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Autor: Patricio Osiadacz

MENSAJE DEL PAPA FRANCISCO A LOS PRESOS.

Francisco invita a los presos de Ciudad Juárez a mirar hacia adelante.
El Santo Padre recuerda que la prisión más que aislar para evitar delitos, tiene que servir para promover procesos de rehabilitación – TEXTO COMPLETO
•17 febrero 2016•Sergio Mora•El papa Francisco, Viajes pontificios
El Papa en la cárcel Cereso3
El Papa en la cárcel Cereso3, en Ciudad Juárez, recibe un báculo realizado por un preso
El santo padre Francisco desde el aeropuerto “Abraham González”, de Ciudad Juárez, partió hacia el Penal “Centro de Readaptación Social estatal n. 3” (CeReSo n. 3), en donde fue recibido por las autoridades de la estructura, y unos 250 familiares de varios presos. En la capilla saludó al personal y a los sacerdotes que se ocupan de la pastoral con los 700 presos allí recluidos.
Tras el saludo de monseñor Andrés Vargas Peña, obispo auxiliar responsable de la pastoral penitenciaria, del testimonio de una detenida y de un intercambio de regalos, el Santo Padre se dirigió a los reclusos indicándoles que “no quería irme sin venir a saludarlos, sin celebrar el Jubileo de la Misericordia con ustedes”.
Francisco les recordó que celebrar el Jubileo de la misericordia junto a ellos es señalar “el camino urgente que debemos tomar para romper los círculos de la violencia y de la delincuencia”. Porque “no todo se resuelve aislando, apartando, encarcelando” cuando la preocupación tiene que ser “la vida de las personas; las de sus familias, la de aquellos que también han sufrido a causa de este círculo de la violencia”.
Señaló que las cárceles más que incapacitar a las personas a seguir cometiendo delitos deben servir para promover procesos de rehabilitación. Una labor social entretanto “que comienza insertando a todos nuestros hijos en las escuelas, y a sus familias en trabajos dignos, generando espacios públicos de esparcimiento, servicios sanitarios, acceso a los servicios básicos”.
No se puede –reconoció el Santo Padre– volver atrás, lo realizado, realizado está; “eso no quiere decir que no haya posibilidad de escribir una nueva historia hacia delante”. Les invitó por ello a hablar con los suyos, “cuenten su experiencia, ayuden a frenar el círculo de la violencia y la exclusión”. Y les invitó a rezar algunos instantes en silencio desde la intimidad del corazón.
Finalmente agradeció a todos los sacerdotes y agentes pastorales que se esfuerzan en llevarles la Palabra de Dios.
A continuación el texto completo del mensaje
“Queridos hermanos y hermanas,
Estoy concluyendo mi visita a México y no quería irme sin venir a saludarlos, sin celebrar el Jubileo de la Misericordia con ustedes.
Agradezco de corazón las palabras de saludo que me han dirigido, en las que manifiestan tantas esperanzas y aspiraciones, como también tantos dolores, temores e interrogantes.
En el viaje a África, en la ciudad de Bangui, pude abrir la primera Puerta de la Misericordia para el mundo entero. De este Jubileo, porque la primera Puerta Santa la abrió Dios Padre enviando a su Hijo Jesucristo.
Hoy, junto a ustedes y con ustedes, quiero reafirmar una vez más la confianza a la que Jesús nos impulsa: la misericordia que abraza a todos y en todos los rincones de la tierra. No hay espacio donde su misericordia no pueda llegar, no hay espacio ni persona a la que no pueda tocar.
Celebrar el Jubileo de la misericordia con ustedes es recordar el camino urgente que debemos tomar para romper los círculos de la violencia y de la delincuencia.
Ya tenemos varias décadas perdidas pensando y creyendo que todo se resuelve aislando, apartando, encarcelando, sacándonos los problemas de encima, creyendo que estas medidas solucionan verdaderamente los problemas. Nos hemos olvidado de concentrarnos en lo que realmente debe ser nuestra preocupación: la vida de las personas; sus vidas, las de sus familias, la de aquellos que también han sufrido a causa de este círculo de la violencia.
La misericordia divina nos recuerda que las cárceles son un síntoma de cómo estamos como sociedad, son un síntoma en muchos casos de silencios y omisiones que han provocado una cultura de descarte. Son un síntoma de una cultura que ha dejado de apostar por la vida; de una sociedad que ha ido abandonando a sus hijos.
La misericordia nos recuerda que la reinserción no comienza acá en estas paredes; sino que comienza antes, comienza «afuera», en las calles de la ciudad.
La reinserción o rehabilitación comienza creando un sistema que podríamos llamarlo de salud social, es decir, una sociedad que busque no enfermar contaminando las relaciones en el barrio, en las escuelas, en las plazas, en las calles, en los hogares, en todo el espectro social. Un sistema de salud social que procure generar una cultura que actúe y busque prevenir aquellas situaciones, aquellos caminos que terminan lastimando y deteriorando el tejido social.
A veces pareciera que las cárceles se proponen incapacitar a las personas a seguir cometiendo delitos más que promover los procesos de rehabilitación que permitan atender los problemas sociales, psicológicos y familiares que llevaron a una persona a determinada actitud. El problema de la seguridad no se agota solamente encarcelando, sino que es un llamado a intervenir afrontando las causas estructurales y culturales de la inseguridad, que afectan a todo el entramado social.
La preocupación de Jesús por atender a los hambrientos, a los sedientos, a los sin techo o a los presos (Mt 25,34-40) era para expresar las entrañas de la misericordia del Padre, que se vuelve un imperativo moral para toda sociedad que desea tener las condiciones necesarias para una mejor convivencia. En la capacidad que tenga una sociedad de incluir a sus pobres, sus enfermos o sus presos está la posibilidad de que ellos puedan sanar sus heridas y ser constructores de una buena convivencia. La reinserción social comienza insertando a todos nuestros hijos en las escuelas, y a sus familias en trabajos dignos, generando espacios públicos de esparcimiento y recreación, habilitando instancias de participación ciudadana, servicios sanitarios, acceso a los servicios básicos, por nombrar sólo algunas medidas. Aquí comienza todo proceso de reinserción.
Celebrar el Jubileo de la misericordia con ustedes es aprender a no quedar presos del pasado, del ayer. Es aprender a abrir la puerta al futuro, al mañana; es creer que las cosas pueden ser diferentes.
Celebrar el Jubileo de la misericordia con ustedes es repetir esa frase que escuchamos recién, tan bien dicha y con tanta fuerza. Cuando me dieron la sentencia alguien me dijo, no te preguntes por qué estás aquí sino para qué, y que este para qué nos lleve adelante. Nos haga saltar el engaño social que creen que la seguridad y el orden se logran solamente encarcelando a la gente.
Sabemos que no se puede volver atrás, sabemos que lo realizado, realizado está; por eso he querido celebrar con ustedes el Jubileo de la misericordia, ya que eso no quiere decir que no haya posibilidad de escribir una nueva historia, una nueva historia que mira hacia delante.
Ustedes sufren el dolor de la caída, sienten el arrepentimiento de sus actos y sé que, en tantos casos, entre grandes limitaciones, buscan rehacer su vida desde la soledad.
Han conocido la fuerza del dolor y del pecado, no se olviden que también tienen a su alcance la fuerza de la resurrección, la fuerza de la misericordia divina que hace nuevas todas las cosas. Ahora les puede tocar la parte más dura, más difícil, pero que posiblemente sea la que más fruto genere, luchen desde acá dentro por revertir las situaciones que generan más exclusión. Hablen con los suyos, cuenten su experiencia, ayuden a frenar el círculo de la violencia y la exclusión. Quien ha sufrido el dolor al máximo, y que podríamos decir «experimentó el infierno», puede volverse un profeta en la sociedad. Trabajen para que esta sociedad que usa y tira no siga cobrándose victimas.
Y al decirles estas cosas, me recuerdo cuando Jesús dijo ‘el que está libre de pecado tire la primera piedra’, y yo aquí tendría que irme, pero al decirles estas cosas no lo hago como quien enseña de la cátedra con el dedo levantado, lo hago desde la experiencia de mis errores y de mis pecados, que el Señor ha querido perdonar y ha querido reeducarme.
Lo hago desde la conciencia de que sin su gracia y mi vigilancia, podría volver a repetirlos. Hermanos, siempre me pregunto al entrar en una cárcel: ¿Por qué ellos y no yo? Es un misterio de la misericordia divina y a esa misericordia la estamos celebrando mirando adelante en la esperanza.
Quisiera también alentar al personal que trabaja en este Centro u otros similares: a los dirigentes, a los agentes de la Policía penitenciaria, a todos los que realizan cualquier tipo de asistencia en este Centro. Y agradezco el esfuerzo de los capellanes, las personas consagradas y los laicos que se dedican a mantener viva la esperanza del Evangelio de la Misericordia en el reclusorio. Todos ustedes, no se olviden, pueden ser signos de la entrañas del Padre. Nos necesitamos los unos a los otros para salir adelante.
Decía nuestra hermana, recordando la carta a los Hebreos, siéntanse encarcelados también ustedes.
Antes de darles la bendición me gustaría que oráramos en silencio. Cada sabe lo que le dirá al Señor, cada uno sabe de qué tienen que pedir perdón, pero también le pido que en esta oración en silencio, podamos ampliar el corazón para poder perdonar a la sociedad que no supo ayudarnos y que muchas veces nos ha empujado desde la intimidad del corazón, que nos ayude a creer en su misericordia. Recemos en silencio…
Y les pido que no se olviden de rezar por mí”.

