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Autor: Patricio Osiadacz

Homilía de la celebración ecuménica de la Navidad .-

 
 
 

Hay cosas en la vida que repetimos constantemente y que parecen no dejar huella en nuestra existencia. Así ocurre cuando hacemos el mismo camino para ir a trabajar o visitar un lugar que habitualmente frecuentamos. Hay otras, en cambio, que también repetimos, pero cada vez que volvemos a vivir y experimentar lo que repetimos, nos sentimos renovados, transformados y profundamente enriquecidos. Esto pasa, por ejemplo, con las relaciones interpersonales iluminadas por el cariño, que cada vez que las recordamos, llenan nuestro corazón de ilusión y esperanza.
Con la Navidad pasa algo similar. Todos los años en estas fechas celebramos Navidad; seguramente repetimos varios ritos y acciones personales, familiares o sociales. Visitamos nuestros seres queridos, hacemos regalos y enviamos nuestros mejores deseos a quienes conocemos y queremos. Por este motivo, nos preguntamos ¿qué tiene la Navidad que no agota?, ¿por qué la celebramos cada año y queremos seguir celebrándola siempre? Más aún, ¿por qué la queremos celebrar, si recuerda un hecho que ocurrió hace unos 2000 años en una tierra muy distante a la nuestra?
Los elementos que componen el cuadro navideño son pocos y muy simples: un niño envuelto en pañales, una joven madre que cuida a su hijo con dedicación, un esposo que mira con estupor al recién nacido, algunos animales y unos pastores que se acercan a mirar con delicada timidez. Es decir, una escena cotidiana, sencilla, alejada de toda pompa y solemnidad.
Cuando una mujer da a luz una niña o un niño, ella y su familia se alegran porque ese recién nacido trae una luz de esperanza a todos. La sutil línea de la vida pareciera agrandarse porque nuevas generaciones se agregan a la existente. En el caso del nacimiento de Jesús de Nazaret, ciertamente hubo este tipo de razones para alegrarse, pero los primeros cristianos rápidamente se dieron cuenta de la originalidad inigualable de Jesús. Tuvieron la capacidad de percibir que ese niño envuelto en pañales era un verdadero regalo de Dios para la humanidad, porque era el mismo Dios que había decidido compartir la suerte de la condición humana, sus fragilidades y también sus grandezas. Por esta razón, los primeros que se enteraron del nacimiento de Jesús fueron unos pastores, quienes vivían en una situación marginal en la sociedad de aquel entonces, medio retirados y medio clandestinos. Para ellos, el nacimiento de Jesús fue una buena noticia, pues se percataron que había nacido el Salvador que trae la paz, y, de esta forma, recuperaron su dignidad y su esperanza.
Así ocurre ahora cuando nos reunimos a celebrar la Navidad. Al posar nuestra mirada en este sencillo pesebre, se genera en nosotros la convicción interior de que el ser humano está hecho para grandes cosas, que tenemos grandes oportunidades y capacidades, que son magistralmente potenciadas y enriquecidas por el “Dios-con-nosotros”. Nuestra dignidad vuelve a brillar como una verdadera luz que orienta los senderos de nuestra vida. ¿Qué regalos podemos percibir en el misterio de Navidad?, ¿qué aspectos de nuestra vida se ven renovados por el nacimiento de Jesús?
El texto del evangelio según san Lucas, que acabamos de escuchar, concluye manifestando que el don de la paz es la primera consecuencia del nacimiento de Jesús. Probablemente no hay valor o concepto que tenga más aceptación entre los seres humanos que el de la “paz”. Sin embargo, en los últimos siglos la humanidad ha gozado de pocos años en los que haya reinado efectivamente la paz. Es cosa de ver la situación en el medio oriente y en otras latitudes, donde pareciera que la violencia se ha transformado en el modo habitual para resolver conflictos. Celebrar la Navidad es una oportunidad única para que nos podamos comprometer por la paz en todas las esferas de nuestra vida. La paz no es un suntuario para nuestra sociedad; es el camino por el que las naciones han de transitar para obtener una perspectiva de desarrollo sustentable para los habitantes de un país.
Un segundo efecto o don de la celebración de la Navidad es la experiencia de la alegría. Los pastores cuando volvieron a sus casas iban maravillados y gozosos por todo lo que habían visto y oído. La alegría es más que la risa fácil o la satisfacción pasajera. Es la sensación de plenitud gozosa en el corazón, que brota de la convicción de que uno está en el justo camino de la vida. En este sentido, la alegría es la natural respuesta al experimentar que en Jesús Dios nos está visitando. No somos un objeto más o un decorado entre otros en el devenir de la historia. Somos las personas que Dios ha decidido visitar y su visita restituye gozosamente nuestra dignidad.
Por otra parte, la celebración de la Navidad pone de relieve el hecho que en Jesús Dios dialoga con los seres humanos de todo tiempo y lugar. El diálogo es quizás la expresión más genuina cuando distintas personas se encuentran. En el diálogo, podemos escuchar al otro, aprender de él o enterarnos de algo que está viviendo. A través del diálogo podemos entretejer relaciones entre las personas y elaborar proyectos comunes. Navidad es la escuela del diálogo porque es la manifestación respetuosa del Dios que se comunica. Esto nos abre a perspectivas enormes en cuanto a lo que es posible construir entre los seres humanos a partir del diálogo, lo cual es particularmente significativo para nuestro país, en donde pareciera que el diálogo se ha enrarecido o hecho algo meramente formal. Dialogar de verdad es construir de verdad.
Finalmente, no quisiera concluir estas palabras sin hacer mención a un hecho importante acaecido ayer. En efecto, a eso del mediodía un grupo de personas entró a la Catedral Metropolitana de Santiago y se encadenaron a unas bancas. Tuve la oportunidad de dialogar con ellos y escuchar lo que querían plantear. Son personas que han sufrido mucho porque son parientes de víctimas de violaciones de derechos humanos o directamente algunos de ellos sufrieron la violación de sus derechos. Algunos llevan décadas preguntando qué pasó con su padre, hermano o hijo y no han tenido respuesta. Experimentan el dolor lacerante de la pregunta respondida con el silencio o la indiferencia. Menciono esta situación porque continúa siendo una herida abierta en nuestra sociedad. Espero realmente que la celebración de la Navidad sea una verdadera luz de esperanza para todos ellos y que las preguntas que han estado formulando por tanto tiempo finalmente encuentren una respuesta satisfactoria.
A todos los aquí presentes, quisiera desearles una hermosa y bendecida Navidad junto a sus seres queridos. Que los dones de la paz, la alegría y el diálogo se encarnen en la vida de cada uno de nosotros para que nuestro querido país transite por sendas de progreso y equidad.
Que así sea.
Palacio de La Moneda, 23 de diciembre de 2016
Fecha: 23/12/2016
Referencia:
País: Chile
Ciudad: Santiago
Autor: Mons. Fernando Ramos Pérez

