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Autor: Patricio Osiadacz

Catequesis del papa Francisco en la audiencia del miércoles 12 de octubre de 2016

Texto completo de la catequesis del papa Francisco en la audiencia del miércoles 12 de octubre de 2016.
El Santo Padre asegura que reconocer el rostro de Jesús en el de quien está en la necesidad es un verdadero desafío hacia la indiferencia.
https://es.zenit.org/articles/texto-completo-de-la-catequesis-del-papa-francisco-en-la-audiencia-del-miercoles-12-de-octubre-de-2016/
Audiencia general - CTV

Audiencia General – CTV

(ZENIT – Ciudad del Vaticano).- El papa Francisco, en la audiencia general de esta semana, ha recordado que la misericordia no está reservada solo a los momentos particulares, sino que abraza toda nuestra existencia cotidiana. De este modo ha explicado las “obras de misericordia corporal” que son las que socorren a las personas en sus necesidades materiales. Y también ha indicado que existen las llamadas obras de misericordia “espirituales”, que se refieren a otras exigencias humanas importantes, sobre todo hoy, porque tocan la intimidad de las personas y a menudo hacen sufrir más.
Publicamos a continuación el texto completo de la catequesis.

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

En las catequesis precedentes nos hemos adentrado poco a poco en el gran misterio de la misericordia de Dios. Hemos meditado sobre el actuar del Padre en el Antiguo Testamento y después, a través de los pasajes evangélicos, hemos visto cómo Jesús, en sus palabras y en sus gestos, es encarnación de la Misericordia. Él, a su vez, ha enseñado a sus discípulos: “Sed misericordiosos como el Padre” (Lc 6,36). Es un compromiso que interpela la conciencia y la acción de cada cristiano. De hecho, no basta con experimentar la misericordia de Dios en la propia vida; es necesario que quien la recibe se convierta también en signo e instrumento para los otros. La misericordia, además, no está reservada solo a los momentos particulares, sino que abraza toda nuestra existencia cotidiana.

Entonces, ¿cómo podemos ser testigos de la misericordia? No pensemos que se trata de cumplir grandes esfuerzos o gestos sobrehumanos. No, no es así. El Señor nos indica un camino mucho más sencillo, hecho de pequeños gestos pero que a sus ojos tienen un gran valor, a tal punto que nos ha dicho que seremos juzgados por los gestos. De hecho, una de las páginas más bonitas del Evangelio de Mateo nos lleva a la enseñanza que podemos considerar de alguna manera como el “testamento de Jesús” por parte del evangelista, que experimentó directamente en sí la acción de la Misericordia.

Jesús dice que cada vez que damos de comer a quien tiene hambre y de beber a quien tiene sed, que vestimos a una persona desnuda y acogemos a un forastero, que visitamos a un enfermo a un preso, lo hacemos a Él  (cfr Mt 25,31-46). La Iglesia ha llamado estos gestos “obras de misericordia corporal” porque socorren a las personas en sus necesidades materiales.

Hay también otras siete obras de misericordia llamadas “espirituales”, que se refieren a otras exigencias humanas importantes, sobre todo hoy, porque tocan la intimidad de las personas y a menudo hacen sufrir más.

Todos seguramente recordamos una que ha entrado en el lenguaje común: “soportar con paciencia a las personas molestas”. Y las hay, hay personas molestas. Podría parecer algo poco importante, que nos hace reír, sin embargo contiene un sentimiento de profunda caridad; y así es también para los otros seis, que nos viene bien recordar: dar buen consejo al que lo necesita, enseñar al que no sabe, perdonar al que nos ofende, consolar al triste, corregir al que se equivoca, rezar a Dios por los vivos y por los difuntos.

 Son cosas de todos los días, ‘pero yo estoy dolido, Dios te ayudará, no tengo tiempo’. No. Me paro, escucho, pierdo el tiempo y consuelo. Ese es un gesto de misericordia. Y esto no se hace solo a él, se hace a Jesús. En las próximas catequesis nos detendremos en estas obras, que la Iglesia nos presenta como el modelo concreto para vivir la misericordia. A lo largo de los siglos, muchas personas sencillas las han puesto en práctica, dando así genuino testimonio de la fe.

La Iglesia, por otra parte, fiel a su Señor, nutre un amor preferencial por los más débiles. A menudo son las personas más cercanas a nosotros las que necesitan ayuda. No tenemos que ir a la búsqueda de quién sabe qué asuntos. Es mejor iniciar por los más sencillos, que el Señor nos indica como los más urgentes.

En un mundo lamentablemente golpeado por el virus de la indiferencia, las obras de misericordia son el mejor antídoto. Nos educan, de hecho, a la atención hacia las exigencias más elementales de nuestros “hermanos más pequeños” (Mt 25,40), en los que está presente Jesús. Siempre Jesús está presente ahí donde hay una necesidad, una persona que tiene una necesidad, sea material o espiritual, ahí está Jesús.

Reconocer su rostro en el de quien está en la necesidad es un verdadero desafío hacia la indiferencia. Nos permite estar siempre vigilantes, evitando que Cristo nos pase al lado sin que lo reconozcamos. Vuelve a la mente la frase de san Agustín: “Timeo Iesum transeuntem” (Serm., 88, 14, 13). Tengo miedo de que el Señor pase y yo no lo reconozca. Que el Señor pase delante de mí en una de estas personas pequeñas, necesitadas, y yo no me dé cuenta de que es Jesús. Tengo miedo de que el Señor pase y yo no lo reconozca.

Me he preguntado por qué san Agustín ha dicho de de temer el paso de Jesús. La respuesta, lamentablemente, está en nuestros comportamientos: porque a menudo estamos distraídos, somos indiferentes, y cuando el Señor pasa cerca de nosotros perdemos la ocasión de encuentro con Él.