MENSAJE DEL PAPA AL MUNDO DEL TRABAJO.

El Papa al mundo del trabajo: ‘La mejor inversión es crear oportunidades’.
En el Colegio de Bachilleres del Estado de Chihuahua, el Santo Padre advierte que ‘cuando el bien común es forzado para estar al servicio del lucro, y el capital la única ganancia posible, eso se llama exclusión’ – TEXTO COMPLETO
•17 febrero 2016•Iván de Vargas•Viajes pontificios
Encuentro con el mundo del trabajo en Ciudad Juárez
(Foto: papafranciscoenmexico.org)
En la última etapa de su visita a México, el papa Francisco llegó a Ciudad Juárez, en la frontera con Estados Unidos, alrededor de las 10 de la mañana.
Tras visitar el Centro de Readaptación Social número 3 de la ciudad fronteriza, donde pidió a las autoridades que “ayuden a frenar el círculo de la violencia y la exclusión”, el Santo Padre se dirigió al Colegio de Bachilleres del Estado de Chihuahua para mantener un encuentro con el mundo del trabajo. Miles de personas le esperaban en el recinto, y el Pontífice se paró en varias ocasiones para saludar y bendecir a la gente. Los más de tres mil asistentes realizaron una “ola mexicana” como acto de bienvenida al Papa.
Un matrimonio de juarenses, Daisy Flores Gámez y Jesús Arturo Gurrola Varela, dirigió a Francisco un mensaje sobre la realidad social que viven en esta ciudad fronteriza, rodeada por el desgaste laboral, la falta de oportunidades y de valores. Ante estas dificultades, le pidieron su oración.
Por su parte, el empresario Juan Pablo Castañón habló del diálogo humano, la reciprocidad de valores, el compromiso con un mejor ambiente laboral, la solidaridad social y los horarios justos. También pidió al Santo Padre que rece por los empresarios, que se encuentran presionados por muchos factores que no están en sus manos.
En su discurso, el Pontífice dijo que “todo lo que podamos hacer para dialogar, encontrarnos, para buscar mejores alternativas y oportunidad es ya un logro a valorar y resaltar”. “Las guerras se van gestando de a poquito por la mudez y por los desencuentros”, añadió.
Por eso, el Papa pidió que “esta instancia sirva para construir futuro y sea una buena oportunidad de forjar el México que su pueblo y que sus hijos se merecen”. En esta línea, advirtió que “uno de los flagelos más grandes a los que se ven expuestos los jóvenes es la falta de oportunidades de estudio y de trabajo sostenible y redituable que les permita proyectarse, y esto genera en tantos casos, tantos casos, situaciones de pobreza y marginación”. “Y esta pobreza y marginación es el mejor caldo de cultivo para que caigan en el círculo del narcotráfico y de la violencia”, lamentó.
Ante este drama, Francisco señaló que “Dios pedirá cuenta a los esclavistas de nuestros días, y nosotros hemos de hacer todo lo posible para que estas situaciones no se produzcan más”. También destacó que “la mejor inversión que se puede realizar es invertir en la gente, en las personas, en las familias”. “La mejor inversión es crear oportunidades”, insistió.
A continuación, el Santo Padre reconoció: “Sé que lo que estoy planteando no es fácil, pero sé también que es peor dejar el futuro en manos de la corrupción, del salvajismo y de la falta de equidad”. “El lucro y el capital no son un bien por encima del hombre, están al servicio del bien común. Y, cuando el bien común es forzado para estar al servicio del lucro, y el capital la única ganancia posible, eso tiene un nombre, se llama exclusión y así se va consolidando la cultura del descarte”, aseguró.
Por último, el Pontífice invitó a todos los presentes “a soñar, a soñar en un México donde el papá pueda tener tiempo para jugar con sus hijos, donde la mamá pueda tener tiempo para jugar con sus hijos”. “Eso lo van a lograr dialogando, confrontando, negociando, perdiendo para que ganen todos”, concluyó.
Publicamos a continuación las palabras del papa Francisco:
Queridos hermanos y hermanas,
Quise encontrarme con ustedes aquí en esta tierra de Juárez, por la especial relación que esta ciudad tiene con el mundo del trabajo. No sólo les agradezco el saludo de bienvenida y sus testimonios, que han puesto de manifiesto los desvelos, las alegrías y las esperanzas que experimentan en sus vidas, sino que quisiera agradecerles también esta oportunidad de intercambio y de reflexión. Todo lo que podamos hacer para dialogar, encontrarnos, para buscar mejores alternativas y oportunidad es ya un logro a valorar y resaltar. Hay dos palabras que quiero subrayar: diálogo y encuentro. No cansarse de dialogar. Las guerras se van gestando de a poquito por la mudez y por los desencuentros. Obviamente que no alcanza, dialogar y encontrarse, pero hoy en día no podemos darnos el lujo de cortar toda instancia de encuentro, toda instancia de debate, de confrontación, de búsqueda. Es la única manera que tendremos de poder ir construyendo el mañana, ir tejiendo relaciones sostenibles capaces de generar el andamiaje necesario que, poco a poco, irá reconstruyendo los vínculos sociales tan dañados por la falta de comunicación, tan dañados por la falta de respeto a lo mínimo necesario para una convivencia saludable.
Gracias, y que esta instancia sirva para construir futuro y sea una buena oportunidad de forjar el México que su pueblo y que sus hijos se merecen.
Me gustaría detenerme en este último aspecto. Hoy están aquí diversas organizaciones de trabajadores y representantes de cámaras y gremios empresariales. A primera vista podrían considerarse como antagonistas, pero los une la misma responsabilidad: buscar generar espacios de trabajo digno y verdaderamente útil para la sociedad y especialmente para los jóvenes de esta tierra. Uno de los flagelos más grandes a los que se ven expuestos los jóvenes es la falta de oportunidades de estudio y de trabajo sostenible y redituable que les permita proyectarse, y esto genera en tantos casos, tantos casos, situaciones de pobreza y marginación. Y esta pobreza y marginación es el mejor caldo de cultivo para que caigan en el círculo del narcotráfico y de la violencia. Es un lujo que hoy no nos podemos dar; no se puede dejar solo y abandonado el presente y el futuro de México.
Y para eso diálogo, confrontación, fuente de trabajo que vaya creando este sendero constructivo. Desgraciadamente, el tiempo que vivimos ha impuesto el paradigma de la utilidad económica como principio de las relaciones personales. La mentalidad reinante, en todas partes, propugna la mayor cantidad de ganancias posibles, a cualquier tipo de costo y de manera inmediata. No sólo provoca la pérdida de la dimensión ética de las empresas sino que olvida que la mejor inversión que se puede realizar es invertir en la gente, en las personas, en las familias. La mejor inversión es crear oportunidades. La mentalidad reinante pone el flujo de las personas al servicio del flujo de capitales provocando en muchos casos la explotación de los empleados como si fueran objetos para usar y tirar y descartar (cf. Laudato si’, 123). Dios pedirá cuenta a los esclavistas de nuestros días, y nosotros hemos de hacer todo lo posible para que estas situaciones no se produzcan más. El flujo del capital no puede determinar el flujo y la vida de las personas.
