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Autor: Patricio Osiadacz

Comentario al evangelio de hoy lunes 30 de enero de 2017

¿Por qué tener miedo de un Dios tan bueno?

IV Lunes de Tiempo Ordinario. Ciclo A.
Por: H. Cristian Gutiérrez LC
Fuente: http://es.catholic.net/op/articulos/64247/por-que-tener-miedo-de-un-dios-tan-bueno.html

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Señor, vengo ante Ti porque te necesito. Estar contigo es mi mayor alegría. Te pido me concedas aquella gracia que sabes tengo necesidad de ella. Te amo pero quiero amarte un poco más en este día. Perdóname las veces que te he fallado, que te he ofendido o que te he dejado solo. Aumenta mi fe, mi esperanza y mi caridad.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Marcos 5, 1-20
En aquel tiempo, después de atravesar el lago de Genesaret, Jesús y sus discípulos llegaron a la otra orilla, a la región de los gerasenos. Apenas desembarcó Jesús, vino corriendo desde el cementerio un hombre poseído por un espíritu inmundo, que vivía en los se- pulcros. Ya ni con cadenas podían sujetarlo; a veces habían intentado sujetarlo con argollas y cadenas, pero él rompía las cadenas y destrozaba las argollas; nadie tenía fuerzas para dominarlo. Se pasaba días y noches en los sepulcros o en el monte, gritando y golpeándose con piedras.
Cuando aquel hombre vio de lejos a Jesús, se echó a correr, vino a postrarse ante él y gritó a voz en cuello: “ Qué quieres tú conmigo, Jesús, Hijo de Dios altísimo? Te ruego por Dios que no me atormentes”.
Dijo esto porque Jesús le había mandado al espíritu inmundo que saliera de aquel hombre. Entonces le preguntó Jesús: “ Cómo te llamas?”. Le respondió: “Me llamo Legión, porque somos muchos”. Y le rogaba con insistencia que no los expulsara de aquella comarca.
Había allí una gran piara de cerdos, que andaban comiendo en la falda del monte. Los espíritus le rogaban a Jesús: “Déjanos salir de aquí para meternos en esos cerdos”. Y él se lo permitió. Los espíritus inmundos salieron del hombre y se metieron en los cerdos; y todos los cerdos, unos dos mil, se precipitaron por el acantilado hacia el lago y se ahogaron.
Los que cuidaban los cerdos salieron huyendo y contaron lo sucedido, en el pueblo y en el campo. La gente fue a ver lo que había pasado. Se acercaron a Jesús y vieron al antes endemoniado, ahora en su sano juicio, sentado y vestido. Entonces tuvieron miedo. Y los que habían visto todo, les contaron lo que le había ocurrido al endemoniado y lo de los cerdos. Ellos comenzaron a rogarle a Jesús que se marchara de su comarca.
Mientras Jesús se embarcaba, el endemoniado le suplicaba que lo admitiera en su compañía, pero él no se lo permitió y le dijo: “Vete a tu casa a vivir con tu familia y cuéntales lo misericordioso que ha sido el Señor contigo”. Y aquel hombre se alejó de ahí y se puso a proclamar por la región de Decápolis lo que Jesús había hecho por él. Y todos los que lo oían se admiraban.
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio.
En este pasaje evangélico de hoy me hablas de un hecho maravilloso. Expulsas un demonio que poseía a un hombre y le impedía llevar una vida normal. La gente de aquel tiempo se asusta de tu acción y te piden te marches de aquel lugar. Las personas tienen miedo de Ti.
Es verdad que milagros de esa altura no se ven a diario. Sin embargo, tal vez les faltaba un poco de fe que les ayudará a reconocer en aquellas acciones portentosas, a un ser, una persona divina que les amaba sin medida y que estaba dispuesto a hacer lo que fuera por cada uno de ellos.
Hoy me dejas la enseñanza de que no hay que tenerte miedo. Tú te hiciste hombre para estar cercano a mí, para comprender mi situación, para vivir mi forma de vida. Tú descendiste del cielo para librarme de la mano del enemigo, para expulsar de mi existencia todo aquello que no me permite ser libre. Viniste a demostrarme tu amor, no sólo con palabras sino con obras concretas. Entonces, ¿qué puedo temer? ¿Por qué tener miedo de un Dios tan bueno como eres Tú?
No debo tener miedo de acercarme a Ti y pedirte cuanto necesito; de arrojarme en tus brazos y dejarme conducir por Ti. No debo temer que estés presente en mi día a día y que actúes de acuerdo a tu divina voluntad. No tengo motivo para atemorizarme de entrar a tu presencia, de visitarte en el Tabernáculo, de hablarte en la oración, de servirte en mis hermanos. Hoy me invitas a superar de tu mano mis temores y dejar que seas Tú quien me libre de todos ellos.
Finalmente, dame la gracia de ser un testigo de tu acción amorosa en mi vida, así como aquel hombre que sanaste permaneció en la comarca para dar testimonio de lo que habías hecho en su vida, para ser testigo de la misericordia de Dios.

«Nuestro Padre no se deja ganar en generosidad y siembra. Siembra su presencia en nuestro mundo, ya que “el amor no consiste en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó primero”. Amor que nos da una certeza honda: somos buscados por Él, somos esperados por Él. Esa confianza es la que lleva al discípulo a estimular, acompañar y hacer crecer todas las buenas iniciativas que existen a su alrededor. Dios quiere que todos sus hijos participen de la fiesta del Evangelio. No impidan todo lo bueno, dice Jesús, por el contrario, ayúdenlo a crecer.»
(Homilía de S.S. Francisco, 27 de septiembre de 2015).

Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Hoy haré una oración por todos aquellos cristianos que son perseguidos a causa de su fe, para que el Señor les dé su gracia y puedan superar las dificultades.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
 

EDD. lunes 30 de enero de 2017

Lunes de la cuarta semana del tiempo ordinario.
http://evangeliodeldia.org/main.php?language=SP&module=readings&localdate=20170128

Carta a los Hebreos 11,32-40.
¿Y qué más puedo decir? Me faltaría tiempo para hablar de Gedeón, de Barac, de Sansón, de Jefté, de David, de Samuel y de los Profetas.
Ellos, gracias a la fe, conquistaron reinos, administraron justicia, alcanzaron el cumplimiento de las promesas, cerraron las fauces de los leones,
extinguieron la violencia del fuego, escaparon del filo de la espada. Su debilidad se convirtió en vigor: fueron fuertes en la lucha y rechazaron los ataques de los extranjeros.
Hubo mujeres que recobraron con vida a sus muertos. Unos se dejaron torturar, renunciando a ser liberados, para obtener una mejor resurrección.
Otros sufrieron injurias y golpes, cadenas y cárceles.
Fueron apedreados, destrozados, muertos por la espada. Anduvieron errantes, cubiertos con pieles de ovejas y de cabras, desprovistos de todo, oprimidos y maltratados.
Ya que el mundo no era digno de ellos, tuvieron que vagar por desiertos y montañas, refugiándose en cuevas y cavernas.
Pero, aunque su fe los hizo merecedores de un testimonio tan valioso, ninguno de ellos entró en posesión de la promesa.
Porque Dios nos tenía reservado algo mejor, y no quiso que ellos llegaran a la perfección sin nosotros.
Salmo 31(30),20.21.22.23.24.
¡Qué grande es tu bondad, Señor!
Tú la reservas para tus fieles;
y la brindas a los que se refugian en ti,
en la presencia de todos.
Tú los ocultas al amparo de tu rostro
de las intrigas de los hombres;
y los escondes en tu Tienda de campaña,
lejos de las lenguas pendencieras.
¡Bendito sea el Señor!
Él me mostró las maravillas de su amor
en el momento del peligro.
En mi turbación llegué a decir:
“He sido arrojado de tu presencia”.
Pero tú escuchaste la voz de mi súplica,
cuando yo te invocaba.
Amen al Señor, todos sus fieles,
porque él protege a los que son leales
y castiga con severidad a los soberbios.
Evangelio según San Marcos 5,1-20.
Llegaron a la otra orilla del mar, a la región de los gerasenos.
Apenas Jesús desembarcó, le salió al encuentro desde el cementerio un hombre poseído por un espíritu impuro.
El habitaba en los sepulcros, y nadie podía sujetarlo, ni siquiera con cadenas.
Muchas veces lo habían atado con grillos y cadenas, pero él había roto las cadenas y destrozado los grillos, y nadie podía dominarlo.
Día y noche, vagaba entre los sepulcros y por la montaña, dando alaridos e hiriéndose con piedras.
Al ver de lejos a Jesús, vino corriendo a postrarse ante él,
gritando con fuerza: «¿Qué quieres de mí, Jesús, Hijo de Dios, el Altísimo? ¡Te conjuro por Dios, no me atormentes!».
Porque Jesús le había dicho: «¡Sal de este hombre, espíritu impuro!».
Después le preguntó: «¿Cuál es tu nombre?». El respondió: «Mi nombre es Legión, porque somos muchos».
Y le rogaba con insistencia que no lo expulsara de aquella región.
Había allí una gran piara de cerdos que estaba paciendo en la montaña.
Los espíritus impuros suplicaron a Jesús: «Envíanos a los cerdos, para que entremos en ellos».
El se lo permitió. Entonces los espíritus impuros salieron de aquel hombre, entraron en los cerdos, y desde lo alto del acantilado, toda la piara -unos dos mil animales- se precipitó al mar y se ahogó.
Los cuidadores huyeron y difundieron la noticia en la ciudad y en los poblados. La gente fue a ver qué había sucedido.
Cuando llegaron adonde estaba Jesús, vieron sentado, vestido y en su sano juicio, al que había estado poseído por aquella Legión, y se llenaron de temor.
Los testigos del hecho les contaron lo que había sucedido con el endemoniado y con los cerdos.
Entonces empezaron a pedir a Jesús que se alejara de su territorio.
En el momento de embarcarse, el hombre que había estado endemoniado le pidió que lo dejara quedarse con él.
Jesús no se lo permitió, sino que le dijo: «Vete a tu casa con tu familia, y anúnciales todo lo que el Señor hizo contigo al compadecerse de ti».
El hombre se fue y comenzó a proclamar por la región de la Decápolis lo que Jesús había hecho por él, y todos quedaban admirados.
Comentario del Evangelio por Santa Teresa de Calcuta (1910-1997), fundadora de las Hermanas Misioneras de la Caridad. Nadie tiene amor más grande.
«El endemoniado le pidió que lo admitiese en su compañía… Pero le dijo: ‘Vete a casa con los tuyos y anúnciales lo que el Señor ha hecho contigo’»
Estamos llamados a amar al mundo. Y tanto amó Dios al mundo que le dio a Jesús (Jn 3,16). Hoy, ama tanto al mundo que nos da al mundo, a ti y a mí, para que seamos su amor, su compasión, su presencia a través de una vida de oración, de sacrificio, de abandono. La respuesta que Dios espera de ti es que llegues a ser contemplativo, que seas contemplativo.
Cojámosle la palabra a Jesús y seamos contemplativos en el corazón del mundo, porque, si tenemos fe, estamos perpetuamente en su presencia. El alma, través de la contemplación, saca directamente del corazón de Dios las gracias que la vida activa tiene el encargo de distribuir. Nuestras existencias deben estar unidas a Cristo que nos habita. Si no vivimos en la presencia de Dios, no podemos perseverar.
¿Qué es la contemplación? Vivir la vida de Jesús. Es así como yo la comprendo. Amar a Jesús, vivir su vida en el seno de la nuestra, vivir la nuestra en el seno de la suya… La contemplación no es encerrarse en una cabina oscura, sino dejar que sea Jesús quien viva su Pasión, su amor, su humildad en nosotros, que ore con nosotros, que esté con nosotros, y santifique a través nuestro. Nuestra vida y nuestra contemplación son una misma cosa. No se trata aquí de hacer sino de ser. De hecho se trata del gozo pleno de nuestro espíritu por el Espíritu Santo que insufla en nosotros la plenitud de Dios y nos envía a toda la creación como su personal mensaje de amor (Mc 16,15).