EDD. sábado 24 de diciembre de 2016

http://www.eucaristiadiaria.cl/dia_cal.php?fecha=2016-12-24
FERIA

Color: morado
RITOS INICIALES
(Ver Ordinario de la Misa)
Antífona de entrada Cf. Gal 4, 4
Ya se cumplió el tiempo establecido, en el que Dios envió a su Hijo a la tierra.
ORACIÓN COLECTA
Señor Jesús, apresúrate y no tardes, para que tu venida consuele y anime a quienes confiamos en tu bondad. Tú, que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo, y eres Dios, por los siglos de los siglos.
LITURGIA DE LA PALABRA
Primera lectura
El reino de David durará eternamente delante del Señor.
Lectura del segundo libro de Samuel    7, 1-5. 8b-12. 14a. 16
Cuando David se estableció en su casa y el Señor le dio paz, librándolo de todos sus enemigos de alrededor, el rey dijo al profeta Natán: “Mira, yo habito en una casa de cedro, mientras el Arca de Dios está en una tienda de campaña”.
Natán respondió al rey: “Ve a hacer todo lo que tienes pensado, porque el Señor está contigo”.
Pero aquella misma noche, la palabra del Señor llegó a Natán en estos términos:
“Ve a decirle a mi servidor David: Así habla el Señor: ¿Eres tú el que me va a edificar una casa para que Yo la habite?
Yo te saqué del campo de pastoreo, de detrás del rebaño, para que fueras el jefe de mi pueblo Israel. Estuve contigo dondequiera que fuiste y exterminé a todos tus enemigos delante de ti. Yo haré que tu nombre sea tan grande como el de los grandes de la tierra.
Fijaré un lugar para mi pueblo Israel y lo plantaré para que tenga allí su morada. Ya no será perturbado, ni los malhechores seguirán oprimiéndolo como lo hacían antes, desde el día en que establecí Jueces sobre mi pueblo Israel. Yo te he dado paz, librándote de todos tus enemigos. Y el Señor te ha anunciado que Él mismo te hará una casa.
Sí, cuando hayas llegado al término de tus días y vayas a descansar con tus padres, Yo elevaré después de ti a uno de tus descendientes, a uno que saldrá de tus entrañas, y afianzaré su realeza. Seré un padre para él, y él será para mí un hijo.
Tu casa y tu reino durarán eternamente delante de mí, y tu trono será estable para siempre”.
Salmo responsorial     88, 2-5. 27. 29
R/. ¡Cantaré eternamente tu misericordia, Señor!
Cantaré eternamente el amor del Señor, proclamaré tu fidelidad por todas las generaciones. Porque Tú has dicho: “Mi amor se mantendrá eternamente, mi fidelidad está afianzada en el cielo”.
Yo sellé una Alianza con mi elegido, hice este juramento a David, mi servidor: “Estableceré tu descendencia para siempre, mantendré tu trono por todas las generaciones”.
El me dirá: “Tú eres mi padre, mi Dios, mi Roca salvadora”. Le aseguraré mi amor eternamente, y mi Alianza será estable para él.
EVANGELIO
Aclamación al Evangelio
Aleluya.
Sol naciente, resplandor de la luz eterna, Sol de justicia, ven a iluminar a los que están en las tinieblas y en la sombra de la muerte. Aleluya.
Evangelio
Nos visitará el Sol naciente.
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas      1, 67-79
Zacarías, el padre de Juan, quedó lleno del Espíritu Santo y dijo proféticamente: Bendito sea el Señor, el Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su Pueblo, y nos ha dado un poderoso Salvador en la casa de David, su servidor, como lo había anunciado mucho tiempo antes por boca de sus santos profetas, para salvarnos de nuestros enemigos y de las manos de todos los que nos odian.
Así tuvo misericordia de nuestros padres y se acordó de su santa Alianza, del juramento que hizo a nuestro padre Abraham de concedernos que, libres de temor, arrancados de las manos de los enemigos, lo sirvamos en santidad y justicia bajo su mirada, durante toda nuestra vida.
Y tú, niño, serás llamado Profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor preparando sus caminos, para hacer conocer a su Pueblo la salvación mediante el perdón de los pecados; gracias a la misericordiosa ternura de nuestro Dios, que nos traerá del cielo la visita del Sol naciente, para iluminar a los que están en las tinieblas y en la sombra de la muerte, y guiar nuestros pasos por el camino de la paz.

EDD. sábado 24 de diciembre de 2016

Sábado de la cuarta semana de Adviento
http://www.eucaristiadiaria.cl/dia_cal.php?fecha=2016-12-24
FERIA

Color: morado
RITOS INICIALES
(Ver Ordinario de la Misa)
Antífona de entrada Cf. Gal 4, 4
Ya se cumplió el tiempo establecido, en el que Dios envió a su Hijo a la tierra.
ORACIÓN COLECTA
Señor Jesús, apresúrate y no tardes, para que tu venida consuele y anime a quienes confiamos en tu bondad. Tú, que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo, y eres Dios, por los siglos de los siglos.
LITURGIA DE LA PALABRA
Primera lectura
El reino de David durará eternamente delante del Señor.
Lectura del segundo libro de Samuel    7, 1-5. 8b-12. 14a. 16
Cuando David se estableció en su casa y el Señor le dio paz, librándolo de todos sus enemigos de alrededor, el rey dijo al profeta Natán: “Mira, yo habito en una casa de cedro, mientras el Arca de Dios está en una tienda de campaña”.
Natán respondió al rey: “Ve a hacer todo lo que tienes pensado, porque el Señor está contigo”.
Pero aquella misma noche, la palabra del Señor llegó a Natán en estos términos:
“Ve a decirle a mi servidor David: Así habla el Señor: ¿Eres tú el que me va a edificar una casa para que Yo la habite?
Yo te saqué del campo de pastoreo, de detrás del rebaño, para que fueras el jefe de mi pueblo Israel. Estuve contigo dondequiera que fuiste y exterminé a todos tus enemigos delante de ti. Yo haré que tu nombre sea tan grande como el de los grandes de la tierra.
Fijaré un lugar para mi pueblo Israel y lo plantaré para que tenga allí su morada. Ya no será perturbado, ni los malhechores seguirán oprimiéndolo como lo hacían antes, desde el día en que establecí Jueces sobre mi pueblo Israel. Yo te he dado paz, librándote de todos tus enemigos. Y el Señor te ha anunciado que Él mismo te hará una casa.
Sí, cuando hayas llegado al término de tus días y vayas a descansar con tus padres, Yo elevaré después de ti a uno de tus descendientes, a uno que saldrá de tus entrañas, y afianzaré su realeza. Seré un padre para él, y él será para mí un hijo.
Tu casa y tu reino durarán eternamente delante de mí, y tu trono será estable para siempre”.
Salmo responsorial     88, 2-5. 27. 29
R/. ¡Cantaré eternamente tu misericordia, Señor!
Cantaré eternamente el amor del Señor, proclamaré tu fidelidad por todas las generaciones. Porque Tú has dicho: “Mi amor se mantendrá eternamente, mi fidelidad está afianzada en el cielo”.
Yo sellé una Alianza con mi elegido, hice este juramento a David, mi servidor: “Estableceré tu descendencia para siempre, mantendré tu trono por todas las generaciones”.
El me dirá: “Tú eres mi padre, mi Dios, mi Roca salvadora”. Le aseguraré mi amor eternamente, y mi Alianza será estable para él.
EVANGELIO
Aclamación al Evangelio
Aleluya.
Sol naciente, resplandor de la luz eterna, Sol de justicia, ven a iluminar a los que están en las tinieblas y en la sombra de la muerte. Aleluya.
Evangelio
Nos visitará el Sol naciente.
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas      1, 67-79
Zacarías, el padre de Juan, quedó lleno del Espíritu Santo y dijo proféticamente: Bendito sea el Señor, el Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su Pueblo, y nos ha dado un poderoso Salvador en la casa de David, su servidor, como lo había anunciado mucho tiempo antes por boca de sus santos profetas, para salvarnos de nuestros enemigos y de las manos de todos los que nos odian.
Así tuvo misericordia de nuestros padres y se acordó de su santa Alianza, del juramento que hizo a nuestro padre Abraham de concedernos que, libres de temor, arrancados de las manos de los enemigos, lo sirvamos en santidad y justicia bajo su mirada, durante toda nuestra vida.
Y tú, niño, serás llamado Profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor preparando sus caminos, para hacer conocer a su Pueblo la salvación mediante el perdón de los pecados; gracias a la misericordiosa ternura de nuestro Dios, que nos traerá del cielo la visita del Sol naciente, para iluminar a los que están en las tinieblas y en la sombra de la muerte, y guiar nuestros pasos por el camino de la paz.

Cuarta Predicación de Adviento del padre Raniero Cantalamessa – Texto completo –

“ENCARNADO POR OBRA DEL ESPÍRITU SANTO

DE MARIA VIRGEN”

https://es.zenit.org/articles/cuarta-predicacion-de-adviento-del-padre-raniero-cantalamessa-realizada-ante-el-papa-francisco/

El predicador capuchino, Raniero Cantalamessa

El predicador capuchino, Raniero Cantalamessa (Foto CTV- Osservatore Romano)

(ZENIT – Ciudad del Vaticano).- El predicador de la Casa Pontificia, el padre Raniero Cantalamessa realizó este viernes 23 de diciembre en la capilla Rendemptoris Mater en el Vaticano, la cuarta predicación de Adviento, ante el papa Francisco, cardenales e integrantes de la Curia Romana.
A continuación el texto completo:
 

P. Raniero Cantalamessa, ofmcap.

Cuarta predicación de Adviento

“ENCARNADO POR OBRA DEL ESPÍRITU SANTO

DE MARIA VIRGEN”

  1. Navidad, misterio “para nosotros”

Prosiguiendo con nuestras reflexiones sobre el Espíritu Santo, en la inminencia de la Navidad queremos meditar sobre el artículo del Credo que habla de la obra del Espíritu Santo en la encarnación. En el Credo decimos: “Por nosotros los hombres y por nuestra salvación descendió del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó en el seno de la Virgen María y se hizo hombre”. Meditemos sobre este artículo de fe, de una manera no teológica y especulativa, sino espiritual y “edificante”

San Agustín distinguía dos modos de celebrar un hecho en la historia de la salvación: como misterio (“en sacramento”), o como simple aniversario. En la celebración a la manera de aniversario, no se necesita otra cosa -decía- que “indicar con una solemnidad religiosa el día del año en el cual cae el recuerdo del hecho sucedido”; en la celebración de tipo mistérico, “no solo se conmemora un hecho, pero se hace de manera que se entienda su significado para nosotros y se lo acoja devotamente” 1.

