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Autor: Patricio Osiadacz

Clara de Asís: almas gemelas.

San Francisco y Santa Clara de Asís: dos almas con un gran Amor en común, el de Dios.

http://es.catholic.net/op/articulos/39867/cat/876/clara-de-asis-almas-gemelas.html
Por: P. Jesús Martí Ballester

Este miércoles la Iglesia celebra la festividad de Santa Clara. Nos ha parecido interesante realizar el siguiente reportaje que esperamos sea del interés de nuestros lectores.
Tanto la biología como la experiencia nos demuestran la existencia de gemelos biológicos datos que podemos comprobar en la vida, en la sociedad familiar y en la relación de cada día.
También la historia nos demuestra la existencia de personas gemelas no biológicas, unas veces de carácter y trayectoria, ya sean estadistas, como Kennedy y Lincoln; educadores, como D. Manuel González García, Arcipreste de Huelva y Obispo de Málaga y D. Manuel Siurot; literatos, como Gabriela Mistral y una pléyade de poetas y literatos, como Dante Alighieri, Rubén Darío, Jacques Maritain, José Martí, Amado Nervo, Romain Rolland, Rabinadath Tagore y Tolstoi, afines y unidos en un mismo concepto de la belleza y las raíces bíblicas.
Hay también hermanos gemelos biológicos, que lo son a la vez en la santidad, como los médicos San Cosme y San Damián; Santos Marco y Marceliano; San Ciríaco y Santa Paula; Santos Gervasio y Protasio; San Benito y Santa Escolástica; Santos Isidoro de Sevilla, Leandro, Fulgencio y Florentina, los cuatro hermanos santos, aunque no gemelos.
Los hay gemelos por la inocencia, pureza, ingenuidad y amor, como Ludovica Manucci y Félix, convertido en San Serafín de Montegranaro.
Hay gemelos por amor, que potencia y causa los saltos más ardidos y las inspiraciones más sublimes, como Beethoven y Leonor de Breuning, su primer amor, su mujer ideal que reúne todas las bellezas del cuerpo y del espíritu, que le daría una gran tranquilidad, remanso de espíritu y de paz y de maduración musical.
Casada Leonor con el mejor amigo de Beethoven, el doctor Wegler, convierte su amor por ella en afecto y amistad entre los tres. Se hablan, se tratan…hasta el punto de que Wegler le escribirá a Beethoven: «¡Bendito sea Dios que me permite hablar de ti con mi mujer y con mis hijos…!».
Parecido a éste amor sería el del trapense de Getsemaní, Tomás Merton con su enfermera. Él es uno de los poetas jóvenes de la nueva poesía norteamericana. De padres norteamericanos, nace en Francia y estudia en la Universidad de Harvard, en Cambridge.
Combatiendo en la última guerra mundial, abraza la fe católica, y toma el hábito de trapense en el Monasterio de Nuestra Señora de Getsemaní, en Kentucky. El amor con su enfermera es un amor humanísimo y enriquecedor, en este caso, no exento de conflicto y lucha.
Y hay también el amor de almas gemelas, entre quienes han recibido una misión divina trascendente en el ámbito social y eclesial, como el existente entre Jordán de Sajonia, sucesor de Santo Domingo, y la Beata Diana fundadora de las Dominicas; entre Santa Teresa y el Padre Gracián; entre San Pedro Poveda y Josefa Segovia, Fundadores de la Institución Teresiana.
Hay que notar que fue el Padre Poveda quien, dándose cuenta que su carisma prendía entre las mujeres pero no entre los hombres, le confió a Escrivá, que sí lo tenía con los chicos, su carisma.
Siguiendo con la enumeración, nos encontramos con San Francisco de Sales y Santa Juana Fremiot de Chantal, Fundadores de la Visitación; o en tiempos más cercanos, el amor entre San Pío de Pietrelcina y Cleonís, quienes, en su escasa cultura, pensaban si tan gran amor era pecado. Pío le pide un pañuelo a Cleonís, para poder saludarla cuando se vaya.
Por no alargar la lista, entre José María García Lahiguera y las hermanas Hidalgo de Caviedes, Fundadores de las Oblatas de Cristo Sacerdote.
Santa Clara y San Francisco
Ese es el amor que existe entre San Francisco y Santa Clara, para los románticos y los incrédulos, motivo de suspicacia, y de especulación entre los grandes psiquiatras y psicólogos.
¿Cómo van a entender un amor humano célibe sin haber creído en el amor divino hecho humanidad? ¿Cómo aceptar un amor auténticamente humano ordenado a un amor mayor sin haber comprendido que antes hemos sido amados intensamente por Dios?
En el amor que unía Santa Clara con su Padre Francisco, imperó la pureza de intención y transparencia y convergencia en el amor a Dios por encima de toda sospecha. Dos personas, plenamente humanas, terriblemente enamoradas de Dios sobre todas las cosas, y para la consecución del ideal del carisma, honestamente enamoradas entre sí.
Es el amor infundido por Dios, como el del paraíso a Adán y Eva en su función de crear el género humano; a éstos, para poder soportar el peso de engendrar familias numerosas de recreación del mundo humano.
A las almas consagradas, para el nacimiento y la fuente de inmensos bienes desde sus familias religiosas respectivas. Como el Redentor se asocia a la Corredentora, asocia a la obra nueva por el amor al iniciador con la iniciadora o viceversa. Lo requiere la complejidad de la vida, la lucha formidable de los enemigos, el consuelo mutuo, la fortaleza compartida y el aliento en las incomprensiones
Francisco, como Clara, fueron muy conscientes que el amor de ambos a Dios y a su obra y a las almas era un rebosar de su plenitud desde Dios.
La mortificación del cuerpo no solamente fue una manera de identificarse con los sufrimientos de la Pasión del Señor sino también una manera de conseguir una mayor armonía entre el cuerpo y el espíritu, sin extrañeza ni asombro, sino con de un conocimiento profundo de la naturaleza humana y la racionalizad de los sentimientos y afectividad.
Francisco y Clara fueron realistas y tenían sus pies bien firmes en la tierra mientras sus corazones se elevaban al cielo.
«Francisco, repara mi Iglesia»
Cuando la vida religiosa necesita reforma, el Espíritu suscita a Santa Teresa para comenzar la reforma desde el Carmelo.
Cuando el mundo circula por rumbos equivocados u opuestos al Evangelio, levanta mujeres y hombres para que contrarresten y aplaquen los grandes males con grandes bienes. Cuando los valores evangélicos de fraternidad y solidaridad son burlados por un sistema socio-económico basado en los principios de lucro e individualismo, Clara viene a vivir de una manera nueva.
En una sociedad en que el pragmatismo político y la eficacia económica tienen más importancia que los principios morales y el respeto por la dignidad de cada persona, su ideal todavía pueden cuestionar nuestro siglo como cuestionaba el suyo, aunque la radicalidad evangélica es un mensaje demasiado extraño en nuestra sociedad, tan influenciada por los avances tecnológicos y científicos, por la comodidad material y el consumismo, por las ideologías individualistas y hedonistas.
Mientras el mundo avanza científica y tecnológicamente conquistando el espacio y mejorando la calidad de vida biológica, recortando distancias y abriendo nuevas maneras de intercomunicación planetaria, que podrían hacernos sentir «más hermanos», más unidos», ocurre exactamente lo contrario: la humanidad se aleja cada vez más de los valores capaces de producir la paz auténtica que es el fruto de la justicia y el amor.
Los pueblos desarrollados se aferran a sus bienes y a su poder mientras los pueblos pobres se hunden cada vez más en la pobreza; aumentan las guerras étnicas y racistas; son menos respetados que nunca los derechos de los pobres y de los pueblos; la distancia entre naciones pobres y naciones ricas es más grande cada día; aumenta la violencia, la corrupción política, la falta de respecto para la dignidad humana.
Para eso necesitan estas almas gemelas su unión fuerte en el amor.
Clara
En 1210 Francisco predica en la Catedral. Dice: «este es el tiempo favorable… es el momento… ha llegado el tiempo de dirigirme hacia el que me habla al corazón desde hace tiempo… es el tiempo de optar, de escoger… Clara siente la confirmación de todo lo que experimenta en su interior.
Medita en aquellas palabras que habían calado lo más profundo de su corazón. Y tomó la decisión de comunicárselo a Francisco, a sabiendas de su determinación de seguir a Cristo, iba a ser causa de gran oposición familiar, pues la presencia de los Hermanos Menores en Asís ya cuestionaba la tradicional forma de vida y las costumbres y los privilegios que mantenían intocables los más poderosos.
Clara se escapa de su casa el 18 de Marzo de 1212, sobreponiéndose a los obstáculos y al miedo. En la Porciúncula la esperan Francisco y los demás Hermanos y se consagra al Señor por manos de Francisco.
Se traslada después a las Benedictinas y después al monasterio de San Ángelo, acompañada de su hermana Inés y su prima Pacífica. Y de allí a la capilla de San Damián: «Reconstruye mi Iglesia».
«Hay unos que no rezan ni se sacrifican; hay muchos que sólo viven para la idolatría de los sentidos. Ha de haber compensación. Alguien debe rezar y sacrificarse por los que no lo hacen. Si no se estableciera ese equilibrio espiritual la tierra sería destrozada por el maligno», decía Clara.
El 10 de agosto del año 1253 a los 60 años de edad se fue al cielo a recibir su premio. En sus manos, estaba la regla bendita, por la que ella dio su vida
La Palabra encuentra tierras diferentes
“Esta es una virgen sabia y prudente, que salió al encuentro de Cristo con la lámpara encendida” Los santos siempre tienen compañía, arrastran. Lo vemos constantemente en la historia de la Iglesia.
La santidad es contagiosa. En el caso de Francisco, fue como una epidemia. Pero no olvidemos que la santidad es labor de Dios. Labor de Dios que trabaja campos diferentes, psicologías variadas.
Francisco encontró en Clara su alma gemela en amor a la pobreza, vibración ante la poesía, la belleza. Francisco se bebió el evangelio, como Ezequiel el rollo del libro: “Abre la boca y come lo que te doy” (Ez 2,8).
Nadie puede decir las palabras de Dios con eficacia de salvación, si antes no se ha comido él y saboreado como la miel, las palabras del libro, como Ezequiel.
Las distintas tierras que encuentra la semilla, las vemos reflejadas en los distintos discípulos de Francisco. A los pocos años de empezar su santa aventura, contaba ya con cien hermanos, tan dispares en sus mentalidades y planes, que amargaron el corazón de Francisco hasta poderle matar.
El hermano León, leal e inseparable compañero de Francisco, comprendió que sólo podía salvarle de aquella postración depresiva a par de muerte, la hermana Clara. Cuando se lo sugiere a Francisco, éste se opone: Teme hacerle daño. La verdad es que le hacía falta, porque dicen los siquiatras que cuando una persona amenaza con quitarse la vida, está pidiendo a gritos ayuda. Comprenderlo, es salvarle. Al fin, consigue Fray León, que Francisco quiera ver a Clara. Y Clara le devuelve la paz.
“¿Quién es el más importante en el reino de los cielos?”, preguntó Jesús. Algunos habrían respondido: El que viste el manto más largo. Jesús no dice eso: Dijo: “Si no volvéis a ser como niños, no entraréis en el reino de los cielos”.
Aprendamos a dar importancia, pues, a lo que la tiene, si no queremos seguir siendo, como los fariseos que alargan las filacterias y visten mantos rozagantes. Que es más importante el hombre, que el traje. Despreciar a un hombre porque va vestido como a ti no te parece bien, es despreciar a Cristo, que se ha identificado con él.
Fíjate si eso tiene más importancia que el vestido: “El que acoge a un niño como éste en mi nombre, me acoge a mí. (Mateo 18,1).
Jesús Martí Ballester
jmarti@ciberia.es

