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Autor: Patricio Osiadacz

ACOMPAÑANDO EN  SU ENCUENTRO A NUESTROS HERMANOS DE LA ZONA SUR.

PUCÓN – 08 DE OCTUBRE DE 2016.

San Francisco de Asís, el perdón y el arrepentimiento.

Con su ejemplo, nuestro santo nos enseña que la misericordia de Dios es infinita.
Por: recursoscatolicos.com.ar
Fuente: recursoscatolicos.com.ar
http://es.catholic.net/op/articulos/59569/san-francisco-de-ass-el-perdn-y-el-arrepentimiento.html


Un día fueron al convento donde estaban Francisco y sus hermanos tres ladrones, y pidieron al guardián, el hermano Ángel, que les diera de comer. El guardián les reprochó ásperamente por ser ladrones e ir a pedir de sus limosnas, y los despidió duramente, por lo que ellos se marcharon muy enojados. En esto regresó San Francisco que venía con la alforja del pan y con un recipiente de vino que había mendigado él y su compañero. El guardián le refirió cómo había despedido a aquella gente. Al oírle, San Francisco lo reprendió fuertemente, diciéndole que se había portado cruelmente, porque mejor se conduce a los pecadores a Dios con dulzura que con duros reproches; que Cristo, nuestro Maestro, cuyo Evangelio hemos prometido observar, dice que no tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos, y que El no ha venido a llamar a los justos, sino a los pecadores, y que por esto Jesús comía muchas veces con ellos. Por lo tanto, terminó diciendo:

Ya que has obrado contra la caridad y contra el santo Evangelio, te mando, por santa obediencia, que, sin tardar, tomes esta alforja de pan que yo he mendigado y esta orza de vino y vayas buscándolos por montes y valles hasta dar con ellos; y les ofrecerás de mi parte todo este pan y este vino. Después te pondrás de rodillas ante ellos y confesarás humildemente tu culpa y tu dureza. Finalmente, les rogarás de mi parte que no hagan ningún daño en adelante, que honren a Dios y no ofendan al prójimo; y les dirás que, si lo hacen así, yo me comprometo a proveerles de lo que necesiten y a darles siempre de comer y de beber. Una vez que les hayas dicho esto con toda humildad, vuelve aquí .

Mientras el guardián iba a cumplir el mandato, San Francisco se puso en oración, pidiendo a Dios que ablandase los corazones de los ladrones y los convirtiese a penitencia. Llegó el obediente guardián a donde estaban ellos, les ofreció el pan y el vino e hizo y dijo lo que San Francisco le había ordenado. Y quiso Dios que, mientras comían la limosna de San Francisco, comenzaran a decir entre sí:

¡Ay de nosotros, miserables desventurados! ¡Qué duras penas nos esperan en el infierno a nosotros, que no sólo andamos robando, maltratando, hiriendo, sino también dando muerte a nuestro prójimo; y, en medio de tantas maldades y crímenes, no tenemos remordimiento alguno de conciencia ni temor de Dios! En cambio, este santo hermano ha venido a buscarnos por unas palabras que nos dijo justamente reprochando nuestra maldad, se ha acusado de ello con humildad, y, encima de esto, nos ha traído el pan y el vino, junto con una promesa tan generosa del Padre santo. Estos sí que son siervos de Dios merecedores del paraíso, pero nosotros somos hijos de la eterna perdición y no sabemos si podremos hallar misericordia ante Dios por los pecados que hasta ahora hemos cometido.

Los tres, de común acuerdo, marcharon apresuradamente a San Francisco y le hablaron así:

Padre, nosotros hemos cometido muchos y abominables pecados; no creemos poder hallar misericordia ante Dios; pero, si tú tienes alguna esperanza de que Dios nos admita a misericordia, aquí nos tienes, prontos a hacer lo que tú nos digas y a vivir contigo en penitencia.

San Francisco los recibió con caridad y bondad, los animó con muchos ejemplos, les aseguró que la misericordia de Dios es infinita y les prometió con certeza que la obtendrían. Movidos de las palabras y obras de Francisco, los tres ladrones se convirtieron y entraron en la Orden.

EDD. sábado 08 de octubre de 2016.

Sábado de la vigésima séptima semana del tiempo ordinario.
http://evangeliodeldia.org/main.php?language=SP&module=readings&localdate=20161006


Carta de San Pablo a los Gálatas 3,22-29.
Hermanos:
De hecho, la Ley escrita sometió todo al pecado, para que la promesa se cumpla en aquellos que creen, gracias a la fe en Jesucristo.
Antes que llegara la fe, estábamos cautivos bajo la custodia de la Ley, en espera de la fe que debía ser revelada.
Así, la Ley nos sirvió de guía para llevarnos a Cristo, a fin de que fuéramos justificados por la fe.
Y ahora que ha llegado la fe, no necesitamos más de un guía.
Porque todos ustedes son hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús,
ya que todos ustedes, que fueron bautizados en Cristo, han sido revestidos de Cristo.
Por lo tanto, ya no hay judío ni pagano, esclavo ni hombre libre, varón ni mujer, porque todos ustedes no son más que uno en Cristo Jesús.
Y si ustedes pertenecen a Cristo, entonces son descendientes de Abraham, herederos en virtud de la promesa.
Salmo 105(104),2-3.4-5.6-7.
Canten al Señor con instrumentos musicales,
pregonen todas sus maravillas!
¡Gloríense en su santo Nombre,
alégrense los que buscan al Señor!
¡Recurran al Señor y a su poder,
busquen constantemente su rostro!
recuerden las maravillas que él obró,
sus portentos y los juicios de su boca!
Descendientes de Abraham, su servidor,
hijos de Jacob, su elegido:
el Señor es nuestro Dios,
en toda la tierra rigen sus decretos.
Evangelio según San Lucas 11,27-28.
Cuando Jesús terminó de hablar, una mujer levantó la voz en medio de la multitud y le dijo: «¡Feliz el seno que te llevó y los pechos que te amamantaron!».
Jesús le respondió: «Felices más bien los que escuchan la Palabra de Dios y la practican».

