Ir al contenido principal

Imágenes

EDD. martes 10 de enero de 2017

Martes de la primera semana del tiempo ordinario.

Carta a los Hebreos 2,5-12.
Hermanos: Dios no ha sometido a los ángeles el mundo venidero del que nosotros hablamos.
Acerca de esto, hay un testimonio que dice: «¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él, el ser humano para que te ocupes de él?
Por poco tiempo lo pusiste debajo de los ángeles y lo coronaste de gloria y esplendor.
Todo lo sometiste bajo sus pies». Si Dios le ha sometido todas las cosas, nada ha quedado fuera de su dominio. De hecho, todavía no vemos que todo le está sometido.
Pero a aquel que fue puesto por poco tiempo debajo de los ángeles, a Jesús, ahora lo vemos coronado de gloria y esplendor, a causa de la muerte que padeció. Así, por la gracia de Dios, él experimentó la muerte en favor de todos.
Convenía, en efecto, que aquel por quien y para quien existen todas las cosas, a fin de llevar a la gloria a un gran número de hijos, perfeccionara, por medio del sufrimiento, al jefe que los conduciría a la salvación.
Porque el que santifica y los que son santificados, tienen todos un mismo origen. Por eso, él no se avergüenza de llamarlos hermanos,
cuando dice: «Yo anunciaré tu Nombre a mis hermanos, te alabaré en medio de la asamblea».
Salmo 8,2a.5.6-7.8-9.
¡Señor, nuestro Dios,
¿Qué es el hombre para que pienses en él,
el ser humano para que lo cuides?
Lo hiciste poco inferior a los ángeles,
lo coronaste de gloria y esplendor;
le diste dominio sobre la obra de tus manos.
Todo lo pusiste bajo sus pies.
Todos los rebaños y ganados,
y hasta los animales salvajes;
las aves del cielo, los peces del mar
y cuanto surca los senderos de las aguas.
Evangelio según San Marcos 1,21b-28.
Jesús entró a Cafarnaún, y cuando llegó el sábado, Jesús fue a la sinagoga y comenzó a enseñar.
Todos estaban asombrados de su enseñanza, porque les enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas.
Y había en la sinagoga un hombre poseído de un espíritu impuro, que comenzó a gritar:
«¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido para acabar con nosotros? Ya sé quién eres: el Santo de Dios».
Pero Jesús lo increpó, diciendo: «Cállate y sal de este hombre».
El espíritu impuro lo sacudió violentamente y, dando un gran alarido, salió de ese hombre.
Todos quedaron asombrados y se preguntaban unos a otros: «¿Qué es esto? ¡Enseña de una manera nueva, llena de autoridad; da órdenes a los espíritus impuros, y estos le obedecen!».
Y su fama se extendió rápidamente por todas partes, en toda la región de Galilea.
Comentario del Evangelio por San Buenaventura (1221-1274), franciscano, doctor de la Iglesia. Sermón «Christus unus omnium magister».
« ¡Este enseñar con autoridad es nuevo! »
No es posible llegar a la certeza de la fe revelada si no es a través de la venida de Cristo a nuestro espíritu. Viene después en la carne como palabra que confirma toda palabra profética. Por eso se dice en la carta a los Hebreos: «En distintas ocasiones y de muchas maneras habló Dios antiguamente a nuestros Padres por los profetas: Ahora, en esta etapa final, nos ha hablado por el Hijo» (1,1-2). Que Cristo sea, efectivamente, Palabra del Padre llena de poder, lo leemos: «ya que la palabra regia es soberana, y ¿quién va a decirle: Qué haces?» (Eccl 8,4). Es también una palabra llena de verdad, más aún, es la misma verdad, tal como lo dice san Juan: «Santifícalos en la verdad: tu palabra es la verdad» (17,17)…
Así pues, porque la autoridad pertenece a la palabra poderosa y verídica, y Cristo es el Verbo del Padre, y por eso mismo Poder y Sabiduría, en él está el fundamento y la consumación de toda la autoridad. Por eso toda doctrina auténtica y los predicadores de esta doctrina ser refieren a Cristo, venido en la carne, como fundamento de toda la fe cristiana: «Conforme al don que Dios me ha dado, yo como hábil arquitecto coloqué el cimiento… Nadie puede poner otro cimiento fuera del ya puesto, que es Jesucristo» (1Co 3,10-11). En efecto, solo él es el cimiento de toda doctrina auténtica, ya sea apostólica, ya sea profética, según una u otra Ley: la nueva y la antigua. Por eso se dice también a los Efesios: «Estáis edificados sobre el cimiento de los apóstoles y profetas, y el mismo Cristo Jesús es la piedra angular» (2,20). Queda, pues, claro que Cristo es el maestro del conocimiento según la fe; es el Camino, según su doble venida, en el espíritu y en la carne.

El Papa en Sta. Marta invita a poner a Jesús en el centro de nuestras elecciones

En la homilía de este lunes, el Santo Padre tres tareas para “asegurarnos que Jesús está en el centro de nuestra vida”
•9 enero 2017.
www.zenit.org
(ZENIT – Ciudad del Vaticano).- El papa Francisco ha retomado esta mañana la celebración de la misa matutina en Santa Marta, tras la pausa por las fiestas navideñas. De este modo, en la homilía de este lunes, el Santo Padre ha explicado que la vida cristiana es sencilla, no son necesarias cosas extrañas o difíciles, es suficiente con poner a Jesús en el centro de nuestras elecciones diarias.
El centro de nuestra vida es Jesucristo, ha recordado el Papa. “Jesucristo que se manifiesta, se hace ver y nosotros estamos invitados a conocerlo, a reconocerlo, en la vida, en las muchas circunstancias de la vida, reconocer a Jesús, conocer a Jesús”, ha indicado. Subrayando que es importante conocer las vidas de los santos y advirtiendo que no todas “las apariciones” son verdaderas, el Santo Padre ha preguntado si “el centro de mi vida es Jesucristo”.
En esta línea, el Papa ha explicado que hay tres tareas para “asegurarnos que Jesús está en el centro de nuestra vida”. La primera –ha explicado– es conocer a Jesús para reconocerlo. Por eso ha invitado a preguntarse: “¿a mí me interesa conocer a Jesús? ¿O quizá interesa más la telenovelas o los chismorreos o las ambiciones o conocer la vida de los otros?”. Y para conocer a Jesús, “está la oración, el Espíritu Santo” pero está también el Evangelio, que hay que llevar siempre consigo para leer un pasaje todos los días. Es el único modo –ha asegurado– de conocer a Jesús. Después “es el Espíritu Santo el que hace el trabajo”. Esta es la semilla, quien hace germinar y crecer la semilla es el Espíritu Santo.
La segunda tarea que ha explicado el Papa es “adorar a Jesús”. No solo pedirle cosas y darle las gracias. De este modo ha señalado dos formas de adorar a Jesús: “la oración de adoración en silencio” y “después quitar de nuestro corazón las otras cosas que adoramos, que nos interesan más. No, solo Dios”.
Al respecto, el Pontífice ha explicado que hay una oración de adoración que muchas veces rezamos como papagayos: “Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo”. Adorar, “con pequeñas oraciones con silencio delante de la grandeza de Dios, adorar a Jesús” y decir: ‘Tú eres único, tú eres el principio y el final y contigo quiero permanecer toda la vida, toda la eternidad. Tú eres el único’.
Finalmente, la tercera tarea es seguir a Jesús, como dice el Evangelio del día en el que el Señor llama a los primeros discípulos. Significa “poner a Jesús en el centro de nuestra vida”.
Así, ha explicado que la vida cristiana es simple, es muy simple pero necesitamos la gracia del Espíritu Santo para que despierte en nosotros “estas ganas de conocer a Jesús, de adorar a Jesús y de seguir a Jesús”. Para concluir ha pedido que en la sencillez de cada día –porque cada día para ser cristianos no son necesarias cosas extrañas, cosas difíciles, cosas superfluas, no, es simple– el Señor nos dé la gracia de conocer a Jesús, de adorar a Jesús y de seguir a Jesús”.

