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Autor: Patricio Osiadacz

Comentario al evangelio de hoy viernes 23 de junio de 2017.

El punto de conexión.

Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús (Tercer viernes después de Pentecostés). Ciclo A
Por: H. Cristian Gutiérrez, L.C.
Fuente: http://es.catholic.net/op/articulos/65733/el-punto-de-conexion.html 

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

  1. quiero estar contigo. Concédeme aquella gracia que más necesito y tal vez no me atrevo a pedirte. Aumenta mi fe, mi confianza en Ti y mi amor. Ayúdame a serte fiel y no dejarte solo. Inflama mi alma de celo apasionado por que más personas te conozcan, te amen y te sigan. Ayuda a todos mis familiares, amigos, conocidos y miembros del Regnum Christi para que podamos encontrarnos contigo y lograr una experiencia profunda y real de Ti y de tu amor.

Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Mateo 11, 25-30
En aquel tiempo, Jesús exclamó: «¡Te doy gracias, Padre, Señor del Cielo y de la Tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a la gente sencilla! Gracias, Padre, porque así te ha parecido bien.
El Padre ha puesto todas las cosas en mis manos. Nadie conoce al Hijo sino el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquél a quien el Hijo se lo quiera revelar.
Vengan a mí, todos los que están fatigados y agobiados por la carga, y yo les daré alivio. Tomen mi yugo sobre ustedes y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontrarán descanso, porque mi yugo es suave y mi carga ligera».
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
Hoy es la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús. Tu corazón tiene mucho valor para mí. Es un corazón como el mío, un corazón de carne, un corazón que sufre, que se alegra, que palpita por amor a otros. Un corazón que padece por la infidelidad del amado, por la partida del hijo, por la traición del que le ha dado todo de sí. Un corazón que se alegra con la conversión del pecador, con la correspondencia del amante, con la fidelidad de sus discípulos, con el esfuerzo por la santidad de sus amigos. Un corazón que ama, que se enternece, que siente compasión.
¡Contemplando tu corazón aprendo tanto para mi vida! Aprendo el valor del sacrificio, el sentido del dolor, el verdadero amor, el cariño por los seres queridos, el auténtico perdón, la más pura caridad, la más profunda humildad, el más sincero respeto, el más alto temor divino, la más correcta autoestima, el mejor espíritu de donación.
En tu corazón encuentro la fuente de mi espiritualidad, la riqueza de mi oración, el centro de atracción de mi amor, el tesoro de dónde puedo obtener todo lo que necesito, el motivo de mi existencia, el precio que da valor a todas mis acciones.
Tu corazón es cofre de todas las virtudes humanas, de las mejores definiciones divinas; de los más altos retos para el hombre, de las más heroicas acciones de Dios. Tu corazón es para mí el punto de conexión de tu humanidad con la mía. Es el lugar de mayor intimidad entre Tú y yo. Es el fruto surgido del amor más grande que me hayas podido demostrar: el de mi Dios hecho carne por mí.
El palpitar de tu corazón es lo que bombea tu sangre vital a toda la Iglesia, y a mí, parte de tu cuerpo místico. Tu latir al unísono con el mío es el latido que marca el ritmo de mi día a día; es el incesante repetir de un «te amo, te amo, te amo»; es el medio de sentirte vivo y presente; es el pulso silencioso de Dios en mi alma.
Tu corazón es el modelo de mi corazón humano, aquel primer corazón modelado en el pecho de Adán y Eva, y que con el pecado se fue convirtiendo en corazón de piedra. Tu corazón es arca de todas las virtudes; es carne y sangre de hombre que se mezcla con la divinidad.
En tu corazón encuentro conforto para mis penas, consuelo para mis dolores, calor y fervor para mi tibieza, descanso para mi cansancio, salud para mi enfermedad, gracia para mi pecado, perdón para mis ofensas, misericordia para mis delitos, ejemplo para todas mis situaciones, ternura para mis asperezas, valentía para mis temores, fortaleza para mis debilidades, respuesta a mis interrogantes, razones para mis dudas, motivos para mis incredulidades, afirmación para mis inconsistencias, autenticidad para mi incoherencia, paciencia para mis depresiones, sencillez para mis complicaciones, verdad para mis falsedades, luz para mis tinieblas, sabor para mi aburrimiento, amor para mi sed de amor, libertad para mis esclavitudes, seguridad para mis inseguridades…
¡Jamás me pudiste haber dado tesoro más sublime que tu corazón, oh Jesús!
Jesús manso y humilde de corazón. Haz mi corazón semejante al tuyo.
«Dios nos da la gracia, la alegría de celebrar en el corazón de su Hijo las grandes obras de su amor. Se puede decir que hoy es la fiesta del amor de Dios en Jesucristo, del amor de Dios por nosotros. Hay dos aspectos del amor. Primero, el amor está más en el dar que en el recibir. El segundo: el amor está más en las obras que en las palabras. Cuando decimos que está más en el dar que en el recibir, es porque el amor se comunica: siempre comunica. Y es recibido por el amado. Y cuando decimos que está más en las obras que en las palabras, es porque el amor siempre da la vida, hace crecer. Para entender el amor de Dios, el hombre tiene que buscar una dimensión inversamente proporcional a la inmensidad: es la pequeñez, «la pequeñez del corazón».»
(Homilía de S.S. Francisco, 27 de junio de 2014, en santa Marta).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Hoy haré varias veces durante el día la jaculatoria: «Sagrado Corazón de Jesús. En Ti confío.»
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
 

EDD. viernes 23 de junio de 2017.