Por eso me gustó ese anhelo que se expresó de diálogo y confrontación. No son pocas las veces que, frente a los planteos de la Doctrina Social de la Iglesia, se salga a cuestionarla diciendo: «Estos pretenden que seamos organizaciones de beneficencia o que transformemos nuestras empresas en instituciones de filantropía». La hemos escuchado esa crítica. La única pretensión que tiene la Doctrina Social de la Iglesia es velar por la integridad de las personas y de las estructuras sociales. Cada vez que, por diversas razones, ésta se vea amenazada, o reducida a un bien de consumo, la Doctrina Social de la Iglesia será voz profética que nos ayudará a todos a no perdernos en el mar seductor de la ambición. Cada vez que la integridad de una persona es violada, toda la sociedad es la que, en cierta manera, empieza a deteriorarse. Y esto que dice la Doctrina Social de la Iglesia no es en contra de nadie, sino a favor de todos.
Cada sector tiene la obligación de velar por el bien del todo; todos estamos en el mismo barco. Todos tenemos que luchar para que el trabajo sea una instancia de humanización y de futuro; que sea un espacio para construir sociedad y ciudadanía. Esta actitud no sólo genera una mejora inmediata, sino que a la larga va transformándose en una cultura capaz de promover espacios dignos para todos. Esta cultura, nacida muchas veces de tensiones, va gestando un nuevo estilo de relaciones, un nuevo estilo de Nación.
¿Qué mundo queremos dejarles a nuestros hijos? Creo que en esto la gran mayoría podemos coincidir. Este es precisamente nuestro horizonte, esa es nuestra meta y, por ello, hoy tenemos que unirnos y trabajar. Siempre es bueno pensar qué me gustaría dejarles a mis hijos; y también es una buena medida para pensar en los hijos de los demás. ¿Qué quiere dejar México a sus hijos? ¿Quiere dejarles una memoria de explotación, de salarios insuficientes, de acoso laboral o de tráfico de trabajo esclavo? ¿O quiere dejarles la cultura de la memoria de trabajo digno, de techo decoroso y de la tierra para trabajar? Tres T: Trabajo, Techo y Tierra. ¿En qué cultura queremos ver nacer a los que nos seguirán? ¿Qué atmósfera van a respirar? ¿Un aire viciado por la corrupción, la violencia, la inseguridad y desconfianza o, por el contrario, un aire capaz de generar –la palabra es clave, generar–, generar alternativas, generar renovación o cambio? Generar es ser co-creadores con Dios. Claro, eso cuesta, cuesta.
Sé que lo que estoy planteando no es fácil, pero sé también que es peor dejar el futuro en manos de la corrupción, del salvajismo y de la falta de equidad. Sé que no es fácil muchas veces armonizar todas las partes en una negociación, pero sé también que es peor, y nos termina haciendo más daño, la carencia de negociación y la falta de valoración. Otra vez me decía un viejo dirigente obrero: honesto como él solo, murió con lo que ganaba, nunca se aprovechó. ‘Cada vez que teníamos que sentarnos a una mesa de negociación, yo sabía que tenía que perder algo para que ganáramos todos’. Linda la filosofía de ese hombre de trabajo, cuando se va a negociar se pierde algo para que ganen todos.
Sé que no es fácil poder congeniar en un mundo cada más competitivo, pero es peor dejar que el mundo competitivo termine determinando el destino de los pueblos, esclavos. El lucro y el capital no son un bien por encima del hombre, están al servicio del bien común. Y, cuando el bien común es forzado para estar al servicio del lucro, y el capital la única ganancia posible, eso tiene un nombre, se llama exclusión y así se va consolidando la cultura del descarte, descartable, excluyente.
Comenzaba agradeciéndoles la oportunidad de estar juntos. Ayer uno de los jóvenes en el estadio de Morelia, que dio testimonio, dijo que este mundo nos quita la capacidad de soñar y es verdad. A veces nos quita la capacidad de soñar, la capacidad de la gratuidad. Cuando el chico o la chica le da al papá y a la mamá solamente el fin de semana porque se va a trabajar antes y se vuelve cuando está durmiendo, esa es la cultura del descarte. Quiero invitarlos a soñar, a soñar en un México donde el papá pueda tener tiempo para jugar con sus hijos, donde la mamá pueda tener tiempo para jugar con sus hijos y eso lo van a lograr dialogando, confrontando, negociando, perdiendo para que ganen todos. Los invito a soñar el México que sus hijos se merecen; el México donde no haya personas de primera segunda o de cuarta, sino el México que sabe reconocer en el otro la dignidad de hijo de Dios. Y que la Guadalupana, que se manifestó a san Juan Diego, y reveló cómo los aparentemente dejados de lado eran sus testigos privilegiados, los ayude a todos. Tengan la profesión que tengan, tengan el trabajo que tengan, a todos, en esta tarea de diálogo, confrontación y encuentro. Gracias.

EL PAPA VIAJA A CIUDAD JUÁREZ.

En su último día en México, el Papa viaja a Ciudad Juárez .
Francisco llegará este miércoles a la ciudad fronteriza del estado de Chihuahua, para iniciar una jornada cargada de actividades
•17 febrero 2016•Iván de Vargas•Viajes pontificios
Salida a Ciudad Juárez .
En su último día en México, el papa Francisco viaja este miércoles a Ciudad Juárez, en el estado de Chihuahua, para visitar una cárcel, mantener un encuentro con empresarios y trabajadores y presidir una celebración eucarística multitudinaria en la frontera con Estados Unidos.
Según el programa previsto, el Santo Padre ha salido desde la Nunciatura Apostólica, donde ha pernoctado, rumbo al aeropuerto de Ciudad de México alrededor de las 7:45 hora local, despidiéndose de la capital azteca y su gente desde el papamóvil.
Tras un largo recorrido por las calles abarrotadas de fieles, el Pontífice ha llegado al aeropuerto internacional Benito Juárez. Una vez allí, ha tomado el avión de Aeroméxico que le llevará a la ciudad fronteriza de Ciudad Juárez. El vuelo ha despegado a las 9 de la mañana y está prevista su llegada al aeropuerto internacional Abraham González a las 10:00 horas.
Desde la terminal aérea, el papa Francisco se trasladará en un vehículo descubierto al centro penitenciario Cereso 3, para su visita y posterior encuentro con los internos.

EDD. MIÉRCOLES 17 DE FEBRERO DE 2016.

Miércoles de la Primera semana de Cuaresma
Libro de Jonás 3,1-10.
La palabra del Señor fue dirigida por segunda vez a Jonás, en estos términos:
«Parte ahora mismo para Nínive, la gran ciudad, y anúnciale el mensaje que yo te indicaré».
Jonás partió para Nínive, conforme a la palabra del Señor. Nínive era una ciudad enormemente grande: se necesitaban tres días para recorrerla.
Jonás comenzó a internarse en la ciudad y caminó durante todo un día, proclamando: «Dentro de cuarenta días, Nínive será destruida».
Los ninivitas creyeron en Dios, decretaron un ayuno y se vistieron con ropa de penitencia, desde el más grande hasta el más pequeño.
Cuando la noticia llegó al rey de Nínive, este se levantó de su trono, se quitó su vestidura real, se vistió con ropa de penitencia y se sentó sobre ceniza.
Además, mandó proclamar en Nínive el siguiente anuncio: «Por decreto del rey y de sus funcionarios, ningún hombre ni animal, ni el ganado mayor ni el menor, deberán probar bocado: no pasten ni beban agua;
vístanse con ropa de penitencia hombres y animales; clamen a Dios con todas sus fuerzas y conviértase cada uno de su mala conducta y de la violencia que hay en sus manos.
Tal vez Dios se vuelva atrás y se arrepienta, y aplaque el ardor de su ira, de manera que no perezcamos».
Al ver todo lo que los ninivitas hacían para convertirse de su mala conducta, Dios se arrepintió de las amenazas que les había hecho y no las cumplió.
Salmo 51(50),3-4.12-13.18-19.
¡Ten piedad de mí, Señor, por tu bondad,
por tu gran compasión, borra mis faltas!
¡Lávame totalmente de mi culpa
y purifícame de mi pecado!
Crea en mí, Dios mío, un corazón puro,
y renueva la firmeza de mi espíritu.
No me arrojes lejos de tu presencia
ni retires de mí tu santo espíritu.
Los sacrificios no te satisfacen;
si ofrezco un holocausto, no lo aceptas:
mi sacrificio es un espíritu contrito,
tú no desprecias el corazón contrito y humillado.
Evangelio según San Lucas 11,29-32.
Al ver Jesús que la multitud se apretujaba, comenzó a decir: «Esta es una generación malvada. Pide un signo y no le será dado otro que el de Jonás.
Así como Jonás fue un signo para los ninivitas, también el Hijo del hombre lo será para esta generación.
El día del Juicio, la Reina del Sur se levantará contra los hombres de esta generación y los condenará, porque ella vino de los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón y aquí hay alguien que es más que Salomón.
El día del Juicio, los hombres de Nínive se levantarán contra esta generación y la condenarán, porque ellos se convirtieron por la predicación de Jonás y aquí hay alguien que es más que Jonás.
Comentario del Evangelio por
San Romano el Melódico (?-c. 560), compositor de himnos
Himno 51.
“Los hombres de Nínive se convirtieron con la predicación de Jonás, y aquí hay uno que es más que Jonás”
Abre, Señor, ábreme la puerta de tu misericordia antes de mi partida (Mt 25,11). Porque es preciso que me vaya, que venga a ti y me justifique de todo lo que digo de palabra, de todos mis actos y de todo lo que pienso en mi corazón. “Incluso el rumor de mis murmullos no dejan de escuchar tus oídos” (Sab 1,10). David exclama en su salmo: “Tú has creado mis entrañas; se escribían todas en tu libro” (Sl 138, 13.16). Leyendo en él los caracteres de mis malas acciones, grábalas sobre tu cruz, porque es en ella que me glorío (Gal 6,14) gritándote: “Ábreme”…
Nuestro espíritu se ha endurecido hasta el punto que cuando hemos oído hablar de las calamidades de otros, no nos hemos corregido en absoluto (Lc 13,1s). “Todos se extravían, igualmente obstinados, no hay uno que obre bien, ni uno solo” (Sl 13, 2-3). Los ninivitas, en otro tiempo, se convirtieron al escuchar la palabra del profeta. Pero nosotros no hemos comprendido ni la llamada ni la amenaza. Ezequías con sus lágrimas consiguió hacer huir a los asirios provocando contra ellos la justicia de lo alto (2R 19). Ahora bien, los asirios… nos han llevado a la cautividad, y nosotros no hemos llorado ni gritado: “Ábrenos”.
Altísimo Señor, juez de todos, no esperes a que nosotros cambiemos de conducta; tú no tienes necesidad de nuestras buenas acciones, porque cada uno de nosotros se dedica a hacer malas acciones con el pensamiento y la voluntad. Puesto que esto es así, Salvador, dirige nuestros días según tu voluntad, sin esperar a nuestra conversión, porque es posible que ella nunca llegue a realizarse. Y aunque viniera, sería por poco tiempo, no persiste hasta el final. Es como la simiente caída entre las piedras, como la hierba sobre los tejados, que se seca antes de crecer (Mc 4,5; Sl 128,6). Derrama tus misericordias sobre nosotros y sobre los que exclaman: “Ábrenos”.
Fuente: Evangelizo.org

REUNIÓN DEL PAPA CON UN GRUPO DE NIÑOS MEXICANOS

El Papa invita a los niños a rezar también por los enemigos.
En la catedral de Morelia el Santo Padre es recibido por 600 niños de catequesis
•16 febrero 2016•Redaccion•Viajes pontificios
El Papa en la catedral de Morelia
(Foto: papafranciscoenmexico.org)
Después de almorzar en la Curia Arzobispal, el papa Francisco ha realizado este martes una breve visita a la catedral de Morelia. Allí ha sido recibido por unos 600 niños de catequesis.
Allí, el Santo Padre ha hecho una ofrenda floral a la imagen del niño mártir José Sánchez del Río. Y además ha podido saludar a Lupita y a su madre, quien recibió el milagro del futuro santo.
En una breve intervención, desde el altar, el Pontífice ha dado las gracias a los niños por esta visita. Le voy a pedir a Jesús –ha asegurado– que los haga crecer con mucho amor, como tenía él. Con mucho amor para ser cristianos en serio. “Para cumplir el mandamiento que Jesús nos dio: amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como Jesús nos amó”, ha añadido.
También ha invitado a pedir a la Virgen que “nos cuide, nos bendiga”. A este punto, el Papa ha invitado a los niños a que piensen “en su corazón en la familia que tiene, en los amigos y si están peleados con alguno también piensen en él”.  Porque la vida –ha advertido– no es linda con enemigos.
Finalmente, el Santo Padre ha invitado a los niños a pensar en la familia, en los amigos y en aquellos con los que están peleados, “para que Dios les bendiga”. También “a todas las personas que nos ayudan: monjas, curas, maestros… Todos los que nos ayudan  a crecer”. Y “una bendición especial también para mamá, papá y los abuelos”.
Mientras salía de la catedral, iba saludando a ambos lados a los niños allí congregados. Para concluir este breve encuentro, un coro ha sorprendido a Francisco regalándole una canción que ellos mismos habían compuesto. Cuando terminaron su actuación, el Pontífice les ha invitado a seguir así, buscando la belleza, la creatividad y les ha animado a que “nunca se dejen pisotear por nadie”.
A continuación, el presidente del Ayuntamiento de Morelia, Jesús Martínez Alfonso Alcázar, ha entregado a Francisco las llaves de la ciudad
Desde este templo, el Santo Padre se dirige al estadio “José María Morelos y Pavón” para el encuentro con unos 90 mil jóvenes.
 

MENSAJE DEL PAPA A LOS JÓVENES MEXICANOS EN MORELIA.

Francisco pide a los jóvenes no ser mercenarios del narcotráfico.
Los jóvenes mexicanos reciben el impulso del Santo Padre en Morelia para abrazar la cruz de Jesús “cuando todo parezca pesado, que se nos viene el mundo arriba”
•17 febrero 2016•Rocío Lancho García•Uncategorized
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Miles de jóvenes de todo México han dado la bienvenida con una gran ovación al santo padre Francisco, con una gran fiesta de cantos y danzas tradicionales, en la que también ha habido tiempo para la oración. El entusiasmo y la alegría propio de la juventud ha acompañado todo el evento celebrado en el Estadio José María Morelos y Pavón en Morelia, en el que el Papa, tras escuchar los testimonios de cuatro jóvenes, ha pronunciado su discurso, centrado en tres ideas: la riqueza que Dios los dio, la esperanza que son y la dignidad que nunca deben perder.
Los jóvenes han transmitido con sus palabras cómo es “la familia que queremos”, “la paz que añoramos”, “el compromiso que asumimos y “la esperanza que necesitamos”. De este modo han subrayado que a los jóvenes mexicanos les duelen “profundamente tantas realidades que hoy afectan a nuestras familias”. Y así, han señalado que viven realidades que son verdaderamente encrucijadas: mala educación sexual, influencia de los medios de comunicación, profunda carencia afectiva, miedo al compromiso con la otra persona. A propósito de la paz añorada, han asegurado que intentan que la sociedad “aproveche el potencial que tenemos en la mente, en el corazón y en nuestras manos para crear una cultura de igualdad y de respeto”. Pero también, han advertido que algunos jóvenes son atrapados “por la desesperación y nos dejamos llevar por la avaricia, la corrupción y las promesas de una vida intensa y fácil, pero al margen de la legalidad”. Y así, aumentan entre ellos las víctimas “del narcotráfico, la violencia, de las adicciones y la explotación de personas”. Muchas familias –han asegurado– sólo han podido llorar la pérdida de sus hijos, porque la impunidad ha dado alas a quienes secuestran, estafan y matan.
Cada día –han explicado los jóvenes– crece más la sensación de inconformidad por el momento que estamos viviendo en México, pero también es urgente que entendamos que gran parte de la solución está en nuestras manos. Y por eso se comprometen: a vencer la tibieza y los conformismos. A vencer los miedos que acobardan e impiden enfrentar la vida. Y a pensar más allá de las circunstancias individuales.
Finalmente, estos jóvenes han asegurado que saben que “son esperanza para un futuro mejor” y saben que la esperanza la pueden encontrar en Cristo Jesús.
El Papa ha subrayado, como ya hizo en su primer discurso a México, que uno de los mayores tesoros de esta tierra mexicana son sus jóvenes. Y no habló solo de esperanza sino de “riqueza”. Pero, no se puede vivir la esperanza, sentir el mañana, “si primero uno no logra valorarse, si no logra sentir que su vida, sus manos, su historia vale la pena”. La principal amenaza a la esperanza –ha advertido– son los discursos que te desvalorizan, que te hacen sentir de segunda. Y ha proseguido el Papa: “la principal amenaza a la esperanza es cuando sentís que no le importas a nadie o que estás dejado de lado. La principal amenaza a la esperanza es cuando sentís que da lo mismo que estés o que no estés. Eso mata, eso nos aniquila y es puerta de ingreso a tanto dolor. La principal amenaza a la esperanza es hacerte creer que empiezas a ser valioso cuando te disfrazas de ropas, marcas, del último grito de la moda, o cuando te volves prestigio, importante por tener dinero pero, en el fondo, tu corazón no cree que seas digno de cariño, digno de amor. La principal amenaza es cuando uno siente que tiene que tener plata para comprar todo, incluso el cariño de los demás. La principal amenaza es creer que por tener un gran carro sos feliz”.
El Papa ha asegurado que entiende que es difícil sentirse la riqueza “cuando nos vemos expuestos continuamente a la pérdida de amigos o de familiares en manos del narcotráfico, de las drogas, de organizaciones criminales que siembran el terror”. Cuando “no se tienen oportunidades de trabajo digno, posibilidades de estudio y capacitació”, “no se sienten reconocidos los derechos que terminan impulsándolos a situaciones límites”, “se los utiliza para fines mezquinos seduciéndolos con promesas que al final no son tales”.
Es Papa está convencido de que son la riqueza porque, como ellos, cree en Jesucristo. Y “es Él el que renueva continuamente en mí la esperanza, es Él el que renueve continuamente mi mirada”.
Francisco ha exclamado a los jóvenes que “es mentira que la única forma de vivir, de poder ser joven es dejando la vida en manos del narcotráfico o de todos aquellos que lo único que están haciendo es sembrar destrucción y muerte”. Es Jesucristo –ha asegurado– el que desmiente todos los intentos de hacerlos inútiles, o meros mercenarios de ambiciones ajenas.
Por eso, el Pontífice les ha dado un consejo: “cuando todo parezca pesado, cuando parezca que se nos viene el mundo arriba, abracen su cruz, abrácenlo a Él y, por favor, nunca se suelten de su mano, por favor, nunca se aparten de Él”.  Y les ha pedido que “no se dejen desvalorizar, no se dejen tratar como mercancía”.
Con amor y con claridad les ha recordado:  “Jesús nunca nos invitaría a ser sicarios, sino que nos llama discípulos”.  “Él nunca nos mandaría al muerte, sino que todo en Él es invitación a la vida”, ha concluido.
A continuación, los jóvenes han querido regalar al Santo Padre una canción que “sabemos que le gusta”. Y así, el papa Francisco y un vibrante Estadio ha entonado “Vive Jesús el Señor”.

MENSAJE DEL PAPA AL CLERO MEXICANO EN MORELIA.

El Papa al clero mexicano: ‘No somos ni queremos ser funcionarios de lo divino’
Texto completo. En su homilía, el Santo Padre pidió no caer en la tentación de la resignación
•16 febrero 2016•Iván de Vargas•Viajes pontificios
El Papa en Morelia
CTV
Este martes, penúltimo día de su visita a México, el papa Francisco ha oficiado la santa misa en el estadio Venustiano Carranza en Morelia, con la participación de unos 20 mil sacerdotes, religiosas, religiosos, consagrados y seminaristas. El Pontífice ha sido recibido por el cardenal Alberto Suárez Inda, en medio de un gran ambiente de fiesta con gritos como “¡Te queremos, Papa, te queremos!” o “¡Papa, amigo, eres bienvenido!”
En su homilía, el Santo Padre ha dicho que “nuestra vida habla de la oración y la oración habla de nuestra vida”. “Ay de nosotros si no somos testigos de lo que hemos visto y oído, ay de nosotros. No somos ni queremos ser funcionarios de lo divino, no somos ni queremos ser nunca empleados de Dios, porque somos invitados a participar de su vida, somos invitados a introducirnos en su corazón, un corazón que reza y vive diciendo: «Padre nuestro». ¿Qué es la misión sino decir con nuestra vida: «Padre nuestro»?”, ha añadido.
 
“¿Qué tentación nos puede venir de ambientes muchas veces dominados por la violencia, la corrupción, el tráfico de drogas, el desprecio por la dignidad de la persona, la indiferencia ante el sufrimiento y la precariedad?”, ha preguntado a los presentes.
 
“Frente a esta realidad nos puede ganar una de las armas preferidas del demonio, la resignación. Una resignación que nos paraliza y nos impide no sólo caminar, sino también hacer camino; una resignación que no sólo nos atemoriza, sino que nos atrinchera en nuestras «sacristías» y aparentes seguridades; una resignación que no sólo nos impide anunciar, sino que nos impide alabar. Una resignación que no sólo nos impide proyectar, sino que nos impide arriesgar y transformar”, ha destacado el Pontífice.
 
“Qué bien nos hace apelar en los momentos de tentación a nuestra memoria. Cuánto nos ayuda el mirar la «madera» de la que fuimos hechos. No todo ha comenzado con nosotros, no todo terminará con nosotros, por eso cuánto bien nos hace recuperar la historia que nos ha traído hasta aquí”, ha recordado.
“Padre, papá, abba, no nos dejes caer en la tentación de la resignación”, ha concluido.
Publicamos a continuación las palabras del papa Francisco:
 
Hay un dicho entre nosotros que dice así: «Dime cómo rezas y te diré cómo vives, dime cómo vives y te diré cómo rezas», porque mostrándome cómo rezas, aprenderé a descubrir el Dios que vives y, mostrándome cómo vives, aprenderé a creer en el Dios al que rezas»; porque nuestra vida habla de la oración y la oración habla de nuestra vida. A rezar se aprende, como aprendemos a caminar, a hablar, a escuchar. La escuela de la oración es la escuela de la vida y en la escuela de la vida es donde vamos haciendo la escuela de la oración.
Y Pablo a su discípulo predilecto Timoteo, cuando le enseñaba o le exhortaba a vivir la fe, le decía acuérdate de tu madre y de tu abuela. Y los seminaristas, cuando entran al seminario, muchas veces me preguntaban: ‘Padre pero yo quisiera tener una oración más profunda, más mental’. Mira, sigue rezando como te enseñaron en tu casa y después poco a poco tu oración irá creciendo como tu vida fue creciendo. A rezar se aprende, como en la vida.
Jesús quiso introducir a los suyos en el misterio de la Vida, en el misterio de su vida. Les mostró comiendo, durmiendo, curando, predicando, rezando, qué significa ser Hijo de Dios. Los invitó a compartir su vida, su intimidad y estando con Él, los hizo tocar en su carne la vida del Padre. Los hace experimentar en su mirada, en su andar la fuerza, la novedad de decir: «Padre nuestro». En Jesús, esta expresión –Padre nuestro– no tiene el «gustillo» de la rutina o de la repetición, al contrario, tiene sabor a vida, a experiencia, a autenticidad. Él supo vivir rezando y rezar viviendo, diciendo: Padre nuestro.
Y nos ha invitado a nosotros a lo mismo. Nuestra primera llamada es a hacer experiencia de ese amor misericordioso del Padre en nuestra vida, en nuestra historia. Su primera llamada es introducirnos en esa nueva dinámica de amor, de filiación. Nuestra primera llamada es aprender a decir «Padre nuestro», como Pablo insiste, Abba.
¡Ay de mí si no evangelizara!, dice Pablo. ¡Ay de mí! porque evangelizar –prosigue– no es motivo de gloria sino de necesidad (cf. 1 Co 9,16).
Nos ha invitado a participar de su vida, de la vida divina, ay de nosotros si no la compartimos, ay de nosotros –consagrados, consagradas, seminaristas, obispos– ay de nosotros si no la compartimos, ay de nosotros si no somos testigos de lo que hemos visto y oído, ay de nosotros. No queremos ser funcionarios de lo divino, no somos ni queremos ser nunca empleados de la empresa de Dios, porque somos invitados a participar de su vida, somos invitados a introducirnos en su corazón, un corazón que reza y vive diciendo: «Padre nuestro». ¿Y qué es la misión sino decir con nuestra vida, desde el principio hasta el final, como nuestro hermano obispo que murió anoche, que es la misión sino decir con nuestra vida: «Padre nuestro»?
A este Padre nuestro es a quien rezamos con insistencia todos los días: y que le decimos en una de esas cosas no nos dejes caer en la tentación. El mismo Jesús lo hizo. Él rezó para que sus discípulos -de ayer y de hoy- no cayéramos en la tentación. ¿Cuál puede ser una de las tentaciones que nos pueden asediar? ¿Cuál puede ser una de las tentaciones que brota no sólo de contemplar la realidad sino de caminarla? ¿Qué tentación nos puede venir de ambientes muchas veces dominados por la violencia, la corrupción, el tráfico de drogas, el desprecio por la dignidad de la persona, la indiferencia ante el sufrimiento y la precariedad? ¿Qué tentación podemos tener nosotros una y otra vez, nosotros llamados a la vida consagrada, al presbiterado, al episcopado, que tentación podemos tener frente a todo esto, frente a esta realidad que parece haberse convertido en un sistema inamovible?
Creo que la podríamos resumir con una sola palabra: resignación. Y frente a esta realidad nos puede ganar una de las armas preferidas del demonio, la resignación. ‘¿Y qué le vas a hacer?, la vida es así’. Una resignación que nos paraliza, una resignación que nos impide no sólo caminar, sino también hacer camino; una resignación que no sólo nos atemoriza, sino que nos atrinchera en nuestras «sacristías» y aparentes seguridades; una resignación que no sólo nos impide anunciar, sino que nos impide alabar. Nos quita la alegría, el gozo de la alabanza. Una resignación que no sólo nos impide proyectar, sino que nos frena para arriesgar y transformar.
Por eso, Padre nuestro, no nos dejes caer en la tentación.
Qué bien nos hace apelar en los momentos de tentación a nuestra memoria. Cuánto nos ayuda el mirar la «madera» de la que fuimos hechos. No todo ha comenzado con nosotros, y tampoco todo terminará con nosotros, por eso cuánto bien nos hace recuperar la historia que nos ha traído hasta aquí.
Y, en este hacer memoria, no podemos saltearnos a alguien que amó tanto este lugar que se hizo hijo de esta tierra. A alguien que supo decir de sí mismo: «Me arrancaron de la magistratura y me pusieron en el timón del sacerdocio, por mérito de mis pecados. A mí, inútil y enteramente inhábil para la ejecución de tan grande empresa; a mí, que no sabía manejar el remo, me eligieron primer Obispo de Michoacán» (Vasco Vázquez de Quiroga, Carta pastoral, 1554). Agradezco, paréntesis, al Señor Cardenal Arzobispo que haya querido que se celebrase esta Eucaristía con el báculo de este hombre y el cáliz de él.
Con ustedes quiero hacer memoria de este evangelizador, conocido también como Tata Vasco, como «el español que se hizo indio». La realidad que vivían los indios Purhépechas descritos por él como «vendidos, vejados y vagabundos por los mercados, recogiendo las arrebañaduras tiradas por los suelos», lejos de llevarlo a la tentación y de la acedia de la resignación, movió su fe, movió su vida, movió su compasión y lo impulsó a realizar diversas propuestas que fuesen de «respiro» ante esta realidad tan paralizante e injusta.
El dolor del sufrimiento de sus hermanos se hizo oración y la oración se hizo respuesta. Y eso le ganó el nombre entre los indios del «Tata Vasco», que en lengua purhépecha significa:
Papá. Padre, papá, tata, abba. Esa es la oración, esa es la expresión a la que Jesús nos invitó.
Padre, papá, abba, no nos dejes caer en la tentación de la resignación, no nos dejes caer en la tentación de la acedia, no nos dejes caer en la tentación de la pérdida de la memoria, no nos dejes caer en la tentación de olvidarnos de nuestros mayores que nos enseñaron con su vida a decir: Padre Nuestro.

