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Autor: Patricio Osiadacz

Comentario al evangelio de hoy viernes 24 de febrero de 2017

Mira primero a Cristo.

VII Viernes del Tiempo Ordinario. Ciclo A.
Por: H. Iván Yoed González Aréchiga LC.
Fuente: http://es.catholic.net/op/articulos/64389/el-amor-la-sal-de-la-vida.html

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
En un mundo en que parece que el bien no se difunde, sino que el mal se expande, ¿no están llamados los cristianos, Señor, a ser fieles y constantes? Con ese deseo de corresponder a mi vocación de ser fermento en la sociedad, vengo una vez más ante Ti, para de Ti llenarme.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Marcos 10, 1-12
En aquel tiempo, se fue Jesús al territorio de Judea y Transjordania, y de nuevo se le fue acercando la gente; él los estuvo enseñando, como era su costumbre. Se acercaron también unos fariseos y le preguntaron, para ponerlo a prueba: “¿Le es lícito a un hombre divorciarse de su esposa?”.
Él les respondió: “¿Qué les prescribió Moisés?” Ellos contestaron: “Moisés nos permitió el divorcio mediante la entrega de un acta de divorcio a la esposa”. Jesús les dijo: “Moisés prescribió esto, debido a la dureza del corazón de ustedes. Pero desde el principio, al crearlos, Dios los hizo hombre y mujer. Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su esposa y serán los dos una sola carne. De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Por eso, lo que Dios unió, que no lo separe el hombre”.
Ya en casa, los discípulos le volvieron a preguntar sobre el asunto. Jesús les dijo: “Si uno se divorcia de su esposa y se casa con otra, comete adulterio contra la primera. Y si ella se divorcia de su marido y se casa con otro, comete adulterio”.
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio.
En este tiempo parece que el sentido de Dios disminuye. Su voluntad ya no es buscada con la convicción de que ella es la verdadera felicidad. Pierde peso su nombre, y su Persona parece no tener vigor en las personas.
Señor, ¿cuáles eran el respeto y reverencia que tenías por tu Padre? En cada instante renunciaste a lo que habría podido ser una vida agradable entrelazada por compromisos caedizos. Paradójicamente, una vida de sacrificio y entrega alcanza siempre una mayor satisfacción que aquella que se da al vaivén de los deseos superfluos y faltos de horizonte.
Pero cuando el horizonte es el Amor, cualquier propósito, por difícil que parezca -y aunque en ocasiones lo sea- puede ser llevado hasta su consumación. No por coincidencia tus pies jamás se detuvieron: desde que pisaron el suelo con su suave piel de bebé hasta que fueron traspasados, ya maduros, por un clavo de crucifixión.
Si el Padre había querido que el Hijo del hombre obrara un sacrificio para redimirnos, entonces el Hijo del hombre lo consumaría. Y tu deseo sería, Señor, que de tu testimonio se desprendiese un celo dentro de nosotros por guardar el nombre de tu Padre con la misma reverencia.
Que cada vez que ponga a Dios como vínculo, como motor, como testigo de una opción de vida, mire primero a Cristo en la cruz, para dejarme interpelar por lo que fue una verdadera entrega de quien honró a su Padre hasta la muerte. Que cada vez que sienta que el peso de una opción fundamental es demasiado para mí, te mire primero en la cruz.
Y que mirándote en la cruz confíe y crea que el Amor todo lo renueva y robustece. Y que el Amor me sostendrá para alcanzar la verdadera plenitud.

«Jesús, ante la pregunta retórica que le habían dirigido – probablemente como una trampa, para hacerlo quedar mal ante la multitud que lo seguía y que practicaba el divorcio, como realidad consolidada e intangible-, responde de forma sencilla e inesperada: restituye todo al origen, al origen de la creación, para enseñarnos que Dios bendice el amor humano, es él el que une los corazones de un hombre y una mujer que se aman y los une en la unidad y en la indisolubilidad. Esto significa que el objetivo de la vida conyugal no es sólo vivir juntos, sino también amarse para siempre. Jesús restablece así el orden original y originante.»
(Homilía de S.S. Francisco, 4 de octubre de 2015).

Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Leer y reflexionar, preferentemente con alguien más, la exhortación apostólica La alegría de amor del Papa Francisco.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

EDD. viernes 24 de febrero de 2017.