 
Comentario del Evangelio por San Bernardo (1091-1153), monje cisterciense y doctor de la Iglesia. Sermón 31 sobre el Cantar de los Cantares.
«Dichosa la que ha creído; porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá» (Lc 1,45)
En la Antigua Alianza los hombres estaban bajo el régimen de los símbolos. Por la gracia de Cristo, presente en la carne, la misma verdad ha resplandecido para nosotros. Y sin embargo, con relación al mundo venidero, todavía vivimos, en cierta manera, en la sombra de la verdad. El apóstol Pablo escribe: «Mi conocer es por ahora inmaduro, entonces podré conocer como Dios me conoce» (1C 13,9) y «no es que ya haya conseguido el premio» (Flp 3,13). En efecto, ¿cómo no hacer diferencia entre el que camina en la fe o el que se encuentra ya en la clara visión? Así «el justo vive de fe» (Ha 2,4; Rm 1,17) –es el bienaventurado que exulta por la visión de la verdad; mientras, el hombre santo vive todavía en la sombra de Cristo… Es buena esta oscuridad de la fe; filtra la luz cegadora para nuestra mirada todavía en la tiniebla y prepara nuestro ojo para que pueda soportar la luz. En efecto, está escrito: «Dios ha purificado sus corazones a través de la fe» (Hch 15,9). Porque el efecto de la fe no es apagar la luz, sino conservarla. Todo lo que los ángeles contemplan a rostro descubierto, la fe lo guarda oculto para mí; lo hace descansar en su seno para revelarlo en el momento querido. ¿Acaso no es una buena cosa que tenga envuelto lo que tu todavía no puedes captar sin velo?       Por otra parte, la madre del Señor también vivía en la oscuridad de la fe, puesto que le fue dicho: «Dichosa tú que has creído» (Lc 1,45). También del cuerpo de Cristo recibió una sombra, según el mensaje del ángel: «El poder del Altísimo te cubrirá con su sombra» (Lc 1,35). Esta sombra pues, no tiene nada de despreciable porque es el poder del Altísimo que la proyecta. Sí, verdaderamente, en la carne de Cristo había una fuerza que cubría a la Virgen con su sombra, a fin de que la pantalla de su cuerpo vivificante le permitiera soportar la presencia divina, aguantar el resplandor de la luz inaccesible, lo cual era imposible a una mujer mortal. Este poder ha domado toda fuerza adversa; la fuerza de esta sombra echa fuera los demonios y protege a los hombres. ¡Poder verdaderamente vivificador y sombra verdaderamente refrigerante! Y es totalmente en la sombra de Cristo que nosotros vivimos, puesto que caminamos por la fe y recibimos la vida alimentándonos con su carne.
 

Homilía para la Eucaristía del domingo 09 de octubre de 2016

DOMINGO XXVIII.

2Reyes 5,10.14-17: La curación de Naamán, el sirio. Su reacción: reconoce al Señor como el único Dios; por eso desea llevar tierra de Israel, tierra santificada por la presencia del Señor. Sobre ella podrá dar culto al Señor.

Lucas 17,11-19: curación de los diez leprosos. Sólo el samaritano vuelve a dar gracias.

1.- Tanto el libro de los Reyes como el Evangelio nos muestran:

 Primero, que los favorecidos por Dios eran leprosos, es decir, marginados por la sociedad, tanto por la enfermedad como por su condición de no israelitas;

 Segundo, sólo los no israelitas son capaces de reconocer al favor de Dios;

 Tercero, tanto Naamán como el samaritano son capaces de reconocer la obra del Señor, es decir, tienen fe, creen en el Señor;

 Cuarto, ambos vuelven a dar gracias al Señor.

Lo que nos está indicando cuál debe ser la actitud del creyente.

2.- Todos nosotros hemos entrado a este mundo contaminados con la lepra del pecado. Pero todos nosotros hemos sido favorecidos, agraciados por el Señor. El nos curó de nuestros males y gratuitamente nos favoreció con tantos dones. Porque no sólo nos purificó, justificó, sino que nos ha colmado de bienes y nos ha incorporado al número de los hijos de Dios.

Es de buen tono en nuestro contexto social ser agradecidos. Ser agradecido significa que el favorecido reconoce al que le hizo un bien. Lo mismo sucede en el plano de lo religioso. Ser agradecido significa tener fe, reconocer el poder del Señor. Porque nadie se compra ni gana los dones de Dios, sino que el Señor los otorga en forma gratuita. Por eso es necesario ser agradecidos. San Pablo dice en Filipenses 4,6: “no se angustien por nada…recurran a la oración y a la súplica, con acción de gracias”. Y en Colosenses 4,2 dice: “Perseveren en la oración, velando siempre en ella con acción de gracias.” Y en 1Tesalonicenses 5,18 nos dice: “Den gracias a Dios en toda ocasión.”

3.- El domingo pasado el Señor nos exhortaba a tener fe para enfrentar las dificultades. Hoy se nos muestra una faceta de la fe: el reconocer el poder de Dios y ser agradecidos. El creyente sabe reconocer que todo viene de Dios. María, la mujer creyente, exclamó: “Proclama mi alma las grandezas del Señor”.