La Navidad no es una celebración tipo aniversario (la fecha del 25 de diciembre no es debida, sabemos, a motivos históricos sino simbólicos y de contenido); es una celebración de tipo mistérico que exige ser entendida en su significado para nosotros. San León Magno ponía ya en luz el significado místico del “sacramento de la navidad de Cristo”, diciendo que “los hijos de la Iglesia fueron generados con Cristo en su nacimiento, como han sido crucificados con él en la pasión y resucitados con él en la resurrección” 2.

En el origen de todo está el dato bíblico que se cumplió una vez por siempre, en María: la Virgen se vuelve madre de Jesús por obra del Espíritu Santo. Tal misterio histórico como todos los hechos de la salvación se prolonga a nivel sacramental en la Iglesia y a nivel moral en cada alma creyente. María en su calidad de Virgen Madre que genera el Cristo es el ejemplar perfecto del alma creyente. Escuchemos como un autor de la Edad Media, san Isaac de la Estrella, resume el pensamiento de los Padre sobre este tema:

María y la Iglesia son una madre y más madres; una virgen y más vírgenes. Una y otra madre, una y otra virgen. Por esto en las Escrituras divinamente inspiradas lo que se dice de manera universal de la Virgen Madre Iglesia, se lo entiende de manera singular de la Virgen María… En fin, cada alma fiel, esposa del Verbo de Dios, madre hija y hermana de Cristo, es considerada también ella, a su manera, virgen y fecunda”. 3

Esta visión patrística ha sido traída a la luz en el Concilio Vaticano II, en los capítulos que la constitución Lumen Gentium dedica a María. Aquí, de hecho, en tres párrafos distintos se habla de la Virgen Madre María, como modelo ejemplar de la Iglesia (n. 63), llamada ella incluso a ser en la fe, virgen y madre (n. 64), y del alma creyente, imitando las virtudes de María, hace nacer y crecer a Jesús en su corazón y en el corazón de sus hermanos (n. 65).

2. “Por obra del Espíritu Santo”


Meditamos sucesivamente sobre el rol de cada uno de los dos protagonistas, el Espíritu Santo y María, para después intentar buscar algún pensamiento en vista de nuestra edificación.
Escribe san Ambrosio:

Es obra del Espíritu Santo el parto de la Virgen… No podemos por lo tanto dudar de que sea creador aquel Espíritu que sabemos ser Autor de la encarnación del Señor… Si por lo tanto la Virgen concibió gracias a la obra y a la potencia del Espíritu, ¿quien podría negar que el Espíritu es creador? 4

Ambrosio interpreta perfectamente, en este texto, el rol que el Evangelio atribuye al Espíritu Santo en la encarnación, llamándolo sucesivamente, Espíritu Santo y Potencia del Altísimo (cf. Lc 1,35). Eso es el “Spiritus creator” que actúa para llevar a los seres a la existencia (como en Gn 1,2), para crear una nueva y más alta situación de vida; es el Espíritu “que es Señor y da la vida”, como proclamamos en el mismo símbolo de la fe.

También aquí, como en los inicios, Él crea “desde la nada”, o sea desde el vacío de las posibilidades humanas, sin necesidad de ninguna ayuda o de ningún apoyo. Y este “nada”, este vacío, esta ausencia de explicaciones y de causas naturales se llama, en nuestro caso, la virginidad de María: “¿Cómo es posible? No conozco hombre… El Espíritu Santo bajará sobre ti” (Le 1,34-35). La virginidad es aquí un signo grandioso que no se puede eliminar o banalizar, sin desarmar todo el tejido de la narración evangélica y su significado.

El Espíritu que baja sobre María es, por lo tanto, el Espíritu creador que milagrosamente forma de la Virgen la carne de Cristo; pero también más, además que el “Creator Spiritus”. Él es para María, también “fons vivus, ignis, caritas, et spiritalis unctio” o sea: agua viva, fuego, amor y unción espiritual. Se empobrece enormemente el misterio si se lo reduce solamente a su dimensión objetiva, o sea a sus implicaciones dogmáticas (dualidad de las naturalezas, unidad de la persona), descuidando sus aspectos subjetivos y existenciales.

San Pablo habla de una “carta de Cristo escrita no con la tinta, pero con el Espíritu de Dios viviente, no sobre tablas de piedra pero en las tablas de carne de los corazones”(2 Cor 3,3). El Espíritu Santo escribió esta carta maravillosa que es Cristo, primero en el corazón de María, de manera que -como dice san Agustín- “mientras la carne de Cristo se formaba en el seno de María, la verdad de Cristo se imprimía en el corazón de María”. 5

El famoso dicho del mismo Agustín según el cual María “concibió a Cristo antes en el corazón que en el cuerpo” (“prius concepit mente quam corpore”) significa que el Espíritu Santo actuó en el corazón de María iluminándolo y inflamándolo de Cristo, antes aún que en el seno de María llenándolo de Cristo.

Solo los santos y místicos que tuvieron una experiencia personal de la irrupción de Dios en su vida pueden ayudarnos a intuir lo que debió probar María en el momento de la encarnación del Verbo en su seno. Uno de esos, san Buenaventura, escribe:

“Sobrevino en ella el Espíritu Santo como fuego divino que inflamó su mente y santificó su carne, confiriéndole una perfectísima pureza. Pero también la potencia del Altísimo la veló para que pudiera sostener un semejante ardor…¡Oh, si tú fueras capar de sentir en qué medida, cuál y cuánto fue grande ese incendio bajado del cielo, cuál el refrigerio dado, cuál alivio infundido, cuál elevación de la Virgen Madre, la nobleza dada al género humano, cuánta condescendencia dada por la Majestad divina!

Pienso que entonces también tú merecerías cantar con voz suave, junto con la bienaventurada Virgen, ese canto sagrado: “Mi alma magnifica al Señor”. 6

La encarnación fue vivida por María como un evento carismático al máximo grado, que la volvió el modelo del alma “ferviente en el Espíritu” (Rm 12,11). Fue su pentecostés. Muchos gestos y palabras de María, especialmente en la narración de la visita a santa Isabel, no se entienden si no se mira en esta luz de una experiencia mística sin igual. Todo aquello que vemos obrarse visiblemente en una persona visitada por la gracia (amor, alegría, paz, luz) lo debemos reconocer en medida única, en María en la anunciación. María ha sido la primera en sentir “la sobria ebriedad del Espíritu” de la cual hemos hablado la vez pasada, y el Magnificat es el mejor testimonio.

Se trata entretanto de una ebriedad “sobria” o sea humilde. La humildad de María después de la encarnación nos aparece como uno de los milagros más grandes de la gracia divina. Como pudo María soportar el peso de este pensamiento: “¡Tú eres la Madre de Dios! Tu eres la más alta de las criaturas!”. Lucifer no había soportado esta tensión y, tomado por el vértigo de su propia altura, había precipitado. Maria no; ella permanece humilde, modesta como si nada hubiera sucedido en su vida que le permitiera tener pretensiones. En una ocasión el Evangelio nos la muestra en el acto de mendigarle a otros incluso la posibilidad de ver a su Hijo: “Tu madre y tus hermanos, le dicen a Jesús, están afuera y desean verte” (Lc 8, 20).

  1. “De María Virgen”

Ahora consideremos más de cerca la parte de María en la encarnación, su respuesta a la acción del Espíritu Santo. La parte de María consistía, objetivamente, en haber dado la carne y la sangre al Verbo de Dios, es decir en su divina maternidad. Recorramos velozmente el camino histórico, a través del cual la Iglesia ha llegado a contemplar en su plena luz, esta inaudita verdad: !Madre de Dios¡ ¡Una criatura, madre del Creador! “Virgen Madre, hija de tu Hijo, humilde y más alta que cualquier criatura”: así la saluda san Bernardo en la Divina Comedia de Dante Alighieri. 7

Al inicio y durante todo el período dominado por la lucha contra la herejía gnóstica y docetista, la maternidad de María fue vista casi solo como maternidad física o biológica. Estos heréticos negaban que Cristo tuviera un verdadero cuerpo humano, o si lo tenía, que este cuerpo humano hubiera nacido de una mujer, o si había nacido de una mujer que hubiera tenido verdaderamente la carne y sangre de ella. Contra ellos era necesario por lo tanto afirmar con fuerza que Jesús era el hijo de María y “fruto de su seno” (Lc 1, 42), y que María era la verdadera y natural madre de Jesús.