Viernes de la séptima semana del tiempo ordinario

http://evangeliodeldia.org/main.php?language=SP&module=readings&localdate=20170222
Libro de Eclesiástico 6,5-17.
Las palabras dulces multiplican los amigos y un lenguaje amable favorece las buenas relaciones.
Que sean muchos los que te saludan, pero el que te aconseja, sea uno entre mil.
Si ganas un amigo, gánalo en la prueba, y no le des confianza demasiado pronto.
Porque hay amigos ocasionales, que dejan de serlo en el día de tu aflicción.
Hay amigos que se vuelven enemigos, y para avergonzarte, revelan el motivo de la disputa.
Hay amigos que comparten tu mesa y dejan de serlo en el día de la aflicción.
Mientras te vaya bien, serán como tú mismo y hablarán abiertamente con tus servidores;
pero si te va mal, se pondrán contra ti y se esconderán de tu vista.
Sepárate de tus enemigos y sé precavido con tus amigos.
Un amigo fiel es un refugio seguro: el que lo encuentra ha encontrado un tesoro.
Un amigo fiel no tiene precio, no hay manera de estimar su valor.
Un amigo fiel es un bálsamo de vida, que encuentran los que temen al Señor.
El que teme al Señor encamina bien su amistad, porque como es él, así también será su amigo.
Salmo 119(118),12.16.18.27.34.35.
Tú eres bendito, Señor:
enséñame tus preceptos.
Mi alegría está en tus preceptos:
no me olvidaré de tu palabra.
Abre mis ojos,
para que contemple las maravillas de tu ley.
Instrúyeme en el camino de tus leyes,
y yo meditaré tus maravillas.
Instrúyeme, para que observe tu ley
y la cumpla de todo corazón.
Condúceme por la senda de tus mandamientos,
porque en ella tengo puesta mi alegría.
Evangelio según San Marcos 10,1-12.
Jesús fue a la región de Judea y al otro lado del Jordán. Se reunió nuevamente la multitud alrededor de él y, como de costumbre, les estuvo enseñando una vez más.
Se acercaron algunos fariseos y, para ponerlo a prueba, le plantearon esta cuestión: «¿Es lícito al hombre divorciarse de su mujer?».
El les respondió: «¿Qué es lo que Moisés les ha ordenado?».
Ellos dijeron: «Moisés permitió redactar una declaración de divorcio y separarse de ella».
Entonces Jesús les respondió: «Si Moisés les dio esta prescripción fue debido a la dureza del corazón de ustedes.
Pero desde el principio de la creación, Dios los hizo varón y mujer.
Por eso, el hombre dejará a su padre y a su madre,
y los dos no serán sino una sola carne. De manera que ya no son dos, sino una sola carne.
Que el hombre no separe lo que Dios ha unido».
Cuando regresaron a la casa, los discípulos le volvieron a preguntar sobre esto.
El les dijo: «El que se divorcia de su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra aquella;
y si una mujer se divorcia de su marido y se casa con otro, también comete adulterio».
 

Comentario del Evangelio por Santiago de Saroug (c. 449-521), monje y obispo sirio Hexamerón: Homilías para el sexto día.
 

“Y serán una sola carne”

      “Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza,” dijo el Señor (Gn 1,26). Un simple mandamiento había hecho nacer los otros seres de la creación. “¡Que haya luz!” o “¡Que haya un firmamento!”. En esta ocasión Dios no dijo: “Que haya hombres” sino, “Hagamos al hombre”. De hecho, él estimaba conveniente que esta imagen de él mismo fuese creada por sus propias manos y que fuese superior a todas las otras criaturas. Ésta obra le era particularmente especial pues la amaba con un gran amor… Adán es a la imagen de Dios pues lleva la efigie de Hijo Único.
De una cierta manera, Adán fue creado a la vez sencillo y doble pues Eva se encontraba en sus entrañas. Aun antes de su existencia, la humanidad estaba destinada al matrimonio, que los uniría a ambos, hombre y mujer, en un sólo cuerpo, así como en el comienzo. Ninguna pelea, ninguna discordia debería existir entre ellos. Tendrían un mismo pensamiento y una misma voluntad. El Señor creó a Adán del polvo y del agua. Luego saco a Eva de la carne; de los huesos y la sangre de Adán (Cfr. Gn 2,21). El profundo sueño del primer hombre anticipaba los misterios de la crucifixión. La apertura del costado, sería el golpe de la lanza al Hijo Único; el sueño, la muerte en la cruz; la sangre y el agua la fecundidad del bautizo (Jn 19,34)… Pero el agua y la sangre que brotaron del costado del Salvador son el origen del mundo del Espíritu…
Adán no sufrió de la extracción hecha a su carne; aquello que se le había quitado se le fue devuelto, transfigurado por la belleza. El soplar de los vientos, el murmullo de los árboles, el canto de los pájaros llamaba a los novios: “Levantaos, habéis dormido suficiente! La fiesta nupcial los espera!”. Adán vio a Eva a su lado, aquella que provenía de su carne y de sus huesos, su hija, su hermana y su esposa. Ellos se levantaron, envueltos en un ropaje de luz, con un nuevo día que les sonreía ; estaban en el Paraíso.

Comentario al evangelio de hoy jueves 23 de febrero de 2017.