Comentario al evangelio de hoy sábado 28 de enero de 2017

Señor, ¿duermes?

III Sábado de Tiempo Ordinario. Ciclo A. Por: H. Rubén Tornero LC
Fuente: http://es.catholic.net/op/articulos/64237/senor-duermes.html
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Jesús, te doy las gracias por este momento que Tú me regalas para encontrarme contigo. Creo en Ti, Jesús, pero ayúdame a creer con firmeza. Confío en Ti, en tu poder, pero, ayúdame a saber abandonarme en tus brazos. Te amo, mas regálame una experiencia de tu amor. Tú me amas, Jesús, sin importar lo que haga. Me amas por ser quien soy… yo te quiero amar y alabar por ser quien eres. Gracias, Jesús, por ser quien eres. A Ti la alabanza, la gloria y mi amor por siempre. Amén.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Marcos 4, 35-41
Un día, al atardecer, Jesús dijo a sus discípulos: “Vamos a la otra orilla del lago”. Entonces los discípulos despidieron a la gente y condujeron a Jesús en la misma barca en que estaba. Iban además otras barcas.
De pronto se desató un fuerte viento y las olas se estrellaban contra la barca y la iban llenando de agua. Jesús dormía en la popa, reclinado sobre un cojín. Lo despertaron y le dijeron: “Maestro, ¿no te importa que nos hundamos?”. Él se despertó, reprendió al viento y dijo al mar: “Cállate, enmudece!”. Entonces el viento cesó y sobrevino una gran calma. Jesús les dijo: “ Por qué tenían tanto miedo? ¿Aún no tienen fe?”. Todos se quedaron espantados y se decían unos a otros: “Quien es éste, a quien hasta el viento y el mar obedecen?”.
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio.
Jesús, Tú duermes en medio de una tormenta. No sé cómo puedes hacerlo. Es como si yo viajara en un avión, el piloto dijera que acaba de perder el control de la nave y que es posible que nos estrellemos, y yo pidiera a la azafata un par de audífonos para ver una película… ¿es que no te importa que se hundan? La misma pregunta me surge muy a menudo Señor, veo tanto mal en el mundo, tanta violencia, tanta injusticia… y Tú callas, casi como si durmieses… ¿Es que no te importa a dónde vaya a parar este mundo?, ¿o acaso duermes y no te enteras que vamos a la deriva? Te miro en silencio, allí, en el sagrario y me pregunto si duermes, si no te importa tanto dolor… Tú despertaste, Señor, e increpaste al mar y al viento… y te obedecieron. En un segundo cambiaste la tempestad en calma y la incredulidad de tus discípulos, en fe.
Miro alrededor, Señor, y me doy cuenta que de ninguna manera duermes, que trabajas.Tantos misioneros, tantos sacerdotes y almas consagradas, tantos laicos que, en silencio, transforman las peores tempestades en paz, portando tu palabra a los hospitales, pan a los hambrientos y consuelo a los tristes… No duermes, Jesús. Trabajas…sí, pero en silencio. Y yo ni escucho tu voz ni veo tus obras porque estoy más ocupado viendo y escuchando el mar y el viento que mirando tus obras. Jesús, me miras allí, hablando en lo profundo de mi corazón, y me invitas a dejarme de lamentos estériles y a ponerme a trabajar por la extensión de tu Reino.
Confío en Ti, Jesús. ¡Aumenta mi confianza! Yo también quiero trabajar por tu Reino y por mis hermanos. Lo haré. Dame la fuerza que necesito.
«Prometemos que nunca los olvidaremos. Nunca vamos a dejar de hablar por ustedes. Les aseguramos que haremos todo lo posible para abrir los ojos y los corazones del mundo.
La paz no es el fin de la historia. La paz es el inicio de una historia ligada al futuro. Europa debería saber esto mejor que cualquier otro continente. Esta hermosa isla [Lesbos], donde nos encontramos ahora, es sólo un punto en el mapa. Para domar el viento y el mar agitado Jesús ordenó al viento que cesase justo cuando la barca en el que estaban él y sus discípulos estaba en peligro. Luego la calma siguió a la tormenta.» (Cf Discurso de S.S. Francisco, 16 de abril de 2016).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Hoy haré una oración especial por todos los refugiados y migrantes, para que experimenten la consolación de una persona que trabaje en silencio por la extensión del Reino de Dios.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.
¡Cristo, Rey nuestro! ¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia. Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

EDD. sábado 28 de enero de 2017

Sábado de la tercera semana del tiempo ordinario.
http://evangeliodeldia.org/main.php?language=SP&module=readings&localdate=20170126

Carta a los Hebreos 11,1-2.8-19.
Hermanos:
La fe es la garantía de los bienes que se esperan, la plena certeza de las realidades que no se ven.
Por ella nuestros antepasados fueron considerados dignos de aprobación.
Por la fe, Abraham, obedeciendo al llamado de Dios, partió hacia el lugar que iba a recibir en herencia, sin saber a dónde iba.
Por la fe, vivió como extranjero en la Tierra prometida, habitando en carpas, lo mismo que Isaac y Jacob, herederos con él de la misma promesa.
Porque Abraham esperaba aquella ciudad de sólidos cimientos, cuyo arquitecto y constructor es Dios.
También por la fe, Sara recibió el poder de concebir, a pesar de su edad avanzada, porque juzgó digno de fe al que se lo prometía.
Y por eso, de un solo hombre, y de un hombre ya cercano a la muerte, nació una descendencia numerosa como las estrellas del cielo e incontable como la arena que está a la orilla del mar.
Todos ellos murieron en la fe, sin alcanzar el cumplimiento de las promesas: las vieron y las saludaron de lejos, reconociendo que eran extranjeros y peregrinos en la tierra.
Los que hablan así demuestran claramente que buscan una patria;
y si hubieran pensado en aquella de la que habían salido, habrían tenido oportunidad de regresar.
Pero aspiraban a una patria mejor, nada menos que la celestial. Por eso, Dios no se avergüenza de llamarse «su Dios» y, de hecho, les ha preparado una Ciudad.
Por la fe, Abraham, cuando fue puesto a prueba, presentó a Isaac como ofrenda: él ofrecía a su hijo único, al heredero de las promesas,
a aquel de quien se había anunciado: De Isaac nacerá la descendencia que llevará tu nombre.
Y lo ofreció, porque pensaba que Dios tenía poder, aun para resucitar a los muertos. Por eso recuperó a su hijo, y esto fue como un símbolo.
Evangelio según San Lucas 1,69-70.71-72.73-75.
Nos ha dado un poderoso Salvador
en la casa de David, su servidor,
como lo había anunciado mucho tiempo antes
por boca de sus santos profetas.
Para salvarnos de nuestros enemigos
y de las manos de todos los que nos odian.
Así tuvo misericordia de nuestros padres
y se acordó de su santa Alianza,
Se acordó del juramento que hizo a nuestro padre Abraham
de concedernos que, libres de temor,
arrancados de las manos de nuestros enemigos,
lo sirvamos en santidad y justicia
bajo su mirada, durante toda nuestra vida.
Evangelio según San Marcos 4,35-41.
Al atardecer de ese mismo día, les dijo: «Crucemos a la otra orilla».
Ellos, dejando a la multitud, lo llevaron a la barca, así como estaba. Había otras barcas junto a la suya.
Entonces se desató un fuerte vendaval, y las olas entraban en la barca, que se iba llenando de agua.
Jesús estaba en la popa, durmiendo sobre el cabezal.
Lo despertaron y le dijeron: «¡Maestro! ¿No te importa que nos ahoguemos?». Despertándose, él increpó al viento y dijo al mar: «¡Silencio! ¡Cállate!». El viento se aplacó y sobrevino una gran calma.
Después les dijo: «¿Por qué tienen miedo? ¿Cómo no tienen fe?».
Entonces quedaron atemorizados y se decían unos a otros: «¿Quién es este, que hasta el viento y el mar le obedecen?».
Comentario del Evangelio por San Antonio de Padua (1195-1231), franciscano, doctor de la Iglesia. Sermones para los domingos y fiestas de los santos.
“Se hizo una gran bonanza”
“Jesús subió a una barca” Después que alguien sube a la barca de la penitencia, el mar se altera. EL mar es nuestro corazón. “El corazón del hombre es complicado y enfermo: ¿quién lo conocerá?” dice Jeremías (17,9); “más potente que el oleaje del mar” (Sl 92,4). El orgullo le hincha, la ambición le hace salir de sus límites, la tristeza lo cubre de nubes, los vanos pensamientos lo turban, la lujuria y la gula le hacen enfurecer. Ahora bien, sólo los que suben a la barca de la penitencia sienten este movimiento del mar, esta violencia del viento, esta agitación de las olas. Los que se quedan en tierra no los perciben… el diablo, desde que se siente despreciado por la penitencia, estalla en escándalos y levanta la tempestad; y se marcha “dando gritos y sacudiéndolo violentamente” (Mc 9,26).
“Entonces Jesús ordena a los vientos y al mar”. Dios dice a Job: “¿Quién ha fijado los límites del mar?… Soy yo quien le ha dicho: Llegarás hasta aquí, y no irás más lejos; aquí  romperás las olas tumultuosas” (38,8-11) Tan sólo el Señor puede fijar los límites a la amargura de la persecución y de la tentación… Cuando él hace cesar la tentación, dice: Aquí romperás las olas tumultuosas”. La tentación, ante la misericordia de Jesucristo, cederá. Cuando el diablo nos tienta debemos decir con toda la devoción de nuestra alma: “En el nombre de Jesús de Nazaret, que ha ordenado a los vientos y al mar, te mando que te alejes de mí” (cf Hech 16,18).
“Y se hizo una gran bonanza” Es lo que leemos en el libro de Tobías: “Lo sé, Señor: el que te honra, después de haber sido probado en esta vida, será coronado; si sufre la tentación, será liberado; si tiene que sufrir, encontrará la misericordia porque tú no quieres que nos perdamos. Después de la tempestad, nos devuelves la calma; después de las lágrimas y los llantos, nos inundas de gozo” (3,21-22 Vlg).

Homilía para la Eucaristía del Domingo 29 de enero de 2017

Paz y Bien a todos. Roguemos por nuestra Patria para cesen los incendios y actos de terrorismo. Pastor.

DOMINGO IV DEL AÑO.

Sofonías 2,3; 3,12-13: en el texto, que es del Antiguo Testamento, encontramos una visión completa y perfecta del cristiano.  El profeta anuncia un Resto de Israel, es decir, un pueblo pobre, que es justo y vive sumiso a Dios. En el fondo un orden nuevo.

1Corintios 1,26-31: los cristianos deben tener en cuenta su condición y realidad: somos socialmente pobres. Dios tiene otros criterios para elegir, porque El no se fija en lo externo, sino en el interior de la persona.

Mateo 4,25-5,12: en la redacción de las Bienaventuranzas de Mateo Jesús habla al Resto de Israel, sus discípulos, que esperan sólo de Dios la salvación.

1.- Tal vez a más de alguno de ustedes llame la atención el que yo haya afirmado que en la primera lectura, que es del Antiguo Testamento,  se encuentra una visión completa y perfecta del cristiano, de un discípulo de Cristo. Y no es exagerado decir esto, ya que realmente alcanza a Dios es el pobre de verdad. Para Sofonías, y también para Cristo, el pobre es el justo, el que es recto ante Dios y vive acatando su divina voluntad.

Es la postura de pobre con relación no a la sociedad, sino a Dios. Los cristianos, teóricamente hablando, somos el Pueblo de Dios que confía en el nombre del Señor. Es la mejor definición de pobre y humilde, tan ajeno al concepto sociológico. Por eso, la pobreza material jamás puede ser objeto de ilusión, de virtud o de voto. Sólo el Reino de Dios le da sentido a la pobreza voluntaria.

2.- Cuando el Señor nos dice quiénes son los felices o bienaventurados está tomando como base la pobreza bíblica o evangélica, del que sabe depositar toda su confianza en el Señor.

En Sofonías, versículos anteriores al texto escuchado, Dios se queja de su Pueblo corrupto. Por eso Jesús, al presentar las Bienaventuranzas, está echando las bases de un Orden nuevo, de un nuevo Pueblo de Dios, que sabrá vivir en una auténtica actitud de pobreza de espíritu. Porque sólo el pobre va a poseer el Reino, va a ser consolado por Dios, saciado por Dios, alcanzará la misericordia de Dios. Porque la causa de la felicidad no es ni la pobreza, ni la aflicción, ni los sufrimientos; la causa es Dios que, según el decir del salmo responsorial, hace justicia a los oprimidos, da pan a los hambrientos, libera a los cautivos, sustenta al huérfano y a la viuda.

3.- La sociedad en la que vivimos, nuestros propios ambientes, se parece mucho a la sociedad decadente de Jerusalén, ciudad materialista y opresora, excluyente y que todo lo desecha. La visión religiosa de la vida ha quedado ahogada por la tiranía de las injusticias sociales. No obedece, ni acepta, ni confía, ni se acerca a Dios. En la sociedad actual existe la ausencia de Dios y lo divino. Es el ateísmo práctico del marxismo materialista y del capitalismo ciego e inhumano, ambos intrínsecamente perversos. Es la asfixia de los valores humanos convertidos en mercancía de consumo. Existe una decadencia en todo sentido.

4.- En este ambiente hemos de vivir los discípulos las Bienaventuranzas, que son la Carta Magna de los ciudadanos del Reino, de los que queremos un orden nuevo, el querido por Dios. Ya se ha dicho: el verdadero ciudadano del Reino es el pobre de espíritu, es decir, el que vive obedeciendo a Dios.

Si quieres ser feliz opta por se pobre, es decir, opta por ser como niño, porque de ellos es el Reino de los cielos. Opta por ser de Cristo, ya que CRISTO CUENTA CONTIGO, CONMIGO, CON TODOS. Y NOSOTROS CON SU GRACIA.

                                                               Hermano Pastor Salvo Beas.

Comentario al evangelio de hoy viernes 27 de enero de 2017

Confiar en la grandeza del amor de Dios.

III Viernes de Tiempo Ordinario. Ciclo A.
Por: H. Adrián Olvera de la Cruz LC
Fuente: http://es.catholic.net/op/articulos/64236/confiar-en-la-grandeza-del-amor-de-dios.html 

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Hoy es un nuevo día, Señor. Un día más para conocerte mejor… un día más para amarte más. Un nuevo día para volver a empezar…
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Marcos 4, 26-34
En aquel tiempo, Jesús dijo a la multitud: “El Reino de Dios se parece a lo que sucede cuando un hombre siembra la semilla en la tierra: que pasan las noches y los días, y sin que él sepa cómo, la semilla germina y crece; y la tierra, por sí sola, va produciendo el fruto: primero los tallos, luego las espigas y después los granos en las espigas. Y cuando ya están maduros los granos, el hombre echa mano de la hoz, pues ha llegado el tiempo de la cosecha”.
Les dijo también: “¿Con qué compararemos el Reino de Dios? ¿Con qué parábola lo podremos representar? Es como una semilla de mostaza que, cuando se siembra, es la más pequeña de las semillas; pero una vez sembrada, crece y se convierte en el mayor de los arbustos y echa ramas tan grandes, que los pájaros pueden anidar a su sombra”.
Y con otras muchas parábolas semejantes les estuvo exponiendo su mensaje, de acuerdo con lo que ellos podían entender. Y no les hablaba sino en parábolas; pero a sus discípulos les explicaba todo en privado.
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio.
La sencillez de Dios es un gran y hermoso misterio. Un misterio que parece siempre ir en contra de la forma en que vivimos. Una vida en donde el tiempo no espera; donde parece no haber tiempo para la paciencia.
Nos acostumbramos a una seguridad que sólo llega cuando presionamos el botón de «enviar» seguido de la confirmación «listo»… sólo así nos envuelve la paz.
La sencillez de Dios nos lleva por el camino de la confianza… de la paciencia y de la esperanza. Hacemos y no vemos; no vemos y desesperamos. Jesús nos dice, haz y aunque no veas… sigue haciendo… confía. Paciencia, que aquello que se siembra en tierra buena tiende a crecer. Esperanza, pues la cosecha será más de la que puedes imaginar.
Nos invita a confiar en la grandeza de su amor. Nos invita a esperar, no pasivamente, sino movidos por ese mismo amor. Nos invita a no olvidar que aquél que cree en Él tendrá vida eterna. Nos invita a no olvidar que aquél que permanece en Él,ése verdaderamente dará fruto, y fruto en abundancia. Nos invita a creer en la sencillez de su amor. A creer aun cuando no veamos… a esperar lo que se nos será dado… a amar… simplemente a amar.
Señor, creo en Ti… aumenta mi fe.