JUAN PABLO II, AMISTAD CON UNA MUJER.

 
Las cartas de Juan Pablo II y las llamas de la murmuración.
Fuente: https://es.zenit.org/articles/las-cartas-de-juan-pablo-ii-y-las-llamas-de-la-murmuracion/
El Vaticano sobre el documental de la BBC: “No hay que maravillarse de que Juan Pablo II haya tenido amistades estrechas con diversas personas, sea hombres que mujeres”
•16 febrero 2016•Jorge Enrique Mújica•Papa y Santa Sede
La señora Tymieniecka
La cadena británica BBC lanzó primero un texto después presentado en televisión con el título: «Cartas de Juan Pablo II revelan su “intensa” amistad con una mujer» («Pope John Paul letters reveal ‘intense’ friendship with woman», 15.02.2016).   El programa fue transmitido la noche del lunes 15 de febrero de 2016. En el reportaje de la BBC se orilla sutilmente a poner en duda el tipo de relación que Wojtyla mantuvo con la filósofa americana de origen polaco Anna Terese Tymieniecka y fue usado para atraer la atención hacia un programa de televisión dedicado enteramente a la “intensa” amistad de un eclesiástico con una mujer casada.
Para echar a volar la imaginación del lector o televidente, el documental juega con los datos que presenta sobre la amistad Wojtyla-Tymieniecka. A pesar de abiertamente reconocer que no han leído todas las cartas (por eso sólo extracta algunos párrafos que, fuera de contexto resultan llamativos), la BBC y el presentador Ed Stourton se valen de expresiones como «relación de un Papa con una mujer atractiva» o de presentar maliciosamente la invitación que Anna Terese hizo al entonces Cardenal Karol Wojtyla para pasar unos días de descanso en su casa en los Estados Unidos (publicando también algunas fotos de ese entonces) e incluso subraya que, ya como Papa, Juan Pablo II regaló «una de sus más valiosas posesiones» a Tymieniecka: un escapulario.
La realidad es, sin embargo, menos morbosa: la mujer atractiva estaba casada, tenía tres hijos, y Juan Pablo II se relacionó no exclusivamente con Anna Terese sino con toda su familia. Cuando en 1976 el filósofo Wojtyla visitó los Estados Unidos no fue por ocio sino para asistir a un congreso de los obispos católicos americanos. Aprovechando el traslado visitó también a la familia de Anna Terese y, de hecho, el que alguien más les tomó unas fotos refleja que no estaban solos. Naturalmente algún valor tiene el escapulario pero tal vez no más que el que la suposición de segundas intenciones quiera darle. La práctica de regalos de ese tipo no es algo excepcional en eclesiásticos. Curiosamente, a pesar de inducir a encontrar segundas intenciones en todo, el mismo reportaje de la BBC dice explícitamente que «No hay ninguna sugerencia que el Papa rompió su voto de celibato».
Juan Pablo II y Anne Terese entraron en relación debido a que ésta se interesó por la obra de «Persona y acción» de Wojtyla. De hecho, juntos trabajaron en la revisión de la obra y en su traducción al inglés.
El vice-director de la Sala de Prensa del Vaticano, Greg Burke, refirió este lunes 15 de febrero a la prensa: «Por cuanto respecta al documental de la BBC no hay que maravillarse de que Juan Pablo II haya tenido amistades estrechas con diversas personas, sea hombres que mujeres. Nadie puede sorprenderse de esta noticia».
Por su parte, la Biblioteca Nacional de Polonia, en donde se encuentra el epistolario completo entre Tymieniecka y Wojtyla (y al que no tuvo acceso la BBC), ha emitido un comunicado que dice: «Juan Pablo II estaba rodeado de un círculo de amigos eclesiásticos y laicos, con los que tenía un estrecho contacto. Este círculo incluía también a Anna Teresa Tymieniecka, pero la relación con ella no era ni confidencial ni excepcional».
No es la primera vez que se lanzan murmuraciones en esta misma dirección contra Juan Pablo II. Algo análogo pasó en 2011 al darse a conocer el epistolario que el hoy santo tuvo con la doctora Wanda Poltawska (que luego se convertiría en libro «Diario de una amistad»). Por tanto, el intento descoop de la BBC ni siquiera tiene el sello de la originalidad. Tal vez debamos más bien identificar el trabajo de la cadena británica en la línea de periodismo big brother cuya única finalidad es entretener, no informar, encendiendo las llamas de la murmuración.

EDD. martes 16 de febrero de 2016.

Lunes de la primera semana de Cuaresma
Libro del Levítico 19,1-2.11-18.
El Señor dijo a Moisés:
Habla en estos términos a toda la comunidad de Israel: Ustedes serán santos, porque yo, el Señor su Dios, soy santo.
Ustedes no robarán, no mentirán ni se engañarán unos a otros.
No jurarán en falso por mi Nombre, porque profanarían el nombre de su Dios. Yo soy el Señor.
No oprimirás a tu prójimo ni lo despojarás; y no retendrás hasta la mañana siguiente el salario del jornalero.
No insultarás a un ciego, sino que temerás a tu Dios. Yo soy el Señor.
No cometerás ninguna injusticia en los juicios. No favorecerás arbitrariamente al pobre ni te mostrarás complaciente con el rico: juzgarás a tu prójimo con justicia.
No difamarás a tus compatriotas, ni pondrás en peligro la vida de tu prójimo. Yo soy el señor.
No odiarás a tu hermano en tu corazón: deberás reprenderlo convenientemente, para no cargar con un pecado a causa de él.
No serás vengativo con tus compatriotas ni les guardarás rencor. Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo soy el Señor.
Salmo 19(18),8.9.10.15.
La ley del Señor es perfecta,
reconforta el alma;
el testimonio del Señor es verdadero,
da sabiduría al simple.
Los preceptos del Señor son rectos,
alegran el corazón;
los mandamientos del Señor son claros,
iluminan los ojos.
La palabra del Señor es pura,
permanece para siempre;
los juicios del Señor son la verdad,
enteramente justos.
¡Ojalá sean de tu agrado
las palabras de mi boca,
y lleguen hasta ti mis pensamientos,
Señor, mi Roca y mi redentor!
Evangelio según San Mateo 25,31-46.
Jesús dijo a sus discípulos:
«Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria rodeado de todos los ángeles, se sentará en su trono glorioso.
Todas las naciones serán reunidas en su presencia, y él separará a unos de otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos,
y pondrá a aquellas a su derecha y a estos a su izquierda.
Entonces el Rey dirá a los que tenga a su derecha: ‘Vengan, benditos de mi Padre, y reciban en herencia el Reino que les fue preparado desde el comienzo del mundo,
porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; estaba de paso, y me alojaron;
desnudo, y me vistieron; enfermo, y me visitaron; preso, y me vinieron a ver’.
Los justos le responderán: ‘Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer; sediento, y te dimos de beber?
¿Cuándo te vimos de paso, y te alojamos; desnudo, y te vestimos?
¿Cuándo te vimos enfermo o preso, y fuimos a verte?’.
Y el Rey les responderá: ‘Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo’.
Luego dirá a los de su izquierda: ‘Aléjense de mí, malditos; vayan al fuego eterno que fue preparado para el demonio y sus ángeles,
porque tuve hambre, y ustedes no me dieron de comer; tuve sed, y no me dieron de beber;
estaba de paso, y no me alojaron; desnudo, y no me vistieron; enfermo y preso, y no me visitaron’.
Estos, a su vez, le preguntarán: ‘Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, de paso o desnudo, enfermo o preso, y no te hemos socorrido?’.
Y él les responderá: ‘Les aseguro que cada vez que no lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, tampoco lo hicieron conmigo’.
Estos irán al castigo eterno, y los justos a la Vida eterna».
Comentario del Evangelio por San Cesáreo de Arlés (470-543), monje y obispo. Sermón 26,5; SC 243, pag. 89ss.
“Venid, benditos de mi Padre, y recibid la herencia del reino.” (Mt 25,34).
Cristo, la misericordia celestial, viene cada día la puerta de tu casa: no sólo espiritualmente a la puerta de tu alma, sino materialmente a la puerta de tu casa. Porque, cada vez que un pobre se acerca a tu casa, sin duda alguna se acerca Cristo en él, porque él dijo: “Cada vez que lo habéis hecho a uno de estos pequeños, me lo hacíais a mí.” (Mt 25,40) No endurezcas el corazón, da un poco de dinero a Cristo del que esperar heredar el reino. Da un trozo de pan a aquel de quien esperar te dé la vida. Acoge al pobre en tu casa para que él te reciba en el paraíso.  Dale alguna limosna a quien te puede dar la vida eterna.
¡Qué audacia querer reinar en el cielo con aquel a quien tú negaste tu limosna en este mundo! Si lo recibe durante el viaje terreno, él te acogerá en la felicidad eterna. Si tú lo desprecias aquí en tu patria de la tierra, él retirará su mirada sobre ti en la gloria. Un salmo dice: “cuando te alzas, desprecias su imagen.” (Sal 73,20) Si despreciamos en esta vida a aquellos que son imagen de Dios (Gn 1,26) hemos de temer ser rechazados en la eternidad. ¡Tened, pues, misericordia en esta vida!… Gracias a vuestra generosidad, escucharéis aquella palabra feliz: “Venid, benditos de mi Padre, recibid la herencia del reino.” (Mt 25,34)