En esta fase antigua, en la cual se afirma la maternidad real o natural de María contra los gnósticos y los docetistas, aparece por primera vez el título de Theotókos. De ahora en adelante será justamente el uso de este título que conducirá la Iglesia al descubrimiento de una maternidad divina más profunda, que podríamos llamar maternidad metafísica, en cuanto se refiere a la persona, o a la hipostasis del Verbo.

Esto sucede durante la época de las grandes controversias cristológicas del V siglo, cuando el problema central entorno a Jesucristo no es más el de su verdadera humanidad, pero aquel de la unidad de su persona. La maternidad de María no es más vista solamente en referencia a la naturaleza humana de Cristo, pero como es más justo, en referencia a la única persona del Verbo hecho hombre. Y como esta única persona que María genera no es otra cosa que la persona divina del Hijo, como consecuencia ella aparece como verdadera “Madre de Dios”.

Entre María y Cristo no hay solamente una relación de tipo físico, pero también de orden metafísico, y esto la coloca a una altura vertiginosa, creando una relación singular también entre ella y Dios Padre. San Ignacio de Antioquía llama a Jesús “Hijo de Dios y de María”8, casi como diríamos de una persona que es hijo de tal hombre y de tal mujer. En el Concilio de Éfeso esta verdad se vuelve para siempre una conquista de la Iglesia: “Si alguno -se lee en un texto por él aprobado- no confiesa que Dios es verdaderamente el Emanuel y que por lo tanto la Santa Virgen, habiendo generado según la carne el Verbo de Dios hecho hombre, es la Theotókos, sea anatema” 9.

Pero también esta meta no era definitiva. Había otro nivel que de la maternidad divina de Maria a descubrir, después de lo físico y de lo metafísico. En las controversias cristológicas, el título de Theotókos era valorizado más en función de la persona de Cristo que respecto a María, si bien era un título mariano. De tal título no se sacaban aún las consecuencias teológicas que se refieren a la persona de María, en particular, su santidad única. El título de Theotókos hacía correr el riesgo de volverse un arma de batalla entre las opuestas corrientes teológicas en cambio de una expresión de la fe y de la piedad hacia María.

Lo demuestra un particular incómodo que no va callado. Justamente Cirilo Alejandrino, que combatió como un león por el título de Theotokos, es el hombre que entre los Padres de la Iglesia, desentona singularmente respecto a la santidad de María. El fue entre los pocos que admitió francamente debilidades y defectos en la vida de María, especialmente a los pies de la cruz. Aquí, según él, la Madre de Dios vaciló en la fe: “El Señor -escribe- tuvo en ese punto que proveer a la Madre que había caído en el escándalo y no había entendido la Pasión, y lo hizo confiándola a Juan, como a un óptimo maestro para que la corrigiera” 10.

¡No podía admitir que una mujer, aunque fuera la madre de Jesús, pudiera haber tenido una fe mayor de la que tuvieron los apóstoles que, aunque eran hombres, vacilaron en el momento de la Pasión! Son palabras que derivan del general menosprecio hacia la mujer que había en el mundo antiguo y que muestran cuanto poco favoreciera reconocer a María una maternidad física y metafísica respecto a Jesús, si no se reconocía en ella también una maternidad espiritual, o sea del corazón además que del cuerpo.

Aquí se coloca la gran aportación de los autores latinos, en particular de san Agustín, al desarrollo de la mariología. La maternidad de María es vista por ellos como una maternidad en la fe. Sobre la palabra de Jesús: “Mi madre y mis hermanos son aquellos que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica, (Lc 8, 21), Agustín escribe:

¿Podría no haber hecho la voluntad del Padre, la Virgen María, ella que por fe creyó, por fe concibió, que fue elegida para que de ella naciera la salvación de los hombres, que fue creada por Cristo, antes que en ella fuera creado Cristo? Seguramente santa María hizo la voluntad del Padre y por lo tanto es cosa más grande para Maria haber sido discípula de Cristo, que haber sido Madre de Cristo” 11.

Esta última osada afirmación se basa en la respuesta que Jesús dio a la mujer que proclamaba ‘beata’, la madre por haberlo llevado en su seno y amamantado: “Bienaventurados más bien aquellos que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica” (Lc 11,27-28).

La maternidad física de María y aquella metafísica están ahora coronadas por el reconocimiento de una maternidad espiritual o de fe, que hace de María la primera y más dócil discípula de Cristo. El fruto más bello de esta nueva visión sobre la Virgen es la importancia que asume el tema de la ‘santidad’ de María. De ella -escribe también san Agustín- “por el honor debido al Señor no se debe ni siquiera hacer mención cuando se habla de pecado”.12 La Iglesia latina expresará esta prerrogativa con el título de “Inmaculada” y la Iglesia griega con el de “Toda Santa” (Panhagia).

4. El tercer nacimiento de Jesús


Ahora intentemos ver qué es lo que “el misterio” del nacimiento de Jesús por obra del Espíritu Santo de María Virgen significa “para nosotros”. Hay un pensamiento osado sobre la Navidad, que pasó de una época a otra en la boca de los más grandes doctores y maestros del espíritu de la Iglesia: Orígenes, san Agustín, san Bernardo y otros. Este dice en sustancia así: “De qué me serviría a mí que Cristo haya nacido una vez en Belén de María, si él no nace por fe también en mi corazón?”. 13 “Dónde es que Cristo nace en el sentido más profundo, sino en tu corazón y en tu alma?”, escribe san Ambrosio 14.

Santo Tomás de Aquino recoge la tradición constante de la Iglesia cuando explica las tres misas que se celebran en Navidad en referencia al triple nacimiento del Verbo: aquella del Padre, la temporaria de la Virgen y la espiritual del alma creyente.15 Haciéndose eco de esta tradición, san Juan XXIII, en el mensaje navideño de 1962 elevaba esta ardiente oración: “Oh verbo eterno del Padre, Hijo de Dios y de María, innova también hoy en el secreto de las almas, el admirable prodigio de tu nacimiento”
¿De dónde viene esta idea osada de que Jesús no solamente ha nacido “para” nosotros sino también “en” nosotros? San Pablo habla de Cristo, que debe “formarse” en nosotros (Gal 4,19); dice también que en el bautismo el cristiano se “reviste de Cristo (Rm 13,14) y que Cristo tiene que venir a “habitar por la fe en nuestros corazones”(Ef 3,17).El tema del nacimiento de Cristo en el alma reposa sobre todo en la doctrina del cuerpo místico. De acuerdo con ella, Cristo repite místicamente “en nosotros” lo que ha obrado una vez “para nosotros”, en la historia. Esto vale para el misterio pascual, pero también para el misterio de la encarnación: “El Verbo de Dios, escribe san Máximo Confesor, quiere repetir en todos los hombres el misterio de su encarnación”.16

El Espíritu Santo nos invita por lo tanto a “volver al corazón” para celebrar en este, una Navidad más íntima y más verdadera, que vuelva “verdadera” también la Navidad que celebramos exteriormente, en los retiros y en las tradiciones.

El Padre quiere generar en nosotros a su Verbo, para poder pronunciar siempre y nuevamente, dirigiéndose a Jesús y a nosotros juntos, aquella dulcísima palabra: “Tú eres mi hijo; hoy te he generado” (Eb 1,5). El mismo Jesús desea nacer en nuestro corazón. Es así que lo debemos pensar en la fe: como si en estos últimos días de Adviento, él pasase en medio de nosotros y golpeara de puerta en puerta como aquella noche en Belén, en la búsqueda de un corazón en el cual nacer espiritualmente.

San Buenaventura ha escrito un opúsculo titulado: “Las cinco fiestas del Niño Jesús”. Allí escribe qué quiere decir concretamente, hacer nacer a Jesús en el propio corazón. El alma devota, escribe, puede espiritualmente concebir al Verbo de Dios como María en la Anunciación, darlo a luz como María en la Navidad, darle el nombre como en la Circuncisión, buscarlo y adorarlo con los Magos en la Epifanía, y finalmente ofrecerlo al Padre como en la Presentación del Templo17.

El alma, explica, concibe a Jesús cuando, descontenta de la vida que conduce, estimulada por santas inspiraciones y encendiéndose de santo ardor, y para concluir tomando distancia decididamente de sus viejos hábitos y defectos es como fecundada espiritualmente por la gracia del Espíritu Santo y concibe en propósito de una vida nueva. ¡Fue la concepción de Cristo!

