera Dios a Moisés: “Soy Yo”.

Es  Él que siempre está presente en nuestras vidas. No sólo en el cielo, en la tierra y en todo lugar, sino en toda circunstancia de nuestra vida, en las buenas y en las malas.

Lo que nos pide el Señor es fe. Es decir, poner toda nuestra seguridad en Dios. Cuando nos sentimos inseguros tambaleamos y caemos, como el que no sabe andar en bicicleta…tambalea y cae. Y es lo que sucedió a Pedro. En cambio los de la barca reconocen y ven en Jesús al Hijo de Dios.

3.-  El ser humano siempre ha sentido miedo y ha buscado seguridades en algo que le brinde firmeza, estabilidad. Unos ponen su seguridad en el dinero, poniéndolo a buen recaudo en los bancos y financieras; otros buscan seguridad en la religión: templos, santuarios, devociones dudosas, objetos religiosos, etc. Otros se refugian en lo esotérico, otros en las cábalas. Todo esto está indicando una falta de fe auténtica y se echa mano de los sucedáneos. ¡Y Dios no está ahí!

Si tuviéramos fe descubriríamos la presencia de Dios en todas las circunstancias de la vida. No necesitaríamos buscar afuera al que está dentro de nosotros.

El hombre de fe sabe leer los signos de los tiempos, tiene una mirada distinta, descubre a Dios en todo.

4.- Hoy el Señor se hace presente en medio nuestro. No en el templo, no en la capilla, sino en el santuario de tu hogar. Se hace presente cuando se reúnen como Iglesia doméstica para celebrar al Señor, cuando sales de casa para ir a tu trabajo. Se hace presente en la Eucaristía, en su Palabra, entre nosotros mismos cuando nos reunimos en su Nombre.

Dios está,  no se hace notar, pero ahí está dándole sentido a nuestra vida.

Está presente en nuestro interior en el silencio de nuestra oración personal.

Siempre está y viene a quitar nuestros miedos, nuestros fantasmas. Él es quien nos muestra su misericordia y nos da su salvación.

Hoy el Señor a todos nos dice: “TRANQUILÍCENSE; SOY YO, NO TEMAN”.

Hermano Pastor Salvo Beas. 

EDD. jueves 06 de agosto de 2020.

Hoy, jueves, 6 de agosto de 2020

Primera lectura

Lectura de la profecía de Daniel (7,9-10.13-14):

Durante la visión, vi que colocaban unos tronos, y un anciano se sentó; su vestido era blanco como nieve, su cabellera como lana limpísima; su trono, llamas de fuego; sus ruedas, llamaradas. Un río impetuoso de fuego brotaba delante de él. Miles y miles le servían, millones estaban a sus órdenes. Comenzó la sesión y se abrieron los libros. Mientras miraba, en la visión nocturna vi venir en las nubes del cielo como un hijo de hombre, que se acercó al anciano y se presentó ante él. Le dieron poder real y dominio; todos los pueblos, naciones y lenguas lo respetarán. Su dominio es eterno y no pasa, su reino no tendrá fin.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 96

R/.
El Señor reina, altísimo sobre la tierra

El Señor reina, la tierra goza,
se alegran las islas innumerables.
Tiniebla y nube lo rodean,
justicia y derecho sostienen su trono. R/.

Los montes se derriten como cera
ante el dueño de toda la tierra;
los cielos pregonan su justicia,
y todos los pueblos contemplan su gloria. R/.

Porque tú eres, Señor,
altísimo sobre toda la tierra,
encumbrado sobre todos los dioses. R/.

Segunda lectura

Lectura de la segunda carta de Pedro (1,16-19):

Cuando os dimos a conocer el poder y la última venida de nuestro Señor Jesucristo, no nos fundábamos en fábulas fantásticas, sino que habíamos sido testigos oculares de su grandeza. Él recibió de Dios Padre honra y gloria, cuando la Sublime Gloria le trajo aquella voz: «Éste es mi Hijo amado, mi predilecto.» Esta voz, traída del cielo, la oímos nosotros, estando con él en la montaña sagrada. Esto nos confirma la palabra de los profetas, y hacéis muy bien en prestarle atención, como a una lámpara que brilla en un lugar oscuro, hasta que despunte el día, y el lucero nazca en vuestros corazones.