Comentario al evangelio de hoy lunes 09 de enero de 2017

El Bautismo de Jesús

Primera: Isaías 42:1-4, 6-7;Salmo 28;Segunda: Hechos 10: 34-38;Evangelio: Mateo 3:13-17
Por: P. Antonio Izquierdo
Fuente:http://es.catholic.net/op/articulos/15223/cat/1027/a-el-bautismo-de-jesus.html

Sagrada Escritura:
Primera: Isaías 42:1-4, 6-7
Salmo 28
Segunda: Hechos 10: 34-38
Evangelio: Mateo 3:13-17
Nexo entre las lecturas
Sin que aparezca la palabra nuevo en los textos litúrgicos, todos ellos se refieren, en cierta manera, a la novedad de la acción de Dios en la historia. Es nuevo el lenguaje de Dios en Isaías: «ha terminado la esclavitud…, que todo valle sea elevado y todo monte y cerro rebajado…, ahí viene el Señor Yahvéh con poder y su brazo lo sojuzga todo». Es absolutamente nuevo que Jesús sea bautizado por Juan, que el cielo se abra, que el Espíritu descienda en forma de paloma, que se oiga una voz del cielo: «Tú eres mi hijo predilecto». Es nueva la realidad del hombre que ha recibido el bautismo: «un baño de regeneración y de renovación del Espíritu Santo, que derramó sobre nosotros con largueza por medio de Jesucristo nuestro Señor».
Mensaje doctrinal
1. La novedad viene de Dios. El hombre, desde los mismos inicios, lleva en sí el deterioro y la vieja carne del pecado. En ella está inmerso, como en un pozo profundo, del que es imposible salir por sí mismo. Como se trata de una realidad común a toda la humanidad, tampoco nadie, por su propio valer y querer, puede ayudar a otros a salir. Esta es la triste condición humana. El hombre puede gritar, desesperarse, blasfemar; o puede sentir el peso de la culpa, pedir perdón y ayuda, esperar. Lo que está claro es que sólo Dios puede echarle una mano; sólo Dios puede cambiar su vieja carne en pura novedad de gracia y misericordia. Está igualmente claro que Dios quiere echar una mano y actuar en favor del hombre, porque «ha sido creado a imagen y semejanza suya». La liturgia presenta tres momentos históricos de la intervención de Dios: primero interviene para liberar al pueblo israelita de la esclavitud de Babilonia (primera lectura), luego para revelar al mundo la filiación divina de Jesús (evangelio), finalmente para manifestar a los hombres la nueva situación creada en quienes han recibido el bautismo (segunda lectura). La consecuencia es lógica: Si Dios ha intervenido en el pasado con una irrupción de vida y esperanza nuevas, Dios interviene en el presente e intervendrá en el futuro, porque el nombre más propio de Dios es la fidelidad.
2. La novedad es invisible. La novedad que Dios infunde en el corazón de los hombres incide y repercute en la historia, pero en sí es invisible, interior, netamente espiritual. Primero hace nuevo el corazón, luego desde el corazón del hombre y con la ayuda del hombre, trasmuta también la realidad histórica. En los exiliados de Babilonia primero creó la añoranza de Sión, el deseo y la decisión del retorno, luego dispuso los hilos de la historia para que tal deseo y decisión llegase a cumplimiento. En el caso de Jesús, la teofanía del bautismo nos hace descubrir una novedad inicial, que se irá desplegando a lo largo de toda su vida pública y sobre todo en el misterio de su muerte y resurrección. La novedad del bautizado sólo se irá percibiendo con el tiempo, en la medida en que exista una coherencia vital entre la novedad infundida por Dios y la existencia concreta y diaria del cristiano. Para quienes juzgamos desde fuera, no pocas veces resulta difícil desvelar la relación entre la novedad interior y sus manifestaciones históricas en la vida ordinaria de cada ser humano. Por eso, ¡cuan difícil es juzgar sobre la vida verdadera, la interior, de los hombres, y con cuanta facilidad nos podemos equivocar!
3. La novedad es eficaz. Si viene de Dios, no puede ser de otro modo. La acción de Dios se lleva a cabo, si el hombre no la obstaculiza. La teofanía que nos narra el evangelio supuso el que Jesús, Hijo de Dios, fuese bautizado por un hombre, Juan; sin esta acción de Jesús, tal teofanía no hubiese tenido lugar. La regeneración y renovación interior del hombre están aseguradas, «si el hombre renuncia a la impiedad y a las pasiones mundanas» (segunda lectura), que como tales impiden cualquier acción del Espíritu de Dios. Por otra parte, hemos de admitir que la eficacia de Dios no es manipulable a nuestro antojo y arbitrio. Dios muestra su eficacia cuando quiere y como quiere. No son los exiliados en Babilonia los que ponen a Dios los plazos y modos de actuar para librarlos de la esclavitud; es Dios quien los determina y los realiza.
Sugerencias pastorales
1. Bautismo, epifanía de Dios. En el evangelio el bautismo de Jesús es una epifanía. Eso mismo debe ser el bautismo del cristiano: una epifanía de lo que Dios es y de lo que Dios hace en el hombre. El bautizado, podríamos decir, es un hombre en quien se manifiesta el Dios trinitario, en virtud de la relación personal que mantiene con cada una de las personas divinas. Como hijo del Padre vive una verdadera relación filial, sobretodo en la oración y adoración. Como redimido por el Hijo y sumergido en su misma vida, entabla con él una relación principalmente de seguimiento e imitación. Como templo del Espíritu Santo, vive con la conciencia de una relación sagrada, santificante, vivificadora de su existir cotidiano, modeladora de su vida familiar, profesional y social. El bautizado es al mismo tiempo epifanía de la acción de Dios en el hombre: una acción purificadora, que manifiesta el perdón de Dios; una acción transformante, que pone de relieve el poder de Dios; una acción unificadora de las energías y capacidades del cristiano, que subraya el misterio unitario de Dios; una acción vivificante, que revela, por medio del hombre, la extraordinaria vida de Dios uno y trino… Es importante que la predicación y catequesis tengan muy en cuenta y desarrollen y expliquen estos aspectos espirituales y pastorales del sacramento del bautismo. Así el bautismo no será el sacramento de la «inconsciencia», sino el sacramento de la epifanía diaria de Dios en la vida, en la fe y en el obrar del bautizado.
2. Bautizados para siempre. En el catecismo se dice que el bautismo imprime carácter, es decir, el bautismo se recibe una sola vez y para toda la vida. ¿Qué pasa, entonces, cuando no se vive como cristiano? ¿cuando se reniega de la propia fe? ¿cuando se cambia de religión y credo? La huella de la impresión bautismal queda. Una huella que es memoria, y es invitación: «Recuerda que eres un bautizado», «Sé lo que eres, vive lo que eres». Eres libre, pero la huella divina te indica el verdadero camino para tu libertad, lejos de los espejismos engañosos. ¿Y qué pasa con el bautizado que quiere vivir como bautizado? Tiene que ratificar cada día con la vida la huella divina, que lleva impresa. Tiene que testimoniar decididamente y con valentía la transformación que Dios ha operado en su ser por el bautismo. Tiene que ser un bautizado que viva consciente de su bautismo día tras día, por siempre.