Comentario al evangelio de hoy jueves 11 de agosto de 2016.

http://www.pildorasdefe.net/liturgia/evangelio-mateo-19-27-29-dejarlo-todo-jesus-recibir-cien-veces-mas

Evangelio del día: Dios libera, transforma y hace más bella nuestra vida.

Quien a causa de mi nombre lo deje todo, recibirá cien veces más y tendrá vida eterna.

Del Santo Evangelio según San Mateo 19,27-29

La persecución de los Apóstoles: «En aquel tiempo, Pedro, tomando la palabra, dijo: «Tú sabes que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido. ¿Qué nos tocará a nosotros?» Jesús les respondió: «Les aseguro que en la regeneración del mundo, cuando el Hijo del hombre se siente en su trono de gloria, ustedes, que me han seguido, también se sentarán en doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel. Y el que a causa de mi Nombre deje casa, hermanos o hermanas, padre, madre, hijos o campos, recibirá cien veces más y obtendrá como herencia la Vida eterna»Palabra del Señor

Reflexión del Papa Francisco

Quien emprende el camino siguiendo a Cristo encuentra vida en abundancia, poniéndose del todo a disposición de Dios y de su reino. Dice Jesús: «El que por mí deja casa, hermanos o hermanas, padre o madre, mujer, hijos o tierras, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna» (Mt 19,29). La raíz profunda de todo esto es el amor…

[…] La vocación es siempre una acción de Dios que nos hace salir de nuestra situación inicial, nos libra de toda forma de esclavitud, nos saca de la rutina y la indiferencia y nos proyecta hacia la alegría de la comunión con Dios y con los hermanos. Responder a la llamada de Dios, por tanto, es dejar que Él nos haga salir de nuestra falsa estabilidad para ponernos en camino hacia Jesucristo, principio y fin de nuestra vida y de nuestra felicidad.

Esta dinámica del éxodo no se refiere sólo a la llamada personal, sino a la acción misionera y evangelizadora de toda la Iglesia.

[…] La Iglesia que evangeliza sale al encuentro del hombre, anuncia la palabra liberadora del Evangelio, sana con la gracia de Dios las heridas del alma y del cuerpo, socorre a los pobres y necesitados.

[…] La vocación cristiana, radicada en la contemplación del corazón del Padre, lleva al mismo tiempo al compromiso solidario en favor de la liberación de los hermanos, sobre todo de los más pobres. El discípulo de Jesús tiene el corazón abierto a su horizonte sin límites, y su intimidad con el Señor nunca es una fuga de la vida y del mundo, sino que, al contrario, esencialmente se configura como comunión misionera.