«Ningún ingreso triunfal, ninguna manifestación grandiosa del Omnipotente: él no se muestra como un sol deslumbrante, sino que entra en el mundo en el modo más sencillo, como un niño dado a luz por su madre, con ese estilo que nos habla la Escritura: como la lluvia cae sobre la tierra, como la más pequeña de las semillas que brota y crece. Así, contrariamente a lo que cabría esperar y quizás desearíamos, el Reino de Dios, ahora como entonces, “no viene con ostentación”, sino en la pequeñez, en la humildad.»
(Homilía de S.S. Francisco,28 de julio de 2016).

Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Rezar un padre nuestro pidiendo la gracia de crecer cada día más en la fe.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

EDD. viernes 27 de enero de 2017

Viernes de la tercera semana del tiempo ordinario.
http://evangeliodeldia.org/main.php?language=SP&module=readings&localdate=20170127

Carta a los Hebreos 10,32-39.
Hermanos:
Recuerden los primeros tiempos: apenas habían sido iluminados y ya tuvieron que soportar un rudo y doloroso combate,
unas veces expuestos públicamente a injurias y atropellos, y otras, solidarizándose con los que eran tratados de esa manera.
Ustedes compartieron entonces los sufrimientos de los que estaban en la cárcel y aceptaron con alegría que los despojaran de sus bienes, sabiendo que tenían una riqueza mejor y permanente.
No pierdan entonces la confianza, a la que está reservada una gran recompensa.
Ustedes necesitan constancia para cumplir la voluntad de Dios y entrar en posesión de la promesa.
Porque todavía falta un poco, muy poco tiempo, y el que debe venir vendrá sin tardar.
El justo vivirá por la fe, pero si se vuelve atrás, dejaré de amarlo.
Nosotros no somos de los que se vuelven atrás para su perdición, sino que vivimos en la fe para preservar nuestra alma.
Salmo 37(36),3-4.5-6.23-24.39-40.
Confía en el Señor y practica el bien;
habita en la tierra y vive tranquilo:
que el Señor sea tu único deleite,
y él colmará los deseos de tu corazón.
Encomienda tu suerte al Señor,
confía en él, y él hará su obra;
hará brillar tu justicia como el sol
y tu derecho, como la luz del mediodía.
El Señor asegura los pasos del hombre
en cuyo camino se complace:
aunque caiga no quedará postrado,
porque el Señor lo lleva de la mano.
La salvación de los justos viene del Señor,
él es su refugio en el momento del peligro;
el Señor los ayuda y los libera,
los salva porque confiaron en él.
Evangelio según San Marcos 4,26-34.
Y decía: «El Reino de Dios es como un hombre que echa la semilla en la tierra:
sea que duerma o se levante, de noche y de día, la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo.
La tierra por sí misma produce primero un tallo, luego una espiga, y al fin grano abundante en la espiga.
Cuando el fruto está a punto, él aplica en seguida la hoz, porque ha llegado el tiempo de la cosecha».
También decía: «¿Con qué podríamos comparar el Reino de Dios? ¿Qué parábola nos servirá para representarlo?
Se parece a un grano de mostaza. Cuando se la siembra, es la más pequeña de todas las semillas de la tierra,
pero, una vez sembrada, crece y llega a ser la más grande de todas las hortalizas, y extiende tanto sus ramas que los pájaros del cielo se cobijan a su sombra».
Y con muchas parábolas como estas les anunciaba la Palabra, en la medida en que ellos podían comprender.
No les hablaba sino en parábolas, pero a sus propios discípulos, en privado, les explicaba todo.

Comentario del Evangelio por San Ambrosio (c. 340-397), obispo de Milán y doctor de la Iglesia. Comentario al evangelio de san Lucas, VII, 183s.
 

“Los pájaros del cielo pueden cobijarse y anidar en ellos” .
El mismo Señor es un grano de mostaza… Si Cristo es un grano de mostaza, ¿cómo es que es el más pequeño y cómo crece? No es en su naturaleza, sino en su apariencia que llega a ser grande. ¿Queréis saber cómo es el más pequeño? “Lo vimos sin figura ni belleza” (Is 53,2). Enteraos porque es el más grande: “Es el más bello de los hombres” (Sl 44, 3). En efecto, el que no tenía belleza ni esplendor ha llegado a ser superior a los ángeles (Hb 1,4) sobrepasando la gloria de todos los profetas de Israel… Es la más pequeña de todas las simientes, porque no vino con realeza, ni con riquezas, ni con la sabiduría de este mundo. Ahora bien, como un árbol, desarrolló de tal manera la cima elevada de su poder que decimos: “Bajo su deseada sombra me senté” (Ct 2,3).
Me parece que, a menudo, parecía al mismo tiempo árbol y grano. Es grano cuando se dice de él: “¿No es este el hijo de José el carpintero?” (Mt 13,55). Y sin embargo es en este mismo contexto que, de repente, crece…: “¿De dónde le viene, decían, esta sabiduría?” (v. 54). Es pues grano en su apariencia, árbol por su sabiduría. En la frondosidad de sus ramas podrán descansar con seguridad el pájaro de noche que tiene en ellas su morada, el pájaro solitario en el tejado (Sl 101,7), el que ha sido elevado hasta el paraíso (2C 12,4), el que “será elevado en los aires por encima de las nubes” (1Tm 4,17). Allí descansan todas las potestades y los ángeles de los cielos y todos aquellos a quienes sus acciones espirituales han permitido tomar el vuelo. San Juan reposó en ellas cuando se reclinó sobre el pecho de Jesús (Jn 13,25)…
Y nosotros “que estábamos lejos” (Gal 2,13), reunidos de entre las naciones, mucho tiempo bamboleados por las tempestades del espíritu del mal en el vacío del mundo, desplegando las alas de las virtudes dirigiremos nuestro vuelo hacia ellas para que la sombra de los santos nos proteja del calor insoportable de este mundo. Retomamos ya la vida en la paz y la seguridad de esta estancia desde el momento en que nuestra alma, encorvada anteriormente bajo el peso de los pecados, es “liberada, como el pájaro, de la red del cazador” (Sl 123, 7, y se ha trasladado hasta las ramas y los montes del Señor (cf Sl 10,1).