EDD. lunes 09 de enero de 2017

Lunes de la primera semana del tiempo ordinario.
http://www.eucaristiadiaria.cl/dia_cal.php?fecha=2017-01-09

El Bautismo del Señor:
Fiesta
Color: blanco
Antífona de entrada            Cf. Mt 3, 16-17
Los cielos se abrieron después del bautismo del Señor, y el Espíritu, en forma de paloma, descendió sobre él. Se oyó la voz del Padre: Éste es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta mi predilección.
Gloria.
ORACIÓN COLECTA
Dios todopoderoso y eterno, que proclamaste a Cristo como Hijo tuyo muy amado, cuando era bautizado en el Jordán, y el Espíritu Santo descendía sobre él; concede a tus hijos, renacidos del agua y del Espíritu, perseverar siempre en el cumplimiento de tu voluntad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.
LITURGIA DE LA PALABRA
Primera lectura
Éste es mi servidor en quien se complace mi alma.
Lectura del libro de Isaías   42, 1-4. 6-7
Así habla el Señor:
Éste es mi Servidor, a quien yo sostengo, mi elegido, en quien se complace mi alma. Yo he puesto mi espíritu sobre él para que lleve el derecho a las naciones. Él no gritará, no levantará la voz ni la hará resonar por las calles. No romperá la caña quebrada ni apagará la mecha que arde débilmente. Expondrá el derecho con fidelidad; no desfallecerá ni se desalentará hasta implantar el derecho en la tierra, y las costas lejanas esperarán su Ley.
Yo, el Señor, te llamé en la justicia, te sostuve de la mano, te formé y te destiné a ser la alianza del pueblo, la luz de las naciones, para abrir los ojos de los ciegos, para hacer salir de la prisión a los cautivos y de la cárcel a los que habitan en las tinieblas.
Salmo responsorial  28, 1a. 2-3ac. 4. 3b. 9c-10
R/. El Señor bendice a su pueblo con la paz.
¡Aclamen al Señor, hijos de Dios! ¡Aclamen la gloria del nombre del Señor adórenlo al manifestarse su santidad! El Señor bendice a su pueblo con la paz.
¡La voz del Señor sobre las aguas! El Señor está sobre las aguas torrenciales. ¡La voz del Señor es potente, la voz del Señor es majestuosa!
El Dios de la gloria hace oír su trueno. En su Templo, todos dicen: ¡Gloria! El Señor tiene su trono sobre las aguas celestiales, el Señor se sienta en su trono de Rey eterno.
Segunda lectura
Dios lo ungió con el Espíritu Santo.
Lectura de los Hechos de los Apóstoles   10, 34-38
Pedro, tomando la palabra, dijo:
Verdaderamente, comprendo que Dios no hace acepción de personas, y que en cualquier nación, todo el que lo teme y practica la justicia es agradable a Él.
Él envió su Palabra al pueblo de Israel, anunciándoles la Buena Noticia de la paz por medio de Jesucristo, que es el Señor de todos.
Ustedes ya saben qué ha ocurrido en toda Judea, comenzando por Galilea, después del bautismo que predicaba Juan: cómo Dios ungió a Jesús de Nazaret con el Espíritu Santo, llenándolo de poder. Él pasó haciendo el bien y sanando a todos los que habían caído en poder del demonio, porque Dios estaba con Él.
EVANGELIO
Aclamación al Evangelio   Cf. Mc 9, 7
Aleluya.
Los cielos se abrieron y se oyó la voz del Padre: Éste es mi Hijo muy querido. Aleluya.
EVANGELIO
Apenas fue bautizado, Jesús vio el Espíritu de Dios descender sobre Él.
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo   3, 13-17
Jesús fue desde Galilea hasta el Jordán y se presentó a Juan para ser bautizado por él. Juan se resistía, diciéndole: Soy yo el que tiene necesidad de ser bautizado por ti, ¡y eres tú el que viene a mi encuentro!
Pero Jesús le respondió: Ahora déjame hacer esto, porque conviene que así cumplamos todo lo que es justo. Y Juan se lo permitió.
Apenas fue bautizado, Jesús salió del agua. En ese momento se abrieron los cielos, y vio al Espíritu de Dios descender como una paloma y dirigirse hacia Él. Y se oyó una voz del cielo que decía: Éste es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta toda mi predilección.
Comentario :
http://ofsdemexico.blogspot.cl/2013/06/el-evangelio-segun-san-mateo-comentarios.html

3,13-17 Bautismo de Jesús. La brevedad con que narra Mateo esta escena deja, aparentemente, muchas preguntas sin responder. ¿Fue Jesús discípulo de Juan? Y si lo fue, ¿qué le movió a formar parte del movimiento reformador iniciado por el profeta del desierto? Pero, sobre todo, ¿por qué se sometió, también Él, al rito simbólico de purificación? En el relato del bautismo se narra un hecho histórico (Jesús es bautizado por Juan) con ayuda de elementos de la apocalíptica. De ella procede el rasgarse el cielo que hace posible la aparición del Espíritu y la audición de la voz divina. Como resultado se obtiene un relato de vocación sapiencial-apocalíptica.
Con el reconocimiento por parte del Bautista de la superioridad de Jesús, Mateo responde tanto a los discípulos de Juan que habían sobrevivido a la muerte del profeta y que continuaban aferrados a su memoria, como a los primeros cristianos que podían escandalizarse del gesto de Jesús. Pero es en sus palabras enigmáticas, que acallan la reticencia del Bautista, donde hay que buscar el sentido profundo de todo el episodio: «conviene que realicemos la justicia plena» (15).
Si el rito era para otros señal de arrepentimiento, para Jesús es plenitud de la justicia. El evangelista adelanta así uno de los temas fundamentales que, junto con el reinado de Dios, va a desarrollar a lo largo de todo su evangelio. La justicia de Dios no es otra cosa sino su voluntad de salvación gratuita ofrecida a todos sin discriminación, y es esta justicia la que Jesús llevará a su plenitud en cada palabra y en cada gesto de solidaridad y de perdón con que acogerá a los pobres, a los oprimidos y alejados. Bautizándose con los pecadores en el Jordán, Jesús carga sobre sus hombros solidarios todo el peso del pecado y del sufrimiento humano.
Sólo después de pasar Jesús por este bautismo del pueblo pecador se abre el cielo y el Padre lo señala como su hijo «predilecto» y se hace explícita su misión. El gesto bautismal de Jesús viene completado con la visión celestial, en forma de estructura trinitaria, puesta de relieve por la posterior tradición cristiana: voz del Padre, presencia del Espíritu y título de Hijo. Es la segunda Epifanía, la manifestación solemne de una identidad que ya se había ido perfilando en los capítulos de la infancia. La expresión «éste es mi Hijo querido, mi predilecto» (17) es una adaptación de las palabras del Señor dirigidas al Siervo (cfr. Is 42,1), figura misteriosa que, aunque inocente, sufre por su pueblo. Y así, al gesto de Jesús se une la palabra del Padre para indicarnos que este Hijo es también el Siervo sufriente de Dios.