Las obras de misericordia despiertan en nosotros la exigencia y la capacidad de hacer viva y operante la fe con la caridad. Estoy convencido de que a través de estos gestos sencillos cotidianos nosotros podemos cumplir una verdadera revolución cultural, como ha ocurrido en el pasado. Si cada uno de nosotros, cada día, hace una de estas, esto será una revolución en el mundo, pero todos, cada uno de nosotros.

¡Cuántos santos son recordados todavía hoy no por las grandes obras que han realizado sino por la caridad que han sabido transmitir! Pensemos en Madre Teresa, canonizada hace poco: no la recordamos por las muchas casas que ha abierto en el mundo, sino porque se arrodillaba ante cada personas que encontraba en el camino para restituirle la dignidad.

¡Cuántos niños abandonados ha tenido entre sus brazos! ¡Cuántos moribundos ha acompañado al umbral de la eternidad dándoles la mano! Estas obras de misericordia son los rasgos del Rostro de Jesucristo que cuida a sus hermanos más pequeños para llevar a cada uno la ternura y la cercanía de Dios. Que el Espíritu Santo nos ayude, que el Espíritu Santo encienda en nosotros el deseo de vivir con este estilo de vida. Al menos hacer una cada día, al menos. Aprendamos de nuevo de memoria las obras de misericordia corporal y espiritual y pidamos al Señor que nos ayude a ponerlas en práctica cada día en el momento en el que vemos a Jesús en una persona que está necesitada.

Comentario al evangelio de hoy miércoles 12 de octubre de 2016

La gratuidad de la salvación.
Tiempo, ordinario, ciclo, c.
Ay de vosotros, que imponéis a los demás cargas intolerables.
Por: H. Cristian Gutiérrez LC | Fuente: www.catholic.net

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Señor, te agradezco todos los dones y beneficios que me concedes. Gracias por la vida, la salud, mi cuerpo, mi familia, mis amigos. Gracias por haberme dado la fe, la esperanza y la caridad para, por medio de ellas, encontrarte a Ti en todos los momentos de mi vida. Ayúdame  a serte fiel siempre. Que jamás te deje solo. Inflama mi corazón de celo por la extensión de tu Reino y la salvación de las almas.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Lucas 11, 42-46
En aquel tiempo, Jesús dijo: “¡Ay de ustedes, fariseos, porque pagan diezmos hasta de la hierbabuena, de la ruda y de todas las verduras, pero se olvidan de la justicia y del amor de Dios! Esto debían practicar sin descuidar aquello. ¡Ay de ustedes, fariseos, porque les gusta ocupar los lugares de honor en las sinagogas y que les hagan reverencias en las plazas! ¡Ay de ustedes, porque son como esos sepulcros que no se ven, sobre los cuales pasa la gente sin darse cuenta!”.
Entonces tomó la palabra un doctor de la ley y le dijo: “Maestro, al hablar así, nos insultas también a nosotros”. Entonces Jesús le respondió: “¡Ay de ustedes también, doctores de la ley, porque abruman a la gente con cargas insoportables, pero ustedes no las tocan ni con la punta del dedo!”.
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio.
Palabras duras las que diriges en este día a los fariseos. Duras, pero llenas de amor y motivadas por el deseo de que se dejen tocar por Dios. Porque sólo de este modo tendrá sentido todas las obras que realizan. Es que solamente las obras realizadas por amor tienen sentido en mi vida.
Pero hoy quisiera fijarme en la frase en la que declaras que a veces me olvido del amor de Dios. Puede ser que en mi vida como cristiano sólo me preocupe por cumplir deberes, realizar actos de caridad, rezar, ayunar ir a misa y confesarme, pero me olvido de que a la base de todo ello está tu amor por mí.
Me parece interesante la distinción que haces en esta frase. No dices que me olvido del amor a Dios, sino del amor de Dios. ¡Qué difícil es a veces dejarnos amar por Ti! Pareciera mucho más fácil trabajar por amarte y vivir anhelando crecer en este amor. Ejercer todas mis acciones para crecer en mi amor por Ti, pero olvidando que Tú me amas mucho más de lo que me puedo imaginar. Hoy me llamas la atención sobre tu amor que me precede. ¡Tú, Dios mío, me amas! Dame la gracia de jamás olvidar que Tú me amaste primero.
Y por último, quisiera pedirte la gracia de actuar siempre de cara a Ti. El pecado de los fariseos no es que hicieran las cosas mal o que no las hicieran. el problema es cómo las hacen. Las hacen únicamente para quedar bien, para crear buena imagen, para ganarse el respeto de los demás. Ayúdame a actuar siempre por amor a Ti y buscando agradarte en todo lo que hago.
“Una de las cosas más difíciles de entender, para todos nosotros cristianos, es la gratuidad de la salvación en Jesucristo. Nosotros estamos acostumbrados a escuchar que Jesús es el Hijo de Dios, que ha venido por amor, para salvarnos y que ha muerto por nosotros. Pero lo hemos escuchado tantas veces que estamos acostumbrados. Cuando entramos en el misterio de Dios de este amor sin límites nos quedamos maravillados y quizá, preferimos no entenderlo.Hacer lo que Jesús nos dice es bueno y se debe hacer pero esta es mi respuesta a la salvación que es gratuita, viene del amor gratuito de Dios”.
(Cf Homilía de S.S. Francisco, 15 de octubre de 2015, en Santa Marta).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Hoy durante el día repetiré varias veces esta jaculatoria: ¡Gracias, Señor, por tu amor a mí!
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

EDD. miércoles 12 de octubre de 2016.

Miércoles de la vigésima octava semana del tiempo ordinario.
http://evangeliodeldia.org/main.php?language=SP&module=readings&localdate=20161011


Carta de San Pablo a los Gálatas 5,18-25.
Hermanos:
Si están animados por el Espíritu, ya no están sometidos a la Ley.
Se sabe muy bien cuáles son las obras de la carne: fornicación, impureza y libertinaje,
idolatría y superstición, enemistades y peleas, rivalidades y violencias, ambiciones y discordias, sectarismos, disensiones
y envidias, ebriedades y orgías, y todos los excesos de esta naturaleza. Les vuelvo a repetir que los que hacen estas cosas no poseerán el Reino de Dios.
Por el contrario, el fruto del Espíritu es: amor, alegría y paz, magnanimidad, afabilidad, bondad y confianza,
mansedumbre y temperancia. Frente a estas cosas, la Ley está de más,
porque los que pertenecen a Cristo Jesús han crucificado la carne con sus pasiones y sus malos deseos.
Si vivimos animados por el Espíritu, dejémonos conducir también por él.
Salmo 1,1-2.3.4.6.
¡Feliz el hombre
que no sigue el consejo de los malvados,
ni se detiene en el camino de los pecadores,
ni se sienta en la reunión de los impíos,
sino que se complace en la ley del Señor
y la medita de día y de noche!
El es como un árbol
plantado al borde de las aguas,
que produce fruto a su debido tiempo,
y cuyas hojas nunca se marchitan:
todo lo que haga le saldrá bien.
No sucede así con los malvados:
ellos son como paja que se lleva el viento.
Porque el Señor cuida el camino de los justos,
pero el camino de los malvados termina mal.
Evangelio según San Lucas 11,42-46.
«¡Ay de ustedes, fariseos, que pagan el impuesto de la menta, de la ruda y de todas las legumbres, y descuidan la justicia y el amor de Dios! Hay que practicar esto, sin descuidar aquello.
¡Ay de ustedes, fariseos, porque les gusta ocupar el primer asiento en las sinagogas y ser saludados en las plazas!
¡Ay de ustedes, porque son como esos sepulcros que no se ven y sobre los cuales se camina sin saber!».
Un doctor de la Ley tomó entonces la palabra y dijo: «Maestro, cuando hablas así, nos insultas también a nosotros».
El le respondió: «¡Ay de ustedes también, porque imponen a los demás cargas insoportables, pero ustedes no las tocan ni siquiera con un dedo!»
Comentario del Evangelio por Isaac el Sirio (siglo VII), monje cercano a Mossoul. Discursos ascéticos, 1a serie, n° 60.
«¡Ay de ustedes también, porque imponen a los demás cargas insoportables»
La vigilancia es de mayor ayuda al hombre que las obras exteriores… ¿cómo es posible que él haya despreciado las realidades materiales –- la relajación, la ira, la esclavitud del vientre –- sin haber adquirido la tranquilidad? A una separación obrada con discernimiento se acompañan: el no tener vínculos con las cosas, el ser sobrio en lo que respecta a la vida y el amor a los hombres. Si alguno soporta voluntariamente injusticias por Dios, él es puro en su interior (Mt 5,8). Si no desprecia a un hombre por sus llagas, él es verdaderamente un hombre libre…
No alimentes el odio hacia el pecador, porque somos todos culpables. Si, por amor de Dios, lo censuras, llora sobre él. ¿Por qué lo odiarías? Esto son los pecados que conviene odiar, rezando por él si quieres parecerte Cristo. Que lejos de indignarse contra los pecadores, rezaba por ellos  (Lc 23,34)… ¿Cuál es pues, tú que sólo eres un hombre, la razón que te hace odiar al pecador? ¿por qué está exento de tu virtud? ¿Pero dónde está tu virtud, si faltas a la caridad?

El Papa en Sta. Marta advierte sobre la religión “maquillada” y del “aparentar”.

En la homilía de este martes, el Santo Padre recuerda que el bien hay que hacerlo con humildad, como lo hizo Jesús.
https://es.zenit.org/articles/el-papa-en-sta-marta-advierte-sobre-la-religion-de-maquillaje-y-del-aparentar/

El Papa en Santa Marta - © Osservatore Romano

El Papa en Santa Marta – © Osservatore Romano.

(ZENIT – Ciudad del Vaticano).- El papa Francisco, en la homilía de este martes en la misa celebrada en Santa Marta, ha recordado que Jesús nos pide hacer el bien con humildad, evitando el aparentar, el “fingir” hacer algo. Asimismo, el Santo Padre ha advertido sobre la “religión de maquillaje” subrayando que el camino del Señor es el camino de la humildad.
La libertad cristiana viene de Jesús, “no de nuestras obras”. De este modo el papa Francisco ha desarrollado su homilía hablando la Carta de San Pablo a los Gálatas, y del Evangelio del día, donde Jesús reprende a un fariseo concentrado en las apariencias y no en la sustancia de la fe.
Jesús dijo al doctor de la ley que le había criticado por no haber hecho la ablución antes de la comida: “Vosotros, los fariseos, limpiáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro rebosáis de robos y maldades”. Por eso, el Papa ha recordado que Jesús  repite esto muchas veces en el Evangelio a esta gente.
En esta misma línea, el Santo Padre ha señalado que en otro paso del Evangelio, Jesús pide rezar sin hacer ver, sin aparentar. Algunos tenían “la cara dura”, “no tenían vergüenza”: rezaban y daban limosna para hacerse admirar. Sin embargo, el Señor “muestra el camino de la humildad”.
Al respecto, el Pontífice ha querido recordar que lo que importa, dice Jesús, “es la libertad que nos ha dado la redención, el amor, la recreación del Padre”.
Asimismo, ha explicado que es esa libertad interna, esa libertad que hace el bien a escondidas, sin hacer sonar la trompeta porque el camino de la verdadera religión es el mismo camino de Jesús: la humildad, la humillación.
Este es el único camino para quitar de nosotros el egoísmo, la codicia, la soberbia, la vanidad, la mundanidad. Al contrario, “esta gente que Jesús reprende es gente que sigue la religión del maquillaje: de la apariencia, el aparecer, fingir ser pero dentro…”. Jesús –ha señalado el Papa– usa para esta gente una imagen muy fuerte: “Vosotros sois sepulcros blanqueados, bonitos por fuera pero por dentro llenos de huesos de muerto y podredumbre”.
Por otro lado, el Pontífice ha explicado que Jesús nos llama, nos invita a “hacer el bien con humildad”. Así, ha recordado que “tú puedes hacer todo el bien que quieras pero si no lo haces humildemente, como nos enseña Jesús, este bien no sirve, porque es un bien que nace de ti mismo, de tu seguridad, no de la redención que Jesús nos ha dado”.
La redención –ha precisado– viene por el camino de la humildad y de las humillaciones porque no se llega nunca a la humildad sin las humillaciones.
Y vemos a Jesús humillado en la Cruz. Por eso, finalmente ha invitado a pedir al Señor “no cansarse de ir por este camino, no cansarnos de rechazar esta religión del aparentar, del parecer, del fingir…”. E ir “silenciosamente haciendo el bien, gratuitamente como nosotros hemos recibido gratuitamente nuestra libertad interior”. Y que Él  –ha concluido– custodie esta libertad interior de todos nosotros.

Comentario al evangelio de hoy martes 11 de octubre de 2016

Salir al encuentro de los necesitados de cada día.

Martes XXVIII del tiempo ordinario. Ciclo C, 
No es importante lo exterior.
Por: H. Balam Loza LC
Fuente: http://es.catholic.net/op/articulos/63505/salir-al-encuentro-de-los-necesitados-de-cada-dia.html

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Jesús, te ofrezco mi corazón. Quédate, Señor, conmigo. Te invito a mi pobre mesa. Tú conoces bien  la necesidad que tengo de Ti, no me dejes solo. Quiero estar aquí, contigo, sin muchas palabras pero con todo mi ser. Quiero escuchar tu voz que me llama por mi nombre y toca lo más profundo de mí ser. Yo sé, Jesús, que no soy digno de que entres en mi casa, pero te pido que no tomes en cuenta mi pecado sino mi deseo de ser cada día mejor. Ve ese corazón que te busca con gran anhelo. Pongo todo lo que soy y todo lo que tengo en tus manos.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Lucas 11, 37-41
En aquel tiempo, un fariseo invitó a Jesús a comer. Jesús fue a la casa del fariseo y se sentó a la mesa. El fariseo se extrañó que Jesús no hubiera cumplido con la ceremonia de lavarse las manos antes de comer.
Pero el Señor le dijo: “Ustedes, los fariseos, limpian el exterior del vaso y del plato; en cambio, el interior de ustedes está lleno de robos y maldad. ¡Insensatos! ¿Acaso el que hizo lo exterior no hizo también lo interior? Den más bien limosna de lo que tienen y todo lo de ustedes quedará limpio”.
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio.
Jesús nunca dice “no» a nadie. Jesús, conocía los juicios de los fariseos contra Él. Sabía perfectamente que las intenciones de los jefes de Israel estaban un poco desviadas. Buscaban cualquier oportunidad para ponerlo en evidencia. Sin embargo el Señor se sienta a la mesa de los que se sentían sin necesidad de perdón porque cumplían con todas las ceremonias y oraciones. Pensaban, tal vez como el hijo mayor, que eran cumplidores. Y se comparaban con los demás, juzgándolos como pecadores. Miraban por el cumplimiento exterior el corazón de su prójimo.
Pero ¿qué es lo más importante? ¿Qué es lo que agrada más al Señor? Ya lo había dicho antes Jesús “Id y aprended lo que significa, misericordia quiero y no sacrificio» (Mt. 9, 13). Eso es lo que importa. El tener un corazón grande, el amar sobre todo a Dios y a mi prójimo. Podría hacer grandes obras filantrópicas, ir de aquí para allá predicando el nombre del Señor o desgastar toda mi vida en servicio de los pobres… De nada me serviría si no amo a Dios y si no miro a los demás como los mira el Padre. ¡Qué diferente hubiese terminado la parábola del hijo pródigo si el hijo mayor hubiese mirado a su hermano como lo hizo el Padre!
Si ese hijo pensaba que hacía mucho, pero en el fondo no estaba en sintonía con su Padre. Y yo, ¿cómo miro? ¿Cómo veo a mis hermanos? ¿Cuál es mi mirada hacia aquellas personas que se dejan llevar por una vida viciosa? ¿Los juzgo interiormente o tengo compasión? ¿Les salgo al encuentro?
El mensaje de Jesús es un mensaje de esperanza, un mensaje a todos. Él quiere entrar en todos los corazones, en todo corazón dispuesto a abrirle la puerta. Quiere sentarse a la mesa de todos. No rechaza a nadie. La mirada de Jesús va a lo profundo del alma. No se escandaliza sino que lleva la luz. No salió corriendo al ver a la mujer samaritana que había tenido cinco maridos y vivía con un sexto, sino que vio la sed que tenía esta mujer. Sale al encuentro de los necesitados de cada día.
“Creer en Jesús significa ofrecerle nuestra carne, con la humildad y el valor de María, para que él pueda seguir habitando en medio de los hombres; significa ofrecerle nuestras manos para acariciar a los pequeños y a los pobres; nuestros pies para salir al encuentro de los hermanos; nuestros brazos para sostener a quien es débil y para trabajar en la viña del Señor; nuestra mente para pensar y hacer proyectos a la luz del Evangelio; y, sobre todo, ofrecerle nuestro corazón para amar y tomar decisiones según la voluntad de Dios. Todo esto acontece gracias a la acción del Espíritu Santo. Y así somos instrumentos de Dios para que Jesús actúe en el mundo a través de nosotros”.
(Homilía de S.S. Francisco, 12 de octubre de 2013).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Hoy te ofrezco, Señor, hacer una visita a la Eucaristía para pedir un corazón misericordioso. Un corazón que sepa acoger a todos. Pediré la gracia de nunca juzgar ni hablar mal de otros sino siempre ver lo positivo en el prójimo.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

EDD. martes 11 de octubre de 2016.

Martes de la vigésima octava semana del tiempo ordinario.
http://evangeliodeldia.org/main.php?language=SP&module=readings&localdate=20161010

Carta de San Pablo a los Gálatas 5,1-6.
Hermanoas:
Esta es la libertad que nos ha dado Cristo. Manténganse firmes para no caer de nuevo bajo el yugo de la esclavitud.
Yo mismo, Pablo, les digo: si ustedes se hacen circuncidar, Cristo no les servirá de nada.
Les vuelvo a insistir: todos los que se circuncidan, están obligados a observar íntegramente la Ley.
Si ustedes buscan la justicia por medio de la Ley, han roto con Cristo y quedan fuera del dominio de la gracia.
Porque a nosotros, el Espíritu, nos hace esperar por la fe los bienes de la justicia.
En efecto, en Cristo Jesús, ya no cuenta la circuncisión ni la incircuncisión, sino la fe que obra por medio del amor.
Salmo 119(118),41.43.44.45.47.48.
Que llegue hasta mí tu misericordia, Señor,
y tu salvación conforme a tu promesa.
No quites de mi boca la palabra verdadera,
porque puse mi esperanza en tus juicios.
Yo cumpliré fielmente tu ley:
lo haré siempre, eternamente.
Y caminaré por un camino espacioso,
porque busco tus preceptos.
Me deleitaré en tus mandamientos,
que yo amo tanto.
Elevaré mis manos hacia tus mandamientos
y meditaré en tus preceptos.
Evangelio según San Lucas 11,37-41.
Cuando terminó de hablar, un fariseo lo invitó a cenar a su casa. Jesús entró y se sentó a la mesa.
El fariseo se extrañó de que no se lavara antes de comer.
Pero el Señor le dijo: «¡Así son ustedes, los fariseos! Purifican por fuera la copa y el plato, y por dentro están llenos de voracidad y perfidia.
¡Insensatos! El que hizo lo de afuera, ¿no hizo también lo de adentro?
Den más bien como limosna lo que tienen y todo será puro.

Comentario del Evangelio por  Balduino de Ford (¿-c. 1190), abad cisterciense, después obispo. Tratado 6 sobre Hebreos 4,12; PL 204, 466-467 (trad. breviario, viernes IX semana).
“Ustedes, purifican por fuera (…) El que hizo lo de afuera, ¿no hizo también lo de adentro?”.
El Señor conoce, sin duda alguna, todos los pensamientos y sentimientos de nuestro corazón; en cuanto a nosotros, sólo podemos discernirlos en la medida en que el Señor nos lo concede. En efecto, el espíritu que está dentro del hombre no conoce todo lo que hay en el hombre, y en cuanto a sus pensamientos, voluntarios o no, no siempre juzga rectamente. Y, aunque los tiene ante los ojos de su mente, tiene la vista interior demasiado nublada para poder discernirlos con precisión.
Sucede, en efecto, muchas veces, que nuestro propio criterio u otra persona o el tentador nos hacen ver como bueno lo que Dios no juzga como tal. Hay algunas cosas que tienen una falsa apariencia de virtud, o también de vicio, que engañan a los ojos del corazón y vienen a ser como una impostura que embota la agudeza de la mente, hasta hacerle ver lo malo como bueno y viceversa; ello forma parte de nuestra miseria e ignorancia, muy lamentable y muy temible.
¿Quién será capaz de examinar si los espíritus vienen de Dios, si Dios no le da el discernimiento de espíritus (…)? Este discernimiento es la madre de
todas las virtudes.

Comentario al evangelio de hoy lunes 10 de octubre de 2016.

La señal más grande de Dios.
Lunes XXVIII del tiempo ordinario.
No se le dará otra señal que la de Jonás. Por: H. Javier Castel LC | Fuente: www.missionkits.org
http://es.catholic.net/op/articulos/63502/la-senal-mas-grande-de-dios.html