MENSAJE DEL PAPA A LAS FAMILIAS DE MÉXICO.

El Papa: ‘Prefiero una familia con rostro cansado que maquillado por no saber de ternura y compasión’ 
Francisco ha escuchado los testimonios de varias familias de México e invita a ‘echarle ganas’ como Dios lo hace con nuestra vida
•16 febrero 2016•Rocío Lancho García•
El papa Francisco ha asegurado que prefiere “una familia herida, que intenta todos los días conjugar el amor, a una familia y sociedad enferma por el encierro y la comodidad del miedo a amar”, “una familia que una y otra vez intenta volver a empezar a una familia y sociedad narcisista y obsesionada por el lujo y el confort”, “una familia con rostro cansado por la entrega a rostros maquillados que no han sabido de ternura y compasión”.
Lo ha hecho este lunes, en Tuxtla Gutiérrez, tras compartir un tiempo, pero sobre todo, tras abrazar a las familias de México. En esta fiesta protagonizada por la alegría, los cantos y la música; tanto niños, como jóvenes, adultos y ancianos han acogido al Pontífice con gran entusiasmo. Además, ha aprovechado la ocasión para invitar a los matrimonios a que renueven sus promesas matrimoniales y a los novios a pedir la gracia de una familia fiel y llena de amor.
El Santo Padre ha escuchado el testimonio de Humberto y Lucy, él soltero y ella divorciada, se casaron por lo civil hace 16 años. Hace 3 años que el Señor les habló y se acercaron a la Iglesia. Saben que no pueden acceder a la eucaristía, pero que pueden “comulgar a través del hermano necesitado, del hermano enfermo, del hermano privado de su libertad”.
También escuchó a Beatriz, madre soltera. Una infancia marcada por la pobreza, la violencia y el abandono de su padre, lo que le hizo no sentirse querida y tener relaciones en la adolescencia, quedando embarazada en varias ocasiones experimentando la tristeza, el rechazo social y la soledad más profunda. Después se encontró con el amor de Dios a través de su Iglesia. La tentación del aborto siempre se presentó como una alternativa que parecía la solución a los problemas, pero con la ayuda de Dios, pudo salir victoriosa de esas batallas.
Y a Manuel, que es un adolescente  discapacitado. Antes caminaba, corría, jugaba como todo niño, pero a los 5 años le diasgnosticaron distrofia muscular. Pero sabe que Dios le ha bendecido con esta capacidad especial. En Él confía y si es su voluntad le dará su salud física. Manuel sale en su silla de ruedas a evangelizar y lo hace con mucha alegría para invitar a muchos adolescentes que no conocen el amor de Dios.
Y finalmente compartió su testimonio una familia de la diócesis de Tapachula. Gracias al testimonio de los padres de el esposo, han aprendido el valor de la oración, la escucha y la lectura de la palabra de Dios. Han aprendido a reconocer el gran valor de la participación en los sacramentos.
Estos testimonios de vida han servido de inspiración para el discurso del Santo Padre. Haciendo referencia a Manuel, el Papa ha asegurado que le ha gustado una expresión que utilizó “echarle ganas”. Así, ha indicado que esto es lo que “el Espíritu Santo siempre quiere hacer en medio nuestro: echarnos ganas, regalarnos motivos para seguir apostando, soñando y construyendo una vida que tenga sabor a hogar, a familia”. Y eso es lo que el Padre Dios siempre ha soñado y por lo que desde tiempos lejanos ha peleado. Cuando parecía todo perdido esa tarde en el jardín del Edén, cuando el Pueblo de Israel sentía que no daba más en el camino por el desierto, cuando llegó la plenitud de los tiempos, “el Padre Dios le echó ganas”.
El Santo Padre ha reconocido que todos hemos hecho experiencia de eso, cuando el Padre Dios le ha echado ganas a nuestra vida.  De este modo, ha explicado que Dios lo hace “porque no sabe hacer otra cosa”, porque su nombre es “amor, donación, entrega, misericordia”.
Sobre el testimonio de Beatriz, el Santo Padre ha subrayado que “la precariedad, la escasez, el no tener muchas veces lo mínimo nos puede desesperar, nos puede hacer sentir una angustia fuerte ya que no sabemos cómo hacer para salir adelante y más cuando tenemos hijos a cargo”.Y así ha advertido que la precariedad no solo amenaza el estómago sino que puede amenazar el alma, desmotivar, sacar fuerza y tentar con caminos o alternativas de aparente solución, pero que al final no solucionan nada. También ha hablado de la precariedad que nace de la soledad y el aislamiento, reconociendo que “el aislamiento siempre es un mal consejero”.
Asimismo, el papa Francisco ha explicado a las familias que “la forma de combatir esta precariedad y aislamiento, que nos deja vulnerables a tantas aparentes soluciones, se tiene que dar a distintos niveles”. Una es “por medio de legislaciones que protejan y garanticen los mínimos necesarios para que cada hogar y para que cada persona pueda desarrollarse por medio del estudio y un trabajo digno”. Y por otro lado, buscar “la manera de transmitir el amor de Dios que habían experimentado en el servicio y en la entrega a los demás”.