Texto completo del ángelus del papa Francisco del 8 de enero de 2017

La Confirmación no es solamente un punto de llegada, sino sobre todo un punto de partida en la vida cristiana.
https://es.zenit.org/articles/texto-completo-del-angelus-del-papa-francisco-del-8-de-enero-de-2017/
El Papa reza el ángelus desde la ventana de su estudio que da a la plaza de San Pedro

El Papa reza el ángelus desde la ventana de su estudio que da a la plaza de San Pedro

(ZENIT – Ciudad del Vaticano).- El papa Francisco, una vez concluida la misa con motivo del Bautismo del Señor, que celebró en la Capilla Sixistina, durante la cual bautizó a 28 niños, fue a su estudio en el Palacio Apostólico para desde allí rezar el ángelus.
Ante una plaza de San Pedro llena de peregrinos y fieles que le esperaban a pesar del frío intenso que azota en estos días a Italia, el Papa rezó el ángelus, y dijo las siguientes palabras.
Queridos hermanos y hermanas, ¡Buenos días!
Hoy es la fiesta del bautismo de Jesús, el Evangelio nos presenta la escena que sucedió a orillas del río Jordán: en medio a la multitud penitente que avanzaba hacia Juan el Bautista para recibir el bautismo está también Jesús. Hacía la cola.
Juan querría impedirlo diciendo: “Soy yo quien necesita tu bautismo”. El Bautista de hecho tiene conciencia de las grandes distancias que hay entre él y Jesús. Pero Jesús ha venido justamente para colmar la distancia entre el hombre y Dios: si él está enteramente de la parte de Dios, también está enteramente de la parte del hombre y reúne lo que estaba dividido.
Por esto pide a Juan de bautizarlo, para que se cumpla cada justicia, o sea que se realice el proyecto del Padre que pasa a través del camino de la obediencia y de la solidaridad con el hombre frágil y pecador, el camino de la humildad y de la plena cercanía a Dios y a sus hijos.
¡Porque Dios está muy cerca de nosotros! En el momento en el cual Jesús, bautizado por Juan, sale de las aguas del río Jordán, la voz de Dios Padre se hace sentir desde lo alto. “Este es el Hijo mio, el amado: en Él he puesto mi complacencia”.
Y al mismo tiempo en Espíritu Santo, en forma de paloma, se posa sobre Jesús que da públicamente inicio a su misión de salvación; misión caracterizada por el estilo del siervo humilde y manso, armado solamente por la fuerza de la verdad, como había profetizado Isaías: “No gritarás ni levantarás el tono (…) no despreciarás una caña dañada, no apagarás la mecha de la llama débil, proclamarás el derecho con verdad”.
Siervo humilde y manso, así es el estilo misionero de los discípulos de Cristo: anunciar el Evangelio con mansedumbre y firmeza, sin gritarle a nadie sino con mansedumbre y firmeza, sin arrogancia o imposición.
La verdadera misión no es nunca proselitismo pero atracción hacia Cristo. ¿Pero cómo? ¿Cómo se hace para atraer hacia Cristo? Con el propio testimonio, a partir de la fuerte unión con Él en la oración, en la adoración y en la caridad concreta, que es servicio a Jesús presente en el más pequeño de los hermanos.
A imitación de Jesús, pastor bueno y misericordioso y animados por su gracia, estamos llamados a hacer de nuestra vida un testimonio gozoso que ilumina el camino, que lleva esperanza y amor. Esta fiesta nos hace descubrir nuevamente el don y la belleza de ser un pueblo de bautizados, o sea de pecadores salvados por la gracia de Cristo, insertados realmente, por obra del Espíritu Santo en la relación filial de Jesús con el Padre, recibidos en el seno de la madre Iglesia, vueltos capaces de una fraternidad que no conoce confines y barreras.
La Virgen María nos ayude a todos nosotros los cristianos a conservar una conciencia siempre viva y agradecida de nuestro bautismo y a recorrer con fidelidad el camino inaugurado por este sacramento de nuestro renacer. Y siempre con mansedumbre y firmeza”.
El Papa reza el ángelus y después dice:
“¡Queridos hermanos y hermanas! En el contexto de la fiesta del Bautismo del Señor, esta mañana he bautizado a un buen grupo de recién nacidos, veintiocho. Recemos por ellos y por sus familias. También ayer por la tarde he bautizado a un joven catecúmeno.
Quiero extender mi oración a todos los papás que en este período se están preparando para el Bautismo de su hijo o lo han apenas celebrado. Sobre ellos y sobre los niños invoco al Espíritu Santo, para que este sacramento así simple y al mismo tiempo tan importante sea vivido con fe y con alegría.
Quiero además invitarlos a unirse a la Red Mundial de Oración del Papa, que difunde también a través de las redes sociales, las intenciones de oración que propongo cada mes a toda la Iglesia. Así se lleva adelante el apostolado de la oración y se hace crecer la comunión.
En estos días de tanto frío pienso y les invito a pensar a todas las personas que viven por la calle, golpeadas por el frío y tantas veces por la indiferencia. Entretanto algunos no lograron sobrevivir. Recemos por ellos y pidamos al Señor que nos caliente el corazón para poder ayudarlos.
Saludo a todos los aquí presentes, fieles de Roma y peregrinos italianos y de varios países, en particular al grupo de jóvenes de Cagliari, a quienes animo a proseguir el camino iniciado con el sacramento de la Confirmación. Y les agradezco porque ellos me dan la oportunidad de subrayar que la Confirmación no es solamente un punto de llegada, como algunos dicen el ‘sacramento del adiós’, no, no, es sobre todo un punto de partida en la vida cristiana.
¡Adelante con la alegría del Evangelio! Les deseo a todos un buen domingo. Por favor no se olviden de rezar por mi.
¡Buon pranzo e Arrivederci!

Comentario al evangelio de hoy domingo 08 de enero de 2016

Epifanía del Señor, Dios para todos.

http://es.catholic.net/op/articulos/64095/epifania-del-senor-dios-para-todos.html#
Reflexión del evangelio de la misa del Domingo 8 de enero de 2017
Epifanía nos lanza a perseguir una estrella y a aceptar en nuestro corazón a este Niño que es Dios con nosotros, que es Dios para todos. Por: Mons. Enrique Diaz, Obispo Coadjutor de la Diocesis de San Cristobal de la Casas

Lecturas:
Isaías 60, 1-6: “La gloria del Señor alborea sobre ti”.
Salmo 71: “Que te adoren, Señor, todos los pueblos”.
Efesios 3, 2-3. 5-6: “También los paganos participan de la misma herencia que nosotros”.
San Mateo 2, 1-12: “Hemos venido de Oriente para adorar al rey de los judíos”

En fiesta de Navidad la pequeña comunidad de Ichupio gozosa lleva a la misa todos las imágenes del Recién nacido. Hay “niños-dios” para todos los gustos. Colocados en una inmensa alfombra frente al altar se suceden unos a otros de todos los colores, sabores y tamaños. Quizás sean más de trecientas imágenes pequeñitas unas, enormes como niños gordos y crecidos, la otras; las hay de color blanco, con rostros purépechas y no faltan los rostros negros, negros, que rompen la monotonía del ingente desfile. Unos lucen su rostro nuevecito, otros en cambio traen las “cicatrices” de muchos años de vivir en los nacimientos y de sobrevivir un poco arrumbados el resto del año. Algunos no tienen dedos, otro presenta un ojo casi apagado; aquel de allá está un poco deforme y este otro tiene muy raras proporciones. ¿Cuál es el verdadero rostro de Jesús? Quizás sin pretenderlo los habitantes de esta comunidad purépecha con los múltiples rostros del Divino Niño están expresando una profunda verdad teológica: Dios asume el rostro de toda persona humana, es Dios de todos.

El Evangelio nos cuenta esta hermosa pero muy riesgosa aventura: hacerse rostro de amor para todos, asumir toda humanidad. Así nos lo hace saber San Mateo desde el mismo inicio de su evangelio. Jesús no se encierra en las estúpidas fronteras que han colocado los hombres, va más allá, rompe todos los horizontes, para llevar su luz y su Buena Nueva. En este domingo de Epifanía, o como popularmente llamamos “Fiesta de los Reyes Magos”, nos lo hace saber muy claro. Si los judíos esperaban un Mesías sólo para ellos, que diera brillo y honor al pueblo elegido, hoy San Mateo con una bella narración, llena de signos y figuras, nos lleva más allá de todo horizonte soñado por el pueblo judío. La salvación es universal. Es verdad que Cristo se ha encarnado en una cultura, ha asumido las riquezas y pobrezas de un pueblo, la Palabra se ha hecho palabra hebrea, ha recibido de ella su configuración y convivido con sus congéneres hebreos, pero no se limita a ellos, no se estanca ni se deja aprisionar por ellos. Su sueño y su misión van mucho más allá, hasta los confines del universo, a dondequiera que se encuentre un hombre o una mujer, para todos ha nacido, para todos trae salvación, para todos trae amor. La Epifanía es la manifestación de ese amor.

¿Cómo situarse frente a esta manifestación del amor de Dios? Pronto aparecen los dos bandos, cada cual con sus peculiaridades: los que se dejan seducir por una estrella y los que se quedan atrapados entre sus riquezas, ambiciones y codicias. Cada quien lucha por lo que quiere y cada quien sacrifica su vida por sus anhelos. Los “Reyes Magos” se lanzan locamente en la persecución de la estrella, nos les importa dejar su patria, dejar sus comodidades, indagar, cansarse; todo vale la pena cuando se persigue una estrella. Cuando se oscurece el camino, no se dan por desalentados, remueven,  preguntan incluso a quienes no quieren decirlo a pesar de saberlo. Los magos de Oriente con sus preguntas e indagatorias ponen en acecho la ciudad. Pero quieren encontrar ese Niño, ese Rey que viene no para un pueblo, sino para todos los pueblos, no para poner fronteras sino para unir corazones, para construir un único reino.

Herodes también indaga, también pregunta, pero para protegerse, para no correr ningún riesgo, para continuar en la misma situación. A él le dan la noticia, pero no se mueve; o bueno, se mueve pero para permanecer igual, para cuidar su poder, para sostener su injusto reinado y para ello es capaz de ser sanguinario y cruel como nos lo muestra la historia y como lo presentan los evangelios. Mata niños inocentes, destruye a su propia familia, ataca, se fortifica, se defiende, pero todo teniéndolo a él como centro. Hoy también hay naciones que cierran sus fronteras y ahogan en el hambre y la miseria a los vecinos. Hay poderes que se sostienen en la sangre y la mentira. Hay quienes construyen muros para no mirar el dolor del migrante y desplazado y hay quienes expulsan al hermano y lo exponen al peligro y a la muerte.

Y desde entonces, o desde antes, siguen las dos historias: unos hombres y mujeres que quieren construir un mundo de fraternidad, de comunión y compresión y otros que se sienten dueños únicos y absolutos del mundo y lo quieren para ellos solos. Hoy también aparecen estrellas que nos anuncian la presencia de Cristo Niño, y que nos invitan a ponerlo todo en la construcción de un mundo para todos;  y hoy también aparecen tentaciones que nos mantienen temerosos, anclados y sumisos, mirando como se derrumba el mundo soñado por Jesús. Hoy hay monopolios que matan, que destruyen. Un mundo invadido por el poder y el narcotráfico que sacrifica niños, que construye sus propios imperios, pero que se olvida de un mundo de fraternidad. Hay quien se apropia de “su dios”, para colocarlo como bandera y justificar sus iniquidades. Hay también quien generosamente abre el corazón y acoge al Dios hecho dolor en el pequeño y lastimado.

Epifanía, manifestación de Jesús. Epifanía presentación de un ideal. Los pobres fueron los primeros que acudieron a Belén, pero también hubo ricos que generosamente se arriesgaron y, dejando comodidades, siguieron la estrella. ¿Cómo andamos de ideales? ¿Cómo es el mundo que queremos construir? ¿Estamos dispuestos a sacrificar la vida con tal de seguir el ideal de Jesús? ¿Cómo es nuestra actitud frente al poder, frente al dinero: tenemos libertad o ha aprisionado nuestro corazón? Epifanía nos lanza a perseguir una estrella y a aceptar en nuestro corazón a este Niño que es Dios con nosotros, que es Dios para todos.

Padre de misericordia, que por medio de una estrella diste a conocer en este día, a todos los pueblos, el nacimiento de tu Hijo, concede a quienes te conocemos por la fe, contemplar, cara a cara, su presencia en cada persona.  Amén.

 

EDD. sábado 07 de enero de 2017

Sábado en Tiempo de Navidad
http://www.eucaristiadiaria.cl/dia_cal.php?fecha=2017-01-07
San Raimundo de Peñafort, presbítero
Memoria libre
Color: blanco

El dominico catalán Raimundo de Peñafort (1175-1275) fue uno de los grandes maestros de la Teología moral y del Derecho canónico de su tiempo. Ingresó a la Orden de Predicadores en 1222. Durante dos años fue Maestro de la Orden. Tuvo gran celo por la difusión de la fe entre los sarracenos.
Fue conocido también por sus esfuerzos en la formación de los presbíteros, especialmente en lo que hace al ministerio de la Reconciliación.
Murió casi centenario, el 6 de enero de 1275. Fue canonizado el 29 de Abril de 1601 y es patrono de los juristas.
Antífona de entrada Gal 4, 4. 5
Dios envió a su Hijo, nacido de una mujer, para hacemos hijos adoptivos.
ORACIÓN COLECTA
Dios nuestro, que diste al presbítero san Raimundo una gran misericordia para con los pecadores y los cautivos, concédenos por su intercesión que, libres de la esclavitud del pecado, realicemos con libertad de espíritu lo que te agrada. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.
LITURGIA DE LA PALABRA
Primera lectura
Él nos escucha en todo lo que le pedimos.
Lectura de la primera carta de san Juan     5, 14-21
Hijos míos:
Tenemos plena confianza de que Dios nos escucha si le pedimos algo conforme a su voluntad. Y sabiendo que Él nos escucha en todo lo que le pedimos, sabemos que ya poseemos lo que le hemos pedido.
El que ve a su hermano cometer un pecado que no lleva a la muerte, que ore y le dará la Vida.
Me refiero a los que cometen pecados que no conducen a la muerte, porque hay un pecado que lleva a la muerte; por éste no les pido que oren.
Aunque toda maldad es pecado, no todo pecado lleva a la muerte.
Sabemos que el que ha nacido de Dios no peca, sino que el Hijo de Dios lo protege, y el Maligno no le puede hacer nada.
Sabemos que somos de Dios, y que el mundo entero está bajo el poder del Maligno. Y sabemos también que el Hijo de Dios ha venido y nos ha dado inteligencia para que conozcamos al que es Verdadero; y nosotros permanecemos en el que es Verdadero, en su Hijo Jesucristo.
Él es el Dios verdadero y la Vida eterna.
Hijitos míos, cuídense de los ídolos.
Salmo responsorial    149, 1-6a. 9b
R/. El Señor ama a su pueblo.
Canten al Señor un canto nuevo, resuene su alabanza en la asamblea de los fieles; que Israel se alegre por su Creador y los hijos de Sión se regocijen por su Rey.
Celebren su Nombre con danzas, cántenle con el tambor y la cítara, porque el Señor tiene predilección por su pueblo y corona con el triunfo a los humildes.
Que los fieles se alegren por su gloria y canten jubilosos en sus fiestas.  Glorifiquen a Dios con sus gargantas ésta es la victoria de todos sus fieles.
EVANGELIO
Aclamación al Evangelio
Aleluya.
Un gran profeta ha aparecido en medio de nosotros y Dios ha visitado a su pueblo. Aleluya.
EVANGELIO
Éste fue el primero de los signos de Jesús, y lo hizo en Caná de Galilea.
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan      2, 1-11
Se celebraron unas bodas en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí.  Jesús también fue invitado con sus discípulos. Y, como faltaba vino, la madre de Jesús le dijo: “No tienen vino”. Jesús le respondió: “Mujer, ¿qué tenemos que ver nosotros?  Mi hora no ha llegado todavía”. Pero su madre dijo a los sirvientes: “Hagan todo lo que Él les diga”.
Había allí seis tinajas de piedra destinadas a los ritos de purificación de los judíos, que contenían unos cien litros cada una. Jesús dijo a los sirvientes: “Llenen de agua estas tinajas”. Y las llenaron hasta el borde. “Saquen ahora, agregó Jesús, y lleven al encargado del banquete”. Así lo hicieron.
El encargado probó el agua cambiada en vino y, como ignoraba su origen, aunque lo sabían los sirvientes que habían sacado el agua, llamó al esposo y le dijo: “Siempre se sirve primero el buen vino y, cuando todos han bebido bien, se trae el de calidad inferior. Tú, en cambio, has guardado el buen vino hasta este momento”.
Éste fue el primero de los signos de Jesús, y lo hizo en Caná de Galilea.  Así manifestó su gloria, y sus discípulos creyeron en Él.
Meditación del Papa
 
http://es.catholic.net/op/articulos/37144/www.messt.org
En nuestros días, mientras por desgracia se constata la multiplicación de las separaciones y de los divorcios, la fidelidad de los cónyuges se ha convertido en sí misma un testimonio significativo del amor de Cristo, que permite vivir el matrimonio para lo que es, es decir, la unión de un hombre y de una mujer que, con la gracia de Cristo, se aman, y se ayudan durante toda la vida, en la alegría y en el dolor, en la salud y en la enfermedad. La primera educación a la fe consiste exactamente en el testimonio de esta fidelidad al pacto conyugal; de ella los hijos aprenden sin palabras que Dios es amor fiel, paciente, respetuoso y generoso. La fe en el Dios que es Amor se transmite antes que nada con el testimonio de una fidelidad al amor conyugal, que se traduce naturalmente en amor por los hijos, fruto de esta unión. Pero esta fidelidad no es posible sin la gracia de Dios, sin el apoyo de la fe y del Espíritu Santo. Este es el motivo por el cual la Virgen María no deja de interceder ante su Hijo, para que -como en las bodas de Caná- renueve continuamente a los cónyuges el don del «vino bueno», es decir de su Gracia, que permite vivir en «una sola carne» en las distintas edades y situaciones de la vida. (Benedicto XVI, 8 de junio de 2011).
Reflexión
Ningún acontecimiento familiar mueve a propios y extraños como una boda. Son familias enteras que se unen para la creación de una familia. La alegría es grande en todas las épocas y en todos los continentes. Todos los pueblos tienen sus propios rituales y sus liturgias familiares para obsequiar a los novios que se preparan para emprender toda una vida juntos.
Israel tenía su propio ritual, su liturgia propia, donde se mezclaba la alegría humana, y la religiosa, que eran como dos rostros de una misma alegría religiosa.
En el pueblo sencillo, las gentes arreglaban con mucho tiempo la fiesta de bodas. En la vida monótona y gris de los pueblos alejados de la gran capital, Jerusalén, la boda era un momento aparte. Era sentirse gentes, sentirse amados, sentirse unidos, sentirse hombres, y hombres amados de Dios porque les confiaba su amor y su cariño.
En la fiesta de bodas se entremezclaban los cantos, el baile, la comida y también el vino, que no era propiamente una bebida de placer, sino un alimento, propio de estos días.
La fiesta duraba 7 días poco más o menos, según el poder económico de las familias. Se hacía en el patio comunitario de varias familias, y podían participar propiamente todos los moradores del pueblecito.
El Evangelio de San Juan nos habla también de una boda, y comienza diciendo sencillamente: «Al tercer día, hubo una boda en Caná de Galilea… fue una boda muy especial… pues a ella estaba invitada María, la Madre de Jesús. Ella fue invitada a servir, a atender a los invitados, era una familia pobre, sencilla… y también asistió Jesús, que llegó acompañado de los primeros discípulos que fue eligiendo en el camino».
Ahí volvieron a encontrarse María y Jesús que ya tenía varias semanas de haber dejado el pobladito de Nazaret. Fue grande la alegría del encuentro, sobre todo para María que no sabía si permanecer en Nazaret, o seguir discretamente a su hijo por los caminos de Israel.
Los hombres estaban aparte, en pequeños grupos, entre los que destacaba el de Jesús, por su alegría y su cálida apertura. Las mujeres ocupaban los lugares cercanos al fogón, para atender las necesidades de los comensales.
Ocurrió que con esa intuición y esa mirada que sólo tienen las mujeres y las madres, María se dio cuenta de que los comensales eran mas de la cuenta y que el vino no iba a alcanzar para todos. Era un gran problema para los novios, pues por muchos años serían recordados como los pobretones que no habían atendido adecuadamente a sus invitados que venían de lejos al festejo.
Por eso María, sin querer ser notada, se acerca discretamente a Jesús, y al oído le dice: «Hijo, estos pobres muchachos ya no tienen vino».
No pidió nada, no exigió nada. Sólo fue una sugerencia. Cristo lo entendió así. Y después de un momento que pareció de rechazo o de reproche, Jesús, no por motivos humanos, no por salvar anecdóticamente la honra de los novios, sino para comenzar a manifestar su gloria, se decide a atender a la invitación de María.
María, por su parte, sin entender totalmente la respuesta de su Hijo, pero con verdadera entereza, va con los novios y les dice: «Hagan lo que él les diga».
Bendita palabra de María. No volverá a pronunciar palabra en todo el Evangelio, pero con eso nos bastará para saber lo que María desea, y lo que María puede hacer. Es la palabra para todos los que quieren la paz, el amor, el consuelo, y es la manera definitiva de entrar a formar parte del Reino de Dios: Hacer la voluntad de Cristo el Hijo de Dios.
Los sirvientes se miran unos a otros extrañados de que Jesús les diga que llenen de agua las tinajas para las purificaciones de los invitados. Si ya están completos, ¿para qué más agua? Pero son sirvientes, y tienen que obedecer.
Cuando las tienen llenas, van con miedo de prestarse a una broma, al maestresala para que pruebe aquello. Y viene la sorpresa. Es vino excelente. Vino del bueno, y son seiscientos litros. Nadie da crédito a sus ojos y a su paladar. Sorpresa del maestresala, sorpresa de los sirvientes y ¡Sorpresa del novio, que no se daba cuenta de nada!
La fiesta transcurrió con una gran algarabía, dando gracias a Dios de tener tales invitados. Para Cristo fue un día de gloria. Hacía poco que había santificado las aguas en el Jordán, y ahora transformaba el agua en vino, que presagiaba el vino nuevo, el de la redención, el de la Nueva Alianza, el vino de su muerte y su resurrección.
Ayer había sido el Padre el que lo daba a conocer y lo respaldaba: «Este es mi Hijo Amado, en quien tengo todas mis complacencias». Hoy era María la que lo presentaba y animaba a que mostrara ya delante de los hombres la misión a la que había sido enviado: a anticipar el Banquete de las bodas del Cordero. «El Reino de Dios es, dirá San Marcos, es como un rey que preparó un festín de bodas para su Hijo».
Ayer Cristo se humilló en el Jordán realizando un verdadero gesto de penitencia, y hoy en Caná deja ver su gloria, en un hermoso juego de luz que se vela y desvela, y sabe compartir y colaborar a la alegría humana en un banquete de bodas.
Con el bautismo en el Jordán, Jesús comienza su vida pública. En Caná, Jesús comienza sus milagros y sus signos eficaces para la salvación de todos los hombres. Los mismos discípulos comenzaron a creer en Jesús desde ese día.