El amor, la sal de la vida.
VII Jueves de Tiempo Ordinario. Ciclo A. Por: H. Balam Loza, LC
Fuente:  http://es.catholic.net/op/articulos/64389/el-amor-la-sal-de-la-vida.html
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Tú sabes bien, Señor, que muchas veces vengo cargado de problemas; cuántas veces estoy cansado y angustiado.Tú conoces bien mi corazón y todo lo que me preocupa. Pero también conoces mis grandes deseos por estar aquí. Sabes bien que te necesito, que anhelo escuchar tu voz y contemplar el amor grande que me tienes. Dejo aquí, a los pies de tu cruz, todo lo que soy; sólo quiero estar aquí amando y dejándome amar.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Marcos 9,41-50
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «El que os dé a beber un vaso de agua, porque seguís al Mesías, os aseguro que no se quedará sin recompensa. El que escandalice a uno de estos pequeñuelos que creen, más le valdría que le encajasen en el cuello una piedra de molino y lo echasen al mar. Si tu mano te hace caer, córtatela: más te vale entrar manco en la vida, que ir con las dos manos al infierno, al fuego que no se apaga. Y, si tu pie te hace caer, córtatelo: más te vale entrar cojo en la vida, que ser echado con los dos pies al infierno. Y, si tu ojo te hace caer, sácatelo: más te vale entrar tuerto en el reino de Dios, que ser echado con los dos ojos al infierno, donde el gusano no muere y el fuego no se apaga.
Todos serán salados a fuego. Buena es la sal; pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la sazonaréis? Que no falte entre vosotros la sal, y vivid en paz unos con otros.»
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio.
Si no tengo amor nada soy, afirmaba san Pablo en su carta a los cristianos del siglo primero. Hoy estas palabras las podemos escuchar y sorprendernos de la actualidad que tienen porque en definitiva de qué sirve hacer grandes cosas si no damos sentido a la cosa más pequeña que hacemos, de qué sirve hablar mucho y dar grandes discursos si en el fondo no sabemos ofrecer una sonrisa cuando estamos enfadados.
Pensemos por un momento en las madres y preguntémonos dónde está su grandeza. No está, sin duda, en no haberse equivocado o en haber sido las mejores sino en el amor y la delicadeza que tuvieron con nosotros en los más pequeños detalles. En esa caricia o en esa sonrisa que necesitábamos. En ese consejo o en esa palabra sencilla que nos llegó a lo más profundo del corazón. La grandeza del hombre está no en lo que hace sino cómo lo hace. En si pone o no ese grano de sal a la vida que es el amor. Tal vez lo que podamos ofrecer a otro sea lo más sencillo, pero si se llena de amor, puede convertirse en el acto más grande.
«La fe abre la «ventana» a la presencia actuante del Espíritu y nos muestra que, como la felicidad, la santidad está siempre ligada a los pequeños gestos. «El que les dé a beber un vaso de agua en mi nombre –dice Jesús– no se quedará sin recompensa» (Mc 9,41). Son gestos mínimos que uno aprende en el hogar; gestos de familia que se pierden en el anonimato de la cotidianidad pero que hacen diferente cada jornada. Son gestos de madre, de abuela, de padre, de abuelo, de hijo, de hermanos. Son gestos de ternura, de cariño, de compasión. Son gestos del plato caliente de quien espera a cenar, del desayuno temprano del que sabe acompañar a madrugar. Son gestos de hogar. Es la bendición antes de dormir y el abrazo al regresar de una larga jornada de trabajo. El amor se manifiesta en pequeñas cosas, en la atención mínima a lo cotidiano que hace que la vida tenga siempre sabor a hogar.» (Homilía de S.S. Francisco, 27 de septiembre de 2015).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Hoy, Jesús, te ofrezco vivir atento a las necesidades de los demás. Buscaré ayudar como pueda, tal vez con algo pequeño, pero lo haré como Tú lo harías: con mucho amor.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.
¡Cristo, Rey nuestro! ¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia. Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
 

EDD. jueves 23 de febrero de 2017.

Jueves de la séptima semana del tiempo ordinario.
http://evangeliodeldia.org/main.php?language=SP&module=readings&localdate=20170222

Libro de Eclesiástico 5,1-10.
No te fíes de tus riquezas ni digas: «Con esto me basta».
No dejes que tu deseo y tu fuerza te lleven a obrar según tus caprichos.
No digas: «¿Quién podrá dominarme?», porque el Señor da a cada uno su merecido.
No digas: «Pequé, ¿y qué me sucedió?, porque el Señor es paciente.
No estés tan seguro del perdón, mientras cometes un pecado tras otro.
No digas: «Su compasión es grande; él perdonará la multitud de mis pecados», porque en él está la misericordia, pero también la ira, y su indignación recae sobre los pecadores.
No tardes en volver al Señor, dejando pasar un día tras otro, porque la ira del Señor irrumpirá súbitamente y perecerás en el momento del castigo.
No te fíes de las riquezas adquiridas injustamente: de nada te servirán en el día de la desgracia.
No te dejes llevar por todos los vientos ni vayas por cualquier camino: así obra el pecador que habla con doblez.
Sé firme en tus convicciones y que tu palabra sea una sola.
Salmo 1,1-2.3.4.6.
¡Feliz el hombre
que no sigue el consejo de los malvados,
ni se detiene en el camino de los pecadores,
ni se sienta en la reunión de los impíos,
sino que se complace en la ley del Señor
y la medita de día y de noche!
El es como un árbol
plantado al borde de las aguas,
que produce fruto a su debido tiempo,
y cuyas hojas nunca se marchitan:
todo lo que haga le saldrá bien.
No sucede así con los malvados:
ellos son como paja que se lleva el viento.
Porque el Señor cuida el camino de los justos,
pero el camino de los malvados termina mal.
Evangelio según San Marcos 9,41-50.
Jesús dijo a sus discípulos:
«Les aseguro que no quedará sin recompensa el que les dé de beber un vaso de agua por el hecho de que ustedes pertenecen a Cristo.
Si alguien llegara a escandalizar a uno de estos pequeños que tienen fe, sería preferible para él que le ataran al cuello una piedra de moler y lo arrojaran al mar.
Si tu mano es para ti ocasión de pecado, córtala, porque más te vale entrar en la Vida manco, que ir con tus dos manos a la Gehena, al fuego inextinguible.
Y si tu pie es para ti ocasión de pecado, córtalo, porque más te vale entrar lisiado en la Vida, que ser arrojado con tus dos pies a la Gehena.
Y si tu ojo es para ti ocasión de pecado, arráncalo, porque más te vale entrar con un solo ojo en el Reino de Dios, que ser arrojado con tus dos ojos a la Gehena,
donde el gusano no muere y el fuego no se apaga.
Porque cada uno será salado por el fuego.
La sal es una cosa excelente, pero si se vuelve insípida, ¿con qué la volverán a salar? Que haya sal en ustedes mismos y vivan en paz unos con otros».
Comentario del Evangelio por Beato Pablo VI, papa 1963-1978. Constitución apostólica “Paenitemini” (trad. © Libreria Editrice Vaticana) .
“Si tu mano es para ti ocasión de pecado”: la conversión del corazón.
Al reino de Cristo se puede llegar solamente por la “metánoia”, es decir, por esa íntima y total transformación y renovación de todo el hombre —de todo su, sentir, juzgar y disponer— que se lleva a cabo en él a la luz de la santidad y caridad de Dios, santidad y caridad que, en el Hijo, se nos han manifestado y comunicado con plenitud.
La invitación del Hijo a la “metánoia” resulta mucho más indeclinable en cuanto que él no sólo la predica, sino que él mismo se ofrece como ejemplo de penitencia. Pues Cristo es el modelo supremo de penitentes; quiso padecer la pena por pecados que no eran suyos, sino de los demás.
Con Cristo, el hombre queda iluminado con una luz nueva, y consiguientemente reconoce la santidad de Dios y la gravedad del pecado, por medio de la palabra de Cristo se le transmite el mensaje que invita a la conversión y concede el perdón de los pecados, dones que consigue plenamente en el bautismo. Pues este sacramento lo configura de acuerdo con la pasión, muerte y resurrección del Señor, y bajo el sello de este misterio plantea toda la vida futura del bautizado.
Por ello, siguiendo al Maestro, cada cristiano debe renunciar a sí mismo, tomar su cruz, participar en los padecimientos de Cristo (Mt 16,24); transformado de esta forma en una imagen de su muerte, se hace capaz de merecer la gloria de la resurrección.