Este propósito de vida nueva debe entretanto traducirse, sin tardar, en algo concreto, en un cambio posiblemente también externo y visible en nuestra vida y en nuestros hábitos. Si el propósito no es puesto en práctica, Jesús es concebido pero no es “dado a luz”. ¡No se celebra “la segunda fiesta” del Niño Jesús que es el Navidad”. Es un aborto espiritual, uno de los numerosos ‘dejar para después’ de la cual la vida está llena y una de las razones principales por las cuales tan pocas personas se vuelven santos.

Si decides cambiar estilo de vida, dice san Buenaventura, deberás enfrentar dos tipos de tentaciones. Primero te se presentarán los hombres carnales de tu ambiente para decirte: “es demasiado arduo lo que emprendes; no lo lograrás nunca, te faltarán las fuerzas, te perjudicarás la salud; estas cosas no van bien con tu situación, comprometes el buen nombre y la dignidad de tu cargo…”.

Superado este obstáculo, se presentarán otros que tienen fama de ser y, quizás lo son también de hecho, personas pías y religiosas, pero que no creen verdaderamente en la potencia de Dios y de su Espíritu. Estos te dirán que si inicias a vivir de esta manera -dando tanto espacio a la oración, evitando las críticas inútiles, haciendo obras de caridad- serás considerado en breve un santo, un hombre espiritual, y como tú sabes muy bien de no serlo, acabarás por engañar a la gente y a ser un hipócrita, atrayendo sobre ti la ira de Dios que indaga los corazones. ¡Deja, tienes que hacer como todos!

A todas estas tentaciones hay que responder con fe: “¡No se ha vuelto demasiado corta la mano del Señor al punto de no poder salvarnos!” (Is 59, 1), y casi con ira contra nosotros mismos, exclamar, como Agustín a la vigilia de su conversión: “Si estos y estas, por qué no también yo?18.

Terminemos recitando la oración encontrada en un antiguo papiro en el que la Virgen es invocada con el título de Theotokos, Dei genitrix, Madre de Dios:

Sub tuum praesidium confugimus,
Sancta Dei Genetrix.
Nostras deprecationes ne despicias in necessitatibus,
sed a periculis cunctis libera nos semper,
Virgo gloriosa et benedicta.

Bajo tu amparo nos acogemos,
santa Madre de Dios;
no deseches las súplicas
que te dirigimos en nuestras necesidades,
antes bien, líbranos de todo peligro,
¡oh siempre Virgen, gloriosa y bendita!
(Traducción de ZENIT)
1 S. Agustin, Epistola 55,1,2 (CSEL, 34,1, p.170).
2 S. León Magno, Sermone VI de Navidad, 2 (PL 54, 213).
3 Isacco de la Estrella, Sermo 51; PL 194, 1863. 1865.
4 S. Ambrosio, De Spiritu Sancto, 11,40-43.
5 S. Agustin, Sermo Denis, 25,7; PL 46,938.
6 S. Bonaventura, Lignum vitae 1,3.
7 Dante, Par. XXXIII,1.
8 S. Ignacio de Antiochia, Efesinos, 7,2.
9 S. Cirillo Al., Anatematismo I contra Nestorio (DS, nr. 252)
10 S. Cirillo Al., In Johannem. XII,19-25-27 (PG 74,661-665).
11 S. Agustin, Sermones 72 A (Miscellanea Agostiniana, I, p.162).
12 S. Agostino, Natura e grazia, 36,42 (CSEL 60,p.263s.).
13 Cf. per es. Origene, Commento al vangelo di Luca 22,3 (SCh 87,p. 302).
14 S. Ambrogio, In Lucam, 11,38.
15 S. Tommaso d’Aquino, S. Th. IlI, q. 83,2.
16 S. Màximo Confesor, Ambigua (PG 91,1084.
17 S. Buenaventura, Las cinco fiestas del Nino Jésus, prologo (ed. Quaracchi, 1949, pp. 207 ss.).
18 S. Agustin, Confesiones,VIII,8 (“Si isti et istae, cur non ego?” ).

Homilías para las Eucaristías de los días 24 y 25 de diciembre de 2016

                                                                           NAVIDAD I.

Misa del Gallo ( 24 de diciembre en la noche )

 

Isaías 9,2-7: Anuncio de salvación: donde reina la tiniebla brilla una gran luz. Termina la opresión de la maldad.

Tito 2,11-14: Cristo presente en el mundo es manifestación del amor de Dios, lo que invita a un estilo de vida nuevo.

Lucas 2,1-14: el anuncio del nacimiento es un anuncio gozoso. Con su nacimiento comienza algo nuevo.

1.- “Les traigo una alegría para todo el pueblo”

Sí, Navidad es sinónimo de alegría. ¿Por qué? La razón la encontramos den el mismo texto bíblico. Lucas coloca el nacimiento de Jesús en un contexto histórico universal. El Imperio romano está en paz, todo marcha bien. El esperador Augusto trajo la paz, la seguridad a todos. Pero para el evangelista el que en realidad trae la paz a todos es Jesús. Y la trae porque Él es el Mesías, el Salvador.

Los antiguos pensaron que con el emperador Augusto se aseguraba la paz en todo el mundo. Por eso él era considerado el “salvador” del mundo, porque la paz universal que él aseguraba permitía a la gente dar un profundo suspiro de alivio y esperanza. Lucas afirma lo contrario.

2.- Jesús, Dios con nosotros, es el verdadero Salvador, ya que Él es el “Príncipe de la paz”, es decir,  Él es el principio, el causante, la fuente de la verdadera paz. No de la paz efímera, de esa paz que es ausencia de guerra, sino de la Paz verdadera, el “Shalom” de Dios, armonía total con Dios, el mundo, la creación y consigo mismo. San Pablo dirá: “Cristo es nuestra paz” (Efesios 2,14). Sólo quien acepta a Cristo tiene paz, vive en paz, en esa paz integral, que tanto necesitamos.

3.- Sin Cristo el mundo, las personas, no tienen paz, viven en tinieblas. El mundo no tiene paz, lo muestra las noticias. No hay paz porque vive en una violencia extrema. No hay paz porque se vive

en una situación de injusticia extrema. Y lo que sucede en el mundo sucede también en nuestra patria. Existe mucha injusticia; la gente se ve tentada a recurrir a la violencia para subsanar tanta injusticia. Pero lo que se logra es una espiral de violencia.

4.- Necesitamos a Cristo.

Que brille la luz de la verdad, de la justicia y de la paz. Los sin Cristo, los paganos de todos los tiempos, dicen: “Si vis pacem para bellum”, lo que traducido significa: “Si quieres la paz prepara la guerra”. Y esta es la base del armamentismo, que provoca más pobreza e inseguridad.

Acudamos a la Fuente de la paz, al Príncipe de la Paz.

¿Quieres paz en tu interior? Acepta a Cristo.

¿Quieres paz en tu hogar? Acepta a Cristo.

¿Queremos paz en el país? Aceptemos a Cristo.

Por eso hoy es una Noche alegre, buena, porque ha nacido el Salvador.

Que no se diga que “que no había lugar para ellos”. Sí que lo hay: en nosotros, en nuestro ambiente. Alegrémonos porque nos ha nacido el Salvador.

                                                     Hno. Pastor Salvo Beas.

 

NAVIDAD II.

Misa del día domingo 25 de diciembre.

 

Isaías 52,7-10: canto de gozo, ya que viene el que trae la Buena Noticia: la salvación a un pueblo en ruinas.

Hebreos 1,1-6: en la introducción de la carta se afirma que Cristo ocupa el lugar central en la Historia de Salvación, ya que El es el Hijo por excelencia, superior a todos.

Juan 1,1-18: obertura del evangelio de Juan. Tema principal: Jesús, el Hijo, es la manifestación del Padre. El es la Palabra hecha carne.

1.-  Contemplando el misterio de la Navidad nos encontramos con que Jesús es la Palabra o Verbo de Dios. ¿Qué sentido tiene esto? Verbo, Palabra, es la expresión de la persona. Nosotros nos expresamos por medio de la palabra. Esta puede ser hablada (voz), puede ser expresada con gestos y signos (escritura, etc.). Como sea, es la palabra la que nos da a conocer a los demás.

Jesús es la Palabra que siempre ha estado en Dios y es Dios. Y esta Palabra se hace carne, humano, para habitar entre nosotros; se instaló, puso su morada entre nosotros. Pero el mundo no supo reconocer ni aceptar su presencia, como tampoco lo hizo el Pueblo escogido.

2.- El Señor, como lo contemplábamos anoche, nació fuera, porque no había lugar para Él en la ciudad. . Este es el destino de Jesús; ser un extraño para los suyos. Vino a los suyos y éstos no lo recibieron. El no tiene dónde reclinar su cabeza. Brilla en las tinieblas y éstas  no perciben, no captan su presencia benefactora.