El Papa en el ángelus: En Reyes, el regalo es el mismo Jesús

El Pontífice invita a no dejarse enceguecer el dinero o el éxito, sino a seguir la luz de Jesús.
https://es.zenit.org/articles/el-papa-en-el-angelus-en-reyes-el-regalo-es-el-mismo-jesus/
La plaza de San Pedro al concluir el ángelus

La plaza de San Pedro al concluir el ángelus

(ZENIT – Ciudad del Vaticano).- El santo padre Francisco rezó este viernes con los aproximadamente 35 mil fieles reunidos en la plaza de San Pedro con motivo de la fiesta de Reyes, la oración ángelus. El Papa recordó que hay luces intermitentes o que encandilan pero que son vanas, al contrario de la luz de Jesús que sabe vencer las tinieblas más oscuras y da alegría al corazón.

A continuación el texto del ángelus

“Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Celebramos hoy la Epifanía del Señor, o sea la manifestación de Jesús que resplandece como luz a todas las gentes. Símbolo de esta luz que resplandece en el mundo y que quiere iluminar la vida de cada uno de nosotros es la estrella que guió a los Magos a Belén. Ellos, dice el Evangelio, vieron ‘brillar su estrella’ (Mt 2,2) y decidieron seguirla: hacerse guiar por la estrella de Jesús.

También en nuestra vida hay diversas estrellas, luces que brillan y orientan. Somos nosotros que debemos elegir a cuál de ellas seguir. Hay luces intermitentes, que van y vienen, como las pequeñas satisfacciones de la vida: a pesar de ser buenas, no son suficientes, porque duran poco y no nos dejan la paz que buscamos”.

También existen las luces enceguecedoras del espectáculo, del dinero y del éxito, que prometen todo y enseguida: seducen pero con su fuerza encandilan y hacen pasar de los sueños de gloria a la oscuridad más densa.

Los Magos, en cambio, nos invitan a seguir una luz estable y gentil que no tiene ocaso, porque nos es de este mundo: viene del cielo y resplandece en el corazón.

Esta luz verdadera es la luz del Señor, o mejor dicho es el Señor. Él es nuestra luz: una luz que no enceguece, pero acompaña y dona una alegría única. Esta luz es para todos y nos llama a cada uno: podemos así sentir nosotros la invitación que hoy nos dirige el profeta Isaías: ‘Levántate, vístete de luz’.

En el inicio de cada día podemos recibir esta invitación: levántate, revístete de luz, sigue hoy entre las tantas estrellas fugaces del mundo a la estrella luminosa de Jesús! Siguiéndola, tendremos alegría, como le sucedió a los Magos, que ‘cuando vieron la estrella se llenaron de una enorme alegría’ (Mt 2,10); porque donde está Dios hay alegría.

Quien ha encontrado a Jesús ha sentido el milagro de la luz que rompe las tinieblas y conoce esta luz que ilumina y resplandece. Quisiera, con mucho respeto, invitar a no tener miedo de esta luz y a abrirse al Señor. Sobre todo quisiera decir a quien ha perdido la fuerza de buscar, a quien afanado por la oscuridad de la vida ha apagado el deseo: ‘Ánimo, la luz de Jesús sabe vencer las tinieblas más oscuras’, ¡levántate, coraje!

¿Cómo encontrar esta luz divina? Sigamos el ejemplo de los Magos, que el Evangelio describe siempre en movimiento. Quien desea la luz, de hecho sale de sí y la busca: no se queda cerrado, quieto, mirando qué sucede en su alrededor, pero pone en juego la propia vida.

La vida cristiana es un camino continuo, hecho de esperanza y de búsqueda; un camino que como el de los Magos prosigue también cuando la estrella desaparece momentáneamente de la vista. En este camino hay también insidias que es necesario evitar: los comentarios superficiales y mundanos que frenan el paso; los caprichos paralizantes del egoísmo; los baches del pesimismo que encierran la esperanza.

Estos obstáculos bloquearon a los escribas, de los cuales habla el Evangelio de hoy. Ellos sabían dónde estaba la luz, pero no se movieron. Cuando Herodes les preguntó ‘¿Dónde nacerá el Mesías?’, ‘¡En Belén! Sabían donde pero no se movieron. Su conocimiento fue vano: no basta saber que Dios ha nacido, si no se hace con Él la Navidad en el corazón.

Dios ha nacido, ¿pero ha nacido en tu corazón?, ¿ha nacido en mi corazón?, ¿ha nacido en nuestro corazón? Y así lo encontraremos, como los Magos, con María y José en el establo.

Los Magos lo hicieron: encontrado el Niño, “ellos se postraron y lo adoraron”: entraron en una comunión personal de amor con Jesús. Después le donaron oro, incienso y mirra, o sea sus bienes más preciosos.

Aprendamos de los Magos a no dar a Jesús solo los retazos de tiempo y algún pensamiento cada tanto, contrariamente no tendríamos su luz. Como los Magos, pongámonos en camino, revistiéndonos de luz, siguiendo la estrella de Jesús y adoremos al Señor con todo nuestro ser”.

Después de rezar el ángelus el Papa saludó a los diversos grupos de peregrinos y añadió las siguientes palabras:

“Los magos ofrecen a Jesús sus dones, pero en realidad es Jesús mismo el verdadero don de Dios. De hecho es el Dios que se dona a nosotros, en Él nosotros vemos el rostro misericordioso del Padre que nos espera, nos acoge, nos perdona siempre; el rostro de Dios que no nos trata nunca según nuestras obras o según nuestros pecados, pero únicamente según la inmensidad de su inagotable misericordia.

Y hablando de los dones, también yo he pensado de hacerles un pequeño regalo… faltan los camellos, pero les daré este don. Es el librito ‘Ícono de misericordia’. El don de Dios es Jesús, misericordia del Padre, y por esto para recordar este don les doy este regalo que será distribuido por personas pobres, sin hogar y prófugos, junto a muchos voluntarios y religiosos a los cuales saludo y les agradezco de corazón.

Les deseo un año de justicia, de perdón, de serenidad pero sobre todo un año de misericordia. Les ayudará leer este libro; se lleva en el bolsillo, pueden llevarlo con ustedes. Por favor no se olviden de hacerme también el don de vuestra oración. El Señor les bendiga. Buena fiesta, ‘buon pranzo‘ y ‘arrivederci‘.

Comentario al evangelio de hoy viernes 06 de enero de 2017

Jesús es bautizado en el Jordán.
Solemnidades y Fiestas

Bautismo de Jesús. La voz que resuena de lo alto atestigua que Jesús es obediente en todo al Padre por amor. 
Por: P Juan Pablo Menéndez
Fuente: http://es.catholic.net/op/articulos/49134/cat/330/jesus-es-bautizado-en-el-jordan.html#

Lectura del santo Evangelio según san Marcos 1, 7-11
En aquel tiempo Juan predicaba diciendo: «Detrás de mí viene el que es más fuerte que yo; y no soy digno de desatarle, inclinándome, la correa de sus sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo.»
Y sucedió que por aquellos días vino Jesús desde Nazaret de Galilea, y fue bautizado por Juan en el Jordán. En cuanto salió del agua vio que los cielos se rasgaban y que el Espíritu, en forma de paloma, bajaba a él. Y se oyó una voz que venía de los cielos: «Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco.»