Texto completo de la catequesis en la audiencia del papa Francisco del 22 de febrero de 2017

Tener la esperanza de que el Señor quiere sanar definitivamente con su misericordia los corazones heridos y humillados
https://es.zenit.org/articles/texto-completo-de-la-catequesis-en-la-audiencia-del-papa-francisco-del-22-de-febrero-de-2017/
El Papa en la audiencia general - © Osservatore Romano Foto archivo

El Papa en la audiencia general – © Osservatore Romano – Foto archivo

(ZENIT – Ciudad del Vaticano).- El papa Francisco siguió con las catequesis sobre el tema de la esperanza, este miércoles en la plaza de San Pedro. A continuación el texto completo.
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Muchas veces tenemos la tentación de pensar que la creación sea nuestra propiedad, una posesión que podemos explotar a nuestro agrado y de la cual no debemos dar cuenta a nadie. En el pasaje de la Carta a los Romanos (8,19-27) del cual hemos apenas escuchado una parte, el Apóstol Pablo nos recuerda en cambio que la creación es un don maravilloso que Dios ha puesto en nuestras manos, para que podamos entrar en relación con Él y podamos reconocer la huella de su designio de amor, a cuya realización estamos llamados todos a colaborar, día a día.
Pero cuando se deja llevar por el egoísmo, el ser humano termina por destruir incluso las cosas más bellas que le han sido confiadas. Sucedió también así con la creación.
Pensemos en el agua. El agua es una cosa bellísima y muy importante; el agua nos da la vida, nos ayuda en todo. Pero al explotar los minerales se contamina el agua, se ensucia la creación y se destruye la creación. Este es sólo un ejemplo. Existen otros.
Con la experiencia trágica del pecado, rota la comunión con Dios, hemos infringido la originaria comunión con todo aquello que nos rodea y hemos terminado por corromper la creación, haciéndola así esclava, sometida a nuestra caducidad. Y lamentablemente la consecuencia de todo esto está dramáticamente ante nuestros ojos, cada día.
Cuando rompe la comunión con Dios, el hombre pierde su propia belleza originaria y termina por desfigurar alrededor de sí cada cosa; y donde todo antes hablaba del Padre Creador y de su amor infinito, ahora lleva el signo triste y desolado del orgullo y de la voracidad humana. El orgullo humano explotando la creación, destruye. El Señor entretanto no nos deja solos y también ante este escenario desolador nos ofrece una perspectiva nueva de liberación, de salvación universal.
Es aquello lo que Pablo pone en evidencia con alegría, invitándonos a poner atención a los gemidos de la entera creación. Los gemidos de la entera creación. Expresión fuerte.
Si ponemos atención, de hecho, alrededor nuestro todo clama: clama la misma creación, clamamos nosotros los seres humanos y clama el Espíritu dentro de nosotros, en nuestro corazón. Ahora, estos clamores no son un lamento estéril, desconsolado, sino –como precisa el Apóstol– son los gemidos de una parturienta; son los gemidos de quien sufre, pero sabe que está por venir a la luz una nueva vida. Y en nuestro caso es de verdad así.
Nosotros estamos todavía luchando con las consecuencias de nuestro pecado y todo, alrededor nuestro, lleva todavía el signo de nuestras debilidades, de nuestras faltas, de nuestras cerrazones. Pero, al mismo tiempo, sabemos de haber sido salvados por el Señor y ya se nos es dado contemplar y pregustar en nosotros y en lo que nos rodea los signos de la Resurrección, de la Pascua, que opera una nueva creación.
Este es el contenido de nuestra esperanza. El cristiano no vive fuera del mundo, sabe reconocer en la propia vida y en lo que lo circunda los signos del mal, del egoísmo y del pecado.
Es solidario con quien sufre, con quien llora, con quien es marginado, con quien se siente desesperado. Pero, al mismo tiempo, el cristiano ha aprendido a leer todo esto con los ojos de la Pascua, con los ojos del Cristo Resucitado. Y entonces sabe que estamos viviendo el tiempo de la espera, el tiempo de un deseo que va más allá del presente, el tiempo del cumplimiento.
En la esperanza sabemos que el Señor quiere sanar definitivamente con su misericordia los corazones heridos y humillados y todo los que el hombre ha deformado en su impiedad, y que de este modo Él regenerará un mundo nuevo y una humanidad nueva, finalmente reconciliada en su amor.
Cuantas veces nosotros cristianos estamos tentados por la desilusión, por el pesimismo… A veces nos dejamos llevar por el lamento inútil, o quizás nos quedamos sin palabras y no sabemos ni siquiera que cosa pedir, que cosa esperar… Pero una vez más viene en nuestra ayuda el Espíritu Santo, respiro de nuestra esperanza, el cual mantiene vivo el clamor y la espera de nuestro corazón.
El Espíritu ve por nosotros más allá de las apariencias negativas del presente y nos revela ya ahora los cielos nuevos y la tierra nueva que el Señor está preparando para la humanidad. Gracias.