En estos momentos dificiles que viven nuestros hermanos del Laicado Capuchino.

 
Hermanos,
Paz y Bien ¡!!

Ante los innumerables incendios forestales que han afectado las regiones de O”Higgins, El Maule, El Bío – Bío, que son regiones que concentran  gran cantidad de hermanos del Laicado Capuchino, han de saber que lo primordial y ante cualquier emergencia que les corresponda enfrentar, lo primordial es mantener la FE en nuestro Señor, el nos cuida y protege, nada ni nadie nos protegerá mejor que Él. Confiar en el Señor ¡!! Demostrar hoy nuestra FE. Demos testimonio de su existencia, manifestando la seguridad nuestra, en la vida y la vida eterna. Sólo en Él confiamos. ( Ver :  Jn 16, 33 ; Lc 12, 24 ; Lc 12, 27-28 ; I Jn 5, 14 ; Prov 3, 5.)

Por tanto oremos, oremos y oremos. No haya desesperación en nosotros, más haya ánimo, alegría e infundemos en nuestros hermanos la esperanza de que la vida con el Señor vale ser vivida.

Pero, como cristianos y Católicos que somos, no sólo oraremos en nuestras casas, lo haremos en el templo parroquial, en nuestras capillas, nos integraremos con ganas y fuerzas al trabajo que esté desarrollando nuestra parroquia. Vayamos al servicio y en ayuda de nuestros hermanos que en este momento lo están pasando mal. ( ver Jer 1,7 ; Mt 10,16 ; Mt 16,24 ; Mt 28,19 ; Lc 1,38 ; Lc 4,18 ; 1Tes 2,2 ).

Finalmente, recuerden que para el Encuentro de Formación y Espiritualidad Capuchina a realizarse los días 3, 4 y 5 de febrero de 2017 en Las Camelias, llevemos un alimentos no perecibles y útiles de aseo personal.

 

Fraternalmente,

 

Comisión Nacional.

Movimiento Laicos Capuchinos de Chile.

 
 

Longaví, 26 de enero de 2017.

Comentario al evangelio de hoy jueves 26 de enero de 2017

Misión de los setenta y dos.
Solemnidades y Fiestas 

Modelo de entrega en la predicación hasta la muerte. Memoria de Santos Timoteo y Tito, obispos, compañeros de San Pablo.
Por: Juan Gralla
Fuente: Catholic.net 

Del santo Evangelio según san Lucas 10, 1-9
En aquel tiempo, designó el Señor a otros setenta y dos, y los envió de dos en dos delante de sí, a todas las ciudades y sitios a donde él había de ir. Y les dijo: La mies es mucha, y los obreros pocos. Rogad, pues, al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies. Id; mirad que os envío como corderos en medio de lobos. No llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias. Y no saludéis a nadie en el camino. En la casa en que entréis, decid primero: «Paz a esta casa.» Y si hubiere allí un hijo de paz, vuestra paz reposará sobre él; si no, se volverá a vosotros. Permaneced en la misma casa, comiendo y bebiendo lo que tengan, porque el obrero merece su salario. No vayáis de casa en casa. En la ciudad en que entréis y os reciban, comed lo que os pongan; curad los enfermos que haya en ella, y decidles: «El Reino de Dios está cerca de vosotros.» 
Oración introductoria
Padre, que San Timoteo y San Tito, modelos de entrega a la predicación del Evangelio hasta la muerte, nos ayuden a llevar a todas las almas al conocimiento de Cristo.
Petición
Santos Timoteo y Tito, ayúdennos  a seguir su ejemplo y acercarnos a la Virgen, que sea Ella quien nos ayude a conocer más a Jesús.
Meditación del Papa Francisco
Estos setenta y dos discípulos, que Jesús envía delante de Él, ¿quiénes son? ¿A quién representan? Si los Doce son los Apóstoles, y por lo tanto representan también a los obispos, sus sucesores, estos setenta y dos pueden representar a los demás ministros ordenados, presbíteros y diáconos; pero en sentido más amplio podemos pensar en los demás ministerios en la Iglesia, en los catequistas, los fieles laicos que se comprometen en las misiones parroquiales, en quien trabaja con los enfermos, con las diversas formas de necesidad y de marginación; pero siempre como misioneros del Evangelio, con la urgencia del Reino que está cerca. Todos deben ser misioneros, todos pueden escuchar la llamada de Jesús y seguir adelante y anunciar el Reino. (S.S. Francisco, 7 de julio de 2013)
Reflexión 
Los Santos Timoteo y Tito fueron compañeros de San Pablo en sus viajes apostólicos, como él mismo escribió en los Hechos de los apóstoles. En el evangelio de hoy, Cristo manda a sus discípulos de dos en dos a predicar el mensaje del Reino de Dios. Dios nos ha hecho por tanto sus evangelizadores, los mensajeros de la Buena Nueva que Cristo ha traído a este mundo.
Para tal misión Dios ha querido elegir en este mundo a unas personas para que anuncien su palabra y, con su ejemplo, den testimonio de la venida de Cristo. Seguro que yo también soy una de esas personas elegidas por Dios.
Ahora bien, Dios nos advierte que nos manda en medio de lobos, porque el mundo en el que nos toca vivir y predicar la palabra de Dios, muchas veces se cierra al mensaje cristiano de la verdad y del amor. Anunciemos por tanto la paz que Dios ha venido a traernos hace más de 2000 años, pero que nosotros hemos de renovar todos los días; conseguir que todas las personas que nos rodean sientan en sí la redención que nos ha traído Cristo en el misterio de la Encarnación.
San Timoteo y San Tito, modelos de entrega a la predicación del Evangelio hasta la muerte, sean quienes nos ayuden a llevar a todas las almas al conocimiento de Cristo, para conseguir la paz de nuestras almas.
Propòsito
Pedir a María, nuestra Madre, que lleve a Jesús todas nuestras intenciones de ser mejores portadores del Evangelio.
Diálogo con Cristo
Jesús, sólo llevándote en mi corazón podré transmite tu paz, tan necesaria en el mundo convulsionado por la violencia y la inseguridad. Por intercesión de los santos Timoteo y Tito, concédeme que todos mis pensamientos, palabras y obras siembren la paz, principalmente en mi propia familia