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Padre Nuestro, aunque estás en el cielo, has querido habitar en nuestros corazones. En esta oración concédeme darte el honor y la reverencia que mereces, por ser mi Dios y mi Padre. Te pido también un corazón abierto, para que tu Reino entre en mi vida, y pueda agradarte en todo lo que hago. Gracias porque nunca me abandonas y quieres darme en cada momento lo que más necesito. Así sea.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Lucas 11, 29-32
En aquel tiempo, la multitud se apiñaba alrededor de Jesús y éste comenzó a decirles: “La gente de este tiempo es una gente perversa. Pide una señal, pero no se le dará otra señal que la de Jonás. Pues así como Jonás fue una señal para los habitantes de Nínive, lo mismo será el Hijo del hombre para la gente de este tiempo. Cuando sean juzgados los hombres de este tiempo, la reina del sur se levantará el día del juicio para condenarlos, porque ella vino desde los últimos rincones de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay uno que es más que Salomón. Cuando sea juzgada la gente de este tiempo, los hombres de Nínive se levantarán el día del juicio para condenarla, porque ellos se convirtieron con la predicación de Jonás, y aquí hay uno que es más que Jonás”.
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio.
Cuando Dios envía un mensaje, pide una respuesta. Él habla siempre, en la creación, en la historia, en los hombres y mujeres que encontramos cada día. Sólo hay que estar atento a su voz…
Cristo nos habla hoy de dos momentos fuertes de la historia de la salvación. Nínive que se convierte gracias al profeta Jonás y una reina que viaja lejos para ver el don de la sabiduría en el rey Salomón. Hay un punto que une estos dos eventos: en los dos, un personaje de Israel atrae extranjeros hacia Dios. O, en otras palabras, Dios sale a buscar a aquellos que están más alejados de Él; Dios no abandona a la oveja perdida en la montaña.
Estamos ahora mismo en presencia de Cristo en oración. «Aquí hay uno que es más que Salomón; aquí hay uno que es más que Jonás.» Él bajó del cielo para encontrarnos y atraernos hacia su Padre. Como Jonás, cruzó el mar que dividía a Dios y al hombre, caminó por nuestras calles, nos invitó al arrepentimiento. Sin embargo, hizo aún más: como Rey que es, estableció su trono en la cruz, y desde ahí nos atrae con la sabiduría de su entrega incondicional a cada uno de nosotros. Siendo Hijo de Dios, se lanzó hasta la profundidad del pecado y de la muerte para rescatarnos. ¿Acaso hay señal más grande del Amor que Dios nos tiene?
No podemos permanecer indiferentes ante Dios que nos busca ansiosamente. Contemplemos el crucifijo y, ante esta señal tan grande, digamos como el centurión: «Verdaderamente Tú eres el Hijo de Dios». Confiémonos a Él, respondámosle con amor y entrega en nuestra propia vida.
«Escucha de Dios que nos habla, y también escucha de la realidad cotidiana, atención a las personas, a los hechos, porque el Señor está en la puerta de nuestra vida y golpea en muchos modos, pone señales en nuestro camino; está en nosotros la capacidad de verlos. María es la madre de la escucha, escucha atenta de Dios y escucha también atenta de los acontecimientos de la vida».
(Homilía de S.S. Francisco, 1 de junio de 2013).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Visitaré a Cristo Eucaristía para agradecerle su entrega y pedirle la gracia de corresponder a su amor.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

EDD. lunes 10 de octubre de 2016.

Lunes de la vigésima octava semana del tiempo ordinario.
http://evangeliodeldia.org/main.php?language=SP&module=readings&localdate=20161010
Carta de San Pablo a los Gálatas 4,22-24.26-27.31.5,1.
Hermanos:
Está escrito que Abraham tuvo dos hijos: uno de su esclava y otro de su mujer, que era libre.
El hijo de la esclava nació según la carne; en cambio, el hijo de la mujer libre, nació en virtud de la promesa.
Hay en todo esto un simbolismo: estas dos mujeres representan las dos Alianzas. La primera Alianza, la del monte Sinaí, que engendró un pueblo para la esclavitud, está representada por Agar,
Pero hay otra Jerusalén, la celestial, que es libre, y ella es nuestra madre.
Porque dice la Escritura: ¡Alégrate, tú que eres estéril y no das a luz; prorrumpe en gritos de alegría, tú que no conoces los dolores del parto! Porque serán más numerosos los hijos de la mujer abandonada que los hijos de la que tiene marido.
Por lo tanto, hermanos, no somos hijos de una esclava, sino de la mujer libre.
Esta es la libertad que nos ha dado Cristo. Manténganse firmes para no caer de nuevo bajo el yugo de la esclavitud.
Salmo 98(97),1.2-3.4.
Canten al Señor un canto nuevo,
porque él hizo maravillas:
su mano derecha y su santo brazo
le obtuvieron la victoria.
El Señor manifestó su victoria,
reveló su justicia a los ojos de las naciones:
se acordó de su amor y fidelidad
en favor de la casa de Is rael.
Todos, hasta los confines del mundo,
han visto la salvación de nuestro Dios.
Aclame al Señor toda la tierra,
prorrumpan en cantos jubilosos.
Evangelio según San Lucas 11,29-32.
Al ver Jesús que la multitud se apretujaba, comenzó a decir: «Esta es una generación malvada. Pide un signo y no le será dado otro que el de Jonás.
Así como Jonás fue un signo para los ninivitas, también el Hijo del hombre lo será para esta generación.
El día del Juicio, la Reina del Sur se levantará contra los hombres de esta generación y los condenará, porque ella vino de los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón y aquí hay alguien que es más que Salomón.
El día del Juicio, los hombres de Nínive se levantarán contra esta generación y la condenarán, porque ellos se convirtieron por la predicación de Jonás y aquí hay alguien que es más que Jonás.
Comentario del Evangelio por San Gregorio de Nisa (c. 335-395), monje, obispo. Homilía 1 sobre el Cantar de los Cantares.
«Aquí hay uno que es más que Salomón»
El texto del Cantar de los Cantares de Salomón presenta al alma como una desposada, adornada para la unión incorporal, espiritual y sin mancha alguna, con Dios.  El que quiere que «todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad» » (1Tm 2,4) expone aquí los medios más adecuados, el medio bienaventurado para ser salvado, con ello entiendo el que pasa por el amor. Algunos pueden encontrar también la salvación en el temor: considerando los castigos que nos aguardan en el infierno, nos ayudan a preservarnos del mal. Lo mismo ocurre con los que llevan una vida recta y de virtud porque esperan el salario reservado a aquellos cuya existencia ha sido piadosa: esos actúan no por amor al bien, sino con la esperanza de recibir la recompensa.
Ahora bien, para lanzarse a la perfección se comienza por echar fuera del alma el temor; supone un sentimiento servil el hecho de estar unido a su amo por cualquier cosa que no es por el amor… Se ama «con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas» (Mc 12,30) no a uno de estos dones con que podemos ser gratificados, sino por amor a aquel que es la fuente misma de estos bienes. Así debe ser, pues, el alma según lo que ha dicho Salomón…
¿Crees tú que evoco a Salomón, el hijo de Bersabé que en lo alto del monte ofreció mil bueyes y que, siguiendo los consejos de su mujer extranjera, cometió un pecado? No. Pienso en otro Salomón, nacido  también de la estirpe de David según la carne; su nombre es «paz» [Salomón quiere decir «hombre de paz» (1 Cro 22,9)]. Él es el verdadero Israel, el constructor del Templo de Dios, el poseedor del conocimiento universal. Su sabiduría no tiene medida; mejor dicho, él es, por esencia sabiduría y verdad; su nombre y su pensamiento son perfectamente divinos y sublimes. Se sirvió de Salomón como de un instrumento y, a través de su voz, es Él quien se dirige a nosotros, primero en los Proverbios, seguidamente en el Eclesiastés, después en el Cantar de los Cantares. Es así que pone a nuestra reflexión, con método y orden, la manera de progresar hacia la perfección.