Cuando una persona o una sociedad caen en la autosuficiencia le da la espalda a Dios y no reconoce al Señor como el autor de la salvación. Es cierto que el ser humano, gracias a los conocimientos que tiene, es capaz de avanzar, progresar. De hecho ha logrado grandes avances en la ciencia y en la técnica. Pero se ha envanecido, se ha endiosado. Ha hecho un divorcio entre ciencia y ética. Los logros científicos valen por sí solos, sin importar si son éticos o no. Ya no se necesita de Dios. Esto es lo que se llama “Secularismo”, es decir, se prescinde de Dios, todo es obra del ser humano. Esta actitud lleva al ateísmo o a crear nuevos “dioses”, nuevas ideologías.

4.- Hoy la Palabra nos recuerda que debemos ser agradecidos y reconocer que Dios es Dios, y no hay otro. Ser agradecidos, es decir, reconocer que todo lo hemos recibido de Dios. ¿De qué nos gloriamos entonces?

Hoy, como todos los domingos, hacemos Eucaristía, es decir, damos gracias a Dios. Damos gracias por lo que Jesús, el Señor, ha hecho en nosotros: murió y resucitó para nuestra salvación. Damos gracias por todo lo que ha realizado en cada uno de nosotros.

Por eso, con el salmo responsorial podemos decir: “El Señor manifestó su victoria”. ¿Cuándo? Al perdonarnos, al salvarnos. Entonces, aclamemos al Señor porque El hizo maravillas.

Hermano Pastor Salvo Beas.

Párroco de San Miguel.

 

Comentario al evangelio de hoy viernes 07 de octubre de 2016

El «sí» de María.

Tiempo ordinario.
Nuestra Señora del Rosario.
María se dejó guiar por la fe. Sin certezas humanas, supo acoger confiadamente la palabra de Dios.
Por: P Juan Pablo Menéndez
Fuente: Catholic.net 
http://es.catholic.net/op/articulos/11744/cat/504/el-si-de-maria.html

Del santo Evangelio según san Lucas 1, 26-38
Al sexto mes fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. Y entrando, le dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo». Ella se conturbó por estas palabras, y discurría qué significaría aquel saludo. El ángel le dijo: «No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios; vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús.El será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin». María respondió al ángel: «¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?» El ángel le respondió: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios. Mira, también Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo en su vejez, y este es ya el sexto mes de aquella que llamaban estéril, porque ninguna cosa es imposible para Dios». Dijo María: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra». Y el ángel dejándola se fue.
Oración introductoria
Señor, así como María supo acoger el anuncio del ángel, permite que yo sepa escuchar y aceptar lo que hoy quieres decirme en mi oración, porque mi anhelo es que la verdad de tu Evangelio impregne mi modo de ver, pensar y de actuar.
Petición
Jesús, permite que siempre diga un «sí», alegre y confiado, a lo que Tú quieras pedirme.
Meditación del Papa Francisco
La voluntad de Dios es la ley suprema que establece la verdadera pertenencia a Él. María instaura un vínculo de parentesco con Jesús antes aún de darle a luz: se convierte en discípula y madre de su Hijo en el momento en que acoge las palabras del Ángel y dice: «He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra». Este «“hágase» no es sólo aceptación, sino también apertura confiada al futuro. ¡Este «hágase» es esperanza!
María es la madre de la esperanza, la imagen más expresiva de la esperanza cristiana. Toda su vida es un conjunto de actitudes de esperanza, comenzando por el «sí» en el momento de la anunciación. María no sabía cómo podría llegar a ser madre, pero confió totalmente.» (Papa Francisco, 21 de noviembre de 2013)
Reflexión
Cuando pensamos en el «Sí» de María a la propuesta de Dios, lo podemos imaginar en un ambiente casi de novela «romántica», y olvidar que con ese «Sí», toda su vida quedó comprometida. La respuesta que ella dio no era algo espontáneo o «lógico». María dirá que sí, más por confianza y fe, que por conocimiento. Ella apenas podía entender lo que le había sido explicado… y sin embargo, dice que «Sí». Además, la fe de María será puesta a prueba cada día. Ella quedará encinta. No sabe bien cómo, pero lo cierto es que su corazón está inundado por una luz especial. Aunque su querido José dude, ella vive inmersa en el misterio sin pedir pruebas, vive unida al misterio más radical que existe: Dios. Él sabrá encontrar las soluciones a todos los problemas, pero hacía falta fe, hacía falta abandono total a su voluntad.
María se dejó guiar por la fe. Ésta la llevó a creer a pesar que parecía imposible lo anunciado. El Misterio se encarnó en ella de la manera más radical que se podía imaginar.
Sin certezas humanas, ella supo acoger confiadamente la palabra de Dios. María también supo esperar, ¿cómo vivió María aquellos meses, y las últimas semanas en la espera de su Hijo? Sólo por medio de la oración y de la unión con Dios podemos hacernos una pálida idea de lo que ella vivió en su interior. También María vivió con intensidad ese acontecimiento que transformó toda su existencia de manera radical. Ella dijo «Sí» y engendró físicamente al Hijo de Dios, al que ya había concebido desde la fe. Estas son experiencias que contrastan con nuestro mundo materialista … Por ello, como cristianos, ¿cómo no centrar más nuestra vida al contemplar este Misterio inefable? ¿Cómo no dar el anuncio de la alegría del nacimiento de nuestro Señor a todos los que no han experimentado ese Dios-Amor?
No olvidemos que un día ese Dios creció en el seno de María, y también puede crecer hoy en nuestros corazones, si por la fe creemos, y si en la espera sabemos dar sentido a toda nuestra vida mirando con valor al futuro.
Propósito
Rechazar preocupaciones sobre las que no puedo hacer nada, para actuar confiadamente sobre lo que sí puedo cambiar.
Diálogo con Cristo
Dios mío, gracias por quedarte en la Eucaristía y por darme a María como madre y modelo de mi vida. Contemplar su gozo, su actitud de acogida y aceptación, su humildad, me motivan a exclamar con gozo: heme aquí Señor, débil e infiel, pero lleno de alegría por saber que con tu gracia, las cosas pueden y van a cambiar.