Palabra de Dios

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Mateo (17,1-9):

En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan y se los llevó aparte a una montaña alta. Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. Y se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él. Pedro, entonces, tomó la palabra y dijo a Jesús: «Señor, ¡qué bien se está aquí! Si quieres, haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.»
Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra, y una voz desde la nube decía: «Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadlo.»
Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto. Jesús se acercó y, tocándolos, les dijo: «Levantaos, no temáis.»
Al alzar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús, solo.
Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: «No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos.»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

uan Carlos Rodriguez, cmf

En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan y se los llevó aparte a una montaña alta. Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. Y se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él. Pedro, entonces, tomó la palabra y dijo a Jesús: «Señor, ¡qué bien se está aquí! Si quieres, haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.» Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra, y una voz desde la nube decía: «Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadlo.» Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto. Jesús se acercó y, tocándolos, les dijo: «Levantaos, no temáis.» Al alzar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús, solo. Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: «No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos.»

Queridos hermanos:

A Pedro, a Santiago y a Juan el Maestro les hace un estupendo regalo; ni más ni menos que un anticipo de gloria, un pregusto de eternidad, una revelación de la transparencia de su identidad como hijo del Dios Altísimo, Mesías Servidor.

Tuvo que ser una experiencia muy impactante. Seguro. Con todo, hasta después de la Pascua no parece que estuviera en ellos suficientemente digerido ni asimilado lo que en lo alto de la montaña habían vivido (eso parece).

A nosotros, los discípulos de esta hora, también se nos regalan, en ocasiones, experiencias, momentos densos e intensos que nos dejan “tocados” interiormente; son como fogonazos, brincos del alma que no atinamos a comprender, que nos cuesta narrar, y cuyo alcance no nos es dado en el momento. Experiencias de monte, experiencias de luz, aconteceres de transparencia… (algo así -más o menos- intentando ponerles nombre).

Bien conoce el Señor a sus discípulos; bien sabe Él que sin luz, sin dosis de luz, qué densa se torna la oscuridad de la cruz, cómo pesa la entrega, qué aterrador se hace el silencio de la ausencia… Y nos regala altura de monte para cuando haya que transitar oscuros caminos; y nos regala chispas de luz, para atravesar los valles de sombras de muerte… Y, sobre todo, graba en el centro de nuestros corazones la palabra imperecedera de su Hijo, que es brújula en la desorientación, lámpara en la oscuridad, sosiego en la inquietud, medicina en la flaqueza, perdón en la infidelidad…

Con palabras de la liturgia (de un himno de las horas), anhelemos ser transfigurados (en Él):

Transfigúrame, Señor, transfigúrame.
Quiero ser tu vidriera,
tu alta vidriera azul, morada y amarilla.
Quiero ser mi figura, sí, mi historia,
pero de ti en tu gloria traspasado.

Transfigúrame, Señor, transfigúrame.
Mas no a mí solo,
purifica también
a todos los hijos de tu Padre
que te rezan conmigo o te rezaron,
o que acaso ni una madre tuvieron
que les guiara a balbucir el Padrenuestro.

Transfigúranos, Señor, transfigúranos.
Si acaso no te saben, o te dudan
o te blasfeman, límpiales el rostro
como a ti la Verónica;
descórreles las densas cataratas de sus ojos,
que te vean, Señor, como te veo.

Transfigúralos, Señor, transfigúralos.
Que todos puedan, en la misma nube
que a ti te envuelve,
despojarse del mal y revestirse
de su figura vieja y en ti transfigurada.
Y a mí, con todos ellos, transfigúrame.

Transfigúranos, Señor, transfigúranos.

Vuestro hermano.
Juan Carlos, cmf
jcracmf@gmail.com

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

EDD. miércoles 05 de agosto de 2020.

Hoy, miércoles, 5 de agosto de 2020

Primera lectura

Lectura del libro del profeta Jeremías (31,1-7):

En aquel tiempo –oráculo del Señor–, seré el Dios de todas las tribus de Israel, y ellas serán mi pueblo. Así dice el Señor: Halló gracia en el desierto el pueblo escapado de la espada; camina Israel a su descanso, el Señor se le apareció de lejos. Con amor eterno te amé, por eso prolongue mi misericordia. Todavía te construiré y serás reconstruida, Doncella de Israel; todavía te adornarás y saldrás con panderos a bailar en corros; todavía plantarás viñas en los montes de Samaría, y los que plantan cosecharán. «Es de día» gritarán los centinelas en la montaña de Efraín: «Levantaos y marchemos a Sión, al Señor nuestro Dios.» Porque así dice el Señor: «Gritad de alegría por Jacob, regocijaos por el amor de los pueblos; proclamad, alabad y decid: «El Señor ha salvado a su pueblo, al resto de Israel.»»