Siendo Él el autor de todo el mundo éste no lo conoció. ¿Por qué no lo conoce ni capta? Porque está ciego, no cree en Él.

3.- Algo parecido sucede hoy día. Jesús está en medio, la luz brilla para nosotros, pero no la percibimos. En Jesús y por Jesús se expresa, se manifiesta Dios. Pero no entendemos su lenguaje. A un extranjero entendemos su lenguaje cuando captamos su idioma. A Dios lo entendemos cuando captamos a Jesús, la Palabra del Padre. Y para ello es necesario captar a Jesús, el idioma de Dios. ¿Y cómo captar el idioma de Dios, que es Cristo?  San Pablo nos dirá: “No se acomoden a este mundo, al contrario, transfórmense mediante la renovación de la mente” (Romanos 12,2).

Mientras seamos mundanos, con mentalidad mundana, seremos como extranjeros, no entenderemos a Dios ni a su Enviado Jesucristo.

4.- Por eso qué importante es estar en comunión con Dios, aceptarlo. Ya que sólo los que lo aceptan, creen en Él, pueden llegar a ser hijos de Dios, estar en plena sintonía con Dios, como lo está el Hijo por excelencia, Jesús.

En Jesús y por Jesús se expresa y manifiesta Dios, pero también en Jesús y por Jesús se expresa y manifiesta el hombre. En Jesús nosotros captamos a Dios. En Jesús el Padre nos capta y nos ama con un amor entrañable.

Hoy, Navidad, de un modo especial entramos en comunión con el Señor. Pero debemos estar en sintonía con El, es decir, transformar nuestra mente y hacer siempre su Voluntad. Entonces sí habrá comunión.

                                                                     Hno. Pastor Salvo Beas.

 

EDD. viernes 23 de diciembre de 2016

Feria de Adviento: Semana antes de Navidad (23 dic.)
http://evangeliodeldia.org/main.php?language=SP&module=readings&localdate=20161222


Libro de Malaquías 3,1-4.23-24.
Así habla el Señor Dios.
Yo envío a mi mensajero, para que prepare el camino delante de mí. Y en seguida entrará en su Templo el Señor que ustedes buscan; y el Angel de la alianza que ustedes desean ya viene, dice el Señor de los ejércitos.
¿Quién podrá soportar el Día de su venida? ¿Quién permanecerá de pie cuando aparezca? Porque él es como el fuego del fundidor y como la lejía de los lavanderos.
El se sentará para fundir y purificar: purificará a los hijos de Leví y los depurará como al oro y la plata; y ellos serán para el Señor los que presentan la ofrenda conforme a la justicia.
La ofrenda de Judá y de Jerusalén será agradable al Señor, como en los tiempos pasados, como en los primeros años.
Yo les voy a enviar a Elías, el profeta, antes que llegue el Día del Señor, grande y terrible.
El hará volver el corazón de los padres hacia sus hijos y el corazón de los hijos hacia sus padres, para que yo no venga a castigar el país con el exterminio total.
Salmo 25(24),4-5.8-9.10.14.
Muéstrame, Señor, tus caminos,
enséñame tus senderos.
Guíame por el camino de tu fidelidad;
enséñame, porque tú eres mi Dios y mi salvador,
Yo espero en ti todo el día,
El Señor es bondadoso y recto:
por eso muestra el camino a los extraviados;
él guía a los humildes para que obren rectamente
y enseña su camino a los pobres.
Todos los senderos del Señor son amor y fidelidad,
para los que observan los preceptos de su alianza.
El Señor da su amistad a los que lo temen
y les hace conocer su alianza.
Evangelio según San Lucas 1,57-66.
Cuando llegó el tiempo en que Isabel debía ser madre, dio a luz un hijo.
Al enterarse sus vecinos y parientes de la gran misericordia con que Dios la había tratado, se alegraban con ella.
A los ocho días, se reunieron para circuncidar al niño, y querían llamarlo Zacarías, como su padre;
pero la madre dijo: «No, debe llamarse Juan».
Ellos le decían: «No hay nadie en tu familia que lleve ese nombre».
Entonces preguntaron por señas al padre qué nombre quería que le pusieran.
Este pidió una pizarra y escribió: «Su nombre es Juan». Todos quedaron admirados.
Y en ese mismo momento, Zacarías recuperó el habla y comenzó a alabar a Dios.
Este acontecimiento produjo una gran impresión entre la gente de los alrededores, y se lo comentaba en toda la región montañosa de Judea.
Todos los que se enteraron guardaban este recuerdo en su corazón y se decían: «¿Qué llegará a ser este niño?». Porque la mano del Señor estaba con él.
Comentario del Evangelio por San Agustín (354-430), obispo de Hipona (África del Norte), doctor de la Iglesia. Sermón 6 sobre la Natividad de S. Juan Bautista.
“¿Qué va a ser este niño?”
¿Cuál será la gloria del juez, si la gloria de su heraldo es tan grande? ¿Quién será el que es el camino (Jn 14,5) si es tan grande el que prepara el camino? (Lc 3,6) … Celebramos la natividad de Juan. Celebramos la natividad de Cristo… Juan nace de una mujer estéril. Cristo nace de una joven virgen. La edad de los padres no facilitaba el nacimiento de Juan. El nacimiento de Cristo tiene lugar sin la intervención del varón.  Juan es profetizado por un ángel, Jesús es concebido por el anuncio de un ángel… el nacimiento de Juan es objeto de incredulidad y su padre queda mudo. María cree en el nacimiento de Cristo y concibe por la fe…
Juan aparece como una frontera situada entre los dos testamentos, el antiguo y el nuevo. El Señor mismo declara que Juan es como una frontera cuando dice: “La ley y los profetas llegan hasta Juan” (Lc 16,16) .Juan representa a la vez lo antiguo y lo nuevo. Siendo testimonio de lo antiguo nace de padres ancianos.  Siendo el testimonio de los tiempos venideros, es profeta desde el seno de su madre (Lc 1,41)… Aparece como precursor de Cristo antes de verlo con sus ojos. Son cosas divinas que sobrepasan la capacidad de nuestra fragilidad humana.
Por fin, nace Juan, recibe su nombre y la lengua de su padre se desata. Todos estos acontecimientos hay que contemplarlos en su significado profundo.

EDD. jueves 22 de diciembre de 2016

Feria de Adviento: Semana antes de Navidad (22 dic.)
http://evangeliodeldia.org/main.php?language=SP&module=readings&localdate=20161221