[…] El Evangelio es la Palabra que libera, transforma y hace más bella nuestra vida. Qué hermoso es dejarse sorprender por la llamada de Dios, acoger su Palabra, encauzar los pasos de vuestra vida tras las huellas de Jesús, en la adoración al misterio divino y en la entrega generosa a los otros. Vuestra vida será más rica y más alegre cada día. (Cf Papa Francisco, Mensaje del Papa por la Jornada mundial por las vocaciones, 14 de abril de 2015)

Diálogo con Jesús

Señor mío, cada día me despierto pensando en que lo que yo más deseo en esta vida es estar contigo, verme envuelto bajo la sombra protectora de tu amor. Sé que fuera de Ti no hay nada, sólo oscuridad y pecado y la astucia del demonio que intenta sacarme del camino que me conduce a Ti. Ayúdame a desear en profundidad la felicidad que sólo Tú puedes darme, y a buscar con todas mis fuerzas y con todo mi corazón, los bienes de la vida eterna. Sé que estoy lleno de debilidades y las tentaciones siempre me asechan. A veces hago el mal que no debo. Por eso, hoy, pido tu gracia para saber discernir lo que más me conviene. Pido tu gracia para saber que a veces la prueba y el dolor, me hacen madurar y crecer en mi amor hacia Ti. Quiero hacer de mi vida una vida de servicio, obrar bien por los míos y por mi prójimo, desvivirme por ellos como Tú lo hiciste por mí, para ir poco a poco conquistando un pedacito de terreno allá en el Cielo, pues es bien sabido por todos los cristianos que al final de nuestros días eso es lo que contará, no mi prestigio, riqueza, poder o belleza, sino, todo el esfuerzo y amor que puse por ganar almas para Ti. Amén

Propósito para hoy:

Hoy, dejaré atrás todos mis miedos y hablaré con alguna persona que me encuentre por el camino sobre el amor de Dios.

Reflexiones juntos esta frase:

«Practiquemos el cuarto mandamiento visitando con cariño a nuestros padres ancianos» (Papa Francisco)

EDD. jueves 11 de agosto de 2016

Jueves de la decimonovena semana del tiempo ordinario.
http://www.eucaristiadiaria.cl/dia_cal.php?fecha=2016-08-11

Santa Clara, virgen
Memoria obligatoria. 
Clara tenía dieciocho años cuando confió a Francisco de Asís su deseo de consagrar su vida a Dios. Él la instaló en una pequeña casa cerca de la iglesia San Damián, a las puertas de Asís. Su hermana Inés y algunas otras jóvenes se unieron a ella para vivir en la pobreza total. Fueron las primeras franciscanas, más tarde llamadas “clarisas”.
Antífona de entrada
Esta virgen sabia y prudente salió al encuentro de Cristo con la lámpara encendida.
ORACIÓN COLECTA
Dios nuestro, que en tu misericordia inspiraste a santa Clara el amor a la pobreza; otórganos, por su intercesión, que siguiendo a Cristo con pobreza de espíritu podamos llegar a contemplarte en el Reino celestial. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.
LITURGIA DE LA PALABRA:
Primera lectura
Corro en dirección a la meta, para alcanzar el premio del llamado celestial que Dios me ha hecho en Cristo Jesús.
Lectura de la carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Filipos 3, 8-14
Hermanos:
Todo me parece una desventaja comparado con el inapreciable conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor. Por Él, he sacrificado todas las cosas, a las que considero como desperdicio, con tal de ganar a Cristo y estar unido a Él, no con mi propia justicia –la que procede de la Ley- sino con aquella que nace de la fe en Cristo, la que viene de Dios y se funda en la fe. Así podré conocerlo a Él, conocer el poder de su resurrección y participar de sus sufrimientos, hasta hacerme semejante a Él en la muerte, a fin de llegar, si es posible, a la resurrección de entre los muertos.
Esto no quiere decir que haya alcanzado la meta ni logrado la perfección, pero sigo mi carrera con la esperanza de alcanzarla, habiendo sido yo mismo alcanzado por Cristo Jesús.
Hermanos, yo no pretendo haberlo alcanzado. Digo solamente esto: olvidándome del camino recorrido, me lanzo hacia delante y corro en dirección a la meta, para alcanzar el premio del llamado celestial que Dios me ha hecho en Cristo Jesús.
Salmo responsorial 15, 1-2a. 5. 7-8. 11
R/. ¡Tú eres mi herencia, Señor!
Protégeme, Dios mío, porque me refugio en ti. Yo digo al Señor: “Señor, Tú eres mi bien”. El Señor es la parte de mi herencia y mi cáliz, ¡Tú decides mi suerte!
Bendeciré al Señor que me aconseja, ¡hasta de noche me instruye mi conciencia! Tengo siempre presente al Señor: Él está a mi lado, nunca vacilaré.
Me harás conocer el camino de la vida, saciándome de gozo en tu presencia, de felicidad eterna a tu derecha.
EVANGELIO
Aclamación al Evangelio Mt 5, 3
Aleluya.
Felices los que tienen alma de pobres, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos. Aleluya.
Evangelio
Ustedes que me han seguido, recibirán cien veces más.
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 19, 27-29
Pedro dijo a Jesús:
“Tú sabes que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido. ¿Qué nos tocará a nosotros?”
Jesús les respondió: “Les aseguro que en la regeneración del mundo, cuando el Hijo del hombre se siente en su trono de gloria, ustedes, que me han seguido, también se sentarán en doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel. Y el que a causa de mi Nombre deje casa, hermanos o hermanas, padre, madre, hijos o campos, recibirá cien veces más y obtendrá como herencia la Vida eterna”.

 

La palabra poderosa de Jesús puede hacer que nos levantemos y realizar también en nosotros el paso de la muerte a la vida.

Texto completo de la catequesis del Papa en la audiencia del miércoles 10 de agosto de 2016.

El Santo Padre subraya que la palabra poderosa de Jesús puede hacer que nos levantemos y realizar también en nosotros el paso de la muerte a la vida.
https://es.zenit.org/articles/texto-completo-de-la-catequesis-del-papa-en-la-audiencia-del-miercoles-10-de-agosto-de-2016/
El Papa en el Aula Pablo VI - CTV

El Papa En El Aula Pablo VI – CTV

(ZENIT – Ciudad del Vaticano).- El papa Francisco, en la catequesis de la audiencia general de esta semana, ha reflexionado sobre la compasión que Jesús sintió al ver a la madre viuda que lloraba la muerte de su hijo. Asimismo, ha recordado que a la Puerta Santa cada uno llega llevando la propia vida, con sus alegrías y sus sufrimientos, los proyectos y los fracasos, las dudas y los temores, para presentarla a la misericordia del Señor. Y ante la Puerta Santa el Señor se hace cercano para encontrar a cada uno de nosotros, para llevar y ofrecer su poderosa palabra consoladora: “No llores”.
 