Comentario al evangelio de hoy miércoles 22 de febrero de 2017.

Siempre habrá un reto.
Festividad de la Cátedra de San Pedro Por: H. Balam Loza, LC
Fuente:  http://es.catholic.net/op/articulos/64381/siempre-habra-un-reto.html
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
¿Qué quieres de mí, Jesús? Vengo para escuchar tus palabras y pedirte que me indiques el camino que debo de seguir. No quiero hacer mi propia voluntad sino la tuya porque al final Tú eres quien muestra el camino de la felicidad y yo quiero ser feliz. Sin duda para Pedro no fue nada fácil y él te fallo muchas veces, pero así como Pedro, quiero ponerme en tus manos y escuchar tu voz que me llama y me manda a cumplir una misión. «Habla, Señor, que tu siervo escucha».
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
 
Del santo Evangelio según san Mateo 16, 13-19
En aquel tiempo, cuando llegó Jesús a la región de Cesarea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: “Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?” Ellos le respondieron: “Unos dicen que eres Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que Jeremías o alguno de los profetas”
Luego les preguntó: “Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?” Simón Pedro tomó la palabra y le dijo: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”.
Jesús le dijo entonces: “Dichoso tú, Simón, hijo de Juan, porque esto no te lo ha revelado ningún hombre, sino mi Padre que está en los cielos! Y yo te digo a ti que tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. Los poderes del infierno no prevalecerán sobre ella. Yo te daré las llaves del Reino de los cielos; todo lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo”.
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio.
«¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!» La vocación es un regalo de Dios, más que una carga o un fardo, es causa de la mayor alegría para la persona que escucha su nombre y responde a Dios con todas las fuerzas de su corazón. Pero ¿qué es la vocación? La vocación es la llamada que Jesús hace a cada persona, es la misión en la vida que Dios asigna a cada persona. Y lo más importante no es descubrir cuál sea la mejor o la más complicada sino a la que estoy llamado.
Es un poco como los deportes. Lo importante no es cuál sea el deporte más o menos extremo, cuál sea el más caro o cuál el más intenso sino la pregunta más importante es, ¿cuál es para mí? Y podrá ser el deporte más raro, pero si ese deporte es en el que yo puedo realizarme completamente es el mejor deporte para mí. Ahora, sea el deporte que sea siempre habrá un reto, dificultades a superar, victorias y también derrotas de las que levantarse. Pero lo importante no es cuántas veces se cae o uno se equivoca sino lo importante es llegar a la meta, superar el reto.
Así san Pedro descubrió y escucho cuál era su deporte, su vocación. Vio el reto y se lanzó a conquistarlo. Sin duda no lo sabía todo y a lo largo del Evangelio podemos ver la de veces que se equivoca, la de veces que le falla a su maestro. Pero todo eso no importa porque fue un hombre que supo aprender de sus errores, que supo escuchar, que supo confiar en Jesús, que supo, en fin, mirar siempre a su ideal y no cansarse. Aunque a veces pueda parecer que no podemos ser auténticos cristianos en el mundo de hoy, no hay que desanimarnos porque si Jesús nos fichó para su equipo es porque sabe que podemos. Lo único que tenemos que hacer es ver siempre el ideal y seguir corriendo.
«El relato Evangélico de su profesión de fe y la consiguiente misión confiada por Jesús nos muestra que la vida de Simón, pescador de Galilea ?como la vida de cada uno de nosotros? se abre, florece plenamente cuando acoge de Dios la gracia de la fe. Entonces, Simón se pone en el camino ?un camino largo y duro? que le llevará a salir de sí mismo, de sus seguridades humanas, sobre todo de su orgullo mezclado con valentía y con generoso altruismo. En este su camino de liberación, es decisiva la oración de Jesús: “yo he pedido por ti (Simón), para que tu fe no se apague”.» (Homilía de S.S. Francisco, 29 de junio de 2016).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Hoy voy a dedicar un momento para estar delante del Sagrario y escucharé lo que Jesús me pueda estar pidiendo.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.
¡Cristo, Rey nuestro! ¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia. Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
 

EDD. miércoles 22 de febrero de 2017.

Fiesta de la cátedra del apóstol san Pedro.
http://evangeliodeldia.org/main.php?language=SP&module=readings&localdate=20170221