Primer Libro de Samuel 1,24-28.
Cuando el niño dejó de mamar, lo subió con ella, llevando además un novillo de tres años, una medida de harina y un odre de vino, y lo condujo a la Casa del Señor en Silo. El niño era aún muy pequeño.
Y después de inmolar el novillo, se lo llevaron a Elí.
Ella dijo: «Perdón, señor mío, ¡por tu vida, señor!, yo soy aquella mujer que estuvo aquí junto a ti, para orar al Señor.
Era este niño lo que yo suplicaba al Señor, y él me concedió lo que le pedía.
Ahora yo, a mi vez, se lo cedo a él; para toda su vida queda cedido al Señor». Después se postraron delante del Señor.
Primer Libro de Samuel 2,1.4-5.6-7.8abcd.
Mi corazón se regocija en el Señor,
tengo la frente erguida gracias a mi Dios.
Mi boca se ríe de mis enemigos,
porque tu salvación me ha llenado de alegría.
El arco de los valientes se ha quebrado,
y los vacilantes se ciñen de vigor;
los satisfechos se contratan por un pedazo de pan,
y los hambrientos dejan de fatigarse;
la mujer estéril da a luz siete veces,
y la madre de muchos hijos se marchita.
El Señor da la muerte y la vida,
hunde en el Abismo y levanta de él.
El Señor da la pobreza y la riqueza,
humilla y también enaltece.
El levanta del polvo al desvalido
y alza al pobre de la miseria,
para hacerlos sentar con los príncipes
y darles en herencia un trono de gloria.
Evangelio según San Lucas 1,46-56.
María dijo entonces:
«Mi alma canta la grandeza del Señor,
y mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi Salvador,
porque el miró con bondad la pequeñez de tu servidora.
En adelante todas las generaciones me llamarán feliz».
Porque el Todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas:
¡su Nombre es santo!
Su misericordia se extiende de generación en generación
sobre aquellos que lo temen.
Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los soberbios de corazón.
Derribó a los poderosos de su trono y elevó a los humildes.
Colmó de bienes a los hambrientos
y despidió a los ricos con las manos vacías.
Socorrió a Israel, su servidor,
acordándose de su misericordia,
como lo había prometido a nuestros padres,
en favor de Abraham y de su descendencia para siempre».
María permaneció con Isabel unos tres meses y luego regresó a su casa.
Comentario del Evangelio por San Luís María de Griñón de Monfort (1673-1716) predicador, fundador de comunidades religiosas. Tratado sobre la verdadera devoción a la Virgen María.
“El Poderoso ha hecho maravillas por mí.”
María vivió una vida muy escondida…Su humildad fue tan grande que no experimentó en la tierra ninguna atracción mayor y más continua que la de esconderse ante si misma y ante toda criatura, para ser conocida de sólo Dios…Dios Padre consintió que ella no hiciera ningún milagro en su vida, o por lo menos ningún milagro espectacular… Dios Hijo consintió que ella no hablara apenas, aunque el le había comunicado su sabiduría. Dios Espíritu Santo consintió en que sus apóstoles y evangelistas hablaran muy poco de ella, siendo necesario para dar a conocer a Jesucristo, aunque ella fuera su Esposa fiel.
María es la obra maestra acabada del Altísimo quien se reservó para sí el conocerla y poseerla… María es el manantial sellado y la Esposa fiel del Espíritu Santo donde él sólo tiene entrada. María es el santuario y el reposo de la Santísima Trinidad donde Dios mora con una magnificencia y divinidad mayor que en cualquier otro lugar del universo, sin exceptuar su morada sobre los querubines y serafines. A ninguna criatura le es permitida, por muy pura que sea, entrar en este santuario sino es por un gran privilegio.
Digo con los santos: María es el paraíso terrestre del nuevo Adán…Es el mundo grande y divino de Dios donde hay bellezas escondidas y tesoros inefables. Es la magnificencia del Altísimo, donde escondió, como en su seno, al Hijo único y con él todo lo que hay de excelente y precioso en el mundo. Oh, qué cosas tan grandes y escondido ha hecho Dios en esta criatura admirable, como ella misma se ve obligada a confesar, a pesar de su humildad profunda: “El Poderoso hacho maravillas por mí.” El mundo no los conoce porque es incapaz e indigno de ello.

Texto completo de la catequesis del papa Francisco en la audiencia del 21 de diciembre de 2016

En las casas de los cristianos durante el tiempo de Adviento se prepara el pesebre y sus personajes están inmersos en esta atmósfera de esperanza.
https://es.zenit.org/articles/texto-completo-de-la-catequesis-del-papa-francisco-en-la-audiencia-del-21-de-diciembre-de-2016/
•21 diciembre 2016•Redaccion•El papa Francisco
(ZENIT – Ciudad del Vaticano).- En la última audiencia general antes de Navidad, el Papa Francisco ha dedicado la catequesis al momento en que la esperanza entra en el mundo con la encarnación del Hijo de Dios. Y que la Navidad solamente es una verdadera fiesta si en el centro está Jesús. Después de las lecturas el Pontífice leyó el texto de la catequesis en italiano, que proponemos a continuación.
Texto completo
“¡Queridos hermanos y hermanas!, hemos iniciado hace poco un camino de catequesis sobre el tema de la esperanza, muy apto para el tiempo de Adviento. A guiarnos ha sido hasta ahora el profeta Isaías.
Hoy, cuando faltan pocos días para la Navidad, quisiera reflexionar de modo más específico sobre el momento en el cual, por así decir, la esperanza ha entrado en el mundo, con la encarnación del Hijo de Dios.
El mismo profeta Isaías había preanunciado el nacimiento del Mesías en algunos pasajes: «Miren, la joven está embarazada y dará a luz un hijo, y lo llamará con el nombre de Emanuel» (7,14); y también – en otro pasaje – «Saldrá una rama del tronco de Jesé y un retoño brotará de sus raíces» (11,1).
En estos pasajes se entre ve el sentido de la Navidad: Dios cumple la promesa haciéndose hombre; no abandona a su pueblo, se acerca hasta despojarse de su divinidad. De este modo Dios demuestra su fidelidad e inaugura un Reino nuevo, que dona una nueva esperanza a la humanidad. Y ¿cuál es esta esperanza? La vida eterna.
Cuando se habla de la esperanza, muchas veces se refiere a lo que no está en el poder del hombre y que no es visible. De hecho, lo que esperamos va más allá de nuestras fuerzas y nuestra mirada. Pero el Nacimiento de Cristo, inaugurando la redención, nos habla de una esperanza distinta, una esperanza segura, visible y comprensible, porque está fundada en Dios
Él entra en el mundo y nos dona la fuerza para caminar con Él: Dios camina con nosotros en Jesús, caminar con Él hacia la plenitud de la vida, nos da la fuerza para estar de una manera nueva en el presente, a pesar de exigir esfuerzo.
Esperar para el cristiano significa la certeza de estar en camino con Cristo hacia el Padre que nos espera. La esperanza jamás está detenida, la esperanza siempre está en camino y nos hace caminar. Esta esperanza, que el Niño de Belén nos dona, ofrece una meta, un destino bueno en el presente, la salvación para la humanidad, la bienaventuranza para quien se encomienda a Dios misericordioso.
San Pablo resume todo esto con la expresión: “En la esperanza hemos sido salvados” (Rom 8,24). Es decir, caminando de este modo, con esperanza, somos salvados.
Y aquí podemos hacernos una pregunta, cada uno de nosotros: ¿yo camino con esperanza o mi vida interior está detenida, cerrada? ¿Mi corazón es un cajón cerrado o es un cajón abierto a la esperanza que me hace caminar? No solo sino con Jesús. Una buena pregunta para hacernos.
En las casas de los cristianos, durante el tiempo de Adviento, se prepara el pesebre, según la tradición que se remonta a San Francisco de Asís. En su simplicidad, el pesebre transmite esperanza; cada uno de los personajes está inmerso en esta atmósfera de esperanza.
Antes que nada notamos el lugar en el cual nace Jesús: Belén. Un pequeño pueblo de Judea donde mil años antes había nacido David, el pastor elegido por Dios como rey de Israel.
Belén no es una capital, y por esto es preferida por la providencia divina, que ama actuar a través de los pequeños y los humildes. En aquel lugar nace el “hijo de David” tan esperado, Jesús, en el cual la esperanza de Dios y la esperanza del hombre se encuentran.
Después miramos a María, Madre de la esperanza. Con su ‘sí’ abrió a Dios la puerta de nuestro mundo: su corazón de joven estaba lleno de esperanza, completamente animada por la fe; y así Dios la ha elegido y ella ha creído en su palabra.
Aquella que durante nueve meses ha sido el arca de la nueva y eterna Alianza, en la gruta contempla al Niño y ve en Él el amor de Dios, que viene a salvar a su pueblo y a toda la humanidad.
Junto a María estaba José, descendiente de Jesé y de David; también él ha creído en las palabras del ángel, y mirando a Jesús en el pesebre, piensa que aquel Niño viene del Espíritu Santo, y que Dios mismo le ha ordenado llamarle así, ‘Jesús’.
En este nombre está la esperanza para todo hombre, porque mediante este hijo de mujer, Dios salvará a la humanidad de la muerte y del pecado. ¡Por esto es importante mirar el pesebre! Detenerse un poco y mirar y ver cuanta esperanza hay en esta gente.
Y también en el pesebre están los pastores, que representan a los humildes y a los pobres que esperaban al Mesías, el «consuelo de Israel» (Lc 2,25) y la «redención de Jerusalén» (Lc 2,38).
En aquel Niño ven la realización de las promesas y esperan que la salvación de Dios llegue finalmente para cada uno de ellos. Quien confía en sus propias seguridades, sobre todo materiales, no espera la salvación de Dios.
Pero hagamos entrar esto en la cabeza: nuestras propias seguridades no nos salvaran. Solamente la seguridad que nos salva es aquella de la esperanza en Dios. Nos salva porque es fuerte y nos hace caminar en la vida con alegría, con ganas de hacer el bien, con las ganas de ser felices para toda la eternidad.
Los pequeños, los pastores, en cambio confían en Dios, esperan en Él y se alegran cuando reconocen en este Niño el signo indicado por los ángeles (Cfr. Lc 2,12).
Y justamente el coro de los ángeles anuncia desde lo alto el gran designio que aquel Niño realiza: ‘¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra, paz a los hombres amados por él’ (Lc 2,14).
La esperanza cristiana se expresa en la alabanza y en el agradecimiento a Dios, que ha inaugurado su Reino de amor, de justicia y de paz.
Queridos hermanos y hermanas, en estos días, contemplando el pesebre, nos preparamos para el Nacimiento del Señor. Será verdaderamente una fiesta si acogemos a Jesús, semilla de esperanza que Dios siembra en los surcos de nuestra historia personal y comunitaria. Cada ‘sí’ a Jesús que viene es un germen de esperanza.
Tengamos confianza en este germen de esperanza, en este sí: ‘Si Jesús, tú puedes salvarme, tú puedes salvarme’. ¡Feliz Navidad de esperanza para todos!”.