Publicamos a continuación el texto completo de la catequesis del Santo Padre :
Queridos hermanos y hermanas, buenos días:
El pasaje del Evangelio de Lucas que hemos escuchado (7,11-17) nos presenta un milagro de Jesús realmente grande: la resurrección de un joven. Además, el corazón de este pasaje no es el milagro, sino la ternura de Jesús hacia la madre de este joven. La misericordia toma aquí el nombre de gran compasión hacia una mujer que había perdido al marido y que ahora acompañaba al cementerio a su único hijo. Es este gran dolor de una madre que conmueve a Jesús y le provoca el milagro de la resurrección.
En el introducir este episodio, el Evangelista se detiene en muchos detalles. En la puerta de la localidad de Naín, un pueblo, se encuentran dos grupos numerosos que proceden de direcciones opuestas y que no tienen nada en común. Jesús, seguido por los discípulos y de una gran multitud va a entrar en la ciudad, mientras, estaba saliendo una procesión que acompañaba a un difunto, con su madre viuda y una gran cantidad de personas. En la puerta los dos grupos se cruzan solamente yendo cada uno por su camino, pero es entonces cuando san Lucas señala el sentimiento de Jesús: “Al verla [a la mujer], el Señor se conmovió y le dijo: ‘No llores’. Después se acercó y tocó el féretro. Los que los llevaban se detuvieron” (vv. 13-14). Gran compasión guía las acciones de Jesús: es Él quien detiene la procesión tocando el féretro y, movido por la profunda misericordia por esta madre, decide afrontar la muerte, por así decir, de tú a tú. Y la afrontará definitivamente, de tú a tú, en la Cruz.
Durante este Jubileo, sería bueno que, al pasar la Puerta Santa, la Puerta de la Misericordia, los peregrinos recuerden este episodio del Evangelio, sucedido en la puerta de Naín.
Cuando Jesús ve esta madre llorando, ¡entró en su corazón! A la Puerta Santa cada uno llega llevando la propia vida, con sus alegrías y sus sufrimientos, los proyectos y los fracasos, las dudas y los temores, para presentarla a la misericordia del Señor. Estamos seguros de que, ante la Puerta Santa, el Señor se hace cercano para encontrar a cada uno de nosotros, para llevar y ofrecer su poderosa palabra consoladora: “No llores” (v. 13).
Esta es la Puerta del encuentro entre el dolor de la humanidad y la compasión de Dios. Pensemos siempre en esto: un encuentro entre el dolor de la humanidad y la compasión de Dios. Atravesando la puerta nosotros cumplimos nuestra peregrinación dentro de la misericordia de Dios que, como el joven muerto, repite a todos: “Joven, yo te lo ordeno, levántate” (v. 14). ¡Levántate! Dios nos quiere de pie. Nos ha creado para estar de pie: por eso, la compasión de Jesús lleva a ese gesto de la sanación, a sanarnos, donde la palabra clave es: ¡Levántate! ¡Ponte de pie, como te ha creado Dios!”. De pie. “Pero, Padre, caemos muchas veces” – “¡Levántate, levántate!”. Esta es la palabra de Jesús, siempre. Al atravesar la Puerta Santa, tratemos de sentir en nuestro corazón esta palabra: “¡Levántate!”.
La palabra poderosa de Jesús puede hacer que nos levantemos y realizar también en nosotros el paso de la muerte a la vida. Su palabra nos hace revivir, da esperanza, refresca los corazones cansados, abre una visión del mundo y de la vida que va más allá del sufrimiento y la muerte.  ¡En la Puerta Santa se registra para cada uno de nosotros el inagotable tesoro de la misericordia de Dios!
Alcanzado por la palabra de Jesús, “el muerto se incorporó y empezó a hablar. Y Jesús se lo entregó a su madre” (v. 15). Esta frase es muy bonita: indica la ternura de Jesús. “Lo entregó a su madre”. La madre encuentra de nuevo al hijo. Al recibirlo de las manos de Jesús se convierte en madre por segunda vez, pero el hijo que ahora le ha sido entregado no es de ella que ha recibido la vida. Madre e hijo reciben así la respectiva identidad gracias a la palabra poderosa de Jesús y su gesto amoroso. Así, especialmente en el Jubileo, la madre Iglesia recibe a sus hijos reconociendo en ellos la vida donada por la gracia de Dios. Es en fuerza de tal gracia, la gracia del Bautismo, que la Iglesia se convierte en madre y que cada uno de nosotros se convierte en su hijo.
Frente al joven que vuelve a la vida y es entregado a la madre, “todos quedaron sobrecogidos de temor y alababan a Dios, diciendo: ‘Un gran profeta ha aparecido en medio de nosotros y Dios ha visitado a su Pueblo’”. Lo que ha hecho Jesús no es solo una acción de salvación destinada a la viuda y a su hijo, o un gesto de bondad limitado a esa ciudad. En el socorro misericordioso de Jesús, Dios va al encuentro de su pueblo, en Él aparece y continuará apareciendo a la humanidad toda la gracia de Dios. Celebrando este Jubileo, que he querido que fuera vivido en todas las Iglesias particulares, es decir, en todas las iglesias del mundo y no solo en Roma, es como si toda la Iglesia repartida en el mundo se uniera en el único canto de alabanza al Señor. También hoy la Iglesia reconoce ser visitada por Dios. Por eso, acercándonos a la Puerta de la Misericordia, cada uno sabe que se acerca a la puerta del corazón misericordioso de Jesús: es Él la verdadera Puerta que conduce a la salvación y nos restituye a una vida nueva. La misericordia, tanto en Jesús como en nosotros, es un camino que sale del corazón para llegar a las manos. ¿Qué significa esto? Jesús te mira, te sana con su misericordia, te dice: ¡Levántate! Y tu corazón es nuevo. ¿Qué significa realizar un camino del corazón a las manos? Significa que con el corazón nuevo, con el corazón sanado por Jesús puedo realizar las obras de misericordia mediante las manos, tratando de ayudar, de cuidar a muchos que lo necesitan. La misericordia es un camino que sale del corazón y llega a las manos, es decir, a las obras de misericordia.
 
Después del saludo en lengua italiana, el Santo Padre ha añadido: 
He dicho que la misericordia es un camino que va del corazón a las manos. En el corazón, recibimos la misericordia de Jesús, que nos da el perdón de todo, porque Dios perdona todo y nos alivia, nos da la vida nueva y nos contagia con su compasión. De ese corazón perdonado y con la compasión de Jesús, comienza el camino hacia las manos, es decir, hacia las obras de misericordia. Me decía un obispo, el otro día, que en su catedral y en otras iglesias ha hecho puertas de misericordia de entrada y de salida. Y pregunté: ¿por qué has hecho esto? – Porque una puerta es para entrar, pedir el perdón y tener la misericordia de Jesús; la otra es la puerta de la misericordia de salida, para llevar la misericordia a los otros, con nuestras obras de misericordia”. ¡Inteligente este obispo! También nosotros hagamos lo mismo con el camino que va del corazón a las manos: entramos en la iglesia por la puerta de la misericordia, para recibir el perdón de Jesús que nos dice: “¡Levántate! ¡Ve, ve!”; y con este “¡ve!” – en pie-  salimos por la puerta de salida. Es la Iglesia en salida: el camino de la misericordia que va del corazón a las manos. ¡Haced este camino!
Texto traducido por ZENIT 

Comentario al evangelio de hoy miércoles 10 de agosto de 2016

Si el grano de trigo muere, da mucho fruto.
Solemnidades y Fiestas

Fiesta San Lorenzo. 
Es necesario dejar de ser grano, renunciar, para dar el mejor fruto. El distintivo de todo verdadero cristiano es el amor.
Por: P. Clemente González
Fuente: Catholic.net 
http://es.catholic.net/op/articulos/4988/el-grano-de-trigo.html