Epístola I de San Pedro 5,1-4.
Queridos hermanos:
Exhorto a los presbíteros que están entre ustedes, siendo yo presbítero como ellos y testigo de los sufrimientos de Cristo y copartícipe de la gloria que va a ser revelada.
Apacienten el Rebaño de Dios, que les ha sido confiado; velen por él, no forzada, sino espontáneamente, como lo quiere Dios; no por un interés mezquino, sino con abnegación;
no pretendiendo dominar a los que les han sido encomendados, sino siendo de corazón ejemplo para el Rebaño.
Y cuando llegue el Jefe de los pastores, recibirán la corona imperecedera de gloria.
Salmo 23(22),1-3a.3b-4.5.6.
El Señor es mi pastor,
nada me puede faltar.
El me hace descansar en verdes praderas,
me conduce a las aguas tranquilas
y repara mis fuerzas;
me guía por el recto sendero,
Aunque cruce por oscuras quebradas,
no temeré ningún mal,
porque Tú estás conmigo:
tu vara y tu bastón me infunden confianza.
Tú preparas ante mí una mesa,
frente a mis enemigos;
unges con óleo mi cabeza
y mi copa rebosa.
Tu bondad y tu gracia me acompañan
a lo largo de mi vida;
y habitaré en la Casa del Señor,
por muy largo tiempo.
Evangelio según San Mateo 16,13-19.
Al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Qué dice la gente sobre el Hijo del hombre? ¿Quién dicen que es?».
Ellos le respondieron: «Unos dicen que es Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías o alguno de los profetas».
«Y ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy?».
Tomando la palabra, Simón Pedro respondió: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo».
Y Jesús le dijo: «Feliz de ti, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo.
Y yo te digo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder de la Muerte no prevalecerá contra ella.
Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo».
Comentario del Evangelio por San León Magno (¿-c. 461), papa y doctor de la Iglesia. Sermón para el aniversario de su ordenación episcopal.
“Sobre esta piedra edificaré mi Iglesia” (Mt 16,18).
Hermanos, cuando se trata de cumplir con mi deber de obispo, descubro que soy débil y cobarde, cargado con la fragilidad de mi propia condición, cuando, en realidad, deseo actuar con generosidad y valentía. Con todo, mi fuerza viene de la intercesión del Sacerdote supremo y eterno, semejante a nosotros pero igual al Padre, que se ha abajado en su divinidad al nivel de la humanidad y ha elevado la humanidad al nivel de Dios. Encuentro un gozo santo y justo en las disposiciones que él ha tomado. En efecto, si bien ha delegado en numerosos pastores el cuidado de su rebaño, no ha abandonado el pastoreo de sus amadas ovejas. Gracias a esta vigilancia fundamental y eterna, he recibido yo a mi vez la protección y el apoyo del apóstol Pedro que no abandona su función tampoco. Este fundamento sólido sobre el que se construye todo el edificio de la Iglesia, no dejará que se derrumbe la fábrica del edifico que descansa sobre él.
No desfallecerá nunca la firmeza de la fe por la que el primer apóstol fue alabado por el Señor. Del mismo modo que todo lo que Pedro confesó acerca de Cristo permanecerá, permanecerá también lo que Cristo prometió a Pedro… La disposición querida por la verdad de Dios permanece. San Pedro persevera en la firmeza que ha recibido; no ha abandonado el gobierno de la Iglesia a él confiada. Así, hermanos míos, lo que Pedro obtuvo por su profesión de fe, inspirado por Dios Padre, es la firmeza de una roca que ningún poder podrá jamás hacer perecer. En la Iglesia entera, Pedro dice cada día: “Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo”. (Mt 16,16)

EDD. martes 21 de febrero de 2017.

Martes de la séptima semana del tiempo ordinario.
http://evangeliodeldia.org/main.php?language=SP&module=readings&localdate=20170218

Libro de Eclesiástico 2,1-11.
Hijo, si te decides a servir al Señor, prepara tu alma para la prueba.
Endereza tu corazón, sé firme, y no te inquietes en el momento de la desgracia.
Unete al Señor y no te separes, para que al final de tus días seas enaltecido.
Acepta de buen grado todo lo que te suceda, y sé paciente en las vicisitudes de tu humillación.
Porque el oro se purifica en el fuego, y los que agradan a Dios, en el crisol de la humillación.
Confía en él, y él vendrá en tu ayuda, endereza tus caminos y espera en él.
Los que temen al Señor, esperen su misericordia, y no se desvíen, para no caer.
Los que temen al Señor, tengan confianza en él, y no les faltará su recompensa.
Los que temen al Señor, esperen sus beneficios, el gozo duradero y la misericordia.
Fíjense en las generaciones pasadas y vean: ¿Quién confió en el Señor y quedó confundido? ¿Quién perseveró en su temor y fue abandonado? ¿Quién lo invocó y no fue tenido en cuenta?
Porque el Señor es misericordioso y compasivo, perdona los pecados y salva en el momento de la aflicción.
Salmo 37(36),3-4.18-19.27-28.39-40.
Confía en el Señor y practica el bien;
habita en la tierra y vive tranquilo:
que el Señor sea tu único deleite,
y él colmará los deseos de tu corazón.
El Señor se preocupa de los buenos
y su herencia permanecerá para siempre;
no desfallecerán en los momentos de penuria,
y en tiempos de hambre quedarán saciados.
Aléjate del mal, practica el bien,
y siempre tendrás una morada,
porque el Señor ama la justicia
y nunca abandona a sus fieles.
Los impíos serán aniquilados
y su descendencia quedará extirpada,
La salvación de los justos viene del Señor,
él es su refugio en el momento del peligro;
el Señor los ayuda y los libera,
los salva porque confiaron en él.
Evangelio según San Marcos 9,30-37.
Al salir de allí atravesaron la Galilea; Jesús no quería que nadie lo supiera,
porque enseñaba y les decía: «El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres; lo matarán y tres días después de su muerte, resucitará».
Pero los discípulos no comprendían esto y temían hacerle preguntas.
Llegaron a Cafarnaún y, una vez que estuvieron en la casa, les preguntó: «¿De qué hablaban en el camino?».
Ellos callaban, porque habían estado discutiendo sobre quién era el más grande.
Entonces, sentándose, llamó a los Doce y les dijo: «El que quiere ser el primero, debe hacerse el último de todos y el servidor de todos».
Después, tomando a un niño, lo puso en medio de ellos y, abrazándolo, les dijo:
«El que recibe a uno de estos pequeños en mi Nombre, me recibe a mí, y el que me recibe, no es a mí al que recibe, sino a aquel que me ha enviado».
Comentario del Evangelio por San Ireneo de Lyon (c. 130-c. 208), obispo, teólogo y mártir. Contra las herejías IV 38,1-2.
“El que acoge a un niño como éste en mi nombre, a mí me acoge.” (Mt 18,5)
¿Es que Dios no podía crear al hombre perfecto desde el primer momento? A Dios, que desde el principio permanece idéntico a si mismo, increado, todo le es posible. En cambio, los seres creados, llamados a la existencia después de Dios, son necesariamente inferiores a su creador… Por el simple hecho de ser creados no son perfectos. Son como niños pequeños, acabados de nacer, no están acostumbrados ni ejercitados en una conducta perfecta…Dios, desde un principio, podía dar la perfección al hombre, pero éste era incapaz de recibirla porque no era sino un niño pequeño.
Por esto, el Señor, en los tiempos que son los últimos, cuando ha recapitulado en él todas las cosas (Ef 1,10) ha llegado hasta nosotros, no según su poder, sino tal como éramos capaces de reconocerlo. Habría podido, en efecto, venir a nosotros en el esplendor de su gloria, pero nosotros no hubiéramos sido capaces de soportar la grandeza de su gloria… El Verbo de Dios, siendo perfecto, se hizo niño con el hombre, no a causa de si mismo, sino a causa del estado de infancia en que se encontraba la humanidad.