Fuente :  http://evangeliodeldia.org/main.php?language=SP&module=readings&localdate=20170622
Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús

Deuteronomio 7,6-11.
Moisés habló al pueblo diciendo: «Tú eres un pueblo consagrado al Señor, tu Dios: él te eligió para que fueras su pueblo y su propiedad exclusiva entre todos los pueblos de la tierra.
El Señor se prendó de ustedes y los eligió, no porque sean el más numeroso de todos los pueblos. Al contrario, tú eres el más insignificante de todos.
Pero por el amor que les tiene, y para cumplir el juramento que hizo a tus padres, el Señor los hizo salir de Egipto con mano poderosa, y los libró de la esclavitud y del poder del Faraón, rey de Egipto.
Reconoce, entonces, que el Señor, tu Dios, es el verdadero Dios, el Dios fiel, que a lo largo de mil generaciones, mantiene su alianza y su fidelidad con aquellos que lo aman y observan sus mandamientos;
pero que no tarda en dar su merecido a aquel que lo aborrece, a él mismo en persona, haciéndolo desaparecer.
Por eso, observa los mandamientos, los preceptos y las leyes que hoy te ordeno poner en práctica.»
Salmo 103(102),1-2.3-4.6-7.8.10.
Bendice al Señor, alma mía,
que todo mi ser bendiga a su santo Nombre;
bendice al Señor, alma mía,
y nunca olvides sus beneficios.
El perdona todas tus culpas
y cura todas tus dolencias;
rescata tu vida del sepulcro,
te corona de amor y de ternura.
El Señor hace obras de justicia
y otorga el derecho a los oprimidos;
él mostró sus caminos a Moisés
y sus proezas al pueblo de Israel.
El Señor es bondadoso y compasivo,
lento para enojarse y de gran misericordia;
no nos trata según nuestros pecados
ni nos paga conforme a nuestras culpas.
Epístola I de San Juan 4,7-16.
Queridos míos, amémonos los unos a los otros, porque el amor procede de Dios, y el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios.
El que no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor.
Así Dios nos manifestó su amor: envió a su Hijo único al mundo, para que tuviéramos Vida por medio de él.
Y este amor no consiste en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó primero, y envió a su Hijo como víctima propiciatoria por nuestros pecados.
Queridos míos, si Dios nos amó tanto, también nosotros debemos amarnos los unos a los otros.
Nadie ha visto nunca a Dios: si nos amamos los unos a los otros, Dios permanece en nosotros y el amor de Dios ha llegado a su plenitud en nosotros.
La señal de que permanecemos en él y él permanece en nosotros, es que nos ha comunicado su Espíritu.
Y nosotros hemos visto y atestiguamos que el Padre envió al Hijo como Salvador del mundo.
El que confiesa que Jesús es el Hijo de Dios, permanece en Dios, y Dios permanece en él.
Nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él. Dios es amor, y el que permanece en el amor permanece en Dios, y Dios permanece en él.
Evangelio según San Mateo 11,25-30.
Jesús dijo:
«Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños.
Sí, Padre, porque así lo has querido.
Todo me ha sido dado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo sino el Padre, así como nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.»
Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré.
Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio.
Porque mi yugo es suave y mi carga liviana.»
Comentario del Evangelio por Santa Gertrudis de Helfta (1256-1301), monja benedictina. Los Ejercicios, 7.
«Venid a mi todos los que estáis cansados y agobiados»
Tú, que has hecho por mí tan grandes y bellas cosas, que me has puesto a tu servicio para siempre, ¿qué te voy a devolver por tantos beneficios? ¿Qué alabanzas y acciones de gracias podré ofrecerte, aunque me ocupara en ello mil veces? ¿Qué soy yo, pobre criatura, en comparación a ti, mi abundante redención? Mi alma que tú has rescatado, te la ofreceré toda entera, te homenajearé con el amor de mi corazón. Sí, transporta mi vida en ti, llévame contigo enteramente, encerrándome en ti, haz que no sea más que una sola cosa contigo.
Oh Amor, tu ardor divino me ha abierto el corazón dulcísimo de mi Jesús. Oh corazón fuente de dulzura, corazón desbordante de bondad, corazón sobreabundante de caridad, corazón de donde destila, gota a gota, la benevolencia, corazón lleno de misericordia…, corazón muy amado, te pido que absorbas mi corazón todo entero en ti. Perla muy amada de mi corazón, invítame a tus banquetes que dan la vida; derrama para mi los vinos de tu consolación…para que la ruindad de mi espíritu se llene de tu caridad divina, y la abundancia de tu amor supla la pobreza y la miseria de mi alma.
Oh corazón amado por encima de todo…, ten piedad de mi. Te suplico que la dulzura de tu caridad vuelva valiente mi corazón. Hazme la gracia de que las entrañas de tu misericordia se conmuevan en mi favor, porque desgraciadamente, mis bajezas son numerosas, mis méritos son nulos. Mi Jesús, que el mérito de tu muerte preciosa, me perdone todo lo que he cometido de mal…; que me atraiga hacia ti tan fuertemente que transformada totalmente por la fuerza de tu amor divino, encuentre gracia a tus ojos… Y dame, oh mi querido Jesús, amarte a ti solo en todas las cosas y por encima de todas las cosas, me ligue a ti con fervor, espere en ti y no ponga ningún límite a mi esperanza.

Francisco en Santa Marta: Un pastor es apasionado por su pueblo y sabe denunciar el mal

Fuente  :   https://es.zenit.org/articles/el-papa-en-santa-marta-22-junio-2017/

En la homilía de este jueves ha señalado que un apóstol no puede ser un ingenuo

El Papa en Santa Marta – © Osservatore Romano

(ZENIT – Ciudad del Vaticano, 22 Jun. 2017).- el papa Francisco en su homilía de la misa celebrada este jueves en la capilla de la Casa de Santa Marta señaló tres características de un pastor:

La primera es “que sea apasionado, que tenga celo, que sea diligente”. Apasionado “hasta el punto de decir a su gente, a su pueblo: ‘Yo siento por ustedes una especie de celo divino’”. Es “divinamente celoso”, comentó Francisco. Es “aquel rasgo que nosotros llamamos el celo apostólico: no es posible ser un pastor verdadero sin este fuego que arde dentro”.

La segunda característica es “que sepa discernir dónde están los peligros, dónde están las gracias… dónde está el verdadero camino”.

“Significa que acompaña a las ovejas siempre: en los momentos bellos y también en los momentos feos, también en los momentos de la seducción, y con la paciencia, las lleva al redil”. Porque mientras “el padre de la mentira es un seductor. El pastor, no. El pastor ama. Ama. La serpiente, en cambio, es padre de la mentira, el envidioso es un seductor”. “En la historia de la salvación, en la Escritura, tantas veces encontramos el alejamiento de Dios, las infidelidades al Señor, la idolatría, como si fuera una infidelidad matrimonial”, dijo.

Y la tercera característica es “la capacidad de denunciar”. Porque “un apóstol no puede ser un ingenuo: ‘Ah, es todo hermoso, vamos adelante, ¡eh!, es todo bello… Hacemos una fiesta, todos… todo se puede…’. Porque está la fidelidad al único esposo, a Jesucristo, que hay que defender. Y sabe condenar: lo concreto, decir: ‘esto no’, como los padres le dicen al niño cuando comienza a gatear y se acerca al enchufe para poner los dedos: ‘¡No, esto no! ¡Es peligroso!’.

Al afirmar que el Buen Pastor sabe denunciar, con nombre y apellido, como hacía san Pablo, Francisco regresó a su visita realizada este martes las localidades italianas de Bozzolo y Barbiana, a las tumbas de don Mazzolari y de don Milani.

Refiriéndose a don Milani, indicó que “enseñaba a sus muchachos que las cosas se debían tomar en serio, contra el lema de moda en aquel tiempo que era ‘no me importa’, pero dicho con lenguaje vulgar”.

De manera que hay que saber denunciar también “lo que va contra tu vida”. Y advirtió del peligro que es perder esta capacidad de condena y de querer llevar adelante a las ovejas un poco con el buenismo que no sólo es ingenuo” sino que “hace mal”. Ese “buenismo de los compromisos”, para “atraer la admiración o el amor de los fieles dejando hacer”.

Y concluyó con una oración “por todos los pastores de la Iglesia, para que San Pablo interceda ante el Señor, a fin de que nosotros, los pastores, podamos tener estos rasgos para servir al Señor”.

Francisco en Santa Marta: Un pastor es apasionado por su pueblo y sabe denunciar el mal

Fuente  :   https://es.zenit.org/articles/el-papa-en-santa-marta-22-junio-2017/

  En la homilía de este jueves ha señalado que un apóstol no puede ser un ingenuo

22 junio 2017RedaccionEl papa Francisco

El Papa en Santa Marta – © Osservatore Romano

(ZENIT – Ciudad del Vaticano, 22 Jun. 2017).- el papa Francisco en su homilía de la misa celebrada este jueves en la capilla de la Casa de Santa Marta señaló tres características de un pastor:

La primera es “que sea apasionado, que tenga celo, que sea diligente”. Apasionado “hasta el punto de decir a su gente, a su pueblo: ‘Yo siento por ustedes una especie de celo divino’”. Es “divinamente celoso”, comentó Francisco. Es “aquel rasgo que nosotros llamamos el celo apostólico: no es posible ser un pastor verdadero sin este fuego que arde dentro”.

La segunda característica es “que sepa discernir dónde están los peligros, dónde están las gracias… dónde está el verdadero camino”.

“Significa que acompaña a las ovejas siempre: en los momentos bellos y también en los momentos feos, también en los momentos de la seducción, y con la paciencia, las lleva al redil”. Porque mientras “el padre de la mentira es un seductor. El pastor, no. El pastor ama. Ama. La serpiente, en cambio, es padre de la mentira, el envidioso es un seductor”. “En la historia de la salvación, en la Escritura, tantas veces encontramos el alejamiento de Dios, las infidelidades al Señor, la idolatría, como si fuera una infidelidad matrimonial”, dijo.

Y la tercera característica es “la capacidad de denunciar”. Porque “un apóstol no puede ser un ingenuo: ‘Ah, es todo hermoso, vamos adelante, ¡eh!, es todo bello… Hacemos una fiesta, todos… todo se puede…’. Porque está la fidelidad al único esposo, a Jesucristo, que hay que defender. Y sabe condenar: lo concreto, decir: ‘esto no’, como los padres le dicen al niño cuando comienza a gatear y se acerca al enchufe para poner los dedos: ‘¡No, esto no! ¡Es peligroso!’.

Al afirmar que el Buen Pastor sabe denunciar, con nombre y apellido, como hacía san Pablo, Francisco regresó a su visita realizada este martes las localidades italianas de Bozzolo y Barbiana, a las tumbas de don Mazzolari y de don Milani.

Refiriéndose a don Milani, indicó que “enseñaba a sus muchachos que las cosas se debían tomar en serio, contra el lema de moda en aquel tiempo que era ‘no me importa’, pero dicho con lenguaje vulgar”.

De manera que hay que saber denunciar también “lo que va contra tu vida”. Y advirtió del peligro que es perder esta capacidad de condena y de querer llevar adelante a las ovejas un poco con el buenismo que no sólo es ingenuo” sino que “hace mal”. Ese “buenismo de los compromisos”, para “atraer la admiración o el amor de los fieles dejando hacer”.

Y concluyó con una oración “por todos los pastores de la Iglesia, para que San Pablo interceda ante el Señor, a fin de que nosotros, los pastores, podamos tener estos rasgos para servir al Señor”.

Comentario al evangelio de hoy jueves 22 de junio de 2017.

La oración del hermano.

XI Jueves de Tiempo Ordinario.
Por: H. Balam Loza, LC
Fuente: http://es.catholic.net/op/articulos/65729/la-oracion-del-hermano.html 

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Padre mío, vengo como tu hijo para estar a tus pies. Quiero gozar de estos minutos. A veces no hace falta decirte mucho para saber que Tú me amas y para recibir tu gracia y tu misericordia. Quiero cumplir tu voluntad en cada momento de mi vida, por eso te pido que me hables y me indiques qué es lo que quieres de mí y cuál el camino que me estás marcando. Muchas veces el ruido de mi corazón me impide escuchar y es por eso que vengo aquí, para escuchar tu voz sin ruidos.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Mateo 6, 7-15
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Cuando ustedes hagan oración, no hablen mucho, como los paganos, que se imaginan que a fuerza de mucho hablar serán escuchados. No los imiten, porque el Padre sabe lo que les hace falta, antes de que se lo pidan. Ustedes pues, oren así:
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, venga tu Reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en tentación y líbranos del mal.
Si ustedes perdonan las faltas a los hombres, también a ustedes los perdonará el Padre celestial. Pero si ustedes no perdonan a los hombres, tampoco el Padre les perdonará a ustedes sus faltas».
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
«Padre nuestro» «Danos hoy nuestro pan». Jesús, hoy te veo orar. Me doy cuenta que tu oración, más que una formula ordinaria, es el fruto de un corazón sumamente tierno y filial. Sin embargo, me doy cuenta de que, a pesar de tu fuerte amor al Padre, no te olvidas de los que están a tu lado. En tus palabras está constantemente la petición no sólo en singular, sino principalmente en plural.
Y pienso que ésa es una de las grandes enseñanzas que me dejas. Es decir, jamás acercarme al Padre creyéndome diferente a los demás, creyéndome superior en rango, inteligencia, capacidad. Tú eras Dios y te hiciste nuestro hermano, te hiciste uno de nosotros y nos diste a tu Padre como uno de los mayores regalos. Sin ser dignos, ni merecerlo, te pusiste a servirnos, a lavarnos los pies, a darnos hasta la última gota de tu sangre para limpiarnos y purificarnos.
¿Qué es lo que debo hacer? Escuchar tu voz, ver tu ejemplo y tratar de imitarte. Qué cada vez que escuche a mis hermanos diciendo «tengo sed» o viendo el hambre en sus rostros no me quede indiferente. Pero… ayúdame a ser hermano. Sí, como nos enseñaste en el Padre nuestro. Un hermano auténtico siempre está disponible, quiere al otro como es, lo ve como es, lo acepta como es. El hermano dice lo que piensa y deja de lado las palabras formales, que a veces son frías e hipócritas. El hermano, en definitiva, ama, habla, escucha y se sacrifica en silencio y en la sencillez.
«La unión de fraternidad que se forma en la familia entre los hijos, se lleva a cabo en un clima de educación a la apertura a los otros, es la gran escuela de libertad y de paz. En la familia entre hermanos se aprende la convivencia humana, cómo se debe convivir en sociedad. Quizá no siempre somos conscientes, ¡pero es precisamente la familia la que introduce la fraternidad en el mundo! A partir de esta primera experiencia de fraternidad, nutrida por los afectos y la educación familiar, el estilo de la fraternidad se irradia como una promesa sobre toda la sociedad y sus relaciones entre los pueblos.»
(Homilía de S.S. Francisco, 18 de febrero de 2015).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Hoy, voy a dar de comer a un pobre y estaré con él un rato pensando en que yo puedo llevar cariño a aquellas personas que Jesús me pone por el camino.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
 

EDD. jueves 22 de junio de 2017.

Fuente :  http://evangeliodeldia.org/main.php?language=SP&module=readings&localdate=20170620
Jueves de la undécima semana del tiempo ordinario

Carta II de San Pablo a los Corintios 11,1-11.
¡Ojalá quisieran tolerar un poco de locura de mi parte! De hecho, ya me toleran.
Yo estoy celoso de ustedes con el celo de Dios, porque los he unido al único Esposo, Cristo, para presentarlos a él como una virgen pura.
Pero temo que, así como la serpiente, con su astucia, sedujo a Eva, también ustedes se dejen corromper interiormente, apartándose de la sinceridad debida a Cristo.
Si alguien viniera a predicarles otro Jesucristo, diferente del que nosotros hemos predicado, o si recibieran un Espíritu distinto del que han recibido, u otro Evangelio diverso del que han aceptado, ¡ciertamente lo tolerarían!
Yo pienso, sin embargo, que no soy inferior a esos que se consideran «apóstoles por excelencia».
Porque, aunque no soy más que un profano en cuanto a la elocuencia, no lo soy en cuanto al conocimiento; y esto lo he demostrado en todo y delante de todos.
¿Acaso procedí mal al anunciarles gratuitamente la Buena Noticia de Dios, humillándome a mí mismo para elevarlos a ustedes?
Yo he despojado a otras Iglesias, aceptando su ayuda, para poder servirlos a ustedes.
Y cuando estaba entre ustedes, aunque me encontré necesitado, no fui gravoso para nadie, porque los hermanos que habían venido de Macedonia me proveyeron de lo que necesitaba. Siempre evité serles una carga, y así lo haré siempre.
Les aseguro por la verdad de Cristo que reside en mí, que yo no quiero perder este motivo de orgullo en la región de Acaya.
¿Será acaso porque no los amo? Dios lo sabe.
Salmo 111(110),1-2.3-4.7-8.
Doy gracias al Señor de todo corazón,
en la reunión y en la asamblea de los justos.
Grandes son las obras del Señor:
los que las aman desean comprenderlas.
Su obra es esplendor y majestad,
su justicia permanece para siempre.
Él hizo portentos memorables,
el Señor es bondadoso y compasivo.
Las obras de sus manos son verdad y justicia;
todos sus preceptos son indefectibles:
están afianzados para siempre
y establecidos con lealtad y rectitud.
Evangelio según San Mateo 6,7-15.
Jesús dijo a sus discípulos:
Cuando oren, no hablen mucho, como hacen los paganos: ellos creen que por mucho hablar serán escuchados.
No hagan como ellos, porque el Padre que está en el cielo sabe bien qué es lo que les hace falta, antes de que se lo pidan.
Ustedes oren de esta manera: Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre,
que venga tu Reino, que se haga tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día.
Perdona nuestras ofensas, como nosotros perdonamos a los que nos han ofendido.
No nos dejes caer en la tentación, sino líbranos del mal.
Si perdonan sus faltas a los demás, el Padre que está en el cielo también los perdonará a ustedes.
Pero si no perdonan a los demás, tampoco el Padre los perdonará a ustedes.
Comentario del Evangelio por Santa Teresa de Ávila (1515-1582), carmelita descalza y doctora de la Iglesia. Camino de Perfección, c. 27.
«Cuando oréis, decid: “Padre”» (Lc 11,2).
«Padre nuestro que estás en los cielos» ¿Oh Señor mío, cómo parecéis Padre de tal Hijo y cómo parece vuestro Hijo hijo de tal Padre! ¡Bendito seáis por siempre jamás! ¿No fuera al fin de la oración esta merced, Señor, tan grande? En comenzando, nos henchís las manos y hacéis tan gran merced que sería harto bien henchirse el entendimiento para ocupar de manera la voluntad que no pudiese hablar palabra.  ¡Oh, qué bien venía aquí, hijas, contemplación perfecta! ¡Oh, con cuánta razón se entraría el alma en sí para poder mejor subir sobre sí misma a que le diese este santo Hijo a entender qué cosa es el lugar adonde dice que está su Padre, que es en los cielos!…
¡Oh Hijo de Dios y Señor mío!, ¿cómo dais tanto junto a la primera palabra? Ya que os humilláis a Vos con extremo tan grande en juntaros con nosotros al pedir haceros hermano de cosa tan baja y miserable, ¿cómo nos dais en nombre de vuestro Padre todo lo que se puede dar, pues queréis que nos tenga por hijos?… Pues siendo nuestro Padre nos ha de sufrir por graves que sean las ofensas. Si nos tornamos a El, como al hijo pródigo hanos de perdonar, hanos de consolar en nuestros trabajos, hanos de sustentar como lo ha de hacer un tal Padre, que forzado ha de ser mejor que todos los padres del mundo, porque en El no puede haber sino todo bien cumplido, y después de todo esto hacernos partícipes y herederos con Vos…
Al menos bien veo, mi Jesús, que habéis hablado, como Hijo regalado, por Vos y por nosotros… Pues, ¿paréceos, hijas, que será razón que digamos vocalmente esta palabra, dejemos de entender con el entendimiento, para que se haga pedazos nuestro corazón con ver tal amor?

Texto completo de la catequesis del 21 de junio de 2017 en la audiencia del papa Francisco

Fuente  :  https://es.zenit.org/articles/texto-completo-de-la-catequesis-del-21-de-junio-de-2017-en-la-audiencia-del-papa-francisco/

  La esperanza y la intercesión de los santos en nuestro camino, estuvieron en el centro de la audiencia

21 junio 2017RedaccionEl papa Francisco

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Audiencia del 21 de junio de 2017

(ZENIT – Ciudad del Vaticano, 21 Jun. 2017).- En la audiencia de este miércoles el papa Francisco recordó que los santos nos ayudan cada día con su presencia discreta, y que esto es motivo de esperanza.  A continuación el texto completo de la audiencia, con los añadidos que ha improvisado.

«Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

El día de nuestro bautismo, ha resonado para nosotros la invocación a los santos. Muchos de nosotros en ese momento éramos niños en los brazos de nuestros padres. Poco antes de recibir el óleo de la unción bautismal como catecúmenos, símbolo de la fuerza de Dios en la lucha contra el mal, el sacerdote invita a toda la asamblea a rezar por aquellos que están a punto de recibir el bautismo, invocando la intercesión de los santos.

Esta es la primera vez que en el curso de nuestra vida, nos regalaron la presencia de los hermanos y hermanas ‘mayores’, que han pasado por nuestro mismo camino, que han vivido nuestras mismas fatigas, y viven para siempre en el abrazo de Dios.

La Carta a los Hebreos define esta compañía que nos rodea, con la expresión “multitud de testigos”. Así son los santos: una multitud de testimonios. Los cristianos en el combate contra el mal, no se desesperan. El cristianismo cultiva una confianza inquebrantable: no cree que las fuerzas negativas y disgregantes puedan prevalecer.

La última palabra sobre la historia del hombre no es el odio, no es la muerte, no es la guerra. En cada momento de la vida nos asiste la mano de Dios, y también la discreta presencia de todos los creyentes que “nos han precedido con el signo de la fe”, (Canon Romano).

Su existencia nos demuestra sobre todo que la vida cristiana no es un ideal inalcanzable. Y además nos conforta: no estamos solos, la Iglesia está compuesta de innumerables hermanos, a menudo anónimos, que nos han precedido y que por la acción del Espíritu Santo están involucrados en las vivencias de los que todavía viven aquí abajo.

La del bautismo, no es la única invocación a los santos que marca el camino de la vida cristiana. Cuando los novios consagran su amor en el sacramento del Matrimonio, viene invocada de nuevo para ellos –en esta ocasión como pareja– la intercesión de los santos. Y esta invocación es fuente de confianza para los dos jóvenes que parten hacia el ‘viaje’ de la vida conyugal.

Quien ama de verdad tiene la necesidad y el valor de decir ‘para siempre’, pero también sabe que necesita de la gracia de Cristo y de la ayuda de los santos para poder vivir la vida matrimonial para siempre. No como algunos dicen: ‘hasta el dura el amor’. No: para siempre. Contrariamente es mejor no casarse. O para siempre o nada.

Por esto, en la liturgia nupcial, se invoca la presencia de los santos. Y en los momentos difíciles, hace falta el valor para alzar los ojos al cielo, pensando en tantos cristianos que han pasado por tribulaciones y han conservado blancos sus vestidos bautismales, lavándolos en la sangre del Cordero. Así dice el libro del Apocalipsis.

Dios no nos abandona nunca: cada vez que le necesitemos, vendrá un ángel suyo a levantarnos y a infundirnos su consuelo. “Ángeles” que algunas veces tienen un rostro y un corazón humano, porque los santos de Dios están siempre aquí, escondidos en medio de nosotros.

Esto es difícil de entender y también de imaginar, pero los santos están presentes en nuestra vida. Y cuando alguno invoca un santo o una santa, es justamente porque está cerca de nosotros.

También los sacerdotes custodian el recuerdo de una invocación a los santos pronunciada sobre ellos. Es uno de los momentos más conmovedores de la liturgia de ordenación. Los candidatos se echan a tierra, con la cara hacia el suelo. Y toda la asamblea, guiada por el obispo, invoca la intercesión de los santos. Un hombre, que permanece aplastado por el peso de la misión que se le confía, pero que al mismo tiempo siente todo el paraíso en sus espaldas, que la gracia de Dios no faltará, porque Jesús permanece siempre fiel, y por tanto se puede partir serenos y llenos de ánimo. No estamos solos.

¿Y qué somos nosotros?, somos polvo que aspira al cielo. Débiles en nuestras fuerzas, pero potente el misterio de la gracia que está presente en la vida de los cristianos. Somos fieles a esta tierra, que Jesús ha amado en cada instante de su vida, pero sabemos y queremos esperar en la transfiguración del mundo, en su cumplimiento definitivo, donde finalmente no habrá más lágrimas, ni maldad ni sufrimiento. Que el Señor nos de la esperanza de ser santos.

Pero alguien podría preguntarme:

— ‘¿Padre, se puede ser santos en la vida de todos los días?’

— Sí se puede.

— ‘¿Esto significa que tenemos que rezar durante todo el día?’.

– No, significa que uno tiene que hacer su deber todo el día, rezar, ir al trabajo, cuidar a los hijos.

Pero hay que hacer todo esto con el corazón abierto hacia Dios, de manera que en el trabajo, en la enfermedad y en el sufrimiento, y también en las dificultades, estar abiertos a Dios. Y así uno puede volverse santo. Que el Señor nos de la esperanza de ser santos.

¡No pensemos que es algo difícil, que es más fácil ser delincuentes que santos! No. Se puede ser santos porque nos ayuda el Señor y es Él quien nos ayuda. Es el gran regalo que cada uno de nosotros puede devolver al mundo.

Que el Señor nos de la gracia de creer tan profundamente en Él, que podamos volvernos imagen de Cristo en este mundo. Nuestra historia necesita ‘místicos’. Tiene necesidad de personas que rechazan todo dominio, que aspiran a la caridad y a la fraternidad. Hombres y mujeres que viven aceptando también una porción de sufrimiento, porque se hacen cargo de la fatiga de los demás. Y sin estos hombres y mujeres el mundo no tendría esperanza.

Por esto les deseo a ustedes –y lo deseo también para mi– que el Señor nos de la esperanza de ser santos. Gracias»

(Traducido por ZENIT desde el audio)

Comentario al evangelio de hoy miércoles 21 de junio de 2017.

Amarás a Dios y luego al prójimo como a ti mismo
Tiempo Ordinario

Pero el amor hay que demostrarlo más con nuestros comportamientos que con buenos deseos.
Por: P. Sergio Cordova LC
Fuente: http://es.catholic.net/op/articulos/29702/cat/331/amaras-a-dios-y-luego-al-projimo-como-a-ti-mismo.html

Del santo Evangelio según san Mateo 22, 34-40
Mas los fariseos, al enterarse de que había tapado la boca a los saduceos, se reunieron en grupo, y uno de ellos le preguntó con ánimo de ponerle a prueba: «Maestro, ¿cuál es el mandamiento mayor de la Ley?» Él le dijo: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el mayor y el primer mandamiento. El segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos penden toda la Ley y los Profetas».

Oración introductoria
Jesús, lo más importante en mi vida debe ser el amor, a Ti y a los demás. Por ello, tener un diálogo de amor personal contigo es mi gran anhelo. Aumenta mi fe, mi esperanza y mi caridad para ser perseverante en la oración.
Petición
Cristo, Rey nuestro, quiero amarte con todo micorazón y todas mis fuerzas.

Meditación del Papa Francisco
El Evangelio de hoy nos recuerda que toda la Ley divina se resume en el amor a Dios y al prójimo. El evangelista Mateo, cuenta que algunos fariseos se pusieron de acuerdo para poner a Jesús a una prueba. Uno de ellos, un doctor de la Ley le dirigió esta pregunta: ‘¿Maestro, en la Ley cual es el gran mandamiento?’. Jesús citando el Libro del Deuteronomio respondió: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el grande y primer mandamiento’.
Y podría haberse detenido aquí. En cambio Jesús añade algo que no había sido solicitado por el doctor de la ley: Dice de hecho: ‘El segundo, después, es similar a este: Amarás a tu prójimo como a ti mismo’. Tampoco este segundo mandamiento es inventado por Jesús, pero lo toma del Libro del Levítico. La novedad consiste justamente en poner juntos estos dos mandamientos –el amor de Dios y el amor por el prójimo– revelando que estos son inseparables y complementarios, son dos caras de una misma medalla. No se puede amar a Dios sin amar al prójimo, y no se puede amar al prójimo sin amar a Dios. (S.S. Francisco, Ángelus, 26 de octubre de 2014, en Santa Marta).
Reflexión
Recuerdo que hace unos años me encontré con un señor en el tren, mientras viajaba de Roma a Florencia. Comenzamos a conversar y, en un momento dado, me dice este buen hombre: –»Padre, yo soy muy católico, igual que toda mi familia. Desde pequeño he sido siempre muy creyente». Como me lo decía tan convencido, ponderándomelo tanto, yo me permití preguntarle si iba a misa los domingos y si rezaba todos los días al menos una breve oración. ¡Y cuál no fue mi sorpresa al escucharle decir: –» Padre –me respondió muy serio– soy católico, pero no fanático». Me sorprendí tanto que no supe si echarme a reír o a llorar… Me parecía casi increíble lo que oía.
Creo que hoy muchos cristianos –o que se dicen cristianos– cometen el grandísimo error de disociar su fe y su comportamiento: afirman creer y amar a Dios, pero luego no hacen nada para probar su fe y su amor a Él. Como el caso de la chica que te conté la semana pasada. ¿Te acuerdas?
En el evangelio de hoy vemos a uno de los fariseos que se acerca a nuestro Señor para preguntarle cuál es el primer mandamiento; y Jesucristo le responde sin vacilar: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas». Ésta era la fórmula más sagrada y solemne para un israelita y constituía como el «corazón» de toda la Ley. La llamaban el «shemá» y todo judío piadoso lo conocía de memoria. Al igual que nosotros, los cristianos, aprendimos de memoria desde niños el primer mandamiento de la ley de Dios.
Hemos oído miles de veces y tenemos archisabido que «el primer mandamiento es amar a Dios sobre todas las cosas”, y pensamos que de verdad lo amamos, aunque nuestras obras desdigan lo que afirman nuestras palabras. Pero el amor hay que demostrarlo más con nuestros comportamientos que con buenos deseos o sentimientos. «Obras son amores –reza el refrán popular–, que no buenas razones».
¿Qué pensaríamos nosotros de cualquier persona –podrías ser también tú mismo– que dijera amar mucho a sus padres o a sus abuelos, pero que nunca fuera a visitarlos a su casa dizque porque «no tiene tiempo», porque viven muy lejos, o simplemente porque «no le nace»? ¿Verdad que eso nunca sucede en la vida real? Sería inconcebible, pues el amor nos lleva a estar cerca de los seres a quienes amamos. Y entonces, ¿por qué con Dios nos comportamos de esa manera? Decimos que lo amamos, pero no estamos dispuestos a visitarlo ni siquiera media horita cada semana. ¿Cada semana? ¡Ojalá fuera al menos cada semana! Y en ocasiones ni nos acordamos de Él a lo largo del día, al menos que «nos urja» pedirle algún favor. Es que somos a veces demasiado interesados…
A este primer mandamiento, nuestro Señor añade otro: «Amar al prójimo como a uno mismo». Es el mandamiento de la caridad, que es igual de importante que el primero. Es más, «quien dice amar a Dios a quien no ve, pero no ama a su hermano a quien ve, es un mentiroso», nos dice san Juan. Y el mismo Cristo afirma que «de estos dos mandamientos penden toda la Ley y los profetas». O sea que aquí se halla resumida toda la revelación bíblica. Éste fue el «mandamiento nuevo» que Él vino a traernos; éste es el núcleo del Evangelio y la esencia del cristianismo. Quien no vive el mandato de la caridad, simplemente no puede llamarse cristiano.
Propósito
Vamos a visitar a nuestro Señor al menos cada semana en la Misa dominical y acordamos de conversar con Él algún ratito durante el día, creo que Él se sentirá feliz porque le mostramos nuestro amor filial con obras. Pero, además, nuestra vida cristiana mejorará de una manera muy notable. Entonces amaremos de verdad a Dios con nuestro comportamiento y no sólo con buenos sentimientos o palabras bonitas.

EDD. miércoles 21 de junio de 2017.

Fuente :  http://www.eucaristiadiaria.cl/dia_cal.php?fecha=2017-06-21

Miércoles de la undécima semana del tiempo ordinario
San Luis Gonzaga, religioso
Memoria obligatoria
Color: blanco
Luis Gonzaga (1568-1591) nació en el castillo de Castiglione. Educado en la piedad por su madre, desde muy joven mostró su vocación religiosa.
Renunció a sus derechos a favor de su hermano e ingresó en la Compañía de Jesús, donde inició sus estudios de teología. Su vida fue un ejemplo de austeridad y de entrega al servicio de los demás.
Asistiendo a los enfermos durante una epidemia de cólera, murió en Roma a la edad de 23 años.
Antífona de entrada            Cf. Sal 23, 4.3
 
El que tiene las manos limpias y puro el corazón podrá subir a la montaña del Señor y permanecerá en su recinto sagrado.
ORACIÓN COLECTA
Señor Dios nuestro, autor de todo bien, que has querido unir en san Luis Gonzaga una admirable inocencia de vida y un austero espíritu de penitencia, concédenos, por su intercesión, que si no hemos sabido imitarlo en su vida inocente, lo sigamos en el camino de la penitencia. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.
LITURGIA DE LA PALABRA
Primera lectura
La victoria que triunfa sobre el mundo es nuestra fe.
Lectura de la primera carta de san Juan   5, 1-5
Queridos hermanos:
El que cree que Jesús es el Cristo ha nacido de Dios; y el que ama al Padre ama también al que ha nacido de Él. La señal de que amamos a los hijos de Dios es que amamos a Dios y cumplimos sus mandamientos.
El amor a Dios consiste en cumplir sus mandamientos, y sus mandamientos no son una carga, porque el que ha nacido de Dios vence al mundo. Y la victoria que triunfa sobre el mundo es nuestra fe.
¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?
Salmo responsorial 15, 1-2a. 5. 7-8. 11
R/. ¡Tú eres mi herencia, Señor!
Protégeme, Dios mío, porque me refugio en ti. Yo digo al Señor: “Señor, Tú eres mi bien”. El Señor es la parte de mi herencia y mi cáliz, ¡Tú decides mi suerte!
Bendeciré al Señor que me aconseja, ¡hasta de noche me instruye mi conciencia! Tengo siempre presente al Señor: Él está a mi lado, nunca vacilaré.
Me harás conocer el camino de la vida, saciándome de gozo en tu presencia, de felicidad eterna a tu derecha.
EVANGELIO
Aclamación al Evangelio  Jn 13, 34
Aleluya.
“Les doy un mandamiento nuevo: ámense los unos a los otros, como Yo los he amado”, dice el Señor. Aleluya.
EVANGELIO
Amarás al Señor, tu Dios, y a tu prójimo como a ti mismo.
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo  22, 34-40
Cuando los fariseos se enteraron de que Jesús había hecho callar a los saduceos, se reunieron con Él, y uno de ellos, que era doctor de la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba: “Maestro, ¿cuál es el mandamiento más grande de la Ley?”
Jesús le respondió: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu espíritu. Éste es el más grande y el primer mandamiento. El segundo es semejante al primero: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos dependen toda la Ley y los Profetas”.

Reflexión


• El mandamiento más grande. Siguiendo los pasos de los saduceos que les han precedido, los fariseos plantean de nuevo a Jesús una de las cuestiones más candentes: el mandamiento más grande. Puesto que los rabinos siempre evidenciaban la multiplicidad de las prescripciones (248 mandamientos), plantean a Jesús la cuestión de cuál es el mandamiento fundamental, aunque los mismos rabinos habían inventado una verdadera casuística para reducirlos lo más posible: David cuenta once (Sal 15,2-5), Isaías 6 seis (Is 33,15), Miqueas tres (Mi 6,8), Amós dos (Am 5,4) y Abacuc sólo uno (Ab 2,4). Pero en la intención de los fariseos, la cuestión va más allá de la pura casuística, pues se trata de la misma existencia de las prescripciones. Jesús, al contestar, ata juntos el amor de Dios y el amor del prójimo, hasta fusionarlos en uno solo, pero sin renunciar a dar la prioridad al primero, al cual subordina estrechamente el segundo. Es más, todas las prescripciones de la ley, llegaban a 613, están en relación con este único mandamiento: toda la ley encuentra su significado y fundamento en el mandamiento del amor. Jesús lleva a cabo un proceso de simplificación de todos los preceptos de la ley: el que pone en práctica el único mandamiento del amor no sólo está en sintonía con la ley, sino también con los profetas (v.40). Sin embargo, la novedad de la respuesta no está tanto en el contenido material como en su realización: el amor a Dios y al prójimo hallan su propio contexto y solidez definitiva en Jesús. Hay que decir que el amor a Dios y al prójimo, mostrado y realizado de cualquier modo en su persona, pone al hombre en una situación de amor ante Dios y ante los demás. El doble único mandamiento, el amor a Dios y al prójimo, se convierte en columnas de soporte, no sólo de las Escrituras, sino también de la vida del cristiano.

Para la reflexión personal
• El amor a Dios y al prójimo ¿es para ti sólo un vago sentimiento, una emoción, un movimiento pasajero, o es una realidad que invade toda tu persona: corazón, voluntad, inteligencia y trato humano?
• Tú has sido creado para amar. ¿Eres consciente de que tu realización consiste en amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma y con toda la mente? Este amor ha de verificarse en la caridad hacia los hermanos y en sus situaciones existenciales. ¿Vives esto en la práctica diaria?

Declaración Pública respecto a proyecto de ley de aborto

Fuente : http://noticias.iglesia.cl/noticia.php?id=33895

Respecto al Proyecto de Ley que regula la despenalización de la interrupción voluntaria del embarazo en tres causales: riesgo de vida de la madre, inviabilidad del feto y violación, el Instituto Superior de Bioética y de Ciencias de la Familia del Instituto de Teología de la Universidad Católica de la Santísima Concepción, manifiestan lo siguiente.
1. La concepción da origen a un organismo humano individual llamado cigoto o embrión unicelular, que es un sistema único con identidad específica y orientación hacia un desarrollo determinado. El desarrollo embrional, se caracteriza por ser coordinado, continuo y gradual, siempre es el mismo individuo que pasa de formas más simples a más complejas, manteniendo siempre su identidad e individualidad. Según esto, el embrión “es” persona desde su origen y no “se convierte en” persona por el ejercicio de sus facultades. Es persona porque su naturaleza es racional, la cual se conserva durante todas las etapas de la vida al igual que su dignidad, las cuales no se ven afectadas por la forma en que el ser humano es concebido o por patologías que pueden poner en riesgo precozmente su vida.
2. Chile exhibe hoy excelentes resultados desde la perspectiva de salud materno-infantil, siendo el segundo país americano con mejores indicadores en mortalidad materna luego de Canadá. Entre 1957 y el 2007 se ha producido la disminución de un 93% en la mortalidad materna, y se ha identificado la educación de la mujer como el factor determinante. Ella continuó disminuyendo, aún después de la implementación de la ley que prohibió todo tipo de aborto en 1989. La muerte materna hoy no obedece a causas obstétricas directas sino indirectas, es decir asociadas a condiciones crónicas preexistentes. Además, hoy la medicina neonatal ofrece posibilidades de tratamiento curativo y paliativo al niño con mal formaciones congénitas o genéticas, no abandona a las madres ni a la familia.
3. La violación, sea con o sin resultado de embarazo, es una situación extremadamente dolorosa, las víctimas generalmente son menores de edad que sufren violencia sexual reiterada por alguien de la familia o cercana a ella. El Estado debe asegurar a la víctima que el crimen cometido no quedará impune, evitando que de este modo se perpetúe el ciclo de violencia contra ella.
4. La objeción de conciencia se vincula con la libertad, ella es la expresión del resguardo a las convicciones morales y religiosas de la persona cuando se ve obligada a obedecer y ejecutar una ley injusta, como es la del aborto. La persona ante esta disyuntiva debe obedecer a su conciencia, que le impulsa a hacer el bien y a evitar el mal. El médico responde a un solo principio orientador, cuidar, proteger y promover toda vida humana, y en particular aquella en condición más vulnerable.
5. El aborto procurado, es un acto ilícito moralmente, independiente de lo doloroso de las circunstancias, porque su finalidad es terminar intencionalmente con la vida de una persona inocente, el hijo. El aborto es contrario al derecho a la vida de todo individuo humano. Razón por lo cual se opone a la justicia y al bien común, viola directamente el principio de no matar, además de no reconocer la dignidad inherente de cada ser humano. No es legítimo moralmente pretender alcanzar un bien a través de un mal, aunque esté consagrado en una ley de la república.
El aborto y sus secuelas son un drama humano y social, los cuales pueden acompañar durante toda la vida a quienes participaron en él. La evidencia científica asocia este suceso traumático preferentemente a conductas depresivas, drogodependientes y suicidas. Es por eso que proponerlo como solución frente a otras situaciones dolorosas de la existencia de la mujer resultaría ineficaz.
6. Esta ley consagrará el derecho de la madre a disponer de la vida del hijo, en situaciones de riesgo de vida inminente o futura, o por alteraciones de orden psicológico que puedan afectarla en el caso de un hijo enfermo, o sano, pero producto de una violación cuya situación no podrá ser comprobada y perseguida penalmente para evitar acrecentar el daño psicológico ya infringido. Situaciones que podrían dejar la puerta abierta al aborto libre. Es una ley injusta no sólo porque no reconoce al hijo como sujeto de derecho, sino además porque deja en manos de una madre vulnerable la decisión trascendente, pero arbitraria, respecto del valor de la vida y dignidad del hijo con lo que deberá decidir el futuro de éste.
Concepción, 19 de junio de 2017
Fuente: Comunicaciones Concepción
Concepción, 20/06/2017