Del santo Evangelio según san Juan 12, 24-26
En aquel tiempo Jesús dijo a sus discípulos: en verdad, en verdad os digo que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto. El que ama su vida, la pierde; y el que odia su vida en este mundo, la guardará para una vida eterna. Si alguno me sirve, que me siga, y donde yo esté, allí estará también mi servidor. Si alguno me sirve, el Padre le honrará. 
Oración introductoria
Señor, ayúdame a servirte siempre y en todo. A saber vivir sostenido por tu amor, dispuesto a dejarme cribar con una confianza ilimitada en tu Providencia, por un amor apasionado y abrazado a tu cruz.
Petición
Señor, dame la generosidad para pasar mi vida sirviendo a los demás.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio.
Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo.
El evangelista Juan desea resaltar que ha llegado «la hora» de Jesús, la hora de su pasión-glorificación. Sólo ahora la obra de Cristo se abre a todos, cayendo todo límite que la frenaba. De ahí la metáfora del grano de trigo. Sabemos que no perece todo, pero tiene que ser sepultado, enterrado para producir vida nueva.
Jesús ha de morir si quiere «llevar fruto», si ha de tener éxito; pero también esa muerte será fecunda. La muerte de Jesús es la muerte de la que procede todo «fruto». De ahí que se designe como una muerte salvadora, como una muerte de la que brota la vida eterna, «la vida otra». En todo caso, la imagen del «producir fruto» ha de mantener la mayor apertura posible.
Jesús nos presenta, una sencilla parábola pero con un gran significado, la rutina de una semilla, una forma simple para comunicarse con la gente. Y como con las palabras no podía convencerlos suficientemente, se vale de un ejemplo, porque el trigo da mucho más fruto después que muere. «Y si esto sucede en las semillas, con mayor razón en Mí.» (Crisóstomo).
La gente conoce el recorrido de la semilla, desde los recovecos del suelo que la asfixia, la pudre y allí muere, pero con gran asombro, aparece viva sobre los surcos y se convierte en una dorada espiga con muchos granos nuevos. En otras palabras, la semilla muere sola y resucita multiplicando sus frutos. Nuestro Señor Jesucristo, «murió solo y resucito acompañado de muchos». (San Beda)
Jesús nos invita a seguirle en esa entrega total. Nos invita a tener una actitud de confianza completa y sin reservas a la salvación del reinado de Dios.
Esta actitud y conducta nos la enseña Jesús no sólo con palabras sino con su misma vida, muerte y resurrección. Recordemos las palabras de Jesús: «Nadie tiene mayor amor que quien da la vida por los que ama». El que entrega su vida por los demás, ama de veras, se olvida de su propio interés y de su propia seguridad y lucha por una vida digna y libre para todos.
El martirio de san Lorenzo sucedió en los orígenes de la Iglesia, pero siempre los mejores cristianos han dado su vida por los demás siguiendo el ejemplo de Jesús. Ahora nos toca a nosotros y nos podemos preguntar cada uno de nosotros: ¿Hasta dónde estoy dispuesto a llegar?
«Jesús usa una imagen sencilla y sugestiva, la del “grano de trigo” que, al caer en la tierra, muere para dar fruto. En esta imagen encontramos otro aspecto de la Cruz de Cristo: el de la fecundidad. La cruz de Cristo es fecunda. La muerte de Jesús, de hecho, es una fuente inagotable de vida nueva, porque lleva en sí la fuerza regeneradora del amor de Dios. Inmersos en este amor por el Bautismo, los cristianos pueden convertirse en “granos de trigo” y dar mucho fruto si, al igual que Jesús, “pierden la propia vida” por amor a Dios y a los hermanos.»
(Homilía de S.S. Francisco, 22 de marzo de 2015).
Reflexión
Jesucristo dice: «Si el grano de trigo no muere, no dará fruto». El grano que quiera seguir como grano, que le tenga miedo a la humedad, que no esté dispuesto a desaparecer como grano, ¿cómo ha de dar fruto? Si el grano muere, nacerá una nueva planta. Si es de maíz, dará muchos elotes, que tendrán muchos granos cada uno. Pero es necesario dejar de ser grano para dar todo ese fruto.
Así, Jesucristo habría de morir para darnos un gran fruto: la salvación de nuestras almas, el perdón de los pecados, la apertura nuevamente del Cielo para nosotros, la vida eterna, la gracia santificante, recobrar nuevamente la amistad con Dios. Todo ello es parte del fruto que Jesucristo dará al morir como grano de trigo en la cruz.
Luego, inmediatamente, el mismo Jesús dice: «El que se ama a sí mismo, se pierde; el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se asegura para la vida eterna».
Estas palabras son muy importantes para un cristiano, para un verdadero seguidor de Jesucristo, para todos aquellos que quieren imitarle en sus vidas. Él nos dice que las personas que son egoístas, que piensan en su comodidad, en su bienestar, en su placer, olvidándose de los demás no obtendrán la vida eterna. Si pasarán esta vida con placer, con comodidad, cumpliéndose todos sus caprichos, pero perderán los más importante, la vida eterna. Aquél que busca lo mejor para sí mismo, que no le importa dañar a los demás, u ofenderlos, o maltratarlos con tal de lograr sus placeres no vivirá con el Señor la vida eterna. Cambia el placer que se va pronto, que dura «nada», por toda la vida eterna.
Por el contrario, quien no se interesa por los placeres, por las comodidades, por cumplir sus caprichos y egoísmos, quien piensa en los demás, se entrega por ellos y los ama, ese alcanzará lo más importante, lo que nunca ha de acabarse: la vida eterna.
Y Jesucristo que nos dice esas palabras, es el primero en darnos el ejemplo: pues Él ha de ofrecer su vida, ha de perderla, ha de morir, para darnos la vida eterna, para perdonarnos los pecados, para darnos la salvación. «El que se aborrece a sí mismo». Nuestro Señor, un verdadero ejemplo de amor por nosotros. No le importó morir, ni sufrir tanto, ni ser despreciado, abofeteado, escupido, azotado, ridiculizado, golpeado, coronado de espinas, despreciado, crucificado y ajusticiado en la cruz, con tal de buscar nuestro bien. ¡Eso es amor! ¡Eso es amar al prójimo! ¡¡Eso es vivir la ley de Dios: amar a Dios y al prójimo! Por eso nuestro Señor será capaz de decirnos: “Ámense como yo los he amado” ¡Hasta dar la vida por los demás!
Recordemos lo que decían de los primeros cristianos hace ya dos mil años: «¡Miren cómo se aman!». Los pueblos paganos quedaban maravillados por el amor con que se trataban entre sí los cristianos y el amor con que trataban a todos los demás. El verdadero cristiano ha de ser como Jesucristo: Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos. ¿Acaso Jesucristo no hizo eso en la cruz por todos y cada uno de nosotros? Imitémosle.
El auténtico cristiano, el verdadero católico es quien ama al prójimo y no se preocupa de sí mismo. Tengamos cuidado de los placeres, de las comodidades, de los caprichos, de los deseos, pues lo único que hacen es convertirnos en el centro de nuestro amor: nos buscaremos a nosotros mismos.
Quien verdaderamente ama a su prójimo pensará en ellos continuamente: el esposo, en su esposa; la esposa, en el esposo; los padres, en los hijos; el ciudadano, en sus conciudadanos; el maestro, en sus alumnos;
El mundo pagano se distingue por el egoísmo. El mundo cristiano se ha de distinguir por el amor. ¿Cuál mundo estamos construyendo? ¿Soy pagano o soy cristiano? El mundo pagano termina con la muerte. El mundo cristiano empieza con la vida eterna.
Jesucristo muere en la cruz para perdonarnos los pecados, para darnos nuevamente la amistad con Dios, nos vuelve a abrir las puertas del Cielo, nos hace partícipes de la vida eterna, nos da su gracia. El Señor nos enseña: «El que se ama a sí mismo, se pierde; el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se asegura para la vida eterna», y «Si el grano de trigo no muere, no dará fruto». El distintivo de todo verdadero cristiano es el amor.
Sabemos que por mucho tiempo que pueda vivir un hombre en la tierra, no será más que una gota en medio de la inmensidad del océano, un punto en medio de la eternidad. ¿No será preferible dejar un poco las comodidades de aquí para entrar en la eternidad por la puerta grande?
¿Cuántas veces pensamos en ella? ¿La tenemos como una realidad? ¿O sólo es algo lejano e imaginario? Los santos mártires, como San Lorenzo, nos ponen ante los ojos el valor de la vida futura. Antes de padecer los sufrimientos a los que le sometieron -ser quemado vivo- reflexionó unos instantes y optó por Cristo a pesar de todo. Porque sabía muy bien qué encontraría después de su muerte.
Propósito
Darme el tiempo para escuchar a las personas con las que convivo diariamente: oír, comprender, acompañar, sin buscar alguna ventaja personal.
Diálogo con Cristo 
Generosidad, valentía, fe, perseverancia, paciencia, tenacidad, celo apostólico y humildad son las virtudes que deben abonar la semilla de mi vida, para que dé el fruto para lo cual fue creada. Señor, dame tu gracia para dejar a un lado todo lo que me aparte de cumplir tu voluntad.