EDD. jueves 26 de enero de 2017.-

Memoria de santos Timoteo y Tito, obispos, compañeros de san Pablo.
http://evangeliodeldia.org/main.php?language=SP&module=readings&localdate=20170126

Segunda Carta de San Pablo a Timoteo 1,1-8.
Pablo, Apóstol de Jesucristo, por la voluntad de Dios, para anunciar la promesa de Vida que está en Cristo Jesús,
saluda a Timoteo, su hijo muy querido. Te deseo la gracia, la misericordia y la paz que proceden de Dios Padre y de nuestro Señor Jesucristo.
Doy gracias a Dios, a quien sirvo con una conciencia pura al igual que mis antepasados, recordándote constantemente, de día y de noche, en mis oraciones.
Al acordarme de tus lágrimas, siento un gran deseo de verte, para que mi felicidad sea completa.
Porque tengo presente la sinceridad de tu fe, esa fe que tuvieron tu abuela Loide y tu madre Eunice, y estoy convencido de que tú también tienes.
Por eso te recomiendo que reavives el don de Dios que has recibido por la imposición de mis manos.
Porque el Espíritu que Dios nos ha dado no es un espíritu de temor, sino de fortaleza, de amor y de sobriedad.
No te avergüences del testimonio de nuestro Señor, ni tampoco de mí, que soy su prisionero. Al contrario, comparte conmigo los sufrimientos que es necesario padecer por el Evangelio, animado con la fortaleza de Dios.
Salmo 96(95),1-2a.2b-3.7-8a.10.
Canten al Señor un canto nuevo,
cante al Señor toda la tierra;
canten al Señor, bendigan su Nombre.
Día tras día, proclamen su victoria.
Anuncien su gloria entre las naciones,
y sus maravillas entre los pueblos.
Aclamen al Señor, familias de los pueblos,
aclamen la gloria y el poder del Señor;
aclamen la gloria del nombre del Señor.
Digan entre las naciones: “¡El Señor reina!
el mundo está firme y no vacilará.
El Señor juzgará a los pueblos con rectitud”.
Evangelio según San Lucas 10,1-9.
El Señor designó a otros setenta y dos, y los envió de dos en dos para que lo precedieran en todas las ciudades y sitios adonde él debía ir.
Y les dijo: «La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha.
¡Vayan! Yo los envío como a ovejas en medio de lobos.
No lleven dinero, ni alforja, ni calzado, y no se detengan a saludar a nadie por el camino.
Al entrar en una casa, digan primero: ‘¡Que descienda la paz sobre esta casa!’.
Y si hay allí alguien digno de recibirla, esa paz reposará sobre él; de lo contrario, volverá a ustedes.
Permanezcan en esa misma casa, comiendo y bebiendo de lo que haya, porque el que trabaja merece su salario. No vayan de casa en casa.
En las ciudades donde entren y sean recibidos, coman lo que les sirvan;
curen a sus enfermos y digan a la gente: ‘El Reino de Dios está cerca de ustedes’.»

Comentario del Evangelio por Benedicto XVI, papa 2005-2013. Audiencia general del 03/05/2006.
Santos Timoteo y Tito, sucesores de los apóstoles .-
La comunidad, nacida del anuncio evangélico, reconoce que es convocada por la palabra de aquellos quienes fueron los primeros en vivir la experiencia del Señor y fueron enviados por él. Sabe que se puede apoyar sobre la conducta de los Doce, así como de los que, poco a poco, se asocian a ellos y son sus sucesores en el ministerio de la Palabra y el servicio de la comunión. En consecuencia, pues, la comunidad se siente comprometida a transmitir a los demás la «gozosa nueva» de la presencia actual del Señor y de su misterio pascual, que se opera en el Espíritu.
Esto se evidencia claramente en las carta paulinas: «Os he transmitido lo que yo mismo he recibido» (1C 15,3). Y esto es importante. San Pablo sabe que al principio fue llamado por Cristo, y por tanto es un verdadero apóstol y, sin embargo, lo que cuenta fundamentalmente, también para él, es la fidelidad a lo que ha recibido. No quería él «inventar» un nuevo cristianismo, que podríamos llamar «paulino». Sino que él mismo insiste: «Os he transmitido lo que yo mismo he recibido». Transmitió el don inicial que viene del Señor y que es la verdad que salva. Más adelante, hacia el final de su vida, escribe a Timoteo: «Eres el depositario de esta buena nueva. Guarda este tesoro en toda su pureza con la ayuda del Espíritu Santo que habita en nosotros» (2Tm 1,14).
Es lo mismo que, nos muestra con eficacia este antiguo testimonio de la fe cristiana, escrito por Tertuliano hacia el año 200: (Los apóstoles) afirmaron la fe en Jesucristo y establecieron Iglesias por toda la Judea y muy pronto, esparcidos por el mundo anunciaron la misma doctrina y una misma fe a todas las naciones, y en ellas fundaron la Iglesia casi en todas las ciudades. A partir de éstas, las demás Iglesias intercambiaban, comunicaban y propagaban su fe y las semillas de la doctrina, y para ser verdaderas Iglesias prosiguen este intercambio y comunicación. Es de esta manera que también ellas reciben el nombre de apostólicas en tanto que descendientes de la Iglesias de los apóstoles».