EDD. viernes 07 de octubre de 2016

Viernes de la vigesimoséptima semana del tiempo ordinario
Nuestra Señora del Rosario
Memoria obligatoria
Color: blanco
http://www.eucaristiadiaria.cl/dia_cal.php?fecha=2016-10-07
El 7 de octubre de 1571, Occidente fue liberado de la amenaza turca por la victoria de Lepanto, que se atribuyó a la recitación del Rosario. Hoy, no estamos invitados a conmemorar un acontecimiento lejano, sino a descubrir el lugar de María en el misterio de la salvación y a saludar a la Santa Madre de Dios como lo hizo el ángel Gabriel: ¡Ave María!
El Papa san Pío V instituyó esta fiesta.
 
Antífona de entrada            Cf. Lc 1, 28. 42
Alégrate, María, llena de gracia, el Señor está contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre.
 
ORACIÓN COLECTA
Señor, derrama tu gracia en nuestros corazones, y ya que hemos conocido por el anuncio del Ángel la encarnación de tu Hijo Jesucristo, condúcenos por su Pasión y su Cruz, con la intercesión de la Virgen María, a la gloria de la resurrección. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.
 
LITURGIA DE LA PALABRA
 
Primera lectura
Se dedicaban a la oración en compañía de María, la madre de Jesús.
Lectura de los Hechos de los Apóstoles  1, 12-14
Después que Jesús subió al cielo, los Apóstoles regresaron del monte de los Olivos a Jerusalén: la distancia entre ambos sitios es la que está permitida recorrer en día sábado. Cuando llegaron a la ciudad, subieron a la sala donde solían reunirse. Eran Pedro, Juan, Santiago, Andrés, Felipe y Tomás, Bartolomé, Mateo, Santiago, hijo de Alfeo, Simón el Zelote y Judas, hijo de Santiago. Todos ellos, íntimamente unidos, se dedicaban a la oración, en compañía de algunas mujeres, de María, la madre de Jesús, y de sus hermanos.
 
Salmo responsorial   Lc 1, 46-55
R/. El Todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas.
Mi alma canta la grandeza del Señor, y mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi Salvador. Porque Él miró con bondad la pequeñez de su servidora. En adelante todas las generaciones me llamarán feliz.
Porque el Todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas: ¡su Nombre es santo! Su misericordia se extiende de generación en generación sobre aquéllos que lo temen.
Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los soberbios de corazón. Derribó a los poderosos de su trono y elevó a los humildes. Colmó de bienes a los hambrientos y despidió a los ricos con las manos vacías.
Socorrió a Israel, su servidor, acordándose de su misericordia, como lo había prometido a nuestros padres, en favor de Abraham y de su descendencia para siempre.
 
EVANGELIO
 
Aclamación al Evangelio  Cf. Lc 1, 28
Aleluya.
¡Alégrate, María, llena de gracia, el Señor está contigo, bendita tú eres entre las mujeres! Aleluya.
 
Evangelio
Concebirás y darás a luz un hijo.
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas   1, 26-38
El Ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen que estaba comprometida con un hombre perteneciente a la familia de David, llamado José. El nombre de la virgen era María.
El Ángel entró en su casa y la saludó, diciendo:
“¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor está contigo”.
Al oír estas palabras, ella quedó desconcertada y se preguntaba qué podía significar ese saludo.
Pero el Ángel le dijo:
“No temas, María, porque Dios te ha favorecido. Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús; Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin”.
María dijo al Ángel:
“¿Cómo puede ser eso, si yo no tengo relación con ningún hombre?”
El Ángel le respondió:
“El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso el niño será Santo y será llamado Hijo de Dios. También tu parienta Isabel concibió un hijo a pesar de su vejez, y la que era considerada estéril, ya se encuentra en su sexto mes, porque no hay nada imposible para Dios”.
María dijo entonces:
“Yo soy la servidora del Señor, que se haga en mí según tu Palabra”.
Y el Ángel se alejó.
 
Reflexión : ( www.catholic.net )
Cuando pensamos en el «Sí» de María a la propuesta de Dios, lo podemos imaginar en un ambiente casi de novela «romántica», y olvidar que con ese «Sí», toda su vida quedó comprometida. La respuesta que ella dio no era algo espontáneo o «lógico». María dirá que sí, más por confianza y fe, que por conocimiento. Ella apenas podía entender lo que le había sido explicado… y sin embargo, dice que «Sí». Además, la fe de María será puesta a prueba cada día. Ella quedará encinta. No sabe bien cómo, pero lo cierto es que su corazón está inundado por una luz especial. Aunque su querido José dude, ella vive inmersa en el misterio sin pedir pruebas, vive unida al misterio más radical que existe: Dios. Él sabrá encontrar las soluciones a todos los problemas, pero hacía falta fe, hacía falta abandono total a su voluntad. María se dejó guiar por la fe. Ésta la llevó a creer a pesar que parecía imposible lo anunciado. El Misterio se encarnó en ella de la manera más radical que se podía imaginar. Sin certezas humanas, ella supo acoger confiadamente la palabra de Dios. María también supo esperar, ¿cómo vivió María aquellos meses, y las últimas semanas en la espera de su Hijo? Sólo por medio de la oración y de la unión con Dios podemos hacernos una pálida idea de lo que ella vivió en su interior. También María vivió con intensidad ese acontecimiento que transformó toda su existencia de manera radical. Ella dijo «Sí» y engendró físicamente al Hijo de Dios, al que ya había concebido desde la fe. Estas son experiencias que contrastan con nuestro mundo materialista, especialmente en la cercanía de las fiestas de Navidad. Por ello, como cristianos, ¿cómo no centrar más nuestra vida al contemplar este Misterio inefable? ¿Cómo no dar el anuncio de la alegría de la Navidad a todos los que no han experimentado ese Dios-Amor? No olvidemos que un día ese Dios creció en el seno de María, y también puede crecer hoy en nuestros corazones, si por la fe creemos, y si en la espera sabemos dar sentido a toda nuestra vida mirando con valor al futuro.
 