EDD. miércoles 10 de agosto de 2016

Fiesta de san Lorenzo, diácono y mártir.

http://evangeliodeldia.org/main.php?language=SP&module=readings&localdate=20160809


Carta II de San Pablo a los Corintios 9,6-10.
Sepan que el que siembra mezquinamente, tendrá una cosecha muy pobre; en cambio, el que siembra con generosidad, cosechará abundantemente.
Que cada uno dé conforme a lo que ha resuelto en su corazón, no de mala gana o por la fuerza, porque Dios ama al que da con alegría.
Por otra parte, Dios tiene poder para colmarlos de todos sus dones, a fin de que siempre tengan lo que les hace falta, y aún les sobre para hacer toda clase de buenas obras.
Como dice la Escritura: El justo ha prodigado sus bienes: dio a los pobres y su justicia permanece eternamente.
El que da al agricultor la semilla y el pan que lo alimenta, también les dará a ustedes la semilla en abundancia, y hará crecer los frutos de su justicia.
Salmo 112(111),1-2.5-6.7-8.9.
Feliz el hombre que teme al Señor
y se complace en sus mandamientos.
Su descendencia será fuerte en la tierra:
la posteridad de los justos es bendecida.
Dichoso el que se compadece y da prestado,
y administra sus negocios con rectitud.
El justo no vacilará jamás,
su recuerdo permanecerá para siempre.
No tendrá que temer malas noticias:
su corazón está firme, confiado en el Señor.
Su ánimo está seguro, y no temerá,
hasta que vea la derrota de sus enemigos.
Él da abundantemente a los pobres:
su generosidad permanecerá para siempre,
y alzará su frente con dignidad.
Evangelio según San Juan 12,24-26.
Les aseguro que si el grano de trigo que cae en la tierra no muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto.
El que tiene apego a su vida la perderá; y el que no está apegado a su vida en este mundo, la conservará para la Vida eterna.
El que quiera servirme que me siga, y donde yo esté, estará también mi servidor. El que quiera servirme, será honrado por mi Padre.
Comentario del Evangelio por  San Máximo de Turín (¿-c. 420), obispo. Sermón 40.
San Lorenzo, como un grano echado en tierra.
A primera vista, un grano de mostaza se ve pequeño, corriente y despreciable; no tiene sabor, no exhala ningún olor, ni se presenta dulce. Pero cuando ha sido triturado, expande su olor, muestra su fuerza, tiene sabor fuerte y quema de tal manera que nos quedamos extrañados de encontrar un tal fuego metido en un grano tan pequeño… Igualmente la fe cristiana parece pequeña a primera vista, corriente y débil; no muestra su poder, no hace alarde de su influencia. Pero cuando ha sido triturada por diversas pruebas, muestra su fuerza, hace estallar su energía, exhala la llama de su fe en el Señor. El fuego divino le hace vibrar con un ardor tal que, ardiendo ella misma, calienta a los que la comparten, como se dice de Cleofás y su compañero en el santo Evangelio, cuando el Señor conversaba con ellos después de su Pasión: ¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?” (Lc 24,32)…
Podemos bien comparar al  santo mártir Lorenzo al grano de mostaza; triturado por múltiples torturas, mereció ante toda la tierra la gracia de un martirio esplendoroso. Mientras vivía, era humilde, ignorado, corriente; después de haber sido torturado, destrozado y quemado, derramó sobre todos los fieles del mundo el buen olor de su noble alma… Visto desde el exterior, este mártir quemaba gracias a las llamas de un tirano cruel; pero una llama mayor, la del amor de Cristo, le consumía interiormente. A un rey impío le pareció bien añadir leña y hacer arder un fuego más grande aún; san Lorenzo, en el ardor de su fe, no sintió en absoluto estas llamas… Ya ningún sufrimiento de la tierra tiene poder sobre él: su alma está ya en el cielo.

Comentario al evangelio de hoy martes 09 de agosto de 2016

Si no cambian y no se hacen como los niños…
Tiempo Ordinario

El Señor elige según sus criterios y elige a los débiles y los humildes, para confundir a los poderosos de la tierra.
Por: P . Clemente González
Fuente: Catholic.net 
http://es.catholic.net/op/articulos/5010/quin-es-el-mayor.html

Del santo Evangelio según san Mateo 18, 1-5. 10, 12-14
En cierta ocasión, los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron: «¿Quién es el más grande en el Reino de los cielos?» Jesús llamó a un niño, lo puso en medio de ellos y les dijo: «Yo les aseguro a ustedes que si no cambian y no se hacen como los niños, no entrarán en el Reino de los cielos. Así pues, quien se haga pequeño como este niño, ése es el más grande en el Reino de los cielos. Y el que reciba a un niño como éste en mi nombre, me recibe a mí. Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños, porque yo les digo que sus ángeles, en el cielo, ven continuamente  el rostro de mi Padre, que está en el cielo.
¿Qué les parece? Si un hombre tiene cien ovejas y se le pierde, ¿acaso no deja las noventa y nueve en los montes, y se va a buscar a la que se le perdió? Y si llega a encontrarla, les aseguro que se alegrará más por ella, que por las noventa y nueve que no se le perdieron.  De igual modo, el Padre Celestial no quiere que se pierda ni uno solo de estos pequeños».
Oración introductoria
Espíritu Santo, dame tu luz en este momento de oración. Con la confianza de un niño pido también la intercesión de mi ángel de la guarda, de modo que tenga la docilidad para escuchar la Palabra y seguirla, como una oveja sigue a su pastor.
Petición
Jesús, concédeme el don de buscar, con la sencillez y la nobleza de un niño, el amor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio.
En el Reino de Cristo, ser grande es ser pequeño
Para entrar en el Reino de los cielos, hace falta un pasaporte: ser pequeño. Ésta es la identidad que nos distingue delante de Dios; la virtud que más nos acerca a Él. Una canción dice: “¿Qué tendrá lo pequeño, que a Dios tanto le agrada?” Cristo nos enseña en este Evangelio que ser pequeño significa volver a ser niño. Implica un cambio, recuperar cada día aquel tesoro que se va desgastando con los años…
Un niño tiene las manos pequeñas. Todo le queda grande, todo le sobrepasa, en todas las sillas sus pies quedan colgando. Pero es feliz aunque no tenga el control de todo. Más aún: su felicidad consiste en que no quiere controlarlo todo. El niño vive para recibir, para descubrir, para sorprenderse. La grandeza de un niño no está en su poder sobre cosas y personas; más bien él es libre de este deseo de gobernar su mundo. Y así como él encuentra su seguridad en papá y mamá, cada uno de nosotros cuenta con un Padre maravilloso, quien de verdad lo gobierna todo para nuestro bien. Cuando sentimos que nuestras manos son pequeñas, que no podemos agarrarlo todo y dirigir las circunstancias…ésta es la oportunidad para ser niños de nuevo, poniendo nuestra confianza en Dios.
Un niño está apenas entrando al mundo. Le falta experiencia. Cada día aprende algo nuevo. Y si cae al dar los primeros pasos, pronto su mamá lo levanta para que siga aprendiendo a caminar. Esto también es ser pequeño. No somos perfectos ni lo sabemos todo. ¡Cuántas veces cometemos errores, nos caemos, o nos perdemos! Pero esta realidad no es un motivo para desanimarnos. Todo lo contrario: saber que nos hemos perdido nos abre las puertas para descubrir que Dios nos busca. Cuando admitimos la caída con sencillez de niño, podemos alegrarnos con mayor gratitud hacia Dios que nos levanta. Al reconocer los propios límites nos damos cuenta que tenemos un Padre de Amor y misericordia sin límites.
María, madre nuestra, enséñanos a ser como niños. Cambia nuestro corazón y hazlo como el de tu Hijo Jesús. Que aprendamos, como Él, a vivir siempre en las manos del Padre.
«Pidamos hoy al Señor que todos los papás y los educadores del mundo, como también la sociedad entera, sean instrumentos de aquella acogida, de aquel amor con el cual Jesús abraza a los más pequeños. Él mira en sus corazones la ternura y la solicitud de un padre y al mismo tiempo de una madre.»
 (Homilía de S.S. Francisco, 4 de octubre de 2015).
Reflexión 
En cuántas instituciones se da una lucha despiadada en las personas por subir de rango en su trabajo. Se pisa y se hunde al otro con tal de ser el mejor y estar por encima de los demás. Llevamos a la práctica la frase maquiavélica de «el fin justifica los medios». Si hay que ridiculizar, criticar o humillar a nuestro contrincante, lo hacemos.
También a los discípulos de Jesús les surgían estos aires de posesión que tiene todo hombre, por eso le preguntan a Cristo quién será el primero en le reino de los cielos. Sin embargo, Jesús les saca de dudas respondiéndoles que aquel que sea como un niño. Respuesta un poco desconcertante porque todos eran ya mayores de edad y como que eso de volver a las cosas de niño no se vería muy bien en ellos. Obviamente, Jesús se refería a ser como niños en el espíritu, porque si alguien nos da ejemplo de inocencia, sencillez, pureza, sinceridad, cariño son precisamente los niños. En ellos no se da la doblez, morbosidad, envidia que desgraciadamente florece en algunas personas mayores. Los niños conquistan a todo mundo precisamente por su espontaneidad e ingenuidad que nace de su sencillez.
Que este evangelio sea una invitación a mirar la intención por la que buscamos las virtudes espirituales. Si es por amor a nosotros mismos, para que nos vean las demás personas, para que vean lo bueno que somos, o si las buscamos para crecer en nuestra vida espiritual con esa sencillez con la que se dirige un niño a sus padres.
Pidamos a Cristo la gracia de ganarnos el primer puesto en el reino de los cielos por nuestra sencillez y sinceridad en el momento de servir a los demás.
Propósito
Ante las tentaciones que se me puedan presentar hoy, pedir a Dios su gracia para evitar, incluso, el pecado venial.
Diálogo con Cristo 
Gracias, Señor, por mi ángel de la guarda y por la gran esperanza que surge de esta meditación. La cultura admira a la persona que por su propio esfuerzo tiene éxito, y esto es bueno. Pero, como tu hijo, debo tener una visión más amplia: atesorar esa confianza y dependencia a tu gracia, que es la que realmente logrará la trascendencia de mi vida. Además, siempre recordar que hay muchas ovejas sin pastor que no deben quedarse atrás ni perderse, si en mí está el poder ayudarles a volver o encontrar el redil.