Oración introductoria
Jesús, qué alegría y qué don tener este tiempo de oración para poder estar contigo a solas. Quiero descubrirte y conocerte de modo más profundo. Quiero esperar en Ti más firmemente. Quiero amarte más. Sólo Tú puedes darme estos dones.
Petición
Jesús, dame la gracia para que puedas permanecer siempre en mí.
Meditación del Papa Francisco
Cuando Jesús recibió el bautismo de Juan en el río Jordán, “se abrieron los cielos”. Esto realiza las profecías. En efecto, hay una invocación que la liturgia nos hace repetir en el tiempo de Adviento: “Ojalá rasgases el cielo y descendieses!”. Si el cielo permanece cerrado, nuestro horizonte en esta vida terrena es sombrío, sin esperanza. En cambio, celebrando la Navidad, la fe una vez más nos ha dado la certeza de que el cielo se rasgó con la venida de Jesús. Y en el día del bautismo de Cristo contemplamos aún el cielo abierto. La manifestación del Hijo de Dios en la tierra marca el inicio del gran tiempo de la misericordia, después de que el pecado había cerrado el cielo, elevando como una barrera entre el ser humano y su Creador. Con el nacimiento de Jesús, el cielo se abre.
Dios nos da en Cristo la garantía de un amor indestructible. Desde que el Verbo se hizo carne es, por lo tanto, posible ver el cielo abierto. Fue posible para los pastores de Belén, para los Magos de Oriente, para el Bautista, para los Apóstoles de Jesús, para san Esteban, el primer mártir, que exclamó: “Veo los cielos abiertos”. Y es posible también para cada uno de nosotros, si nos dejamos invadir por el amor de Dios, que nos es donado por primera vez en el Bautismo. ¡Dejémonos invadir por el amor de Dios! ¡Éste es el gran tiempo de la misericordia! No lo olvidéis: ¡éste es el gran tiempo de la misericordia! (S.S. Francisco, 12 de enero de 2014, homilía).
Reflexión
A veces, la voluntad de Dios se carga de una niebla de misterio. Nadie esperaba que Cristo, el Hijo de Dios, se acercara al pobre profeta Juan, para ser bautizado. Incluso el mismo Bautista intentó impedírselo. Pero cuando el Maestro pide, hay que saber bajar la cabeza…
Los slogans de nuestro mundo querido, proclamando la era de la libertad a toda costa, no han hecho sino esclavizar al hombre a sus propios caprichos y tendencias desordenadas. Nunca el hombre ha estado tan atado por las cadenas de su soberbia, de su ira, y avaricia… El Maestro por el contrario, proclama la libertad del espíritu humillándose ante el profeta, a quien dice: «conviene que sea así». Sólo tras este acto de sencillez, se revela la divinidad de Cristo culminada con las palabras del Padre: «Éste es mi Hijo amado…» ¿Por qué Cristo es el amado del Padre? Precisamente porque se ha ofrecido para la salvación de los hombres, reparando el pecado de Adán. Nunca comprenderemos que todo un Dios se degrade hasta hacerse creatura, hombre. Pero la enseñanza no ha dejado de ser la misma: «Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón». Cristo no presume de ser Dios, y tenerlo todo. Presume de ser manso y humilde. Y de hecho, la imagen de su muerte elegida por los profetas, será la de un manso cordero llevado al matadero… El hombre manso es justo, amigable y optimista. El hombre humilde es pacífico y paciente. Vive confiando en la Providencia del Padre. No se engríe en los éxitos, ni se desespera en los fracasos. Porque sabe que Dios vela a su lado, y que nunca, nunca nunca le va a dejar solo.
Propósito
Darme el tiempo para hacer una visita al Santísimo para agradecer a Cristo su amor.
Diálogo con Cristo
Qué hermoso saber que tengo un Padre que me ama y está cerca de mí, que se interesa por mi bien, y que me ha dado en Jesucristo el modelo de vida al que debo aspirar. Además, con la gracia de su Espíritu Santo, puedo tener la sabiduría y la fortaleza para responder con prontitud a su llamado. ¿Qué más puedo pedir? ¿Hay acaso un regalo mayor? Por eso quiero vivir con este lema: Hacer siempre lo que Dios quiera y para ello me propongo ser fiel a mis compromisos de vida espiritual.

EDD. viernes 06 de enero de 2017

Viernes en Tiempo de Navidad.
http://www.eucaristiadiaria.cl/dia_cal.php?fecha=2017-01-06
Color: blanco
Antífona de entrada Sal 111, 4
 
Brilla para los buenos una luz en las tinieblas: es el Señor bondadoso, compasivo y justo.
ORACIÓN COLECTA
Señor de bondad, te pedimos que ilumines a tus fieles y enciendas sus corazones con el esplendor de tu gloria, para que siempre reconozcan a su Salvador y lo amen de verdad. Él que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.
LITURGIA DE LA PALABRA
Primera lectura
El Espíritu, el agua y la sangre.
Lectura de la primera carta de san Juan      5, 5-13
Hijos míos:
¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?  Jesucristo vino por el agua y por la sangre; no solamente con el agua, sino con el agua y con la sangre.
Y el Espíritu da testimonio, porque el Espíritu es la verdad.
Son tres los que dan testimonio: el Espíritu, el agua y la sangre; y los tres están de acuerdo.
Si damos fe al testimonio de los hombres, con mayor razón tenemos que aceptar el testimonio de Dios.
Y Dios ha dado testimonio de su Hijo.
El que cree en el Hijo de Dios tiene en su corazón el testimonio de Dios.  El que no cree a Dios lo hace pasar por mentiroso, porque no cree en el testimonio que Dios ha dado acerca de su Hijo.  Y el testimonio es éste: Dios nos dio la Vida eterna, y esa Vida está en su Hijo.
El que está unido al Hijo, tiene la Vida; el que no lo está, no tiene la Vida.
Les he escrito estas cosas, a ustedes que creen en el Nombre del Hijo de Dios, para que sepan que tienen la Vida eterna.
Salmo responsorial   147, 12-15. 19-20
R/. ¡Glorifica al Señor, Jerusalén!
¡Glorifica al Señor, Jerusalén, alaba a tu Dios, Sión! Él reforzó los cerrojos de tus puertas y bendijo a tus hijos dentro de ti.
Él asegura la paz en tus fronteras y te sacia con lo mejor del trigo. Envía su mensaje a la tierra, su palabra corre velozmente.
Revela su palabra a Jacob, sus preceptos y mandatos a Israel: a ningún otro pueblo trató así ni le dio a conocer sus mandamientos.
EVANGELIO
Aclamación al Evangelio      Cf. Mc 9, 7
Aleluya.
Los cielos se abrieron y se oyó la voz del Padre: “Éste es mi Hijo muy querido, escúchenlo”. Aleluya.
EVANGELIO
Tú eres mi Hijo muy querido, en ti tengo puesta toda mi predilección.
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos    1, 6b-11
Juan Bautista predicaba, diciendo: “Detrás de mí vendrá el que es más poderoso que yo, y yo ni siquiera soy digno de ponerme a sus pies para desatar la correa de sus sandalias. Yo los he bautizado a ustedes con agua, pero Él los bautizará con el Espíritu Santo”.
En aquellos días, Jesús llegó desde Nazaret de Galilea y fue bautizado por Juan en el Jordán.  Y al salir del agua, vio que los cielos se abrían y que el Espíritu Santo descendía sobre Él como una paloma; y una voz desde el cielo dijo: “Tú eres mi Hijo muy querido, en ti tengo puesta toda mi predilección”.