El Papa en Sta. Marta: ‘Abrirse al Espíritu y dejar que nos lleve adelante’

En la homilía de este jueves, el Santo Padre advierte que aferrarse a la Ley hace ignorar al Espíritu Santo.
El Papa en Santa Marta - © Osservatore Romano

El Papa En Santa Marta – © Osservatore Romano

(ZENIT – Ciudad del Vaticano).- La verdadera doctrina no es “rígida adhesión” a la Ley que encanta como las ideologías, sino que es la revelación de Dios que se deja encontrar cada día más por los que están abiertos al Espíritu Santo. Así lo ha explicado el santo padre Francisco en la homilía de la misa celebrada este jueves por la mañana en Santa Marta.
En las lecturas del día se habla del Espíritu Santo, “gran don del Padre” “fuerza que hace salir a la Iglesia con valentía para llegar hasta el final del mundo”. El Espíritu –ha indicado– es el protagonista de este ir adelante de la Iglesia. Sin Él, hay “clausura, miedo”.
Así, el Papa ha hablado de tres actitudes que podemos tener con el Espíritu Santo. La primera es la que San Pablo reprocha a los Gálatas: creer estar justificados por la Ley y no por Jesús “que da sentido a la Ley”. Por eso eran “demasiado rígidos”. Son los mismos que atacaban a Jesús y que Jesús les llamaba hipócritas.
Al respecto, el Pontífice ha explicado que este “aferrarse a la Ley” hace “ignorar al Espíritu Santo”. No deja –ha advertido– que la fuerza de la redención de Cristo vaya adelante con el Espíritu Santo. Por otro lado ha precisado que es verdad que están los mandamientos y que debemos seguirlos, “pero siempre desde la gracia de este gran don que nos ha dado el Padre, su Hijo, es el don del Espíritu Santo”. Y así, ha asegurado, “se entiende la Ley”. Pero –ha pedido Francisco– no reducir el Espíritu y el Hijo a la Ley.
El Papa también ha hablado de los doctores de la Ley que “encantan con las ideas”. Porque –ha explicado –las ideologías encantan. Por eso ha recordado que la revelación de Dios se encuentra cada día más y más, siempre en camino. “Y los que creen que tienen toda la verdad en la mano” no es que sean ignorantes, Pablo les llama ‘necios’.
La segunda actitud de la que ha hablado Francisco es entristecer al Espíritu Santo. Esto sucede, ha explicado el Papa, cuando “no dejamos que Él nos inspire, nos lleve adelante en la vida cristiana”, “no dejamos que Él nos diga, no con la teología de la Ley sino con la libertad del Espíritu, qué debemos hacer”.  Es así como “nos convertimos en tibios”, caemos en la “mediocridad cristiana” porque el Espíritu Santo “no puede hacer la gran obra en nosotros”.
A continuación, ha explicado que la tercera actitud es “abrirse” dejar que el “Espíritu Santo nos lleve adelante”. Esto es lo que hicieron los apóstoles: la valentía del día de Pentecostés: “perdieron el miedo y se abrieron al Espíritu Santo”, ha recordado.
Y cuando una persona se abre al Espíritu “es como un barco de vela que se deja llevar por el viento y va adelante, adelante, adelante y ya no se detiene”. Pero, es necesario “rezar al Espíritu Santo”.
Finalmente, el Santo Padre ha invitado a preguntarte si “mi vida es una vida a medias, tibia, que entristece el Espíritu Santo y no deja en mí la fuerza de ir adelante, de abrirme” o si es “una vida de oración continua para abrirse al Espíritu Santo”.
Y así, ha invitado a pedir a Dios esta gracia “abrirnos al Espíritu Santo para no convertirnos en necios, encantados, ni hombres y mujeres que entristecen el Espíritu”.

Comentario al evangelio de hoy jueves 06 de octubre de 2016

Al que llama, se le abrirá y al que pida se le dará.
Parábolas

Tiempo Ordinario. 
Pidamos las veces que haga falta, no quedaremos defraudados si lo hacemos con fe y confianza.
Por: Xavier Caballero
Fuente: Catholic.net 
http://es.catholic.net/op/articulos/8924/el-amigo-inoportuno.html