– EDD. martes 09 de agosto de 2016 ( San Justo y San Pastor ).

Martes de la decimonovena semana del tiempo ordinario.

Libro de Ezequiel 2,8-10.3,1-4.
Y tú, hijo de hombre, escucha lo que te voy a decir; no seas rebelde como ese pueblo rebelde: abre tu boca y come lo que te daré.
Yo miré y vi una mano extendida hacia mí, y en ella había un libro enrollado.
Lo desplegó delante de mí, y estaba escrito de los dos lados; en él había cantos fúnebres, gemidos y lamentos.
El me dijo: Hijo de hombre, come lo que tienes delante: como este rollo, y ve a hablar a los israelitas.
Yo abrí mi boca y él me hizo comer ese rollo.
Después me dijo: Hijo de hombre, alimenta tu vientre y llena tus entrañas con este libro que yo te doy. Yo lo comí y era en mi boca dulce como la miel.
El me dijo: Hijo de hombre, dirígete a los israelitas y comunícales mis palabras.
Salmo 119(118),14.24.72.103.111.131.
Me alegro de cumplir tus prescripciones,
más que de todas las riquezas.
Porque tus prescripciones son todo mi deleite,
y tus preceptos, mis consejeros.
Para mí vale más la ley de tus labios
que todo el oro y la plata.
¡Qué dulce es tu palabra para mi boca,
es más dulce que la miel!
Tus prescripciones son mi herencia para siempre,
porque alegran mi corazón.
Abro mi boca y aspiro hondamente,
porque anhelo tus mandamientos.
Evangelio según San Mateo 18,1-5.10.12-14.
En aquel momento los discípulos se acercaron a Jesús para preguntarle: «¿Quién es el más grande en el Reino de los Cielos?».
Jesús llamó a un niño, lo puso en medio de ellos
y dijo: «Les aseguro que si ustedes no cambian o no se hacen como niños, no entrarán en el Reino de los Cielos.
Por lo tanto, el que se haga pequeño como este niño, será el más grande en el Reino de los Cielos.
El que recibe a uno de estos pequeños en mi Nombre, me recibe a mí mismo.
Cuídense de despreciar a cualquiera de estos pequeños, porque les aseguro que sus ángeles en el cielo están constantemente en presencia de mi Padre celestial.»
¿Qué les parece? Si un hombre tiene cien ovejas, y una de ellas se pierde, ¿no deja las noventa y nueve restantes en la montaña, para ir a buscar la que se extravió?
Y si llega a encontrarla, les aseguro que se alegrará más por ella que por las noventa y nueve que no se extraviaron.
De la misma manera, el Padre que está en el cielo no quiere que se pierda ni uno solo de estos pequeños.»
Comentario del Evangelio por  San Ambrosio (c. 340-397), obispo de Milán y doctor de la Iglesia. Comentario al salmo 118, 22, 27-30; CSEL 62, 502-504.
  
«Vuestro Padre del cielo no quiere que se pierda ni uno de estos pequeños».
Ven, Señor Jesús, busca a tu siervo; busca a tu oveja fatigada; ven, pastor… Mientras tú te retrasas por los montes, tu oveja va errante: deja, pues, a las noventa y nueve restantes, que son tuyas y ven a buscar a la única que se ha perdido. Ven sin hacerte ayudar, sin hacerte anunciar; ahora es a ti a quien espero. No cojas tu látigo, coge tu amor; ven con la suavidad de tu Espíritu. No dudes en dejar en los montes a estas noventa y nueve ovejas que ya son tuyas; sobre las cumbres en que las has puesto, los lobos no tienen acceso a ellas… Ven a mi, que me extraviado quedando lejos de los rebaños de allá arriba, porque también a mi me habías colocado con ellas, pero los lobos de la noche me han hecho abandonar tus apriscos.
¡Búscame, Señor, puesto que mi oración te busca! ¡Búscame, encuéntrame, levántame, llévame!  Al que tú buscas, puedes encontrarlo, al que encuentras, dígnate levantarlo, al que levantas, póntelo sobre tus hombros. Esta carga de tu amor, jamás te es cargosa, y sin cansarte te haces el pagador de la justicia. Ven, pues, Señor, porque es verdad que me extravío, «no he olvidado tu palabra» (Sl 118,16), y sé que seré curado. Ven, Señor, tú eres todavía el único capaz de llamar a tu oveja perdida, y a las otras que vas a dejar, no les causarás ningún dolor; también ellas estarán contentas de ver como regresa el pecador. Ven, y habrá salvación en la tierra y gozo en el cielo (Lc 15,7).
No mandes a tus pequeños servidores, no mandes mercenarios, ven tú mismo a buscar a tu oveja. Levántame en esta misma carne en que cayó Adán. Por tu gesto reconoce en mi, no al hijo de Eva sino al hijo de María, virgen pura, virgen por gracia, sin ninguna sospecha de pecado; después, llévame hasta tu cruz, ella es la salvación de los extraviados, el solo descanso de los cansados, la única vida de los que mueren.

Jubileo: Más de 13 millones de peregrinos ya han pasado por Roma.