Comentario al evangelio de hoy miércoles 21 de diciembre de 2016.

Servicio pronto y alegre.

IV Miércoles de Adviento. Ciclo A. 
La Visitación a Santa Isabel.
Por: H. Rubén Tornero, LC
Fuente: http://es.catholic.net/op/articulos/63981/servicio-pronto-y-alegre.html 

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Jesús, gracias por este momento que me permites estar en tu presencia. Aumenta mi fe. Ayúdame a creer con firmeza en tu amor y tu poder. Aumenta mi esperanza. Dame la gracia de confiarte a Ti todo mi ser, de abandonarme en tus amorosos brazos de Padre. Ayúdame a amarte cada día más, pero, ante todo, dame la gracia de experimentar el infinito amor que me tienes.
María, en estos últimos días de Adviento, ayúdame a preparar en mi corazón un lugar donde Jesús pueda nacer.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Lucas 1, 39-45
En aquellos días, María se encaminó presurosa a un pueblo de las montañas de Judea, y entrando en la casa de Zacarías, saludó a Isabel. En cuanto ésta oyó el saludo de María, la creatura saltó en su seno.
Entonces Isabel quedó llena del Espíritu Santo, y levantando la voz, exclamó: «¡Bendita Tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo, para que la Madre de mi Señor venga a verme? Apenas llegó tu saludo a mis oídos, el niño saltó de gozo en mi seno. Dichosa Tú, que has creído, porque se cumplirá cuanto te fue anunciado de parte del Señor».
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio.
María, te veo ir presurosa a donde está Isabel. Tú, que serás madre de Dios. Tú, que no tienes ninguna «obligación» de servir – pues también estás embarazada – te adelantas a las necesidades de los demás, ni siquiera esperas a que te lo pidan, vas presurosa y gustosa a ayudar…
¿Y yo?, ¿también me adelanto a las necesidades de los demás?, ¿o me tienen que rogar para que ayude? Y cuando ayudo, ¿cómo lo hago?, ¿presuroso y con alegría al igual que tú?, ¿o con cara de pepinillo en vinagre?
María, ayúdame a servir con alegría a los demás. Dile a tu Hijo que me arrepiento de no haber estado atento a las necesidades de los demás. Alcánzame la gracia de, a partir de ahora, estar atento a las necesidades de los que me rodean y de ayudar con alegría al igual que tú.
Isabel escuchó tu saludo y quedó llena del Espíritu Santo. ¡Qué lección tan grande me dan ambas! Por una parte, tú misma quedaste llena del Espíritu Santo cuando, no hace mucho tiempo, el ángel te saludara y te anunciara que serías la madre del Mesías. Por otra parte, Isabel ha sabido, en un simple saludo, descubrir en ti al Salvador del mundo y ha quedado, también ella, llena del Espíritu Santo. Las dos han sido capaces de descubrir la voz de Dios en una cosa tan cotidiana como lo es un saludo…
¡Cuántas veces yo no soy capaz de descubrir la voz del Señor en los momentos cotidianos de mi vida!
Madre, ¡no permitas que mi corazón se encierre en mí mismo!, ¡que no sea ciego ante las necesidades de los demás ni sordo ante la voz de Dios que me llama en lo cotidiano!

«María se puso en camino “de prisa…”. A pesar de las dificultades y de las críticas que pudo recibir, no se demora, no vacila, sino que va, y va “de prisa”, porque en ella está la fuerza de la Palabra de Dios. Y su actuar está lleno de caridad, lleno de amor: esta es la marca de Dios. María va a ver a Isabel, no para que le digan que es buena, sino para ayudarla, para ser útil, para servir. Y en este salir de su casa, de sí misma, por amor, se lleva lo más valioso que tiene: Jesús, el Hijo de Dios, el Señor. Isabel lo comprende inmediatamente: “¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor?”; el Espíritu Santo suscita en ella resonancias de fe y de alegría: “Pues, en cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre”.»
(Discurso de S.S. Francisco, 31 de julio de 2016).

Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Hoy voy a hacer un acto de caridad sin que nadie se dé cuenta.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

EDD. miércoles 21 de diciembre de 2016.

Feria de Adviento: Semana antes de Navidad (21 dic.)

Cantar de los Cantares 2,8-14.
¡La voz de mi amado! Ahí viene, saltando por las montañas, brincando por las colinas.
Mi amado es como una gacela, como un ciervo joven. Ahí está: se detiene detrás de nuestro muro; mira por la ventana, espía por el enrejado.
Habla mi amado, y me dice: «¡Levántate, amada mía, y ven, hermosa mía!
Porque ya pasó el invierno, cesaron y se fueron las lluvias.
Aparecieron las flores sobre la tierra, llegó el tiempo de las canciones, y se oye en nuestra tierra el arrullo de la tórtola.
La higuera dio sus primeros frutos y las viñas en flor exhalan su perfume. ¡Levántate, amada mía, y ven, hermosa mía!
Paloma mía, que anidas en las grietas de las rocas, en lugares escarpados, muéstrame tu rostro, déjame oír tu voz; porque tu voz es suave y es hermoso tu semblante». Coro
Salmo 33(32),2-3.11-12.20-21.
Alaben al Señor con la cítara,
toquen en su honor el arpa de diez cuerdas;
entonen para él un canto nuevo,
toquen con arte, profiriendo aclamaciones.
El designio del Señor
permanece para siempre,
y sus planes, a lo largo de las generaciones.
¡Feliz la nación cuyo Dios es el Señor,
el pueblo que él se eligió como herencia!
Nuestra alma espera en el Señor;
él es nuestra ayuda y nuestro escudo.
Nuestro corazón se regocija en él:
nosotros confiamos en su santo Nombre.
Evangelio según San Lucas 1,39-45.
María partió y fue sin demora a un pueblo de la montaña de Judá.
Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel.
Apenas esta oyó el saludo de María, el niño saltó de alegría en su seno, e Isabel, llena del Espíritu Santo,
exclamó: «¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre!
¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme?
Apenas oí tu saludo, el niño saltó de alegría en mi seno.
Feliz de ti por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor».
Comentario del Evangelio por Santa Teresa del Niño Jesús (1873-1897), carmelita descalza, doctora de la Iglesia. Poesía «Porqué te amo, María», estrf. 4-7.
« El poderoso ha hecho obras grandes por mí» (Lc 1,49)
Te amo cuando proclamas que eres la sierva del Señor,
del Señor a quien tú con tu humildad cautivas. (Lc 1,38)
Esta es la gran virtud que te hace omnipotente
y a tu corazón lleva la Santa Trinidad.
Entonces el Espíritu, Espíritu de amor, te cubre con su sombra, (Lc 1,35)
y el Hijo, igual al Padre, se encarna en ti…
¡Muchos habrán de ser sus hermanos pecadores
para que se le llame: Jesús, tu primogénito! (Lc 2,7)
María, tú lo sabes: como tú, no obstante ser pequeña,
poseo y tengo en mí al todopoderoso.
Mas no me asuste mi gran debilidad,
pues todos los tesoros de la madre son también de la hija,
y yo soy hija tuya, Madre mía querida.
¿Acaso no son mías tus virtudes y tu amor también mío?
Así, cuando la pura y blanca Hostia baja a mi corazón,
tu Cordero, Jesús, sueña estar reposando en ti misma, María.
Tú me haces comprender, que no me es imposible
caminar tras tus huellas, ¡oh Reina de los santos!.
Nos hiciste visible el estrecho camino que va al cielo
con la constante práctica de virtudes humildes.
Imitándote a ti, permanecer pequeña es mi deseo,
veo cuán vanas son las riquezas terrenas.
Al verte ir presurosa a tu prima Isabel,
de ti aprendo, María, a practicar la caridad ardiente.
En casa de Isabel escucho, de rodillas,
el cántico sagrado, ¡oh Reina de los ángeles!,
que de tu corazón brota exaltado (Lc 1,46s)
Me enseñas a cantar los loores divinos,
a gloriarme en Jesús, mi Salvador.
Tus palabras de amor son las místicas rosas
que envolverán en su perfume vivo a los siglos futuros.
En ti el Omnipotente obró sus maravillas,
yo quiero meditarlas y bendecir a Dios.