Del santo Evangelio según san Lucas 11, 5-13
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Si uno de vosotros tiene un amigo y, acudiendo a él a medianoche, le dice: «Amigo, préstame tres panes, porque ha llegado de viaje a mi casa un amigo mío y no tengo qué ofrecerle», y aquél, desde dentro, le responde: «No me molestes; la puerta ya está cerrada, y mis hijos y yo estamos acostados; no puedo levantarme a dártelos», os aseguro, que si no se levanta a dárselos por ser su amigo, al menos se levantará por su importunidad, y le dará cuanto necesite. Yo os digo: Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá.. Porque todo el que pide, recibe; el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. ¿Qué padre hay entre vosotros que, si su hijo le pide un pez, en lugar de un pez le da una culebra; o, si pide un huevo, le da un escorpión? Si, pues, vosotros, siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan! 
Oración introductoria
Señor, vengo ante Ti con la confianza y la seguridad que Tú eres mi Padre, dispuesto a darme todo lo bueno que necesito, aunque muchas veces no sepa pedirlo ni agradecerlo. Me dices que pida, que toque, que busque… esas son las intenciones de mi oración.
Petición
Señor, dame las gracias que más necesito para mi santificación.
Meditación del Papa Francisco
Porque todo el que pide recibe, y el que busca encuentra y al que llama, se le abrirá’. Pero se necesita, buscar y tocar a la puerta. Nosotros, ¿nos involucramos en la oración? ¿Sabemos tocar el corazón de Dios? En el evangelio Jesús dice: ‘Pues si ustedes, siendo malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más su Padre celestial dará el Espíritu Santo a quienes se lo pidan!’ Esto es algo grande.
Cuando oramos valientemente, el Señor nos da la gracia, e incluso se da a sí mismo en la gracia: el Espíritu Santo, es decir, ¡a sí mismo! Nunca el Señor da o envía una gracia por correo: ¡nunca!
¡La lleva Él mismo! ¡Él es la gracia! Lo que pedimos es un poco como el papel en que se envuelve la gracia. Pero la verdadera gracia es Él que viene a traérmela. Es Él. Nuestra oración, si es valiente, recibe lo que pedimos, pero también aquello que es lo más importante: al Señor. (Cf. S.S. Francisco, 10 de octubre 2013, homilía en Santa Marta).
Reflexión
Cuando recorremos alguna playa o las zonas costeras y percibimos la arena y los acantilados, no podemos menos que maravillarnos del poder del agua. No es que el agua sea fuerte en sí.. A base de la constancia y la perseverancia es capaz de perforar, limar o erosionar cualquier tipo de roca o de superficie.
El Evangelio de hoy nos habla de la perseverancia en la oración. “Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá…”. Un ejemplo tan humano como el del amigo que nos viene a pedir tres panes a medianoche, es suficiente para hacernos pensar sobre la realidad de este hecho.
En el caso de la oración, no se trata de una relación entre hombres más o menos buenos o, más o menos justos. Se trata de un diálogo con Dios, con ese Padre y Amigo que me ama, que es infinitamente bueno y que me espera siempre con los brazos abiertos.
¡Cuánta fe y cuánta confianza necesitamos a la hora de rezar! ¡Qué fácil es desanimarse a la primera! ¡Cómo nos cuesta intentarlo de nuevo, una y mil veces! Y sin embargo, los grandes hombres de la historia, han sufrido cientos de rechazos antes de ser reconocidos como tales.
Ojalá que nuestra oración como cristianos esté marcada por la constancia, por la perseverancia con la cual pedimos las cosas. Dios quiere darnos, desea que hallemos, anhela abrirnos… pero ha querido necesitar de nosotros, ha querido respetar nuestra libertad. Pidamos, busquemos, llamemos, las veces que haga falta, no quedaremos defraudados si lo hacemos con fe y confianza. Dios nos ama y quiere lo mejor para nosotros. Colaboremos con Él. ¡Vale la pena!
Propósito
Hacer el esfuerzo de salir de mí mismo, para que mi oración no se limite a la petición.
Diálogo con Cristo
Señor, redescubrir mi fe por medio del encuentro contigo en tu Palabra y en la Eucaristía, es la ruta trazada. Esforzarme por conocer más el Catecismo, el Credo y los documentos del Concilio Vaticano II serán los medios. Y todo será posible con tu gracia, la cual suplico por la intercesión de tu Santa Madre María, para que también ella me guíe para vivir plenamente este año de gracia en lo personal, en lo familiar y en la Iglesia.

EDD. jueves 06 de octubre de 2016

Jueves de la vigesimoséptima semana del tiempo ordinario.
San Bruno, presbítero
Memoria libre 
Color: blanco
Después de haber enseñado en Reims durante mucho tiempo, Bruno (1035-1101) se retiró en el macizo de la Cartuja con algunos discípulos para dedicarse a la penitencia y a la contemplación. Con sus hermanos, adoptó un estilo de vida que unía la soledad de los eremitas y un mínimo de vida en común. Murió en una ermita de Calabria.
Antífona de entrada
El Señor bendecirá a los hermanos que, unidos, glorifican a Dios.
ORACIÓN COLECTA
Dios nuestro, que llamaste a san Bruno para servirte en la soledad, concédenos, por su intercesión, que en medio de la inestabilidad de este mundo nuestra vida esté siempre orientada hacia ti. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.
LITURGIA DE LA PALABRA
Primera lectura
¿Ustedes recibieron el Espíritu por las obras de la Ley o por haber creído en la predicación?
Lectura de la carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Galacia    3, 1-5
Gálatas insensatos, ¿quién los ha seducido a ustedes, ante cuyos ojos fue presentado Jesucristo crucificado? Una sola cosa quiero saber: ¿ustedes recibieron el Espíritu por las obras de la Ley o por haber creído en la predicación? ¿Han sido tan insensatos que llegaron al extremo de comenzar por el Espíritu, para acabar ahora en la carne? ¿Habrá sido en vano que recibieron tantos favores?
¡Ojalá no haya sido en vano! Aquél que les prodiga el Espíritu y está obrando milagros entre ustedes, ¿lo hace por las obras de la Ley o porque han creído en la predicación?
Salmo responsorial   Lc 1, 69-75
R/. ¡Bendito sea el Señor, Dios de Israel!
Nos ha dado un poderoso Salvador en la casa de David, su servidor, como lo había anunciado mucho tiempo antes por boca de sus santos profetas.
Para salvarnos de nuestros enemigos y de las manos de todos los que nos odian. Así tuvo misericordia de nuestros padres y se acordó de su santa Alianza.
Se acordó del juramento que hizo a nuestro padre Abraham de concedernos que, libres de temor, arrancados de las manos de nuestros enemigos, lo sirvamos en santidad y justicia bajo su mirada, durante toda nuestra vida.
Aclamación al Evangelio   Cf. Hech 16, 14b
Aleluya.
Señor, abre nuestro corazón, para que aceptemos las palabras de tu Hijo. Aleluya.
Evangelio
Pidan y se les dará.
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas   11, 5-13
Jesús dijo a sus discípulos:
Supongamos que alguno de ustedes tiene un amigo y recurre a él a medianoche, para decirle: “Amigo, préstame tres panes, porque uno de mis amigos llegó de viaje y no tengo nada que ofrecerle”, y desde adentro él le responde: “No me fastidies, ahora la puerta está cerrada, y mis hijos y yo estamos acostados. No puedo levantarme para dártelos”.
Yo les aseguro que aunque él no se levante para dárselos por ser su amigo, se levantará al menos a causa de su insistencia y le dará todo lo necesario.
También les aseguro: pidan y se les dará, busquen y encontrarán, llamen y se les abrirá. Porque el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que llama, se le abrirá.
¿Hay entre ustedes algún padre que da a su hijo una serpiente cuando le pide un pescado? ¿Y si le pide un huevo, le dará un escorpión?
Si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a aquellos que se lo pidan!
 
Comentario del Evangelio por Homilía atribuida a San Macario de Egipto (¿-390), monje.  Homilía nº 16, 3ª colección.
 
“¡Cuánto más vuestro Padre celestial os dará el Espíritu Santo!”
 
Para obtener el pan para el cuerpo, el mendigo no experimenta ninguna dificultad para  llamar a puerta y pedir; si no lo recibe, entra más adentro y sin enfado por el pan, pide vestidos o sandalias para aliviar su cuerpo. Mientras no recibe algo, no se va, aunque se le eche. Nosotros, que buscamos el pan celeste y verdadero para fortalecer nuestra alma, que deseamos revestir los hábitos celestiales de luz y aspiramos a calzar las sandalias inmateriales del Espíritu para consuelo del alma inmortal, cuánto más debemos, incansable y resolutamente, con fe y amor, siempre pacientes, llamar a la puerta espiritual de Dios y pedir, con una constancia perfecta, ser dignos de la vida eterna.
Es así que el Señor “propuso una parábola para explicar cómo tenían que orar siempre sin desanimarse” (Lc 18,1) y después añadió estas palabras: “Cuanto más vuestro Padre celestial hará justicia a los que le piden día y noche” (v. 6). Y además, refiriéndose al amigo: “Si no es por ser amigo que se lo da, se levantará a causa de su insistencia y le dará todo lo que tenga necesidad”. Y añade entonces: “Pedid y recibiréis; buscad y encontraréis; llamad y se os abrirá. Porque el que pide recibe, el que busca encuentra, y al que llama se le abre”. Y prosigue: “Si vosotros que sois malos sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre celestial os dará el Espíritu Santo a los que se lo piden!” Es por esto que el Señor nos exhorta a pedir siempre, incansablemente y con tenacidad, a buscar y llamar continuamente: porque él ha prometido dar a los que piden, buscan y llaman, no a los que no piden nunca. Él quiere darnos la vida eterna siendo orado, suplicado, amado.

Francisco pide proteger el deporte de la manipulación y la explotación comercial

El Santo Padre inaugura el Encuentro mundial sobre deporte y fe, “Deporte al servicio de la humanidad”, y que se celebra este semana en el Vaticano.
El Papa inauguración del congreso Deporte y fe - CTV

El Papa Inauguración Del Congreso Deporte Y Fe – CTV

(ZENIT – Ciudad del Vaticano).- El deporte es una actividad humana de gran valor, capaz de enriquecer la vida de las personas, de la que pueden disfrutar hombres y mujeres de todas las naciones, etnias y pertenencia religiosa.
Lo ha indicado el papa Francisco, en su discurso a los participantes del primer Encuentro mundial sobre deporte y fe, cuyo tema es “Deporte al servicio de la humanidad”, y que se celebra este semana en el Vaticano. El encuentro ha sido promovido por el Pontificio Consejo de Cultura y las Naciones Unidas y el Comité Olímpico Internacional apoyan el evento. La ceremonia de apertura ha sido presidida por el papa Francisco, junto con el secretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon, y el presidente del Comité Olímpico Internacional, Thomas Bach. Antes de la llegada del Papa al Aula Pablo VI, se ha celebrado un tiempo de exhibiciones y testimonios. Entre ellos, una deportista paraolímpica que descubrió al perder las piernas que “la vida es un don tan grande que supera todo” y uno de los integrantes del equipo olímpico de refugiados. También han participado el futbolista Alessandro del Piero, 22 atletas de Taekwondo, y el equipo nacional italiano de gimnasia rítmica.
El Santo Padre, en su discurso, ha señalado a los presentes un desafío: “mantener lo genuino del deporte, de protegerlo de la manipulación y de la explotación comercial”. Sería triste –ha advertido– si le gente ya no confiara en la verdad de los resultados deportivos, o si el cinismo o el desencanto tomaran ventaja al entusiasmo y a la participación alegre y desinteresada. En el deporte, como en la vida, “es importante luchar por el resultado, pero jugar bien y con lealtad es aún más importante”.
En esta línea, el Pontífice ha dado las gracias a los presentes por sus esfuerzos de erradicar todo tipo de “corrupción y manipulación”. Por eso, el Santo Padre ha asegurado que la Iglesia católica “está comprometida en el mundo del deporte para llevar la alegría del Evangelio, el amor inclusivo e incondicional de Dios por todos los seres humanos”.
Asimismo, el Santo Padre ha recordado que en los últimos meses hemos visto cómo los Juegos Olímpicos y Paraolímpicos han estado en el centro de la atención de todo el mundo. Por eso, ha precisado que el lema olímpico “altius, citius, fortius” es una “invitación a desarrollar los talentos que Dios nos ha dado”.
De este modo, el Pontífice ha indicado que cuando vemos a los atletas tener al máximo de las propias capacidades, “el deporte nos entusiasma, nos maravilla, nos hace sentir casi orgullosos”. Reconociendo la gran belleza que existe en la armonía de ciertos movimientos, como también en la fuerza o en el juego de equipo, ha asegurado que cuando es así, “el deporte trasciende el nivel de lo físico y nos lleva a la arena del espíritu e incluso del misterio”.  Y estos momentos son acompañados de “gran alegría y satisfacción” que todos podemos compartir “aún sin haber competido”.
Francisco también ha hablado del deporte entendido no como competición, sino como actividad de entretenimiento. Por eso es importante –ha asegurado– que todos puedan participar en las actividades deportivas. El Santo Padre se ha reconocido contento porque estos días pondrán en el centro de la atención “el compromiso para asegurar que el deporte sea cada vez más inclusivo” y que sus beneficios sean realmente accesibles a todos.
Por otro lado, ha reconocido que “nuestras tradiciones religiosas” comparten el compromiso por asegurar “el respeto de la dignidad de cada ser humano”. Así, ha valorado el hecho de que las instituciones deportivas mundial “han afrontado con valentía el valor de la inclusión”.
No ha querido olvidar el entusiasmo de los niños que juegan con un balón desinflado o hecho de trapos en los suburbios de grandes ciudades o en las calles de pequeños pueblos. Por ello, el Papa ha animado a todos -instituciones, sociedades deportivas, realidades educativas y sociales, comunidades religiosas- a trabajar juntos para que estos niños puedan acceder al deporte en condiciones dignas, especialmente los que están excluidos por la pobreza.
 

Comentario al evangelio de hoy miércoles 05 de octubre de 2016

La oración que Cristo nos enseñó.
Tiempo Ordinario

Que el Padre Nuestro sea la oración de nuestras familias pero, sobre todo, el reflejo de nuestras vidas. 
Por: P. Clemente González
Fuente: Catholic.net 
http://es.catholic.net/op/articulos/8917/la-oracin-que-cristo-nos-ense.html

Del santo Evangelio según san Lucas 11, 1-4
Y sucedió que, estando Él orando en cierto lugar, cuando terminó, le dijo uno de sus discípulos: Señor, enséñanos a orar, como enseñó Juan a sus discípulos. Él les dijo: Cuando oréis, decid: Padre, santificado sea tu Nombre, venga tu Reino, danos cada día nuestro pan cotidiano, y perdónanos nuestros pecados porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe, y no nos dejes caer en tentación. 
Oración introductoria
Señor, creo y confío plenamente en tu misericordia ante mis debilidades. Permite que este momento de intimidad contigo sea el medio por el cual aprenda a orar, como Tú quieres que lo haga. Dame el don de tu Espíritu Santo, e inspírame lo que debo pensar, lo que debo decir y cómo debo actuar para que Tú reines en mi corazón.
Petición
Padre nuestro, que estás en el cielo, te pido que vengas a mi corazón.
Meditación del Papa Francisco
Para rezar no hay necesidad de hacer ruido ni creer que es mejor derrochar muchas palabras. No podemos confiarnos al ruido, al alboroto de la mundanidad, que Jesús identifica con “tocar la tromba” o “hacerse ver el día de ayuno”. Para rezar no es necesario el ruido de la vanidad: Jesús dijo que esto es un comportamiento propio de los paganos. La oración no es algo mágico; no se hace magia con la oración; esto es pagano.
Entonces, ¿cómo se debe orar? Jesús nos lo enseñó: Dice que el Padre que está en el Cielo “sabe lo que necesitáis, antes incluso de que se lo pidáis”. Por lo tanto, la primera palabra debe ser “Padre”. Esta es la clave de la oración. ¿Es un padre solamente mío? No, es el Padre nuestro, porque yo no soy hijo único. Ninguno de nosotros lo es. Y si no puedo ser hermano, difícilmente puedo llegar a ser hijo de este Padre, porque es un Padre, con certeza, mío, pero también de los demás, de mis hermanos. (Cf. S.S. Francisco, de 2013, homilía en Santa Marta)
Reflexión
En el mundo del deporte, además de las habilidades personales, un excelente entrenador juega un papel decisivo. Es parte de nuestra naturaleza el tener que aprender y recibir de otros. Puede parecer una limitación pero es, al mismo tiempo, un signo de la grandeza y de la maravilla del hombre.
En el Evangelio del día, los discípulos le piden a Jesús: Señor, enséñanos a orar…. La oración es el gran deporte, la gran disciplina del cristiano. Y lo diría el mismo Jesús en el huerto de Getsemaní: Vigilad y orad para que no caigáis en tentación. Él es nuestro mejor entrenador. Hoy, nos ofrece la oración más perfecta, la más antigua y la mejor: el Padre Nuestro. En ella, encontramos los elementos que deben caracterizar toda oración de una auténtico cristiano. Se trata de una oración dirigida a una persona: Padre; en ella, alabamos a Dios y anhelamos la llegada de su Reino; pedimos por nuestras necesidades espirituales y temporales; pedimos perdón por nuestros pecados y ofrecemos el nuestro a quienes nos han ofendido; y, finalmente, pedimos las gracias necesarias para permanecer fieles a su voluntad. Todo ello, rezado con humildad y con un profundo espíritu de gratitud.
Ojalá que sea, el Padre Nuestro, la oración de todas nuestras familias pero, sobre todo, el reflejo de nuestras vidas como cristianos y discípulos de Jesucristo.
Propósito
Ofrecer a Dios cumplir su voluntad con el rezo meditado del Padre nuestro.
Diálogo con Cristo
Señor, te pido que me ayudes a vivir siempre unido a Ti en mi oración, sabiendo que no es lo que diga sino cómo lo diga, lo que importa. Que mi relación contigo no se limite al tiempo que dedico a mi meditación o la celebración de la Eucaristía. Te necesito permanentemente cerca de mí, para no caer en la tentación, para poder vivir auténticamente el amor, para ser un incansable y eficaz discípulo y misionero.