Texto completo de la homilía del papa Francisco en el Jubileo Mariano.

Francisco invitó a seguir el ejemplo de María que supo gradecer los dones de Dios y no darlos por descontados.
https://es.zenit.org/articles/texto-completo-de-la-homilia-del-papa-francisco-en-el-jubileo-mariano/
Homilía de Francisco en el Jubileo Mariano

Homilía de Francisco en el Jubileo Mariano.

(ZENIT – Ciudad del Vaticano).- El Jubileo de la Misericordia ha tenido hoy una nueva etapa con la celebración del Jubileo Mariano. Ante una plaza de San Pedro llena de peregrinos el Papa invitó a agradecer los dones de Dios y a no darlos por descontados, y para ello invitó a imitar a María y a tener un corazón humilde.

A continuación el texto completo :

El Evangelio de este domingo (cf. Lc 17,11-19) nos invita a reconocer con admiración y gratitud los dones de Dios. En el camino que lo lleva a la muerte y a la resurrección, Jesús encuentra a diez leprosos que salen a su encuentro, se paran a lo lejos y expresan a gritos su desgracia ante aquel hombre, en el que su fe ha intuido un posible salvador: «Jesús, maestro, ten compasión de nosotros» (v. 13).

Están enfermos y buscan a alguien que los cure. Jesús les responde y les indica que vayan a presentarse a los sacerdotes que, según la Ley, tenían la misión de constatar una eventual curación.

De este modo, no se limita a hacer una promesa, sino que pone a prueba su fe. De hecho, en ese momento ninguno de los diez ha sido curado todavía. Recobran la salud mientras van de camino, después de haber obedecido a la palabra de Jesús.

Entonces, llenos de alegría, se presentan a los sacerdotes, y luego cada uno se irá por su propio camino, olvidándose del Donador, es decir del Padre, que los ha curado a través de Jesús, su Hijo hecho hombre.

Sólo uno es la excepción: un samaritano, un extranjero que vive en los márgenes del pueblo elegido, casi un pagano. Este hombre no se conforma con haber obtenido la salud a través de propia fe, sino que hace que su curación sea plena, regresando para manifestar su gratitud por el don recibido, reconociendo que Jesús es el verdadero Sacerdote que, después de haberlo levantado y salvado, puede ponerlo en camino y recibirlo entre sus discípulos.

Saber agradecer, saber agradecer, saber alabar por todo lo que el Señor hace en nuestro favor. Qué importante es esto. Nos podemos preguntar: ¿Somos capaces de saber decir gracias? ¿Cuántas veces nos decimos gracias en familia, en la comunidad, en la Iglesia? ¿Cuántas veces damos gracias a quien nos ayuda, a quien está cerca de nosotros, a quien nos acompaña en la vida?

Con frecuencia damos todo por descontado. Y lo mismo hacemos también con Dios. Es fácil ir al Señor para pedirle algo, pero regresar a darle las gracias… Por eso Jesús remarca con fuerza la negligencia de los nueve leprosos desagradecidos: «¿No han quedado limpios los diez? Los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha vuelto más que este extranjero para dar gloria a Dios?» (Lc 17,17-18).

En esta jornada jubilar se nos propone un modelo, más aún, el modelo que debemos contemplar: María, nuestra Madre. Ella, después de haber recibido el anuncio del Ángel, dejó que brotara de su corazón un himno de alabanza y acción de gracias a Dios: «Proclama mi alma la grandeza del Señor…». Pidamos a la Virgen que nos ayude a comprender que todo es don de Dios, y a saber agradecer: entonces nuestra alegría será plena. Solamente aquel que sabe agradecer sube a la plenitud de la gloria

Para saber agradecer se necesita también la humildad. En la primera lectura hemos escuchado el episodio singular de Naamán, comandante del ejército del rey de Aram (cf. 2 R 5,14- 17). Enfermo de lepra, acepta la sugerencia de una pobre esclava y se encomienda a los cuidados del profeta Eliseo para curarse, que para él es un enemigo.