Palabra de Dios

Salmo

Jr 31,10-13

R/.
El Señor nos guardará como pastor a su rebaño

Escuchen, pueblos, la palabra del Señor,
anunciadla en las islas remotas:
«El que dispersó a Israel lo reunirá,
lo guardará como pastor a su rebaño.» R/.

Porque el Señor redimió a Jacob,
lo rescató de una mano más fuerte.
Vendrán con aclamaciones a la altura de Sión,
afluirán hacia los bienes del Señor. R/.

Entonces se alegrará la doncella en la danza,
gozarán los jóvenes y los viejos;
convertiré su tristeza en gozo,
los alegraré y aliviaré sus penas. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo Evangelio según san Mateo (15,21-28):

En aquel tiempo, Jesús se marchó y se retiró al país de Tiro y Sidón. Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle: «Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo.»
Él no le respondió nada. Entonces los discípulos se le acercaron a decirle: «Atiéndela, que viene detrás gritando.»
Él les contestó: «Sólo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel.»
Ella los alcanzó y se postró ante él, y le pidió: «Señor, socórreme.»
Él le contestó: «No está bien echar a los perros el pan de los hijos.»
Pero ella repuso: «Tienes razón, Señor; pero también los perros se comen las migajas que caen de la mesa de los amos.»
Jesús le respondió: «Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas.» En aquel momento quedó curada su hija.

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

En aquel tiempo, Jesús salió y se retiró al país de Tiro y Sidón. Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle: «Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo». El no le respondió nada. Entonces los discípulos se le acercaron a decirle: «Atiéndela, que viene detrás gritando». El les contestó: «Sólo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel». Ella los alcanzó y se postró ante él, y le pidió de rodillas: «Señor, socórreme». El le contestó: «No está bien echar a los perros el pan de los hijos». Pero ella repuso: «Tienes razón, Señor, pero también los perros se comen las migajas que caen de la mesa de los amos». Jesús le respondió: «Mujer, ¡qué grande es tu fe!; que se cumpla lo que deseas». En aquel momento quedó curada su hija.

Queridos hermanos:

En el corazón del discurso del Monte, el Maestro nos dejó el tesoro de la oración. La puerta se abre al comenzar diciendo: “Padre nuestro”. Qué preciosidad. Parémonos un poco en ello.

En el corazón de Dios ese “nuestro” es radicalmente, nítidamente, machaconamente “de todos”. Porque el corazón del Padre no conoce fronteras de raza, cultura, condición… Todos, absolutamente todos, son/somos sus hijos e hijas.

No hay creyente que se precie que no afirme: ¡claro, claro!, ¡así es! Pero esta declaración teórica y formal -de todo punto ortodoxa, digamos- no siempre se casa con la verdad de nuestra vida concreta, ni con la mentalidad que hemos tejido, ni con los sentimientos más espontáneos con los que reaccionamos. Y es que ese “nuestro” en la práctica puede que sea “de todos”, sí, pero de todos si piensan como nosotros, si viven a nuestro estilo, si respetan las normas que nosotros sostenemos como las “que Dios manda”…

Me pregunto por la razón de esa dificultad de ver y considerar a cada persona como hijo/hija de Dios y consecuentemente como hermano/hermana. ¿No será que hemos ido bebiendo ideas, valoraciones, conceptos que envenenan el alma (el deseo de imponerse, la necesidad de controlar, el querer tener razón, el posicionarse por encima, el competir para sobresalir…) y nos alejan de la fuente de donde brota el amor, especialista en suprimir diferencias, superar distancias, igualar personas, tender puentes…?

Por eso, creo yo, la madre cananea y su hija enferma nos están interrogando sobre algo esencial: ¿para quién es el pan de cada día?, ¿para quién es el pan de Dios?, ¿para quién es la salud de cada día?, ¿para quién es la salvación de Dios? Insisten: ¿para qué hijos, para qué hijas?, ¿para todos y todas?, ¿para los y las nuestras nada más?…

Mujer cananea, ayúdanos a creer que ya no hay razas, ya no hay color, sólo trigo, sólo necesidad de amor; sí, préstanos tu fe y tu osadía para reconocer que el mismo Pan que vemos tú y yo, es el Pan de todos porque es el Pan de Dios; que la misma dignidad inscrita en mis entrañas es la de cada ser humano, cada hijo e hija del Padre común.

Mujer cananea, que tu recuerdo sea antídoto ante los virus de la discriminación, de la segregación, del exclusivismo que nos pueden alcanzar a los que queremos rezar en verdad, a los que nos atrevemos a decir (a veces mecánicamente, sin que se nos conmuevan las entrañas): “Padre nuestro”.

Vuestro hermano.
Juan Carlos, cmf
jcracmf@gmail.com

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy