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Autor: Patricio Osiadacz

El Papa en Sta. Marta: Dios no quiere maquillajes sino transformarnos el corazón.

El Pontífice señala que debemos pedir la gracia de reconoce nuestros pecados, con motivo de la Navidad que se acerca . 

https://es.zenit.org/articles/el-papa-en-sta-marta-dios-no-quiere-maquillajes-sino-que-reconozcamos-nuestros-pecados/

(ZENIT – Ciudad del Vaticano).- El papa Francisco ha puesto en guardia ante el peligro de maquillar nuestros pecados sin realmente avergonzarnos de ellos dentro de nuestro corazón. Lo hizo este lunes en su homilía en la misa matutina de la casa Santa Marta, precisando que debemos dejarnos transformar por Jesús, y saber dar nombre y apellido a nuestros pecados.

El desierto florecerá, los ciegos verán, los sordos escucharán, indica la primera lectura del profeta Isaías. Y esto, señaló Francisco, “nos habla de renovación” y esto “era lo que el Pueblo de Israel se esperaba del Mesías”.

La gente “no lo seguía porque estaba a la moda: lo seguía porque el mensaje de Jesús llegaba al corazón”, dijo. Añadió que “Jesús no solo cambiaba lo feo en hermoso, de lo malo en bueno: Jesús producía una transformación”. No era “un problema de maquillaje”.

Hay un mensaje del Evangelio que se ve claro: antes de curar a ese hombre, Jesús le perdona sus pecados. Y crea nuevamente a ese hombre transformándolo de pecador a justo”. Y esto “escandaliza”. Por este motivo –aseguró el Papa– los doctores de la Ley “iniciaron a discutir y a murmurar”, porque no podían aceptar su autoridad.

“Jesús es capaz de transformarnos a nosotros los pecadores en personas nuevas”. Recordó así que la Magdalena “tenía dentro una llaga, porque era una pecadora” y que ella “intuyó que aquel hombre podría curarle la llaga del alma, re-crearla”.

El Pontífice señaló que cuando uno se confiesa y después sigue igual… cuando uno no se deja re-crear por el Señor, pasa a creer que con dos pinceladas de pintura se ha resuelto la historia.

“No, mis pecados tienen nombre y apellido: yo hice esto, esto  y esto, y siento vergūenza en el corazón y abro el corazón”. Lamentó que “siempre tratamos de esconder la gravedad de nuestros pecados”, por ejemplo disminuyéndolos, como la gravedad de la envidia, que “es una cosa horrible, semejante al veneno de la serpiente”, que intenta “destruir al otro”.

Francisco subrayó una historia que contaba de un hombre santo estudioso de la Biblia, que tenía un carácter muy fuerte, que profería palabras de ira, pero pedía perdón al Señor.  Y después de cada penitencia le preguntaba:
-¿Estás contento Señor?
– No, le respondía.
– Pero te he dado todo.
– No, falta algo, le respondía.
Así este pobre hombre hacia otra y otra penitencia y se sentía repetir:
– No, falta algo.
– ¿Pero que falta Señor?
– Faltan tus pecados. Dame tus pecados, le dijo.

“Esto es lo que el Señor nos pide: dame tus pecados y te haré un hombre nuevo y una mujer nueva. Que el Señor nos de fe para creer en esto”.

Comentario al evangelio de hoy lunes 05 de diciembre de 2016

«Levántate y anda».

Lunes II de Adviento. Ciclo A. 
Jesus cura a un paralítico.
Por: H. Hiram Galán LC
Fuente:  http://es.catholic.net/op/articulos/63886/levantate-y-anda.html#

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Señor, ayúdame a vivir el momento presente en plenitud; que las preocupaciones del futuro no perturben mi paz, y que sepa abandonar los errores del pasado en tu infinita misericordia, pues no puedo cambiarlos en nada.Quiero confiar más en Ti, Señor.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Lucas 5, 17-26
Un día Jesús estaba enseñando y estaban también sentados ahí algunos fariseos y doctores de la ley, venidos de todas las aldeas de Galilea, de Judea y de Jerusalén. El poder del Señor estaba con Él para que hiciera curaciones.
Llegaron unos hombres que traían en una camilla a un paralítico y trataban de entrar, para colocarlo delante de Él; pero como no encontraban por dónde meterlo a causa de la muchedumbre, subieron al techo y por entre las tejas lo descolgaron en la camilla y se lo pusieron delante a Jesús. Cuando Él vio la fe de aquellos hombres, dijo al paralítico: «Amigo mío, se te perdonan tus pecados».
Entonces los escribas y fariseos comenzaron a pensar: «¿Quién es este individuo que así blasfema? ¿Quién, sino sólo Dios, puede perdonar los pecados?» Jesús, conociendo sus pensamientos, les replicó: «¿Qué están pensando? ¿Qué es más fácil decir: “Se te perdonan tus pecados” o “Levántate y anda”? Pues para que vean que el Hijo del hombre tiene poder en la tierra para perdonar los pecados —dijo entonces al paralítico—: Yo te lo mando: levántate, toma tu camilla y vete a tu casa».
El paralítico se levantó inmediatamente, en presencia de todos, tomó la camilla donde había estado tendido y se fue a su casa glorificando a Dios. Todos quedaron atónitos y daban gloria a Dios, y llenos de temor, decían: «Hoy hemos visto maravillas».
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
Cuán grande era la fe de los que acompañaban al paralítico. Jesús, aquellos hombres en verdad estaban convencidos que Tú lo sanarías, pues no dudaron en acercarlo a Ti, aun cuando eso implicara meterlo por el techo ¿No habrán sentido vergüenza, respeto humano o temor?  ¿No se habrán preguntado qué dirían los demás?
Creo que amaban mucho al paralítico como para detenerse por vergüenza.
Maldito respeto humano que tantas veces me impide hacer el bien, que aunque veo la necesidad de los demás y les quiero ayudar, el miedo al qué dirán me lo impide. Veo, Señor, que no amo de verdad, pues cuando se ama en verdad no importan las fronteras de espacio ni tiempo.
Ayúdame, Señor, a amar de verdad. Cambia mi corazón de piedra en un corazón de carne.
Jesús, en algún momento en mi vida, yo fui ese paralítico, al cual le dijiste «Levántate y anda» y lo sacaste de sus miserias. Debo devolver el favor.Ahora veo con claridad que me pides ser el camillero que lleva a otros al encuentro contigo, para que se sanen, para que los levantes de sus miserias. Pero no me siento capaz, me da pena, temo al qué dirán….
Ayúdame, Jesús, a no pensar tanto en mí, a no hacer cálculos egoístas, incluso al momento de querer ayudar. Que mi entrega sea generosa y desinteresada, así como fue la de los que me llevaron a Ti cuando yo era el paralítico.

«La gente más simple, los pecadores, los enfermos, los endemoniados…, son exaltados inmediatamente por el Señor, que los hace pasar de la exclusión a la inclusión plena, de la distancia a la fiesta. Y esto no se entiende si no es en clave de esperanza, en clave apostólica, en clave del que es misericordiado para misericordiar.»
(Homilía de S.S. Francisco, 2 de junio de 2016).

Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Trataré de pensar en una de esas personas que siempre he sentido el deseo de ayudar pero nunca lo he hecho. Por amor a Ti, la ayudaré aunque eso implique invertir tiempo, dinero o esfuerzos.
Viviré la misericordia de obra y no sólo de palabra.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
 

EDD. lunes 05 de diciembre de 2016

Lunes de la segunda semana de Adviento
http://evangeliodeldia.org/main.php?language=SP&module=readings&localdate=20161205
Libro de Isaías 35,1-10.
¡Regocíjese el desierto y la tierra reseca, alégrese y florezca la estepa!
¡Sí, florezca como el narciso, que se alegre y prorrumpa en cantos de júbilo! Le ha sido dada la gloria del Líbano, el esplendor del Carmelo y del Sarón. Ellos verán la gloria del Señor, el esplendor de nuestro Dios.
Fortalezcan los brazos débiles, robustezcan las rodillas vacilantes;
digan a los que están desalentados: «¡Sean fuertes, no teman: ahí está su Dios! Llega la venganza, la represalia de Dios: él mismo viene a salvarlos!».
Entonces se abrirán los ojos de los ciegos y se destaparán los oídos de los sordos;
entonces el tullido saltará como un ciervo y la lengua de los mudos gritará de júbilo. Porque brotarán aguas en el desierto y torrentes en la estepa;
el páramo se convertirá en un estanque y la tierra sedienta en manantiales; la morada donde se recostaban los chacales será un paraje de caña y papiros.
Allí habrá una senda y un camino que se llamará «Camino santo». No lo recorrerá ningún impuro ni los necios vagarán por él;
no habrá allí ningún león ni penetrarán en él las fieras salvajes. Por allí caminarán los redimidos,
volverán los rescatados por el Señor; y entrarán en Sión con gritos de júbilo, coronados de una alegría perpetua: los acompañarán el gozo y la alegría, la tristeza y los gemidos se alejarán.
Salmo 85(84),9ab-10.11-12.13-14.
Voy a proclamar lo que dice el Señor:
el Señor promete la paz,
Su salvación está muy cerca de sus fieles,
y la Gloria habitará en nuestra tierra.
El Amor y la Verdad se encontrarán,
la Justicia y la Paz se abrazarán;
la Verdad brotará de la tierra
y la Justicia mirará desde el cielo.
El mismo Señor nos dará sus bienes
y nuestra tierra producirá sus frutos.
La Justicia irá delante de él,
y la Paz, sobre la huella de sus pasos.
Evangelio según San Lucas 5,17-26.
Un día, mientras Jesús enseñaba, había entre los presentes algunos fariseos y doctores de la Ley, llegados de todas las regiones de Galilea, de Judea y de Jerusalén. La fuerza del Señor le daba poder para curar.
Llegaron entonces unas personas transportando a un paralítico sobre una camilla y buscaban el modo de entrar, para llevarlo ante Jesús.
Como no sabían por dónde introducirlo a causa de la multitud, subieron a la terraza y, desde el techo, lo bajaron con su camilla en medio de la concurrencia y lo pusieron delante de Jesús.
Al ver su fe, Jesús le dijo: «Hombre, tus pecados te son perdonados».
Los escribas y los fariseos comenzaron a preguntarse: «¿Quién es este que blasfema? ¿Quién puede perdonar los pecados, sino sólo Dios?».
Pero Jesús, conociendo sus pensamientos, les dijo: «¿Qué es lo que están pensando?
¿Qué es más fácil decir: ‘Tus pecados están perdonados’, o ‘Levántate y camina’?.
Para que ustedes sepan que el Hijo del hombre tiene sobre la tierra el poder de perdonar los pecados -dijo al paralítico- yo te lo mando, levántate, toma tu camilla y vuelve a tu casa».
Inmediatamente se levantó a la vista de todos, tomó su camilla y se fue a su casa alabando a Dios.
Todos quedaron llenos de asombro y glorificaban a Dios, diciendo con gran temor: «Hoy hemos visto cosas maravillosas».
Comentario del Evangelio por
San Pedro Crisólogo (c. 406-450), obispo de Ravenna, doctor de la Iglesia
Sermón 50; PL 52, 339
“¿Qué es lo que están pensando?”
Gracias a la fe de otros, el alma del paralítico es curada antes que su cuerpo. “Viendo la fe que tenían….” (Mt 9,4ss) dice el evangelio. ¡Notemos, hermanos, Dios no se preocupa de lo que los hombres desean sin razón, no espera encontrar fe en los ignorantes…, en los enfermos. Al contrario, no rechaza ayudar, gracias a la fe de los otros. Esta fe es un regalo de la gracia y es según la voluntad de Dios. .. En su divina bondad, este médico, Cristo, intenta atraer a la salvación a pesar de ellos mismos, a los que están enfermos en el alma, aquellos cuyos pecados y cuyas faltas los aplastan hasta el delirio. Pero ellos no quieren dejarse tratar.
¡Oh, hermanos míos, si quisiéramos, si quisiéramos todos ver hasta el fondo la parálisis de nuestra alma! Nos daríamos cuenta de que, privada de sus fuerzas, yace en un lecho de pecados. La acción de Cristo en nosotros sería fuente de luz. Comprenderíamos cómo cada día mira nuestra falta de fe tan perjudicial, nos arrastra hacia los remedios saludables y fuerza vivamente nuestras voluntades rebeldes. «Hombre, dice, tus pecados te son perdonados».
 

Texto completo del papa Francisco en el ángelus del 4 de diciembre de 2016

El Santo Padre recuerda que con el nacimiento de Jesús en Belén, es Dios mismo que viene a habitar en medio de nosotros para librarnos del egoísmo, del pecado y de la corrupción.
https://es.zenit.org/articles/texto-completo-del-papa-francisco-en-el-angelus-del-4-de-diciembre-de-2016/
•4 diciembre 2016•Redaccion•El papa Francisco
(ZENIT – Ciudad del Vaticano).- El papa Francisco, como cada domingo, ha rezado el ángelus desde el estudio del Palacio Apostólico con los fieles reunidos en la plaza de San Pedro.
Publicamos a continuación las palabras del Papa para introducir la oración mariana:
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
En el Evangelio de este segundo domingo de Adviento resuena la invitación de Juan el Bautista: “¡Convertíos porque el reino de los cielos está cerca!” (Mt 3,2). Con estas palabras Jesús dará inicio a su misión en Galilea (cfr Mt 4,17); y tal será también el anuncio que deberán llevar los discípulos en su primera experiencia misionera (cfr Mt 10,7). El evangelista Mateo quiere así presentar a Juan como el que prepara el camino al Cristo que viene, y los discípulos como los continuadores de la predicación de Jesús. Se trata del mismo alegre anuncio: ¡viene el reino de Dios, es más, está cerca, está en medio de nosotros! Esta palabra es muy importante: “el reino de Dios está en medio de vosotros”, dice Jesús. Y Juan anuncia esto que Jesús luego dirá: “El reino de Dios ha venido, ha llegado, está en medio de vosotros”. Este es el mensaje central de toda misión cristiana. Cuando un misionero va, un cristiano va a anunciar a Jesús, no va a hacer proselitismo como si fuera un hincha que busca más seguidores para su equipo. No, va simplemente a anunciar: “¡El reino de Dios está en medio de vosotros!”. Y así el misionero prepara el camino a Jesús, que encuentra a su pueblo.
 
¿Pero qué es este reino de Dios, reino de los cielos? Son sinónimos. Nosotros pensamos enseguida en algo que se refiere al más allá: la vida eterna. Cierto, esto es verdad, el reino de Dios se extenderá sin fin más allá de la vida terrena, pero la buena noticia que Jesús nos trae — y que Juan anticipa– es que el reino de Dios no tenemos que esperarlo en el futuro: se ha acercado, de alguna manera está ya presente y podemos experimentar desde ahora el poder espiritual. Dios viene a establecer su señorío en la historia, en nuestra vida de cada día; y allí donde esta viene acogida con fe y humildad brotan el amor, la alegría y la paz.
La condición para entrar a formar parte de este reino es cumplir un cambio en nuestra vida, es decir, convertirnos. Convertirnos cada día, un paso adelante cada día. Se trata de dejar los caminos, cómodo pero engañosos, de los ídolos de este mundo: el éxito a toda costa, el poder a costa de los más débiles, la sed de riquezas, el placer a cualquier precio. Y de abrir sin embargo el camino al Señor que viene: Él no quita nuestra libertad, sino que nos da la verdadera felicidad. Con el nacimiento de Jesús en Belén, es Dios mismo que viene a habitar en medio de nosotros para librarnos del egoísmo, del pecado y de la corrupción, de estas estas actitudes que son del diablo: buscar éxito a toda costa, el poder a costa de los más débiles,  tener sed de riquezas y buscar el placer a cualquier precio.
 
La Navidad es un día de gran alegría también exterior, pero es sobre todo un evento religioso por lo que es necesaria una preparación espiritual. En este tiempo de Adviento, dejémonos guiar por la exhortación del Bautista: “Preparad el camino al Señor, allanad sus senderos” (v. 3).
Nosotros preparamos el camino del Señor y allanamos sus senderos cuando examinamos nuestra conciencia, cuando escrutamos nuestras actitudes, cuando con sinceridad y confianza confesamos nuestros pecados en el sacramento de la penitencia. En este sacramento experimentamos en nuestro corazón la cercanía del reino de Dios y su salvación. La salvación de Dios es trabajo de una amor más grande que nuestro pecado; solamente el amor de Dios puede cancelar el pecado y liberar del mal, y solamente el amor de Dios puede orientarnos sobre el camino del bien.
Que la Virgen María nos ayude a prepararnos al encuentro con este Amor cada vez más grande que en la noche de Navidad se ha hecho pequeño pequeño, como una semilla caída en la tierra, la semilla del reino de Dios.
Después del ángelus, el Papa ha añadido:
Queridos hermanos y hermanas,
¡Os saludo a todos vosotros, romanos y peregrinos!
Saludo en particular a los fieles venidos de Córdoba, Jaén y Valencia, de España; de Split y Makarska, en Croacia; de las parroquias de Santa María de la Oración y del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo en Roma.
A todos os deseo un feliz domingo y un buena camino de Adviento. Este preparar el camino al Señor, convertirnos cada día.
Hasta el jueves por la fiesta de María Inmaculada. En estos días rezamos unidos pidiendo su materna internación por la conversión de los corazones y el don de la paz.
Y por favor, no os olvidéis de rezar por mí. ¡Buen almuerzo!

Comentario al evangelio de hoy sábado 03 de diciembre de 2016.

Abundancia de dones recibidos.
Sábado I Adviento. Ciclo A.
La mies es mucha.
Por: H. Iván Yoed González Aréchiga LC  / Fuente : http://es.catholic.net/op/articulos/63880/abundancia-de-dones-recibidos.html
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
«Así como el solilumina al mismo tiempo a los cedros y a cada florecilla, como si sólo ella existieseen la tierra, del mismo modo Nuestro Señor se ocupa tan personalmente de cada alma, como si no hubiera otras como ella. Y así como en la naturaleza todas lasestaciones están ordenadas de tal modo que en el día señalado se abra hasta lamás humilde margarita, de la misma manera todo está ordenado al bien de cadaalma». (Santa Teresa de Lisieux, Historia de un alma).
Quiero siempre confiar en Ti, Señor.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Mateo 9, 35-10, 1.6-8
En aquel tiempo, Jesús recorría todas las ciudades y los pueblos, enseñando en las sinagogas, predicando el Evangelio del Reino y curando toda enfermedad y dolencia. Al ver a las multitudes, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y desamparadas, como ovejas sin pastor. Entonces dijo a sus discípulos: «La cosecha es mucha y los trabajadores, pocos. Rueguen, por tanto, al dueño de la mies que envíe trabajadores a sus campos».
Después, llamando a sus doce discípulos, les dio poder para expulsar a los espíritus impuros y curar toda clase de enfermedades y dolencias. Les dijo: «Vayan en busca de las ovejas perdidas de la casa de Israel. Vayan y proclamen por el camino que ya se acerca el Reino de los cielos. Curen a los leprosos y demás enfermos; resuciten a los muertos y echen fuera a los demonios. Gratuitamente han recibido este poder; ejérzanlo, pues, gratuitamente».
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio.
Jesús, tu testimonio de generosidad, de ese «dar», me sacude. Tú, Dios venido al mundo, poseedor de tantos dones, de los que no quisiste disponer sino obsequiar, te volviste pobre entre los pobres.
Gratis de Ti, gratis desde tu corazón he recibido tanto. Tan sólo el don de los sentidos, como la vista, para contemplar lo bello de este mundo, para mirar lo que puedo renovar, o para mirar una persona cara a cara, para percibir una sonrisa; el don del tacto, y aunque tan sólo fuese para palpar algo sencillo ¡como una fruta!, o para consolar con una palmada, dar la mano a alguien, o para acariciar; el don del olfato, del gusto… ¡Doy tantos dones por sobreentendidos! ¡Como si se explicasen solos!, como si no hubiera un donador, como si no hubiese un padre bueno.
Mis amigos, mi familia, mi trabajo, mis estudios, incluso mis problemas (que son oportunidades para amar más puramente)… y gratis todo a fin de cuentas, Jesús. Ojalá contemplara más frecuentemente cuánto he recibido por tu amor, y así quizá mi corazón cambiaría: no me sentiría como si fuera yo mismo quien se da las cosas, como si fuese yo el dueño de cada una de ellas. Pues poseo tantos tesoros, pero los poseo en mi vasija de barro, que soy yo.
Todo don, todo obsequio de tu mano, no he de conservarlo para mí, sino orientarlo siempre hacia la eternidad.
«Nuestra vida está totalmente segura en las manos de Jesús y del Padre, que son una sola cosa: un único amor, una única misericordia, reveladas de una vez y para siempre en el sacrificio de la cruz. Para salvar a las ovejas perdidas que somos todos nosotros, el Pastor se hizo cordero y se dejó inmolar para tomar sobre sí y quitar el pecado del mundo. De esta manera Él nos ha dado la vida, pero la vida en abundancia.»
(Homilía de S.S. Francisco, 17 de abril de 2016).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Hoy me detendré un instante, en silencio, para pensar de qué te podría dar gracias, Jesús.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

EDD. sábado 03 de diciembre de 2016.

Sábado de la primera semana de Adviento.
http://evangeliodeldia.org/main.php?language=SP&module=readings&localdate=20161202

Libro de Isaías 30,19-21.23-26. 
Así habla el Señor:
Sí, pueblo de Sión, que habitas en Jerusalén, ya no tendrás que llorar: él se apiadará de ti al oír tu clamor; apenas te escuche, te responderá.
Cuando el Señor les haya dado el pan de la angustia y el agua de la aflicción, aquel que te instruye no se ocultará más, sino que verás a tu maestro con tus propios ojos.
Tus oídos escucharán detrás de ti una palabra: «Este es el camino, síganlo, aunque se hayan desviado a la derecha o a la izquierda».
El Señor te dará lluvia para la semilla que siembres en el suelo, y el pan que produzca el terreno será rico y sustancioso. Aquel día, tu ganado pacerá en extensas praderas.
Los bueyes y los asnos que trabajen el suelo comerán forraje bien sazonado, aventado con el bieldo y la horquilla.
En todo monte elevado y en toda colina alta, habrá arroyos y corrientes de agua, el día de la gran masacre, cuando se derrumben las torres.
Entonces, la luz de la luna será como la luz del sol, y la luz del sol será siete veces más intensa -como la luz de siete días- el día en que el Señor vende la herida de su pueblo y sane las llagas de los golpes que le infligió.
Salmo 147(146),1-2.3-4.5-6. 
¡Qué bueno es cantar a nuestro Dios,
qué agradable y merecida es su alabanza!
El Señor reconstruye a Jerusalén
y congrega a los dispersos de Israel.
Sana a los que están afligidos
y les venda las heridas.
Él cuenta el número de las estrellas
y llama a cada una por su nombre.
Nuestro Señor es grande y poderoso,
su inteligencia no tiene medida.
El Señor eleva a los oprimidos
y humilla a los malvados hasta el polvo.
Evangelio según San Mateo 9,35-38.10,1.6-8. 
Jesús recorría todas las ciudades y los pueblos, enseñando en las sinagogas, proclamando la Buena Noticia del Reino y curando todas las enfermedades y dolencias.
Al ver a la multitud, tuvo compasión, porque estaban fatigados y abatidos, como ovejas que no tienen pastor.
Entonces dijo a sus discípulos: «La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos.
Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha.»
Jesús convocó a sus doce discípulos y les dio el poder de expulsar a los espíritus impuros y de curar cualquier enfermedad o dolencia.
«Vayan, en cambio, a las ovejas perdidas del pueblo de Israel.
Por el camino, proclamen que el Reino de los Cielos está cerca.
Curen a los enfermos, resuciten a los muertos, purifiquen a los leprosos, expulsen a los demonios. Ustedes han recibido gratuitamente, den también gratuitamente.»
Comentario del Evangelio por San Bernardo (1091-1153), monje cisterciense y doctor de la Iglesia. 7º Sermón de Adviento.
«Viendo a la muchedumbre, sintió compasión de ellos porque estaban fatigados y abatidos»
Al celebrar devotamente el adviento del Señor, no hacemos más que lo que debemos hacer; puesto que no viene sólo a nosotros, sino también por nosotros; aquel soberano Rey, que no tiene necesidad de nuestros bienes, verdaderamente la misma grandeza de su dignidad, manifiesta con mayor claridad, lo grande de nuestra necesidad. No sólo se conoce el peligro de la enfermedad, por el precio de la medicina, sino que también se conoce la multitud de achaques, por la abundancia de los remedios.
Por eso es necesario del advenimiento del Señor, por eso es necesaria a los hombres así oprimidos, la presencia de Cristo, y ojalá de tal modo venga, que por su copiosísima dignación, habitando en nosotros por la fe, ilumine nuestra ceguera; permaneciendo con nosotros, ayude nuestra debilidad, y estando por nosotros, proteja y defienda nuestra fragilidad. Porque, si él está en nosotros ¿quién nos engañará?, si está con nosotros ¿qué no podremos en el Señor, que nos conforta? (Fil. 4,13) “Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros?” (Rm 8,31) Jesús Cristo es el consejero fiel que de ningún modo puede ser engañado, ni engañar, fuerte auxilio, que no se cansará… Es la sabiduría de Dios, la fuerza misma de Dios (1 Co 1,24)… A este tan gran Maestro, hermanos míos, recurramos en toda deliberación, esta poderosa ayuda invoquemos en toda decisión, a este protector tan fiel encomendemos nuestras almas en todos los combates, el cual vino al mundo, para que habitando en los hombres, con los hombres y por los hombres, se iluminasen nuestras tinieblas, y se suavizasen nuestros trabajos, y se apartasen nuestros peligros.

 

Texto completo de la primera predicación de Adviento del padre Raniero Cantalamessa

“Creo en el Espíritu Santo”.
https://es.zenit.org/articles/texto-completo-de-la-primera-predicacion-de-adviento-del-padre-raniero-cantalamessa/
(ZENIT – Ciudad del Vaticano).- Publicamos a continuación el texto completo de la primera predicación de adviento del padre Raniero Cantalamessa, ofmcap, predicador de la Casa Pontificia.
“CREO EN EL ESPÍRITU SANTO”

  1. La novedad del post-concilio

Con la celebración del 50º aniversario de la clausura del Concilio Vaticano II se concluyó la primera fase del “después del Concilio” y se abre otra. Si la primera fase ha estado caracterizada por los problemas relativos a la “recepción” del Concilio, esta nueva se caracterizará, creo, por el completar e integrar el Concilio; en otras palabras, el releer el Concilio a la luz de los frutos producidos, dando luz también a lo que falta, o que estaba presente solo en la fase seminal.
La mayor novedad del post Concilio, en la teología y en la vida de la Iglesia, tiene un nombre precioso: el Espíritu Santo. El Concilio no había ignorado su acción en la Iglesia, pero había hablado casi siempre en passant, mencionándolo a menudo, pero sin dar luz al rol central, ni tampoco en la constitución sobre la Liturgia. En una conversación, en el tiempo en el que estábamos juntos en la Comisión Teológica Internacional, recuerdo que el padre Yves Congar usó una imagen fuerte respecto a esto; habló de un Espíritu Santo, esparcido aquí y allí en los textos, como se hace con el azúcar sobre los dulces que, sin embargo, no entra a formar parte de la composición de la masa.
El deshielo sin embargo había comenzado. Podemos decir que la esperanza de san Juan XXIII del concilio como de “un nuevo Pentecostés para la Iglesia” ha encontrado su actuación solo después, con el concilio concluido, como ha sucedido a menudo, por otro lado, en la historia de los concilios.
En el año entrante se celebra el 50º aniversario del inicio, en la Iglesia católica, de la Renovación Carismática. Es uno de los muchos signos -el más evidente por la vastedad del fenómeno- del despertar del Espíritu y de los carismas en la Iglesia. El Concilio había allanado el camino a su acogida, hablando, en la Lumen gentium, de la dimensión carismática de la Iglesia, junto a esa institucional y jerárquica, e insistiendo en la importancia de los carismas[1]. En la homilía de la misa crismal del Jueves Santo de 2012, Benedicto XVI afirmó:
“Mirando a la historia de la época post-conciliar, se puede reconocer la dinámica de la verdadera renovación, que frecuentemente ha adquirido formas inesperadas en movimientos llenos de vida y que hacen casi tangible la inagotable vivacidad de la Iglesia, la presencia y la acción eficaz del Espíritu Santo”.
Contemporáneamente, la renovada experiencia del Espíritu Santo ha estimulado la reflexión teológica[2]. Después del concilio se han multiplicado los tratados sobre el Espíritu Santo: entre los católicos, el del mismo Congar[3], de K. Rahner[4], de H.Mühlen[5] y de von Balthasar[6]; entre los luteranos el de J. Moltmann[7] y de M. Welker[8], y de muchos otros. Por parte del magisterio ha estado la encíclica de san Juan Pablo II “Dominum et vivificantem”. Con ocasión del XVI centenario del concilio de Constantinopla del 381, el mismo Sumo Pontífice promovió un congreso internacional de Pneumatología en el Vaticano, cuyos actos fueron publicados por la Librería Editrice Vaticana, en dos grandes volúmenes titulados “Credo in Spiritum Sanctum” [9].
En los últimos años estamos asistiendo a un paso decidido hacia delante en esta dirección. Hacia el final de su carrera, Karl Barth hizo una afirmación provocadora que era, en parte, también una autocrítica. Dijo que en un futuro se desarrollaría una teología diferente, la “teología del tercer artículo”. En el mismo sentido se expresó Karl Rahner. Por “tercer artículo” se entiende, naturalmente, el artículo del credo sobre el Espíritu Santo. La sugerencia no cayó en el vacío. De aquí se inició la actual corriente denominada, precisamente, “Teología del tercer artículo”.
No creo que tal corriente quiera sustituir a la teología tradicional (sería un error si lo pretendiera), sino más bien estar a su lado y vivificarla. Esta se propone hacer del Espíritu Santo no solo el objeto del tratado que a él se refiere, la Pneumatología, sino por así decir la atmósfera en la que se desarrolla toda la vida de la Iglesia y cada búsqueda teológica, la “luz de los dogmas”, como un antiguo Padre de la Iglesia definía al Espíritu Santo.
La exposición más completa de esta reciente corriente teológica es el volumen de ensayos que apareció en inglés el pasado octubre, con el título “Teología del tercer artículo. Para una dogmática pneumatológica”[10]. En él, partiendo de la doctrina trinitaria de la gran tradición, teólogos de diferentes Iglesias cristianas ofrecen su contribución, como premisa a una teología sistemática más abierta al Espíritu y que responde más a las exigencias actuales. Se me ha pedido también a mí, como católico, contribuir con un ensayo sobre “Cristología y pneumatología en los primeros siglos de la Chiesa”.

  1. El credo leído desde abajo

Las razones que justifican esta nueva orientación teológica no son solamente de orden dogmático, sino también histórico. En otras palabras, se entiende mejor qué es, y qué se propone, la teología del tercer artículo si se tienen en cuenta cómo se ha formado el símbolo actual Niceno-Constantinopolitano. De esta historia emerge clara la utilidad de leer una vez tal símbolo “a la inversa”, es decir, empezando por el final en vez de que desde el principio.
Trato de explicar qué pretendo decir. El símbolo Niceno-Constantinopolitano refleja la fe cristiana en su fase final, después de todas las declaraciones y las definiciones conciliares, terminadas en el siglo V. Refleja el orden alcanzado al final del proceso de formulación del dogma, pero no refleja el proceso mismo. No corresponde, en otras palabras, al proceso con el que de hecho la fe de la Iglesia se ha formado históricamente, y tampoco corresponde al proceso con el que se añade hoy a la fe, entendida con fe viva en un Dios vivo.
En el credo actual, se parte de Dios Padre y creador, de Él se pasa al Hijo y a su obra redentora, y finalmente al Espíritu Santo operante en la Iglesia. En la realidad, la fe siguió el camino inverso. Fue la experiencia pentecostal del Espíritu que llevó a la Iglesia a descubrir quién era verdaderamente Jesús y cuál había sido su enseñanza. Con Pablo y sobre todo con Juan, se llega a subir de Jesús al Padre. Es el Paráclito que, según la promesa de Jesús, conduce a los discípulos a la “plena vedad” sobre Él y el Padre (Jn 16, 13).
San Basilio de Cesárea resume en estos términos el desarrollo de la revelación y de la historia de la salvación:
“El camino del conocimiento de Dios procede del único Espíritu, a través el único Hijo, hasta el único Padre; inversamente la bondad natural, la santificación según la naturaleza, la dignidad real se difunden desde el Padre, por medio del Unigénito, hasta el Espíritu” [11].
En otras palabras, en el orden de la creación y del ser, todo parte del Padre, pasa por el Hijo y llega a nosotros en el Espíritu; en el orden de la redención y del conocimiento, todo comienza con el Espíritu Santo, pasa por el Hijo Jesucristo y vuelve al Padre. ¡Podemos decir que san Basilio es el verdadero iniciador de la teología del tercer artículo! En la tradición occidental todo esto está expresado sintéticamente en la estrofa final del himno del Veni creator. Dirigiéndose al Espíritu Santo, en esta la Iglesia reza diciendo:
Per te sciamus da Patrem,
noscamus atque Filium,
te utriusque Spiritum
credamus omni tempore.
Haz que por ti conozcamos al Padre
y sabemos también quien es el Hijo
y que en ti, Espíritu de ambos,
creamos ahora y eternamente.
Esto no significa mínimamente que el credo de la Iglesia no sea perfecto o que deba ser reformado. Es la manera de leerlo que de vez en cuando es útil cambiar, para rehacer el camino con el que se ha formado. Entre las dos formas de utilizar el credo – como producto cumplido, o en su mismo hacerse -, está la misma diferencia que hacer personalmente, de buena mañana, la escalada del Monte Sinaí partiendo del monasterio de Santa Caterina, o leer el relato de uno que ha hecho la escalada antes que nosotros.
 

  1. Un comentario sobre el “tercer artículo”

Intentaré por lo tanto, en las tres meditaciones de Adviento, proponer reflexiones sobre algunos aspectos de la acción del Espíritu Santo, partiendo justamente del tercer artículo del credo que se refiere a esto. Esto comprende tres grandes afirmaciones: partamos de la primera:
a.“Creo en el Espíritu Santo que es Señor y da la vida”.
El credo no dice que el Espíritu Santo es “el” Señor (un poco antes, en el credo se proclama: “creo en un solo Señor Jesucristo”. Señor (en el texto original, to kyrion, neutro!) indica aquí la naturaleza, no la persona; dice qué cosa es, no quién es el Espíritu Santo. “Señor” quiere decir que el Espíritu Santo comparte la Señoría de Dios, que está de la parte del Creador, no de las criaturas; en otras palabras que es de naturaleza divina.
A esta certeza la Iglesia había llegado basándose no solamente en la Escritura, pero también en la propia experiencia de salvación. El Espíritu, escribía ya san Atanasio, no puede ser una creatura porque cuando somos tocados por él (en los sacramentos, en la Palabra, en la oración) sentimos la experiencia de entrar en contacto con Dios en persona, no con un intermediario suyo. Si nos diviniza, quiere decir que es el mismo Dios[12].
¿No se podía, en el símbolo de la fe, decir la misma cosa de una manera más explícita, definiendo al Espíritu Santo pura y simplemente “Dios y consustancial con el Padre”, como se había hecho con el Hijo en el concilio de Nicea?  Seguramente y fue justamente esta la crítica hecha por algunos obispos, entre los cuales san Gregorio Nazianzeno, a la definición. Por motivos de oportunidad y de paz, se prefirió decir la misma cosa con expresiones equivalentes, atribuyendo al Espíritu, además que el título de Señor, también la isotimia, o sea la igualdad con el Padre y el Hijo en la adoración y en la glorificación de la Iglesia.
La expresión sucesiva, según la cual el Espíritu Santo “da la vita”, es traída de diversos pasajes del Nuevo Testamento: “Es el Espíritu que da la vida” (Jn 6, 63); “La ley del Espíritu da la vida en Cristo Jesús” (Rm 8, 2); “El último Adan se volvió espíritu dador de vida” (1 Cor 15, 45); “La letra mata, el Espíritu vivifica” (2 Cor 3, 6).
Nos ponemos tres preguntas. Primero, ¿qué vida da el Espíritu Santo? Respuesta: da la vida divina, la vida de Cristo. Una vida sobre-natural, no una super-vida natural; crea al hombre nuevo, no al superhombre de Nietzsche “inflado de vida”. Segundo, ¿dónde nos da tal vida? Respuesta: en el bautismo, que es presentado de hecho como un “renacer del Espíritu” (Jn 3, 5), en los sacramentos, en la palabra de Dios, en la oración, en la fe, en el sufrimiento aceptado en unión con Cristo. Tercero, ¿cómo nos da la vida, el Espíritu? Respuesta: haciendo morir las obras de la carne. “Si con la ayuda del Espíritu hacen morir las obras de la carne vivirán” dice san Pablo en Romanos 8,13.
b.“… y procede del Padre (y del Hijo) y con el Padre y el Hijo es adorado y glorificado”.
Pasemos ahora a la segunda afirmación del credo sobre el Espíritu Santo. Hasta ahora el símbolo de fe nos ha hablado de la naturaleza del Espíritu, no aún de la persona; nos ha dicho que es, no quien es el Espíritu, nos ha hablado de lo que acomuna al Espíritu Santo al Padre y al Hijo – el hecho de ser Dios y de dar la vida. Con la presente afirmación se pasa a lo que distingue al Espíritu Santo del Padre y del Hijo. Lo que lo distingue del Padre es que procede de él (otro es aquel que procede, otro aquel del que procede); lo que lo distingue del Hijo es que procede del Padre no por generación, pero por espiración, para expresarnos en términos simbólicos, no como el concepto (logos) que procede de la mente, pero como el soplo procede de la boca.
Es el elemento central del artículo del credo, aquello con lo que se entendía definir el lugar que el Paráclito ocupa en la Trinidad. Esta parte del símbolo es conocida sobre todo por el problema del Filioque, que fue por un milenio el objeto principal del desacuerdo entre Oriente y Occidente. No me detengo sobre este problema que fue incluso demasiado discutido, también porque yo mismo he hablado de él en esta sede, abordando el tema de la comunión de fe entre Oriente y Occidente, en la cuaresma del año pasado.
Me limito a poner en claro aquello que podemos recoger de esta parte del símbolo y que enriquece nuestra fe común, dejando de lado las disputas teológicas. Esto nos dice que el Espíritu Santo no es un pariente pobre de la Trinidad. No es un simple “modo de actuar” de Dios, una energía o un fluido que atraviesa el universo como pensaban los estoicos; es una “relación subsistente”, por lo tanto una persona.
No tanto la “tercera persona singular”, sino más bien “la primera persona plural”. El “Nosotros” del Padre y del Hijo[13]. Cuando, para expresarnos de manera humana, el Padre y el Hijo hablan del Espíritu Santo, no dicen “él”, sino “nosotros”, porque él es la unidad del Padre y del Hijo. Aquí se ve la fecundidad extraordinaria de la intuición de san Agustín para quien el Padre es quien ama, el Hijo el amado y el Espíritu el amor que los une, el don intercambiado. Sobre esto se basa la creencia de la Iglesia occidental, según la cual el Espíritu Santo procede “del Padre y del Hijo”.
El Espíritu Santo, a pesar de todo, quedará siempre el Dios escondido, también si logramos conocer los efectos. Él es como el viento: no se sabe de donde viene y adonde va, pero se ven los efectos cuando pasa. Es como la luz que ilumina todo lo que está delante, quedando esa escondida. Por esto es la persona menos conocida y amada de los Tres, a pesar de que sea el Amor en persona. Nos resulta más fácil pensar en el Padre y en el Hijo como “personas”, pero es más difícil para el Espíritu.
No existen categorías humanas que puedan ayudarnos a entender este misterio. Para hablar de Dios Padre nos ayuda la filosofía que se ocupa de la causa primera (el “Dios de los filósofos”); para hablar del Hijo tenemos la analogía humana de la relación padre – hijo y tenemos también la historia, porque el Verbo se hizo carne. Para hablar del Espíritu no tenemos sino la revelación y la experiencia. La misma Escritura nos habla de él sirviéndose casi siempre de símbolos naturales: la luz, el fuego, el viento, el agua, el perfume, la paloma.
Comprenderemos plenamente quién es el Espíritu Santo solamente en el paraíso. Más aún, lo viviremos en una vida que no tendrá fin, en una profundidad que nos dará inmensa alegría. Será como un fuego dulcísimo que inundará nuestra alma y la colmará de gozo, como cuando el amor arrolla el corazón de una persona y esta se siente feliz.
c.“… y ha hablado por medio de los profetas”
Estamos en la tercera y última gran afirmación sobre el Espíritu Santo. Después de haber profesado nuestra fe en la acción vivificadora y santificadora del Espíritu Santo en la primera parte del artículo (el Espíritu que es Señor y da la vida), ahora se indica también su acción carismática. De ella se nombra un carisma para todos, aquel que Pablo considera el primero por importancia, o sea la profecía. (cf 1 Cor 14).
También del carisma profético se menciona solamente una etapa: el Espíritu que “ha hablado por medio de los profetas”, o sea en el Antiguo Testamento. La afirmación se basa sobre diversos textos de la Escritura, y en particular en 2 Pedro 21: “Movidos por el Espíritu Santo, hablaron algunos hombres de parte de Dios”.

  1. Un artículo que es necesario completar

La Carta a los Hebreos dice que “después de haber hablado un tiempo por medio de los profetas, en los últimos tiempos Dios nos ha hablado en el Hijo” (cf Hb 1,1-2). El Espíritu no ha dejado por lo tanto de hablar por medio de los profetas; lo ha hecho con Jesús y lo hace también hoy en la Iglesia. Esta y otras lagunas del símbolo fueron colmadas poco a poco en la práctica de la Iglesia, sin necesidad, por esto, de cambiar el texto del credo (como sucedió lamentablemente en el mundo latino con el añadido del Filioque). Tenemos un ejemplo en la epiclesi de la liturgia ortodoxa llamada de San Jacobo, que dice así:
“Manda tu santísimo Espíritu, Señor y vivificador, que está sentado contigo, Dios y Padre, y con tu Hijo unigénito; que reina, consustancial y coeterno. Él ha hablado en la Ley, en los profetas del Nuevo Testamento; ha bajado en forma de paloma sobre Nuestro Señor Jesucristo en el río Jordán, reposando sobre él, y bajó sobre los santos apóstoles el día de la santa Pentecostés”. [14]
Uno quedaría desilusionado por lo tanto si quisiera encontrar en el artículo sobre el Espíritu Santo todo o también solamente lo mejor de la revelación bíblica sobre él. Esto pone en evidencia la naturaleza y el límite de cada definición dogmática. Su finalidad no es decir todo sobre un dato de la fe, sino trazar un perímetro dentro del cual se debe colocar cada afirmación y que ninguna afirmación puede contradecir. A esto se añade en nuestro caso, el hecho que el artículo fue compuesto en un momento en el cual la reflexión sobre el Paráclito había apenas iniciado y, por añadidura, razones históricas contingentes (el deseo de paz del emperador) imponía un compromiso entre las partes.
Pero nosotros no tenemos solamente las pocas palabras del credo sobre el Paráclito. La teología, la liturgia y la piedad cristiana, sea en Occidente que en Oriente, han revestido de “carne y sangre” las escarzas afirmaciones del símbolo de la fe. En la secuencia de Pentecostés la íntima relación y personal del Espíritu Santo con cada alma – una dimensión completamente ausente en el símbolo – ha sido expresada con títulos como padre de los pobres, luz de los corazones, dulce huésped del alma, dulcísimo alivio.
La misma secuencia dirige al Espíritu Santo una serie de oraciones que sentimos particularmente bellas y necesarias. Concluimos proclamándolas juntas, buscando de individuar entre ellas aquella que sentimos más necesaria para nosotros:
Lava quod ests órdidum,
Riga quod est áridum,
sana quod est sáucium.
Flecte quod est rígidum,
fove quod est frígidum,
rege quod est dévium.
Lava lo que está sucio,
riega lo que está árido,
sana lo que sangra.
Dobla lo que está rígido,
calienta lo que está gélido,
endereza lo que está desviado.
________________________________________
Traducción de Zenit
[1] Lumen gentium 12.
[2]Cf. La riscoperta dello Spirito. Esperienza e teologia dello Spirito Santo, a cura di Claus Hartmann e Heribert Muhlen, Milano 1975 (ed. originale, Erfahrung und TheolgiedesHeiligenGeistes, München 1974).
[3] Y. Congar, Credo nello Spirito Santo,2,  Brescia 1982, pp. 157-224
[4] K. Rahner, Erfahrung des Geistes. Meditation auf Pfingsten, Herder, Friburgo  i. Br. 1977.
[5] H. Mühlen ,Der Heilige Geist als Person. Ich – Du – Wir, Münster in W., 1963
[6] U. von Balthasar, Spiritus Creator, Brescia 1972, p. 109
[7] J. Moltmann, Lo Spirito della vita, , Brescia 1994, pp. 102-108.
[8] M. Welker, Lo Spirito di Dio. Teologia dello Spirito Santo, Brescia 1995, p.62.
[9] Editi da Libreria Editrice Vaticana nel 1983.
[10]Third Article Theology: A PneumatologicalDogmatics, a cura di MykHabets, Fortress Press, Settembre 2016.
[11] Basilio di Cesarea, De  SpirituSancto XVIII, 47 (PG 32 , 153).
[12] S. Atanasio, Cartas a Serapiòn, I, 24 (PG 26, 585).
[13]Cf H. Mühlen, Der Heilige Geist als Person. Ich – Du – Wir, Aschendorff, Münster in W. 1963. Il primo a definire lo Spirito Santo il «divino Noi» è stato S. Kierkegaard, Diario II A 731 (23 aprile 1838).
[14] In A. Hänggi – I. Pahl, PrexEucharistica, Fribourg, Suisse, 1968, p. 250.

Homilía para la Eucaristía del Domingo 04 de diciembre de 2016.

DOMINGO II DE ADVIENTO.

Isaías 11,1-10: con lenguaje florido se despide el tiempo mesiánico. Del tronco seco brota un retoño penetrado del Espíritu de Dios, que es germen de vida. De allí que será un rey justo, lleno del Espíritu, que traerá un tiempo nuevo, paradisíaco.

Romanos 15,4-9: así como Cristo acogía a todos sin distinción, del mismo modo los cristianos deben ser unidos y acogedores. Jesús ofrece a judíos y gentiles la salvación.

Mateo 3,1-12: aparece la figura de Juan Bautista que anuncia la cercanía del Reino de Dios, es decir, el juicio de Dios que viene a seleccionar, separar lo bueno de lo malo. Por eso, hay que convertirse.

1.- Un paso más en el Adviento, en el que aparecen dos personajes: el Espíritu Santo y Juan el Bautista.

Una de las características del tiempo mesiánico es la presencia del Espíritu de Dios, que es vida, que es fecundidad. Por la historia de Israel se sabe que la dinastía de David estaba exhausta; existía una sequía, una esterilidad en el cumplimiento de la Alianza. Reinaba la infidelidad con todas sus consecuencias. Por eso se promete un retoño pleno del Espíritu de Dios, quien vendrá a recrear el Paraíso perdido, con todo lo que podemos nosotros añorar de este paraíso. De hecho el hombre siempre ha soñado con un paraíso aquí en la tierra. Tanto regímenes de derecha como de izquierda proponen la utopía del paraíso, lo mismo filósofos como teólogos.

2.- Mas la realidad del mundo está lejos de ser paradisíaca. Al contrario, las tensiones y enemistades hacen de este mundo un infierno. Hoy reina no un sueño del paraíso, sino la pesadilla del infierno. Es que cuando el hombre pretende ser Dios se convierte en un lobo para el hombre. Aunque parezca extraño, muchos pretenden imponer el paraíso en este mundo por medio de la fuerza, las armas, la descalificación. En nuestro barrio se lee un grafiti que dice: “Paz para los pueblos, pero lucha de clases”. Y de este error se pretende hacer un lema, una consigna de lucha política.

Nosotros los cristianos también tenemos el sueño, la Utopía del Reino de Dios, en el que florecerá la justicia y abundará la paz; en el que el pobre, el débil serán los privilegiados. Soñar no cuesta nada. Pero, ¡Ay de la humanidad que no sueña! ¡Ay de los cristianos que no sueñan! Sólo los soñadores, como Francisco de Asís, lograron lo que otros no hicieron. Sin sueños, sin utopías, el mundo, la humanidad, la Iglesia serían estériles, secos, sin vida. Por eso, que venga tu Reino, cargado del Espíritu de Dios.

3.- El otro personaje es la figura enjuta de Juan el Bautista, que clama en el desierto, allí donde no hay vida. Nos hace un llamado a la conversión. Es cierto que el llamado del Bautista es más bien de corte negativo. Hay que cambiar porque ya llega el juicio de Dios, se talará lo estéril. Sin embargo señala la presencia de Aquel que trae el Espíritu, la vida.

Nosotros no podemos renunciar a esta utopía, de allí la Esperanza. Pero no podemos pretender creer que el paraíso se va a realizar en este mundo. No, por algo es utopía. No es de este mundo, pero afecta a este mundo. De allí el aporte de nuestra Fe y Esperanza: la vivencia de la Caridad.

4.- Jesús se identifica con el sueño de Dios, El es el Reino y trae el Reino. Por eso El a nadie excluyó; al contrario, a todos acogió.

La cultura del mundo, del No-reino, es la exclusión, el descarte, de la descalificación. Y eso no lo quiere el Señor. Dios acoge a todos y quiere que todos se salven, que la paz y el bien sea para todos. JUn signo de esto puede ser la Teletón, el “abrazo de Chile”. Pero no sólo la Teletón; la vida cristiana, la Eucaristía, todo lo que hagamos tiene que estar movido, motivado por el Reino de Dios. La razón de ser de la Iglesia, de lo que somos y hacemos los cristianos es el Reino, no hay otra razón. Y esto hay que afirmarlo siempre.

El Adviento pretende esto: que tratemos de hacer realidad este sueño, que sea una realidad en que el lobo y el cordero, el leopardo y el cabrito se recuesten juntos. En nuestro interior se tumban un lobo y un cordero. ¿Quién podrá realizar este sueño? Cada uno de nosotros, si en realidad nos convertimos y dejamos entrar al Señor que siempre está viniendo.

Hermano Pastor Salvo Beas.

Parroquia de San Miguel.

Comentario al evangelio de hoy viernes 02 de diciembre de 2016

Perseverar en la oración.

Viernes I de Adviento. Ciclo A. 
Y se les abrieron sus ojos.
Por: H. Cristian Gutiérrez LC
Fuente:  http://es.catholic.net/op/articulos/63863/perseverar-en-la-oracion.html

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Creo, Señor, que estás presente en este momento. Sé que quieres estar conmigo y yo también deseo acompañarte. Señor, enséñame a orar. Gracias por todos los dones que me concedes siempre sin yo merecerlo. Aumenta mi fe, mi esperanza y mi caridad. Permíteme en este rato conocerte y amarte un poco más. Llena mi corazón de celo por la salvación de las almas y la extensión de tu Reino.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Mateo 9, 27-31
Cuando Jesús salía de Cafarnaúm, lo siguieron dos ciegos, que gritaban: «¡Hijo de David, compadécete de nosotros!». Al entrar Jesús en la casa, se le acercaron los ciegos y Jesús les preguntó: «¿Creen que puedo hacerlo?». Ellos le contestaron: «Sí, Señor». Entonces les tocó los ojos, diciendo: «Que se haga en ustedes conforme a su fe». Y se les abrieron los ojos. Jesús les advirtió severamente: «Que nadie lo sepa». Pero ellos, al salir, divulgaron su fama por toda la región.
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio.
Antes de meditar en el pasaje de hoy conviene recordar que estoy ya en el periodo de preparación para tu venida a mi alma. Las recomendaciones que me das en la Liturgia son los mejores medios para prepararme bien. Al fin y al cabo nadie puede prepararte mejor el lugar que quieres sino Tú mismo, claro que con mi ayuda y por ello pones a mi disposición estos consejos.
Puedo tomar un medio para seguir en este camino de adviento. Es el medio de la oración. Una oración perseverante y con fe.
Contemplo a estos dos ciegos que sin verte te siguen e insisten en su petición. Es una muy buena imagen de la oración. Esa oración en la que a veces me tengo que lanzar a ciegas pues no te veo ni te siento. Una oración sacudida por una desgracia familiar, una rutina incrustada en mi vida o incluso un buen momento de bienestar en el que me olvido de Ti. Sin embargo, dame la gracia de continuar siguiéndote aunque me cueste y no te vea. Creer que sigues allí y me puedes obtener lo que pido.
Este Evangelio es imagen de la oración perseverante. Los ciegos insisten y no se cansan de gritar todo el camino la misma frase. Que tampoco yo me canse de hacer mis peticiones, aunque sean las mismas y pareciera que no escucharas. Sí me escuchas pero quieres que te siga con perseverancia. Perseverar en la oración es un buen medio en este adviento.
Señor, que mi oración este llena de fe en Ti para que te permita actuar en mi vida. Pero la fe no es sólo creer en Ti y saber que existes. La fe no es algo inerte que Tú me das y basta. La fe es reconocer tu poder y tu amor y dejarte actuar según este amor y este poder. La fe es una virtud que se ejercita en actos concretos, por eso, Señor, te pido que aumentes mi fe.

«Qué fácil y equivocado es creer que la vida depende de lo que se posee, del éxito o la admiración que se recibe; que la economía consiste sólo en el beneficio y el consumo; que los propios deseos individuales deben prevalecer por encima de la responsabilidad social. Mirando sólo a nuestro yo, nos hacemos ciegos, apagados y replegados en nosotros mismos, vacíos de alegría y vacíos de libertad. ¡Es algo tan feo!»
(Homilía de S.S. Francisco, 4 de marzo de 2016).

Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Hoy procuraré repetir esta jaculatoria durante el día: «Señor creo en Ti, pero aumenta mi fe».
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
 

EDD. viernes 02 de diciembre de 2016.

Viernes de la primera semana de Adviento.
http://evangeliodeldia.org/main.php?language=SP&module=readings&localdate=20161201


Libro de Isaías 29,17-24.
Así habla el Señor:
¿No falta poco, muy poco tiempo,
para que Líbano se vuelva un vergel
y el vergel parezca un bosque?
Aquel día, los sordos oirán las palabras del libro,
y verán los ojos de los ciegos,
libres de tinieblas y oscuridad.
Los humildes de alegrarán más y más en el Señor
y los más indigentes se regocijarán en el Santo de Israel.
Porque se acabarán los tiranos,
desaparecerá el insolente,
y serán extirpados los que acechan para hacer el mal,
los que con una palabra hacen condenar a un hombre,
los que tienden trampas al que actúa en un juicio,
y porque sí no más perjudican al justo.
Por eso, así habla el Señor,
el Dios de la casa de Jacob,
el que rescató a Abraham:
En adelante, Jacob no se avergonzará
ni se pondrá pálido su rostro.
Porque, al ver lo que hago en medio de Ël,
proclamarán que mi Nombre es santo,
proclamarán santo al Santo de Jacob
y temerán al Dios de Israel.
Los espíritus extraviados llegarán a entender
y los recalcitrantes aceptarán la enseñanza.
Salmo 27(26),1.4.13-14.
El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?
El Señor es el baluarte de mi vida,
¿ante quién temblaré?
Una sola cosa he pedido al Señor,
y esto es lo que quiero:
vivir en la Casa del Señor
todos los días de mi vida,
para gozar de la dulzura del Señor
y contemplar su Templo.
Yo creo que contemplaré la bondad del Señor
en la tierra de los vivientes.
Espera en el Señor y sé fuerte;
ten valor y espera en el Señor.
Evangelio según San Mateo 9,27-31.
Cuando Jesús se fue, lo siguieron dos ciegos, gritando: «Ten piedad de nosotros, Hijo de David».
Al llegar a la casa, los ciegos se le acercaron y él les preguntó: «¿Creen que yo puedo hacer lo que me piden?». Ellos le respondieron: «Sí, Señor».
Jesús les tocó los ojos, diciendo: «Que suceda como ustedes han creído».
Y se les abrieron sus ojos. Entonces Jesús los conminó: «¡Cuidado! Que nadie lo sepa».
Pero ellos, apenas salieron, difundieron su fama por toda aquella región.

Comentario del Evangelio por Simeón el Nuevo Teólogo (c. 949-1022), monje griego.  Himno 27, 116-124.128-132.138-149.
“Entonces tocó sus ojos…” (Mt 9,27)
¡Busquemos al único que nos puede devolver la libertad, sigámosle sin parar, con todo nuestro deseo, él cuya belleza toca los corazones, él que los atrae hacia su amor y los une a él para siempre! Sí, por medio de nuestras acciones corramos  todos hacia él. No nos dejemos vencer por nadie ni engañarnos por nadie, ni distraernos por nadie en nuestra búsqueda.
Sobretodo, no digamos que Dios no manifiesta su presencia a los hombres. No digamos que a los hombres es imposible ver la luz de Dios….ni siquiera que es imposible verlo hoy. Gracias a Dios, nunca ha sido imposible, a condición de desearlo de veras. ¡Démonos cuenta cuál es la belleza de nuestro Maestro! No cerremos los ojos de nuestro corazón fijándolos en las realidades mundanas. Sí, que las preocupaciones por las cosas de este mundo no nos hagan esclavos de la gloria humana, hasta tal punto de abandonar a aquel que es la luz de la vida eterna.
¡Caminemos, juntos hacia él, con un solo corazón, un solo espíritu, una sola alma! Humildemente clamemos a él, nuestro Maestro bueno, nuestro Señor misericordioso, él que es el “único amigo de los hombres” (Sab 1,6) ¡Busquémosle porque se nos revelará, aparecerá, se manifestará, él que es nuestra esperanza!