Al cumplirse 8 meses de la apertura de la Puerta Santa.

 
Misa final del Jubileo de los Sacerdotes

Misa Final Del Jubileo De Los Sacerdotes (©Osservatore Romano)

(ZENIT – Roma).- El 8 de diciembre, el papa Francisco abrió la Puerta Santa de la Basílica de San Pedro e inició así el Año Jubilar de la Misericordia. En el día que se cumplen ocho meses de dicho evento, se calcula que más de 13 millones de personas han participado en Roma en el Jubileo.
Así lo aseguran desde la página web oficial del Jubileo de la Misericordia, que según la última actualización, del día 7 de agosto de 2016, son 13.302.689 los peregrinos que han visitado la ciudad en estos ocho meses, registrándose a los eventos oficiales. El Año Jubilar concluirá el 20 de noviembre, día de Cristo Rey.
Desde que empezó el Año de la Misericordia, el Papa Francisco está realizando un viernes al mes, una visita “sorpresa” para realizar simbólicamente las obras de misericordia. Además, un sábado al mes, está realizando una audiencia general en la plaza de San Pedro. Otra iniciativa destacada de este año es la figura del los Misioneros de la Misericordia, sacerdotes que fueron enviados por el Papa Francisco el Miércoles de Ceniza, a quienes otorgó les  la autoridad para perdonar también los pecados reservados a la Sede Apostólica.
El anuncio del Jubileo lo hizo el Santo Padre durante la celebración penitencial en la Basílica de San Pedro “24 horas con el Señor”. Así, indicó que había pensado con frecuencia de qué forma la Iglesia puede hacer más evidente su misión de ser testigo de la misericordia. “Es un camino que inicia con una conversión espiritual y tenemos que recorrer este camino”, precisó. Por eso –anunció Francisco– he decidido convocar un Jubileo extraordinario que tenga en el centro la misericordia de Dios. “Será un Año santo de la misericordia. Lo queremos vivir a la luz de la Palabra del Señor: «Sed misericordiosos como el Padre». Esto especialmente para los confesores: ¡mucha misericordia!”. 

Comentario al evangelio de hoy lunes 08 de agosto de 2016

El tributo del templo.
Tiempo Ordinario

Cristo nos invita a dar todo de nuestra parte, para no quedarnos a medias.
Por: P . Clemente González
Fuente: Catholic.net 
http://es.catholic.net/op/articulos/5019/el-tributo-del-templo.html

Del santo Evangelio según san Mateo 17, 22-27
En aquel tiempo, mientras Jesús y los discípulos recorrían juntos la Galilea, les dijo Jesús: Al Hijo del Hombre lo van a entregar en manos de los hombres, lo matarán, pero resucitará al tercer día. Ellos se pusieron muy tristes. Cuando llegaron a Cafarnaún, los que cobraban el impuesto de las dos dracmas se acercaron a Pedro y le preguntaron: ¿Vuestro Maestro no paga las dos dracmas? Contestó: Sí. Cuando llegó a casa, Jesús se adelantó a preguntarle: ¿Qué te parece, Simón? Los reyes del mundo, ¿a quién le cobran impuestos y tasas, a sus hijos o a los extraños? Contestó: A los extraños. Jesús le dijo: Entonces, los hijos están exentos. Sin embargo, para no darles mal ejemplo, ve al lago, echa el anzuelo, coge el primer pez que pique, ábrele la boca y encontrarás una moneda de plata. Cógela y págales por mí y por ti.
Oración introductoria
Señor, inicio mi oración con la señal de la cruz, puesto que en ella está la síntesis de mi fe. En este gesto quiero manifestarte que creo en la santísima Trinidad, espero y confío en tu gracia y misericordia y te amo con todo mi corazón.
Petición
Jesús, que mi amor por ti se manifieste en mi amor y servicio a los demás.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio.
Cristo nos marca el camino a seguir.
Cuando Dios me llama a caminar por su sendero, es hermoso contemplar con cuánto amor me quiere en Él. Me ha preparado una senda para mí,, un camino rico en luchas, en esfuerzos, en temores, derrotas, triunfos; un camino que en definitiva, no debo nunca olvidarlo, es mi felicidad. No la meta solamente, no ciertos momentos simplemente, sino cada paso, cada instante, hasta aquellos que se van mientras duermo.
Si Dios me mostrara, sin embargo, lo que habría de vivir, los dolores por sufrir, las indecisiones, las incertidumbres y tantas cosas por las cuales padecer, quizá temería andarlo y no en pocas ocasiones lo abandonaría. Pensaría que me faltan las fuerzas, y que tal designio, tal cruz, en realidad, no es para mí. Y no obstante Dios no se detiene en ofrecerme el camino para amarle y para amar a los demás, a imitación de Cristo.
Tú, Señor, no te detuviste ni siquiera al contemplar el monte en que vendrías a ser crucificado. Tu mirada no se hallaba en la muerte, sino en la redención. Y aunque temías la tortura, los escarnios de la gente, tu amor «encandilaba» los dolores por los que pasarías. Si alguna vez las dudas te asechaban, te bastaba contemplar a tus discípulos, contemplar a cada alma y mirarla con amor. Así era tu corazón y nada lo detenía para continuar con su misión.
Señor, si yo tengo miedos, hoy quiero ponerlos nuevamente en Ti. Quizá no desaparecerán, pero al menos están en tus manos. Quiero acoger mi vida, mi realidad presente como una ocasión invaluable para agradarte. Hazme entender con la fe, que incluso entre las espinas de la vida hay frutos bellos que jamás se marchitarán. Más aún: que incluso los momentos que serían «dignos» de olvidar, pueden convertirse, con tu gracia, en enseñanzas y experiencias para engrandecer el corazón y caminar hacia la eternidad. Hoy pongo en tus manos mi corazón, para caminar mi vida como Tú.
«Hay otra vía, contraria al camino de Cristo: la mundanidad. La mundanidad nos ofrece el camino de la vanidad, del orgullo, del éxito… Es la otra vía. […], Emprendamos también nosotros con decisión este camino de la humildad, con mucho amor a Él, nuestro Señor y Salvador. El amor nos guiará y nos dará fuerza. Y, donde está él, estaremos también nosotros».
(Homilía de S.S. Francisco, 29 de marzo de 2015).
Reflexión
Si nos pusiéramos a contar los sueños irrealizados, los proyectos personales sin concluir, las ideas que no han tomado forma, llenaríamos muchas cajas.
El joven que no concluye sus estudios, la chica que no se decide a formar un hogar, el empresario que no se atreve con un negocio, el profesor que no se actualiza, son ejemplos de personas que no llegan a realizarse en sus vidas.
Y tú, ¿quieres conseguir el ideal que te has propuesto en la vida? ¿estás dispuesto a pagar el impuesto que supone el sacrificio de luchar hasta lograr el objetivo?
Gracias a Dios, hay muchos hombres y mujeres que lo han conseguido antes que nosotros. Inventores como Bell, científicos como Pasteur, santos como San Javier, pagaron en su vida con el dinero justo, la moneda precisa.
Cristo nos invita a dar lo necesario de nuestra parte, para no quedarnos a medias, entre sueños e ilusiones, sino que nos ofrece el camino de su cruz, que es el sacrificio, para llevar nuestro ideal de vida hasta el fin.
Propósito
Revisar cómo estoy inculcando en mi familia el cumplimiento de los deberes como ciudadano.
Diálogo con Cristo 
Jesús, ayúdame a entregar mi vida en el servicio y en el amor a los demás, como Tú lo hiciste. Ése es el único camino con el que puedo corresponder a tantos dones con los que has enriquecido mi vida. Las excusas abundan, las tentaciones se multiplican, pero tu gracia es superior a todo.