Sin embargo, Naamán está dispuesto a humillarse. Y Eliseo no pretende nada de él, sólo le ordena que se sumerja en las aguas del río Jordán. Esa indicación desconcierta a Naamán, más aún, lo decepciona: ¿Puede ser realmente Dios uno que pide cosas tan insignificantes? Quisiera irse, pero después acepta bañarse en el Jordán, e inmediatamente se curó.

El corazón de María, más que ningún otro, es un corazón humilde y capaz de acoger los dones de Dios. Y Dios, para hacerse hombre, la eligió precisamente a ella, a una simple joven de Nazaret, que no vivía en los palacios del poder y de la riqueza, que no había hecho obras extraordinarias. Preguntémonos si estamos dispuestos a recibir los dones de Dios o si, por el contrario, preferimos encerrarnos en las seguridades materiales, en las seguridades intelectuales, en las seguridades de nuestros proyectos.

Es significativo que Naamán y el samaritano sean dos extranjeros. Cuántos extranjeros, e incluso personas de otras religiones, nos dan ejemplo de valores que nosotros a veces olvidamos o descuidamos.

El que vive a nuestro lado, tal vez despreciado y discriminado por ser extranjero, puede en cambio enseñarnos cómo avanzar por el camino que el Señor quiere. También la Madre de Dios, con su esposo José, experimentó el estar lejos de su tierra. También ella fue extranjera en Egipto durante un largo tiempo, lejos de parientes y amigos. Su fe, sin embargo, fue capaz de superar las dificultades. Aferrémonos fuertemente a esta fe sencilla de la Santa Madre de Dios; pidámosle que nos enseñe a regresar siempre a Jesús y a darle gracias por los innumerables beneficios de su misericordia.

Comentario al evangelio de hoy sábado 08 de octubre de 2016

Dichosos quienes ponen en práctica la palabra de Dios.

Sábado XXVII del tiempo ordinario. 
Dichosos los que oyen la Palabra de Dios y la guardan.
Por: Iván Yoed González Aréchiga LC
Fuente: www.missionkits.org 
http://es.catholic.net/op/articulos/63500/dichosos-quienes-ponen-en-practica-la-palabra-de-dios.html

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Señor, aquí me encuentro para ponerme verdaderamente en tu presencia; para colocar todas mis preocupaciones, distracciones, ilusiones en tus manos. Si me cuesta apartarme de lo mío, te pido una gracia especial, pues mi único deseo es encontrarme ahora contigo. En tus manos, Madre mía.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Lucas 11, 27-28
En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba a la multitud, una mujer del pueblo, gritando, le dijo: “¡Dichosa la mujer que te llevó en su seno y cuyos pechos te amamantaron!”. Pero Jesús le respondió: “Dichosos todavía más los que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica”.
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio.
Dichosos todavía más los que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica. ¿Verdaderamente son más dichosos ellos que los que se entregan simplemente a las alegrías de esta tierra? Las promesas del Evangelio no hacen fiesta, ruido al presentarse; su elocuencia es su silencio, quizá su falta de esplendor, de lujo, de brillo. Son promesas que, a primera vista, provocan incluso un poco de temor a quien las busca entender. Por otro lado, –pero esto solo lo puede comprobar quien acepta el reto- es verdad que quien vive según el Evangelio, según el modelo de Cristo, encuentra una belleza sinigual en la vida.
Tantas veces me invitas Tú, Señor, a aceptar tu buena nueva, tu nuevo mensaje de que puedo ser un hombre nuevo, una mujer nueva, modelado o modelada por Ti. Quiero, en verdad, ser dócil: también en medio de los problemas, de los malos entendidos durante el día, de los trabajos de diario, de los encuentros difíciles, de las ingratitudes o las frustraciones, de las exigencias nuevas que se puedan presentar en mi vida. Quiero ser dócil a tu mensaje, vivir de una manera nueva, con un corazón nuevo renovado en Ti. Con un corazón que lata a la par del tuyo y  que acepte tomar la puerta estrecha, confiando en que son dichosos quienes escuchan tu palabra y la ponen en práctica.
¿Doy testimonio de mi fe entre las personas de mi entorno?, ¿busco dar siempre más, o me he conformado con lo que hago ya? Y lo que ya hago, ¿cómo lo vivo?, ¿con qué corazón?, ¿con la mirada en Ti, Señor Jesús?, ¿con el deseo de extender tu Reino?, ¿creyendo de verdad que cada acto de mi vida, por minúsculo que sea, puede contribuir a su extensión?, ¿soy feliz sirviéndote, Señor?, ¿transmito esa felicidad con mi testimonio?
Ayúdame a profundizar estas preguntas y toda esta meditación, Señor, pues mi deseo es responder a tu mensaje de hoy. Tú me has llamado a ser cristiano, cristiana, y quiero que veas por mis obras cuán grande es mi deseo por cumplir tu voluntad con verdadero amor.
«Recordamos a todos nuestros hermanos que aún hoy ponen en práctica estas palabras de Jesús, ofreciendo su tiempo, su trabajo, su propia fatiga y hasta su vida para no renegar de su fe en Cristo. Jesús, mediante su Espíritu Santo, nos da la fuerza para ir hacia adelante en el camino de la fe y del testimonio: actuar de acuerdo con lo que creemos; no decir una cosa y hacer otra. Y en este camino la Virgen siempre está cerca nuestro y nos precede: dejémonos tomar de la mano por ella, cuando atravesamos los momentos más oscuros y difíciles.»
(Homilía de S.S. Francisco, 19 de junio de 2016).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Darme el tiempo para buscar una respuesta sincera y comprometedora a las preguntas de la meditación.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.