Visita ad limina de los obispos chilenos: el Papa les recibe casi tres horas en el Vaticano

Mons. Fernando Ramos, obispo auxiliar de Santiago y secretario de la Conferencia Episcopal señala el clima de comunión eclesial.
Fuente : https://es.zenit.org/articles/visita-ad-limina-de-los-obispos-chilenos-el-papa-les-recibe-casi-tres-horas-en-el-vaticano/
•20 febrero 2017•Sergio Mora•Papa y Santa Sede
(ZENIT – Ciudad del Vaticano, 20 Feb. 2017).- El santo padre Francisco recibió este lunes en el Vaticano a los obispos de Chile  quienes se encuentran en Roma realizando su visita ad límina, durante casi tres horas. Lo indicó a ZENIT Mons. Fernando Ramos, obispo auxiliar de Santiago y secretario de la Conferencia Episcopal minutos después de haber salido de la audiencia.
“Tuvimos un encuentro con el Santo Padre, casi tres horas conversando con él”. Y precisó que “ha sido una experiencia muy hermosa de comunión eclesial, con un Papa que nos escuchó y alentó en nuestra misión, en un espíritu de diálogo de mutua comprensión, de estimulación a la evangelización y a la misión de la Iglesia, y creo que todos hemos salido muy contentos”.
Interrogado sobre las preocupaciones particulares del Papa sobre la pastoral en Chile, señaló que “van en la línea de cómo mejorar la evangelización, la comunión eclesial, favorecer mejor el servicio a las personas más postergadas de la sociedad, que es un tema que está en el corazón del Santo Padre y que la Iglesia chilena tiene un larguísimo recorrido en esta línea”.
Sobre una visita del Papa al país andino, el secretario de la Conferencia Episcopal señaló “algo hablamos, al Papa le gustaría pero hay que conciliar muchas cosas, no hubo nada concreto y definitivo”.
Concluyó señalando que “el Papa recibió muchas expresiones de cariño de las diócesis, lo que trasmitieron los obispos y al final terminamos con un momento de oración y una bendición para todos nosotros”.
Lista de los obispos en visita ad limina, dada por la Oficina de prensa de la Santa Sede
S.E. Mons. Guillermo Patricio Vera Soto, obispo de Iquique;
S.E. Mons. Óscar Hernán Blanco Martínez, O.M.D., obispo de San Juan Bautista de Calama;
S.E. Mons. Moisés Carlos Atisha Contreras, obispo de San Marcos de Arica;
S.E. Mons. Fernando Natalio Chomalí Garib, arzobispo metropolita di Concepción;
S.E. Mons. Carlos Eduardo Pellegrín Barrera, S.V.D., obispo de Chillán;
S.E. Mons. Pedro Felipe Bacarreza Rodríguez, obispo de Santa María de Los Ángeles;
S.E. Mons. Héctor Eduardo Vargas Bastidas, S.D.B., obispo de Temuco;
S.E. Mons. Ignacio Francisco Ducasse Medina, obispo de Valdivia;
S.E. Mons. Francisco Javier Stegmeier Schmidlin, obispo de Villarrica;
S.E. Mons. René Osvaldo Rebolledo Salinas, Arciobispo de La Serena;
S.E. Mons. Celestino Aós Braco, O.F.M. Cap., obispo de Copiapó;
S.E. Mons. Jorge Patricio Vega Velasco, S.V.D., Prelato di Illapel;
S.E. Mons. Cristián Caro Cordero, Arciobispo de Puerto Montt;
S.E. Mons. Juan de la Cruz Barros Madrid, obispo de Osorno;
S.E. Mons. Bernardo Miguel Bastres Florence, S. D.B., obispo de Punta Arenas;
S.E. Mons. Juan María Agurto Muñoz, O.S.M, obispo de San Carlos de Ancud;
Em.mo Card. Ricardo Ezzati Andrello, S.D.B., Arciobispo de Santiago de Chile
Obispos auxiliares:
S.E. Mons. Luis Fernando Ramos Pérez, obispo tit. de Tetci,
S.E. Mons. Mons. Pedro Mario Ossandón Buljevic, obispo tit. de La Imperial,
S.E. Mons. Galo Fernández Villaseca, obispo tit. di Simingi,
S.E. Mons. Jorge Enrique Concha Cayuqueo, O.F.M., obispo tit. de Carpi;
S.E. Mons. Tomislav Koljatic Maroevic, obispo de Linares;
S.E. Mons. Cristián Contreras Villarroel, obispo de Melipilla;
S.E. Mons. Alejandro Goić Karmelić, obispo de Rancagua;
S.E. Mons. Juan Ignacio González Errázuriz, obispo de San Bernardo;
S.E. Mons. Cristián Enrique Contreras Molina, O. de M., obispo de San Felipe;
S.E. Mons. Horacio del Carmen Valenzuela Abarca, obispo de Talca;
S.E. Mons. Gonzalo Duarte García de Cortázar, SS.CC., obispo de Valparaíso;
S.E. Mons. Santiago Jaime Silva Retamales, ordinario militar;
S.E. Mons. Luigi Infanti Della Mora, O.S.M., obispo tit. de Cartenna, vicario apostólico de Aysén.

Comentario al evangelio de hoy lunes 20 de febrero de 2017.

Lo que Dios puede y quiere hacer con lo que le ofrezco.

VII Lunes de Tiempo Ordinario. Ciclo A.
Por: H. Adrián Olvera de la Cruz LC
Fuente: http://es.catholic.net/op/articulos/64366/lo-que-dios-puede-y-quiere-hacer-con-lo-que-le-ofrezco.html 

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Jesús, no vengo porque tengo que estar aquí. No vengo porque se siente bien estar aquí… Vengo por el simple hecho que te amo y quiero estar contigo.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Marcos 9, 14-29
En aquel tiempo, cuando Jesús bajó del monte y llegó al sitio donde estaban sus discípulos, vio que mucha gente los rodeaba y que algunos escribas discutían con ellos. Cuando la gente vio a Jesús, se impresionó mucho y corrió a saludarlo.
Él les preguntó: “¿De qué están discutiendo?”. De entre la gente, uno le contestó: “Maestro, te he traído a mi hijo, que tiene un espíritu que no lo deja hablar; cada vez que se apodera de él, lo tira al suelo y el muchacho echa espumarajos, rechina los dientes y se queda tieso. Les he pedido a tus discípulos que lo expulsen, pero no han podido”.
Jesús les contestó: “¡Gente incrédula! ¿Hasta cuándo tendré que estar con ustedes? ¿Hasta cuándo tendré que soportarlos? Tráiganme al muchacho”. Y se lo trajeron. En cuanto el espíritu vio a Jesús, se puso a retorcer al muchacho; lo derribó por tierra y lo revolcó, haciéndolo echar espumarajos. Jesús le preguntó al padre: “¿Cuánto tiempo hace que le pasa esto?”. Contestó el padre: “Desde pequeño. Y muchas veces lo ha arrojado al fuego y al agua para acabar con él. Por eso, si algo puedes, ten compasión de nosotros y ayúdanos”.
Jesús le replicó: “¿Qué quiere decir eso de ‘si puedes’? Todo es posible para el que tiene fe”. Entonces el padre del muchacho exclamó entre lágrimas: “Creo, Señor; pero dame Tú la fe que me falta”. Jesús, al ver que la gente acudía corriendo, reprendió al espíritu inmundo, diciéndole: “Espíritu mudo y sordo, yo te lo mando: Sal de él y no vuelvas a entrar en él”. Entre gritos y convulsiones violentas salió el espíritu. El muchacho se quedó como muerto, de modo que la mayoría decía que estaba muerto. Pero Jesús lo tomó de la mano, lo levantó y el muchacho se puso de pie.
Al entrar en una casa con sus discípulos, éstos le preguntaron a Jesús en privado: “¿Por qué nosotros no pudimos expulsarlo?”. Él les respondió: “Esta clase de demonios no sale sino a fuerza de oración y de ayuno”.
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio.
Si hay algo que me perturba muchas veces es darme cuenta del gran deseo que tengo de amar a Dios y ver que en la realidad, en lo concreto, mi amor es muy pobre.
Me propongo, me esfuerzo, llego a la cima de la montaña y de la nada… vuelvo a caer. Me vuelvo a levantar y la historia se repite… Aquello que creía se fortalecía se hace más débil, más vulnerable, más pobre. Me sigo levantando, pero estoy cansado. Mis deseos de amar no corresponden a la realidad. ¿Qué pasa Señor? Creo, pero muchas veces dudo…Ayúdame.
Toma, Señor, estos deseos de amor. Toma, Señor, este pobre amor. Toma, Señor, estas dudas y transfórmalas en actos de amor. Es lo que te ofrezco… De verdad creo, pero necesito tanto de Ti.
Ayúdame a no enfocar la mirada en mi capacidad de creer y de amar. Dirige esta mirada, no a lo que yo puedo hacer, sino a lo que Tú puedes y quieres hacer con lo poco que te puedo ofrecer.
Dirige a Ti mi mirada, Señor. No dejes que olvide que el amor no consiste en que yo te haya amado, sino en que Tú me amaste primero (1Jn 4, 10).
…En tu mirada quiero descansar.

«¡Hoy es tiempo de misión y es tiempo de valor! valor para reforzar los pasos titubeantes, de retomar el gusto de gastarse por el Evangelio, de retomar la confianza en la fuerza que la misión trae consigo. Es tiempo de valor, aunque tener valor no significa tener garantía de éxito. Se nos ha pedido valor para luchar, no necesariamente para vencer; para anunciar, no necesariamente para convertir. Se nos pide valor para ser alternativos al mundo, pero sin volvernos polémicos o agresivos jamás. Se nos pide valor para abrirnos a todos, pero sin disminuir lo absoluto y único de Cristo, único salvador de todos. Se nos pide valor para resistir a la incredulidad sin volvernos arrogantes.»
(Homilía de S.S. Francisco, 23 de octubre de 2016).

Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Buscaré un momento de mi día para visitar a Jesús en el sagrario para contemplarlo, agradecerle, adorarlo.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.